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Desde el siglo XVI, los Paseos del Prado Viejo de San Jerónimo, de Recoletos y de Atocha han sido importantes en la vida de Madrid y de los madrileños. Lugar de reunión, convertido por Carlos III en el Salón del Prado, en la actualidad reciben el nombre de Paseo de Recoletos y del Prado, este último llamado también “Paseo del Arte”, quizá algo único en el mundo, desde hace años sometidos a una remodelación conocida como Plan Especial Recoletos Prado.

Después de un primer intento en que el concurso convocado por el Ayuntamiento quedó desierto, en junio de 2001 se presentaron ocho proyectos realizados por los arquitectos más reconocidos internacionalmente. En ellos hubo propuestas de todo tipo, excavar un túnel para el tráfico, talar árboles, plantar árboles, recuperar el tranvía…

En los comienzos de 2002 fue seleccionado por unanimidad el proyecto diseñado por el arquitecto portugués Alvaro Siza.

Desde entonces ya se han llevado a cabo algunas de las ideas aprobadas, como la creación de la Oficina de Turismo en la plaza de Colón y la peatonalización de la Cuesta de Moyano.

Este año 2009, a cuenta del Fondo de Inversión Local, conocido como Plan E o Plan Zapatero, se han acometido las reformas de la plaza de Colón, el paseo de Recoletos y la glorieta de Atocha.

El traslado de la estatua de Cristóbal Colón al centro de la plaza es quizá el cambio más llamativo del nuevo Eje Prado-Recoletos, pero no el único.

Ya se pueden ver algunos de los nuevos elementos de mobiliario urbano, diseñados por el propio Siza, o su estudio. Las marquesinas de autobús son transparentes, y los clásicos bancos de piedra han sido sustituídos por otros de forma cuadrada, haciendo juego con las nuevas losetas del pavimento.

La Glorieta de Atocha en obras. Mayo 2009. Un antiguo banco a punto de desaparecer.

Agosto 2009. El nuevo pavimento casi instalado.

El mobiliario urbano es, o debe ser, un elemento importantísimo de la ciudad, que cumple dos funciones: estética y práctica, y desde ambos criterios debe ser juzgado. En cuanto al primer aspecto, en mi opinión, Madrid está lleno de elementos que afean sus calles (marquesinas, chirimbolos, contenedores de basura…). No cabe duda de que en este caso los diseñadores han buscado una línea moderna, y parece buena idea que las marquesinas sean discretas. Pero…

Diciembre 2009

En algunos casos se trata de elementos que además de útiles son ornamentales, al menos antes lo eran, como los bancos que sirven de asiento y ocasional reposo al paseante.

Los viejos bancos de piedra poco a poco van desapareciendo, y pronto solo va a ser posible verlos en algunos jardines históricos.

Queda pendiente el tramo más importante, el histórico Paseo del Prado, calificado en su conjunto como Bien de Interés Cultural, en cuyo desarrollo existen algunas discrepancias entre el Ayuntamiento y la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.

Dice el Ayuntamiento en su Plan Especial que “las intervenciones a realizar se van a parecer más bien a un minucioso trabajo de restauración de una enorme obra de arte”.

A ver si es verdad.

¿Van a desaparecer también los bancos de piedra del Paseo del Prado?

Paseo del Prado 2009

Deseemos un feliz año al Paseo del Prado y a Madrid,

y a todos. ¡Feliz 2010!

Mercedes

Después de más de treinta años viviendo en uno de los extremos de los Jardines del Descubrimiento, y más de tres meses tapado por lonas de color verde, Cristóbal Colón ha vuelto al centro de la plaza a la que da nombre. Tras una necesaria restauración, durante una noche de mediados de diciembre, sin avisar, la estatua fue trasladada a su nueva ubicación, desde donde el Descubridor mira nuevamente hacia el Sur.

Dicen que fue apartada debido al intenso tráfico del Madrid de 1977, que podía dañar el mármol. Ignoro el efecto que ahora preven los expertos respecto al tráfico que rodeará a Colón en 2010, pero lo cierto es que la escultura ha vuelto a sus orígenes, al lugar en que fue instalada en 1885.

Aunque entonces estaba rodeada de una pequeña zona ajardinada, algo habitual en las plazas madrileñas del XIX, ahora ha sido instalada en una isleta rodeada de agua, piedra y cemento, habituales en las plazas madrileñas del XXI.

Destapada la recuperada estatua el pasado día 22 y la nueva plaza inaugurada, las obras por fin, o de momento, han abandonado el Paseo de Recoletos. Queda bonita, pero desde luego la magnífica estatua con su artístico pedestal ahora está muy lejos del peatón o curioso observador.

