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Jardines del Barrio de Salamanca (II)

Retomamos nuestro recorrido por los Jardines del Barrio de Salamanca, que iniciamos hace tiempo en la Plaza de la Independencia, con un paseo en busca de los jardines en patios de manzana o de vivienda, algunos de los cuales están considerados Jardines de Interés Histórico. La búsqueda no es fácil porque en la mayoría de los casos se trata de propiedades privadas y lógicamente no se puede acceder, pero esperamos que la caminata resulte bonita y fructífera.

Recordemos que cuando en 1860 se proyectó el nuevo barrio de Salamanca, dentro del Plan de Ensanche de Madrid realizado por Carlos Mª de Castro, uno de los elementos previstos en la construcción de los edificios de viviendas fue el del Patio de Manzana, con funciones de jardín interior, con fines higiénicos y también estéticos y de disfrute.

Dentro del Plan se contemplaba la demolición de la Cerca que rodeaba Madrid desde que en 1625 el rey Felipe IV mandó levantarla. En 1866, aún faltaban dos años para su derribo, ya se había explanado el perímetro del proyecto de Ensanche, así está representado en el plano de esa fecha. En esos momentos solo se habían construido las primeras manzanas de Serrano, y poco más. Aún existía la plaza de toros junto a la Puerta de Alcalá y los jardines de los Campos Elíseos frente al Retiro.

Plano de Madrid, 1866 (detalle)

Plano de Madrid, 1866 (detalle)

Desde la Puerta de Alcalá la Cerca discurría por la actual calle de Serrano para bajar por lo que luego sería la calle de Jorge Juan hasta la zona que hoy conocemos como plaza de Colón.

Puerta de Alcalá en la plaza de la Independencia (2014)

Puerta de Alcalá en la plaza de la Independencia (2014)

Su derribo en 1868 facilitó por fin la construcción del Ensanche, que incluía el futuro barrio de Salamanca, que comenzó precisamente por esta calle de Serrano, entonces Paseo de Ronda.

Debido a los intereses económicos y problemas diversos que alteraron los planes iniciales, la realidad fue que en la mayor parte de manzanas no llegaron a crearse los patios, y apenas se conservan algunos. Otros fueron ocupados por otro tipo de construcciones, recordemos la antigua Platería Espuñes en la calle de Castelló.

Caminando por Serrano, dejamos atrás la calle de Villanueva donde se encuentra el único palacete obra de Cristóbal Lecumberri que ha sobrevivido a la piqueta de los diez construidos por el Marqués de Salamanca a finales del siglo XIX en la zona cercana a la Puerta de Alcalá, que conserva su espléndido jardín.

Lecumberri fue también el autor del segundo proyecto de las primeras manzanas de viviendas levantadas en el naciente barrio, entre 1864 y 1872, en la calle de Serrano nº 16 a 102, Lagasca 32-42 y Claudio Coello 14-28. Las obras fueron llevadas a cabo por Elías Rogent y el maestro de obras Luis Ruiz Álvarez. Eran las manzanas 208 a la 216.

Barrio de Salamanca 1875 (Imagen: COAM)

Barrio de Salamanca, proyecto 1875 (Imagen: Guía COAM)

Solo las dos primeras, 208 y 209, entre Villanueva y Goya conservan la idea original de gran patio de manzana ajardinado.

Calle Serrano esquina Goya

Calle Serrano esquina Goya

El de la manzana 209, entre Serrano, Goya, Claudio Coello y Jorge Juan, se puede ver tras una puerta de cristal desde una de las cafeterías del centro comercial El Jardín de Serrano, de revelador nombre. Son más de dos mil metros cuadrados de vegetación exuberante y bien cuidada. Castaños, alguna palmera, laurel, el árbol del amor…

goya 6 jardin

… y, por supuesto, no podía faltar la fuentecita de piedra en el centro. Estos patios fueron públicos hasta el año 1885 en que fueron privatizados.

goya 6 fuente

Continuamos caminando por la calle Serrano hacia la de Hermosilla, contemplando magníficos edificios.

hermosilla26

Calle Hermosilla 26

En el nº 26 encontramos un jardín encantador, un pequeño patio hoy ocupado por bonitas tiendas que en el pasado perteneció al patio de la manzana.

hermosilla26 patio

Plátanos de sombra, hiedra y boj adornan el lugar.

hermosilla26 entrada

Seguimos por Hermosilla y al llegar a la calle de Castelló, casi en la esquina, en el nº 43, se encuentra el Palacete de don Luis Redonet López-Dóriga construido en 1910 por Joaquín Saldaña. En el interior de la manzana se encuentra el bello jardín trasero de esta vivienda palaciega. Pude contemplarlo, gracias a su amable propietaria, pero no hacer fotografías. Se trata de un jardín muy bello, situado hoy día entre las medianerías de las viviendas colindantes, con árboles centenarios, parterres curvos rodeados de setos, muros de cerámica y una bonita fuente con la figura de niño realizada en hierro fundido, que ya no funciona. Igual que los patios de las manzanas en la calle Serrano, goza del máximo Nivel 1 de protección.

Calle Castelló 43

Calle Castelló 43

Finalmente, aunque no forma parte del Catálogo de espacios protegidos, en la calle de Padilla, entre los números 1 y 3 descubrimos un pequeño jardín, una delicia entre dos edificios pertenecientes a una de las últimas manzanas proyectadas por Lecumberri, la 215, entre Serrano, Padilla, Claudio Coello y Juan Bravo.

