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En las afueras de la Puerta de Alcalá, frente al Retiro, a mediados del siglo XIX apenas había construcciones, la única de importancia era la Plaza de Toros. Existía sobre todo una gran extensión de terreno sin edificar, la construcción del Barrio de Salamanca aún no había comenzado. Solo unos Paradores donde las diligencias paraban a repostar, como el de San José, al borde de la carretera de Aragón, hoy calle de Alcalá, y poco más.

Coello y Madoz (1849)

Coello y Madoz (1849)

El barrio fue proyectado en 1860 por Carlos María de Castro dentro del proyecto de Ensanche de Madrid. Sin embargo en 1864 se construyeron los Jardines llamados de los Campos Elíseos, que ocuparon los terrenos entre las actuales calles de Velázquez, Alcalá, Castelló y Goya. El gran parque de recreo contaba con atracciones como una montaña rusa, tío vivo… café, restaurante, salón de baile, un teatro, una ría navegable, casa de baños… incluso una pequeña plaza de toros. El parque aparece representado en el Plano de Madrid de 1866 junto con las primeras manzanas edificadas y el trazado de las proyectadas.

J.Merlo, F.Gutiérrez y J. de Rivera (1866)

J.Merlo, F.Gutiérrez y J. de Rivera (1866)

Los madrileños Campos Elíseos fueron inaugurados en junio y los periódicos de la época publicaron la crónica del acontecimiento y alguno de ellos incluyó bonitos dibujos del lugar.

La ría (El Museo Universal, 1864)

Vista de la ría (El Museo Universal, 1864)

Tras la demolición de la Cerca que rodeaba Madrid desde el siglo XVII y la apertura del Retiro que había pasado a manos municipales en 1868, y sobre todo tras el avance de la construcción del barrio de Salamanca, en la década de los 70 comenzó la destrucción de los Campos Elíseos.

Llegaron a ser el centro de recreo más importante del Madrid de Isabel II, aunque por poco tiempo. No se comprende cómo un proyecto tan ambicioso se llevó a cabo en unos terrenos destinados a la creación de un nuevo barrio. Como era de prever, a medida que se iban levantando nuevas manzanas los jardines fueron desapareciendo.

La calle de Castelló nació en 1880. El día 14 de junio le fue asignado este nombre por acuerdo municipal, en homenaje a don Pedro Castelló, que había sido médico de cámara de Fernando VII. Desde las calles de Villanueva y Alcalá, hacia el norte, atravesaba los terrenos donde antes estuvieron los Jardines.

En su inicio, en el nº 5 actual, se conserva uno de los edificios más antiguos, levantado por Valentín Roca Carbonell en 1892. En su planta baja aún existe “desde que se hizo la casa”, una Fábrica de churros, patatas fritas y frutos secos.

Castelló nº 5

Castelló nº 5

Junto a las casas destinadas a viviendas se construyeron otros edificios de tipo industrial, más de lo que podíamos imaginar al comenzar nuestro paseo por esta elegante calle, una de las más representativas del barrio de Salamanca.

En el nº 18 C, en el interior de la manzana, se conserva una nave de ladrillo, ejemplo de arquitectura industrial, único recuerdo de la antigua fábrica que se construyó a finales del siglo XIX, la Fábrica de Platería Espuñes.

nave copia

En los comienzos del XX, esta manzana, entre Jorge Juan y Goya, aún estaba ocupada por un jardín, el Jardín de la Rosa. Solo la esquina de Castelló con Goya estaba ocupada por la fábrica.

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

Había sido fundada en 1840 por Ramón Espuñes, quien se estableció en la calle del León, cerca de la Real Fabrica en la que había comenzado a trabajar, la Platería Martínez. Después se trasladó a la calle del Doctor Fourquet, y en 1871 a la Ronda de Atocha.

Don Ramón murió en 1884, su hijo Luis pasó a dirigir la fábrica que construyó en la calle Goya y que la prensa calificaba de suntuosa y grandiosa, con una superficie de unos 30.000 pies. En 1897 trabajaban en ella ochenta operarios que creaban objetos de todo tipo, desde sencillas cuberterías hasta grandes obras de arte. Un gran salón de máquinas, fundición, magníficos talleres de bruñidores y estuchistas, y una chimenea de 25 metros de altura conformaban la Platería.

La Ilustración Española y Americana (15 nov. 1907)

La Ilustración Española y Americana (15 nov. 1907)

La nave a espaldas de la calle Goya fue construida en 1920 según proyecto del arquitecto Gonzalo Aguado.

En 1999 fue rehabilitada por Enrique Bardají para albergar la tienda de diseño Vinçon, que al no obtener el éxito esperado vendió el local. El pasado año 2012 fue adquirida por la Fundación Botín. Nuevas obras la acondicionaron para acoger su sede madrileña.

(El País 28 ene. 2012)

(El País 28 ene. 2012)

Como vemos en el plano de Facundo Cañada, la otra manzana frente a la nave estaba ocupada por el Lavadero de Jorge Juan.

Sobre el antiguo Lavadero, entre 1924 y 1925 Antonio Palacios construyó la Subestación Eléctrica de la Compañía Metropolitana que ya visitamos en abril de 2011. Entonces estaba en obras, ahora su fachada luce resplandeciente.

Castelló  21

Castelló 21

Nos acercamos a la calle Goya en cuya esquina de los números pares donde hace años estaba la Platería ahora hay un edificio moderno.

Enfrente, en la esquina de los impares, con entrada por Goya 32, junto al solar del Lavadero, entre 1907 y 1909 se levantó el edificio de José Espelius promovido por su hermana Mª Ángeles, de decoración exterior monumental, en la que llaman la atención las ménsulas en forma de cabeza de elefante que sostienen los balcones.

elefantes

Al otro lado de Goya, la calle de Castelló sigue su camino. Por hoy nos detenemos ante la singular fachada de madera de un viejo taller de zapatería.

castello zapateria

Es otro de los establecimientos tradicionales del barrio, como la fábrica de patatas fritas que encontramos en el comienzo del paseo, que conviven con elegantes tiendas de moda y modernos supermercados, bares y restaurantes.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.

Según cuentan las crónicas, el culto a la imagen de Nuestra Señora de las Maravillas es muy antiguo, anterior al siglo XVI, aunque su iglesia madrileña, que hoy se conserva en el barrio al que dio nombre, fue construida en los comienzos del siglo XVII.

