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Pedro de Ribera fue un arquitecto y un hombre singular. Un arquitecto madrileño que contribuyó en gran medida a construir la imagen de un nuevo Madrid, y sin duda uno de los más brillantes e imaginativos. Quedan como recuerdo sus construcciones, y sobre todo sus inconfundibles portadas, pero además Ribera participó en las mejoras urbanísticas de Madrid del siglo XVIII con obras de gran envergadura. Ya conocemos alguna de sus primeras obras, la ermita de la Virgen del Puerto, y el Cuartel del Conde Duque, más adelante quizá visitemos otras, hoy de momento os invito a conocer un poquito su vida y recorrer las calles del barrio donde siempre vivió, Lavapiés.

Nació en Madrid, el día 4 de agosto de 1681, en la calle del Oso, donde vivían sus padres, Juan de Ribera y Josefa Pérez.

Plano de Texeira, 1656. Calle del Oso.

Su padre era aragonés y se había trasladado a la capital con la intención de desempeñar su profesión de carpintero ensamblador. Así, el niño Pedro creció en un ambiente humilde pero relacionado con el mundo de la arquitectura, por lo que aprendió pronto el oficio y estuvo en contacto desde pequeño con maestros de obras y arquitectos, gracias a lo cual empezó a formarse en esta disciplina de forma natural.

A lo largo de su vida Ribera se casó tres veces y tuvo nueve hijos.

En 1702 -entonces vivía en la cercana calle de San Cayetano-, con 21 años se casó con Juana Verdugo, realizando lo que podríamos llamar un buen matrimonio, sin tener aún una profesión definida. En esta situación, se enroló en el ejército de Felipe V como jornalero en las Obras Reales. Su trabajo fue de carpintero encargado de levantar las tiendas de madera en el frente en la frontera con Portugal. Y así obtuvo el cargo de Maestro de Tiendas de Madera de Campaña de la Real Caballeriza.

Aunque nació unos años después y se le considera discípulo y continuador de Teodoro Ardemans (Madrid, 1661-1726) y José Benito de Churriguera (Madrid, 1665-1725), los tres forman el grupo de arquitectos representantes del llamado Barroco Castizo. Este término fue empleado durante mucho tiempo de forma peyorativa, refiriéndose a la arquitectura barroca desarrollada por los arquitectos madrileños cuando ya se estaba introduciendo el clasicismo importado del extranjero, sobre todo Italia y Francia.

El rey francés, el primer borbón llegado a España con el inicio del siglo XVIII, relegó a  los artistas locales y apoyó la renovación que anulara la herencia tradicional. Es cierto que Felipe V sentó las bases para la modernización de Madrid, pero también que cerró las puertas a una serie de artistas locales que sin duda podían ofrecer mucho a la arquitectura y a la historia del arte madrileños.

En 1711, contando treinta años, se casó por segunda vez, con Juana Ursula Voiturier. Como en el matrimonio anterior, él poco pudo aportar a la buena dote de ella. Según consta en los documentos, ambas mujeres debían tener buen gusto, y aportaron además de joyas, cucharas de plata, y ropa de vestir para la casa muy elegante, encajes, colchas blancas… así como exquisitos muebles de madera y utensilios de cocina.

En esta ocasión, vivieron en la calle de Mesón de Paredes, frente a la Fuente de Cabestreros.

Tenía ya 34 años cuando Ribera por fin consiguió el titulo de Alarife de la Villa que le permitió además de tener un sueldo fijo desarrollar la profesión de arquitecto. Así que a partir de los 35 años creó sus obras más importantes y su prestigio fue creciendo, gracias sobre todo al apoyo del alcalde. En 1715 don Francisco de Salcedo y Aguirre, Marqués de Vadillo, fue nombrado corregidor de Madrid por Felipe V, y enseguida supo valorar el arte de Ribera, con quien además parece ser entabló una relación amistosa, y le encomendó obras arquitectónicas o urbanísticas que resultarían importantísimas para la ciudad. Su colaboración se mantuvo hasta la muerte del Marqués -en 1729-, quien fue enterrado en la ermita de la Virgen del Puerto, en el sepulcro obra de su amigo.

En los dos años siguientes participó en dos obras muy importantes, que felizmente aún podemos disfrutar: el Cuartel de los Guardias de Corps o Cuartel del Conde Duque, y el Puente de Toledo. Fue por entonces cuando consiguió el cargo de Teniente del Maestro Mayor.

Estos años fueron de gran importancia en la trayectoria de Ribera. Hacia 1722 se encargó de continuar las obras que estaban a cargo de José Benito de Churriguera en la Iglesia de San Cayetano, en la calle de Embajadores. La Iglesia de Nuestra Señora del Favor, parroquia de San Millán desde 1869, hoy más conocida como San Cayetano, fue sin duda uno de los edificios barrocos más monumentales de Madrid.

