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A propósito de la Chimenea de Torre Arias, en el verano de 2011 recordábamos lo que significaron en la historia de Madrid esos terrenos situados en el antiguo Camino de Alcalá. Contamos que una vez establecida la capitalidad en Madrid en 1561 la nobleza se fue instalando en la villa, y pronto comenzaron a construir sus quintas de recreo en las afueras. Una de las zonas elegidas fue la que se encontraba en los alrededores del pueblo de Canillejas –anexionado a Madrid en 1949-.

En los comienzos del siglo XX el antiguo Camino, hoy calle de Alcalá, tras cruzar el Arroyo Abroñigal, recibía el nombre de Carretera de Aragón. Por entonces aún existían numerosas villas y quintas, como la de los Ángeles, la de Lourdes, la de Salazar… y la gran Quinta de Canillejas, actualmente llamada Quinta de Torre Arias.

Su historia es larga, su origen se remonta a los últimos años del siglo XVI. Sucesivos propietarios y obras de rehabilitación la fueron configurando. La última reforma fue realizada hacia 1850, recién adquirida por el X marqués de Bedmar, que le dio el aspecto que más o menos ha llegado hasta nuestros días.

Restitución de la planta del conjunto hacia 1860. M. Lasso de la Vega, 1999

Restitución de la planta del conjunto hacia 1860. Miguel Lasso de la Vega, 1999

Desaparecidas prácticamente todas las quintas de recreo, o muy transformadas, como las de Vista Alegre y Campo Alange en Carabanchel, la de Torre Arias ha subsistido casi en toda su extensión (más de 16 hectáreas) y hasta hace poco ha mantenido el uso residencial gracias a su última dueña, doña Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y Seebacher VIII Condesa de Torre Arias con Grandeza de España, XI Marquesa de Santa Marta y Marquesa de la Torre de Esteban Hambrán.

Tatiana nació en San Sebastián el 26 de octubre de 1923, ciudad en la que sus padres pasaban una parte del año. Pero residió toda su vida en Madrid y dicen que se consideraba muy madrileña. Nacida en el seno de una familia de las de más rancio abolengo de España, creció en un ambiente propio de la nobleza de pasado más ilustre. Su madre, nacida en Alemania, organizó su educación, que tenía lugar en su casa. Aprendió francés, inglés y alemán, sin embargo, cuentan, no le gustaba salir de casa y, incluso ya mayor, continuaba aprendiendo de sus libros y revistas.

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Foto: Fundación T.P. de Guzmán el Bueno

En 1949 se casó con el Físico Julio Peláez Avendaño, quien le transmitió el amor a la ciencia y a la investigación. No tuvieron hijos.

Tras la muerte de su madre Ana Juliana Seebacher y Muller en 1953, se instaló con su marido en la Quinta y allí ambos vivieron toda su vida. A la muerte de su padre, Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno y Salabert en 1977, heredó los títulos y el patrimonio familiar.

En 1985, en tiempos del Alcalde Enrique Tierno Galván, a raíz de la recalificación urbanística de algunos terrenos de su propiedad que les permitieron una serie de actuaciones, llegaron a un acuerdo con el Ayuntamiento. A cambio de las ventajas obtenidas los condes cedieron a la ciudad la propiedad de la Quinta, con la condición de que ambos continuarían allí viviendo hasta su muerte. Su voluntad fue que, después, pudiera abrirse para disfrute de todos los madrileños.

Su marido murió en 2003; ella continuó su vida discreta dedicada a su amor a la naturaleza, las plantas y su interés por la ciencia.

El 9 de abril de 2012 creó una Fundación, de la que fue la primera presidenta, con la misión de gestionar su patrimonio con una finalidad de servicio a la sociedad, mediante el desarrollo de acciones concretas en los campos de la formación de la juventud, la investigación científica y el medio ambiente.

Hasta poco antes de morir doña Tatiana vivió en la Quinta, y aún visitaba los invernaderos para cuidar sus plantas como había hecho desde muy joven.

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Foto: El Confidencial 1 junio 2013

La condesa falleció el 1 de octubre de 2012, faltando pocos días para cumplir 89 años.

Hasta entonces doña Tatiana había sido una gran desconocida. En ese momento las noticias acerca de la gran herencia que dejaba (al parecer más de 500 millones de euros, y otras propiedades), la dieron a conocer y pusieron de manifiesto que fue una persona inquieta, llena de intereses y con las ideas muy claras, una mujer admirable, que a su vez admiraba a las mujeres que destacaban en la ciencia. Y generosa.

Tras la muerte de la condesa el Ayuntamiento de Madrid, la ciudad de Madrid, heredó la Quinta, que debía convertirse en parque público y sede de servicios para los madrileños.

Desde los comienzos de este mes de octubre se están realizando una serie de visitas guiadas, por una zona del recinto, a una de las cuales he tenido el placer de poder asistir. Se aprecia que los campos y construcciones necesitan un gran trabajo de limpieza, cuidado y restauración, que ya ha comenzado. Pero el lugar es una maravilla.

arbolado

La visita es muy interesante y los rincones bonitos poco a poco van apareciendo antes nuestros ojos.

caseta guarda

Cerca de la entrada, donde se encuentra la caseta del guarda, hay dos invernaderos (los que visitaba doña Tatiana para cuidar sus flores) que van a ser restaurados y recuperados.

invernadero hierro

Lógicamente, el agua era muy importante para el mantenimiento de los campos, arbolado y jardines. Los terrenos, como se puede ver en el plano en el comienzo de esta entrada, estaban atravesados de oeste a este por el Arroyo de la Quinta.

arroyo

Se conservan dos de los puentes que lo cruzaban sobre su cauce hoy seco, que aún muestra vestigios de una antigua canalización de ladrillo en los laterales.

puente

Además, dos Viajes de Agua discurrían por su subsuelo, el de Minaya y el de la Isabela.

Caminando llegamos a otra casita, en muy mal estado por lo que no podemos entrar, pero importante pues en su interior aún guarda el Pozo.

casa del pozo

Muy cerca, una gran Alberca junto a la cual estaba el Lavadero.

alberca

Son muchos los detalles que llaman nuestra atención. El hierro juega un papel destacado; fue utilizado en elementos como bancos, farolas, pararrayos… además de la utilidad se buscaba la belleza.

farola

En la casa-palacio, igual que en otras construcciones de la quinta, el principal material utilizado es el ladrillo.

palacio1

El edificio construido en estilo ecléctico destaca por su torreón y otros detalles medievalistas así como elementos neomudéjares.