Calle Padilla 1-3

Calle Padilla 1-3

padilla 1

El acogedor jardincillo hoy sirve de acceso a una galería de arte y a un restaurante.

padilla1 terraza

 

Por : Mercedes Gómez

Fuentes:

COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.

Ayuntamiento de Madrid

 

En 1931, con la llegada de Indalecio Prieto al Ministerio de Obras Públicas, bajo la Presidencia de Manuel Azaña, se proyectaron diversas obras arquitectónicas y urbanísticas de importancia con el fin de modernizar Madrid. Una de ellas fue la Ordenación para la Prolongación de La Castellana y la construcción de los edificios hoy conocidos como Nuevos Ministerios en el lugar donde entonces se encontraba el Hipódromo.

En el plan se incluía la mejora de la red ferroviaria y la creación de nuevas líneas. Se intentaba entre todos los implicados -Ministerio, Ayuntamiento, Compañías Ferroviarias…- solucionar el problema que suponía la discontinuidad de las líneas que llegaban o partían de Madrid y hacer posible su enlace, siguiendo el eje sur-norte, desde Atocha hasta Chamartín. Era el Plan de Enlaces Ferroviarios.

El arquitecto Secundino Zuazo, junto con el alemán Hermann Jansen, propuso un trazado viario bajo el cual se construiría el enlace ferroviario subterráneo, además del proyecto del edificio ministerial. Se solicitó el derribo del Hipódromo, y se iniciaron las obras de la nueva estación que formaría parte del nuevo eje ferroviario.

Derribado el Hipódromo, el gran solar resultante fue destinado a la construcción de tres edificios que albergarían los Ministerios de Gobernación, Obras Públicas y Agricultura.

El 14 de abril de 1933 se inauguró el primer tramo de la prolongación y se puso la primera piedra de los nuevos edificios que mediante una gran arquería junto al Paseo de la Castellana se ordenarían en torno a una gran plaza pública.

Perspectiva Arquería Pº Castellana (Zuazo, dic. 1933) (BNE)

Ambos elementos, los arcos en superficie y las grandes bóvedas de los túneles, diseñadas por el ingeniero Eduardo Torroja, se fueron construyendo a la par.

Plano general del conjunto y del trazado ferroviario del enlace y la estación (Zuazo, nov.1933) (BNE)

Bajo la gran plaza del edificio ministerial se ubicó la estación central del enlace subterráneo que, aprobado finalmente según las directrices de Zuazo y Jansen, enlazaba la estación a construir en terrenos de Chamartín con la de Mediodía en Atocha.

En septiembre de 1933, con el cese de Azaña como Presidente del Gobierno, terminó la etapa de Indalecio Prieto. En los años siguientes el proyecto sufrió numerosos cambios.

Y llegó la guerra. Zuazo se refugió en París y siguió trabajando en el proyecto con la idea de continuar cuando pudiera volver a España… pero finalizada la guerra, a su vuelta fue marginado y apartado de este proyecto y de casi todos. Había trabajado para la República.

Las obras se retomaron bajo el mando de otros arquitectos, y aunque el proyecto sufrió bastantes modificaciones, más acordes con el nuevo régimen, en los años 40 se terminó el edificio. Las estaciones de Nuevos Ministerios y de Chamartín no serían inauguradas hasta 1967.

Junto a los túneles del tren que discurrían bajo la plaza en el interior del complejo ministerial, justo bajo la arquería, había otro túnel menor con una vía de servicio, que se aprecia dibujado en los planos de Zuazo.

Sección de la estación de los Ministerios. Enlace ferroviario sección transversal. (Zuazo, julio 1934) (BNE)

Por algún motivo la vía fue clausurada, y un tramo quedó allí debajo, encerrado y sin uso.  No es fácil encontrar datos sobre la historia de esta construcción, un poco misteriosa, hay que recurrir a los recuerdos de las personas mayores. Al parecer, en alguna época, entre la República y el nuevo Régimen, fue utilizada como búnker.

Arquería Nuevos Ministerios. 12 febrero 2012

En 1982 una parte de la Arquería, la situada más al norte, fue acristalada y convertida en Sala de Exposiciones dedicada a temas de Arquitectura y Urbanismo.

Debajo permanecía el tramo del antiguo túnel sin uso hasta que en 2003 fue integrado en la Sala de Exposiciones conservando su espectacular bóveda de hormigón.

Una abertura en el muro hacia la mitad del tramo permite comprobar el grosor original, de más de un metro.

Al final de la larga Sala, tras unas puertas acristaladas, el antiguo túnel desaparece, para dejar paso a la nueva Estación de Cercanías de Nuevos Ministerios.

Sala La Arqueria. A continuación, entrada a la Estación de Cercanías.

Esta Estación, según la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid, es la estación subterránea abovedada más grande del mundo, con sus dos cañones gemelos de 320 m de longitud por 20 m de luz.

En el año 2001 estos cañones ideados por Torroja fueron seccionados para la instalación de la nueva Estación de Nuevos Ministerios, pero en su inicio, junto a los restos del antiguo túnel de servicio, se conservan dos magníficos arcos de la construcción original.