Muy cerca, paseando por las nuevas aceras del paseo llegamos a las puertas de la Biblioteca Nacional a cuya sala de exposiciones ha vuelto Larra, escritor romántico, máximo ejemplo del espíritu del siglo XIX.

Larra. Fígaro de vuelta 1809-2009” conmemora el bicentenario de su nacimiento. Un recorrido que comienza situándonos en el momento histórico en que nació Larra, en plena guerra de la Independencia, continúa con su biografía, el periodista político y el analista de la literatura y la sociedad.

Una serie de pinturas, la mayoría procedentes del Museo de Historia, que por si solas ya merecen una visita, ilustran las explicaciones situándonos en el Madrid de Larra, el Madrid del siglo XIX.

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez

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Biblioteca Nacional
Paseo de Recoletos, 20
Larra. Fígaro de vuelta. 1809-2009
17 de diciembre 209 – 14 de febrero 2010

Queridos amigos:

Os deseo una Feliz Navidad y que el año próximo os traiga a todos muchas cosas buenas, sobre todo a aquellos que por unas razones o por otras, más lo necesiten.

Y que sigamos disfrutando y compartiendo historias en esta blogosfera.

¡Pasadlo bien! :-)

Mercedes

Al pasar frente al número 7 de la calle de Cedaceros un edificio llama poderosamente nuestra atención, por su decoración, pero también por su estado de abandono. Un letrero indica que se trata del Cine Bogart, pero la entrada está tapiada. Restos de cerámica de color azul alrededor de lo que fue la puerta del cine parecen testigos mudos de una larga y azarosa historia que comenzó hace más de un siglo.

Calle de Cedaceros

Historia de un local que además de cine ha sido teatro, frontón, y aún antes salón de variedades. Usos diversos e infinidad de nombres. Salón Madrid, Teatro de los Polichinelas, Frontón Salón Madrid, Teatro Rey Alfonso, Cine Panorama, Teatro Arniches, Cine Cedaceros, y por fin Cine Bogart.

Durante casi cien años sus dueños se han visto obligados varias veces a cambiar el tipo de espectáculo que ofrecían y adaptarse a los nuevos tiempos para salir adelante. Vendido en subasta pública por orden judicial en más de una ocasión, sin embargo siempre mantuvo su carácter de lugar dedicado al ocio y al entretenimiento.

Igualmente, las reformas arquitectónicas han sido numerosas. Quizá una de sus peculiaridades, la planta en “L”, con fachadas a Cedaceros y Los Madrazo, haya supuesto una dificultad, ya que la esquina de ambas calles está ocupada por un edificio de viviendas.

Planta principal, por Luis Ferrero (Guía COAM)

El primitivo local fue construido en 1907 para albergar un pequeño salón-teatro, el Salón Madrid, que en aquellos primeros momentos tenía su entrada por la calle de Los Madrazo. Su arquitecto fue Luis López López, quien solo dos años después emprendería la primera reforma para convertirlo en cine, aunque en esos comienzos de siglo y del cinematógrafo, además de películas se ofrecían espectáculos de variedades, como por ejemplo las habilidades de perros amaestrados.

Salón Madrid (Revista “El arte del teatro” 15 agosto 1907)

Francisco Reynals entre 1916 y 1918 lo transformó en un frontón femenino, el Frontón Salón Madrid para “señoritas raquetistas”.

Y dos años más tarde el arquitecto Luis Ferrero Tomás proyectó una nueva reforma para cine-teatro y frontón en la parte superior, local que recibió el nombre de Teatro Rey Alfonso. En este momento fue trasladada la entrada principal a Cedaceros, que entonces se llamaba calle Nicolás María Rivero. Y la entrada por la calle de los Madrazo quedó comunicada con el escenario y camerinos de los artistas.

Fachada calle de Los Madrazo, actualmente cegada.

Ferrero fue quien dio al edificio el estilo arquitectónico que conserva, construido con el “encanto de la originalidad”, como decía la prensa de la época. Estilo calificado como Regionalista, caracterizado por el uso y mezcla de elementos arquitectónicos tradicionales. El interior debía ser espléndido, con sus butacas tapizadas de cuero color oro viejo, sus catorce palcos, y los adornos de hierro repujado; el techo artesonado de madera policromada, los zócalos del patio de butacas cubiertos de azulejos de Talavera y la doble escalera de mármol.

