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El Servicio Fotográfico era un gabinete del Ayuntamiento creado en 1914 con el fin de fotografiar toda la actividad municipal y dejar constancia de los cambios que pretendían convertir Madrid en una ciudad nueva. En las primeras décadas del siglo XX se acometieron reformas urbanísticas, se construyeron nuevas escuelas, mercados, dispensarios… Con la llegada de la República los proyectos se sucedieron; la apertura de la Casa de Campo a los ciudadanos, la prolongación de la Castellana y el nuevo Plan de enlaces ferroviarios, etc.

El nuevo Servicio se encargaba de realizar todo el material fotográfico municipal y guardarlo.

Membrete del Servicio Fotográfico

Membrete del Servicio Fotográfico y relación Archivo (enero 1936)

Otro de sus objetivos era ilustrar las propias publicaciones del Consistorio.

 Tiempos Nuevos: revista quincenal de estudios socialistas municipales, 1934.

Tiempos Nuevos: revista quincenal de estudios socialistas municipales, 1934.

Su creación no fue una iniciativa aislada sino que formó parte de una política cultural global. Se fundó la Hemeroteca, la Biblioteca Musical, la Escuela de Cerámica, las Bibliotecas Circulantes y de Jardines, el Servicio de Investigaciones Prehistóricas, la Revista de la Biblioteca y Archivo… y reforzaron las principales instituciones municipales, por ejemplo el Archivo de Villa. Se propició la salvación de algunos edificios, como el Hospicio de San Fernando que se convirtió en sede del Museo Municipal. Etc.

Escuela municipal de cerámica en construcción (1932) Negativo. Placa de cristal.

Escuela municipal de cerámica en construcción (1932)
Negativo. Placa de cristal.

Durante la guerra el gabinete fotográfico desapareció, como tantas cosas. Su existencia se ha conocido gracias a las publicaciones oficiales y al Archivo de Villa donde se conservan los documentos que reflejan todos los movimientos o actuaciones del Ayuntamiento, así como los Presupuestos Ordinarios de Gastos e Ingresos.

En 1951 la Hemeroteca recibió cerca de dos mil negativos de vidrio además de otros materiales fotográficos que hoy día forman parte del Museo de Historia y de la propia Hemeroteca.

Con la intención de mostrar esta actividad y parte de su archivo, se ha inaugurado en el Centro Cultural Conde Duque la exposición Madrid 1910-1935. Fragmentos visuales, secuencias y contrastes de una ciudad en transformación, que podemos visitar hasta el próximo 20 de abril.

pasillo conde duque

Formada por fondos de este Servicio, además de ser un documento gráfico excepcional de la ciudad en las primeras décadas del siglo XX es un precioso testigo de la vida cotidiana en esos años. Contemplar escenas del pasado, la mayoría en lugares reconocibles, nos gusta a casi todos. Es emocionante descubrir sitios o construcciones de los que hasta ahora nunca habíamos visto una imagen… también se muestran espacios desaparecidos.

La fotografía constituye sin duda uno de los mejores medios de documentación del pasado. Las generaciones futuras contarán con mucha más información que nosotros respecto a su historia, gracias a las actuales nuevas tecnologías y la fotografía digital. Pero en los comienzos del siglo XX no era tan fácil, por eso resulta grato conocer el rico material municipal, gran parte del cual está a nuestra disposición en la maravillosa web memoriademadrid.

Por Mercedes Gómez

La exposición El Arte del presente está formada por una selección de obras de la Colección Helga de Alvear, la famosa galerista que además de ser una de las personas más importantes en el mundo del mercado del arte es una gran coleccionista, y mecenas en su decidido apoyo a los artistas emergentes.

Desde el pasado mes de mayo en el Palacio de Cibeles se exponen alrededor de cien obras pertenecientes a su colección privada, de su Fundación, en Cáceres, en la que están presentes sus artistas preferidos pertenecientes a disciplinas diversas y de todos los estilos. La pintura abstracta, instalaciones, video, escultura, fotografía… obras de autores de diferentes países y tendencias que van pasando ante nuestro ojos; a la vez, nosotros mismos nos movemos por el espacio de cada sala entre los cuadros y objetos, y lo que cada uno nos sugiere. También las obras se relacionan entre ellas.

Dos figuras de mi admirado Juan Muñoz, frente a un espejo, componen uno de sus personales y enigmáticos conjuntos escultóricos.

J. Muñoz (Two figures, one pushed into the wall, 1997)

Juan Muñoz (Two figures, one pushed into the wall, 1997)

Notables artistas de las dos últimas décadas, protagonistas de la vanguardia, están representados. La videoinstalación del artista chino Ai Weiwei, una Familia (2003) de Louise Bourgeois… La interesante y algo inquietante fotografía del americano James Casebere; este singular artista construye maquetas que representan espacios abandonados e inundados que luego fotografía.