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Uno de los árboles singulares es un cedro espectacular, situado frente al palacio.

cedro frente a palacio

Bajo sus ramas, frente a la entrada principal, hay una fuente en muy mal estado, que ojalá sea recuperada.

fuente

Las dudas y la polémica surgen en cuanto al futuro uso del Palacio.

El Ayuntamiento ha aprobado un Plan Especial de Protección y Ordenación para la finca “Torre Arias”, sita en calle Alcalá, número 551, Distrito de San Blas-Canillejas, publicado en el Boletín de la Comunidad de Madrid el 22 de agosto de 2014. En él se detallan los niveles de protección de los elementos en grado singular Nivel 1 (el palacio, las caballerizas y la casa del guarda), los elementos singulares según niveles de protección. Histórico-artística (puente principal sobre el arroyo de la Quinta, estanque…); histórica (invernadero, alberca…); y referencial. Así como algunos de los árboles calificados como singulares.

Antiguas caballerizas

Antiguas caballerizas

Algunas construcciones no han sido catalogadas y serán derribadas. Según nos cuentan durante la visita solo se van a derribar elementos cuyo estado de ruina hace muy difícil su rehabilitación, pero estos casos no pudimos verlos.

Los últimos meses han aparecido en la prensa noticias según las cuales el palacio podría destinarse a campus de una universidad privada, la Universidad de Navarra, interesada en el edificio. La realidad es que aún se desconoce el uso futuro del palacio.

La condesa deseaba que tras su fallecimiento su dinero y sus posesiones continuaran fomentando sus grandes aficiones: el estudio y cuidado de la naturaleza, la investigación científica, con especial atención a la labor de las mujeres, y la ayuda a los jóvenes, favoreciendo su formación. Para ello creó la Fundación. En cuanto a la Quinta, la legó a la ciudad de Madrid.

E imaginamos que querría que continuara siendo un conjunto unitario, como lo ha sido a lo largo de más de cuatro siglos. Y eso esperamos.

Por : Mercedes Gómez

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Fuentes y bibliografía:

Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno.
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
Miguel Lasso de la Vega. Quintas de recreo y casas de campo aristocráticas alrededor de Madrid. Tomo I. Ayuntamiento de Madrid, 2006.
Alberto Tellería. Informe Torre Arias. Madrid Ciudadanía y Patrimonio, julio 2014.

 

El Palacio de Liria es un gran edificio exento, situado en la calle de la Princesa 20, calle de las Negras 1 y calle Mártires de Alcalá 2, rodeado por un frondoso jardín. El primer proyecto realizado en 1762 fue obra del arquitecto francés Guilbert para don Jacobo Fitz-James Stuart, III duque de Berwick y Liria (1718-1785). En 1771 se hizo cargo Ventura Rodríguez.

Como podemos leer en la lápida situada a la entrada principal en la calle de la Princesa, el palacio es una joya arquitectónica del siglo XVIII, destruido durante la guerra civil, que fue reconstruido por don Jacobo Estuart y Falcó duque de Berwik y de Alba, en 1953. Los arquitectos fueron Edwin Lutyens y Manuel de Cabanyes.

En 1974 fue declarado Bien de Interés Cultural.

liria fachada2

El Palacio de Liria es uno de nuestros edificios más notables, así como la extraordinaria colección de arte que alberga, sin duda ambos merecen ser conocidos. Pero no debemos olvidar sus bellísimos jardines, los jardines históricos privados más grandes de Madrid, creados sobre antiguos huertos y tierras muy fértiles regadas por un arroyo.

En el siglo XVII estos terrenos donde luego se levantaría el palacio estaban situados en el extremo noroeste de la Villa, en los límites de la Cerca junto a la Puerta de San Joaquín; de la Puerta partía el Camino de San Bernardino (antes de las Cruces, hoy calle Princesa). La Cerca a su vez estaba rodeada por campo y sembrados. Por ellos fluía el arroyo de las Minillas que bajaba hacia el sur hasta desembocar en el arroyo de Leganitos.

Cuando el III duque de Berwick adquirió esos terrenos eran la casa nº 1 de la manzana 548. La casa nº 2 era el Real Seminario de Niños Nobles. Toda la manzana (casas 1, 2 y 3) había pertenecido a doña Paulina de Chaves.

Una de las muchas solicitudes de exención de cumplir la obligación de Aposento que ocurrieron durante el reinado de Felipe IV, fue la de doña Paulina.

El 30 de enero de 1623 se oyó en la Cámara la petición de Dª Mª Paulina de Chaves, esposa del licenciado D. Juan de Chaves y Mendoza, de la Cámara y Consejo de su Majestad, quien pidió exención de huésped de aposento para poder labrar una huerta y sitios que compró camino de San Bernardino, por bienes del Conde de Nieva… (en el plano de Antonio Mancelli, de esta época, está representada la “Huerta del conde de Nieva”)…

Plano de Mancelli, 1623 (detalle)

Plano de Mancelli, 1623.

…La Cámara está de acuerdo con la petición y así se lo hace saber al Monarca quien dice: “Désele la exención que pide para lo que está labrado y se fabricare en la huerta y en los suelos que están pegado a ella y tienen 360 pies de delantera y 246 por el lado de la huerta.”

Plano de Texeira, 1656 (detalle)

Plano de Texeira, 1656.

Así, todas estas tierras, futura manzana 548, quedaron libres de carga de aposento o tributo, a cambio de construir y mejorar los sitios y huerta.

Nicolás Chalmandrier dibujó en su plano (1761) junto a la Puerta y al Seminario de Nobles, con el nº 193 unos Jardines particulares.

Plano de Chalmandrier, 1761.

Plano de Chalmandrier, 1761.

Aparece representada la Plaza del Duque de Werwick, desaparecida; el solar hoy corresponde al jardín frente a la fachada principal del palacio.

En el plano de Espinosa de 1769 entre los cuarteles simétricos del jardín ya se dibuja una fuente.

Plano de Espinosa, 1769.

Plano de Espinosa, 1769.

No se sabe quién fue el autor del diseño original de los jardines del palacio pero es muy posible que fuera obra del propio Ventura Rodríguez.

