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La iglesia parroquial de San Pedro ad Víncula se encuentra en el Casco Histórico de Vallecas, uno de los dos barrios del distrito madrileño Villa de Vallecas, antiguo pueblo incorporado a Madrid en 1950, que encierra mucha historia y mucho arte. La advocación hace referencia a la liberación del apóstol San Pedro de la prisión por un ángel.

iglesia S.Pedro ad Vincula

Su fachada principal se asoma a la plaza Juan de Malasaña, dedicada al héroe de la Guerra de la Independencia nacido en Vallecas que fue bautizado en esta iglesia el 10 de febrero de 1759 como recuerda una lápida en el muro junto a la puerta de entrada. Padre de la más famosa Manuela Malasaña, murió en Madrid en 1811.

lapida

La iglesia es una joya, por su antigüedad, su arquitectura y por los tesoros que guarda en su interior. Fue construida en el siglo XVI sobre un templo anterior, probablemente mudéjar, del que se conservan algunos restos, sobre todo en el cuerpo inferior de la majestuosa torre.

torre

En el anexo del documento de Declaración de Bien Cultural publicado en el Boletín Oficial del Estado, que tuvo lugar en 1995 tras el informe favorable de la Real Academia de San Fernando, consta que “la primera noticia documental sobre su existencia se encuentra en el Libro de Visitaciones (Archivo de la Biblioteca Nacional), manuscrito de 1427, que describe una edificación de tres naves con muros de mampostería y pedernal, de estilo probablemente mudéjar, dada la presencia por entonces de un importante núcleo de población musulmana en Vallecas”.

“En 1565, según consta en documento notarial (Archivo Histórico de Protocolos; protocolo 403), se inicia la construcción del crucero de la nueva iglesia, cuyo primer proyecto se atribuye al arquitecto Juan de Herrera, según consta en documentos no originales depositados en el Archivo Municipal de Madrid. No hay datos que permitan asegurar que se efectuara el derribo total de la antigua iglesia para construir la nueva”.

O sea, que sobre ella, tras su derribo o tal vez reforma, debió construirse la estructura del conjunto actual. Como indican los documentos, su traza inicial se atribuye a Juan de Herrera, el gran arquitecto de Felipe II. La torre, de 1775, se atribuye a Ventura Rodríguez. A la base de ladrillo y mampostería se añadieron dos cuerpos más, uno para las campanas y otro con forma de chapitel de pizarra rematado con bola y una veleta.

Así, la iglesia hoy día es el resultado de diferentes épocas y etapas constructivas. Mudéjar, gótico, renacimiento, barroco, neoclasicismo.

Construido en mampostería con hiladas de ladrillo, el templo tiene dos entradas. La principal al oeste, en la plaza de Juan Malasaña, a los pies, a la que se llega tras subir la gran escalinata. La bella fachada está rematada por un singular frontón mixtilíneo.

fachada oeste

La portada de acceso es renacentista, realizada en granito, en arco de medio punto con columnas toscanas a ambos lados sobre las que se asienta un frontón curvo, en el que se halla un relieve que representa La Liberación de San Pedro, a su vez rematado por otro pequeño frontón triangular. Óculos, jarrones y otros adornos completan la decoración. Las puertas de madera con herrajes son una maravilla.

puerta

Al sur, en la calle de Sierra Gorda –antiguamente, calle de la Iglesia–, la segunda portada abierta por el lado de la Epístola en el siglo XVIII es neoclásica, de sillería. Nuevamente, en la parte superior, las armas de San Pedro.

entrada2

Caminando hacia la parte más alta del montículo donde hace siglos se construyó el templo, tomamos la calle de la Sierra de Encinares para rodear la cabecera y poder contemplar todo el conjunto hasta llegar a la calle del Archivo –así llamada desde al menos antes de 1870–, donde las capillas más modernas se unen a la base de la antigua torre.

calle archivo

Después de rodear la iglesia, nuevamente en la plaza, accedemos por fin al interior. Tiene tres naves, separadas por arcos de medio punto, cubierta la nave central con bóveda de cañón.

naves

Muchos de sus elementos son renacentistas, aunque conserva restos góticos, como la espléndida bóveda de crucería en la zona del crucero anterior al presbiterio.

cruceria

Las capillas fueron añadidas en el XVII. En el lado del Evangelio, tras la entrada a los pies, a la izquierda hallamos una capilla de decoración moderna pero que alberga una pila bautismal del siglo XVI, uno de los elementos más antiguos de la bella iglesia. La reja es del XVII; junto a ella un pozo antiquísimo.

pila bautismal

A continuación, la capilla del Cristo de la Salud; la del Nazareno, con cúpula sobre el crucero; y otra capilla con unas lápidas de 1667.

En el Altar Mayor se conserva la espléndida obra de Francisco Ricci, La liberación de San Pedro, pintado en 1669, óleo sobre lienzo de 5,75 x 3,80 metros.

altar ricci

Originalmente formaba parte de un gran retablo barroco –que sustituía a otro anterior–, obra de Pedro y Francisco de la Torre realizado entre los años 1669 y 1672, desaparecido durante la guerra civil. La guerra causó graves daños en el templo. El cuadro, junto a otras obras de esta iglesia y de otros lugares, fue salvado por las tropas republicanas que las entregaron a la Junta de Incautación del Tesoro Artístico Nacional. Todas ellas fueron inventariadas, fotografiadas por la Junta de Incautación de Madrid y depositadas en la Junta del Museo del Prado. Las fotografías se conservan en el Ministerio de Cultura, Fototeca del Patrimonio Histórico.

A ambos lados de la obra de Ricci se sitúan otras dos pinturas del siglo XVII, Santiago Matamoros de la Escuela Madrileña, y otra Liberación de San Pedro atribuida a Angelo Nardi.

En el lado de la Epístola, caminando hacia los pies, la escultura de Nuestra Señora del Rosario… Otra de las capillas está cerrada con otra reja de hierro forjado del XVII.

A ambos lados del crucero, existen dos antiguos vanos de puerta adintelados. A los pies, un coro alto desde el que se accede a la torre.

coro alto

A lo largo del tiempo la parroquia de San Pedro ad Víncula ha sido restaurada en varias ocasiones. Por Francisco Caballero hacia 1965. En 1995, como ya comentamos, fue declarada Bien de Interés Cultural, comenzando poco después las nuevas obras de restauración a cargo de José Miguel Ávila (1996-2004). En 2012 se acometieron las nuevas reformas y restauraciones, que continúan.

Junto al altar se encuentra la Capilla del Santísimo, antiguo Camarín de Nuestra Señora del Rosario, actualmente cerrada por dichas obras. En principio, conocer esta capilla fue el motivo de nuestra visita, así que tendremos que volver en cuanto sea posible. Como comentamos en su momento, está decorada con pinturas atribuidas a Juan Vicente de Ribera.

Recordemos que Ribera fue el autor de las pinturas de la cúpula de la Capilla de las Santas Formas en la antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en Alcalá de Henares, entre otras obras. Según Natividad Galindo, que ha estudiado al pintor en profundidad, pudo ser el autor de la Cúpula de la Capilla del Sagrario en la iglesia de San Pedro ad Víncula, a finales del XVII, principios del XVIII.

La cúpula está decorada con alegorías marianas pues como ya hemos comentado en origen la capilla estaba dedicada a la Virgen del Rosario. Natividad Galindo describe las pinturas: “En los ocho gajos aparecen ángeles portadores de alegorías marianas y al pie de cada recuadro, dentro de unas barrocas tarjas que interrumpen el anillo, aparecen unas letras que, conjuntadas, forman la advocación de Nuestra Señora a la que estuvo dedicada la capilla: María del Rosario.”

Vallecas. Decoración de la bóveda de la capilla del lado de la Epístola adosada a la Mayor. Protegida por la Junta. 15 agosto 1937. Fototeca Mº Cultura.

Bóveda de la capilla adosada a la Mayor. Protegida por la Junta. 15 agosto 1937. Fototeca M. Cultura.

 

A primeros de año varios medios publicaron la noticia de que durante las obras de restauración que se llevaban a cabo habían aparecido restos de bóvedas y pinturas de la primera mitad del siglo XVII y que “en la actualidad se trabaja en la identificación del arquitecto y del autor de la decoración de esta primera capilla”, que fue ampliada a mediados de siglo siendo dividida en dos estancias, y posteriormente decorada; fue entonces cuando debió intervenir el pintor Ribera. También se ha hallado “un arco o ventana de conexión con la iglesia en estilo herreriano”. Todos estos hallazgos son muy importantes, quedamos a la espera de nuevas noticias y de poder visitar la sin duda valiosa capilla, ejemplo del primer barroco madrileño. Mientras, ha sido un placer conocer esta hermosa iglesia.

Salimos de nuevo a la plaza de Juan Malasaña para tomar el autobús de vuelta al centro de Madrid (otra posibilidad es la línea 1 del metro), con la intención de volver pronto a este histórico barrio y conocerlo mejor.

plaza de Manuel Malasaña

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
García Gutiérrez, P.F. y Martínez Carbajo, A.F. Iglesias de Madrid. Ed. La Librería 2006.
Díaz Fernández, A.J. “El retablo mayor de la parroquial de Vallecas (Madrid): una arquitectura desaparecida de Pedro y Francisco de la Torre (1672)”. Espacio, Tiempo y Forma, Hª del Arte, t. 17, 2004, págs.. 149-172”.
Aparisi Laporta, L.M. Toponimia madrileña. Ayuntamiento de Madrid 2001.

Y la web vallecastodocultura

 

 

Hoy día 15 de mayo celebramos la fiesta de nuestro patrón San Isidro Labrador, la fiesta de Madrid. Todos los años nos gusta visitar alguno de los lugares del Santo y conocer algo nuevo; este año os invito a salir de la Villa para visitar una preciosa ermita en Alcalá de Henares.