Estación de Cercanías Nuevos Ministerios

Por Mercedes Gómez

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Actualmente en la Sala La Arquería, Paseo de la Castellana 67,  hay una exposición muy interesante:

Arquitectura española (1975-2010) + 35 años construyendo democracia.

Un recorrido por la arquitectura realizada en España desde 1975 hasta 2010. La muestra recoge más de 200 proyectos, de los que se exponen sesenta maquetas.

Hasta el próximo 7 de mayo.

NOTA: muchas gracias a la persona que atiende en la recepción de la Sala de Exposiciones, interesada como yo en la historia de este túnel, que me contó cosas muy interesantes y me ayudó a desentrañar el “misterio”.

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Bibliografía:

Catálogo exposición “Zuazo, arquitecto del Madrid de la Segunda República“. BNE, Madrid 2006.

Colonias históricas madrileñas I.- Cooperativas 1920-30.

El origen de la promoción de casas baratas para las clases más modestas y de las cooperativas se remonta a finales del siglos XIX, aunque ambas cobraron más importancia en las primeras décadas del siglo XX. En 1907 fue creado el Instituto de Reformas Sociales que cuatro años después promulgó la 1ª Ley de Casas Baratas, con varios objetivos, asegurar unas mínimas condiciones de higiene en las viviendas, fomentar el crédito a la construcción, etc.

En años siguientes 1921, 1922 y 1925, hubo nuevas leyes, intentando mejorar las condiciones, permitir la cesión de terrenos por parte del Estado y organismos locales, premiar la construcción… Aunque estas iniciativas no tuvieron mucho éxito por distintos motivos, entre ellos la especulación del suelo, se construyeron varias colonias, algunas desaparecidas, y otras supervivientes, hoy día sin duda revalorizadas.

La 2ª Ley de Casas Baratas en 1921 promovía la formación de cooperativas y surgieron una serie de ellas para la construcción de viviendas a determinados colectivos, militares, funcionarios, ferroviarios, periodistas, carteros, etc.

En el barrio de la Guindalera, la zona cercana al Arroyo Abroñigal, actualmente cubierto por la M-30, a principios del siglo estaba formada por huertas, la Huerta de Flores, de Ochoa, del Rubio, etc. Sobre la Huerta del Catalán, se construyó la Colonia de los Carteros, proyecto de Enrique Martí Perla de 1920, formada por 120 viviendas unifamiliares rodeadas de un jardincito, promovidas  a lo largo de toda la década por la Sociedad Cooperativa de Casas Baratas para Carteros. Actualmente está enclavada entre las calles de Martínez Izquierdo, Orcasitas, Brescia y Avenida de Brasilia.

Hoy día parece que estás en un pequeño y alegre pueblo. Estas ahora plácidas calles no fueron pavimentadas hasta los años de la República, y recibieron nombres llenos de buenos deseos, como las calles de la Belleza y de la Bondad, que figuran en el callejero madrileño desde 1934.

Calle de la Belleza

Cerca de la antigua Estación de Delicias, actualmente sede del Museo del Ferrocarril, en la calle de Tomás Bretón con vuelta a Alonso Martos, existen unas casas o antiguos hotelitos que llaman la atención. Se trata de la Colonia Casas de Ferroviarios, construida entre los años 1923 y 1926 por Francisco Alonso Martos, arquitecto y urbanista que da nombre a la segunda calle.

Calle de Tomás Bretón

Son casas unifamiliares con fachada continua a la calle, y pequeños jardines interiores. Se construyeron para la Cooperativa de Casas Baratas de la Asociación General de Empleados y Obreros de los Ferrocarriles de España.

A la vez, este mismo arquitecto construyó otra Colonia, el Hogar del Ferroviario, sobre la antigua Huerta de Zabala, al otro lado del Arroyo Abroñigal, zona también formada por huertas, en terrenos que pertenecían al pueblo de Vicálvaro. Se proyectaron 51 viviendas con amplio jardín en cada una de ellas. Hoy día pertenecen a Madrid, calle de Manuel María Arrillaga, del barrio de Moratalaz.

Otro ejemplo lo hallamos en el barrio de Goya, entonces Ensanche de Madrid. En la calle de Montesa se encuentra la Colonia Martí, construida en 1927 por Eduardo Ferrés y Puig, para la Cooperativa de Funcionarios del Estado, Provincia y Municipio. En este caso se trata de viviendas con planta baja y tres alturas.

Calle de Martí, esquina calle de Montesa

Este arquitecto hacia la misma época proyectó otras dos Colonias para la misma Cooperativa, como arquitecto de dicha institución, la Colonia Cruz del Rayo, en el barrio de El Viso, y la Colonia del Manzanares o de los Infantes, entre el Río y la Casa de Campo.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

A mediados del siglo XV, reinando Enrique IV, el límite norte de Madrid estaba en la plaza de Santo Domingo. Mas allá de la Puerta del mismo nombre sólo había bosques y cursos de agua que regaban los fértiles terrenos. Y así fue hasta finales del siglo XVI, cuando Felipe II estableció la capitalidad en la Villa.

Por entonces comenzaron a aparecer pequeños núcleos de edificaciones fuera de la cerca, llamados “pueblas”, pero no fue hasta el siglo XVII cuando se produjo un gran crecimiento de población, y bajo el reinado de Felipe IV se construyó una nueva Cerca y se llevó a cabo la urbanización y deforestación de toda esta zona. La Puerta de salida de la villa por el norte pasó a situarse en la actual glorieta de San Bernardo, era la Puerta de Fuencarral.

