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Anoche, un lector, Boro, nos daba la mala noticia: al parecer se prepara el derribo de un nuevo inmueble histórico, la antiquísima casa situada en el nº 20 de la Corredera Baja de San Pablo.

En los comienzos de este blog, hace más de cinco años, contamos parte de su historia, que luego hemos podido ir conociendo mejor. Ya entonces había sido declarado en ruina por sus propietarios, la Empresa Municipal de la Vivienda. Un letrero del Ayuntamiento anunciaba su próxima rehabilitación, que nunca llegó a emprenderse.

corredera 2009

Corredera Baja de San Pablo (2009)

A pesar de la dificultad económica que muchos madrileños están sufriendo estos últimos años, el Ayuntamiento ha continuado exigiéndonos a todos los vecinos, por otra parte con toda la razón, que cuidemos nuestras viviendas, reparemos los desperfectos y solucionemos posibles situaciones de peligro. Sin embargo, en ocasiones el propio Consistorio no cumple estas exigencias con los edificios de su propiedad, sabemos que no es el primer caso.

Esta mañana hemos podido leer la noticia en El País relativa al edificio de la Corredera 20, “el área de Urbanismo ha decretado ahora su derribo por ruina inminente, al constituir incluso un peligro para las personas e inmuebles de la zona… En febrero de 2014, Urbanismo realizó una inspección y descubrió que su estado había empeorado considerablemente respecto a la última visita, en 2008, debido al precario mantenimiento que ha estado sometido por parte de la empresa pública. Así que decretó su estado de ruina física inminente parcial y ordenó la demolición inmediata de las zonas más dañadas, que estaban precisamente entre aquellas de conservación obligatoria”.

¿Esto qué significa, estamos ante un nuevo vaciado de un edificio teóricamente protegido?, ¿un edificio ruinoso que no fue visitado durante seis años?

El inmueble, según información del propio servicio de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid, goza de Protección Integral, dentro de su catalogación con Nivel 1, el máximo, situado en un “entorno de monumento”, como ellos mismos explican. Se refieren a la próxima Iglesia de San Antonio de los Portugueses, luego de los Alemanes, una de las joyas madrileñas construida en el siglo XVII a cuyo abrigo creció el barrio.

¿Protección integral?, ¿en esto consiste, en abandonar un edificio histórico hasta que se produce tal deterioro que debe ser derribado?.

En 2011 fue ocupado por el Colectivo Patio Maravillas con el fin de convertirlo en centro social. Recuerdo, pues me acerqué a verlo, que comenzaron a limpiarlo e intentar hacerlo accesible; un grupo de arquitectos y otros profesionales apoyaron el plan y ofrecieron un proyecto de rehabilitación. Los ocupantes fueron desalojados y el plan rechazado. La entrada fue tapiada.

Hoy he vuelto a acercarme a la Corredera. La puerta y las ventanas continúan tapiadas. El cartel de próxima rehabilitación hace mucho que desapareció.

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Corredera Baja de San Pablo (2014)

Ojalá los miembros del Ayuntamiento de Madrid, Patrimonio Histórico y autoridad competente que corresponda consideren la situación, tengan en cuenta la historia del edificio y cumplan las normas municipales y de conservación de nuestro Patrimonio y protejan y rehabiliten el inmueble, que guarda elementos desde sus orígenes en el siglo XVII hasta los comienzos del siglo XX, cuando Antonio Machado recién casado con la joven Leonor volvió a Madrid, a casa de su madre, que aquí vivía entonces.

Ojalá, rogamos, no derriben un nuevo edificio, son muy poquitos los de esta época que van quedando en la Villa, testigos de nuestra historia, alma de la ciudad, como tantas veces hemos comentado.

Por favor, antes de que sea irreparable, protejan este edificio, su fachada y su interior, su escalera, su patio… protejan Madrid.

Por : Mercedes Gómez

La calle Murcia nace en el Paseo de Santa María de la Cabeza, cruza el Paseo de las Delicias y muere en la calle de Méndez Álvaro, frente a la Estación de Atocha. Es una calle breve, situada en el vértice norte del barrio que surgió en el triángulo creado en el siglo XVIII sobre las Delicias, surcado por los paseos que iban desde la Puerta de Atocha hasta el Río.

Hacia 1900 aún eran escasas las construcciones, casi nulas en el segundo tramo. El barrio había comenzado a crecer hacía pocos años, alrededor de las estaciones de Delicias y Mediodía (actual Atocha).

Plano de F. Cañada (h. 1900)

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

De aquellas primeras edificaciones no queda recuerdo.

Calle Murcia

Calle Murcia

Hoy es una de tantas calles arboladas y acogedoras de Madrid, secundaria y discreta, que quizá solo conocen bien los vecinos del barrio (oficialmente, barrio de Palos de Moguer), pero que como todas las calles aunque no sean famosas tiene su historia. El edificio más antiguo que se conserva precisamente en ese primer tramo, entonces aún un solar, es el nº 3, de 1909.

Calle Murcia, 3

Calle Murcia, 3

Hace diez años fue noticia por su estado ruinoso y falto de higiene. Actualmente la fachada centenaria se encuentra cubierta por una lona y las únicas ventanas que quedan a la vista están tapiadas, como en 2004. Enfrente un edificio de solo dos plantas, debe ser también de esa época.

Calle Murcia, 4

Calle Murcia, 6

En el nº 10 se encontraba el edificio de Transportes Fluiters, construido por Augusto Sanz Marcos entre 1927-1928 para guardamuebles, naves y oficinas de don Pedro Fluiters. Fue demolido en 1984, pero se conservó la fachada como ejemplo de construcción industrial.

Calle Murcia, 10

Calle Murcia, 10

Resulta un tanto extraña pues ha quedado aislada del moderno edificio de viviendas levantado tras ella, pero conserva algunos detalles del art-déco que la adornaba y es un testigo de los tiempos pasados en que la industria crecía en la zona.

Calle Murcia, 10 (detalle)

Calle Murcia, 10 (detalle)

En esta misma acera de los números pares, esquina al Paseo de las Delicias 26 (antiguo 28) el 12 de septiembre de 1959, tal como publicó la prensa de la época, se inauguró el Hotel Carlton, con “aire acondicionado, radio, cuartos de baño y teléfono en todas las habitaciones”, novedades propias de un local de primera categoría.

Hotel Carlton

Hotel Carlton

La fachada cóncava de la esquina fue decorada por el ceramista Santiago Padrós con un mosaico dedicado a las Ciudades españolas monumentales.

En la esquina contraria, donde ahora se encuentran las oficinas de una entidad bancaria, estaban las Bodegas Villa, cervecería muy frecuentada por los vecinos del barrio en los años 50-60.

Al otro lado del paseo, en el nº 14, esquina Paseo de las Delicias 19, un edificio de viviendas con sus rejas onduladas construido hacia 1930.

Calle Murcia, 14

Calle Murcia, 14

En la planta baja, en la esquina, había una tienda, entonces se llamaban de ultramarinos, la tienda de Peñalver, que algunos vecinos seguro recuerdan. Ahora hay una tienda de chinos.

Calle Murcia, 14 (1ª foto : COAM)

Calle Murcia, 14 (1ª foto : COAM)

Seguimos en la acera de los pares. En el nº 16, hay una casa sencilla y cuidada, con preciosos balcones de forja.

