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El Palacio de Fomento, hoy sede del Ministerio de Medio Ambiente, que se asoma a la plaza del Emperador Carlos V, más conocida como glorieta de Atocha, es uno de los edificios más monumentales y emblemáticos de Madrid.

El Ministerio de Fomento, creado en 1856, fue instalado en el antiguo Convento de la Trinidad, en la calle de Atocha, hasta que en 1879 se decidió construir una sede propia ya que el viejo convento no reunía las condiciones necesarias para un organismo de este tipo.  El terreno finalmente elegido pertenecía al Real Jardín Botánico. Con el fin de separar el nuevo edificio del Jardín se abrió una nueva calle, la de Claudio Moyano.

Tras unos inicios llenos de avatares y cambios –de arquitectos, ministros del ramo, usos…- se hizo cargo del proyecto Ricardo Velázquez Bosco, quien para entonces ya había construido el Palacio de Velázquez, así llamado hoy en su honor, y el maravilloso Palacio de Cristal en el Retiro.

R. Velázquez Bosco (La Ilustración Española y Americana 8 oct. 1897) (BNE)

Dieciocho años después, las obras finalizaron; en 1897 comenzaron a trasladarse las oficinas ministeriales, aunque gran parte de la decoración fue realizada posteriormente.

Foto: J.Laurent (1903). Museo de Historia (memoriademadrid.es).

El gran conjunto escultórico obra de Agustín Querol, sobre el ático, no quedó instalado hasta 1905, a la par que finalizaba el cerramiento del solar con la verja de hierro fundido con columnas corintias y fustes rematados por bustos de la diosa Minerva. Como ya sabemos, gracias a nuestro paseo hace ya más de dos años en busca de La Gloria y los Caballos Alados originales, estas gigantescas esculturas de mármol han vivido una historia muy azarosa desde que fueron sustituidas por una copia en bronce que es la que actualmente corona el edificio.

La situación de los caballos alados o Pegasos no ha cambiado en este tiempo, el que se encuentra en el almacén de la calle del Áncora continúa al descubierto y muestra sus heridas, aunque me ha gustado comprobar que sigue ahí, mirando el cielo, cerca de nosotros.

Calle Ancora, noviembre 2011.

El de Legazpi, más amenazado por el tráfico a su alrededor, ha sido envuelto con empeño protector y muestra un extraño aspecto.

Legazpi, noviembre 2011

Volviendo a nuestro edificio protagonista, su planta es rectangular, con cuatro cuerpos de esquinas levemente salientes rematadas por cúpulas de pizarra, larga fachada y gran pórtico, características del gusto del arquitecto, ya utilizadas en el Pabellón de Velázquez.

Al igual que en todas sus obras, Velázquez Bosco cuidó hasta el último detalle, contando con los mejores artistas. La cerámica de Daniel Zuloaga, las esculturas de Querol, Ricardo Bellver, Ángel García Díaz, … Las estrellas de la decoración del edificio son sin duda la escultura, y el color proporcionado por el ladrillo de diferentes tonalidades, y sobre todo por la cerámica.

A ambos lados de la puerta se instalaron dos majestuosas Cariátides, obra de José Alcoverro, que representan a la Industria y al Comercio, y que sustentan el balcón. Sobre ella, ocho columnas y un escudo de mármol esculpido por Bellver.

A principios del siglo XX las obras continuaban… Hubo que construir una chimenea para la salida de humos de la calefacción, y el arquitecto la diseñó y realizó en ladrillo con gran diversidad de bellos elementos decorativos.

Las cornisas, repisas, impostas y pilastras de la fachada se construyeron en piedra de Novelda, muy poco resistente a algunas agresiones. Entonces aún circulaban los carros por las calles madrileñas, y nadie pudo imaginar hasta qué punto la contaminación que se avecinaba podría destruir esta delicada piedra blanca con el paso de los años. Las columnas tuvieron que ser sustituidas, y las primitivas se encuentran en otros lugares de la ciudad, por ejemplo en el Jardín del Palacio de Buenavista hay dos de ellas.

Jardín del Palacio de Buenavista

El pasado doce de octubre, en una festiva Jornada de Puertas Abiertas en muchos edificios y museos de Madrid, por fin traspasamos la espléndida puerta de entrada, que conserva el sello de su constructor, Gabriel Asins, y pudimos acceder al lujoso zaguán, antesala de la bellísima escalera construida en mármol italiano, excepto el zócalo que procede de las canteras del pueblo madrileño de Robledo de Chavela.

Llega únicamente hasta la planta principal y desgraciadamente hoy día no recibe la luz suficiente para apreciar toda su belleza, ya que sus ventanales fueron cegados al construirse nuevos despachos por necesidades de espacio, aún así su contemplación, deslumbra.

Fue diseñada por el propio arquitecto y decorada con pinturas de los artistas madrileños Alejandro Ferrant y Manuel Domínguez, igualmente terminadas en 1905. Ferrant pintó la bóveda y Domínguez las lunetas. Las enjutas de los arcos están formadas por esculturas de García Díaz.

Frente al acceso a la planta principal se encuentra el que fuera  el Gran Salón de Recepciones, decorado en origen de forma muy suntuosa. En los años 50 del pasado siglo XX fue muy transformado, hoy día únicamente conserva algunos restos de las columnas primitivas, recibe el nombre de Sala de Micrófonos y se utiliza como Sala de Juntas. Sus balcones se asoman a la glorieta de Atocha.

