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Roberto Michel nació en 1720 en Francia, en un pueblo llamado Le Puy-en-Velay, y comenzó a estudiar en su tierra natal en talleres de escultura siendo apenas un niño, pero se trasladó a Madrid con solo 20 años de edad. Aquí vivió, desarrolló su arte y sin duda se convirtió en uno de los escultores más madrileños. Sus obras adornan nuestros museos y nuestras calles, algunas verdaderamente emblemáticas.

Por entonces reinaba en España el francés Felipe V, primer monarca de la dinastía borbónica. Nada más llegar a la capital el joven escultor recibió encargos, para algunas iglesias y para la Corona comenzando a trabajar en la decoración del Palacio Real.

Fernando VI, sucesor de Felipe V, fue quien alrededor de 1743 puso en marcha el plan para realizar las estatuas de los reyes hispanos que deberían decorar el Palacio Real, estatuas de azarosa vida que aún hoy día esconden algunos misterios, algunas desaparecidas y otras sin identificar. Roberto Michel realizó algunas, entre ellas la estatua de Teudis, rey godo, que se encuentra en Vitoria, ciudad a la que el escultor estuvo vinculado debido a su boda, poco después de llegar a Madrid, con la alavesa Rosa Ballerna.

Además creó otras obras para el Palacio Real. En el Museo del Prado, en el pasillo de la segunda planta que comunica las salas dedicadas al siglo XVIII español, se exponen dos relieves esculpidos en mármol entre los años 1753 y 1761, San Ildefonso y Santa Leocadia, y el Martirio de Santa Eulalia.

Martirio de Santa Eulalia. Museo del Prado.

Son dos de los treinta y cuatro relieves cuyo destino era decorar los pasillos del Palacio Real. Eran escenas bélicas o religiosas que fueron consideradas demasiado recargadas por Carlos III de forma que en 1761 interrumpió el proyecto de Fernando VI, igual que ordenó bajar las estatuas de reyes que adornaban la fachada del Palacio.

Fernando VI en 1757 había nombrado a Michel Escultor de Cámara. Posteriormente, a propuesta de Francisco Sabatini con el apoyo de Antonio Rafael Mengs, arquitecto y pintor reales respectivamente, la gran calidad de su escultura llevó a Carlos III a nombrarle Escultor de su real persona en 1775, lo cual incluía la dirección de todas las obras escultóricas realizadas para los Palacios Reales.

Roberto Michel trabajó en varias ocasiones para el arquitecto Francisco Sabatini. Una de las primeras colaboraciones, según proyecto de 1761, fue la decoración de la antigua Real Casa de la Aduana, en la calle de Alcalá nº 9, hoy Ministerio de Hacienda.

Iniciamos aquí un paseo por la calle de Alcalá que se convierte en un paseo por la vida y la obra de Roberto Michel, por el siglo XVIII madrileño y por el Madrid de Carlos III.

Para la fachada de la Real Casa de la Aduana Roberto Michel esculpió el nuevo escudo real adoptado por Carlos III en 1759,  además de otras esculturas, siguiendo siempre el diseño de Sabatini.

Antigua Real Casa de la Aduana. Alcalá, 9.

Muy cerca, en el nº 13, se encuentra la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tanto Roberto Michel como su hermano Pedro, ocho años menor, formaron parte de la Academia desde sus comienzos, y participaron en la introducción de la escultura neoclásica. Fundada en 1752, Roberto fue nombrado Teniente Director de Escultura. Pedro, Académico de Mérito seis años después.

En 1780 Carlos III convocó un concurso para la creación de un modelo de estatua ecuestre de su padre Felipe V, se cree que probablemente con el fin de instalar su estatua en bronce en alguna plaza o lugar importante de Madrid, como sucedía con sus antecesores los reyes de la dinastía austriaca, Felipe III y Felipe IV. No se llevó a cabo.

Presentaron sus bocetos Manuel Álvarez, Francisco Gutiérrez, Juan Pascual de Mena, Juan Adán y Roberto Michel. Uno de los que se conservan es el de Michel.

R. Michel. Retrato ecuestre Felipe V (1780). Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El Museo de la Academia conserva otra obra del escultor, el Busto de Antonio Ponce de León XI Duque de Arcos esculpido en mármol blanco en 1783.

Continuamos nuestro camino por la acera de los impares de la calle de Alcalá y llegamos a la iglesia de San José, en el nº 43. La Virgen del Carmen de la fachada es obra suya.

R. Michel. Virgen del Carmen. Iglesia de San Jose.

Como decíamos al principio, realizó bastantes trabajos para iglesias madrileñas. Entre las más notables se encuentran la Caridad romana y la Fortaleza en la Basílica de San Miguel, de mármol blanco, y los ángeles y querubines de la iglesia de San Marcos. Estos templos merecerán una visita pero de momento ahora permanecemos en uno de los lugares más bonitos de Madrid, frente a la iglesia de San José, allí donde nace la Gran Vía y desde donde ya a lo lejos podemos contemplar la bellísima fuente de Cibeles, instalada en 1782 en el Salón del Prado.

Según dibujo de Ventura Rodríguez, los Leones que tiran del carro de la diosa son obra de Michel. Los modelos previos que realizó el escultor se pueden ver en el Museo de la Moneda.

Cerca de aquí, en el Paseo del Prado se encuentran las Cuatro Fuentes para las cuales nuestro artista creó los Tritones y Nereidas que las adornan, junto a los escultores Francisco Gutiérrez y Alfonso Bergaz. Las figuras actuales son réplicas realizadas debido al mal estado en que se encontraban las originales por el efecto del tiempo y del agua. Actualmente se encuentran en el Patio del Museo de los Orígenes.

Y llegamos al final del paseo donde se encuentra otro de los monumentos más representativos de Madrid, la maravillosa Puerta de Alcalá, en la plaza de la Independencia.

Carlos III ordenó construir una nueva Puerta de Alcalá que fue finalizada en 1778. El arquitecto fue Francisco Sabatini, y la decoración escultórica fue obra de Francisco Gutiérrez (lado este, lado que mira hacia el exterior) y de Roberto Michel (oeste, lado que mira al centro de la ciudad).

Roberto Michel creó diversas figuras ensalzando los triunfos del rey. Trofeos militares de gran tamaño, sobre la cornisa, que el propio Michel denomina torsos, que se recortan contra el cielo y dan a la Puerta su aspecto tan característico; cabezas de leones sobre las tres puertas centrales, y cornucopias sobre las dos laterales.

Murió en 1786, con 66 años, solo hacía un año que había sido nombrado Director General de la Real Academia de Bellas Artes, el máximo cargo en la institución a la que había estado ligado casi toda su vida. Fue enterrado en la madrileña iglesia de Santa María de la Almudena, derribada en 1869. Sus restos se perdieron.

El cargo de Escultor de Cámara lo heredó su hermano Pedro Michel, y lo mantuvo durante el reinado de Carlos IV, completando así una larga carrera de ambos hermanos como escultores reales a lo largo de los reinados de los Borbones, desde Felipe V hasta Carlos IV.

