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Esta mañana algunos vecinos del barrio de la Fuente del Berro hemos acudido a la fiesta que se había organizado como despedida a los jardineros que se han encargado del cuidado del parque hasta ahora, una fiesta que también pretendía ser una reivindicación para la conservación de nuestros Jardines Históricos.

El parque de la Quinta de la Fuente del Berro ha sido elegido, como símbolo, para despedir y homenajear a los jardineros que el próximo jueves se incorporarán a sus nuevos destinos dejando su puesto a los empleados de las empresas privadas que han ganado los concursos convocados por el Ayuntamiento de Madrid.

Ha sido bonito, aunque daba un poco de pena, quizá recordéis mi visita al parque reviviendo la historia de los Jardineros municipales, el pasado mes de octubre; acababan de publicar la noticia de que el cuidado de muchos parques, incluido el de la Quinta de la Fuente del Berro, iba a ser privatizado.

Hoy el Jardín te daba la bienvenida con guirnaldas de papel de colores, los organizadores ofrecían un folleto explicativo y una pequeña planta a los asistentes, los niños se lo pasaban bien… pero el día había amanecido gris, un poco triste, como el ánimo.

Fiesta2

fiesta niños

Todo esto parece un contrasentido. Que el Ayuntamiento entregue la responsabilidad sobre nuestros bellos parques a una empresa cuyo objetivo, lógicamente, será el beneficio económico, y no el mero y obligado cuidado de un Bien de Interés Cultural, histórico y artístico, no puede traer nada bueno.

Fiesta plantitas

En fin, hoy solo quería que acompañáramos a nuestros jardineros en su despedida. Y desearles suerte a ellos, y a nuestros jardines.

Mercedes

“… Y este alma invisible de la ciudad tiene su mejor y más auténtica representación en sus jardines, que se han ido formando lenta y trabajosamente a través de su historia.”

(Carmen Añón, en Catálogo Exposición Jardines Clásicos madrileños,
Museo Municipal. Madrid 1981)

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Poco a poco el otoño está llegando a la ciudad, sobre todo ya se nota su presencia en los jardines, como el de la Quinta de la Fuente del Berro. Es un placer recorrer sus caminos, ver la ría y escuchar el sonido de la pequeña cascada, contemplar los árboles y las plantas bien cuidadas…

Quinta de la Fuente del Berro

Quinta de la Fuente del Berro

Paseando y observando, el sábado recordé la noticia publicada el pasado mes de septiembre: el cuidado de muchos parques, incluidos los Jardines históricos, va a ser privatizado.

toma de agua

Como se puede leer en la propia web municipal, se ha convocado un concurso que afecta a los parques históricos y de especial protección, a los parques singulares, y finalmente a los parques forestales y viveros. A partir de noviembre, y al menos durante los próximos ocho años, la mayor parte de nuestros espacios verdes va ser gestionada y cuidada por empresas privadas.

En Madrid disfrutamos de bellísimos jardines, valiosos tesoros. Fue en el siglo XIX cuando surgió la jardinería urbana como tal y las zonas verdes públicas, a cargo del Ayuntamiento. Hasta entonces se habían limitado a algunas zonas escasas y siempre por iniciativa de la Corona. El incremento de la población propició la expansión de la ciudad y creó la necesidad de espacios verdes; entre otros surgieron las bellas plazas ajardinadas, hoy casi todas desaparecidas, sustituidas por el duro granito.

En 1819 se nombró al jardinero mayor y catedrático de Agricultura del Real Museo de Ciencias Naturales Antonio Sandalio, Director de Paseos y Arbolado de Madrid. Hasta 1869 ocupado por varios profesionales, el cargo pasó a llamarse Director General de Jardines y Plantaciones. Así llegamos al siglo XX con la existencia de jardines, parques y viveros cuidados por los jardineros formados en el Ayuntamiento, a las órdenes de algunos de nuestros jardineros mayores más conocidos.

Celedonio Rodrigáñez y Vallejo (1860-1913), nada más obtener su título de ingeniero agrónomo a los 21 años, ingresó en los servicios del Ayuntamiento de Madrid. En 1885 fue nombrado Director de Parques y Jardines, desde cuyo puesto creó el Parque del Oeste. A Rodrigáñez le sucedió Cecilio Rodríguez, su ayudante y jardinero mayor.

Cecilio, en 1873 cuando tenía solo 8 años de edad, se convirtió en aprendiz de jardinero en el Ayuntamiento de Madrid. Eran otros tiempos. Desde entonces, su vida estuvo enteramente ligada a los jardines, al Retiro, y sobre todo a Madrid. En 1914 fue nombrado Jardinero Mayor del Retiro y poco después (1918) fue Director de Parques y Jardines. Al poco tiempo se le encomendó la creación de la Rosaleda y se le concedió la Gran Cruz del Mérito Agrícola. Su sucesor fue el arquitecto Miguel Herrero Palacios a quien hoy están dedicados los jardines ubicados en los terrenos de la antigua Casa de Fieras.

