Antonio Machado nació en 1875 en Sevilla y murió el 22 de febrero de 1939 en Colliure, Francia. El próximo sábado se cumplen 75 años de su muerte.

Estos días de homenajes y recuerdos nos invitan a volver a leer sus poemas, evocar su figura y su vida en nuestra ciudad, y pasear por los barrios que frecuentó. Antonio Machado vivió durante largo tiempo en Madrid, aquí creció, estudió, escribió, vivió su amor secreto… Tuvo numerosos domicilios aunque nunca llegó a tener una casa en propiedad. Las mudanzas estuvieron motivadas, además de por los cambios familiares y profesionales, en gran medida por razones económicas.

Su familia llegó a Madrid en 1883, Antonio tenía ocho años de edad. El primer barrio que conocieron fue el de Salamanca cuya construcción había comenzado pocos años antes; se instalaron en un piso interior de la calle Claudio Coello nº 13, esquina con la calle Villanueva.

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Calle Claudio Coello

El domicilio fue elegido entre otras razones porque se encontraba cerca de la Institución Libre de Enseñanza, colegio al que los niños de la casa, los mayores Manuel, Antonio y José acudieron a estudiar, en la calle Infantas nº 42, próximo a la plaza del Rey. Caminando por la calle Villanueva hacia Recoletos, atravesando Serrano, no demasiados minutos después llegarían a la plaza del Rey, ¿quizá por la calle Almirante hasta la del Barquillo?

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Calle Infantas

Precisamente al año siguiente se trasladaron al número 3 de Almirante, principal izquierda, un piso más grande y más cercano al colegio. Era un bonito –entonces nuevo– edificio construido por el Marqués de Cubas.

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Calle Almirante

La Institución Libre de Enseñanza fue trasladada al paseo del General Martínez Campos 14 –sede que hoy acoge la Fundación Giner de los Ríos– y la familia en el verano de 1885 se mudó a un segundo piso de la calle Santa Engracia 52, una vez más muy cerca de la escuela.

Antonio Machado fue a este colegio durante seis cursos, hasta los 14 años. Entonces aprobó el examen de ingreso al Instituto de San Isidro de la calle Toledo, cuyo claustro quizá recorría todos los días antes de acudir a clase.

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Claustro del Instituto San Isidro

Al año siguiente le trasladaron al Instituto Cisneros, en la calle de los Reyes.

Después de otros cambios de domicilio sobre los que hay datos más dudosos, los Machado se mudaron a la calle Fuencarral, que recorrerían casi entera empujados por los numerosos avatares que sufrieron. El primer edificio que habitaron fue en el número 46, junto al Humilladero de Nuestra Señora de la Soledad. Pero la muerte del padre les obligo a trasladarse al nº 98, cerca de la glorieta de Bilbao; y en 1896 la muerte del abuelo, que aportaba la mayor parte de los ingresos familiares, los problemas económicos los trasladaron a un piso aún más modesto en el nº 148 de la misma calle, poco antes de llegar a la glorieta de Quevedo.

Machado

En 1909, ya casado con la joven Leonor –que murió solo tres años después–, desde Soria el escritor volvió a Madrid. Entonces su madre, Ana Ruiz, y sus hermanos, tenían un nuevo domicilio, habían abandonado la calle Fuencarral y vivían en la Corredera Baja de San Pablo número 20.

En la primavera de 1917 la familia realizó el que fue su último cambio de vivienda en Madrid, alquilando una espaciosa casa de ocho habitaciones en la calle del General Arrando, 4, 1º dcha., cerca de la plaza de Chamberí.

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Calle General Arrando, 4

En 1928 Antonio Machado conoció a Pilar de Valderrama, Guiomar, que también era escritora y al parecer le admiraba. Pilar fue a Segovia, donde entonces vivía el poeta, para verle, y él se enamoró de ella. Estaba casada, su marido la engañaba, su matrimonio no era feliz. Le quería, pero “por fidelidad a sus creencias –era católica– y a sus hijos no podía ofrecerle más que una amistad sincera”. Si no, no se volverían a ver.

Él cada semana llegaba en el tren desde Segovia hasta la Estación del Norte y subía atravesando el parque del Oeste hasta el paseo de Rosales donde ella vivía… a veces la veía asomarse, otras veces no.

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Se encontraban secretamente. Durante el verano se refugiaron en los jardines de la Moncloa que por entonces eran propiedad, junto con el Palacio, del Ministerio de Instrucción Pública. Se sentaban en un banco de piedra, cerca de una fuente, por eso lo llamaban el Jardín de la Fuente, y Machado puso al banco el nombre de banco de los enamorados.

Hoy día, sede de la Presidencia del Gobierno, no se pueden visitar. A pesar de que tanto los jardines como el palacete fueron destruidos durante la guerra, luego reconstruidos, la fuente sobrevivió, así nos lo cuenta Ian Gibson en su biografía del escritor, Ligero de equipaje.

"El Jardín de la Fuente" (I.Gibson. "Ligero de equipaje")

“El Jardín de la Fuente” (I.Gibson. “Ligero de equipaje”)

Cuando llegó el otoño comenzaron a verse en un café de Cuatro Caminos que ya no existe.

A pesar de lo que ella escribió en sus memorias Sí, soy Guiomar, no está claro que correspondiera a Machado, ¿cuáles eran sus motivaciones?, ¿buscaba beneficios para su propia obra literaria?… Lo único cierto es que vivieron un amor puramente platónico que hizo sufrir mucho al poeta. Leer las cartas que Antonio envió a su amada, las que la diosa conservó de su poeta, pues la mayor parte las destruyó o borró párrafos comprometidos, encoge el corazón.

Sevilla, Madrid, París, Soria, Baeza, Segovia…

Machado volvió a Madrid en 1932 tras conseguir una plaza de profesor titular en el Instituto Calderón de la Barca.

Durante esta última etapa de su vida tanto él como su hermano Manuel eran asiduos de las tertulias. Al parecer cambiaban a menudo de local, cuando era demasiado conocida su presencia en algún café y querían huir de compañías no deseadas.

Sus preferidos fueron: el Varela en la calle Preciados, esquina Santo Domingo;  el Español en la calle Carlos III junto al Teatro Real; y el más famoso, el Café de las Salesas en la calle Bárbara de Braganza, por la foto que le hizo Alfonso a finales del año 1933, publicada en el diario La Libertad el 12 de enero de 1934, junto a la periodista Rosario del Olmo, que iniciaba con Machado una serie de entrevistas dedicadas a los “deberes del arte” en momentos difíciles.

La Libertad, 12 enero 1934 (BNE)

La Libertad, 12 enero 1934 (BNE)

Aunque la foto más reproducida y conocida es una copia recortada en que aparece solo el poeta.

