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La Quinta de Vista Alegre, situada en el barrio de Puerta Bonita del Distrito de Carabanchel, con entrada principal en la calle General Ricardos nº 177-179, constituye un Bien del Patrimonio Cultural madrileño de indudable valor histórico y artístico.

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Catalogada como “Jardín Histórico” en el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997, consideramos que la Quinta de Vista Alegre debería ser catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) de la Comunidad de Madrid en la categoría de Conjunto Histórico.

La Quinta tiene una superficie de 450.000 m², algo menos que la mitad del Retiro, siendo en su mayor parte propiedad de la Comunidad de Madrid. Es el cuarto en tamaño de los Jardines Históricos, por detrás de la Casa de Campo, el Parque del Retiro y el Parque del Oeste…

Así comienza la carta enviada a la Comunidad de Madrid, firmada por 320 personas, solicitando la declaración de la Quinta de Vista Alegre como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico.

La Quinta de Vista Alegre, antiguo Sitio Real, es el único Jardín Histórico no declarado Bien de Interés Cultural. La Casa de Campo, el Retiro, la Quinta de la Fuente del Berro, El Capricho o el Jardín Botánico, hace tiempo fueron declarados Bien de Interés Cultural. Sin embargo, sorprendentemente, Vista Alegre no goza de tal catalogación.

Por otra parte, se trata de un lugar casi desconocido por la mayoría de nosotros, que merece la pena descubrir. Os invitamos a leer la carta, en cuya elaboración han trabajado varias personas, y en la que además de incluir la solicitud, se describe brevemente la Quinta y se resume su rica historia:

A finales del siglo XVIII comenzaron a surgir gradualmente en Carabanchel residencias estivales en forma de posesiones, casas-jardín o palacetes, erigidas por nobles o burgueses que seguían la tradición ya famosa del buen aire y del excelente agua de la zona, con la ventaja adicional de estar en un lugar con vistas privilegiadas sobre la Corte y comunicada con ella a través del camino de Alcorcón (actual calle General Ricardos).

Ya nada queda de las villas de Ceriola, del Marqués de Mortara, de la Finca de “Buenos Aires”, de la de “Las Delicias Cubanas”, de la de González Bravo, de la de D. Jaime Girona,… y así hasta cerca de la treintena de fincas y casas jardín donde los burgueses madrileños mataban sus ocios veraniegos. Otros casos flagrantes son los de la “Quinta del Sordo”, que perteneció a Goya, y la vergonzosa desaparición de la Finca de los Montijo.

La Quinta de Vista Alegre es la única que mantiene intactos sus límites. Al haber sido posesión de la Reina María Cristina de Borbón se conserva mucha documentación en el Archivo General de Palacio que nos permite comprender y valorar como eran las Quintas decimonónicas de Carabanchel y ésta en particular. La tesis doctoral “El jardín paisajista y las Quintas de recreo de los Carabancheles: La Posesión de Vista Alegre”, de Eva J. Rodríguez Romero (2000), nos describe en detalle como eran sus maravillosos jardines y nos aporta las reseñas y bibliografía existentes sobre la Quinta. Complementario de este trabajo es la publicación de Miguel Lasso de la Vega (2007) sobre las Quintas de recreo de los alrededores de Madrid, publicación en dos volúmenes en la que se dedica uno de ellos a Los Carabancheles, y por tanto y a Vista Alegre.

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Palacio Viejo

Jardín frente al Palacio Viejo

Jardín frente al Palacio Viejo

La Reina María Cristina compró en 1832 la finca propiedad del coronel Pablo Cabrero, (entre el Camino de Madrid y el Camino de la Venta de Pradolongo) dónde existía un establecimiento público de recreo. Ente 1832 y 1836 compró las parcelas colindantes hasta un total de 52 parcelas. María Cristina construyó, sobre el primitivo establecimiento público, un palacio, conocido después como Palacio Viejo, de María Cristina o de Invierno. Prueba del afecto de la Soberana por Vista Alegre es que durante su exilio en París a partir de 1840 se hizo llamar Marquesa de Vista Alegre. En 1846 donó la Quinta a sus hijas la Reina Isabel II y la Infanta Luisa Fernanda.

Baño de Isabel II conservado en el Palacio Viejo

Baño de Isabel II conservado en el Palacio Viejo

El Marqués de Salamanca la compró en 1858 a los Duques de Montpensier, y tras su muerte la finca fue vendida por sus herederos al Estado en 1883 con la condición de que se destinara a instituciones de beneficencia. El Marqués de Salamanca revitalizó la finca rehabilitando los edificios existentes y encargando a Narciso Pascual y Colomer la rehabilitación del Palacio Nuevo, también llamado del Marqués de Salamanca o de verano, que se había empezado a construir en tiempos de María Cristina.

Palacio Nuevo

Palacio Nuevo

Los jardines próximos a los palacios eran “de recreo”, mientras que según se descendía hacia el sur y el este adquirían un carácter productivo, con frutales, viñedos, olivos, cereales… No dejaban sin embargo de tener la unidad que le confería la cerca, y todo el jardín, considerado en su conjunto como paisajista, estaba surcado de caminos y canales de agua. Abundaban las construcciones tanto utilitarias (vaquería, cuadras, casas de empleados) como los caprichos o “folies” (el castillo viejo, la codornicera, la faisanera, etc…). Cinco norias extraían el agua del subsuelo para riego y consumo. Había estufas e invernaderos de distinto tipo y gran cantidad de animales domésticos y exóticos. Pero sin duda el elemento más representativo del jardín era la ría navegable, que en un extremo tenía la fortaleza, la isla o baluarte en forma de estrella, el embarcadero y el dique y en el otro la montaña artificial. Un tramo de la ría ha sido recientemente reconstruido en el recinto del Palacio Viejo. Narciso Pascual y Colomer dejó un bellísimo testimonio del jardín y sus construcciones en los planos que levantó en 1845 para uno de los inventarios, que se conservan en el Archivo General de Palacio.

La Ría

La Ría

Comenzó la instalación de instituciones benéficas en 1887 cuando se creó por Real Decreto el Asilo de Inválidos que se inauguró dos años después en el Antiguo Palacio del Marqués de Salamanca. La finca comenzó progresivamente a dividirse hasta llegar a la situación actual: trece recintos de los cuales dos no pertenecen a la Comunidad de Madrid, presididos por los siguientes edificios e instituciones que se construyeron en el siguiente orden cronológico:

- El Palacio Viejo, cuyo edificio principal fue restaurado a finales de los años 90 y hoy es sede del Centro Regional de Información y Formación del Profesorado. Tiene protección Nivel I-Integral según el Plan General, y los jardines que le rodean nivel protección I.

- El Palacio Nuevo, que tiene protección Nivel I-singular y sus jardines, con nivel protección I. Es la sede del Centro de Educación Especial María Soriano. En el PAU de Carabanchel se está terminando de construir un edifico al que se trasladarán sus dependencias, sin que conozca el destino futuro de este Palacio patrimonio de la historia de Madrid.

- La Residencia de Estudiantes San Fernando, dependiente del Patronato de Huérfanos del Ejército del Tierra situado en el ángulo noreste de la finca, y el Centro de Formación de la Dirección General de Policía, que tiene protección estructural y entrada desde la plaza de Carabanchel. Son los dos recintos que no pertenecen a la Comunidad de Madrid.

- El Instituto de Enseñanza Secundaria Puerta Bonita, situado en el ángulo SO de la Quinta, que se comenzó a construir en 1.929 como Reformatorio del Sagrado Corazón. Se trata de un magnífico edificio con protección estructural.

- Los edificios del oeste y sur de la Quinta, construidos por la Dirección General de Regiones devastadas entre 1.944 y 1.948: el edificio de “Los Lujanes”, cedido a Caja Madrid para su gestión como Centro Integrado de Enseñanza Musical; la Residencia de mayores “Gran Residencia”; la Residencia de menores “Las Acacias”; el Centro de Formación Ocupacional “Fray Bernardino Álvarez” y la Residencia de mayores “Carabanchel”. Presentan una uniformidad de estilo, tenían bellos patios ajardinados y hoy en día son edificios con protección estructural y ejemplos representativos de la arquitectura de una determinada etapa histórica. También en la primera mitad el siglo XX intervino en la Quinta el paisajista y pintor sevillano Xavier Winthuyssen con el diseño y la ejecución de bellos jardines andalucistas cuyas trazas se conservan sólo parcialmente. En las fotografías y vistas aéreas de la época se observa que hasta los años sesenta coexisten en armonía las construcciones de los siglos XIX y XX, y los trazados y caminos del jardín paisajista del siglo XIX aún perduran.