Junto a ellos trabajando a lo largo del siglo XX ha habido numerosos jardineros, la mayoría desconocidos, pero muy importantes, jardineros municipales que trabajaban a las órdenes de un jardinero mayor, capataces, oficiales… que durante dos siglos han desempeñado su oficio realizando una labor extraordinaria.

Actualmente las Zonas Verdes y Arbolado urbano son una Subdirección General dependiente del Área de Gobierno de Medio Ambiente y Movilidad. El Concejal al mando es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración.

Pensando en todo esto, caminando por el parque, veo que está muy limpio, muy cuidado, solo algún banco está pintarrajeado por lo que parece una plaga, los grafiteros que ensucian toda la ciudad. Es fin de semana, encontramos algunas personas paseando, otras sentadas en los bancos, algún chico corriendo, niños jugando…  a pesar de que ha llovido un poco a primera hora.

paseo

Da gusto ver cómo aún hay flores en algunos macizos junto a los árboles que ya empiezan a perder sus hojas y los colores amarillos, marrones y rojizos van tiñendo el jardín.

flores y arboles

Algunos tienen una majestuosidad apabullante. Pienso de pronto que como los veo con cierta frecuencia no les doy la importancia que merecen; son impresionantes, y lo son gracias al cuidado de los jardineros que los cuidan y atienden con esmero. El pobre madroño, en otro tiempo muy frondoso, supongo que ha debido ser podado para evitar males mayores, no lo se. Aún así, como cada otoño, empieza a dar sus frutos junto al grupo escultórico dedicado a Bécquer que fue vecino del barrio.

arboles

El Parque de la Fuente del Berro es solo uno de los 189 registrados en la web del Ayuntamiento de Madrid. La plantilla de jardineros municipales se encarga de su cuidado, ¿qué ocurrirá a partir de ahora?.

Por: Mercedes Gómez

En el siglo XVIII la línea del cielo de Madrid estaba dibujada por las numerosas cúpulas de iglesias y conventos que se habían ido estableciendo en la Villa tras la llegada de la Corte en el XVI. En la preciosa Vista de la Villa y Corte desde el Camino de Alcalá conservada en la Biblioteca Nacional se contempla cómo era la ciudad en 1780 y su perfil de sur a norte, desde la Puerta de Atocha a la de Recoletos.

D. de Aguirre (1780) (BNE)

D. de Aguirre (1780) (BNE)

A pesar de que muchas instituciones religiosas fueron desapareciendo debido a la desamortización y a los cambios urbanísticos, algunas se mantienen y guardan sus patios y jardines aunque no se pueden visitar al tratarse de conventos de clausura. Santa Isabel, las Descalzas, la Encarnación… Entre los desaparecidos hay dos casos singulares en los que se ha conservado el jardín o al menos su espacio ajardinado, recuerdo del pasado. Uno es el Huerto de las Monjas que ya hemos visitado, ubicado en el lugar donde estuvo el Convento del Sacramento.

El otro son los Jardines de la Plaza de la Villa de París en terrenos del antiguo Monasterio Real de la Visitación de Nuestra Señora, más conocido como las Salesas Reales, fundado en 1748 por la reina Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI. La plaza fue construida sobre el antiguo Jardín Real o Jardín de la Reina.

Como se aprecia en los planos, fue el convento que alcanzó una mayor superficie. Ocupó el sitio nº 1 de la manzana 280 junto a la Puerta de Recoletos (ubicada a la altura de la actual plaza de Colón), entre la Ronda de la Cerca (hoy calle Génova) al norte, el paseo de Recoletos al este, al sur la calle de San Joseph (actual Bárbara de Braganza).

A.Montes. Vista de la Puerta de Recoletos (1768) y tapia del Convento de las Salesas. (BNE)

A.Montes. Vista exterior de la Puerta de Recoletos (1768) y tapia del Convento de las Salesas. (BNE)

El proyecto original, obra de François Carlier (1750), hijo del escultor y jardinero René Carlier, fue realizado por Francisco Moradillo. El Monasterio de las Salesas fue inaugurado en 1757. Un año antes el propio Moradillo había construido la cercana nueva Puerta de Recoletos, seguramente según proyecto de Carlier.

El conjunto estaba formado por el edificio del monasterio, la iglesia y los jardines. De los más de 750.000 pies cuadrados que ocupaba, 600.000 eran espacios verdes: un huerto, la huerta del convento, el jardín de secano, una pradera y el Jardín de la Reina, además de los dos claustros.