No es el único recuerdo que Madrid guarda de Antonio Machado. Ninguna placa municipal pero sí una instalada por la Sociedad General de Autores en 1985 en este último domicilio conocido del poeta en Madrid, con motivo del homenaje nacional a Federico García Lorca, Miguel Hernández y el propio Machado.

Calle General Arrando 4

Calle General Arrando 4

En 1986 fue colocado un busto de bronce del poeta en los jardines del Centro Cultural que lleva su nombre, en el distrito de San Blas, calle San Román del Valle 8.

Recordemos también las Cabezas obra del escultor Pablo Serrano, de las que tenemos tres ejemplos. Una en el Museo de Bellas Artes de San Fernando. El monumento-fuente dedicado por el Pueblo de Madrid al poeta Antonio Machado en la Ciudad de los Poetas, en terrenos de la antigua Dehesa de la Villa; tanto la calle en la que se ubica el monumento como la estación del metro que nos lleva hasta allí, se llaman Antonio Machado. Y la última, en los jardines de la Biblioteca Nacional.

En 1936 consiguió la Cátedra de Lengua y Literatura francesas del Instituto Cervantes de 2ª Enseñanza, entonces ubicado en la calle Prim, un barrio que él conocía bien. Pero comenzó la guerra y Machado se marchó a Valencia. Nunca volvería a Madrid.

Las últimas fotografías que se conservan del escritor muestran un hombre muy desmejorado y cansado.

Antonio Machado murió el 22 de febrero de 1939. Hacía poco más de un mes que había abandonado España con su madre, en un penoso viaje bajo la lluvia desde Barcelona hasta la frontera con Francia. Tenía 64 años. Su madre murió tres días después, con 88.

Fue un final muy triste. Machado guardaba varios poemas en el bolsillo de su abrigo, los encontró su hermano José, uno de ellos dedicado a Guiomar.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

GIBSON, Ian. La vida de Antonio Machado. Ligero de equipaje. Ed. Aguilar, Madrid 2006.

Dentro del programa Nuevas Miradas el pasado día 30 de enero fue inaugurada en el Museo Nacional de Artes Decorativas la exposición SOS. Eugenio Ampudia. La intención de este programa es establecer un diálogo entre los museos históricos y los artistas contemporáneos, “ofrecer un nuevo enfoque en la lectura de las colecciones de los museos estatales bajo el prisma de la creatividad contemporánea…” En definitiva se trata de relacionar las colecciones de nuestros museos y los edificios que las albergan con la creación actual.

En esta exposición el edificio del Museo se convierte en actor principal.

Construido en 1878 por José María Gómez para la duquesa de Santoña en terrenos que desde el siglo XVII habían pertenecido al Palacio Real del Buen Retiro, es un buen ejemplo de arquitectura clasicista. Originalmente fue uno de los varios hoteles levantados en la zona, hoy desaparecidos. Entre lo que hoy es el Retiro, la calle de Alcalá, el paseo del Prado y el Botánico se abrieron una serie de calles que conformarían el actual barrio de Los Jerónimos. La primera fue la calle Granada (actual Alfonso XII), Alfonso XI, Ruiz de Alarcón, Valenzuela, Alberto Bosch, Felipe IV… y la calle de Montalbán, que recibe este nombre desde 1865 por acuerdo municipal.

Del Buen Retiro únicamente se conservan en el interior del barrio creado en las últimas décadas del siglo XIX, el Casón, el Salón de Reinos y la iglesia de los Jerónimos.

Calle Montalbán

Calle Montalbán

En 1909 el palacete fue ocupado por la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio, hasta 1932, tal como nos recuerda una placa en la fachada. Entonces se trasladó aquí el Museo Nacional de Artes Decorativas. A lo largo de todo este tiempo, el edificio ha tenido varias ampliaciones y remodelaciones, la última en 1991, convirtiéndose en el edificio de cinco plantas actual.

Calle Montalbán, 12.

Calle Montalbán, 12.

Del palacete original poco queda. Además de la fachada de ladrillo y granito se conserva la escalera imperial de mármol blanco, y los pavimentos de mosaico italiano realizados por Pellerin y Domenico. Son estos elementos los que interactúan con las obras de Eugenio Ampudia. Nos cuenta el propio artista durante la presentación que sus instalaciones funcionan como una llamada de auxilio y reflexión en torno a la cultura.

Eugenio Ampudia nació en 1958 en Valladolid aunque vive y trabaja en Madrid. Él mismo se define como artista multidisciplinar, trabaja con un equipo. Su objetivo es “contar cosas”, también reflexionar sobre el arte y el papel de los espectadores. Sus propuestas son conceptuales, por ejemplo su representación de una moto corriendo a gran velocidad por las galerías del Museo del Prado, símbolo de en lo que a veces se puede convertir una visita a un museo, según el artista.

El programa La Aventura del Saber en la 2 de TVE le dedicó su espacio el pasado mes de marzo 2013, Creadores: Eugenio Ampudia. A lo largo de casi media hora nos cuenta su forma de trabajar, el proceso mediante el cual llega a realizar sus creaciones, cuál es el significado de una pieza de arte para él…

Alguna de sus intervenciones en la ciudad tuvo bastante eco, como cuando organizó la Evacuación de Madrid en la Noche en blanco de 2008 invitando al público a cruzar la Puerta de Alcalá, en un intento de devolver a la puerta su sentido, el poder entrar y salir por ella. Sin duda su opinión sobre la emblemática Puerta es muy personal y radical, la considera “un monumento absolutamente obsoleto”. Para la mayoría de nosotros se trata de un monumento valioso, en mi opinión muy bello y querido, ¿puede un monumento que además de un componente arquitectónico y artístico presenta un valor histórico ser obsoleto?. En cualquier caso sin duda es interesante escuchar todo el discurso de Eugenio Ampudia y crearnos nuestra propia opinión.

En el Museo de Artes Decorativas las ideas que nos transmite no son tan tajantes, son sobre todo una petición de ayuda para la cultura, que no vive sus mejores momentos.

La primera intervención está en el exterior del edificio. Un juego de luces que piden auxilio en el lenguaje morse, un SOS universal, tres puntos cortos, tres puntos largos, otros tres cortos…

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Ya en el interior, en el vestíbulo, sobre el suelo de cerámica y bajo la lámpara decimonónica, un Acumulador formado por libros iluminados. La luz de los libros que iluminan la cultura y por tanto a las personas. Se agradece que hoy día –que tanto se habla de la “muerte del papel”– un artista recuerde el valor de los libros como garantía de una sociedad culta. ¿Recordáis la película de François Truffaut, Fahrenheit 451?

