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La zona conocida como los Altos del Rebeque es uno de los rincones más bonitos de Madrid y que más misterios esconde. Por allí discurría y alcanzaba su punto más elevado la muralla árabe que rodeaba el primer recinto mayrití en el siglo IX. Tal vez de allí partía la hipotética segunda muralla que pudo proteger los arrabales islámicos, y también quizá la muralla cristiana levantada en el siglo XII, quién sabe si aprovechando construcciones musulmanas.

Al final de nuestro último paseo en busca de la muralla decíamos que confiábamos en que poco a poco los enigmas se vayan aclarando, que los restos escondidos salgan a la luz, y que todos sean restaurados y cuidados como merecen. Hoy, gracias a la información de un lector del blog, Jose, que nos avisó de su existencia, queremos mostraros un nuevo y bello lienzo que podría pertenecer a alguno de los recintos amurallados de Madrid.

muro cerca copia

Pero antes hagamos un poquito de historia.

Jerónimo de Quintana en 1629 en su obra A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid : historia de su antiguedad, nobleza y grandeza, Libro I, capítulo III, describía el recorrido de la muralla.

Decía Quintana que subía por junto a una calle que se llama de la Parra (actual calle del Factor), llegaba a las casas que entonces pertenecían al Príncipe de Esquilache y de allí bajaban por otra que está enfrente de San Gil, donde debía haber otra puerta para salir a los lugares circunvecinos, cerrando con el Alcázar. Más adelante contaba que los restos de muralla se habían derribado, y allanado para ornato y comodidad de la vivienda de estos tiempos.

A pesar de todo quedaban vestigios que el propio cronista parece que pudo contemplar. Escribió: han quedado memorias de esto, porque a dos casas de la esquina de la calle de la Parra que hemos dicho subía a las del Príncipe de Esquilache, por las que hoy (recordemos que estamos en el siglo XVII) son de don Gregorio de Salazar vecino y Regidor de Madrid, entra un lienzo del muro que tiene más de sesenta pies de largo, indicio grande de que se continuaba por allí delante por la parte que dijimos; además de que siempre se ha tenido por cierto haber tenido esta villa dos cercas.

Pedro Texeira dibujó las casas de Esquilache y de Gregorio de Salazar tal como debían ser en la época en que Quintana pudo contemplarlas.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656)

Una vez más la Planimetría General de Madrid nos proporciona la información más fiable y útil. El cerro estaba ocupado por las manzanas 437, 438 y 439.

Plano de Espinosa (1769)

Plano de Espinosa (1769)

La historia de la nº 439 es muy antigua. Su primer propietario fue Fernán López de Ocampo, factor de Felipe II, luego el mencionado Príncipe de Esquilache. Ya en el siglo XVIII allí se alojó el embajador de Holanda Príncipe de Robech, de donde cuentan los cronistas proviene el nombre de Rebeque.

La manzana nº 437 estaba formada en su mayor parte por un gran inmueble propiedad del Conde de Noblejas (sitio nº 1). Las Casas de Gregorio de Salazar habían ocupado el sitio nº 2, pequeño solar situado en el extremo suroeste. En la Planimetría su planta está surcada por una doble línea muy misteriosa.

Manzana 437 (Planimetría de Madrid)

Manzana 437 (Planimetría de Madrid)

Según el profesor Montero Vallejo estas líneas representaban una calle que llegaba a un portillo auxiliar de la cercana Puerta de la Sagra, una de las tres puertas del primer recinto musulmán. Antonio Malalana opina sin dudar que esa línea marcaba el antiguo recorrido de la muralla cristiana.

Como hemos comentado en otros artículos, hoy día la opinión aceptada por la mayoría de expertos es que la primera muralla árabe subía por la acera de los números impares de la calle del Factor (manzana 440) hasta los Altos donde giraba hacia el oeste.

Plano de Ibáñez de Ibero (h. 1875)

Plano de Ibáñez de Ibero (h. 1875)

Hace un siglo aún quedaban restos. En 1913 se derribaron unos paredones y unos desmontes dentro de obras de mejora de la calle Bailén y ajardinamiento de los alrededores de Palacio. En el diario ABC el cronista Antonio Velasco Zazo lamentaba el derribo de un resto de antigüedad, de ese trozo que perteneció a la muralla primitiva, por la parte que se llamó calle del Viento.

