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Hace unos días, visitando la nueva Sala Várez Fisa del Museo del Prado que contiene las doce espléndidas obras de arte español del Románico al Renacimiento donadas por esta familia, pensaba que era una suerte que el museo reciba este tipo de legados que nos brindan la oportunidad de admirar el arte medieval del cual desgraciadamente subsisten escasos ejemplos en Madrid. Una de ellas es un espectacular artesonado de madera tallada y policromada procedente del sotacoro de la iglesia de Santa Marina de Valencia de Don Juan (León). Es una obra anónima realizada hacia 1400 en un taller leonés. Mide 11,4 metros de largo por 6,05 de ancho; representa numerosas figuras profanas y religiosas además de escudos familiares y el escudo de Castilla y León.

Contemplando esta impresionante techumbre plana que cubre toda la sala y las demás obras de pintura románica que se exponen en el Prado recordé una de nuestras joyas, la ermita de Santa María de la Antigua en Carabanchel, en cuyo interior se conserva un sencillo pero igualmente bello techo mudéjar.

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La ermita, antigua iglesia parroquial de la Magdalena, está en la calle de Monseñor Oscar Romero junto al Cementerio de Carabanchel al que desde el siglo XVII sirve como Capilla.

Detalle mudéjar junto al cementerio cristiano

Detalle mudéjar junto al Cementerio.

La torre de la iglesia de San Nicolás del siglo XII, Santa María la Antigua del XIII, la torre de la iglesia de San Pedro del siglo XIV y la Torre y la Casa de los Lujanes del XV, ­–en este caso un edificio civil–, son los recuerdos del pasado árabe madrileño y ejemplos del arte que los alarifes mudéjares realizaron en nuestra ciudad y sus aledaños tras la conquista de los cristianos a finales del siglo XI.

Santa María de la Antigua es la única iglesia mudéjar enteramente conservada en Madrid, además de la más antigua. No se conoce a ciencia cierta el momento de su construcción; según el Colegio de Arquitectos, la restauración y las recientes excavaciones han constatado que el ábside, los pilares y la portada sur datan de la primera mitad del siglo XIII. En cualquier caso, la historia de sus orígenes y la de los terrenos donde se asienta es antiquísima.

Los hallazgos arqueológicos a lo largo de los últimos siglos han revelado que en este cerro del histórico pueblo de Carabanchel, que a pesar de la cercanía de las zonas urbanas continúa ofreciendo un aspecto rural, existió población desde tiempos remotos, incluso anteriores a la llegada de los romanos.

El pasado romano de estos parajes se conoce desde el siglo XVIII cuando en sus proximidades fue descubierto el famoso Mosaico de Carabanchel, que hoy podemos contemplar en el Museo de San Isidro.

En los comienzos del siglo XX, cuando los Carabancheles aún no pertenecían a Madrid –fueron anexionados en 1948–, en los alrededores de la ermita se encontraron nuevos restos arqueológicos de población romana.

Más de noventa años después, en el verano de 1999 durante las obras de ampliación de la línea 5 del metro, actual estación Eugenia de Montijo, apareció un yacimiento de extraordinaria importancia. Restos pre-romanos y numerosas estructuras y materiales que demuestran la existencia de una gran Villa romana en los siglos I-II.

Sobre parte de este antiguo poblado, en el siglo XI-XII los mudéjares construyeron una iglesia, nombrada en el Códice de Juan Diácono (sg. XIII), que según dicen fue visitada por San Isidro, y así lo recuerda una placa municipal en el exterior.

placa San isidro

La modesta ermita actual es un valioso ejemplo de arquitectura mudéjar. Sus muros son de mampostería con verdugadas de ladrillo.

puerta

Destacan la preciosa portada de ladrillo con tres arcos rehundidos enmarcados en un alfiz y la singular torre maciza excepto en la zona del campanario; ésta mide 20 metros y es de planta rectangular. Junto al templo se encuentra la Sacristía, construida en el siglo XVII. Un elemento moderno es la escalera de metal adosada a la torre.

ext torre

Su interior guarda algunos tesoros. En 1995 aparecieron fragmentos de pinturas medievales y un pozo.

pozo

El pozo, probablemente del siglo XII, perteneció a la iglesia anterior, aunque quizá su origen se remonte a la época romana; unos años después fue hallado muy cerca un horno romano.

Ante los hallazgos en su entorno se sospechó la existencia de importantes restos bajo la ermita. Prácticamente todo el interior de la iglesia fue excavado.

Según publicó la prensa por entonces, uno de los descubrimientos más importantes fue un muro de grandes dimensiones perteneciente al templo primitivo, el que se supone acogió al Santo Patrón madrileño. También se hallaron cerámicas, entre ellas objetos domésticos carpetanos, de época pre-romana, pavimentos romanos y el citado horno –indica que quizá en este lugar estaban las casas de los trabajadores de la villa romana–, elementos mudéjares y sepulturas del siglo XVII; toda la historia de Madrid bajo el suelo de esta ermita.

Entre los años 2000 y 2002 se llevó a cabo su restauración y rehabilitación a cargo del arquitecto Pedro Iglesias.

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Detrás del retablo barroco que adorna el altar con algunas pinturas de la Escuela madrileña y una imagen moderna de Nuestra Señora de la Antigua, en el ábside semicircular aparecieron restos de pinturas románicas.

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Lamentablemente no se pueden apreciar los temas representados pues la mayor parte ha desaparecido, pero ayudan a imaginar cómo debió ser este pequeño templo en el siglo XIII.

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En la Epístola, junto al Altar, tras el retablo que la cubrió durante mucho tiempo apareció una hornacina con más restos de pinturas.

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A los pies se encuentra el sencillo Coro.

detalle viga

Ubicado sobre vigas de madera decoradas con pinturas.

techos

Como en el caso de los frescos de los muros, la mayor parte se ha perdido pero se conservan algunas escenas dedicadas a San Isidro y castillos y leones del Escudo de Castilla, como en el bellísimo artesonado de la iglesia leonesa que ahora podemos admirar en el Museo del Prado.

detalle pintura

Por: Mercedes Gómez

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Museo del Prado
Sala Várez-Fisa: Edificio Villanueva, Sala 52 A, planta baja.

Ermita de Santa María la Antigua
Calle Monseñor Oscar Romero 92.
Metro: Eugenia de Montijo.
Según nos informa María Rosa en su post dedicado a San Isidro en la Ermita de Santa María de la Antigua, la iglesia se puede visitar los sábados a las 11 h. de la mañana.

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Bibliografía:

Florit, José Mª. “Restos de población romana en los Carabancheles (Madrid)”. Boletín de la Real Academia de la Historia. Madrid 1907.
Navascués, Pedro J. La ermita de Santa María la Antigua en Carabanchel (Madrid). revista Al-Andalus  (CSIC) nº 26. 1961.
Diario El País 25 agosto1999, 2 sept. 1999, 27 dic. 2005.
Diario El Mundo 21 sept. 1999.
C. Caballero, F.J. Faucha, I. M. Fernández, J.Mª Sánchez Molledo. Materiales Arqueológicos Inéditos Procedentes del cementerio parroquial de Carabanchel Bajo (Madrid). Estudios de Prehistoria y Arqueología Madrileñas, nº 12, 2002.
COAM. Guía de Arquitectura. Tomo II. Madrid 2003.

Blogs:
Guerra Esetena. Pasión por Madrid. Santa María la Antigua.

Ya hemos visitado la iglesia de San Nicolás en varias ocasiones. La hemos conocido durante nuestro paseo por las Iglesias del Fuero, hemos intentado descifrar la misteriosa inscripción en su ábside, hemos contemplado su pasadizo, admirado algunas de las obras de arte que guarda en su interior… la iglesia parroquial de San Nicolás de los Servitas es uno de los tesoros madrileños. Ocupa la manzana 426, rodeada por la plazuela de las Monjas de Constantinopla –hoy del Biombo–, calle de San Nicolás y plazuela de este nombre.

placas

No por repetido es menos emocionante recordarlo, aparte los restos de las murallas medievales, su torre es la construcción más antigua que existe en Madrid, una auténtica joya considerada Monumento Nacional desde la llegada de la República en 1931, y calificada de Bien de Interés Cultural en 1978. Pero no siempre fue así, su historia está llena de dificultades, incluso estuvo a punto de ser derribada.

Actualmente en general se acepta como fecha de su edificación el siglo XII, realizada por los alarifes mudéjares madrileños; aunque durante mucho tiempo algunos autores opinaron que su origen es anterior, que fue un alminar árabe. En cualquier caso parece probable que en el mismo emplazamiento antes se levantó una mezquita.

