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Aunque no se conoce su origen con certeza, la historia del vino de Madrid es muy antigua. Uno de los pocos oficios mencionados en el Fuero de 1202, documento impagable que nos informa sobre la vida en el Madrid de los siglos XII y XIII, es el de vinateros o vinateras, taberneros o taberneras, dejando claro que era desempeñado tanto por hombres como por mujeres. Una de las rúbricas de esta ley medieval estaba dirigida a Quien comprare cubas. Los precios eran fijos, marcados por el Concejo, y el vender vino adulterado era objeto de multa.

A lo largo de la Edad Media creció el cultivo del viñedo y el vino se convirtió en un elemento importante dentro de la alimentación de los madrileños. Además era utilizado con fines sanitarios como medio para desinfectar y curar heridas. Y finalmente, no hay que olvidar su importancia fiscal, la alcabala o impuesto del vino fue uno de los más importantes debido a que su consumo era muy elevado. En definitiva, poco a poco aumentó su producción y comercio llegando a cumplir un papel esencial en la vida económica medieval madrileña.

Los dueños de los viñedos podían ser particulares; casi todos los vecinos tenían su viña que en su mayor parte trabajaban ellos mismos y solían cubrir sus propias necesidades. También el Concejo y la Iglesia; las iglesias y sobre todo los conventos era propietarios en muchos casos.

La buena conservación del vino era esencial, para ello se construían bodegas subterráneas, algunas con su propio lagar, donde se almacenaba en cubas de madera o tinajas de barro. Esto ocurría en los pueblos y también en la Villa, a lo largo de la Edad Media, y en siglos posteriores. A finales del XVI, con la llegada de la Corte y el aumento de la población y por tanto del consumo prosperaron los oficios relacionados con la elaboración y venta de vino, bodegueros, taberneros, tinajeros…

BODEGAS SAN BLAS_10

En la calle de San Blas nº 4, a espaldas de la calle Atocha 111, existe una antigua bodega convertida en restaurante, quizá la única de estas características que se conserva en el centro de Madrid. Es uno de esos tesoros ocultos y abandonados, llamados a desaparecer, que a veces se salvan y salen a la luz gracias a particulares que reconocen su valor histórico y ponen todo su empeño en su conservación y rehabilitación.

El edificio bajo el que se cobija y el solar también esconden su historia.

La Bodega de los Secretos se encuentra en la manzana 255 que comenzaba a numerarse por la calle de Atocha, seguía por San Pedro, San Blas y Alameda para volver a Atocha, denominaciones que ya aparecen en el plano de Pedro Texeira.

Texeira, 1656 (detalle)

Texeira, 1656 (detalle)

El solar de la calle Atocha, esquina San Pedro y vuelta a San Blas, que un siglo después sería la Casa nº 6 de la manzana 255, a mediados del siglo XVII estaba ocupado por cinco casas. Una de ellas pertenecía a Pedro Martínez de la Membrilla, tabernero. Parece que en este lugar de la calle de Atocha ya se vendía vino hace más de trescientos cincuenta años.

Sabemos por la Planimetría General de Madrid que a mediados del siglo XVIII la Casa nº 6 era propiedad de la Congregación de San Felipe Neri de seglares siervos de los pobres-enfermos del Real Hospital General, situado al otro lado de la calle, hoy sede del Museo Reina Sofía. Era una asociación religiosa de beneficencia constituida por seglares.

Manzana 255. (Espinosa, 1769)

Manzana 255. (Espinosa, 1769)

Es posible que entonces fuera construida la bodega, quién sabe si sobre alguna construcción anterior, como veremos.

Sobre este solar –actuales números 109 y 111 de la calle Atocha–, en distintas épocas fueron construidos otros edificios. En 1874 las casas correspondían a los números 137, 139 y 141.