Alcalá, aparte su condición de sede universitaria, era una ciudad agrícola, por lo que de forma natural a mediados del siglo XVII se levantó este templo dedicado al patrón de los labradores en lo que entonces eran tierras de labranza.

En 1629 catorce labradores alcalaínos, entre ellos Diego de Portillo, fundaron la Cofradía y Hermandad del Señor San Isidro. Unos años después, en 1650 por encargo de Juan Castillejo, cumpliendo el testamento del mencionado don Diego comenzó la construcción de la ermita. Esta zona extramuros situada al norte de la Vía Complutense a partir de entonces fue conocida como las Eras de San Isidro. Rodeada por un prado, atraía fiestas, romerías… En 1814 se disolvió la Cofradía y se creó la Hermandad del Glorioso San Isidro que pasó a cuidarla.

En los años 60 del siglo XX se construyeron los bloques de viviendas que la rodean desde entonces. En 1967, por iniciativa de la Hermandad, fue convertida en parroquia.

san isidro frente

La modesta ermita es un buen ejemplo de arquitectura barroca. Su exterior es de ladrillo visto, cajones de tapial y zócalo de piedra. La cubierta de tejas árabes sobre un alero de madera conforma uno de los detalles característicos de esta sencilla pero valiosa iglesia.

san isidro fronton

El pórtico de acceso y la estancia que acoge la sacristía en la parte posterior fueron añadidas en el siglo XIX. Aún así el juego de volúmenes es rotundo y armonioso.

La verja de entrada procede de una de las capillas de la antigua iglesia del Colegio Máximo de los Jesuitas.

san isidro trasera

La planta es de cruz griega, con bóveda de cañón sobre los brazos, cúpula y linterna que junto a tres ventanales ilumina el interior ordenado por una serie de columnas de estilo toscano.

El altar está adornado por un gran retablo fingido realizado en 1885 para sustituir el primitivo retablo barroco que había sido destruido durante la guerra de la Independencia. Un falso templete o baldaquino con la imagen de la Inmaculada Concepción en el centro, Santa Bárbara y San Antonio Abad a los lados, rodean la figura de San Isidro, que sí es real, aunque podamos dudar debido a la perfección del mural. La escultura, talla de los años 40 en sustitución de la original, se encuentra en la base en una pequeña hornacina.

san isidro altar

El espectacular trampantojo es obra de Manuel Laredo que como sabemos además de gran coleccionista y amante del arte fue arquitecto, restaurador y pintor.

Recordemos que hacia 1872 Laredo comenzó a trabajar como restaurador en Alcalá y poco a poco fue integrándose en la vida de esta ciudad, participando en la creación de muchas de las obras de su época más floreciente. En 1881, para construir su casa, con una gran visión de futuro eligió unos terrenos entonces rodeados por huertas, las mencionadas Eras de San Isidro, que se convertirían en el “ensanche” de Alcalá.

La pintura, que fue realizada al temple con retoques al óleo, imita muy bien los imaginarios mármoles, el bronce dorado… y los efectos de la luz que entra por una de las ventanas y crea falsas sombras que parecen verdaderas.

trampantojo

Deteriorado durante la guerra civil, en 1942 fue restaurado por M. Hijazo. Ambas fechas y nombres figuran en los ángulos inferiores de la pintura.

san isidro laredo

Muy dañada por el paso del tiempo y los sucesivos avatares, en los años 90 se acometieron obras de reforma y restauración que hoy día nos permiten admirar esta pequeña pero singular obra barroca y el magnífico trampantojo pintado por Manuel Laredo.

Alrededor de la ermita se creó un jardín que rememora el viejo prado escenario de paseos y juegos. Frente a la esquina de las calles de Manuel Azaña y del Pintor Juan de Arellano una escultura que sirve de entrada al recinto recuerda el milagro de los bueyes arando con ayuda de un ángel.

san isidro escultura

Frente a la entrada de la ermita se conserva una pequeña construcción que servía de cuadra y granero del Gremio de Labradores.

casita de labradores

En este lugar, con algunos paréntesis, desde el siglo XIX todos los días 15 de mayo se celebra una romería.

¡Feliz San Isidro a todos!

Por : Mercedes Gómez

Con agradecimiento a mi querida amiga María Rosa que una vez más me guió por Alcalá mostrándome lugares bonitos y desconocidos, y con mucha ilusión me llevó a ver el espléndido trampantojo de San Isidro. Por cierto, no dejéis de leer la última entrada de su blog también dedicada a Alcalá, a su Jardín Botánico.

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Bibliografía:

Varios autores. Libro-guía del visitante de la Ermita-Parroquia de San Isidro Labrador. Obispado y Ayuntamiento de Alcalá de Henares 1994.

 

 

 

Hace unos días, visitando la nueva Sala Várez Fisa del Museo del Prado que contiene las doce espléndidas obras de arte español del Románico al Renacimiento donadas por esta familia, pensaba que era una suerte que el museo reciba este tipo de legados que nos brindan la oportunidad de admirar el arte medieval del cual desgraciadamente subsisten escasos ejemplos en Madrid. Una de ellas es un espectacular artesonado de madera tallada y policromada procedente del sotacoro de la iglesia de Santa Marina de Valencia de Don Juan (León). Es una obra anónima realizada hacia 1400 en un taller leonés. Mide 11,4 metros de largo por 6,05 de ancho; representa numerosas figuras profanas y religiosas además de escudos familiares y el escudo de Castilla y León.

Contemplando esta impresionante techumbre plana que cubre toda la sala y las demás obras de pintura románica que se exponen en el Prado recordé una de nuestras joyas, la ermita de Santa María de la Antigua en Carabanchel, en cuyo interior se conserva un sencillo pero igualmente bello techo mudéjar.

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La ermita, antigua iglesia parroquial de la Magdalena, está en la calle de Monseñor Oscar Romero junto al Cementerio de Carabanchel al que desde el siglo XVII sirve como Capilla.

Detalle mudéjar junto al cementerio cristiano

Detalle mudéjar junto al Cementerio.

La torre de la iglesia de San Nicolás del siglo XII, Santa María la Antigua del XIII, la torre de la iglesia de San Pedro del siglo XIV y la Torre y la Casa de los Lujanes del XV, ­–en este caso un edificio civil–, son los recuerdos del pasado árabe madrileño y ejemplos del arte que los alarifes mudéjares realizaron en nuestra ciudad y sus aledaños tras la conquista de los cristianos a finales del siglo XI.

Santa María de la Antigua es la única iglesia mudéjar enteramente conservada en Madrid, además de la más antigua. No se conoce a ciencia cierta el momento de su construcción; según el Colegio de Arquitectos, la restauración y las recientes excavaciones han constatado que el ábside, los pilares y la portada sur datan de la primera mitad del siglo XIII. En cualquier caso, la historia de sus orígenes y la de los terrenos donde se asienta es antiquísima.

Los hallazgos arqueológicos a lo largo de los últimos siglos han revelado que en este cerro del histórico pueblo de Carabanchel, que a pesar de la cercanía de las zonas urbanas continúa ofreciendo un aspecto rural, existió población desde tiempos remotos, incluso anteriores a la llegada de los romanos.

El pasado romano de estos parajes se conoce desde el siglo XVIII cuando en sus proximidades fue descubierto el famoso Mosaico de Carabanchel, que hoy podemos contemplar en el Museo de San Isidro.

En los comienzos del siglo XX, cuando los Carabancheles aún no pertenecían a Madrid –fueron anexionados en 1948–, en los alrededores de la ermita se encontraron nuevos restos arqueológicos de población romana.

Más de noventa años después, en el verano de 1999 durante las obras de ampliación de la línea 5 del metro, actual estación Eugenia de Montijo, apareció un yacimiento de extraordinaria importancia. Restos pre-romanos y numerosas estructuras y materiales que demuestran la existencia de una gran Villa romana en los siglos I-II.

Sobre parte de este antiguo poblado, en el siglo XI-XII los mudéjares construyeron una iglesia, nombrada en el Códice de Juan Diácono (sg. XIII), que según dicen fue visitada por San Isidro, y así lo recuerda una placa municipal en el exterior.

placa San isidro

La modesta ermita actual es un valioso ejemplo de arquitectura mudéjar. Sus muros son de mampostería con verdugadas de ladrillo.

puerta

Destacan la preciosa portada de ladrillo con tres arcos rehundidos enmarcados en un alfiz y la singular torre maciza excepto en la zona del campanario; ésta mide 20 metros y es de planta rectangular. Junto al templo se encuentra la Sacristía, construida en el siglo XVII. Un elemento moderno es la escalera de metal adosada a la torre.

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Su interior guarda algunos tesoros. En 1995 aparecieron fragmentos de pinturas medievales y un pozo.

pozo

El pozo, probablemente del siglo XII, perteneció a la iglesia anterior, aunque quizá su origen se remonte a la época romana; unos años después fue hallado muy cerca un horno romano.

Ante los hallazgos en su entorno se sospechó la existencia de importantes restos bajo la ermita. Prácticamente todo el interior de la iglesia fue excavado.

Según publicó la prensa por entonces, uno de los descubrimientos más importantes fue un muro de grandes dimensiones perteneciente al templo primitivo, el que se supone acogió al Santo Patrón madrileño. También se hallaron cerámicas, entre ellas objetos domésticos carpetanos, de época pre-romana, pavimentos romanos y el citado horno –indica que quizá en este lugar estaban las casas de los trabajadores de la villa romana–, elementos mudéjares y sepulturas del siglo XVII; toda la historia de Madrid bajo el suelo de esta ermita.