En 1924 se convirtió en cine, pero los problemas de subsistencia eran graves y al año siguiente tuvo lugar el primer cierre y la primera subasta, dedicándose entonces el local a representaciones de género ínfimo, como se llamó al cuplé “no apto para todos los públicos” a las que acudían solo hombres.

En 1927 el mismo Ferrero transformó el frontón de los dos pisos altos en salones para una empresa privada, mientras en el piso inferior el teatrito continuó representando piezas de cabaret, le llamaron primero Picadilly Club y luego Lido.

Durante la República volvió el cine, el Panorama, en esta ocasión sobrevivió durante más de 30 años, cine de barrio que más de una generación de madrileños guarda en su memoria. Hasta que en el mes septiembre de 1965 se inauguró el Teatro Arniches, que igualmente muchos aficionados recuerdan, así como algunas de las obras que allí se representaron.

Pero los problemas económicos volvieron a surgir, anunciándose el cierre en 1976.

La protección de Patrimonio Artístico evitó entonces su derribo, pero a partir de ese momento la situación fue empeorando. El entonces llamado Cine Cedaceros exhibía películas “S”, novedad de la época, pero que poco a poco también fue perdiendo espectadores.

En 1982 el edificio sufrió la sexta reforma, la última de momento, y pasó a ser el Cine Bogart, que proyectaba películas en versión original, pasando de sala “porno” a sala de culto.

Cine Bogart (foto COAM)

Desde el año 2001 el edificio permanece cerrado.

En el verano del 2006 fue “ocupado” durante una semana por más de cien integrantes de un movimiento social como protesta por la especulación inmobiliaria. Durante unos días fue noticia en todos los periódicos. Fue en ese momento cuando la puerta que en sus orígenes estaba protegida por una bonita verja de hierro repujado fue cegada.

Las últimas imágenes, antes de que la entrada fuera tapiada y desapareciera la marquesina, se pueden ver en este video:

Han pasado tres años y medio.

¿Quedará en su interior algo de la magnífica decoración, del zócalo de azulejos de Talavera, de los faroles de hierro repujado…?

¿Cuál será el futuro del local? Entre sus paredes se guarda casi toda la Historia del Espectáculo en Madrid y se reflejan los cambios de los gustos del público motivados por los cambios sociales a lo largo de todo el siglo XX. Seguro que, según nuestra edad y forma de vida, todos recordamos alguna de la etapas por las que ha pasado.

Esperemos que el singular edificio no corra peligro, se mantenga su protección, y que pueda ser recuperado como sala de Cine o Teatro, o tal vez para acoger ¿alguna otra forma de espectáculo o centro cultural?.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

(ACTUALIZACIÓN 4 de marzo 2010)

Foto: Eva Álvarez. 27 febrero 2010.

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Fuentes:
Arquitectura de Madrid
. COAM 2003.
La Construcción Moderna, 15 oct. 1921 (BNE)
Revista de la Unión de Actores
El País, 7 dic. 1989

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La iglesia de San Nicolás fue una de las diez iglesias primitivas de Madrid, construidas dentro del recinto amurallado cristiano, que ya figuraban como parroquias en el Fuero del año 1202.

El templo, situado en la plaza del mismo nombre, ha sufrido numerosas transformaciones y rehabilitaciones casi desde sus orígenes, pero su torre del siglo XII, de estilo románico-mudéjar, es la construcción más antigua de Madrid. Solo la muralla árabe en la Cuesta de la Vega, del siglo IX -en este caso se trata de una construcción militar o defensiva- es anterior.

La iglesia es del siglo XV. La nave, las capillas y el chapitel de pizarra que corona la torre son del XVII, y la portada de piedra de la entrada es obra de comienzos del siglo XVIII. Pero, a pesar de las numerosas modificaciones sufridas a lo largo de los siglos, nos encontramos ante el templo que más elementos medievales conserva en su interior .

Antes de recorrerla, nos detenemos un rato en uno de sus rincones donde se muestra toda su historia mediante planos, textos y dibujos que merece la pena observar.

Después buscamos los elementos más antiguos. La magnífica techumbre de la nave central, construida en madera al estilo mudéjar, que estuvo oculta durante siglos, recuperada en la reforma de mediados del siglo XX.

Los arcos de herradura, ciegos, en el muro derecho de la capilla mayor, que probablemente en origen estaban abiertos.

Y la gran bóveda gótica estrellada de la cabecera, obra del siglo XV.