Su origen se remonta al año 1613 cuando una de las muchas damas piadosas de la época doña Juana de Barahona fundó en una pequeña casa de la calle de Fuencarral el Beaterio de Recogidas Terciarias Carmelitas. En 1616 se trasladó a la calle de la Palma instalándose junto a la ermita de San Antón que allí se hallaba. Eran los tiempos en que estas calles eran las afueras al norte de la Villa. Aún faltaban unos años para que se construyera la Cerca de Felipe IV y este barrio quedara en ella encerrado. Muy cerca se abriría la Puerta de Maravillas.

Hacia 1624 las beatas se constituyeron en Comunidad, fundando el Convento de Carmelitas Calzadas Recoletas de San Antonio Abad, al cual el 1 de febrero de 1627 llegó, tras muchos avatares, la imagen de la Virgen. El Monasterio pasó a llamarse de Nuestra Señora de las Maravillas y bajo el patronazgo de Felipe IV que otorgó una renta anual al cenobio, se construyó la actual iglesia, que se cree fue inaugurada el 2 de febrero de 1647.

De una sola nave, realizada en ladrillo visto, con capillas laterales y un pórtico en la esquina de la calle de la Palma con la entonces calle de San Pedro -hoy del Dos de Mayo-, con arcos de piedra de medio punto, la Guía de Arquitectura del Colegio de Arquitectos atribuye su proyecto a Alonso Carbonel, y el comienzo de las obras hacia 1621 a Cristóbal de Aguilera. Texeira la dibuja en su plano con mucho detalle.

Plano de Texeira 1656

Plano de Texeira 1656

A lo largo de los siglos ha sido objeto de varias reformas, la más importante en el siglo XVIII, a partir de 1770, transformando algunos de sus elementos barrocos en neoclásicos, sobre todo en su interior. El arquitecto Miguel Fernández, por entonces responsable de la sección de Arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, construyó un nuevo retablo en sustitución del anterior barroco. Igual que el de San Antonio de los Alemanes, del mismo autor, es de mármol, y contó con la colaboración del escultor Francisco Gutiérrez.

En el exterior se construyó la puerta de entrada en la calle de la Palma en granito con pilastras toscanas y un frontón.

calle de La Palma 28.

Calle de La Palma 28.

Con el siglo XIX llegaron tiempos difíciles, como sabemos durante la guerra de la Independencia el barrio fue uno de los escenarios protagonistas. Unos años después, un suceso marcó el devenir de la historia de la iglesia y del vecindario: en 1869 las Carmelitas fueron expulsadas y el Convento derribado.

Convento de Las Maravillas (Museo de Historia)

Convento de Las Maravillas (Museo de Historia)

En sus terrenos y parte del antiguo Cuartel de Artillería de Monteleón, además de algunas casas demolidas en la calle de San Andrés, se abrió la Plaza del Dos de Mayo que fue inaugurada ese mismo año.

Pl. del antiguo Parque de Artillería. Foto: J. Laurent (1860-66). Col.Ruiz Vernacci Fototeca Mº Cultura.

Pl. del antiguo Parque de Artillería. Foto: J. Laurent. (Col.Ruiz Vernacci. Fototeca Mº Cultura)

La parroquia intentó recuperar la imagen de la virgen que las monjas se habían llevado consigo, pero no fue posible, por lo que se construyó una copia.

Plaza del Dos de Mayo 2013

Plaza del Dos de Mayo (2013)

Tras la expulsión las religiosas sufrieron un largo peregrinar. En un primer momento fueron acogidas por las mercedarias del cercano Convento de Don Juan de Alarcón en la calle de Valverde, donde permanecieron hasta 1891 cuando se trasladaron al paseo del Obelisco, actual paseo del General Martínez Campos. Allí en uno de los hotelitos que había por entonces instalaron una capilla. Las dificultades económicas las obligaron a un nuevo traslado, siendo acogidas esta vez por las Comendadoras de Santiago. Siempre llevando con ellas la imagen de su venerada virgen.

Por fin, en los comienzos del siglo XX pudieron construir su nuevo convento, en la calle del Príncipe de Vergara 23, en el entonces floreciente barrio de Salamanca, al que se llamó de las Maravillas Nuevas. El autor del edificio, que consta de dos cuerpos de ladrillo y cimentación de piedra a ambos lados de la iglesia neogótica, fue Manuel Ortiz de Villajos, hermano de Agustín.

Monasterio de Nuestra Señora de las Maravillas. Príncipe de Vergara 23.

Príncipe de Vergara 23.

Pero antes de visitarla volvamos a la plaza del Dos de Mayo y entremos por fin en su bella iglesia de las Maravillas. Por esas mismas fechas, en los inicios del siglo XX se cerró el pórtico, espacio que fue destinado a dependencias parroquiales (actualmente en obras).

portico

Antiguo pórtico cegado. Entrada a la iglesia, calle del Dos de Mayo.

La puerta primitiva de la calle de la Palma hoy día está cerrada accediéndose a la iglesia por una entrada en la calle del Dos de Mayo, bajo el antiguo pórtico. Tras el modesto aspecto exterior, en su interior su única nave de planta de cruz latina esconde hermosos e inesperados tesoros.

Hagamos un inciso para recordar que la parroquia de San Justo, una de las más antiguas de Madrid, una de las Iglesias del Fuero anteriores a 1202, estaba situada entre la plaza del Conde de Miranda y la calle de San Justo, desaparecida a finales del siglo XVII. Por su parte, la iglesia de San Miguel de los Octoes, que conocimos gracias a Ruy Sánchez Zapata, había sido demolida en 1809… La parroquialidad de San Miguel se unió a la de San Justo en la actual Basílica de San Miguel. Finalmente, en 1890 la parroquia de los Santos Niños Justo y Pastor se trasladó a la de las Maravillas.

Esta es la causa de que algunas de las obras más valiosas de la actual parroquia de Nuestra Señora de las Maravillas y de los Santos Justo y Pastor procedan de la primitiva iglesia de San Miguel de los Octoes. La joya del templo, y una de las joyas de Madrid, es el Cristo de la Buena Muerte, una talla gótica del siglo XIV o XV, protegida tras una reja en la primera capilla a los pies de la Epístola.

cristo gotico

Pinturas de Juan Carreño, Pereda, dos de Zurbarán… Son muchas las obras de arte que merece la pena contemplar en esta iglesia de las Maravillas. Las espléndidas esculturas que flanquean el retablo del Altar Mayor, San Elías y Santa Teresa, patronos de los Carmelitas, son obra del mencionado Francisco Gutiérrez.