- El Centro de Formación Profesional “Carabanchel Bajo”, situado en el centro de la Quinta, la Residencia de mayores “Vista Alegre” y los centros de reinserción del menor “El Madroño” y “Renasco”. Construidos sin plan prefijado a partir de los años setenta no ha aportado a la Quinta más que arquitectura de nulo interés, fragmentación, incoherencia en las circulaciones y destrucción de los trazados originales del jardín. Los jardines han quedado desde entonces fragmentados y sin coherencia interna. No existe modo de gestión y mantenimiento unitario, y hay zonas que se encuentran en estado de conservación lamentable.

Fuente en mal estado

Fuente en mal estado

En cualquier caso lo importante de Vista Alegre es su valor de conjunto integrado tanto por edificios representativos de la historia de Madrid y de España de los siglos XIX y XX como por jardines de los que es posible recuperar su trazado, su valor histórico con independencia de su estado de conservación, siendo posible y necesaria para su protección la declaración de Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico a la luz de la Ley 10/1998, de 9 de julio, de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.

Fuente de los caballos

Fuente de los Caballos

A partir de los últimos decenios del siglo XX se han comenzado a gestar “planes” tanto por iniciativa de la Comunidad como del Ayuntamiento de Madrid.

En mayor o menor medida, contemplaban la Quinta como “residuo” de espacio libre dentro de la ciudad susceptible de seguir siendo ocupado con nuevos edificios o equipamientos y su “inserción” en la ciudad mediante la demolición de la cerca. Cabe preguntarse por qué este trato a la Quinta de Vista Alegre, cuando planes similares serían impensables para cualquier otro jardín histórico (La Casa de Campo, el Retiro, la Quinta de la Fuente del Berro, El Capricho o el Jardín Botánico, hace tiempo fueron declarados Bien de Interés Cultural). Como ejemplo mencionar el proyecto de la Consejería de Medio Ambiente de 1995 para proyectar un “parque” ajeno a los datos históricos con amplias zonas de aparcamiento en el centro de la Quinta. Afortunadamente para los madrileños ninguno de esos proyectos y planes comenzó a ejecutarse: la Quinta no merece cualquier destino irreflexivo.

Por todo lo anteriormente descrito, de acuerdo con la Ley del Patrimonio Histórico Español (Ley 16/1985 del 25 de junio de 1985), hemos presentado la solicitud de declaración de Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico.

Ha sido muy gratificante constatar la buena acogida de la iniciativa, tanto por parte de algunos amigos expertos y conocedores de la Quinta desde hace tiempo como por aquellos que por primera vez nos han oído hablar de este reducto histórico en el corazón de Madrid.

Dada la difusión que ha tenido la idea aún nos siguen llegando firmas y estamos encantados de que así sea. Encontraremos la mejor forma de entregarlas oficialmente como anexo a la primera carta o como petición independiente.

Muchísimas gracias a todos.

Mercedes Gómez y amigos


trampantojo.
(De trampa ante ojo).
1. m. coloq. Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es.
(Real Academia Española)

Es más conocida la expresión francesa “trompe l’oeil”, engañar al ojo, aunque ahora comienza a utilizarse la palabra española, trampantojo, trampa a los ojos.

El trampantojo es una técnica pictórica que simula, que aparenta, que intenta suplir la realidad. Los trampantojos pretenden engañar, esta es su principal característica, no debemos confundirlo con la pura imitación o el realismo. Simulan objetos, perspectivas, paisajes, o materiales (madera, mármol…) con el objetivo de ocultar defectos, decorar, ampliar o simplemente alegrar una pared, una estancia, o una medianería. Puertas falsas, o que imitan madera, ventanas sin fondo, celosías dibujadas, personajes inmóviles,… escaleras que no llevan a ninguna parte… Los pintores utilizan la perspectiva para engañarnos y darnos sensación de realidad. Como en el edificio de la Plaza de los Carros donde los balcones falsos se confunden con los verdaderos.

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Plaza de los Carros

Se trata de un recurso muy antiguo, ya los griegos y romanos lo utilizaron; en el Renacimiento dio profundidad a los techos y a las paredes de iglesias, palacios, etc., pero sin duda fue el Barroco su época de mayor brillo. Durante el siglo XVII fue habitual su uso tanto en la pintura, sobre todo en el bodegón, como en las bóvedas, techos y muros de edificios.

Desde el pasado 24 de octubre 2006 al 7 de enero 07, tuvimos ocasión de poder visitar una exposición en el Museo del Prado sobre Bodegones españoles con un título muy significativo, “Lo fingido verdadero“, tomado de una obra de Lope de Vega. El “Cesto con melocotones y ciruelas” de Pedro de Camprobín es un magnífico ejemplo del bodegón barroco español que recurre al trampantojo, al efecto de engaño visual, la fruta parece que se sale del cuadro, que quiere salirse del marco:

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La cortina fue otro de los primeros recursos utilizados, también las barandillas; las figuras que se asoman son algo habitual en la pintura del XVII. Otro tema del trampantojo es fingir las figuras dentro de un marco. Un ejemplo, aunque no se encuentra en Madrid, sino en la National Gallery de Londres, es el Autorretrato de Murillo (1670).

Velázquez, durante su segundo viaje a Italia (noviembre 1648 – junio 1651), con el fin de completar la decoración del Alcázar, contactó con los mejores especialistas italianos en pintura al fresco, y así fue cómo se fraguó el viaje a Madrid de Agostino Mitelli y Michele Angelo Colonna para trabajar al servicio de Felipe IV. Mitelli y Colonna realizaron varias obras para el Alcázar, lamentablemente perdidas. Tres frescos decoraron los techos de las habitaciones cercanas al “cuarto bajo” , la bóveda central del Salón de los Espejos y una Galería en los Jardines de la Reina. Estos artistas, los más prestigiosos en Italia, llegaron a Madrid en 1658 y se alojaron en la Casa del Tesoro. Ejercieron una gran influencia sobre los pintores del barroco madrileño, introduciendo las técnicas de las perspectivas fingidas para bóvedas y muros, que ellos dominaban, y que imitaban espacios arquitectónicos. Pintores de la escuela madrileña, como Ricci o Carreño de Miranda.

Palomino, cronista en el siglo XVIII, explica muy bien cómo funcionaba este juego ilusionista:

“En esta galería pintó Mitelli todas las paredes, enlazando algo la arquitectura verdadera con la fingida, con tal perspectiva, arte y gracia, que engañaba la vista, siendo necesario valerse del tacto para persuadirse que era pintado. De mano de Colonna fueron las figuras fingidas, y los festones de las hojas, y de frutas, y otras cosas movibles, y un muchacho negrillo que bajaba por una escalera, que éste se fingió natural, una pequeña ventana verdadera, que se introdujo en el cuerpo de la arquitectura fingida; y es de considerar que, dudando los que miraban esta perspectiva, que fuese fingida esta ventana (que no lo era), dudaban que fuese verdadera, causando esta equivocación la mucha propiedad de los demás objetos, que eran fingidos”.

Como en la plaza del Comandante de las Morenas, en el edificio que desde el número 1 se asoma a la Calle Mayor y en cuya medianería los verdaderos ventanucos se mezclan con las falsas ventanas

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Plaza del Comandante de las Morenas

El barroco madrileño nos ofrece varias muestras perfectas de esta técnica pictórica.

