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El Museo Thyssen-Bornemisza es sin duda uno de los grandes museos de Madrid. Además de sus siempre sugerentes exposiciones temporales ofrece una Colección Permanente extraordinaria, con obras que abarcan desde el siglo XIII hasta finales del XX, desde el arte Medieval, Renacimiento, Barroco, Impresionismo, las vanguardias… hasta el Pop Art. Todo ello en un edificio singular, el antiguo Palacio de Villahermosa en el Paseo del Prado.

Ahora, desde el pasado mes de enero, gracias al patrocinio de MasterCard, el museo abre dicha Colección Permanente de manera gratuita todos los lunes del año, de 12.00 a 16.00 horas.

Hace unos días tuve el placer y la suerte de poder asistir a Un desayuno en el Thyssen, agradable encuentro que incluía una preciosa visita guiada y diseñada por Teresa de la Vega titulada El Viaje, patrocinado igualmente por MasterCard dentro de un programa de actividades que esta empresa va a ir desarrollando dentro de su campaña Priceless Madrid, Madrid no tiene precio.

Fue una invitación a desayunar y redescubrir el museo, una delicia. ¿Os apetece acompañarnos?.

pasillo Thyssen

Museo Thyssen

Se trata de un recorrido temático que nos lleva a través del tiempo y el espacio por el significado del Viaje y su presencia en la Pintura a lo largo de ocho siglos.

Comienza el paseo en la Sala 1 con uno de los primeros viajes representados, el de los Reyes Magos, ante la tabla de Luca di Tommé, La Adoración de los Magos, del siglo XIV.

En la Sala 4 viajamos al siglo XV y observamos cómo los Los Argonautas abandonan la Cólquida de Ercole de Roberti, los héroes griegos que junto a Jasón fueron en busca del vellocino de oro. En la nº 7, el Retrato del dux Francesco Venier, (1554-1556), de Tiziano… poco a poco continúa nuestro recorrido a lo largo de los siglos.

Durante el paseo aprendemos que los viajes no se realizaron por placer hasta el XVIII, antes únicamente se debían a motivos económicos, militares o religiosos. Como nos cuenta nuestra guía los caminos estaban ocupados por bandoleros o animales peligrosos, y los mares por piratas.

En el siglo XVII el Paisaje se va convirtiendo en un género, a medida que pierde su significado de lugar de peligro y adquiere el de lugar digno de ser contemplado y vivido. En la Sala 13 nos trasladamos a un Paisaje idílico con la huida a Egipto, de Claudio de Lorena (1663).

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C. de Lorena. Paisaje idílico con la huida a Egipto (1663)

En la Sala 17 admiramos las obras de Canaletto representando la bellísima Venecia, cita obligada para los viajeros que comenzaron a realizar el Gran Tour, itinerario antecesor del turismo moderno que incluía Turín, Milán, Venecia, Florencia y Roma, para terminar en Nápoles. El viaje, que duraba desde varios meses a años -según los medios económicos disponibles-, se puso de moda entre los jóvenes ingleses de las clases más altas.

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Canaletto. Vista de la Pl. San Marcos en Venecia (1723)

En la Sala 21 una obra muy ilustrativa, el Rincón de una biblioteca (1711), de Jan Jansz. van der Heyden, en el que además de libros hay mapas, un atlas, una esfera terrestre, otra celeste y una armilar, objetos que reflejan la gran importancia que alcanzaron los Paises Bajos, especialmente Amberes, en el desarrollo de la Cartografía y los Viajes.

En fin, vamos descubriendo aspectos verdaderamente interesantes, como los Bodegones del desorden, relacionados con los viajes y con lo masculino, frente a los Bodegones del orden que representan los interiores de las casas, y están relacionados con lo doméstico, con lo femenino.

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Sala 27

Los descargadores en Arles de Vincent van Gogh (1888), la Habitación de hotel de Edward Hopper, ya en el siglo XX,… hasta veintitres obras magníficamente seleccionadas.

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Hopper. Habitación de Hotel (1931). Sala 40.

Muchas gracias al Museo Thyssen por su grata acogida, y a MasterCard por su invitación y su ayuda en la difusión de la Cultura y el Arte.

Acudir a los museos es otra forma de viajar y conocer mundos nuevos.

Mercedes Gómez

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Museo Thyssen
Paseo del Prado, 8
Entrada gratuita los lunes de 12.00 a 16.00 h.

Tarjeta MasterCard Priceless Madrid

Hace casi cuatro años que hablamos aquí por primera vez del edificio de las antiguas Serrerías Belgas, situado entre las calles de Cenicero y Alameda. Como decíamos entonces, se trata de uno de los pocos ejemplos de arquitectura industrial que subsisten en Madrid, una vieja fábrica maderera hoy destinada a albergar cultura contemporánea. Las noticias recientes sobre el fin de las obras y su posible apertura animan a actualizar el artículo.

El solar sobre el que se construyó la fábrica, al final de la calle de Atocha cerca del paseo del Prado, en el siglo XVIII había estado ocupado por el Convento de Padres Agonizantes y su iglesia, tras cuyo derribo pasó a ser propiedad de particulares. Cuenta Mesonero Romanos que fue fundado en 1720 por el Marqués de Santiago bajo la advocación de Santa Rosalía. La iglesia, que aparece representada en los planos de finales de siglo, estaba situada en la esquina de Atocha con Alameda. Era la manzana nº 263, ubicada frente al Hospital General, que ocupaba la manzana nº 1 (curiosamente, en el siglo XVIII Madrid comenzaba a numerarse junto a la Puerta de Atocha).

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Manzana 263. Tomás López (1785)

El año 1840 se fundó la Sociedad Belga de Fincas Españolas instalándose en dicho solar. En 1863 se ampliaron las construcciones iniciales, que sufrieron numerosas reformas y cambios durante los primeros años del siglo XX, hasta llegar al edificio actual.

Esta Sociedad fue el antecedente de la actual propietaria del “Pinar de los Belgas” en Rascafría: la Sociedad Anónima Belga de los Pinares del Paular, que en su web conserva recuerdos de aquellos tiempos lejanos en que la industria maderera se encontraba en la madrileña calle de Atocha.

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En Rascafría la Sociedad continúa su actividad.

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Rascafría, 2009 (Foto: Fernando Gómez)

Después de la guerra se fueron ampliando las instalaciones con la compra de nuevos terrenos. La idea fue rentabilizar la propiedad con la construcción de algunos comercios y viviendas, al final lo que se construyó fue un hotel, el Hotel Mercator, finalizado en 1954.