La calle del Viento y las manzanas 438 y 439 ya no existen, su terreno está ocupado por los jardines al final de la calle del Factor y por la calle Bailén. Toda la zona está muy transformada, sin embargo, si observamos con atencion, la forma de los muros de contención y los edificios de pronto nos parece que evocan la muralla medieval, la misma que en el siglo XVII describió Jerónimo de Quintana.

ladera rebeque

En parte de lo que fue la manzana 437 se encuentra el inmueble de la calle Requena 3 y 5, con vuelta a Rebeque y Noblejas. Así llegamos al lugar donde se encuentra el emocionante hallazgo.

Calle de Rebeque

Calle de Requena esquina Rebeque

En el nº 5 de la calle de Requena, en el interior de las oficinas de la conocida empresa pública Paradores de Turismo, existe un muro sorprendente, un lienzo realizado en mampostería de piedra caliza y pedernal con refuerzos de ladrillo.

lienzo requena

Apareció durante unas obras de reforma del edificio. Es precioso y está en muy buen estado, bien cuidado. El tramo que aparece en la fotografía está a la vista del público, pero es solo una parte del lienzo conservado, que ocupa casi toda la fachada de la calle de Rebeque, paralelo a las escaleras que suben hasta la calle del Factor.

Algunos autores creen que la muralla cristiana en un primer momento discurría en pronunciada curva por la calle del Espejo (que se aprecia en los planos antiguos) y continuaba por la calle de Requena hasta unirse al primer recinto. Si hubiera sido así, nuestro muro podría pertenecer a este recorrido.

ramales requena

Plaza de Ramales – calle Requena. Al fondo el Palacio Real.

Según esta teoría la cerca fue reconstruida posteriormente un poco más al norte (algunos de cuyos tramos subsisten como sabemos), llegando hasta la plaza de Isabel II y cerrando por la plaza de Oriente.

Después de Jerónimo de Quintana los más importantes cronistas y estudiosos de la historia de Madrid han investigado y expuesto sus hipótesis a lo largo de los siglos. Oliver Asín, Gómez Iglesias, Pavón Maldonado… por supuesto Montero Vallejo, y los investigadores actuales que han estudiado a todos sus predecesores y manejan los datos de los últimos hallazgos arqueológicos cada uno según sus opiniones y criterios.

La realidad es que seguimos sin saber si la muralla árabe continuaba su camino desde los Altos de Rebeque hacia el norte, ni en qué punto exacto pudo nacer la probable segunda cerca islámica. Ni si la muralla cristiana pudo en principio tener aquí su origen y giraba hacia la calle del Espejo, como hemos contado, o si, como algún autor sostiene, en la plaza de Oriente, en lugar de llegar a unirse al Alcázar, giraba y bajaba hacia el sur hasta los Altos de Rebeque a unirse con el primer recinto.

calle rebeque

Las murallas de Madrid no fueron un elemento estático en la vida de la ciudad sino que estaban vivas, fueron construidas, recontruidas y reparadas a lo largo de los siglos.

Estamos ante un tema complejo y delicado, pero considerando todos los datos de que disponemos podemos atrevernos a pensar que este maravilloso muro de piedra y sílex en cualquiera de los casos podría pertenecer originalmente al recinto cristiano, quién sabe si aprovechando las huellas de un antiguo recinto árabe. No olvidemos que aquí existió un importante arrabal islámico.

Vuestra información, ideas y opiniones serán muy bienvenidas.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Planimetría General de Madrid.
Velasco Zazo, A. Los Altos de Rebeque. Diario ABC 29 sept. 1913
Montero Vallejo, M. El Madrid Medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.
VVAA. Las murallas de Madrid. Ed. Doce Calles. Comunidad de Madrid 2003.
Marín Perellón, F.J. y Ortega, J. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006
Malalana, Antonio. Madrid. Génesis y evolución de la muralla del siglo XII. La Librería 2011.