Calle Murcia, 16

Calle Murcia, 16

Enfrente estaba el Mercado Atocha, cuyo acceso principal estaba en el Pasaje Tortosa, un callejón sin salida que parte de la calle Tortosa; sin embargo entonces había una entrada por la calle Murcia. Tras una pérdida de clientela, desaparición de puestos y un grave deterioro, cerró definitivamente en 2006, siendo convertido en Escuela Municipal de Música.

Son muy bonitas las casas que se conservan anteriores a los años 70 del pasado siglo XX, en que muchas fueron derribadas.

Calle Murcia, 18

Calle Murcia, 18

A continuación, en el lugar del edificio moderno que hoy ocupa el solar del nº 20, había una Fábrica de Hielo, una de las que existían en Madrid (otra, recordemos, estaba en la calle de San Andrés). No sabemos en qué año exactamente sería derribada, pero en 1973 la prensa anunciaba los nuevos pisos y animaban a comprobar la calidad de su construcción.

En el nº 22 se hallan las viviendas para don Andrés Palomeque, proyecto de José María Rodríguez Gómez de 1930. En los impares, las viviendas del nº 17 muestra una sencilla y elegante decoración clásica, con dos pequeños torreones.

Calle Murcia, 17

Calle Murcia, 17

Y llegamos al final de la calle. Además de un mercado y la fábrica de hielo, otro servicio fundamental para el vecindario se instaló en la calle Murcia. En el nº 21 sigue en pie el Colegio Público Menéndez y Pelayo, una de las escuelas creadas por Antonio Flórez Urdapilleta, Jefe de la Oficina Técnica para Construcciones Escolares del Ministerio de Instrucción Pública, como ya comentamos aquí.

Esta escuela, frente al racionalismo dominante en construcciones posteriores, dentro de su sencillez y búsqueda de la funcionalidad, aún muestra ciertos elementos historicistas, sobre todo en las portadas.

El Grupo Escolar inicialmente llamado de Méndez Álvaro fue uno de los seis cuyo proyecto fue aprobado y publicado en la Gaceta de Madrid en 1923, gracias a la colaboración entre el Ayuntamiento y el Estado. En un principio los planos fueron obra del arquitecto municipal Pablo Aranda Sánchez, aunque fueron modificados por Flórez. El colegio fue construido entre los años 1923-1928. El edificio con su entrada principal en Méndez Álvaro 16, se asoma a la calle Rafael de Riego 1 y Murcia 21.

Calle Méndez Álvaro

Calle Méndez Álvaro, 16

Construido en ladrillo y con aleros de madera, sus fachadas son muy armónicas.

colegio torres

Fue reformado y ampliado por el propio Flórez y Bernardo Giner de los Ríos en 1932.

colegio caseta

Una segunda ampliación a cargo del arquitecto Joaquín Roldán tuvo lugar en 1970. Fue en 1932 cuando se construyó la caseta para servicios médicos y para el guarda en la esquina de Méndez Álvaro con la calle Murcia, donde finaliza nuestra calle y nuestro paseo por hoy.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Guía-Callejero de Madrid 1970.
ABC, 31 octubre 1973
ABC 2 marzo 2004, pág 41
ABC 6 junio 2006, pág, 40
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003
F.J. Rodríguez. Plan de construcciones escolares de 1922 para Madrid. El caso del Grupo Menéndez Pelayo”. III Foro Ibérico de Museísmo Pedagógico – V Jornadas Científicas. Murcia 2012.

Y sobre todo, los recuerdos de Fernando, antiguo vecino de la calle, a quien dedico el artículo y envío muchos besos.

 

 

Hasta el próximo 12 de octubre 2014, en el Palacio de Cibeles se puede visitar una de las exposiciones de arte contemporáneo más curiosas e interesantes del momento. Se titula Cine Bogart. Imaginar un edificio, coordinada y producida por Centro Centro, del Ayuntamiento de Madrid, lugar, según ellos mismos explican, dedicado a “la reflexión y la propuesta de vanguardia en las áreas de cultura, ciudadanía y gestión creativa de espacios públicos”.

En diciembre de 2009 contamos aquí su historia, la que le llevó de Salón Madrid a Cine Bogart, que a algunos nos cautivó. Generó bastantes comentarios, correos privados, incluso una bonita conversación en torno a Un beso de cine. Se unían el ánimo de defender un edificio arquitectónicamente singular, el recuerdo de muchas personas que han pasado por sus salas cinematográficas y escenario teatral, y quizá la curiosidad que despiertan los espacios abandonados.

Nuevamente podemos evocar e imaginar el Bogart, cerrado desde 2001. En otoño de 2013, seis artistas lo visitaron. “Cada uno de ellos documentó su visita y, ahora, en esta exposición, muestran el resultado de sus interpretaciones más personales del edificio; sus espacios, sus símbolos arquitectónicos y las historias que ocurrieron dentro”.

“Arte, arquitectura y memoria; espacios urbanos en desuso que nos invitan a reflexionar sobre la ciudad, sus edificios y sus posibilidades; sobre la interminable, ardua y tan necesaria tarea de mantenerlos vivos.” Son palabras de la comisaria de la muestra, Inés Caballero (la negrita es mía).

Es una buena noticia saber que el Ayuntamiento apoya esta opinión, ya que es el promotor de la exposición; quizá a partir de ahora colabore en mayor medida para conseguir que vuelvan a la vida lugares hace años abandonados a su suerte. El Frontón Beti-Jai, el Palacio Nuevo o del Marqués de Salamanca en la Quinta de Vista Alegre… y otros.

Tras una magnífica labor de búsqueda en hemerotecas nos cuentan la historia completa del edificio, desde su apertura en 1907 como Salón Madrid hasta su situación actual. Imágenes, escenas llenas de vida y de personas, actores y público.

hemeroteca2

También se exhiben algunos documentos históricos, como el proyecto inicial firmado en 1906 por el arquitecto Luis López y el de reforma para convertirlo en frontón unos años después.

Seis artistas, cada uno a su manera, intentan rescatar la memoria, las emociones guardadas en el interior del edificio. Leonor Serrano recurre a los objetos cinematográficos (focos, butacas…) y a la luz, creando una instalación muy sugestiva.

Leonor Serrano. "Una larga espera".

Leonor Serrano. “Una larga espera”.

Allard Van Hoorn se sirve del sonido. Nicolás Combarro también evoca elementos de un cine (el cartel, la taquilla, la butaca). Javier Peña mediante una estructura de hierro recrea los distintos espacios que fueron la suma de realidades encerrada en el Bogart.

Javier Peña. "Escena".

Javier Peña. “Escena”.

Luis Úrculo ofrece un video y algunos dibujos. Finalmente, Marlon de Azambuja juega con la luz de lámparas similares a las que aún se conservan en el interior del cine.

M. de Azambuja. "Luces de bohemia".

Marlon de Azambuja. “Luces de bohemia”.

 

Termina la exposición con otro video, Vacíos, que reproduce una y otra vez una selección de fragmentos de películas que en el pasado fueron proyectadas en este cine ahora abandonado. Se han elegido solo escenas en las que no hay personas, reclamando su presencia, pues los espacios las necesitan “para perdurar”.

La web imaginarunedificio.com presenta la exposición, cuenta la historia del edificio y muestra bellas fotografías de su estado actual. Además, piden a los visitantes que añadan otros edificios a un mapa con el fin de crear un registro documental de edificios vacíos o abandonados. Esperemos que además sirva para protegerlos y darles vida.