Durante la guerra civil ambos templos, el antiguo y el nuevo, como todo Madrid, sufrieron graves daños. Las dos imágenes de la Virgen de las Maravillas desaparecieron.

La nueva imagen de la antigua iglesia en el barrio de Malasaña fue realizada en 1940 por Ricardo Font.

altar

En el caso de la iglesia del Monasterio en la calle del Príncipe de Vergara la virgen es obra de Federico Coullaut Valera. La diminuta figura del Niño es la original pues se salvó.

Maravillas Principe Vergara int

En la fachada del Convento una banderola recuerda que las Monjas Carmelitas celebran el IV Centenario de la Fundación de su Comunidad (1613-2013).

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Pedro de Alcántara Suárez y Muñano. Historia de la sagrada imagen de Ntra. Sra. La Real de las MaravillasLérida 1874.
Félix Verdasco. Nuestra Señora de las Maravillas y de los Santos Justo y Pastor. Madrid 1999 (2ª edición: ampliación y notas de José Flores).
COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.

Este artículo está dedicado a María Rosa, que tranquilamente viaja por España y por el mundo, pasea por Madrid, y nos lo cuenta todo con mucho encanto.

La historia de la Iglesia de San Manuel y San Benito tiene todos los ingredientes para ser el escenario de una película ambientada en el Madrid de finales del siglo XIX, principios del XX. Su construcción a cargo de un matrimonio de pudientes burgueses, sus objetivos, su privilegiada ubicación cercana al Retiro y la Puerta de Alcalá, su arquitectura y obras de arte… y haber sido testigo de la historia de Madrid durante cien años.

Los protagonistas, Manuel Caviggioli y su esposa Benita Maurici, de origen italiano y humilde, nacieron en Barcelona, él en 1825, ella en 1819. No se sabe muy bien cómo, forjaron una gran fortuna. Afincados en Madrid desde jóvenes, consiguieron entrar en los círculos más aristocráticos.

Don Manuel proyectaba construir un templo panteón que una vez fallecidos guardara sus restos, así como una residencia para una comunidad religiosa que sería la encargada de dirigir una Fundación cuyo fin sería la instrucción gratuita de la clase obrera. Murió en 1901, y fue su viuda, doña Benita, la que finalmente puso en marcha el proyecto.

Las secuencias de la historia nos muestran cómo eran las relaciones de la alta burguesía con la Iglesia en aquellos tiempos y su influencia en la expansión de sus valores y enseñanzas. También describen una forma de beneficencia, de ayuda a las clases más bajas con el fin de facilitar su promoción cultural y social.

Don Manuel y doña Benita emplearon una parte de su dinero en la construcción de la iglesia y de la escuela, encomendadas a los Padres Agustinos. A cambio, en el futuro, deberían recordarles en sus plegarias celebrando misas y honras fúnebres mensuales y en fechas especiales. Junto a las sin duda buenas intenciones y creencias religiosas de la pareja, existía un deseo de perpetuar su memoria y dejar constancia de su poder. Todo ello lo lograron.

El irregular solar, de su propiedad, entre las actuales calles de Alcalá, Lagasca y Columela, frente al Parque del Retiro, era de los pocos que por entonces quedaban por construir en aquel emergente Barrio de Salamanca en el Ensanche de Madrid. El arquitecto elegido fue Fernando Arbós y Tremanti, uno de los más notables en aquellos momentos, quien construyó la iglesia en estilo neobizantino.

La primera piedra de la llamada Iglesia del Salvador -luego de San Manuel y San Benito, en honor a sus impulsores-, y de las Escuelas gratuitas, fue colocada y bendecida en 1903. Doña Benita falleció al año siguiente, por lo que tampoco pudo ver finalizada la obra.

Cumpliendo sus deseos, el 30 de diciembre de 1910 tuvo lugar el traslado de los féretros desde el cementerio de la Almudena hasta el nuevo templo. En esos comienzos del siglo XX, cuando por la empedrada calle de Alcalá circulaban los carros, el 1 de enero de 1911 tuvo lugar la inauguración oficial.

Foto : Lacoste 1927 (memoriademadrid.es)

El exterior fue construido en piedra y mármol blanco, y la espléndida cúpula de cobre rojo. En la esquina entre las calles de Alcalá y Lagasca, donde se encuentran las entradas a la iglesia, fue situada una torre o campanile de planta cuadrada, de más 43 metros de altura.

El edificio de la Fundación, donde se instalaron las Escuelas para los jóvenes obreros, los otros personajes verdaderamente importantes en esta imaginaria película, se situó en la calle Columela. Allí continúa la inscripción “Fundación Caviggioli Maurici. Escuelas para obreros”.

Los requisitos para acudir a la Escuela eran sencillos: los alumnos debían tener entre 14 y 30 años, y saber leer y escribir. Podían escoger las asignaturas a cursar, además de Religión y Moral, se impartía Geografía, Historia, Contabilidad, Dibujo, Escritura, Francés, Inglés, etc. Tras la seguramente dura jornada laboral allí acudían albañiles, electricistas, torneros, sastres, tapiceros…

La Escuela funcionó hasta el comienzo de la guerra en 1936. La iglesia, convento y aulas se convirtieron en salón de baile, almacén, economato, biblioteca pública, y sede del Partido Comunista entre otras cosas.

Después de la guerra hubo varios intentos de reanudar la actividad docente, pero nunca se consiguieron los permisos. Hoy día alberga la sacristía, despachos parroquiales, aulas para actividad cultural y otras estancias.

El conjunto está rodeado por jardincillos y una bonita verja de hierro forjado, que desde el Retiro ofrece una imagen espectacular.

La iglesia de San Manuel y San Benito es de uno esos contados edificios en los cuales cuando entras por primera vez quedas admirado por su belleza. Nuevamente el mármol, blanco de Macael en el ábside semicircular que alberga el Altar Mayor, con adornos de varios colores. Otro de los detalles más singulares y bellos de este templo son los mosaicos que adornan las paredes y techos. Y las esculturas de Ángel García Díaz, que ya visitamos, y que nos siguen maravillando. En el centro del Altar se encuentra la figura de El Salvador que mide dos metros y medio, a los lados San Agustín y San José, todas ellas realizadas en mármol de Carrara.

