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Hoy os propongo un pequeño homenaje a los primeros arquitectos y a los primeros maestros de obras madrileños, a los musulmanes, los alarifes que sin duda hicieron mucho por nuestra ciudad, aunque desgraciadamente quedan escasos recuerdos.
Los árabes fundaron Madrid en el siglo IX y aquí vivieron hasta la conquista cristiana en el siglo XI. Sí se conservan algunos restos de la poderosa Muralla defensiva que construyeron, en la Cuesta de la Vega y, aunque de momento no hayamos podido verlo, un largo lienzo hallado durante las obras del futuro Museo de Colecciones Reales. Se trata de la construcción más antigua de Madrid.
Tras la llegada de los cristianos algunos musulmanes continuaron viviendo en la que era su ciudad, y aportando su arte arquitectónico y decorativo. Fueron los mudéjares.
Aparte la muralla, ejemplo de arquitectura militar, la construcción más antigua, en este caso religiosa, es la torre mudéjar de la iglesia de San Nicolás, que conserva elementos del momento de su edificación, allá por el siglo XII.
Aún en el siglo XV los Alarifes de Madrid eran alarifes moros, y gracias a los Libros de Acuerdos, libros de actas del ayuntamiento madrileño, conocemos algunos de sus nombres y algo de su trabajo.
Reunido el Concejo, probablemente en la iglesia de San Salvador como era habitual en aquellos tiempos medievales, el día 11 de febrero de 1480, siendo Corregidor Alonso de Heredia, nombraron a maestre Mahomed de Gormaz y a maestre Abrahán de San Salvador, vecinos de Madrid, Alarifes de la Villa, en sustitución del maestro Juan Sánchez, que estaba muy viejo y sordo, y no podía seguir desempeñando el oficio.
Abrahán obtuvo el título del oficio de alarife de la villa en sustitución de Abdalá de San Salvador, su padre.
Ambos maestros intervinieron en muchas obras, como los mataderos, las casas de la Carnicería… y a menudo repararon los puentes, la Puente Segoviana, Toledana y de Viveros. Por estas fechas consta que se comprometieron “a hazer un arco questá quebrado en la puente segoviana” .
Se refieren al primitivo Puente de Segovia de cantería, que estaba situado un poco más al sur que el actual -este construido en el siglo XVI-, y que conocemos gracias a las Vistas de Wyngaerde y de Hoefnagel.
Uno de esos días el Concejo acordó “librar un cahiz de trigo a los alarifes, porque andan en los puentes, e no les dieron d’almorzar nin merendar como se les da en las casas do andan e porque no vinieron a comer y estan todo el día estantes en el campo”. ¡Duro trabajo aquel!
En 2006, durante las obras de soterramiento de la M-30, aparecieron importantísimos restos de dichos puentes primitivos –sobre los que por cierto seguimos esperando noticias-, ¿quién sabe si no habrá alguna huella de estos antiguos alarifes en ellos?
El más conocido de todos quizá sea Maestre Hazan pues suyas son dos de las escasas muestras del arte gótico que perviven en Madrid.
A este maestro se atribuye la construcción del antiguo Hospital de la Concepción de Nuestra Señora, más conocido como de La Latina, que estaba en la calle de Toledo actual nº 52, derribado en los comienzos del siglo XX, aunque no hay noticias de que fuera suya la traza. Sí se le considera el autor de la antigua portada del hospital y de la bella escalera gótica que había en su interior, ambos elementos, como decíamos, conservados.
La Puerta del Hospital de La Latina desde los años 60 del siglo XX se encuentra en la Ciudad Universitaria, junto a la Escuela de Arquitectura.
La escalera se halla en la Casa de don Álvaro de Luján, en la Plaza de la Villa, en este caso la construcción civil más antigua de Madrid, sede de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, lugar al que fue trasladada junto con los sepulcros de Beatriz Galindo La Latina y su esposo Francisco Ramírez, actualmente en el Museo de Historia.
La escalera, una joya plateresca, se encuentra tras la puerta mudéjar, en arco de herradura, otro tesoro único en Madrid, cuyo origen también se remonta a los finales del siglo XV.
En 1493 los Alarifes de la Villa eran maestre Abrahán de San Salvador y Abrahán de Gormaz, hermano de Mahomed de Gormaz.
Y poco más sabemos acerca de estos alarifes musulmanes que desarrollaron su arte en Madrid y ejercieron una gran influencia en sus sucesores a lo largo de los siglos.
Nos quedan las valiosas obras que nos legaron.
Por Mercedes Gómez
Continuará….
“Vista Alegre fué su lujo; compró la quinta a una reina, la pagó con millones; la embelleció con joyas artísticas; dejó a todos sus amigos que disfrutasen de ella, y ha muerto allí repentinamente antes de que las riquezas desapareciesen. El viento de la desgracia, que venía hace tiempo arrancando girones de su fortuna, le ha hecho sucumbir por fin…”
(Escenas Contemporáneas, Año I Tomo I. Madrid 1882)
(Hemeroteca BNE)
La antigua Cerca que marca los límites de la Quinta de Vista Alegre, de la cual se conservan algunos tramos, constituye uno de los elementos arquitectónicos más relevantes; son los correspondientes a la calle Clara de Campoamor y a la calle del Blasón, originales de los años 40 del siglo XIX.