J. Casebere, Monticello (2001)

J. Casebere, Monticello (2001)

Del madrileño Santiago Sierra se expone un video en blanco y negro (24’ 31”) Palabra quemada, filmación de su obra Future montada en un solar de El Cabanyal en Valencia, un barrio valenciano amenazado por los derribos en el que se prendió fuego una pieza de madera de 17 metros como acto simbólico.

En fin, la muestra, un tanto laberíntica, va deparando sorpresas según pasamos de una sala a otra.

He llegado un poco tarde, solo quedan tres días; se puede visitar hasta el próximo domingo 3 de noviembre. Si no la habéis visto, os gusta el arte contemporáneo, os interesa saber cómo es el arte más actual, y no os vais de puente… no os la perdáis; estas últimas jornadas la entrada es gratuita.

Por Mercedes Gómez

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CentroCentro – Palacio de Cibeles
1ª planta
El Arte del presente. Colección Helga de Alvear.
Hasta el 3 de noviembre
Horario: Martes a domingo: de 10.00 a 20.00 h.

Cildo Meireles, nacido en 1948 en Río de Janeiro, está considerado uno de los más notables representantes del Arte Conceptual, en el que la idea es más importante que la forma, el concepto que el objeto. No importa tanto la belleza como lo mental. Su origen lo encontramos en los comienzos del siglo XX con el movimiento Dadaísta, Tristán Tzara, y por supuesto Marcel Duchamp, que pusieron en duda todo lo referente al arte tradicional afirmando que una idea era suficiente para convertir cualquier cosa en arte.

Aunque el artista brasileño, a pesar de que reconoce haber creado obras conceptuales y haber participado en exposiciones de este tipo, cree que no lo es en un sentido riguroso. Opina que llegó un momento en que esta expresión artística se volvió muy teórica y aburrida, y él tomó otros caminos. De todas formas continúa utilizando las cosas que le gustan del arte conceptual, lo intelectual, la limpieza… dice que con lo mínimo se puede hacer todo. Para crear a veces no hace falta casi nada.

En 2008 Meireles obtuvo el Premio Velázquez de Artes Plásticas, por ese motivo (cinco años después, tras las muestras que se le han dedicado en estos años en la Tate Modern de Londres y el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona entre otros lugares) se ha presentado una exposición retrospectiva de su obra en el precioso Palacio de Velázquez, en El Retiro.

 Cildo Meireles

Hemos comentado en otras ocasiones lo importante que es el espacio elegido para una exposición, muchas veces se convierte en un elemento más. El Palacio de Velázquez es tan amplio y tan luminoso que es un escenario perfecto para la obra de Meireles.

Nada más entrar nos encontramos con El murmullo del mar. Un muelle de madera sobre las olas formadas por las hojas azules de diecisiete mil libros con sus escaleritas invita a sentarse y pensar. Leemos en el folleto recogido en la entrada  que “desde finales de los años 60 Cildo Meireles ha desarrollado en su trabajo nuevas posibilidades de redefinición del arte conceptual, partiendo de una relación con la experiencia sensorial del espectador…”

Desde muy joven tuvo la “preocupación por dejar que el arte se relacionara con el espectador y que éste lo complementara”.

Una parte del público simplemente parece divertirse y se hacen fotos como si estuvieran visitando monumentos o estuvieran en la playa de verdad.

El murmullo del mar (Marulho) 1991-1997

El murmullo del mar (Marulho) (1991-1997)

Entre sus creaciones más antiguas se exponen sus Inserciones en circuitos ideológicos, Proyecto Cocacola y Proyecto billete, realizadas en 1970. Botellas y billetes en los que ha escrito frases y luego vuelve a poner en circulación. Sobre todo los billetes fueron de mano en mano durante mucho tiempo.

La actividad de los visitantes genera escenas diversas que en cierto modo de pronto nos recuerdan una de las manifestaciones que surgieron del arte conceptual a partir de los años 50 del pasado siglo XX, el happening, street art, o teatro de guerrilla. Esta expresión artística implicaba una participación del público en las acciones provocadas por los artistas, participaciones improvisadas y por lo tanto efímeras. Acciones que no pretendían reflejar la realidad, según los propios protagonistas afirmaban, sino sustituirla.

Como ahora, cuando alguien, ingenioso y participativo, finge coger con las manos La esfera invisible que se supone está sobre un cubo de aluminio en medio de la sala, recogiendo a su modo la propuesta del artista.