Para los aficionados al arte y curiosos en general, este templo ofrece una singularidad más:

desde hace unos meses en uno de sus muros luce una pintura abstracta, obra realizada en 2007 por Rafael Aleman. La pintura se titula Sepulcro vacío, y es una representación conceptual de la resurrección de Jesús.

Instalado junto a extraordinarias pinturas y esculturas de los siglos XVII y XVIII, este cuadro es una de las escasas muestras de arte contemporáneo que se puede admirar en el interior de una iglesia madrileña. Precisamente en la más antigua.

No hay otra iglesia en Madrid donde podamos ver representada casi toda la Historia del Arte, desde el mudéjar del siglo XII al abstracto del siglo XXI. Una maravilla.

por Mercedes Gómez

La Plaza Mayor es sin duda uno de los lugares más bonitos de Madrid.

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Tiene sus orígenes en el siglo XV cuando nació en el exterior de la villa amurallada como plaza dedicada a mercado. Por aquellos tiempos el Mercado estaba en la Plaza de San Salvador -actual Plaza de la Villa-, pero con el fin de ahorrarse los pagos de impuestos, los vendedores comenzaron a quedarse en las afueras, en la entonces Plaza del Arrabal, que con el tiempo se convertiría en la plaza y mercado principal.

En 1580 Felipe II ordenó a su arquitecto Juan de Herrera su remodelación, cuyo primer paso fue el derribo de las modestas casas existentes. Diez años después comenzó la construcción de los nuevos edificios. Las obras a cargo de Diego Sillero, comenzaron por La Casa de la Panadería, en su lado norte.

Fue finalizada en 1619, bajo la dirección de Juan Gómez de Mora, reinando ya Felipe III. El pasado mes de noviembre la Plaza Mayor ha cumplido 390 esplendorosos años.

"Plaza Mayor", Juan de la Corte 1623. (Museo de Historia)

La Casa de la Panadería recibió este nombre debido a que allí, en su planta baja, fue instalada la tahona pública o despacho de pan; en la planta sótano se situaron las caballerizas de los panaderos. El primer piso fue destinado a Salón Real, dependencias para uso privado de los Reyes, donde podían descansar, recibir a sus invitados y desde cuyos balcones asistían a todos los festejos que tenían lugar en la Plaza.

Detalle del cuadro "Plaza Mayor" de Juan de la Corte, 1623.

Durante sus casi cuatro siglos de vida la Panadería ha sufrido incendios, reconstrucciones, restauraciones, consolidaciones, rehabilitaciones y todo tipo de reformas.

En el segundo de los tres grandes incendios que ha padecido la Plaza Mayor, el 20 de agosto de 1670, la Casa de la Panadería quedó prácticamente destruida, únicamente se salvaron el sótano, formado por 56 pilastras de granito cubiertas por bóvedas de ladrillo, y la planta baja, con 11 soportales con arcos de medio punto sobre columnas adosadas.

Sótano en 1985

Soportales (2009)

Soportales

Durante los dos años siguientes, sobre estos elementos originales, el edificio fue reconstruido por el arquitecto Tomás Román.

El nuevo Salón Real estaba formado por dos estancias exactamente iguales, la Cámara Real, con los balcones que se asomaban a la plaza, y detrás, la Antecámara. Tras finalizar su construcción ambas fueron espléndidamente decoradas.

Más de quince mil azulejos, realizados en Talavera de la Reina, fueron colocados en la escalera, el Salón, y las llamadas galerías de damas y caballeros.

Zócalo de azulejos en la galería de entrada al Salón.

La decoración de los techos de la escalera y de los dos salones, mediante pinturas al temple, fue encargada a los artistas Claudio Coello y José Jiménez Donoso.

Ambos realizaron tres frescos en los que representaron al Reino, a la Villa y a la Monarquía, entre dibujos de arquitecturas y motivos mitológicos.

Detalle Arquitecturas fingidas. Bóveda Salón Real. Coello y Donoso (1672-74)

En el siglo XVIII, durante la dinastía de los Borbones, el antiguo Salón Real fue destinado a otros usos. Entre 1745 y 1774 acogió a la entonces recientemente fundada Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, hasta que fue trasladada a su sede de la Calle de Alcalá, donde continúa. Y entre 1774 y 1871, a la de la Historia, a su vez trasladada a la calle del León.

Después La Casa de la Panadería pasó a ser utilizada por el Ayuntamiento, sirviendo como segunda Casa Consistorial.

La primera restauración fue realizada en 1880, momento en que se instaló el Archivo de la Villa, hasta que algo más de 100 años después fue trasladado al Cuartel del Conde Duque.