Acumulador (2014)

Acumulador (2014)

Nuevamente los libros son los protagonistas de la siguiente video instalación, Las palabras son demasiado concretas.

Eugenio Ampudia y "Las palabras son demasiado concretas" (2013-2014)

Eugenio Ampudia y “Las palabras son demasiado concretas” (2013-2014)

Entre los libros de una biblioteca, doce proyectores que han sido instalados en doce libros-caja para contar cosas… y que sirven al artista para hacer algunos guiños literarios y cinéfilos. Él mismo nos muestra uno de estos artilugios.

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La Habitación de lluvia (2010) y Tiempo (2008) son las otras obras expuestas.

En esta última, una vez más, el movimiento y el paso del tiempo. Los trozos de hierro van girando hasta conformar la palabra tiempo sobre las pequeñas piezas de cerámica del antiguo pavimento del palacete.

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por Mercedes Gómez

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Museo Nacional de Artes Decorativas
Calle Montalbán, 12.
Hasta el día 27 de abril.

En la calle Galileo nº 52, barrio de Gaztambide distrito de Chamberí, visitamos el Centro de Arte Moderno, un lugar estimulante para los amantes de la literatura, el arte y la cultura en general.

Nada más entrar se respira el aroma literario que desprenden las fotografías, los objetos, y por supuesto los libros. Allí está el espíritu de Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Ramón Gómez de la Serna, Max Aub, Rafael Azcona… y la presencia viva de algunos de nuestros escritores favoritos, Antonio Muñoz Molina, Rosa Montero, Juan Marsé… y tantos otros.

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Procedentes de Argentina, ya hace diez años que Raúl Manrique Girón y Claudio Pérez Míguez llegaron a Madrid y desde entonces han contribuido a enriquecer la actividad cultural madrileña con una preciosa librería, un exquisito sello editorial, galería de arte, presentaciones de libros, conciertos, talleres, etc. Además, este Centro singular guarda el Archivo Onetti, que incluye su biblioteca, cartas y objetos personales.

En su Del Centro Editores publican libros artesanales de ediciones limitadas y numeradas que son verdaderas obras de arte.

La Galería del Centro ofrece muestras de artistas de todas partes del mundo; actualmente expone En lo profundo, quince coloristas libros de artista de la canadiense Alexandra Haeseker, realizados en papel sintético y material plástico reciclado.

A. Haeseker. “Vigilar” 60 x 80 cm. (2014)

A. Haeseker. “Vigilar” 60 x 80 cm. (2014)

La  Librería del Centro está especializada en literatura de autores latinoamericanos y españoles con presencia en América.

Y, entre otras sorpresas, allí se encuentra el Museo del Escritor.

Nació hace cuatro años con pocos objetos, ahora está formado por más de cinco mil de los que solo se expone una parte. Su único punto en común es que pertenecieron a escritores de lengua española.

museo del escritor

A los responsables de este pequeño museo les gusta hablar de objetos afectivos.

No se trata de cosas valiosas en sí mismas, el valor se lo concede el saber a quién han pertenecido, lo que significaron en algún momento, para su dueño, su vida, o su obra, en su relación con otras personas… Es curioso observarlos, si además conocemos su pequeña historia y lo que significaron nos explican también la historia de los países en los que sus dueños vivieron y escribieron, incluso nos cuentan la historia de la literatura y cómo han ido cambiando las costumbres de los escritores y los medios con los que contaban.

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Bellos manuscritos, una pluma y un tintero de cristal junto a disquetes donde los pioneros en el uso del ordenador guardaban sus textos.

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Y la máquina de escribir, la gran protagonista.

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La cuidadosa disposición en las vitrinas y la forma en que Raúl me cuenta la historia de estos pequeños tesoros, destilan cariño. Es un placer escuchar su relato.

En la medida en que conocemos a los escritores y hemos leído sus novelas, sus cuentos o sus poemas, aún resulta más conmovedor contemplar estos objetos, la mayoría sencillos y cotidianos. Alguno imaginativo, como esa cajita diminuta llena de papelitos con letras que Mercedes Roffé escogía al azar para formar palabras y frases en un ejercicio de creatividad.

Las pipas de Ramón Gómez de la Serna y de Julio Cortázar, los sombreros de Bioy Casares y de Max Aub, gafas, lápices, carteritas… emociona leer la dedicatoria escrita a mano de Mario (Benedetti) a su amigo Juan (Onetti). Y el apunte de un poema en una simple hoja con el membrete de un hotel junto a sus gafas olvidadas en un restaurante de Madrid, que nunca recuperó pues ya enfermo nunca pudo volver a España.

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Es bonito contemplar estos recuerdos, pero lo mejor es escuchar las explicaciones y anécdotas durante la visita guiada que nos ofrecen. Todo un mundo de ecos literarios y afectivos, para disfrutar.

Por Mercedes Gómez

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Centro de Arte Moderno
Calle Galileo, 52

Visitas guiadas: tel. 91 429 83 63

Más información y fotografías en su página de Facebook. Y en este artículo del diario El País.

Como sabemos, este 2014 se conmemora el IV Centenario de la muerte de El Greco en Toledo. Con este motivo a lo largo del año vamos a tener ocasión de ver magníficas exposiciones y recordar su vida y su obra. Se trata de un acontecimiento artístico de enorme importancia de modo que no podemos dejar de hablar aquí sobre el pintor y modestamente sumarnos a este homenaje al artista, uno de los más grandes de todos los tiempos. A la poderosa atracción que a veces ejerce su personalísima obra ante nuestra mirada se añade que se trata de un personaje algo enigmático tanto por su pintura como por su vida de la que se ignoran muchos detalles.

Doménikos Theotokópoulos, El Greco, nació en 1541 en Candía, capital de la isla griega Creta, entonces perteneciente a la República de Venecia. Con 22 años ya era maestro de pintura. Con muchas lagunas y algunos datos confusos, se sabe que de Creta fue a Venecia donde vivió un tiempo, luego realizó un viaje por diversas ciudades de Italia, y finalmente hacia 1570 se instaló en Roma, hasta 1577 en que viajó a España. Tenía 36 años.

Estuvo primero en Madrid, al parecer intentando trabajar para la Corte del rey Felipe II, pero no lo consiguió. Así que decidió trasladarse a Toledo donde trabajó y vivió hasta su muerte, realizando escasos viajes y siempre por motivos profesionales.

Recién llegado a Toledo tuvo una relación amorosa con Jerónima de las Cuevas, de la que al año siguiente nació su hijo Jorge Manuel Theotocopuli –Domenico ya había italianizado su nombre y su apellido–, pero nunca se casaron.