Esta fue la sede de la fábrica hasta los años 70 del siglo XX, la actividad se fue reduciendo poco a poco hasta quedar las naves casi abandonadas y, en el año 2000, se vendió el hotel. En su lugar se construyó el moderno Hotel Paseo del Arte, que fue inaugurado en 2002 en el actualmente nº 123 de la calle de Atocha.

Las naves de las antiguas serrerías fueron adquiridas por el Ayuntamiento y poco después nació el proyecto de rehabilitación para convertirlas en una de las sedes de la INTERMEDIAE, centro de arte dedicado a la Creación contemporánea y a las últimas técnicas de expresión artística. La otra sede, ya en funcionamiento, es el antiguo Matadero de Legazpi.

Tras el grave incendio de una Subestación Eléctrica de Unión Fenosa en el mes de julio de 2004, que estaba situada entre las serrerías y la antigua Central Eléctrica de Mediodía -hoy convertida en el Caixa-Forum- , lo único que quedó fue un gran solar.

Poco después del incendio, la medianería que se asomaba a dicho solar fue cubierta con un enorme mural de lona que invitaba a leer el capítulo XXXIX del Quijote como antesala protectora de las naves de las antiguas serrerías.

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A continuación, caminando por la calle Alameda, se leía perfectamente el rótulo que informaba que ahí estuvieron los viejos ALMACENES Y TALLERES MECÁNICOS. Una verja y un pequeño patio-jardincillo donde desde siempre hubo un árbol, separaban las naves del hotel. Al fondo, la calle Atocha.

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Por la calle Atocha se llega a la de Cenicero donde se encuentra la fachada que anuncia MADERAS DEL PAÍS Y EXÓTICAS. La antigua entrada a la fábrica por la Calle Cenicero nº 8 anuncia TALLERES Y PINARES PROPIOS.

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Unión Fenosa cedió el solar al Ayuntamiento, para zona verde. La subestación fue trasladada y reconstruida bajo la Cuesta de Moyano; el solar se convirtió en la nueva Plaza de las Letras, inaugurada en abril de 2007; la medianería, que ha ido cambiando su decoración, entonces lucía unos paneles ondulados de metal, quizá acordes con el pasado industrial de la zona.

El mismo año 2007 se falló el concurso de ideas para la “adecuación de la antigua serrería belga” y convertirlo en el centro Intermediae-Prado, resultando ganador el proyecto “Street Fighter”, de los arquitectos María Langarita Sánchez y Víctor Navarro Ríos, quienes afirmaban querer buscar un equilibrio entre lo que el edificio ha sido y lo que será: el viejo edificio conservará su estructura y “la memoria del pasado se mantendrá como un punto y seguido…

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El carácter que el uso de la serrería dio al edificio, su maquinaria específica, todo será recubierto con una pátina de resinas que congelará en el tiempo lo que la serrería fue hasta esa fecha para poder reescribir encima lo que el edificio puede llegar a ser”.

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Hace dos años el edificio mostraba este aspecto:

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Por fin, en este final del año 2012, las obras de rehabilitación han terminado.

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El pasado fin de semana abrieron sus puertas con motivo de la celebración de un mercadillo.

Únicamente falta rematar algunos detalles, anteayer los empleados colocaban unos ladrillos del suelo en la entrada. Desde fuera, a través de las grandes cristaleras se ven grandes espacios diáfanos destinados a albergar talleres y salas de conferencias.

entrada

Las lonas han desaparecido dejando a la vista los muros con sus antiguos rótulos restaurados.

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Y allí continúa, en el patio entre el hotel y la antigua serrería, el viejo árbol, observándolo todo y, como nosotros, esperando la apertura definitiva del centro.

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Al parecer no hay fecha oficial, pero podría ser el próximo mes de enero.

Por : Mercedes Gómez

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Más información:

El nuevo Medialab. Blog Reflexiones a la carrera.
El edificio contra “La Cosa”. Diario El País 5 dic. 2012

El edificio Ampliación del Museo Reina Sofía fue inaugurado a finales del año 2005. Es obra de Jean Nouvel, quien a finales de 1999 ganó el concurso internacional al que se habían presentado los arquitectos más renombrados, ofreciendo un logrado y bello contraste entre lo antiguo, el Edificio Sabatini del siglo XVIII, antiguo Hospital General que alberga el museo desde 1990, y lo moderno, este Edificio Nouvel del siglo XXI. Son distintos, pero son lo que parecen: hechos el uno para el otro.

El nuevo, levantado a espaldas del antiguo hospital sobre el solar junto a la fachada suroeste, entre las calles de Hospital, Argumosa y Ronda de Atocha, consta de tres elementos : el Auditorio, la Biblioteca y la sala de Exposiciones Temporales, que unidos al edificio primitivo se ordenan alrededor de un patio, en cierto modo un patio de manzana concebido casi como una plaza, un lugar de encuentro y estancia.

ampliacion

Una de las singularidades de esta construcción vanguardista fue el empleo de materiales innovadores. Dos cajas de acero laminado y cristal contienen la Biblioteca y las salas de Exposiciones Temporales, y entre ambos elementos transparentes, se ubica el Auditorio revestido de fibra de vidrio y poliéster (composite) en color rojo a modo de gran bola brillante y opaca. Las lamas de protección de las fachadas son de aluminio extruído, y sin duda, el elemento más poderoso es la gran cubierta de zinc, rojiza como los tejados madrileños, que sobresale en voladizo sobre todos los volúmenes.

cubierta

La entrada tiene lugar por la Ronda de Atocha, esquina a la plaza del Emperador Carlos V (Atocha para la mayoría de los madrileños). Por ella accedemos a la Plaza con lucernarios o aberturas que según la hora o el clima producen efectos distintos sobre nosotros. En ella se instaló la obra del artista norteamericano Roy LichtensteinBrushstroke, Pincelada o brochazo, escultura monumental que hace referencia al oficio y al arte de la pintura.

plaza

Dos ascensores transparentes llevan a la Terraza, desde la cual surgen infinidad de puntos de vista nuevos y sorprendentes. Ir descubriéndolos es un juego.

