Mercedes Agulló es una importante historiadora e investigadora madrileña. A lo largo de su fructífera carrera, entre otras tareas, durante varios años desempeñó la dirección de nuestros museos municipales; y de revistas imprescindibles para todos los interesados en la Historia de Madrid como Villa de Madrid, Gaceta del Museo Municipal y los Estudios de Prehistoria y Arqueología Madrileñas.

Miembro numerario del Instituto de Estudios Madrileños, es autora de numerosas publicaciones, de obligada consulta para nosotros. Ahora muchas de ellas, y alguna más en el futuro próximo, gracias a su generosidad, podemos leerlas y consultarlas libremente en el Archivo de Colecciones Digitales de la Universidad de Massachusetts, en Boston.

Es la Biblioteca Digital de Mercedes Agulló, donde podemos acceder a muchos de sus trabajos y documentos personales. Como afirman en la propia web, “la obra de esta historiadora se adentra en las vidas de impresores, pintores, arquitectos, escritores, dramaturgos, libreros, comerciantes, religiosos, bibliófilos, inquisidores, nobles de los siglos XVI y XVII…”

digital library

Además, Mercedes continúa ofreciendo documentos preciosos rescatados laboriosamente de los Archivos en su blog Galeón de Noviembre.

Mucho, mucho trabajo se adivina anterior a la publicación de sus entradas. Datos, personajes, lugares, profesiones… gracias a sus investigaciones conocemos a los Maestros del arte de enseñar a leer, escribir, y contar, a Comerciantes, tenderos y tratantes en el Madrid de los siglos XVI, XVII y XVIII, documentos relativos a Juan Gómez de Mora

Solo nos queda darle las gracias a Mercedes Agulló por su trabajo.

Y aprender y disfrutar de su valiosa biblioteca.

Por: Mercedes Gómez

 

 

 

Estos días de suave verano en Madrid además de pasear se pueden visitar algunas exposiciones magníficas. Como la espectacular El Greco y la Pintura Moderna, en el Museo del Prado, y la sorprendente Variaciones sobre el Jardín Japonés en La Casa Encendida.

Son muy diferentes desde luego, no son comparables, pero las dos son bellas e interesantes y llama la atención un elemento común. En ambas se cuenta la influencia, de un artista o de una filosofía, de una forma de contemplar el mundo, sobre los demás artistas, sobre el Arte del siglo XX. Dicho de otra forma, las dos tratan, o se sirven de, el tema del influjo bajo el cual han trabajado algunos de los creadores más importantes desde finales del siglo XIX hasta ahora.

En el primer caso, la que ejerció el Greco sobre la Pintura moderna, sobre las vanguardias. En el segundo, la del pintor, historiador y paisajista Mirei Shigemori y la cultura japonesa sobre algunos artistas de diferentes estilos y épocas.

El Greco y la Pintura Moderna, inaugurada hace unos días en el Museo del Prado, es sencillamente deslumbrante. Es una exposición extraordinaria por varios motivos. Por supuesto por las veintiséis obras del pintor, algunas se pueden ver habitualmente en el Prado, pero otras han llegado de museos de diferentes países, incluso de lugares próximos; es una ocasión única para contemplar de cerca la Expulsión de los Mercaderes del Templo, cedida para la ocasión por la Iglesia de San Ginés.

Por las obras de otros pintores, todas de gran calidad, algunas de ellas merecen la visita por si solas. Desde finales del siglo XIX, Manet, Cézanne, Fortuny, Picasso… hasta pintores del siglo XX como Modigliani, Diego Rivera, Chagall, Pollock…

El Greco, El caballero de la mano en el pecho (1580) y A.Modigliani, Paul Alexandre tras una vidriera (1913) (Fotos: museodelprado.es)

Pero sobre todo por la relación entre todas ellas, expuestas en un montaje cuidado y luminoso que pone de manifiesto la enorme influencia que el Greco ejerció sobre los grandes artistas del siglo XX y sobre la pintura moderna.

El Greco, La Oración en el Huerto (h.1600) y A.Korteweg, Composición: La Oración en el Huerto (1913) (Fotos: museodelprado.es)

El Greco, La Oración en el Huerto (h.1600) y A.Korteweg, Composición: La Oración en el Huerto (1913) (Fotos: museodelprado.es)

La linterna de las salas dedicadas a las exposiciones temporales, normalmente cerrada, se ha abierto, dejando pasar la luz. Una maravilla.

El Greco, La Resurrección de Cristo (h.1600) y J.Pollock, Sin título (h. 1937-39). (Fotos: museodelprado.es)

El Greco, La Resurrección de Cristo (h.1600) y J.Pollock, Sin título (h. 1937-39). (Fotos: museodelprado.es)

No demasiado lejos, en La Casa Encendida se exponen las Variaciones sobre el jardín japonés, una verdadera sorpresa.

El punto de partida, el centro de la exposición, es la figura y la obra de Mirei Shigemori (1896-1975). Se muestran fotografías de su obra cumbre, los jardines zen del templo de Tôfuku-ji, en Kyoto, creados en 1939. Shigemori fue entre otras cosas un gran estudioso del jardín japonés.

fotos shigemori

Bajo una vitrina se exponen también ejemplares de la enciclopedia que creó, con el fin de perpetuar la memoria de los jardines desaparecidos.

El jardín japonés es un espacio cerrado, no un lugar para pasear sino para reflexionar, un lugar de recogimiento y tranquilidad. No tiene nada que ver que los jardines llenos de vegetación, son jardines secos, sin agua, diseñados para ser una obra de arte. Lugares que hablan del vacío, pero no como algo negativo. Se ha dicho de las obras de Shigemori que eran versiones ajardinadas del arte conceptual.

Y así lo recogen las creaciones de artistas dispares y de disciplinas y épocas distintas, todos ellos influenciados por la cultura japonesa.

Alrededor de la obra de Shigemori, la exposición propone un paseo como si de un jardín zen se tratara. Un paseo libre, sin orden establecido que nos invita a convertirnos en parte activa del jardín.

En cierto modo la muestra comienza con el antiguo grabado Panorama del lago Shinobazu desde el templo Kiyomizu (1894), propiedad del Museo del Prado. Y termina con el grafiti, obra reciente de arte manga, de Iwana. Pero la verdad es que esta última es la primera que vemos al bajar al sótano de la Casa Encendida, y el paisaje japonés se encuentra situado en una de las salas, al fondo, quizá tardamos en llegar a contemplarlo.

grabado Prado

Panorama del lago Shinobazu desde el templo Kiyomizu (1894)

El grabado se encuentra junto a Lucio Fontana, con su concepto espacial de 1960, y frente a uno de los Double rift de Richard Serra (2013). Cortes, aberturas, que muestran ese vacío del que hablábamos, o que parecen puertas. ¿Qué nos sugieren? la presencia de otro mundo, el mundo interior, al otro lado del espacio exterior, del que formamos parte.

fontana y serra

La música, el jardín de sonidos de John Cage da paso a otra sala en la que junto a la maqueta del Santuario de Ise se ubican otra serie de obras. Tapies, una de las barras de acero inoxidable de Walter di Maria… Interesante leer las cartelas instaladas, y, si tenemos tiempo y curiosidad, sobre todo preguntar a la persona encargada de la sala, sus explicaciones son muy interesantes. Desde aquí le vuelvo a dar las gracias por guiarme.

Tapies

En el suelo se encuentra el Cruzeiro do Sul (1969-1970) de Cildo Meireles, diminuta pieza de madera de pino y roble, materiales sagrados para los indios, todo un símbolo de su situación respecto al mundo.