En el Monasterio de las Descalzas Reales hay maravillosos ejemplos: La escalera principal del palacio, del siglo XVI, es realmente espectacular. Los murales sin embargo son la mayoría del siglo XVII, obra de pintores de la Escuela Madrileña. Claustros y jardines con estatuas provocan la ilusión óptica de que la escalera se prolonga más allá de la realidad. Puro trampantojo. En la Sala Capitular también las paredes están completamente cubiertas de obras pictóricas. Pinturas murales y catorce lienzos clavados en la pared simulando frescos enmarcados por arquitectura fingidas. La culminación del trampantojo es la “Capilla del Milagro” , aunque se encuentra en la clausura y no forma parte de la visita.

Toda la capilla está decorada de forma ilusionista al trampantojo. Hasta la puerta de entrada pretende engañar, es de madera pero simula una reja de bronce dorado. Las dos estancias, la antecapilla y la capilla propiamente dicha están decoradas con maravillosas pinturas de arquitecturas fingidas y falsas esculturas.

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La Capilla del Milagro, Monasterio de las Descalzas Reales
(en BONET CORREA, “Iglesias madrileñas del siglo XVII“)

La Bóveda de la iglesia de San Antonio de los Alemanes “San Antonio de Padua en gloria” (1665-1668), de Juan Carreño, es otro magnífico ejemplo, una obra maestra. Juan Carreño de Miranda (1614-1685), fue Pintor del Rey en 1669 y Pintor de Cámara en 1671. Contemporáneo de Francisco Ricci, ambos trabajaron en las decoraciones al fresco y al temple de San Antonio de los Alemanes, y ambos trabajaron juntos también en otras obras perdidas, como las de la iglesia de Atocha, o en el Alcázar, donde lo hicieron a las órdenes de Mitelli y Colonna. Mateo Cerezo, J. Martín Cabezalero, F. Ignacio Ruiz de la Iglesia, Jiménez Donoso y Claudio Coello fueron otros pintores de la escuela madrileña, discípulos de Carreño.

La cúpula de la Iglesia del Sacramento (1690-1744, reconstruida en los años 40 del siglo XX), en la calle del mismo nombre, y actualmente Iglesia Arzobispal de la Fuerzas Armadas, está decorada también con fantásticos trampantojos.

En la Capilla de la Iglesia de la Venerable Orden Tercera (1679-1686), junto a San Francisco el Grande, el techo de la Sacristía, obra de Teodoro Ardemans, representa personajes asomados a una barandilla una vez más, y arriba el cielo y el “arrebato de San Francisco”. Durante la visita a esta iglesia la guía comenta que quizá Goya pudo inspirarse en esta obra para realizar sus frescos de San Antonio de la Florida.

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Sacristía de la Capilla de la VOT, obra de Teodoro Ardemans

Sobre la escalera del Hospital de dicha V.O.T., el techo también es obra de Ardemans, y en su capilla abundan los falsos mármoles y dorados.

El interior de la ermita de San Antonio de la Florida, edificio construido entre 1792 y 1798 según diseño de Felipe Fontana, presenta una impresionante decoración al fresco realizada por Francisco de Goya. En la cúpula, alrededor de una barandilla fingida y con un fondo de paisaje, una multitud de personajes del pueblo asisten al milagro de San Antonio, que resucita a un hombre asesinado para que testifique la inocencia de su padre, acusado del crimen.

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San Antonio de la Florida (en “Guía de San Antonio de la Florida”)

Pero no todos los trampantojos se encuentran en las iglesias o conventos. En los jardines de El Capricho, hay un pequeño embarcadero junto a la desembocadura de la ría, conocido como la Casa de Cañas, por estar revestido de dicho material; el edificio incluía un pequeño pabellón de reposo que servía como comedor ocasional. El autor es Ángel María Tadey, pintor, decorador, escenógrafo y tramoyista milanés, que entre 1792 y 1795 construyó una serie de edificios para disfrute de los visitantes.

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Casa de Cañas, Jardines de El Capricho

Tanto el interior del embarcadero como el salón están decorados con pinturas murales que simulan falsa arquitectura, con la técnica pictórica del trampantojo que sirve para que el espectador que está dentro de los edificios pueda contemplar un paisaje dibujado a través de huecos también pintados. En el embarcadero unos falsos cortinajes simulan el interior de una tienda de campaña, y en el comedor unas finas columnas sostienen un toldo. A través de los huecos pintados en los muros el espectador contempla un paisaje inexistente a la vez que contempla la realidad por las ventanas auténticas. Al igual que el edificio, los murales fueron restaurados entre 1999 y 2001.

Otro edificio es la Ermita o Casa del ermitaño. Tadey quiso darle un aspecto de ruina y envejecimiento para lo cual pintó el exterior resquebrajado utilizando la misma técnica, al reproducir en los muros exteriores e interiores falsas grietas, ventanas inexistentes y mobiliario fingido. Restaurada en 2001, eliminando la capa de enlucido que escondía los trampantojos, consiguiendo también en el interior una iglesia también en ruinas, con falsas esculturas, etc.

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Ermita, Jardines de El Capricho

Pero volvamos al siglo XVII, época en la que además del fresco ilusionista fue habitual la construcción de elementos de Arquitectura fingida. Se trataba de arquitecturas construidas a propósito para los festejos espectaculares, como las entradas de nuevas reinas, etc. Normalmente, la arquitectura para dichos festejos de la Corte del Barroco eran efímeras, construidas especialmente para la ocasión, por lo que raramente se utilizaba la piedra, sino la madera, pasta de papel o la tela, materiales con los que se construían fachadas, arcos, obeliscos, castillos, montañas, galerías, perspectivas fingidas… Al final de las celebraciones los materiales se subastaban y eran reutilizados, sobre todo la madera. En su construcción participan todos, arquitectos que diseñaban, pintores que decoraban, escultores, maestros de obras, carpinteros, sastres, “maestros de apariencias” en definitiva.

Un ejemplo: en 1680, se construyó la Galería o Calle de los Reinos, arquitectura fingida levantada para decorar el recorrido de la entrada en Madrid de María Luisa de Orleans, futura esposa de Carlos II, a la salida del Real Sitio del Buen Retiro, en el paso que comunicaba el palacio con el Prado de San Jerónimo. Su traza fue obra de Claudio Coello y José Jiménez Donoso.

Hoy día cada vez más ciudades en el mundo lo utilizan para decorar sus calles, y no únicamente las paredes, sino también el suelo. Es famoso Julian Beever que ha trabajado en varios lugares del mundo (Reino Unido, Francia, EEUU, etc.) y llegó a Madrid en julio del pasado año 2007 para mostrarnos su habilidad. Podríamos decir que se trata de un recurso artístico muy distinto a los graffiti, ya que únicamente busca decorar, alegrar, mejorar, de una forma constructiva, cosa que no siempre ocurre en el otro caso.

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Graffiti en la Calle del Doctor Esquerdo, 33

A sí mismos, los grafiteros se llaman “escritores”, incluso son valorados en ciertos círculos artísticos convencionales. El año 2006 hubo una exposición de grafitis en Leganés, el “Museo del Graffiti” al aire libre. Y aunque en teoría el graffiti también tiene una dimensión creativa, y de ellos podemos encontrar muestras en Madrid, la realidad es que en muchos casos tiene un componente de egocentrismo, y en la mayoría de ellos supone un problema para las ciudades. A veces no parece claro el límite entre el presunto arte de algunas acciones y la simple falta de civismo por parte de los autores de la mayoría de pintadas sobre monumentos, mobiliario urbano, etc. Madrid gasta cerca de seis millones de euros al año en la limpieza de los muros, estatuas, etc. Muchos de los mejores trampantojos madrileños están manchados por los graffitis, como el de la calle de la Montera

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Calle de la Montera nº 22

Aunque hay otros casos muy interesantes como el de “el Tono”, antiguo grafitero en París y actualmente “pintor de puertas” en Madrid. Uno de los muros de la Fundación Elorz, en la calle Conde Peñalver, que fue antigua cárcel en la que estuvo Miguel Hernández, hoy Residencia con un bonito jardín, muestra una de sus “obras”.