El caballero de la mano en el pecho, h.1580 (Museo del Prado)

El caballero de la mano en el pecho, h.1580 (Foto: Museo del Prado)

Su arte, incomprendido durante los siglos XVII y XVIII, también esconde misterios, que solo los estudios iniciados en el siglo XX están revelando. Su pintura cuyo análisis llevó a teorías absurdas, como que padecía locura o defectos visuales, se ha demostrado que fue fruto de una evolución intelectual y personal y de la maestría de un genio. Visto con la perspectiva que nos ha dado el tiempo, fue el primer pintor moderno, precedente del gran Velázquez.

Hoy día, además de alguna colección particular, en Madrid son varios los museos o instituciones que poseen obras suyas o de su taller; el Museo Lázaro Galdiano, Cerralbo, la iglesia de San Ginés (impresionante su Expulsión de los mercaderes del templo), el Thyssen, el Museo del Prado…

Aunque la única obra importante que El Greco realizó para nuestra ciudad fue el retablo del templo del Colegio de la Encarnación o de María de Aragón, encargo que recibió en 1596 y que se convirtió en el trabajo mejor pagado de toda su vida. Sin embargo la extraordinaria obra, creada en plena madurez, fue objeto de comentarios negativos, las pinturas incluso fueron consideradas “creaciones nacidas del delirio”.

Según las conclusiones del Congreso celebrado en el Museo del Prado en 2000, la monumental obra estaba formada por la estructura arquitectónica, seis esculturas y siete pinturas. De todo ello solo se conservan seis pinturas. Las obras, óleos sobre lienzo, fueron desmontadas durante el reinado del rey francés José I. Después de una serie de avatares y traslados fueron felizmente recuperadas para el Museo del Prado (excepto una, La Adoración de los Pastores que se encuentra en el Museo Nacional de Arte de Rumanía) procedentes del Museo Nacional de Pintura y Escultura, más conocido como Museo de la Trinidad.

Las cinco obras, firmadas, forman parte de la Colección Permanente del Museo del Prado, que dedica tres maravillosas salas (8, 9 y 10 B) a este pintor incomparable.

La Anunciación, 1597-1600, 315 x 174 cm. (Museo del Prado)

La Anunciación, 1597-1600, 315 x 174 cm. (Foto: Museo del Prado)

Acompañan a las esplendorosas pinturas que formaron parte del retablo una serie de obras maestras, como La Fábula, que representa de manera perfecta la luz que ilumina el rostro del pícaro; la famosa Caballero de la mano en el pecho, una de las obras procedentes de la Colección de Felipe V en la Quinta del Duque del Arco en el Pardo. Etc.

Además, el Prado prepara dos exposiciones temporales para este año de celebración. El próximo mes de abril presentará La biblioteca del Greco, y en junio El Greco y la pintura moderna.

Por su parte, el Museo Thyssen se ha adelantado y ya ha inaugurado El Greco, de Italia a Toledo, una pequeña pero valiosísima muestra basada en el estudio técnico de las cuatro obras que posee, que podemos visitar hasta el 2 de marzo. Ubicada en la Sala Contextos en la primera planta, la entrada es gratuita.

Se exponen los resultados de un estudio realizado mediante análisis químicos, imágenes infrarrojas y radiografías con el fin de investigar la evolución del artista desde sus inicios en Italia hasta su etapa final en Toledo.

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La Anunciación, 1576, 117 x 98 cm. (Museo Thyssen)

La primera obra es la Anunciación pintada en 1576 probablemente durante su estancia en Roma antes de su viaje a España. Otra es la realizada hacia 1596-1600, ya en Toledo, versión en pequeño tamaño o tal vez un boceto de la Anunciación que pintó para el retablo del Colegio de Doña María de Aragón en Madrid que hemos visto en el Museo del Prado.

La Anunciación, 1596-1600, 114 x 67 cm. (Museo Thyssen)

La Anunciación, 1596-1600, 114 x 67 cm. (Museo Thyssen)

Contemplando estos lienzos se aprecia la evolución de su pintura, desde su primera época bajo la influencia de los maestros italianos hasta su singularísima pintura en la que el dibujo cedió su lugar a una pincelada más suelta de tono impresionista y sus figuras alargadas tan personales.

La Anunciación, 1576 (detalle) (Museo Thyssen)

La Anunciación, 1576 (detalle) (Museo Thyssen)

La Anunciación, 1596-1600 (detalle) (Museo Thyssen)

La Anunciación, 1596-1600 (detalle) (Museo Thyssen)

Pura pintura, que también esconde su personalidad, para algunos extravagante. Lo que no hay duda es que fue un hombre muy culto, que le gustaba vivir bien, que consideraba que ser artista no era solo un oficio manual, como aún era considerado en España, sino algo más elevado, una filosofía, un trabajo que merecía ser bien pagado. Tuvo muchos pleitos por eso, pero curiosamente guardaba una gran parte de su obra, en lugar de venderla.

A medida que se hacía mayor su taller fue creciendo, uno de sus discípulos fue su propio hijo que se casó en Toledo y lo convirtió en abuelo.

El genial pintor murió sin haber dictado testamento, a la edad de 73 años, en Toledo el 7 de abril de 1614. Aunque sí dejó escritos con sus opiniones sobre el arte, anotaciones en los márgenes de algunas obras de su biblioteca, que explican en parte quién fue Doménico, el griego, y el porqué de su pintura y comportamiento.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Calvo Serraller, Francisco. El Greco. Alianza Cien nº 49. Madrid 1994.

Pita Andrade, J.M. y Almagro, A. “Sobre la reconstrucción del retablo del Colegio de doña María de Aragón” en Actas del Congreso sobre el Retablo del Colegio de doña María de Aragón del Greco. Madrid 2001.

Marías, Fernando. El Greco. Guía de Sala. Fundación Amigos Museo del Prado. Madrid 2010.

La fábrica y taller de carruajes Hermanos Francisco y Joaquín Lamarca fue fundada en 1840 en Madrid. A finales del siglo XIX tenían su sede en la calle del Barquillo, esquina a la de Fernando VI.

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Por entonces sin duda este barrio próximo a las Salesas Reales era el barrio de los Lamarca. En 1893 en el número 8 de la cercana calle de Santo Tomé, el arquitecto Santiago Castellanos Urízar construyó un edificio de viviendas para Francisco, de vistosa fachada en estilo neomudéjar con ladrillos y cerámica de colores.

Calle Santo Tomé, 8.

Calle Santo Tomé, 8.

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A pocos pasos del almacén de la calle Barquillo y de la casa de Santo Tomé, en 1902 el mismo arquitecto Santiago Castellanos construyó en la calle de Fernando VI números 10-12, con vuelta a las calles Belén y Regueros, el Edificio Lamarca Hermanos.