En estos terrenos ubicados fuera del primer recinto musulmán, pero en el interior de la medinilla, posible segundo recinto islámico, entre la calle del Factor y la calle de Señores de Luzón, se desarrolló un intrincado tejido urbano de callejones que por su forma en el siglo XVIII recibieron el nombre del Biombo. Las callejuelas desaparecieron en el siglo XIX al derribar el Convento de Constantinopla; en su lugar se abrieron las calles de Juan de Herrera y de Calderón de la Barca, pero la zona conserva recuerdos de lo que fue un arrabal islámico en los siglos X-XI como han demostrado los hallazgos arqueológicos, de los que ya hemos hablado aquí repetidamente. Recordemos que en las cercanías de la plaza de Ramales (Calle San Nicolás y Calle Noblejas) se encontraron restos islámicos, materiales que fueron fechados entre el siglo IX al XI.

Aunque no hay documentos ni restos que demuestren una u otra teoría, lo único cierto es que San Nicolás es una de las diez parroquias mencionadas en el Fuero de Madrid de 1202, las iglesias cristianas más antiguas, las que dividían el Madrid del siglo XII en diez barrios o colaciones. Se trate de una edificación del siglo XII o anterior, en cualquier caso seguro que queda alguna huella de los siglos en que allí habitaron los musulmanes, aunque sea bajo tierra, como comentaremos.

La plaza de San Nicolás estaba en un lugar estratégico, entre la calle de Santa María, actual calle Mayor, y el Alcázar pero su mención en los Libros de Acuerdos del Concejo medieval es escasa; el 3 de noviembre de 1503 se acordó que la calle desde San Nicolás hasta la casa de Gonçalo de Monçon fuera empedrada porque es la principal calle que va a palacio.

Hoy día, desde la calle Mayor hay que recorrer despacio la calle de San Nicolás, observar su forma curva y empinada que seguro se adapta a antiguos caminos, hasta llegar a la altura de la iglesia, contemplar sus muros, detenernos y mirar hacia la plaza de Oriente, para intentar comprender cómo debía ser el paisaje hace siglos.

La fábrica de la torre es de ladrillo, excepto la base que está formada por un zócalo de sillares de piedra. Su planta es cuadrada, con 3,70 metros de lado. Desde dicho zócalo hasta el campanario mide más de 15 metros de altura. El campanario y el chapitel que la coronan fueron añadidos en los comienzos del siglo XVII, ¿quizá reforma o sustitución de otro anterior del siglo XVI?: en el plano de Antonio Mancelli el templo está representado con el nº 67; en el campanario están representadas dos ventanas.

Plano de Mancelli (1623)

Plano de Mancelli (1623)

Unos años después Pedro Texeira lo dibujó con bastante detalle, con una ventana, y debajo dos filas de arcos.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656)

En los comienzos del siglo XIX se pensó en su demolición, pero en 1825 se hizo cargo de la iglesia la Orden Tercera de los Servitas que desde entonces la ha cuidado. Se construyeron las dependencias parroquiales que rodearon y casi taparon la torre. Por una parte el convento ocultaba la joya mudéjar, por otra tal vez este hecho sirvió para protegerla.

Ramón de Mesonero Romanos se refirió a ella como la antiquísima y mezquina parroquia de San Nicolás;  edificio mezquino, escribió Pascual Madoz… este adjetivo era muy del gusto de los autores del XIX. Por suerte, el tiempo pasó y la torre sobrevivió discreta. A lo largo de su historia llena de azares y problemas, ha tenido varias reformas. En una de ellas, hacia 1912 tras sufrir un incendio, los muros fueron revocados. Desde la calle apenas se contemplaba solo el campanario con su chapitel de pizarra al estilo de la época de los Austrias.

En 1927 el historiador y profesor Elías Tormo, durante su famoso curso sobre las Iglesias de Madrid y posteriores visitas a todas ellas, pudo conocer el interior de la torre. Imaginamos que con mucha emoción, –también el fotógrafo de la revista La Esfera, Miguel Cortés, que realizó un reportaje– subió por sus escaleras, contempló de cerca sus viejos ladrillos, y accedió a las buhardillas y desvanes que entonces la rodeaban.

torre 1927 copia

Tormo descubrió sus elementos mudéjares tapados hasta entonces. La prensa publicó sus conclusiones como “interesantísimo hallazgo arqueológico”:

“Al examinar el enlace del cuerpo primitivo con el de las campanas, vio que éste era completamente postizo y que debajo aparecía el pretil y rellano general de las torres de mezquita, o sea la azotea donde el muecín o almuédano anunciaba la oración a los musulmanes, en cuenta que entre ellos no se usaban las campanas”.

arcos revocados

Bajo los tejados aparecieron los arcos que habían quedado escondidos en el interior de los desvanes pegados a la torre.

Arcos lobulados ocultos bajo uno de los tejados.

Arcos lobulados ocultos bajo uno de los tejados.

Elías Tormo estaba convencido de que era un alminar construido antes de 1085. La consideraba obra del siglo XI. El gran defensor del patrimonio histórico y artístico madrileño pidió que se quitara el revoco así como las construcciones que tapaban la torre.

Ese mismo año el arqueólogo e historiador Manuel Gómez Moreno publicó un artículo en el que, basándose en el estilo y orientación del templo, consideraba que la torre no fue nunca mezquita sino que estuvo dedicada al culto cristiano desde un primer momento.

El estado de la iglesia llegó a ser ruinoso, no siendo restaurada y consolidada hasta 1948-1953 por Francisco Íñiguez Almech; por fin se eliminó el revoco de la torre y quedó una parte visible al ser derribada la zona superior de las dependencias residencia de los padres servitas que la tapaban, extendiéndola sobre el pasadizo del Biombo que quedó cubierto.

san nicolas

Igual que Manuel Gómez Moreno, Basilio Pavón Maldonado la sitúa en los últimos años del siglo XII, obra de mudéjar toledano con elementos de influencia andaluza, características reconocidas por la mayoría de especialistas.

torre

A partir de los 8 metros por encima del nivel del suelo, la torre se adorna con tres líneas de arquerías ciegas, iguales en los cuatro lados. En los dos primeros niveles, aunque el primero sigue sin ser visible desde la calle, tres arcos lobulados en cada frente; en el cuerpo más alto, cuatro arcos de herradura por lado.

columnillas

La última restauración del templo fue dirigida por Jaime Lorenzo desde el comienzo de la década de los años 80 hasta 2000.

En lo que se refiere a la torre en 1983 se abrió un pequeño patio que al menos permite ver –un poco, pues hay muchas plantas– su base de sillares de piedra sobre los que se eleva la bella torre. El acceso al patio está en el interior del templo.

patio

Desde allí podemos admirar uno de sus lados con los tres niveles de arquerías.

torre desde patio

La  zona de la ventanita fue rehecha debido a su mal estado.

tres arquerias copia

Fue entonces cuando se colocaron las columnillas con su capitel al estilo corintio, de piedra artificial, que hoy adornan los arcos.

columnillas 3

Pavón describió algunos elementos del interior de la escalera de la torre a lo almohade, similares a los de algunos alminares de Córdoba o Granada, como los techitos, aunque en este caso de madera en lugar de piedra, cuando en Toledo se suele solucionar con falsas bovedillas de ladrillo escalonadas.

Desgraciadamente hoy día el interior no es fácil conseguir verlo, lo que sí hemos podido admirar es el sótano del edificio donde se encuentra el despacho parroquial, bajo terrenos que en la Edad Media pertenecían a la plazuela de San Nicolás y al pasadizo del Biombo, junto a la torre.

sotano

En este sótano se hallan los cimientos de la torre, los sólidos muros de piedra y ladrillo que durante la última reforma y rehabilitación fueron raspados de forma que lamentablemente al parecer se ha perdido su aspecto primitivo.

cimientos

Aún así, el lado norte, resguardado junto a la escalera de espaldas al despacho, muestra un maravilloso muro de ladrillo y pedernal que nos traslada al Madrid más antiguo.

muro cimientos

Escribió el profesor Montero Vallejo que durante las obras hubo hallazgos arqueológicos que hubieran merecido un estudio pero, una vez más en Madrid, fueron tapados rápidamente. En la cripta, bajo el Altar Mayor, aparecieron gruesos muros y unos arquitos de medio punto y lobulados que podrían haber pertenecido a algún tipo de fortificación quizá exenta al primer recinto. No parece descabellado pensar que la torre de la iglesia cristiana posterior a 1085 fuera levantada sobre una torre árabe, bien religiosa o defensiva.

Por : Mercedes Gómez

NOTA: Con todo mi agradecimiento al párroco de la Iglesia de San Nicolás de los Servitas, el Padre Jaime, por su gran ayuda.