Han pasado ya tres años desde nuestro primer paseo en busca de la muralla cristiana. En todo este tiempo hemos podido conocer nuevos lugares y descubrir algún tesoro escondido e inesperado. Os invitamos a un nuevo y emocionante paseo en busca de nuestra muralla, la fortificación construida en el siglo XII que, junto con la muralla árabe del siglo IX, es uno de los monumentos madrileños más antiguos y valiosos.

Recordemos que los límites del llamado segundo recinto estaban marcados por el antiguo Alcázar -ubicado en el mismo lugar donde hoy admiramos el Palacio Real-, y las cuatro puertas: La Puerta de Valnadú –en la actual Plaza de Isabel II-, la Puerta de Guadalajara -en la calle Mayor, a la altura del Mercado de San Miguel-, Puerta Cerrada y la Puerta de Moros.

Plano de “Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles. (La línea más oscura representa los restos visibles, la gris los constatados, y la más clara los restos hipotéticos)

Plano de “Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles.

Comenzamos nuestra ruta en la Plaza de Oriente, donde, en algún sitio cercano procedente del antiguo primer recinto árabe, nacía el muro construido en mampostería de sílex o piedra caliza por los cristianos a lo largo del siglo XII acaso aprovechando construcciones defensivas musulmanas -como sabemos, tras las obras de construcción del aparcamiento bajo la plaza, los únicos restos arqueológicos que hoy se conservan son los de una atalaya del siglo XI-.

La muralla debía atravesar los terrenos donde hoy se asienta el Teatro Real y llegar a la plazuela de los Caños del Peral, actual plaza de Isabel II, donde se encontraba la Puerta de Valnadú.

En el nº 3 de la plaza, en el sótano del restaurante Foster’s Hollywood, se hallan los restos de un lienzo en su cara intramuros.

En el centro del muro existe una puerta con arco de medio punto de ladrillo, abierta en época más moderna, que comunica con el solar colindante en la calle de la Escalinata.

Regresamos a la plaza, desde donde la cerca medieval discurría entre las actuales calles de la Escalinata –ronda exterior- y del Espejo –ronda interior-.

Salimos de la antigua villa medieval para seguir nuestro itinerario extramuros por la calle de la Escalinata, antigua de los Tintes, por donde bajaba un arroyo. Hace unos meses quedaron al descubierto los restos del muro, muy deteriorados, en el solar antes mencionado, correspondiente al nº 21 de la calle, oculto durante mucho tiempo, donde se aprecia cómo la muralla fue utilizada como medianería de edificios.

La puerta que vemos es la misma que pudimos ver en el interior del restaurante, en su cara exterior.

Calle de la Escalinara, 21.

En el nº 12 de la calle del Espejo un singular edificio fue levantado adaptándose a la forma de una torre de la fortaleza defensiva, forma que conserva a pesar de las construcciones sucesivas, y que es perfectamente visible desde la calle de la Escalinata.

Calle de la Escalinata, 13

A sus pies hay un garaje con entrada por la calle de la Escalinata nº 13. Dentro además de coches se guardan los restos de la torre y un considerable tramo de la muralla.

A sus espaldas, en el solar que corresponde al nº 14 de la calle del Espejo, cerrado desde hace mucho tiempo, al parecer también existen vestigios. A continuación, en el mencionado número 12 se conservan varios metros bajo el cristal instalado en las aulas de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, restos que aparecieron en 2009 durante las obras de acondicionamiento de la escuela allí alojada.

Calle del Espejo, 12.

La muralla sigue hacia la calle Mayor y atraviesa la Calle de Santiago, en cuyo nº 2 durante la construcción del nuevo edificio se constató la presencia de la cerca.

Siguiendo sus huellas, continuamos nuestro recorrido y cruzamos por el lugar donde se encontraba la Puerta más importante de la Villa, la Puerta de Guadalajara. Tomamos la Cava de San Miguel, cuyas casas muestran el camino que seguía el foso que rodeaba el muro hace tantos siglos.

En la plaza de Puerta Cerrada se encuentra uno de los restos más importantes de muralla cristiana pues se conserva un lienzo completo en altura, a través de los pisos de las viviendas del nº 6 de la plaza.