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La empresa tenía un gran prestigio. La familia Lamarca fabricaba todo tipo de vehículos, coches de paseo para los aristócratas, de gala para la Comisión de Gobierno del Congreso de los Diputados y carrozas para la Casa Real. Tal como publicó La Ilustración Nacional en 1897, ese año presentaron “tres elegantísimos carruajes” en la Exposición Nacional de Industria y de las Artes que tuvo lugar en el Palacio de Exposiciones construido en los Altos del Hipódromo ­–hoy sede del Museo de Ciencias Naturales–.

Por esas mismas fechas, pues ya aparece representado en el Plano de Facundo Cañada de comienzos del siglo XX, los hermanos instalaron las oficinas y abrieron un gran Taller de Carruajes Lamarca en el paseo del General Martínez Campos 39, entonces aún llamado paseo del Obelisco, entre las calles de Zurbano y Miguel Ángel –junto al solar donde poco después Joaquín Sorolla construyó su casa–. Hoy día ya no existe.

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Plano F. Cañada (h. 1900) (detalle)

Sin embargo el edificio de Fernando VI sigue en pie y constituye un bonito ejemplo de arquitectura industrial conservado en el centro de Madrid. Tiene un cuerpo central de dos plantas, la planta baja era la destinada a los talleres, y dos pabellones en las esquinas ocupados por viviendas. Restaurado hace pocos años mezcla elementos clasicistas, como los frontones o algunas decoraciones escultóricas, con otros que anuncian el modernismo, como el letrero de la fachada.

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La planta baja, además de algunas tiendas, acoge los antiguos talleres a los que llegamos tras atravesar el amplio zaguán y el patio que aún muestran su pavimento de piedra. Sorprende gratamente encontrar la construcción centenaria conservada también en su interior.

Vestíbulo calle Fernando VI, nº 10

Vestíbulo calle Fernando VI, nº 10

patio

Junto al ladrillo y los detalles de hierro forjado, como la puerta de entrada y las columnas…

ladrillos y columna

… entre los materiales utilizados predomina la madera de las techumbres, vigas, puertas, ventanas y aleros.

ladrillo hierro madera

En algunos lugares se han dejado a la vista las vigas de la cubierta.

vigas techo

Desde los talleres se podía subir a la primera planta cuya escalera también se conserva.

techo y escalera

En el siglo XXI los coches son mucho más numerosos y potentes que a finales del XIX y comienzos del XX, y la calle de Fernando VI se ha convertido en una de las más vivas de la ciudad, con modernos y acogedores locales comerciales y de ocio, pero en ella siguen existiendo los mismos edificios singulares.

Calle Fernando VI (h. 1930)

Calle Fernando VI (h. 1930) (www.viejo-madrid.es)

En 2010 se proyectó convertir la vieja fábrica de carruajes en hotel. No sabemos qué le deparará el futuro.

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Calle de Fernando VI (enero 2014)

De momento, el antiguo taller, que se alquila, aún de vez en cuando abre sus puertas para algún evento o tienda efímera y nos permite contemplar la histórica construcción y recordar su pasado.

Por Mercedes Gómez

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BIbliografía:

La Época. 20 oct 1895.
Informaciones de Madrid. 3 marzo 1921
La Correspondencia de España. 10 marzo 1921
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
Proyecto Hotel en Edificio Lamarca
El País. 6 jun 2011.

Hace unos días, visitando la nueva Sala Várez Fisa del Museo del Prado que contiene las doce espléndidas obras de arte español del Románico al Renacimiento donadas por esta familia, pensaba que era una suerte que el museo reciba este tipo de legados que nos brindan la oportunidad de admirar el arte medieval del cual desgraciadamente subsisten escasos ejemplos en Madrid. Una de ellas es un espectacular artesonado de madera tallada y policromada procedente del sotacoro de la iglesia de Santa Marina de Valencia de Don Juan (León). Es una obra anónima realizada hacia 1400 en un taller leonés. Mide 11,4 metros de largo por 6,05 de ancho; representa numerosas figuras profanas y religiosas además de escudos familiares y el escudo de Castilla y León.

Contemplando esta impresionante techumbre plana que cubre toda la sala y las demás obras de pintura románica que se exponen en el Prado recordé una de nuestras joyas, la ermita de Santa María de la Antigua en Carabanchel, en cuyo interior se conserva un sencillo pero igualmente bello techo mudéjar.

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La ermita, antigua iglesia parroquial de la Magdalena, está en la calle de Monseñor Oscar Romero junto al Cementerio de Carabanchel al que desde el siglo XVII sirve como Capilla.

Detalle mudéjar junto al cementerio cristiano

Detalle mudéjar junto al Cementerio.

La torre de la iglesia de San Nicolás del siglo XII, Santa María la Antigua del XIII, la torre de la iglesia de San Pedro del siglo XIV y la Torre y la Casa de los Lujanes del XV, ­–en este caso un edificio civil–, son los recuerdos del pasado árabe madrileño y ejemplos del arte que los alarifes mudéjares realizaron en nuestra ciudad y sus aledaños tras la conquista de los cristianos a finales del siglo XI.

Santa María de la Antigua es la única iglesia mudéjar enteramente conservada en Madrid, además de la más antigua. No se conoce a ciencia cierta el momento de su construcción; según el Colegio de Arquitectos, la restauración y las recientes excavaciones han constatado que el ábside, los pilares y la portada sur datan de la primera mitad del siglo XIII. En cualquier caso, la historia de sus orígenes y la de los terrenos donde se asienta es antiquísima.

Los hallazgos arqueológicos a lo largo de los últimos siglos han revelado que en este cerro del histórico pueblo de Carabanchel, que a pesar de la cercanía de las zonas urbanas continúa ofreciendo un aspecto rural, existió población desde tiempos remotos, incluso anteriores a la llegada de los romanos.

El pasado romano de estos parajes se conoce desde el siglo XVIII cuando en sus proximidades fue descubierto el famoso Mosaico de Carabanchel, que hoy podemos contemplar en el Museo de San Isidro.

En los comienzos del siglo XX, cuando los Carabancheles aún no pertenecían a Madrid –fueron anexionados en 1948–, en los alrededores de la ermita se encontraron nuevos restos arqueológicos de población romana.

Más de noventa años después, en el verano de 1999 durante las obras de ampliación de la línea 5 del metro, actual estación Eugenia de Montijo, apareció un yacimiento de extraordinaria importancia. Restos pre-romanos y numerosas estructuras y materiales que demuestran la existencia de una gran Villa romana en los siglos I-II.