El tiempo y los cambios en las modas y estilos fueron modificándolo. En el siglo XVIII debió reflejar el gusto por el jardín francés en el que predominaba la geometría. La llegada del siglo XIX trajo el estilo romántico de los paisajistas ingleses, con sus caminos curvos y vegetación y arbolado más libre y natural. Los planos ilustran estos cambios y muestran cómo pudo ser el jardín a lo largo del tiempo.

Plano de Ibáñez de Íbero, 1875.

Plano de Ibáñez de Íbero, 1875.

Tras sucesivas reformas, el jardín había ido perdiendo su trazado original. En 1916 el XVII duque de Alba encargó al jardinero Forestier la reforma de la parte posterior para que recuperara el estilo primitivo, de acuerdo con el edificio dieciochesco. Es el jardín, al estilo francés, que podemos ver en la actualidad desde los balcones que miran al norte.

jardin posterior

En el centro se ubica una sencilla fuente quizá diseñada por el propio Ventura Rodríguez a finales del siglo XVIII.

fuente

El jardín frente a la fachada principal conserva el estilo romántico. Espléndidos árboles de distintas especies lo adornan. Hay un granado…

liria granado

… mimosas, tejos, un castaño…

liria arboles

El Palacio de Liria se puede visitar los viernes previa petición. No olvidemos que es una residencia privada; la lista de espera es tan larga que debemos aguardar muchos meses hasta que llega nuestro turno. Pero merece la pena. En la web de la Fundación Casa de Alba podéis ver los detalles.

Yo ¡por fin! he podido conocerlo, gracias a mi estimado amigo Carlos R. Zapata (que siempre anda por ahí descubriendo lugares para luego contárnoslo en su blog), que me incluyó en su solicitud de visita.

Gracias, Carlos, este artículo está dedicado a ti.

Por : Mercedes Gómez

 

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Bibliografía:

Vicente Carredano. Los Jardines del Palacio de Liria. En: Revista Villa de Madrid, nº 5. Madrid 1959.
Pedro Navascués. Casas y jardines nobles de Madrid. En: “Jardines clásicos madrileños”. Museo Municipal, Madrid 1981.
José del Corral. Las composiciones de aposento y las casas a la malicia. IEM 1982.
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
Mónica Luengo. “Jardín”, capítulo 3 El Palacio de Liria. Ed. Atalanta 2012.

 

Jardines del Barrio de Salamanca (II)

Retomamos nuestro recorrido por los Jardines del Barrio de Salamanca, que iniciamos hace tiempo en la Plaza de la Independencia, con un paseo en busca de los jardines en patios de manzana o de vivienda, algunos de los cuales están considerados Jardines de Interés Histórico. La búsqueda no es fácil porque en la mayoría de los casos se trata de propiedades privadas y lógicamente no se puede acceder, pero esperamos que la caminata resulte bonita y fructífera.

Recordemos que cuando en 1860 se proyectó el nuevo barrio de Salamanca, dentro del Plan de Ensanche de Madrid realizado por Carlos Mª de Castro, uno de los elementos previstos en la construcción de los edificios de viviendas fue el del Patio de Manzana, con funciones de jardín interior, con fines higiénicos y también estéticos y de disfrute.

Dentro del Plan se contemplaba la demolición de la Cerca que rodeaba Madrid desde que en 1625 el rey Felipe IV mandó levantarla. En 1866, aún faltaban dos años para su derribo, ya se había explanado el perímetro del proyecto de Ensanche, así está representado en el plano de esa fecha. En esos momentos solo se habían construido las primeras manzanas de Serrano, y poco más. Aún existía la plaza de toros junto a la Puerta de Alcalá y los jardines de los Campos Elíseos frente al Retiro.

Plano de Madrid, 1866 (detalle)

Plano de Madrid, 1866 (detalle)

Desde la Puerta de Alcalá la Cerca discurría por la actual calle de Serrano para bajar por lo que luego sería la calle de Jorge Juan hasta la zona que hoy conocemos como plaza de Colón.

Puerta de Alcalá en la plaza de la Independencia (2014)

Puerta de Alcalá en la plaza de la Independencia (2014)

Su derribo en 1868 facilitó por fin la construcción del Ensanche, que incluía el futuro barrio de Salamanca, que comenzó precisamente por esta calle de Serrano, entonces Paseo de Ronda.

Debido a los intereses económicos y problemas diversos que alteraron los planes iniciales, la realidad fue que en la mayor parte de manzanas no llegaron a crearse los patios, y apenas se conservan algunos. Otros fueron ocupados por otro tipo de construcciones, recordemos la antigua Platería Espuñes en la calle de Castelló.

Caminando por Serrano, dejamos atrás la calle de Villanueva donde se encuentra el único palacete obra de Cristóbal Lecumberri que ha sobrevivido a la piqueta de los diez construidos por el Marqués de Salamanca a finales del siglo XIX en la zona cercana a la Puerta de Alcalá, que conserva su espléndido jardín.

Lecumberri fue también el autor del segundo proyecto de las primeras manzanas de viviendas levantadas en el naciente barrio, entre 1864 y 1872, en la calle de Serrano nº 16 a 102, Lagasca 32-42 y Claudio Coello 14-28. Las obras fueron llevadas a cabo por Elías Rogent y el maestro de obras Luis Ruiz Álvarez. Eran las manzanas 208 a la 216.

Barrio de Salamanca 1875 (Imagen: COAM)

Barrio de Salamanca, proyecto 1875 (Imagen: Guía COAM)

Solo las dos primeras, 208 y 209, entre Villanueva y Goya conservan la idea original de gran patio de manzana ajardinado.

Calle Serrano esquina Goya

Calle Serrano esquina Goya

El de la manzana 209, entre Serrano, Goya, Claudio Coello y Jorge Juan, se puede ver tras una puerta de cristal desde una de las cafeterías del centro comercial El Jardín de Serrano, de revelador nombre. Son más de dos mil metros cuadrados de vegetación exuberante y bien cuidada. Castaños, alguna palmera, laurel, el árbol del amor…

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… y, por supuesto, no podía faltar la fuentecita de piedra en el centro. Estos patios fueron públicos hasta el año 1885 en que fueron privatizados.

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Continuamos caminando por la calle Serrano hacia la de Hermosilla, contemplando magníficos edificios.

