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Según cuentan las crónicas, el culto a la imagen de Nuestra Señora de las Maravillas es muy antiguo, anterior al siglo XVI, aunque su iglesia madrileña, que hoy se conserva en el barrio al que dio nombre, fue construida en los comienzos del siglo XVII.

Su origen se remonta al año 1613 cuando una de las muchas damas piadosas de la época doña Juana de Barahona fundó en una pequeña casa de la calle de Fuencarral el Beaterio de Recogidas Terciarias Carmelitas. En 1616 se trasladó a la calle de la Palma instalándose junto a la ermita de San Antón que allí se hallaba. Eran los tiempos en que estas calles eran las afueras al norte de la Villa. Aún faltaban unos años para que se construyera la Cerca de Felipe IV y este barrio quedara en ella encerrado. Muy cerca se abriría la Puerta de Maravillas.

Hacia 1624 las beatas se constituyeron en Comunidad, fundando el Convento de Carmelitas Calzadas Recoletas de San Antonio Abad, al cual el 1 de febrero de 1627 llegó, tras muchos avatares, la imagen de la Virgen. El Monasterio pasó a llamarse de Nuestra Señora de las Maravillas y bajo el patronazgo de Felipe IV que otorgó una renta anual al cenobio, se construyó la actual iglesia, que se cree fue inaugurada el 2 de febrero de 1647.

De una sola nave, realizada en ladrillo visto, con capillas laterales y un pórtico en la esquina de la calle de la Palma con la entonces calle de San Pedro -hoy del Dos de Mayo-, con arcos de piedra de medio punto, la Guía de Arquitectura del Colegio de Arquitectos atribuye su proyecto a Alonso Carbonel, y el comienzo de las obras hacia 1621 a Cristóbal de Aguilera. Texeira la dibuja en su plano con mucho detalle.

Plano de Texeira 1656

Plano de Texeira 1656

A lo largo de los siglos ha sido objeto de varias reformas, la más importante en el siglo XVIII, a partir de 1770, transformando algunos de sus elementos barrocos en neoclásicos, sobre todo en su interior. El arquitecto Miguel Fernández, por entonces responsable de la sección de Arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, construyó un nuevo retablo en sustitución del anterior barroco. Igual que el de San Antonio de los Alemanes, del mismo autor, es de mármol, y contó con la colaboración del escultor Francisco Gutiérrez.

En el exterior se construyó la puerta de entrada en la calle de la Palma en granito con pilastras toscanas y un frontón.

calle de La Palma 28.

Calle de La Palma 28.

Con el siglo XIX llegaron tiempos difíciles, como sabemos durante la guerra de la Independencia el barrio fue uno de los escenarios protagonistas. Unos años después, un suceso marcó el devenir de la historia de la iglesia y del vecindario: en 1869 las Carmelitas fueron expulsadas y el Convento derribado.

Convento de Las Maravillas (Museo de Historia)

Convento de Las Maravillas (Museo de Historia)

En sus terrenos y parte del antiguo Cuartel de Artillería de Monteleón, además de algunas casas demolidas en la calle de San Andrés, se abrió la Plaza del Dos de Mayo que fue inaugurada ese mismo año.

Pl. del antiguo Parque de Artillería. Foto: J. Laurent (1860-66). Col.Ruiz Vernacci Fototeca Mº Cultura.

Pl. del antiguo Parque de Artillería. Foto: J. Laurent. (Col.Ruiz Vernacci. Fototeca Mº Cultura)

La parroquia intentó recuperar la imagen de la virgen que las monjas se habían llevado consigo, pero no fue posible, por lo que se construyó una copia.

Plaza del Dos de Mayo 2013

Plaza del Dos de Mayo (2013)

Tras la expulsión las religiosas sufrieron un largo peregrinar. En un primer momento fueron acogidas por las mercedarias del cercano Convento de Don Juan de Alarcón en la calle de Valverde, donde permanecieron hasta 1891 cuando se trasladaron al paseo del Obelisco, actual paseo del General Martínez Campos. Allí en uno de los hotelitos que había por entonces instalaron una capilla. Las dificultades económicas las obligaron a un nuevo traslado, siendo acogidas esta vez por las Comendadoras de Santiago. Siempre llevando con ellas la imagen de su venerada virgen.

Por fin, en los comienzos del siglo XX pudieron construir su nuevo convento, en la calle del Príncipe de Vergara 23, en el entonces floreciente barrio de Salamanca, al que se llamó de las Maravillas Nuevas. El autor del edificio, que consta de dos cuerpos de ladrillo y cimentación de piedra a ambos lados de la iglesia neogótica, fue Manuel Ortiz de Villajos, hermano de Agustín.

Monasterio de Nuestra Señora de las Maravillas. Príncipe de Vergara 23.

Príncipe de Vergara 23.

Pero antes de visitarla volvamos a la plaza del Dos de Mayo y entremos por fin en su bella iglesia de las Maravillas. Por esas mismas fechas, en los inicios del siglo XX se cerró el pórtico, espacio que fue destinado a dependencias parroquiales (actualmente en obras).

portico

Antiguo pórtico cegado. Entrada a la iglesia, calle del Dos de Mayo.

La puerta primitiva de la calle de la Palma hoy día está cerrada accediéndose a la iglesia por una entrada en la calle del Dos de Mayo, bajo el antiguo pórtico. Tras el modesto aspecto exterior, en su interior su única nave de planta de cruz latina esconde hermosos e inesperados tesoros.

Hagamos un inciso para recordar que la parroquia de San Justo, una de las más antiguas de Madrid, una de las Iglesias del Fuero anteriores a 1202, estaba situada entre la plaza del Conde de Miranda y la calle de San Justo, desaparecida a finales del siglo XVII. Por su parte, la iglesia de San Miguel de los Octoes, que conocimos gracias a Ruy Sánchez Zapata, había sido demolida en 1809… La parroquialidad de San Miguel se unió a la de San Justo en la actual Basílica de San Miguel. Finalmente, en 1890 la parroquia de los Santos Niños Justo y Pastor se trasladó a la de las Maravillas.

Esta es la causa de que algunas de las obras más valiosas de la actual parroquia de Nuestra Señora de las Maravillas y de los Santos Justo y Pastor procedan de la primitiva iglesia de San Miguel de los Octoes. La joya del templo, y una de las joyas de Madrid, es el Cristo de la Buena Muerte, una talla gótica del siglo XIV o XV, protegida tras una reja en la primera capilla a los pies de la Epístola.

cristo gotico

Pinturas de Juan Carreño, Pereda, dos de Zurbarán… Son muchas las obras de arte que merece la pena contemplar en esta iglesia de las Maravillas. Las espléndidas esculturas que flanquean el retablo del Altar Mayor, San Elías y Santa Teresa, patronos de los Carmelitas, son obra del mencionado Francisco Gutiérrez.

Durante la guerra civil ambos templos, el antiguo y el nuevo, como todo Madrid, sufrieron graves daños. Las dos imágenes de la Virgen de las Maravillas desaparecieron.

La nueva imagen de la antigua iglesia en el barrio de Malasaña fue realizada en 1940 por Ricardo Font.

altar

En el caso de la iglesia del Monasterio en la calle del Príncipe de Vergara la virgen es obra de Federico Coullaut Valera. La diminuta figura del Niño es la original pues se salvó.

Maravillas Principe Vergara int

En la fachada del Convento una banderola recuerda que las Monjas Carmelitas celebran el IV Centenario de la Fundación de su Comunidad (1613-2013).