Pedro murió en 1809. Solo un año antes había donado a la Real Academia de San Fernando el Retrato anónimo de su hermano Roberto.

Anónimo, “Roberto Michel” (Siglo XVIII. Museo Academia Bellas Artes de San Fernando)

Texto :  Mercedes Gómez

 

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Bibliografía:

C. Lorente Arévalo y C.M. Tascón Gárate. Nuevas aportaciones a la biografía del escultor Roberto Michel. Anales de Hª del Arte, n.” 5. UCM Madrid 1995.

J.J. Martín González. La escultura neoclásica en la Academia de San Fernando. Siglo XVIII. Universidad Coruña 1994.

Museo del Prado. Sala 85.

Mª Luisa Tárraga. Esculturas y escultores de la Puerta de Alcalá. Dpto. Hª del Arte del CSIC. Madrid 2008.

Este artículo está dedicado a María Rosa, que tranquilamente viaja por España y por el mundo, pasea por Madrid, y nos lo cuenta todo con mucho encanto.

La historia de la Iglesia de San Manuel y San Benito tiene todos los ingredientes para ser el escenario de una película ambientada en el Madrid de finales del siglo XIX, principios del XX. Su construcción a cargo de un matrimonio de pudientes burgueses, sus objetivos, su privilegiada ubicación cercana al Retiro y la Puerta de Alcalá, su arquitectura y obras de arte… y haber sido testigo de la historia de Madrid durante cien años.

Los protagonistas, Manuel Caviggioli y su esposa Benita Maurici, de origen italiano y humilde, nacieron en Barcelona, él en 1825, ella en 1819. No se sabe muy bien cómo, forjaron una gran fortuna. Afincados en Madrid desde jóvenes, consiguieron entrar en los círculos más aristocráticos.

Don Manuel proyectaba construir un templo panteón que una vez fallecidos guardara sus restos, así como una residencia para una comunidad religiosa que sería la encargada de dirigir una Fundación cuyo fin sería la instrucción gratuita de la clase obrera. Murió en 1901, y fue su viuda, doña Benita, la que finalmente puso en marcha el proyecto.

Las secuencias de la historia nos muestran cómo eran las relaciones de la alta burguesía con la Iglesia en aquellos tiempos y su influencia en la expansión de sus valores y enseñanzas. También describen una forma de beneficencia, de ayuda a las clases más bajas con el fin de facilitar su promoción cultural y social.

Don Manuel y doña Benita emplearon una parte de su dinero en la construcción de la iglesia y de la escuela, encomendadas a los Padres Agustinos. A cambio, en el futuro, deberían recordarles en sus plegarias celebrando misas y honras fúnebres mensuales y en fechas especiales. Junto a las sin duda buenas intenciones y creencias religiosas de la pareja, existía un deseo de perpetuar su memoria y dejar constancia de su poder. Todo ello lo lograron.

El irregular solar, de su propiedad, entre las actuales calles de Alcalá, Lagasca y Columela, frente al Parque del Retiro, era de los pocos que por entonces quedaban por construir en aquel emergente Barrio de Salamanca en el Ensanche de Madrid. El arquitecto elegido fue Fernando Arbós y Tremanti, uno de los más notables en aquellos momentos, quien construyó la iglesia en estilo neobizantino.

La primera piedra de la llamada Iglesia del Salvador -luego de San Manuel y San Benito, en honor a sus impulsores-, y de las Escuelas gratuitas, fue colocada y bendecida en 1903. Doña Benita falleció al año siguiente, por lo que tampoco pudo ver finalizada la obra.

Cumpliendo sus deseos, el 30 de diciembre de 1910 tuvo lugar el traslado de los féretros desde el cementerio de la Almudena hasta el nuevo templo. En esos comienzos del siglo XX, cuando por la empedrada calle de Alcalá circulaban los carros, el 1 de enero de 1911 tuvo lugar la inauguración oficial.

Foto : Lacoste 1927 (memoriademadrid.es)

El exterior fue construido en piedra y mármol blanco, y la espléndida cúpula de cobre rojo. En la esquina entre las calles de Alcalá y Lagasca, donde se encuentran las entradas a la iglesia, fue situada una torre o campanile de planta cuadrada, de más 43 metros de altura.

El edificio de la Fundación, donde se instalaron las Escuelas para los jóvenes obreros, los otros personajes verdaderamente importantes en esta imaginaria película, se situó en la calle Columela. Allí continúa la inscripción “Fundación Caviggioli Maurici. Escuelas para obreros”.

Los requisitos para acudir a la Escuela eran sencillos: los alumnos debían tener entre 14 y 30 años, y saber leer y escribir. Podían escoger las asignaturas a cursar, además de Religión y Moral, se impartía Geografía, Historia, Contabilidad, Dibujo, Escritura, Francés, Inglés, etc. Tras la seguramente dura jornada laboral allí acudían albañiles, electricistas, torneros, sastres, tapiceros…

La Escuela funcionó hasta el comienzo de la guerra en 1936. La iglesia, convento y aulas se convirtieron en salón de baile, almacén, economato, biblioteca pública, y sede del Partido Comunista entre otras cosas.

Después de la guerra hubo varios intentos de reanudar la actividad docente, pero nunca se consiguieron los permisos. Hoy día alberga la sacristía, despachos parroquiales, aulas para actividad cultural y otras estancias.

El conjunto está rodeado por jardincillos y una bonita verja de hierro forjado, que desde el Retiro ofrece una imagen espectacular.

La iglesia de San Manuel y San Benito es de uno esos contados edificios en los cuales cuando entras por primera vez quedas admirado por su belleza. Nuevamente el mármol, blanco de Macael en el ábside semicircular que alberga el Altar Mayor, con adornos de varios colores. Otro de los detalles más singulares y bellos de este templo son los mosaicos que adornan las paredes y techos. Y las esculturas de Ángel García Díaz, que ya visitamos, y que nos siguen maravillando. En el centro del Altar se encuentra la figura de El Salvador que mide dos metros y medio, a los lados San Agustín y San José, todas ellas realizadas en mármol de Carrara.

Suyas son también las imágenes de las dos Capillas laterales, la de la izquierda, dedicada a Santa Rita, y la de la derecha que alberga los sepulcros de los fundadores.

Sobre el cuerpo central, la magnífica cúpula con mosaicos que representan a los evangelistas. A los pies, en el coro alto, uno de los mejores órganos de Madrid. En fin, todos los detalles son de gran riqueza artística.

La iglesia de San Manuel y San Benito, situada en la calle de Alcalá nº 83, ha cumplido cien años, y lo celebra entre otras actividades con una pequeña exposición en la que siete paneles nos resumen todo un siglo de vida.

También han editado un libro “San Manuel y San Benito. Centenario de la Iglesia 1911-2011″, que incluye toda la historia de la institución y detallada descripción del edificio y obras de arte.

