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Este mediodía he ido al Botánico. Iba a ser un momento, solo quería fotografiar una de sus estatuas. Era la hora de comer, viernes, cielo nublado, parecía que iba a comenzar a llover… el Jardín estaba prácticamente vacío. La entrada invitaba un poco a la melancolía, hasta los fontines, hace unas semanas alegres, hoy mostraban una cierta tristeza en su agua oscura. Había que darse prisa.
Pero he tardado más de lo previsto en llegar a mi destino, todo lo que iba encontrando en el camino me parecía bonito y me obligaba a detenerme y contemplarlo.
Es fácil recomendar la visita al Botánico en primavera, con sus flores de colores vivos y árboles esplendorosos. En pleno mes de noviembre hay que echarle mucho más valor, pero me voy a atrever, también en otoño merece la pena visitar el Real Jardín Botánico.
Las hojas de los árboles de hoja caduca están perdiendo su color verde, adoptando toda la gama de amarillos, ocres, marrones, algunas el bello color rojo.
El majestuoso olmo del Cáucaso, de casi doscientos años, el más alto del Jardín con sus cuarenta metros de altura, hasta hace poco frondoso, pronto quedará desnudo. De momento luce un colorido que domina el recinto.
No me ha extrañado encontrar algunos de los paseos cubiertos por las hojas caídas, a pesar del cuidado continuo y perfecto a que es sometido el querido Jardín. Las alfombras de hojas secas son tan bonitas y evocadoras, tan lógicas, que no he pensado en el porqué, no he pensado nada, simplemente las he admirado y fotografiado.
Solo al llegar a casa y leer el Diario del Jardín Botánico, periódico gratuito que este maravilloso lugar edita y pone a nuestra disposición, me entero de que no es algo casual, ya el año pasado se decidió no barrer algunos caminos para que los visitantes podamos recordar mediante los sentidos del olfato y del oído, además de la vista, los antiguos paseos otoñales entre las hojas no recogidas de los parques. Es placentero pisarlas, y huele muy bien. Es precioso el Botánico, y alegre a su manera, también en otoño.
por Mercedes Gómez
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Real Jardín Botánico de Madrid
Plaza de Murillo nº 2
(Precio: 3 €.)
El pasado domingo día 20 de mayo el Jardín del Palacio de Buenavista, sede del Ministerio de Defensa, Ejército de Tierra, abrió sus puertas. Uno de los motivos era la celebración de un certamen de Pintura Rápida.
Aunque ya habíamos visitado el Jardín y conocemos su historia, había muchos detalles que en la anterior ocasión no pudimos contemplar. Esta vez pudimos recorrerlo a placer, y observar todo con tranquilidad. Las fuentes, el cenador con su preciosa pérgola cubierta de flores, los árboles magníficos, entre ellos el gran cedro del Líbano… Los paseos simétricos que conservan el trazado histórico, las columnas procedentes del Palacio de Fomento… y el ambiente extraordinario.
Era una delicia ver a los artistas trabajando, cómo trasladaban su idea al lienzo. A primera hora de la mañana cada uno de ellos había elegido un lugar para instalarse, un motivo para su cuadro. Daba gusto ver cómo mezclaban los colores, cómo manejaban los pinceles, entregados a su tarea, cómo de pronto se alejaban un poco para observar su obra.
La gran protagonista, alrededor de la cual se concentraron varios pintores y mucho público, fue la estatua dedicada al Valor, obra de José Alcoverro, situada en el paseo central.
También las bonitas fuentes atrajeron a varios artistas que las representaban en estilos totalmente distintos.
Sin embargo, algunos buscaron rincones diferentes, incluso solitarios. Otros puntos de vista.
Sabemos por la web del Ministerio que el cuadro ganador se titula Primeras luces, pintado por Juan José Vicente Ramírez, y el segundo premio fue para Equipo de grabación, de Alberto David Fernández Hurtado.
Aún no se conoce la fecha exacta, pero después del día 19 de junio las obras ganadoras, junto a otras participantes, serán expuestas en el mismo lugar. El Jardín volverá a abrir sus puertas, si no lo conocéis y os apetece, será una buena oportunidad. Estaremos atentos.
Por Mercedes Gómez
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ACTUALIZACIÓN 30 junio 2012.-
Las obras de este certamen de Pintura Rápida, y otros Premios del Ejército (pintura, fotografía y miniaturas) están expuestos, hasta el 1 de julio, en el paseo central del Jardín. La pena es que, al menos hoy sábado, el resto del recinto estaba cerrado al público y no se podía pasear por todos los rincones como el pasado día 20. Aún así, es bonito, y merece la pena.
Recordemos al autor de la pintura ganadora, Primeras luces, mientras trabajaba aquel domingo fresquito de mayo:
Ahora está expuesto junto al segundo premio, Equipo de grabación, y los demás seleccionados.
Mañana domingo se puede visitar la exposición de 11.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00.
Mercedes
Se acerca el 15 de mayo, día de San Isidro, patrón de Madrid, que como siempre nos propone festejos diversos, la visita a la Ermita, la merienda en La Pradera, el baile en las Vistillas… y, cumpliendo con mi tradición particular, la visita a la Casa-Museo del Santo, hoy llamado Museo de los Orígenes.