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Calle Hermosilla 26

En el nº 26 encontramos un jardín encantador, un pequeño patio hoy ocupado por bonitas tiendas que en el pasado perteneció al patio de la manzana.

hermosilla26 patio

Plátanos de sombra, hiedra y boj adornan el lugar.

hermosilla26 entrada

Seguimos por Hermosilla y al llegar a la calle de Castelló, casi en la esquina, en el nº 43, se encuentra el Palacete de don Luis Redonet López-Dóriga construido en 1910 por Joaquín Saldaña. En el interior de la manzana se encuentra el bello jardín trasero de esta vivienda palaciega. Pude contemplarlo, gracias a su amable propietaria, pero no hacer fotografías. Se trata de un jardín muy bello, situado hoy día entre las medianerías de las viviendas colindantes, con árboles centenarios, parterres curvos rodeados de setos, muros de cerámica y una bonita fuente con la figura de niño realizada en hierro fundido, que ya no funciona. Igual que los patios de las manzanas en la calle Serrano, goza del máximo Nivel 1 de protección.

Calle Castelló 43

Calle Castelló 43

Finalmente, aunque no forma parte del Catálogo de espacios protegidos, en la calle de Padilla, entre los números 1 y 3 descubrimos un pequeño jardín, una delicia entre dos edificios pertenecientes a una de las últimas manzanas proyectadas por Lecumberri, la 215, entre Serrano, Padilla, Claudio Coello y Juan Bravo.

Calle Padilla 1-3

Calle Padilla 1-3

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El acogedor jardincillo hoy sirve de acceso a una galería de arte y a un restaurante.

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Por : Mercedes Gómez

Fuentes:

COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.

Ayuntamiento de Madrid

 

Esta mañana algunos vecinos del barrio de la Fuente del Berro hemos acudido a la fiesta que se había organizado como despedida a los jardineros que se han encargado del cuidado del parque hasta ahora, una fiesta que también pretendía ser una reivindicación para la conservación de nuestros Jardines Históricos.

El parque de la Quinta de la Fuente del Berro ha sido elegido, como símbolo, para despedir y homenajear a los jardineros que el próximo jueves se incorporarán a sus nuevos destinos dejando su puesto a los empleados de las empresas privadas que han ganado los concursos convocados por el Ayuntamiento de Madrid.

Ha sido bonito, aunque daba un poco de pena, quizá recordéis mi visita al parque reviviendo la historia de los Jardineros municipales, el pasado mes de octubre; acababan de publicar la noticia de que el cuidado de muchos parques, incluido el de la Quinta de la Fuente del Berro, iba a ser privatizado.

Hoy el Jardín te daba la bienvenida con guirnaldas de papel de colores, los organizadores ofrecían un folleto explicativo y una pequeña planta a los asistentes, los niños se lo pasaban bien… pero el día había amanecido gris, un poco triste, como el ánimo.

Fiesta2

fiesta niños

Todo esto parece un contrasentido. Que el Ayuntamiento entregue la responsabilidad sobre nuestros bellos parques a una empresa cuyo objetivo, lógicamente, será el beneficio económico, y no el mero y obligado cuidado de un Bien de Interés Cultural, histórico y artístico, no puede traer nada bueno.

Fiesta plantitas

En fin, hoy solo quería que acompañáramos a nuestros jardineros en su despedida. Y desearles suerte a ellos, y a nuestros jardines.

Mercedes

“… Y este alma invisible de la ciudad tiene su mejor y más auténtica representación en sus jardines, que se han ido formando lenta y trabajosamente a través de su historia.”

(Carmen Añón, en Catálogo Exposición Jardines Clásicos madrileños,
Museo Municipal. Madrid 1981)

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Poco a poco el otoño está llegando a la ciudad, sobre todo ya se nota su presencia en los jardines, como el de la Quinta de la Fuente del Berro. Es un placer recorrer sus caminos, ver la ría y escuchar el sonido de la pequeña cascada, contemplar los árboles y las plantas bien cuidadas…

Quinta de la Fuente del Berro

Quinta de la Fuente del Berro

Paseando y observando, el sábado recordé la noticia publicada el pasado mes de septiembre: el cuidado de muchos parques, incluidos los Jardines históricos, va a ser privatizado.

toma de agua

Como se puede leer en la propia web municipal, se ha convocado un concurso que afecta a los parques históricos y de especial protección, a los parques singulares, y finalmente a los parques forestales y viveros. A partir de noviembre, y al menos durante los próximos ocho años, la mayor parte de nuestros espacios verdes va ser gestionada y cuidada por empresas privadas.

En Madrid disfrutamos de bellísimos jardines, valiosos tesoros. Fue en el siglo XIX cuando surgió la jardinería urbana como tal y las zonas verdes públicas, a cargo del Ayuntamiento. Hasta entonces se habían limitado a algunas zonas escasas y siempre por iniciativa de la Corona. El incremento de la población propició la expansión de la ciudad y creó la necesidad de espacios verdes; entre otros surgieron las bellas plazas ajardinadas, hoy casi todas desaparecidas, sustituidas por el duro granito.

En 1819 se nombró al jardinero mayor y catedrático de Agricultura del Real Museo de Ciencias Naturales Antonio Sandalio, Director de Paseos y Arbolado de Madrid. Hasta 1869 ocupado por varios profesionales, el cargo pasó a llamarse Director General de Jardines y Plantaciones. Así llegamos al siglo XX con la existencia de jardines, parques y viveros cuidados por los jardineros formados en el Ayuntamiento, a las órdenes de algunos de nuestros jardineros mayores más conocidos.

Celedonio Rodrigáñez y Vallejo (1860-1913), nada más obtener su título de ingeniero agrónomo a los 21 años, ingresó en los servicios del Ayuntamiento de Madrid. En 1885 fue nombrado Director de Parques y Jardines, desde cuyo puesto creó el Parque del Oeste. A Rodrigáñez le sucedió Cecilio Rodríguez, su ayudante y jardinero mayor.

Cecilio, en 1873 cuando tenía solo 8 años de edad, se convirtió en aprendiz de jardinero en el Ayuntamiento de Madrid. Eran otros tiempos. Desde entonces, su vida estuvo enteramente ligada a los jardines, al Retiro, y sobre todo a Madrid. En 1914 fue nombrado Jardinero Mayor del Retiro y poco después (1918) fue Director de Parques y Jardines. Al poco tiempo se le encomendó la creación de la Rosaleda y se le concedió la Gran Cruz del Mérito Agrícola. Su sucesor fue el arquitecto Miguel Herrero Palacios a quien hoy están dedicados los jardines ubicados en los terrenos de la antigua Casa de Fieras.