Transcurridos cien años, en este soleado mes de octubre de 2011, junto a la viva parroquia circulan los automóviles en lugar de los carruajes de antaño, y su cúpula se refleja en los cristales de los modernos edificios que hoy día conviven con las construcciones centenarias del barrio.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

El artículo de hoy está dedicado a Doña Umé, amable lectora de este blog. Ella es la dueña de la idea, y quien nos contó los detalles que han permitido escribirlo. Si recordáis, el día que hablamos de la Chimenea de la Fábrica de Vidrios, y de alguna otra, todas ellas recuerdos de antiguas fábricas madrileñas, nos dio la pista: en los comienzos de la antigua carretera de Vicálvaro, actual avenida de Canillejas a Vicálvaro, existe una muy bonita, ubicada en unos terrenos con historia.

Una vez establecida la capitalidad en Madrid en 1561, la nobleza se fue instalando en la villa, y pronto comenzaron a construir sus quintas de recreo en las afueras. Una de las zonas elegidas fue la que se encontraba en el antiguo Camino de Alcalá, en los alrededores del pueblo de Canillejas –anexionado a Madrid en 1949-, sobre unos terrenos escarpados y surcados por arroyos.

En los comienzos del siglo XX, el antiguo Camino, hoy calle de Alcalá, tras cruzar el Arroyo Abroñigal, recibía el nombre de Carretera de Aragón. Por entonces, en el margen izquierdo de la vía, aún existían numerosas villas y quintas, como la de los Ángeles, la de Lourdes, la de Salazar… y la gran quinta hoy llamada de Torre Arias, como se aprecia en el plano de Facundo Cañada, con el nombre de Quinta de Canillejas.

Detalle plano de F. Cañada (h. 1900)

En el margen derecho, frente a esta posesión, nacía la mencionada Carretera de Vicálvaro que atravesaba unas tierras aún sin edificar, en su mayoría huertas y tierras de labor.

La actualmente llamada Quinta de Torre Arias, cuyo origen se remonta al siglo XVI, creada por los condes de Aguilar, sorprendentemente pervive en toda su extensión y mantiene el uso residencial.

(Bing Maps) 2011

A lo largo de más de cuatro siglos ha tenido diversos propietarios, hasta llegar a la actual dueña, la marquesa de Torre Arias, que al parecer continúa habitándola.

Tapia de la Quinta de Torre Arias

La marquesa fue, quizá sigue siendo, la dueña de otros terrenos en los alrededores, entre ellos los que se encuentran frente a la Quinta, al otro lado de la calle de Alcalá. Se trata de aquellas tierras de labor, que en el siglo XX se transformaron en zona industrial.

Carretera de Vicálvaro frente a la Quinta de Torre Arias

Sobre uno de los solares, actual nº 6 de la Avenida de Canillejas a Vicálvaro, existió una fábrica de ladrillos con su clásica chimenea en ladrillo cocido, que hacia el año 1970, o quizá algo después, según me cuenta un vecino del barrio, se convirtió en una fábrica de quesos, la Central Quesera (era famoso el queso Carvel).

Fue derribada en los años 80, incluido el muro que la rodeaba, salvándose únicamente la chimenea, de foma poligonal.

El lugar, un descampado entre viviendas y modernas oficinas, se convirtió en algo parecido a un basurero. El pasado año la concejala del distrito de San Blas informó de que la Junta Municipal había acometido “por ejecución subsidiaria” la limpieza y cerramiento de la parcela, una vieja demanda de los vecinos. El coste, que ascendió a 57.000 euros, afirmó sería reclamado a la propiedad. Ignoro si esta propietaria es la marquesa de Torre Arias, o el solar pertenece a alguna empresa.

Solar de la antigua fábrica en 2010 (Foto : Gacetas Locales)

Nos contaba Doña Umé algo muy bonito, que la parte superior de la chimenea parece un encaje de ladrillos, y así es.

Otra curiosidad es que, durante la Guerra Civil, el comandante en jefe de las tropas defensoras de Madrid, el general José Miaja, vivió en una casita situada junto al solar de la fábrica.

Y no debería extrañarnos, teniendo en cuenta que el militar tenía su despacho en el cercano parque de El Capricho, en la que fuera finca de los duques de Osuna, donde a 15 metros de profundidad se encontraba el centro de mando del Ejército Republicano. Hace unos años fueron descubiertos mil quinientos metros cuadrados de túneles abovedados con zócalos de cerámica en sus muros y sólidas puertas de madera dotadas de seguros cerrojos, construidos cerca de uno de los Viajes de Agua que atraviesan el histórico Jardín. Bajo el despacho, instalado en el palacio de Osuna, otro laberíntico túnel le llevaría hacia algún lugar.

La zona ha cambiado mucho, desaparecieron los arroyos y las tierras de labor, pero allí sigue la gran Quinta de Torre Arias, y junto a su tapia hoy día existe un magnífico jardín público. Las antiguas fábricas se transformaron en modernas industrias y oficinas… pero allí continúa la bonita chimenea.

por Mercedes Gómez

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Fuentes:

Gacetas Locales, 25 marzo 2010.
Asociación de Vecinos de Canillejas
El País


JARDINES DEL PASEO DEL PRADO-RECOLETOS (III)

Retomamos los recorridos por los jardines históricos madrileños que perviven en algunas zonas de la ciudad. Ya tuvimos ocasión de pasear por algunos rincones de la Castellana, por el Paseo de Recoletos y nos adentramos en el Jardín del Palacio de Linares. Justo enfrente, en la otra esquina del Paseo con la calle de Alcalá, se encuentra el Palacio de Buenavista rodeado de un bello jardín de Interés Histórico-Artístico.

Situado entre las calles de Alcalá, Barquillo, Prim y el Paseo de Recoletos, parece una pequeña ciudad, con sus distintos edificios, calles y jardines.

La historia del lugar es muy antigua, allí vivieron ilustres personajes y sucedieron hechos notables durante siglos. Ya en el siglo XVI existía una casa-palacio en la colina conocida como Altillo de Buenavista, rodeada de huertas, a la salida del Camino de Alcalá. Eran las afueras de la Villa cuando Felipe II la eligió como capital, y el entonces propietario, el Cardenal Quiroga, se la cedió como casa de campo y lugar de descanso próximo al Alcázar.

Recordemos que en aquellos tiempos los límites de Madrid por el este se hallaban en la Puerta del Sol, una de las puertas de la Cerca que el propio Felipe II mandó levantar.

Los terrenos situados junto a la Casa, en el siglo XVII se convirtieron en la Huerta del Regidor Juan Fernández, entonces zona pública, de paseo y acaso devaneos, hasta el punto que Tirso de Molina escribió una obra titulada La Huerta de Juan Fernández, en gran parte escenario de la trama de esta comedia de enredo.

Altillo de Buenavista (Plano de Texeira 1656)

En 1769 don Fernando de Silva Álvarez de Toledo, Duque de Alba, adquirió estas casas llamadas de Buenavista y fue su nieta, la Duquesa de Alba, la famosa María Teresa Cayetana, quien inició la construcción de un gran palacio, junto a su esposo, José Álvarez de Toledo con quien antes de trasladarse aquí vivió en su Palacio de la calle de Don Pedro, que ya visitamos.

Pero del Palacio de Buenavista, actual sede del Cuartel General del Ejército, que posee maravillosos salones y obras de arte, quizá hablemos otro día, hoy recordemos la historia del jardín.