Plano Gral. Ibáñez Ibero (h. 1875)

Plano Gral. Ibáñez Ibero (h. 1875)

Sabemos que en 1897 Melchor Vega era el dueño de una tienda de vinos en el nº 139 de la calle Atocha, establecimiento que estaba abierto desde 1875. Ese año don Melchor solicitó al Ayuntamiento una licencia para continuar, que le fue concedida. A las puertas del siglo XX, allí se vendía vino, como a mediados del XVII.

La bodega contaba con todas las oficinas necesarias para la elaboración de vinos y una gran cueva de cañones seguidos con sus útiles para la colocación de las tinajas que sirven para la conservación de los vinos, cuyos calados y bodega se introducen en los perímetros de las tres casas.  Así consta en la escritura firmada en 1921 por un representante de la Congregación de San Felipe Neri conservada en el Archivo General de Protocolos.

Por otra parte, es curioso leer en la Constituciones de la Congregación de 1899, en su capítulo XIV, Que se repartan las cenas y el vino, cómo los Hermanos acabada la cena repartían a los enfermos del Hospital bizcochos y vino tinto, atendiendo con especialísimo cuidado a los que, por su total inapetencia, no hubiesen cenado, supuesto se sabe por experiencia que este socorro les sirve de alimento y medicina respecto a su achaque.

Derribadas las casas antiguas que tenían un máximo de dos plantas, se construyeron los edificios actuales. El de la calle de Atocha 111, y fachada posterior a la de San Blas fue obra del arquitecto Emilio Antón Hernández.

ext manzana 255

La cornisa del nuevo edificio fue adornada con la imagen de San Felipe Neri, patrón de la Congregación.

Calle Atocha 111

Calle Atocha 111

La entrada y bajada a la bodega está en la calle de San Blas nº 4.

BODEGAS SAN BLAScalle

Como hemos visto, las construcciones se han ido sucediendo, desde las modestas casitas del XVII hasta estos edificios de seis plantas obra del siglo XX. Lo más sorprendente es que el sótano continúa ocupando todo el solar de la antigua Casa nº 6 propiedad de la congregación religiosa en el siglo XVIII, más de 300 metros cuadrados bajo las viviendas de Atocha nº 109 y 111 con vuelta a San Pedro y San Blas 2 y 4.

A pesar de los derribos y nuevas edificaciones, el sótano de galerías y bellas bóvedas de ladrillo se ha mantenido casi inalterable a lo largo del tiempo. Aunque llegó a estar en un estado lamentable, hace algo más de diez años comenzó su recuperación.

La Bodega en efecto está llena de secretos. Está formada por cuatro galerías que en cierto modo recuerdan la forma de un claustro irregular. Cuatro lados, diferentes, de un espacio algo laberíntico. De la galería mayor, espaciosa y altos techos, paralela a la calle San Blas, a la que llegamos tras bajar unas modernas escaleras de hormigón, parten otras dos que al final se unen por un pequeño túnel abovedado.

BODEGAS SAN BLASgaleria1alta

Ambas galerías están jalonadas por una serie de grandes hornacinas donde se debían situar las tinajas que contenían el vino.

BODEGAS SAN BLASrincon

Algunas diferencias entre ambas galerías sugieren la posibilidad de que fueran construidas en épocas distintas. La primera, podría ser más antigua, es muy sencilla, estrecha, poco más de dos metros de alto. La construcción es de ladrillo excepto el centro, el corazón de los pilares, de los gruesos muros que soportan los arcos, que tienen un refuerzo de sílex.

 galeria 1 silex

silex

Después de atravesar el breve túnel que une ambas…

BODEGAS SAN BLAStunel abovedado

… llegamos a la otra galería, mayor en todos los sentidos. Por sus dimensiones, mayor anchura, altura y longitud, y por sus detalles decorativos y arquitectónicos más complejos.

BODEGAS SAN BLASarcos

Las bóvedas rebajadas son espléndidas, cuidadas construcciones  llenas de detalles.