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Pedro de Alcántara Suárez y Muñano. Historia de la sagrada imagen de Ntra. Sra. La Real de las MaravillasLérida 1874.
Félix Verdasco. Nuestra Señora de las Maravillas y de los Santos Justo y Pastor. Madrid 1999 (2ª edición: ampliación y notas de José Flores).
COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.

El ajimez o ventana volada, como el pasadizo volado, es un elemento arquitectónico medieval de origen islámico que continuó existiendo en época cristiana, hasta que comenzaron a derribarse en los siglos XV y XVI, primero debido a unas ordenanzas de los Reyes Católicos y luego a la ley de Carlos I de 1530.

Los pasadizos y los ajimeces tienen otra cosa en común: su carácter de construcciones encubiertas, su función de ocultar, de ver sin ser visto.

El ajimez es un saledizo que sobresale del muro ante una ventana o balcón tapado con una celosía, de forma que se puede observar lo que hay fuera pero desde el exterior no podemos ver su interior. Es un término medieval que proviene del árabe al-simasa (ventana).

Según el importante arquitecto y arqueólogo madrileño Leopoldo Torres Balbás, los ajimeces andalusíes tuvieron su origen en construcciones egipcias, las masrabiyyat de la ciudad de El Cairo, unas cajas de madera voladas, cerradas por celosías que los árabes trajeron a España.

H. Vyse. “Una mujer en El Cairo”.

Nos preguntamos si pervive algún ejemplo en Madrid.

La parroquia de Santa María de la Almudena tenía un ajimez en la cabecera donde se encontraba el camarín de la Virgen construido con el fin de darle luz. Pero la iglesia fue derribada en 1868, hoy día solo podemos rememorarla gracias a la conocida foto de Jean Laurent y a las maquetas que la representan con todo detalle, como la realizada en madera por José Monasterio hacia 1950 actualmente expuesta en el Museo de los Orígenes.

J.Monasterio. Sta. Mª de la Almudena. Museo de los Orígenes.

Sta. Mª de la Almudena. (detalle). Ajimez tras el camarín de la Virgen.

Existe otra maqueta de bronce que ya visitamos durante nuestro paseo por las Iglesias del Fuero, instalada junto a las ruinas de la iglesia en la calle Mayor cuya placa nos lo recuerda: además del arranque del ábside curvo medieval del siglo XII, durante la excavación en 1998 aparecieron restos del ábside rectangular adosado al interior en 1638 que sostenía en voladizo el camarín de la Virgen.

Seguro que otros edificios medievales y templos madrileños tuvieron sus ventanas voladas, pero al parecer hoy únicamente se conservan los ajimeces del muro posterior del Convento de las Carboneras en la calle del Cordón, a continuación de la antiquísima Casa de Álvaro de Luján en la plaza de la Villa y frente a la Casa de Cisneros, conformando uno de los rincones más bonitos y evocadores de la Villa.

Calle del Cordón

En 1951 los describía Fernando Chueca : salientes, los ajimeces cerrados por el frente, y con unas troneras en los costados y por debajo del vuelo, cerradas a modo de celosía por una chapa agujereada.

Allí continúan. Tras ellos, por ambos laterales, seguro se puede contemplar todo lo que ocurre en la callejuela, observar quién camina desde la plaza de la Villa hacia la plaza del Cordón, o al revés, quién sube la cuesta desde la calle de Segovia.

Los ecos del discreto ajimez islámico llegaron al interior de los templos cristianos en forma de tribunas ocultas por celosías que hoy perviven o se han recreado en las iglesias madrileñas más antiguas.

Iglesia de San Andrés

En el siglo XIX bajo la influencia del Romanticismo, el gusto por lo exótico y el alhambrismo, proliferaron las construcciones de estilo mudéjar, incluyendo los voladizos y celosías.

Palacio de Laredo (Alcalá de Henares)

Con el tiempo el ajimez sustituyó las celosías por las rejas. El ajimez se convirtió en el balcón enrejado cubierto con un tejadillo. La madera fue sustituida por el hierro y el cristal. Los saledizos se convirtieron en lo que hoy conocemos como miradores que aún adornan las calles de Madrid. Una palabra que definía una construcción medieval continuó utilizándose para describir otras nuevas.

Y llegó un momento impreciso en que se perdió el significado original de la palabra. Por alguna razón se acabó dando el nombre de ajimez a las ventanas arqueadas divididas por una columna o parteluz, otro elemento de reminiscencias islámicas. Como dice Rafael Cómez, en realidad esta nueva acepción se trata de un término romántico que nos llegó a través de corrupciones literarias.

El diccionario de la Real Academia Española recoge ambas definiciones, la moderna, y en segundo lugar la verdadera.

ajimez. (Del ár. hisp. šamís).

1. m. Ventana arqueada, dividida en el centro por una columna.
2. m. Saledizo o balcón saliente hecho de madera y con celosías.

Sí sobreviven en Madrid preciosos miradores, muchos de ellos construidos en el siglo XIX.

Hoy día se siguen construyendo aunque no son tan bellos como en el pasado. Y, como nos recuerda Cómez, todos los ajimeces son miradores, pero no todos los miradores son ajimeces.

Curiosamente, a pocos pasos de la plaza del Cordón, el edificio construido sobre el solar del Convento del Sacramento exhibe unos miradores modernos que parecen inspirados en los ajimeces islámicos, que quizá tuvo el antiguo monasterio en el pasado.

Calle del Sacramento

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Bibliografía:
J. Abellán Pérez. Influencias orientales en las viviendas jerezanas (siglo XV): los ajimeces. Revista Aragón en la Edad Media, nº 14-15, 1. Zaragoza 1999.
R. Cómez Ramos. Mirador o ajimez, un elemento islámico en la arquitectura occidental. Revista Laboratorio de Arte nº 24. Sevilla, 2012.
F. Chueca. Semblante de Madrid. Ed. Instituto Estudios Madrileños, Madrid 1991 (1ª ed.: Revista de Occidente, 1951).
A. de la Morena. La antigua iglesia parroquial de Santa María de la Almudena.

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ACTUALIZACIÓN 27 septiembre 2012 

Actualizamos el post porque la foto que me ha enviado Manuel, que siempre anda mirando hacia arriba y por eso descubre muchas cosas bonitas, merece estar en este artículo-recuerdo de los ajimeces y miradores inspirados en ellos. Es precioso.

Foto: Manuel Romo.

No tengo datos sobre el edificio al que pertenece pero tiene mucho encanto, mucho más que esos miradores “modernos” tan fríos que se construyen ahora ¿verdad?.

¡Gracias Manuel!

Mercedes

A estas alturas ya casi todos conocéis a mi amigo David y sabéis que ahora vive un poquito lejos, en Londres. Pero estos días hemos tenido ocasión de recordar antiguos paseos compartidos por las calles del viejo Madrid y revivir el trabajo realizado en común hace algún tiempo, siempre hablando de “esas cosas que tanto nos gustan”, sobre todo de nuestra villa medieval, tan sugerente y llena de contrastes, que él conoce a la perfección.

Para mí ha sido un placer y una alegría preparar este articulo juntos, ¡gracias David!.

Esperamos que os guste y os resulte tan enigmático como a nosotros.

Mercedes

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La iglesia de San Nicolás de Bari o San Nicolás de los Servitas es una de las joyas de nuestro querido Madrid al ser la iglesia más antigua de la capital. En su emplazamiento posiblemente se levantó una mezquita de barrio, sucediéndole después la iglesia cristiana que ya estaba levantada en 1202 según el Fuero de Madrid.