En época de José Bonaparte, se construyó la escalera que va desde el Palacio hasta la calle de Alcalá. La posesión, que había ido aumentando su extensión con las casas cercanas, estaba cercada por un muro.

J.Laurent. Ministerio de la Guerra. Antes de 1863 (memoriademadrid.es)

Posteriormente se creó un jardín geométrico, al estilo francés.

Fue después de 1870 cuando se construyeron edificios accesorios, se instaló la bonita verja de hierro y el jardín se transformó al estilo paisajista.

Plano del Gral I. de Ibero (h. 1875)

En 1882 fue noticia la instalación de luz eléctrica que por la noche embellecía la vista del palacio y del jardín.

La Ilustración Española y Americana 1882 (en http://www.bne.es)

Constaba de varios parterres de formas curvas organizados alrededor de la gran escalinata, que siguen existiendo. En el paseo central, mirando hacia la calle de Alcalá, se instaló una escultura dedicada al Valor.

En la terraza superior, a cada lado, una encantadora fuente de piedra.

Árboles de varias especies, castaños de indias, cedros, magnolios… rodeados de césped  y setos adornan el precioso jardín romántico. Leo que entre ellos hay dos árboles singulares, un Ginkgo o árbol de los cuarenta escudos, que mide más de 30 metros de altura, el más grande y más viejo de Madrid de esta especie procedente de China, con alrededor de 120 años de edad. El otro es una Casuarina, rara en Madrid, que con sus más de 20 metros es un ejemplar único.

Es bonito observar cómo, después de más de ciento cuarenta años, se conserva el trazado del jardín, por eso su valor no es únicamente histórico sino también artístico.

Altillo de Buenavista 2011 (Bing Maps)

Ahora por la calle de Alcalá circulan coches en lugar de carruajes.

18 de febrero 2011

Pero el antiguo Altillo de Buenavista ahí continúa, el palacio casi oculto tras los hermosos árboles.

El jardín normalmente está cerrado al público, únicamente se abre en ocasiones especiales (Noche en Blanco, Semana de la Arquitectura…), al menos de momento.

En los comienzos de este mes de febrero de 2011, el Alcalde de Madrid presentó el Proyecto Madrid Centro, en el cual se proponen una serie de intervenciones y planes para Madrid, de futuro incierto. Uno de ellos consiste en abrir al público estos jardines del palacio de Buenavista. Volver a abrir al público, como en el siglo XVII, ¿será posible?.

Nunca se sabe. Como dice un personaje en la obra de Tirso, en aquella Huerta de Juan Fernández, hoy Jardín del Palacio de Buenavista,

… que aunque es confusión Madrid,
tiene mucha claridad su cielo, …

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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Bibliografía:
Alfonso De Carlos. El Palacio de Buenavista. Revista Villa de Madrid nº 52. Madrid 1976.
Rafael Moro. Árboles de Madrid. La Librería 2007.

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Otros artículos:

Paseo de la Castellana I.- Jardín del Museo de Ciencias Naturales.
Paseo de la Castellana II.- El Barrio de Indo.
Paseo de la Castellana III.- El Jardín del Hotel Villa Magna.
Paseo del Prado-Recoletos I.- El Jardín del Palacio de Linares.
Paseo del Prado-Recoletos II.- Paseo de Recoletos.

1910 fue un año lleno de acontecimientos. Se fundó la Residencia de Estudiantes, nació el poeta Miguel Hernández, comenzaron las obras para la creación de la Gran Vía, Antonio Palacios empezó a construir la sede del Banco Río de la Plata, conocida como Las Cariátides, se inauguraron el Hotel Ritz y el Casino de Madrid…

El Casino celebra este año el centenario de la inauguración de su sede, en la calle de Alcalá nº 15, aunque esta no fue su primera casa.

Sus fundadores, en 1836, como toda buena tertulia, comenzaron a reunirse en un café, el Café de Sólito, situado en la calle del Príncipe, en la esquina con la calle de la Visitación -hoy Manuel Fernández González- ahora ocupada por el Teatro Español. Los tertulianos alquilaron el primer piso del edificio, que ya no existe.

Como cada día eran más socios, se mudaron a otro local más amplio, en la misma calle del Príncipe, junto a otro teatro, el de la Comedia, por lo que durante un tiempo fue conocido como Casino del Príncipe. En un principio se pretendió que fuera un lugar modesto, pero un buen grupo de socios, con José de Salamanca a la cabeza, se opusieron y cambiaron todo el mobiliario. Aquí comenzó la primera época de esplendor y lujo del Casino. Los socios aumentaban, y llegaban los miembros más destacados de la política, del arte y de la sociedad madrileña en general.

Pocos años después, se establecieron en el Palacio del Marqués de Santiago, hoy desaparecido, en la Carrera de San Jerónimo. Allí, cómo no, también existía un café famoso por sus tertulias, el Café de la Iberia.

Posteriormente los casinistas se trasladaron a la calle de Sevilla esquina Alcalá, al edificio que actualmente alberga el BBVA, y en el cual entonces se encontraba el Café Suizo.

Después cruzaron la calle, instalándose en La Equitativa.


Poco a poco, fueron recorriendo el camino que les llevó desde la Plaza de Santa Ana hasta la calle de Alcalá donde en 1903 decidieron construir su propia sede.

Tras un concurso en el que participaron los mejores arquitectos de la época y que fue declarado desierto, la dirección de las obras fue adjudicada a José López Sallaberry, socio del Casino, aunque no pudo firmarlas debido a su condición de arquitecto municipal, cosa que hizo su cuñado el arquitecto Luis Esteve.

Sallaberry integró lo mejor de algunos de los proyectos presentados, que habían sido comprados, y la construcción se llevó a cabo utilizando los mejores materiales, igual que en su decoración interior, de forma que el resultado fue inmejorable, todo ello costeado por las aportaciones de los propios socios. El Patrimonio artístico del Casino es inmenso, tanto en lo que se refiere a su arquitectura, como a pintura, escultura o artes decorativas. El edificio fue declarado Monumento Bien de Interés Cultural en 1993.

La fachada de estilo ecléctico afrancesado, muy valorado en aquellos primeros años del siglo, llama la atención por su asimetría, con la puerta situada en un lateral en lugar de en el centro, con un torreón.

Cruzamos la puerta de hierro obra de Pascual González y la lujosa entrada que aparece ante nuestros ojos nos avisa de todas las maravillas que vamos a encontrar.

Subimos la escalera de mármol, y cuatro vaciados de esculturas clásicas, prestados por la vecina Academia de Bellas Artes, dan la bienvenida.

En la Planta Baja se encuentra el patio central, o Patio de Honor, cuya cúpula muestra las preciosas vidrieras de la Casa Maumejéan.

La espectacular Escalera de Honor, que ya conocemos, diseñada por Sallaberry y decorada con esculturas de Ángel García Díaz, que representan el mito de Eros y Psique.

En el centro del patio se encuentra una Ruleta de Caballos, única en España.