Suyas son también las imágenes de las dos Capillas laterales, la de la izquierda, dedicada a Santa Rita, y la de la derecha que alberga los sepulcros de los fundadores.

Sobre el cuerpo central, la magnífica cúpula con mosaicos que representan a los evangelistas. A los pies, en el coro alto, uno de los mejores órganos de Madrid. En fin, todos los detalles son de gran riqueza artística.

La iglesia de San Manuel y San Benito, situada en la calle de Alcalá nº 83, ha cumplido cien años, y lo celebra entre otras actividades con una pequeña exposición en la que siete paneles nos resumen todo un siglo de vida.

También han editado un libro “San Manuel y San Benito. Centenario de la Iglesia 1911-2011″, que incluye toda la historia de la institución y detallada descripción del edificio y obras de arte.

Transcurridos cien años, en este soleado mes de octubre de 2011, junto a la viva parroquia circulan los automóviles en lugar de los carruajes de antaño, y su cúpula se refleja en los cristales de los modernos edificios que hoy día conviven con las construcciones centenarias del barrio.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

El Colegio Calasancio de Madrid, Colegio de las Escuelas Pías de San José de Calasanz de Padres Escolapios, fue fundado en 1922, en un edificio construido por el arquitecto Jesús Carrasco, autor de varias obras religiosas en los primeros años del siglo XX (iglesia parroquial de la Concepción de Nuestra Señora en la calle de Goya, la Basílica de Jesús de Medinaceli, etc.). Las fachadas de ladrillo visto estaban adornadas con elementos regionalistas, como torreones, molduras, arquerías, etc.

1944 (Foto: Archivo de la Hermandad el Divino Cautivo)

Durante la guerra fue requisado, y allí se instaló la conocida Cárcel de Porlier. Finalizada la guerra continuó funcionando como cárcel, hasta 1944 en que el centro fue devuelto a los Escolapios y el edificio fue reconstruido por Julián Laguna Serrano. Los elementos regionalistas, como aleros o torreones, desaparecieron.

20 abril 2011

Ese mismo año se fundó la Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús, el Divino Cautivo.

La institución ocupa la manzana entre las calles de Padilla, conde Peñalver, General Díaz Porlier y José Ortega y Gasset. En la calle del General Díaz Porlier se encuentra la entrada a la Capilla del colegio, una capilla pequeña y sencilla, que esconde además de mucha historia, una gran obra de arte, la imagen de un Cristo maniatado, la imagen de Jesús Divino Cautivo, tallada por Mariano Benlliure.

La obra fue sufragada por la Cofradía, el Colegio y una ayuda del propio autor, que había sido alumno escolapio, y fue entregada por el artista el día 5 de abril de 1944, hace 67 años.

Es una figura de tamaño natural, realizada en madera de nogal. Los músculos del cuerpo, los pliegues de la túnica… están representados a la perfección. La escultura es muy bella, sobre todo el rostro, y su impresionante mirada. Merece ser contemplada de cerca.

Al año siguiente el Divino Cautivo salió en procesión por primera vez, acompañando a la Procesión del Silencio, desde la Puerta del Sol. Desde 1994 la imagen recorre en solitario las calles del centro de Madrid.

Esta Hermandad sale en procesión dos días, en Jueves y Viernes Santo. El primer día, hoy Jueves Santo, a las 19,00 h., por su barrio de Salamanca. La calle del General Díez Porlier ya está preparada para la salida de Jesús el Divino Cautivo. Esperemos que la lluvia lo permita.

Y mañana Viernes Santo, a las 19,30 h., desde la Iglesia de Santa Cruz en la calle de Atocha.

por Mercedes Gómez

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Semana Santa en Madrid. Itinerarios Procesiones.


Otros artículos:

Iglesia del Santísimo Cristo de la Fe

La Fuente de los Niños, de Mariano Benlliure


El Museo o Centro de Interpretación del Metro de Madrid Andén Cero, tiene dos sedes, la Estación de Chamberí y la Nave de Motores de Pacífico. Quizá la más conocida es la antigua estación “fantasma”, la Estación de Chamberí perteneciente a la Línea 1 Cuatro Caminos-Vallecas, que fue clausurada en 1966. La estación permaneció abandonada tal como estaba el día que la cerraron, cuentan que hasta los billetes usados y tirados al suelo allí continuaron durante años. Ahora magníficamente restaurada, ofrece una especie de viaje en el tiempo, maravilloso. Las antiguas taquillas, los pasillos de azulejos, los anuncios de cerámica…  toda la decoración encantadora, con el sello de Antonio Palacios.

La otra es la Nave de Motores, cuya visita complementa perfectamente ese viaje que decíamos nos traslada a aquellos primeros tiempos del metro, y a otro Madrid, al Madrid de la primera mitad del siglo XX.

La primera línea del metropolitano fue inaugurada en 1919 y por aquellos años la Compañía eléctrica madrileña no garantizaba el suministro continuo. La Central Eléctrica de Pacífico se comenzó a construir en 1923 en una gran parcela propiedad de la Compañía, entonces a las afueras de Madrid, entre las calles de Cavanilles, Sánchez Barcaiztegui y Valderribas, para mejorar el funcionamiento de la red de Metro, solucionando dichas posibles faltas de suministro eléctrico.

Construcción de la Central en 1923

abril 2011

La obra fue dirigida por el Ingeniero Jefe del Metro, Carlos Lafitte, y el proyecto arquitectónico fue obra de Antonio Palacios, Arquitecto de la Compañía del Ferrocarril Metropolitano.

El conjunto estaba formado por una gran nave destinada a albergar la central eléctrica y varios edificios auxiliares para talleres, oficinas, etc., alguno de ellos desaparecido.

Tres motores diesel de 1.500 c.v. cada uno, fueron instalados en la nave. La gran potencia de esta central llegó a proporcionar energía a otras subestaciones e incluso a la ciudad. Durante la guerra suministró luz a la población madrileña.

Nave de motores

Poco después Palacios también construyó otras dos subestaciones eléctricas para el Metro, en los barrios de Salamanca y Chamberí. Dos edificios fabriles que se conservan en pleno centro de Madrid, el primero en la calle de Castelló nº 21, a un paso del Retiro.