Las vistas desde la Terraza del Edificio Nouvel no son desde luego las más espectaculares de Madrid, entre otras cosas porque su altura no es mucha, pero sí tienen un gran encanto. Quizá lo importante no es tanto lo que vemos sino cómo lo vemos, qué nos sugieren los edificios reales y los reflejados, la luz del día y los rayos del sol que se cuelan entre las pasarelas. En los cristales y en la gran cubierta se refleja no solo el exterior, las calles próximas, sino el interior, la plaza, la terraza, nosotros mismos…

reflejos

Con atención y cuidado, como nos ruegan los letreros en los paneles de vidrio, por motivos de seguridad, pero también por curiosidad, nuestras miradas juegan, buscando elementos reconocibles entre las estructuras de acero y cristal. Asomándonos a la Ronda de Atocha, a la izquierda contemplamos la Estación. Tras ella, el Observatorio Astronómico, el Panteón de Hombres Ilustres…

dos edificios

A la derecha, el perfil del sur de la capital. En lugar preferente se ha instalado la obra de Antoni Miralda Tri-Uni-Corn (1981), realizada en vidrio y maíz sobre una base de madera.

miralda

Al otro lado, sobre la calle del Hospital, vemos a la izquierda el lateral de un edificio neomudéjar de finales del siglo XIX, con su entrada en la calle de Argumosa, a continuación una corrala de principios del XX, con la ropa tendida. Al fondo, el perfil del Madrid más antiguo, con las cúpulas de varias iglesias, que (otra vez jugamos) tratamos de identificar.

corrala y cupulas

Tras los tejados de las casas cercanas también se vislumbran otras construcciones más modernas, como el Círculo de Bellas Artes. Poco a poco desde la terraza asistimos a la evolución de la arquitectura madrileña, vamos imaginando cómo la línea del cielo de Madrid debió ir cambiando desde el siglo XVIII hasta hoy. Todo un espectáculo.

La visita a la Plaza y a la Terraza es gratuita.

por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

E. Domínguez Uceta. La tercera piel del Reina Sofía. Revista Descubrir el Arte, nº 64, junio 2004.

Una de las exposiciones recientemente inauguradas en el Museo del Prado es una pequeña y original muestra titulada Los trípticos cerrados. De grisalla a color.

En un bello e inesperado lugar, en la Galería norte de la planta baja del Edificio Villanueva iluminada por la luz natural que llega del Paseo del Prado, se han instalado las fotografías de varios trípticos cerrados cuyos originales abiertos se pueden contemplar en su emplazamiento habitual, en las cercanas salas dedicadas a la pintura de la Escuela Flamenca.

Son nueve óleos sobre tabla de los siglos XV y XVI, nueve trípticos de los que normalmente no se pueden ver las imágenes pintadas sobre el reverso de las puertas que los cierran.

En estas puertas los primeros pintores flamencos como Robert Campin comenzaron a utilizar las grisallas o pinturas monocromas que emplean únicamente la gama de los grises, para simular esculturas de piedra ubicadas en marcos arquitectónicos.

Luego algunos pintores introdujeron el color, entre ellos El Bosco, en La Misa de San Gregorio. Puertas exteriores de La adoración de los Magos, de 1505, donde utiliza una semi-grisalla. En esta obra el gran artista también utilizó la técnica del trampantojo, pintando un marco falso junto al verdadero con el fin de atraer más la atención sobre la escena.

El Bosco. Misa de San Gregorio (1505).

Pierre Pourbus el Viejo en su Tríptico de los santos Juanes, pintado en 1549, en el exterior de las puertas nos muestra a San Pedro y San Pablo. En este caso las figuras están situadas sobre el zócalo de una estructura de madera con desperfectos que parece real. Los pies de los apóstoles se salen del cuadro… El pintor recurre al engaño visual para conseguir mejor el efecto de ilusión deseado.

P. Pourbus. San Pedro y San Pablo (1549)

Salimos del museo y paseando por las calles de Madrid comprobamos cómo este recurso tan antiguo, que alcanzó su esplendor en el siglo XVII, continúa siendo utilizado en el siglo XXI con el mismo objetivo de engañar, siempre con buena intención, la de mejorar la imagen ofrecida.

Desde hace unos años los edificios madrileños deben ser revisados cada cierto tiempo y los propietarios están obligados a reparar y reformar todo lo que sea necesario para mantener su buena salud. En algunos casos, los vecinos de las viviendas en lugar de limitarse a limpiar o pintar sus fachadas las adornan con decoraciones realmente bonitas. Uno de los medios utilizados es la pintura al trampantojo.

En la mágica calle del Espejo, una de las más antiguas de la Villa, que fue ronda interior de la muralla medieval, uno de sus edificios ha sido decorado con esmero. Aunque lamentablemente ya muestra las huellas de los que se dedican a ensuciar y pintarrajear las casas ajenas.

Sobre los fuertes sillares de piedra que lo sustentan otros más pequeños componen sus muros, pero resultan ser falsos… aunque son tan perfectos que hay que tocarlos para cerciorarse de que son pintados.

Como los que conforman la esquina del edificio, dibujados fingiendo el sólido granito.

Además, varios balcones imaginarios se abren a la calle del Lazo con sus rejas pintadas que se confunden con las de los balcones auténticos.

Por Mercedes Gómez

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Otros artículos:

Trampantojos en Madrid.
Antonio de Pereda. Bodegón. 1652.
Murillo. Autorretrato. 1670.
Coello y Donoso. Salón Real de la Casa de la Panadería. 1672-74.
El Trampantojo de Juan Muñoz. 1994.

El pasado miércoles 17 de octubre fue inaugurada la exposición Coleccionismo al cuadrado. La colección de Leandro Navarro en el Museo Lázaro Galdiano, organizada por el Ministerio de Educación y Cultura.

Lucien Freud. “Mujer con tatuaje en el brazo” (1996).

Sorprende y admira encontrar, en un lugar tan inesperado, pinturas y esculturas de los artistas más representativos del siglo XX español conversando con obras maestras de todos los tiempos, coleccionadas en el siglo XIX por José Lázaro Galdiano.

No es la primera vez. El año pasado pudimos disfrutar con la exposición ¿Qué hace esto aquí?. Colección Jove en el Museo Lázaro Galdiano

Leandro Navarro nació en Madrid en 1927, y comenzó su colección en 1956 con una acuarela del pintor Benjamín Palencia. Era un regalo a su mujer, en su primer aniversario de boda. Ambos eran aficionados a la pintura. La colección de Leandro y Conchita Navarro ha llegado a ser muy amplia y valiosísima, pero podemos imaginar la emoción de los comienzos, del riesgo y las sensaciones al poder contemplar estas obras, en su propia casa.

Leandro Navarro, coleccionista y galerista, dice cosas tan interesantes como que “Rothko es tan bueno como Murillo”, es la opinión de alguien que ama y conoce el Arte, su historia y su significado.

Asomado al jardín, en uno de los balcones principales del palacete, nos recibe la primera obra de la exposición, Jacobo I, una escultura de bronce de Julio López Hernández.

Julio López Hernández. Jacobo I (1975).

La exposición es extraordinaria.