Por: Mercedes Gómez

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Centro Centro
5ª planta
Cine Bogart. Imaginar un edificio.
Plaza de Cibeles

Tal como ocurrió con las nuevas Escuelas que se construyeron con el fin de intentar llegar a casi todos los barrios madrileños, con la llegada de la República en 1931 se elaboró un Plan General de Mercados con el objetivo de mejorar el sistema de abastecimiento de alimentos. Los planes abarcaban tanto los mercados centrales como la venta al público que por entonces en gran parte se realizaba en las calles, en puestos al aire libre, con la consiguiente falta de higiene y el escaso control.

Imperó una nueva visión de las características que debía reunir un edificio para albergar este tipo de servicios que había nacido en los años 20 y culminó en los años 30. El Racionalismo y la funcionalidad dominaron los proyectos que por entonces se emprendieron. Bajo la dirección de Luis Bellido, Jefe de los Servicios Municipales de Arquitectura, se planificaron los Mercados Centrales de Frutas y Verduras, de Pescados y de Leche. El Matadero y Mercado de Ganados ya existía, obra del propio Bellido. Y se programó la creación de Mercados de Distrito, de los cuales solo algunos pudieron inaugurarse antes de la guerra.

La visión de la arquitectura oficial cambió radicalmente, la funcionalidad pasó a ser lo más importante frente a la forma o los elementos decorativos, que prácticamente desaparecieron. El objetivo no era construir mercados bonitos o crear grandes obras arquitectónicas sino facilitar la conservación de los alimentos, su almacenamiento y exposición. Lo importante era la luz, la higiene y la facilidad para la actividad en el interior de los mercados.

La construcción de los mercados centrales fue encomendada a Francisco Javier Ferrero Llusiá, uno de los arquitectos madrileños más notables, autor entre otras obras del emblemático Viaducto.

Nació en Madrid en 1891. Hijo de Luis Ferrero Tomás, y hermano de Luis Ferrero Llusiá, hay que destacar la huella de esta familia de arquitectos en nuestra ciudad.

Javier Ferrero comenzó colaborando con su padre. Sus primeros trabajos estaban influidos por la arquitectura regionalista, el monumentalismo de Antonio Palacios y el neobarroco de los años 20. Se conservan espléndidos edificios en la calle de Manuel Cortina 6, Goya 77 y Cedaceros 4. También es suyo el edificio de la Tenencia de Alcaldía de la Latina en la Ribera de Curtidores.

Con la reorganización de los servicios del Ayuntamiento, asumió un papel muy importante como arquitecto municipal. Entre 1932 y 1933 ejecutó el proyecto de Bellido para el Matadero de aves y gallinas. Además, entre otras cosas, como decíamos, le fue encomendada la construcción de los mercados centrales.

En 1931 se inició la del nuevo Mercado de Pescados junto a la Puerta de Toledo. El proyecto del Mercado de Frutas y Verduras, en Legazpi, había sido aprobado en 1930 aunque no se comenzó a construir hasta abril del año siguiente. Ambos fueron inaugurados en abril de 1935.

El Mercado de Frutas y Verduras, entre la plaza de Legazpi, la calle Vado de Santa Catalina, avenida del Manzanares y calle Maestro Arbós, ocupó una parcela triangular junto al río. Fue construido en hormigón, con cerramientos de ladrillo visto, en colaboración con el ingeniero José A. Peña Boeuf.

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Calle Maestro Arbós

Las naves se adaptaron al terreno de más de 30.000 metros cuadrados perteneciente a la antigua Dehesa de la Arganzuela, llamado el Pico del Pañuelo, alrededor de un gran patio destinado a los vehículos.

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Patio. Plaza de Legazpi.

En 2006 fue destinado a albergar la sede de la Concejalía de Urbanismo, entonces en la calle Guatemala, en cuyo proyecto el anterior alcalde de Madrid tenía previsto construir un rascacielos en el interior del antiguo mercado.

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Vado de Santa Catalina esquina avenida de Andalucía

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Río Manzanares

El plan nunca se llevó a cabo, surgieron otros que tampoco prosperaron. Durante un tiempo fue almacén municipal y alojó la Oficina de Objetos Perdidos, pero actualmente está sin uso. El paso del tiempo y la crisis económica han permitido que esta construcción, una de las más puras del racionalismo madrileño, se conserve casi íntegra.

El Mercado Central de Pescados, ubicado entre la glorieta Puerta de Toledo, calle Capitán Salazar Martínez, calle de la Arganzuela, la plaza del Campillo del Mundo Nuevo y la Ronda de Toledo, se adapta a un solar trapezoidal de más de 16.000 metros cuadrados con enorme desnivel de terreno. Igualmente el material utilizado fue el hormigón armado.

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Puerta de Toledo

Las plantas unidas por rampas, la lonja de contratación y los puestos de los asentadores, los almacenes de salazones y escabeches… desaparecieron en los años 80 del siglo XX en que el antiguo mercado, cerrado hacía tiempo, fue rehabilitado y convertido en el Centro Comercial Puerta de Toledo.

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Calle Capitán Salazar esquina calle Arganzuela

Hace tres años la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid cedieron el edificio a la Universidad Carlos III, que hoy ya ocupa una parte del antiguo mercado y pasará a ser de su propiedad totalmente en 2016.

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Plaza del Campillo del Mundo Nuevo

A partir de 1934 Ferrero también levantó el tristemente demolido Mercado de la Plaza de Olavide, otra de nuestras joyas racionalistas.

En 1935 el mismo Ferrero proyectó el Mercado Central de Leche, que no llegó a construirse.

De los tres mercados construidos, como decíamos, el único edificio que subsiste tal como fue proyectado es el de Frutas y Verduras de Legazpi. Si nos decidimos a dar un paseo por los alrededores, caminando desde Legazpi por el Paseo de la Chopera, llegamos a la plaza del General Maroto, donde, frente a la Casa del Reloj del Matadero, se encuentra el Edificio Parque Sur, obra de Ferrero junto a José de Azpiroz y el ingeniero José Paz.

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Pº de la Chopera 41

No es un mercado, pero sí otro magnifico ejemplo de la arquitectura racionalista de la época. Son los Talleres del Parque Automovilístico del Ayuntamiento de Madrid, otro edificio de los servicios municipales levantado entre 1933 y 1935.

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Una placa del Colegio de Arquitectos junto a la puerta de entrada que nos recuerda que “este edificio de estilo racionalista forma parte del conjunto de instalaciones municipales realizadas durante la II República” puede servir como resumen del modesto homenaje a este brillante arquitecto.

parque puerta

Javier Ferrero es también el autor de la Imprenta Municipal.

Murió el 27 de octubre de 1936, con solo 45 años de edad.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

PEÑA BOEUF, A: “El mercado de frutas y verduras de Madrid. “, Revista de Obras Públicas, 1.1.1935.
“Nuevos mercados centrales en Madrid. “, La Construcción Moderna, 15 mayo 1935.
La Libertad 30 junio 1935
CASAS RAMOS, María Encarnación: “El arquitecto Francisco Javier Ferrero. “, Villa de Madrid, . nº 86, 1985-IV, pp. 33-42.

 

Como sabemos, la existencia de los baños públicos en Madrid se remonta a los orígenes de la Villa. Los musulmanes trajeron a Mayrit, como a todas las ciudades de Al Andalus, los baños o hammam.

Igual que sucedió con los viajes de agua, los baños fueron una herencia de la cultura romana. Las termas romanas eran edificios destinados al ocio, lugar de baño pero también de encuentro, lectura, ejercicio… Solían tener tres salas principales: la piscina fría (frigidarium), la tibia o templada (tepidarium) y la caliente (caldarium). De la misma forma, los baños árabes además de lugares para la higiene también lo eran para la relación social, a lo que se añadía la ablución o purificación religiosa. Heredaron esa filosofía del agua y los contrastes de la temperatura como elemento de limpieza del cuerpo y del alma. Inspirados en las termas romanas, normalmente estaban formados por tres salas abovedadas contiguas, el cuarto frío (bayt al-barid), templado (bayt al-bastani) y caliente (bayt as-sajun), además de otras estancias.