A pesar de lo que se pensó durante mucho tiempo, la construcción de San Cayetano comenzó en el siglo XVII, no en el XVIII, y terminó en 1761, época en las que las huellas de Ribera debían ser mucho más notorias que en la actualidad. La iglesia sufrió un grave incendio en el siglo XIX y durante la guerra civil fue prácticamente destruida y luego reconstruida. Por unos dibujos encontrados en 1928 se sabe que el proyecto de Ribera nunca llegó a realizarse tal como el arquitecto lo había diseñado, sino que tanto la cúpula como la ornamentación de la fachada e interior fueron muy simplificadas.

Ribera y sus padres pertenecían a la Congregación de Nuestra Señora de la  Pureza  y el Santo Cristo de la Divina Providencia, grupo que jugó un papel importante en la construcción del nuevo templo. El arquitecto participó además de en la construcción, económicamente, tanto de forma directa, como con la aportación que tuvo que hacer al profesar dos de sus hijos.

Y es que la iglesia y el barrio en que está enclavada significó mucho en la vida de Ribera y de su familia. Allí cerca nació, en la calle del Oso, y allí vivió. Tras varias casas en las que vivió de alquiler, siempre en el barrrio, Pedro de Ribera llegó a ser el dueño de varios edificios en Madrid, pero su casa principal la construyó en la calle Embajadores nº 26, frente al templo.

Calle de Embajadores 26

Una placa junto a la puerta adintelada dice que el edificio fue propiedad y residencia del Arquitecto y Maestro Mayor del Ayuntamiento Pedro de Ribera.

En San Cayetano tomaron el hábito religioso tres de sus hijos, fueron enterrados sus padres, su hermana Matea, sus dos últimas esposas y él mismo.

Primero alarife municipal, luego Teniente, y por fin Maestro Mayor de las Obras de Madrid. En poco espacio de tiempo murieron, primero Churriguera y luego Ardemans, cuyo cargo heredó Ribera.

El máximo cargo municipal Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y sus Viajes de Agua  lo alcanzó en 1726, con 45 años y viudo nuevamente. Ocho años después, a la edad de 53 años, esta vez sí ya en una buena posición, se volvió a casar con Francisca Vallejo.

Entre 1722 y 1726, en todo su apogeo creativo, se produjo la reedificación del Antiguo Hospicio de San Fernando, uno de los edificios más representativos de su estilo y emblemático de Madrid, en la calle Fuencarral nº 76; la Iglesia de San José, los Palacios de los duques de Santoña, Marqués de Perales, Miraflores…

Los cronistas del siglo XIX fueron implacables con Ribera. Fernández de los Ríos, por ejemplo hablando de Fuente de la Fama afirma que Ribera, discípulo de la escuela churrigueresca, “parecía dibujar los monumentos apretando un borrón de tinta entre dos papeles…”

Pedro de Ribera fue un arquitecto autodidacta, que consiguió crear un lenguaje propio, distinto, quizá lo máximo a que puede aspirar un artista. Inimitable y genial, consiguió con el tiempo ser reconocido y su arquitectura formar parte de la imagen de Madrid.

Gracias a su tesón y talento hoy día gozamos de algunas de las mejores obras del barroco del siglo XVIII, heredero del mejor barroco madrileño del siglo XVII. Pedro de Ribera, incansable en su trabajo hasta el final, murió el 19 de octubre de 1742, en Madrid. Tenía 61 años.

Fue enterrado en San Cayetano, su iglesia, junto a la calle en la que nació y la casa en la que vivió, y desde entonces allí descansa.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo Exposición  El arte en la corte de Felipe V. Madrid 2003.

Verdú Ruiz, Matilde. La obra municipal de Pedro de Ribera. Ayuntamiento de Madrid. Madrid, 1988

Verdú Ruiz, Matilde. Intervención de Pedro de Ribera en la Iglesia y Convento de San Cayetano en Madrid. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Segundo semestre de 1993. Número 77.

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ACTUALIZACIÓN 9 ENERO 2014

En algunos lugares aparece como fecha del nacimiento de Teodoro Ardemans el año 1664. Es la que dio Ceán Bermudez en su Diccionario Histórico, pero gracias a las investigaciones de Ciriaco Pérez Bustamante publicadas en su trabajo “Claudio Coello. Noticias biográficas desconocidas”. Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 1918, 3er. trimestre se sabe que Teodoro nació en Madrid el 30 de junio de 1661.

Corregido queda pues el año de 1661 es la fecha aceptada por la mayoría de especialistas.

Hoy os propongo un pequeño homenaje a los primeros arquitectos y a los primeros maestros de obras madrileños, a los musulmanes, los alarifes que sin duda hicieron mucho por nuestra ciudad, aunque desgraciadamente quedan escasos recuerdos.