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Calle Juan Bravo, 50

Gran parte de los murales y trampantojos que decoran Madrid hoy día datan de los años 80 del pasado siglo XX. Como los de Puerta Cerrada, obra de Alberto Corazón, realizados en 1983. Uno de ellos, el “Gallo carnicero”, que nos observaba desde la medianería del nº 3 de la plaza, junto al enorme río de frutas y verduras que adornan el muro vecino, desapareció en 1995, al producirse una reforma en el edificio. Sí pervive el falso paisaje del edificio contiguo, así como también enfrente, la celosía de madera con falsas enredaderas junto al pedernal que nos recuerda que Madrid fue sobre agua edificada y que sus muros son de fuego, antigua leyenda.

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Puerta Cerrada

Alberto Pirongelli es el autor de varios de los trampantojos más conseguidos, como el que podemos contemplar subiendo por la cuesta de la Carrera de San Francisco, a espaldas de la iglesia de San Andrés. Resulta difícil diferenciar la falsa fachada de la verdadera.

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Carrera de San Francisco

Este pintor y extraordinario muralista es autor también del de la plaza de los Carros, de la calle San Bernardo y de la calle de la Montera.

Otros trampantojos, muy cerca, en la calle Segovia o en la Costanilla de San Andrés muestran un recurso bastante habitual, los falsos sillares dibujados en las paredes de los edificios.

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Calle Segovia

En la calle de la Cruz, allá donde en el siglo XVII estuviera el Corral de Comedias, bajo el cielo azul una calle imaginaria se abre ante nuestros ojos.

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Calle de la Cruz

A un paso de la Plaza Mayor nos saludan los personajes creados por Antonio Mingote que se asoman en animada tertulia a los balcones de la Calle de la Sal

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Calle de la Sal

En la Cava Baja el amable cocinero nos invita a entrar en la antigua Posada de la Villa

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Cava Baja

Incluso decorando lonas publicitarias o simplemente ocultando las obras en los edificios. Hay preciosos trampantojos por toda la ciudad, y no únicamente en el centro. En la calle Azcona, esquina con Francisco Silvela, algo deteriorado, un reloj de sol en Embajadores, etc.

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Calle Azcona

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Calle Escorial

El Madrid del siglo XXI continúa escribiendo páginas en su contribución a la historia del arte. Comprobar que las técnicas descubiertas en la más remota antigüedad y llevadas a la más pura perfección en el siglo XVII son utilizadas hoy día de esta forma resulta muy gratificante.

Los ejemplos son interminables: Una antigua corrala, a un paso de la Castellana, en la calle Fernández de la Hoz, luce un gran trampantojo dibujado por el artista José Luis Tirado en 1987, que representa a un gigante avanzando entre los edificios. Es propiedad del Ivima que al parecer tiene intención de vender el edificio, sin duda situado en un lugar muy cotizado, y realojar a los inquilinos.

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Calle Fernández de la Hoz, 63

O las clásicas pinturas del Palacio de Abrantes en la calle Mayor. O uno de los trampantojos más puros, desconocidos y acertados en su propósito de engañarnos, la falsa puerta en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se trata de un maravilloso tapiz que reproduce la antigua y desaparecida puerta de entrada al Palacio, obra de Churriguera, anterior a la restauración del edificio de la calle de Alcalá.

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Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Y por fin, en la calle Alfonso XI, bajando desde el Retiro por la calle Valenzuela vemos un trampantojo con el palacio de Correos -hoy palacio de Cibeles- al fondo, más emparentado con el arte moderno que ninguno de los visitados hasta el momento. Obra de Vaquero Turcios, simula altos edificios en blanco y negro, y es de los más fotografiados y a menudo utilizado en películas y spots publicitarios.

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Calle Alfonso XI

Ya únicamente resta animar a todos los posibles curiosos que hayan llegado hasta aquí, a pasear por Madrid, a “mirar” Madrid y continuar descubriendo los preciosos trampantojos y murales que adornan la villa. Y a cuidarlos, pues sin duda forman también parte de nuestro patrimonio artístico y cultural.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

BONET CORREA, A. Iglesias madrileñas del siglo XVII. CSIC 2ª ed. Madrid 1984.

FEINBLATT, Ebria “A ‘Boceto’ by Colonna-Mitelli in the Prado“. The Burlington Magazine. Jul. 1965

GARCÍA GARCÍA, Bernardo J.. “Arquitectura y efectos de la fiesta“. SEACEX Catálogo “Teatro y fiesta del Siglo de Oro en tierras europeas de los Austrias”. Mayo 2003.

MARTÍN GONZÁLEZ, J.J. “Acerca del trampantojo en España”. Cuadernos de arte e iconografía, Tomo 1, Nº. 1, 1988.

Bodegones Españoles”. Folleto exposición. Museo del Prado. Octubre 2006.
El Real Alcázar de Madrid.” Catálogo Exposición 1994.
Las Descalzas Reales. Guía de Visita“.
San Antonio de la Florida“. Guía.
Paneles informativos en el Jardín de El Capricho.
Diarios El País 21 abril 2006, El País 11 julio 2007, ABC 21 nov 2006, El Mundo 27 agosto 06, ADN, 8 enero 2007.

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NOTA: La primera versión de este artículo, realizada entre los meses de julio 2006 y enero 2007, fue revisada y publicada en la web de Amigos del Foro http://www.amigosdelforo.es en junio 2008.

El trabajo sobre el Arte Urbano publicado en este blog, surgió como una continuación de estos Trampantojos en Madrid.

Iniciamos hoy la publicación de un trabajo excelente sobre el Claustro de los Jerónimos y su restauración en las Obras de Ampliación del Museo del Prado. Su autora es Celia Vinuesa, arquitecto.

Para mi es una inmensa suerte, un lujo, el contar con su colaboración en este blog.

Celia fue la coordinadora de las obras de ampliación del Prado por parte de la Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos de Educación y Cultura del Ministerio de Educación y Cultura, entre los años 2000 y junio de 2004.

Con mimo, pieza a pieza, el Claustro de los Jerónimos fue desmontado, documentado, restaurado y montado de nuevo. Asistiremos a todo el proceso gracias a Celia, testigo de excepción, a través de sus textos y sus fotografías.

En la primera parte de su artículo nos cuenta la historia del Claustro, tan antigua, y nos muestra el estado en que se encontraba antes de la restauración. En la segunda parte asistiremos a su Preconsolidación y Desmontaje. Y en la tercera a su Restauración y Montaje.

Espero que os guste, y cuando Celia nos descubra los hallazgos conseguidos gracias a este desmontaje necesario, os parezcan tan emocionantes como a mí.

Mercedes

Introducción histórica y estado antes de la restauración.-

Las obras del Monasterio de San Jerónimo el Real comenzaron en 1503, probablemente siguiendo las trazas y dirección de Enrique Egás. Su estilo era gótico tardío de tipo isabelino y se componía, además de la Iglesia, de un claustro en torno al cual se situaban las dependencias monacales. La construcción respondió a la petición hecha a los Reyes Católicos por parte de los monjes del convento situado en el camino de El Pardo que Enrique IV había fundado en 1464, ya que consideraban que el lugar primitivo era insalubre y pantanoso. El nuevo emplazamiento estaba en la zona extramuros de la villa, en un pequeño alto sobre el Arroyo de la Fuente Castellana.

Entre 1550 y 1560 se levantó un nuevo claustro de estilo plateresco, llamado posteriormente “claustro viejo”, al oeste del que ya existía. Fiel a la costumbre de la monarquía española de alojarse en los conventos, pero consciente de la incomodidad de hacerlo en las mismas celdas que los monjes, Felipe II ordena a Juan Bautista de Toledo construir un Cuarto Real adosado al lado norte del ábside de la iglesia. En la década de 1630, con motivo de la jura del príncipe Baltasar Carlos y por mediación del Conde Duque de Olivares, Felipe IV transforma el Cuarto Real. Lo que en un principio era una Ampliación de los aposentos reales existentes en el Monasterio, se convirtió en la residencia de recreo y descanso de los Austrias en las afueras de la villa.

El Monasterio de  los Jerónimos en el plano de Mancelli-Witt, hacia 1635

El Monasterio de los Jerónimos en el plano de Mancelli-Witt, hacia 1635

El Monasterio de los Jerónimos y el Palacio del Buen Retiro en el plano de Teixeira, 1656.

El Monasterio de los Jerónimos y el Palacio del Buen Retiro en el plano de Teixeira, 1656.