Junto a ellos trabajando a lo largo del siglo XX ha habido numerosos jardineros, la mayoría desconocidos, pero muy importantes, jardineros municipales que trabajaban a las órdenes de un jardinero mayor, capataces, oficiales… que durante dos siglos han desempeñado su oficio realizando una labor extraordinaria.

Actualmente las Zonas Verdes y Arbolado urbano son una Subdirección General dependiente del Área de Gobierno de Medio Ambiente y Movilidad. El Concejal al mando es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración.

Pensando en todo esto, caminando por el parque, veo que está muy limpio, muy cuidado, solo algún banco está pintarrajeado por lo que parece una plaga, los grafiteros que ensucian toda la ciudad. Es fin de semana, encontramos algunas personas paseando, otras sentadas en los bancos, algún chico corriendo, niños jugando…  a pesar de que ha llovido un poco a primera hora.

paseo

Da gusto ver cómo aún hay flores en algunos macizos junto a los árboles que ya empiezan a perder sus hojas y los colores amarillos, marrones y rojizos van tiñendo el jardín.

flores y arboles

Algunos tienen una majestuosidad apabullante. Pienso de pronto que como los veo con cierta frecuencia no les doy la importancia que merecen; son impresionantes, y lo son gracias al cuidado de los jardineros que los cuidan y atienden con esmero. El pobre madroño, en otro tiempo muy frondoso, supongo que ha debido ser podado para evitar males mayores, no lo se. Aún así, como cada otoño, empieza a dar sus frutos junto al grupo escultórico dedicado a Bécquer que fue vecino del barrio.

arboles

El Parque de la Fuente del Berro es solo uno de los 189 registrados en la web del Ayuntamiento de Madrid. La plantilla de jardineros municipales se encarga de su cuidado, ¿qué ocurrirá a partir de ahora?.

Por: Mercedes Gómez

En el siglo XVIII la línea del cielo de Madrid estaba dibujada por las numerosas cúpulas de iglesias y conventos que se habían ido estableciendo en la Villa tras la llegada de la Corte en el XVI. En la preciosa Vista de la Villa y Corte desde el Camino de Alcalá conservada en la Biblioteca Nacional se contempla cómo era la ciudad en 1780 y su perfil de sur a norte, desde la Puerta de Atocha a la de Recoletos.

D. de Aguirre (1780) (BNE)

D. de Aguirre (1780) (BNE)

A pesar de que muchas instituciones religiosas fueron desapareciendo debido a la desamortización y a los cambios urbanísticos, algunas se mantienen y guardan sus patios y jardines aunque no se pueden visitar al tratarse de conventos de clausura. Santa Isabel, las Descalzas, la Encarnación… Entre los desaparecidos hay dos casos singulares en los que se ha conservado el jardín o al menos su espacio ajardinado, recuerdo del pasado. Uno es el Huerto de las Monjas que ya hemos visitado, ubicado en el lugar donde estuvo el Convento del Sacramento.

El otro son los Jardines de la Plaza de la Villa de París en terrenos del antiguo Monasterio Real de la Visitación de Nuestra Señora, más conocido como las Salesas Reales, fundado en 1748 por la reina Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI. La plaza fue construida sobre el antiguo Jardín Real o Jardín de la Reina.

Como se aprecia en los planos, fue el convento que alcanzó una mayor superficie. Ocupó el sitio nº 1 de la manzana 280 junto a la Puerta de Recoletos (ubicada a la altura de la actual plaza de Colón), entre la Ronda de la Cerca (hoy calle Génova) al norte, el paseo de Recoletos al este, al sur la calle de San Joseph (actual Bárbara de Braganza).

A.Montes. Vista de la Puerta de Recoletos (1768) y tapia del Convento de las Salesas. (BNE)

A.Montes. Vista exterior de la Puerta de Recoletos (1768) y tapia del Convento de las Salesas. (BNE)

El proyecto original, obra de François Carlier (1750), hijo del escultor y jardinero René Carlier, fue realizado por Francisco Moradillo. El Monasterio de las Salesas fue inaugurado en 1757. Un año antes el propio Moradillo había construido la cercana nueva Puerta de Recoletos, seguramente según proyecto de Carlier.

El conjunto estaba formado por el edificio del monasterio, la iglesia y los jardines. De los más de 750.000 pies cuadrados que ocupaba, 600.000 eran espacios verdes: un huerto, la huerta del convento, el jardín de secano, una pradera y el Jardín de la Reina, además de los dos claustros.

Plano de Chalmandrier (1761)

Plano de Chalmandrier (1761)

Frente al Cuarto Real o habitaciones de Bárbara de Braganza se situó el Jardín de la Reina, creado al estilo francés, de trazado geométrico y formado por parterres adornados por bordados y dibujos con setos separados por caminos de grava o de piedra. En la zona más próxima a la fachada había una fuente, en el centro del paseo que dividía el jardín.

Al este del Convento y del Jardín estaba el Huerto de árboles frutales que se extendía desde la calle San Joseph –hoy Bárbara de Braganza– hasta la Cerca –actual calle Génova– y la Huerta dedicada al cultivo de vegetales. En esta zona había dos ermitas y otras construcciones como la casita del jardinero, varios estanques, una pradera y arboledas junto a la tapia que servían de adorno y facilitaban la intimidad. Los grandes desniveles del terreno se salvaban mediante escalinatas de piedra.

El Jardín de Secano estaba ubicado al norte de la plaza de las Salesas. En el Claustro mayor había cuatro parterres con una fuente de mármol en el centro. Allí estuvo también la estatua de Fernando VI que había sido realizada por Olivieri para la Fuente del Rey de Aranjuez donde fue instalada en 1752. Al patio conventual fue trasladada nueve años después, reinando Carlos III.

El lugar debía ser bellísimo. Los jardines estaban adornados con templetes, pérgolas, placitas, bosquecillos, fuentes, estanques y norias. El agua tan necesaria para poder mantener tan gran extensión de terreno además del convento y las estancias reales, era suministrada por dos Viajes de Agua, el de la Fuente Castellana en su zona norte, y el del Bajo Abroñigal en su zona sur.