Como comprobamos en nuestra primera visita, aunque ha sufrido numerosas reformas a lo largo de los siglos tanto en su interior como en su exterior conserva elementos de todas las épocas. Destaca la torre mudéjar del siglo XII rematada por un chapitel del siglo XVII.

Plano de Texeira (1656)

La iglesia es del siglo XV y conserva varios elementos medievales. La nave y las capillas son también del XVII, y el bello pórtico de entrada de granito, con la imagen de San Nicolás obra del escultor Luis Salvador Carmona, es de comienzos del siglo XVIII.

Paseando por el exterior de la iglesia, y concretamente mirando las piedras de su ábside, encontramos por debajo de la ventana central y a la izquierda, un sillar reutilizado con los fragmentos de una inscripción.

¿Qué puede ser? ¿A qué época pertenece? ¿Qué significan esas letras? Pues vamos a intentar desvelar algunos misterios.

Transcripción 

Se trata de un fragmento de una inscripción realizada en piedra caliza con un tipo de letra humanística capital, en castellano. Las letras que aparentemente podemos reconocer son:

A DE LA
QUE SA
V MOSE
VN AÑO Y
SMº SACRA
R QVEND
EV

1ª línea: Al principio se aprecia la finalización de una línea diagonal correspondiendo posiblemente con una A, a continuación a E y la D se unen para formar una sola letra, la L es encuentra poco marcada pero apreciendo bien el ángulo recto de la letra, y finalmente la A aparece cortada.

2ª línea: La Q es la formación de una O semicerrada con una prolongación de un trazo recto hacia la derecha (como aparece en la 6ª línea). La VE aparecen unidas y la S y A son trazos bien apreciables.

3ª línea: Existen unas primeras líneas diagonales que pudiera ser una V y a continuación una M, una posible O (ya que se aprecia dos líneas curvas pero no claras), y a S y E que sí son apreciables.

4ª línea: Se lee claramente VN AÑO y a continuación se aprecia el asta o trazo vertical de una letra, posiblemene una Y. Hay que decir que la Ñ en época medieval y moderna no existía y la virgulilla o la línea que escribimos por encima es una abreviación de una doble NN.

5º línea: Empieza con la S, después la M con una pequeña O (lo que significa que es una palabra abreviada), después los siguientes trazos podrían tratarse de una S (aunque no estamos muy seguros) y la A, C y R se aprecian claramente. Posiblemente la siguiente letra sea una A. Sin estar seguros del todo posiblemente esta frase quiera decir S[ANTISI]MO SACRA[MENTO].

6ª línea: Se aprecia bien una R, le sigue una Q (como en la 2ª línea) y una V. A continuación hay un espacio donde parece que la piedra un poco picada sin saber si habría alguna otra letra en medio. Le sigue una posible E, una N y un trazo curvo unido a la N que podría ser una D.

7ª línea: Lo único que puede verse bien es una E y después un asta diagonal, posiblemente una V.

A qué pertenece 

Este fragmento es indudablemente la reutilización de una lápida sepulcral o conmemorativa. La persona o difunto que encarga una lápida sepulcral es una persona de clase media-alta, lo suficiente adinerado como para poder tener un enterramiento y un epitafio que lo recuerde.

Los enterramientos desde la edad media solían producirse en el exterior de las iglesias, para aquellos sin recursos económicos, y en el interior de las iglesias, para los que tenían más recursos. Y dentro de este grupo, aquellos que podían pagar más dinero se enterraban más cerca del altar ya que era un modo de estar más cerca de Dios.

Al tratarse de una fragmento reutilizado como un sillar lo primero que nos preguntamos es de dónde proviene, si de la propia iglesia de San Nicolás o de otro lugar. Aunque sabemos que el ábside de San Nicolás se reformó a finales del siglo XV, no creemos que pueda tratarse de su interior ya que la propia familia del difunto habría pagado para que su recuerdo no se destrozara, a no ser que fuera suplantada por un epitafio de mayor coste. Podríamos pensar en un epitafio en el cementerio de San Nicolás, en el exterior, pero ¿alguien con el suficiente dinero para realizar un recuerdo en piedra estaría enterrado en el exterior? No lo creemos, ya que el mayor triunfo en aquel momento era enterrarse en el interior del templo y lo más cercano de la capilla mayor (para estar más cerca de Dios).

Datación de la piedra

Para precisar la datación de esta inscripción tenemos varios argumentos para decir que es de finales del siglo XV. Por un lado el ábside de San Nicolás fue transformado y ampliado a finales del siglo XV cuando se utilizó como capilla funeraria de la familia de los Zúñiga. Para ello levantaron un ábside poligonal con cubierta interior de nervios de crucería con terceletes, típica de este momento del reinado de los Reyes Católicos.  Los sillares tienen un color blanquecino y se pueden apreciar afloramientos del cretácico superior, lo que hace pensar que la piedra procede de las Canteras de Redueña en las zonas de Guadalix de la Sierra, el Molar, Venturada o Torrelaguna, de hecho la parroquia de Santa María Magdalena de Torrelaguna (finales del s.XV) está realizada con esta misma piedra.

Por otro lado en la 4ª línea se puede leer claramente VN AÑO. Se puede referir bien a una edad (del difunto) o a una fecha (quizás la de la lápida). Si el ábside es de finales del siglo XV, descartamos que pueda ser 1501, por lo que podría ser 1481 o 1491.

La escritura es en letra humanística capital. Esta tipología de letra se empieza a utilizar a partir de 1408, por influencia de la letra carolingia y a su vez de la latina romana, con el fin de separarse de los caracteres decorativos de la letra gótica, por lo que esta inscripción está dentro de la época del siglo XV.

Por qué su reutilización

El reutilizar el epitafio puede deberse a dos motivos, pensando en todo momento que ha habido un contrato entre canteros y mecenas para traer piedra de las canteras del norte de Madrid y labrarlas para realizar la capilla del siglo XV, pudo haber ocurrido que:

1.- Bien que en un momento dado no quedara piedra y se decide reutilizar la piedra inscrita, porque pertenezca a una lápida del antiguo ábside, quizás reemplazado por la familia del fallecido.

2.- Bien que una vez construido el ábside se realizara algún arreglo o “chapuza”, de tal forma que sin haber quedado material se reutilizara la piedra. Pero esto nos llevaría nuevamente a la pregunta ¿pero de dónde se habrá reutilizado?

Conclusión

Al final, con todos estos datos, lo concluyente sobre esta inscripción es que perteneció a la segunda mitad del siglo XV, procedente de una lápida sepulcral y que fue reutilizada como sillar para hacer el ábside del siglo XV. Todo lo demás tendría que ser objeto de un mayor estudio o bien dejarlo en la conjetura o imaginación que siempre nos ofrece un Madrid escondido.

por : David Gutiérrez y Mercedes Gómez

Las Escuelas Pías de San Fernando fueron el primer colegio perteneciente a la Orden de los Padres Escolapios creado en Madrid, anterior a las Escuelas Pías de San Antón de la calle de Hortaleza.

El Convento y Colegio de San Fernando, fundado en 1729 por el padre rector de las Escuelas Pías, se instaló en la calle del Mesón de Paredes, en el barrio de Lavapiés, en los terrenos donde en 1617 se había levantado el Hospital de Nuestra Señora de Montserrat perteneciente a la Corona de Aragón, en la esquina de la entonces calle de Cabestreros con Tribulete.

Plano de Texeira (1656)

El número de alumnos acogidos fue aumentando poco a poco, así que tras la adquisición de otras casas en el mismo solar se decidió construir un nuevo Colegio más espacioso encargándose el proyecto a Francisco Ruiz, uno de los notables arquitectos madrileños de la primera mitad del siglo XVIII, arquitecto de la Corte y Villa de Madrid, como él mismo firmó en algún documento.