Hoy día muy raramente se puede acceder al Salón Real, alguna “Noche en Blanco” y alguna jornada de la “Semana de la Arquitectura”, como este año, que no hay que desaprovechar. Aunque no siempre fue así, en los años 60 del pasado siglo XX la Casa de la Panadería estaba incluida en la lista de Museos de Madrid, con visita gratuita de 10 a 13 h., el Ayuntamiento mostraba su Historia.

Decía el diario ABC del 10 de marzo de 1967 que “el salón español más típico del siglo XVII” se encontraba en el primer piso, con sus pinturas al temple, los zócalos de azulejos, tapices tejidos por flamencos, cuadros cornucopias, lámparas… que al año visitaban unas 500 personas.

En 1997 se acometió la restauración del histórico Salón Real, según proyecto del arquitecto municipal Joaquín Roldán.

En esos momentos no se sabía con certeza cómo fue realmente en el pasado, era un misterio, ¿cómo era posible que aquel lugar tan estrecho hubiera acogido el lujoso Cuarto Real?, y ¿cómo se comunicaba con la oscura estancia a sus espaldas?. Por los planos antiguos se sabía que originalmente ambos espacios estaban unidos, pero se desconocía en qué forma. Se apreciaban tres huecos, pero no cómo estaban construidos.

Planos 1ª planta Casa de la Panadería. Cipriano Gómez, Arquitecto del Ayuntamiento. 1888.

Y es que antes de 1948 se había levantado un tabique entre ambas salas, quedando el antiguo Salón Real dividido en dos habitaciones que fueron destinadas a biblioteca y sala de investigadores. Eran los tiempos en que la Panadería aún albergaba el Archivo de la Villa.

Las obras de rehabilitación habían comenzado el 1 de diciembre de 1996 con el objetivo de reproducir el Salón tal como era en sus orígenes, cuando uno de los restauradores localizó una imagen en un libro, en la que se apreciaba perfectamente que los dos espacios entonces tabicados eran una sola estancia separada por tres vanos con arcos de medio punto. Fue sin duda un hallazgo importantísimo y emocionante.

Salón Real en "La mitología en la pintura española del Siglo de Oro", de R.López Torrijos

El proyecto se basó en la reapertura de dichos arcos, con el fin de devolver al Salón su forma original, lo cual, después de varias dudas y cambios de planes, debidos sobre todo a falta de presupuesto, pudo llevarse a cabo. El Consistorio dio luz verde, y la antigua estructura pudo ser recuperada.

Arcos tapados (F.Molina S.A.)

Apertura de los arcos en 1997 (F.Molina S.A.)

Los muros fueron revestidos de entelados de damasco de color oro nápoles, el “color de la realeza”, intentando rememorar la antigua decoración.

Salon Real 1998

Salón Real. 1998. (Revista R&R)

Reabiertos los arcos, se procedió a la restauración de la azulejería y de la extraordinaria pintura barroca.

Aunque han sufrido múltiples recolocaciones y reformas a lo largo de los siglos, pues según iba siendo necesario debido al deterioro se fueron incorporando piezas nuevas, algunos de los azulejos conservados son los originales del siglo XVII.

Galería de acceso al Salón Real

En cuanto a las tres pinturas originales, las de la escalera han desaparecido. En ellas se representaban los Escudos del Reino de Castilla y León.

En la antigua Antecámara hay una copia que reproduce fielmente el original también desaparecido, realizada por Arturo Mélida en 1901. “Se pintó al fresco reproduciendo el antiguo temple” tal como podemos leer en la propia pintura, que en su centro representa el Oso y el Madroño, el Escudo de la Villa de Madrid.

Antecámara. Copia realizada en 1901 por Arturo Mélida.

Únicamente se conserva la pintura del Salón principal, la Cámara que da a la plaza, con el Escudo de la Monarquía, rodeado de las Virtudes Cardinales en el centro, y en los laterales una serie de arquitecturas fingidas, con ocho lunetos simulados al trampantojo, dos de ellos con el escudo de Madrid y los otros seis con los trabajos de Hércules.

Salón Real. Claudio Coello y José J. Donoso (1672-1674).

En 2005, el Ayuntamiento emprendió una nueva reforma de la Casa de la Panadería. Desde entonces el Salón Real está destinado a la celebración de bodas civiles que hasta ese momento habían tenido lugar en los jardines de Cecilio Rodríguez en el Retiro.

¿Era esto necesario?, ¿no hay otro lugar para celebrar las bodas?.