Hay constancia de los baños árabes madrileños en algunos documentos antiguos. Como ya vimos, Manuel Montero Vallejo habla en sus libros de los baños que se encontraban junto al Barranco por donde entonces fluía el Arroyo de San Pedro, hoy calle Segovia, y que continuaban existiendo en los siglos XIII y XIV. Estaban situados cerca de la iglesia de San Pedro, al norte del zoco, o azoche viejo, que visitamos hace unos días, situado en la Plaza de la Paja. Muy cerca, el profesor situó una mezquita que debía existir también aún en el siglo XV.

Recordemos que el zoco se solía improvisar en las calles, normalmente cerca de los dos centros de la vida social, la mezquita y los baños. Y que el primer zoco pudo existir en la plaza de San Salvador, hoy de la Villa, cerca de la mezquita principal, la de la Almudena, en la actual calle Mayor. Podemos imaginar que no demasiado lejos existieron unos baños. ¿Acaso algunas de las cuevas abovedadas que se conservan en las proximidades pudieron pertenecer a los baños islámicos del Mayrit más antiguo?.

Hoy día podemos revivir la experiencia de aquellos baños árabes en la calle de Atocha nº 14, en Hammam Al Andalus y, como promete su eslogan, bañarnos en la historia. Sus sótanos abovedados fueron rehabilitados en los comienzos del siglo XXI para recrear unos hammam, con toda su magia, donde descansar y aislarnos por un rato de la ajetreada vida diaria.

El edificio, uno de los más antiguos de Madrid, con trescientos años de historia, se ubica en la calle Atocha esquina Concepción Jerónima, en la antigua manzana 159 en la que se encontraba la Iglesia y Convento de Santo Tomás, derribados en 1875, sobre cuyos terrenos se levantó la actual Iglesia de Santa Cruz.

Manzana 159, Casa nº 3.

Manzana 159, Casa nº 3.

Hoy el nº 14 de la calle de Atocha corresponde a la Casa nº 3 que a mediados del siglo XVIII era propiedad del Convento, como casi toda la manzana.

atocha 14

Calle Atocha 14

Los aromas, la música suave, el agua tranquila… todo invita al descanso y a recordar el pasado madrileño nada más entrar en el recinto.

entrada al hammam

En la rehabilitación ejecutada entre 2002-2003 han cuidado hasta el último detalle conservando en la medida de lo posible los materiales originales, sobre todo el ladrillo de los muros y las bóvedas centenarias.

ladrillo y azulejos

Según cuentan en el propio establecimiento, el Hammam se halla sobre la estructura de un antiguo aljibe con bóveda de cañón, del siglo XVIII.

Foto: Hammam Al Andalus

Foto: Hammam Al Andalus

Para conseguir el mejor ambiente, en los elementos de nueva construcción, combinados con los originales, se han utilizado materiales como el mármol, la pizarra, azulejos artesanales y estuco.

piscina fria

Son muchos los detalles evocadores de aquellos años alrededor de 1700 en que en esta esquina las Casas que llaman de la Torrecilla se surtían del viaje de agua de la Fuente Castellana. Como un precioso y antiquísimo pozo hoy convertido en fuente moderna gracias al grifo del que ahora mana agua fresca.

pozo

Además de las piscinas a diferentes temperaturas, como antaño, hay una sala de vapor y otra de reposo en la que se puede disfrutar de una Fuente de té y del Rincón de los Aromas, donde se elije la esencia para el masaje, rosa, lavanda, ámbar rojo… Dedicado a Madrid, se ofrece el aceite aromático de la violeta.

Y como curiosidad, todos los años organizan un torneo de ajedrez en el agua templada, ¿os animáis?.

Hammam

Foto: Hammam Al Andalus

Como ellos mismos explican, lógicamente ahora el Hammam no tiene funciones higiénicas ni religiosas, pero sí aporta beneficios al cuerpo y a la mente, momentos de descanso, de relajación… tan necesarios, en un espacio que nos traslada a otra época, que nos hace recordar el Madrid más antiguo.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:
Montero Vallejo, M. Origen de las calles de Madrid. Ed. Lavapiés. Madrid 1995.
Planimetría General de Madrid.
Aznar de Polanco, J.C. Tratado de los Cuatro elementos. Origen y nacimiento de las aguas y fuentes de Madrid. Madrid 1717. (Ed. facsimil E. y P. Libros antiguos, Madrid 1992).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la calle Mayor nº 86, entre la calle del Factor y la calle de la Almudena, sobre un solar de historia muy antigua, se encuentra el Palacio de Abrantes, sede del Instituto Italiano de Cultura.

En la primera mitad del siglo XVI, antes del establecimiento de la capitalidad en la Villa, se produjo un pleito entre unos vecinos de algunas casas aquí ubicadas a causa del cual en 1549 Cristóbal de Villarreal dibujó un precioso plano, conservado en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, en Planos y dibujos, desglosados, 199, la planta de varios edificios situados entre la calle de los Palominos (calle del Factor) y la Iglesia de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid que nos proporciona una información muy valiosa.

Croquis de Villarreal. 1549. (Real Chancillería de Valladolid. M. de Cultura)

Croquis de Villarreal. 1549. (Real Chancillería de Valladolid. Ministerio de Cultura)

El autor, además de dibujar las casas, patios, puertas, cuadras, una noria, albercas… incluso un árbol en casa “de doña Luisa”, e indicar todos los propietarios, representó la Puerta o Arco de Santa María –que durante la época musulmana fue Puerta de la Almudena–, un cubo de la muralla, y la propia muralla atravesando los edificios situados entre la calle del Factor –aquí denominada calle de Los Palominos– y la iglesia.

En la parte superior del croquis aparece el ábside de la iglesia de Nuestra Señora de la Almudena, primera parroquia de la Villa, que antes fue mezquita, lamentablemente derribada en 1868. En la breve calle de la Almudena, junto al Palacio, bajo un cristal se conservan los restos hallados en 1998.

Croquis de Villarreal. 1549 (detalle). M. de Cultura.

Croquis de Villarreal. 1549 (detalle). M. de Cultura.

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Calle Mayor 86, esquina calle Factor 1.

Recordemos que la muralla árabe venía desde la Cuesta de la Vega, atravesaba el Palacio de Uceda (hoy Capitanía General) y subía atravesando los abruptos terrenos sobre los cuales con el tiempo se construiría la manzana 440.

Desde que muy pronto, suponemos, se construyeron las primeras casas arrimadas a la muralla, probablemente primero intramuros, luego extramuros, en este tramo junto a la Puerta de Santa María y la iglesia, se sucedieron los propietarios cuyos nombres conocemos gracias a los documentos. El Croquis de Villarreal, la Visita General de mediados del siglo XVII y la Planimetría del XVIII trazan la historia de este lugar.

Sobre esas casas entre 1653 y 1655 se construyó el Palacio primitivo firmado por Juan Maza, al parecer con dos torres con chapiteles característicos del Madrid de los Austrias. Texeira debió dibujarlo cuando aún no estaba terminado; en su plano aparece con una torrecilla en la esquina de la calle Factor, curiosamente en el lugar donde Villarreal había situado un cubo.