El Claustro principal conocido popularmente como Claustro de los Jerónimos hoy reconstruido dentro de la Ampliación del Museo del Prado fue levantado en el lugar donde se encontraba el primer claustro gótico isabelino del Monasterio. La fecha probable de construcción, en opinión de la mayoría de los autores, es 1672, y el autor Fray Lorenzo de San Nicolás. Está realizado en granito madrileño y decorado con los escudos reales y con los emblemas de los Jerónimos.

En 1808 el Monasterio se convirtió en Cuartel General de Murat y posteriormente en el transcurso del ataque a Madrid por las fuerzas angloespañolas resultó considerablemente dañado. Tras la desamortización del reinado de Isabel II la iglesia del Monasterio fue Parque de Artillería y el convento cuartel. En 1837 el Claustro se convirtió en hospital o cuartel de inválidos y en 1855 se utilizó como hospital de coléricos coincidiendo con la gran epidemia.

“Plan Topographique de la Ville de Madrid et ses environs / avec la position de l'armée française pendant le bombardement le 3 decembre 1808". Servicio Geográfico del Ejército (Madrid 1808).

“Plan Topographique de la Ville de Madrid et ses environs / avec la position de l'armée française pendant le bombardement le 3 decembre 1808". Servicio Geográfico del Ejército (Madrid 1808). El Monasterio y el Palacio en la parte inferior.

En torno a 1865 con la construcción de la Calle Ruiz de Alarcón entre los Jerónimos y el Museo del Prado, dentro de las obras del nuevo Ensanche de Madrid, se perdió el claustro plateresco y comienzan a perderse las galerías en torno al Claustro. Nos queda, como testimonio de la coexistencia de los dos claustros, la maqueta de León Gil de Palacio de 1830 que se encuentra en el Museo Municipal.

Plano de construcción del Ensanche. Ya se ha perdido el claustro plateresco. En azul los restos del Palacio del Buen Retiro.

Plano de construcción del Ensanche. Ya se ha perdido el claustro plateresco. En azul los restos del Palacio del Buen Retiro.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal

En febrero de 1879 se hizo el deslinde entre el Buen Retiro y el Monasterio y en el mismo mes de 1880 ya se habían realizado las obras más urgentes de restauración general del templo a cargo del arquitecto Enrique María Repullés y Vargas, quién en la memoria de su intervención destacaba el estado de ruina en que se encontraba el Claustro.

En 1925, por Real Orden del 15 de Julio, el Claustro fue declarado Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional. En marzo de 1931, el arquitecto Emilio Moya informó al entonces Director General de Bellas Artes del estado de ruina inminente en que se encontraba el Claustro, recomendando que se prohibiera el acceso al mismo hasta que se aprobaran las obras de apeo. Hay carencia de documentación y de intervenciones hasta el año 1947, probablemente debido a la Guerra Civil, año en que se realizó la edificación en torno al Claustro cegando los arcos de la arcada inferior.

En los años 1963 y 1964 el arquitecto José María González Valcárcel realizó la reconstrucción de las arquerías del lado Sur del Claustro tras el desplome acaecido en la década anterior. Su proyecto comprendía, según la memoria del mismo, “… las obras de consolidación y recalzo de cimientos detalladas en los documentos del proyecto, la sustitución de las basas y capiteles totalmente descompuestos y abiertos y la cornisa desaparecida o totalmente destruida, que es preciso sustituir. También se incluye la restauración de dos escudos y dos claves con emblemas jerónimos que están en mal estado de conservación y en peligro de caerse. Para estas obras es preciso montar los andamios necesarios, procurando conservar al máximo las piedras antiguas, aún cuando la mala calidad de la piedra y el abandono en que ha estado a raíz de la exclaustración del Monasterio, obliga a sustituirlas parcialmente….” Valcárcel utilizó una cantera diferente de la original, según pudo comprobarse años después en los ensayos previos a la restauración del Claustro.

La proximidad del Claustro y del Museo del Prado y la necesidad de este último de constantes ampliaciones y aumento de superficie desde el momento en que se decidió cambiar el uso del edificio que se había comenzado a construir en 1785 para Gabinete de Historia Natural y Academia de las Ciencias al de Galería de las Nobles Artes en 1818, ha provocado que muchos de los numerosos proyectos para ampliaciones que no llegaron a construirse actuaran en el entorno del Claustro. Ya en 1851, siendo director del Museo José de Madrazo, se solicitó el espacio del antiguo convento de San Jerónimo para establecer allí a los celadores, talleres de restauración de pintura y escultura, y para poder también desarrollar algún espacio para exponer obras de los depósitos. En 1972 Fernando Chueca Goitia y Rafael Manzano Martos plantearon en torno al claustro del monasterio de los Jerónimos un edificio conectado con el Museo por medio de un puente-galería.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Fernando Chueca Goitia y Rafael Manzano Martos, 1972. El Claustro a la derecha de la imagen.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Fernando Chueca Goitia y Rafael Manzano Martos, 1972. El Claustro a la izquierda de la imagen.

En septiembre de 1996 el concurso internacional para la ampliación del Museo del Prado es declarado desierto. En 1998, en la convocatoria de un concurso restringido a los diez últimos finalistas del primer concurso, es elegido el anteproyecto de Rafael Moneo Vallés para la ampliación del Museo del Prado. El proyecto contemplaba la construcción de tres niveles de sótano bajo la cota del Claustro para destinarlas a salas de exposiciones temporales y almacenes, con lo que se hizo imprescindible el desmontaje del mismo.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Rafael Moneo Vallés.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Rafael Moneo Vallés. El Claustro a la derecha de la imagen.

Las obras de ampliación del Museo comenzaron en 2001 pero desde el año 2000 se vinieron realizando en el Claustro actuaciones y estudios previos al desmontaje. La situación de partida era la de unas arquerías exentas, carentes de bóvedas, arcos o cualquier elemento estructural que en el pasado dieron estabilidad al conjunto, que mostraban una visible y alarmante curvatura hacia el patio según pudo apreciarse con claridad desde los andamios que se montaron para las obras de Preconsolidación y Desmontaje, las dos primeras del proceso de recuperación del Claustro, a las que seguirían la Restauración y el Montaje, finalizando este último en 2004.

Estado del Claustro antes de la restauración:

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Texto, selección de imágenes y fotografías por : Celia Vinuesa, arquitecto.

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Bibliografía.-

Pedro Moleón Gavilanes. Proyectos y obras para el Museo del Prado. Fuentes documentales para su historia. Madrid, Museo del Prado, 1996.

Jonathan Brown – John H. Elliot. Un palacio para el Rey. El Buen Retiro y la Corte de Felipe IV. Madrid. Taurus. 2003.

Elías Tormo y Monzó. Las iglesias del antiguo Madrid. Madrid. 1927. Reedición del Instituto de España. 1979. Pág. 200-206.

Antonio Ponz. Viage (sic) de España. Madrid. Viuda de Ibarra. 1793. Vol. V. Pág. 12-21.

Fray José de Sigüenza, OSH. Historia de la Orden de San Jerónimo. Madrid. Nueva Biblioteca de Autores Españoles. 1907. Vol. I. Pág. 373-376.

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Y los próximos títulos serán:

La restauración del Claustro de Los Jerónimos en las obras de ampliación del Museo del Prado (II).- Preconsolidación y Desmontaje.

La restauración del Claustro de los Jerónimos en las obras de ampliación del Museo del Prado (III).- Restauración y Montaje.

La Gloria y los Caballos Alados o Pegasos es un conjunto escultórico que ha vivido una historia azarosa, quizá en gran parte debido a sus grandes dimensiones, desde que en 1905 fue creado por Agustín Querol para la sede del entonces Ministerio de Fomento, hoy Ministerio de Medio Ambiente.

El conjunto original es de mármol y pesa demasiado. Además, durante la guerra civil sufrió desperfectos que amenazaban con desprendimientos, cosa que al final ocurrió, de forma que, ante la situación de peligro, en 1976 fue sustituido por una copia en bronce mediante vaciado, obra de Juan de Avalos, que es la que actualmente corona el edificio en Atocha.