Sobre parte de este antiguo poblado, en el siglo XI-XII los mudéjares construyeron una iglesia, nombrada en el Códice de Juan Diácono (sg. XIII), que según dicen fue visitada por San Isidro, y así lo recuerda una placa municipal en el exterior.

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La modesta ermita actual es un valioso ejemplo de arquitectura mudéjar. Sus muros son de mampostería con verdugadas de ladrillo.

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Destacan la preciosa portada de ladrillo con tres arcos rehundidos enmarcados en un alfiz y la singular torre maciza excepto en la zona del campanario; ésta mide 20 metros y es de planta rectangular. Junto al templo se encuentra la Sacristía, construida en el siglo XVII. Un elemento moderno es la escalera de metal adosada a la torre.

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Su interior guarda algunos tesoros. En 1995 aparecieron fragmentos de pinturas medievales y un pozo.

pozo

El pozo, probablemente del siglo XII, perteneció a la iglesia anterior, aunque quizá su origen se remonte a la época romana; unos años después fue hallado muy cerca un horno romano.

Ante los hallazgos en su entorno se sospechó la existencia de importantes restos bajo la ermita. Prácticamente todo el interior de la iglesia fue excavado.

Según publicó la prensa por entonces, uno de los descubrimientos más importantes fue un muro de grandes dimensiones perteneciente al templo primitivo, el que se supone acogió al Santo Patrón madrileño. También se hallaron cerámicas, entre ellas objetos domésticos carpetanos, de época pre-romana, pavimentos romanos y el citado horno –indica que quizá en este lugar estaban las casas de los trabajadores de la villa romana–, elementos mudéjares y sepulturas del siglo XVII; toda la historia de Madrid bajo el suelo de esta ermita.

Entre los años 2000 y 2002 se llevó a cabo su restauración y rehabilitación a cargo del arquitecto Pedro Iglesias.

nave

Detrás del retablo barroco que adorna el altar con algunas pinturas de la Escuela madrileña y una imagen moderna de Nuestra Señora de la Antigua, en el ábside semicircular aparecieron restos de pinturas románicas.

pinturas2

Lamentablemente no se pueden apreciar los temas representados pues la mayor parte ha desaparecido, pero ayudan a imaginar cómo debió ser este pequeño templo en el siglo XIII.

pinturas1

En la Epístola, junto al Altar, tras el retablo que la cubrió durante mucho tiempo apareció una hornacina con más restos de pinturas.

pinturas3

A los pies se encuentra el sencillo Coro.

detalle viga

Ubicado sobre vigas de madera decoradas con pinturas.

techos

Como en el caso de los frescos de los muros, la mayor parte se ha perdido pero se conservan algunas escenas dedicadas a San Isidro y castillos y leones del Escudo de Castilla, como en el bellísimo artesonado de la iglesia leonesa que ahora podemos admirar en el Museo del Prado.

detalle pintura

Por: Mercedes Gómez

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Museo del Prado
Sala Várez-Fisa: Edificio Villanueva, Sala 52 A, planta baja.

Ermita de Santa María la Antigua
Calle Monseñor Oscar Romero 92.
Metro: Eugenia de Montijo.
Según nos informa María Rosa en su post dedicado a San Isidro en la Ermita de Santa María de la Antigua, la iglesia se puede visitar los sábados a las 11 h. de la mañana.

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Bibliografía:

Florit, José Mª. “Restos de población romana en los Carabancheles (Madrid)”. Boletín de la Real Academia de la Historia. Madrid 1907.
Navascués, Pedro J. La ermita de Santa María la Antigua en Carabanchel (Madrid). revista Al-Andalus  (CSIC) nº 26. 1961.
Diario El País 25 agosto1999, 2 sept. 1999, 27 dic. 2005.
Diario El Mundo 21 sept. 1999.
C. Caballero, F.J. Faucha, I. M. Fernández, J.Mª Sánchez Molledo. Materiales Arqueológicos Inéditos Procedentes del cementerio parroquial de Carabanchel Bajo (Madrid). Estudios de Prehistoria y Arqueología Madrileñas, nº 12, 2002.
COAM. Guía de Arquitectura. Tomo II. Madrid 2003.

Blogs:
Guerra Esetena. Pasión por Madrid. Santa María la Antigua.

Queridos amigos:

Un año más me decido a escribir unas líneas para daros las gracias y celebrar juntos el cumpleaños de Arte en Madrid. Es un día un poco especial, porque cinco años son muchos, o eso me parece, y porque a pesar de tanto tiempo transcurrido, aquí estamos, manteniendo la ilusión entre todos.

Durante estos últimos doce meses hemos conocido personajes de todas las épocas, recorrido calles y plazas, visitado nuevos museos, edificios en los que no habíamos entrado hasta ahora… nuevamente hemos viajado a la Edad Media en busca de las murallas madrileñas… hoy no se qué más podría contar, solo que ¡cumplimos cinco años!

Cinco años encontrándonos en esta tertulia siempre con el ánimo de conocer mejor nuestra ciudad, darle el cariño que a menudo necesita y de vez en cuando pedir a las autoridades competentes que por favor cumplan con su obligación y la protejan.

Así que, una vez más, gracias. Me temo que voy a repetirme, pero es que no puedo escribir otra cosa.

Miles de gracias a los queridos amigos más fieles, que siempre estáis ahí, aportando vuestras ideas y opiniones, y acompañándome. Un blog no deja de ser una casa imaginaria en la que nos encontramos con el fin de aprender, charlar y pasar un buen rato. Esta es una casa llena de buenos amigos, ¡tengo mucha suerte! Cinco años encontrándonos aquí, algunos de vosotros participando casi desde el principio. Creo que es muy bonito.

Pero también por supuesto gracias a quienes solo participáis de vez en cuando, o incluso aquellos que nos dais calor con vuestra presencia silenciosa. Gracias a todos. Somos un buen grupo, de verdad.

En fin, ha sido un año intenso y espero que divertido.

Muchos saludos y besos

Mercedes

Esta mañana algunos vecinos del barrio de la Fuente del Berro hemos acudido a la fiesta que se había organizado como despedida a los jardineros que se han encargado del cuidado del parque hasta ahora, una fiesta que también pretendía ser una reivindicación para la conservación de nuestros Jardines Históricos.

El parque de la Quinta de la Fuente del Berro ha sido elegido, como símbolo, para despedir y homenajear a los jardineros que el próximo jueves se incorporarán a sus nuevos destinos dejando su puesto a los empleados de las empresas privadas que han ganado los concursos convocados por el Ayuntamiento de Madrid.

Ha sido bonito, aunque daba un poco de pena, quizá recordéis mi visita al parque reviviendo la historia de los Jardineros municipales, el pasado mes de octubre; acababan de publicar la noticia de que el cuidado de muchos parques, incluido el de la Quinta de la Fuente del Berro, iba a ser privatizado.