3obras

Entreviendo (1970-1994) es quizá la obra que obtiene un mayor “éxito” entre el público, todo el mundo quiere entrar y ser fotografiado, aunque la propuesta del autor va más allá… La obra de Cildo Meireles invita a participar, a sentir.

entreviendo

Una de las creaciones quizá más explícitas de este artista al que muchos califican de comprometido con la realidad social, es Olvido, una tienda de campaña indígena hecha a base de aproximadamente 6.000 billetes de países americanos, situada sobre 3 toneladas de huesos de buey rodeados de 69.300 velas.

Olvido 1987-89

Olvido (1987-89)

Otra de las más sugestivas es la dedicada a su hijo Pedro Ariel Meireles. Unos monitores emiten unas imágenes extrañas entre madera, tinta acrílica sobre tela y piedras.

hijo pedro

Para Pedro (1984-1993)

Enfrente, Amerikkka (1991-2013), donde sobre 20.050 huevos de madera pintada con laca de poliuretano penden 76.150 impactantes balas.

Amerikkka

Una sorprendente Ocasión (1974-2004) es la que encontramos en una sala de espejos que prolongan la imagen hasta el infinito: en el centro una palangana está llena de dinero, estamos solos, ¿qué significa esto?.

espejos y dinero

La solución está en la sala contigua…

En fin, son solo algunos ejemplos entre las muchas ideas y experiencias propuestas por Cildo Meireles que podemos encontrar en esta exposición instalada en el corazón de El Retiro.

Por Mercedes Gómez

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Palacio de Velázquez en El Retiro (Museo Reina Sofía)
Cildo Meireles
Hasta el 29 septiembre 2013

http://www.tendenciasdelarte.com/pdf/abril09/meireles.pdf
El Cultural 24 mayo 2013.
El País

El pasado miércoles 17 de octubre fue inaugurada la exposición Coleccionismo al cuadrado. La colección de Leandro Navarro en el Museo Lázaro Galdiano, organizada por el Ministerio de Educación y Cultura.

Lucien Freud. “Mujer con tatuaje en el brazo” (1996).

Sorprende y admira encontrar, en un lugar tan inesperado, pinturas y esculturas de los artistas más representativos del siglo XX español conversando con obras maestras de todos los tiempos, coleccionadas en el siglo XIX por José Lázaro Galdiano.

No es la primera vez. El año pasado pudimos disfrutar con la exposición ¿Qué hace esto aquí?. Colección Jove en el Museo Lázaro Galdiano

Leandro Navarro nació en Madrid en 1927, y comenzó su colección en 1956 con una acuarela del pintor Benjamín Palencia. Era un regalo a su mujer, en su primer aniversario de boda. Ambos eran aficionados a la pintura. La colección de Leandro y Conchita Navarro ha llegado a ser muy amplia y valiosísima, pero podemos imaginar la emoción de los comienzos, del riesgo y las sensaciones al poder contemplar estas obras, en su propia casa.

Leandro Navarro, coleccionista y galerista, dice cosas tan interesantes como que “Rothko es tan bueno como Murillo”, es la opinión de alguien que ama y conoce el Arte, su historia y su significado.

Asomado al jardín, en uno de los balcones principales del palacete, nos recibe la primera obra de la exposición, Jacobo I, una escultura de bronce de Julio López Hernández.

Julio López Hernández. Jacobo I (1975).

La exposición es extraordinaria.

Comienza en la planta baja donde se muestran obras significativas del “universo” de Leandro Navarro y representativas de su Colección, Leandro Navarro y su trayectoria: Maruja Mallo, Cristino de Vera, Solana, Miró… y esculturas de pequeño formato de Gargallo y Julio González, entre otros.

En la primera planta, en una sala habitualmente dedicada a Goya, se han ubicado la mayor parte de las obras de José Gutiérrez Solana, que toma el relevo a Goya, y que Leandro ha ido adquiriendo a lo largo de los años. Queda clara la relación entre la obra de ambos artistas, que reflejan la España “más oscura”.

En el antiguo despacho de José Lázaro se ha instalado una espectacular selección de la obra de los grandes artistas del siglo XX, los realistas Antonio López, Carmen Laffón… junto a los abstractos, Tapies, Lucio Muñoz, Palazuelo, Manuel Rivera…

En la planta segunda, junto a los dibujos de los grandes artistas del siglo XX,  como Picasso o Juan Gris, se exponen los de otros artistas internacionales que más recientemente se han ido incorporando a la Colección (Lucien Freud, Louise Bourgeois), y pequeñas esculturas realizadas por los representantes del mejor abstracto, Eduardo Chillida, Martín Chirino, etc .

Juan Gris. Molino de café y botella (1917)

Descansando al lado, tras los cristales de una vitrina, una cabecita de “Carmen dormida”, de Antonio López.

Antonio López. Carmen dormida (2001)

Finalmente, en el edificio de la España Moderna, que acogió la antigua editorial de José Lázaro, una característica escultura de Pablo Palazuelo nos da la bienvenida a la Sala dedicada a la Escuela de Madrid y más. Artistas como Caneja, Redondela, Martínez Novillo, Benjamín Palencia…

Francisco Bores. Femme dans un interior (1935).