 BODEGAS SAN BLASboveda2

BODEGAS SAN BLASboveda1

Algunas de las bóvedas de esta galería muestran unas decoraciones que nos recuerdan las elaboradas construcciones de las pechinas de algunas iglesias.

BODEGAS SAN BLASpechina

Hay que resaltar la magnífica restauración y rehabilitación del espacio realizada por su propietario Raúl Muñoz. Gracias a su tesón y esfuerzo se han conservado todos los elementos constructivos y los materiales en la medida de lo posible. Tanto los más antiguos como los de épocas más recientes, todos testigos de las diferentes etapas en la historia de esta singular construcción.

En las zonas en que el deterioro era tan grande que no se podían recuperar, los ladrillos fueron sustituidos por otros realizados a la antigua usanza en una fábrica artesanal en Arévalo en la que milagrosamente se continúan haciendo a mano, como hace siglos.

Tras uno de los muros apareció un largo y misterioso pasadizo cuyo comienzo se puede contemplar gracias a un espejo colocado con acierto. Su probable destino era el Hospital General con el cual seguro se comunicaba la bodega.

pasadizo

Durante las obras también aparecieron restos de las antiguas tinajas y su soporte. Alguna de las bóvedas muestra parte de estos recuerdos.

tinaja

Otras guardan vino, como en el pasado. Las demás se han convertido en acogedores rincones.

BODEGAS SAN BLAS_06

La Bodega de los Secretos, un restaurante que hace honor a su nombre, en la calle de San Blas nº 4, a un paso de las Serrerías Belgas, Caixaforum, el Jardín Botánico…. Además de un lugar donde comer bien y estar a gusto, un precioso ejemplo de arquitectura del Madrid subterráneo, un retorno al pasado y una lección de historia.

Texto : Mercedes Gómez
Fotografías : Carlos Rodríguez Zapata

Nota:
Esta entrada ha visto la luz gracias a la ayuda de varias personas.
Gracias a Raúl Muñoz, por rehabilitar la antigua bodega con tanto cariño y cuidado, haber investigado su pasado acudiendo a los Archivos y facilitarnos toda la información.
Gracias a Alberto Villar por mostrarnos y contarnos todos los “secretos” de este restaurante que dirige y conoce tan bien.
Y por supuesto gracias a Carlos R. Zapata que “descubrió” el lugar, me llevó a conocerlo y realizó unas fotografías preciosas, como suele hacer siempre y podéis comprobar en su web.

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Bibliografía:

Puñal Fernández, Tomás. “La producción y el comercio de vino en el Madrid medieval”. En la España Medieval nº 17. Ed. Complutense. Madrid 1994.
Manuscrito Libro de las casas y calles de Madrid Corte de España. 1658. Transcripción de Roberto Castilla.
Planimetría General de Madrid

Queridos amigos:

Como ya contamos el mes pasado, después de unas largas obras de restauración y rehabilitación, por fin tenemos la posibilidad y el placer de conocer las Serrerías Belgas desde dentro, convertidas en la flamante sede del centro Medialab Prado que ha sido inaugurado y abierto al público. Si aún no habéis visitado el magnífico edificio ni conocéis la actividad de Medialab y os apetece, tenemos una buena noticia:

Todos los jueves a las siete de la tarde se puede asistir a una interesante y divertida visita guiada, una actividad organizada dentro del programa Hacer Barrio cuyo objetivo es dar a conocer tanto la memoria urbana del edificio de la antigua Serrería como el proyecto actual de Medialab-Prado.

Comienza la visita con una presentación acerca de la historia de la antigua fábrica enmarcada en los inicios de la industrialización madrileña y el progreso científico.