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Bibliografía:

J.D.B: Reseña de GOMEZ MORENO, Manuel.- La torre de San Nicolás, en Madrid. Archivo Español de Arte y Arqueología, 1927. Nº 16, Revista de la Biblioteca Archivo y Museo. Madrid, octubre 1927.
Rodero, Lorenzo. “Un monumento árabe en Madrid”. La Esfera, 23 abril 1927, pp. 3-6.
“El templo más antiguo de Madrid, restaurado”. Hoja del Lunes, 17 nov. 1952, pp. 1-2.
Montero Vallejo, Manuel. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid Musulmán. Museo de San Isidro, Madrid 2004.
Pavón Maldonado, Basilio. Tratado de Arquitectura Hispanomusulmana. Mezquitas. Vol. IV. CSIC, Madrid 2009.

En la Edad Media no debían ser necesarios los letreros indicando a los vecinos el nombre de las calles, entre otras razones porque casi ninguna –de las pocas existentes entonces– lo tenía. A mediados del siglo XII y durante los siglos XIII y XIV, según consta en los documentos, existían vías regis o calles reales (actuales calle Mayor, Sacramento, San Justo, Segovia…), alguna calle pública, pero pocas tenían un nombre propio. Hacia 1440 las actuales Mesón de Paños, Escalinata, Cava de San Miguel, Cava Baja, plazas de los Carros y Humilladero, Don Pedro, Yeseros, Cuesta de los Ciegos… eran simplemente las cavas.

En los Libros de Acuerdos del Concejo madrileño hasta los últimos años del siglo XV no aparece nombrada ninguna calle. En general se recurría a alguna descripción o característica para referirse a ellas: “… la calle ancha que va a Palacio…”, “la calle que va de Valnadú a Santo Domingo”,  las cuestas “de la Vega” o “de Sagra”, eran caminos que llevaban a alguna parte, o próximos a las Puertas… “camino junto a la Puerta de la Vega”… En esa etapa únicamente se menciona la plaza de la iglesia de San Salvador.

Ya alrededor de 1490 se nombra alguna. Además del Camino de Alcalá y la Plaza del Arrabal, aparecen en las Actas, siempre en relación al empedrado, las más antiguas: la calle de los Estelos (actual Señores de Luzón), la de Luzón (que es la misma) y del Pilar. Con esta última denominación existieron hasta tres vías hoy desaparecidas, dos de ellas en la zona de la calle de Segovia y del Rollo, la otra en los Caños del Peral (hoy Plaza de Isabel II), que hacían referencia a los pilares de aguas gordas o fuentes. La calle del Arrabal era la actual de las Fuentes.

En los comienzos del siglo XVI se nombra alguna más, tampoco muchas: de Alonso de Medina, de las Beatas, calle Grande, Herrería, Mancebía Vieja, del Marqués de Moya, del Monasterio de la Concepción, de la Puerta de Guadalajara, de San Francisco y de Toledo. Pero con la llegada de la Corte la Villa experimentó un gran crecimiento y en el siglo XVII las calles comenzaron a tener denominaciones oficiales. Fue por entonces cuando se realizaron las primeras Visitas a las Casas de Madrid, en 1606 y 1626. El resultado de estas Visitas se redujo a un registro alfabético de calles y casas (solo las de incómoda partición, tercia parte o a la malicia), aunque hoy día de gran valor.

Con el fin de tener una información más completa de todos los inmuebles en el siglo XVIII se realizó la Visita General. Tras la publicación en octubre de 1749 de las Ordenanzas para la administración, cobranza y distribución del Aposentamiento de Corte, durante los siguientes veinticinco años se llevó a cabo el catastro urbano más importante hasta esos momentos, la Planimetría General de Madrid.

Se colocaron en la villa las primeras placas cerámicas indicando los números de las 557 Manzanas y las Casas numeradas de cada una, en color azul sobre blanco. Se conservan algunas, aunque desgraciadamente van desapareciendo. Además de proporcionar información valiosa son sin duda elementos de nuestro Patrimonio Histórico y Cultural.

manzana 240

La división en manzanas, realizada por motivos más censales y de recaudación que de otro tipo, en el terreno práctico resultó un lío: repetición de números en una misma calle, dificultad para localizar las casas…  En 1833 el Ayuntamiento encargó a Javier de Mariátegui, Arquitecto Mayor, un estudio para establecer la numeración y rotulación de las casas y calles de Madrid.

A partir del 2 de julio de 1834 en que se publicó una Real Orden se acometió la gran reforma, las calles se numerarían cada una independientemente, los pares a la derecha y los impares a la izquierda, partiendo de la Puerta del Sol.

Siendo Alcalde Joaquín Vizcaíno, el Marqués Viudo de Pontejos, se puso en marcha el proyecto. En 1835 se presentó el Cuadro alfabético de los nombres de las calles y plazas de Madrid, que por hallarse repetidos en varios de ellas, han sido sustituidos con una dos o más denominaciones, se les ha fijado una sola en el último arreglo hecho para la nueva rotulación de calles y numeración de casas de esta Villa. El Ayuntamiento encargó la creación de las placas al marmolista del Asilo de San Bernardino. Según cuenta Monlau en su Madrid en la mano publicado en 1850, eran unas lápidas claras con el nombre en letras de plomo que al parecer en seguida se deterioraban y caían.

Poco a poco fueron sustituidas por unas nuevas de cerámica blanca rotuladas en negro. En el Centro aún se conservan algunas de ellas que proporcionan datos interesantes sobre el callejero de finales del siglo XIX aunque también están desapareciendo.

madera alta

El proceso fue largo. La rotulación de las calles sufrió los grandes vaivenes de la complicada evolución de la toponimia: había que evitar la frecuente repetición de nombres y unificar la nomenclatura (eliminar las calles ancha, angosta, nueva, vieja, alta, baja, subida, bajada, pretil… reminiscencias de la antigua y accidentada topografía madrileña).

Al menos desde los comienzos del siglo XX se colocaron nuevas placas de metal con letras blancas sobre fondo azul. Posteriormente se incluyó el escudo de la ciudad.

espiritu santo XX

En los años 30 en el Centro se instalaron por primera vez unas placas de azulejos cerámicos con imágenes que ilustraban la historia de cada calle o plaza realizadas en la Escuela Oficial de Cerámica de Madrid.

En febrero de 1936 hubo una exposición en el Patio de Cristales de la Casa de la Villa con obras de sus alumnos, entre ellas setenta y dos lápidas destinadas a las calles madrileñas, en sustitución de las “vulgarísimas placas metálicas”, publicaba por entonces el periódico La Libertad.

Conde Barajas ceramica

En los años 60, en tres fases, se colocaron unas nuevas, muchas de las cuales se  conservan. Formadas por 16 azulejos, miden 60 x 60 centímetros y fueron también realizadas en la Escuela de Cerámica de la Moncloa para sustituir a las metálicas, que continuaron siendo las placas utilizadas en el resto de distritos.

Pl.Encarnacion XX

Desde 1981 los rótulos de las calles tienen dos modelos, uno cerámico para el casco antiguo y, con escasas excepciones, otro metálico para el resto de la ciudad. En estos últimos se observa la evolución en el uso del Escudo de Madrid.

Delicias escudo

En 1967 cambió el Escudo oficial de la ciudad, y así lo reflejan las placas en las calles madrileñas.

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Actualmente se utiliza el logotipo creado a partir del diseño oficial en color blanco.

arte hiperrealista

Finalmente, en los años 90 se comenzaron a instalar en el casco antiguo las cerámicas actuales formadas por nueve azulejos pintados, obra del nieto y continuador del gran artista talaverano Juan Ruiz de Luna, Alfredo Ruiz de Luna, lamentablemente fallecido el pasado mes de mayo a la edad de 64 años.

Rollo 1998

Solo en algunos casos singulares los rótulos se apartan de los modelos oficiales, como por ejemplo esta bonita lápida dedicada a la Calle de Madrid.

calle de Madrid

por Mercedes Gómez

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NOTA:

El pasado 24 de abril de 2013 ha sido aprobada, en sustitución de la última normativa de 1981, la nueva Ordenanza Reguladora de la Denominación y Rotulación de Vías y Espacios Urbanos.

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BIBLIOGRAFÍA:

Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1515, cinco vol.). Ayuntamiento de Madrid, 1932-1987.
L.M. Aparisi Laporta. Toponimia madrileña: proceso evolutivo, Madrid, Gerencia Municipal de Urbanismo, 2001.
M. Montero Vallejo. Origen de las calles de Madrid. Ed. Avapiés. Madrid 1995 (3ª ed.)
La Libertad, 6 febrero 1936
ABC, 30 marzo 1961
Hoja del Lunes, 26 feb. 1962

Una vez más, volvemos al Madrid más remoto y emocionante, el que nació cerca del agua, en las laderas de los cerros a ambos lados del antiguo Arroyo de las Fuentes de San Pedro, el arroyo-matriz, Matrice, según la teoría de Oliver Asín, como ya hemos comentado en alguna ocasión, que pudo ser el origen del nombre de Madrid. El arroyo que con el tiempo se convirtió en la calle de Segovia.