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Formada por tres partes exentas, la obra fue enviada a un almacén municipal donde permaneció durante años. Hasta que los caballos alados fueron separados de La Gloria. En 1997 fueron instalados en la plaza de Legazpi, formando parte de una fuente cada uno de ellos. Y La Gloria permaneció en el almacén, aunque por poco tiempo como veremos.

Debido a las obras de soterramiento de la M-30, en la primavera de 2005, las fuentes de Legazpi fueron desmontadas y los caballos andamiados.

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Plaza de Legazpi, abril de 2005

Uno de ellos resultó dañado en este proceso y fue trasladado una vez más a un almacén municipal para ser restaurado. Los Pegasos fueron separados.

Terminadas las obras, ambos continúan en el mismo lugar, uno en la plaza andamiado, el otro en el almacén del Ayuntamiento de la calle Ancora, se le puede ver perfectamente desde el exterior tras el muro, magnífico. Ambos están presos, cada uno a su manera, y a mí me dan una sensación de abandono, ¡tanto tiempo en la misma situación!

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Plaza de Legazpi, 17 de marzo 2009

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Calle Ancora, 17 de marzo 2009

Las noticias sobre el futuro de la plaza de Legazpi se han sucedido. Que si los caballos alados volverán a su lugar, que si se construirá un nuevo intercambiador de transportes … Las últimas noticias hablan del proyecto de trasladar aquí las fuentes de la plaza de Colón, para a su vez ceder su sitio al monumento al Descubridor. También se dice que cuando las esculturas sean restauradas tendrán un nuevo destino -¿serán restauradas?, ¿cuándo, por fin, después de casi cuatro años?-.

Desde Legazpi, atravesando el Puente de la Princesa, conocido como Puente de Andalucía, llegaremos a la Glorieta de Cádiz donde a fines de 1997 fue instalada La Gloria.

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Glorieta de Cádiz, julio 2008

Parece imposible que alguna vez vuelvan a reunirse las tres esculturas, entre otras cosas porque al menos La Gloria ahora parece muy bien instalada y feliz en su nueva plaza, con su fuente alrededor, aunque en Madrid nunca se sabe… La azarosa historia continúa. Dentro de todo, me ha encantado comprobar que el caballo alado “perdido” se encuentra en ese almacén, mucho más cercano, aunque fuera a través de la verja, que su pobre compañero cubierto por la tela metálica y rodeado de coches.

Texto y fotografías por Mercedes Gómez

El Instituto de Crédito Oficial ICO ha inaugurado una exposición muy interesante, “Dominique Perrault, arquitecto“, para amantes de la arquitectura y curiosos en general.

Como explica la hoja informativa “El Museo Colecciones ICO dedica, por primera vez en España, una exposición de gran envergadura al arquitecto francés Dominique Perrault. De este modo, el el Museo Colecciones ICO sigue fiel a su compromiso de dar a conocer y ayudar a entender la arquitectura de nuestra época… El nombre de Dominique Perrault… inauguró una nueva economía del territorio y del objeto arquitectónico. En España, donde está desarrollando una fructífera carrera, encontramos un primer icono en el Centro Olímpico de Tenis de Madrid, “La Caja Mágica”.

En una sala blanca, luminosa, reflejada en un fondo de espejos, sobre mesas bajas se muestran los proyectos del arquitecto, algunos culminados, otros en marcha, y otros que nunca llegarán a realizarse, como su propuesta de ampliación del Museo Reina Sofía (presentada al concurso en 1999).

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Maquetas perfectas, planos, fotografías, películas… invitan a detenerse ante cada uno de los edificios expuestos. El propio Perrault, comunicativo y convincente -es o ha sido profesor en importantes escuelas y universidades en todo el mundo-, habla continuamente en una entrevista que puede escucharse cómodamente instalados en algunos de los asientos diseñados por el propio arquitecto.

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Destacan en sus construcciones las cubiertas metálicas que propone, algunas espectaculares, mallas plateadas, o dorados envolventes como el de la futura pasarela sobre nuestro río Manzanares en Arganzuela, una de las varias previstas en el proyecto Madrid Río.

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Ganador en 2002 del concurso internacional para la construcción del Nuevo Centro Olímpico de Tenis de Madrid, está prevista la inauguración de “La Caja Mágica” para el próximo mes de Mayo con el Madrid Open, torneo de Tenis de Madrid, cuyas entradas están ya a la venta.

Dominique Perrault, arquitecto.
MUSEO COLECCIONES ICO
calle Zorrilla, 3.
Del 29 de enero al 17 de mayo de 2009.

El Avance de la vigésima tercera edición del Diccionario de la Real Academia Española admite por primera vez la palabra Grafiti: grafito (letrero o dibujo). En la edición anterior, Grafito: Letrero o dibujo circunstanciales, generalmente agresivos y de protesta, trazados sobre una pared u otra superficie resistente.

El grafitero pionero y más famoso fue Juan Carlos Argüello, Muelle, quien llegó a ser tan conocido que varias marcas le ofrecieron anunciar su productos, negándose siempre, excepto una vez: en 1991 pintó uno de los muros de la única Destilería de whisky español, en Segovia, y su pintura y su firma pasaron a anunciar la conocida bebida en periódicos y vallas publicitarias (*).

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Se le considera creador del llamado Graffiti Autóctono Madrileño pues fueron luego muchos otros los que durante los años 80 en plena “Movida” madrileña, siguieron su ejemplo, llenando Madrid con sus firmas. Muelle murió poco después, con tan solo veintinueve años de edad. Aún se conserva su firma en una medianería de la calle de la Montera.

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Dicen que el grafiti más auténtico es el “estilo salvaje”, con las letras enormes de colores, pero firmas de todo tipo inundan los edificios madrileños, algunas en lugares insólitos.

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Calle de la Montera

En 1977 se contabilizaron 35.000 pintadas en las fachadas madrileñas, lo que suponía unos 150.000 metros cuadrados, siendo la mayoría políticas o “contraculturales”. Actualmente, el tema político casi ha desaparecido y no es tan fácil ver pintadas con matices sociales, pero el año pasado hubo 110.000 metros cuadrados solo en el Distrito Centro.

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Montaña Artificial en El Retiro

Treinta años después, el pasado año 2007 la Comunidad de Madrid publicó una Ley de medidas urgentes “Con el fin de proteger el paisaje urbano, y ante la creciente sensibilidad social existente en este ámbito, la Ley establece la prohibición de graffitis y pintadas en la vía pública, sin perjuicio de la habilitación por los Ayuntamientos de espacios para realizar graffitis de valor artístico.”…

La ley establece multas de 300 a 6.000 euros. De momento no parece haber cambiado mucho el aspecto de las calles de Madrid, las “firmas” están por todas partes, en algunos casos ensuciando los edificios de forma indiscriminada. Aunque debemos decir que más allá de las firmas ególatras, de las plantillas que algunos utilizan para dejar su rastro, hay auténticos artistas del “spray”, que saben dibujar y pintar.

Convento de las Comendadoras

Convento de las Comendadoras

La pintura decorativa inspirada en el grafiti es cada día más utilizada, lo cual en cierto modo está llevando al grafiti como medio de expresión a una contradicción: nació como forma de protesta, el objetivo primero era manifestarse contra lo establecido, pero se está produciendo un hecho inesperado, el “sistema” busca a los grafiteros y les contrata. En consecuencia, el grafiti ya no siempre es efímero, su futuro ya no es inevitablemente ser “limpiado”. Cada vez más establecimientos madrileños utilizan el grafiti “legal”. Tiendas, bares, incluso el Ivima… recurren a los grafiteros para decorar sus fachadas

Corredera Alta de San Pablo

Corredera Alta de San Pablo

Ellos dicen que por una parte les contratan y por otra les acusan de vandalismo. La realidad es que puede que hagan arte, pero hay vandalismo. Podemos ver dibujos y pinturas magníficos por las calles, pero ¿era necesario manchar la puerta del Convento de las Comendadoras?. Por eso hay una ley y por eso algunos de estos artistas llegan a las galerías e incluso a los museos. Por eso pueden darse situaciones como la del pasado 14 de noviembre en que uno de los autores de un famoso grafiti que cariturizaba al alcalde de Madrid, en un muro ya derribado, resultó ganador del Certamen de Jóvenes Creadores 2008, premio que recibió de manos del propio alcalde. O que el Ministerio de Igualdad les llame para colaborar en un acto en favor de las mujeres maltratadas.