En esta planta se encuentran también el Salón Principal, hoy dedicado a sala de conferencias, en cuya entrada está situada el boceto que Benlliure realizó de la escultura de Emilio Castelar, situada en el Paseo de la Castellana. También están en esta planta los billares.

Subimos a la Planta Principal por la bella escalera y encontramos esculturas de Mateo Inurria, Miguel Blay y Mariano Benlliure. Aquí se sitúan el Salón de Baile, actual Salón Real, y el Salón Alcalá.

El Salón Real es un de los más bonitos, decorado con pinturas de grandes autores, como Manuel Benedito, Cecilio Pla, Julio Romero de Torres…

Conjuro (Alegoría de la Noche), Julio Romero de Torres.

En la Planta Conde de Malladas –presidente impulsor de la construcción del edificio-, entre otras estancias, se encuentra la Biblioteca gótica que también hemos tenido ocasión de visitar, realizada en hierro en los talleres de Casa Asins, procedente al menos una parte de la anterior sede del Casino en el piso principal de La Equitativa, cuyo espléndido edificio podemos contemplar desde la terraza del Casino de Madrid.

Y en esta mágica terraza finaliza nuestra visita.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Fuente:

Casino de Madrid
Alcalá, 15

Quizá recordéis que a lo largo del año hemos hablado varias veces del viejo mojón de piedra de la antigua Vía Pecuaria que pasaba/pasa por la calle de Alcalá.

Primero, su desaparición, cuando comenzaron las obras en la plaza de la Independencia. Luego su vuelta, convertido en uno nuevo, reluciente y sospechosamente simétrico, a juego con el pavimento de granito recién instalado.

Por entonces, tras las dudas que surgieron en algunos de nuestros comentarios, me dirigí al Ayuntamiento de Madrid preguntando si se trataba del hito original o de una réplica.

Hoy he recibido la respuesta procedente de la Dirección General de Infraestructuras. Me informan de que “el mojón se retiró y se ha vuelto a instalar después de un proceso de restauración por parte de los canteros del Ayuntamiento de Madrid“.

Comparando el viejo mojón con el reinstalado cuesta trabajo creer que se trata del mismo, pero así es según el Ayuntamiento.

por Mercedes Gómez

Hace algún tiempo, M.Carmen, la autora del imprescindible blog TODO MADRID, nos recomendó una Panadería nueva, un lugar muy apetecible a juzgar por sus palabras. Su entrada provocó algunos comentarios, uno de ellos recordaba la curiosa proximidad del nuevo local con el lugar donde estuvo ubicado el antiguo Pósito de la Villa. Bonita historia, comenté yo, y M.Carmen “retó” a Arte en Madrid a contarla.

Ahí va, M.Carmen, espero que te guste, que os guste a todos :-)

Mercedes

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El trigo fue alimento básico en la dieta de los madrileños desde los tiempos más antiguos, sobre todo para los pobres, tiempos muy duros por la escasez, epidemias, etc. Por eso, desde muy pronto, su abastecimiento fue objeto de preocupación y vigilancia por parte del Concejo.

Ya en el antiguo Fuero de Madrid de 1202, primeras leyes escritas que regularon la vida madrileña, aparecía reflejada esta preocupación. Se intentaba proteger el suministro en el interior de la Villa multando a quien intentara sacar el grano y lo vendiera fuera de ella, debiendo pagar dos maravedises, … a menos que probara su inocencia con el testimonio de dos vecinos.

El Fuero también hacía referencia a que si se encontraba cualquier Panadera -el término en femenino hace pensar que en Madrid en el siglo XIII no había panaderos- vendiendo pan falto de peso debería pagar medio maravedí, siempre y cuando se tratara de más de tres panes.

Con el objetivo de poder controlar los precios y el suministro, se crearon las alhóndigas, lugar de compra y venta del grano.

Las alhóndigas, alholíes o pósitos –en origen con algunas diferencias, con el tiempo se fueron solapando sus funciones- eran graneros municipales, el lugar de almacenamiento del Pan, y también donde se regulaba su distribución y venta. Su objetivo principal era de tipo benéfico, vender el trigo a precios moderados, amasar el pan y venderlo lo más barato posible.

Sabemos por los Libros de Acuerdos, actas redactadas por los miembros del ayuntamiento madrileño, que a finales del siglo XV en Madrid había dos “casas de la harina” o alhóndigas –término de origen árabe-, una en la plazuela de San Salvador, y otra en la plaza del Arrabal, hoy Plaza Mayor. En la plaza del Arrabal se construyó la Casa de la Panadería, almacén de trigo y lugar de control de los precios, pero no era horno.

El primer Pósito propiedad de la Villa de Madrid se remonta a la época de los Reyes Católicos. Fue construido en los comienzos del siglo XVI en la Cava de San Francisco, en el número 14 de la actual Cava Baja. Con el número 27 aparece representada en el plano de Texeira la Alhóndiga o Casa del Alholí de la Villa, frente al Peso de la Harina, cuyo edificio después se convertiría en la primera Posada madrileña, actualmente el restaurante de la Posada de la Villa. La Alhóndiga se convertiría en otra Posada, la del Dragón.

Plano de Texeira 1656

Reinando Carlos II, en 1666 el Pósito se trasladó junto a la Puerta de Alcalá, en las afueras de la villa. Además del pósito o almacén para el grano se construyó un barrio completo, conocido como de Barrio de Villanueva, con 42 casas, con su horno, para 42 panaderos. Eran conocidos como los Hornos de la Villa, o de Villanueva. En su interior hubo incluso una Capilla, la de Nuestra Señora del Sagrario, o el “Oratorio de los Hornos de Villanueva” cuya puerta de entrada se encontraba frente al Retiro. También tenían su propia Fuente.

Según los cronistas del siglo XIX, en 1743 la Junta de Abastos eliminó los hornos de Villanueva, y con ánimo de proteger a los panaderos “les invitó a formar gremio”. La propia Junta se haría cargo de comprar el trigo necesario y almacenarlo, por lo que dos años después construyó un nuevo Pósito, gran edificio alrededor de un patio, que era descrito como edificio “vasto y suntuoso”.

El plano más detallado de todo el conjunto es el de Chalmandrier:

Pósito de la Villa (Chalmandrier, 1761)

Ocupaba la manzana 276, entre el Paseo de Recoletos, la entonces llamada calle del Pósito –la actual calle de Alcalá entre Cibeles y Plaza de la Independencia-, y el campo. Entre 1835 y 1871, este tramo de calle recibió el nombre de calle del Pósito.

Manzana 276 (Plano de Espinosa, 1769)

Unos años después, ya en época de Carlos III, en los terrenos entre el pósito o gran panera, y la Puerta de Alcalá se construyeron nuevas paneras.

En el siglo XIX hubo nuevas edificaciones. Una de ellas era utilizada como almacén de las herramientas de la Villa. Existían entonces cinco tahonas aunque solo tres funcionaban, y once hornos.

Detalle del grabado de A. Guesdon “Vista de Madrid”, 1854.