Por la calle del Blasón nos dirigimos a una de las puertas de entrada a la Quinta la cual nos conduce al Palacio Nuevo o Palacio del Marqués de Salamanca.
La reina regente María Cristina, cuarta esposa de Fernando VII y madre de Isabel II, después de su boda con el guardia de Corps Fernando Muñoz, Duque de Riansares, fue quien lo mandó construir con el fin de convertirlo en su residencia y refugio. Pero los avatares de la historia quisieron que el palacio pasara a manos del Marqués de Salamanca, quien lo terminó, adornó y disfrutó hasta su muerte.
El arquitecto Martín López Aguado comenzó su construcción en 1834, pero el destierro de la reina en 1840 ocasionó su paralización. A su vuelta encargó la reanudación de las obras al entonces Arquitecto Mayor de Palacio, Narciso Pascual y Colomer, quien lo terminaría para el Marqués de Salamanca que lo había comprado en 1858.
Para entonces Colomer ya había construido para don José su gran palacio en el paseo de Recoletos, inaugurado ese mismo año. El Marqués era un hombre poderoso que se podía permitir el lujo de contratar al arquitecto de moda y arquitecto de la mismísima Isabel II.
A López Aguado corresponden la disposición del edificio, de planta rectangular simétrica, organizado alrededor de tres patios, y la fachada. En ésta, destacan las seis columnas de granito que proceden de la galería diseñada por Isidro González Velázquez -Arquitecto Mayor de Palacio en la época de Fernando VII- que rodeaba la Plaza de Oriente, obra monumental que nunca llegó a terminarse debido a los problemas económicos y que finalmente fue derribada.

Su espléndido exterior nos muestra que fue uno de los grandes palacios del siglo XIX, testigo de una época y una forma de vida, pero lo que no todo el mundo sabe es que en su interior se conservan una serie de maravillosas estancias de aquellos años de esplendor: el Vestíbulo, la Capilla, y el Salón Árabe, todo ello obra de Pascual y Colomer.
Tras las columnas de la entrada, se halla el magnífico vestíbulo central, cubierto con una cúpula de media esfera.

Uno de los cristales tallados de la puerta de acceso a las dependencias antaño palaciegas aún conserva la “S” de Salamanca.

La Capilla consta de una nave de doble altura, pilastras corintias y ábside semicircular.

En la Sacristía se conservan perfectamente ordenadas vestiduras de los antiguos capellanes.


Uno de los lujosos salones que fueron disfrutados por el Marqués y sus invitados en famosas fiestas fue el Salón Árabe, decorado a la moda de la época, actualmente apuntalado y necesitado de una gran restauración que esperemos sea acometida algún día.