Recorremos hoy los escarpados terrenos entre la calle del Sacramento y el gran Barranco, surcado por callejuelas y antaño, seguramente, callejones sin salida, conformando uno de los rincones madrileños que mejor conservan el trazado medieval.

Desde la Plaza de San Salvador –hoy de la Villa– dejando atrás el primer tramo de la calle del Cordón caminamos hacia la plaza del mismo nombre y bajamos las escaleras que hoy suavizan el descenso y muestran el enorme desnivel, sin duda más acusado en el pasado. Al parecer por aquí pasaban los presos de la Cárcel de Villa que existió al menos desde finales del siglo XV en la cercana plaza, para recibir su castigo. En el siglo XVIII era conocida como calle de los Azotados.

Calle del Cordón

Calle del Cordón

Las callejas, los solares, los edificios… se fueron adaptando a la forma de los tortuosos caminos de tierra, hoy convertidos en recoletos rincones.

Abandonamos la calle del Cordón que continúa estrecha hacia la de Segovia y tomamos la calle del Conde para dirigirnos a nuestro destino: la plaza de San Javier.

Calle del Crordón esquina calle del Conde 1

Calle del Crordón esquina calle del Conde 1

Más que una plaza es un descanso en el camino de la a su vez diminuta calle del Conde, un entrante de la manzana 181 frente a la 179, señalado en la Planimetría en el siglo XVIII ya como Plazuela de San Javier.

Recibe este nombre, cuenta Pedro de Répide, debido a que allí existía una casa propiedad de la Compañía de Jesús que en su fachada tenía una imagen de San Francisco Javier, el jesuita apóstol de las Indias. Pero la plaza es muy antigua pues, aunque sin denominación, aparece en el plano de Texeira.

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Plano de Texeira, 1656 (Detalle)

Es tan pequeña que solo tiene dos números.

Plaza de San Javier

Plaza de San Javier

El nº 1, no señalado, es la fachada trasera del edificio construido en el lugar donde estuvo el palacio de Revillagigedo, ocupado por dependencias municipales, que tiene su entrada principal por la calle del Sacramento. Una lápida del Ayuntamiento recuerda que allí vivió durante diez años el escritor Eugenio D’Ors.

Los otros dos lados son el nº 2, uno de los edificios de viviendas más antiguos de la villa, con bellos dinteles de piedra y ecos del siglo XVII en sus fachadas.

plaza 2

El inmueble tiene entrada también por la calle del Rollo nº 7 en cuyo umbral figura la inscripción 1724, aunque el origen y algunos elementos son más antiguos. Fue una casa palacio construida entre 1610 y 1625, convertida en casa de corredor un siglo después, cuando se acometió su primera gran reforma, dicho año de 1724.

plaza nº 2

Corresponde a la Casa nº 2 de la Manzana 181 que, efectivamente como cuentan los cronistas, pertenecía al Colegio Imperial de la Compañía de Jesús.

La última gran reforma se llevó a cabo entre los años 1991-1995, una de las varias realizadas en esa época en el casco histórico por la Empresa Municipal de la Vivienda de Madrid, a cargo del arquitecto Juan López Jaén.

Según la Guía del Colegio de Arquitectos, el edificio estaba muy deteriorado debido entre otras cosas a la existencia de galerías subterráneas que fueron utilizadas en la Guerra Civil y a las humedades. El espacio interior fue modificado, hoy ocupado por veinticuatro viviendas y tres locales distribuidos en torno a un patio central con corredor. Se respetaron la estructura y los materiales.

Aún más antigua es la historia del solar. Durante las excavaciones arqueológicas correspondientes, nos cuenta Daniel Pérez Vicente, aparecieron restos islámicos en un silo reutilizado como basurero antiguo. El relleno que colmataba el silo se caracterizaba por la presencia de materiales cerámicos y óseos. Se ha conseguido fechar este conjunto por su tipología y se podría encuadrar entre los siglos XI y XII.

Antes de 1990 el profesor Montero Vallejo contaba que había tenido ocasión de ver un murallón que le parecía excesivo para tratarse de una mera cimentación, y se preguntaba si tendría relación con el recinto intermedio, la medinilla, rodeada de una hipotética segunda muralla árabe de la que ya hemos hablado aquí.

La plaza se abre frente al nº 3 de la calle del Conde.

Calle del Conde nº 3

Calle del Conde nº 3

Allí existió un famoso mesón, el Mesón de San Javier, visitado por Luis Candelas, dicen.

El origen de esta casa se remonta al siglo XVI siendo modificada la fachada en los siglos XVII y XVIII. Se cree que aquí vivió el Aposentador de Felipe II, y no sería de extrañar pues este barrio próximo al Alcázar Real desde muy pronto acogió personajes muy cercanos al monarca.

En 1949 el mesón fue reformado por el arquitecto Enrique Luchetti y convertido en restaurante. Algunas pinturas murales recreaban su historia y sus leyendas. Nuevamente según el Profesor Montero Vallejo, que estudió la zona y nos dejó sus hallazgos para siempre, la primera posada fue instalada donde antes estuvo el zaguán.

Otra anécdota mencionada por todos los autores al referirse a esta plazuela es que en ella se desarrollaba parte de la famosa zarzuela Luisa Fernanda.

En los siglos X y XI en aquel Mayrit extramuros los accesos al Barranco no debían ser muchos ni fáciles. La calle del Conde quizá fue abierta en algún momento siguiendo el abrupto terreno, en un intento de llegar al Arroyo de San Pedro.

meson hoy

Desde la plazuela de San Javier hoy continúa su camino ayudada por nuevos tramos de escaleras tras cruzar la enigmática calle del Rollo para llegar a la de Segovia.

escaleras calle segovia

En estas callejuelas no busquemos valiosos monumentos ni grandes edificios, pero en sus sencillas construcciones y misteriosos muros guardados en algunas de ellas hallaremos las huellas del Madrid más antiguo.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

M. Montero Vallejo. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.

Daniel Pérez Vicente. Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico. En Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid musulmán. Museo de San Isidro Madrid 2004.

G. Fernández-Shaw. El “mesón de San Javier”. Cortijos y Rascacielos. 1949, nº 53.

La zona conocida como los Altos del Rebeque es uno de los rincones más bonitos de Madrid y que más misterios esconde. Por allí discurría y alcanzaba su punto más elevado la muralla árabe que rodeaba el primer recinto mayrití en el siglo IX. Tal vez de allí partía la hipotética segunda muralla que pudo proteger los arrabales islámicos, y también quizá la muralla cristiana levantada en el siglo XII, quién sabe si aprovechando construcciones musulmanas.

Al final de nuestro último paseo en busca de la muralla decíamos que confiábamos en que poco a poco los enigmas se vayan aclarando, que los restos escondidos salgan a la luz, y que todos sean restaurados y cuidados como merecen. Hoy, gracias a la información de un lector del blog, Jose, que nos avisó de su existencia, queremos mostraros un nuevo y bello lienzo que podría pertenecer a alguno de los recintos amurallados de Madrid.

muro cerca copia

Pero antes hagamos un poquito de historia.

Jerónimo de Quintana en 1629 en su obra A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid : historia de su antiguedad, nobleza y grandeza, Libro I, capítulo III, describía el recorrido de la muralla.

Decía Quintana que subía por junto a una calle que se llama de la Parra (actual calle del Factor), llegaba a las casas que entonces pertenecían al Príncipe de Esquilache y de allí bajaban por otra que está enfrente de San Gil, donde debía haber otra puerta para salir a los lugares circunvecinos, cerrando con el Alcázar. Más adelante contaba que los restos de muralla se habían derribado, y allanado para ornato y comodidad de la vivienda de estos tiempos.

A pesar de todo quedaban vestigios que el propio cronista parece que pudo contemplar. Escribió: han quedado memorias de esto, porque a dos casas de la esquina de la calle de la Parra que hemos dicho subía a las del Príncipe de Esquilache, por las que hoy (recordemos que estamos en el siglo XVII) son de don Gregorio de Salazar vecino y Regidor de Madrid, entra un lienzo del muro que tiene más de sesenta pies de largo, indicio grande de que se continuaba por allí delante por la parte que dijimos; además de que siempre se ha tenido por cierto haber tenido esta villa dos cercas.

Pedro Texeira dibujó las casas de Esquilache y de Gregorio de Salazar tal como debían ser en la época en que Quintana pudo contemplarlas.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656)

Una vez más la Planimetría General de Madrid nos proporciona la información más fiable y útil. El cerro estaba ocupado por las manzanas 437, 438 y 439.