Entre los años 2000 y 2002 se llevó a cabo su restauración y rehabilitación a cargo del arquitecto Pedro Iglesias.

nave

Detrás del retablo barroco que adorna el altar con algunas pinturas de la Escuela madrileña y una imagen moderna de Nuestra Señora de la Antigua, en el ábside semicircular aparecieron restos de pinturas románicas.

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Lamentablemente no se pueden apreciar los temas representados pues la mayor parte ha desaparecido, pero ayudan a imaginar cómo debió ser este pequeño templo en el siglo XIII.

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En la Epístola, junto al Altar, tras el retablo que la cubrió durante mucho tiempo apareció una hornacina con más restos de pinturas.

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A los pies se encuentra el sencillo Coro.

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Ubicado sobre vigas de madera decoradas con pinturas.

techos

Como en el caso de los frescos de los muros, la mayor parte se ha perdido pero se conservan algunas escenas dedicadas a San Isidro y castillos y leones del Escudo de Castilla, como en el bellísimo artesonado de la iglesia leonesa que ahora podemos admirar en el Museo del Prado.

detalle pintura

Por: Mercedes Gómez

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Museo del Prado
Sala Várez-Fisa: Edificio Villanueva, Sala 52 A, planta baja.

Ermita de Santa María la Antigua
Calle Monseñor Oscar Romero 92.
Metro: Eugenia de Montijo.
Según nos informa María Rosa en su post dedicado a San Isidro en la Ermita de Santa María de la Antigua, la iglesia se puede visitar los sábados a las 11 h. de la mañana.

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Bibliografía:

Florit, José Mª. “Restos de población romana en los Carabancheles (Madrid)”. Boletín de la Real Academia de la Historia. Madrid 1907.
Navascués, Pedro J. La ermita de Santa María la Antigua en Carabanchel (Madrid). revista Al-Andalus  (CSIC) nº 26. 1961.
Diario El País 25 agosto1999, 2 sept. 1999, 27 dic. 2005.
Diario El Mundo 21 sept. 1999.
C. Caballero, F.J. Faucha, I. M. Fernández, J.Mª Sánchez Molledo. Materiales Arqueológicos Inéditos Procedentes del cementerio parroquial de Carabanchel Bajo (Madrid). Estudios de Prehistoria y Arqueología Madrileñas, nº 12, 2002.
COAM. Guía de Arquitectura. Tomo II. Madrid 2003.

Blogs:
Guerra Esetena. Pasión por Madrid. Santa María la Antigua.

Queridos amigos :

¡Tenemos una excelente noticia! La antigua Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, conocida como Humilladero de la calle Fuencarral, ha abierto sus puertas. ¿Recordáis? Cuando el pasado verano evocamos su historia y charlamos aquí sobre sus obras de arte y la posibilidad de que algún día pudiéramos entrar a conocerla, no imaginábamos que pronto ocurriría, en Navidad, además por un motivo solidario y humano, ayudar a los niños y familias que lo necesiten en estos tiempos de crisis.

La Fundación Mensajeros de la Paz ha organizado un Belén Solidario con el fin de recoger alimentos no perecederos (sobre todo leche, alimentos infantiles, aceite, galletas y conservas) para ayudar a las personas necesitadas que desgraciadamente son muchas hoy día.

Calle de Fuencarral, 44.

Calle de Fuencarral, 44.

Para ello la Iglesia de San Ildefonso les ha cedido durante un mes la capilla que han limpiado y preparado para esta campaña de ayuda, y que cuidarán y mantendrán abierta hasta el próximo día 10 de enero. Ha sido un placer y una ilusión el poder entrar en el viejo Humilladero.

belen solidario

Necesitan nuestra colaboración; llevemos alimentos o su equivalente en metálico. También agradecerían la participación de voluntarios; mantener la capillita abierta durante un mes y organizar todas las donaciones va a suponer mucho trabajo así que cualquier ayuda les vendría muy bien.

Vayamos a verles y ayudemos, y por supuesto visitemos el antiquísimo Humilladero y contemplemos de cerca el cuadro de la Virgen de la Soledad, el Cristo del Consuelo, la imagen del Niño del Remedio…

Humilladero Cristo

Además del belén solidario, han instalado otro bonito belén artesano traído desde Filipinas… todos los detalles los podéis leer en su web.

Gracias a los Mensajeros de la Paz, a la Parroquia de San Ildefonso y a todos.

Mercedes

Ya hemos visitado la iglesia de San Nicolás en varias ocasiones. La hemos conocido durante nuestro paseo por las Iglesias del Fuero, hemos intentado descifrar la misteriosa inscripción en su ábside, hemos contemplado su pasadizo, admirado algunas de las obras de arte que guarda en su interior… la iglesia parroquial de San Nicolás de los Servitas es uno de los tesoros madrileños. Ocupa la manzana 426, rodeada por la plazuela de las Monjas de Constantinopla –hoy del Biombo–, calle de San Nicolás y plazuela de este nombre.

placas

No por repetido es menos emocionante recordarlo, aparte los restos de las murallas medievales, su torre es la construcción más antigua que existe en Madrid, una auténtica joya considerada Monumento Nacional desde la llegada de la República en 1931, y calificada de Bien de Interés Cultural en 1978. Pero no siempre fue así, su historia está llena de dificultades, incluso estuvo a punto de ser derribada.

Actualmente en general se acepta como fecha de su edificación el siglo XII, realizada por los alarifes mudéjares madrileños; aunque durante mucho tiempo algunos autores opinaron que su origen es anterior, que fue un alminar árabe. En cualquier caso parece probable que en el mismo emplazamiento antes se levantó una mezquita.

En estos terrenos ubicados fuera del primer recinto musulmán, pero en el interior de la medinilla, posible segundo recinto islámico, entre la calle del Factor y la calle de Señores de Luzón, se desarrolló un intrincado tejido urbano de callejones que por su forma en el siglo XVIII recibieron el nombre del Biombo. Las callejuelas desaparecieron en el siglo XIX al derribar el Convento de Constantinopla; en su lugar se abrieron las calles de Juan de Herrera y de Calderón de la Barca, pero la zona conserva recuerdos de lo que fue un arrabal islámico en los siglos X-XI como han demostrado los hallazgos arqueológicos, de los que ya hemos hablado aquí repetidamente. Recordemos que en las cercanías de la plaza de Ramales (Calle San Nicolás y Calle Noblejas) se encontraron restos islámicos, materiales que fueron fechados entre el siglo IX al XI.

Aunque no hay documentos ni restos que demuestren una u otra teoría, lo único cierto es que San Nicolás es una de las diez parroquias mencionadas en el Fuero de Madrid de 1202, las iglesias cristianas más antiguas, las que dividían el Madrid del siglo XII en diez barrios o colaciones. Se trate de una edificación del siglo XII o anterior, en cualquier caso seguro que queda alguna huella de los siglos en que allí habitaron los musulmanes, aunque sea bajo tierra, como comentaremos.

La plaza de San Nicolás estaba en un lugar estratégico, entre la calle de Santa María, actual calle Mayor, y el Alcázar pero su mención en los Libros de Acuerdos del Concejo medieval es escasa; el 3 de noviembre de 1503 se acordó que la calle desde San Nicolás hasta la casa de Gonçalo de Monçon fuera empedrada porque es la principal calle que va a palacio.

Hoy día, desde la calle Mayor hay que recorrer despacio la calle de San Nicolás, observar su forma curva y empinada que seguro se adapta a antiguos caminos, hasta llegar a la altura de la iglesia, contemplar sus muros, detenernos y mirar hacia la plaza de Oriente, para intentar comprender cómo debía ser el paisaje hace siglos.

La fábrica de la torre es de ladrillo, excepto la base que está formada por un zócalo de sillares de piedra. Su planta es cuadrada, con 3,70 metros de lado. Desde dicho zócalo hasta el campanario mide más de 15 metros de altura. El campanario y el chapitel que la coronan fueron añadidos en los comienzos del siglo XVII, ¿quizá reforma o sustitución de otro anterior del siglo XVI?: en el plano de Antonio Mancelli el templo está representado con el nº 67; en el campanario están representadas dos ventanas.

Plano de Mancelli (1623)

Plano de Mancelli (1623)

Unos años después Pedro Texeira lo dibujó con bastante detalle, con una ventana, y debajo dos filas de arcos.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656)

En los comienzos del siglo XIX se pensó en su demolición, pero en 1825 se hizo cargo de la iglesia la Orden Tercera de los Servitas que desde entonces la ha cuidado. Se construyeron las dependencias parroquiales que rodearon y casi taparon la torre. Por una parte el convento ocultaba la joya mudéjar, por otra tal vez este hecho sirvió para protegerla.

Ramón de Mesonero Romanos se refirió a ella como la antiquísima y mezquina parroquia de San Nicolás;  edificio mezquino, escribió Pascual Madoz… este adjetivo era muy del gusto de los autores del XIX. Por suerte, el tiempo pasó y la torre sobrevivió discreta. A lo largo de su historia llena de azares y problemas, ha tenido varias reformas. En una de ellas, hacia 1912 tras sufrir un incendio, los muros fueron revocados. Desde la calle apenas se contemplaba solo el campanario con su chapitel de pizarra al estilo de la época de los Austrias.