Entre ambas puertas, sobre un antiguo camino, surgió la calle de los Convalecientes de San Bernardo, alrededor de la cual se trazaron las nuevas calles, una de ellas fue la Calle de las Beatas, que recibió este nombre por el cercano Beaterio, llamado de Santa Catalina de Siena, que se encontraba junto al Convento de Santo Domingo.

Plano de Texeira (1656)

Fue en 1887 cuando pasó a denominarse calle de Antonio Grilo, dedicada al poeta cordobés miembro de la Real Academia de la Lengua.

En el inicio del año 2004, un edificio en el número 8 de esta calle, creada sobre aquellos terrenos boscosos históricos, fue el protagonista de una noticia singular. La casa estaba en ruinas y a punto de desaparecer, había sido expropiada a sus dueños para construir un ambulatorio. Pero lo más curioso de todo era que una gran parra que había nacido en su interior hacía más de sesenta años, salía del portal, recorría toda la fachada y se adentraba en los balcones de las viviendas.


(Foto: Claudio Álvarez, El País, 2004)

Poco después el edificio fue derribado, la vid desapareció, nunca se construyó el ambulatorio y el solar ha permanecido abandonado durante años.

Hace unos días leí en el periódico digital Somos Malasaña la pregunta ¿Qué hacemos en el solar público de Antonio Grilo?. Hablaban de un solar propiedad del Ayuntamiento que el pasado mes de junio se había anunciado como un nuevo espacio liberado, tras su ocupación por los integrantes del Patio Maravillas -famoso centro social, actualmente en un edificio ocupado en la calle del Pez-, con el fin de convertirlo en huerto urbano.

El reportaje no mencionaba el número de la calle, pero, no se por qué, inmediatamente lo relacioné con el recuerdo de la antigua parra en esa misma calle, una de esas historias que llaman la atención pero que el paso del tiempo lleva al olvido y a no saber cuál fue el desenlace.

12 octubre 2010

Se trata efectivamente del solar donde hace cerca de siete años aún vivía la enorme y asombrosa vid.

Tal vez estos terrenos, antes acostumbrados a ver crecer poderosos árboles, propiciaron la vida de la desaparecida parra.

No muy lejos, en el jardín de la antigua Universidad Central de San Bernardo, desgraciadamente convertido en un aparcamiento, sobrevive una antiquísima encina, como hace algún tiempo nos contaba Carlos Osorio en su blog Caminando por Madrid.

Ahora los vecinos ya han comenzado a plantar algunas semillas en este recién nacido huerto urbano.

Seguimos sin saber cuál será el desenlace de la historia, si este solar abandonado durante tanto tiempo conseguirá ser escenario de actividades positivas, como pretenden sus ocupantes, o si en el futuro por fin albergará algún servicio necesario para el barrio, pero mientras tanto seguro que el huerto dará sus frutos.

Texto y fotografías por Mercedes Gómez

A lo largo de los últimos meses hemos visto desaparecer los jardincillos que la adornaban, las farolas que recordaban los orígenes de esta plaza diseñada en el siglo XIX, cuyos edificios en su mayoría fueron construidos entre los años 1877 y 1890. Hemos visto arrancar y amontonar los clásicos bancos de piedra…

Hemos visto cómo todo se iba cubriendo por esa monocorde y árida marea de granito que nos inunda, y hemos asistido a la vuelta de uno de los viejos mojones de la antigua Vía Pecuaria transformado en uno nuevo y reluciente.

13 de septiembre 2010

Por fin, en el último tramo frente a la entrada del Retiro, se han instalado nuevos postes de luz -cuesta trabajo llamarlos farolas- , y nuevos, raros e incómodos bancos. Y escasos (sólo dos).

En cuanto al mojón que estaba situado en esta zona, al contrario que su vecino al otro lado de la calle de Alcalá, éste ha sido recolocado inmediatamente, en esta ocasión sin restaurar.

13 de septiembre 2010

Alrededor de la Puerta de Alcalá las obras han terminado, al menos de momento.

En opinión de los partidarios de este tipo de plazas, ahora hay mucho más espacio para el peatón (y para las motos, parece). De eso no hay duda. Pero ¿era necesario?.

La plaza en junio 2010, aún con su cálido césped, su doble fila de bancos y sus farolas

Texto y fotos: Mercedes Gómez

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Artículos anteriores:

Una vuelta alrededor de la Puerta de Alcalá.
Una vuelta alrededor de la Puerta de Alcalá (Cont.).
El nuevo viejo mojón de piedra.

En el número 10 de la calle de Don Pedro, en pleno barrio de La Latina, se encuentra la flamante sede de la Real Academia de Ingeniería, instalada desde hace unos meses en el antiguo Palacio del Marqués de Villafranca, un lugar cargado de historia y lleno de tesoros, que he tenido la inmensa suerte de poder visitar el pasado mes de julio.

Doy gracias infinitas a las personas que integran esta Real Academia, que desde el primer momento se mostraron dispuestos a abrirme las puertas de su casa, especialmente a don Luis Alberto Petit, Director Gerente, que con gran amabilidad y buen humor me guió a través de las estancias del edificio mientas me contaba su historia y sus secretos. Hoy, si os apetece, os invito a conocerlo con calma, el paseo es largo, pero creo que merece la pena.

