En el nº 122 de la calle de Serrano se encuentra uno de los grandes museos de Madrid, el Museo Lázaro Galdiano, lleno de maravillas de todas las épocas y estilos, representados todos los grandes maestros de la Historia del Arte. El Greco, Sánchez Coello, El Bosco, Goya… Delicadas joyas, exquisitos libros, pintura gótica, escultura renacentista, pintura barroca… Obras adquiridas por José Lázaro Galdiano a lo largo de toda su vida, que colocó y cuidó con cariño, continúan entre las paredes de su Palacio, a disposición de todos, tal como él quiso y decidió antes de morir.
José Lázaro Galdiano nació en Beure, Navarra, el 30 de enero de 1862. Muy joven se trasladó a Barcelona para estudiar, ciudad en la que comenzó a trabajar, en la Compañía Transatlántica, y a aficionarse a la lectura, al arte, y al coleccionismo.
No cabe duda de que fue un personaje especial. Gran financiero, se convirtió en accionista principal en Banca –fue fundador del Banco Hispano Americano-, Transportes, etc. supo incrementar la fortuna de su adinerada familia y luego la suya propia, pero también gastó mucho dinero de forma altruista, con el único objetivo de potenciar la cultura española.
Lázaro fue el creador y director de la editorial La España Moderna, y de la revista del mismo nombre, que se publicó desde enero de 1889 hasta diciembre de 1914.
A los 25 años se instaló en Madrid, en la calle Fomento, y animado por el mundo cultural que conoció en la capital decidió fundar la revista, que le ocupaba “el día y la noche enteros”. El entonces joven José buscaba engrandecer la cultura y no lucrarse, para ello buscó la colaboración de los más renombrados intelectuales, como Galdós, Clarín, Pereda, Emilia Pardo Bazán, Unamuno…
Emilia Pardo Bazán fue su gran amiga en los primeros años de la década de los 90, y dicen que amante, pero dejando aparte este aspecto que forma más parte del mundo de los chismes, lo realmente importante y cierto es que jugó un papel decisivo, aconsejando y difundiendo la revista, y le dio su apoyo en aquellos comienzos. Suyo es el primer escrito del primer número de la revista.
En 1903 José se casó con la bella Paula Florido, argentina, también muy rica, seis años mayor que él, y que antes se había casado tres veces y enviudado otras tantas. Ella también era aficionada al coleccionismo, se conocieron y enamoraron en la tertulia de un Anticuario a la que él solía acudir, y juntos formaron la gran Colección que poco a poco iría adornando su palacio, el Palacio de Parque Florido, así llamado en homenaje a ella.
El mismo año de la boda José Lázaro encargó su construcción en un solar adquirido en la calle de Serrano esquina López de Hoyos, al arquitecto José Urioste. Por entonces, este punto era el final de la urbanización de la calle Serrano, en la que ya quedaban muy pocos solares disponibles.
Tras muchos problemas y desacuerdos entre ambos, participación de otros arquitectos y ligeros cambios del proyecto inicial, la obra fue finalizada en 1908 por Francisco Borrás. Al año siguiente se dio por terminada la decoración del palacio, muy trabajosa y compleja, dirigida también por Borrás, quedando inaugurado uno de los palacetes más lujosos de la época.
El mismo Borrás construyó junto al palacio la sede de la editorial, edificio actualmente ocupado por oficinas, el auditorio, la biblioteca, la revista Goya y otras dependencias, aunque del edificio original apenas se conserva parte de la fachada que da al jardín.
El palacio, aunque reformado entre 1949 y 1950 por Chueca Goitia para transformarlo en museo, se conserva totalmente.
La planta baja estaba ocupada por el servicio, y la segunda por los dormitorios de los dueños. La primera, estaba prácticamente dedicada a guardar los objetos, cuadros, etc. que iban adquiriendo en tiendas o subastas.
El palacete estaba rodeado por un jardín romántico, adornado con esculturas, flores y árboles.
En 1932 murió Doña Paula, y don José, muy afectado y entristecido, se fue apartando de la vida social, se dedicó a viajar y se trasladó a vivir a Nueva York, hasta 1945 en que volvió a Madrid, donde murió dos años después.
Don José Lázaro Galdiano durante toda su vida adquirió arte, fue casi una obsesión, llegando a reunir una de las Colecciones más importantes de Europa, que legó al Estado español, junto con su fortuna, su palacio y su jardín.