Después a lo largo del recorrido, además de la historia de las Serrerías Belgas y sus fundadores, vamos conociendo algunos de los interesantes talleres que han realizado o aún están desarrollando los amigos de Medialab. Como la creación de tipografías libres, que podemos descargar de su web, a partir de los tipos utilizados en la fachada de la antigua Serrería, que han sido bautizadas con los nombres de la Serrería Sobria y la Serrería Extravagante.

rotulos cenicero

tipografias

Durante la visita tenemos la oportunidad de ver cómo funcionan las impresoras 3D, de las que ya hablamos en el artículo anterior y despertaron toda nuestra curiosidad.

impresora3D

Son prototipos construidos en este taller de los que surgen sorprendentes objetos de plástico.

impresion

Son solo unos ejemplos. Aquí podéis conocer todo su trabajo y proyectos: Medialab-Prado.

Y mejor, podéis asistir a la Visita guiada: todos los jueves a las 19 h. (excepto durante el mes de agosto), en la entrada del Medialab-Prado, Plaza de las Letras.

Mercedes

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Artículos anteriores:

Serrerías Belgas
Serrerías Belgas (II)
Serrerías Belgas (III). Medialab Prado.

Queridos amigos, tenemos una buena noticia:

el próximo martes 23 de abril, el Día del Libro, da comienzo un nuevo ciclo de conferencias organizado por el Instituto de Estudios Madrileños, que tendrá lugar en el siempre apetecible Museo de San Isidro o de los Orígenes, en la plaza de San Andrés. En esta ocasión el tema elegido es el Barrio de las Letras.

Hasta el 11 de junio, serán seis charlas sobre su historia, edificios y la magnífica rehabilitación llevada a cabo a lo largo de los últimos años, impartidas por algunos de sus mejores expertos.

Confes Bario de las Letras

Los temas son todos muy interesantes. Las fuentes documentales para el estudio del barrio de las Letras en el Archivo de Villa; la calle del León, barrio de los escritores; la propiedad del duque de Lerma en el Prado; el Ateneo; el comercio en la zona…

Todas las conferencias son a las 7 de la tarde. La entrada es libre.

Si os apetece asistir, aquí podéis descargar el programa completo.

Un bonito tema para aprender cosas nuevas, y un barrio para pasear y disfrutar. Espero que os guste.

Mercedes

El Palacio del Conde de Tepa se encuentra en la calle de San Sebastián nº 2, frente a la Parroquia del mismo nombre, con fachadas a esta calle, a la de Atocha y a la plaza del Ángel, en uno de los barrios más bonitos de Madrid, el Barrio de Las Letras. La plaza de Santa Ana, Huertas, Lope de Vega… es un auténtico placer pasear por estas calles y plazuelas.

Fue construido entre los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX por Jorge Durán, en piedra y ladrillo alrededor de dos patios, al estilo neoclásico, aunque la historia del lugar es mucho más antigua, como veremos.

Su transformación en viviendas al final del siglo XIX y la instalación de distintos locales comerciales a lo largo del siglo XX fueron eliminando casi todas las huellas del antiguo palacio, que llegó a estar muy deteriorado. Recientemente ha sido convertido en un lujoso hotel de cinco estrellas, magníficamente restaurado por los arquitectos Javier Feduchi Benlliure y Werner Durrer.

Calle de San Sebastián esquina Atocha. Febrero 2011.

Durante las obras de rehabilitación se realizó la correspondiente intervención arqueológica, gracias a la cual han salido a la luz los espectaculares restos del Viaje de Agua de La Castellana, que surtía a las “Casas situadas frente a la Parroquia de San Sebastián” durante los siglos XVII y XVIII, y después probablemente al Palacio del Conde de Tepa, hasta la llegada del Agua a Madrid, ya mediado el siglo XIX.

Cuando el pasado mes de mayo iniciamos la serie de artículos dedicados a los Viajes de Agua, intentando llamar la atención sobre la existencia de restos de este importante y singular elemento del Patrimonio Histórico madrileño, decíamos que ojalá alguna vez pudiéramos disfrutar en Madrid de un Museo de los Viajes de Agua, y conocer cómo eran y cómo funcionaban gracias a los tramos conservados bajo el subsuelo.