Cuando se creó la nueva Plaza de la Independencia, hacia 1869, llegó el momento de derribar el antiguo Pósito, que hacía años había perdido su carácter de granero municipal y había sido destinado a otros usos (cuartel, almacén del Teatro Príncipe…)

El Pósito en 1869 (foto de J.Suárez) (memoriademadrid)

Sobre sus terrenos, en la esquina con la plaza de la Independencia, actual nº 2, en 1883 se construyó un edificio de viviendas hoy ocupado por la Cámara de Comercio de Madrid.

Una placa colocada por el Ayuntamiento en 1991 recuerda que allí estuvo el Real Pósito de la Villa de Madrid.

Todos los edificios que se construyeron para configurar la Plaza de la Independencia debían reunir una serie de requisitos, como la forma circular de su fachada adaptada a la forma de la plaza alrededor de la histórica Puerta. Los terrenos situados al otro lado de la calle de Alcalá, actual nº 10 de la plaza, todavía pertenecían al Buen Retiro, y no fueron construidos hasta el año 1877.

En el siglo XX el pan continuaba siendo el alimento base de las familias modestas, pero curiosamente tras la guerra casi se convirtió en un artículo de lujo, sujeto al racionamiento, lo cual originó un mercado negro con precios tan altos que solo estaba al alcance de unos pocos.

Actualmente ni el trigo ni la venta de pan necesitan ser regulados ni racionados. Es un producto que continúa siendo habitual en los hogares españoles, aunque en la última década su consumo ha ido decreciendo. Por otra parte, aumenta el gusto por el buen pan elaborado artesanalmente.

El azar ha querido que muy cerca del antiguo Pósito, sobre los antiguos terrenos del Buen Retiro, hoy día se haya instalado una Panadería del siglo XXI que ofrece a los madrileños pan de varias clases, todas ellas de buena calidad.

Horno de la Panadería en el nº 10 de la plaza de la Independencia.

El nombre elegido para el local no puede ser más atinado: se llama Harina.

Esta moderna y sofisticada nueva Casa de la Harina, además de tienda es restaurante, y desde sus acogedoras mesas, mientras tomamos nuestro desayuno o comida ligera, observamos la Puerta de Alcalá -que ahora se refleja en los cristales-, como en otro tiempo lo hicieran los inquilinos y visitantes del Real Pósito de la Villa de Madrid.

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez

Las Vías Pecuarias eran una red de caminos por las que transcurría el paso del ganado, caminos que albergaron la trashumancia castellana que se desarrolló a lo largo de la Edad Media. Aún existen muchos de esos caminos en nuestra Comunidad, y todavía todos los años se celebra en Madrid la bonita Fiesta de la Trashumancia, a la que acuden los pastores con sus ovejas rememorando por unas horas la ruta que en otro tiempo atravesaran de forma natural.

Las Cañadas son las vías pecuarias más anchas, con 75 m. de anchura, pero hay otro tipo de rutas: los Cordeles, de 37,5 m., las Veredas, 20 m., y las Coladas, 10 m.

También existen los Descansaderos, que eran los lugares donde el ganado y los pastores paraban a descansar, y los Abrevaderos, consistentes en pilones o arroyos que apagaban la sed de ambos.

La red de la Comunidad de Madrid tiene una longitud de 4.200 Km., siendo una de las comunidades autónomas con mayor densidad de vías pecuarias, en total 1.796 vías.

Aunque hoy día estos caminos estén más relacionados con el ocio y el disfrute de la naturaleza que con el tránsito ganadero no cabe duda de que forman parte de nuestro patrimonio histórico y debemos protegerlo.

Es la Consejería de Economía de la Comunidad de Madrid quien se ocupa de ellas. Además de una Ley Estatal existe una Ley local para la Conservación y Defensa de las Vías Pecuarias. Su Artículo 10 dice que: “Corresponde a la Comunidad de Madrid, en uso de las potestades y prerrogativas que le conceden las leyes, la recuperación, ampliación, conservación, mejora, administración, tutela y defensa de las vías pecuarias cuyo itinerario discurre por su ámbito territorial.”

Del total de vías madrileñas 232 están amojonadas, o sea, señalizadas mediante la colocación de mojones institucionales en los puntos de delimitación definidos en el deslinde. El deslinde define los límites de la vía con los terrenos colindantes.

En la calle de Alcalá perviven algunos de estos antiguos mojones de piedra como testigos de aquellos pasos de ganado que atravesaban Madrid. Hasta hace poco, en la Plaza de la Independencia había dos. Y otro en la calle de Alcalá a la altura de la calle Ayala, poco antes de llegar a la plaza de Manuel Becerra. Desconozco si existe alguno más.

Allí sigue el de la calle Ayala.

Calle de Alcalá esquina Ayala, febrero 2010

Como sabemos, la Plaza de la Independencia está nuevamente en obras, que aún no han llegado a la Puerta del Retiro, frente a la cual continúa tranquilo otro de los mojones, rodeado de césped.

Plaza de la Independencia, frente al Retiro. Febrero 2010.

En el lado contrario, hasta hace muy poco se encontraba el otro, junto a un árbol y una pequeña zona ajardinada.

septiembre 2004

Desde hace unas semanas las aceras de este lado de la plaza están siendo pavimentadas con las losetas de granito de las que tanto hemos hablado y que poco a poco van cubriendo Madrid.

Está claro que el césped y el seto verde no van a volver, al menos de momento, pero ¿qué va a ocurrir con el histórico mojón? ¿volverá a su lugar?. A lo mejor está por allí, en algún lugar que no alcancé a ver, o se lo han llevado para protegerlo de las obras durante un tiempo…

Comprendo que el invierno deja los árboles desnudos, y que en primavera todo parecerá más vivo, pero estos días, el paisaje frente a nuestra querida Puerta de Alcalá, ¿no es desolador?.

Hasta me cuesta trabajo encontrar el árbol junto al cual estaba el viejo mojón. Y es que creo que tampoco está.

febrero de 2010

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

Hoy os propongo que sigamos recorriendo la calle de Alcalá y conociendo su historia. Nuevamente, uno de los cuadros de Antonio Joli nos sirve de ilustración. Recordemos que representa el Madrid de mitad del siglo XVIII:

A la derecha, frente a la Iglesia de San Hermenegildo -actualmente de San José-, podemos ver la fachada del desaparecido Convento de Carmelitas Recoletas, conocido por el nombre de Convento de las Baronesas en alusión a su fundadora, la baronesa doña Beatriz de Silveyra. Las religiosas se instalaron en el edificio el 15 de agosto de 1651, aunque la construcción de la iglesia no fue iniciada hasta 1675. Obra del arquitecto Juan de Lobera, fue acabada por su yerno Juan de Pineda, al cabo de 25 años y habiendo ya muerto la baronesa. Construida al estilo del primer barroco madrileño, debió ser una bonita iglesia. Además había en su interior notables obras de arte, como un Apostolado, del Greco, o un San Rafael de Lucas Jordán.