Los árboles del Jardín del Museo Lázaro Galdiano son imponentes, fueron creciendo junto al palacio a lo largo del siglo XX. Uno de los más significativos era una haya roja centenaria, plantada por orden del propio Lázaro frente al torreón donde instaló su despacho.
Desgraciadamente, estaba enferma, y a finales de 2008 fue talada. Su pérdida fue importante para el Museo y también para Madrid. Se trataba de un árbol casi único, dicen que sólo en el Botánico se puede encontrar un ejemplar de tales características.
El Museo decidió que el árbol caído no debía ser olvidado. Allí pervive, junto a una haya joven recién plantada, la base del viejo tronco del árbol talado, y una placa conmemorativa que recuerda las fechas importantes en la historia del lugar. Los anillos de la corteza del árbol representan el paso del tiempo y la historia de estos cien años.
En el cristal de la ventana de la planta baja del torreón desde la que durante un siglo pudo contemplarse el árbol, continúan reflejándose sus ramas.
Este año 2010 una pequeña exposición instalada en la sala 6, conmemora los 100 años de existencia del palacio y su jardín, 100 años de Parque Florido: de Palacio a Museo.
Texto y fotografías por : Mercedes Gómez
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Museo Lázaro Galdiano
Calle Serrano nº 122
100 años de Parque Florido: de Palacio a Museo
Hasta el 12 de diciembre
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Fuentes:
Museo Lázaro Galdiano
R. Asún. La Editorial La España Moderna.






21 comentarios
Feed de los comentarios de este artículo
11 octubre 2010 a 20:24
José Casado
Hola Mercedes. Pido perdon publicamente, por no conocer el museo, promero ir a verlo. Logicamente tampoco conocia la existencia de Haya, una lastima que se perdiera, ya solo quedan en El Botanico, y en el Parque de la Fuente del Berro.
Enhorabuena por el pos. Un saludo
11 octubre 2010 a 20:37
artedemadrid
Hola José,
la verdad es que es un museo bastante desconocido, y es ¡precioso! cada sala tiene algo espectacular, y el conjunto es pura belleza. Estuve hace dos domingos, hacía tiempo que no iba, y se me quedaba la boca abierta
Lo de los restos del árbol, me dí cuenta el otro día, gracias a mi manía de fotografíar los jardines.
No te lo pierdas, merece la pena.
saludos!
Mercedes
11 octubre 2010 a 22:51
Paco
“En 1903 José se casó con la bella Paula Florido, argentina, también muy rica, seis años mayor que él, y que antes se había casado tres veces y enviudado otras tantas. Ella también era aficionada al coleccionismo…”
La verdad es que tampoco conzco el museo, aunque me suena haber visto en alguna parte el árbol talado de la foto.
Besos
11 octubre 2010 a 23:25
artedemadrid
Hola Paco
es verdad que el comienzo de la historia se las trae, pero al final creo que fue una historia de amor, y ella murió primero esta vez.
Cuando talaron el árbol hubo una exposición y libros de edición especial… seguro algo leerías. El museo es magnífico, si tienes ocasión no dejes de ir.
besos
11 octubre 2010 a 23:43
elena asins
conozco el museo lazaro galdiano, hace muchos años.
practicamente lo tenía olvidado. es un pena que la memoria viva mayormente en el presente y que la cosas pasadas vayan quedando atrás, es un museo muy interesante. merece la pena visitarlo.
¡qué triste el haya perdida!
enhorabuena mercedes
elena asins
11 octubre 2010 a 23:59
J. J. Guerra Esetena
Qué artículo tan bonito, Mercedes! Como José y Paco, me sumo a la lista de los que todavía no conocemos el museo (imperdonable). Gracias por contarnos la historia de su fundador.
Un abrazo, Jesús
12 octubre 2010 a 00:37
artedemadrid
Hola, Elena, muchas gracias,
Lo bonito es que han sabido conservar la memoria del árbol caído, en cierto modo sigue allí. Me gustó mucho ver las ramas pintadas en el cristal, casi son iguales a las de la foto más antigua en que se reflejan las ramas de verdad …
12 octubre 2010 a 00:41
artedemadrid
Gracias a tí Jesús! me alegro te haya gustado,
no dejes de visitar el museo, como decíamos, merece la pena.
un abrazo
12 octubre 2010 a 10:37
Manuel Romo
Hola Mercedes,
Cómo te lo has “currao”. Felicidades. Conozco el museo y es precioso y, cierto, es poco conocido, quizás por su lejanía del pasillo del arte. En una de mis visitas, el secretario de la Fundación, Yeves, juraría que se apellidaba, me dijo que el haya lo plantó don Lázaro con sus propias manos.