Comienza en la planta baja donde se muestran obras significativas del “universo” de Leandro Navarro y representativas de su Colección, Leandro Navarro y su trayectoria: Maruja Mallo, Cristino de Vera, Solana, Miró… y esculturas de pequeño formato de Gargallo y Julio González, entre otros.

En la primera planta, en una sala habitualmente dedicada a Goya, se han ubicado la mayor parte de las obras de José Gutiérrez Solana, que toma el relevo a Goya, y que Leandro ha ido adquiriendo a lo largo de los años. Queda clara la relación entre la obra de ambos artistas, que reflejan la España “más oscura”.

En el antiguo despacho de José Lázaro se ha instalado una espectacular selección de la obra de los grandes artistas del siglo XX, los realistas Antonio López, Carmen Laffón… junto a los abstractos, Tapies, Lucio Muñoz, Palazuelo, Manuel Rivera…

En la planta segunda, junto a los dibujos de los grandes artistas del siglo XX,  como Picasso o Juan Gris, se exponen los de otros artistas internacionales que más recientemente se han ido incorporando a la Colección (Lucien Freud, Louise Bourgeois), y pequeñas esculturas realizadas por los representantes del mejor abstracto, Eduardo Chillida, Martín Chirino, etc .

Juan Gris. Molino de café y botella (1917)

Descansando al lado, tras los cristales de una vitrina, una cabecita de “Carmen dormida”, de Antonio López.

Antonio López. Carmen dormida (2001)

Finalmente, en el edificio de la España Moderna, que acogió la antigua editorial de José Lázaro, una característica escultura de Pablo Palazuelo nos da la bienvenida a la Sala dedicada a la Escuela de Madrid y más. Artistas como Caneja, Redondela, Martínez Novillo, Benjamín Palencia…

Francisco Bores. Femme dans un interior (1935).

Hay muchas obras bellas en estas salas, repartidas y colocadas con sabiduría con el fin de mostrar la importancia del coleccionismo, en este caso un Coleccionismo al cuadrado. Se puede visitar hasta el próximo día 7 de enero de 2013, en el Museo Lázaro Galdiano, calle Serrano nº 122.

Por Mercedes Gómez

El Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares, nos propone un viaje al pasado. Desde los tiempos más remotos, anteriores a la existencia de seres humanos, los primeros pobladores y el Madrid hispanorromano, nos traslada a la Edad Media para recorrer los tres periodos vividos en nuestra región, la época hispanovisigoda, el mundo andalusí y finalmente la sociedad feudal, hasta llegar a los siglos XVII y XVIII. En lo que se refiere a la ciudad de Madrid, las primeras referencias pertenecen a la segunda época medieval, al Madrid islámico.

La Colección es muy interesante, además ahora hay una exposición temporal muy bonita, dedicada a los Carpetanos, pero se echan algunas cosas de menos, sobre todo los importantes hallazgos de los últimos años, esperábamos más del museo dedicado a la arqueología madrileña, pero esa es otra historia…

Hoy, continuando con los artículos en torno al origen de Madrid, el Madrid árabe, y con nuestro empeño en conocer cómo era la vida de nuestros antepasados, tras la visita al Madrid islámico en el Museo de los Orígenes, visitamos este Museo Arqueológico con el fin de conocer su versión, y a la vez dar un paseo por la Villa medieval, una vez más.

Comienza la explicación con la llegada de los árabes a la península en el siglo VIII, con su nueva cultura, lengua, religión… y su impacto sobre Madrid, que vivió durante casi cuatro siglos bajo su influencia. Los objetos y restos expuestos en las vitrinas nos ayudan a imaginar, y nos guían en nuestro paseo por el Madrid de los siglos X y XI.

Tal como nos recuerda uno de los paneles, existen pocos vestigios arqueológicos del trazado que Madrid tenía cuando se fundó, en el siglo IX, pero suponemos que, tras su recia muralla, ”como la mayoría de las ciudades árabes, tendría un trazado urbano abigarrado y caótico”.

Muralla árabe (Cuesta de la Vega). Siglo IX.

En nuestra región, “solo Madrid y Talamanca aparecen en los textos árabes como medinas, lo que supone el reconocimiento oficial de su importancia administrativa. Ambas contaron con un recinto amurallado urbano y quizás otro más pequeño de carácter militar y administrativo: la alcazaba. En él se alojaba el gobernador de la ciudad (caíd)”.

Plaza de Oriente desde los Altos del Rebeque

La sociedad árabe, en todos sus aspectos, incluida la forma de gobierno, se regía por el islamismo. La palabra escrita tenía una fuerza simbólica, de forma que llegaba a todos los aspectos de la vida, incluidos los objetos domésticos. Hay varios ejemplos, como este Ataifor o plato hallado en la Plaza de Oriente con el epígrafe al-mulk (el poder) correspondiente al siglo XI.

Ataifor siglo XI (plaza de Oriente)

Hace pocas semanas, durante nuestro Paseo en busca de la segunda muralla árabe comentamos cómo gracias a la excavaciones arqueológicas se conoce la existencia de varios arrabales musulmanes, zonas extramuros que se fueron poblando entre los siglos IX al XI en torno a la primera medina.

A través de los objetos expuestos en este Museo podemos recorrerlos.

Como ya sabemos, en las excavaciones de la Plaza de Oriente, se encontraron importantes vestigios de la presencia árabe en estos terrenos cercanos al primer recinto amurallado.

Jarra, anafre y cazuela, siglos X-XI

Nuevamente ayudados de la imaginación, continuamos nuestro paseo hacia el arrabal considerado más antiguo, situado en torno a las Vistillas y las plazas de los Carros y de San Andrés.

En el interior del museo, contemplamos ollitas y cazuelas utilizadas hace siglos por los vecinos de las plazas de la Morería y del Alamillo, en las que conservaban y cocinaban sus alimentos, y aprendemos mucho acerca de sus costumbres. Como ya hemos mencionado en alguna ocasión, existe una descripción anónima de al-Andalus en el siglo XI que dice:

Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano”.

La cocina mayrití era muy sencilla, basada en los cereales y la harina, legumbres, leche a partir de la cual elaboraban el queso, y la carne, que como estaba reservada para las fiestas se guardaba en grandes cacharros de cerámica. Tanto los cereales como las legumbres o la carne, sobre todo de gallina, pero también de oveja o de vaca, y caza, se cocían y luego aderezaban con hierbas aromáticas.

Podemos observar los recipientes que utilizaban para almacenar los alimentos, para presentarlos, y los que guardaban los líquidos.