El Palacio, que ocupaba gran parte de la manzana, entre las calles de Don Pedro, Redondilla y Mancebos, fue construido en los comienzos del siglo XVII por orden de Don Pedro Álvarez de Toledo, Marqués de Villafranca, tras la adquisición de varias parcelas ubicadas en la calle antiguamente llamada de la Alcantarilla, próxima a la muralla que cercaba Madrid desde el siglo XII. Posteriormente la calle recibiría el nombre del propietario del gran palacio.

Vista de Madrid, Hoefnagel 1563 (detalle)

 

La muralla, en este tramo procedente de la Cuesta de la Vega hasta la Puerta de Moros, representada en la Vista de Madrid realizada por Hoefnagel que nos permite trasladarnos con la imaginación a la Edad Media madrileña, discurría entre las actuales calles de Don Pedro y la de los Mancebos, que en esos momentos era un simple y escarpado camino únicamente ocupado por algunas casitas que comenzaban a apoyarse en ella.

En la ronda exterior de la muralla estaba la mencionada Alcantarilla, que servía de foso. La zona era tan abrupta que estos tramos de muralla fueron los últimos en desaparecer, en el siglo XVII aún existían; en el plano de Texeira se aprecia perfectamente la construcción defensiva con sus torres entre las casas.

Texeira 1656

Al igual que en otras edificaciones, la muralla sirvió de muro maestro al Palacio del Marqués de Villafranca.

Debido a esto, y aunque parezca un milagro, en el interior aún se puede admirar el largo lienzo de la cerca medieval en el que se apoyó la construcción, un lienzo de unos 30 metros, siendo el más largo de los conservados en Madrid, con una altura media de 4,5 m., como veremos.

Como ya comprobamos durante nuestro paseo en busca de la muralla cristiana, pertenecientes al mismo tramo, también hay restos en el interior de un restaurante en la Plaza de los Carros, y en el exterior de la vivienda de la calle de los Mancebos nº 3.

Calle de los Mancebos nº 3

Desde el interior del jardincillo que hoy día la protege, podemos observar cómo la muralla se dirige hacia el interior del edificio contiguo, el antiguo Palacio de Villafranca, hoy sede de la Real Academia de Ingeniería, cuya entrada posterior está precisamente ahí, en el nº 5 de la calle, tras la cual se encuentra la continuación de la histórica cerca que por fin vamos a poder contemplar.

Calle de los Mancebos nº 5

Pero la entrada principal se encuentra en la calle de Don Pedro número 10, extramuros, cuya puerta traspasaremos dentro de unos minutos. Pero antes me gustaría recordar la historia del edificio y sus inquilinos.

Calle Don Pedro nº 10

La primera reforma del palacio tuvo lugar en 1662, siendo ya su propietario Fadrique Álvarez de Toledo. En esta época se estaban realizando cambios urbanísticos en la zona, proyectándose nuevas calles y tratando de embellecer el entorno a iniciativa del poderoso y rico Duque del Infantado que también tenía aquí su gran Casa Palacio, la que fuera de los Lasso, unida a la iglesia de San Andrés por un pasadizo elevado -también representado por Texeira en su plano-. Fue su sucesor Antonio Álvarez de Toledo, hasta su muerte en 1773.

Su hijo José Álvarez de Toledo heredó la posesión y ese mismo año acometió la segunda gran reforma de la casa. Dos años después José se casó con María Teresa Cayetana, la Duquesa de Alba retratada por Goya. El matrimonio vivió en este palacio hasta su traslado al Palacio de Buenavista en la calle de Alcalá. Durante esta época el palacio vivió momentos de esplendor y lujo.

El gran pintor Francisco de Goya no solo retrató a la famosa Duquesa sino que inmortalizó a varios miembros de la familia, personajes de la nobleza cercana a la familia real y amantes de la cultura y de las artes. En el Museo del Prado se pueden contemplar algunas de las valiosas obras legadas por los descendientes.

Don Alonso Álvarez de Toledo, Conde de Niebla, en abril de 1926 donó tres retratos obra de Francisco de Goya.

El de José Álvarez de Toledo XI Marqués de Villafranca y Duque de Alba, quien entre otras cosas fue Músico, realizado en 1795. Hacia ese mismo año, Goya pintó a la Viuda de Villafranca, viuda de Antonio Álvarez de Toledo en 1773, X Marqués de Villafranca, y madre de José. Y en 1804 Goya pinto a Tomasa Palafox, marquesa de Villafranca –casada con Francisco de Borja Álvarez de Toledo, XII Marqués de Villafranca-. Doña Tomasa, que a su vez era pintora, llegó a ser Académica de Bellas Artes, y fue una mujer muy culta.

Entre 1777 y 1802 hubo nuevas obras en el edificio, se cree que quizá en este momento fue cuando se colocaron las dos portadas neoclásicas que hoy día adornan la fachada de los números 8 y 10 de la calle.

Manzana 126. Plano del General I. de Ibero h. 1875.

En el último cuarto del siglo XIX la propiedad pasó a manos de la familia Pérez-Seoane y Roca de Togores, Condes de Velle y luego Duques de Pinohermoso, de cuya época data gran parte de la decoración actual del palacio, en la que participó Arturo Mélida, arquitecto, escultor y pintor madrileño que trabajó en varios palacetes.