Plano de Espinosa (1769)

Plano de Espinosa (1769)

La historia de la nº 439 es muy antigua. Su primer propietario fue Fernán López de Ocampo, factor de Felipe II, luego el mencionado Príncipe de Esquilache. Ya en el siglo XVIII allí se alojó el embajador de Holanda Príncipe de Robech, de donde cuentan los cronistas proviene el nombre de Rebeque.

La manzana nº 437 estaba formada en su mayor parte por un gran inmueble propiedad del Conde de Noblejas (sitio nº 1). Las Casas de Gregorio de Salazar habían ocupado el sitio nº 2, pequeño solar situado en el extremo suroeste. En la Planimetría su planta está surcada por una doble línea muy misteriosa.

Manzana 437 (Planimetría de Madrid)

Manzana 437 (Planimetría de Madrid)

Según el profesor Montero Vallejo estas líneas representaban una calle que llegaba a un portillo auxiliar de la cercana Puerta de la Sagra, una de las tres puertas del primer recinto musulmán. Antonio Malalana opina sin dudar que esa línea marcaba el antiguo recorrido de la muralla cristiana.

Como hemos comentado en otros artículos, hoy día la opinión aceptada por la mayoría de expertos es que la primera muralla árabe subía por la acera de los números impares de la calle del Factor (manzana 440) hasta los Altos donde giraba hacia el oeste.

Plano de Ibáñez de Ibero (h. 1875)

Plano de Ibáñez de Ibero (h. 1875)

Hace un siglo aún quedaban restos. En 1913 se derribaron unos paredones y unos desmontes dentro de obras de mejora de la calle Bailén y ajardinamiento de los alrededores de Palacio. En el diario ABC el cronista Antonio Velasco Zazo lamentaba el derribo de un resto de antigüedad, de ese trozo que perteneció a la muralla primitiva, por la parte que se llamó calle del Viento.

La calle del Viento y las manzanas 438 y 439 ya no existen, su terreno está ocupado por los jardines al final de la calle del Factor y por la calle Bailén. Toda la zona está muy transformada, sin embargo, si observamos con atencion, la forma de los muros de contención y los edificios de pronto nos parece que evocan la muralla medieval, la misma que en el siglo XVII describió Jerónimo de Quintana.

ladera rebeque

En parte de lo que fue la manzana 437 se encuentra el inmueble de la calle Requena 3 y 5, con vuelta a Rebeque y Noblejas. Así llegamos al lugar donde se encuentra el emocionante hallazgo.

Calle de Rebeque

Calle de Requena esquina Rebeque

En el nº 5 de la calle de Requena, en el interior de las oficinas de la conocida empresa pública Paradores de Turismo, existe un muro sorprendente, un lienzo realizado en mampostería de piedra caliza y pedernal con refuerzos de ladrillo.

lienzo requena

Apareció durante unas obras de reforma del edificio. Es precioso y está en muy buen estado, bien cuidado. El tramo que aparece en la fotografía está a la vista del público, pero es solo una parte del lienzo conservado, que ocupa casi toda la fachada de la calle de Rebeque, paralelo a las escaleras que suben hasta la calle del Factor.

Algunos autores creen que la muralla cristiana en un primer momento discurría en pronunciada curva por la calle del Espejo (que se aprecia en los planos antiguos) y continuaba por la calle de Requena hasta unirse al primer recinto. Si hubiera sido así, nuestro muro podría pertenecer a este recorrido.

ramales requena

Plaza de Ramales – calle Requena. Al fondo el Palacio Real.

Según esta teoría la cerca fue reconstruida posteriormente un poco más al norte (algunos de cuyos tramos subsisten como sabemos), llegando hasta la plaza de Isabel II y cerrando por la plaza de Oriente.

Después de Jerónimo de Quintana los más importantes cronistas y estudiosos de la historia de Madrid han investigado y expuesto sus hipótesis a lo largo de los siglos. Oliver Asín, Gómez Iglesias, Pavón Maldonado… por supuesto Montero Vallejo, y los investigadores actuales que han estudiado a todos sus predecesores y manejan los datos de los últimos hallazgos arqueológicos cada uno según sus opiniones y criterios.

La realidad es que seguimos sin saber si la muralla árabe continuaba su camino desde los Altos de Rebeque hacia el norte, ni en qué punto exacto pudo nacer la probable segunda cerca islámica. Ni si la muralla cristiana pudo en principio tener aquí su origen y giraba hacia la calle del Espejo, como hemos contado, o si, como algún autor sostiene, en la plaza de Oriente, en lugar de llegar a unirse al Alcázar, giraba y bajaba hacia el sur hasta los Altos de Rebeque a unirse con el primer recinto.

calle rebeque

Las murallas de Madrid no fueron un elemento estático en la vida de la ciudad sino que estaban vivas, fueron construidas, recontruidas y reparadas a lo largo de los siglos.

Estamos ante un tema complejo y delicado, pero considerando todos los datos de que disponemos podemos atrevernos a pensar que este maravilloso muro de piedra y sílex en cualquiera de los casos podría pertenecer originalmente al recinto cristiano, quién sabe si aprovechando las huellas de un antiguo recinto árabe. No olvidemos que aquí existió un importante arrabal islámico.

Vuestra información, ideas y opiniones serán muy bienvenidas.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Planimetría General de Madrid.
Velasco Zazo, A. Los Altos de Rebeque. Diario ABC 29 sept. 1913
Montero Vallejo, M. El Madrid Medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.
VVAA. Las murallas de Madrid. Ed. Doce Calles. Comunidad de Madrid 2003.
Marín Perellón, F.J. y Ortega, J. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006
Malalana, Antonio. Madrid. Génesis y evolución de la muralla del siglo XII. La Librería 2011.

Han pasado ya tres años desde nuestro primer paseo en busca de la muralla cristiana. En todo este tiempo hemos podido conocer nuevos lugares y descubrir algún tesoro escondido e inesperado. Os invitamos a un nuevo y emocionante paseo en busca de nuestra muralla, la fortificación construida en el siglo XII que, junto con la muralla árabe del siglo IX, es uno de los monumentos madrileños más antiguos y valiosos.

Recordemos que los límites del llamado segundo recinto estaban marcados por el antiguo Alcázar -ubicado en el mismo lugar donde hoy admiramos el Palacio Real-, y las cuatro puertas: La Puerta de Valnadú –en la actual Plaza de Isabel II-, la Puerta de Guadalajara -en la calle Mayor, a la altura del Mercado de San Miguel-, Puerta Cerrada y la Puerta de Moros.

Plano de “Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles. (La línea más oscura representa los restos visibles, la gris los constatados, y la más clara los restos hipotéticos)

Plano de “Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles.

Comenzamos nuestra ruta en la Plaza de Oriente, donde, en algún sitio cercano procedente del antiguo primer recinto árabe, nacía el muro construido en mampostería de sílex o piedra caliza por los cristianos a lo largo del siglo XII acaso aprovechando construcciones defensivas musulmanas -como sabemos, tras las obras de construcción del aparcamiento bajo la plaza, los únicos restos arqueológicos que hoy se conservan son los de una atalaya del siglo XI-.

La muralla debía atravesar los terrenos donde hoy se asienta el Teatro Real y llegar a la plazuela de los Caños del Peral, actual plaza de Isabel II, donde se encontraba la Puerta de Valnadú.

En el nº 3 de la plaza, en el sótano del restaurante Foster’s Hollywood, se hallan los restos de un lienzo en su cara intramuros.

En el centro del muro existe una puerta con arco de medio punto de ladrillo, abierta en época más moderna, que comunica con el solar colindante en la calle de la Escalinata.

Regresamos a la plaza, desde donde la cerca medieval discurría entre las actuales calles de la Escalinata –ronda exterior- y del Espejo –ronda interior-.

Salimos de la antigua villa medieval para seguir nuestro itinerario extramuros por la calle de la Escalinata, antigua de los Tintes, por donde bajaba un arroyo. Hace unos meses quedaron al descubierto los restos del muro, muy deteriorados, en el solar antes mencionado, correspondiente al nº 21 de la calle, oculto durante mucho tiempo, donde se aprecia cómo la muralla fue utilizada como medianería de edificios.

La puerta que vemos es la misma que pudimos ver en el interior del restaurante, en su cara exterior.

Calle de la Escalinara, 21.

En el nº 12 de la calle del Espejo un singular edificio fue levantado adaptándose a la forma de una torre de la fortaleza defensiva, forma que conserva a pesar de las construcciones sucesivas, y que es perfectamente visible desde la calle de la Escalinata.

Calle de la Escalinata, 13

A sus pies hay un garaje con entrada por la calle de la Escalinata nº 13. Dentro además de coches se guardan los restos de la torre y un considerable tramo de la muralla.