Recorriendo despacio la calle del Mesón de Paredes y sus alrededores se encuentran las huellas de antiguos conventos, recuerdos de fuentes cuyas aguas en el pasado ofrecían eróticas promesas, una de las cuales se conserva, la Fuente de Cabestreros, iglesias y tabernas centenarias, corralas… y se intuye la presencia de los arquitectos castizos que de un momento a otro imaginamos se van a cruzar con nosotros camino de su casa, ataviados con casacas y calzones a la francesa o acaso con chaquetillas cortas como las de los majos del barrio…

Francisco Ruiz, que nació en Barajas hacia 1680, casado con María Campoy y con tres hijos, tuvo sus casas principales en la calle de la Encomienda. Casi de la misma edad que Pedro de Ribera, quien recordemos nació y vivió en este barrio, fueron vecinos y probablemente se conocieron. Sin duda, el barroco, primero de Ardemans y luego de Ribera, influyó en él. Y, aunque la arquitectura oficial estuviera dominada por estos dos arquitectos, Ruiz también recibió algunos encargos y se movió en el ambiente de la Corte.

El otro maestro de Ribera, José Benito de Churriguera, curiosamente, quince años antes también había nacido en la calle Mesón de Paredes, en el nº 2, como nos recuerda una placa.

En 1734 Ruiz proyectó la planta del Colegio, del Convento y su Iglesia, y tres años después comenzó su construcción.

Tras la muerte del arquitecto en 1744, José Álvarez continuó con las obras del conjunto que finalizaron en 1791, exhibiendo una arquitectura heredera de la del siglo XVII. La fachada principal daba a la calle de Mesón de Paredes, actual número 68, aunque el Colegio tenía una entrada por la calle del Tribulete.

Escuelas Pías de San Fernando, foto de A.Passaporte (Archivo Loty, Fototeca Ministerio de Cultura)

En el interior de la iglesia, sus altares guardaban una colección de esculturas de gran valor, en madera policromada a tamaño natural, obra de los más renombrados escultores. Un San Juan Bautista de Manuel Pereira, un San José y una Virgen de las Angustias  de Juan Adán… y varias obras de Alfonso Bergaz, entre ellas una imagen de San José de Calasanz, fundador de las Escuelas Pías.

En el siglo XIX se acometieron varias obras de ampliación del Colegio que llegó a tener unas buenas instalaciones, biblioteca, gabinete de Historia Natural, de Física, comedor para los alumnos internos, sala de visitas, etc.

Desgraciadamente en 1936 llegó la guerra civil, tras la cual solo quedaron en pie las ruinas de la iglesia: la fachada, parte de los muros, el crucero con el tambor de la cúpula y algunos elementos decorativos.

Fachada de la iglesia de las Escuelas Pías. Mesón de Paredes.

Tambor de la cúpula.

En los años 40 en parte del solar, con fachada a la calle de Embajadores, se construyó el Mercado de San Fernando, obra de Casto Fernández-Shaw.

Mercado de San Fernando

Después, hacia 1950 en el solar de la calle del Tribulete donde estuvo el Colegio, se inauguró el Cine Lavapiés. En sus bajos se encontraba la Sala de Fiestas famosa en los años 50, Moulin Rouge, o El Molino Rojo, como se anunciaba a veces, la más típica de Madrid, que estuvo abierta hasta el comienzo de los años 80.

En 1979 el cine, que llevaba cinco años cerrado, fue convertido en el Teatro Lavapiés, hasta 1984 en que fue cerrado. Tres años después el Ayuntamiento adquirió el edificio con el proyecto de crear un museo, teatro, local para representaciones de zarzuela… incluso se llegó a hablar de su nombre, el futuro Centro de Casticismo. Pero pasaban los años y lo único que prosperaba era el deterioro del lugar, por eso en 1993 cuando llegaron las máquinas de obra los vecinos creyeron que comenzaba la restauración del edificio, sin embargo lo que pudieron contemplar fue su demolición, llevada a cabo por decisión del nuevo Consistorio.

Los locales del viejo cine, en el nº 16 de la calle del Tribulete, estaban catalogados con el máximo nivel de protección (que en cualquier caso implicaba que la nueva construcción debería ser dedicada al mismo uso cultural) por lo que su derribo provocó bastante polémica entre los vecinos y la prensa.

La historia de las Escuelas Pías es también la historia de la plaza creada sobre las ruinas de la antigua Inclusa y el Hospital de Maternidad que ocupaban el solar contiguo a las Escuelas, en el nº 66 de Mesón de Paredes.

Foto de S. Yubero (Biblioteca virtual Madrid)

El edificio fue derribado. En su lugar se construyeron varias viviendas y un parque, uno de los tres inaugurados el día 15 de mayo de 1973.

En la esquina una placa recuerda que en la Inclusa vivió Eloy Gonzalo.

Se crearon tres plazas ajardinadas con numerosos árboles de distintas especies, arbustos, hiedras, césped y bancos. La plaza de la Corrala, de la Iglesia y del Sombrerete.

Alrededor de las ruinas de la iglesia se creó un jardín que se comunicaba con la plaza del Sombrerete formando casi una única plaza.

Los jardines del Sombrerete fueron adornados además con una fuente, copia de la Fuente de los Delfines que se encontraba -y que continúa- en la plaza de San Ildefonso. Un artístico caño de vecindad de hierro fundido que representa dos delfines entrelazados.

Desde hace unos años la del Sombrerete es conocida como la plaza de Agustín Lara. En 1975, nuevamente en mayo, fue inaugurada la estatua dedicada a este músico muy querido en nuestra ciudad, autor entre otras obras del famoso chotis Madrid. La estatua de bronce es obra del escultor mexicano Humberto Peraza, y el pedestal de granito fue costeado por el Ayuntamiento. En una foto de aquellos años se ve que fue situada de espaldas a Mesón de Paredes, mirando hacia los jardines. Al otro lado de las escaleras que bajaban al jardín se aprecia la fuente.

(En “Madrid en sus plazas” de M. Jiménez)

En 1999 comenzaron las obras de construcción de un aparcamiento bajo la plaza, siendo retirada la escultura. El proyecto global fue obra del arquitecto José Ignacio Linazasoro. Los trabajos finalizaron en 2001.

Agustín Lara volvió a la plaza, al lugar que hoy ocupa, junto a las ruinas.

Entre 2001 y 2004 se puso en marcha el proyecto realizado por el mismo arquitecto para la restauración y rehabilitación de las Ruinas de las Escuelas Pías con el fin de convertirlas en biblioteca y la construcción de un aulario para la Universidad Nacional a Distancia (UNED). Sobre el solar del teatro, que estaba vacío desde que fue derribado, se construyó el Aulario.

Y en las ruinas de la iglesia se creó la Biblioteca.

 

Entre ambos, la nueva construcción y las viejas ruinas, separadas por el gran desnivel de la calle del Mesón de Paredes, se construyó una escalera que por un lado distribuye las dependencias del nuevo edificio y por otro se asoma a la biblioteca instalada en la iglesia.

Los materiales utilizados, la cálida madera y el sencillo ladrillo junto al hormigón, ayudan a la integración de las nuevas estructuras con las antiguas.

Arriba nos espera una acogedora terraza desde la cual podemos asombrarnos una vez más contemplando los tejados bajo el cielo de Madrid.

La idea era integrar la Biblioteca en las ruinas, sin alterarlas, de forma que conservaran su aspecto sugestivo y romántico.