Puerta Cerrada nº 6, bajo. Bar La Escondida.

Continuamos por la Cava Baja, en cuyo número 10 se localiza un tramo de 7 metros de largo por entre 1 y 4 de altura, un precioso ejemplo consolidado y acondicionado, con un resultado realmente bonito, mediante acristalamiento y luces que favorecen su contemplación.

Cava Baja, 10.

Recientemente nuevos restos, unos doce metros, han salido a la luz en el nº 12, en una de las antiguas posadas de la Cava. En el nº 22, a espaldas de la calle del Almendro, otro solar cerrado por una puerta de madera guarda más vestigios de la muralla medieval.

En el nº 30 se halla un lienzo de 19 m de largo por 11,5 de alto, al parecer el único de construcción altomedieval, es decir, del siglo XI o XII, pues la mayoría presentan intervenciones de siglos posteriores. Esto significa que, después de la muralla árabe en la Cuesta de la Vega construida en el siglo IX, y la impresionante torre mudéjar de la iglesia de San Nicolás de los Servitas del siglo XII, estamos ante una de las construcciones más antiguas de Madrid.

Cava Baja, 30.

Llevamos un rato caminando extramuros, es decir, por el exterior del viejo Madrid medieval. Ahora, nuevamente intramuros, en el interior de la Villa, tras la verja de un pequeño jardín de la calle del Almendro nº 17, hallamos un lienzo de 16 m de largo en muy mal estado.

Calle del Almendro, 17.

Llegamos a la Plaza del Humilladero donde estaba situada la Puerta de Moros.

La cerca continuaba bajo las plazas de San Andrés y de los Carros. Allí, en el mágico subsuelo, existen unos vestigios sorprendentes, entre ellos un tramo escondido de dos metros por 1,70 de alto. El muro, de características similares a los restos más próximos, está situado en el lugar por donde se supone transcurría la muralla.

A continuación en el bar de la Plaza de los Carros nº 3 se puede contemplar otro espléndido lienzo.

Plaza de los Carros, 3.

Desde aquí la muralla transcurría entre las calles de Don Pedro y Mancebos.

Nuevamente intramuros, encontramos la continuación del tramo anterior el cual se puede contemplar en la calle de los Mancebos nº 3, tras una verja y en el cual se puede observar con claridad el ya comentado hecho de cómo la muralla era utilizada para servir de medianería o soporte de los edificios que se fueron construyendo adosados a ella.

Calle de los Mancebos, 3.

Para contemplar la prolongación de estos restos volvemos por un momento al exterior del recinto amurallado y en la calle de Don Pedro números 8 a 12, se conserva un lienzo larguísimo, espectacular, de unos 30 metros, en el sótano del antiguo Palacio del Marqués de Villafranca.

Calle de don Pedro. Academia de Ingenieria.

Desde aquí la muralla descendía hacia la calle de Bailén, continuaba paralela a la Cuesta de los Ciegos y después atravesaba el antiguo Arroyo de San Pedro, hoy Calle Segovia, para llegar hasta la Cuesta de la Vega donde se unía a la muralla construida por los árabes, probablemente a la altura del tercer cubo desde la Puerta de la Vega.

Bajando por la Cuesta de los Ciegos hacia la C. de la Vega.

En la Cuesta de la Vega finaliza nuestro nuevo viaje por el Madrid más antiguo en busca de la muralla construida por los cristianos en el siglo XII, continuamente reparada y reconstruida durante los siglos posteriores, hasta que comenzó su demolición en el siglo XVI.

A lo largo del recorrido hemos podido contemplar cómo las calles mantienen su trazado medieval, en algunos lugares se puede contemplar la muralla, en otros se intuye. El paseo es realmente bonito y aleccionador.

Las mayores incógnitas que permanecen sin aclararse son los puntos de unión, aquí en la Cuesta de Vega con la muralla del siglo IX, y en la plaza de Oriente, con el Alcázar. Precisamente uno de los temas más controvertidos es este último, en qué punto la muralla del segundo recinto construido por los cristianos se unía al primero, construido por los musulmanes. Confiemos en que poco a poco los misterios se vayan aclarando, que los restos escondidos salgan a la luz, y que todos sean restaurados y cuidados como merecen.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

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Otros artículos:

La muralla árabe

La muralla intermedia, la “medinilla”

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Bibliografía:
VVAA. “Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles – Comunidad de Madrid. 2003.
F.J. Marín Perellón y J. Ortega. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006.