La escalera imperial está situada entre los dos patios o lucernarios con cubiertas de hierro y cristal en torno a los cuales se ordena el edificio.

Galería de Retratos

Como casi todos los elementos de hierro, las cubiertas fueron realizadas en los Altos Hornos de Bilbao y montadas en los talleres madrileños de Industrias González.

Sus fachadas, al igual que las galerías, presentan la misma decoración que la fachada exterior. Todo en este edificio es armónico, tanto en su exterior como  interior.

Existen otras dos escaleras de servicio general, construidas en hierro y madera, muy bonitas. Las piezas de fundición fueron realizadas en Industrias González.

Finalizado el edificio, se construyó un bello Jardín a su alrededor, que aún se conserva, siendo de interés histórico-artístico.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Juan Carlos Arbex. El Palacio de Fomento. Mº de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid 1988.

Ricardo Velázquez Bosco

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Antonio Garay Vitorica fue uno de los muchos personajes adinerados que llegaron a Madrid en los comienzos del siglo XX y se establecieron en el Paseo de la Castellana o sus proximidades. De origen vasco, fue diputado a Cortes por la provincia de Cáceres, donde poseía grandes terrenos y fincas, desde el año 1916 hasta 1923. Como indican los archivos del Congreso, Garay era, de fracción política, Conservador, y de profesión, Propietario.

Rico, político, bien relacionado con la aristocracia, incluso con el rey Alfonso XIII, en 1914 encargó la construcción de su casa-palacio en la calle de Almagro al arquitecto bilbaino, Manuel María Smith e Ibarra.

Calle Almagro nº 42.

Conocida como la Casa Garay, es un magnífico ejemplo de arquitectura “nacional” o regionalista. Tras su venta en los años 70 se convirtió en la sede del Colegio de Ingenieros de Caminos y Puertos.

Garay eligió para vivir la calle más elegante de la villa, y parece que observaba atento la evolución de la ciudad para elegir sus negocios.

En los comienzos del siglo XX la calle del Doctor Esquerdo aún no existía, era el Paseo de Ronda que discurría por el Foso de Circunvalación, por entonces establecido como límite del Ensanche de Madrid. Al otro lado del paseo las construcciones eran escasas. Una de las primeras edificaciones fue la Residencia de Personas Mayores de las Hermanitas de los Pobres – hoy nº 49 de la calle -, levantada en 1910. Dos años después la vía recibiría, por acuerdo municipal, el nombre del Doctor Esquerdo.

Ya instalado en Madrid y en el Congreso de los Diputados, Garay adquirió terrenos en dicha calle y en 1919 construyó un edificio destinado a viviendas de alquiler, que encargó al arquitecto Secundino de Zuazo, también nacido en Bilbao, que ya había trabajado para él en alguna obra en la ciudad vasca y en la dirección de las obras de su palacete de la calle Almagro.

Viviendas para don Antonio Garay (La Esfera, 1927)

Este edificio sería una de las primeras obras de las varias que realizaría este gran arquitecto en Madrid, el edificio de Viviendas para don Antonio Garay.

Abril 2010

Se trata de una construcción exenta con cuatro fachadas. El gran alero de madera que lo protege recuerda la arquitectura regionalista de Smith, para quien había trabajado en la construcción del edificio de Almagro. Contrasta el clasicismo del ático de ladrillo visto, con arcos de medio punto, con el cuerpo central del edificio, revocado, con apuntes racionalistas.

Detalle fachada

En el interior se conservan algunos elementos originales, como la portería o las puertas de madera, y otros más recientes que han intentado conservar el sabor de principios de siglo.

Portería

Portería

Corresponde al actual nº 47 de la calle, y hoy día es más conocido como la Casa de las Abejas. Además de construir el edificio de viviendas, Garay fundó una empresa, una Fábrica de Colmenas, negocio que en aquel momento fue una novedad, logró vender a los apicultores de toda España, y quizá fuera de ella. Fue un éxito.

Anuncio en La Esfera (1933)

El taller se ubicó en el patio posterior del edificio, en una construcción de ladrillo, y las oficinas se situaron, junto a la fachada principal, en un pequeño pabellón decorado con una gran colmena y las abejas que acudían a ella, pintadas en la piedra alrededor de una puerta y dos ventanas de forja que daban paso a “La Moderna Apicultura S.A.”.

(Folleto de la Moderna Apicultura)

Don Antonio Garay era el presidente del Consejo de la empresa.

El Rey Alfonso XIII visita la Moderna Apicultura (Mundo Gráfico, 1924)

La puerta de entrada a la oficina debía ser igual a la puerta de entrada a las viviendas, que se mantiene.

Portal de las viviendas

La vieja fábrica pervive medio oculta tras una verja, en plena calle de Doctor Esquerdo, a un paso del Barrio de Salamanca, la vida moderna y el tráfico del siglo XXI.

No se puede hablar de grandes méritos artísticos o arquitectónicos, pero se trata de un ejemplo de arquitectura industrial de esos primeros años del siglo XX, nave de una sola planta con techo en forma de “dientes de serrucho”, estilo que permitía grandes espacios y mayor entrada de luz en los talleres o fábricas, de los que ya no deben quedar muchos en Madrid. Hoy día es una ebanistería. Hoy, como ayer, tiene su entrada por la calle de Jorge Juan.