Todo el proyecto estaba condicionado por los restos del edificio primitivo. Por una vez, lo nuevo se supeditó a lo viejo, los restos del pasado no se exhiben como un mero adorno sino que son valorados en sí mismos.

Los altares del templo ahora vacíos rodean el nuevo y confortable espacio lleno de libros y luz. Sobre el arco de medio punto de la emblemática rotonda aunque un poco maltrecho pervive el Escudo de las Escuelas Pías sostenido por dos ángeles, obra de Alfonso Bergaz, como símbolo y recuerdo de la historia de esta institución en el barrio de Lavapiés y en Madrid.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
José Ferrándiz. El templo de San Fernando y su olvidado tesoro artístico. Revista de la Biblioteca: Archivo y Museo del Ayuntamiento, nº 11, jul. 1926.
Virginia Tovar. Tres proyectos del arquitecto madrileño del siglo XVIII, Francisco Ruiz. Revista de la Biblioteca: Archivo y Museo del Ayuntamiento, nº 1-2, 1977.
Margarita Jiménez. Madrid en sus plazas, parques y jardines. Abaco Ediciones 1977.
ABC
, 15 mayo 1973.
El País
, 5 nov. 2001

Se acercan las Fiestas navideñas, y estos días uno de los paseos más apetecibles por Madrid es la visita a algunos de los numerosos belenes instalados en las iglesias, organismos públicos, tiendas y lugares diversos. Además de tener un significado religioso, los belenes son obras de arte de gran tradición, con una larga e interesante historia.

En un principio eran instalados únicamente en las casas de la nobleza o familias adineradas, pero según cuentan, a mediados del siglo XX la costumbre fue arraigando y a partir de entonces raro era el hogar en el que no se colocaba uno. Cuando yo era pequeña, en casa se ponía “el nacimiento”, aunque además del pesebre había un río de cristal, musgo, casitas, vecinos, los pastores con sus ovejas…, eran las “figuritas”, que mi madre con paciencia iba situando rodeadas de luces de colores.

Como entonces en las casas, ahora en Madrid los hay para todos los gustos, valiosos, modestos, grandes, pequeños, de barro, de madera, pintados a mano o vestidos con ricos ropajes.

Uno de los que más me gustan, y quizá el más antiguo, es el belén barroco de origen ecuatoriano que todos los años se expone en la Iglesia del Monasterio del Corpus Christi, más conocido como de Las Carboneras, donde se encuentra desde la fundación del Convento en 1605, hace más de cuatrocientos años.

El belén fue creado a finales del siglo XVI o principios del XVII en Quito, en madera policromada. Da gusto verlo, con sus figuras tan vivas, los expresivos rostros y las delicadas manos, en ese ambiente tan recogido, en una de las iglesias más bonitas de Madrid, a su vez en una plaza preciosa, la plaza del Conde de Miranda. Imprescindible.

Otro Monasterio, que este año celebra su IV Centenario, es el de la Encarnación, fundado en 1611. Con este motivo esta Navidad se muestra en su iglesia un belén procedente del Monasterio de las Agustinas Recoletas de Salamanca, lugar que abandona por primera vez. Fue realizado en Nápoles en 1645, siendo por tanto otro de los más antiguos que se conservan. Merecerá la pena una visita.

Es muy interesante la historia del arte belenista, que alcanzó gran fama en el siglo XVIII, con las espléndidas figuras realizadas en Nápoles, en la Real Manufactura de Porcelana de Capodimonte. De allí proceden algunas de las que se exponen en el Palacio Real, encargadas por el rey Carlos III para su hijo el Príncipe, en 1760.

Otro de mis preferidos, igualmente napolitano del siglo XVIII, es el de la Iglesia de San Andrés, en la plaza del mismo nombre, una pequeña obra maestra realizada en marfil.

La Navidad es una buena ocasión para poder conocer las maravillas que esconden nuestras iglesias más antiguas, algunas de ellas casi siempre cerradas, y que estos días abren para mostrar sus belenes y otras obras artísticas, como la del Real Monasterio de Santa Isabel, en la calle de Santa Isabel 48.

En el siglo XVIII y XIX fueron realizadas las tallas policromadas del belén de otra iglesia que ya conocemos, la del Santísimo Cristo de la Fe, en la calle de Atocha 87.

En la actualidad, uno de los mejores maestros es el escultor José Luis Mayo Lebrija, cuyos belenes causan admiración al público, por estar llenos de detalles y describir cómo pudo ser la vida en la ciudad de Belén hace más de dos mil años. Uno de los más conocidos es el de la Iglesia de San Miguel, en la calle de San Justo 4, que desde 2006 muestra un paisaje de corcho y musgo en el que las figuras a palillo (son figuras únicas, realizadas a mano) describen la vida en Belén.

José Luis Mayo nació en Toledo, pero desde pequeño ha vivido en Madrid, aquí estudió y comenzó su formación como escultor e inició su trabajo. Entre otros, es el autor de la mayor parte de las figuras del Belén del Ayuntamiento, instalado este año por primera vez en el interior del Palacio de Cibeles. Además de las escenas navideñas que comienzan con La Natividad, ofrece un recorrido encantador, a través de las calles, construcciones,

… personajes y oficios de la época.

Incluido el oficio de artista, que esculpe sus obras a las puertas de su casa, y guarda sus pinturas en el interior.

Esta es solo una pequeña selección, hay muchos paseos posibles por la Navidad madrileña, según nuestros gustos. Aquí tenéis algunos de los Belenes que se pueden visitar estos días en Madrid Ciudad Navidad.

Y si, entre todos, los más famosos o los más desconocidos, hay algún nacimiento que os parezca especialmente recomendable, por favor contádnoslo.

Por Mercedes Gómez

 

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Un artículo interesante:

Belenes: Obras de arte

La Parroquia de Nuestra Señora de Las Angustias está situada en la calle Rafael de Riego nº 16, en el barrio de Palos de Moguer, castizo distrito de Arganzuela. No es una iglesia famosa, ni está llena de valiosas obras de arte, pero tiene su interés, y un encanto especial para mí -allí me bautizaron-. Si os apetece, os invito a visitarla conmigo y conocer su historia.

Su origen es singular. La primera Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias fue construida en los comienzos del siglo XVIII en los Jardines del Buen Retiro, como Parroquia para los empleados y servidores del Palacio, dentro de las reformas emprendidas para transformar el barroco Jardín Ochavado en el Parterre al estilo francés que conocemos en la actualidad.

Las bonitas ermitas que jalonaban el Retiro poco a poco se habían convertido en lugares más relacionados con el ocio y las fiestas que con las celebraciones religiosas, por lo que el nuevo rey Felipe V ordenó la construcción de un templo donde se celebrara el culto.

Era una iglesia pequeña, de una sola nave rectangular, situada muy cerca del Estanque de las Campanillas, representada en alguno de los planos de la época, como el de Nicolás Chalmandrier realizado en torno al año 1761, o el de Espinosa de los Monteros, de 1769, donde aparece señalizada como La Parroquia.

nº 110 Iglesia de las Angustias. Plano de Chalmandrier (1761)

Era una de las llamadas parroquias exentas, que no dependían de la Diócesis sino del Patriarca de Indias. Era el caso de las capillas de Aranjuez, El Escorial, El Pardo, La Encarnación y otros Reales Sitios.

Hacia 1841 el Real Sitio del Buen Retiro fue reformado, incluida la zona del Parterre. La Iglesia desapareció y la Parroquia se trasladó a San Jerónimo el Real. La imagen de la Virgen de las Angustias estuvo un tiempo al parecer en una de las primeras capillas a la entrada, de allí pasó a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, hasta 1887 en que dejó de ser Parroquia de Palacio y pasó a depender de la jurisdicción ordinaria.