Plano de Chalmandrier (1761)

Plano de Chalmandrier (1761)

Frente al Cuarto Real o habitaciones de Bárbara de Braganza se situó el Jardín de la Reina, creado al estilo francés, de trazado geométrico y formado por parterres adornados por bordados y dibujos con setos separados por caminos de grava o de piedra. En la zona más próxima a la fachada había una fuente, en el centro del paseo que dividía el jardín.

Al este del Convento y del Jardín estaba el Huerto de árboles frutales que se extendía desde la calle San Joseph –hoy Bárbara de Braganza– hasta la Cerca –actual calle Génova– y la Huerta dedicada al cultivo de vegetales. En esta zona había dos ermitas y otras construcciones como la casita del jardinero, varios estanques, una pradera y arboledas junto a la tapia que servían de adorno y facilitaban la intimidad. Los grandes desniveles del terreno se salvaban mediante escalinatas de piedra.

El Jardín de Secano estaba ubicado al norte de la plaza de las Salesas. En el Claustro mayor había cuatro parterres con una fuente de mármol en el centro. Allí estuvo también la estatua de Fernando VI que había sido realizada por Olivieri para la Fuente del Rey de Aranjuez donde fue instalada en 1752. Al patio conventual fue trasladada nueve años después, reinando Carlos III.

El lugar debía ser bellísimo. Los jardines estaban adornados con templetes, pérgolas, placitas, bosquecillos, fuentes, estanques y norias. El agua tan necesaria para poder mantener tan gran extensión de terreno además del convento y las estancias reales, era suministrada por dos Viajes de Agua, el de la Fuente Castellana en su zona norte, y el del Bajo Abroñigal en su zona sur.

Al parecer uno de los motivos para la construcción de las Salesas por parte de Bárbara de Braganza fue la de poder disponer de un lugar de retiro en caso de que el rey falleciera y así quedar protegida frente a Isabel de Farnesio, la Reina Madre. La realidad fue que ella murió antes, en 1758, solo un año después de inaugurado el Convento, a los 47 años. Al año siguiente, a los 45 murió el rey Fernando VI. Ambos fueron enterrados en su fundación sin apenas haber podido disfrutarla.

Barrio de las Salesas en el Plano de

Barrio de las Salesas. Plano F. Mtnez.de la Torre y J.Asensio (h.1800)

Las monjas pertenecientes a la orden de San Francisco de Sales continuaron dedicadas a la educación de niñas nobles, que fue el otro motivo para la creación del convento. En 1870 se produjo su exclaustración y la conversión del edificio en Palacio de Justicia. Las religiosas se establecieron durante unos años en el Monasterio de las Salesas Nuevas en la calle San Bernardo 72, hasta que pudieron trasladarse a su nuevo Convento en la calle de Santa Engracia, en el Barrio de Almagro, donde continúan.

Por otra parte, en los años siguientes tuvo lugar un gran cambio urbanístico en toda la zona. Se abrieron las calles del General Castaños sobre el Jardín de Secano, y del Marqués de la Ensenada sobre el Huerto; la de Orellana se prolongó. Después, el Jardín de la Reina desapareció, y con él sus ermitas, fuentes, norias y estanques.

En 1884 se abrieron los Jardines de la Plaza –en aquellos momentos aún llamada Plaza del Palacio de Justicia–, instalándose la estatua de Fernando VI procedente del claustro. Entonces, con el fin de que su amada esposa Bárbara de Braganza le acompañara una vez más, se decidió la creación de otra estatua a ella dedicada, que realizó Mariano Benlliure.

La fuente del Patio fue trasladada al interior del edificio, siendo la actual una copia.

Antiguo Claustro

Antiguo Claustro

El 4 de mayo de 1915 un grave incendio destruyó casi todo el edificio, siendo su iglesia el único elemento original que se salvó.

Foto: La Esfera (1915)

Foto: La Esfera (1915)

El edificio, reconstruido, es actualmente la sede del Tribunal Supremo.

palacio justicia

Los Jardines de la Plaza de la Villa de París reciben este nombre desde 1905 cuando se produjo la visita del Presidente de la República francesa Monsieur Émile Loubet.

LOTYplaza villa de paris

Archivo Loty (Fototeca Patrimonio Histórico, Mº Cultura)

De titularidad municipal, están formados por dos grandes espacios terrizos que ocupan 7.599 metros cuadrados. En el centro de cada uno de ellos se encuentran las mencionadas estatuas de Fernando VI y Bárbara de Braganza. Igual que antaño, unas escaleras sirven para salvar el gran desnivel que existe entre el parque y la calle Marqués de la Ensenada.