Cantimplora siglo X-XI (Plaza de Oriente)

Pero no solo los utensilios culinarios nos explican cómo era la vida en el Madrid andalusí, también los que proporcionaban iluminación y calor. Durante las sucesivas excavaciones arqueológicas aparecieron numerosos Anafres u hornillos, y Candiles de cerámica.

En la Plaza de San Andrés, en la Casa de San Isidro (actual Museo de los Orígenes), se hallaron importantes elementos de carácter doméstico, algunos muy significativos. Uno de ellos, la famosa maqueta de una Puerta de recinto fortificado, realizada a mano en terracota. Se cree pudo ser un juguete, o un pebetero, como podrían indicar las quemaduras de las torres. En cualquier caso es un ejemplo de la importancia que tenía la representación de las fortificaciones en la sociedad islámica. Junto a ella, contemplamos una pieza hallada en el mismo solar, una Torre del juego de Ajedrez.

Mirando todos estos objetos y paseando por las calles construidas sobre los viejos arrabales mayritíes, fantaseamos, ¿cómo sería la vida en las viviendas que seguro allí existieron?. Nos preguntamos cómo sería la vida cotidiana de los primeros madrileños, en sus casas organizadas alrededor de un patio y un pozo.

Los hallazgos arqueológicos también nos hablan de la importancia que tuvieron en el mundo árabe los sistemas de captación de agua, viajes, pozos y norias, destinados a usos domésticos, higiénicos (baños públicos) y artesanales. Además, el agua tenía un gran valor debido a la actividad agrícola y ganadera que desarrollaban.

Arcaduz de una noria sg. X-XI (Casa de San Isidro)

Junto a la Puerta de Moros surgió el arrabal de la Cava Baja, que llegaba hasta Puerta Cerrada. Durante las obras en el edificio de la Cava Baja nº 30, donde se conserva un largo lienzo de muralla muy antiguo, al parecer el único de construcción altomedieval, es decir, del siglo XI ó XII, aparecieron también objetos de época islámica.

Desde aquí nos dirigimos a la calle del Rollo, y sus alrededores.

Plaza del Rollo

Recordemos que en esta zona se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación árabe en la zona: cerámicas y, lo que es más importante, restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI.

En primer término, gran contenedor del siglo XI (calle del Rollo 7)

Los objetos de prestigio, de tocador, o para la escritura, igualmente nos dicen mucho acerca de la sociedad islámica. En una de las estanterías de cristal hay un Anillo que debió adornar la mano de un hombre o una mujer en el siglo XI.

En la calle Requena, cerca de la plaza de Ramales también está demostrada la presencia de población.

Plaza de Ramales

Uno de los objetos expuestos es una bonita Limeta o vasija sin asas de las que utilizaban los árabes para guardar sus bebidas.

Calle Requena esq. plaza de Ramales (siglo XI)

Cada día sabemos un poquito más sobre cómo vivían los primeros madrileños, en qué trabajaban, cómo cocinaban, lo que comían, el paisaje que les rodeaba, la rica vegetación y hermosos árboles de distintas especies que crecían junto a los arroyos… aunque lo más emocionante es tener la certeza de que aún nos quedan muchas cosas por descubrir.

Por : Mercedes Gómez

Museo Arqueológico Regional
Plaza de las Bernardas s/n
Alcalá de Henares (Madrid)

El Museo Sorolla es una maravilla. Nos sugiere infinidad de historias de las que podríamos hablar, la biografia de Joaquín Sorolla, su duro comienzo, huérfano con solo dos años de edad, su afición al arte, siendo casi un niño, su vida feliz, con su mujer, “su Clotilde”, y sus hijos, y su duro final, debido a la enfermedad que le llevó a la muerte con solo 60 años. Su extraordinaria pintura, su casa-taller… es un placer contemplar el edificio, los jardines… pero hoy os invito a detenernos en un aspecto diferente, muy interesante y bonito, Sorolla y sus amigos.

En la Casa-Museo de Joaquín Sorolla, en el paseo del General Martínez Campos, además de sus cuadros se conservan muchos de los muebles, algunos de gran valor, objetos personales y numerosas obras de arte, algunas compradas o encargadas por él mismo, y otras fueron regalos, muchas de ellas realizadas por amigos, todas por tanto tuvieron un gran significado para él, no solo artístico sino emocional.

Recorriendo la casa se respira un ambiente muy grato y a cada paso se encuentran las huellas de sus amigos, sobre todo de los escultores Mariano Benlliure y José Capuz.

Recordemos que Mariano Benlliure vivía cerca de Joaquín Sorolla, en la calle de José Abascal. Ambos eran casi de la misma edad, Joaquín un año mayor que Mariano, y ambos habían nacido en Valencia. El recuerdo de su amistad nos acompaña desde el comienzo de la visita.

El paso del primer jardín al segundo está enmarcado por dos columnas sobre las cuales hay dos pequeñas esculturas, a la izquierda Desnudo femenino de José Clará, y a la derecha El Gaitero, de Benlliure. Los originales, restaurados, se encuentran en el interior de la casa, en el Comedor, como veremos. Las figuras que actualmente se encuentran al aire libre son dos reproducciones en resina sintética.

Nos quedamos un rato en este segundo jardín, sentados en su banco de cerámica, escuchando el sonido del agua, rodeados de los magníficos árboles plantados por Sorolla, un mirto, un árbol del amor, un magnolio… el lugar es bellísimo y se respira la paz que debieron disfrutar los Sorolla hace un siglo, a pesar de que ahora la casa está rodeada por altos edificios que a principios del siglo XX no existían.

Los tres delicados amorcillos de bronce de la fuente se cree podrían ser obra de Benlliure, aunque no hay certeza.

En el tercer jardín, bajo la pérgola, se halla el Busto de Sorolla, regalo de la Hispanic Society of America de Nueva York tras la inauguración del museo, réplica en mármol del original en bronce que ellos poseen.

Entramos por fin en la casa sin poder olvidar la imagen del expresivo y noble rostro de Joaquín Sorolla captado por Mariano Benlliure.

En la Sala I, antiguo almacén y lugar en el que el pintor preparaba sus telas y bastidores, entre fotografías, postales y distinciones, en una vitrina se recuerda al pintor madrileño Aureliano de Beruete, su gran amigo, que le ayudó a introducirse en los ambientes más dispares, tanto “intelectuales como mundanos”.

Cuando en 1912 Aureliano murió en Madrid, Joaquín Sorolla organizó en su propia casa, en esta sala y en la contigua, hoy Sala II, una exposición antológica. Actualmente ambos artistas comparten la sala 60 A en el Museo del Prado.