En 1927 el historiador y profesor Elías Tormo, durante su famoso curso sobre las Iglesias de Madrid y posteriores visitas a todas ellas, pudo conocer el interior de la torre. Imaginamos que con mucha emoción, –también el fotógrafo de la revista La Esfera, Miguel Cortés, que realizó un reportaje– subió por sus escaleras, contempló de cerca sus viejos ladrillos, y accedió a las buhardillas y desvanes que entonces la rodeaban.

torre 1927 copia

Tormo descubrió sus elementos mudéjares tapados hasta entonces. La prensa publicó sus conclusiones como “interesantísimo hallazgo arqueológico”:

“Al examinar el enlace del cuerpo primitivo con el de las campanas, vio que éste era completamente postizo y que debajo aparecía el pretil y rellano general de las torres de mezquita, o sea la azotea donde el muecín o almuédano anunciaba la oración a los musulmanes, en cuenta que entre ellos no se usaban las campanas”.

arcos revocados

Bajo los tejados aparecieron los arcos que habían quedado escondidos en el interior de los desvanes pegados a la torre.

Arcos lobulados ocultos bajo uno de los tejados.

Arcos lobulados ocultos bajo uno de los tejados.

Elías Tormo estaba convencido de que era un alminar construido antes de 1085. La consideraba obra del siglo XI. El gran defensor del patrimonio histórico y artístico madrileño pidió que se quitara el revoco así como las construcciones que tapaban la torre.

Ese mismo año el arqueólogo e historiador Manuel Gómez Moreno publicó un artículo en el que, basándose en el estilo y orientación del templo, consideraba que la torre no fue nunca mezquita sino que estuvo dedicada al culto cristiano desde un primer momento.

El estado de la iglesia llegó a ser ruinoso, no siendo restaurada y consolidada hasta 1948-1953 por Francisco Íñiguez Almech; por fin se eliminó el revoco de la torre y quedó una parte visible al ser derribada la zona superior de las dependencias residencia de los padres servitas que la tapaban, extendiéndola sobre el pasadizo del Biombo que quedó cubierto.

san nicolas

Igual que Manuel Gómez Moreno, Basilio Pavón Maldonado la sitúa en los últimos años del siglo XII, obra de mudéjar toledano con elementos de influencia andaluza, características reconocidas por la mayoría de especialistas.

torre

A partir de los 8 metros por encima del nivel del suelo, la torre se adorna con tres líneas de arquerías ciegas, iguales en los cuatro lados. En los dos primeros niveles, aunque el primero sigue sin ser visible desde la calle, tres arcos lobulados en cada frente; en el cuerpo más alto, cuatro arcos de herradura por lado.

columnillas

La última restauración del templo fue dirigida por Jaime Lorenzo desde el comienzo de la década de los años 80 hasta 2000.

En lo que se refiere a la torre en 1983 se abrió un pequeño patio que al menos permite ver –un poco, pues hay muchas plantas– su base de sillares de piedra sobre los que se eleva la bella torre. El acceso al patio está en el interior del templo.

patio

Desde allí podemos admirar uno de sus lados con los tres niveles de arquerías.

torre desde patio

La  zona de la ventanita fue rehecha debido a su mal estado.

tres arquerias copia

Fue entonces cuando se colocaron las columnillas con su capitel al estilo corintio, de piedra artificial, que hoy adornan los arcos.

columnillas 3

Pavón describió algunos elementos del interior de la escalera de la torre a lo almohade, similares a los de algunos alminares de Córdoba o Granada, como los techitos, aunque en este caso de madera en lugar de piedra, cuando en Toledo se suele solucionar con falsas bovedillas de ladrillo escalonadas.

Desgraciadamente hoy día el interior no es fácil conseguir verlo, lo que sí hemos podido admirar es el sótano del edificio donde se encuentra el despacho parroquial, bajo terrenos que en la Edad Media pertenecían a la plazuela de San Nicolás y al pasadizo del Biombo, junto a la torre.

sotano

En este sótano se hallan los cimientos de la torre, los sólidos muros de piedra y ladrillo que durante la última reforma y rehabilitación fueron raspados de forma que lamentablemente al parecer se ha perdido su aspecto primitivo.

cimientos

Aún así, el lado norte, resguardado junto a la escalera de espaldas al despacho, muestra un maravilloso muro de ladrillo y pedernal que nos traslada al Madrid más antiguo.

muro cimientos

Escribió el profesor Montero Vallejo que durante las obras hubo hallazgos arqueológicos que hubieran merecido un estudio pero, una vez más en Madrid, fueron tapados rápidamente. En la cripta, bajo el Altar Mayor, aparecieron gruesos muros y unos arquitos de medio punto y lobulados que podrían haber pertenecido a algún tipo de fortificación quizá exenta al primer recinto. No parece descabellado pensar que la torre de la iglesia cristiana posterior a 1085 fuera levantada sobre una torre árabe, bien religiosa o defensiva.

Por : Mercedes Gómez

NOTA: Con todo mi agradecimiento al párroco de la Iglesia de San Nicolás de los Servitas, el Padre Jaime, por su gran ayuda.

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Bibliografía:

J.D.B: Reseña de GOMEZ MORENO, Manuel.- La torre de San Nicolás, en Madrid. Archivo Español de Arte y Arqueología, 1927. Nº 16, Revista de la Biblioteca Archivo y Museo. Madrid, octubre 1927.
Rodero, Lorenzo. “Un monumento árabe en Madrid”. La Esfera, 23 abril 1927, pp. 3-6.
“El templo más antiguo de Madrid, restaurado”. Hoja del Lunes, 17 nov. 1952, pp. 1-2.
Montero Vallejo, Manuel. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid Musulmán. Museo de San Isidro, Madrid 2004.
Pavón Maldonado, Basilio. Tratado de Arquitectura Hispanomusulmana. Mezquitas. Vol. IV. CSIC, Madrid 2009.

Hace pocos días se han cumplido cien años del nacimiento de dos de los arquitectos más importantes del siglo XX español, Miguel Fisac y Alejandro de la Sota. Ambos nacieron en 1913, el primero en septiembre en Daimiel, Ciudad Real; y el segundo en octubre en Pontevedra. Ambos llegaron jóvenes a Madrid, aquí estudiaron y coincidieron en la Escuela de Arquitectura. Después de la guerra en los años 40 ambos se instalaron en nuestra ciudad, aquí vivieron y trabajaron.

museo ext

Aunque su arquitectura siguió caminos distintos, se puede considerar que fueron paralelos. Bajo esta idea y con motivo del centenario, el Museo ICO ha inaugurado la exposición Miguel Fisac y Alejandro de la Sota: miradas en paralelo. La muestra es magnífica, a través de dos trayectorias diferentes nos ofrece un panorama de la arquitectura de la época. Más de 500 dibujos, maquetas, fotografías y objetos recorren la vida y la obra de estos dos grandes arquitectos.

museo ico

Hoy nosotros vamos a centrarnos en la figura de Fisac y sobre todo en una de sus obras, la singular iglesia de Santa Ana, actual Parroquia de Santa Ana y Nuestra Señora de la Esperanza, en el barrio de Moratalaz.

Partiendo del clasicismo oficial imperante después de la guerra, desde el principio este arquitecto, siempre en busca de la modernidad, creó un estilo propio, innovador. Los materiales fueron protagonistas de su arquitectura y de su búsqueda. En un comienzo fue el ladrillo, luego el hormigón.

Ya en sus primeros años como arquitecto comenzó a recibir encargos para el CSIC, Centro Superior de Investigaciones Científicas. En 1942 construyó su sede central en la calle Serrano. En los años siguientes, el Instituto de Edafología y Fisiología Vegetal, el Centro de Investigaciones Biológicas del Instituto Cajal en Joaquín Costa, etc. Como ya vimos, en 1948 creó la Librería destinada a vender las publicaciones del propio CSIC.

Para el Centro del Instituto Cajal construido en 1951 utilizó un nuevo ladrillo, el ladrillo Fisac, que patentó, con “una inclinación en la cara vista y una pestaña” que al unirse y solaparse protegen la fachada del agua.

ladrillos

Un aspecto que siempre se recuerda en su biografía, pues marcó su vida, es su pertenencia al Opus Dei, desde febrero de 1936 hasta 1955 en que abandonó esta organización.

Miguel Fisac estaba convencido de que su salida del Opus provocó la falta de trabajo que sufrió en años posteriores y que ocasionó el incomprensible derribo de la famosa Pagoda, sede de los Laboratorios Jorba, en 1999. No es fácil saberlo, aunque la realidad más probable es que simplemente, como tantas veces en Madrid, primó el interés económico y la desidia municipal. Sin duda este fue uno de los episodios más lamentables de nuestra reciente historia urbanística. Ante la polémica suscitada el Ayuntamiento ofreció su reconstrucción en otro lugar, pero el arquitecto no quiso. Tres años después, en 2002 fue galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura.

A lo largo de su vida y de su obra Miguel Fisac persiguió la consecución de un estilo personal. La investigación sobre los materiales, especialmente el hormigón, le llevó a encontrar nuevas soluciones. A partir de los años 60 este será el protagonista en todas sus edificaciones.

En 1960 en el Centro de Estudios Hidrográficos encargado por el Ministerio de Obras Públicas utilizó las llamadas vigas hueso, su gran innovación, elemento prefabricado que consistía en unas piezas huecas moldeadas en hormigón que usó en las cubiertas de sus edificios. Estos huesos que patentó en 1970 se convirtieron en una de sus señas de identidad.

hueso

Viga “hueso”

Centro de Estudios Hidrográficos (Foto: M.T.)

Centro de Estudios Hidrográficos (Foto: M.T.)

En su obra destaca la arquitectura religiosa. Una de sus iglesias, construida en 1965 –el mismo año de la Pagoda­–, inaugurada al año siguiente, es la mencionada parroquia de Santa Ana. Fue el primer templo proyectado según las directrices del Concilio Vaticano II, que pedían la celebración de actos comunitarios, con participación activa de los fieles. Las misas ya no eran en latín ni de espaldas a los asistentes.