De momento, ha sido una grata sorpresa el descubrir la existencia de estos vestigios bajo los cimientos del antiguo palacio y la forma en que se han conservado en el nuevo hotel bajo un suelo acristalado sobre el cual podemos caminar y contemplar todos los elementos hallados.

Cuatro paneles informativos muy detallados completan el pequeño museo. El primero de ellos nos cuenta la historia del solar que ocupa el palacio. Sus orígenes como suelo urbano se remontan a mediados del siglo XVI, época en que se produjo un gran crecimiento en la población y urbanización de la Villa.

Nada más iniciarse el siglo XVII Francisco González Heredia adquirió el solar y construyó una casa-palacio que probablemente pervivió hasta la construcción del edificio actual.

Como indica una placa en la fachada, allí estuvo la Fonda de San Sebastián, donde se reunían los literatos de la época de Carlos III, los literatos de la Ilustración, constituyendo la tertulia más famosa e influyente de la época.

El segundo panel describe la etapa que va desde la creación del Palacio a finales del siglo XVIII hasta la actualidad.

El Palacio fue encargado por el primer Conde de Tepa al arquitecto Jorge Durán, proyecto aprobado por la Villa de Madrid y su Arquitecto Mayor, entonces Juan de Villanueva, aunque finalmente el edificio construido fue más sencillo que el inicialmente diseñado.

El tercer panel está dedicado a los Viajes de Agua. El de la Fuente Castellana construido a partir de 1612, atravesaba parte del palacio, de forma que durante la intervención arqueológica han aparecido restos de la gran obra hidráulica, perfectamente detallados en el cuarto y último panel.

Un esquema de la planta de los elementos conservados ayuda a identificar los restos que se hallan bajo nuestros pies. El aljibe, de cuyo interior se muestran fotografías. Unas escaleras nuevas llegan hasta la entrada a la galería.

Junto al pozo de registro, uno de los restos más bonitos, que estimulan nuestra imaginación y nos trasladan a los tiempos en que este era el medio por el que el agua llegaba al palacio, un pilón de granito.

Recordemos que el Viaje de la Castellana abastecía a 11 fuentes públicas, con 147 aguadores y 85 fuentes particulares. Una de ellas, la de la casa-palacio frente a la Parroquia de San Sebastián.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Hotel NH Palacio Conde de Tepa
entrada Plaza del Ángel nº 10.

Manuel Pereira (II).-

Como ya vimos en el artículo dedicado a su escultura de San Bruno, Manuel Pereira nació en Oporto el año 1588. Además de su obra, hoy me gustaría que conociéramos un poco mejor cómo fue la vida de este escultor barroco en el Madrid del Siglo de Oro y que demos un paseo desde la actual calle de Lope de Vega, donde vivió, hasta la de Cañizares, donde se encuentra la iglesia que acoge otra de sus espléndidas tallas, el Cristo del Olivar.

Diapositiva1

Antigua C/ de Cantarranas, actual C/ de Lope de Vega. (Texeira, 1656).

En los comienzos del siglo XVII Pereira se trasladó a Madrid y se instaló en el Barrio de las Letras.

Trinitarias

El Barrio de las Letras, de los Literatos, de las Musas, o del Parnaso, por todos estos nombres se le conoce debido a la cantidad de escritores y artistas que lo habitaron. Resulta muy grato recorrerlo, perfectamente rehabilitado durante los últimos años; por algunas de sus calles parece haberse detenido el tiempo. Con un poco de imaginación, casi respiramos el aire que sus antiguos habitantes compartieron. Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Luis de Góngora… y Manuel Pereira.

Pereira vivió en la calle de Cantarranas, actual calle de Lope de Vega, desde poco después de su boda hasta su muerte.

calle de Lope de Vega

La vivienda del escultor estaba en la casa contigua a la que Francisco de Quevedo había comprado en la entonces llamada calle del Niño, esquina con la de Cantarranas (como ahora nos recuerda una lápida dedicada al literato, en la calle que ahora lleva su nombre, Quevedo esquina Lope de Vega), en la que por cierto antes había vivido Góngora durante más de diez años. Al parecer Quevedo nunca vivió en ella, pero frecuentaba las tabernas, casas de juego y mancebías del barrio, establecimientos a los que era muy aficionado, que en la zona convivían con las iglesias y conventos.