En esta misma Sala I contemplamos una magnífica pintura de 1897, Una investigación, retrato de su amigo el doctor Luis Simarro, en su laboratorio. Sorolla pensaba que la mejor forma de retratar a las personas, que aparezcan con naturalidad, es en su propio ambiente, en su propia atmosfera. Así que por las noches iba casa del doctor, importante figura de la ciencia y la neurología españolas, y gran aficionado al Arte, y pintaba.

Tras visitar la Sala II llegamos a la espectacular Sala III, su antiguo Taller. En uno de los rincones hay un relieve realizado en 1909  dedicado Al pintor Sorolla. Su amigo, M. Benlliure.

Salimos del taller para dirigirnos a la parte de la casa que la familia utilizaba como vivienda. En la  zona inferior de la Escalera, entre otras bellas esculturas, se encuentra la Psyque, vaciado en bronce de la obra que el gran escultor Auguste Rodin regaló al pintor durante su visita a su taller de París en 1913, realizado por José Capuz. El original no se conserva debido a que resultó dañado durante el vaciado.

José Capuz era 20 años más joven que Sorolla, y en un principio fue protegido y ayudado por él, pero con el tiempo se convirtió en su amigo y una de las personas más importantes de su vida, y luego, tras la muerte del pintor, de la de su esposa Clotilde y sus hijos, como persona de confianza. Formó parte del Patronato del Museo creado en 1931 y diseñó el sello para su inauguración al año siguiente.

En esta parte de la casa se encuentra otra obra suya, Torso de mujer.

Sorolla decoró la rotonda del Salón con esculturas de su familia. De José Capuz son las dedicadas al propio pintor y a su hijo Joaquín, de bronce, y a su hija Elena, esculpida en mármol. Las figuras de la hija mayor María y de su suegro Antonio García Peris fueron modeladas en bronce por Mariano Benlliure.

En el Comedor, son de Capuz los yesos de la ampliación de la estancia tras el arco a la izquierda, y los relieves en madera de la mesa. Al fondo, en la chimenea, se encuentran las esculturas originales que antes estuvieran en el jardín, una de ellas la mencionada El Gaitero de Benlliure.

Capuz realizó un busto de Clotilde, modelado en yeso, que actualmente se encuentra situado a la entrada de la exposición temporal a ella dedicada, y que podemos visitar hasta el próximo mes de octubre, Clotilde de Sorolla.

Igual que Mariano Benlliure y el propio Sorolla, José Capuz era valenciano.

Un detalle que indica el valor que dio Sorolla a sus amigos, como personas, pero también como artistas, es que primero Mariano Benlliure y luego José Capuz fueron maestros de su hija menor, Elena, que fue escultora. De ella se conservan muchas obras en el Museo.

Otro de sus amigos más íntimos, a pesar de que se encontraron pocas veces en persona, fue el pintor Pedro Gil, que vivía en París. La abundante correspondencia mantenida entre ambos así lo demuestra. Como vimos, el taller de Sorolla está lleno de objetos que fueron importantes para el artista, obra o regalo de sus amigos. Pedro Gil es el autor de la reproducción en miniatura de la Victoria de Samotracia, cuyo original se encuentra en el Louvre, encargada por Sorolla a su amigo en 1894. Otras dos esculturas, obra de Troubestzkoy, representan a Gil y al mismo Sorolla.

También tuvo una gran relación con la familia Sorolla el fotógrafo Diego González Ragel, aunque la gran amistad la tuvo con su hijo, Joaquín Sorolla García. Gracias a sus fotografías se conoce muy bien cómo era la casa del pintor cuando la familia la habitaba y cómo estaba decorado el taller que luego pudo ser reproducido con fidelidad.

Taller de Sorolla. Foto: Ragel (1932)

Taller de Sorolla (15 agosto 2012).

Joaquín Sorolla fue un gran enamorado de la Cerámica, que fue coleccionando a lo largo de los años. Gran parte de la decoración de su Casa y los jardines la encargó a otro de los artistas con los que entabló una relación amistosa, Juan Ruiz de Luna, que recordemos también decoró la Casa-Estudio de Benlliure. Suyo es el zócalo del patio andaluz. En la zona acristalada donde actualmente se expone la colección de cerámica, hay un Jarrón dedicado Al gran Pintor Sorolla firmado por Ruiz de Luna Guijo y Cia. Año 1909.

En el Antecomedor el artista quiso recrear una de las estancias de Felipe II en el Monasterio de El Escorial. Para ello pidió a la Fábrica de Ruiz de Luna en Talavera la reproducción de un modelo de zócalo del siglo XVI, el existente en la ermita talaverana del Prado.

No podía faltar una obra del gran ceramista Daniel Zuloaga, de quien una vitrina en el taller guarda un precioso jarrón.

Estas exquisitas obras de arte son solo algunas de las muchas que adornan el Museo Sorolla, las estancias en las que vivió el pintor con su familia, creó gran parte de su pintura y recibió a sus amigos.

Por Mercedes Gómez

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Fuentes:

Museo Sorolla
Pº General Martínez Campos, 37.

Guía del Museo Sorolla. Madrid 2009.

Ragel. Reporter Fotógrafo. Exposición Museo de la Ciudad. Madrid 2010

En julio de 1992 fue inaugurado un nuevo museo en Madrid bajo el slogan Descubre tu ciudad. Tenía un buen objetivo, explicar nuestra historia de una forma sencilla y didáctica, el desarrollo urbano desde la prehistoria hasta nuestros días. Recibió el nombre de Museo de la Ciudad.

Dos años después, por Navidad, en el exterior fue instalada una versión moderna de nuestro símbolo, el Oso y el Madroño. Se trata de un escultura diseñada por José Ramón Poblador realizada en granito negro por los canteros municipales.

calle Príncipe de Vergara nº 140

La primera planta ha acogido hasta hace poco estupendas exposiciones temporales. Entre las últimas, algunas de Fotografía memorables, como las dedicadas al Madrid Literario de Caballero Bonald y Navia, y al Archivo Ragel.

La segunda planta está dedicada a las infraestructuras y fuentes de energía (gas, agua, alumbrado, etc). La tercera nos ofrece un recorrido precioso, de la Prehistoria, pasando por el Madrid musulmán, romano, de los Austrias… hasta la Ilustración.

Interior de una cabaña Neolítico 3.000 a. C. (escala 1/2)

Se exponen varias maquetas de la Villa de Madrid, una de ellas dedicada a las Puertas y Portillos, donde podemos ver desde la Muralla de la Almudena (siglo IX) y la Primera Medina (X) a la Cerca de Felipe IV (1625).