La fábrica, vista desde la calle del Dr. Esquerdo

El curioso pabellón de la oficina se convirtió en la tienda “La Moderna Apicultura”. Desaparecieron las bonitas ventanas, transformadas en escaparates, la puerta de hierro, y parte de la decoración, aunque aún se conserva la zona superior, convirtiendo este local en uno de las más reconocibles de Madrid. Aunque ya no exista la fábrica de colmenas, la dulce miel allí continúa a nuestra disposición, miel de todas clases, y otras delicias.

Aurora Jiménez, hija del actual dueño, la dirige y, con la ayuda de otra persona, atienden al público con amabilidad. La Moderna Apicultura, un bonito lugar, con buen ambiente, que invita a comprar apetitosos productos.

En una de las paredes se conserva una pintura, de autor desconocido, que representa un bello campo de colmenas. Hace poco fue restaurada y en el extremo inferior derecho apareció un río, hasta entonces oculto por el paso del tiempo.

El cuadro, junto a tres antiguos depósitos de miel ante una vidriera obra de la Casa Maumejean, aquí continúan, como testigos de una época.

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez

Una vez más, una de las Vistas de la Calle de Alcalá, de Antonio Joli, sirve para ilustrar el comienzo de nuestra historia, la del solar que ocupa la esquina entre la propia calle de Alcalá y la del Barquillo, donde el pintor situó, a la derecha de la imagen, una modesta construcción.

Calle de Alcalá, A. Joli, (h.1750)

Podría ser la sencilla Casa de Postas que aparece representada en el plano realizado por Chalmandrier pocos años después. Allá por el siglo XVIII, desde la calle de Alcalá partían las Diligencias a numerosos puntos de la Península, y allí llegaban procedentes de otros tantos lugares, con necesidad de descansar y repostar, lo cual conseguían en los paradores y fondas que existían en los alrededores.

Casa de las Postas (nº 207). Plano de Chalmandrier, 1761.

Bastante tiempo después, en 1836, en dicha esquina se construyó el Palacio del Marqués de Casa Irujo, notable obra del arquitecto Lucio de Olarieta que contaba con cinco plantas además de un sótano y buhardillas, con vistas al vecino jardín del Palacio de Buenavista.

Palacio del marqués de Casa Irujo. (en "A.Palacios, constructor de Madrid").

En la planta baja hubo un pequeño teatro, según cuenta Répide, en el que un titiritero, siguiendo la moda del momento –recordemos el Salón Madrid en la cercana calle de Cedaceros-, ofrecía espectáculos con monos amaestrados.

Dos años después se convirtió en el Café Cervantes. Inaugurado el día 1 de abril, fue uno de los pocos que por entonces tenía salón de baile y un teatrito para danzas y cante flamenco; en Carnaval se celebraban bailes de máscaras.

(foto Instituto Cervantes)

El palacio fue derribado para construir el que se convertiría en uno de los edificios más espectaculares y emblemáticos de Madrid, el Antiguo Banco Español del Río de la Plata, uno de los varios que construiría el gran arquitecto Antonio Palacios y que cambiaron la imagen de nuestra ciudad. Será más conocido como Edificio de Las Cariátides por las impresionantes esculturas que enmarcan la entrada en el chaflán entre ambas calles.

El primer proyecto, encargado a Antonio Palacios y a su amigo y socio Joaquín Otamendi, fue realizado en 1910, el mismo año que dio comienzo la construcción de la Gran Vía, por lo que este año celebra también su centenario.

El edificio en obras. (en "A.Palacios, constructor de Madrid").

Sobre una estructura de hormigón armado, entre los años 1910 y 1918, se construyó un lujoso edificio, con elementos de estilo clásico, y utilizando materiales de la mejor calidad, tanto en su exterior, de granito azul de Berrocal y mármol blanco y gris procedente de Italia, como en su interior, igualmente de elegante mármol y finas maderas.

Su planta, casi cuadrada, presentaba una gran sala central, que abarcaba todas sus plantas, alrededor de la cual se organizaban los espacios y la actividad, cubierta por una magnífica vidriera que daba luz a todo el recinto.

El 29 de abril de 1918, la nueva oficina bancaria abrió sus puertas al público. Ricas caobas y mostradores de mármol y bronce dieron la bienvenida a los clientes que eran atendidos en la planta baja, bajo la gran cúpula de cristal.

Las cuatro Cariátides, así como los capiteles jónicos de las monumentales columnas, son obra de Ángel García Díaz, que trabajó con Palacios en diversas ocasiones. En aquella época la colaboración entre arquitectos y escultores era habitual.

El día 29 de octubre de 1934 el Banco Central, que representaba al Río de la Plata, estableció su sede social en este edificio, que había pasado a ser de su propiedad. En los años 40 ambas entidades se fusionaron y la construcción original fue reformada, perdiéndose el gran vestíbulo central y la vista de la vidriera en la cúpula. También, con el fin de ampliar las oficinas, se construyó un nuevo edificio en la calle Barquillo.

Su emplazamiento y belleza le han convertido en una de las estampas más repetidas de Madrid, en postales, sellos, y películas.