En 1976 se proyectó la construcción de un aparcamiento subterráneo, lo cual provocó bastante preocupación por el futuro de la plaza que reflejó la prensa de entonces. La plaza se conservó.

barbara de braganza

Rodeada por un paseo arbolado, aunque los dos espacios centrales apenas gocen de sombra, no deja de ser un oasis libre de granito entre las plazas actuales madrileñas, con sus bancos y su fuente de hierro que proporciona agua fresquita.

fuente

Según el Plan General de Ordenación Urbana, entre los Parques y Jardines de Interés los Jardines de la Plaza de la Villa de París tiene el máximo nivel de Protección, Nivel 1, al ser considerado un Elemento Urbano Singular, de Interés Histórico-Artístico.

Por su parte la Plaza de las Salesas se convirtió en otro bonito jardín, de Interés Histórico.

plaza salesas

Calle Bárbara de Braganza (antigua calle de San Joseph)

Además de hermosos árboles, una fuente para beber y bancos de piedra, en este parque hay dos monumentos, el busto de bronce del filósofo Rousseau, réplica moderna del original de Pradier del siglo XIX que se encuentra en Ginebra. Y un grupo escultórico sobre el césped con una inesperada inscripción en su pedestal que pide inculcar a los niños el amor a la Poesía.

Finalmente, a espaldas del antiguo Convento se encuentra la iglesia, actual Parroquia de Santa Bárbara, en cuya lonja frente a la fachada principal existe otro bello jardinillo.

jardin iglesia

Dos magnolios a cada lado del paseo central y otros árboles acompañan a las flores de varias especies, rosas, hortensias… que adornan la entrada al antiguo templo.

flores iglesia

Recorriendo estas calles y rodeando los caminos que delimitaban el Monasterio hace más de doscientos cincuenta años comprobamos su gran extensión, evocamos sus espacios verdes e imaginamos cómo pudo ser la lujosa y exquisita posesión real. Y aunque hayan desaparecido los juegos de agua, los árboles frutales y los mármoles de los pilones, hoy podemos disfrutar de un agradable paseo por los jardines que actualmente adornan y refrescan este elegante barrio de las Salesas.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

E. Rodríguez Romero. El Paisaje de la Clausura. CEU ed. Madrid 2012.
Teodoro Martín. El jardín de las salesas Reales. Real Centro Univ. Escorial-María Cristina, 2011.
Ayuntamiento de Madrid.
Planimetría de Madrid.

J. Gómez Renovales. Las Salesas Reales. La Esfera. 15 mayo 1915.
Hoja del Lunes. 26 julio 1976 y 24 octubre 1977

Este mediodía he ido al Botánico. Iba a ser un momento, solo quería fotografiar una de sus estatuas. Era la hora de comer, viernes, cielo nublado, parecía que iba a comenzar a llover… el Jardín estaba prácticamente vacío. La entrada invitaba un poco a la melancolía, hasta los fontines, hace unas semanas alegres, hoy mostraban una cierta tristeza en su agua oscura. Había que darse prisa.

Pero he tardado más de lo previsto en llegar a mi destino, todo lo que iba encontrando en el camino me parecía bonito y me obligaba a detenerme y contemplarlo.

Es fácil recomendar la visita al Botánico en primavera, con sus flores de colores vivos y árboles esplendorosos. En pleno mes de noviembre hay que echarle mucho más valor, pero me voy a atrever, también en otoño merece la pena visitar el Real Jardín Botánico.

Las hojas de los árboles de hoja caduca están perdiendo su color verde, adoptando toda la gama de amarillos, ocres, marrones, algunas el bello color rojo.

El majestuoso olmo del Cáucaso, de casi doscientos años, el más alto del Jardín con sus cuarenta metros de altura, hasta hace poco frondoso, pronto quedará desnudo. De momento luce un colorido que domina el recinto.

No me ha extrañado encontrar algunos de los paseos cubiertos por las hojas caídas, a pesar del cuidado continuo y perfecto a que es sometido el querido Jardín. Las alfombras de hojas secas son tan bonitas y evocadoras, tan lógicas, que no he pensado en el porqué, no he pensado nada, simplemente las he admirado  y fotografiado.

Solo al llegar a casa y leer el Diario del Jardín Botánico, periódico gratuito que este maravilloso lugar edita y pone a nuestra disposición, me entero de que no es algo casual, ya el año pasado se decidió no barrer algunos caminos para que los visitantes podamos recordar mediante los sentidos del olfato y del oído, además de la vista, los antiguos paseos otoñales entre las hojas no recogidas de los parques. Es placentero pisarlas, y huele muy bien. Es precioso el Botánico, y alegre a su manera, también en otoño.

por Mercedes Gómez

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Real Jardín Botánico de Madrid
Plaza de Murillo nº 2
(Precio: 3 €.)