Pereira se casó en 1625, por tanto tenía ya 37 años, con María González de Estrada, que entonces contaba con solo 18 años de edad. Tuvieron varios hijos, únicamente dos de ellos sobrevivieron a su longevo padre. Su esposa murió con tan solo 47 años. En contra a lo que era habitual en aquellos tiempos, nunca volvió a casarse, se declaró Familiar del Santo Oficio, o colaborador laico de la Inquisición, y vivió dedicado a sus tareas de escultor, y entregado a una religiosidad propia de aquella época, con sus luces y sus sombras.

Como decía, además de la de San Bruno, en Madrid se conservan otras obras de este gran escultor; en la Iglesia de San Antonio de los Alemanes, y en la de San Plácido. Y, quizá la más desconocida, el Cristo Crucificado que se encuentra en el Oratorio del Santo Cristo del Olivar, en la calle de Cañizares nº 4.

Diapositiva2

C/ de Cañizares, 4 (en el plano de Texeira es la C/ de San Sebastián, frente a la iglesia del mismo nombre. 1656).

El templo primitivo, el antiguo Oratorio del Cristo del Olivar de la Congregación de los Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento, fue construido en 1647 por Manuel Aguiar, y reconstruido por Enrique María Repullés y Vargas a principios del siglo XX, en piedra y ladrillo, a imitación de la arquitectura barroca del siglo XVII.

A dicha congregación pertenecieron escritores como Lope, Cervantes, Quevedo y Calderón de la Barca.

fachada

El Cristo Crucificado antes estaba colocado en un altar lateral, actualmente preside el Altar Mayor, enmarcado en un retablo de madera, lugar que sin duda le corresponde, pero que lo aleja del espectador e impide admirar la escultura tan bien como desearíamos. Fue realizado por Manuel Pereira el mismo año de construcción de la iglesia, 1647.

Altar Mayor

Cristo

Es un ejemplo perfecto de su escultura, elegante, de figura delgada, transmitiendo más sentimiento que dramatismo, en “actitud de súplica al Padre”, con la cabeza levantada.

Pereira también realizó una Virgen y un San Juan que componían un Calvario junto al Cristo, pero estas dos esculturas fueron destruidas durante la guerra junto al resto de imágenes de la iglesia. Únicamente sobrevivieron dos joyas, la magnífica Virgen Nuestra Señora del Rosario, realizada en el siglo XVIII por Luis Salvador Carmona, digna de ser visitada otro día, y este Cristo del Olivar, de Manuel Pereira.

por Mercedes Gómez

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Diapositiva1

De la calle de Lope de Vega a la de Cañizares

Fuentes:

Planimetría de Madrid.
Arquitectura de Madrid. COAM Madrid 2003.
www.parroquiaolivar.com
J. URREA. Introducción a la escultura barroca madrileña. Manuel Pereira.
M. AGULLÓ. Manuel Pereira: aportación documental.

La Casa-Museo de Lope de Vega, en la calle de Cervantes número 11, en pleno Barrio de las Letras, es, en mi opinión, uno de los lugares más bonitos de Madrid, y quizá uno de los museos más desconocidos.

Dentro de pocos días hará un año en que se anunció su rehabilitación.

exterior1

El Museo fue cedido por la Real Academia de la Historia, propietaria de la casa desde que en 1935 se hiciera cargo de su restauración, a la Comunidad de Madrid, con el fin de que ésta se haga cargo de su gestión, la potencie como museo y centro cultural para la ciudad, y le de todo el valor que se merece como Casa que fue de uno de los grandes escritores de todos los tiempos.

Hoy tenemos una buena noticia: se anuncia la inauguración del renovado Museo.