"Manolo guardia urbano" (J.R. Salvia 1956) (en "A.Palacios, constructor de Madrid").

En los comienzos del siglo XXI el Ayuntamiento de Madrid lo compró, para luego en una especie de trueque, cederlo al Estado junto a otros edificios, a cambio del Palacio de Correos que el actual Alcalde deseaba ocupar en lugar de la histórica Casa de la Villa, sede consistorial durante siglos, cosa que al final ha conseguido.

Desde el Círculo de Bellas Artes

Ya propiedad del Ministerio de Cultura, en 2006 el antiguo edificio del Banco del Río de la Plata fue rehabilitado para convertirse en la nueva sede del Instituto Cervantes, hasta entonces ubicado en el Palacete de la Trinidad, en la calle de Francisco Silvela.

La inauguración tuvo lugar en octubre.

Se conserva gran parte de las antiguas y suntuosas dependencias del banco en las que se daba servicio al público, donde se instalaron la sala para exposiciones, biblioteca, hemeroteca, etc.

Espléndidas reproducciones de antiguas fotografías y paneles explicativos muestran la evolución de la calle, del solar y del edificio.

Resulta muy sugerente la historia de este solar. Lugar de paso para los carruajes y sus viajeros en el siglo XVIII, luego Palacio que albergó un café llamado Cervantes, el más grande escritor de la lengua castellana, nombre que curiosamente el edificio vuelve a lucir en su fachada, esta vez con letras doradas.

El Instituto Cervantes fue creado en 1991 con el objetivo de promover y difundir la cultura y la lengua españolas por todo el mundo.

Su sede central está repartida entre Alcalá de Henares, dedicada exclusivamente a la formación de profesores de Español, y la sede de la calle de Alcalá 49. Además está presente en 58 ciudades de 38 países, en los que desarrolla una magnífica labor.

Por todo esto el Instituto merece ser visitado en cualquier momento, pero además actualmente ofrece una preciosa y delicada exposición. La poesía de Pablo Neruda y su voz entre mágicas caracolas coleccionadas por el poeta a lo largo de muchos años, “un viaje por el mar de sus colecciones y su poesía”, más de trescientas caracolas junto a fragmentos de sus obras.

Instituto Cervantes
Alcalá, 49.
Exposición “Amor al mar. Las caracolas de Neruda”
Hasta el 24 de enero

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Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Angel del Río. Cafés de Madrid. La Librería.
El Banco Español del Río de la Plata. La Construcción Moderna. 15 Mayo 1918.
VVAA. Antonio Palacios. Constructor de Madrid. Catálogo Exposición Círculo de Bellas Artes, nov.2001-ene.2002.
Edificio Cervantes

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P.D. : Lunes, 11 de enero

Ayer nevó en Madrid, y este mediodía aún quedaba mucha nieve en el Retiro, en el Paseo del Prado, Plaza de la Lealtad… y me he atrevido a dar un paseo y sacar algunas fotos :-)

Hacía mucho frío pero el día estaba precioso, soleado y con el cielo azul. Sobre la Cibeles y los árboles del Palacio de Buenavista quedaban algunos restos de nieve. Al fondo, las Cariátides vigilándolo todo.

Al pasar frente al número 7 de la calle de Cedaceros un edificio llama poderosamente nuestra atención, por su decoración, pero también por su estado de abandono. Un letrero indica que se trata del Cine Bogart, pero la entrada está tapiada. Restos de cerámica de color azul alrededor de lo que fue la puerta del cine parecen testigos mudos de una larga y azarosa historia que comenzó hace más de un siglo.

Calle de Cedaceros

Historia de un local que además de cine ha sido teatro, frontón, y aún antes salón de variedades. Usos diversos e infinidad de nombres. Salón Madrid, Teatro de los Polichinelas, Frontón Salón Madrid, Teatro Rey Alfonso, Cine Panorama, Teatro Arniches, Cine Cedaceros, y por fin Cine Bogart.

Durante casi cien años sus dueños se han visto obligados varias veces a cambiar el tipo de espectáculo que ofrecían y adaptarse a los nuevos tiempos para salir adelante. Vendido en subasta pública por orden judicial en más de una ocasión, sin embargo siempre mantuvo su carácter de lugar dedicado al ocio y al entretenimiento.

Igualmente, las reformas arquitectónicas han sido numerosas. Quizá una de sus peculiaridades, la planta en “L”, con fachadas a Cedaceros y Los Madrazo, haya supuesto una dificultad, ya que la esquina de ambas calles está ocupada por un edificio de viviendas.

Planta principal, por Luis Ferrero (Guía COAM)

El primitivo local fue construido en 1907 para albergar un pequeño salón-teatro, el Salón Madrid, que en aquellos primeros momentos tenía su entrada por la calle de Los Madrazo. Su arquitecto fue Luis López López, quien solo dos años después emprendería la primera reforma para convertirlo en cine, aunque en esos comienzos de siglo y del cinematógrafo, además de películas se ofrecían espectáculos de variedades, como por ejemplo las habilidades de perros amaestrados.

Salón Madrid (Revista “El arte del teatro” 15 agosto 1907)

Francisco Reynals entre 1916 y 1918 lo transformó en un frontón femenino, el Frontón Salón Madrid para “señoritas raquetistas”.