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Pensada para ser colocada en una sala mucho mayor, ella sola, aquí solo una luz desde el techo anuncia su presencia.

Cildo Meireles, Cruzeiro do Sul (1969-1970).

Cildo Meireles, Cruzeiro do Sul (1969-1970).

Los videos de Yoko Ono y Angels Ribé, el papel japonés, Sin título, de James Lee Byars; el azul sin título de Yves Klein sobre el que se refleja la obra de Lucio Fontana…

Iwana, Promethea (2014)

Iwana, Promethea (2014)

En septiembre todos ellos viajarán desde el sótano de la Casa Encendida a la Alhambra de Granada, qué interesante sería poder asistir a ese nuevo diálogo entre el jardín japonés y el andalusí.

Por : Mercedes Gómez

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Museo del Prado
El Greco y la Pintura Moderna
Hasta el 5 octubre 2014

La Casa Encendida
Variaciones sobre el Jardín japonés
Hasta el 7 de septiembre 2014

 

 

 

 

En el siglo XV la Villa continuaba creciendo, como había ocurrido desde el siglo IX, hacia el este, aumentando la superficie habitada hasta llegar a desbordar los límites de la muralla. A lo largo de la segunda mitad del siglo se incrementó la población, de cinco mil a unos doce mil habitantes en los comienzos del XVI. Madrid era una ciudad pequeña, pero no hay que menospreciarla, tenia su importancia entre las ciudades castellanas medievales. Era uno de los diecisiete lugares con voto en Cortes, las cuales se habían celebrado ya aquí en alguna ocasión.

calle mayor

Camino de Guadalajara, hoy calle Mayor. Al fondo, la Puerta del Sol.

Una nueva cerca llamada del Arrabal encerró las tierras que a partir del siglo XII se fueron poblando en las afueras del recinto cristiano.

Algunos autores sitúan su construcción a mediados del siglo, en tiempos de Enrique IV; Urgorri en su trabajo dedicado al Ensanche de Madrid en tiempos de Juan II y Enrique IV, aunque dejaba fuera al arrabal de Santo Domingo, dibujó la Cerca del Arrabal considerando que ya existía en 1440, en tiempos de Juan II. En la misma línea, el profesor Montero Vallejo opinó que se trazó en 1438, reinando Juan II, y que se construyó con fines fundamentalmente administrativos e higiénicos, debido a una gran epidemia de peste, una de las muchas desgracias que asolaron Madrid a lo largo del siglo XV como vimos durante nuestra visita a los restos de la muralla en la calle de Santiago.

muro siglo xv

Muro siglo XV en la calle de Santiago nº 2

Hasta entonces solo hubo arrabales independientes, separados de la Villa con cercas propias, al menos alguno de ellos, como veremos. La nueva cerca los englobó todos, aunque la Villa por antonomasia continuó siendo el recinto rodeado por la muralla cristiana del siglo XII, allí se encontraban todos los centros de importancia.

Antes de emprender el paseo consultamos los Libros de Acuerdos, publicados por el Ayuntamiento de Madrid, con las actas escritas desde 1464 –veintiséis años después del levantamiento de la tapia– a 1515 en busca de referencias a las murallas y cercas. Son pocas. La muralla había dejado de tener importancia defensiva y sobre todo se alude a ella para acordar alguna reparación. El 27 de septiembre de 1464, ya reinaba Enrique IV, el Concejo aprobó una derrama para reparo de los muros de esta Villa de veinte mil maravedís. Deberían pagar los caballeros y escuderos y dueñas y doncellas, y privilegiados, y judíos y moros y pecheros.

Las referencias a la cerca son básicamente a la muralla que rodeaba la Villa, a la que se habían adosado las casas en algunos tramos. Se reparaba especialmente la parte intramuros, a cargo del Concejo o de los dueños de las casas. Se alude varias veces a que los regidores vigilaban la cerca por dentro. Y donde uviere casa se requiera a los dueños de las casas que lo reparen.

Las Actas nombran sobre todo las puertas de la antigua muralla, la de Valnadú, de Guadalajara, Cerrada, de Moros y de la Vega.

La Puerta de Valnadú, en la actual plaza de Isabel II y próxima al Alcázar, a finales de siglo seguía siendo importante. Entre 1493 y 1498 son varios los acuerdos respecto a su reparación y limpieza. En las afueras creció el arrabal de San Ginés.

Plaza de Isabel II, antigua plazuela de los Caños del Peral en las afueras de la Puerta de Valnadú.

Plaza de Isabel II, antigua plazuela de los Caños del Peral en las afueras de la Puerta de Valnadú.

También se mencionan las puertas de la nueva Cerca que vamos a recorrer: la puerta de Santo Domingo, del Sol, Tocha (Atocha) y Toledo. A veces se nombra a los vecinos del arrabal de Madrid.

Si el camino exacto que seguían la Muralla árabe y la Muralla cristiana esconden algunos misterios, el trazado de la Cerca que encerró los arrabales medievales en el siglo XV es aún más desconocido. No hay restos. En cualquier caso la Cerca del Arrabal debía partir de la muralla, en las proximidades del Alcázar y de la Puerta de Valnadú. Así que comenzamos nuestro paseo una vez más junto al Palacio Real.

Resulta difícil suponer cómo fueron estos parajes hace casi seis siglos; donde ahora encontramos sólidos edificios, asfalto y automóviles, antes solo había campo, huertas, un humilde caserío y algunas calles empedradas en el mejor de los casos. El camino que hoy recorremos lleno de tiendas, terrazas, paseantes y turistas, eran caminos de tierra por los que junto a los madrileños de entonces los animales andaban sueltos, cerca de los arroyos, lagunas y muladares… No hay fotos ni pinturas, ni siquiera planos. Solo los documentos antiguos nos pueden dar una imagen de lo que era la Villa por entonces. La única forma de al menos acercarnos un poco a comprender lo que pudo ser, es paseando y recorriendo sus contornos, imaginando.

Parece ser que la nueva tapia subía por los terrenos donde hoy se ubica la calle de la Bola

Al fondo, la calle de la Bola.

Al fondo, la calle de la Bola.

… para dirigirse hacia la Puerta de Santo Domingo, rodeando este antiguo arrabal.

Calle de la Bola

Calle de la Bola

El arrabal de Santo Domingo, que fue eminentemente rural, surgió en el siglo XIII, en torno al Monasterio. La Puerta de Santo Domingo estuvo a la altura de la actual plaza.

Plaza de Santo Domingo

Plaza de Santo Domingo

Desde la Puerta de Santo Domingo la Cerca debía discurrir por la calle Preciados en dirección a las Eras de San Martín.

Calle Preciados

Calle Preciados

Lo que hoy es la calle del Carmen debía ser la ronda exterior. En la zona había alfares y tejares junto a las tierras de cultivo que comenzaban a poblarse. Además de en la agricultura Madrid había desarrollado una gran actividad y fama en la artesanía.

También fue por entonces cuando comenzaron a tener lugar las llamadas Ferias de Madrid. Aunque anteriormente ya había actividad comercial en torno a las Puertas de la Vega y de Guadalajara y en plazas como la de la Paja, fue el rey Juan II quien concedió a la Villa el privilegio de poder celebrar dos ferias anuales libres de alcabalas o tributos, lo cual fue también importante para la Villa.