Como tal vez recordéis, a primeros de año el museo reabrió parte de la Colección Permanente, cerrada por obras de remodelación durante un largo tiempo. La visita por entonces nos deparó la sorpresa de encontrar Los sepulcros de Beatriz Galindo “La Latina” y Francisco Ramírez “El Artillero”. Seguramente habrá finalizado su restauración, hay que ir sin falta a admirarlos de cerca. Además, la visita ofrece otros nuevos alicientes.
El Almacén, lleno de valiosos elementos que explican la evolución de la Comunidad madrileña desde la Prehistoria, vuelve a ser visitable. Da gusto recorrerlo y entretenerse con tantos detalles… Aunque por otra parte echamos de menos algunos de los poquitos restos arqueológicos de la ciudad aparecidos los últimos años, en la plaza de Ramales, obras de soterramiento de la M-30, etc. Sería deseable que las escasísimas huellas del pasado de Madrid se pudieran contemplar reunidas en su propio museo, nuestro museo, este Museo de los Orígenes.
Aquí se exponen hallazgos paleontológicos que muestran la fauna prehistórica que habitaba las terrazas de los ríos, y tesoros arqueológicos que nos cuentan nuestra evolución. Millones de años de la vida en el valle del Manzanares y en las riberas del Jarama resumidos en unas cuantas vitrinas y carteles explicativos.
Los mastodontes y tortugas gigantes del Terciario madrileño, restos de los poblados del Neolítico de cabañas construidas con ramas y barro, la cerámica de la Edad del Bronce…
… hasta la época romana, la medieval… huellas de toda la historia madrileña y la vida que transcurría junto a los cursos de agua.
Siempre que contemplo estos objetos no puedo dejar de pensar que son muy importantes porque hace cientos de años, en algún lugar, fueron utilizados por personas que vivían en sencillas casas o cabañas, para comer, beber, o conservar sus alimentos. Son el recuerdo de la vida cotidiana de nuestros antepasados.
También se ha recuperado el Jardín Arqueobotánico, una selección de árboles y plantas en el corazón del Madrid medieval, entre la Iglesia de San Andrés y la Capilla del Obispo, una idea preciosa y un lugar encantador.
Hiedra, salvia, el majuelo, cuyo jarabe elaborado a partir de sus frutos en la Edad Media era considerado un buen remedio contra el envejecimiento, el olivo y el madroño por supuesto, la presencia de ambos ya está documentada en el Mayrit musulmán, el romero… y otros árboles y arbustos cuya hojas, frutos o madera eran utilizados para diversos usos, medicinales, ornamentales y como combustible. Más datos que nos permiten viajar al pasado con la imaginación.
Y finalmente, no puede faltar, la visita al bello Patio renacentista donde beberemos un vasito de agua de la fuente, como todos los años, aunque no sea agua del Pozo sino agua normal “del grifo”, del Canal de Isabel II, y creamos poco en los milagros.
Feliz San Isidro a todos.
por Mercedes Gómez
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Museo de los Orígenes. Casa de San Isidro.
Plaza de San Andrés, 2.
Como sabemos, durante la primera mitad de la década de los años 30 del pasado siglo XX en Madrid se acometieron diversas obras arquitectónicas y urbanísticas de importancia, y también se prestó atención a algunos detalles quizá menores, pero muy valiosos por su utilidad para la vida diaria, como fue la instalación de sencillas Fuentes y caños de vecindad, que ya hemos tenido ocasión de evocar.
Hoy propongo dedicar un recuerdo a los Jardines Históricos, que en esa época, eran los tiempos de la Segunda República, gozaron de un cuidado especial.
Entre el mes de junio de 1931 y octubre de 1935 varios jardines madrileños obtuvieron la catalogación de Monumento Histórico-Artístico o la de Jardín Artístico.
En el primer caso estuvieron los pertenecientes al Monasterio de El Escorial, al Palacio de Aranjuez y los entonces denominados del Palacio Nacional, el Campo del Moro y la Casa de Campo. En el segundo caso, la Alameda de Osuna, la Quinta de El Pardo, y nuestro gran Parque del Retiro.
Actualmente son Bienes de Interés Cultural. También alcanzaron este nivel de protección el Real Jardín Botánico y la Quinta de la Fuente del Berro.
En cuanto al Ayuntamiento de Madrid, existe un Catálogo de Parques Históricos y Jardines de Interés con diferentes niveles de protección. La máxima corresponde a los Parques Históricos:
La Casa de Campo, el Retiro, el Parque del Oeste, la Quinta de la Fuente del Berro, el Parque del Capricho de la Alameda de Osuna, la Quinta de los Molinos, la Quinta de Vista Alegre, los Jardines del Campo del Moro y el Real Jardín Botánico.
Cada uno de estos jardines tiene su historia y sus características, pero tienen algo en común: su belleza, y facultad de hacernos sentir bien. Ahora son espacios protegidos, pero no siempre fue así, alguno de ellos ha pasado épocas de verdadero deterioro, y aún hoy no se cumple del todo, como es el caso de la Quinta de Vista Alegre.