Como sabemos, durante la primera mitad de la década de los años 30 del pasado siglo XX en Madrid se acometieron diversas obras arquitectónicas y urbanísticas de importancia, y también se prestó atención a algunos detalles quizá menores, pero muy valiosos por su utilidad para la vida diaria, como fue la instalación de sencillas Fuentes y caños de vecindad, que ya hemos tenido ocasión de evocar.

Hoy propongo dedicar un recuerdo a los Jardines Históricos, que en esa época, eran los tiempos de la Segunda República, gozaron de un cuidado especial.

Entre el mes de junio de 1931 y octubre de 1935 varios jardines madrileños obtuvieron la catalogación de Monumento Histórico-Artístico o la de Jardín Artístico.

En el primer caso estuvieron los pertenecientes al Monasterio de El Escorial, al Palacio de Aranjuez y los entonces denominados del Palacio Nacional, el Campo del Moro y la Casa de Campo. En el segundo caso, la Alameda de Osuna, la Quinta de El Pardo, y nuestro gran Parque del Retiro.

Actualmente son Bienes de Interés Cultural. También alcanzaron este nivel de protección el Real Jardín Botánico y la Quinta de la Fuente del Berro.

En cuanto al Ayuntamiento de Madrid, existe un Catálogo de Parques Históricos y Jardines de Interés con diferentes niveles de protección. La máxima corresponde a los Parques Históricos:

La Casa de Campo, el Retiro, el Parque del Oeste, la Quinta de la Fuente del Berro, el Parque del Capricho de la Alameda de Osuna, la Quinta de los Molinos, la Quinta de Vista Alegre, los Jardines del Campo del Moro y el Real Jardín Botánico.

Cada uno de estos jardines tiene su historia y sus características, pero tienen algo en común: su belleza, y facultad de hacernos sentir bien. Ahora son espacios protegidos, pero no siempre fue así, alguno de ellos ha pasado épocas de verdadero deterioro, y aún hoy no se cumple del todo, como es el caso de la Quinta de Vista Alegre.

Por favor, cuidemos y disfrutemos de nuestros inigualables Jardines y Parques, un verdadero privilegio concedido a todos los madrileños y visitantes.

Por Mercedes Gómez

El primer jardín botánico madrileño fue el que Felipe II creó en Aranjuez cerca del Palacio Real, allá por el siglo XVI, recién estrenada la capitalidad; y al parecer su hijo Felipe III dispuso de un jardín de plantas medicinales en la Huerta de la Priora, junto al Alcázar. Pero se puede considerar que el primer Real Jardín Botánico fue fundado por Fernando VI en la antigua Huerta de Migas Calientes, junto al río Manzanares, en 1755, trasladado unos años después bajo el reinado de Carlos III al entonces Viejo Prado de Atocha, zona de huertas y olivares en las afueras de Madrid.

El Real Jardín Botánico fue inaugurado en 1781. Transcurridos más de dos siglos, felizmente hoy día podemos seguir disfrutando de uno de los lugares más hermosos de la ciudad, un auténtico tesoro escondido en el centro de Madrid.

Nada más traspasar la entrada, sea cual sea la estación del año en que nos encontremos, percibes que estás en un lugar especial: en otoño con su gama de colores, durante el frío invierno, la esplendorosa primavera, o en verano, cuando el jardín se convierte en un refugio. Sea cual sea nuestro estado de ánimo sus bancos de piedra nos acogen y sus paseos entre maravillosas flores y árboles centenarios invitan a la serenidad. Esos paseos jalonados con treinta sencillos pilones o fontines labrados en granito son los que nos disponemos a recorrer ahora.

El jardín está dividido desde su origen en tres terrazas o planos, diseñados geométricamente al estilo neoclásico, en forma de escalera, con el objetivo de salvar la fuerte pendiente del terreno existente entre el Paseo del Prado y la antigua calle Granada, hoy Alfonso XII.  Aunque recientemente, en 2005, se haya inaugurado una nueva pequeña terraza tras el pabellón de Villanueva, con dos estanques.

Años 50 del siglo XX ( Archivo del Real Jardín Botánico)

En 1942 fue declarado jardín artístico, pero al Botánico le esperaban años de dificultades;  desde 1965 a 1974 vivió un periodo de gran penuria económica, a veces no se podía pagar ni el agua de riego ni encender la calefacción en sus instalaciones. La situación de abandono llegó a ser insostenible, y los fontines, que no habían sido objeto de ninguna reparación desde 1929, se encontraban en un estado lamentable.

En mayo de 1974, a causa de la caída de una gruesa rama de un olmo que sepultó el coche de un profesor de la Universidad, la dirección decidió cerrar el jardín al público. Ya no se volvería a abrir hasta 1981.