(Imagen de la Fundación COAM, "Arquitectura de Madrid. Periferia")

Salón Arabe (julio 2009)

Vista del techo (julio 2009)

Detalle suelo (julio 2009)
Fallecido don José de Salamanca en 1883, la antigua Posesión Real fue vendida al Estado por sus hijos y a partir de 1887 los distintos edificios se fueron convirtiendo en sedes de diversas instituciones benéficas. El Palacio Nuevo fue convertido en Asilo de Inválidos del Trabajo.
La primera reforma para transformarlo en asilo tuvo lugar en 1888. Como indica una lápida en el impresionante vestíbulo, “Para conmemorar la sensible pérdida del Rey Don Alfonso XII muerto en la flor de la juventud, se ha fundado este Asilo de Inválidos del Trabajo, cumpliendo así el piadoso deseo de S.M. la reina regente Dª Mª Cristina. Año 1889.”
Ese mismo año José Grases Riera remodeló la terraza y la marquesina. Las ventanas que actualmente dan a la terraza originalmente eran puertas que conducían directamente a los Salones. Quizá las parejas que bailaban en el salón durante las celebraciones organizadas por el anfitrión, cruzando esas antiguas puertas salían un rato al jardín entre pieza y pieza.

En el siglo XX el edificio pasó a albergar el Instituto Nacional de Rehabilitación Especial de Inválidos, INRI, de cuya época se conservan un quirófano, instrumental quirúrgico, elementos de farmacia y mobiliario, así como una importante colección de grabados y fotografías. En los años 30 sufrió otra reforma a cargo de Eugenio Sánchez Lozano y en los años 40 después de la guerra hubo de ser reconstruido por Francisco Navarro.
A pesar de tantas vicisitudes, reformas y cambios de uso, el Palacio del Marqués de Salamanca guarda alguna de sus huellas, patrimonio cultural e histórico de primer orden y merecedor de cuidados.
Actualmente es el Centro de Educación Especial María Soriano, colegio que va a ser trasladado a otro lugar de Madrid, no se sabe en qué fecha.
De momento también se desconoce el uso que tendrá el Palacio a partir de entonces.
Texto y fotografías por : Mercedes Gómez
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Bibliografía:
COAM. “Arquitectura de Madrid. Periferia“. COAM Madrid 2007.
Daniel Galán García.”Treinta hectáreas de historia contemporánea en la finca de Vista Alegre” Revista Innovación y Formación, nº 1 Primavera 2007. Pág.28-30.
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NOTA: También se conserva una parte de la antigua biblioteca, pero en esta ocasión no pudimos visitarla. Esperemos que en otro momento podamos hacerlo y conocer las obras de arte que esconde.
El Instituto de Crédito Oficial ICO ha inaugurado una exposición muy interesante, “Dominique Perrault, arquitecto“, para amantes de la arquitectura y curiosos en general.
Como explica la hoja informativa “El Museo Colecciones ICO dedica, por primera vez en España, una exposición de gran envergadura al arquitecto francés Dominique Perrault. De este modo, el el Museo Colecciones ICO sigue fiel a su compromiso de dar a conocer y ayudar a entender la arquitectura de nuestra época… El nombre de Dominique Perrault… inauguró una nueva economía del territorio y del objeto arquitectónico. En España, donde está desarrollando una fructífera carrera, encontramos un primer icono en el Centro Olímpico de Tenis de Madrid, “La Caja Mágica”.
En una sala blanca, luminosa, reflejada en un fondo de espejos, sobre mesas bajas se muestran los proyectos del arquitecto, algunos culminados, otros en marcha, y otros que nunca llegarán a realizarse, como su propuesta de ampliación del Museo Reina Sofía (presentada al concurso en 1999).

Maquetas perfectas, planos, fotografías, películas… invitan a detenerse ante cada uno de los edificios expuestos. El propio Perrault, comunicativo y convincente -es o ha sido profesor en importantes escuelas y universidades en todo el mundo-, habla continuamente en una entrevista que puede escucharse cómodamente instalados en algunos de los asientos diseñados por el propio arquitecto.

Destacan en sus construcciones las cubiertas metálicas que propone, algunas espectaculares, mallas plateadas, o dorados envolventes como el de la futura pasarela sobre nuestro río Manzanares en Arganzuela, una de las varias previstas en el proyecto Madrid Río.