En ese momento fue trasladada a la Capilla del Cementerio de San Nicolás, frente a la Calle del Sur -hoy de Méndez Álvaro-. El lugar no era el más adecuado para la imagen así que el Obispo cuanto antes intentó buscarle un nuevo emplazamiento. Se compró un solar cerca del Paseo de las Delicias, zona todavía sin urbanizar, -actual calle de Rafael de Riego- donde en 1889 se comenzó a construir una modesta capilla que quedaría enclavada entre las calles de Murcia y de Delicias.

Facundo Cañada (1900)

La Iglesia se comenzó a construir en este mismo lugar en 1924.

En 1931 fue adquirido otro solar, a espaldas del templo, con entrada por el Paseo de las Delicias, actual nº 27, que continúa existiendo y se comunica con la Iglesia atravesando un bonito y cuidado patio donde hoy algunos niños juegan mientras algunos feligreses charlan.

Como tantas iglesias, durante la guerra fue utilizada como almacén, tal como me cuenta el sacerdote de la Parroquia, y tanto la antigua capilla como la iglesia y otras dependencias sufrieron grandes daños.

Después de la guerra el templo fue reconstruido. En 1965 se construyeron los edificios parroquiales a ambos lados de la iglesia retranqueada a la que se accede tras cruzar una verja.

Su arquitectura inspirada en el primer barroco madrileño muestra una gran sencillez de líneas y decorativa, tanto en su exterior de dos cuerpos como en su interior.

Su planta es de cruz latina, con tres naves y crucero.

En el comienzo de la nave de la Epístola, a la derecha, se encuentra la sencilla pila bautismal.

Al final, tras una puerta una pequeña estancia guarda una Virgen el Pilar y una Piedad de Olot.

En la nave del Evangelio, en la cabecera existe una Capilla dedicada al Santísimo Sacramento. En el crucero, un retablo neo barroco.

El retablo mayor es de inspiración neoclásica formado por dos columnas de estuco decoradas al trampantojo, imitando jaspe verde, que acogen una hornacina donde se encuentra el grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias. Lamentablemente, la antigua imagen procedente de la Capilla del Palacio del Buen Retiro que había sobrevivido a numerosos traslados, desapareció durante la guerra. La actual es una obra del escultor e imaginero valenciano José María Alcácer Guzmán.

La Virgen de las Angustias representa el mismo tema iconográfico que la más conocida escena de La Piedad, el momento en que la Virgen se queda sola con su Hijo muerto sobre sus rodillas y lo acoge en sus brazos.

Es la Virgen de las Angustias, imagen de una iglesia de barrio, el primero de mi vida, al que me ha encantado volver.

Por Mercedes Gómez

 

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Bibliografía:

A. Velasco Zazo. Recintos sagrados de Madrid. La Librería 2003.
P.F. García G. – A.F. Martínez C. Iglesias de Madrid. La Librería. 2006.
R. Amador de los Ríos. Los Jardines del Buen Retiro. La España Moderna, enero 1905. (Mº de Cultura).

La Iglesia del antiguo Monasterio de San Jerónimo el Real, hoy Parroquia de Los Jerónimos, es importante por muchos motivos. Su historia, su arquitectura… Aunque muy reformada, es uno de los escasos ejemplos de arte gótico de nuestra ciudad, además de uno de los pocos elementos que perviven del antiguo Palacio del Buen Retiro, junto con el Salón de Reinos y el Casón del Buen Retiro. También por la cantidad de obras de arte que atesora, de todo tipo y de diversas épocas.

El pasado mes de junio reabrió sus puertas, tras cerca de un año cerrada por obras de restauración. En el interior, que ha sido objeto de una gran reforma, el cambio más llamativo es el que ha tenido lugar en el altar mayor, donde se ha situado el cuadro La última Comunión de San Jerónimo, obra de Rafael Tegeo, hasta entonces en el crucero, a la izquierda de la nave, donde a su vez se ha situado el retablo de José Méndez, antes en el altar, ambas obras del siglo XIX. Pero no el único.

Merece la pena visitar las diez capillas laterales que han sido igualmente restauradas y reformadas y ofrecen un nuevo aliciente, ocho magníficas pinturas cedidas por el Museo del Prado, obras religiosas realizadas por algunos de los mejores artistas del Barroco madrileño.

El término Barroco generalmente se refiere a un estilo artístico, pero también representó un estilo de vida, muy marcado en Madrid debido a su condición de sede de la Corte, de la Monarquía Católica. Una de sus características era la gran exaltación de lo religioso, apreciable en todas las artes, sobre todo la escultura, pero también en la pintura.

Iniciamos nuestra visita por el lado de la Epístola, a la derecha de la nave central. En la segunda capilla se inaugura esta pequeña pero valiosa exposición con un cuadro de Antonio de Pereda, firmado y fechado en 1664, San Francisco de Asís en la Porciúncula, que representa una escena en la que la Virgen y el Niño se aparecen al santo.

Antes de continuar admirando los cuadros cedidos por el Prado, la tercera capilla nos depara una sorpresa. Durante los trabajos de restauración de los muros han aparecido una serie de pinturas al fresco, tras varios siglos ocultas, igualmente de temática religiosa y datadas en el siglo XVII.

En la siguiente, San Jerónimo penitente, de Alonso Cano, que fue Pintor de Cámara, nombrado por el valido de Felipe IV, el Conde Duque de Olivares. Esta obra es posterior, pintada hacia 1660, la última época del singular artista.

La última capilla en este lado derecho acoge La Virgen con el Niño en un trono con ángeles (1661), de Jerónimo Jacinto Espinosa, único artista del grupo que no trabajó en la Corte de los Austrias, sino en Valencia.

Cruzamos al lado del Evangelio, y encontramos otra pintura de Pereda, La Inmaculada Concepción, de 1636.

Después, La Huida a Egipto, pintada hacia 1670 por José Moreno.

En la octava capilla, se ha instalado una pintura de Juan Carreño de Miranda, gran representante del espíritu barroco madrileño, pintor en la Corte de Felipe IV. Ya en época de Carlos II, en 1669 obtuvo el cargo de Pintor del rey, y como tal firma la obra que podemos admirar aquí, Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, de 1674.

Finalmente, en la última capilla a la izquierda de la nave central, la Adoración de los pastores, de Francisco Ricci, el otro gran autor de la Escuela Barroca madrileña de la 2ª mitad del siglo XVII, Pintor del rey con anterioridad a Carreño.

Es un placer y un lujo poder contemplar estos cuadros instalados en este bellísimo templo, bajo la impresionante bóveda gótica, complemento perfecto a la visita al vecino Museo del Prado, donde estos y otros pintores de la Corte barroca exhiben sus obras en varias salas de la primera planta del incomparable edificio Villanueva, alrededor de las dedicadas al gran maestro de nuestro Siglo de Oro, Diego Velázquez.

Por Mercedes Gómez

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Fuentes:

San Jerónimo el Real

El País

Este artículo está dedicado a María Rosa, que tranquilamente viaja por España y por el mundo, pasea por Madrid, y nos lo cuenta todo con mucho encanto.

La historia de la Iglesia de San Manuel y San Benito tiene todos los ingredientes para ser el escenario de una película ambientada en el Madrid de finales del siglo XIX, principios del XX. Su construcción a cargo de un matrimonio de pudientes burgueses, sus objetivos, su privilegiada ubicación cercana al Retiro y la Puerta de Alcalá, su arquitectura y obras de arte… y haber sido testigo de la historia de Madrid durante cien años.