Castelló, 21.

Actualmente una parte del edificio se encuentra cubierto por lonas de obra, pero se pueden apreciar los detalles en hierro de la puerta de entrada.

Detalle de la puerta. Castelló, 21.

Y el otro en la calle de Olid 9, cerca de la glorieta de Quevedo. Estos edificios, como toda la red, conservan el famoso logotipo del Metro también creado por el arquitecto.

Calle de Olid, 9.

En la Nave de Motores, como en todas sus obras, Palacios cuidó hasta el mínimo detalle, utilizando siempre los mejores materiales y colaborando con los mejores artistas.

Nave de motores. Detalle del suelo.

Nave de motores. Detalle muros.

En toda la red de metro, hoy día prácticamente desaparecidos, utilizó los azulejos blancos biselados y el cordón cerámico de reflejos metálicos, que aquí se conservan.

Detalle cerámica.

Con fachada a la calle de Valderribas números 40 y 42 se construyó otro edificio actualmente ocupado por el Ministerio de Defensa, que sirve, según me cuentan en el museo, de almacén.

Calle de Valderribas 40-42.

Enfrente se levantó el hotel destinado a vivienda del ingeniero de la Central, al parecer también hoy día destinado a almacén del metro.

Calle de Valderribas

En el exterior, además de otras instalaciones, se ubicaron cuatro depósitos de agua.

Con el tiempo, regularizado el suministro por parte de las compañías eléctricas, la central dejó de ser necesaria y en la década de los 50 cesó la producción de energía. En 1972 quedó clausurada.

En 1994 se ajardinaron los depósitos y algunas dependencias del conjunto fueron reconvertidas.

Entre los años 2006 y 2008 la maquinaria, así como la nave fueron restauradas. Desde entonces forma parte del Museo del Metro de Madrid.

La puerta de entrada se encuentra en la esquina de las calles de Valderribas y Sánchez Barcaiztegui, y lo primero que vemos es el Jardín, espléndido, cubierto de césped, flores y árboles de distintas especies. La visita a la Nave de Motores es además de interesante, muy bonita.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Andén Cero

Estación de Chamberí
Plaza de Chamberí s/n
Nave de Motores

Calle de Valderribas, 49 (esquina c/Sánchez Barcaiztegui)

Horario de visita
De martes a viernes de 11 a 19h
Sábado, domingo y festivos de 11 a 15h
Lunes cerrado

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Bibliografía:

Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid COIIM. Revista nº 49. 2010

COAM Guía de Arquitectura. Madrid 2003.

Subiendo por la calle de Goya desde la plaza de Colón, a la derecha, en el número 52, hay un edificio de solo dos plantas que llama la atención, sobre todo porque es distinto a la mayor parte de los que le rodean.

Está bastante deteriorado, parece abandonado, y desentona con los dos edificios de viviendas entre los que se encuentra, mucho más altos, con sus balcones y fachadas decoradas, más típicos del Barrio de Salamanca. Es una construcción de líneas muy simples, carente de ornamentación, algo “industrial”.

Se sabe que se trata de un Antiguo Dispensario Antituberculoso de la Seguridad Social, construido entre los años 1926 y 1928 por el arquitecto Amós Salvador Carreras. Y poco más. Pero sí hemos podido descubrir que la historia del solar y del dispensario es más antigua, se remonta al menos a los años finales del siglo XIX.

En el plano de Facundo Cañada, que representa el Madrid de 1900, la manzana -entre las calles de Alcalá, General Pardiñas, Goya y Francisca Moreno-, ya estaba construida (en color rojo), excepto tres de sus esquinas. En la de Alcalá había un jardín, y en las de Goya un solar (en color anaranjado).

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

La propiedad que nos ocupa tenía doble entrada, por la calle de Goya, y por la calle del General Pardiñas, por donde se accedía al jardín, también representado en el plano.

Por esa época, en la calle de Goya, y en todo el Barrio de Salamanca, aún había muchos solares disponibles, la zona urbanizada era sobre todo la zona próxima al Paseo de la Castellana.

En 1901 el doctor Verdes Montenegro fundó en Madrid el primer dispensario antituberculoso de España, en un “hotel” en la calle del General Pardiñas, 4. Fue el Dispensario Antituberculoso de Madrid, inaugurado por la reina Regente, doña María Cristina, y por el Ministro de la Gobernación, don Antonio Maura, que en 1908 fue cedido al Estado, reformado y ampliado, convirtiéndose en el Real Dispensario Antituberculoso María Cristina, inaugurado el 28 de diciembre de 1908 en la calle Goya, por el rey Alfonso XIII, acompañado de las reinas Victoria Eugenia, su esposa, y María Cristina, su madre. Su padre, Alfonso XII, había muerto de tuberculosis por cierto. Esta enfermedad atacó sobre todo a los pobres, pero no únicamente.

La prensa de la época publicó imágenes de la familia real durante la inauguración, y fotos del interior. Además de las consultas, contaba con sala de espera, sala de lectura, comedor…

Salas interior del dispensario (Nuevo Mundo 28 enero 1909)

Este lugar tuvo su importancia en la historia de Madrid, la sanidad y la educación, pues además de servicios de consulta diaria para los enfermos sirvió como centro de enseñanza, impartiendo durante una época clases a los futuros médicos, siendo el germen de la futura Escuela de Tisiología.

Ante la gravedad que supuso la expansión de la tuberculosis o tisis por las ciudades, en 1924 se creó el Real Patronato Antituberculoso de España para el cual se construyeron una serie de sanatorios y dispensarios en todo el país, también en Madrid.

Por otra parte, en la década de los años 20 en Madrid, junto a la arquitectura tradicional e historicista, surgió una nueva corriente, la Arquitectura Racionalista, seguidora de un movimiento europeo, que llegó a España gracias a Fernando García Mercadal. Consistía básicamente en la edificación desde un punto de vista práctico, funcional, libre de elementos decorativos superfluos.

Bajo estas nuevas ideas fueron construidas viviendas, cines, mercados y varios edificios destinados a la asistencia sanitaria, incluidos algunos nuevos dispensarios antituberculosos, como este de la calle de Goya.


Para entonces la calle ya mostraba la imagen elegante y lujosa que hoy mantiene en gran parte, como una de las vías principales del Ensanche. Ya existían muchos de sus edificios más señoriales, a la altura de Velázquez, Castelló, Príncipe de Vergara, y la propia General Pardiñas. Antonio Palacios ya había construido su obra en el número 41, y ya existía la Iglesia de la Concepción en la esquina con Núñez de Balboa.