Caminando por la hoy, como antaño, zona comercial, vamos hacia el arrabal de San Martín, que fue el primer arrabal cristiano. San Martín surgió muy pronto, en el mismo siglo XII, alrededor del desaparecido Monasterio. A mediados del XIII se abrió la Puerta de San Martín o puerta del Arraval, al final de la calle que aún lleva su nombre, Postigo de San Martín. En un primer momento debía estar a la altura de la calle de las Navas de Tolosa, posteriormente se ubicó más al norte, casi en lo que hoy es la plaza de Callao.

Plaza de Callao

Postigo de San Martín

Las llamadas Eras de San Martín que debían llegar a la actual Gran Vía fueron ocupadas por edificaciones a mediados del siglo. No muy lejos, donde hoy se encuentra la plaza de España, procedente del norte de la Villa bajaba el Arroyo de Leganitos; la zona era propicia para huertas y alfares que facilitaron la actividad comercial.

preciados sol

Por tanto, San Martín fue territorio urbano –la otra vía pública importante del arrabal correspondía a la actual calle de la Flora– y de cultivo. Hacia 1321 pudo existir una cerca común para San Martín y Santo Domingo, separados por la actual Costanilla de los Ángeles.

San Ginés, que aparece como collación en el XIV fue el arrabal más urbano, próximo a la Puerta y Camino de Guadalajara, extendiéndose hasta el terreno abierto donde se ubicaría la Puerta del Sol.

El 13 enero de 1501, el Concejo acordó que se empedrara la calle del arrabal que va a la puerta del Sol.

Una alusión importante a las puertas y a cual era el límite de Madrid a finales del siglo XV la tenemos en los datos que nos aporta la sesión dedicada el 2 de marzo de 1496 a la limpieza y salud de la Villa en la que los presentes tomaron varios acuerdos. Que no hubiese puercos en ella, ni en los arrabales, ni en las casas… que no se echara basura en las calles, ni agua sucia, ni gallinas muertas. La basura solo se podía llevar a los muladares o basureros señalados por la dicha Villa:

A la puerta de Alvega o de la Vega, a mano izquierda en el barranco, y a la puerta de Moros, donde fue puesto un palo, y a la puerta de Tocha (Atocha) y a la de Santo Domingo y del Sol, donde fuera señalado, so pena que quien en otra parte lo echare pague cien maravedís.

Puerta del Sol

Puerta del Sol

Desde Sol, por la calle de Carretas la Cerca se dirigía a la plaza de Jacinto Benavente donde la Puerta de Atocha o de Santa Cruz daba entrada al arrabal de Santa Cruz.

Concepción Jerónima esquina calle Atocha

Concepción Jerónima esquina calle Atocha

Por las calles de Concepción Jerónima y Conde de Romanones, plaza de Tirso de Molina y calle del Duque de Alba llegamos a San Millán, último arrabal en conformarse. Frente a la Ribera de Curtidores, entre las calles de Duque de Alba y San Millán existió un Portillo.

Por la calle de las Maldonadas llegamos a la calle Toledo, frente a la plaza de la Cebada donde entonces debió existir la primera Puerta de Toledo.

Calle Toledo

Calle Toledo

En 11 de febrero de 1502 se menciona la Puerta de Toledo. Con motivo de la visita de los príncipes, nuestros señores, Juana y Felipe que desde Madrid se dirigían a Toledo por la calle grande de la plaza a la puerta de Toledo, se ordenó a todos los vecinos blanquear sus pertenencias, so pena de 600 maravedís a cada uno.

Finalmente, la Cerca llegaba hasta algún lugar cercano a la Puerta de Moros para cerrar los arrabales imparables, que continuaban creciendo. Por eso su vida duraría poco más de un siglo; poco después del asentamiento de la Corte en Madrid, hacia 1566 el rey mandó levantar un nuevo muro, la Cerca de Felipe II.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1515, cinco vol.). Ayuntamiento de Madrid, 1932-1987.
Urgorri Casado, Fernando. “El ensanche de Madrid en tiempos de Enrique IV y Juan II” en Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, nº 67. Ayuntamiento de Madrid, 1954.
Montero Vallejo, Manuel. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid de Isabel I. Ed. La Librería. Madrid 2004.

Hace cerca de un año conocimos la noticia del hallazgo de los nuevos restos del Hospital del Buen Suceso.

Las obras de rehabilitación del antiguo Hotel París en la Puerta del Sol destinado a albergar un centro comercial de una famosa marca tecnológica, cumpliendo con las obligadas excavaciones arqueológicas, habían sacado a la luz los cimientos del antiguo hospital situado junto a la Iglesia del Buen Suceso.

Nunca se sabe, pero parece que esta vez sí estamos ante el último capítulo de esta larga, azarosa e inesperada historia. El pasado sábado por fin fue inaugurada la nueva tienda.

puerta del sol

Respecto a los restos hallados, aunque bajamos al sótano con ciertas esperanzas, no hay sorpresas.

sotano

Se han conservado en ladrillo visto las bonitas bóvedas del sótano del antiguo hotel, convertido en parte en una pequeña sala de reuniones visible tras una puerta de cristal.

sala reuniones

bovedas

Pero, tal como hace un año anunció la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, los cimientos del antiquísimo hospital han quedado enterrados bajo el suelo de las dependencias privadas de la empresa actual dueña del inmueble.

solo empleados

Solo empleados

En el sótano, frente a la mencionada sala se ha colocado un panel informativo, tal como también anunció la Dirección de nuestro Patrimonio.

panel

Un dibujo muestra la planta del edificio con los restos de los muros de la cimentación de la iglesia-hospital del Buen Suceso hallados durante las obras, diferenciados de los restos del antiguo Hotel París (siglos XIX-XX).

Un breve texto, encabezado por la enumeración de todas las leyes y decretos que apoyan la actuación de las autoridades competentes en Patrimonio Histórico –el autor o autores del texto parecen dar una importancia primordial a este aspecto–, explica la conservación de los hallazgos.

Los restos del hospital del Buen Suceso, nos indican, se han conservado “in situ” bajo el suelo del nuevo local comercial, marcado su trazado en distintos colores, al parecer. No es posible verlo pues se encuentra en la zona destinada solo a empleados, como decíamos.

A continuación leemos una pequeña historia del solar, desde la construcción del primer hospitalillo en el siglo XV hasta la actualidad. Comienzan recordando que el origen de la Iglesia-Hospital del Buen Suceso se remonta a 1438, cuando Juan I mandó construir un hospital… ¿Juan I?

Juan I, de la Casa de Trastámara, reinó mucho antes de la época a la que nos estamos refiriendo, casi un siglo antes. Juan I murió en 1390 cuando ni siquiera había nacido Juan II que fue el monarca que reinaba en Castilla en 1438, momento en que se creó el hospitalillo antecedente del Buen Suceso al que se refiere el texto de la Comunidad de Madrid.

Un “pequeño” error. Pero es que, continuamos leyendo, y con asombro comprobamos que no es el único.

El panel está ilustrado entre otras imágenes con la reproducción de un fragmento correspondiente a la Puerta del Sol del plano de Antonio Mancelli, el primer plano de Madrid, realizado en 1623.

Mancelli

Una vez más…  incomprensiblemente el pie de la imagen indica que el plano es obra de “Frederick de Wit/Antonio Mancelli, hacia 1635”.

Como ya vimos en el artículo enlazado más arriba, gracias a la labor de los investigadores sabemos que Frederick de Witt nació en 1630, varios años después de la creación del plano, por lo cual nunca pudo participar en ello. Durante mucho tiempo se dio como fecha de impresión original la de 1635, hecho igualmente imposible pues en todo caso en esos momentos de Witt tenía solo cinco años de edad.

