Hoy voy a mostraros una escultura, la mejor que se hizo en Madrid en el siglo XVII, según dice algún estudioso.

Hablar de ella no ha sido idea mía, creo que justo es reconocerlo. Hace unos días, a raíz de las entradas anteriores sobre la Calle de Alcalá y las pinturas de Antonio Joli, recibí un correo de un lector del blog, que comentaba los artículos, me hablaba de la calle y de la escultura de San Bruno, lo que provocó mi curiosidad.

Se trata de una persona que no vive en Madrid sino en Belfast, donde desarrolla su profesión, un “madrileño por el mundo”, utilizando la frase del famoso programa de la televisión, pero que, como él mismo me ha contado, no ha perdido el contacto con su ciudad a la que conoce muy bien. Este post está dedicado a él.

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La Real Cartuja del Paular es muy antigua; su origen se remonta al siglo XIV, cuando sus tierras pertenecían a Segovia y faltaban cerca de cinco siglos para que fueran anexionadas a Madrid. Los monjes segovianos llegaron a la Villa a finales del XVI, creando la Hospedería de los Cartujos en una casa de la calle de Alcalá. Los Padres vivían en clausura, así que su Capilla no estaba abierta al público, pero sí llegó a ser famosa una escultura instalada en su fachada, la imagen de San Bruno, obra de Manuel Pereira.

Se ha considerado a San Bruno, que vivió en el siglo XI, el fundador de la Cartuja, aunque ésta no existió como orden religiosa hasta el siglo XII. Mediado el siglo XVII, la Cartuja del Paular encargó al escultor Manuel Pereira dos figuras de este santo, una en madera para la Casa Madre, y otra en piedra para la calle de Alcalá.

Los cronistas matritenses cuentan que el rey Felipe IV, cuando pasaba por allí, quizá en dirección al Buen Retiro, antes de cruzar el Puentecillo del Prado, siempre encontraba alguna excusa para detenerse y contemplar la obra, aunque también hay quien se pregunta porqué entonces Pereira nunca llegó a ser escultor del Rey, si tan admirado era.

Texeira

Calle de Alcalá esquina Peligros, actual calle Sevilla. (Texeira 1656)

La realidad es que durante el Siglo de Oro, ese asombroso siglo XVII en que Madrid fue escenario de la obra de los mejores literatos, arquitectos y pintores, la Pintura y el gran Diego Velázquez sobre todo y sobre todos, tal vez eclipsaron el arte de la Escultura. Por eso la figura del Escultor de Cámara no llegó nunca a tener la notoriedad del Pintor de Cámara. Y por eso la Iglesia fue casi el único destinatario de la obra escultórica, siendo la imaginería religiosa la que más obras maestras nos ha dado. Algunos nobles la demandaban para las capillas de sus palacios, pero nunca formó parte de las colecciones privadas en la misma medida en que llegó a hacerlo la pintura.

Entre los escultores del XVII quizá otros han llegado a ser más famosos y valorados, como Gregorio Fernández y Martínez Montañés, pero algunos especialistas coinciden en que el más grande fue Manuel Pereira, el escultor barroco por excelencia, el escultor de Madrid.

Pereira nació en Oporto, en 1588. En los comienzos del siglo XVII se trasladó a Madrid, donde se casó, tuvo hijos, vivió y trabajó. Y en Madrid murió, en la misma casa que le había alojado siempre, desde su boda, en la calle de Cantarranas, actual calle de Lope de Vega, a la edad de 95 años. Casi un siglo de vida y arte.

Plano de Chalmandrier, 1761.

La Hospedería de los Cartujos (Plano de Chalmandrier, 1761)

Creó esculturas para muchos de los conventos e iglesias de Madrid, San Felipe, San Luis, San Andrés, la Merced, Nuestra Señora de las Maravillas, Capuchinos de la Paciencia… la mayoría desaparecidas, aunque se conservan algunas muy importantes, que visitaremos otro día quizá.

La estatua de San Bruno, realizada para los monjes cartujos, estuvo durante cerca de dos siglos en la pequeña fachada de la vieja casa de la calle de Alcalá, entre columnas de orden corintio, provocando la admiración de todos, hasta el año 1836, cuando, tras la Desamortización de bienes eclesiásticos, fue cerrada la Hospedería.

2sitio 2

Manzana 267, Sitio nº 2, actual nº 18 de la calle de Alcalá.

Sobre su solar actualmente existe un edificio de viviendas que corresponde al número 18 de la calle, situado entre la majestuosa sede bancaria con sus emblemáticas cuádrigas, en el nº 16, y el Teatro Alcázar, en el 20, edificios construidos en los comienzos del siglo XX.

La buena noticia es que la escultura no se fue muy lejos, fue trasladada a la cercana Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en el nº 13 de la misma calle de Alcalá.

En la primera planta del excepcional museo, San Bruno, tal como indica el cartel explicativo, medita sobre la muerte, sosteniendo una calavera. La figura de piedra, de tamaño natural, mide 1,69 x 0,70 x 0,60 cm.

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En la sala nº 13, se encuentra acompañada por cuadros de los mejores pintores barrocos, Ribera, Alonso Cano, Carreño de Miranda…

Las esculturas de Pereira representan el barroco más sencillo, clasicista, dignas del Barroco Castizo. Las figuras parecen vivas, pero al contrario que otros escultores de la época, huyó de los dramatismos. Sin recurrir a realismos exagerados, representó a la perfección el cuerpo que se adivina bajo los pliegues de las ropas exquisitamente talladas, el rostro, la mirada, la expresión de las manos, logrando trasmitir emoción y sentimientos.

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Todo ello se aprecia en la figura de San Bruno que adornó durante años la Hospedería de los Cartujos y que en el siglo XXI podemos ver en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Planimetría de Madrid.
Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
J. URREA. Introducción a la escultura barroca madrileña. Manuel Pereira.
M. AGULLÓ. Manuel Pereira: aportación documental.

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