Hace tiempo que tengo en mente realizar un nuevo Paseo en busca de la Muralla Cristiana y actualizar el artículo aquí publicado, pues han pasado casi tres años desde entonces y hay bastantes novedades respecto a sus restos visibles y/o constatados. Por unos motivos o por otros hasta ahora no ha podido ser, pero espero hacerlo en breve. Mientras, quiero mostraros una de dichas novedades, por ser la más desconocida, al menos para mí, hasta hoy. Ha sido una gran y emocionante sorpresa.

Este mediodía he visitado la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Sus oficinas hace pocos años estaban en la calle del Codo, frente a su sede de la Torre de los Lujanes, hasta que se trasladaron a la calle del Espejo nº 12. Allí se ha instalado también el Centro de Estudios Jovellanos.

Comentábamos en nuestro paseo en 2009 que la muralla en el siglo XII discurría entre las calles de la Escalinata y la del Espejo, conservando ambas el trazado medieval, y la existencia en el nº 12 de la del Espejo del singular edificio construido adaptándose a la forma de una torre de la fortaleza defensiva, forma que ha conservado a lo largo de los siglos a pesar de las construcciones sucesivas, y que es perfectamente visible desde la calle de la Escalinata.

Calle de la Escalinata.

A espaldas de Escalinata, en la calle del Espejo, intramuros, se encuentra la entrada al edificio, a continuación del solar cerrado hace muchos años y en el que al parecer subsisten restos de la antigua fortificación.

Calle del Espejo

En una de las aulas de la Escuela, amueblada con sillas estudiantiles, bajo el suelo de cristal, varios metros de restos de muralla lucen esplendorosos.

Restos que continúan su camino bajo el aula contigua, en dirección a la calle Mayor, lugar donde se encontraba la Puerta de Guadalajara.

Precisamente aparecieron hace tres años, en 2009, durante las obras de acondicionamiento de la escuela. Avisada la Comunidad de Madrid dio el visto bueno a su procedencia y, siguiendo las normas establecidas por Patrimonio Histórico, se colocaron los cristales que nos permiten contemplar este nuevo y maravilloso hallazgo.

Un letrero en la cabecera del aula recuerda a los alumnos y visitantes ocasionales, que estos restos arqueológicos pertenecen a un lienzo del segundo recinto amurallado de Madrid (siglo XII).

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

El Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares, nos propone un viaje al pasado. Desde los tiempos más remotos, anteriores a la existencia de seres humanos, los primeros pobladores y el Madrid hispanorromano, nos traslada a la Edad Media para recorrer los tres periodos vividos en nuestra región, la época hispanovisigoda, el mundo andalusí y finalmente la sociedad feudal, hasta llegar a los siglos XVII y XVIII. En lo que se refiere a la ciudad de Madrid, las primeras referencias pertenecen a la segunda época medieval, al Madrid islámico.

La Colección es muy interesante, además ahora hay una exposición temporal muy bonita, dedicada a los Carpetanos, pero se echan algunas cosas de menos, sobre todo los importantes hallazgos de los últimos años, esperábamos más del museo dedicado a la arqueología madrileña, pero esa es otra historia…

Hoy, continuando con los artículos en torno al origen de Madrid, el Madrid árabe, y con nuestro empeño en conocer cómo era la vida de nuestros antepasados, tras la visita al Madrid islámico en el Museo de los Orígenes, visitamos este Museo Arqueológico con el fin de conocer su versión, y a la vez dar un paseo por la Villa medieval, una vez más.

Comienza la explicación con la llegada de los árabes a la península en el siglo VIII, con su nueva cultura, lengua, religión… y su impacto sobre Madrid, que vivió durante casi cuatro siglos bajo su influencia. Los objetos y restos expuestos en las vitrinas nos ayudan a imaginar, y nos guían en nuestro paseo por el Madrid de los siglos X y XI.