En fin. Bien está que se cumplan las leyes, por supuesto; comprendemos que un inmueble propiedad privada tiene sus derechos, y no siempre se pueden conservar los hallazgos de cara al público; pero sí pedimos, por favor, seriedad al contar nuestra historia e instalar un panel informativo, sobre todo si los encargados son los responsables del cuidado de nuestro Patrimonio.

 

Por : Mercedes Gómez

 

 

 

El Museo Reina Sofía, entre otras actividades, ofrece una serie de visitas comentadas a través de su Colección Permanente, muy interesantes. Nos propone, además de la visita tradicional, lineal, nuevas miradas que ellos definen como transversales. Son otras formas de contemplar la Colección, otros puntos de vista, teniendo en cuenta que la obra de arte no es solo un hecho en sí mismo, un autor, una fecha, sino que se enmarca, influye y es influida por el momento histórico, político y social.

El Teatro, la Arquitectura, el Cuerpo, el Feminismo… son algunos de los temas que nos sugieren. Un folleto ayuda a que nosotros mismos organicemos la visita. También, en algunos casos, ofrecen una visita guiada. Se pueden consultar todos los detalles en la página web del museo.

Elegimos una de estas últimas para empezar a conocer, a compartir estas miradas diferentes, el Feminismo : una mirada feminista sobre las vanguardias.

sala

No se trata de mostrar una selección de obras realizadas por mujeres, como se ha hecho en otros casos, sino de analizar su papel en el Arte a lo largo de los últimos años del siglo XIX hasta el final de la guerra civil, y en la sociedad. La mujer es sujeto pero también objeto de la producción artística.

Feminismo propone al visitante un recorrido por los espacios de la Colección dedicados a las vanguardias históricas y cuestiona el papel y la visibilidad de la mujer en la Historia del Arte. Se pretende despertar una nueva mirada, incitar a considerar críticamente las imágenes de dominación masculina e invitando, en definitiva, a reconocer el trabajo de la mujer en la superación de estos roles y modelos”.

Uno de los primeros cuadros comentados es la Tertulia del Café Pombo, de José Gutiérrez Solana, una de las muchas tertulias famosas de comienzos del siglo XX, en las que participaban los intelectuales de la época y en las que la presencia femenina era escasísima.

J.G.Solana. “La Tertulia del Café Pombo” (1920)

J.G.Solana. “La Tertulia del Café Pombo” (1920)

Aunque el nuevo siglo llegó con grandes promesas de modernidad, la Institución Libre de Enseñanza incorporaba a las mujeres en sus textos y actividades, éstas se incorporaban al mundo de la industria y del trabajo, etc. su visibilidad en el mundo del arte era mínima. Solo algunas artistas entraron en los círculos intelectuales dominados por los hombres.

Maruja Mallo. “La verbena” (1927)

Maruja Mallo. “La verbena” (1927)

Durante la visita la guía nos invita a reflexionar sobre la imagen de la mujer transmitida por los pintores Anglada Camarasa, Nonell o Picasso.

H. Anglada Camarasa. “Sonia de Klamery” (1913)

H. Anglada Camarasa. “Sonia de Klamery” (1913)

Y por supuesto sobre las creaciones de mujeres singulares. Dora Maar, muy conocida por su relación con Picasso, quizá no tanto por su propia actividad artística. La cineasta Germaine Dulac, desconocido su trabajo hasta hace poco tiempo, en que se intenta su recuperación. La pintora Sonia Delaunay, no tan reconocida como su marido Robert… Observamos una curiosa pintura, el retrato del dadaísta Tristán Tzara, obra de Robert Delaunay, en la que el interesante personaje luce una bufanda hecha por Sonia.

R.Delaunay. “Retrato de Tristan Tzara” (1923)

R.Delaunay. “Retrato de Tristan Tzara” (1923)

Admiramos los cuadros de grandes pintoras como Maruja Mallo, María Blanchard o Ángeles Santos. Nuestra guía comenta especialmente la vida de María, una de las pocas que sí formó parte de los círculos vanguardistas a lo largo de su vida tan dura, que ya conocimos, o la de Ángeles Santos, cuyo espectacular comienzo pictórico que provocó curiosidad y admiración de artistas como Ramón Gómez de la Serna, Jorge Guillén, García Lorca o Juan Ramón Jiménez, se vio truncado también por una vida difícil.

A.Santos. “Un mundo” (detalle) (1929)

A.Santos. “Un mundo” (detalle) (1929)

El itinerario, guiado por una de las personas encargadas del servicio de mediación cultural del museo, se convierte en un gratísimo paseo por las salas de la 2ª planta dedicadas a la Vanguardia. Y un estímulo para conocer mejor aquella época y a sus protagonistas.

Por : Mercedes Gómez

 

 

La iglesia parroquial de San Pedro ad Víncula se encuentra en el Casco Histórico de Vallecas, uno de los dos barrios del distrito madrileño Villa de Vallecas, antiguo pueblo incorporado a Madrid en 1950, que encierra mucha historia y mucho arte. La advocación hace referencia a la liberación del apóstol San Pedro de la prisión por un ángel.

iglesia S.Pedro ad Vincula

Su fachada principal se asoma a la plaza Juan de Malasaña, dedicada al héroe de la Guerra de la Independencia nacido en Vallecas que fue bautizado en esta iglesia el 10 de febrero de 1759 como recuerda una lápida en el muro junto a la puerta de entrada. Padre de la más famosa Manuela Malasaña, murió en Madrid en 1811.

lapida

La iglesia es una joya, por su antigüedad, su arquitectura y por los tesoros que guarda en su interior. Fue construida en el siglo XVI sobre un templo anterior, probablemente mudéjar, del que se conservan algunos restos, sobre todo en el cuerpo inferior de la majestuosa torre.

torre

En el anexo del documento de Declaración de Bien Cultural publicado en el Boletín Oficial del Estado, que tuvo lugar en 1995 tras el informe favorable de la Real Academia de San Fernando, consta que “la primera noticia documental sobre su existencia se encuentra en el Libro de Visitaciones (Archivo de la Biblioteca Nacional), manuscrito de 1427, que describe una edificación de tres naves con muros de mampostería y pedernal, de estilo probablemente mudéjar, dada la presencia por entonces de un importante núcleo de población musulmana en Vallecas”.

“En 1565, según consta en documento notarial (Archivo Histórico de Protocolos; protocolo 403), se inicia la construcción del crucero de la nueva iglesia, cuyo primer proyecto se atribuye al arquitecto Juan de Herrera, según consta en documentos no originales depositados en el Archivo Municipal de Madrid. No hay datos que permitan asegurar que se efectuara el derribo total de la antigua iglesia para construir la nueva”.

O sea, que sobre ella, tras su derribo o tal vez reforma, debió construirse la estructura del conjunto actual. Como indican los documentos, su traza inicial se atribuye a Juan de Herrera, el gran arquitecto de Felipe II. La torre, de 1775, se atribuye a Ventura Rodríguez. A la base de ladrillo y mampostería se añadieron dos cuerpos más, uno para las campanas y otro con forma de chapitel de pizarra rematado con bola y una veleta.

Así, la iglesia hoy día es el resultado de diferentes épocas y etapas constructivas. Mudéjar, gótico, renacimiento, barroco, neoclasicismo.