Comprendo que no estamos en el siglo XVII sino en el XXI, pero confieso que la ansiada visita al Salón Real en un primer momento me defraudó. No esperaba esas paredes, columnas y arcos pintados de blanco, ni las sillas transparentes de diseño moderno, como las de una oficina o salón cualquiera.

Tapices del siglo XVII continúan adornando las paredes, y costosas alfombras cubren los suelos. Pero el pequeño salón de actos instalado en la antigua Cámara, en nada sugiere la historia que encierran estas estancias.

Quizá esperaba encontrar una recreación del histórico Salón de los Austrias, como parece pretendió la anterior alcaldía al recuperar la antigua estructura.

2009

Octubre 2009

Menos mal que allí siguen los azulejos, y la maravillosa pintura de Coello y Donoso, dos joyas auténticas que perviven en el antiguo Salón Real, a cuyos balcones hoy os invito a asomarnos, para contemplar la Plaza Mayor, por una vez, desde el lugar que antaño lo hicieran los reyes.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Arquitectura de Madrid. 2003.

Diario El País.

Rosa López Torrijos.”La mitología en la pintura española del Siglo de Oro”. Ed. Cátedra. Madrid 1985.

Empresa F.Molina Obras y Servicios.

Salvador Pérez Arroyo. “La Casa de la Panadería. Apuntes para una reconstrucción de su evolución tipológica”. Revista Villa de Madrid. Año XXIII, nº 86. Madrid 1985.

Antonio Perla. “Los zócalos de azulejería de la Casa de la Panadería de Madrid”. Revista Restauración & Rehabilitación, nº 23, 1998.

Visita a la Casa de la Panadería, Semana de la Arquitectura, octubre 2009.
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Dicen que no es un oso sino una osa, y que no es un madroño sino un madroñero. Pero, durante siglos, nos hemos referido a ellos, el Oso y el Madroño, como parte del escudo de nuestra ciudad. El oso, y el madroño, “mudruny” en la lengua de los mozárabes, símbolos de la Villa.

Hoy día en Madrid no abundan los madroños, quizá este arbusto tan cargado de historia eche de menos el ambiente y el aire medievales. Pero sí hay algunos. Podemos contemplarlos si vamos al Retiro, a lo largo del Paseo de Coches, o a la Casa de Campo, por supuesto en el Jardín Botánico o el Parque de la Fuente del Berro. Más pequeños, también repartidos por la ciudad, por ejemplo en el Paseo del Prado. Incluso algunos en grandes maceteros, como en la plaza del Conde de Miranda o la calle Mayor. O en pequeños maceteros, como en mi balcón.

Y sobre todo podemos seguir admirando el majestuoso madroño centenario que se encuentra en la Plaza de la Lealtad, frente al Hotel Ritz. Hace unos años estuvo en peligro pues el peso de sus enormes ramas amenazaba con derribarlo, pero hoy día unas grandes horcas de hierro a modo de “muletas” sujetan el magnífico árbol, uno de los más singulares de Madrid.

Estos días, como siempre en otoño, comienzan a verse sus frutos rojos, comestibles, junto a las florecillas blancas.

De ellos nace el Licor de Madroño que, según cuentan, Felipe IV tomaba después de las comidas, preparado por su cocinero según la receta que inventaron los frailes benedictinos: machacando el madroño con alcohol de vino.

Está muy rico el licor de madroño, bien frío, sobre todo en esos diminutos y castizos vasitos de barquillo en que a veces lo sirven en la Taberna El Madroño, en la Plaza de Puerta Cerrada. Una delicia.

Otra curiosidad sobre nuestro emblema: el madroño, con su color rojo intenso, en el famoso y maravilloso cuadro de El Bosco “El Jardín de las Delicias” es el símbolo de la lujuria.

Lo que quizá no todo el mundo sabe es que la espléndida pintura flamenca de los comienzos del siglo XVI se titula “El Jardín de las Delicias o la Pintura del Madroño”.


La podemos admirar en el Museo del Prado, después de un paseo por los alrededores contemplando los madroños al natural.

por Mercedes Gómez

Pedro Texeira nació en Lisboa en 1595, cuando aún reinaba Felipe II, y en su ciudad creció en el seno de una familia de cartógrafos, por lo que tanto él mismo como su hermano mayor, Joao, aprendieron su oficio desde pequeños. Su padre, Luis Texeira Albernas, fue Cosmógrafo Mayor de Portugal.

Pedro pronto aprendió también a hacer la guerra. Muy joven, se embarcó como corsario, participando en varias batallas y en el saqueo de navíos enemigos, convirtiéndose en un pirata.