Por favor, cuidemos y disfrutemos de nuestros inigualables Jardines y Parques, un verdadero privilegio concedido a todos los madrileños y visitantes.
Por Mercedes Gómez
El primer jardín botánico madrileño fue el que Felipe II creó en Aranjuez cerca del Palacio Real, allá por el siglo XVI, recién estrenada la capitalidad; y al parecer su hijo Felipe III dispuso de un jardín de plantas medicinales en la Huerta de la Priora, junto al Alcázar. Pero se puede considerar que el primer Real Jardín Botánico fue fundado por Fernando VI en la antigua Huerta de Migas Calientes, junto al río Manzanares, en 1755, trasladado unos años después bajo el reinado de Carlos III al entonces Viejo Prado de Atocha, zona de huertas y olivares en las afueras de Madrid.
El Real Jardín Botánico fue inaugurado en 1781. Transcurridos más de dos siglos, felizmente hoy día podemos seguir disfrutando de uno de los lugares más hermosos de la ciudad, un auténtico tesoro escondido en el centro de Madrid.
Nada más traspasar la entrada, sea cual sea la estación del año en que nos encontremos, percibes que estás en un lugar especial: en otoño con su gama de colores, durante el frío invierno, la esplendorosa primavera, o en verano, cuando el jardín se convierte en un refugio. Sea cual sea nuestro estado de ánimo sus bancos de piedra nos acogen y sus paseos entre maravillosas flores y árboles centenarios invitan a la serenidad. Esos paseos jalonados con treinta sencillos pilones o fontines labrados en granito son los que nos disponemos a recorrer ahora.
El jardín está dividido desde su origen en tres terrazas o planos, diseñados geométricamente al estilo neoclásico, en forma de escalera, con el objetivo de salvar la fuerte pendiente del terreno existente entre el Paseo del Prado y la antigua calle Granada, hoy Alfonso XII. Aunque recientemente, en 2005, se haya inaugurado una nueva pequeña terraza tras el pabellón de Villanueva, con dos estanques.
En 1942 fue declarado jardín artístico, pero al Botánico le esperaban años de dificultades; desde 1965 a 1974 vivió un periodo de gran penuria económica, a veces no se podía pagar ni el agua de riego ni encender la calefacción en sus instalaciones. La situación de abandono llegó a ser insostenible, y los fontines, que no habían sido objeto de ninguna reparación desde 1929, se encontraban en un estado lamentable.
En mayo de 1974, a causa de la caída de una gruesa rama de un olmo que sepultó el coche de un profesor de la Universidad, la dirección decidió cerrar el jardín al público. Ya no se volvería a abrir hasta 1981.
Entre los años 1974 y 1978 los recursos económicos de la institución aumentaron, emprendiéndose obras importantes. El problema fue que estas obras cambiaron la fisonomía del jardín, desvirtuando su estilo y el trazado original, las críticas fueron tan numerosas que provocaron un replanteamiento de la restauración desde un punto de vista histórico. La realidad era que el trazado neoclásico inicial de las tres terrazas estaba prácticamente desdibujado y oculto, tanto por el descuido de los años pasados como por las obras. Los fontines de la etapa fundacional estaban prácticamente enterrados en el suelo.
A lo largo de 1977 se elaboró un proyecto que en septiembre de 1978 fue aprobado por Bellas Artes y dos meses después comenzaron los trabajos. En algunos sitios fue necesario remover terrenos entre un metro y un metro veinte centímetros de espesor. Aparecieron escalones, muretes de granito… y las fuentes enterradas.
Este fue el comienzo de la recuperación del antiguo trazado del siglo XVIII, y con él, de sus Fontines, elementos importantes pero discretos, pues se saben accesorios y ceden todo el protagonismo a las plantas, las flores y los árboles que les rodean. Aunque son tan acogedores que invitan a sentarse en el borde a descansar y observar algunos peces que sorprenden y añaden encanto a una de las fuentes.
Los dos primeros Planos, que han recuperado el estilo neoclásico original, están divididos en espacios cuadrados con un fontín en el centro de cada uno de ellos.
En el primero, en la zona más baja y próxima al Paseo del Prado, se encuentra la Terraza de los Cuadros, formada por dieciséis espacios, cada uno con su pilón, alrededor de los cuales podemos admirar plantas ornamentales, aromáticas, medicinales, y de todo tipo.
El paseo central separa esta terraza de la Terraza de las Escuelas Botánicas, con todo el reino vegetal representado alrededor de otras dos series de fontines, siete en la primera y siete en la segunda.
La última de la primera serie, es la nueva escuela botánica dedicada a la familia de las Palmeras, convertida hace poco en la escuela nº 13. En ese lugar, antiguo vivero, nunca hubo fontín, hasta la reciente colocación del que se convirtió en el número ocho del paseo y el número treinta del Jardín, construido a imitación de los originales.
Y la tercera, en la parte más alta, la Terraza del Plano de la Flor, con maravillosos árboles y arbustos, fue reformada en la época de Isabel II, abandonando las dos series de cuadros primitivos, para convertirse en un jardín Romántico, con sus paseos curvos alrededor del estanque ovalado con la Fuente de granito en el centro, rematada por un busto de bronce del naturalista Carlos Linneo, y los dos fontines colocados a ambos lados, con pilón de ocho lóbulos y una verja de hierro en el borde, que probablemente sean los originales que aparecen en los planos conservados de la primera época del jardín.