Tal como nos recuerda uno de los paneles, existen pocos vestigios arqueológicos del trazado que Madrid tenía cuando se fundó, en el siglo IX, pero suponemos que, tras su recia muralla, ”como la mayoría de las ciudades árabes, tendría un trazado urbano abigarrado y caótico”.

Muralla árabe (Cuesta de la Vega). Siglo IX.

En nuestra región, “solo Madrid y Talamanca aparecen en los textos árabes como medinas, lo que supone el reconocimiento oficial de su importancia administrativa. Ambas contaron con un recinto amurallado urbano y quizás otro más pequeño de carácter militar y administrativo: la alcazaba. En él se alojaba el gobernador de la ciudad (caíd)”.

Plaza de Oriente desde los Altos del Rebeque

La sociedad árabe, en todos sus aspectos, incluida la forma de gobierno, se regía por el islamismo. La palabra escrita tenía una fuerza simbólica, de forma que llegaba a todos los aspectos de la vida, incluidos los objetos domésticos. Hay varios ejemplos, como este Ataifor o plato hallado en la Plaza de Oriente con el epígrafe al-mulk (el poder) correspondiente al siglo XI.

Ataifor siglo XI (plaza de Oriente)

Hace pocas semanas, durante nuestro Paseo en busca de la segunda muralla árabe comentamos cómo gracias a la excavaciones arqueológicas se conoce la existencia de varios arrabales musulmanes, zonas extramuros que se fueron poblando entre los siglos IX al XI en torno a la primera medina.

A través de los objetos expuestos en este Museo podemos recorrerlos.

Como ya sabemos, en las excavaciones de la Plaza de Oriente, se encontraron importantes vestigios de la presencia árabe en estos terrenos cercanos al primer recinto amurallado.

Jarra, anafre y cazuela, siglos X-XI

Nuevamente ayudados de la imaginación, continuamos nuestro paseo hacia el arrabal considerado más antiguo, situado en torno a las Vistillas y las plazas de los Carros y de San Andrés.

En el interior del museo, contemplamos ollitas y cazuelas utilizadas hace siglos por los vecinos de las plazas de la Morería y del Alamillo, en las que conservaban y cocinaban sus alimentos, y aprendemos mucho acerca de sus costumbres. Como ya hemos mencionado en alguna ocasión, existe una descripción anónima de al-Andalus en el siglo XI que dice:

Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano”.

La cocina mayrití era muy sencilla, basada en los cereales y la harina, legumbres, leche a partir de la cual elaboraban el queso, y la carne, que como estaba reservada para las fiestas se guardaba en grandes cacharros de cerámica. Tanto los cereales como las legumbres o la carne, sobre todo de gallina, pero también de oveja o de vaca, y caza, se cocían y luego aderezaban con hierbas aromáticas.

Podemos observar los recipientes que utilizaban para almacenar los alimentos, para presentarlos, y los que guardaban los líquidos.

Cantimplora siglo X-XI (Plaza de Oriente)

Pero no solo los utensilios culinarios nos explican cómo era la vida en el Madrid andalusí, también los que proporcionaban iluminación y calor. Durante las sucesivas excavaciones arqueológicas aparecieron numerosos Anafres u hornillos, y Candiles de cerámica.

En la Plaza de San Andrés, en la Casa de San Isidro (actual Museo de los Orígenes), se hallaron importantes elementos de carácter doméstico, algunos muy significativos. Uno de ellos, la famosa maqueta de una Puerta de recinto fortificado, realizada a mano en terracota. Se cree pudo ser un juguete, o un pebetero, como podrían indicar las quemaduras de las torres. En cualquier caso es un ejemplo de la importancia que tenía la representación de las fortificaciones en la sociedad islámica. Junto a ella, contemplamos una pieza hallada en el mismo solar, una Torre del juego de Ajedrez.

Mirando todos estos objetos y paseando por las calles construidas sobre los viejos arrabales mayritíes, fantaseamos, ¿cómo sería la vida en las viviendas que seguro allí existieron?. Nos preguntamos cómo sería la vida cotidiana de los primeros madrileños, en sus casas organizadas alrededor de un patio y un pozo.