Para ello Fisac diseñó una planta en forma de óvalo, ligeramente inclinada, en la que todo converge en el presbiterio. Los bancos están dispuestos en forma de abanico. Siempre buscando la funcionalidad, tuvo todo en cuenta, la luz, el sonido, el mobiliario… Construida en hormigón visto, tanto en su exterior como interior, y cubierta con las vigas hueso, este material constructivo se convierte en un protagonista absoluto del templo, sin embargo a la vez es un ejemplo extraordinario de que la arquitectura no consiste solo en una fachada o formas exteriores, sino en volúmenes, espacio.

santa ana

La cubierta que no llega hasta el muro de la cabecera del templo, deja una zona descubierta, donde se instaló un lucernario.

lucernario

A la espectacularidad de la obra se añade la emoción de saber que fue construida en recuerdo de su hija Anaick, que murió siendo una niña de seis años. Por ello siempre tuvo un significado especial para el arquitecto, habérsela dedicado a su hija y haber sido construida teniendo muy claro “para qué sirve un edificio”. Es una realidad que todo tiene su porqué, y esta iglesia de Fisac cumple el principio a la perfección, la búsqueda de unas buenas condiciones acústicas que permitieran esa participación de los fieles, esa reunión de la comunidad, juega un papel primordial y originaron esas paredes curvas a los pies, “formas que fueran dispersivas, que no creasen ningún eco”.

En la cabecera, tres espacios de muros cóncavos destinados a cada momento de la liturgia: el altar en el centro, a su derecha el ambón y a su izquierda el sagrario.

En el interior trabajó estrechamente con el escultor José Luis Sánchez quien realizó el conjunto que se encuentra en dichas tres concavidades, en cemento metalizado. En el centro, el Cristo Crucificado. A un lado, el grupo de Santa Ana, la Virgen y el Niño, al otro el sagrario.

Otra de las singularidades es que Fisac no se limitó a construir la iglesia sino que creó un conjunto parroquial, con todos sus edificios anexos. En la entrada a la iglesia y rodeando el templo ubicó un jardín del cual parte la torre con el campanario.

jardin y cubierta

Además diseñó un patio alrededor del cual se encuentran las distintas dependencias, todo ello bajo un criterio común.

patio

Igual que en otro tipo de edificios, proyectó hasta el más mínimo detalle, incluidos los bancos de la iglesia y del jardín, que también se muestran en la exposición del ICO.

banco jardin

Banco del Jardín, Santa Ana. Museo ICO.

jardin

Entrada a la Iglesia de Santa Ana

Edificios públicos, viviendas, oficinas y construcciones religiosas constituyen el legado de este gran arquitecto a la capital madrileña. Trabajó con fuerza y lucidez hasta el final. Murió en mayo de 2006 en Madrid, a la edad de 92 años.

Por Mercedes Gómez

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Iglesia parroquial de Santa Ana y Nuestra Señora de la Esperanza.
Calle Cañada 35

Museo ICO
Miguel Fisac y Alejandro de la Sota: miradas en paralelo
Calle Zorrilla 3
Hasta el 23 febrero 2014

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura.
Ramón Vicente Díaz del Campo. Hormigón y Fe: Las iglesias de Fisac. Actas 4º Congreso Nacional. Hª de la Construcción. Cádiz 2005.
Eduardo Delgado. Las iglesias de Miguel Fisac. Congreso Internacional Arquitectura Religiosa Contemporánea. 2007.

En el siglo XVIII la línea del cielo de Madrid estaba dibujada por las numerosas cúpulas de iglesias y conventos que se habían ido estableciendo en la Villa tras la llegada de la Corte en el XVI. En la preciosa Vista de la Villa y Corte desde el Camino de Alcalá conservada en la Biblioteca Nacional se contempla cómo era la ciudad en 1780 y su perfil de sur a norte, desde la Puerta de Atocha a la de Recoletos.

D. de Aguirre (1780) (BNE)

D. de Aguirre (1780) (BNE)

A pesar de que muchas instituciones religiosas fueron desapareciendo debido a la desamortización y a los cambios urbanísticos, algunas se mantienen y guardan sus patios y jardines aunque no se pueden visitar al tratarse de conventos de clausura. Santa Isabel, las Descalzas, la Encarnación… Entre los desaparecidos hay dos casos singulares en los que se ha conservado el jardín o al menos su espacio ajardinado, recuerdo del pasado. Uno es el Huerto de las Monjas que ya hemos visitado, ubicado en el lugar donde estuvo el Convento del Sacramento.

El otro son los Jardines de la Plaza de la Villa de París en terrenos del antiguo Monasterio Real de la Visitación de Nuestra Señora, más conocido como las Salesas Reales, fundado en 1748 por la reina Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI. La plaza fue construida sobre el antiguo Jardín Real o Jardín de la Reina.

Como se aprecia en los planos, fue el convento que alcanzó una mayor superficie. Ocupó el sitio nº 1 de la manzana 280 junto a la Puerta de Recoletos (ubicada a la altura de la actual plaza de Colón), entre la Ronda de la Cerca (hoy calle Génova) al norte, el paseo de Recoletos al este, al sur la calle de San Joseph (actual Bárbara de Braganza).

A.Montes. Vista de la Puerta de Recoletos (1768) y tapia del Convento de las Salesas. (BNE)

A.Montes. Vista exterior de la Puerta de Recoletos (1768) y tapia del Convento de las Salesas. (BNE)

El proyecto original, obra de François Carlier (1750), hijo del escultor y jardinero René Carlier, fue realizado por Francisco Moradillo. El Monasterio de las Salesas fue inaugurado en 1757. Un año antes el propio Moradillo había construido la cercana nueva Puerta de Recoletos, seguramente según proyecto de Carlier.

El conjunto estaba formado por el edificio del monasterio, la iglesia y los jardines. De los más de 750.000 pies cuadrados que ocupaba, 600.000 eran espacios verdes: un huerto, la huerta del convento, el jardín de secano, una pradera y el Jardín de la Reina, además de los dos claustros.

Plano de Chalmandrier (1761)

Plano de Chalmandrier (1761)

Frente al Cuarto Real o habitaciones de Bárbara de Braganza se situó el Jardín de la Reina, creado al estilo francés, de trazado geométrico y formado por parterres adornados por bordados y dibujos con setos separados por caminos de grava o de piedra. En la zona más próxima a la fachada había una fuente, en el centro del paseo que dividía el jardín.

Al este del Convento y del Jardín estaba el Huerto de árboles frutales que se extendía desde la calle San Joseph –hoy Bárbara de Braganza– hasta la Cerca –actual calle Génova– y la Huerta dedicada al cultivo de vegetales. En esta zona había dos ermitas y otras construcciones como la casita del jardinero, varios estanques, una pradera y arboledas junto a la tapia que servían de adorno y facilitaban la intimidad. Los grandes desniveles del terreno se salvaban mediante escalinatas de piedra.

El Jardín de Secano estaba ubicado al norte de la plaza de las Salesas. En el Claustro mayor había cuatro parterres con una fuente de mármol en el centro. Allí estuvo también la estatua de Fernando VI que había sido realizada por Olivieri para la Fuente del Rey de Aranjuez donde fue instalada en 1752. Al patio conventual fue trasladada nueve años después, reinando Carlos III.

El lugar debía ser bellísimo. Los jardines estaban adornados con templetes, pérgolas, placitas, bosquecillos, fuentes, estanques y norias. El agua tan necesaria para poder mantener tan gran extensión de terreno además del convento y las estancias reales, era suministrada por dos Viajes de Agua, el de la Fuente Castellana en su zona norte, y el del Bajo Abroñigal en su zona sur.

Al parecer uno de los motivos para la construcción de las Salesas por parte de Bárbara de Braganza fue la de poder disponer de un lugar de retiro en caso de que el rey falleciera y así quedar protegida frente a Isabel de Farnesio, la Reina Madre. La realidad fue que ella murió antes, en 1758, solo un año después de inaugurado el Convento, a los 47 años. Al año siguiente, a los 45 murió el rey Fernando VI. Ambos fueron enterrados en su fundación sin apenas haber podido disfrutarla.

Barrio de las Salesas en el Plano de

Barrio de las Salesas. Plano F. Mtnez.de la Torre y J.Asensio (h.1800)

Las monjas pertenecientes a la orden de San Francisco de Sales continuaron dedicadas a la educación de niñas nobles, que fue el otro motivo para la creación del convento. En 1870 se produjo su exclaustración y la conversión del edificio en Palacio de Justicia. Las religiosas se establecieron durante unos años en el Monasterio de las Salesas Nuevas en la calle San Bernardo 72, hasta que pudieron trasladarse a su nuevo Convento en la calle de Santa Engracia, en el Barrio de Almagro, donde continúan.

Por otra parte, en los años siguientes tuvo lugar un gran cambio urbanístico en toda la zona. Se abrieron las calles del General Castaños sobre el Jardín de Secano, y del Marqués de la Ensenada sobre el Huerto; la de Orellana se prolongó. Después, el Jardín de la Reina desapareció, y con él sus ermitas, fuentes, norias y estanques.

En 1884 se abrieron los Jardines de la Plaza –en aquellos momentos aún llamada Plaza del Palacio de Justicia–, instalándose la estatua de Fernando VI procedente del claustro. Entonces, con el fin de que su amada esposa Bárbara de Braganza le acompañara una vez más, se decidió la creación de otra estatua a ella dedicada, que realizó Mariano Benlliure.

La fuente del Patio fue trasladada al interior del edificio, siendo la actual una copia.

Antiguo Claustro

Antiguo Claustro

El 4 de mayo de 1915 un grave incendio destruyó casi todo el edificio, siendo su iglesia el único elemento original que se salvó.