Esta reforma, que tuvo lugar entre 1853 y 1859, fue respetada en la restauración posterior, de forma que actualmente podemos admirar los diferentes estilos que se han sucedido en el jardín, el neoclásico del XVIII y el paisajista del XIX. En la foto a continuación se aprecia cómo el nivel del terreno actual es superior al nivel en el que fueron construidas ambas fuentes, que la reforma respetó enmarcándolas en un “hueco” de piedra y que permite apreciar el nivel original de la terraza superior:
Finalmente, el día 2 de diciembre del año 1981 los reyes de España descubrieron una escultura dedicada a Carlos III, monarca impulsor de la creación del Jardín Botánico, durante el acto oficial de la reapertura del histórico recinto, después de siete años de clausura y al cumplirse el bicentenario de su fundación. El jardín quedó abierto al público.
Desde la reapertura, el agua de riego del Jardín Botánico es proporcionada gratuitamente por el Canal de Isabel II.
Los antiguos pilones son circulares con una moldura en el borde superior, aunque no todos son iguales; en el centro los pequeños surtidores están colocados sobre mojones de granito que muestran distintas formas, redondeada, octogonal o cuadrada. Inicialmente su misión fue proporcionar el riego de los espacios que los rodean y que forman los parterres del jardín, aunque también sin duda fueron construidos como adorno encantador.
Durante nuestro paseo, nos acercamos a otro de los fontines y contemplamos cómo las hojas de los árboles que caen en su interior se confunden con las hojas que se reflejan en el agua, que a su vez se confunde con el cielo azul.
Por Mercedes Gómez
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Real Jardín Botánico de Madrid
Plaza de Murillo nº 2
(Precio: 3 €.)
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Bibliografía
ARMADA, Juan y CASTROVIEJO, Santiago. “El Real Jardín Botánico, Madrid”. Cajamadrid, Madrid 1994. 2ª ed. revisada y ampliada, Madrid 2001.
MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. El Avapiés, Madrid 1994.
El País 24 jun 1979
Convenio CSIC-Canal Isabel II – ver El País 13 marzo 1981.
El Museo Nacional del Romanticismo es quizá uno de los menos conocidos de Madrid. Antes llamado Museo Romántico, tras cerca de diez años cerrado por obras de reforma y restauración, ahora luce esplendoroso. La espera ha merecido la pena.
El pasado lunes tuve el placer de asistir a una visita guiada, invitada por el Museo, junto a otros autores de blogs dedicados al arte y a la vida cultural madrileña. Nos recibió su directora Asunción Cardona, y Carmen Cabrejas y Mª Jesús Cabreras, del departamento de Difusión, nos guiaron. Mil gracias a las anfitrionas.
Matritensis, autor del blog Es Madrid no Madriz, ha escrito una buena crónica de la visita, que os recomiendo, en la que podréis ver magníficas fotos del interior. Por mi parte, propongo otra visión, os invito a conocer un poquito la historia de la calle, del edificio y su jardín, y por supuesto animo a todos a visitar el Museo, interesante y encantador.
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El Museo del Romanticismo se encuentra en la calle de San Mateo, que ya en el siglo XVII recibía este nombre. Iba desde el camino de Fuencarral hasta la Puerta de Santa Bárbara, atravesando la calle de las Flores, actual Mejía Lequerica. En ella se encontraba una de las arcas cambijas que distribuían el agua del Viaje de la Fuente Castellana. Las casas de Juan de Echauz, situadas en los terrenos en los que después se construiría nuestro edificio protagonista, recibían medio cuartillo de agua.
La calle, situada en lo que entonces eran las afueras de la Villa, próxima a la Cerca, albergó a la nobleza desde muy pronto. Se conservan algunos palacios construidos entre el siglo XVIII y XIX, el del conde de Villagonzalo y el del marqués de Ustáriz, en la zona próxima a la plaza de Santa Bárbara, el palacio del duque de Veragua, en el nº 7, y el Palacio del marqués de Matallana, sede del Museo que hoy visitamos, en el número 13.
En el último cuarto del siglo XVIII fue cuando el solar pasó a manos del marqués de Matallana, quien en 1776 encargó la construcción de su palacio al arquitecto Manuel Rodríguez, sobrino del gran Ventura Rodríguez. Don Manuel levantó un edificio de estilo clasicista, de líneas limpias y sencillas, y escasos adornos.
La entrada principal tiene lugar por la calle de San Mateo, aunque existe otra entrada en el nº 14 de la calle de la Beneficencia, antes San Benito. Mediado el siglo XIX la construcción fue adquirida por los condes de la Puebla del Maestre.
El museo ha estado ubicado en este edificio desde que en 1921 fue creado por Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II marqués de la Vega-Inclán, quien donó al Estado una serie de obras de arte y objetos de su colección privada. Don Benigno fue uno de los personajes más importantes de la vida española en los años finales del siglo XIX y comienzos del XX, coleccionista de arte e impulsor de la cultura, junto con otros como José Lázaro Galdiano, Manuel Laredo y el marqués de Cerralbo.