Además de la aplicación de medidas de conservación a todo el edificio y acondicionamiento, básicamente las obras han consistido en la rehabilitación de la planta baja con el fin de que pueda acoger diversas actividades de índole cultural (conferencias, talleres literarios, recitales de poesía, etc.) sobre todo encaminadas a dar a conocer el Siglo de Oro español, cuyo principal escenario no olvidemos fue la Villa de Madrid. Vecinos de Lope fueron Cervantes y Quevedo, entre otros.

La Casa conserva todo el encanto que le otorga el ser un fiel reflejo de lo que podía ser una casa común del siglo XVII en Madrid y que reconstruye con bastante fidelidad la casa en la que vivió el autor desde que la compró en 1610 hasta su muerte en 1635.

El ambiente recreado es perfecto. Libros de la época -gracias a la Biblioteca Nacional-, pinturas magníficas como las que pudieron adornar las estancias cuando el autor las habitaba -cedidas por el Museo del Prado y el cercano Convento de las Trinitarias-, o mobiliario procedente del Museo de Artes Decorativas, permiten al visitante realizar un verdadero viaje a otra época e imaginarse al dramaturgo en su huerto o subiendo por las escaleras de madera hacia los aposentos de la casa.

En la planta baja, tras atravesar el zaguán, se accede al pequeño jardín, con su palomar, sus árboles frutales y el pozo, que es el original, no así el brocal que fue reconstruído. Aunque parezca mentira, pues nos encontramos en el centro de Madrid, el único sonido que percibimos es el canto de los pájaros.

jardin1

pozo1

palomar1

Visitamos el Oratorio, donde el propio Lope, sacerdote desde 1614, oficiaría la misa. Una figura de San Isidro, del siglo XVII, preside el altar. Las alcobas; la habitación destinada a los huéspedes, en la que el Capitán Contreras tantas veces se alojó, que allí, sobre un sofá junto a la cama, descansa una espada en su recuerdo. El comedor, la cocina…

escalera

comedor

El estudio de Lope, y junto a él, el estrado, la habitación más curiosa para nosotros, lugar de reunión donde las damas solían recibir a las visitas, mientras quizá los hombres mantenían su tertulia en el estudio. Los estrados consistían en una tarima de madera o corcho sobre la que se colocaban alfombras y grandes almohadones, los cuales hacían las veces de sillas para las señoras que allí podían dedicarse a charlar. En estas estancias también había sillas, donde se sentaban los personajes importantes, o banquetas, lugar común donde se sentaban los hombres, al contrario que las mujeres que se sentaban sobre sus piernas cruzadas. Como vemos, las diferencias entre los hombres y las mujeres eran entonces abismales, afectando incluso a la forma de sentarse.

estrado

estudio

Lope de Vega dejó una gran obra y vivió una vida azarosa. Nació en Madrid, y aquí murió; tuvo varias mujeres, hijos, y también amantes aún después de ser ordenado sacerdote -con aparente especial predilección por las actrices de su teatro-. Como buen personaje del siglo XVII, conoció la cárcel y el destierro, al parecer también la guerra como voluntario de la Armada Invencible, los conflictos con sus colegas,… y la gloria como dramaturgo.

A partir de hoy será más fácil visitar la que fuera Casa del gran maestro del Siglo de Oro, pues estará abierta incluso los domingos, y tal vez animarnos a conocer un poco mejor a don Félix Lope de Vega y Carpio, Fénix de los Ingenios.

Casa-Museo Lope de Vega. Cervantes, 11. Martes a domingo, de 10.00 a 15.00. Entrada gratuita. Lunes cerrado

Fuentes:
González Martel, J.Manuel. “Casa Museo de Lope de Vega. Guía y Catálogo“. Madrid 1993.
DocuMadrid. “El Madrid de Velázquez”. Madrid 1999

Texto y fotografías por:  Mercedes Gómez

artedemadrid@gmail.com
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