El palacio pasó a ser conocido como Palacio de Pinohermoso. La duquesa fue famosa por las reuniones que organizaba en su casa recibiendo a los literatos y artistas de la época, de la misma forma que lo habían hecho sus antepasados.

Pero los tiempos y la situación económica de la aristocracia fueron cambiando, poco a poco la propiedad se fue parcelando. En 1876 el Conde de Velle vendió la parte que correspondía al jardín y algún edificio accesorio, a la Compañía de las Hijas de la Caridad , que crearon el Colegio Sagrado Corazón. Reedificado en los comienzos del siglo XX en estilo neomudéjar continúa existiendo, en el actual nº 14 de la calle.

En 1946 habitaba el palacio otra Roca de Togores, descendiente de los propietarios anteriores, la Condesa viuda de Riudoms, igualmente amante del arte y de las letras.

Tras su venta, el Palacio se convirtió en el Restaurante La Puerta de Moros, inaugurado el 1 de noviembre de 1962. Los nobles salones fueron convertidos en comedores, según cuentan unos de los más lujosos del Madrid en aquella época, frecuentado por la élite política y social.

Después, a finales de los años 80, fue ocupado por un organismo público, la Agencia Estatal del Aceite de Oliva, hasta 2004 en que se trasladó a otro lugar.

Al año siguiente Patrimonio del Estado, dueño del inmueble, cedió el Palacio a la Real Academia de Ingeniería, a cambio de que ésta se encargara de su rehabilitación y restauración, en las que han empleado más de tres millones de euros -seiscientos millones de pesetas-.

La función más importante de esta Real Academia es “promover los trabajos y estudios que reflejen los avances científicos en el área de las ingenierías, sus aplicaciones tecnológicas y sus técnicas operativas”, la cual desempeñan en un marco incomparable.

Por fin, cruzamos el bonito zaguán por el que antes accedían carruajes y ahora modernos automóviles, dejando a un lado la entrada que lleva a la escalera principal del antiguo palacio, a la que volveremos después.

Antes, salimos al patio, uno de los tres con los que contaba el palacio en el siglo XVIII, ahora convertido en patio de vecindad. La Academia ocupa las plantas baja y primera del edificio, la parte que se conserva del antiguo palacio y que correspondía a los salones principales, que vamos a visitar; el resto se ha convertido en viviendas.

La Galería de hierro y cristal que adorna los lados sur y oeste es de creación posterior, fue construida en el siglo XIX, con todo el encanto de sus columnas de fundición.

En la actualidad su interior ha sido rehabilitado y modernizado, de sus paredes cuelgan los retratos de los dos Presidentes anteriores al actual, y sirve de acceso a las dependencias de la Academia, y antiguos salones, en los que se ha mezclado con sabiduría y cariño la comodidad necesaria para el trabajo diario, y el respeto al pasado y al gran patrimonio artístico que alojaba el Palacio, como vamos a comprobar.

Visitamos primero el modernísimo Salón de Plenos donde los Académicos se reúnen.

Uno de sus muros, la gran joya, es el largo lienzo de la muralla construida por los cristianos en el siglo XII sobre la que se apoyó el Palacio cuando se inició su construcción, y ha continuado haciéndolo a lo largo de los siglos.

La impresionante muralla que podemos contemplar, cara extramuros, fue construida en mampostería de sílex unida con argamasa de cal y arena por los cristianos conquistadores de la Villa de Madrid hace nueve siglos.

Continuamos nuestra visita y cada salón se nos muestra exquisitamente restaurado, las lámparas, chimeneas de caoba, los artesonados y techos pintados que habían sido cubiertos en la etapa anterior hoy recuperados, etc.

Algunos muebles, los suelos de madera y las paredes de seda han sido recreados imitando perfectamente los que adornaban el palacio en el siglo XIX. … Todo es precioso.

El llamado Salón de Baile, ahora utilizado para recepción de autoridades, es espectacular.

En el despacho del actual Secretario General de la Academia que fue igualmente Despacho en la época en que el Palacio estuvo ocupado por los condes de Pinohermoso, además de la chimenea y muebles de nogal firmados por Arturo Mélida, destaca el techo decorado con platos de cerámica que no se sabe muy bien cómo, sobrevivieron sin sufrir desperfectos durante la guerra.

Después de admirar las antiguas salas recuperadas en todo su esplendor, volvemos sobre nuestros pasos y llegamos a la que fuera escalera principal del palacio, adornada con espejos y un bello tapiz, y por un momento parece que va a volver a bajar por allí alguna de las ilustres damas que lo habitaron, como antaño.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Real Academia de Ingeniería
África Martínez. Palacios madrileños del siglo XVIII. Ed. La Librería. Madrid 2003.
Manuel Montero Vallejo. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
El Palacio de Pinohermoso. Revista Por esos mundos. 1 junio 1909.
Museo del Prado

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Quizá recordéis que a lo largo del año hemos hablado varias veces del viejo mojón de piedra de la antigua Vía Pecuaria que pasaba/pasa por la calle de Alcalá.

Primero, su desaparición, cuando comenzaron las obras en la plaza de la Independencia. Luego su vuelta, convertido en uno nuevo, reluciente y sospechosamente simétrico, a juego con el pavimento de granito recién instalado.