Construido en mampostería con hiladas de ladrillo, el templo tiene dos entradas. La principal al oeste, en la plaza de Juan Malasaña, a los pies, a la que se llega tras subir la gran escalinata. La bella fachada está rematada por un singular frontón mixtilíneo.

fachada oeste

La portada de acceso es renacentista, realizada en granito, en arco de medio punto con columnas toscanas a ambos lados sobre las que se asienta un frontón curvo, en el que se halla un relieve que representa La Liberación de San Pedro, a su vez rematado por otro pequeño frontón triangular. Óculos, jarrones y otros adornos completan la decoración. Las puertas de madera con herrajes son una maravilla.

puerta

Al sur, en la calle de Sierra Gorda –antiguamente, calle de la Iglesia–, la segunda portada abierta por el lado de la Epístola en el siglo XVIII es neoclásica, de sillería. Nuevamente, en la parte superior, las armas de San Pedro.

entrada2

Caminando hacia la parte más alta del montículo donde hace siglos se construyó el templo, tomamos la calle de la Sierra de Encinares para rodear la cabecera y poder contemplar todo el conjunto hasta llegar a la calle del Archivo –así llamada desde al menos antes de 1870–, donde las capillas más modernas se unen a la base de la antigua torre.

calle archivo

Después de rodear la iglesia, nuevamente en la plaza, accedemos por fin al interior. Tiene tres naves, separadas por arcos de medio punto, cubierta la nave central con bóveda de cañón.

naves

Muchos de sus elementos son renacentistas, aunque conserva restos góticos, como la espléndida bóveda de crucería en la zona del crucero anterior al presbiterio.

cruceria

Las capillas fueron añadidas en el XVII. En el lado del Evangelio, tras la entrada a los pies, a la izquierda hallamos una capilla de decoración moderna pero que alberga una pila bautismal del siglo XVI, uno de los elementos más antiguos de la bella iglesia. La reja es del XVII; junto a ella un pozo antiquísimo.

pila bautismal

A continuación, la capilla del Cristo de la Salud; la del Nazareno, con cúpula sobre el crucero; y otra capilla con unas lápidas de 1667.

En el Altar Mayor se conserva la espléndida obra de Francisco Ricci, La liberación de San Pedro, pintado en 1669, óleo sobre lienzo de 5,75 x 3,80 metros.

altar ricci

Originalmente formaba parte de un gran retablo barroco –que sustituía a otro anterior–, obra de Pedro y Francisco de la Torre realizado entre los años 1669 y 1672, desaparecido durante la guerra civil. La guerra causó graves daños en el templo. El cuadro, junto a otras obras de esta iglesia y de otros lugares, fue salvado por las tropas republicanas que las entregaron a la Junta de Incautación del Tesoro Artístico Nacional. Todas ellas fueron inventariadas, fotografiadas por la Junta de Incautación de Madrid y depositadas en la Junta del Museo del Prado. Las fotografías se conservan en el Ministerio de Cultura, Fototeca del Patrimonio Histórico.

A ambos lados de la obra de Ricci se sitúan otras dos pinturas del siglo XVII, Santiago Matamoros de la Escuela Madrileña, y otra Liberación de San Pedro atribuida a Angelo Nardi.

En el lado de la Epístola, caminando hacia los pies, la escultura de Nuestra Señora del Rosario… Otra de las capillas está cerrada con otra reja de hierro forjado del XVII.

A ambos lados del crucero, existen dos antiguos vanos de puerta adintelados. A los pies, un coro alto desde el que se accede a la torre.

coro alto

A lo largo del tiempo la parroquia de San Pedro ad Víncula ha sido restaurada en varias ocasiones. Por Francisco Caballero hacia 1965. En 1995, como ya comentamos, fue declarada Bien de Interés Cultural, comenzando poco después las nuevas obras de restauración a cargo de José Miguel Ávila (1996-2004). En 2012 se acometieron las nuevas reformas y restauraciones, que continúan.

Junto al altar se encuentra la Capilla del Santísimo, antiguo Camarín de Nuestra Señora del Rosario, actualmente cerrada por dichas obras. En principio, conocer esta capilla fue el motivo de nuestra visita, así que tendremos que volver en cuanto sea posible. Como comentamos en su momento, está decorada con pinturas atribuidas a Juan Vicente de Ribera.

Recordemos que Ribera fue el autor de las pinturas de la cúpula de la Capilla de las Santas Formas en la antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en Alcalá de Henares, entre otras obras. Según Natividad Galindo, que ha estudiado al pintor en profundidad, pudo ser el autor de la Cúpula de la Capilla del Sagrario en la iglesia de San Pedro ad Víncula, a finales del XVII, principios del XVIII.

La cúpula está decorada con alegorías marianas pues como ya hemos comentado en origen la capilla estaba dedicada a la Virgen del Rosario. Natividad Galindo describe las pinturas: “En los ocho gajos aparecen ángeles portadores de alegorías marianas y al pie de cada recuadro, dentro de unas barrocas tarjas que interrumpen el anillo, aparecen unas letras que, conjuntadas, forman la advocación de Nuestra Señora a la que estuvo dedicada la capilla: María del Rosario.”

Vallecas. Decoración de la bóveda de la capilla del lado de la Epístola adosada a la Mayor. Protegida por la Junta. 15 agosto 1937. Fototeca Mº Cultura.

Bóveda de la capilla adosada a la Mayor. Protegida por la Junta. 15 agosto 1937. Fototeca M. Cultura.

 

A primeros de año varios medios publicaron la noticia de que durante las obras de restauración que se llevaban a cabo habían aparecido restos de bóvedas y pinturas de la primera mitad del siglo XVII y que “en la actualidad se trabaja en la identificación del arquitecto y del autor de la decoración de esta primera capilla”, que fue ampliada a mediados de siglo siendo dividida en dos estancias, y posteriormente decorada; fue entonces cuando debió intervenir el pintor Ribera. También se ha hallado “un arco o ventana de conexión con la iglesia en estilo herreriano”. Todos estos hallazgos son muy importantes, quedamos a la espera de nuevas noticias y de poder visitar la sin duda valiosa capilla, ejemplo del primer barroco madrileño. Mientras, ha sido un placer conocer esta hermosa iglesia.

Salimos de nuevo a la plaza de Juan Malasaña para tomar el autobús de vuelta al centro de Madrid (otra posibilidad es la línea 1 del metro), con la intención de volver pronto a este histórico barrio y conocerlo mejor.

plaza de Manuel Malasaña

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
García Gutiérrez, P.F. y Martínez Carbajo, A.F. Iglesias de Madrid. Ed. La Librería 2006.
Díaz Fernández, A.J. “El retablo mayor de la parroquial de Vallecas (Madrid): una arquitectura desaparecida de Pedro y Francisco de la Torre (1672)”. Espacio, Tiempo y Forma, Hª del Arte, t. 17, 2004, págs.. 149-172”.
Aparisi Laporta, L.M. Toponimia madrileña. Ayuntamiento de Madrid 2001.

Y la web vallecastodocultura

 

 

Queridos amigos:

Como sabéis todos los que habitualmente formáis parte de esta tertulia, aquí el protagonista absoluto es Madrid, nuestro querido Madrid. Sin embargo hoy –me vais a permitir que me aparte un poco de la línea del blog– voy a comentar una noticia que me afecta directamente, pero es que no puedo dejar de hacerlo por agradecimiento. Y como las noticias “vuelan”, ya tengo algún comentario vuestro de felicitación… ¡muchas gracias, qué suerte tengo!