Antes de la restauración (Foto J.Armada. y S.Castroviejo)

Entre los años 1974 y 1978 los recursos económicos de la institución aumentaron, emprendiéndose obras importantes. El problema fue que estas obras cambiaron la fisonomía del jardín, desvirtuando su estilo y el trazado original, las críticas fueron tan numerosas que provocaron un replanteamiento de la restauración desde un punto de vista histórico. La realidad era que el trazado neoclásico inicial de las tres terrazas estaba prácticamente desdibujado y oculto, tanto por el descuido de los años pasados como por las obras. Los fontines de la etapa fundacional estaban prácticamente enterrados en el suelo.

A lo largo de 1977 se elaboró un proyecto que en septiembre de 1978 fue aprobado por Bellas Artes y dos meses después comenzaron los trabajos.  En algunos sitios fue necesario remover terrenos entre un metro y un metro veinte centímetros de espesor. Aparecieron escalones, muretes de granito… y las fuentes enterradas.

Este fue el comienzo de la recuperación del antiguo trazado del siglo XVIII, y con él, de sus Fontines, elementos importantes pero discretos, pues se saben accesorios y ceden todo el protagonismo a las plantas, las flores y los árboles que les rodean. Aunque son tan acogedores que invitan a sentarse en el borde a descansar y observar algunos peces que sorprenden y añaden encanto a una de las fuentes.

Los dos primeros Planos, que han recuperado el estilo neoclásico original, están divididos en espacios cuadrados con un fontín en el centro de cada uno de ellos.

Paseo de los Cuadros (primavera 2008)

En el primero, en la zona más baja y próxima al Paseo del Prado, se encuentra la Terraza de los Cuadros, formada por dieciséis espacios, cada uno con su pilón, alrededor de los cuales podemos admirar plantas ornamentales, aromáticas, medicinales, y de todo tipo.

Terraza de las Escuelas (invierno 2012)

El paseo central separa esta terraza de la Terraza de las Escuelas Botánicas, con todo el reino vegetal representado alrededor de otras dos series de fontines, siete en la primera y siete en la segunda.

Cedro del Himalaya, invierno 2012.

La última de la primera serie, es la nueva escuela botánica dedicada a la familia de las Palmeras, convertida hace poco en la escuela nº 13. En ese lugar, antiguo vivero, nunca hubo fontín, hasta la reciente colocación del que se convirtió en el número ocho del paseo y el número treinta del Jardín, construido a imitación de los originales.

Y la tercera, en la parte más alta, la Terraza del Plano de la Flor, con maravillosos árboles y arbustos, fue reformada en la época de Isabel II, abandonando las dos series de cuadros primitivos, para convertirse en un jardín Romántico, con sus paseos curvos alrededor del estanque ovalado con la Fuente de granito en el centro, rematada por un busto de bronce del naturalista Carlos Linneo, y los dos fontines colocados a ambos lados, con pilón de ocho lóbulos y una verja de hierro en el borde, que probablemente sean los originales que aparecen en los planos conservados de la primera época del jardín.

Esta reforma, que tuvo lugar entre 1853 y 1859, fue respetada en la restauración posterior, de forma que actualmente podemos admirar los diferentes estilos que se han sucedido en el jardín, el neoclásico del XVIII y el paisajista del XIX. En la foto a continuación se aprecia cómo el nivel del terreno actual es superior al nivel en el que fueron construidas ambas fuentes, que la reforma respetó enmarcándolas  en un “hueco” de piedra y que permite apreciar el nivel original de la terraza superior:

Uno de los fontines en el Plano de la Flor

Finalmente, el día 2 de diciembre del año 1981 los reyes de España descubrieron una escultura dedicada a Carlos III, monarca impulsor de la creación del Jardín Botánico, durante el acto oficial de la reapertura del histórico recinto, después de siete años de clausura y al cumplirse el bicentenario de su fundación. El jardín quedó abierto al público.

Desde la reapertura, el agua de riego del Jardín Botánico es proporcionada gratuitamente por el Canal de Isabel II.

Los antiguos pilones son circulares con una moldura en el borde superior, aunque no todos son iguales; en el centro los pequeños surtidores están colocados sobre mojones de granito que muestran distintas formas, redondeada, octogonal o cuadrada. Inicialmente su misión fue proporcionar el riego de los espacios que los rodean y que forman los parterres del jardín, aunque también sin duda fueron construidos como adorno encantador.

Durante nuestro paseo, nos acercamos a otro de los fontines y contemplamos cómo las hojas de los árboles que caen en su interior se confunden con las hojas que se reflejan en el agua,  que a su vez se confunde con el cielo azul.

Por Mercedes Gómez

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Real Jardín Botánico de Madrid
Plaza de Murillo nº 2
(Precio: 3 €.)