Por entonces, tras las dudas que surgieron en algunos de nuestros comentarios, me dirigí al Ayuntamiento de Madrid preguntando si se trataba del hito original o de una réplica.

Hoy he recibido la respuesta procedente de la Dirección General de Infraestructuras. Me informan de que “el mojón se retiró y se ha vuelto a instalar después de un proceso de restauración por parte de los canteros del Ayuntamiento de Madrid“.

Comparando el viejo mojón con el reinstalado cuesta trabajo creer que se trata del mismo, pero así es según el Ayuntamiento.

por Mercedes Gómez

Aún a riesgo de parecer insistente, continúo con la crónica, quizá algo melancólica, de las obras que se están llevando a cabo en la Plaza de la Independencia.

En el artículo anterior nos preguntábamos si los parterres y los bancos de la mitad sur de la plaza correrían la misma suerte que los de la mitad norte o se conservarían gracias a su cercanía a las puertas del Retiro.

Tengo la inmensa suerte de pasar por aquí casi todos los días, y me da pena ver la transformación que está padeciendo este lugar, que podemos considerar representa a otras plazas y otras calles de Madrid igualmente reformadas bajo una nueva idea o gusto urbanístico. El lugar de encuentro se convierte en mero lugar de paso. El mismo pavimento, la misma aridez.

Todo va muy deprisa, ayer, cerca de las 8 de la mañana, ya no quedaban apenas huellas del parterre de la esquina de Alcalá, en pocas horas había desaparecido.

Ya sabemos que destruir es mucho más fácil que construir. Qué pena, mi banco roto.

Pronto veremos la obra terminada, las dudas sobre el resultado final me temo que ya no existen.

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez

Las obras han regresado a la Plaza de la Independencia.

A primeros de año terminó la reforma de la mitad norte, el tramo Alcalá-Serrano-Alcalá, del cual ya desaparecieron jardincillos, farolas clásicas, bancos… y el mojón de piedra de la antigua Vía Pecuaria. Quizá recordéis que hace algún tiempo hablamos de su desaparición, y nos preguntábamos que pasaría con él, ¿volvería, desaparecería definitivamente?.

La semana pasada las máquinas comenzaron a levantar un nuevo tramo, el comprendido entre las calles de Alcalá y Alfonso XII. Las farolas parece que están en peligro, como hace poco estuvieron sus compañeras antes de ser eliminadas al otro lado de la calle de Alcalá.

Y los bancos de piedra amontonados en la esquina esperando lo peor.

Tras cruzar la calle de Alfonso XII llegamos a la Puerta principal del Retiro, lugar de paseo y también de encuentro. Allí siguen existiendo pequeñas islas de césped, setos, otro mojón de la antigua Vía Pecuaria, y los bancos, a menudo ocupados por personas que descansan, esperan a alguien, o simplemente contemplan el paisaje. ¿Desaparecerán igualmente?.

Después de dar la vuelta a la plaza, compruebo que el otro mojón, al menos de momento, continúa tranquilo en la esquina derecha de lo que antaño fue la salida de Madrid por el antiguo Camino de Alcalá.

Antes de cruzar veo algo sorprendente, parece que en la esquina contraria han recolocado el desaparecido mojón.

Pero al acercarme me parece muy raro, no se trata del viejo mojón de piedra, es otro sin duda.

Es curioso, este está reluciente, parece hecho a juego con el granito del nuevo pavimento, para que no desentone.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Artículos anteriores sobre la Plaza de la Independencia:

Jardín de la Plaza de la Independencia.
Real Pósito de la Villa.
Plaza de la Independencia. Vías pecuarias, mojones y obras.

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Eusebio Sempere es, como Eduardo Chillida, uno de los artistas españoles más importantes del siglo XX, presente en el Museo de Escultura al Aire Libre de la Castellana, y, en su caso, uno de los creadores e impulsores.

Cuando decidí escribir sobre este escultor y su obra en Madrid desconocía absolutamente todo sobre la persona. Buscando información leí algunas pinceladas sobre su vida que me han impresionado, dándome cuenta de que detrás de toda obra hay un artista, aunque parezca una obviedad no siempre somos conscientes.

Eusebio nació el 3 de abril de 1923, en Onil, Alicante. Debió ser un niño especial, decía que quería ser pintor, no de casas sino “de cuadros” a pesar de que muy pequeño perdió la visión de un ojo. Y fue un adulto especial, quizá por varias circunstancias que marcaron su vida, como la enfermedad que llegó muy pronto, pero sobre todo por su gran creatividad y talento. También, leyendo la prensa de la época, da la impresión que debió ser una persona sociable y emprendedora, que entabló buenas relaciones con sus compañeros artistas y otros profesionales.

Autorretrato. 1941. Carboncillo sobre papel. (www.eusebio-sempere.com)

En sus comienzos, como tantos otros artistas, pintó paisajes, pero le gustaba investigar y crear nuevas formas. En 1948 fue a París, gracias a una beca. Allí se relacionó con los grandes artistas de la vanguardia, abandonó la figuración, y avanzó hacia un estilo que sería clasificado como abstracción geométrica. Alguien le ha llamado “poeta de la geometría”. A Eusebio le gustaba jugar con las formas y colores, y mezclarlos con la luz, el movimiento, incluso la poesía y la música. También se le considera el introductor del arte cinético en España.