Foto: La Esfera (1915)

Foto: La Esfera (1915)

El edificio, reconstruido, es actualmente la sede del Tribunal Supremo.

palacio justicia

Los Jardines de la Plaza de la Villa de París reciben este nombre desde 1905 cuando se produjo la visita del Presidente de la República francesa Monsieur Émile Loubet.

LOTYplaza villa de paris

Archivo Loty (Fototeca Patrimonio Histórico, Mº Cultura)

De titularidad municipal, están formados por dos grandes espacios terrizos que ocupan 7.599 metros cuadrados. En el centro de cada uno de ellos se encuentran las mencionadas estatuas de Fernando VI y Bárbara de Braganza. Igual que antaño, unas escaleras sirven para salvar el gran desnivel que existe entre el parque y la calle Marqués de la Ensenada.

En 1976 se proyectó la construcción de un aparcamiento subterráneo, lo cual provocó bastante preocupación por el futuro de la plaza que reflejó la prensa de entonces. La plaza se conservó.

barbara de braganza

Rodeada por un paseo arbolado, aunque los dos espacios centrales apenas gocen de sombra, no deja de ser un oasis libre de granito entre las plazas actuales madrileñas, con sus bancos y su fuente de hierro que proporciona agua fresquita.

fuente

Según el Plan General de Ordenación Urbana, entre los Parques y Jardines de Interés los Jardines de la Plaza de la Villa de París tiene el máximo nivel de Protección, Nivel 1, al ser considerado un Elemento Urbano Singular, de Interés Histórico-Artístico.

Por su parte la Plaza de las Salesas se convirtió en otro bonito jardín, de Interés Histórico.

plaza salesas

Calle Bárbara de Braganza (antigua calle de San Joseph)

Además de hermosos árboles, una fuente para beber y bancos de piedra, en este parque hay dos monumentos, el busto de bronce del filósofo Rousseau, réplica moderna del original de Pradier del siglo XIX que se encuentra en Ginebra. Y un grupo escultórico sobre el césped con una inesperada inscripción en su pedestal que pide inculcar a los niños el amor a la Poesía.

Finalmente, a espaldas del antiguo Convento se encuentra la iglesia, actual Parroquia de Santa Bárbara, en cuya lonja frente a la fachada principal existe otro bello jardinillo.

jardin iglesia

Dos magnolios a cada lado del paseo central y otros árboles acompañan a las flores de varias especies, rosas, hortensias… que adornan la entrada al antiguo templo.

flores iglesia

Recorriendo estas calles y rodeando los caminos que delimitaban el Monasterio hace más de doscientos cincuenta años comprobamos su gran extensión, evocamos sus espacios verdes e imaginamos cómo pudo ser la lujosa y exquisita posesión real. Y aunque hayan desaparecido los juegos de agua, los árboles frutales y los mármoles de los pilones, hoy podemos disfrutar de un agradable paseo por los jardines que actualmente adornan y refrescan este elegante barrio de las Salesas.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

E. Rodríguez Romero. El Paisaje de la Clausura. CEU ed. Madrid 2012.
Teodoro Martín. El jardín de las salesas Reales. Real Centro Univ. Escorial-María Cristina, 2011.
Ayuntamiento de Madrid.
Planimetría de Madrid.

J. Gómez Renovales. Las Salesas Reales. La Esfera. 15 mayo 1915.
Hoja del Lunes. 26 julio 1976 y 24 octubre 1977

En pleno centro de Madrid, en la calle de Fuencarral nº 44 esquina con la de Augusto Figueroa, entre edificios y modernos comercios subsiste un singular ejemplo de arquitectura religiosa del siglo XVIII. Se trata de una pequeña y modesta construcción de ladrillo que alberga una capilla con mucha historia, la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, más conocida como el Antiguo Humilladero de la calle Fuencarral.

Recordemos que en los comienzos del siglo XVI, antes de que Felipe II estableciera la capitalidad en la Villa, y de que la población creciera extramuros, el norte de Madrid estaba formado por bosques surcados por arroyos. Así debían ser estos terrenos al norte de la Puerta de la Red de San Luis, una de las puertas de la Cerca de Felipe II donde se originó el Camino de Fuencarral.

Posteriormente, en el XVII Madrid fue creciendo y la puerta de salida por el norte llegó hasta la actual Glorieta de Bilbao. Allí se ubicó la Puerta de la Cerca de Felipe IV llamada de los Pozos de la Nieve. Entre ambas surgió la calle de Fuencarral, alrededor de la cual se fueron levantando las edificaciones. Según la tradición desde tiempos muy antiguos en ese camino existió un humilladero donde se veneraba a la virgen, igual que en otros lugares de entrada o salida de la villa donde los caminantes se detenían a rezar.

Según cuentan los cronistas, estaba en la calle de Santa María del Arco, ya representada en el Plano de Texeira, que recibió ese nombre debido a que allí hubo un arco bajo el cual se hallaba la imagen.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656)

En el siglo XVII, según el Diccionario de Covarrubias, un Humilladero era una capillita sobre pilares y cubierta con techo en cuyo interior solía haber una cruz con la imagen de Cristo, la virgen o algún santo. El nombre procede del hecho de que los fieles se inclinaban o arrodillaban en señal de humildad ante el devoto lugar.

Por entonces en el solar se levantaban dos casas, una propiedad de Alonso Rubio que años antes había sido de Sebastián de Cigales, que tenía dos puertas, una a la calle de Santa María y otra a la de Fuencarral. Y otra casa de Sebastián de Cigales. Pedro Texeira las representa tal como debían ser, muy sencillas.

En el siglo XVIII las casas habían pasado a un solo dueño, era el sitio nº 1 de la manzana 313, en la calle de Fuencarral esquina Santa María del Arco –actual Augusto Figueroa- que pertenecía a Don Francisco de Feloaga Ponce de León, Marqués de Navahermosa.

Sitio nº 1 Manzana 313 (Planimetría)

Sitio nº 1 Manzana 313 (Planimetría)

Cuenta Álvarez y Baena en su Compendio Histórico de las Grandezas de la Coronada Villa de Madrid, publicado en 1786, que “la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, calle de Fuencarral, esquina la de Santa María, la labró el Señor Don Francisco de Feloaga Ponce de León, Marqués de Navahermosa, Caballero de ejemplar virtud, y de la Orden de Santiago, por el año 1712, en su misma casa, en cuya pared, bajo un arco que formaba, había estado la Soberana Reyna, desde tiempo inmemorial. Este caballero murió en 24 de mayo de 1755 de edad de 75 años.”

Desde aquellos momentos hasta mediado el siglo XX como veremos, el solar y la capilla pertenecieron siempre a miembros de la nobleza que fueron trasmitiéndolos a sus herederos a lo largo de generaciones.

Existe un documento del año 1825 según el cual “la parte alta de las cocheras que se sitúan en la calle de Santa María del Arco en la Villa y Corte de Madrid” estaba  entre los varios bienes pertenecientes al Mayorazgo del Marqués de Navahermosa, la Torrecilla y de Valdeolmos, las cuales estaban en muy mal estado y su dueño, con el permiso de su esposa María de los Dolores Salabert condesa de Ofalia, solicitaba su venta pues afirmaba no poder hacerse cargo de su reparación o reedificación.

Debe tratarse de la caballeriza que citan Peñasco y Cambronero en su libro Las calles de Madrid (1889) : “… en un arco que formaba la puerta de la caballeriza del marqués de la Torrecilla existía un cuadro de Ntra. Sra. de la Soledad, alumbrado por un farolillo; y fue tanta la devoción que los vecinos de aquellos contornos profesaban a la representación de la Virgen, y tantos los milagros que ésta hubo de obrar, que el Marqués le erigió una capilla en el sitio mismo de la caballeriza…”.

Estas menciones, de Álvarez y Baena en el siglo XVIII y de Peñasco y Cambronero en el XIX son dos de los pocas que existen sobre el origen de esta capilla.

La enajenación o venta no debió llegar a tener lugar pues unos años después la Capilla continuaba en poder de la Marquesa de la Torrecilla.

Plano del Gral I. de Ibero (h. 1875)

Plano del Gral I. de Ibero (h. 1875)

En los comienzos del siglo XX la propietaria era la Marquesa de Valdeolmos, heredera legitima de los derechos de los Sres. Marqueses de la Torrecilla. En 1904 la calle de Santa María del Arco (del Arco de Santa María desde 1835) tomó el nombre de Augusto Figueroa.

Por fin, en 1947 su propietaria era doña María Luisa Maldonado y Salabert, nacida en 1888, hija de don Mariano Maldonado, séptimo conde de Villagonzalo y de doña Fernanda Salabert y Artega, marquesa de Valdeolmos.

Ese año doña María Luisa Maldonado Marquesa viuda de Torneros (viuda de Fernando Roca de Togores y Caballero, hijo de los marqueses de Molins) decidió hacer testamento, que firmó el 27 de enero. Vecina de Madrid, con domicilio en la calle de Hortaleza 85. Este inmueble, en el que también estaba fijada la sede de su Administración, con fachada a la plaza de Santa Bárbara y calles de Mejía Lequerica y San Mateo era el llamado Palacio del Conde de Villagonzalo, su padre, notable edificio construido entre 1862 y 1866, que continúa en pie.

La marquesa murió el día 11 de mayo en Madrid a la edad de 59 años.

Quince días después, el 26 de mayo del mismo año 1947 el testamento fue abierto ante notario. Doña María Luisa expresaba su voluntad de que la Capilla-oratorio público situada en la calle de Fuencarral esquina a la de Augusto Figueroa pasase a la Parroquia de San Ildefonso, en cuya jurisdicción se hallaba enclavada, encomendándole su mantenimiento, y que las limosnas que se recaudaran en ella fuesen dedicadas a dicho mantenimiento, al culto y principalmente para los pobres.