Los protagonistas, Manuel Caviggioli y su esposa Benita Maurici, de origen italiano y humilde, nacieron en Barcelona, él en 1825, ella en 1819. No se sabe muy bien cómo, forjaron una gran fortuna. Afincados en Madrid desde jóvenes, consiguieron entrar en los círculos más aristocráticos.

Don Manuel proyectaba construir un templo panteón que una vez fallecidos guardara sus restos, así como una residencia para una comunidad religiosa que sería la encargada de dirigir una Fundación cuyo fin sería la instrucción gratuita de la clase obrera. Murió en 1901, y fue su viuda, doña Benita, la que finalmente puso en marcha el proyecto.

Las secuencias de la historia nos muestran cómo eran las relaciones de la alta burguesía con la Iglesia en aquellos tiempos y su influencia en la expansión de sus valores y enseñanzas. También describen una forma de beneficencia, de ayuda a las clases más bajas con el fin de facilitar su promoción cultural y social.

Don Manuel y doña Benita emplearon una parte de su dinero en la construcción de la iglesia y de la escuela, encomendadas a los Padres Agustinos. A cambio, en el futuro, deberían recordarles en sus plegarias celebrando misas y honras fúnebres mensuales y en fechas especiales. Junto a las sin duda buenas intenciones y creencias religiosas de la pareja, existía un deseo de perpetuar su memoria y dejar constancia de su poder. Todo ello lo lograron.

El irregular solar, de su propiedad, entre las actuales calles de Alcalá, Lagasca y Columela, frente al Parque del Retiro, era de los pocos que por entonces quedaban por construir en aquel emergente Barrio de Salamanca en el Ensanche de Madrid. El arquitecto elegido fue Fernando Arbós y Tremanti, uno de los más notables en aquellos momentos, quien construyó la iglesia en estilo neobizantino.

La primera piedra de la llamada Iglesia del Salvador -luego de San Manuel y San Benito, en honor a sus impulsores-, y de las Escuelas gratuitas, fue colocada y bendecida en 1903. Doña Benita falleció al año siguiente, por lo que tampoco pudo ver finalizada la obra.

Cumpliendo sus deseos, el 30 de diciembre de 1910 tuvo lugar el traslado de los féretros desde el cementerio de la Almudena hasta el nuevo templo. En esos comienzos del siglo XX, cuando por la empedrada calle de Alcalá circulaban los carros, el 1 de enero de 1911 tuvo lugar la inauguración oficial.

Foto : Lacoste 1927 (memoriademadrid.es)

El exterior fue construido en piedra y mármol blanco, y la espléndida cúpula de cobre rojo. En la esquina entre las calles de Alcalá y Lagasca, donde se encuentran las entradas a la iglesia, fue situada una torre o campanile de planta cuadrada, de más 43 metros de altura.

El edificio de la Fundación, donde se instalaron las Escuelas para los jóvenes obreros, los otros personajes verdaderamente importantes en esta imaginaria película, se situó en la calle Columela. Allí continúa la inscripción “Fundación Caviggioli Maurici. Escuelas para obreros”.

Los requisitos para acudir a la Escuela eran sencillos: los alumnos debían tener entre 14 y 30 años, y saber leer y escribir. Podían escoger las asignaturas a cursar, además de Religión y Moral, se impartía Geografía, Historia, Contabilidad, Dibujo, Escritura, Francés, Inglés, etc. Tras la seguramente dura jornada laboral allí acudían albañiles, electricistas, torneros, sastres, tapiceros…

La Escuela funcionó hasta el comienzo de la guerra en 1936. La iglesia, convento y aulas se convirtieron en salón de baile, almacén, economato, biblioteca pública, y sede del Partido Comunista entre otras cosas.

Después de la guerra hubo varios intentos de reanudar la actividad docente, pero nunca se consiguieron los permisos. Hoy día alberga la sacristía, despachos parroquiales, aulas para actividad cultural y otras estancias.

El conjunto está rodeado por jardincillos y una bonita verja de hierro forjado, que desde el Retiro ofrece una imagen espectacular.

La iglesia de San Manuel y San Benito es de uno esos contados edificios en los cuales cuando entras por primera vez quedas admirado por su belleza. Nuevamente el mármol, blanco de Macael en el ábside semicircular que alberga el Altar Mayor, con adornos de varios colores. Otro de los detalles más singulares y bellos de este templo son los mosaicos que adornan las paredes y techos. Y las esculturas de Ángel García Díaz, que ya visitamos, y que nos siguen maravillando. En el centro del Altar se encuentra la figura de El Salvador que mide dos metros y medio, a los lados San Agustín y San José, todas ellas realizadas en mármol de Carrara.

Suyas son también las imágenes de las dos Capillas laterales, la de la izquierda, dedicada a Santa Rita, y la de la derecha que alberga los sepulcros de los fundadores.

Sobre el cuerpo central, la magnífica cúpula con mosaicos que representan a los evangelistas. A los pies, en el coro alto, uno de los mejores órganos de Madrid. En fin, todos los detalles son de gran riqueza artística.

La iglesia de San Manuel y San Benito, situada en la calle de Alcalá nº 83, ha cumplido cien años, y lo celebra entre otras actividades con una pequeña exposición en la que siete paneles nos resumen todo un siglo de vida.

También han editado un libro “San Manuel y San Benito. Centenario de la Iglesia 1911-2011″, que incluye toda la historia de la institución y detallada descripción del edificio y obras de arte.

Transcurridos cien años, en este soleado mes de octubre de 2011, junto a la viva parroquia circulan los automóviles en lugar de los carruajes de antaño, y su cúpula se refleja en los cristales de los modernos edificios que hoy día conviven con las construcciones centenarias del barrio.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

José Luis Sánchez Fernández nació en Almansa, Albacete, en 1926, aunque llegó a Madrid siendo aún un niño cuando su familia se trasladó a la capital en el año 1936. Aquí estudió –también en Roma, Milán y París-, trabajó y desarrolló su arte. Desde 1987 es Académico de Bellas Artes de San Fernando. Contemporáneo de Eduardo Chillida, próximo a artistas como Pablo Serrano y el Grupo El Paso… fue pionero en trasladar la abstracción a la escultura española. Es uno de nuestros escultores más importantes, cuya obra se encuentra en museos y en calles de ciudades de todo el mundo.

La obra de este escultor ha estado siempre unida a la de los arquitectos. Él mismo cuenta que deseaba estudiar arquitectura, pero su trabajo en un banco durante ocho horas diarias no se lo permitía, y por eso siempre ha intentado trasladar su concepción de la arquitectura a la escultura.

La abstracción y la idea arquitectónica marcan su obra.

Una de sus facetas más notables es su aportación al arte sacro contemporáneo. Participó en la introducción del arte de las vanguardias en las iglesias a partir de mediados del siglo XX, que no siempre gozó de la comprensión de párrocos y fieles.

El arquitecto Rodolfo García-Pablos construyó la primera parroquia tras la guerra civil, la Parroquia de la Paz, en la calle Valderribas 35, barrio de Pacífico.  La iglesia fue construida entre 1953 y 1958, cuidando muchos de sus detalles, por ejemplo las vidrieras fueron realizadas en la Casa Maumejean. En 1959, para la última capilla, en el Baptisterio, José Luis Sánchez realizó un grupo escultórico del Bautismo de Cristo, que fue colocado sobre la pila bautismal. Esta obra, construida en hierro, cemento y chapa de cobre, significó el inicio de la renovación en el uso de los materiales, otra de las aportaciones de este artista a la escultura del siglo XX.