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Bibliografía

ARMADA, Juan y CASTROVIEJO, Santiago. “El Real Jardín Botánico, Madrid”. Cajamadrid, Madrid 1994. 2ª ed. revisada y ampliada, Madrid 2001.
MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. El Avapiés, Madrid 1994.
El País
24 jun 1979
Convenio CSIC-Canal Isabel II – ver El País 13 marzo 1981.

Hoy ha amanecido un día precioso en Madrid, fresquito y soleado, bajo nuestro cielo azul. Era el día perfecto para ir al Retiro y visitar la instalación de Soledad Sevilla, Escrito en los cuerpos celestes, en el Palacio de Cristal, del Museo Reina Sofía.

Sobre esta obra escribió hace poco Jesús Olivan en su blog, poco puedo añadir a su espléndido artículo. Lo que sí puedo hacer es contar mis sensaciones. Creo que iba predispuesta a que me gustara, me apetecía mucho. Aún así no imaginaba lo que iba a encontrar en realidad.

Es una obra única, pensada especialmente para el Palacio de Cristal, que no solo invita a ver, mirar, admirar… sino a moverse, sentir y pensar. Participar. Un juego, como tantas veces en este maravilloso palacio de hierro y cristal.

Un juego de espejos, cristales y paneles llenos de signos, que dejan pasar la luz y las imágenes, o las recogen… a veces no estás segura si se trata de la realidad o su reflejo… todo es precioso.

El falso, provisional palacio, de azul intenso, nos sugiere la noche, instalado dentro del verdadero, y miramos hacia arriba buscando el cielo real, diurno, tras el ficticio.

Luego lo rodeamos, contemplando a la vez el exterior del Jardín, más cotidiano, y su imagen reflejada en las paredes del palacio recreado. Un juego de miradas y luces.

Un cielo imaginario lleno de interrogantes, exclamaciones, puntos suspensivos, paréntesis… que nos invitan a rellenarlos de palabras. Como la vida misma.

Es todo muy poético. Y muy bonito.

Por : Mercedes Gómez

 

Cuando hace ya más de un año y medio visitamos el Casino de la Reina, antiguo Sitio Real, hoy convertido en un bonito parque, una de las cosas que llamó nuestra atención fue una casita de ladrillo, muy modesta, pero encantadora, uno de los escasos elementos que nos recordaban el pasado del lugar. Desaparecidos los lujosos Caprichos, fuentes, grutas, ría y puentecillos, nos sorprendía esta sencilla construcción junto a la puerta principal.

marzo 2009

En aquella primavera de 2009 estaba tapiada, para protegerla, y marcada por los grafitis, hoy es un placer verla convertida en un acogedor quiosco a la antigua usanza, de gran tradición en Madrid, pero con moderno espíritu, donde podemos hacer un alto en el camino, descansar, conversar, y comer y beber cosas ricas, el Quiosco de la Reina.

Los promotores de este quiosco lo han recuperado y lo han convertido en un lugar muy agradable que os invito a visitar.

Además han querido dar a conocer la historia del lugar, utilizando en su web parte del artículo publicado en este blog, lo cual les agradezco.

Como lo normal es comprobar cómo este tipo de cosas desaparecen, me parece una buena noticia que esta pequeña casita junto al antiguo Portillo de Embajadores se haya convertido en un agradable quiosco con su terracita.

noviembre 2011

En este tiempo otoñal y durante el invierno solo abrirá los fines de semana, pero los madrileños sabremos aprovecharlo muy bien,

¿os apetece, nos tomamos algo?.

Por Mercedes Gómez

JARDINES DEL PASEO DEL PRADO – RECOLETOS (V)

Retomamos los paseos por los jardines del Paseo de la Castellana, del Prado y Recoletos, un verdadero privilegio del que disfrutamos los madrileños y visitantes. Hoy os propongo una visita a los acogedores Jardines del Museo del Prado, otro de mis lugares preferidos de Madrid.

El edificio que hoy alberga el Museo del Prado, Antiguo Real Gabinete, Academia y Museo de Historia Natural, fue construido entre los años 1785 y 1808 según proyecto del gran arquitecto Juan de Villanueva. Las fotos de Jean Laurent nos muestran el lugar antes de la creación de los jardines cuyo origen se remonta al año 1860.

Foto J.Laurent (antes 1863). Museo de Historia (memoriademadrid.es)

Unos años después, en 1871, entre la fachada sur y la Puerta de entrada al Real Jardín Botánico, obra del mismo arquitecto, fue creada la Plaza de Murillo. Una vez más, gracias a las pinturas y grabados, sabemos que antes allí hubo una fuente, probablemente diseñada por el propio Juan de Villanueva. Estaba formada por un sencillo cuerpo central del que partían dos pilones semicirculares sobre los que se vertía el agua.