Puertas y Portillos de Madrid, siglo XVII.

Finalmente llegamos a la cuarta planta, dedicada a los siglos XIX y XX. Una de las joyas del centro es la gran Colección de maquetas de edificios, infraestructuras y proyectos arqueológicos (muy interesante la que reproduce las excavaciones de la Plaza de Oriente en los años 90 del pasado siglo).

Madrid, siglo XX.

Otro de los aspectos destacados en este museo es cómo a través de objetos domésticos o de cuidado personal nos muestra detalles de la vida cotidiana de nuestros antepasados. Estuches de manicura, álbumes de cromos, un tostador de frutos secos, viejas estufas, rizadores de pelo del siglo XIX… un montón de recuerdos curiosos del pasado, y valiosos.

También proporcionan una gran información acerca de la sociedad que vivieron nuestros abuelos y bisabuelos. Un cartel recomienda la Máquina de coser Singer nº 20, ideal para las niñas… tu hija se sentirá mujercita ante la máquina que viste a sus muñecas, afirma.

La Fotografía y la Cartografía ayudan a lo largo de todo el recorrido a explicar nuestra Historia. Creo que es el único lugar en el que se puede contemplar la evolución urbana de Madrid a través de sus planos, tan útiles para conocer la evolución de nuestra ciudad, y tan poco conocidos.

A pesar de hallarse fuera del circuito de los grandes museos y alejado del centro, el Museo de la Ciudad ha sido uno de los museos municipales más frecuentados. Aunque lejos de los 186.000 visitantes del año 1995, el pasado año recibió 106.000, más que el Museo de  los Orígenes (45.000), siendo solo superado, entre los museos públicos de la ciudad, por el Templo de Debod y el Planetario, dos lugares magníficos pero no relacionados con nuestra historia.

Hace tiempo que se rumoreaba sobre su cambio de sede. Cuando comenzaron las obras en el antiguo Palacio de Telecomunicaciones para convertirlo en oficinas del Ayuntamiento se habló de que sus fondos podrían ser trasladados al nuevo Palacio de Cibeles.

Definitivamente, el Museo de la Ciudad va a desaparecer.

Maqueta Plaza de Pontejos

Hubo un tiempo en que el museo tenía mucha vida. Algunos días en el Salón de Actos de la planta baja se proyectaban películas, imágenes del Madrid Antiguo, Madrid en el recuerdo, a cuyos pases acudía bastante público. Recuerdo aquellas mañanas de domingo con agrado. También había una librería.

El domingo pasado el edificio estaba casi vacío, no creo llegáramos a diez personas las que nos encontrábamos paseando y curioseando por allí. Ya han comenzado a llevarse piezas, seguramente a los almacenes municipales, otras simplemente estaban apagadas, como los elementos audiovisuales o interactivos. El museo cerrará sus puertas el día 31 del presente mes de julio, en agosto será vaciado y en septiembre comenzarán las obras para convertir el edificio en oficinas para el área de Economía del Ayuntamiento. Parece que el nuevo Palacio en Cibeles no es suficiente para las necesidades de este Consistorio.

Es una pena. Quedan unos días para despedirse pues ya nunca, es lo más probable, volveremos a ver todo este material junto, sobre todo las maquetas. Según se ha publicado en la prensa, las piezas serán repartidas entre el Museo de los Orígenes, el de Historia y “algunas entidades vinculadas a las obras”.

Folleto del museo (agotado)

No es el museo de las grandes obras pictóricas, escultóricas, etc., para eso existen otros, y su relato de la Historia de Madrid sería mejorable sin duda, como todo, pero es sorprendente que ayer mismo se ha podido leer en la prensa que el museo, que lleva veinte años abierto (diez de ellos bajo el mando municipal), cierra además de para ahorrar, por “la escasa calidad de la mayoría de piezas de sus colecciones”, según la nueva directora general de Bibliotecas, Archivos y Museos del Ayuntamiento de Madrid.

Es un museo bonito, que cuenta nuestra evolución, de forma muy apropiada para los niños o personas que quieran iniciarse en el descubrimiento de nuestro Madrid, en el fondo tan desconocido.

La directora general ha dicho también respecto al Museo de Historia, antiguo Museo Municipal, que “es un objetivo prioritario abrirlo”.  Ojalá.

Si no, cuando todos los museos estén cerrados o eliminados, propongo solicitar a las autoridades que nos dejen visitar los almacenes municipales, por favor.

Por Mercedes Gómez

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NOTA:

En Madrid existen ocho Museos Públicos de propiedad municipal, que el pasado año 2011 recibieron algo más de 617.000 visitas, de las cuales casi 229.000 fueron al Templo de Debod y 134.000 al Planetario, ambos muy bonitos, pero nada que ver con la Historia de Madrid.

A continuación, el Museo de la Ciudad acogió más de 106.000 visitantes.

La Ermita de San Antonio de la Florida, 86.000 y el Museo de los Orígenes 45.000. El Museo de Historia, cerrado, gracias a las exposiciones temporales tuvo algo más de 17.000. También cerrado, del Museo de Arte Contemporáneo no se han contabilizado visitas. Tampoco hay datos del Museo Arte Público o Museo de Escultura al aire libre en la Castellana.

Fuente : Anuario estadístico Ayuntamiento de Madrid

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Museo de la Ciudad
Calle del Príncipe de Vergara 140.
Hasta el 31 de julio de 2012.

La Biblioteca Nacional continúa celebrando su Tricentenario con una iniciativa muy bonita e interesante. Algunos de sus tesoros se han trasladado a otros museos buscando Otras Miradas y un diálogo con otras obras. Esta singular exposición se distribuye por salas del Museo del Prado, Reina Sofía, Thyssen- Bornemisza, Lázaro Galdiano, del Romanticismo, Palacio Real, de Ciencias Naturales, de Historia, de América y de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Todas las propuestas de los diez museos madrileños que acogen obras de la Biblioteca son sugerentes, pero hoy os animo a ver dos de las que yo he podido ya visitar, una algo inquietante en el Museo de Bellas Artes, calle de Alcalá 13, y otra, maravillosa, en el Museo de Historia, en Fuencarral 78. Ambas, imprescindibles. Un curioso paseo desde el siglo XVII de Calderón al siglo XIX de Larra.

La Primera parte de Comedias de don Pedro Calderón de la Barca, que incluye La vida es sueño, libro impreso en 1636 por María de Quiñones, se adentra hasta la sala nº 11 del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Allí se ha encontrado con El sueño del caballero, de Antonio de Pereda, cuadro pintado a mediados del siglo XVII, contemporáneo por tanto de la obra de Calderón.