En 1927 el edificio fue adquirido por el Estado.
En el zaguán de entrada, nos da la bienvenida el busto del Marqués, realizado en 1931 por el escultor Mariano Benlliure.
El edificio, en forma de “L”, está organizado alrededor de dos patios, más el jardín, como se aprecia en el plano del General Ibáñez de Ibero.
Uno de los patios se puede contemplar desde el zaguán, tras una puerta protegida por una bonita verja y arco de medio punto, con una sencilla fuente, cubierta por un emparrado sobre un suelo de grava que forma figuras geométricas tan perfectas que parecen una alfombra.
También se conserva el precioso Jardín Romántico, sorprendente remanso de paz en pleno centro de Madrid, en el que únicamente escuchamos el ruido del agua de una fuentecilla que lo adorna, junto a plantas, flores y árboles de diversas especies, entre los que destaca un gran magnolio centenario.
Los sencillos balcones de algunas estancias de la casa, ahora museo, se asoman a este jardín que por un ratito nos traslada a tiempos románticos.
En la esquina contraria, algo escondido, a los pies del magnolio, hay un brocal de piedra acaso del antiguo pozo que surtía al palacio del agua necesaria.
Es una alegría comprobar cómo el jardín conserva el antiguo trazado y el pilón de la fuente que ya existía cuando el museo fue aquí instalado, como se aprecia en la foto de los años 20 del siglo pasado:
La bonita figura del niño que sostiene una flor de la que mana el agua debió instalarse posteriormente.
El museo, planteado como una evocación y explicación del siglo XIX, propone distintos recorridos, aunque paralelos entre sí: el arte de la época, la historia, la vida cotidiana y los usos sociales… Es un museo pequeño pero que nos ofrece una riqueza extraordinaria, la pintura de grandes maestros, muebles y objetos que recrean la vida de la burguesía decimonónica, y mucha historia, además de interesantes actividades que podéis consultar en su web, y una estupenda Librería romántica.
Por Mercedes Gómez
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JARDINES DEL PASEO DEL PRADO – RECOLETOS (V)
Retomamos los paseos por los jardines del Paseo de la Castellana, del Prado y Recoletos, un verdadero privilegio del que disfrutamos los madrileños y visitantes. Hoy os propongo una visita a los acogedores Jardines del Museo del Prado, otro de mis lugares preferidos de Madrid.
El edificio que hoy alberga el Museo del Prado, Antiguo Real Gabinete, Academia y Museo de Historia Natural, fue construido entre los años 1785 y 1808 según proyecto del gran arquitecto Juan de Villanueva. Las fotos de Jean Laurent nos muestran el lugar antes de la creación de los jardines cuyo origen se remonta al año 1860.
Unos años después, en 1871, entre la fachada sur y la Puerta de entrada al Real Jardín Botánico, obra del mismo arquitecto, fue creada la Plaza de Murillo. Una vez más, gracias a las pinturas y grabados, sabemos que antes allí hubo una fuente, probablemente diseñada por el propio Juan de Villanueva. Estaba formada por un sencillo cuerpo central del que partían dos pilones semicirculares sobre los que se vertía el agua.

F.D.Marqués. "La Puerta del Jardín Botánico desde el Museo del Prado". 1870. (Museo de Historia) (memoriademadrid.es)
En el plano del General Ibáñez de Ibero se aprecia perfectamente el trazado de los nuevos jardines y la plaza.
En el siglo XX fueron reordenados por el paisajista Javier de Winthuysen.
Al parecer había surgido una polémica acerca de los árboles que impedían contemplar el Edificio de Villanueva desde el Paseo del Prado. Winthuysen conservó los antiguos y majestuosos cedros, que hoy día perviven, y dejó libre la puerta central, con la escultura dedicada a Velázquez mirando al paseo, obra de Aniceto Marinas, que había sido colocada en 1899.
Los terrenos quedaron ocupados por varios jardincitos, con parterres, macizos de flores, arbustos y árboles de distintas especies.
El jardín frente al Botánico mantiene su forma elíptica, con cuatro parterres organizados alrededor de la estatua del pintor Murillo, que fue instalada el mismo año de creación de la plaza. Se trata de una réplica de la escultura original que se encuentra en Sevilla, obra de Sabino de Medina (1861), realizada y ofrecida a Madrid por el propio autor.
Una espléndida Picea smithiana de más de veinte metros de altura y varios magnolios adornan este espacio hoy tan frecuentado como en el pasado.
Los Jardines del Museo del Prado están catalogados de Interés Histórico-Artístico, además forman parte del Paseo, antiguo Salón del Prado, declarado Bien de Interés Cultural en su conjunto.
por Mercedes Gómez
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Paseo de la Castellana I.- Jardín del Museo de Ciencias Naturales.
Paseo de la Castellana II.- El Barrio de Indo.
Paseo de la Castellana III.- El Jardín del Hotel Villa Magna.
Paseo del Prado-Recoletos I.- El Jardín del Palacio de Linares.
Paseo del Prado-Recoletos II.- Paseo de Recoletos.