En 1965 tuvo una nueva colaboración con García-Pablos, en la Iglesia de los Sagrados Corazones, en la plaza que luego tomaría este mismo nombre en el distrito de Chamartín, para la cual construyó las Puertas exteriores, cuatro puertas metálicas plateadas, cada una con la inscripción del nombre de los Evangelistas, y otra puerta lateral, con el nombre de San Damián, todas ellas adornadas con varias inscripciones de textos evangélicos.

El interior de esta iglesia resulta espectacular, es muy grande, con mil asientos, sin embargo su ambiente es cálido, gracias sobre todo a las modernas vidrieras de Molezún, con sus tonos rojos y azules que iluminan el recinto y al resto de obras de otros artistas que participaron, como dos espléndidos murales de Vaquero Turcios. En la Capilla dedicada al Santísimo hay un Retablo también obra de Sánchez, de cemento metalizado, de gran expresividad. Contrasta con la obra abstracta una imagen de la Virgen con el Niño, talla del siglo XVI, en un espacio verdaderamente especial.

Dos años después trabajó con otro de los arquitectos más importantes de la época, Miguel Fisac, en la decoración de la Iglesia de Santa Ana y Nuestra Señora de la Esperanza, en la calle Cañada 35, en el barrio de Moratalaz. Se trata de una iglesia muy singular –que visitaremos más adelante, la verdad es que cada una de estas parroquias merecería un artículo-, construida en hormigón armado, inaugurada en 1966. Entre otras obras, Sánchez creó el Cristo crucificado de líneas estilizadas situado en el altar y el Sagrario.

En 1968 trabajó en la Parroquia de San Francisco Javier en el barrio de la Ventilla, donde coincidió con Pablo Serrano y nuevamente con Molezún. El Retablo en hormigón dorado es obra suya. La imagen actual del Cristo tradicional que lo adorna fue incorporada posteriormente.

En cuanto a obra pública, una de sus esculturas características se encuentra en el Paseo de la Castellana nº 162,  antiguo Ministerio de Industria, levantado en 1973 por Antonio Perpiñá. A los pies de los fríos edificios de hormigón sorprende la zona ajardinada de la entrada donde fue instalada una fuente rodeada de olivos. Originalmente existieron dos estanques, en el centro de uno de los cuales se hallaba la escultura de Sánchez, y el jardín estaba abierto. Posteriormente los estanques desaparecieron y el jardín fue rodeado de una verja.

La fuente fue desecada, pero pervive la escultura, realizada en acero inoxidable.

En la plaza de acceso a las Torres de Colón se encuentra la escultura Herón –nombre de la empresa entonces ubicada en las torres-, similar juego de volúmenes, en este caso realizados en bronce y colocados sobre un pedestal de piedra. La obra fue encargada por el autor del edificio, el arquitecto Antonio Lamela. Junto a la firma figura la fecha de creación, 1975.

Algunos autores han visto en las esculturas de José Luis Sánchez un precursor de las formas arquitectónicas desarrolladas años después por Frank O. Gerhy.

Su obra también se encuentra en numerosos edificios privados o empresas.

Una de sus obras más recientes es la Puerta de la Fundación Albéniz en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en el Madrid más antiguo, frente a la Plaza de Oriente. Realizada en 2007 en acero cortén y acero inoxidable. El edificio, obra de Miguel Oriol, fue inaugurado en septiembre de 2008.

Texto y fotografías por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Silvia Blanco. El misterio entre pliegues y hendiduras. Entrevista con el escultor José Luis Sánchez. Boletín Académico. Revista de investigación y arquitectura contemporánea. Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Universidade da Coruña. Número 1 (2011) .

El Distrito de Chamberí está formado por los barrios de Gaztambide, Arapiles, Trafalgar, Almagro, Ríos Rosas y Vallehermoso.

El barrio de Almagro, situado entre la calle de Santa Engracia y el paseo de la Castellana actualmente acoge a las clases altas madrileñas, aunque también a numerosos organismos públicos o embajadas que han elegido algunos de los numerosos palacetes de la zona para instalarse. Pero a comienzos del siglo XIX, este barrio era en una gran parte propiedad de las Órdenes Religiosas.

Por entonces esta zona del Ensanche, al norte de Madrid, atrajo a la Iglesia, debido entre otras cosas a la cantidad de suelo disponible. Su presencia fue disminuyendo durante la primera mitad del siglo debido sobre todo a las leyes de desamortización de Mendizábal, aunque después de la restauración de la monarquía en el año 1874, la iglesia volvió a ser la gran propietaria del barrio, no solo en forma de conventos sino también de asilos o colegios, algunos de los cuales aún perviven.

Hoy os invito a conocer cuatro de estos edificios, de marcado carácter historicista, situados entre la calle de Almagro y Santa Engracia en su primer tramo.

Comenzamos por el antiguo Asilo de las Hermanitas de los Pobres, con entrada por la calle Almagro nº 9.

De estilo neomudéjar, fue construido por Antonio Ruiz de Salces en 1875, ampliado en una planta en 1927 y rehabilitado en 1983. Hoy convertido en Residencia privada, es un monumento BIC desde 1996. La Capilla es de influencia gótica.

Todo el conjunto se ordena alrededor de un jardín con arquerías.

Allí sigue el pozo de piedra que en otro tiempo debió proporcionar el agua tan necesaria.

El Patronato de Enfermos, asociación fundada a principios del siglo XX para socorrer a enfermos pobres, encargó la creación de este hospital a Luis Ferrero, la cual comenzó en 1921. En el número 11 de Santa Engracia, llama la atención su construcción mezcla de ladrillo y piedra, y su decoración con azulejos, firmados por José Navarro, de cerámica valenciana.


El Convento e Iglesia de San José de la Montaña, en la calle Fernández de la Hoz, esquina Españoleto, de finales del siglo XIX:


 

Para terminar, por hoy, entramos en el Monasterio de la Visitación o Salesas Reales.

La Iglesia y Convento de las Salesas de Nuestra Señora de la Visitación, conjunto proyectado en 1880 por el arquitecto Francisco de Cubas, Marqués de Cubas, se encuentra en la calle de Santa Engracia nº 18.

La bella construcción ocupa toda la manzana, entre las calles de Caracas, Fernández de la Hoz, Zurbarán y la propia Santa Engracia, y fue declarada Bien de Interés Cultural en 1977.

Este monasterio constituye una de las mayores edificaciones religiosas de Chamberí, y fue levantado en sustitución del primer edificio incautado en 1870 por el Estado para Palacio de Justicia, actual Tribunal Supremo. Finalizado en 1881, la planta del conjunto es casi cuadrada.

La iglesia, de estilo neogótico, se alza orgullosa al inicio de la calle, con su única torre.

Su planta es de cruz latina con capillas laterales, sobre las cuales se hallan las tribunas.

Antes de trasladarse aquí, tras la exclaustración, mientras se construía el nuevo convento, las religiosas se establecieron durante unos años en el Monasterio de las Salesas Nuevas en la calle San Bernardo 72, hasta que pudieron trasladarse a su nuevo edificio de Santa Engracia, en el que continúan.

por Mercedes Gómez


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Bibliografía:

COAM. “Arquitectura de Madrid”, Madrid 2003.

JIMÉNEZ BLASCO, B.C. “La ocupación del suelo por parte de las órdenes religiosas en el sector oriental de Chamberí” . Anales de Geografía de la Universidad Complutense, Madrid 2002.

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