Los árabes fundaron Madrid en el siglo IX y aquí vivieron hasta la conquista cristiana en el siglo XI. Sí se conservan algunos restos de la poderosa Muralla defensiva que construyeron, en la Cuesta de la Vega y, aunque de momento no hayamos podido verlo, un largo lienzo hallado durante las obras del futuro Museo de Colecciones Reales. Se trata de la construcción más antigua de Madrid.

Muralla árabe siglo IX (foto 2008)

Tras la llegada de los cristianos algunos musulmanes continuaron viviendo en la que era su ciudad, y aportando su arte arquitectónico y decorativo. Fueron los mudéjares.

Aparte la muralla, ejemplo de arquitectura militar, la construcción más antigua, en este caso religiosa, es la torre mudéjar de la iglesia de San Nicolás, que conserva elementos del momento de su edificación, allá por el siglo XII.

Iglesia de San Nicolás (2010)

Aún en el siglo XV los Alarifes de Madrid eran alarifes moros, y gracias a los Libros de Acuerdos, libros de actas del ayuntamiento madrileño, conocemos algunos de sus nombres y algo de su trabajo.

Reunido el Concejo, probablemente en la iglesia de San Salvador como era habitual en aquellos tiempos medievales, el día 11 de febrero de 1480, siendo Corregidor Alonso de Heredia, nombraron a maestre Mahomed de Gormaz y a maestre Abrahán de San Salvador, vecinos de Madrid, Alarifes de la Villa, en sustitución del maestro Juan Sánchez, que estaba muy viejo y sordo, y no podía seguir desempeñando el oficio.

Abrahán obtuvo el título del oficio de alarife de la villa en sustitución de Abdalá de San Salvador, su padre.

Ambos maestros intervinieron en muchas obras, como los mataderos, las casas de la Carnicería… y a menudo repararon los puentes, la Puente Segoviana, Toledana y de Viveros. Por estas fechas consta que se comprometieron “a hazer un arco questá quebrado en la puente segoviana” .

Se refieren al primitivo Puente de Segovia de cantería, que estaba situado un poco más al sur que el actual -este construido en el siglo XVI-, y que conocemos gracias a las Vistas de Wyngaerde y de Hoefnagel.

Hoefnagel, h. 1562

Uno de esos días el Concejo acordó “librar un cahiz de trigo a los alarifes, porque andan en los puentes, e no les dieron d’almorzar nin merendar como se les da en las casas do andan e porque no vinieron a comer y estan todo el día estantes en el campo”. ¡Duro trabajo aquel!

En 2006, durante las obras de soterramiento de la M-30, aparecieron importantísimos restos de dichos puentes primitivos –sobre los que por cierto seguimos esperando noticias-, ¿quién sabe si no habrá alguna huella de estos antiguos alarifes en ellos?

Restos Puente de Segovia (Ayuntamiento de Madrid)

El más conocido de todos quizá sea Maestre Hazan pues suyas son dos de las escasas muestras del arte gótico que perviven en Madrid.

A este maestro se atribuye la construcción del antiguo Hospital de la Concepción de Nuestra Señora, más conocido como de La Latina, que estaba en la calle de Toledo actual nº 52, derribado en los comienzos del siglo XX, aunque no hay noticias de que fuera suya la traza. Sí se le considera el autor de la antigua portada del hospital y de la bella escalera gótica que había en su interior, ambos elementos, como decíamos, conservados.

Hospital de La Latina, calle Toledo, siglo XIX.

La Puerta del Hospital de La Latina desde los años 60 del siglo XX se encuentra en la Ciudad Universitaria, junto a la Escuela de Arquitectura.

Puerta de La Latina (foto: memoriademadrid.es)

La escalera se halla en la Casa de don Álvaro de Luján, en la Plaza de la Villa, en este caso la construcción civil más antigua de Madrid, sede de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, lugar al que fue trasladada junto con los sepulcros de Beatriz Galindo La Latina y su esposo Francisco Ramírez, actualmente en el Museo de Historia.

La escalera, una joya plateresca, se encuentra tras la puerta mudéjar, en arco de herradura, otro tesoro único en Madrid, cuyo origen también se remonta a los finales del siglo XV.

Plaza de la Villa, 3

En 1493 los Alarifes de la Villa eran maestre Abrahán de San Salvador y Abrahán de Gormaz, hermano de Mahomed de Gormaz.

Y poco más sabemos acerca de estos alarifes musulmanes que desarrollaron su arte en Madrid y ejercieron una gran influencia en sus sucesores a lo largo de los siglos.

Nos quedan las valiosas obras que nos legaron.

Por Mercedes Gómez

Continuará….

Hoy día 24 de noviembre hace un año que falleció en Madrid Matilde Ucelay, la primera mujer que obtuvo el título de Arquitectura en España, en el año 1936.