Y dos años más tarde el arquitecto Luis Ferrero Tomás proyectó una nueva reforma para cine-teatro y frontón en la parte superior, local que recibió el nombre de Teatro Rey Alfonso. En este momento fue trasladada la entrada principal a Cedaceros, que entonces se llamaba calle Nicolás María Rivero. Y la entrada por la calle de los Madrazo quedó comunicada con el escenario y camerinos de los artistas.

Fachada calle de Los Madrazo, actualmente cegada.

Ferrero fue quien dio al edificio el estilo arquitectónico que conserva, construido con el “encanto de la originalidad”, como decía la prensa de la época. Estilo calificado como Regionalista, caracterizado por el uso y mezcla de elementos arquitectónicos tradicionales. El interior debía ser espléndido, con sus butacas tapizadas de cuero color oro viejo, sus catorce palcos, y los adornos de hierro repujado; el techo artesonado de madera policromada, los zócalos del patio de butacas cubiertos de azulejos de Talavera y la doble escalera de mármol.

En 1924 se convirtió en cine, pero los problemas de subsistencia eran graves y al año siguiente tuvo lugar el primer cierre y la primera subasta, dedicándose entonces el local a representaciones de género ínfimo, como se llamó al cuplé “no apto para todos los públicos” a las que acudían solo hombres.

En 1927 el mismo Ferrero transformó el frontón de los dos pisos altos en salones para una empresa privada, mientras en el piso inferior el teatrito continuó representando piezas de cabaret, le llamaron primero Picadilly Club y luego Lido.

Durante la República volvió el cine, el Panorama, en esta ocasión sobrevivió durante más de 30 años, cine de barrio que más de una generación de madrileños guarda en su memoria. Hasta que en el mes septiembre de 1965 se inauguró el Teatro Arniches, que igualmente muchos aficionados recuerdan, así como algunas de las obras que allí se representaron.

Pero los problemas económicos volvieron a surgir, anunciándose el cierre en 1976.

La protección de Patrimonio Artístico evitó entonces su derribo, pero a partir de ese momento la situación fue empeorando. El entonces llamado Cine Cedaceros exhibía películas “S”, novedad de la época, pero que poco a poco también fue perdiendo espectadores.

En 1982 el edificio sufrió la sexta reforma, la última de momento, y pasó a ser el Cine Bogart, que proyectaba películas en versión original, pasando de sala “porno” a sala de culto.

Cine Bogart (foto COAM)

Desde el año 2001 el edificio permanece cerrado.

En el verano del 2006 fue “ocupado” durante una semana por más de cien integrantes de un movimiento social como protesta por la especulación inmobiliaria. Durante unos días fue noticia en todos los periódicos. Fue en ese momento cuando la puerta que en sus orígenes estaba protegida por una bonita verja de hierro repujado fue cegada.

Las últimas imágenes, antes de que la entrada fuera tapiada y desapareciera la marquesina, se pueden ver en este video:

Han pasado tres años y medio.

¿Quedará en su interior algo de la magnífica decoración, del zócalo de azulejos de Talavera, de los faroles de hierro repujado…?

¿Cuál será el futuro del local? Entre sus paredes se guarda casi toda la Historia del Espectáculo en Madrid y se reflejan los cambios de los gustos del público motivados por los cambios sociales a lo largo de todo el siglo XX. Seguro que, según nuestra edad y forma de vida, todos recordamos alguna de la etapas por las que ha pasado.

Esperemos que el singular edificio no corra peligro, se mantenga su protección, y que pueda ser recuperado como sala de Cine o Teatro, o tal vez para acoger ¿alguna otra forma de espectáculo o centro cultural?.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

(ACTUALIZACIÓN 4 de marzo 2010)

Foto: Eva Álvarez. 27 febrero 2010.

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Fuentes:
Arquitectura de Madrid
. COAM 2003.
La Construcción Moderna, 15 oct. 1921 (BNE)
Revista de la Unión de Actores
El País, 7 dic. 1989

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Hoy quiero presentaros y dar la bienvenida a un nuevo colaborador del blog, Fernando, que en su artículo titulado “De Madrid al cielo” nos propone un personal recorrido por la Historia de Madrid a través de sus edificios. Gracias a su escrito disfrutaremos de un singular paseo a través del tiempo, desde el Madrid árabe hasta nuestros días.

Espero que os guste.

Mercedes

Al comienzo de la segunda mitad del siglo IX el emir de Córdoba Mohamed I, con la pretensión de tener controlado el paso de las tropas cristianas por Somosierra decidió fundar una serie de ciudades fortificando varias de ellas, como Madrid, donde mandó construir un alcázar, en el sitio donde hoy se encuentra el Palacio Real. Alrededor se aposentó la población formando la ciudad árabe conocida como Mayrit, a la que los castellanos llamaron Magerit. Con la llegada de los musulmanes conocemos la primera natural ocupación, el personal principal, que serían los militares, se instalaría en el alcázar y los demás, la población, se cobijaría donde Alá les dio a entender. El recinto tenía unas 5 hectáreas de extensión.