Hay muchas obras bellas en estas salas, repartidas y colocadas con sabiduría con el fin de mostrar la importancia del coleccionismo, en este caso un Coleccionismo al cuadrado. Se puede visitar hasta el próximo día 7 de enero de 2013, en el Museo Lázaro Galdiano, calle Serrano nº 122.

Por Mercedes Gómez

El azar y la lluvia han querido que hoy Jueves Santo visitara una exposición imprevista, la dedicada a Gervasio Sánchez. Organizada por el Ministerio de Cultura con motivo de la concesión del Premio Nacional de Fotografía 2009 al gran y comprometido reportero, muestra su obra desde sus comienzos en los años 80 hasta hoy. La exposición es magnífica, de visión obligada, pero muy dura.

El lugar elegido es perfecto para transmitir toda la emoción, la antigua Fábrica de Tabacos en la calle de Embajadores. Traspasada la entrada el gran patio vacío de la vieja fábrica nos avisa de lo que vamos a encontrar, el sonido constante de las balas lo inunda todo.

A continuación el silencio en las naves de paredes desconchadas que acogen las terribles fotografías de la vida afectada por la guerra y la violencia.

Contemplamos los primeros trabajos del entonces debutante fotoperiodista en 1984, realizadas en diversos países de América Latina, que recorrió hasta 1992. La dramática situación en los Balcanes desde 1991 a 1999, que una vez más injustamente a quien más afectó fue a la población civil. La penosa vida en algunas zonas de África durante años…

A pesar de la dureza de las imágenes es bonito comprobar cómo el fotógrafo además de mostrar las escenas dolorosas, denunciar la guerra, siempre busca las personas, las escenas de paz… hay mucha ternura y cariño en las fotografías de Gervasio Sánchez.

Niñas tras cristal coche. Bosnia. Guerra de los Balcanes. Mar.1994

Cuesta trabajo mirar directamente las imágenes de las Vidas minadas, el efecto desolador, el destrozo causado por las minas antipersona en varios países del mundo, aunque esconden más angustia los Desaparecidos, en una serie en la que el fotógrafo continúa trabajando, según él mismo cuenta.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y aquí se demuestra, pero a veces las palabras llegan al alma.

Leer lo que ha escrito Gervasio Sánchez junto a sus fotografías produce escalofríos. Dice Gervasio que “la elaboración de Desaparecidos ha sido menos satisfactoria que Vidas Minadas. Los mutilados por minas antipersona sobrevivieron a las explosiones y sus evoluciones han sido un ejemplo de pundonor. Es bello ver y sentir cómo la angustia da paso a la esperanza o cómo los gritos de dolor en los hospitales se sustituyen por escenas cotidianas de gran belleza y dignidad.

En cambio, buscar a tus seres queridos durante años o décadas convierte la vida cotidiana en una pesadilla permanente. La obsesión por encontrar al hijo, al marido o al padre entorpece las relaciones con otros seres queridos y facilita el camino hacia la desesperación y la angustia”.

Resulta difícil asumir las imágenes, lo que hay detrás de cada una, pero también impresiona leer lo que cuenta el fotógrafo, el sufrimiento que ha contemplado durante años y que le ha perseguido en sueños. Merece todos los premios que ha recibido, y que le acompañemos en su denuncia.

Por Mercedes Gómez

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Antología Gervasio Sánchez
Tabacalera
Calle Embajadores, 51.
Hasta el 10 de junio.

Antonio de Pereda fue uno de los grandes artistas del Barroco. Nació en Valladolid, en 1611. Su padre, que era pintor, murió joven, legando a su hijo el gusto por el arte. El niño, que tenía solo once años, fue enviado a Madrid donde en seguida llamó la atención por su buen hacer pictórico. Fue alumno de Pedro de las Cuevas, maestro de pintores de la Escuela barroca madrileña.

Poco después Giovanni Battista Crescenzi, arquitecto y pintor de Felipe III y posteriormente de Felipe IV,  le introdujo en la Corte, pasando a formar parte del grupo de artistas que en 1634 realizaron la serie de Batallas para el Salón de Reinos en el Palacio del Buen Retiro. Pereda pintó El socorro de Génova por el segundo marqués de Santa Cruz, así como otro cuadro para la serie de reyes godos.

Al año siguiente murió su protector y Pereda se alejó del ambiente cortesano, pero siguió desempeñando su arte, sobre todo pintura religiosa y bodegones.