Damos la bienvenida de nuevo a Celia, que ejerce la misma profesión que Matilde, y que nos ofrece un estupendo artículo recordando la vida y la obra de este personaje singular, importante para Madrid y para la historia de la Arquitectura española.

Mercedes
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El edificio de viviendas Castaño, bien conocido por todos los madrileños, se asienta en un solar de ángulo muy agudo resultante de la confluencia de la diagonal de la calle Alcalá con la trama ortogonal del ensanche de la calles Goya y Conde de Peñalver.

Está resuelto mediante una solución formal conocida como de “proa de barco” y se comenzó a construir en 1930 según proyecto de Jesús Martí Martín y Miguel García-Lomas Somoano. Constituye un notable ejemplo de concepción racionalista en un barrio en el que se sitúan numerosos edificios realizados en las décadas de 1930 y 1940. La composición de sus fachadas a las calles Goya y Alcalá, donde los cuerpos volados y los grandes huecos corridos acentúan su horizontalidad simplificando los característicos y tradicionales miradores de esquina, muestra evidentes analogías con el edificio Capitol, de Luís Martínez-Feducchi Ruiz y Vicente Eced Eced.

Las plantas tipo del edificio Castaño, con entrada desde la calle Alcalá 96, tienen dos viviendas de gran tamaño en torno a las escaleras principal y de servicio y tres patios de luces, el más próximo a la esquina de forma triangular. En la planta séptima y última hay un solo ático que la pasada primavera tuve ocasión de visitar. Se trata de la vivienda-estudio que durante muchos años ocupó Matilde Ucelay Maortúa, primera mujer arquitecta de España, de cuyo fallecimiento hoy se cumple el primer aniversario.

Perteneció a una generación de mujeres a la que correspondió “romper tabúes” -no hay que olvidar que entre sus compañeros varones compartió también aulas y clases con otra mujer, Rita Fernández Queimadelos- y resulta apasionante conocer el ambiente intelectual en que creció y el momento histórico que le tocó vivir.

Nació en 1912 en una familia liberal interesada por la literatura, las bellas artes y el teatro. Creció con el referente de una madre nada convencional ya que Pura Maortúa era directora de un grupo independiente de teatro -Anfistora- y Matilde conoció a Federico García Lorca en la terraza de su casa en la calle Libertad 20 donde se realizaban lecturas y ensayos.

Edificio de viviendas en la calle Libertad 20, donde creció Matilde Ucelay

La mayor de cuatro hermanas, estudió bachillerato en el Instituto Escuela -continuador del Instituto Libre de Enseñanza-, institución liberal de enseñanza mixta en la que las mujeres participaban no sólo en el estudio sino también en el deporte, hasta entonces vedado al “sexo débil”.

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Institución Libre de Enseñanza, en el Paseo del General Martínez Campos 14

Su formación se desarrolló en un espacio en el que se concedían las mismas oportunidades a todos los estudiantes. Obtuvo brillantes calificaciones y cuando al acabar el bachillerato expresó su deseo de estudiar arquitectura en su casa la animaron a hacerlo. En 1931 con tan solo 19 años ingresó en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, carrera que simultaneó con los estudios de piano y que finalizó un año antes de lo previsto, ya que con su compañero Fernando Chueca Goitia realizó dos cursos en uno. Coincidió con Félix Candela, a quién le uniría una amistad de por vida, y se tituló el 15 de julio de 1936, tres días antes de que Franco diera el golpe de estado.

Matilde rodeada por algunos de sus compañeros de clase, poco antes de graduarse. A la derecha, ya finalizados sus estudios, tomando notas para desarrollar uno de sus proyectos.

Su marido, Javier Ruiz-Castillo, con quién se casó en Valencia en 1937, fue un importante editor vinculado a la Revista de Occidente, el primero que editó a Freud en español y quien le puso en contacto con él. También fue editor de las generaciones del 98 y del 27, por lo que el matrimonio tuvo un trato casi familiar con José Ortega y Gasset, Pío Baroja y otros intelectuales de la época.

Durante la posguerra fue apartada del ejercicio profesional -se le condenó a cinco años sin ejercer su profesión y se le inhabilitó para ocupar cargos públicos- ya que, aunque no participó activamente en política, era conocida su afiliación republicana y que había viajado a la Unión Soviética.

Matilde Ucelay en su juventud

A pesar de todas las prohibiciones y dificultades mantuvo una actividad profesional continuada durante más de cuarenta años, construyendo edificios para clientes privados, algunos extranjeros, más abiertos a trabajar con una mujer. Sus proyectos los firmaron, al principio de su trayectoria, otros compañeros, ya que contaba con la complicidad de un gran círculo de amigos. Desarrolló a lo largo de su vida más de 120 proyectos, colaboró con otros profesionales y con su hijo José, también arquitecto, realizó bóvedas laminares semejantes a las que Feliz Candela había desarrollado en México, pero jamás recibió un encargo público.