Paseo del Prado-Recoletos III.- Jardín del Palacio de Buenavista.
Paseo del Prado-Recoletos IV.- El Jardín del Palacio del Marqués de Salamanca.
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Bibliografía:
Teresa Sánchez-Fayos y Silvia Villacañas. “Los Jardines del Madrid Moderno”.
Ayuntamiento de Madrid. Madrid 2001.
El Antiguo Hospicio de San Fernando, situado en la calle de Fuencarral nº 78, fue construido durante el reinado de Felipe V entre los años 1721 y 1726 por el arquitecto Pedro de Ribera. La institución, que llegó a ocupar 15.000 metros cuadrados, entre las calles de Fuencarral, Beneficencia, Florida -actual Mejía Lequerica- y Barceló, ha vivido una historia muy azarosa, con varias reformas, ampliaciones, y derribos.
Son de sobra conocidas las críticas tan crueles a las que los cronistas madrileños del siglo XIX (Mesonero Romanos, Madoz…), defensores del neoclasicismo, sometieron a Pedro de Ribera. Esta actitud tan negativa, unida al hecho de que en los comienzos del siglo XX el edificio se encontraba muy deteriorado, ocasionó que se decidiera proceder a su demolición.
Un ejemplo: el escritor Augusto Martínez Olmedilla, en agosto de 1918, en la revista Blanco y Negro escribió un artículo titulado “El Hospicio: sentenciado”, en el cual se refería a los arquitectos del Barroco Castizo como “Churriguera y sus secuaces”, y calificaba su estilo como empalagoso, pretencioso, recargado, cursi… En fin, la Portada del Cuartel del Conde Duque, como sabemos también diseñada por Ribera, para este autor era una obra “deleznable”.
Por suerte a esas alturas del nuevo siglo no todo el mundo pensaba ya igual. Algunos organismos, entre ellos la Sociedad Central de Arquitectos, lucharon por conseguir su protección y solicitaron fuera calificado como Monumento Nacional. A veces, ayer como hoy, los esfuerzos se ven recompensados, y el 29 de noviembre de 1919 la Gaceta de Madrid, precursora del Boletín Oficial del Estado, publicó la declaración de Monumento Histórico-Artístico de la fachada, la primera crujía y la Capilla.
Se habló de la posibilidad de que la Portada podía ser conservada y trasladada a otro lugar.
Poco después algunos periodistas y profesionales comenzaron a pedir el “indulto” para el edificio y abogar por no separar la puerta de su fachada, pues, según ellos, la gran Portada perdería su sentido. A pesar de todo, en los primeros meses del año 1923 comenzó el derribo del viejo Hospicio. La Portada de Pedro de Ribera iba a ser desmontada y reconstruida “cuando hubiera ocasión y sitio oportunos”.
La Gaceta, la misma que había anunciado su protección como Monumento, publicó la autorización de venta de los terrenos.
Algunos medios denunciaron la posible desaparición de una “joya artística” y mostraron su temor a que la venta del gran solar que ocupaba el edificio, ya derribado en gran parte, provocara la pérdida de su condición de servicio público, solicitaban que fuera adquirido por el Ayuntamiento y se convirtiera en un parque, muy necesario para el barrio en aquellos tiempos.
La Capilla también iba a ser destruida.
Finalmente el Ayuntamiento adquirió el inmueble, salvándose la fachada completa que da a la calle de Fuencarral, y la Capilla.
En 1926 tuvo lugar un acontecimiento que resultaría decisivo para el futuro del edificio, la celebración de la exposición El Antiguo Madrid, precedente del Museo Municipal. Luis Bellido comenzó su restauración para museo.
También se creó el parque que deseaban los vecinos, el Jardín del Hospicio, o Jardines de Pablo Iglesias. En algún libro figura que recibieron este nombre únicamente durante la guerra civil, pero en mayo del año 1927, en plena dictadura de Primo de Rivera, Ramón Gómez de la Serna dedicó un artículo a estos jardines, en la revista Nuevo Mundo, un verdadero canto a los niños y a las “modestas plazas de barrio” en el que aparece el nombre de Jardines de Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista, que vivió en el Hospicio desde los 9 hasta los 12 años.
En 1929 fue inaugurado el Museo Municipal, con Manuel Machado como primer director.
Durante la guerra civil el Museo permaneció cerrado. Tras su reapertura hubo una serie de cambios. Desde entonces el parque recibe el nombre de Jardines del Arquitecto Ribera y en ellos fue instalada la Fuente de la Fama, obra del propio Ribera.
Pero debido a su mal estado en 1955 fue cerrado de nuevo. El Museo Municipal no reabrió sus puertas hasta veinticuatro años después.
Mientras, en 1967 en los jardines se había instalado el monumento a don Ramón de Mesonero Romanos –que tanto había criticado a Ribera por cierto-, obra de Miguel Blay, procedente del paseo de Recoletos. Dos años después se construyó un aparcamiento subterráneo y el parque fue remodelado.
En los años 90 comenzó una nueva etapa de obras, que aún continúa. Se rehabilitó la Capilla y se restauró la fachada. En el parque tuvo lugar el cerramiento de la histórica Fuente de La Fama, mediante una verja sobre un poyete.