Así como la primera temática está ampliamente representada en el Museo del Prado –tuvimos ocasión de ver dos de sus obras en Los Jerónimos–, no ocurre lo mismo con sus naturalezas muertas.  Por eso, si es posible, no debemos desaprovechar esta oportunidad única, hay que ir al museo, detenerse y admirar su Bodegón, que estos días se expone en la muestra El Hermitage en el Prado, antes de que vuelva a San Petersburgo.

La exposición es digna de verse, la selección en su conjunto es espléndida. Me gustan especialmente, entre las esculturas, ese bellísimo Beso en la Primavera eterna de Rodin. Entre las pinturas, quizá la que más público atrae sea el Tañedor de laúd de Caravaggio, pero hay muchas otras memorables. El semiabstracto Paisaje azul de Cézanne, la extraordinaria Composición VI de Kandinsky, “impresionante manifiesto del arte abstracto”… Y el Bodegón, de Antonio de Pereda.

Óleo sobre lienzo, de 80 x 94 cm., firmado en 1652, es una maravilla que merece ser contemplada de cerca. Lo describe el cartel a su lado:

“En primer plano aparecen unos bizcochos, un pedazo de queso y una bandeja de plata con tazas de cerámica de Delft; a la izquierda, una vasija de cobre y un batidor para chocolate. El cuenco y las vasijas de barro cocido colocados sobre una papelera de ébano con incrustaciones fueron importados de la Nueva España, y en concreto de México. La selección de objetos es propia de una vivienda acomodada madrileña”.

La composición, los colores, todos los elementos están tratados con cuidado exquisito, y los objetos están representados con una perfección asombrosa. Es un buen ejemplo del bodegón barroco español que recurre al trampantojo, al efecto de engaño visual, los enseres y las telas son tan reales que parece que los podemos tocar, que se salen del cuadro. Dan ganas de alargar la mano y coger ese paño brillante que sobresale del cajoncito del mueble para papeles, que parece de verdad.

Antonio de Pereda debió ser un hombre singular y de gran cultura pues, además de lograr pronto el reconocimiento de todos por la gran calidad de su pintura, parece que se granjeó simpatías y protección por parte de personajes ilustres, como Crescenzi, aunque también dice algún autor que “despertó envidias”. Consiguió muchos clientes que le llevaron a alcanzar una buena situación económica que le permitió atesorar una gran biblioteca con volúmenes en varios idiomas, además de esculturas, dibujos y grabados que convirtieron su taller en un lugar digno de ser visitado.

Murió en Madrid en 1678, con 67 años.

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Por: Mercedes Gómez

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El Hermitage en el Prado
Museo del Prado
Hasta el 8 de abril

El pasado día 29 de febrero fue inaugurada la nueva y luminosa sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, construida en la calle de Hortaleza sobre unos terrenos con mucha historia. En el siglo XVII en este lugar, entre las calles de San Juan –hoy de la Farmacia–  y Santa Brígida, existió un hospital para enfermos contagiosos, el Hospital de San Antonio Abad o San Antón, patrono de la Orden que lo regentaba, los Antoninos. Ya entonces había una fuente en la esquina con Santa Brígida, la Fuente de las Recogidas, como muestra Texeira en su plano, un sencillo pilón que abastecía las casas cercanas.

Plano de Texeira (1656)

El pilón en 1772 se convirtió en una bonita fuente vecinal obra de Ventura Rodríguez, la Fuente de los Galápagos.

Fuente de los Galápagos (Foto: Begué. Museo de Historia)

Unos años antes, hacia 1740 Pedro de Ribera había construido la Iglesia de San Antón, que se conserva.

El final del siglo XVIII y primeras décadas del XIX fueron importantes en la transformación de la zona. Poco después de finalizar la construcción de la vecina Real Academia de Farmacia en la calle de San Juan, los Padres Escolapios solicitaron trasladarse al hospital, que había quedado libre. Entre los años 1794 y 1832 se incorporaron nuevos solares de cercanas edificaciones y todo el conjunto fue reformado por el arquitecto Francisco Rivas, convirtiéndose en Convento y Colegio de San Antón. La fachada de la iglesia fue transformada al estilo neoclásico, es la que podemos contemplar actualmente, perdiéndose la fachada de Ribera. Felizmente en su interior se conservó la iglesia barroca. También se mantuvo la fuente adosada al muro del colegio.

En los comienzos del siglo XX la fuente de las históricas Escuelas Pías fue reformada y los galápagos fueron sustituidos por dos delfines entrelazados.

Calle de Hortaleza, esquina Santa Brígida (Foto: Guía Arquitectura de Madrid, COAM)

En abril de 1989 la prensa publicó que los padres escolapios habían vendido su colegio por mil millones de pesetas. A partir de ese momento el edificio vivió unos años de abandono y deterioro hasta que el día 14 de noviembre de 1995 sufrió una grave incendio. Cuatro años después fue adquirido por el Ayuntamiento.