Restos de la muralla árabe

Restos de la muralla árabe en la Cuesta de la Vega (siglo IX)

Tras la conquista de Madrid por el rey Alfonso VI en 1085 se construyó una nueva muralla y la ciudad aumentó hasta unas 39 hectáreas. Las murallas se sucedieron en los siglos siguientes hasta que Felipe II mandó construir una cerca que se realizó con materiales de baja calidad puesto que su finalidad era el control fiscal y sanitario, ya que por entonces no era necesario levantar una muralla de carácter defensivo. Felipe II decide otorgar a Madrid la capitalidad del Reino lo que origina la llegada de una importante cantidad de nobles que deciden construir allí sus palacios.

El plano de Texeira, que se refiere a la ciudad de 1656, es muy aleccionador. A simple vista se puede apreciar que un tercio de la superficie estaba ocupada por el Retiro, y el resto, se lo repartían aproximadamente a partes iguales de un lado los centros religiosos tales como conventos, iglesias, hospitales, etc., y por otra, por el alcázar, palacios y viviendas particulares. Los edificios más notables están reflejados con bastante precisión y respecto al resto se puede observar que en su gran mayoría son de una sola planta, lo que nos permite suponer que la causa sea la Regalía de Aposento que imponía la obligatoriedad a todos los habitantes poseedores de viviendas de más de un piso, de procurar hospedaje a miembros de la Corte.

Para burlar la ley las casas se hacían en su parte exterior de una sola planta y se construía un tejado inclinado hacia el patio interior consiguiendo un piso que no se veía desde la calle. Este tipo de viviendas es conocido con el nombre de casas a la malicia.

Casa

Casa "a la malicia", calle Redondilla (1565-1590)

Calle del Conde. La casa original probablemente fu construida entre los años 1650-1700

Calle del Conde. La casa original probablemente fu construida entre los años 1650-1700

Madrid absorbe gran cantidad de emigrantes y para atender la demanda de alojamientos, por lo general lo más económicos posible, se han venido construyendo durante los siglos XVI al XIX, edificios conocidos como corralas o casas de corredores. Son casas con trazas que nos recuerdan a las de las cárceles, largos pasillos con puertas que dan paso a minúsculas estancias, con un grifo y un retrete comunes y un gran patio donde los vecinos suelen compartir los buenos momentos y arreglar verbalmente sus diferencias. La mayoría de estas edificaciones están situadas en los barrios más humildes aunque hoy en día podemos encontrar una en la calle Fernández de la Hoz, junto al paseo de la Castellana. La corrala más popular está situada en la calle Sombrerete con fachada a Mesón de Paredes.

Viviendas en antiguo Palacio

Antigua Casa de Postas del duque de Santiesteban (1742) convertida en viviendas (1959), calle del Pretil de Santisteban nº 1.

Aquellos tiempos de la Regalía de Aposento han quedado en el olvido, por fortuna hoy Madrid crece, quizá exageradamente, en extensión y en altura, da la impresión de que ya no puede quedarse estancada.

En la parte alta del Paseo de la Castellana se han levantado cuatro rascacielos, alguno en diferentes fases de avanzada terminación, que son los más altos de Madrid, con los siguientes datos en cuanto a su altura se refiere exclusivamente:

Torre Caja Madrid, 49 plantas, 5 subterráneas, altura 250 m.
Torre Sacyr-Vallermoso, tiene 64 plantas, 6 bajo rasante, altura 236 m.
Torre Cristal, de la Mutua Madrileña, 58 plantas, 6 bajo rasante, altura 250 m.
Torre Espacio, tiene 54 plantas, 5 bajo rasante, altura 236 m.

Las Cuatro Torres

Las Cuatro Torres (2009)

Para que no falte de nada se ha construido un distribuidor, es decir, una amplia red de calles y túneles subterráneos para la intercomunicación de las cuatro torres y entradas y salidas desde el exterior.

Las vivencias y las cifras que se manejan en todos los ordenes son en verdad impresionantes y sorpresivas. En la torre SyV se ha instalado un hotel cinco estrellas super lujo que ocupará 33 de las 59 plantas. Debe ser interesante ver desde esa altura la ciudad confortablemente instalado. Desde la parte superior de la torre de 250 m. hasta la calle la diferencia térmica puede oscilar entre los seis y los doce grados centígrados con lo que puede suceder que en la cima esté nevando y abajo haga una temperatura tolerable.

“De Madrid al cielo” es una atrayente y fantasiosa frase, para los madrileños, que en el futuro, como continúen haciendo las edificaciones cada vez más altas, se convertirá en realidad, podremos llegar en ascensor sin necesidad de cohete.

Torre Espacio

por Fernando Gómez San José

Mayo 2009

El Convento de las Comendadoras de Santiago esconde, además del gran patio central, otros seis patios más pequeños, como se puede apreciar en el detallado plano de Ibáñez de Ibero realizado hacia 1875:

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Uno de estos patios se encuentra junto a la Sacristía de los Caballeros, y también se encontraba en muy mal estado. Es el hoy conocido como Patio de Moradillo.

Al igual que en la Sacristía, los trabajos de restauración han permitido recuperar las pinturas murales primitivas. El deteriorado estado en que se encontraba el pequeño patio se puede apreciar en los paneles explicativos de las distintas fases acometidas por los restauradores que nos mostraron durante la visita.

antes

Antes

ventanas

Después

En la decoración primitiva del patio se utilizaron los mismos colores que en el interior, como podemos observar en las fotografías. E igualmente se recurrió al trampantojo, veamos el delicado pañuelito tendido en una de las falsas ventanas.

panuelo

La antigua fuente de piedra también ha sido recuperada.