La última noticia publicada esta mañana en la web del Instituto de Estudios Madrileños me afecta, y me emociona. Me parece mentira, pero desde ayer jueves día 12 de junio tengo el honor de pertenecer al IEM como miembro colaboradora.

Conozco el trabajo de este organismo desde hace años, aquí hemos hablado varias veces de sus actividades, sus maravillosas publicaciones, sus ciclos de conferencias, a los que comencé a asistir hace mucho tiempo, mucho antes de poder ni siquiera imaginar que algún día yo tendría una página en internet en la que podría hablar de todas las cosas bonitas e interesantes que iba conociendo… creo que ni siquiera sabía que existían los blogs.

Y desde luego lo que nunca pude imaginar es que algún día podría aportar mi pequeñísimo granito de arena, colaborar con un grupo tan respetado, al que pertenecen los autores más importantes, los que personalmente admiro, dedicados a investigar, a estudiar, a escribir sobre Madrid, autores fundamentales, a los que leo, releo, consulto… para poder seguir aprendiendo.

Infinitas gracias a José Miguel Muñoz de la Nava Chacón, Secretario General, por toda su ayuda, junto a sus compañeros de Junta Directiva, presidida por Alfredo Alvar Ezquerra, gracias por todo su apoyo y confianza. Y por supuesto gracias a todos los miembros del Instituto.

Mis felicitaciones también para los nuevos miembros con los que tengo el premio y la suerte de compartir este momento.

En fin, después de todo, debo dar las gracias a los amigos que formáis parte de este Arte en Madrid, que desde hace más de cinco años me habéis acompañado, y por eso hemos llegado hasta aquí. No son palabras, creedme, es la realidad, yo sola no hubiera podido recorrer el camino. Vuestros comentarios, ánimos, sugerencias… son parte del trabajo.

Es un honor impensado, por lo que solo tengo palabras de agradecimiento. Pero también un orgullo y un placer, estoy muy contenta, y espero ayudar en todo lo que modestamente pueda al Instituto que me acoge y colaborar en ese precioso objetivo común, la difusión de nuestra historia, desde el rigor pero también desde el cariño que compartimos por Madrid.

Gracias a todos

Mercedes Gómez

Jardines del Barrio de Salamanca (II)

Retomamos nuestro recorrido por los Jardines del Barrio de Salamanca, que iniciamos hace tiempo en la Plaza de la Independencia, con un paseo en busca de los jardines en patios de manzana o de vivienda, algunos de los cuales están considerados Jardines de Interés Histórico. La búsqueda no es fácil porque en la mayoría de los casos se trata de propiedades privadas y lógicamente no se puede acceder, pero esperamos que la caminata resulte bonita y fructífera.

Recordemos que cuando en 1860 se proyectó el nuevo barrio de Salamanca, dentro del Plan de Ensanche de Madrid realizado por Carlos Mª de Castro, uno de los elementos previstos en la construcción de los edificios de viviendas fue el del Patio de Manzana, con funciones de jardín interior, con fines higiénicos y también estéticos y de disfrute.

Dentro del Plan se contemplaba la demolición de la Cerca que rodeaba Madrid desde que en 1625 el rey Felipe IV mandó levantarla. En 1866, aún faltaban dos años para su derribo, ya se había explanado el perímetro del proyecto de Ensanche, así está representado en el plano de esa fecha. En esos momentos solo se habían construido las primeras manzanas de Serrano, y poco más. Aún existía la plaza de toros junto a la Puerta de Alcalá y los jardines de los Campos Elíseos frente al Retiro.

Plano de Madrid, 1866 (detalle)

Plano de Madrid, 1866 (detalle)

Desde la Puerta de Alcalá la Cerca discurría por la actual calle de Serrano para bajar por lo que luego sería la calle de Jorge Juan hasta la zona que hoy conocemos como plaza de Colón.

Puerta de Alcalá en la plaza de la Independencia (2014)

Puerta de Alcalá en la plaza de la Independencia (2014)

Su derribo en 1868 facilitó por fin la construcción del Ensanche, que incluía el futuro barrio de Salamanca, que comenzó precisamente por esta calle de Serrano, entonces Paseo de Ronda.

Debido a los intereses económicos y problemas diversos que alteraron los planes iniciales, la realidad fue que en la mayor parte de manzanas no llegaron a crearse los patios, y apenas se conservan algunos. Otros fueron ocupados por otro tipo de construcciones, recordemos la antigua Platería Espuñes en la calle de Castelló.

Caminando por Serrano, dejamos atrás la calle de Villanueva donde se encuentra el único palacete obra de Cristóbal Lecumberri que ha sobrevivido a la piqueta de los diez construidos por el Marqués de Salamanca a finales del siglo XIX en la zona cercana a la Puerta de Alcalá, que conserva su espléndido jardín.

Lecumberri fue también el autor del segundo proyecto de las primeras manzanas de viviendas levantadas en el naciente barrio, entre 1864 y 1872, en la calle de Serrano nº 16 a 102, Lagasca 32-42 y Claudio Coello 14-28. Las obras fueron llevadas a cabo por Elías Rogent y el maestro de obras Luis Ruiz Álvarez. Eran las manzanas 208 a la 216.

Barrio de Salamanca 1875 (Imagen: COAM)

Barrio de Salamanca, proyecto 1875 (Imagen: Guía COAM)

Solo las dos primeras, 208 y 209, entre Villanueva y Goya conservan la idea original de gran patio de manzana ajardinado.

Calle Serrano esquina Goya

Calle Serrano esquina Goya

El de la manzana 209, entre Serrano, Goya, Claudio Coello y Jorge Juan, se puede ver tras una puerta de cristal desde una de las cafeterías del centro comercial El Jardín de Serrano, de revelador nombre. Son más de dos mil metros cuadrados de vegetación exuberante y bien cuidada. Castaños, alguna palmera, laurel, el árbol del amor…

goya 6 jardin

… y, por supuesto, no podía faltar la fuentecita de piedra en el centro. Estos patios fueron públicos hasta el año 1885 en que fueron privatizados.

goya 6 fuente

Continuamos caminando por la calle Serrano hacia la de Hermosilla, contemplando magníficos edificios.

hermosilla26

Calle Hermosilla 26

En el nº 26 encontramos un jardín encantador, un pequeño patio hoy ocupado por bonitas tiendas que en el pasado perteneció al patio de la manzana.

hermosilla26 patio

Plátanos de sombra, hiedra y boj adornan el lugar.

hermosilla26 entrada

Seguimos por Hermosilla y al llegar a la calle de Castelló, casi en la esquina, en el nº 43, se encuentra el Palacete de don Luis Redonet López-Dóriga construido en 1910 por Joaquín Saldaña. En el interior de la manzana se encuentra el bello jardín trasero de esta vivienda palaciega. Pude contemplarlo, gracias a su amable propietaria, pero no hacer fotografías. Se trata de un jardín muy bello, situado hoy día entre las medianerías de las viviendas colindantes, con árboles centenarios, parterres curvos rodeados de setos, muros de cerámica y una bonita fuente con la figura de niño realizada en hierro fundido, que ya no funciona. Igual que los patios de las manzanas en la calle Serrano, goza del máximo Nivel 1 de protección.

Calle Castelló 43

Calle Castelló 43

Finalmente, aunque no forma parte del Catálogo de espacios protegidos, en la calle de Padilla, entre los números 1 y 3 descubrimos un pequeño jardín, una delicia entre dos edificios pertenecientes a una de las últimas manzanas proyectadas por Lecumberri, la 215, entre Serrano, Padilla, Claudio Coello y Juan Bravo.