En algún momento, los dos solares vacíos en 1900, fueron ocupados por las viviendas que hoy flanquean y encajonan el antiguo edificio racionalista.

En la calle de Andrés Mellado el mismo arquitecto construyó, en las mismas fechas, el Dispensario Victoria Eugenia, cuyo origen también se remonta a los primeros años del siglo. Otro fue construido en la calle de la Cabeza. Constaban de salas para consultas, y estaban dotados con modernas instalaciones de calefacción, agua caliente, desinfección, rayos X, etc. Tengamos en cuenta que en el siglo XIX la salud de los madrileños dependía de los establecimientos de la Beneficiencia, que en el siglo XX fue transformándose en Previsión y Seguridad Social.

En la República nuestro dispensario volvió a cambiar de nombre, cada uno recibió el nombre del barrio al que atendía. El de la calle Cabeza 4, se convirtió en Dispensario del Distrito del Hospital. Se conserva, y hoy alberga los Servicios de Salud Mental del Distrito Centro. El de la calle de Andrés Mellado 37 fue el Dispensario del Distrito de Universidad, actualmente es la Sede Regional de Prevención y Mantenimiento de la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid.

El de la calle Goya recibió el nombre de Dispensario del Distrito de Buenavista, sin uso al parecer desde hace mucho tiempo.

Vecinos de la zona cuentan que hace un par de años fue ocupado, y tuvo que ser desalojado y vigilado durante un tiempo. Tuvieron ocasión de entrar y dicen que su interior está en muy mal estado, las paredes de ladrillo sin la capa de yeso, y sin tabiques.

Ignoro en qué situación se encontrará el proyecto pero, por entonces, en 2008, el edificio figuraba en la lista de inmuebles propiedad de la Comunidad de Madrid que podrían ser rehabilitados, en este caso para centro de salud.

Esquina calles de Goya y General Pardiñas

El primitivo jardín sigue existiendo, tras un muro y una verja, en el actual nº 14 de la calle del General Pardiñas.

En su interior la gran altura de los árboles delata su antigüedad. A la izquierda, tras el edificio de la calle Goya, pervive una construcción de ladrillo visto, quizá restos del antiguo dispensario.

De frente, otra, muy curiosa, cuyas puertas y ventanas muestran bonitos arcos de estilo neomudéjar.

También me cuentan que hace aproximadamente un año la tapia fue reconstruida. Antes entraba y salía gente, algún organismo sanitario tenía aquí su sede.

Acaso como herencia del pasado, aquí estuvo la Oficina Regional de Coordinación de Acciones frente al Sida, la enfermedad infecciosa más grave de finales del siglo XX y comienzos del XXI, como antes lo fue la tuberculosis.

Ahora todo parece desocupado, en espera de destino.

El jardín hoy día no posee un césped cuidado, ni flores, pero allí se asoman varios edificios de viviendas, y allí continúan los árboles, tras las puertas de hierro perfectamente pintadas.

Un jardín desconocido, casi escondido, con más de cien años de historia.

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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Fuentes:

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.

Blanco y Negro 2 enero 1909. Nuevo Mundo 28 enero 1909. Blanco y Negro 27 enero 1935. (Hemeroteca ABC y BNE).

Diario Sesiones Asamblea de Madrid, nº 241, 10 jun 2008.

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Lo que hoy os quiero contar es un poco raro. En Madrid parece fácil mover, cambiar de sitio, incluso eliminar, todo tipo de mobiliario urbano, parterres, fuentes, estatuas… lo que no debe ser tan fácil es mover ni un palmo los quioscos dedicados a la venta de tabaco.

Me lo recordó María Rosa, autora del delicioso blog Viajando tranquilamente por España, al hablar aquí hace unos días de la Fiesta de inauguración de la calle de Serrano, en la que yo también estuve el pasado 25 de septiembre.

Cerca del inicio de dicha calle, en la Plaza de la Independencia, hay uno de estos quioscos, que, durante las obras en las que como sabemos hubo tantos cambios y desapariciones, debió resultar inamovible. Las losetas del nuevo pavimento se fueron colocando a su alrededor, de forma que las puertas de entrada a este elemento urbano han quedado situadas por debajo del actual nivel de la calle.

Se supone que para evitar posibles tropezones o caídas debido al nuevo e inesperado escalón que hay que salvar para acceder a la ventanilla del estanco, se colocaron unas vallas municipales protectoras, de esas que se suelen utilizar en las zonas en obras.

Pero llegaba el día de la Fiesta, todo estaba a punto. En la plaza, lugar desde el que partía la alfombra color de rosa para recorrer todo Serrano, sin ningún tipo de problema se habían eliminado todos los “obstáculos visuales”, se había “limpiado la glorieta”, empleando palabras de los autores de la reforma, los arquitectos Miguel Tejada y Clara Eslava.

Ahora sólo -y ciertamente- desentonaba el quiosco, había que solucionarlo. Una buena capa de pintura y unas elegantes vallas le dieron un nuevo e inmejorable aspecto.

Aunque a los pocos días vuelve a estar pintarrajeado.

Lo sorprendente es que estas “vallas” proceden de la barandilla del Paso Elevado de Juan Bravo y del Museo de Escultura, que como ya contamos es obra del escultor Eusebio Sempere.

¿No os parece raro?

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

Jardines del Barrio de Salamanca (I)

Cuando se proyectó el Ensanche de Madrid, en el siglo XIX , se tuvo en cuenta la necesidad de crear espacios verdes para uso público, por primera vez. Se planificaron patios de manzana, jardines, bulevares y plazas.

Igual que a lo largo del Paseo de la Castellana y sus alrededores, algunos de los cuales ya hemos visitado, en los barrios de Chamberí y de Salamanca también se conservan vestigios de algunos jardines de aquel tiempo. Un paseo a través de la historia y los restos de los jardines de este último barrio podría comenzar en la Plaza de la Independencia, diseñada en 1869 alrededor de la Puerta de Alcalá.

La Plaza figura en el Catálogo de Parques Históricos y Jardines de Interés del Ayuntamiento de Madrid, por su interés histórico. Son de Interés Histórico los jardines que han perdido su trazado total o parcialmente, pero conservan elementos o restos que permiten aún considerarlos como testimonio de una época.