El oficio que aprendió Texeira no era fácil, para desempeñarlo era necesario poseer aptitudes tanto artísticas como científicas o militares. Personaje desconocido hasta hace poco, gracias a algunos investigadores, ya no hay ninguna duda de que fue un hombre culto, aficionado a las matemáticas y a la lectura de libros de historia, que también fue soldado, luchó y manejó las armas de fuego. Hombre inteligente, fuerte y ambicioso. Y aventurero.

En 1619, junto a su hermano, abandonó Lisboa y ambos llegaron a Madrid con su licencia de cosmógrafos, y se sumaron a la colonia de portugueses que ya habitaban en Madrid desde 1580 cuando Portugal se había unido a la Corona. Fue entonces cuando comenzaron a trabajar para Juan Bautista Lavanha, Cartógrafo Mayor de la Corona, importante personaje a quien en 1585 Felipe II había encargado la creación de la Academia de Matemáticas de El Escorial.

Al poco tiempo de llegar a Madrid, Pedro contrajo matrimonio con Eugenia de Salazar, en la iglesia de San Martín, una de las iglesias madrileñas más antiguas y que desgraciadamente fue derribada por los franceses hacia 1810. Pedro y Eugenia quedaron ya vinculados a esta iglesia y al barrio de San Martín durante toda su vida. Tuvieron dos hijos, Antonio y Francisca.

Vista de la iglesia de San Martín. Dibujo de Juan de Villanueva grabado por Juan Minguet, 1758 (Biblioteca Nacional)

A estas alturas Texeira tenía ya experiencia tanto en cartografía militar, como en piratería naval, y se convirtió en un auténtico espía al servicio de la Monarquía, reconociendo y midiendo fortificaciones de Francia o Italia, evaluando puertos, y estudiando castillos o torres. Peligrosamente, se infiltró en las filas enemigas en numerosas ocasiones, siempre con el objetivo de tramar líneas defensivas para su rey.

Descripción de los puertos y pasos que vienen de Francia a la Villa de Burguete, señalando los reductos y Cuerpos de Guardia para la defensa de ellos. (Simancas)

No olvidemos que desde 1618 a 1648 la Monarquía Hispánica vivió en guerra, la Guerra de los Treinta Años, por lo cual resultaban necesarios buenos y precisos instrumentos cartográficos que ayudaran a defenderse del enemigo.

En 1621 murió Felipe III, que reinaba desde 1598, sucediéndole Felipe IV con tan solo 16 años.

Al año siguiente Lavanha recibió un encargo cartográfico muy especial: la realización de un Atlas de la Península Ibérica, en el que deberían estar representados todos los pueblos.

Por esas fechas, Texeira obtuvo el título de Cosmógrafo Real, gracias a lo cual el 12 de septiembre de 1622, recién casado, inició su participación en este trabajo.

A los dos años murió Lavanha, el director del proyecto, y por unas razones o por otras, poco a poco, sus compañeros de tarea fueron abandonando la empresa. Así, el azar quiso que Texeira se fuera quedando solo para elaborar el que llegaría a ser conocido como el Atlas del rey Planeta, el Atlas creado para un único destinatario, el rey Felipe IV.

Detalle Atlas del Rey Planeta

Empleó doce años de su vida en este trabajo, de los cuales ocho transcurrieron recorriendo la costa peninsular, pueblo a pueblo. Un trabajo duro, verdaderamente, y sin los medios materiales o científicos con los que hubiera podido contar hoy día desde luego, las mediciones tenía que llevarlas a cabo de forma muy elemental, probablemente desde una barca sencilla. La resistencia física era primordial.

El resultado de su trabajo y de su esfuerzo fue sin duda una obra de gran interés militar para la época. Actualmente podemos considerarla una maravillosa obra de arte.

Detalle del Atlas del Rey Planeta

La primera casa madrileña en la que residió Texeira fue una casa alquilada en la calle de Jácome Trenzo, hoy Jacometrezo (que en su propio plano por error aparece nombrada como calle Postigo de San Martín), muy cerca de la plazuela de Santo Domingo.

Era una pequeña casa de dos plantas, con jardincito en su interior.

Primer domicilio de Pedro Texeira en Madrid

En 1630 Texeira regresó a Madrid y cuentan sus biógrafos que durante cuatro años puso en limpio todos los apuntes y mediciones tomados durante su viaje y realizó tanto los mapas como los textos de la Descripción que los acompañan. Desde su nueva casa de Madrid, en la calle que aparece en su plano como calle del Pardo, cerca de lo que hoy es la plaza de España, dió forma y color al que sería el primer Atlas de la costa peninsular, “La descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos”.