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La restauración del convento y algunas de las maravillosas obras de arte que encierra, continúa. Como la del lienzo del gran pintor barroco Lucas Jordán, el Santiago Apóstol en la Batalla de Clavijo, del siglo XVII, que esperemos pronto volverá a su lugar, el altar de la Iglesia, si es que no lo ha hecho ya.

Para comprobarlo, parece necesaria una visita a la iglesia de las Comendadoras de Santiago, en cuyo interior a veces el tiempo parece haberse detenido.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

La Casa-Museo de Lope de Vega, en la calle de Cervantes número 11, en pleno Barrio de las Letras, es, en mi opinión, uno de los lugares más bonitos de Madrid, y quizá uno de los museos más desconocidos.

Dentro de pocos días hará un año en que se anunció su rehabilitación.

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El Museo fue cedido por la Real Academia de la Historia, propietaria de la casa desde que en 1935 se hiciera cargo de su restauración, a la Comunidad de Madrid, con el fin de que ésta se haga cargo de su gestión, la potencie como museo y centro cultural para la ciudad, y le de todo el valor que se merece como Casa que fue de uno de los grandes escritores de todos los tiempos.

Hoy tenemos una buena noticia: se anuncia la inauguración del renovado Museo.

Además de la aplicación de medidas de conservación a todo el edificio y acondicionamiento, básicamente las obras han consistido en la rehabilitación de la planta baja con el fin de que pueda acoger diversas actividades de índole cultural (conferencias, talleres literarios, recitales de poesía, etc.) sobre todo encaminadas a dar a conocer el Siglo de Oro español, cuyo principal escenario no olvidemos fue la Villa de Madrid. Vecinos de Lope fueron Cervantes y Quevedo, entre otros.

La Casa conserva todo el encanto que le otorga el ser un fiel reflejo de lo que podía ser una casa común del siglo XVII en Madrid y que reconstruye con bastante fidelidad la casa en la que vivió el autor desde que la compró en 1610 hasta su muerte en 1635.

El ambiente recreado es perfecto. Libros de la época -gracias a la Biblioteca Nacional-, pinturas magníficas como las que pudieron adornar las estancias cuando el autor las habitaba -cedidas por el Museo del Prado y el cercano Convento de las Trinitarias-, o mobiliario procedente del Museo de Artes Decorativas, permiten al visitante realizar un verdadero viaje a otra época e imaginarse al dramaturgo en su huerto o subiendo por las escaleras de madera hacia los aposentos de la casa.

En la planta baja, tras atravesar el zaguán, se accede al pequeño jardín, con su palomar, sus árboles frutales y el pozo, que es el original, no así el brocal que fue reconstruído. Aunque parezca mentira, pues nos encontramos en el centro de Madrid, el único sonido que percibimos es el canto de los pájaros.

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Visitamos el Oratorio, donde el propio Lope, sacerdote desde 1614, oficiaría la misa. Una figura de San Isidro, del siglo XVII, preside el altar. Las alcobas; la habitación destinada a los huéspedes, en la que el Capitán Contreras tantas veces se alojó, que allí, sobre un sofá junto a la cama, descansa una espada en su recuerdo. El comedor, la cocina…

escalera

comedor

El estudio de Lope, y junto a él, el estrado, la habitación más curiosa para nosotros, lugar de reunión donde las damas solían recibir a las visitas, mientras quizá los hombres mantenían su tertulia en el estudio. Los estrados consistían en una tarima de madera o corcho sobre la que se colocaban alfombras y grandes almohadones, los cuales hacían las veces de sillas para las señoras que allí podían dedicarse a charlar. En estas estancias también había sillas, donde se sentaban los personajes importantes, o banquetas, lugar común donde se sentaban los hombres, al contrario que las mujeres que se sentaban sobre sus piernas cruzadas. Como vemos, las diferencias entre los hombres y las mujeres eran entonces abismales, afectando incluso a la forma de sentarse.

estrado

estudio

Lope de Vega dejó una gran obra y vivió una vida azarosa. Nació en Madrid, y aquí murió; tuvo varias mujeres, hijos, y también amantes aún después de ser ordenado sacerdote -con aparente especial predilección por las actrices de su teatro-. Como buen personaje del siglo XVII, conoció la cárcel y el destierro, al parecer también la guerra como voluntario de la Armada Invencible, los conflictos con sus colegas,… y la gloria como dramaturgo.

A partir de hoy será más fácil visitar la que fuera Casa del gran maestro del Siglo de Oro, pues estará abierta incluso los domingos, y tal vez animarnos a conocer un poco mejor a don Félix Lope de Vega y Carpio, Fénix de los Ingenios.

Casa-Museo Lope de Vega. Cervantes, 11. Martes a domingo, de 10.00 a 15.00. Entrada gratuita. Lunes cerrado

Fuentes:
González Martel, J.Manuel. “Casa Museo de Lope de Vega. Guía y Catálogo“. Madrid 1993.
DocuMadrid. “El Madrid de Velázquez”. Madrid 1999

Texto y fotografías por:  Mercedes Gómez

El edificio de las antiguas Serrerías Belgas, situado entre las calles Cenicero y Alameda, a un paso del Paseo del Prado, es uno de los pocos ejemplos de arquitectura industrial que perviven en Madrid, una vieja fábrica maderera destinada ahora a albergar cultura contemporánea.