Antes de convertirse en uno de los monumentos más emblemáticos de Madrid, la Puerta de Alcalá era una las puertas de entrada y salida de la villa, construida por Sabatini en 1778 dentro de las reformas acometidas durante el reinado de Carlos III, para sustituir otra puerta más antigua.

Era una de la puertas de la Cerca que rodeaba Madrid y que no sería derribada, como sabemos, hasta 1868.

Tras el derribo, se proyectó crear una plaza alrededor de la Puerta, y se hizo, según el modelo del Ensanche, creando aceras de diecisiete metros de anchura y una triple alineación de árboles, siguiendo el Plan de Ángel Fernández de los Ríos del año 1869. Era un intento de modernización de Madrid, inspirado en la plaza de L’Etoile en París.

En un principio el jardín reflejaba el estilo  paisajista y romántico de moda en el siglo XIX, como se aprecia en los planos e imágenes de aquellos años, jardín por el que los madrileños por entonces podían transitar.

En el siglo XX, con la llegada de los tranvías, los coches y el nuevo urbanismo, el jardín desapareció, convirtiéndose en una mera zona ajardinada de adorno en torno a la Puerta. Zona que actualmente sin duda también sirve para alejar a los coches y los peatones del monumento.

Enero 2010

Estos días las obras y las máquinas invaden el jardín y se aproximan a la Puerta de Alcalá de una forma un tanto inquietante.

Enero 2010

A las obras de construcción del aparcamiento bajo la calle Serrano debemos sumar la complicada construcción de un nuevo túnel para el AVE que unirá Atocha con Chamartín, aún en fase preparatoria.

Una tuneladora excavará el subsuelo madrileño desde la glorieta del Emperador Carlos V, siguiendo un camino próximo al que antaño recorriera la Cerca de Felipe IV, bajo las calles de Alfonso XII y de Serrano. No podemos dejar de preguntarnos ¿qué encontrará a su paso?.

De allí continuará hasta la plaza de la República Argentina, la calle de Mateo Inurria, hasta la estación de Chamartín.

La máquina pasará cerca de los cimientos de más de cuatrocientos cincuenta edificios y monumentos, como la Puerta de Alcalá, que al parecer serán revisados antes de las obras.

Ojalá que la Puerta de Alcalá y su jardín no sufran demasiado y pronto recuperen la tranquilidad.

Por Mercedes Gómez

Hoy día 24 de noviembre hace un año que falleció en Madrid Matilde Ucelay, la primera mujer que obtuvo el título de Arquitectura en España, en el año 1936.

Damos la bienvenida de nuevo a Celia, que ejerce la misma profesión que Matilde, y que nos ofrece un estupendo artículo recordando la vida y la obra de este personaje singular, importante para Madrid y para la historia de la Arquitectura española.

Mercedes
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El edificio de viviendas Castaño, bien conocido por todos los madrileños, se asienta en un solar de ángulo muy agudo resultante de la confluencia de la diagonal de la calle Alcalá con la trama ortogonal del ensanche de la calles Goya y Conde de Peñalver.

Está resuelto mediante una solución formal conocida como de “proa de barco” y se comenzó a construir en 1930 según proyecto de Jesús Martí Martín y Miguel García-Lomas Somoano. Constituye un notable ejemplo de concepción racionalista en un barrio en el que se sitúan numerosos edificios realizados en las décadas de 1930 y 1940. La composición de sus fachadas a las calles Goya y Alcalá, donde los cuerpos volados y los grandes huecos corridos acentúan su horizontalidad simplificando los característicos y tradicionales miradores de esquina, muestra evidentes analogías con el edificio Capitol, de Luís Martínez-Feducchi Ruiz y Vicente Eced Eced.

Las plantas tipo del edificio Castaño, con entrada desde la calle Alcalá 96, tienen dos viviendas de gran tamaño en torno a las escaleras principal y de servicio y tres patios de luces, el más próximo a la esquina de forma triangular. En la planta séptima y última hay un solo ático que la pasada primavera tuve ocasión de visitar. Se trata de la vivienda-estudio que durante muchos años ocupó Matilde Ucelay Maortúa, primera mujer arquitecta de España, de cuyo fallecimiento hoy se cumple el primer aniversario.

Perteneció a una generación de mujeres a la que correspondió “romper tabúes” -no hay que olvidar que entre sus compañeros varones compartió también aulas y clases con otra mujer, Rita Fernández Queimadelos- y resulta apasionante conocer el ambiente intelectual en que creció y el momento histórico que le tocó vivir.

Nació en 1912 en una familia liberal interesada por la literatura, las bellas artes y el teatro. Creció con el referente de una madre nada convencional ya que Pura Maortúa era directora de un grupo independiente de teatro -Anfistora- y Matilde conoció a Federico García Lorca en la terraza de su casa en la calle Libertad 20 donde se realizaban lecturas y ensayos.

Edificio de viviendas en la calle Libertad 20, donde creció Matilde Ucelay

La mayor de cuatro hermanas, estudió bachillerato en el Instituto Escuela -continuador del Instituto Libre de Enseñanza-, institución liberal de enseñanza mixta en la que las mujeres participaban no sólo en el estudio sino también en el deporte, hasta entonces vedado al “sexo débil”.

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Institución Libre de Enseñanza, en el Paseo del General Martínez Campos 14

Su formación se desarrolló en un espacio en el que se concedían las mismas oportunidades a todos los estudiantes. Obtuvo brillantes calificaciones y cuando al acabar el bachillerato expresó su deseo de estudiar arquitectura en su casa la animaron a hacerlo. En 1931 con tan solo 19 años ingresó en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, carrera que simultaneó con los estudios de piano y que finalizó un año antes de lo previsto, ya que con su compañero Fernando Chueca Goitia realizó dos cursos en uno. Coincidió con Félix Candela, a quién le uniría una amistad de por vida, y se tituló el 15 de julio de 1936, tres días antes de que Franco diera el golpe de estado.

Matilde rodeada por algunos de sus compañeros de clase, poco antes de graduarse. A la derecha, ya finalizados sus estudios, tomando notas para desarrollar uno de sus proyectos.