Segundo y último domicilio de Texeira

En 1634, terminado el Atlas, Texeira sufrió un recorte en sus ingresos como empleado de la Artillería de España y solicitó un puesto de Ayuda de Cámara del Rey, pero Felipe IV no se lo concedió. Volvió a encomendarle empresas navales, en las que con casi 40 años de edad vivió nuevas peripecias en Aragón y Cataluña, el País Vasco y Navarra. Para entonces Texeira ya se había convertido en un auténtico espía, ostentaba el tratamiento de Capitán, y era miembro destacado de la orden de los Caballeros del Hábito de Cristo.

En 1640 Portugal recuperó su independencia, y la restauración de la Corona en la persona de Joao IV ocasionó conflictos de lealtad a muchos portugueses residentes en Madrid.

Texeira se mantuvo fiel a Felipe IV, pero probablemente más por un instinto de supervivencia que por patriotismo. Seguramente consideró dónde iba a ser mejor remunerado, su trabajo iba a ser más valorado y dónde podía conseguir ese ansiado cargo de ayuda de cámara que el rey ya le había prometido en los años 30, y que nunca consiguió. Se cree que Pedro Texeira decidió ser súbdito del rey Felipe IV por razones puramente familiares. Aunque su mujer murió de forma inesperada el 29 de diciembre de 1647, lo cierto es que sus dos hijos madrileños pudieron contribuir a su decisión de permanecer en la Villa.

A finales de los años 40, Texeira ya se había convertido en pieza importantísima de la política de defensa de la Corona española, y sus servicios como cartógrafo eran muy solicitados en la Corte. Sirva como ejemplo que dieciséis mapas de España, Flandes e Italia decoraban las paredes de la Torre Dorada del antiguo Alcázar Real de Madrid. Lamentablemente, cuando el Alcázar se incendió en 1734 estos mapas se perdieron para siempre.

Los años siguientes Pedro Texeira se dedicó a su último gran trabajo, la Topographia de la Villa de Madrid. Tenía ya más de 50 años cuando emprendió su obra más famosa y estudiada, el conocido Plano de Texeira.

Después de haber dedicado varios años a tomar las medidas de Madrid, calle por calle, edificio tras edificio, la terminó en 1651, aunque no apareció hasta 1656.

El 4 de marzo de 1658 Texeira concertó la boda de su hija Francisca con José Lendínez Ladrón de Guevara, entonces Secretario del Rey.

En Portugal asistió a la derrota de los ejércitos españoles. A partir de aquí, enfermo, se retiró de la vida activa. Los últimos cuatro años vivió con su hija y su yerno, que se habían instalado en la casa de la calle del Pardo.

En 1660 Texeira redactó su testamento.

Murió en Madrid en 1662, el 13 de abril, en su casa de dos plantas de la calle del Pardo. Fue enterrado en la iglesia de San Martín. La partición de sus bienes, en aplicación de sus últimas voluntades, tardó poco más de 5 meses, cuando regresó desde Italia su hijo, por entonces capitán de Infantería Española en Sicilia. Aparentemente no había que heredar más que deudas, las cuales fueron satisfechas por su yerno.

Su patrimonio era en apariencia escaso pero hay que tener en cuenta que en 1658 ya había sido partido para dotar a su hija. Tras su muerte únicamente quedó una mera declaración de bienes enseres.

En cualquier caso, muy pobre declaración para un personaje tan importante, aunque también tan desconocido, don Pedro Texeira, ingeniero militar, cosmógrafo real, pirata, espía al servicio del rey Felipe IV, inolvidable y mágico cartógrafo de Madrid.

Texto: Mercedes Gómez

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NOTA: Una primera versión de este artículo la escribí allá por el mes de mayo del año 2005. Hacía mucho tiempo que el Plano de Texeira era conocido y apreciado, pero poco se sabía sobre la vida de su autor, al menos yo la desconocía completamente. La visión de un documental sobre el personaje me resultó fascinante, y me llevó a leer y escribir sobre él. Este post es una revisión. Y un recuerdo.

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Bibliografía:

16 documentos de Pedro Texeira Albernaz en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid”. Comunidad de Madrid 2002.

Felipe Pereda y Fernando Marías. “El Atlas del Rey Planeta de Pedro Texeira”. Ed. Nerea, 2003.

Pedro Texeira”. Documental Canal de Historia, Assai Producciones. Año 2004.

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