El grafiti no es lo mismo que el arte callejero, que puede adoptar múltiples formas. Para algunos pintores, como Jorge Rodríguez-Gerada, la calle es su “lienzo”. Sus retratos en las paredes desnudas de los solares, que se borran con el aire y el agua de la lluvia, llegaron también a Madrid. Este artista pregunta a la gente que encuentra si son vecinos del barrio, y si es así, pinta sus rostros, como a este chico del barrio de Malasaña, que quizá ya haya desaparecido del solar que se asomaba a la plaza de San Ildefonso hace pocos meses.

Plaza de San Ildefonso

Plaza de San Ildefonso

Lejos de los motivos que provocaron las espectaculares arquitecturas efímeras del Madrid de los Austrias, el grafiti y otras formas de pintura en el Madrid actual, también se convierten en arte efímero.

No es este el único ejemplo posible, siendo las Navidades una época propicia a este tipo de adornos efímeros. Y es interesante recordar que hace pocos años, cuando tuvo lugar la boda del heredero a la Corona, en pleno siglo XXI, Madrid fue decorado especialmente para la ocasión, ocultado las cosas “feas”, con multitud de flores, lonas, luces especiales para los monumentos, etc. que posteriormente desaparecerían. Fue contratado un decorador, que trabajó con un arquitecto y un anticuario, recordando sin duda a los “maestros de apariencias” del siglo XVII.

La escultura, tradicionalmente arte urbano por excelencia, hoy día puede adoptar muchas formas, como las obras instaladas en el suelo de la avenida de Felipe II, creadas por Francesc Torres. Muñecos, bastones, paraguas llevados por el viento, incluso lagartijas, múltiples pequeños detalles de bronce inundan el suelo de la calle sin que muchos transeúntes quizá se percaten.

Avenida de Felipe II

Avenida de Felipe II

Podemos mencionar también las esculturas instaladas durante los últimos años a pie de calle, en diferentes lugares, son obras de un arte más cotidiano que monumental, que por otra parte sufren más las agresiones que su cercanía permite, figuras generalmente realistas, aunque alguna de inspiración cubista, como la mujer que lee un libro en uno de los bancos de la plaza del Dos de Mayo.

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Fuentes, como la que adorna la superficie sobre el aparcamiento de la calle del Sacramento (Salvador Pérez Arroyo, 1992).

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Árboles, o jardines, como el espectacular Jardín Vertical junto al edificio del Caixa-Forum, en el Paseo del Prado.

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Incluso el mobiliario urbano, iluminación, pavimentos… Hasta algunos anuncios, como el famoso de Tío Pepe en la Puerta del Sol.

En fin, las formas de decoración urbana son muy diversas, tantas como la imaginación de los artistas permita, o quizá tantas como los ojos del paseante deseen. Si observamos con calma y curiosidad abierta, veremos que los elementos que decoran nuestra villa -además de los monumentos indiscutibles-, son innumerables y dignos de nuestra admiración y protección.

por Mercedes Gómez

Diciembre 2008

—-

(*) Foto del original del anuncio utilizado en dicha campaña publicitaria facilitado por José María Tío.

Bibliografía.-
CÁMARA DE COMERCIO DE MADRID. El azulejo en el comercio de Madrid.
Madrid 1989.
CARRASCAL VAZQUEZ, José Mª. Arte urbano en Madrid 1975-206. La Librería. Madrid
COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
Diario El País (20 mayo 1994; 9 dic 2007; 10 jun 2008; 14 jun 2008; 11 octubre 2008; 24 nov 2008)
http://www.metromadrid.es

Los murales, que a su vez pueden utilizar diversas técnicas, son otra forma de arte urbano. Ya tendremos ocasión de admirar algunos, como los famosos de Puerta Cerrada, o algunos más recientes, pero hay otro tipo de mural que vamos a visitar ahora.

En el paso subterráneo de Cibeles sobreviven cuatro murales construidos con hormigón en 1976. Su autor es José Luis Fernández. Este tipo de pasos proliferaron en Madrid durante los años 70 cuando el tráfico se hizo más intenso, el de Cibeles es de los pocos que se mantienen, pues casi todos se han clausurado por razones de seguridad e higiene.

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En Octubre de 1987 se inauguró un mural bajo el puente de Raimundo Fernández Villaverde obra de Jesús Núñez, que sugiere rascacielos. Era el deseo del Ayuntamiento mejorar un lugar de por si poco atractivo y un tanto inhóspito. Tanto el mural como el estanque a sus pies se encuentra en bastante mal estado, tal vez puedan ser restaurados en un futuro. Una escultura y algún banco acompañan al mural en esa extraña isla que sobre todo sirve de paso al peatón que desea cruzar la calle.

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Otro mural con una historia singular es el que se encuentra en Usera, obra de Diego Moya, instalado en 1993, como indica su placa. Se titula “El árbol de la vida”, construido con diversos materiales, piedra, cemento, metales, ladrillo… más próximo a la escultura que a la pintura. Se ha producido la circunstancia paradójica de que el mismo Instituto de la Vivienda de Madrid que encargó su construcción al retirar su ayuda económica ha puesto en peligro su existencia.

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Así como son muchas las esculturas de autores consagrados que se pueden ver por las calles o jardines de Madrid, no es tan fácil encontrar sus pinturas. Un ejemplo: el mural de cerámica, colocado en 1981 en el Palacio de Congresos de la Castellana, original de Miró.

Los murales no se encuentran solo en las calles o bajo los puentes, sino en otros lugares eminentemente urbanos, como son las estaciones de metro. Hay muchos ejemplos, desde Tirso de Molina, donde se encuentra el adorno más antiguo, hasta las estaciones más modernas.

En la estación de Tirso de Molina, en el vestíbulo de salida a la calle Conde de Romanones, se encuentra un escudo de Madrid cerámico, de reflejo metálico, realizado en 1919, procedente de la estación de Cuatro Caminos, en la que fue colocado cuando ese año fue inaugurado el metro por el rey Alfonso XIII. Quizá la mayoría de los viajeros pasamos junto a él sin percatarnos de su presencia y antigüedad.

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Cuando hace años se comenzó a instalar murales en las estaciones de metro, los primeros eran de cerámica. Uno de ellos fue instalado en Manuel Becerra, que actualmente ha perdido el protagonismo que debió tener alguna vez, cuando se decidió su creación. Las máquinas expendedoras de billetes se han colocado contra la pared del mural, tapando una gran parte. Otros murales cerámicos se pueden encontrar en diversas estaciones, como en la zona antigua de Nuevos Ministerios, Plaza Elíptica, etc.

Después, se utilizaron mosaicos de azulejos o teselas, como en la estación de Bilbao o la de Argüelles, realizado en 1995, que muestra una imagen del teleférico de gran colorido. También se utilizaron los metales, por ejemplo en Ventas (José Luis Fernández, 1987). Hay infinidad de murales distintos por toda la red. Unos de los más vistosos y aceptados, inaugurados en 1997, son los de las figuras de Mingote que adornan los andenes de la estación de Retiro.

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En el vestíbulo de La Elipa, un mural realizado en cerámica recorre la Historia del Arte universal, a través de sesenta y dos grandes pintores, desde el primitivo arte egipcio hasta el siglo XX. Mediante imágenes salpicadas con citas literarias, la autora Esther García Ocampo realiza un homenaje a la mujer “como fuente de vida y renovación”. Varios murales proceden del taller de esta notable ceramista, como el de Ópera, que representa una partitura, o el mencionado de Retiro.

Realizado igualmente en cerámica, el mural de Campo de las Naciones, formado por mil trescientos cincuenta azulejos, es espléndido. Diseñado por Ralphe Sardá y Carlos Alonso, se titula “Rostros de las naciones, una sola bandera”.

En este siglo XXI algunos murales recurren a la fotografía, como en Nuevos Ministerios o en Planetario Arganzuela, con un resultado espectacular.