Gracias a unos videos subidos a youtube por un antiguo alumno, inestimables documentos, podemos conocer y recordar cómo era el Antiguo Colegio de San Antón.

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En el verano de 2005, después de diversos avatares y la convocatoria de un concurso internacional, fueron seleccionadas seis propuestas, entre ochenta y nueve, para rehabilitar el antiguo colegio y convertirlo en la sede del Colegio de Arquitectos de Madrid. El Ayuntamiento cedía el local a cambio de que los arquitectos se hicieran cargo de las obras y construyeran una serie de servicios públicos. Así, además de la sede del Colegio de Arquitectos y su Centro de Documentación, las antiguas Escuelas Pías albergarían un centro de mayores, una escuela, una biblioteca, piscina pública… También se habló de que acogería el Museo Nacional de Arquitectura.

Resultó elegido el proyecto “Sobre un jardín”, del estudio madrileño de Gonzalo Moure. Las obras comenzaron en 2008.

Por fin hace pocos días la nueva sede del COAM ha sido inaugurada.

Calle de Hortaleza, 63.

El nuevo edificio, de cristal, granito, madera,… sobre el histórico solar, está organizado alrededor del jardín prometido, abierto al público.

Sin duda es un bonito jardín, adornado con sencillez: césped, granito y dos magnolios. Junto a la nueva construcción se puede ver la espalda de la iglesia del siglo XVIII.

Sobre todo parece creado para iluminar el interior, cuyas estancias se asoman a este espacio verde, que se cuela en ellas a través de los grandes ventanales y crea un ambiente realmente agradable.

Reservadas las plantas superiores al Colegio Oficial, en las plantas inferiores se encuentran la Fundación y las Salas de Exposiciones.

Actualmente hay varias, una de ellas es Domusae. Espacios para la cultura, que recordaréis pudimos visitar el año pasado en el antiguo Salón de Reinos, y que ahora retoma la Fundación Arquitectura COAM.

Por otra parte, una serie de paneles explican el proyecto arquitectónico de la propia Sede del COAM, obra de Gonzalo Moure.

Una exposición de maquetas de la Solar Decathlon Europe 2012, una competición para universidades de todo el mundo que tiene el objetivo de diseñar y construir una vivienda autosuficiente energéticamente, alimentada por el sol. La competición culminará con el montaje y exposición de las 22 viviendas diseñadas y construidas por las universidades participantes en la llamada Villa Solar. La Villa solar estará situada en el entorno natural de la Casa de Campo y se abrirá al público en septiembre de 2012.

Otra, muy curiosa, es la titulada Royalties. Mobiliario de Maestros de los siglos XX y XXI, con muebles de Marcel Breuer, Walter Gropius, Ludwig MiesVanDer Rohe…

Los tiempos han cambiado, al contrario que la Iglesia que en el siglo XIX perdió su fachada, del Colegio es lo unico que hoy se ha conservado, lo demás ha desaparecido.

La nueva Casa de los Arquitectos, como no podía ser menos, es un bello espacio arquitectónico, abierto al barrio y a los madrileños en general, con una fachada histórica.

Y la Fuente de los Delfines, en cuyo friso aún se puede leer la inscripción con la fecha: MDCCLXXII, año 1772, aunque el agua ahora no sea potable porque ya no es necesaria para los vecinos, allí continúa, adornando la calle y el muro del Antiguo Colegio de San Antón.

Por Mercedes Gómez

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Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid
Hortaleza, 63

Exposiciones Fundación COAM

En las primeras décadas del siglo XVIII, durante el reinado de Felipe V se produjeron grandes cambios en la sociedad española y en la vida cultural. Entre otras instituciones, se crearon las Reales Academias y se fundó la Real Biblioteca Pública, origen de la actual Biblioteca Nacional, que acaba de cumplir trescientos años.

El día 29 de diciembre de 1711 el monarca aprobó el proyecto, y el 1 de marzo de 1712 nació la Real Biblioteca que se puso a disposición de todos. Su primera sede fue el Pasadizo que unía el Alcázar con el Monasterio de la Encarnación -uno de los varios pasadizos elevados que se construyeron en el siglo XVII uniendo las plantas superiores de dos edificios-.

Planos, alzados y cortes de la Real Biblioteca sita en la calle del Tesoro de Madrid (BNE)

Con la llegada de José Bonaparte al trono en 1808 y las obras de remodelación de la plaza de Oriente, el Pasadizo desapareció y la Biblioteca fue instalada en el Convento de la Trinidad Calzada en la calle de Atocha. Tras la vuelta de Fernando VII, en 1819 fue trasladada nuevamente, al Palacio del Consejo del Almirantazgo, en la plaza de la Marina Española (antes Palacio de Godoy). En 1826 su destino fue una casa que había pertenecido al Marqués de Alcañices, en la calle de Arrieta, sobre parte del solar donde luego se levantaría la Academia de Medicina.