El 29 de diciembre de 2001 se anunció en la prensa que el museo permanecería cerrado un año. En 2004 se dijo que la tercera fase de las obras del Museo Municipal acabarían en 2006. Luego la reapertura estaba prevista para 2007… Estamos en 2011 y las obras, remodelaciones y reestructuraciones parecen no tener fin.
Por otra parte, en los comienzos del año pasado se derribó el Mercado de Barceló, construido en los años 50 del siglo XX, instalándose uno provisional sobre lo que fue el Jardín.
Según nos cuentan en el propio museo, está prevista la instalación de otra verja alrededor de la fachada principal.
En cuanto a la noria hallada en 2004 nadie tiene noticias.
De momento, el Museo Municipal, cuyos maravillosos fondos no podemos contemplar desde hace casi diez años, ha cambiado de nombre y ahora es el Museo de Historia.
Recientemente han abierto una pequeña sala de exposiciones temporales, con la interesante muestra “El aragonés Antonio Martínez y su fábrica de platería en Madrid (1778-1867)” que nos permite ver (excepto durante el mes de agosto), aunque sea en una mínima parte, cuál será el aspecto del futuro museo.
No hay fecha para la reapertura del Museo ni está muy clara la recuperación del Jardín.
De Hospicio a Museo Municipal… una azarosa e infinita historia.
Por Mercedes Gómez
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ACTUALIZACIÓN 11 diciembre 2011
Las obras exteriores del Museo de Historia han terminado, y, tal como me contaron en el propio museo este verano, ha sido instalada una reja alrededor del edificio.
El antiguo jardincillo de la calle de Fuencarral y los setos de Barceló han sido sustituidos por el suelo de granito. Este es su aspecto, y el modelo de banco elegido:
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Bibliografía:
Blanco y Negro, 11.8.1918; Mundo Grafico 7.3.1923; Mundo Gráfico 5.3.1924; Nuevo Mundo 2.5.1927. (BNE)
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Otros artículos:
Pedro de Ribera, un arquitecto Castizo.
Ermita de la Virgen del Puerto.
Cuartel del Conde Duque.
Cuartel del Conde Duque (II).
El artículo de hoy está dedicado a Doña Umé, amable lectora de este blog. Ella es la dueña de la idea, y quien nos contó los detalles que han permitido escribirlo. Si recordáis, el día que hablamos de la Chimenea de la Fábrica de Vidrios, y de alguna otra, todas ellas recuerdos de antiguas fábricas madrileñas, nos dio la pista: en los comienzos de la antigua carretera de Vicálvaro, actual avenida de Canillejas a Vicálvaro, existe una muy bonita, ubicada en unos terrenos con historia.
Una vez establecida la capitalidad en Madrid en 1561, la nobleza se fue instalando en la villa, y pronto comenzaron a construir sus quintas de recreo en las afueras. Una de las zonas elegidas fue la que se encontraba en el antiguo Camino de Alcalá, en los alrededores del pueblo de Canillejas –anexionado a Madrid en 1949-, sobre unos terrenos escarpados y surcados por arroyos.
En los comienzos del siglo XX, el antiguo Camino, hoy calle de Alcalá, tras cruzar el Arroyo Abroñigal, recibía el nombre de Carretera de Aragón. Por entonces, en el margen izquierdo de la vía, aún existían numerosas villas y quintas, como la de los Ángeles, la de Lourdes, la de Salazar… y la gran quinta hoy llamada de Torre Arias, como se aprecia en el plano de Facundo Cañada, con el nombre de Quinta de Canillejas.
En el margen derecho, frente a esta posesión, nacía la mencionada Carretera de Vicálvaro que atravesaba unas tierras aún sin edificar, en su mayoría huertas y tierras de labor.
La actualmente llamada Quinta de Torre Arias, cuyo origen se remonta al siglo XVI, creada por los condes de Aguilar, sorprendentemente pervive en toda su extensión y mantiene el uso residencial.
A lo largo de más de cuatro siglos ha tenido diversos propietarios, hasta llegar a la actual dueña, la marquesa de Torre Arias, que al parecer continúa habitándola.
La marquesa fue, quizá sigue siendo, la dueña de otros terrenos en los alrededores, entre ellos los que se encuentran frente a la Quinta, al otro lado de la calle de Alcalá. Se trata de aquellas tierras de labor, que en el siglo XX se transformaron en zona industrial.
Sobre uno de los solares, actual nº 6 de la Avenida de Canillejas a Vicálvaro, existió una fábrica de ladrillos con su clásica chimenea en ladrillo cocido, que hacia el año 1970, o quizá algo después, según me cuenta un vecino del barrio, se convirtió en una fábrica de quesos, la Central Quesera (era famoso el queso Carvel).
Fue derribada en los años 80, incluido el muro que la rodeaba, salvándose únicamente la chimenea, de foma poligonal.