Proyectos y obras de Matilde Ucelay

Se retiró en 1981 y en 2004 le fue otorgado por el Ministerio de Vivienda el Premio Nacional de Arquitectura como reconocimiento a su excepcional trayectoria profesional. En el momento de mi visita la que fue su vivienda-estudio recibía la luz del atardecer. Desde el vestíbulo un amplio pasillo, con magníficas estanterías repletas de libros, que deja a la izquierda el patio triangular del edificio y a la derecha los ventanales a la terraza privada a la calle Alcalá, nos conduce en primer lugar a su pequeño estudio, en el que trabajó durante más de cuarenta años. Allí aún permanecen su mesa de dibujo y silla de madera, construidas artesanalmente, conforme fue su manera de trabajar, tan ajena a los ordenadores y grandes impresoras que hoy se utilizan en el mundo de la arquitectura y la construcción. La mesa de un tamaño pequeño, yo diría casi femenino; la silla con un bello dibujo decorativo.

El pasillo desemboca en un distribuidor de forma triangular con más estanterías especialmente diseñadas para este espacio y muchos libros de arquitectura, construcción y paisajismo que tanto llamaron mi atención, algunos extranjeros, y que en mi opinión merecerían ser donados junto con parte del mobiliario a una institución de prestigio. El distribuidor tiene a la derecha una puerta que da al comedor, con ventana a la calle Alcalá, y contiguo a él está el salón en el vértice del edificio desde el que se disfruta de magníficas vistas. Dos puertas a la izquierda del distribuidor conducen a sendos dormitorios con vistas a la calle Goya.

En la parte superior de la fotografía la terraza privada de la vivienda con vistas a la calle Alcalá. A la derecha la ventana de su estudio y a continuación la del comedor seguida de las del salón que vuelven hacia la calle Goya.

La cocina, el oficio y el dormitorio de servicio se organizan en la parte trasera del edificio y se puede acceder a ellos desde el vestíbulo de la vivienda o desde la terraza comunitaria de la calle Goya, a la que se llega por la escalera de servicio del edificio.

El espacio que visité me impresionó incluso antes de haber leído sobre Matilde Ucelay. Ahora creo que las notas características de su vida y personalidad aún permanecen allí.

Matilde Ucelay en los años 50

por: Celia Vinuesa. Arquitecto.

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ENLACES.-

Instituto Libre de Enseñanza

Félix Candela

Revista de Occidente

“Vista Alegre fué su lujo; compró la quinta a una reina, la pagó con millones; la embelleció con joyas artísticas; dejó a todos sus amigos que disfrutasen de ella, y ha muerto allí repentinamente antes de que las riquezas desapareciesen. El viento de la desgracia, que venía hace tiempo arrancando girones de su fortuna, le ha hecho sucumbir por fin…”

(Escenas Contemporáneas, Año I Tomo I. Madrid 1882)
(Hemeroteca BNE)

La antigua Cerca que marca los límites de la Quinta de Vista Alegre, de la cual se conservan algunos tramos, constituye uno de los elementos arquitectónicos más relevantes; son los correspondientes a la calle Clara de Campoamor y a la calle del Blasón, originales de los años 40 del siglo XIX.

tapia calle del blason

Por la calle del Blasón nos dirigimos a una de las puertas de entrada a la Quinta la cual nos conduce al Palacio Nuevo o Palacio del Marqués de Salamanca.

La reina regente María Cristina, cuarta esposa de Fernando VII y madre de Isabel II, después de su boda con el guardia de Corps Fernando Muñoz, Duque de Riansares, fue quien lo mandó construir con el fin de convertirlo en su residencia y refugio. Pero los avatares de la historia quisieron que el palacio pasara a manos del Marqués de Salamanca, quien lo terminó, adornó y disfrutó hasta su muerte.

El arquitecto Martín López Aguado comenzó su construcción en 1834, pero el destierro de la reina en 1840 ocasionó su paralización. A su vuelta encargó la reanudación de las obras al entonces Arquitecto Mayor de Palacio, Narciso Pascual y Colomer, quien lo terminaría para el Marqués de Salamanca que lo había comprado en 1858.

Para entonces Colomer ya había construido para don José su gran palacio en el paseo de Recoletos, inaugurado ese mismo año. El Marqués era un hombre poderoso que se podía permitir el lujo de contratar al arquitecto de moda y arquitecto de la mismísima Isabel II.