En 1836 pasó al Estado y adoptó el nombre de Biblioteca Nacional.

Treinta años después la Reina Isabel II colocó la primera piedra del edificio que hoy alberga la Biblioteca y el Museo Arqueológico, en el Paseo de Recoletos, el Palacio de Museos, Archivo y Biblioteca Nacionales, proyectado por el arquitecto Francisco Jareño en estilo neoclásico.

La Biblioteca Nacional en 1892 (BNE)

Finalizado, con algunas modificaciones, por Antonio Ruiz de Salces en 1892, la Biblioteca fue inaugurada el 16 de marzo de 1896.

El magnífico edificio es Monumento Nacional desde el año 1983. Destaca la fachada adornada con seis esculturas y once medallones que representan a los grandes autores de la literatura española, y el bello frontón, esculpido en mármol por Agustín Querol, que simbólicamente, dicen, nos transmite la sabiduría si nos decidimos a subir por la escalinata y entrar en la Biblioteca.

En el vestíbulo, a los pies de una monumental escalera, se encuentra la estatua dedicada a Marcelino Menéndez Pelayo, director de la Biblioteca de 1898 a 1912, obra del escultor Lorenzo Coullaut Valera.

Una vez al año al menos la Biblioteca nos abre sus puertas. Da gusto recorrer sus lujosas salas rodeadas de barandillas de hierro forjado, muebles de finas maderas, contemplar las vidrieras de sus techos… todo es precioso, pero uno de los momentos más emocionantes sucede cuando llegas a conocer sus sencillos depósitos con pasillos repletos de libros esperando ser leídos y, éstos de verdad, transmitirnos la sabiduría que encierran muchas de sus páginas.

Libros… y revistas, periódicos, grabados, planos, mapas, fotografías, vídeos… los fondos de la Biblioteca Nacional son riquísimos y abarcan todos los medios de información posibles.

Además, esta institución admirable incluye el Museo de la Biblioteca Nacional, antiguo Museo del Libro, y dos salas de exposiciones temporales.

Actualmente, una espectacular exposición celebra el aniversario mostrando algunos de sus preciados tesoros. Desde los primeros manuscritos y objetos de la Biblioteca Real hasta la actualidad. Su título: La Biblioteca Nacional, trescientos años haciendo historia.

Comienza la muestra con lienzos del pintor madrileño más importante de la época, Miguel Jacinto Meléndez, que representan al rey Felipe V y la reina Isabel de Farnesio, su segunda esposa.

A continuación, obras de artistas de todos los tiempos y estilos: Velázquez, Rembrandt, Fortuny, Picasso…

De los escasos dibujos atribuidos al gran Diego Velázquez, la Biblioteca Nacional de España conserva cuatro y en esta ocasión, un poco escondidos en una esquinita, expone dos de ellos, dos pequeñas obras maestras realizadas con lápiz de carbón.

Diego Velázquez. "Cabeza de niña" (h. 1620). (BNE)

Podemos admirar códices medievales, documentos de valor incalculable, ejemplares pertenecientes a la antigua biblioteca de la Torre Alta del Alcázar de los Austrias -que gracias a su traslado a la Biblioteca Real se salvó del incendio que destruyó el palacio real en 1734-, la biblioteca del propio Felipe V, la primera edición del Quijote en los comienzos del siglo XVII…  archivos personales y documentos originales de escritores, Lope de Vega, Ramón Gómez de la Serna, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, etc.

Maravillosos mapas y planos, uno de ellos es el primero que se conoce de Madrid, en su edición más antigua, que muestra la Villa y Corte de finales del reinado de Felipe III y comienzos de Felipe IV.

Asistimos al nacimiento de las técnicas al servicio de la Cultura, por ejemplo la fotozincografía o transferencia de fotografía a planchas de zinc, que por fin hizo posible la reproducción mecánica.

Sorprende la belleza de los primeros aparatos que permitieron guardar y escuchar los documentos sonoros, como el fonógrafo o el gramófono. Una de las joyas de esta biblioteca, muy emotiva, es el archivo de la palabra, que guarda las voces de los protagonistas de nuestra Historia. Leer es enriquecedor, pero quizá escuchar lo es mucho más.

Por supuesto, están presentes las modernas tecnologías, la web de la Biblioteca Nacional, que ofrece una informacion inmensa, los medios sociales, twitter, flickr, una completa y bonita aplicación para los teléfonos que se puede descargar de forma gratuita…

Ideas, palabras, dibujos, fotografías, sonidos, toda la creatividad a nuestro alcance, desde hace tres siglos.