Texeira (1656)

Texeira (1656)

Según la Planimetría, en el siglo XVIII el palacio ocupaba una parte de la Casa nº 1 de la manzana, que el siglo anterior había estado formada por ocho sitios o inmuebles colindantes. Su propietaria era doña Mª Teresa Pacheco de la Cueva.

Plano de Espinosa (1769)

Plano de Espinosa (1769) (en rojo, restos de la muralla)

En 1842 el edificio pasó a manos de José María Carvajal Téllez Girón duque de Abrantes cuyo nombre aún conserva el palacio.

Fue reformado por Aníbal Álvarez Bouquel, discípulo de Isidro González Velázquez, y arquitecto de la aristocracia isabelina. Bouquel lo transformó en un elegante y lujoso palacio conservando las torres.

Treinta y dos años después el duque lo vendió al senador Manuel María de Santa Ana que instaló la sede del diario La Correspondencia de España, hasta 1887 en que el nuevo dueño del periódico lo vendió al Gobierno italiano para albergar su Embajada. Al año siguiente comenzaron las obras proyectadas por el arquitecto Luis Sanz. Las torres fueron demolidas. Los decoradores italianos Grandi-Passeti realizaron las singulares pinturas al fresco bajo el gran alero de madera.

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De la reforma de Bouquel solo se conservó la escalera imperial.

escalera

Desde 1939 es la sede del Instituto Italiano de Cultura.

El cambio de uso provocó nuevas reformas en el interior del edificio. Las galerías del patio se cerraron y se creó una nueva acristalada en el piso superior.

patio pavimento

patio cielo

Desde los ventanales de la fachada trasera del Palacio de Abrantes que se asoman al Palacio Real y a los Altos de Rebeque, punto más alto de la antigua manzana, rememoramos la muralla del siglo IX.

desde el palacio

En la esquina sur este del Palacio, donde Villarreal dibujó el arranque de la “cerca principal” y un cubo, hoy se encuentra la Biblioteca del Instituto Italiano.

Como ya contamos durante nuestro paseo en busca de la muralla árabe, en su interior, moderno y cómodo, admiramos un muro de piedra caliza y pedernal de unos cinco metros que discurre paralelo a la calle Mayor, perpendicular a la del Factor. Debe corresponder al comienzo del lienzo y el cubo que Villarreal dibujó en el siglo XVI.

muralla cerca

Entonces la muralla atravesaba las casas, a ella arrimadas, del licenciado Garcés, del procurador Salazar, de Gaspar de Oviedo… actualmente es uno de los muros de la biblioteca y, al menos de momento o que sepamos, el único resto conservado en el interior de la importante y aún enigmática manzana 440, de la muralla que cerraba el primer recinto mayrití .

muralla Abrantes

A pesar del tiempo transcurrido y de las dificultades, ha subsistido como fragmento vivo del Madrid más antiguo. Ahora, en el siglo XXI, bien cuidada, ella custodia solo libros.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
Guerra de la Vega, Ramón. Palacios de Madrid. ed. del autor. Madrid, 2001. (tomo 1)

Aunque no se conoce su origen con certeza, la historia del vino de Madrid es muy antigua. Uno de los pocos oficios mencionados en el Fuero de 1202, documento impagable que nos informa sobre la vida en el Madrid de los siglos XII y XIII, es el de vinateros o vinateras, taberneros o taberneras, dejando claro que era desempeñado tanto por hombres como por mujeres. Una de las rúbricas de esta ley medieval estaba dirigida a Quien comprare cubas. Los precios eran fijos, marcados por el Concejo, y el vender vino adulterado era objeto de multa.

A lo largo de la Edad Media creció el cultivo del viñedo y el vino se convirtió en un elemento importante dentro de la alimentación de los madrileños. Además era utilizado con fines sanitarios como medio para desinfectar y curar heridas. Y finalmente, no hay que olvidar su importancia fiscal, la alcabala o impuesto del vino fue uno de los más importantes debido a que su consumo era muy elevado. En definitiva, poco a poco aumentó su producción y comercio llegando a cumplir un papel esencial en la vida económica medieval madrileña.

Los dueños de los viñedos podían ser particulares; casi todos los vecinos tenían su viña que en su mayor parte trabajaban ellos mismos y solían cubrir sus propias necesidades. También el Concejo y la Iglesia; las iglesias y sobre todo los conventos era propietarios en muchos casos.

La buena conservación del vino era esencial, para ello se construían bodegas subterráneas, algunas con su propio lagar, donde se almacenaba en cubas de madera o tinajas de barro. Esto ocurría en los pueblos y también en la Villa, a lo largo de la Edad Media, y en siglos posteriores. A finales del XVI, con la llegada de la Corte y el aumento de la población y por tanto del consumo prosperaron los oficios relacionados con la elaboración y venta de vino, bodegueros, taberneros, tinajeros…

BODEGAS SAN BLAS_10

En la calle de San Blas nº 4, a espaldas de la calle Atocha 111, existe una antigua bodega convertida en restaurante, quizá la única de estas características que se conserva en el centro de Madrid. Es uno de esos tesoros ocultos y abandonados, llamados a desaparecer, que a veces se salvan y salen a la luz gracias a particulares que reconocen su valor histórico y ponen todo su empeño en su conservación y rehabilitación.

El edificio bajo el que se cobija y el solar también esconden su historia.

La Bodega de los Secretos se encuentra en la manzana 255 que comenzaba a numerarse por la calle de Atocha, seguía por San Pedro, San Blas y Alameda para volver a Atocha, denominaciones que ya aparecen en el plano de Pedro Texeira.

Texeira, 1656 (detalle)

Texeira, 1656 (detalle)

El solar de la calle Atocha, esquina San Pedro y vuelta a San Blas, que un siglo después sería la Casa nº 6 de la manzana 255, a mediados del siglo XVII estaba ocupado por cinco casas. Una de ellas pertenecía a Pedro Martínez de la Membrilla, tabernero. Parece que en este lugar de la calle de Atocha ya se vendía vino hace más de trescientos cincuenta años.

Sabemos por la Planimetría General de Madrid que a mediados del siglo XVIII la Casa nº 6 era propiedad de la Congregación de San Felipe Neri de seglares siervos de los pobres-enfermos del Real Hospital General, situado al otro lado de la calle, hoy sede del Museo Reina Sofía. Era una asociación religiosa de beneficencia constituida por seglares.

Manzana 255. (Espinosa, 1769)

Manzana 255. (Espinosa, 1769)

Es posible que entonces fuera construida la bodega, quién sabe si sobre alguna construcción anterior, como veremos.

Sobre este solar –actuales números 109 y 111 de la calle Atocha–, en distintas épocas fueron construidos otros edificios. En 1874 las casas correspondían a los números 137, 139 y 141.

Plano Gral. Ibáñez Ibero (h. 1875)

Plano Gral. Ibáñez Ibero (h. 1875)

Sabemos que en 1897 Melchor Vega era el dueño de una tienda de vinos en el nº 139 de la calle Atocha, establecimiento que estaba abierto desde 1875. Ese año don Melchor solicitó al Ayuntamiento una licencia para continuar, que le fue concedida. A las puertas del siglo XX, allí se vendía vino, como a mediados del XVII.

La bodega contaba con todas las oficinas necesarias para la elaboración de vinos y una gran cueva de cañones seguidos con sus útiles para la colocación de las tinajas que sirven para la conservación de los vinos, cuyos calados y bodega se introducen en los perímetros de las tres casas.  Así consta en la escritura firmada en 1921 por un representante de la Congregación de San Felipe Neri conservada en el Archivo General de Protocolos.