Los hallazgos arqueológicos también nos hablan de la importancia que tuvieron en el mundo árabe los sistemas de captación de agua, viajes, pozos y norias, destinados a usos domésticos, higiénicos (baños públicos) y artesanales. Además, el agua tenía un gran valor debido a la actividad agrícola y ganadera que desarrollaban.

Arcaduz de una noria sg. X-XI (Casa de San Isidro)

Junto a la Puerta de Moros surgió el arrabal de la Cava Baja, que llegaba hasta Puerta Cerrada. Durante las obras en el edificio de la Cava Baja nº 30, donde se conserva un largo lienzo de muralla muy antiguo, al parecer el único de construcción altomedieval, es decir, del siglo XI ó XII, aparecieron también objetos de época islámica.

Desde aquí nos dirigimos a la calle del Rollo, y sus alrededores.

Plaza del Rollo

Recordemos que en esta zona se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación árabe en la zona: cerámicas y, lo que es más importante, restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI.

En primer término, gran contenedor del siglo XI (calle del Rollo 7)

Los objetos de prestigio, de tocador, o para la escritura, igualmente nos dicen mucho acerca de la sociedad islámica. En una de las estanterías de cristal hay un Anillo que debió adornar la mano de un hombre o una mujer en el siglo XI.

En la calle Requena, cerca de la plaza de Ramales también está demostrada la presencia de población.

Plaza de Ramales

Uno de los objetos expuestos es una bonita Limeta o vasija sin asas de las que utilizaban los árabes para guardar sus bebidas.

Calle Requena esq. plaza de Ramales (siglo XI)

Cada día sabemos un poquito más sobre cómo vivían los primeros madrileños, en qué trabajaban, cómo cocinaban, lo que comían, el paisaje que les rodeaba, la rica vegetación y hermosos árboles de distintas especies que crecían junto a los arroyos… aunque lo más emocionante es tener la certeza de que aún nos quedan muchas cosas por descubrir.

Por : Mercedes Gómez

Museo Arqueológico Regional
Plaza de las Bernardas s/n
Alcalá de Henares (Madrid)

Continuando nuestros paseos en busca del Madrid medieval hoy os invito a detenernos en la calle del Codo, un discreto callejón situado a espaldas de la plaza de la Villa, donde comienza.

No es fácil imaginar cómo sería la zona en los siglos X y XI, recordemos que estaba habitada por población árabe, que vivía de la agricultura y la ganadería, conformando los arrabales de la primera medina mayrití. A causa de la imparable expansión de la villa las construcciones fueron surgiendo en torno a los tortuosos caminos que sin duda surcaban las tierras. La calle del Codo pudo ser uno de ellos.

Por entonces la plaza de la Villa no existía, al menos tal como la conocemos hoy. Los gruesos muros aparecidos en la esquina con la calle Mayor, como comentamos hace unos días, indican que por allí pudo discurrir la segunda muralla árabe.

Mucho después, en el siglo XV, cuando Madrid ya era una ciudad cristiana y la plaza de San Salvador, hoy de la Villa, se había convertido en lugar principal (lugar de reunión del Concejo y de mercado), allí construyeron sus casas los poderosos Lujanes. Hacía mucho tiempo que la hipotética segunda muralla árabe pudo ser levantada frente a estos terrenos pero no podemos dejar de preguntarnos, si existió, cómo influyó en las construcciones aledañas, entonces y posteriormente.

Casas de los Lujanes

Allí nació la hoy llamada calle del Codo, en la plaza de la Villa, para dirigirse a la plaza del Conde de Miranda.

Calle del Codo

La calle recibió esta denominación por su forma, similar a un brazo doblado, y no fue la única. Existió la calle del Codo a San Pedro (actual Travesía del Nuncio), la calle del Codo a la de los Preciados (hoy Callejón de Preciados)… hubo bastantes calles del Codo y del Recodo… Una de las más antiguas, y la que conserva el nombre es la que hoy recorremos.

En su inicio se encuentra la bella puerta de entrada a la Torre de los Lujanes, como sabemos sede de la Sociedad Económica Matritense.