Hoy el Jardín te daba la bienvenida con guirnaldas de papel de colores, los organizadores ofrecían un folleto explicativo y una pequeña planta a los asistentes, los niños se lo pasaban bien… pero el día había amanecido gris, un poco triste, como el ánimo.

Fiesta2

fiesta niños

Todo esto parece un contrasentido. Que el Ayuntamiento entregue la responsabilidad sobre nuestros bellos parques a una empresa cuyo objetivo, lógicamente, será el beneficio económico, y no el mero y obligado cuidado de un Bien de Interés Cultural, histórico y artístico, no puede traer nada bueno.

Fiesta plantitas

En fin, hoy solo quería que acompañáramos a nuestros jardineros en su despedida. Y desearles suerte a ellos, y a nuestros jardines.

Mercedes

Teodoro Ardemans es conocido sobre todo por su trabajo como arquitecto, la publicación de sus Ordenanzas urbanas y por los numerosos cargos públicos que consiguió. Pero en sus comienzos el joven Teodoro fue pintor, actividad que con el tiempo pasó a un segundo plano en su vida, pero que nunca abandonó del todo. Incluso llegó a ser Pintor de Cámara del rey Felipe V.

En algunos lugares aparece como fecha de su nacimiento el año 1664 –es la que dio Ceán Bermudez en su Diccionario Histórico– pero gracias a las investigaciones de Pérez Bustamante se sabe que Teodoro nació en Madrid el 30 de junio de 1661. Aún reinaba Felipe IV. Su juventud y etapa de aprendizaje transcurrió durante el reinado de Carlos II. Así, vivió una época difícil de grandes cambios políticos, culturales y artísticos. Ardemans fue uno de los artistas que vivió el fin del Barroco, el cambio del siglo XVII al XVIII, y el paso de la dinastía de los Austrias a los Borbones.

Su padre Nicolás Ardemans, nacido en Luxemburgo, guardia de corps, y su madre, napolitana, se instalaron en Madrid antes de que naciera su único hijo, Teodoro. La familia no disponía de grandes recursos económicos pero el niño recibió una educación elemental. Luego cuando contaba entre 12 y 14 años de edad entró en el taller de Antonio de Pereda con el fin de aprender el oficio de pintor. Allí estuvo hasta la muerte del maestro en 1678 cuyo testamento firmó como testigo. Los años siguientes, según él mismo contó, además de Pintura y Dibujo, cursó estudios de Matemáticas, Arquitectura, Perspectiva y Óptica.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando posee un Retrato de joven considerado durante mucho tiempo la copia del Autorretrato de Ardemans realizada por Ginés de Aguirre. Hoy día se considera dudosa la identidad del personaje retratado, pero tampoco se ha demostrado que no lo sea.

retrato?

En 1679 la familia se instaló en una casa en la calle Calatrava que era propiedad de Claudio Coello. Era la Casa nº 8 de la Manzana 115, entre las calles de San Bernabé y del Águila. Hoy día la casa ya no existe y la zona está muy transformada debido a la construcción de la Gran Vía de San Francisco para la cual se derribaron muchos edificios; la nueva calle atravesó varias manzanas, entre ellas la 115.

Como ya vimos, Claudio Coello había nacido en el barrio de Puerta Cerrada; el 19 de diciembre de 1677 a la edad de 35 años adquirió esta casa y allí vivió hasta su muerte en 1693. Tuvo algunos inquilinos, uno de los cuales era el padre de Teodoro.

Al contrario de lo que sucedía en la mayoría de casos, los Ardemans no tenían ningún pariente relacionado con el arte, solo la inquietud del joven debió llevarle a dedicarse a la actividad artística, primero como aprendiz en el taller de Pereda y luego quizá como oficial en el de Coello, cuya relación con la familia se debió únicamente a que eran vecinos.

Con Coello debió aprender las técnicas de la pintura ilusionista y tal vez descubrir su vocación de arquitecto. Ardemans estaba convencido de que el pintor que dominaba la perspectiva podía trazar obras arquitectónicas, viéndose envuelto en el gran debate que surgió sobre el intrusismo, según algunos arquitectos, de los pintores y escultores, el debate entre arquitectos profesionales y arquitectos artistas en el barroco madrileño.

En 1683, a la edad de 22 años, recibió su primer encargo de la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís, la realización de una pintura para el techo de las escaleras de la Enfermería, que realizó junto con Tomás García. Es su primera obra conocida.

Entrada al Hospital de la VOT. Calle San Bernabé 13.

Entrada al Hospital de la VOT. Calle San Bernabé 13.

Tres rectángulos separados por tarjetas en las que con letras doradas sobre fondo azul se lee: SERÁFICA Y VENERABLE ORDEN TERCERA. Las molduras reales parecen fingidas, y los medallones ovalados con los escudos de la orden que parecen de verdad son de falso estuco, todo ello creado con la más pura técnica ilusionista barroca.

Tres años después, ya en solitario, recibió el segundo encargo de la VOT, en esta ocasión para la Sacristía de la Capilla del Cristo de los Dolores, situada junto a San Francisco el Grande, que ya visitamos cuando buscamos los trampantojos en Madrid. Representa el Arrebato de San Francisco en el cielo, y personajes terrenales asomados a una barandilla.

Sacristía Capilla VOT. Calle de San Buenaventura 1.

Sacristía Capilla VOT. Calle de San Buenaventura 1.

Ardemans volvió a trabajar para la VOT diez años después, pero ya como arquitecto.

Del mismo año 1686, cuenta Ángel Aterido, se conserva un cuadro de altar. La Virgen del Rosario, con el Niño, Santa Catalina y Santo Domingo, perteneciente a una Colección particular madrileña.

Virgen del Rosario 1686

En el retablo del Altar Mayor del Oratorio de San Felipe Neri en Alcalá de Henares –además del cuadro de Juan Vicente de Ribera Apoteosis de San Felipe Neri– en una Capilla a la derecha se encuentra un cuadrito, Glorificación de San Felipe Neri, atribuido a Ardemans. Según nos cuentan en la propia Iglesia, que consideran a Ardemans su autor, se trata de un antiguo boceto de un cuadro que estaba antes en el primitivo retablo destruido por los franceses durante la guerra de la Independencia. Pero esta es otra historia, que retomaremos en otro momento.

Volviendo a los años de sus primeros trabajos pictóricos, fue por entonces cuando Teodoro Ardemans se casó por primera vez, con Isabel de Aragón. En 1685 el matrimonio vivía en la que fuera casa paterna en la calle Calatrava, recordemos propiedad de Claudio Coello. Tuvieron tres hijos, dos varones que ingresaron en el Convento de Agustinos Recoletos, Nicolás y José, y una hija, Vicenta, que se casó dos veces. Ninguno de ellos tuvo tampoco nada que ver con el mundo del arte.