Cuando hace varias semanas hablamos aquí de la vida y la obra de Antonio de Pereda comentábamos que así como la obra religiosa del gran autor barroco está bien representada en España, no tanto el bodegón, género del que fue un gran maestro. Aquí en San Fernando tenemos esta vanitas, especialidad de bodegón, considerada una obra maestra. El cuadro que perteneció a Manuel Godoy, bajo el título Los placeres del hombre pasan como un sueño, tras la invasión francesa fue enviado al Museo Napoleón en París. Fue devuelto a España en 1816 y desde entonces se encuentra en la Academia.

Esta pintura, como todas las de su género, está llena de simbolismos. El ángel señala los objetos sobre la mesa que representan las tentaciones, lo fugaz… con un objetivo moralizante, propio del Barroco.

Ambas obras, el sueño de Calderón y el sueño de Pereda, nos proponen reflexiones sobre la vida y la naturaleza humana, la vanidad y los placeres.

Otra visita obligada es al Museo de Historia, que ha vuelto a abrir su sala de exposiciones temporales. Las obras del museo al parecer han terminado, aunque aún no hay fecha de apertura debido a los problemas económicos. De momento podemos visitar esta muestra llena de alicientes. Ya que nos hemos quejado tanto de que este museo no permitía hacer fotografías en su interior, justo es decir que en esta ocasión sí está permitido.

El pobrecito hablador, revista satírica de costumbres, de Mariano José de Larra, impresa en 1832, ha viajado hasta el antiguo Museo Municipal, donde esperaba nada más y nada menos que la espectacular Maqueta o Modelo de Madrid, construida en 1830 bajo la dirección de León Gil de Palacio.

Es una alegría poder volver a contemplar la Maqueta, que nos permite recorrer el Madrid que vivió Larra, y también el nuestro, reconocer las calles, los edificios que perviven… y vernos a nosotros mismos paseando por ese Madrid de cuento. Disfrutamos buscando las calles y las casas que conocemos, nos sentimos protagonistas de la historia.

Como complemento a esta bella ilustración del Madrid de 1830 también se exponen los cuatro óleos de José María Avrial, las Vistas de Cibeles, Palacio Real, el Campo del Moro y la plaza de la Paja. Otra alegría poder admirarlas por fin.

En la misma sala se han instalado el Plano de Texeira y la Maqueta de Madrid basada en dicha Topographia que representa el Madrid de 1656, realizada en el año 2000 por Juan de Dios Hernández y Jesús Rey. Ambas obras proceden del Museo de los Orígenes y, junto a la Maqueta de León Gil de Palacio ofrecen un panorama completo de lo que fue el Madrid rodeado por la cerca de Felipe IV durante más de dos siglos, y nos producen una fascinación de la que ya hablamos hace algo más de dos años aquí a propósito de las maquetas de Madrid.

Como decíamos al principio, un delicioso y enriquecedor paseo desde el Madrid de Texeira al de León Gil de Palacio, del siglo XVII al XIX.

Por: Mercedes Gómez

Tenemos una buena noticia: la Corrala de la calle de Carlos Arniches ha abierto sus puertas.

Han pasado casi quince años desde que el Ayuntamiento de Madrid se comprometió a rehabilitar el edificio de la calle de Carlos Arniches nº 3 y 5, salvado de la piqueta unos años antes, y cederlo a la Universidad Autónoma con el fin de acoger su Museo de Artes y Tradiciones Populares. Este museo había sido fundado en 1975 y ubicado en la Facultad de Filosofía y Letras, en Cantoblanco. Por su parte, la UAM se comprometía a hacerse cargo del edificio para crear allí un centro cultural universitario que incluiría la sede del Museo de Artes y Tradiciones Populares.

El Ayuntamiento cumplió su parte. Las obras han durado varios años y fueron laboriosas debido a la complejidad y al mal estado del edificio, finalizando en 2008. Pero los años seguían pasando y la apertura del museo nunca llegaba a convertirse en realidad.

Aunque siga sin trasladarse totalmente, de momento, el pasado lunes día 21 se ha inaugurado una exposición temporal, que se prevé de larga duración, aperitivo de lo que los grandes fondos de este museo puede ofrecernos en el futuro.

La antigua corrala, conocida como El Corralón, fue construida en el Cerrillo del Rastro, barrio de Embajadores, hacia 1860, quizá antes. En sus comienzos la planta baja fue casa de postas, y siempre, hasta sus últimos tiempos, estuvo ocupada por comercios. Las plantas superiores eran viviendas.

Ha sido restaurada y rehabilitada según proyecto del arquitecto Jaime Lorenzo, respetando muchos de los elementos y materiales originales de la vieja construcción. El resultado es magnífico.

La entrada al Centro Cultural La Corrala y al Museo de Artes y Tradiciones Populares tiene lugar por un espectacular portalón de madera, antigua entrada de carruajes. Los vecinos accedían a sus modestas viviendas por los portales situados junto a él.

Traspasado el zaguán llegamos al singularísimo patio alrededor del cual se organizaba la corrala. Sus vigas de madera han sido felizmente conservadas, reponiéndose solo las que estaban en mal estado. Su forma es la de un rectángulo irregular, adaptado al solar pentagonal.

La fuente-abrevadero, que originalmente estaba situada en un lateral, ha sido reconstruida como recuerdo de lo que fue en el pasado, de forma que ahora su fondo acristalado sirve para iluminar el sótano abovedado.

Por fin entramos en “la vivienda más característica de Madrid, casa de vecinos con patio comunal y en forma de corredor”, como aquí mismo explican.

Nos admiran algunas de las puertas, ventanas y muros conservados.

Esta primera exposición está dedicada al Ciclo festivo del año. Los motivos de celebración personales, que marcan nuestra vida, y las fiestas públicas, todas están representadas con objetos y trajes de muchos rincones de España.

La mayoría son muy delicados y necesitan ser preservados por lo que la exposición al parecer irá cambiando las piezas expuestas.

Madrid está representado por unos espléndidos gigantes y cabezudos. Quevedo, el diablo Cojuelo, Maribárbola, don Carnal, sor Patrocinio, doña Cuaresma, la Calderona…

Fiestas de Navidad, Semana Santa, de primavera y verano… una selección muy bonita, en un museo nuevo y moderno, bien acondicionado, que a la vez conserva muestras de lo que fue la vida en el pasado en esta corrala madrileña, y en la sociedad en general. Objetos de la vida cotidiana, o relacionados con ella, fabricación del pan, el vino…

Una visita encantadora.

Por Mercedes Gómez

artedemadrid@gmail.com
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