Al parecer uno de los motivos para la construcción de las Salesas por parte de Bárbara de Braganza fue la de poder disponer de un lugar de retiro en caso de que el rey falleciera y así quedar protegida frente a Isabel de Farnesio, la Reina Madre. La realidad fue que ella murió antes, en 1758, solo un año después de inaugurado el Convento, a los 47 años. Al año siguiente, a los 45 murió el rey Fernando VI. Ambos fueron enterrados en su fundación sin apenas haber podido disfrutarla.

Barrio de las Salesas en el Plano de

Barrio de las Salesas. Plano F. Mtnez.de la Torre y J.Asensio (h.1800)

Las monjas pertenecientes a la orden de San Francisco de Sales continuaron dedicadas a la educación de niñas nobles, que fue el otro motivo para la creación del convento. En 1870 se produjo su exclaustración y la conversión del edificio en Palacio de Justicia. Las religiosas se establecieron durante unos años en el Monasterio de las Salesas Nuevas en la calle San Bernardo 72, hasta que pudieron trasladarse a su nuevo Convento en la calle de Santa Engracia, en el Barrio de Almagro, donde continúan.

Por otra parte, en los años siguientes tuvo lugar un gran cambio urbanístico en toda la zona. Se abrieron las calles del General Castaños sobre el Jardín de Secano, y del Marqués de la Ensenada sobre el Huerto; la de Orellana se prolongó. Después, el Jardín de la Reina desapareció, y con él sus ermitas, fuentes, norias y estanques.

En 1884 se abrieron los Jardines de la Plaza –en aquellos momentos aún llamada Plaza del Palacio de Justicia–, instalándose la estatua de Fernando VI procedente del claustro. Entonces, con el fin de que su amada esposa Bárbara de Braganza le acompañara una vez más, se decidió la creación de otra estatua a ella dedicada, que realizó Mariano Benlliure.

La fuente del Patio fue trasladada al interior del edificio, siendo la actual una copia.

Antiguo Claustro

Antiguo Claustro

El 4 de mayo de 1915 un grave incendio destruyó casi todo el edificio, siendo su iglesia el único elemento original que se salvó.

Foto: La Esfera (1915)

Foto: La Esfera (1915)

El edificio, reconstruido, es actualmente la sede del Tribunal Supremo.

palacio justicia

Los Jardines de la Plaza de la Villa de París reciben este nombre desde 1905 cuando se produjo la visita del Presidente de la República francesa Monsieur Émile Loubet.

LOTYplaza villa de paris

Archivo Loty (Fototeca Patrimonio Histórico, Mº Cultura)

De titularidad municipal, están formados por dos grandes espacios terrizos que ocupan 7.599 metros cuadrados. En el centro de cada uno de ellos se encuentran las mencionadas estatuas de Fernando VI y Bárbara de Braganza. Igual que antaño, unas escaleras sirven para salvar el gran desnivel que existe entre el parque y la calle Marqués de la Ensenada.

En 1976 se proyectó la construcción de un aparcamiento subterráneo, lo cual provocó bastante preocupación por el futuro de la plaza que reflejó la prensa de entonces. La plaza se conservó.

barbara de braganza

Rodeada por un paseo arbolado, aunque los dos espacios centrales apenas gocen de sombra, no deja de ser un oasis libre de granito entre las plazas actuales madrileñas, con sus bancos y su fuente de hierro que proporciona agua fresquita.

fuente

Según el Plan General de Ordenación Urbana, entre los Parques y Jardines de Interés los Jardines de la Plaza de la Villa de París tiene el máximo nivel de Protección, Nivel 1, al ser considerado un Elemento Urbano Singular, de Interés Histórico-Artístico.

Por su parte la Plaza de las Salesas se convirtió en otro bonito jardín, de Interés Histórico.

plaza salesas

Calle Bárbara de Braganza (antigua calle de San Joseph)

Además de hermosos árboles, una fuente para beber y bancos de piedra, en este parque hay dos monumentos, el busto de bronce del filósofo Rousseau, réplica moderna del original de Pradier del siglo XIX que se encuentra en Ginebra. Y un grupo escultórico sobre el césped con una inesperada inscripción en su pedestal que pide inculcar a los niños el amor a la Poesía.

Finalmente, a espaldas del antiguo Convento se encuentra la iglesia, actual Parroquia de Santa Bárbara, en cuya lonja frente a la fachada principal existe otro bello jardinillo.

jardin iglesia

Dos magnolios a cada lado del paseo central y otros árboles acompañan a las flores de varias especies, rosas, hortensias… que adornan la entrada al antiguo templo.

flores iglesia

Recorriendo estas calles y rodeando los caminos que delimitaban el Monasterio hace más de doscientos cincuenta años comprobamos su gran extensión, evocamos sus espacios verdes e imaginamos cómo pudo ser la lujosa y exquisita posesión real. Y aunque hayan desaparecido los juegos de agua, los árboles frutales y los mármoles de los pilones, hoy podemos disfrutar de un agradable paseo por los jardines que actualmente adornan y refrescan este elegante barrio de las Salesas.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

E. Rodríguez Romero. El Paisaje de la Clausura. CEU ed. Madrid 2012.
Teodoro Martín. El jardín de las salesas Reales. Real Centro Univ. Escorial-María Cristina, 2011.
Ayuntamiento de Madrid.
Planimetría de Madrid.

J. Gómez Renovales. Las Salesas Reales. La Esfera. 15 mayo 1915.
Hoja del Lunes. 26 julio 1976 y 24 octubre 1977

Este mediodía he ido al Botánico. Iba a ser un momento, solo quería fotografiar una de sus estatuas. Era la hora de comer, viernes, cielo nublado, parecía que iba a comenzar a llover… el Jardín estaba prácticamente vacío. La entrada invitaba un poco a la melancolía, hasta los fontines, hace unas semanas alegres, hoy mostraban una cierta tristeza en su agua oscura. Había que darse prisa.

Pero he tardado más de lo previsto en llegar a mi destino, todo lo que iba encontrando en el camino me parecía bonito y me obligaba a detenerme y contemplarlo.

Es fácil recomendar la visita al Botánico en primavera, con sus flores de colores vivos y árboles esplendorosos. En pleno mes de noviembre hay que echarle mucho más valor, pero me voy a atrever, también en otoño merece la pena visitar el Real Jardín Botánico.

Las hojas de los árboles de hoja caduca están perdiendo su color verde, adoptando toda la gama de amarillos, ocres, marrones, algunas el bello color rojo.