Su marido, Javier Ruiz-Castillo, con quién se casó en Valencia en 1937, fue un importante editor vinculado a la Revista de Occidente, el primero que editó a Freud en español y quien le puso en contacto con él. También fue editor de las generaciones del 98 y del 27, por lo que el matrimonio tuvo un trato casi familiar con José Ortega y Gasset, Pío Baroja y otros intelectuales de la época.

Durante la posguerra fue apartada del ejercicio profesional -se le condenó a cinco años sin ejercer su profesión y se le inhabilitó para ocupar cargos públicos- ya que, aunque no participó activamente en política, era conocida su afiliación republicana y que había viajado a la Unión Soviética.

Matilde Ucelay en su juventud

A pesar de todas las prohibiciones y dificultades mantuvo una actividad profesional continuada durante más de cuarenta años, construyendo edificios para clientes privados, algunos extranjeros, más abiertos a trabajar con una mujer. Sus proyectos los firmaron, al principio de su trayectoria, otros compañeros, ya que contaba con la complicidad de un gran círculo de amigos. Desarrolló a lo largo de su vida más de 120 proyectos, colaboró con otros profesionales y con su hijo José, también arquitecto, realizó bóvedas laminares semejantes a las que Feliz Candela había desarrollado en México, pero jamás recibió un encargo público.

Proyectos y obras de Matilde Ucelay

Se retiró en 1981 y en 2004 le fue otorgado por el Ministerio de Vivienda el Premio Nacional de Arquitectura como reconocimiento a su excepcional trayectoria profesional. En el momento de mi visita la que fue su vivienda-estudio recibía la luz del atardecer. Desde el vestíbulo un amplio pasillo, con magníficas estanterías repletas de libros, que deja a la izquierda el patio triangular del edificio y a la derecha los ventanales a la terraza privada a la calle Alcalá, nos conduce en primer lugar a su pequeño estudio, en el que trabajó durante más de cuarenta años. Allí aún permanecen su mesa de dibujo y silla de madera, construidas artesanalmente, conforme fue su manera de trabajar, tan ajena a los ordenadores y grandes impresoras que hoy se utilizan en el mundo de la arquitectura y la construcción. La mesa de un tamaño pequeño, yo diría casi femenino; la silla con un bello dibujo decorativo.

El pasillo desemboca en un distribuidor de forma triangular con más estanterías especialmente diseñadas para este espacio y muchos libros de arquitectura, construcción y paisajismo que tanto llamaron mi atención, algunos extranjeros, y que en mi opinión merecerían ser donados junto con parte del mobiliario a una institución de prestigio. El distribuidor tiene a la derecha una puerta que da al comedor, con ventana a la calle Alcalá, y contiguo a él está el salón en el vértice del edificio desde el que se disfruta de magníficas vistas. Dos puertas a la izquierda del distribuidor conducen a sendos dormitorios con vistas a la calle Goya.

En la parte superior de la fotografía la terraza privada de la vivienda con vistas a la calle Alcalá. A la derecha la ventana de su estudio y a continuación la del comedor seguida de las del salón que vuelven hacia la calle Goya.

La cocina, el oficio y el dormitorio de servicio se organizan en la parte trasera del edificio y se puede acceder a ellos desde el vestíbulo de la vivienda o desde la terraza comunitaria de la calle Goya, a la que se llega por la escalera de servicio del edificio.

El espacio que visité me impresionó incluso antes de haber leído sobre Matilde Ucelay. Ahora creo que las notas características de su vida y personalidad aún permanecen allí.

Matilde Ucelay en los años 50

por: Celia Vinuesa. Arquitecto.

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ENLACES.-

Instituto Libre de Enseñanza

Félix Candela

Revista de Occidente

El Sanatorio de Nuestra Señora del Rosario, que ocupa la manzana entre las calles Juan Bravo, Castelló, Padilla y Príncipe de Vergara, con fachada principal en el número 53 de esta última, es un hospital centenario. Está dirigido por la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, que a finales del siglo XIX compraron una casa en lo que por entonces eran las afueras de Madrid, una zona prácticamente sin construcciones, que se convertiría en la actual calle Castelló, donde acogían a los convalecientes que salían del hospital y no tenían quien les atendiese.

El hospital fue inaugurado el 22 de Marzo de 1.889, entonces bajo el nombre de Casa de Salud y Convalecientes. A principios del siglo XX se convirtió en un sanatorio o lugar de reposo para personas acomodadas. En 1958 se inauguró el nuevo edificio anexo destinado a maternidad, que llegaría a adquirir mucha fama, que aún mantiene.

Durante sus más de cien años de vida este centro ha acogido muchos pacientes, algunos de ellos ilustres. Fue durante mucho tiempo el domicilio de Juan Ramón Jiménez, uno de los varios que tuvo el poeta en nuestra ciudad.

Juan Ramón llegó a Madrid muy joven, con 19 años. Era el año 1900.

Muy pronto sufrió su primera crisis depresiva, y después de un año en un hospital francés, que tuvo que abandonar por sus amoríos con algunas enfermeras, ingresó en el del Rosario, donde vivió tres años, aunque él decía que se trasladó allí “no porque estuviera enfermo sino porque necesitaba vivir entre árboles”.

Entrada al jardín

Entrada al jardín

Interior del jardín

Interior del jardín

Allí organizó tertulias, a las que asistían los hermanos Machado y Valle Inclán entre otros, se enamoró de alguna monja, escribió y fue feliz. Es curioso comprobar que la mayoría de los domicilios posteriores de Juan Ramón siempre fueron próximos al Sanatorio. Desde el último, en la calle de Padilla -donde se encuentra la lápida que le recuerda- se veía el jardín

Ventana de su habitación

Ventana de su habitación

Desde su ventana en el segundo piso, ahora con un aparato de aire acondicionado, el poeta divisaba el jardín en el que pasó tantas tardes. Allí continúa la palmera que, según nos cuentan, ha cumplido 108 años.

Palmera centenaria

Palmera centenaria

También la bonita fuente bajo el emparrado y la pérgola, lugar al que al parecer el poeta bajaba a sentarse todas las tardes

Fuente Sanatorio del Rosario

Fuente Sanatorio del Rosario

La Pérgola

La Pérgola

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Rocío Fernández Berrocal. “Guía del Madrid de Juan Ramón Jiménez”, Guías culturales Comunidad de Madrid. Madrid 2007.

y gracias al Sanatorio Ntra. Sra. del Rosario que amablemente mostraron su jardín.

artedemadrid@gmail.com
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