Junto al convento, en la esquina de la actual calle del Marqués de Cubas -entonces calle del Turco- se encontraba la casa-palacio, que también se aprecia en la pintura de Joli, y que era propiedad del Conde de Miranda desde el año 1757. A comienzos del siglo XIX fue derribada para construir un nuevo palacio, que sería conocido como la Casa de los Alfileres por formar parte de la dote de la duquesa de Abrantes. En esta famosa casa los inquilinos se sucedieron. La marquesa de Ariza; el francés Ouvrad, llegado a Madrid con las tropas de Angoulème; ó Tatische, embajador de Rusia, ya en época de Fernando VII.

Hasta que lo compró el marqués de Casa Riera, que, como cuenta Répide “lo transformó, enriqueció y decoró magníficamente para no visitarlo”, siempre cerrado y triste, dio lugar a una leyenda. El marqués, o un antepasado suyo, no está muy claro quién fue el protagonista, tuvo un gran desengaño amoroso y, en el jardín, un hombre murió atravesado por un estoque, y una bella mujer vestida de blanco también murió junto a él; en ese lugar se plantó un ciprés y se contaba que el marqués había jurado y hecho jurar a sus descendientes que mientras no se secase el árbol, el jardín permanecería abandonado y el palacio deshabitado.

Don Felipe Riera nació en Barcelona el 20 de diciembre de 1790, y obtuvo el titulo de marqués en 1834 por los servicios prestados a la Corona. Riera, que era un hombre muy rico, compró la casa en la década de los 30 a nombre de su esposa Raimunda Gibert, aunque antes de 1840 se fueron a vivir a París, donde murieron.

En 1836 el convento contiguo al palacio fue desamortizado como tantos otros, y demolido, convirtiéndose su solar en jardín del palacio del marqués.

El palacete tenía dos jardines muy extensos, que el plano del General Ibáñez de Ibero representa con detalle.

En 1893 la casa también fue demolida, y su descendiente, su sobrino Alejandro Mora y Riera, alzó otro edificio que tampoco habitó nunca, al igual que su tío vivía más en París que en Madrid de forma que el nuevo palacio también estaba siempre cerrado. Cuando murió en 1915, igualmente en la capital francesa, la prensa de la época reflejó la noticia y recordó la vieja y misteriosa leyenda cuyo escenario fue el Jardín.

La nueva construcción fue obra del arquitecto Rodríguez Avial, en piedra, ladrillo y pizarra en la zona abuhardillada. Este edificio, igual que el anterior, tuvo un jardín, sobre cuyo solar en 1917 se construyó el edificio del Círculo de Bellas Artes, obra de Antonio Palacios, y se abrió la calle del Marqués de Casa Riera, que hoy separa los dos edificios existentes.

"Perspectiva", de Antonio Palacios (1919)

“Perspectiva”, de Antonio Palacios (1919).

El edificio actual situado en el número 44 de la calle de Alcalá se construyó en los años 30.

Terminada la guerra y hasta el mes de abril de 1977 fue la sede de la Secretaría General del Movimiento, con el emblema gigante del yugo y de las flechas que durante tantos años estuvo instalado en la fachada principal. La retirada tuvo lugar al desaparecer dicha Secretaría y todos los órganos políticos dependientes de la misma. El yugo y las flechas, que muchos aún recuerdan, era de madera, pintada de color rojo y ocupaba tres pisos del edificio, unos diez metros aproximadamente.

Y llegamos a los años 90, cuando fue transformado en el edificio de oficinas que hoy conocemos, y el desaparecido jardín fue rehabilitado.

La entrada tiene lugar por la calle del Marqués de Casa Riera número 1, frente al Círculo de Bellas Artes. Tras la tapia de piedra y ladrillo y la verja de hierro, se adivina el jardín. Junto a la puerta un cartel indica que se trata de un recinto privado. Es la puerta de acceso a las oficinas de una empresa de Seguros, pero también a uno de los jardines más singulares y desconocidos de Madrid, el Jardín de Casa Riera.

Lógicamente, la visita solo es posible en contadas ocasiones, como ocurrió en una de las primeras Noche en Blanco cuando el bello Jardín fue abierto al público y se pudo presenciar un espectáculo de luz y sonido.

Nada más traspasar la puerta de hierro el jardín aparece ante nuestros ojos curiosos, pero antes de recorrerlo vamos a detenernos un momento para conocer el interior del edificio totalmente reformado. A la izquierda, la entrada, mediante un bonito pórtico formado por una galería de cuatro columnas formando tres arcadas a la manera clásica.

Ya en su interior, tras un espacioso vestíbulo de paredes lujosamente doradas, lo primero que vemos es una fuente moderna que juega con las formas cuadradas, el acero, la luz y el agua, en el centro de un espectacular patio.

Dos ascensores panorámicos nos llevan hasta la séptima planta donde bajo el techo acristalado podemos ver y sentirnos en el cielo, el cielo de Madrid.

Volvemos a la planta baja y nuevamente en el exterior, frente al pórtico se nos muestra el precioso Jardín.

Las paisajistas Carmen Añón y Myriam Silber idearon un espacio que se adaptara a la forma del terreno y que estuviera acorde con el edificio y el Madrid de principios de siglo. Un nuevo estilo lejos de los jardines tradicionales franceses o ingleses. No olvidemos que en los inicios del siglo XX surgieron nuevas formas artísticas, el cubismo y otras vanguardias que tuvieron su reflejo en los jardines europeos del momento. Formas geométricas, líneas puras, mezcladas con formas asimétricas, colorido, materiales nuevos como el cristal o el cemento junto con el hierro…

Utilizando documentación de la época las autoras crearon un espacio delicado y lleno de detalles encantadores. Frente al pórtico, el suelo decorado con formas cuadradas similares a las del patio interior, desde donde un paseo central con dos parterres con setos de boj que a su vez originan dos paseos laterales, nos conduce a una pérgola rodeando un estanque con un surtidor central, todo el conjunto en forma de hemiciclo en cuyo interior sus bancos de piedra invitan al sosiego.

A ambos lados dos pequeños espacios cuadrados construidos con celosías de hierro como la pérgola, cada una con una fuentecilla redonda de piedra en el suelo.

Continuando con el mismo juego de formas cuadradas una abertura en el techo nos vuelve a mostrar el cielo entre las plantas trepadoras.

La concepción del jardín está emparentada más con la arquitectura que con la jardinería, formas y espacios se complementan. Cristal, y una vez más el hierro, y las figuras geométricas en los faroles del techo de la pérgola y a la entrada de los pequeños y deliciosos pabellones. No hay césped, sino baldosas. Al fondo, los grandes árboles, protectores, como si fueran los únicos testigos de un tiempo anterior, rodean el jardín.

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez

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NOTA: Escribí una primera versión de este artículo en la primavera del año 2008. Las fotos las hice también por esas fechas.

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RULL SABATER, A. “El palacio del Marqués de Casa Riera”. Anales Instituto Estudios Madrileños. Tomo XXXVI. Madrid 1996. Pp. 301-318
AVILA, Martín. “El ciprés de Casa Riera”. Nuevo Mundo 29 octubre 1915.
Diario El País, 10 de abril 1977
LUENGO AÑÓN, A. “Jardines escondidos”. Ed. Doce Calles/Caja Madrid. Madrid 2001.