El año 1840 se fundó la Sociedad Belga de Fincas Españolas, asentándose en un espléndido solar al final de la calle de Atocha que tiempo atrás ocupó un convento. La elección resultó acertada pues poco después se inauguró la Estación de Atocha o del Mediodía, hecho que favoreció sin duda la prosperidad de esta empresa.

En 1863 se ampliaron las construcciones iniciales, que sufrieron numerosas reformas y cambios durante los primeros años del siglo XX, hasta llegar al edificio actual.

Esta Sociedad fue el antecedente de la actual propietaria del “Pinar de los Belgas” en Rascafría: la Sociedad Anónima Belga de los Pinares del Paular, que en su web conserva recuerdos de aquellos tiempos lejanos en que la industria maderera se encontraba en la madrileña calle de Atocha.

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Después de la guerra se fueron ampliando las instalaciones con la compra de nuevos terrenos. La idea fue rentabilizar la propiedad con la construcción de algunos comercios y viviendas, al final lo que se construyó fue un hotel, el Hotel Mercator, finalizado en 1954.

Esta fue la sede de la fábrica hasta los años 70 del siglo XX, la actividad se fue reduciendo poco a poco hasta quedar las naves casi abandonadas y, en el año 2000, se vendió el hotel.

En su lugar se construyó el moderno Hotel Paseo del Arte, que fue inaugurado en 2002 en el actualmente nº 123 de la calle de Atocha.

Las naves de las antiguas serrerías fueron adquiridas por el Ayuntamiento y poco después nació el proyecto de rehabilitación para convertirlas en una de las sedes de la INTERMEDIAE, centro de arte dedicado a la Creación contemporánea y a las últimas técnicas de expresión artística. La otra sede, ya en funcionamiento, es el antiguo Matadero de Legazpi.

Tras el grave incendio de una Subestación Eléctrica de Unión Fenosa en el mes de julio de 2004, que estaba situada entre las serrerías y la antigua Central Eléctrica de Mediodía -hoy convertida en el Caixa-Forum- , lo único que quedó fue un gran solar.

Poco después del incendio, la medianería que se asomaba a dicho solar fue cubierta con un enorme mural de lona que invitaba a leer el capítulo XXXIX del Quijote como antesala protectora de las naves de las antiguas serrerías.

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A continuación, caminando por la calle Alameda, se leía perfectamente el rótulo que informaba que ahí estuvieron los viejos ALMACENES Y TALLERES MECÁNICOS. Una verja y un pequeño patio-jardincillo donde desde siempre hubo un árbol, separaban las naves del hotel. Al fondo, la calle Atocha.

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Por la calle Atocha, llegamos a la de Cenicero donde se encuentra la fachada que anuncia MADERAS DEL PAÍS Y EXÓTICAS. La antigua entrada a la fábrica por la Calle Cenicero nº 8 anuncia TALLERES Y PINARES PROPIOS.

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Unión Fenosa cedió el solar al Ayuntamiento, para zona verde. La subestación fue trasladada y reconstruida bajo la Cuesta de Moyano; el solar se convirtió en la nueva Plaza de las Letras, inaugurada en abril de 2007; y la medianería ahora luce unos paneles ondulados de metal, quizá acordes con el pasado industrial de la zona.

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Bajo la plaza se instaló el Medialab-Prado, un programa del Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid relacionado sobre todo con la nueva cultura digital, como adelanto a la futura Intermediae.

El mismo año 2007 se falló el concurso de ideas para la “adecuación de la antigua serrería belga” y convertirlo en el centro Intermediae-Prado, resultando ganador el proyecto “Street Fighter”, de los arquitectos María Langarita Sánchez y Víctor Navarro Ríos, quienes afirman querer buscar un equilibrio entre lo que el edificio ha sido y lo que será. El viejo edificio conservará su estructura y “la memoria del pasado se mantendrá como un punto y seguido…

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El carácter que el uso de la serrería dio al edificio, su maquinaria específica, todo será recubierto con una pátina de resinas que congelará en el tiempo lo que la serrería fue hasta esa fecha para poder reescribir encima lo que el edificio puede llegar a ser”.

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Hoy, allí sigue cercana la Estación de Atocha, desde donde ahora parte el AVE a diferentes lugares, en lugar de los viejos trenes, algunos cargados de madera; el Paseo del Prado se ha convertido en el Paseo del Arte, con el maravilloso Museo del Prado, el Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Thyssen, el Caixa Forum. Y allí permanece el edificio de la antigua serrería que pronto albergará el nuevo centro Intermediae-Prado. Los rótulos ahora están tapados por lonas que anuncian el futuro centro cultural, pero cuando finalicen las obras seguro volverán a mostrarse, recordando el uso industrial que las naves un día tuvieron.

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Como testigo de todos los cambios acaecidos durante estos más de ciento sesenta años, el árbol continúa en su lugar, en el patio-jardincillo, observándolo todo.

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Fuentes:

COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
http://www.esmadrid.com/intermediaeprado/pdf/plano_street_fighter.pdf

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Texto y fotografías: Mercedes Gómez

artedemadrid@gmail.com
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