El majestuoso olmo del Cáucaso, de casi doscientos años, el más alto del Jardín con sus cuarenta metros de altura, hasta hace poco frondoso, pronto quedará desnudo. De momento luce un colorido que domina el recinto.

No me ha extrañado encontrar algunos de los paseos cubiertos por las hojas caídas, a pesar del cuidado continuo y perfecto a que es sometido el querido Jardín. Las alfombras de hojas secas son tan bonitas y evocadoras, tan lógicas, que no he pensado en el porqué, no he pensado nada, simplemente las he admirado  y fotografiado.

Solo al llegar a casa y leer el Diario del Jardín Botánico, periódico gratuito que este maravilloso lugar edita y pone a nuestra disposición, me entero de que no es algo casual, ya el año pasado se decidió no barrer algunos caminos para que los visitantes podamos recordar mediante los sentidos del olfato y del oído, además de la vista, los antiguos paseos otoñales entre las hojas no recogidas de los parques. Es placentero pisarlas, y huele muy bien. Es precioso el Botánico, y alegre a su manera, también en otoño.

por Mercedes Gómez

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Real Jardín Botánico de Madrid
Plaza de Murillo nº 2
(Precio: 3 €.)

Como sabemos, durante la primera mitad de la década de los años 30 del pasado siglo XX en Madrid se acometieron diversas obras arquitectónicas y urbanísticas de importancia, y también se prestó atención a algunos detalles quizá menores, pero muy valiosos por su utilidad para la vida diaria, como fue la instalación de sencillas Fuentes y caños de vecindad, que ya hemos tenido ocasión de evocar.

Hoy propongo dedicar un recuerdo a los Jardines Históricos, que en esa época, eran los tiempos de la Segunda República, gozaron de un cuidado especial.

Entre el mes de junio de 1931 y octubre de 1935 varios jardines madrileños obtuvieron la catalogación de Monumento Histórico-Artístico o la de Jardín Artístico.

En el primer caso estuvieron los pertenecientes al Monasterio de El Escorial, al Palacio de Aranjuez y los entonces denominados del Palacio Nacional, el Campo del Moro y la Casa de Campo. En el segundo caso, la Alameda de Osuna, la Quinta de El Pardo, y nuestro gran Parque del Retiro.

Actualmente son Bienes de Interés Cultural. También alcanzaron este nivel de protección el Real Jardín Botánico y la Quinta de la Fuente del Berro.

En cuanto al Ayuntamiento de Madrid, existe un Catálogo de Parques Históricos y Jardines de Interés con diferentes niveles de protección. La máxima corresponde a los Parques Históricos:

La Casa de Campo, el Retiro, el Parque del Oeste, la Quinta de la Fuente del Berro, el Parque del Capricho de la Alameda de Osuna, la Quinta de los Molinos, la Quinta de Vista Alegre, los Jardines del Campo del Moro y el Real Jardín Botánico.

Cada uno de estos jardines tiene su historia y sus características, pero tienen algo en común: su belleza, y facultad de hacernos sentir bien. Ahora son espacios protegidos, pero no siempre fue así, alguno de ellos ha pasado épocas de verdadero deterioro, y aún hoy no se cumple del todo, como es el caso de la Quinta de Vista Alegre.

Por favor, cuidemos y disfrutemos de nuestros inigualables Jardines y Parques, un verdadero privilegio concedido a todos los madrileños y visitantes.

Por Mercedes Gómez

El primer jardín botánico madrileño fue el que Felipe II creó en Aranjuez cerca del Palacio Real, allá por el siglo XVI, recién estrenada la capitalidad; y al parecer su hijo Felipe III dispuso de un jardín de plantas medicinales en la Huerta de la Priora, junto al Alcázar. Pero se puede considerar que el primer Real Jardín Botánico fue fundado por Fernando VI en la antigua Huerta de Migas Calientes, junto al río Manzanares, en 1755, trasladado unos años después bajo el reinado de Carlos III al entonces Viejo Prado de Atocha, zona de huertas y olivares en las afueras de Madrid.

El Real Jardín Botánico fue inaugurado en 1781. Transcurridos más de dos siglos, felizmente hoy día podemos seguir disfrutando de uno de los lugares más hermosos de la ciudad, un auténtico tesoro escondido en el centro de Madrid.

Nada más traspasar la entrada, sea cual sea la estación del año en que nos encontremos, percibes que estás en un lugar especial: en otoño con su gama de colores, durante el frío invierno, la esplendorosa primavera, o en verano, cuando el jardín se convierte en un refugio. Sea cual sea nuestro estado de ánimo sus bancos de piedra nos acogen y sus paseos entre maravillosas flores y árboles centenarios invitan a la serenidad. Esos paseos jalonados con treinta sencillos pilones o fontines labrados en granito son los que nos disponemos a recorrer ahora.

El jardín está dividido desde su origen en tres terrazas o planos, diseñados geométricamente al estilo neoclásico, en forma de escalera, con el objetivo de salvar la fuerte pendiente del terreno existente entre el Paseo del Prado y la antigua calle Granada, hoy Alfonso XII.  Aunque recientemente, en 2005, se haya inaugurado una nueva pequeña terraza tras el pabellón de Villanueva, con dos estanques.

Años 50 del siglo XX ( Archivo del Real Jardín Botánico)

En 1942 fue declarado jardín artístico, pero al Botánico le esperaban años de dificultades;  desde 1965 a 1974 vivió un periodo de gran penuria económica, a veces no se podía pagar ni el agua de riego ni encender la calefacción en sus instalaciones. La situación de abandono llegó a ser insostenible, y los fontines, que no habían sido objeto de ninguna reparación desde 1929, se encontraban en un estado lamentable.

En mayo de 1974, a causa de la caída de una gruesa rama de un olmo que sepultó el coche de un profesor de la Universidad, la dirección decidió cerrar el jardín al público. Ya no se volvería a abrir hasta 1981.

Antes de la restauración (Foto J.Armada. y S.Castroviejo)

Entre los años 1974 y 1978 los recursos económicos de la institución aumentaron, emprendiéndose obras importantes. El problema fue que estas obras cambiaron la fisonomía del jardín, desvirtuando su estilo y el trazado original, las críticas fueron tan numerosas que provocaron un replanteamiento de la restauración desde un punto de vista histórico. La realidad era que el trazado neoclásico inicial de las tres terrazas estaba prácticamente desdibujado y oculto, tanto por el descuido de los años pasados como por las obras. Los fontines de la etapa fundacional estaban prácticamente enterrados en el suelo.