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por Mercedes Gómez

y continuará…

Además del monumento instalado junto a la estación de Atocha, conocido por todos, en la Ciudad Universitaria existe otro monumento, o mejor, una escultura-homenaje dedicada a las víctimas del 11-M. Es escultura, y es más cosas, es fuente, es estanque, jardín, poesía…

Fue instalada en marzo de 2005 en los jardines frente al Vicerrectorado de la Universidad Complutense; sus autores son José de las Casas y Pablo de Arriba, profesores de la Facultad de Bellas Artes.

Un bloque de granito, hueco, cuadrado por fuera, de forma circular en su interior, del que mana agua, que suena al caer a un rail de tren por el que fluye, hasta llegar a otro bloque cuadrado de piedra. Un lagarto y una ranita de bronce al principio y al final del camino, sobre los bloques de piedra. Y por fin el agua llega a un estanque donde se detiene.

Símbolos en recuerdo de un día muy triste, de muchas tragedias, que nunca podremos olvidar, pero en ese agua hay mucha vida, plantas, preciosos nenúfares, pececitos de colores y ranitas de verdad que saltan al agua al sentir mis pasos. El estanque es delicioso, con sus orillas y el fondo de piedras.

En el borde del rail una frase : “A tu ausencia le hacía falta un rostro, a ese rostro, probablemente, un destino.

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Mercedes

A finales de los años 90 del pasado siglo XX, durante el mandato del entonces alcalde José María Álvarez del Manzano, se inauguraron numerosas fuentes en Madrid, sobre todo en rotondas, la mayoría con una función más utilitaria que ornamental, ayudar a regular el tráfico, aunque según afirmó algún edil, estas nuevas instalaciones respondían “a la tradición madrileña”.

La mayoría son fuentes muy sencillas, con poco interés artístico o monumental. Una excepción es la Fuente Homenaje a la Mujer inaugurada en el mes de febrero de 1999 en la Plaza de Alsacia, enorme rotonda creada en el lugar donde se unen las calles de los Hermanos García Noblejas, Fuente Carrantona, Aquitania y la avenida de Guadalajara.

Situada justo en el límite de los distritos de Ciudad Lineal y San Blas, la zona ahora está rodeada de agradables edificios de viviendas, un gran centro comercial a disposición de todos los vecinos, y un carril bici rodeado de arbolitos jóvenes.

La fuente está dedicada a la Mujer.

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Tiene un pilón en forma de trébol de cuatro hojas, y un bonito conjunto escultórico de bronce. Una escultura sobre una copa central, y otra en cada una de las hojas. Las cinco estatuas están dedicadas a la mujer en distintas etapas o facetas de su vida, la mujer joven, la mujer junto al hombre, la mujer madre, la anciana. ¿Y la mujer trabajadora?, quizá todas ellas.

Su autor es Luis Sanguino. Escultor discípulo del maestro Federico Coullaut-Valera, cuya influencia se aprecia en estas delicadas figuras femeninas, su obra se encuentra en diversos lugares de Madrid.

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Una de las formas más antiguas de adornos en las fachadas de los edificios son los adornos escultóricos, como por ejemplo la representación de escudos, animales, ninfas, dioses…. Quizá el escudo de Madrid más remoto conservado sea el de la Casa del Pastor, del siglo XVII, que pervive instalado en una casa moderna obra del arquitecto Francisco de Asís Cabrero, construida en 1987 sobre la antigua, en la calle de Segovia:

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Majestuosas son en muchos casos las esculturas que coronan algunas azoteas, dibujándose sobre el azul del cielo madrileño.

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… desde el Círculo de Bellas Artes

Otra técnica de ornamentación muy antigua es el esgrafiado, mediante la realización de incisiones en los muros. Un ejemplo lo encontramos en el Cine Doré, precioso edificio construido en 1923, actual sede de la Filmoteca Española, en la calle Santa Isabel. El estarcido, pintura mediante plantilla, también es una técnica antigua que puede contemplarse en muchos edificios, y que, por cierto, luego sería adoptada por los grafiteros.

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La cerámica es otro recurso tradicional en Madrid, aplicado a la arquitectura. Lo encontramos en las fachadas de muchas construcciones, algunas monumentales, y en muchos comercios, en tabernas, farmacias, peluquerías, en antiguas hueverías convertidas en bares…

Calle de la Palma

Calle de San Vicente

A finales del siglo XIX o principios del XX, algunos arquitectos utilizaron azulejos en las fachadas. De Ricardo Velázquez Bosco –que trabajó con Daniel Zuloaga- son el Palacio de Cristal y el Palacio de Velázquez en el Retiro, ambos con numerosos y delicados detalles cerámicos.

Palacio de Velázquez (detalle)

Palacio de Velázquez (detalle)

Algún tiempo después comenzó a utilizarse en las tiendas, a modo de reclamo publicitario. Un precedente de la decoración con azulejos en las tiendas fueron las tablas de madera pintadas, típicas del comercio que se desarrolló entre los años 1880 y 1930. Aunque en su interior todo haya cambiado, aún existen muchos locales con las antiguas portadas de madera, alguno de ellos quizá rememore aquellas antiguas tiendas, como esta librería de la calle de La Palma:

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En Madrid trabajaron grandes ceramistas y pintores, sobre todo procedentes de Andalucía, desde los comienzos del siglo XX. Enrique Guijo, entre los primeros, y Alfonso Romero Mesa entre los segundos, quizá fueron los más influyentes en la arquitectura madrileña, permaneciendo sus firmas en muchos lugares de Madrid. Aunque también quedan bonitos restos al estilo de Manises, como en la Taberna Dolores, firmados por Valcárcel en 1928.

Después de 1939 la azulejería desapareció, se eliminaron estos elementos de las fachadas, y las tiendas comenzaron a sufrir un impuesto sobre publicidad exterior, de forma que muchas de las portadas se taparon con pintura. Años después muchas de ellas se recuperaron.

Farmacia calle de San Andrés

Farmacia calle de San Andrés

Son variadas las formas en que la cerámica puede ser utilizada, como en esta fuente en un pequeño jardín en la plaza del Marqués de Corbera, en que las teselas, o pequeños trozos de cerámica son irregulares:

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También en el Retiro encontramos uno de los más curiosos murales. A la entrada, por la Puerta de la Independencia, poco antes de llegar a la fuente de los Galápagos, las paredes de la casita del Teatro de Títeres están adornadas por unas enredaderas llenas de plantas, lo cual no debería sorprender en un jardín, pero al acercarnos se puede comprobar que son falsas, se trata de azulejos decorados al trampantojo.

Teatro de Titeres

Teatro de Títeres

Incluso la antiquísima técnica de la vidriera se puede observar en algunos portales antiguos, o no tan antiguos ventanales madrileños, como en este café de la calle de Alcalá:

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Y la pintura por supuesto. Los artistas comenzaron a pintar sobre paredes mucho antes que sobre tablas o telas. Desde la pintura prehistórica hasta las modernas pinturas que hoy día adornan la ciudad, la historia es larga.

La Posada del Peine, en la calle de Postas, cuyo origen se remonta al siglo XVII, luce esplendorosa las recientemente restauradas pinturas, así como los azulejos, del actual edificio construido en el siglo XIX. La Casita del Pescador en el Retiro, uno de los “Caprichos” creados por Fernando VII después de la Guerra de la Independencia. O la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor, cuya fachada siempre estuvo adornada por pinturas. Las actuales son obra de Carlos Franco y fueron realizadas en 1992.

Desde comercios tradicionales hasta modernos locales en los que jóvenes artistas o grafiteros ofrecen su aportación al muralismo urbano.

Calle Marqués Viudo de Pontejos nº 5

Calle Marqués Viudo de Pontejos nº 5 (pintura sobre espejo)

Calle de San Andrés

Garaje en la Calle de San Andrés

Un ejemplo reciente y -como muchas veces las cosas nuevas- discutido, lo encontramos en la calle de Campoamor en que los dibujos de Jack Babiloni han pasado a decorar uno de los señoriales edificios de esa zona de Madrid:

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por Mercedes Gómez

Continuará…

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