A sus espaldas, en el solar que corresponde al nº 14 de la calle del Espejo, cerrado desde hace mucho tiempo, al parecer también existen vestigios. A continuación, en el mencionado número 12 se conservan varios metros bajo el cristal instalado en las aulas de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, restos que aparecieron en 2009 durante las obras de acondicionamiento de la escuela allí alojada.

Calle del Espejo, 12.

La muralla sigue hacia la calle Mayor y atraviesa la Calle de Santiago, en cuyo nº 2 durante la construcción del nuevo edificio se constató la presencia de la cerca.

Siguiendo sus huellas, continuamos nuestro recorrido y cruzamos por el lugar donde se encontraba la Puerta más importante de la Villa, la Puerta de Guadalajara. Tomamos la Cava de San Miguel, cuyas casas muestran el camino que seguía el foso que rodeaba el muro hace tantos siglos.

En la plaza de Puerta Cerrada se encuentra uno de los restos más importantes de muralla cristiana pues se conserva un lienzo completo en altura, a través de los pisos de las viviendas del nº 6 de la plaza.

Puerta Cerrada nº 6, bajo. Bar La Escondida.

Continuamos por la Cava Baja, en cuyo número 10 se localiza un tramo de 7 metros de largo por entre 1 y 4 de altura, un precioso ejemplo consolidado y acondicionado, con un resultado realmente bonito, mediante acristalamiento y luces que favorecen su contemplación.

Cava Baja, 10.

Recientemente nuevos restos, unos doce metros, han salido a la luz en el nº 12, en una de las antiguas posadas de la Cava. En el nº 22, a espaldas de la calle del Almendro, otro solar cerrado por una puerta de madera guarda más vestigios de la muralla medieval.

En el nº 30 se halla un lienzo de 19 m de largo por 11,5 de alto, al parecer el único de construcción altomedieval, es decir, del siglo XI o XII, pues la mayoría presentan intervenciones de siglos posteriores. Esto significa que, después de la muralla árabe en la Cuesta de la Vega construida en el siglo IX, y la impresionante torre mudéjar de la iglesia de San Nicolás de los Servitas del siglo XII, estamos ante una de las construcciones más antiguas de Madrid.

Cava Baja, 30.

Llevamos un rato caminando extramuros, es decir, por el exterior del viejo Madrid medieval. Ahora, nuevamente intramuros, en el interior de la Villa, tras la verja de un pequeño jardín de la calle del Almendro nº 17, hallamos un lienzo de 16 m de largo en muy mal estado.

Calle del Almendro, 17.

Llegamos a la Plaza del Humilladero donde estaba situada la Puerta de Moros.

La cerca continuaba bajo las plazas de San Andrés y de los Carros. Allí, en el mágico subsuelo, existen unos vestigios sorprendentes, entre ellos un tramo escondido de dos metros por 1,70 de alto. El muro, de características similares a los restos más próximos, está situado en el lugar por donde se supone transcurría la muralla.

A continuación en el bar de la Plaza de los Carros nº 3 se puede contemplar otro espléndido lienzo.

Plaza de los Carros, 3.

Desde aquí la muralla transcurría entre las calles de Don Pedro y Mancebos.

Nuevamente intramuros, encontramos la continuación del tramo anterior el cual se puede contemplar en la calle de los Mancebos nº 3, tras una verja y en el cual se puede observar con claridad el ya comentado hecho de cómo la muralla era utilizada para servir de medianería o soporte de los edificios que se fueron construyendo adosados a ella.

Calle de los Mancebos, 3.

Para contemplar la prolongación de estos restos volvemos por un momento al exterior del recinto amurallado y en la calle de Don Pedro números 8 a 12, se conserva un lienzo larguísimo, espectacular, de unos 30 metros, en el sótano del antiguo Palacio del Marqués de Villafranca.

Calle de don Pedro. Academia de Ingenieria.

Desde aquí la muralla descendía hacia la calle de Bailén, continuaba paralela a la Cuesta de los Ciegos y después atravesaba el antiguo Arroyo de San Pedro, hoy Calle Segovia, para llegar hasta la Cuesta de la Vega donde se unía a la muralla construida por los árabes, probablemente a la altura del tercer cubo desde la Puerta de la Vega.

Bajando por la Cuesta de los Ciegos hacia la C. de la Vega.

En la Cuesta de la Vega finaliza nuestro nuevo viaje por el Madrid más antiguo en busca de la muralla construida por los cristianos en el siglo XII, continuamente reparada y reconstruida durante los siglos posteriores, hasta que comenzó su demolición en el siglo XVI.

A lo largo del recorrido hemos podido contemplar cómo las calles mantienen su trazado medieval, en algunos lugares se puede contemplar la muralla, en otros se intuye. El paseo es realmente bonito y aleccionador.

Las mayores incógnitas que permanecen sin aclararse son los puntos de unión, aquí en la Cuesta de Vega con la muralla del siglo IX, y en la plaza de Oriente, con el Alcázar. Precisamente uno de los temas más controvertidos es este último, en qué punto la muralla del segundo recinto construido por los cristianos se unía al primero, construido por los musulmanes. Confiemos en que poco a poco los misterios se vayan aclarando, que los restos escondidos salgan a la luz, y que todos sean restaurados y cuidados como merecen.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

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Otros artículos:

La muralla árabe

La muralla intermedia, la “medinilla”

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Bibliografía:
VVAA. “Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles – Comunidad de Madrid. 2003.
F.J. Marín Perellón y J. Ortega. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006.

Hace tiempo que tengo en mente realizar un nuevo Paseo en busca de la Muralla Cristiana y actualizar el artículo aquí publicado, pues han pasado casi tres años desde entonces y hay bastantes novedades respecto a sus restos visibles y/o constatados. Por unos motivos o por otros hasta ahora no ha podido ser, pero espero hacerlo en breve. Mientras, quiero mostraros una de dichas novedades, por ser la más desconocida, al menos para mí, hasta hoy. Ha sido una gran y emocionante sorpresa.

Este mediodía he visitado la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Sus oficinas hace pocos años estaban en la calle del Codo, frente a su sede de la Torre de los Lujanes, hasta que se trasladaron a la calle del Espejo nº 12. Allí se ha instalado también el Centro de Estudios Jovellanos.

Comentábamos en nuestro paseo en 2009 que la muralla en el siglo XII discurría entre las calles de la Escalinata y la del Espejo, conservando ambas el trazado medieval, y la existencia en el nº 12 de la del Espejo del singular edificio construido adaptándose a la forma de una torre de la fortaleza defensiva, forma que ha conservado a lo largo de los siglos a pesar de las construcciones sucesivas, y que es perfectamente visible desde la calle de la Escalinata.

Calle de la Escalinata.

A espaldas de Escalinata, en la calle del Espejo, intramuros, se encuentra la entrada al edificio, a continuación del solar cerrado hace muchos años y en el que al parecer subsisten restos de la antigua fortificación.

Calle del Espejo

En una de las aulas de la Escuela, amueblada con sillas estudiantiles, bajo el suelo de cristal, varios metros de restos de muralla lucen esplendorosos.

Restos que continúan su camino bajo el aula contigua, en dirección a la calle Mayor, lugar donde se encontraba la Puerta de Guadalajara.

Precisamente aparecieron hace tres años, en 2009, durante las obras de acondicionamiento de la escuela. Avisada la Comunidad de Madrid dio el visto bueno a su procedencia y, siguiendo las normas establecidas por Patrimonio Histórico, se colocaron los cristales que nos permiten contemplar este nuevo y maravilloso hallazgo.

Un letrero en la cabecera del aula recuerda a los alumnos y visitantes ocasionales, que estos restos arqueológicos pertenecen a un lienzo del segundo recinto amurallado de Madrid (siglo XII).

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

El Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares, nos propone un viaje al pasado. Desde los tiempos más remotos, anteriores a la existencia de seres humanos, los primeros pobladores y el Madrid hispanorromano, nos traslada a la Edad Media para recorrer los tres periodos vividos en nuestra región, la época hispanovisigoda, el mundo andalusí y finalmente la sociedad feudal, hasta llegar a los siglos XVII y XVIII. En lo que se refiere a la ciudad de Madrid, las primeras referencias pertenecen a la segunda época medieval, al Madrid islámico.

La Colección es muy interesante, además ahora hay una exposición temporal muy bonita, dedicada a los Carpetanos, pero se echan algunas cosas de menos, sobre todo los importantes hallazgos de los últimos años, esperábamos más del museo dedicado a la arqueología madrileña, pero esa es otra historia…

Hoy, continuando con los artículos en torno al origen de Madrid, el Madrid árabe, y con nuestro empeño en conocer cómo era la vida de nuestros antepasados, tras la visita al Madrid islámico en el Museo de los Orígenes, visitamos este Museo Arqueológico con el fin de conocer su versión, y a la vez dar un paseo por la Villa medieval, una vez más.