A López Aguado corresponden la disposición del edificio, de planta rectangular simétrica, organizado alrededor de tres patios, y la fachada. En ésta, destacan las seis columnas de granito que proceden de la galería diseñada por Isidro González Velázquez -Arquitecto Mayor de Palacio en la época de Fernando VII- que rodeaba la Plaza de Oriente, obra monumental que nunca llegó a terminarse debido a los problemas económicos y que finalmente fue derribada.

fachada

Su espléndido exterior nos muestra que fue uno de los grandes palacios del siglo XIX, testigo de una época y una forma de vida, pero lo que no todo el mundo sabe es que en su interior se conservan una serie de maravillosas estancias de aquellos años de esplendor: el Vestíbulo, la Capilla, y el Salón Árabe, todo ello obra de Pascual y Colomer.

Tras las columnas de la entrada, se halla el magnífico vestíbulo central, cubierto con una cúpula de media esfera.

Vestíbulo

Uno de los cristales tallados de la puerta de acceso a las dependencias antaño palaciegas aún conserva la “S” de Salamanca.

S de Salamanca

La Capilla consta de una nave de doble altura, pilastras corintias y ábside semicircular.

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En la Sacristía se conservan perfectamente ordenadas vestiduras de los antiguos capellanes.

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Uno de los lujosos salones que fueron disfrutados por el Marqués y sus invitados en famosas fiestas fue el Salón Árabe, decorado a la moda de la época, actualmente apuntalado y necesitado de una gran restauración que esperemos sea acometida algún día.

(Imagen de la Fundación COAM, "Arquitectura de Madrid. Periferia")

(Imagen de la Fundación COAM, "Arquitectura de Madrid. Periferia")

arcos y vigas

Salón Arabe (julio 2009)

techo vista

Vista del techo (julio 2009)

suelo

Detalle suelo (julio 2009)

Fallecido don José de Salamanca en 1883, la antigua Posesión Real fue vendida al Estado por sus hijos y a partir de 1887 los distintos edificios se fueron convirtiendo en sedes de diversas instituciones benéficas. El Palacio Nuevo fue convertido en Asilo de Inválidos del Trabajo.

La primera reforma para transformarlo en asilo tuvo lugar en 1888. Como indica una lápida en el impresionante vestíbulo, “Para conmemorar la sensible pérdida del Rey Don Alfonso XII muerto en la flor de la juventud, se ha fundado este Asilo de Inválidos del Trabajo, cumpliendo así el piadoso deseo de S.M. la reina regente Dª Mª Cristina. Año 1889.

Ese mismo año José Grases Riera remodeló la terraza y la marquesina. Las ventanas que actualmente dan a la terraza originalmente eran puertas que conducían directamente a los Salones. Quizá las parejas que bailaban en el salón durante las celebraciones organizadas por el anfitrión, cruzando esas antiguas puertas salían un rato al jardín entre pieza y pieza.

ventanas

En el siglo XX el edificio pasó a albergar el Instituto Nacional de Rehabilitación Especial de Inválidos, INRI, de cuya época se conservan un quirófano, instrumental quirúrgico, elementos de farmacia y mobiliario, así como una importante colección de grabados y fotografías. En los años 30 sufrió otra reforma a cargo de Eugenio Sánchez Lozano y en los años 40 después de la guerra hubo de ser reconstruido por Francisco Navarro.

A pesar de tantas vicisitudes, reformas y cambios de uso, el Palacio del Marqués de Salamanca guarda alguna de sus huellas, patrimonio cultural e histórico de primer orden y merecedor de cuidados.

Actualmente es el Centro de Educación Especial María Soriano, colegio que va a ser trasladado a otro lugar de Madrid, no se sabe en qué fecha.

De momento también se desconoce el uso que tendrá el Palacio a partir de entonces.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:
COAM. “Arquitectura de Madrid. Periferia“. COAM Madrid 2007.

Daniel Galán García.”Treinta hectáreas de historia contemporánea en la finca de Vista Alegre” Revista Innovación y Formación, nº 1 Primavera 2007. Pág.28-30.

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NOTA: También se conserva una parte de la antigua biblioteca, pero en esta ocasión no pudimos visitarla. Esperemos que en otro momento podamos hacerlo y conocer las obras de arte que esconde.

El Instituto de Crédito Oficial ICO ha inaugurado una exposición muy interesante, “Dominique Perrault, arquitecto“, para amantes de la arquitectura y curiosos en general.

Como explica la hoja informativa “El Museo Colecciones ICO dedica, por primera vez en España, una exposición de gran envergadura al arquitecto francés Dominique Perrault. De este modo, el el Museo Colecciones ICO sigue fiel a su compromiso de dar a conocer y ayudar a entender la arquitectura de nuestra época… El nombre de Dominique Perrault… inauguró una nueva economía del territorio y del objeto arquitectónico. En España, donde está desarrollando una fructífera carrera, encontramos un primer icono en el Centro Olímpico de Tenis de Madrid, “La Caja Mágica”.