Ganador en 2002 del concurso internacional para la construcción del Nuevo Centro Olímpico de Tenis de Madrid, está prevista la inauguración de “La Caja Mágica” para el próximo mes de Mayo con el Madrid Open, torneo de Tenis de Madrid, cuyas entradas están ya a la venta.
Dominique Perrault, arquitecto.
MUSEO COLECCIONES ICO
calle Zorrilla, 3.
Del 29 de enero al 17 de mayo de 2009.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX una buena parte de la nobleza decidió trasladar su residencia desde el centro de Madrid al Paseo de la Castellana, nueva zona del Ensanche de Madrid, que estaba adquiriendo un gran valor. Sobre antiguas huertas se construyeron palacios, palacetes y mansiones. Muchos de ellos han desaparecido, pero otros permanecen, reconvertidos en su interior, pero felizmente inalterados en su exterior.
Uno de ellos es el Palacete de don Eduardo Adcoch, construido por el arquitecto José López Sallaberry entre 1905 y 1906. Situado en el Paseo de la Castellana 37, esquina a Rafael Calvo con vuelta a Fortuny.

Fue construido siguiendo la moda de la época, al estilo de los “hoteles” franceses, con sus miradores y balcones decorados, aunque también presenta elementos ornamentales del Renacimiento español, como la torre lateral, los remates de la cornisa y la galería de arcos, como nos explica Carlos de San Antonio.
Después de sucesivos usos -de palacete a clínica psiquiátrica- y propietarios, en 1999, al volver el edificio a manos de los herederos, fue vendido a la empresa Ferrovial. Así, el palacete se convirtió en la sede de la Fundación Rafael del Pino. Del Pino fue fundador y poderoso presidente de la famosa constructora. Después de la compra, fue reformado para acoger la sede de la Fundación, aunque el exterior, protegido, fue respetado completamente. El autor de la rehabilitación fue Rafael de La Hoz Castanys.
Rafael de La Hoz, hijo y nieto de arquitectos, es quizá uno de los arquitectos más importantes del momento, y desde luego su obra es una de las más impactantes. Nació en Córdoba en 1955, pero desde que llegó a Madrid a estudiar en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, su vida ha estado ligada a nuestra ciudad. Aquí tiene su Estudio, aquí ha construido grandes obras, y aquí le esperan grandes proyectos.
Como todos los palacetes, éste tenía un jardín.
Sobre dicho jardín, según proyecto de 2005, el mismo Rafael de La Hoz inició la construcción de la ampliación del edificio que ahora acoge la Fundación, incluyendo el nuevo auditorio, aunque el arquitecto dice que se trata de la “transformación de un jardín en un jardín habitado”. El resultado fue el “Edificio Fortuny”.
Seguro que no de forma caprichosa, la nueva construcción conserva a su alrededor las verjas del antiguo jardín, así como alguno de los edificios anejos al palacete, aunque poco más, entre el antiguo edificio y el nuevo, un pequeño espacio ajardinado, quizá el magnolio junto a la puerta de entrada sea uno de los escasos restos de otros tiempos.
El exterior de cristal muestra un edificio completamente transparente, “abrazado”, o quizá sostenido, por una estructura de acero inspirada en las formas de los árboles, ofreciendo una imagen magnífica.

Observo la similitud de la forma de las ramas de los árboles y las ramas de acero. Ningún elemento parece gratuito. Observo también con curiosidad cómo el antiguo pequeño edificio anejo al palacete halla su continuidad en las líneas de los pisos superiores de la nueva construcción.

Recta la fachada principal de la calle Rafael Calvo, la parte trasera que se asoma al espacio contiguo de la calle Fortuny, recurre a las formas curvas. El último piso acristalado que se asoma a la calle Fortuny me sugiere un moderno torreón que contrasta con la torre de inspiración renacentista en la esquina contraria del solar.


El nuevo edificio de Rafael de La Hoz me gusta mucho, me parece espectacular tanto por fuera como por dentro.

En su interior, sus espacios diáfanos, sin pilares interiores, empleando los materiales más exquisitos, crean un ambiente especial.


El Auditorio, tal como indica la placa allí colocada, fue inaugurado por el Alcalde de Madrid el día 3 de junio de 2008. Rafael del Pino, el fundador, murió solo once días después.

Texto y fotografías: Mercedes Gómez
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Bibliografía:
- Carlos de San Antonio Gómez. “El Madrid del 98. Arquitectura para una crisis 1874-1918”. Biblioteca madrileña de bolsillo nº 4. Comunidad de Madrid 1998.
- COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.





























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