Una vez más, una de las Vistas de la Calle de Alcalá, de Antonio Joli, sirve para ilustrar el comienzo de nuestra historia, la del solar que ocupa la esquina entre la propia calle de Alcalá y la del Barquillo, donde el pintor situó, a la derecha de la imagen, una modesta construcción.

Calle de Alcalá, A. Joli, (h.1750)

Podría ser la sencilla Casa de Postas que aparece representada en el plano realizado por Chalmandrier pocos años después. Allá por el siglo XVIII, desde la calle de Alcalá partían las Diligencias a numerosos puntos de la Península, y allí llegaban procedentes de otros tantos lugares, con necesidad de descansar y repostar, lo cual conseguían en los paradores y fondas que existían en los alrededores.

Casa de las Postas (nº 207). Plano de Chalmandrier, 1761.

Bastante tiempo después, en 1836, en dicha esquina se construyó el Palacio del Marqués de Casa Irujo, notable obra del arquitecto Lucio de Olarieta que contaba con cinco plantas además de un sótano y buhardillas, con vistas al vecino jardín del Palacio de Buenavista.

Palacio del marqués de Casa Irujo. (en "A.Palacios, constructor de Madrid").

En la planta baja hubo un pequeño teatro, según cuenta Répide, en el que un titiritero, siguiendo la moda del momento –recordemos el Salón Madrid en la cercana calle de Cedaceros-, ofrecía espectáculos con monos amaestrados.

Dos años después se convirtió en el Café Cervantes. Inaugurado el día 1 de abril, fue uno de los pocos que por entonces tenía salón de baile y un teatrito para danzas y cante flamenco; en Carnaval se celebraban bailes de máscaras.

(foto Instituto Cervantes)

El palacio fue derribado para construir el que se convertiría en uno de los edificios más espectaculares y emblemáticos de Madrid, el Antiguo Banco Español del Río de la Plata, uno de los varios que construiría el gran arquitecto Antonio Palacios y que cambiaron la imagen de nuestra ciudad. Será más conocido como Edificio de Las Cariátides por las impresionantes esculturas que enmarcan la entrada en el chaflán entre ambas calles.

El primer proyecto, encargado a Antonio Palacios y a su amigo y socio Joaquín Otamendi, fue realizado en 1910, el mismo año que dio comienzo la construcción de la Gran Vía, por lo que este año celebra también su centenario.

El edificio en obras. (en "A.Palacios, constructor de Madrid").

Sobre una estructura de hormigón armado, entre los años 1910 y 1918, se construyó un lujoso edificio, con elementos de estilo clásico, y utilizando materiales de la mejor calidad, tanto en su exterior, de granito azul de Berrocal y mármol blanco y gris procedente de Italia, como en su interior, igualmente de elegante mármol y finas maderas.

Su planta, casi cuadrada, presentaba una gran sala central, que abarcaba todas sus plantas, alrededor de la cual se organizaban los espacios y la actividad, cubierta por una magnífica vidriera que daba luz a todo el recinto.

El 29 de abril de 1918, la nueva oficina bancaria abrió sus puertas al público. Ricas caobas y mostradores de mármol y bronce dieron la bienvenida a los clientes que eran atendidos en la planta baja, bajo la gran cúpula de cristal.

Las cuatro Cariátides, así como los capiteles jónicos de las monumentales columnas, son obra de Ángel García Díaz, que trabajó con Palacios en diversas ocasiones. En aquella época la colaboración entre arquitectos y escultores era habitual.

El día 29 de octubre de 1934 el Banco Central, que representaba al Río de la Plata, estableció su sede social en este edificio, que había pasado a ser de su propiedad. En los años 40 ambas entidades se fusionaron y la construcción original fue reformada, perdiéndose el gran vestíbulo central y la vista de la vidriera en la cúpula. También, con el fin de ampliar las oficinas, se construyó un nuevo edificio en la calle Barquillo.

Su emplazamiento y belleza le han convertido en una de las estampas más repetidas de Madrid, en postales, sellos, y películas.

"Manolo guardia urbano" (J.R. Salvia 1956) (en "A.Palacios, constructor de Madrid").

En los comienzos del siglo XXI el Ayuntamiento de Madrid lo compró, para luego en una especie de trueque, cederlo al Estado junto a otros edificios, a cambio del Palacio de Correos que el actual Alcalde deseaba ocupar en lugar de la histórica Casa de la Villa, sede consistorial durante siglos, cosa que al final ha conseguido.

Desde el Círculo de Bellas Artes

Ya propiedad del Ministerio de Cultura, en 2006 el antiguo edificio del Banco del Río de la Plata fue rehabilitado para convertirse en la nueva sede del Instituto Cervantes, hasta entonces ubicado en el Palacete de la Trinidad, en la calle de Francisco Silvela.

La inauguración tuvo lugar en octubre.

Se conserva gran parte de las antiguas y suntuosas dependencias del banco en las que se daba servicio al público, donde se instalaron la sala para exposiciones, biblioteca, hemeroteca, etc.

Espléndidas reproducciones de antiguas fotografías y paneles explicativos muestran la evolución de la calle, del solar y del edificio.

Resulta muy sugerente la historia de este solar. Lugar de paso para los carruajes y sus viajeros en el siglo XVIII, luego Palacio que albergó un café llamado Cervantes, el más grande escritor de la lengua castellana, nombre que curiosamente el edificio vuelve a lucir en su fachada, esta vez con letras doradas.

El Instituto Cervantes fue creado en 1991 con el objetivo de promover y difundir la cultura y la lengua españolas por todo el mundo.

Su sede central está repartida entre Alcalá de Henares, dedicada exclusivamente a la formación de profesores de Español, y la sede de la calle de Alcalá 49. Además está presente en 58 ciudades de 38 países, en los que desarrolla una magnífica labor.

Por todo esto el Instituto merece ser visitado en cualquier momento, pero además actualmente ofrece una preciosa y delicada exposición. La poesía de Pablo Neruda y su voz entre mágicas caracolas coleccionadas por el poeta a lo largo de muchos años, “un viaje por el mar de sus colecciones y su poesía”, más de trescientas caracolas junto a fragmentos de sus obras.

Instituto Cervantes
Alcalá, 49.
Exposición “Amor al mar. Las caracolas de Neruda”
Hasta el 24 de enero

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Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Angel del Río. Cafés de Madrid. La Librería.
El Banco Español del Río de la Plata. La Construcción Moderna. 15 Mayo 1918.
VVAA. Antonio Palacios. Constructor de Madrid. Catálogo Exposición Círculo de Bellas Artes, nov.2001-ene.2002.
Edificio Cervantes

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P.D. : Lunes, 11 de enero

Ayer nevó en Madrid, y este mediodía aún quedaba mucha nieve en el Retiro, en el Paseo del Prado, Plaza de la Lealtad… y me he atrevido a dar un paseo y sacar algunas fotos :-)

Hacía mucho frío pero el día estaba precioso, soleado y con el cielo azul. Sobre la Cibeles y los árboles del Palacio de Buenavista quedaban algunos restos de nieve. Al fondo, las Cariátides vigilándolo todo.

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