Por cierto, a doña Emilia Pardo Bazán, según las malas lenguas ¿se le resistía alguien de la época?
Un abrazo.
12 octubre 2010 a 21:09
artedemadrid
Gracias Manuel, la verdad es que me he divertido descubriendo la vida de este hombre, me creo perfectamente que plantara el árbol él mismo.
Y doña Emilia debía ser mucha mujer, no conozco bien su biografía, pero creo que es muy interesante, y con Galdós creo que no tuvo un final feliz…
12 octubre 2010 a 23:51
Bélok
He de reconocer que hace muchos años que no piso ese museo. Eso tengo que arreglarlo en breve. Como siempre Mercedes, un artículo sensacional y a todos los que no hayais ido nunca, buscar un ratito para conocerlo, de verdad que merece la pena.
13 octubre 2010 a 11:21
anapedraza
Yo también pido perdón, ¡ni idea!, lo visitaré en cuanto venga el buen tiempo, porque, y espero que siga así, en primavera, a veces, me dan tardes libres para asuntos propios.
¡Me encantan tus posts!
¡Un besazo!
Miguel
13 octubre 2010 a 19:12
artedemadrid
¡Gracias, Bélok! ya nos contarás.
Hola Miguel, ¡me encanta que te gusten mis posts!
La verdad es que hay tantos museos en Madrid… yo confieso que también me faltan algunos por conocer, pero eso está bien, siempre hay cosas nuevas por descubrir ¿no crees?
un beso
14 octubre 2010 a 00:39
mcarmen
Este museo es también una de mis asignaturas pendientes en Madrid.
La historia que nos has contado tan bien, me parece de lo más sugerente, seguro que la recordaré a partir de ahora cuándo pase por allí.
Saludos,
14 octubre 2010 a 19:42
artedemadrid
¡Gracias M.Carmen!
espero que te guste cuando vayas, ya me contarás
saludos
15 octubre 2010 a 10:10
Maria Rosa
El sábado 25 de septiembre pasado se celebró con una buena fiesta el término de las largas obras de la calle Serrano y hubo multitud de actividades. Entre ellas, una asociación cultural, ATACAMA, en colaboración con la Fundación Lázaro Galdiano y el Arqueológico, los dos grandes Museos de la zona junto con el Museo de Arte Público (el de esculturas modernas bajo el paso elevado que une Juan Bravo con Eduardo Dato) organizaron unas interesantísimas visitas guiadas en cuatro tramos: desde el Galdiano (con visita a su precioso jardín y algunas de sus salas pues la mayoría de los participantes no lo conocía…) a la calle Maldonado; de Maldonado a Ortega y Gasset; de aquí a Goya y el úlltimo tramo hasta la Puerta de Alcalá. Tuve la suerta de poder ir a las cuatro y fue una gozada…muchas cosas ya las sabía por tu blog: como lo del Palacio de Anglada y su Patio de los Leones, las barandillas de hierro de Eusebio Sempere con su simbólica ESE en memoria de la calle Martínes de la Rosa que tenía esa forma etc.pero otras fueron nuevas para mí o me recordaron algunas olvidadas…Ahora este post sobre Lázaro Galdiano y su jardín me sigue descubriendo cosas…¡¡Madrid es un inacabable cofre de sorpresas!!…
16 octubre 2010 a 15:21
Lucie
Qué casualidad, tengo previsto ir a ver el museo dentro de unos días con unos familiares franceses. Pues ahora más ganas tengo todavía de ir después de leer tu estupendo artículo. Una pena lo del árbol, pero está bien que se haya plantado otro. Gracias por toda esta información, muchos saludos.
16 octubre 2010 a 19:07
artedemadrid
Es verdad, María Rosa, cada calle. cada manzana, cada edificio, esconden infinidad de cosas bonitas e interesantes, ¡que lo sigamos disfrutando!.
Menudo paseo te diste, seguro que no tuvo desperdicio.
¡Hola Lucie! cuánto me alegro de despertar tu curiosidad aún más, creo que el museo te va a encantar, espero que nos cuentes!
saludos
Mercedes
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