Por otra parte, es curioso leer en la Constituciones de la Congregación de 1899, en su capítulo XIV, Que se repartan las cenas y el vino, cómo los Hermanos acabada la cena repartían a los enfermos del Hospital bizcochos y vino tinto, atendiendo con especialísimo cuidado a los que, por su total inapetencia, no hubiesen cenado, supuesto se sabe por experiencia que este socorro les sirve de alimento y medicina respecto a su achaque.

Derribadas las casas antiguas que tenían un máximo de dos plantas, se construyeron los edificios actuales. El de la calle de Atocha 111, y fachada posterior a la de San Blas fue obra del arquitecto Emilio Antón Hernández.

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La cornisa del nuevo edificio fue adornada con la imagen de San Felipe Neri, patrón de la Congregación.

Calle Atocha 111

Calle Atocha 111

La entrada y bajada a la bodega está en la calle de San Blas nº 4.

BODEGAS SAN BLAScalle

Como hemos visto, las construcciones se han ido sucediendo, desde las modestas casitas del XVII hasta estos edificios de seis plantas obra del siglo XX. Lo más sorprendente es que el sótano continúa ocupando todo el solar de la antigua Casa nº 6 propiedad de la congregación religiosa en el siglo XVIII, más de 300 metros cuadrados bajo las viviendas de Atocha nº 109 y 111 con vuelta a San Pedro y San Blas 2 y 4.

A pesar de los derribos y nuevas edificaciones, el sótano de galerías y bellas bóvedas de ladrillo se ha mantenido casi inalterable a lo largo del tiempo. Aunque llegó a estar en un estado lamentable, hace algo más de diez años comenzó su recuperación.

La Bodega en efecto está llena de secretos. Está formada por cuatro galerías que en cierto modo recuerdan la forma de un claustro irregular. Cuatro lados, diferentes, de un espacio algo laberíntico. De la galería mayor, espaciosa y altos techos, paralela a la calle San Blas, a la que llegamos tras bajar unas modernas escaleras de hormigón, parten otras dos que al final se unen por un pequeño túnel abovedado.

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Ambas galerías están jalonadas por una serie de grandes hornacinas donde se debían situar las tinajas que contenían el vino.

BODEGAS SAN BLASrincon

Algunas diferencias entre ambas galerías sugieren la posibilidad de que fueran construidas en épocas distintas. La primera, podría ser más antigua, es muy sencilla, estrecha, poco más de dos metros de alto. La construcción es de ladrillo excepto el centro, el corazón de los pilares, de los gruesos muros que soportan los arcos, que tienen un refuerzo de sílex.

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silex

Después de atravesar el breve túnel que une ambas…

BODEGAS SAN BLAStunel abovedado

… llegamos a la otra galería, mayor en todos los sentidos. Por sus dimensiones, mayor anchura, altura y longitud, y por sus detalles decorativos y arquitectónicos más complejos.

BODEGAS SAN BLASarcos

Las bóvedas rebajadas son espléndidas, cuidadas construcciones  llenas de detalles.

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Algunas de las bóvedas de esta galería muestran unas decoraciones que nos recuerdan las elaboradas construcciones de las pechinas de algunas iglesias.

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Hay que resaltar la magnífica restauración y rehabilitación del espacio realizada por su propietario Raúl Muñoz. Gracias a su tesón y esfuerzo se han conservado todos los elementos constructivos y los materiales en la medida de lo posible. Tanto los más antiguos como los de épocas más recientes, todos testigos de las diferentes etapas en la historia de esta singular construcción.

En las zonas en que el deterioro era tan grande que no se podían recuperar, los ladrillos fueron sustituidos por otros realizados a la antigua usanza en una fábrica artesanal en Arévalo en la que milagrosamente se continúan haciendo a mano, como hace siglos.

Tras uno de los muros apareció un largo y misterioso pasadizo cuyo comienzo se puede contemplar gracias a un espejo colocado con acierto. Su probable destino era el Hospital General con el cual seguro se comunicaba la bodega.

pasadizo

Durante las obras también aparecieron restos de las antiguas tinajas y su soporte. Alguna de las bóvedas muestra parte de estos recuerdos.

tinaja

Otras guardan vino, como en el pasado. Las demás se han convertido en acogedores rincones.

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La Bodega de los Secretos, un restaurante que hace honor a su nombre, en la calle de San Blas nº 4, a un paso de las Serrerías Belgas, Caixaforum, el Jardín Botánico…. Además de un lugar donde comer bien y estar a gusto, un precioso ejemplo de arquitectura del Madrid subterráneo, un retorno al pasado y una lección de historia.

Texto : Mercedes Gómez
Fotografías : Carlos Rodríguez Zapata

Nota:
Esta entrada ha visto la luz gracias a la ayuda de varias personas.
Gracias a Raúl Muñoz, por rehabilitar la antigua bodega con tanto cariño y cuidado, haber investigado su pasado acudiendo a los Archivos y facilitarnos toda la información.
Gracias a Alberto Villar por mostrarnos y contarnos todos los “secretos” de este restaurante que dirige y conoce tan bien.
Y por supuesto gracias a Carlos R. Zapata que “descubrió” el lugar, me llevó a conocerlo y realizó unas fotografías preciosas, como suele hacer siempre y podéis comprobar en su web.

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Bibliografía:

Puñal Fernández, Tomás. “La producción y el comercio de vino en el Madrid medieval”. En la España Medieval nº 17. Ed. Complutense. Madrid 1994.
Manuscrito Libro de las casas y calles de Madrid Corte de España. 1658. Transcripción de Roberto Castilla.
Planimetría General de Madrid

La fábrica y taller de carruajes Hermanos Francisco y Joaquín Lamarca fue fundada en 1840 en Madrid. A finales del siglo XIX tenían su sede en la calle del Barquillo, esquina a la de Fernando VI.

barquillo

Por entonces sin duda este barrio próximo a las Salesas Reales era el barrio de los Lamarca. En 1893 en el número 8 de la cercana calle de Santo Tomé, el arquitecto Santiago Castellanos Urízar construyó un edificio de viviendas para Francisco, de vistosa fachada en estilo neomudéjar con ladrillos y cerámica de colores.

Calle Santo Tomé, 8.

Calle Santo Tomé, 8.

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A pocos pasos del almacén de la calle Barquillo y de la casa de Santo Tomé, en 1902 el mismo arquitecto Santiago Castellanos construyó en la calle de Fernando VI números 10-12, con vuelta a las calles Belén y Regueros, el Edificio Lamarca Hermanos.

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La empresa tenía un gran prestigio. La familia Lamarca fabricaba todo tipo de vehículos, coches de paseo para los aristócratas, de gala para la Comisión de Gobierno del Congreso de los Diputados y carrozas para la Casa Real. Tal como publicó La Ilustración Nacional en 1897, ese año presentaron “tres elegantísimos carruajes” en la Exposición Nacional de Industria y de las Artes que tuvo lugar en el Palacio de Exposiciones construido en los Altos del Hipódromo ­–hoy sede del Museo de Ciencias Naturales–.

Por esas mismas fechas, pues ya aparece representado en el Plano de Facundo Cañada de comienzos del siglo XX, los hermanos instalaron las oficinas y abrieron un gran Taller de Carruajes Lamarca en el paseo del General Martínez Campos 39, entonces aún llamado paseo del Obelisco, entre las calles de Zurbano y Miguel Ángel –junto al solar donde poco después Joaquín Sorolla construyó su casa–. Hoy día ya no existe.