A lo largo de 1977 se elaboró un proyecto que en septiembre de 1978 fue aprobado por Bellas Artes y dos meses después comenzaron los trabajos.  En algunos sitios fue necesario remover terrenos entre un metro y un metro veinte centímetros de espesor. Aparecieron escalones, muretes de granito… y las fuentes enterradas.

Este fue el comienzo de la recuperación del antiguo trazado del siglo XVIII, y con él, de sus Fontines, elementos importantes pero discretos, pues se saben accesorios y ceden todo el protagonismo a las plantas, las flores y los árboles que les rodean. Aunque son tan acogedores que invitan a sentarse en el borde a descansar y observar algunos peces que sorprenden y añaden encanto a una de las fuentes.

Los dos primeros Planos, que han recuperado el estilo neoclásico original, están divididos en espacios cuadrados con un fontín en el centro de cada uno de ellos.

Paseo de los Cuadros (primavera 2008)

En el primero, en la zona más baja y próxima al Paseo del Prado, se encuentra la Terraza de los Cuadros, formada por dieciséis espacios, cada uno con su pilón, alrededor de los cuales podemos admirar plantas ornamentales, aromáticas, medicinales, y de todo tipo.

Terraza de las Escuelas (invierno 2012)

El paseo central separa esta terraza de la Terraza de las Escuelas Botánicas, con todo el reino vegetal representado alrededor de otras dos series de fontines, siete en la primera y siete en la segunda.

Cedro del Himalaya, invierno 2012.

La última de la primera serie, es la nueva escuela botánica dedicada a la familia de las Palmeras, convertida hace poco en la escuela nº 13. En ese lugar, antiguo vivero, nunca hubo fontín, hasta la reciente colocación del que se convirtió en el número ocho del paseo y el número treinta del Jardín, construido a imitación de los originales.

Y la tercera, en la parte más alta, la Terraza del Plano de la Flor, con maravillosos árboles y arbustos, fue reformada en la época de Isabel II, abandonando las dos series de cuadros primitivos, para convertirse en un jardín Romántico, con sus paseos curvos alrededor del estanque ovalado con la Fuente de granito en el centro, rematada por un busto de bronce del naturalista Carlos Linneo, y los dos fontines colocados a ambos lados, con pilón de ocho lóbulos y una verja de hierro en el borde, que probablemente sean los originales que aparecen en los planos conservados de la primera época del jardín.

Esta reforma, que tuvo lugar entre 1853 y 1859, fue respetada en la restauración posterior, de forma que actualmente podemos admirar los diferentes estilos que se han sucedido en el jardín, el neoclásico del XVIII y el paisajista del XIX. En la foto a continuación se aprecia cómo el nivel del terreno actual es superior al nivel en el que fueron construidas ambas fuentes, que la reforma respetó enmarcándolas  en un “hueco” de piedra y que permite apreciar el nivel original de la terraza superior:

Uno de los fontines en el Plano de la Flor

Finalmente, el día 2 de diciembre del año 1981 los reyes de España descubrieron una escultura dedicada a Carlos III, monarca impulsor de la creación del Jardín Botánico, durante el acto oficial de la reapertura del histórico recinto, después de siete años de clausura y al cumplirse el bicentenario de su fundación. El jardín quedó abierto al público.

Desde la reapertura, el agua de riego del Jardín Botánico es proporcionada gratuitamente por el Canal de Isabel II.

Los antiguos pilones son circulares con una moldura en el borde superior, aunque no todos son iguales; en el centro los pequeños surtidores están colocados sobre mojones de granito que muestran distintas formas, redondeada, octogonal o cuadrada. Inicialmente su misión fue proporcionar el riego de los espacios que los rodean y que forman los parterres del jardín, aunque también sin duda fueron construidos como adorno encantador.

Durante nuestro paseo, nos acercamos a otro de los fontines y contemplamos cómo las hojas de los árboles que caen en su interior se confunden con las hojas que se reflejan en el agua,  que a su vez se confunde con el cielo azul.

Por Mercedes Gómez

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Real Jardín Botánico de Madrid
Plaza de Murillo nº 2
(Precio: 3 €.)

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Bibliografía

ARMADA, Juan y CASTROVIEJO, Santiago. “El Real Jardín Botánico, Madrid”. Cajamadrid, Madrid 1994. 2ª ed. revisada y ampliada, Madrid 2001.
MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. El Avapiés, Madrid 1994.
El País
24 jun 1979
Convenio CSIC-Canal Isabel II – ver El País 13 marzo 1981.

Hoy ha amanecido un día precioso en Madrid, fresquito y soleado, bajo nuestro cielo azul. Era el día perfecto para ir al Retiro y visitar la instalación de Soledad Sevilla, Escrito en los cuerpos celestes, en el Palacio de Cristal, del Museo Reina Sofía.

Sobre esta obra escribió hace poco Jesús Olivan en su blog, poco puedo añadir a su espléndido artículo. Lo que sí puedo hacer es contar mis sensaciones. Creo que iba predispuesta a que me gustara, me apetecía mucho. Aún así no imaginaba lo que iba a encontrar en realidad.

Es una obra única, pensada especialmente para el Palacio de Cristal, que no solo invita a ver, mirar, admirar… sino a moverse, sentir y pensar. Participar. Un juego, como tantas veces en este maravilloso palacio de hierro y cristal.

Un juego de espejos, cristales y paneles llenos de signos, que dejan pasar la luz y las imágenes, o las recogen… a veces no estás segura si se trata de la realidad o su reflejo… todo es precioso.

El falso, provisional palacio, de azul intenso, nos sugiere la noche, instalado dentro del verdadero, y miramos hacia arriba buscando el cielo real, diurno, tras el ficticio.

Luego lo rodeamos, contemplando a la vez el exterior del Jardín, más cotidiano, y su imagen reflejada en las paredes del palacio recreado. Un juego de miradas y luces.

Un cielo imaginario lleno de interrogantes, exclamaciones, puntos suspensivos, paréntesis… que nos invitan a rellenarlos de palabras. Como la vida misma.

Es todo muy poético. Y muy bonito.

Por : Mercedes Gómez

 

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