Por Mercedes Gómez

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Hoy ha amanecido un día precioso en Madrid, fresquito y soleado, bajo nuestro cielo azul. Era el día perfecto para ir al Retiro y visitar la instalación de Soledad Sevilla, Escrito en los cuerpos celestes, en el Palacio de Cristal, del Museo Reina Sofía.

Sobre esta obra escribió hace poco Jesús Olivan en su blog, poco puedo añadir a su espléndido artículo. Lo que sí puedo hacer es contar mis sensaciones. Creo que iba predispuesta a que me gustara, me apetecía mucho. Aún así no imaginaba lo que iba a encontrar en realidad.

Es una obra única, pensada especialmente para el Palacio de Cristal, que no solo invita a ver, mirar, admirar… sino a moverse, sentir y pensar. Participar. Un juego, como tantas veces en este maravilloso palacio de hierro y cristal.

Un juego de espejos, cristales y paneles llenos de signos, que dejan pasar la luz y las imágenes, o las recogen… a veces no estás segura si se trata de la realidad o su reflejo… todo es precioso.

El falso, provisional palacio, de azul intenso, nos sugiere la noche, instalado dentro del verdadero, y miramos hacia arriba buscando el cielo real, diurno, tras el ficticio.

Luego lo rodeamos, contemplando a la vez el exterior del Jardín, más cotidiano, y su imagen reflejada en las paredes del palacio recreado. Un juego de miradas y luces.

Un cielo imaginario lleno de interrogantes, exclamaciones, puntos suspensivos, paréntesis… que nos invitan a rellenarlos de palabras. Como la vida misma.

Es todo muy poético. Y muy bonito.

Por : Mercedes Gómez

 

Esta mañana, por casualidad, he visitado una exposición que no estaba prevista, La Caballería Roja, en La Casa Encendida.

Ha sido una gratísima sorpresa, un complemento inesperado a la visita de ayer a la exposición El Hermitage en el Prado. Ha sido como asistir a un asombroso “capítulo siguiente”. Tras contemplar la inmensa riqueza de los Zares, aquí podemos vivir el proceso de revolución social y cultural que tuvo lugar en la Rusia de 1917, y su gran repercusión, en todo el mundo, en la vida y en el arte.

La pequeña muestra, -nada que ver con el lujo, el oro y las joyas que podemos admirar en el Prado-, entre otras cosas nos propone una interesante reflexión sobre el papel del arte en la sociedad, en todas sus formas, pintura, literatura, cine, música, teatro… y la postura que pueden adoptar los artistas ante una situación de cambio radical.

La exposición narra la época que transcurre desde la marcha de la primera Caballería Roja en la Guerra Civil rusa tras las Revolución bolchevique hasta su intervención en la Segunda Guerra Mundial en los años 40. El título también se debe a dos obras, el libro de relatos de Isaak Bábel y una pintura de Kazemir Malévich, que nos recibe.

La Caballería Roja. Malévich, 1930 (Museo Estatal Ruso)

El relato, que cambió la historia, es duro,  “…las balas baten la tierra…”, dice Bábel, pero también bello, y muy interesante.

La primera gran sorpresa, al fondo de la sala, es un precioso dibujo de uno de los famosos Violinistas de mi admirado Marc Chagall, en este caso realizado sobre una sencilla página de cuaderno, a lápiz, gouache y acuarela, en ese dramático año de 1917.

El Violinista. Marc Chagall, 1917.

Comentaba ayer que una de las pinturas más atractivas en la exposición del Hermitage en el Prado era una obra de Kandinsky, un espectacular óleo sobre lienzo de 1,94 x 3 metros, pintada por el gran artista en 1913, cuatro años antes de la revolución. Su título: Composición VI.

Foto: El País

Junto al dibujo de Chagall, en la pequeña sala de la Casa Encendida, hay no una sino dos sugerentes pinturas de este artista. La primera obra, Del sur, también de 1917, llegada desde la Galería estatal de Pintura de Astraján, P.M. Dogadin. Y los Círculos sobre negro, pintados en 1921, obra procedente del Museo Guggenheim de Nueva York.

Círculos sobre negro. Kandinsky, 1921.

Una hojita informativa que recogemos a la entrada nos plantea: qué vemos, qué sentimos, de qué podría estar hablando Kandinsky…

Vasily Kandinsky, como únicamente pueden lograr los genios, creó un nuevo lenguaje pictórico, experimentando con las formas y los colores. Investigó, y escribió sobre la teoría del arte, es sin duda uno de los grandes. Ahora tres cuadros nuevos en Madrid, nos ofrecen la posibilidad de ver, sentir y escuchar su arte abstracto. Solo hay que dejarse llevar.

Por Mercedes Gómez

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La Caballería Roja. Creación y poder en la Rusia soviética de 1917 a 1945
La Casa Encendida
Ronda de Valencia,2
Hasta el 15 de enero de 2012.

artedemadrid@gmail.com
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