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Plano F. Cañada (h. 1900) (detalle)

Sin embargo el edificio de Fernando VI sigue en pie y constituye un bonito ejemplo de arquitectura industrial conservado en el centro de Madrid. Tiene un cuerpo central de dos plantas, la planta baja era la destinada a los talleres, y dos pabellones en las esquinas ocupados por viviendas. Restaurado hace pocos años mezcla elementos clasicistas, como los frontones o algunas decoraciones escultóricas, con otros que anuncian el modernismo, como el letrero de la fachada.

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La planta baja, además de algunas tiendas, acoge los antiguos talleres a los que llegamos tras atravesar el amplio zaguán y el patio que aún muestran su pavimento de piedra. Sorprende gratamente encontrar la construcción centenaria conservada también en su interior.

Vestíbulo calle Fernando VI, nº 10

Vestíbulo calle Fernando VI, nº 10

patio

Junto al ladrillo y los detalles de hierro forjado, como la puerta de entrada y las columnas…

ladrillos y columna

… entre los materiales utilizados predomina la madera de las techumbres, vigas, puertas, ventanas y aleros.

ladrillo hierro madera

En algunos lugares se han dejado a la vista las vigas de la cubierta.

vigas techo

Desde los talleres se podía subir a la primera planta cuya escalera también se conserva.

techo y escalera

En el siglo XXI los coches son mucho más numerosos y potentes que a finales del XIX y comienzos del XX, y la calle de Fernando VI se ha convertido en una de las más vivas de la ciudad, con modernos y acogedores locales comerciales y de ocio, pero en ella siguen existiendo los mismos edificios singulares.

Calle Fernando VI (h. 1930)

Calle Fernando VI (h. 1930) (www.viejo-madrid.es)

En 2010 se proyectó convertir la vieja fábrica de carruajes en hotel. No sabemos qué le deparará el futuro.

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Calle de Fernando VI (enero 2014)

De momento, el antiguo taller, que se alquila, aún de vez en cuando abre sus puertas para algún evento o tienda efímera y nos permite contemplar la histórica construcción y recordar su pasado.

Por Mercedes Gómez

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BIbliografía:

La Época. 20 oct 1895.
Informaciones de Madrid. 3 marzo 1921
La Correspondencia de España. 10 marzo 1921
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
Proyecto Hotel en Edificio Lamarca
El País. 6 jun 2011.

Hace unos días, visitando la nueva Sala Várez Fisa del Museo del Prado que contiene las doce espléndidas obras de arte español del Románico al Renacimiento donadas por esta familia, pensaba que era una suerte que el museo reciba este tipo de legados que nos brindan la oportunidad de admirar el arte medieval del cual desgraciadamente subsisten escasos ejemplos en Madrid. Una de ellas es un espectacular artesonado de madera tallada y policromada procedente del sotacoro de la iglesia de Santa Marina de Valencia de Don Juan (León). Es una obra anónima realizada hacia 1400 en un taller leonés. Mide 11,4 metros de largo por 6,05 de ancho; representa numerosas figuras profanas y religiosas además de escudos familiares y el escudo de Castilla y León.

Contemplando esta impresionante techumbre plana que cubre toda la sala y las demás obras de pintura románica que se exponen en el Prado recordé una de nuestras joyas, la ermita de Santa María de la Antigua en Carabanchel, en cuyo interior se conserva un sencillo pero igualmente bello techo mudéjar.

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La ermita, antigua iglesia parroquial de la Magdalena, está en la calle de Monseñor Oscar Romero junto al Cementerio de Carabanchel al que desde el siglo XVII sirve como Capilla.

Detalle mudéjar junto al cementerio cristiano

Detalle mudéjar junto al Cementerio.

La torre de la iglesia de San Nicolás del siglo XII, Santa María la Antigua del XIII, la torre de la iglesia de San Pedro del siglo XIV y la Torre y la Casa de los Lujanes del XV, ­–en este caso un edificio civil–, son los recuerdos del pasado árabe madrileño y ejemplos del arte que los alarifes mudéjares realizaron en nuestra ciudad y sus aledaños tras la conquista de los cristianos a finales del siglo XI.

Santa María de la Antigua es la única iglesia mudéjar enteramente conservada en Madrid, además de la más antigua. No se conoce a ciencia cierta el momento de su construcción; según el Colegio de Arquitectos, la restauración y las recientes excavaciones han constatado que el ábside, los pilares y la portada sur datan de la primera mitad del siglo XIII. En cualquier caso, la historia de sus orígenes y la de los terrenos donde se asienta es antiquísima.

Los hallazgos arqueológicos a lo largo de los últimos siglos han revelado que en este cerro del histórico pueblo de Carabanchel, que a pesar de la cercanía de las zonas urbanas continúa ofreciendo un aspecto rural, existió población desde tiempos remotos, incluso anteriores a la llegada de los romanos.

El pasado romano de estos parajes se conoce desde el siglo XVIII cuando en sus proximidades fue descubierto el famoso Mosaico de Carabanchel, que hoy podemos contemplar en el Museo de San Isidro.

En los comienzos del siglo XX, cuando los Carabancheles aún no pertenecían a Madrid –fueron anexionados en 1948–, en los alrededores de la ermita se encontraron nuevos restos arqueológicos de población romana.

Más de noventa años después, en el verano de 1999 durante las obras de ampliación de la línea 5 del metro, actual estación Eugenia de Montijo, apareció un yacimiento de extraordinaria importancia. Restos pre-romanos y numerosas estructuras y materiales que demuestran la existencia de una gran Villa romana en los siglos I-II.

Sobre parte de este antiguo poblado, en el siglo XI-XII los mudéjares construyeron una iglesia, nombrada en el Códice de Juan Diácono (sg. XIII), que según dicen fue visitada por San Isidro, y así lo recuerda una placa municipal en el exterior.

placa San isidro

La modesta ermita actual es un valioso ejemplo de arquitectura mudéjar. Sus muros son de mampostería con verdugadas de ladrillo.

puerta

Destacan la preciosa portada de ladrillo con tres arcos rehundidos enmarcados en un alfiz y la singular torre maciza excepto en la zona del campanario; ésta mide 20 metros y es de planta rectangular. Junto al templo se encuentra la Sacristía, construida en el siglo XVII. Un elemento moderno es la escalera de metal adosada a la torre.

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Su interior guarda algunos tesoros. En 1995 aparecieron fragmentos de pinturas medievales y un pozo.

pozo

El pozo, probablemente del siglo XII, perteneció a la iglesia anterior, aunque quizá su origen se remonte a la época romana; unos años después fue hallado muy cerca un horno romano.

Ante los hallazgos en su entorno se sospechó la existencia de importantes restos bajo la ermita. Prácticamente todo el interior de la iglesia fue excavado.

Según publicó la prensa por entonces, uno de los descubrimientos más importantes fue un muro de grandes dimensiones perteneciente al templo primitivo, el que se supone acogió al Santo Patrón madrileño. También se hallaron cerámicas, entre ellas objetos domésticos carpetanos, de época pre-romana, pavimentos romanos y el citado horno –indica que quizá en este lugar estaban las casas de los trabajadores de la villa romana–, elementos mudéjares y sepulturas del siglo XVII; toda la historia de Madrid bajo el suelo de esta ermita.

Entre los años 2000 y 2002 se llevó a cabo su restauración y rehabilitación a cargo del arquitecto Pedro Iglesias.