En una sala blanca, luminosa, reflejada en un fondo de espejos, sobre mesas bajas se muestran los proyectos del arquitecto, algunos culminados, otros en marcha, y otros que nunca llegarán a realizarse, como su propuesta de ampliación del Museo Reina Sofía (presentada al concurso en 1999).

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Maquetas perfectas, planos, fotografías, películas… invitan a detenerse ante cada uno de los edificios expuestos. El propio Perrault, comunicativo y convincente -es o ha sido profesor en importantes escuelas y universidades en todo el mundo-, habla continuamente en una entrevista que puede escucharse cómodamente instalados en algunos de los asientos diseñados por el propio arquitecto.

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Destacan en sus construcciones las cubiertas metálicas que propone, algunas espectaculares, mallas plateadas, o dorados envolventes como el de la futura pasarela sobre nuestro río Manzanares en Arganzuela, una de las varias previstas en el proyecto Madrid Río.

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Ganador en 2002 del concurso internacional para la construcción del Nuevo Centro Olímpico de Tenis de Madrid, está prevista la inauguración de “La Caja Mágica” para el próximo mes de Mayo con el Madrid Open, torneo de Tenis de Madrid, cuyas entradas están ya a la venta.

Dominique Perrault, arquitecto.
MUSEO COLECCIONES ICO
calle Zorrilla, 3.
Del 29 de enero al 17 de mayo de 2009.

Hay en Madrid innumerables instituciones con una historia riquísima a sus espaldas, como por ejemplo la Fundación Carlos de Amberes, con más de cuatro siglos de edad.

El origen del antiguo Hospital de San Andrés de los Flamencos se remonta al año 1594, cuando Carlos de Amberes, natural de dicha ciudad, cedió sus casas en la hoy llamada calle de San Marcos con el fin de que a su muerte acogieran a los pobres y peregrinos que llegaran a Madrid procedentes de las entonces Diecisiete Provincias de los Países Bajos. Y así fue como a su muerte, en 1604, uno de los inmuebles fue transformado en Hospital.

Solo cinco años después el rey Felipe III aceptó el Patronato de la institución, cargo que, ratificado por su hijo Felipe IV, han heredado los monarcas españoles hasta nuestros días, convirtiéndose así en la Real Diputación de San Andrés de los Flamencos.

En 1621 se encargó a Juan Gómez de Mora, Maestro Mayor de Obras Reales e importantísimo arquitecto en la historia de Madrid, la construcción de nuevo hospital e iglesia. Poco después, en 1638, en su altar mayor se colgó una pintura del gran maestro Rubens “El martirio de San Andrés”, encargada por uno de los benefactores.

En el Plano de Pedro Texeira (1656) se aprecia una pequeña iglesia y nada más, pero debió tener su importancia pues fue construido por el arquitecto más notable de la época. En esa época la calle recibía el nombre de calle de San Hermenegildo.

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También conocido como Hospitalillo de San Marcos, existió hasta 1848 en que se derrumbó.

Apoyos políticos y de la Corona facilitaron la construcción de un nuevo edificio en el Ensanche, en la calle de Claudio Coello, lugar en el que continúa la Fundación Carlos de Amberes, Real Diputación de San Andrés de los Flamencos, antiguo Hospital e Iglesia de San Andrés de los Flamencos, actualmente dedicada a fines culturales.

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El actual edificio fue construido por los hermanos Agustín y Manuel Ortiz de Villajos en 1877 y rehabilitado entre los años 1991-1998. Declarado Bien de Interés Cultural, tanto la iglesia como los pabellones a ambos lados, en otro tiempo dedicados a hospital y hospedería, acogen ahora una de las salas de exposiciones y actos culturales más vivos de Madrid.

La iglesia, de cruz latina, con una sola nave abovedada, que ahora sirve como sala de exposiciones, conserva la tribuna o coro alto, y el espacio del antiguo altar mayor, donde se encuentra la maravillosa obra de arte, el cuadro de Rubens, acompañando siempre a las más diversas obras de arte expuestas en este espacio singular. Aunque parezca mentira, el marco del cuadro que se conserva es el original creado por los ebanistas del rey Felipe IV.

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No está permitido fotografiar el cuadro, esta es una postal que venden en la Fundación:

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Otras dos obras pictóricas, tras la recepción, a la derecha, adornan las paredes de este curioso lugar:

También procedente de la primitiva iglesia, un Retrato de don Carlos de Amberes, con una inscripción en su franja inferior que resume toda la historia de la fundación. Anónimo español del siglo XVII, se desconocen autor, fecha o cualquier otro dato que los investigadores de momento no han sabido aclarar. Si vais a verlo, observad el fondo del cuadro, tras el retrato, que muestra una población de pequeñas construcciones y recinto amurallado, propio del XVII, pero en principio no identificable.

Y un magnífico Retrato del 2º Marqués de Casa Riera, obra de Raimundo Madrazo y Garreta (1841-1920), de gran formato, donado por la Reina Fabiola de Bélgica.