Calle Padilla 1-3

Calle Padilla 1-3

padilla 1

El acogedor jardincillo hoy sirve de acceso a una galería de arte y a un restaurante.

padilla1 terraza

 

Por : Mercedes Gómez

Fuentes:

COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.

Ayuntamiento de Madrid

 

Mucho antes de que existiera la Villa, antes de la fundación de Mayrit por los árabes en el siglo IX, de los probables asentamientos visigodos, antes de la construcción de las villas romanas que existieron entre los siglos I y V en lo que hoy es la ciudad de Madrid. Mucho antes de la Edad del Bronce, allá por los siglos XIII-XV antes de Cristo, época de la que tenemos noticias arqueológicas sobre grupos de población organizados en el Cerro de las Vistillas. Antes incluso del Neolítico –última etapa de la larga Edad de Piedra–, unos 6.000 años a. de C., cuando grupos pequeños vivían en poblados formados por cabañas construidas con barro y ramas, aún sin conocer las técnicas de cultivo que más tarde les permitirían una transformación en el modo de vida, establecer una organización social, división social del trabajo, adoptar creencias religiosas y tener una vida más sedentaria –en Madrid esto se produjo hace solo unos 7.400 años, setenta y cuatro siglos–.

Mucho antes de que todo esto tuviera lugar, en tiempos remotos, en el Paleolítico, primera época de la Edad de Piedra, hace entre 400.000 y 9.000 años, los valles junto al río Manzanares, que por supuesto aún tampoco tenía nombre, fueron habitados por pequeños grupos humanos que vivían de la caza y la recolección de los frutos.

M-30. Un viaje al pasado. Museo de los Orígenes (2007). Ilustración de M.Antón.

M-30. Un viaje al pasado. Museo de San Isidro (2007). Ilustración de M.Antón.

El Paleolítico fue la época caracterizada por el desarrollo de la industria lítica o talla de la piedra, que fue el primer material utilizado por los humanos para la creación de herramientas que permitieran su subsistencia. También se inició la creación de objetos de arte como expresión del pensamiento simbólico (arte rupestre y decoración de los objetos).

En el Museo de Ciencias Naturales hay una didáctica recreación de un corte geológico que muestra los diferentes estratos resultado de la evolución humana. Arriba del todo, bajo el nivel del suelo de la sociedad industrial, se encuentran los restos de la industria lítica y del arte del Paleolítico Superior.

Museo de Ciencias Naturales

Museo de Ciencias Naturales

Los hallazgos arqueológicos y paleontológicos correspondientes al Paleolítico localizados en las terrazas del Manzanares, desde la Casa de Campo hasta su desembocadura, son importantísimos. Nos aportan una información asombrosa sobre nuestro pasado. Aunque hoy nos parezca mentira, entonces las riberas de nuestro río estaban pobladas por diferentes especies animales, y eran boscosas, con árboles que proporcionaban frutos suficientes para alimentarse. Esto, junto al agua abundante y los yacimientos de pedernal que eran materia prima esencial para su vida, provocaron los numerosos asentamientos. Los grupos que pasaban por estas tierras tenían todo lo que necesitaban. Quizá construían sus chozas aún solo con ramas y en el exterior encendían el fuego. Lógicamente de ellas no quedan huellas, pero sí de los muchos utensilios que tallaban, hachas, puntas, lascas, cuchillos…

De la antiquísima vida en las riberas del río dan fe estas herramientas de sílex que utilizaban sus pobladores encontrados en los numerosos yacimientos excavados a lo largo del siglo XX. Fueron hallados restos en Carabanchel, junto al Cementerio de San Isidro, Villaverde, Moratalaz y Usera.

Almacén Museo de San Isidro

Almacén Museo de San Isidro. Nº 20, hoja del arenero de los Hnos. Muñoz (Usera)

En el distrito de Usera, barrio de Moscardó, se encontró uno de los yacimientos más importantes, el llamado de El Sotillo, explorado por Paul Wernert y José Pérez de Barradas a partir del mes de julio de 1919. Estaba situado entre la actual calle de Antonio López y el Manzanares, a unos 400 metros del Puente de la Princesa, a 35 metros del río.

En los inicios del siglo XX la zona, a ambos lados del Manzanares, estaba ocupada sobre todo por huertas. Había un pequeño soto, zona arbolada, y un merendero llamado El Sotillo, junto al cual antes estuvo el arenero del mismo nombre, que propició las excavaciones y hallazgos arqueológicos. El Sotillo era un vado por el que se podía cruzar el río, llamado Vado de Santa Catalina.

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

Se estudiaron los diferentes estratos del terreno que dieron información sobre las etapas geológicas. No demasiados, pero también aparecieron restos paleontológicos (mamíferos, tortugas…). La mayor parte de hallazgos correspondieron a pedernales de diferentes tamaños y formas tallados con el fin de servir como utensilios diversos y armas.

El arenero del Sotillo había sido uno de los más importantes del barrio. La zona contaba con varios establecimientos industriales, areneros y tejares. Muy cerca se encontraba el tejar de Matapobres. Los materiales industriales que proporcionaban, arenas, gravas, etc, eran utilizados en las construcciones urbanas que por entonces tenían lugar, entre ellas la del Matadero, al otro lado del Manzanares que ya aparece representado en el plano de 1915.

Plano de Madrid (1915)

Plano de Madrid. L. Delage (1915)

Entonces los arqueólogos aconsejaban que la mejor forma de llegar al yacimiento para visitarlo era tomar el tranvía 37, que salía de la esquina del Banco de España hacia el Puente de la Princesa.

El Sotillo, plano de situación (1919)

El Sotillo, plano de situación (1919)

Tras cruzarlo, seguir la orilla derecha del Manzanares hasta llegar al merendero junto al cual estuvo el arenero.

El Sotillo. (Foto: J.P. de Barradas)

El Sotillo. (Foto: J.P. de Barradas)

Hoy el yacimiento ya no existe, aunque bajo el terreno continúan existiendo las capas de tierra que cuentan los secretos del pasado de Madrid. Sigue siendo interesante y bonito acercarse hasta allí y dar un paseo por este barrio de Madrid, a ambos lados del río. Lo mejor es llegar en el metro, o como cada uno prefiera, hasta la Plaza de Legazpi. Desde aquí tomar la calle Vado de Santa Catalina, cuyo nombre constituye casi el único recuerdo de aquellos tiempos, entre el Mercado de Frutas y el Matadero, hoy magnífico centro cultural, hacia el Puente de la Princesa.

calle vado santa catalina

Cruzando el río, siguiendo las instrucciones de Wernert y Pérez de Barradas, llegamos a la calle de Antonio López, recorremos los metros indicados y llegamos a un solar.

Allí debajo debía estar el yacimiento de El Sotillo.

(Foto: J.P. de Barradas)

Foto: J.P. de Barradas (1919)

Hoy, igual que ayer, desde aquí contemplamos el Matadero y la torre de la Casa del Reloj.

Calle de Antonio López (2014)

Calle de Antonio López (2014)

Ahora las construcciones son numerosas; el Manzanares se puede cruzar a través de modernos puentes en lugar de vados naturales; y las riberas del río están ocupadas por paseos allanados, destinados a peatones y ciclistas, y árboles jóvenes.

riberas manzanares 2014

Pero no podemos dejar de pensar que aquí hubo vida en la prehistoria madrileña, desde los tiempos más antiguos. Una vida nómada y aún muy primitiva, pero al fin y al cabo una etapa de nuestra historia, precursora de civilizaciones más avanzadas, todas las que llegaron después, que citábamos al principio, hasta nuestros días.