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Detrás del retablo barroco que adorna el altar con algunas pinturas de la Escuela madrileña y una imagen moderna de Nuestra Señora de la Antigua, en el ábside semicircular aparecieron restos de pinturas románicas.

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Lamentablemente no se pueden apreciar los temas representados pues la mayor parte ha desaparecido, pero ayudan a imaginar cómo debió ser este pequeño templo en el siglo XIII.

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En la Epístola, junto al Altar, tras el retablo que la cubrió durante mucho tiempo apareció una hornacina con más restos de pinturas.

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A los pies se encuentra el sencillo Coro.

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Ubicado sobre vigas de madera decoradas con pinturas.

techos

Como en el caso de los frescos de los muros, la mayor parte se ha perdido pero se conservan algunas escenas dedicadas a San Isidro y castillos y leones del Escudo de Castilla, como en el bellísimo artesonado de la iglesia leonesa que ahora podemos admirar en el Museo del Prado.

detalle pintura

Por: Mercedes Gómez

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Museo del Prado
Sala Várez-Fisa: Edificio Villanueva, Sala 52 A, planta baja.

Ermita de Santa María la Antigua
Calle Monseñor Oscar Romero 92.
Metro: Eugenia de Montijo.
Según nos informa María Rosa en su post dedicado a San Isidro en la Ermita de Santa María de la Antigua, la iglesia se puede visitar los sábados a las 11 h. de la mañana.

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Bibliografía:

Florit, José Mª. “Restos de población romana en los Carabancheles (Madrid)”. Boletín de la Real Academia de la Historia. Madrid 1907.
Navascués, Pedro J. La ermita de Santa María la Antigua en Carabanchel (Madrid). revista Al-Andalus  (CSIC) nº 26. 1961.
Diario El País 25 agosto1999, 2 sept. 1999, 27 dic. 2005.
Diario El Mundo 21 sept. 1999.
C. Caballero, F.J. Faucha, I. M. Fernández, J.Mª Sánchez Molledo. Materiales Arqueológicos Inéditos Procedentes del cementerio parroquial de Carabanchel Bajo (Madrid). Estudios de Prehistoria y Arqueología Madrileñas, nº 12, 2002.
COAM. Guía de Arquitectura. Tomo II. Madrid 2003.

Blogs:
Guerra Esetena. Pasión por Madrid. Santa María la Antigua.

El periódico El Imparcial, diario político de la tarde, nació en Madrid en 1867 fundado por don Eduardo Gasset y Artime. La Redacción y Administración se ubicaba en la calle de Recoletos número 4. Al año siguiente, convertido en diario liberal de la mañana, se había trasladado a la calle de Oriente 3. En 1875 el administrador estaba en la plaza de Matute 5. En 1889 se instaló en la calle de Mesonero Romanos 31. Por fin, después de tantos cambios y traslados se pudo construir su propio edificio, proyectado en 1911 por el arquitecto Daniel Zavala Álvarez.

Sobre un solar irregular cercano a la plaza del Progreso (actual Tirso de Molina) se situaron las diferentes secciones. En la parte exterior con fachada a la calle Duque de Alba número 4 las oficinas, dirección y redacción. Detrás en torno a un patio se situaron los talleres de composición.

Proyecto de edificio para El Imparcial (COAM)

Proyecto de edificio para El Imparcial (Fuente: COAM)

La prensa se hizo eco de la inauguración de la Nueva Casa de El Imparcial que tuvo lugar el día 7 de marzo de 1913, elogiando la elegante casa-palacio y el trabajo del arquitecto y su maestro de obras, Benito Moreno.

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El edificio, de estilo ecléctico, consta de un cuerpo central y dos torreones a los lados, con fachada adornada con balcones, columnas, frontones… La entrada bajo el torreón a la izquierda llevaba al edificio de oficinas y redacción, por la derecha se accedía al patio y a los talleres situados en la zona interior.

El 15 de marzo de 1913 la revista La Construcción moderna publicó una nota en la que describía con detalle el interior del edificio al que calificaba de luminoso, alegre y cómodo, y muy apropiado para acoger todos los servicios de un periódico moderno. Algunos talleres y la instalación para la calefacción de vapor en el sótano; la administración, rotativas y un gran patio de máquinas en la planta baja; y la redacción y talleres de composición en la planta principal.

En 1933 se suspendió la edición del diario, las rotativas dejaron de funcionar y el patio fue reformado para acoger una sala de cine, el Alba. Desde los años 80 la sala se ha dedicado al cine “X”, una de las últimas, quizá la última, de este tipo que siguen existiendo en Madrid.

Foto: Ayuntamiento de Madrid

Foto: Ayuntamiento de Madrid

El inmueble hoy día está ocupado por el edificio de la calle Duque de Alba cuyos salones se alquilan para eventos y tiendas efímeras, una entidad bancaria en la planta baja y en la parte posterior el cine. Aunque nada lo anuncia en el exterior (el letrero de sala “X” desapareció hace tiempo), la entrada está bajo el torreón de la derecha; solo los carteles en el pasillo de acceso, zona antes destinada a los vendedores, dan una pista sobre lo que allí se encuentra.

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En el interior del edificio poco queda de la decoración original, aunque se conserva perfectamente, restaurado hace unos años, y en verdad es luminoso y alegre. Según el Plan General de Ordenación Urbana goza de protección integral, calificado de Palacete. En el vestíbulo o portal de ingreso a la antigua Redacción aún se conservan el friso, el suelo y la escalera de mármol blanco que lleva al piso principal.

portal

Y probablemente la barandilla de hierro forjado con pasamanos de caoba.

escalera

Las paredes y techos del vestíbulo, la escalera y los salones están decorados con molduras y cornisas que en el pasado estaban pintadas al óleo.

cornisa techo salon

La luz entra por los balcones que dan a la calle y los que dan a un pequeño patio a sus espaldas, todos conservan los marcos y contraventanas de madera.

balcones patio

Los muros del patio están revocados imitando la piedra y se observa algún dibujo.

patio

Como decía, los salones hoy se alquilan, a la espera de poder darle un uso definitivo. Según noticia publicada a comienzos de este año en El País, en esos momentos los dueños no querían derribar el cine, sino conservarlo con vistas a la conversión del edificio en fundación cultural. Según explican, era el Ayuntamiento quien no permitía “devolver la gloria perdida al palacete si antes no se tira abajo el edificio que alberga el cine para recuperar el antiguo patio de manzana”.

La Asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio en un documento relativo al Recorrido peatonal crítico realizado el 16 de noviembre dentro de las II Jornadas Patrimonio en Alerta Roja, nos informa de que recientemente se ha presentado una solicitud para demoler esta sala cinematográfica y sustituirla por un inmueble de cuatro alturas y uso terciario, lo que supondría una nueva merma en el número de espacios culturales de nuestra ciudad y una inevitable afección a su patrimonio histórico pues no sólo se vería afectada la imagen del propio inmueble (catalogado con Nivel 1 de protección, grado Integral), sino de otros colindantes, como la Casa de la Duquesa de Sueca.”.

Recuperar el antiguo patio de manzana… ¿para levantar un edificio de cuatro alturas tras el palacete centenario?.

Que las autoridades competentes protejan nuestro Patrimonio de verdad, por favor.

Por Mercedes Gómez

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Fuentes:
“La nueva casa de El Imparcial”. La Construcción Moderna. Madrid 15.3.1913.
“La nueva casa de El Imparcial”. El Eco de la Construcción. Madrid 15.3.1913.
COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
B. García. “Historias de una sala X con caldera de carbón”. El País. 4.1.2013.
Ayuntamiento de Madrid

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