Desde entonces la Parroquia de San Ildefonso se encarga de su cuidado.

Como se aprecia en un dibujo de la planta y alzado del conjunto firmado ese mismo año por el arquitecto Emilio Canosa el edificio de la capilla está formado por dos estancias, el propio oratorio y a la izquierda otra habitación pequeña y estrecha, un chiscón, como lo llamaban en tiempos de la marquesa.

El legado se refería exclusivamente a la capilla, no al edificio que corresponde al nº 1 de la calle Augusto Figueroa hoy ocupado por una tienda de ropa.

En 1952 tuvo lugar la entrega oficial por parte de los albaceas de la marquesa al párroco de San Ildefonso, hasta entonces la testamentaría se había encargado de su administración. En esos momentos se realizó un inventario de las imágenes, cuadros y objetos varios guardados en la Capilla. Las obras más valiosas eran un Cristo crucificado, el Cristo del Consuelo, y el cuadro de Nuestra Señora de la Soledad. Además había otros óleos, esculturas, pies de hierro para las velas, floreritos, sabanillas de encaje, bandejas para limosnas, etc.

En 1983 se acometió su restauración. Fotos anteriores a esta fecha muestran los muros del edificio enfoscados. La puerta de entrada bajo un arco de medio punto, a la izquierda una puerta pequeña, y sobre ella un balconcillo. En la fachada de Augusto Figueroa únicamente había una ventanita en la parte superior.

capilla antes restaur copia

Durante las obras en dicho muro lateral se descubrió una puerta oculta y el arco que había sido tapiado.

2 casas

Hoy día la edificación de poco más de 35 metros cuadrados conserva el ladrillo visto. El balconcillo sobre la puerta de entrada al chiscón fue sustituido por una ventana.

fachada fuencarral

Un tradicional alero de madera cubre la modesta construcción bajo el tejado que está coronado por una cruz de hierro.

cruz

Actualmente en el Registro del Ayuntamiento figura con el nombre de Capilla de Santa María del Arco. Catalogada como elemento Singular por el Plan General de Urbanismo, tiene el más alto nivel de protección, el Nivel 1.

En su interior la modesta capilla aún guarda sus tesoros. En el centro del pequeño altar el cuadro de la Virgen de la Soledad, y la imagen de San Francisco de Paula en la esquina inferior izquierda, en un marco dorado de 1 x 1,40 m. Anónimo, no se sabe con certeza si es el cuadro primitivo, en cualquier caso se cree que se trata de una pintura del siglo XVII. Fue restaurada igualmente en 1983.

cuadro virgen

Junto a ella a la izquierda, allí continúa el Santísimo Cristo del Consuelo. Benito Pérez Galdós se refiere a él en La Fontana de Oro como el Cristo de las Llagas:

“Vamos al balcón de una amiga nuestra, desde donde se ve todo perfectamente. Estará muy vistoso. De San Antón salen tres imágenes, y dicen que es también muy probable que salga el Cristo de las Llagas de la capilla de Santa María del Arco…”

La imagen del Santísimo Cristo del Consuelo fue restaurada en 1986.

Es una talla en madera policromada de tamaño natural, de 1,70 metros de altura, anónimo, del siglo XVI o probablemente del XVII. El historiador Elías Tormo dijo que “parece escultura del siglo XVI” y se preguntaba “¿será el del hermano Domingo Beltrán, de los Abogados?”.

Según el informe de restauración, es una “escultura de líneas clásicas de estilo renacentista, aunque el paño presenta formas barrocas”. La cruz está formada por dos maderas lisas de color negro.

Estaba en muy mal estado, con grandes grietas y desconchones, el paño tenía un gran trozo desprendido, y a una mano le faltaba el dedo índice que fue reconstruido. Sobre la policromía había una tosca capa de pintura que fue cuidadosamente eliminada. Bajo esta policromía barroca -la que se conserva actualmente- apareció una preparación blanca bajo la cual esté probablemente la policromía primitiva. No fue eliminada porque no había garantías de obtener un buen resultado, dejando solo alguna zona al descubierto. También fueron eliminados los repintes del paño.

cristo 2 copia

Tanto en la foto general como en la de detalle realizadas tras la restauración se aprecia la espectacularidad de la talla.

cristo 1 copia

El año pasado al parecer la Capilla se abrió durante unos meses, aunque normalmente se encuentra cerrada. Ojalá se abra más a menudo y podamos acercarnos a conocer el antiguo Humilladero, de momento aunque con un poco de dificultad, se puede contemplar su interior a través de las rejas y los cristales de la puerta de entrada.

interior Capilla jun13

Merece la pena ir a ver la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, o de la Paloma, el magnífico Cristo Crucificado, y el diminuto oratorio, una joya en el corazón de Madrid.

No es raro encontrar a vecinos o paseantes que se paran unos momentos, se asoman y se santiguan, como en el pasado hicieran las personas que pasaban junto al Arco de Santa María y se detenían un rato antes de continuar su camino.

por Mercedes Gómez

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NOTA:

Mi más sincero agradecimiento a la Parroquia de San Ildefonso por su gran ayuda al permitirme consultar los valiosos documentos que conserva en su archivo relativos a la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad sin la cual no hubiera sido posible completar este artículo.

Gracias también a mi querido amigo Churri que ha conseguido hacer unas fotos estupendas de la Capilla (y era muy difícil).

Según cuentan las crónicas, el culto a la imagen de Nuestra Señora de las Maravillas es muy antiguo, anterior al siglo XVI, aunque su iglesia madrileña, que hoy se conserva en el barrio al que dio nombre, fue construida en los comienzos del siglo XVII.

Su origen se remonta al año 1613 cuando una de las muchas damas piadosas de la época doña Juana de Barahona fundó en una pequeña casa de la calle de Fuencarral el Beaterio de Recogidas Terciarias Carmelitas. En 1616 se trasladó a la calle de la Palma instalándose junto a la ermita de San Antón que allí se hallaba. Eran los tiempos en que estas calles eran las afueras al norte de la Villa. Aún faltaban unos años para que se construyera la Cerca de Felipe IV y este barrio quedara en ella encerrado. Muy cerca se abriría la Puerta de Maravillas.

Hacia 1624 las beatas se constituyeron en Comunidad, fundando el Convento de Carmelitas Calzadas Recoletas de San Antonio Abad, al cual el 1 de febrero de 1627 llegó, tras muchos avatares, la imagen de la Virgen. El Monasterio pasó a llamarse de Nuestra Señora de las Maravillas y bajo el patronazgo de Felipe IV que otorgó una renta anual al cenobio, se construyó la actual iglesia, que se cree fue inaugurada el 2 de febrero de 1647.

De una sola nave, realizada en ladrillo visto, con capillas laterales y un pórtico en la esquina de la calle de la Palma con la entonces calle de San Pedro -hoy del Dos de Mayo-, con arcos de piedra de medio punto, la Guía de Arquitectura del Colegio de Arquitectos atribuye su proyecto a Alonso Carbonel, y el comienzo de las obras hacia 1621 a Cristóbal de Aguilera. Texeira la dibuja en su plano con mucho detalle.

Plano de Texeira 1656

Plano de Texeira 1656

A lo largo de los siglos ha sido objeto de varias reformas, la más importante en el siglo XVIII, a partir de 1770, transformando algunos de sus elementos barrocos en neoclásicos, sobre todo en su interior. El arquitecto Miguel Fernández, por entonces responsable de la sección de Arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, construyó un nuevo retablo en sustitución del anterior barroco. Igual que el de San Antonio de los Alemanes, del mismo autor, es de mármol, y contó con la colaboración del escultor Francisco Gutiérrez.

En el exterior se construyó la puerta de entrada en la calle de la Palma en granito con pilastras toscanas y un frontón.

calle de La Palma 28.

Calle de La Palma 28.

Con el siglo XIX llegaron tiempos difíciles, como sabemos durante la guerra de la Independencia el barrio fue uno de los escenarios protagonistas. Unos años después, un suceso marcó el devenir de la historia de la iglesia y del vecindario: en 1869 las Carmelitas fueron expulsadas y el Convento derribado.

Convento de Las Maravillas (Museo de Historia)

Convento de Las Maravillas (Museo de Historia)

En sus terrenos y parte del antiguo Cuartel de Artillería de Monteleón, además de algunas casas demolidas en la calle de San Andrés, se abrió la Plaza del Dos de Mayo que fue inaugurada ese mismo año.

Pl. del antiguo Parque de Artillería. Foto: J. Laurent (1860-66). Col.Ruiz Vernacci Fototeca Mº Cultura.

Pl. del antiguo Parque de Artillería. Foto: J. Laurent. (Col.Ruiz Vernacci. Fototeca Mº Cultura)

La parroquia intentó recuperar la imagen de la virgen que las monjas se habían llevado consigo, pero no fue posible, por lo que se construyó una copia.

Plaza del Dos de Mayo 2013

Plaza del Dos de Mayo (2013)

Tras la expulsión las religiosas sufrieron un largo peregrinar. En un primer momento fueron acogidas por las mercedarias del cercano Convento de Don Juan de Alarcón en la calle de Valverde, donde permanecieron hasta 1891 cuando se trasladaron al paseo del Obelisco, actual paseo del General Martínez Campos. Allí en uno de los hotelitos que había por entonces instalaron una capilla. Las dificultades económicas las obligaron a un nuevo traslado, siendo acogidas esta vez por las Comendadoras de Santiago. Siempre llevando con ellas la imagen de su venerada virgen.