Las obras de arte, pintura, fotografía, etc. se van sucediendo en esta Sala de Exposiciones, pero estos tres cuadros siempre están ahí, para nuestro disfrute, no dejéis de verlos, si es que no lo habéis hecho ya, sobre todo esa joya que es El Martirio de San Andrés, del gran pintor barroco, el flamenco Pedro Pablo Rubens.

Fundación Carlos de Amberes
Calle de Claudio Coello, 99

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por Mercedes Gómez

A finales del siglo XIX y comienzos del XX una buena parte de la nobleza decidió trasladar su residencia desde el centro de Madrid al Paseo de la Castellana, nueva zona del Ensanche de Madrid, que estaba adquiriendo un gran valor. Sobre antiguas huertas se construyeron palacios, palacetes y mansiones. Muchos de ellos han desaparecido, pero otros permanecen, reconvertidos en su interior, pero felizmente inalterados en su exterior.

Uno de ellos es el Palacete de don Eduardo Adcoch, construido por el arquitecto José López Sallaberry entre 1905 y 1906. Situado en el Paseo de la Castellana 37, esquina a Rafael Calvo con vuelta a Fortuny.

palacete

Fue construido siguiendo la moda de la época, al estilo de los “hoteles” franceses, con sus miradores y balcones decorados, aunque también presenta elementos ornamentales del Renacimiento español, como la torre lateral, los remates de la cornisa y la galería de arcos, como nos explica Carlos de San Antonio.

Después de sucesivos usos -de palacete a clínica psiquiátrica- y propietarios, en 1999, al volver el edificio a manos de los herederos, fue vendido a la empresa Ferrovial. Así, el palacete se convirtió en la sede de la Fundación Rafael del Pino. Del Pino fue fundador y poderoso presidente de la famosa constructora. Después de la compra, fue reformado para acoger la sede de la Fundación, aunque el exterior, protegido, fue respetado completamente. El autor de la rehabilitación fue Rafael de La Hoz Castanys.

Rafael de La Hoz, hijo y nieto de arquitectos, es quizá uno de los arquitectos más importantes del momento, y desde luego su obra es una de las más impactantes. Nació en Córdoba en 1955, pero desde que llegó a Madrid a estudiar en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, su vida ha estado ligada a nuestra ciudad. Aquí tiene su Estudio, aquí ha construido grandes obras, y aquí le esperan grandes proyectos.

Como todos los palacetes, éste tenía un jardín.

Sobre dicho jardín, según proyecto de 2005, el mismo Rafael de La Hoz inició la construcción de la ampliación del edificio que ahora acoge la Fundación, incluyendo el nuevo auditorio, aunque el arquitecto dice que se trata de la “transformación de un jardín en un jardín habitado”. El resultado fue el “Edificio Fortuny”.

Seguro que no de forma caprichosa, la nueva construcción conserva a su alrededor las verjas del antiguo jardín, así como alguno de los edificios anejos al palacete, aunque poco más, entre el antiguo edificio y el nuevo, un pequeño espacio ajardinado, quizá el magnolio junto a la puerta de entrada sea uno de los escasos restos de otros tiempos.

El exterior de cristal muestra un edificio completamente transparente, “abrazado”, o quizá sostenido, por una estructura de acero inspirada en las formas de los árboles, ofreciendo una imagen magnífica.

ramas-y-verja

Observo la similitud de la forma de las ramas de los árboles y las ramas de acero. Ningún elemento parece gratuito. Observo también con curiosidad cómo el antiguo pequeño edificio anejo al palacete halla su continuidad en las líneas de los pisos superiores de la nueva construcción.

anejos

Recta la fachada principal de la calle Rafael Calvo, la parte trasera que se asoma al espacio contiguo de la calle Fortuny, recurre a las formas curvas. El último piso acristalado que se asoma a la calle Fortuny me sugiere un moderno torreón que contrasta con la torre de inspiración renacentista en la esquina contraria del solar.

Calle de Rafael Calvo. Al fondo, el palacete...

lado-curvo

El nuevo edificio de Rafael de La Hoz me gusta mucho, me parece espectacular tanto por fuera como por dentro.

int-ramas

En su interior, sus espacios diáfanos, sin pilares interiores, empleando los materiales más exquisitos, crean un ambiente especial.

int-esquina

pasillo-y-planta

El Auditorio, tal como indica la placa allí colocada, fue inaugurado por el Alcalde de Madrid el día 3 de junio de 2008. Rafael del Pino, el fundador, murió solo once días después.

auditorio2

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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Bibliografía:
– Carlos de San Antonio Gómez. “El Madrid del 98. Arquitectura para una crisis 1874-1918”. Biblioteca madrileña de bolsillo nº 4. Comunidad de Madrid 1998.
– COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.

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