Finalmente, volvemos una vez más al Museo de San Isidro para contemplar los recuerdos de esta historia, fruto de las visitas y del trabajo de los arqueólogos al arenero y sus hallazgos en el yacimiento prehistórico. El museo guarda el diario manuscrito de las excavaciones, el diario de campo escrito por un José Pérez de Barradas muy joven en aquellos momentos, apenas 22 años, que con el tiempo llegó a ser uno de nuestros arqueólogos más notables.

diario de campo

Yacimientos paleolíticos. Diario de campo. J. Pérez de Barradas (Museo de San Isidro)

Los hallazgos de El Sotillo están datados entre hace 20.000 y 15.000 años, en el Paleolítico Superior, cuando vivieron los Homo Sapiens, cuyas capacidades más desarrolladas que las de sus antecesores permitieron que establecieran grupos sociales más complejos, un lenguaje más evolucionado y una gran técnica en la construcción de herramientas. De todo ello quedaron evidencias en el subsuelo de este barrio madrileño, en Usera, junto al Río Manzanares.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Wernert, P. y Pérez de Barradas, J. “EL yacimiento paleolítico de El Sotillo (Madrid)”, en Anuario de Prehistoria madrileña. Vol. I. Ayuntamiento de Madrid 1930.

Museo de San Isidro. Orígenes. Un viaje al pasado de Madrid. Ayuntamiento de Madrid 2012.

Exposición Pérez de Barradas (1897-1981). Museo de San Isidro 2008.

En el Museo del Prado, en lugar privilegiado, a continuación de las salas dedicadas a Velázquez, la sala 16 a reúne una serie de cuadros de temática cortesana, uno de los aspectos más importantes de la Pintura española del siglo XVII : las Imágenes de la Corte.

La poderosa monarquía de los Austrias originó una inmensa Corte a su alrededor, servidores reales en todos los ámbitos, incluido el artístico, con una amplia lista de pintores que trabajaban para el rey, empezando por el gran Diego Velázquez.

Las pinturas expuestas en esta sala ilustran la vida en torno a Felipe IV y Carlos II. La familia real, las estancias del Alcázar, las ceremonias, autos de fe, la caza… y los jardines reales. Doña Margarita de Austria y el Príncipe Baltasar Carlos, de Juan Bautista Martínez del Mazo; la reina Mariana de Austria y su hijo Carlos II adolescente en el Salón de los Espejos del Alcázar, y otros personajes, de Juan Carreño de Miranda. Eugenia Martínez Vallejo, vestida y desnuda, en la línea de la colección de bufones y personajes con alguna deformidad o deficiencia física o psíquica tan del gusto del barroco, también de Carreño. La Cacería del tabladillo en Aranjuez, de Martínez del Mazo. El Auto de fe en la Plaza Mayor de Madrid, de Ricci, una de las facetas más duras del siglo de oro madrileño… Y un bello paisaje, La Fuente de los Tritones en el Jardín de la Isla, de Aranjuez.

Fuente de los Tritones (Foto: Museo del Prado)

La Fuente de los Tritones. Foto: Museo del Prado.

Esta pintura, guardada en los almacenes del museo hasta hace poco tiempo, no se podía contemplar ­–sí una copia que se encuentra en uno de los salones del Teatro Real–. En septiembre de 2006 fue trasladada a los talleres de restauración, informan en el Prado; recientemente ha sido instalada en esta sala donde ahora luce esplendorosa. El cuadro, procedente de la Colección Real, óleo sobre lienzo (1657), mide 248 x 223 cm.

En algún momento fue atribuida a Velázquez, posteriormente se consideró que su autor fue su yerno Juan Bautista Martínez del Mazo. Actualmente, con el nº P01213 en el catálogo del Museo del Prado figura como perteneciente al Taller de Diego Velázquez.

A finales del siglo XVIII se encontraba en el Palacio de Aranjuez, en el Cuarto de la Reina, Pieza del Cubierto. Representaba la fuente barroca que en 1657 había sido instalada en el cercano Jardín de la Isla.

Además de la fuente, en la parte inferior del cuadro el pintor representó una serie de escenas cortesanas, amables y algo románticas, otra de las caras de la vida en el Madrid del siglo XVII. Dos damas charlan sentadas en el suelo sobre unos cojines, dos religiosos conversan, un caballero galante ofrece una flor a otra dama sentada junto a un árbol…

La Fuente de los Tritones (detalle). Foto: Museo del Prado.

La Fuente de los Tritones (detalle). Museo del Prado.

Los personajes, vestidos a la moda del siglo XVII, nos cuentan cómo era la vida cortesana en aquellos parajes palaciegos.

En 1845, en tiempos de Isabel II, la Fuente de los Tritones fue trasladada desde Aranjuez a los Jardines del Campo del Moro, donde se conserva.

No se conoce exactamente su fecha de construcción, en cualquier caso anterior a 1657 pues en esa fecha estaba ya en el Jardín de la Isla y es la que figura en el pedestal.

La Fuente de los Tritones (detalle). Foto: Museo del Prado.

La Fuente de los Tritones (detalle). Museo del Prado.

El pilón cuadrangular, que se aprecia en la pintura, fue sustituido por uno circular.

Mascarones, guirnaldas, columnas toscanas, victorias, delfines, sirenas y ninfas de mármol la adornan. El nombre proviene de los tres tritones que, sujetando unos escudos, cargan unos cestos por donde mana el agua que cae al pilón de granito desde las dos grandes tazas.

El Campo del Moro es uno de los jardines más hermosos de Madrid. La entrada, desde el paseo de la Virgen del Puerto, muestra una alfombra verde que lleva hasta Palacio, con dos fuentes barrocas, magníficas, alineadas a lo largo del paseo llamado Praderas de las Vistas del Sol, la de las Conchas y la de los Tritones. La perspectiva con las dos fuentes, y el Palacio Real al fondo, es de las más espectaculares y mágicas de Madrid.

Jardines del Campo del Moro

Jardines del Campo del Moro

La de los Tritones está situada en la parte más alta, a los pies del Palacio. Debido a su proximidad al edificio lamentablemente no es posible acercarse a ella para disfrutarla. Desde la Cuesta de San Vicente también se puede contemplar a lo lejos.

 

Jardines del Campo del Moro (desde la Cuesta de San Vicente).

Jardines del Campo del Moro (desde la Cuesta de San Vicente).

La Fuente de los Tritones es la más antigua de Madrid, la única fuente monumental que se conserva casi completa, y en funcionamiento.

Hoy la bellísima fuente está sola, alejada de los visitantes y de las escenas que se producen en el bonito jardín, público desde que en 1978 el rey Juan Carlos abriera sus puertas, escenas del siglo XXI; pero ahí sigue, junto al Palacio Real, testigo del presente que se vive a sus pies, y también del pasado que se vivió en el Jardín de la Isla, reflejado para siempre en la pintura del Prado.

La Fuente de los Tritones (detalle). Foto: Museo del Prado.

La Fuente de los Tritones (detalle). Museo del Prado.

Por : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Museo del Prado
www.monumentamadrid.es
Martínez Carbajo, A.F. y García Gutiérrez, P.F. Fuentes de Madrid. Arte e Historia. Ed. La Librería. Madrid 2009.

artedemadrid@gmail.com
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