Comienza la explicación con la llegada de los árabes a la península en el siglo VIII, con su nueva cultura, lengua, religión… y su impacto sobre Madrid, que vivió durante casi cuatro siglos bajo su influencia. Los objetos y restos expuestos en las vitrinas nos ayudan a imaginar, y nos guían en nuestro paseo por el Madrid de los siglos X y XI.

Tal como nos recuerda uno de los paneles, existen pocos vestigios arqueológicos del trazado que Madrid tenía cuando se fundó, en el siglo IX, pero suponemos que, tras su recia muralla, ”como la mayoría de las ciudades árabes, tendría un trazado urbano abigarrado y caótico”.

Muralla árabe (Cuesta de la Vega). Siglo IX.

En nuestra región, “solo Madrid y Talamanca aparecen en los textos árabes como medinas, lo que supone el reconocimiento oficial de su importancia administrativa. Ambas contaron con un recinto amurallado urbano y quizás otro más pequeño de carácter militar y administrativo: la alcazaba. En él se alojaba el gobernador de la ciudad (caíd)”.

Plaza de Oriente desde los Altos del Rebeque

La sociedad árabe, en todos sus aspectos, incluida la forma de gobierno, se regía por el islamismo. La palabra escrita tenía una fuerza simbólica, de forma que llegaba a todos los aspectos de la vida, incluidos los objetos domésticos. Hay varios ejemplos, como este Ataifor o plato hallado en la Plaza de Oriente con el epígrafe al-mulk (el poder) correspondiente al siglo XI.

Ataifor siglo XI (plaza de Oriente)

Hace pocas semanas, durante nuestro Paseo en busca de la segunda muralla árabe comentamos cómo gracias a la excavaciones arqueológicas se conoce la existencia de varios arrabales musulmanes, zonas extramuros que se fueron poblando entre los siglos IX al XI en torno a la primera medina.

A través de los objetos expuestos en este Museo podemos recorrerlos.

Como ya sabemos, en las excavaciones de la Plaza de Oriente, se encontraron importantes vestigios de la presencia árabe en estos terrenos cercanos al primer recinto amurallado.

Jarra, anafre y cazuela, siglos X-XI

Nuevamente ayudados de la imaginación, continuamos nuestro paseo hacia el arrabal considerado más antiguo, situado en torno a las Vistillas y las plazas de los Carros y de San Andrés.

En el interior del museo, contemplamos ollitas y cazuelas utilizadas hace siglos por los vecinos de las plazas de la Morería y del Alamillo, en las que conservaban y cocinaban sus alimentos, y aprendemos mucho acerca de sus costumbres. Como ya hemos mencionado en alguna ocasión, existe una descripción anónima de al-Andalus en el siglo XI que dice:

Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano”.

La cocina mayrití era muy sencilla, basada en los cereales y la harina, legumbres, leche a partir de la cual elaboraban el queso, y la carne, que como estaba reservada para las fiestas se guardaba en grandes cacharros de cerámica. Tanto los cereales como las legumbres o la carne, sobre todo de gallina, pero también de oveja o de vaca, y caza, se cocían y luego aderezaban con hierbas aromáticas.

Podemos observar los recipientes que utilizaban para almacenar los alimentos, para presentarlos, y los que guardaban los líquidos.

Cantimplora siglo X-XI (Plaza de Oriente)

Pero no solo los utensilios culinarios nos explican cómo era la vida en el Madrid andalusí, también los que proporcionaban iluminación y calor. Durante las sucesivas excavaciones arqueológicas aparecieron numerosos Anafres u hornillos, y Candiles de cerámica.

En la Plaza de San Andrés, en la Casa de San Isidro (actual Museo de los Orígenes), se hallaron importantes elementos de carácter doméstico, algunos muy significativos. Uno de ellos, la famosa maqueta de una Puerta de recinto fortificado, realizada a mano en terracota. Se cree pudo ser un juguete, o un pebetero, como podrían indicar las quemaduras de las torres. En cualquier caso es un ejemplo de la importancia que tenía la representación de las fortificaciones en la sociedad islámica. Junto a ella, contemplamos una pieza hallada en el mismo solar, una Torre del juego de Ajedrez.

Mirando todos estos objetos y paseando por las calles construidas sobre los viejos arrabales mayritíes, fantaseamos, ¿cómo sería la vida en las viviendas que seguro allí existieron?. Nos preguntamos cómo sería la vida cotidiana de los primeros madrileños, en sus casas organizadas alrededor de un patio y un pozo.

Los hallazgos arqueológicos también nos hablan de la importancia que tuvieron en el mundo árabe los sistemas de captación de agua, viajes, pozos y norias, destinados a usos domésticos, higiénicos (baños públicos) y artesanales. Además, el agua tenía un gran valor debido a la actividad agrícola y ganadera que desarrollaban.

Arcaduz de una noria sg. X-XI (Casa de San Isidro)

Junto a la Puerta de Moros surgió el arrabal de la Cava Baja, que llegaba hasta Puerta Cerrada. Durante las obras en el edificio de la Cava Baja nº 30, donde se conserva un largo lienzo de muralla muy antiguo, al parecer el único de construcción altomedieval, es decir, del siglo XI ó XII, aparecieron también objetos de época islámica.

Desde aquí nos dirigimos a la calle del Rollo, y sus alrededores.

Plaza del Rollo

Recordemos que en esta zona se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación árabe en la zona: cerámicas y, lo que es más importante, restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI.

En primer término, gran contenedor del siglo XI (calle del Rollo 7)

Los objetos de prestigio, de tocador, o para la escritura, igualmente nos dicen mucho acerca de la sociedad islámica. En una de las estanterías de cristal hay un Anillo que debió adornar la mano de un hombre o una mujer en el siglo XI.

En la calle Requena, cerca de la plaza de Ramales también está demostrada la presencia de población.

Plaza de Ramales

Uno de los objetos expuestos es una bonita Limeta o vasija sin asas de las que utilizaban los árabes para guardar sus bebidas.

Calle Requena esq. plaza de Ramales (siglo XI)

Cada día sabemos un poquito más sobre cómo vivían los primeros madrileños, en qué trabajaban, cómo cocinaban, lo que comían, el paisaje que les rodeaba, la rica vegetación y hermosos árboles de distintas especies que crecían junto a los arroyos… aunque lo más emocionante es tener la certeza de que aún nos quedan muchas cosas por descubrir.

Por : Mercedes Gómez

Museo Arqueológico Regional
Plaza de las Bernardas s/n
Alcalá de Henares (Madrid)

Continuando nuestros paseos en busca del Madrid medieval hoy os invito a detenernos en la calle del Codo, un discreto callejón situado a espaldas de la plaza de la Villa, donde comienza.

No es fácil imaginar cómo sería la zona en los siglos X y XI, recordemos que estaba habitada por población árabe, que vivía de la agricultura y la ganadería, conformando los arrabales de la primera medina mayrití. A causa de la imparable expansión de la villa las construcciones fueron surgiendo en torno a los tortuosos caminos que sin duda surcaban las tierras. La calle del Codo pudo ser uno de ellos.

Por entonces la plaza de la Villa no existía, al menos tal como la conocemos hoy. Los gruesos muros aparecidos en la esquina con la calle Mayor, como comentamos hace unos días, indican que por allí pudo discurrir la segunda muralla árabe.

Mucho después, en el siglo XV, cuando Madrid ya era una ciudad cristiana y la plaza de San Salvador, hoy de la Villa, se había convertido en lugar principal (lugar de reunión del Concejo y de mercado), allí construyeron sus casas los poderosos Lujanes. Hacía mucho tiempo que la hipotética segunda muralla árabe pudo ser levantada frente a estos terrenos pero no podemos dejar de preguntarnos, si existió, cómo influyó en las construcciones aledañas, entonces y posteriormente.

Casas de los Lujanes

Allí nació la hoy llamada calle del Codo, en la plaza de la Villa, para dirigirse a la plaza del Conde de Miranda.

Calle del Codo

La calle recibió esta denominación por su forma, similar a un brazo doblado, y no fue la única. Existió la calle del Codo a San Pedro (actual Travesía del Nuncio), la calle del Codo a la de los Preciados (hoy Callejón de Preciados)… hubo bastantes calles del Codo y del Recodo… Una de las más antiguas, y la que conserva el nombre es la que hoy recorremos.

En su inicio se encuentra la bella puerta de entrada a la Torre de los Lujanes, como sabemos sede de la Sociedad Económica Matritense.

Continúa rodeando la Torre y la Casa de los Lujanes, sede de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Una placa de cerámica nos lo recuerda. Unos pasos más adelante, tras una de las rejas, otra placa indica la existencia de una Biblioteca.

Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

A continuación se encuentra, desde el siglo XVII, el Convento de Corpus Christi de religiosas jerónimas recoletas, conocido como Convento de las Carboneras. Por ello, en algún momento la vía fue conocida como de Nuestra Señora de la Carbonera. Enfrente, la fachada lateral de un edificio de viviendas proyectado en 1768 por Pablo Ramírez de Arellano sobre terrenos que pertenecían al Convento, según consta en la Planimetría de Madrid.

A la izquierda, entrada al Convento de las Carboneras (calle del Codo vista desde la plaza del Conde de Miranda)

La calle del Codo es breve y estrecha, no figura en la lista de calles importantes, ni exhibe fachadas monumentales, sin embargo su sinuoso trazado y sus magníficos edificios, con la ayuda de nuestra imaginación, nos ofrecen un paseo por la Historia de Madrid.

Por Mercedes Gómez

Volvemos a los Altos del Rebeque, una vez más, intentando descifrar nuestro pasado. Desde aquí hemos contemplado los terrenos del antiguo Mayrit, los hemos evocado rodeados por su muralla, e imaginado la vida de sus primeros habitantes, los musulmanes que en el siglo IX llegaron formando parte del ejército del emir Muhammad I, y su evolución.

A lo largo del siglo X la población mayrití creció, nuestros antepasados se fueron asentando en los terrenos más próximos y alrededor del primer recinto, de este bello lugar que ahora admiramos, antes tan distinto, se extendió la ciudad. Gracias a la excavaciones arqueológicas se conoce la existencia de varios arrabales musulmanes, zonas extramuros que se fueron poblando entre los siglos IX al XI.

Como hemos comentado en otras ocasiones, son muchas las incógnitas que perviven sobre los dos recintos y sus murallas, el Madrid del siglo IX y el del siglo XII. Pero aún es mayor el misterio que existe sobre la existencia de un posible recinto intermedio, que habría rodeado el arrabal islámico nacido a lo largo del siglo X entre los dos recintos conocidos.

El profesor Manuel Montero Vallejo fue uno de los primeros autores en hablar de la posible existencia de una medina intermedia, un recinto amurallado, entre el primer recinto árabe y el cristiano, la medinilla, como él la llamaba. Tanto en su libro El Madrid Medieval como en otras obras, dio a conocer los diferentes datos aportados por otros investigadores que apoyaban esta teoría, así como sus propias observaciones directas.

En sus escritos expone las dudas, contradicciones… pero de todas sus explicaciones se desprende una evidencia: la existencia de construcciones defensivas en la zona habitada por los árabes a lo largo de los siglos X y XI, al este de Mayrit.

Desde algún punto desconocido, quizá muy próximo al lugar en el que ahora nos encontramos, en el punto más alto de la calle del Factor, partía el hipotético recinto intermedio, la segunda muralla árabe.

Comenzamos nuestro paseo caminando hacia los terrenos donde después sería levantada la iglesia de San Juan, en la actual plaza de Ramales, por la calle Noblejas, en cuyo número 5, durante unas obras de reforma, aparecieron restos de cerámicas islámicas de los siglos IX al XI.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones, este tipo de material ha proporcionado una información muy valiosa acerca de la actividad y de la vida cotidiana de los mayrities. Sus costumbres, escritura, lenguaje, etc. Los útiles hallados en diversos lugares de la zona que hoy vamos a recorrer demuestran que sus habitantes vivían de la agricultura y de la ganadería, usaban norias para el riego de sus cultivos y jardines… y trabajaban en telares, herrerías y alfares.

Durante las obras para la construcción del aparcamiento en la plaza de Ramales, aparecieron los cimientos de una torre de la iglesia de San Juan con todo el aspecto de haber pertenecido a una fortificación islámica. Por otra parte, uno de los escasos documentos que avalan la existencia de la medinilla (dado a conocer por Mercedes Agulló), para acometer la reforma de la iglesia de Santiago en la plaza del mismo nombre, el año 1645 hubo que desmontar un cubo de la muralla, que por su situación, dice el profesor Montero, pudo ser una torre exenta.

Tomamos la calle de los Señores de Luzón, posible antigua ronda exterior de la medinilla, que con el tiempo se convirtió en la calle de los Estelos, una de las más antiguas de Madrid, de las pocas que en la Edad Media tenían nombre, pues ya aparece en documentos del siglo XV.

En el edificio construido en 1975 en la esquina de Luzón con la calle de la Cruzada fueron hallados restos de muralla de gran envergadura, que al parecer se conservan en el sótano.

Lo más emocionante es comprobar cómo la curva que muestra la antiquísima vía medieval sugiere el posible recorrido de la muralla.

Continuamos nuestro paseo bajando por esta calle tan evocadora, hacia la calle Mayor, antigua Santa María, donde pudo existir un portillo, antecedente de la futura Puerta de Guadalajara.

Uno de los hallazgos más importantes tuvo lugar en 1945, cuando en la esquina de la plaza de la Villa con Mayor, junto a la Casa de la Villa, apareció un grueso muro que Elías Tormo defendió como perteneciente a un recinto amurallado. Volvió a salir a la luz durante las obras de la plaza en 1980, pero, desgraciadamente, fue tapado de nuevo con rapidez. Montero Vallejo estaba convencido de que se trataba de muralla, por sus características constructivas y por su grosor.

Es muy interesante pensar que la Plaza de la Villa, antigua plaza de San Salvador, centro de Madrid, lugar de mercado y de reunión del Concejo, pudo nacer extramuros, junto al portillo, igual que después nacería la Plaza del Arrabal, plaza Mayor, en las afueras de la Puerta de Guadalajara.

Pasamos bajo el arco que une la Casa de la Villa con la Casa de Cisneros, hacia la ya casi inexistente calle de Madrid.

Bajo el solar de la desaparecida manzana situada entre las calles de Madrid, del Rollo, Sacramento y Duque de Nájera, por la que probablemente transcurría la muralla intermedia, en los inicios de los años 90 del pasado siglo se construyó un nuevo aparcamiento. Actualmente es una árida plaza conocida como la plaza del Rollo.

Durante las excavaciones arqueológicas correspondientes se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación árabe en la zona: cerámicas (ollas, cazuelas, candiles…), y, lo que es más importante, restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI.

Seguimos nuestro camino por la calle del Rollo, que conserva el antiguo trazado árabe en su segundo tramo, lleno de encanto. Cuenta el profesor Montero Vallejo que no hay duda del origen de su nombre pues él mismo localizó un documento de 1481 en que “se manda al mayordomo Sancho de Cuenca que haga de cal y canto  la picota en la plaza de San Salvador”, hoy Plaza de la Villa. La presencia de un rollo o picota en la plaza de San Salvador -normalmente situados en las afueras-, podría significar que allí se encontraba el límite del recinto amurallado.

El rollo era símbolo de justicia y mercado y se solía colocar en una plaza muy importante o en las afueras, donde comenzaba la jurisdicción interna de los lugares.

En el nº 8, en el moderno bar Korgui, el muro de la planta baja junto al subsuelo de la empinada calle del Rollo, en gran parte es un precioso lienzo de pedernal que sigue la dirección de la supuesta muralla intermedia.

Enfrente, en el nº 7, aparecieron importantes vestigios del siglo XI, nuevas huellas de la vida islámica que existió en la zona.

Llegando al Barranco y al Arroyo de San Pedro, hoy calle de Segovia, la muralla debía dirigirse hacia la plaza de la Cruz Verde para volver a subir por el abrupto terreno de la ladera.

En la calle Segovia nº 16, en uno de los edificios más antiguos de Madrid se esconde otro sorprendente muro.

En el bar El Lagarto, en la pared trasera, cuya ventanita se encuentra casi frente a la entrada al otro bar que acabamos de visitar con restos de posible muralla, perviven otros restos de un rotundo muro de sílex, esta vez cubierto de algún barniz o pintura.

Desde la plaza de la Cruz Verde la muralla debía subir por la calle de la Villa, que también muestra un curioso trazado adaptado al terreno y al probable muro.

Se cree que la segunda muralla árabe finalizaba su recorrido en la zona oriental del Palacio de Uceda donde volvía a unirse con la muralla del primer recinto, procedente de la calle del Factor, donde comenzó nuestro paseo.

Si al parecer se conservan las huellas de la primera muralla árabe en su interior, ¿quedará algún rastro de la segunda?. Como dijo nuestro admirado Manuel Montero Vallejo al final de su escrito, ojalá algún día aparezcan “pruebas indiscutibles de este recinto árabe, aún misterioso, pero que cada vez apunta con más fuerza. No son escasos los indicios que permiten afirmar su presencia”.

Por : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Manuel Montero Vallejo. El Madrid Medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.

Daniel Pérez Vicente. Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico. En Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid musulmán. Museo de San Isidro Madrid 2004.

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