Con 25 años Teodoro se trasladó a Granada donde logró el cargo de Maestro Mayor de la Catedral, iniciando su larga y fructífera carrera como arquitecto. En 1689 volvió a Madrid y consiguió el título de alarife municipal. Al año siguiente consiguió su primer gran trabajo, terminar las obras de la Casa de La Villa.

Para entonces ya acumulaba cargos y había ganado dinero que invirtió en negocios vinícolas e inmobiliarios.

El matrimonio adquirió varios inmuebles y solares en la calle del Águila donde ahora vivían sus padres, y en las proximidades. Una casa tahona en la calle del Águila esquina la de la Ventosa, un sitio erial con el fin de construir en él, y otras fincas cercanas… y una casa en la calle del Humilladero, esquina calle del Reloj –actual calle Luciente–, vivienda que acabó convirtiendo en su domicilio principal.

Plano de Espinosa (1769) (en rojo las viviendas de la calle Calatrava y del Humilladero)

Plano de Espinosa (1769)
(en rojo las viviendas de la calle Calatrava y del Humilladero)

Una placa municipal en la calle Luciente esquina calle del Humilladero recuerda que allí vivió el arquitecto de Felipe V Teodoro Ardemans Maestro Mayor del Ayuntamiento de Madrid.

Humilladero esq Luciente

El paseo por este histórico barrio es un paseo por la vida de Teodoro Ardemans, artista castizo, y su obra pictórica temprana.

Calle del Humilladero

Calle del Humilladero

Recorriendo sus calles, desde Humilladero, Calatrava y calle del Águila llegamos a la Gran Vía de San Francisco donde se hallan el Sanatorio-Enfermería y la Capilla de la Venerable Orden Tercera, que, aparte contemplar los frescos creados por nuestro protagonista, merece la pena visitar por todas las obras de arte que guardan.

Con la llegada del nuevo siglo XVIII se inició su gran carrera como arquitecto. En 1702 ocupó la vacante que  había dejado José del Olmo como Maestro Mayor de las Obras de Madrid, y sus Fuentes. Fue Maestro y Trazador Mayor de Obras Reales, y Veedor General de las Conducciones de Aguas de la Corte. En 1704 fue nombrado Pintor de Cámara de Felipe V, como ya comentamos.

A lo largo de su carrera, dentro de la actividad arquitectónica, continuó pintando, dibujando y realizando construcciones efímeras en las que utilizaba la pintura. También trabajó en la decoración del Alcázar con el fin de acondicionarlo para el nuevo rey.

Recientemente en el Museo del Prado en la exposición El trazo español en el British Museum, hemos podido contemplar su Apoteosis de San Francisco de Asís dentro de los dibujos del siglo XVIII. La Biblioteca Nacional de España conserva un dibujo atribuido a Ardemans para el Arco de triunfo para la entrada de Felipe V en Madrid, entre los muchos que creó para entradas triunfales o túmulos funerarios.

Biblioteca Nacional

Biblioteca Nacional

De su vida, se conocen algunos detalles más. Su padre llegó a estar en situación de absoluta necesidad. Tras hacer una declaración de pobreza murió en 1703, siendo auxiliado por su hijo. Su esposa Isabel murió en 1707. Al año siguiente se volvió a casar con Felipa de la Lastra con quien no tuvo hijos.

La autora Beatriz Blasco, gran estudiosa de la figura de Teodoro Ardemans, habla de “su apego al naturalismo barroco en los inicios de su andadura profesional y de su posterior esfuerzo por asimilar los cambios introducidos por la dinastía Borbón”.

Llegó a ser un buen dibujante, y correcto pintor, aunque no excepcional. Pero su gran curiosidad intelectual y acertado comportamiento en el mundo que le tocó vivir, le llevaron a adquirir un gran prestigio. También parece que fue un hombre hábil que supo situarse bien, fue muy fiel al rey y a cambio recibió su reconocimiento.

Murió en Madrid el 15 de febrero de 1726, en su casa de la calle del Humilladero, a la edad de 65 años.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Planimetria de Madrid.
Pérez Bustamente, Ciriaco. “Claudio Coello. Noticias biográficas desconocidas”. Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 1918, 3er. Trimestre.
Blasco Esquivias, Beatriz.”Los trabajos de Teodoro Ardemans para la VOT de Madrid”. Villa de Madrid nº 79. Madrid 1984.
Blasco Esquivias, Beatriz. Arquitectura y urbanismo en las Ordenanzas de Teodoro Ardemans para Madrid. Ayuntamiento de Madrid 1992.
Aterido, Ángel. Teodoro Ardemans, Pintor. Anuario del Dpto. de Historia y Teoría del Arte. UAM. Nº 7-8, Madrid 1995-1996.
Blasco Esquivias, Beatriz, “Elogio del Barroco Castizo: Ardemans, Churriguera y Ribera”, en Catálogo El arte en la corte de Felipe V. Exposición Cajamadrid 2002.

Iniciamos el año con el anuncio de un prometedor Curso organizado por el Instituto de Estudios Madrileños sobre Las Reales Fábricas y la Corte de España en los siglos XVIII y XIX.

Desde el 14 de enero hasta el 18 de marzo asistiremos a diez interesantes charlas dedicadas a las Manufacturas Reales, instalaciones industriales fundadas por la Monarquía para el desarrollo de una política mercantilista. Servían para resaltar el esplendor de los Palacios Reales y su principal objetivo era impulsar el desarrollo económico de España.

curso Reales Fabricas

Conoceremos cómo se trabajaba en la Real Fábrica de Gas, la Real Fábrica de Platería Martínez, las Escuelas de Relojería de Madrid, Tapices, Papel, Cerámica y Loza, de Cera, Tabacos…

Conferencias

En la página del Instituto podemos descargar el folleto del Ciclo y consultar todos los detalles.

La primera, a cargo de don José Luis Sancho Gaspar, será el próximo martes 14 de enero: “Quanto se haga ahora y siempre será para palacio”. La producción de las Reales Fábricas para el Palacio Real de Madrid.

Todas las conferencias serán a las 19,00 h. en el Museo de San Isidro, plaza de San Andrés nº 2.

Entrada libre hasta completar aforo.

Un tema interesante, para aprender y disfrutar, explicado por algunos de los expertos miembros del Instituto dedicado al estudio de la Villa, en un precioso lugar, ¿a que suena bien?.

Feliz Año a todos, y feliz año para Madrid.

Mercedes

artedemadrid@gmail.com
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