F.D.Marqués. "La Puerta del Jardín Botánico desde el Museo del Prado". 1870. (Museo de Historia) (memoriademadrid.es)

En el plano del General Ibáñez de Ibero se aprecia perfectamente el trazado de los nuevos jardines y la plaza.

Gral. Ibáñez Ibero (h. 1875)

En el siglo XX fueron reordenados por el paisajista Javier de Winthuysen.

Al parecer había surgido una polémica acerca de los árboles que impedían contemplar el Edificio de Villanueva desde el Paseo del Prado. Winthuysen conservó los antiguos y majestuosos cedros, que hoy día perviven, y dejó libre la puerta central, con la escultura dedicada a Velázquez mirando al paseo, obra de Aniceto Marinas, que había sido colocada en 1899.

Los terrenos quedaron ocupados por varios jardincitos, con parterres, macizos de flores, arbustos y árboles de distintas especies.

El jardín frente al Botánico mantiene su forma elíptica, con cuatro parterres organizados alrededor de la estatua del pintor Murillo, que fue instalada el mismo año de creación de la plaza. Se trata de una réplica de la escultura original que se encuentra en Sevilla, obra de Sabino de Medina (1861), realizada y ofrecida a Madrid por el propio autor.

Una espléndida Picea smithiana de más de veinte metros de altura y varios magnolios adornan este espacio hoy tan frecuentado como en el pasado.

Los Jardines del Museo del Prado están catalogados de Interés Histórico-Artístico, además forman parte del Paseo, antiguo Salón del Prado,  declarado Bien de Interés Cultural en su conjunto.

por Mercedes Gómez

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Paseo de la Castellana I.- Jardín del Museo de Ciencias Naturales.
Paseo de la Castellana II.- El Barrio de Indo.
Paseo de la Castellana III.- El Jardín del Hotel Villa Magna.

Paseo del Prado-Recoletos I.- El Jardín del Palacio de Linares.
Paseo del Prado-Recoletos II.- Paseo de Recoletos.
Paseo del Prado-Recoletos III.- Jardín del Palacio de Buenavista.
Paseo del Prado-Recoletos IV.- El Jardín del Palacio del Marqués de Salamanca.

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Bibliografía:

Teresa Sánchez-Fayos y Silvia Villacañas. “Los Jardines del Madrid Moderno”.
Ayuntamiento de Madrid. Madrid 2001.

El pasado viernes día 29 de abril varios medios digitales publicaron la noticia, algunos de ellos incluyendo la foto de los protagonistas a las puertas del Palacio. Ambas partes también lo publicaron en sus respectivas páginas web:

La Comunidad de Madrid ha suscrito un acuerdo con la New York University, importante universidad privada estadounidense, para que esta se instale en el Palacio del Marqués de Salamanca en la Quinta de Vista Alegre. El acuerdo supone que, si se rubrica, la Comunidad cederá el palacio durante 40 años por un alquiler aún indeterminado, y a cambio se compromete a rehabilitarlo.

Ojalá esto acabe siendo una buena noticia para Madrid, pero tras el fracaso -al menos por ahora- de nuestra solicitud de protección como bien de interés cultural para la Quinta de Vista Alegre, podemos preguntarnos qué pasará con el antiguo Real Sitio, el único sin la catalogación de BIC, al ser considerado únicamente un patrimonio desde el punto de vista económico, no histórico ni artístico, o eso parece.

Dice la nota de prensa de la Comunidad que “en este Palacio del Marqués de Salamanca, un edificio del siglo XIX y patrimonio regional, se instalaría la universidad, junto con una residencia universitaria.”

¿Hay vía libre para construir?.

La Universidad afirma en su web refiriéndose a los terrenos de Vista Alegre que “the Madrid government has said is available for construction”. ¿Que el Gobierno de Madrid ha dicho que están disponibles para la construcción?.

¿Qué supondrá para este palacio su rehabilitación para acoger una universidad privada?. ¿Qué efecto tendrá sobre el Jardín Histórico, podrá ser recuperado o desaparecerá definitivamente?.

Lo siento, hoy solo se me ocurren preguntas.

Porque sobre Vista Alegre y este Palacio creo que en este blog ya lo hemos contado y mostrado todo. Bueno, casi todo.

por Mercedes Gómez

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Artículos anteriores:

La Quinta de Vista Alegre ¿Bien de Interés Cultural?.
Huellas del Marqués de Salamanca en Vista Alegre.
Saber más sobre Vista Alegre.
Finca Vista Alegre, patrimonio desaparecido.
Reportaje sobre Vista Alegre en el diario Qué!.
La Quinta de Vista Alegre, Carabanchel Bajo, Madrid.
¿Por qué la Quinta de Vista Alegre debería ser BIC?.
La Quinta de Vista Alegre ¿Bien de Interés Cultural? (II).
El Salón Árabe.


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