En París conoció a Abel Martín, quien se convertiría en su colaborador, amigo y compañero.

El 15 de enero de 1960 Eusebio Sempere, en compañía de Abel, volvió a España y se instaló en Madrid, donde entró en contacto con los artistas más destacados del momento y pronto se hizo un hueco entre ellos.

Unos años después intervino en el proyecto de construcción del puente que uniría el paseo de Eduardo Dato y la calle de Juan Bravo que en cierto modo podría calificarse como el Viaducto del siglo XX, una gran obra de ingeniería a cargo de José Antonio Fernández Ordóñez y Julio Martínez Calzón.

Con la construcción del Paso Elevado desapareció una calle que bajaba desde Serrano hasta la Castellana, la calle de Martínez de la Rosa, más conocida como calle de la “S” por su forma, y que estuvo jalonada por doce de los palacetes creados por el Marqués de Salamanca durante la construcción del Ensanche de Madrid, todos desaparecidos. Únicamente sobrevive uno de los diez construidos en la zona cercana a la Puerta de Alcalá, en la calle de Villanueva.

Calle de Martínez de la Rosa (Plano de I. Ibero h. 1875)

Inaugurado el 23 de septiembre de 1970, el Paso Elevado de la Castellana mide 320 metros de longitud y 16 metros de anchura. En septiembre de 1987, a la muerte del político Enrique de la Mata Gorostizaga, se dedicó el puente a su memoria poniéndole su nombre, pero todo el mundo lo conoce con el nombre de Puente de Eduardo Dato o de Juan Bravo.

Se trata de una obra de gran precisión, en cuanto a su planificación y ejecución, así como en el empleo de materiales, nuevos para la época, como el acero cortén. Los pilares de hormigón diseñados a la manera clásica, con fuste y capitel, pretendían armonizar con el entorno.

El objetivo desde el principio fue conjugar la técnica con la estética, de modo que ambos ingenieros propusieron a Sempere la creación de la barandilla, cuyos tubos de hierro exquisitamente diseñados contribuyeron a conseguir una sensación de transparencia que proporciona la elegancia y esbeltez perseguidas por sus autores.

A partir de entonces, entre los tres se propusieron la creación de un museo de escultura bajo el puente. El papel de Eusebio Sempere fue decisivo, pues gracias a su relación de amistad con los demás escultores, todos de primer orden, o sus familiares, consiguió la cesión de las obras que hoy día componen el llamado Museo Arte Público.

Además de las barandillas del puente y de la zona ajardinada, el escultor realizó otros elementos integrados en el Museo, como los dieciocho bancos de hormigón blanco, igualmente en forma de S. Aparte ser la inicial de su apellido, la forma de ambos recuerda la calle de la S quizá como homenaje a la desaparecida vía.

La obra que representa a Eusebio Sempere en el Museo es la escultura Móvil, formada por una serie de rejas cuadradas colgadas del puente realizadas con varillas de acero inoxidable que producen una serie de efectos ópticos según la posición desde la que la observamos o incluso según el movimiento ocasionado por el viento.

Móvil (1972). Acero inoxidable.

También es obra suya la Fuente-Cascada que nace bajo el puente al nivel de la calle de Serrano, formada por nueve rampas onduladas de hormigón blanco pulido, que se cruzan, por las que cae el agua hasta el estanque en forma de “T” en cuyo centro se encuentra la escultura de Martín Chirino de un rojo deslumbrante.

Además de su obra gráfica presente en galerías de arte y en el Museo Reina Sofía, en el jardín de la Fundación Juan March en la calle de Castelló, podemos contemplar otra escultura de Sempere, magnífica, titulada Órgano, y realizada con tubos de tres centímetros de diámetro en acero inoxidable sobre plataforma metálica.

Organo (1977). 270 x 400 cm.

En 1983 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Ya no podía pintar ni construir. Murió en 1985 con tan solo 62 años de edad, a causa de una terrible enfermedad que le iba paralizando. Su amigo Abel Martín le cuidó hasta el último momento. Dramáticamente, el propio Abel moriría años después, asesinado en su casa en 1993, a la misma edad que su amigo, a los 62 años. El móvil pudo ser el robo pues desaparecieron varios cuadros de gran valor de las paredes de su chalet que habían pertenecido a Sempere.

Al año siguiente, en mayo de 1994, la Galería Rayuela de Madrid dedicó una exposición a los dos artistas, y el Suplemento Cultural del Diario ABC dedicó un emotivo reportaje a la muestra y a la obra y personalidad de ambos.

Sempere fue sin duda uno de los artistas más importantes de la vanguardia española, del arte rompedor en la España de los años 50 y 60, y de la historia del arte del siglo XX en general, presente su obra en diversos museos del mundo.

Existe una página web dedicada a Eusebio Sempere, pintor, grabador y escultor, creada por su familia “como un pequeño homenaje a su figura y su obra, en favor de la difusión y permanencia de una trayectoria artística de gran valor y en muchos aspectos, insuficientemente reconocida”.

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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Fuentes:

Ángel Urrutia. “Paso elevado y Museo de Escultura en la Castellana”. Revista Villa de Madrid nº 62. Madrid 1979.

ABC Cultural (Madrid), 13 de mayo 1994.

artedemadrid@gmail.com
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