El lugar, un descampado entre viviendas y modernas oficinas, se convirtió en algo parecido a un basurero. El pasado año la concejala del distrito de San Blas informó de que la Junta Municipal había acometido “por ejecución subsidiaria” la limpieza y cerramiento de la parcela, una vieja demanda de los vecinos. El coste, que ascendió a 57.000 euros, afirmó sería reclamado a la propiedad. Ignoro si esta propietaria es la marquesa de Torre Arias, o el solar pertenece a alguna empresa.
Nos contaba Doña Umé algo muy bonito, que la parte superior de la chimenea parece un encaje de ladrillos, y así es.
Otra curiosidad es que, durante la Guerra Civil, el comandante en jefe de las tropas defensoras de Madrid, el general José Miaja, vivió en una casita situada junto al solar de la fábrica.
Y no debería extrañarnos, teniendo en cuenta que el militar tenía su despacho en el cercano parque de El Capricho, en la que fuera finca de los duques de Osuna, donde a 15 metros de profundidad se encontraba el centro de mando del Ejército Republicano. Hace unos años fueron descubiertos mil quinientos metros cuadrados de túneles abovedados con zócalos de cerámica en sus muros y sólidas puertas de madera dotadas de seguros cerrojos, construidos cerca de uno de los Viajes de Agua que atraviesan el histórico Jardín. Bajo el despacho, instalado en el palacio de Osuna, otro laberíntico túnel le llevaría hacia algún lugar.
La zona ha cambiado mucho, desaparecieron los arroyos y las tierras de labor, pero allí sigue la gran Quinta de Torre Arias, y junto a su tapia hoy día existe un magnífico jardín público. Las antiguas fábricas se transformaron en modernas industrias y oficinas… pero allí continúa la bonita chimenea.
por Mercedes Gómez
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Fuentes:
Gacetas Locales, 25 marzo 2010.
Asociación de Vecinos de Canillejas
El País
La Fuente de los Patos se encuentra en una pequeña plazoleta en el comienzo del Paseo del Prado, frente a la calle de Montalbán. A pesar de encontrarse en un lugar muy transitado, junto a la Cibeles, no deja de ser un rincón un tanto escondido, en el que resulta muy agradable sentarse un rato a descansar.
La plazoleta, de forma elíptica, está delimitada por cuatro pedestales rematados por jarrones, unidos en sus lados norte y sur por dos grandes bancos curvos.
El pilón, de cuatro lóbulos, es de granito. En el centro se encuentra un bonito grupo escultórico de mármol situado sobre un pedestal de piedra en forma de cruz.
Está formado por cuatro patos unidos por las alas, con un caño en cada uno de sus picos. En el centro hay una cesta con ocho caracolas y en la parte superior otra figura que podría ser una alcachofa, de las que también mana el agua. En el eje norte-sur, en línea con las esculturas, hay otros dos surtidores verticales.
La fuente fue instalada a finales de los años 50 del siglo XX, cuando el arquitecto municipal Manuel Herrero Palacios reorganizó este espacio durante la reforma llevada a cabo en el Paseo del Prado y sus jardines. Por la misma época se colocaron los cuatro jarrones sobre los antiguos pedestales.
Los datos sobre la procedencia de la escultura son confusos. El propio Herrero Palacios contó que los Patos antes de ser trasladados al Paseo del Prado estuvieron en la Casa de Campo, dato que aparece hoy día en la web del Ayuntamiento. Pero según Luis Miguel Aparisi Laporta, gran especialista y estudioso de los parques de Madrid, ningún documento relaciona esta fuente con la Casa de Campo, y sí con el Retiro. Este conjunto escultórico, afirma, estuvo situado en un estanque en la plaza de Guatemala del Parque del Retiro, donde actualmente se encuentra el monumento al General Martínez Campos, obra de Mariano Benlliure. Dicho estanque recibía el nombre de Estanque de los Cisnes, ¿sería acaso el Estanque de los Patos?.
En lo único que parece estar todo el mundo de acuerdo es en que esta obra escultórica es muy antigua, podría ser de mediados del siglo XVIII.
En el proyecto del Plan Especial Recoletos-Prado esta fuente aparece como elemento protegido destinado a ser restaurado, igual que los antiguos pedestales de piedra que la acompañan y los clásicos bancos de piedra que jalonan el Paseo.
Pero es que la marea de monocorde y frío granito que invade el suelo de Madrid, tan del gusto del actual Consistorio -y de la mayoría de Arquitectos que ganan los concursos municipales últimamente por cierto-, que se llevó por delante zonas ajardinadas y antiguos bancos de piedra de la Plaza de la Independencia y Atocha, las fuentes de la Red de San Luis y Callao, asoló la plaza de Las Cortes…. está muy cerquita, ha llegado a las puertas del nuevo Ayuntamiento en Cibeles, y baja amenazante por la calle de Montalbán. ¿Estarán asustados los Patos?.
por Mercedes Gómez
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Fuentes:
M. Herrero Palacios. Madrid, sus jardines y parques. Revista Villa de Madrid, nº 5. Madrid 1959.
Conferencia “De la Puerta de Atocha a la de Recoletos” por L.M. Aparisi Laporta el día 7 de mayo de 2008 en la Casa de Guadalajara.






























































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