Por fin, en los comienzos del siglo XX pudieron construir su nuevo convento, en la calle del Príncipe de Vergara 23, en el entonces floreciente barrio de Salamanca, al que se llamó de las Maravillas Nuevas. El autor del edificio, que consta de dos cuerpos de ladrillo y cimentación de piedra a ambos lados de la iglesia neogótica, fue Manuel Ortiz de Villajos, hermano de Agustín.

Monasterio de Nuestra Señora de las Maravillas. Príncipe de Vergara 23.

Príncipe de Vergara 23.

Pero antes de visitarla volvamos a la plaza del Dos de Mayo y entremos por fin en su bella iglesia de las Maravillas. Por esas mismas fechas, en los inicios del siglo XX se cerró el pórtico, espacio que fue destinado a dependencias parroquiales (actualmente en obras).

portico

Antiguo pórtico cegado. Entrada a la iglesia, calle del Dos de Mayo.

La puerta primitiva de la calle de la Palma hoy día está cerrada accediéndose a la iglesia por una entrada en la calle del Dos de Mayo, bajo el antiguo pórtico. Tras el modesto aspecto exterior, en su interior su única nave de planta de cruz latina esconde hermosos e inesperados tesoros.

Hagamos un inciso para recordar que la parroquia de San Justo, una de las más antiguas de Madrid, una de las Iglesias del Fuero anteriores a 1202, estaba situada entre la plaza del Conde de Miranda y la calle de San Justo, desaparecida a finales del siglo XVII. Por su parte, la iglesia de San Miguel de los Octoes, que conocimos gracias a Ruy Sánchez Zapata, había sido demolida en 1809… La parroquialidad de San Miguel se unió a la de San Justo en la actual Basílica de San Miguel. Finalmente, en 1890 la parroquia de los Santos Niños Justo y Pastor se trasladó a la de las Maravillas.

Esta es la causa de que algunas de las obras más valiosas de la actual parroquia de Nuestra Señora de las Maravillas y de los Santos Justo y Pastor procedan de la primitiva iglesia de San Miguel de los Octoes. La joya del templo, y una de las joyas de Madrid, es el Cristo de la Buena Muerte, una talla gótica del siglo XIV o XV, protegida tras una reja en la primera capilla a los pies de la Epístola.

cristo gotico

Pinturas de Juan Carreño, Pereda, dos de Zurbarán… Son muchas las obras de arte que merece la pena contemplar en esta iglesia de las Maravillas. Las espléndidas esculturas que flanquean el retablo del Altar Mayor, San Elías y Santa Teresa, patronos de los Carmelitas, son obra del mencionado Francisco Gutiérrez.

Durante la guerra civil ambos templos, el antiguo y el nuevo, como todo Madrid, sufrieron graves daños. Las dos imágenes de la Virgen de las Maravillas desaparecieron.

La nueva imagen de la antigua iglesia en el barrio de Malasaña fue realizada en 1940 por Ricardo Font.

altar

En el caso de la iglesia del Monasterio en la calle del Príncipe de Vergara la virgen es obra de Federico Coullaut Valera. La diminuta figura del Niño es la original pues se salvó.

Maravillas Principe Vergara int

En la fachada del Convento una banderola recuerda que las Monjas Carmelitas celebran el IV Centenario de la Fundación de su Comunidad (1613-2013).

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Pedro de Alcántara Suárez y Muñano. Historia de la sagrada imagen de Ntra. Sra. La Real de las MaravillasLérida 1874.
Félix Verdasco. Nuestra Señora de las Maravillas y de los Santos Justo y Pastor. Madrid 1999 (2ª edición: ampliación y notas de José Flores).
COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.

El ajimez o ventana volada, como el pasadizo volado, es un elemento arquitectónico medieval de origen islámico que continuó existiendo en época cristiana, hasta que comenzaron a derribarse en los siglos XV y XVI, primero debido a unas ordenanzas de los Reyes Católicos y luego a la ley de Carlos I de 1530.

Los pasadizos y los ajimeces tienen otra cosa en común: su carácter de construcciones encubiertas, su función de ocultar, de ver sin ser visto.

El ajimez es un saledizo que sobresale del muro ante una ventana o balcón tapado con una celosía, de forma que se puede observar lo que hay fuera pero desde el exterior no podemos ver su interior. Es un término medieval que proviene del árabe al-simasa (ventana).

Según el importante arquitecto y arqueólogo madrileño Leopoldo Torres Balbás, los ajimeces andalusíes tuvieron su origen en construcciones egipcias, las masrabiyyat de la ciudad de El Cairo, unas cajas de madera voladas, cerradas por celosías que los árabes trajeron a España.

H. Vyse. “Una mujer en El Cairo”.

Nos preguntamos si pervive algún ejemplo en Madrid.

La parroquia de Santa María de la Almudena tenía un ajimez en la cabecera donde se encontraba el camarín de la Virgen construido con el fin de darle luz. Pero la iglesia fue derribada en 1868, hoy día solo podemos rememorarla gracias a la conocida foto de Jean Laurent y a las maquetas que la representan con todo detalle, como la realizada en madera por José Monasterio hacia 1950 actualmente expuesta en el Museo de los Orígenes.

J.Monasterio. Sta. Mª de la Almudena. Museo de los Orígenes.

Sta. Mª de la Almudena. (detalle). Ajimez tras el camarín de la Virgen.

Existe otra maqueta de bronce que ya visitamos durante nuestro paseo por las Iglesias del Fuero, instalada junto a las ruinas de la iglesia en la calle Mayor cuya placa nos lo recuerda: además del arranque del ábside curvo medieval del siglo XII, durante la excavación en 1998 aparecieron restos del ábside rectangular adosado al interior en 1638 que sostenía en voladizo el camarín de la Virgen.

Seguro que otros edificios medievales y templos madrileños tuvieron sus ventanas voladas, pero al parecer hoy únicamente se conservan los ajimeces del muro posterior del Convento de las Carboneras en la calle del Cordón, a continuación de la antiquísima Casa de Álvaro de Luján en la plaza de la Villa y frente a la Casa de Cisneros, conformando uno de los rincones más bonitos y evocadores de la Villa.

Calle del Cordón

En 1951 los describía Fernando Chueca : salientes, los ajimeces cerrados por el frente, y con unas troneras en los costados y por debajo del vuelo, cerradas a modo de celosía por una chapa agujereada.

Allí continúan. Tras ellos, por ambos laterales, seguro se puede contemplar todo lo que ocurre en la callejuela, observar quién camina desde la plaza de la Villa hacia la plaza del Cordón, o al revés, quién sube la cuesta desde la calle de Segovia.

Los ecos del discreto ajimez islámico llegaron al interior de los templos cristianos en forma de tribunas ocultas por celosías que hoy perviven o se han recreado en las iglesias madrileñas más antiguas.

Iglesia de San Andrés

En el siglo XIX bajo la influencia del Romanticismo, el gusto por lo exótico y el alhambrismo, proliferaron las construcciones de estilo mudéjar, incluyendo los voladizos y celosías.

Palacio de Laredo (Alcalá de Henares)

Con el tiempo el ajimez sustituyó las celosías por las rejas. El ajimez se convirtió en el balcón enrejado cubierto con un tejadillo. La madera fue sustituida por el hierro y el cristal. Los saledizos se convirtieron en lo que hoy conocemos como miradores que aún adornan las calles de Madrid. Una palabra que definía una construcción medieval continuó utilizándose para describir otras nuevas.

Y llegó un momento impreciso en que se perdió el significado original de la palabra. Por alguna razón se acabó dando el nombre de ajimez a las ventanas arqueadas divididas por una columna o parteluz, otro elemento de reminiscencias islámicas. Como dice Rafael Cómez, en realidad esta nueva acepción se trata de un término romántico que nos llegó a través de corrupciones literarias.

El diccionario de la Real Academia Española recoge ambas definiciones, la moderna, y en segundo lugar la verdadera.

ajimez. (Del ár. hisp. šamís).

1. m. Ventana arqueada, dividida en el centro por una columna.
2. m. Saledizo o balcón saliente hecho de madera y con celosías.

Sí sobreviven en Madrid preciosos miradores, muchos de ellos construidos en el siglo XIX.

Hoy día se siguen construyendo aunque no son tan bellos como en el pasado. Y, como nos recuerda Cómez, todos los ajimeces son miradores, pero no todos los miradores son ajimeces.

Curiosamente, a pocos pasos de la plaza del Cordón, el edificio construido sobre el solar del Convento del Sacramento exhibe unos miradores modernos que parecen inspirados en los ajimeces islámicos, que quizá tuvo el antiguo monasterio en el pasado.

Calle del Sacramento

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Bibliografía:
J. Abellán Pérez. Influencias orientales en las viviendas jerezanas (siglo XV): los ajimeces. Revista Aragón en la Edad Media, nº 14-15, 1. Zaragoza 1999.
R. Cómez Ramos. Mirador o ajimez, un elemento islámico en la arquitectura occidental. Revista Laboratorio de Arte nº 24. Sevilla, 2012.
F. Chueca. Semblante de Madrid. Ed. Instituto Estudios Madrileños, Madrid 1991 (1ª ed.: Revista de Occidente, 1951).
A. de la Morena. La antigua iglesia parroquial de Santa María de la Almudena.

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ACTUALIZACIÓN 27 septiembre 2012 

Actualizamos el post porque la foto que me ha enviado Manuel, que siempre anda mirando hacia arriba y por eso descubre muchas cosas bonitas, merece estar en este artículo-recuerdo de los ajimeces y miradores inspirados en ellos. Es precioso.

Foto: Manuel Romo.

No tengo datos sobre el edificio al que pertenece pero tiene mucho encanto, mucho más que esos miradores “modernos” tan fríos que se construyen ahora ¿verdad?.

¡Gracias Manuel!

Mercedes

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