Continúa rodeando la Torre y la Casa de los Lujanes, sede de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Una placa de cerámica nos lo recuerda. Unos pasos más adelante, tras una de las rejas, otra placa indica la existencia de una Biblioteca.

Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

A continuación se encuentra, desde el siglo XVII, el Convento de Corpus Christi de religiosas jerónimas recoletas, conocido como Convento de las Carboneras. Por ello, en algún momento la vía fue conocida como de Nuestra Señora de la Carbonera. Enfrente, la fachada lateral de un edificio de viviendas proyectado en 1768 por Pablo Ramírez de Arellano sobre terrenos que pertenecían al Convento, según consta en la Planimetría de Madrid.

A la izquierda, entrada al Convento de las Carboneras (calle del Codo vista desde la plaza del Conde de Miranda)

La calle del Codo es breve y estrecha, no figura en la lista de calles importantes, ni exhibe fachadas monumentales, sin embargo su sinuoso trazado y sus magníficos edificios, con la ayuda de nuestra imaginación, nos ofrecen un paseo por la Historia de Madrid.

Por Mercedes Gómez

Volvemos a los Altos del Rebeque, una vez más, intentando descifrar nuestro pasado. Desde aquí hemos contemplado los terrenos del antiguo Mayrit, los hemos evocado rodeados por su muralla, e imaginado la vida de sus primeros habitantes, los musulmanes que en el siglo IX llegaron formando parte del ejército del emir Muhammad I, y su evolución.

A lo largo del siglo X la población mayrití creció, nuestros antepasados se fueron asentando en los terrenos más próximos y alrededor del primer recinto, de este bello lugar que ahora admiramos, antes tan distinto, se extendió la ciudad. Gracias a la excavaciones arqueológicas se conoce la existencia de varios arrabales musulmanes, zonas extramuros que se fueron poblando entre los siglos IX al XI.

Como hemos comentado en otras ocasiones, son muchas las incógnitas que perviven sobre los dos recintos y sus murallas, el Madrid del siglo IX y el del siglo XII. Pero aún es mayor el misterio que existe sobre la existencia de un posible recinto intermedio, que habría rodeado el arrabal islámico nacido a lo largo del siglo X entre los dos recintos conocidos.

El profesor Manuel Montero Vallejo fue uno de los primeros autores en hablar de la posible existencia de una medina intermedia, un recinto amurallado, entre el primer recinto árabe y el cristiano, la medinilla, como él la llamaba. Tanto en su libro El Madrid Medieval como en otras obras, dio a conocer los diferentes datos aportados por otros investigadores que apoyaban esta teoría, así como sus propias observaciones directas.

En sus escritos expone las dudas, contradicciones… pero de todas sus explicaciones se desprende una evidencia: la existencia de construcciones defensivas en la zona habitada por los árabes a lo largo de los siglos X y XI, al este de Mayrit.

Desde algún punto desconocido, quizá muy próximo al lugar en el que ahora nos encontramos, en el punto más alto de la calle del Factor, partía el hipotético recinto intermedio, la segunda muralla árabe.

Comenzamos nuestro paseo caminando hacia los terrenos donde después sería levantada la iglesia de San Juan, en la actual plaza de Ramales, por la calle Noblejas, en cuyo número 5, durante unas obras de reforma, aparecieron restos de cerámicas islámicas de los siglos IX al XI.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones, este tipo de material ha proporcionado una información muy valiosa acerca de la actividad y de la vida cotidiana de los mayrities. Sus costumbres, escritura, lenguaje, etc. Los útiles hallados en diversos lugares de la zona que hoy vamos a recorrer demuestran que sus habitantes vivían de la agricultura y de la ganadería, usaban norias para el riego de sus cultivos y jardines… y trabajaban en telares, herrerías y alfares.

Durante las obras para la construcción del aparcamiento en la plaza de Ramales, aparecieron los cimientos de una torre de la iglesia de San Juan con todo el aspecto de haber pertenecido a una fortificación islámica. Por otra parte, uno de los escasos documentos que avalan la existencia de la medinilla (dado a conocer por Mercedes Agulló), para acometer la reforma de la iglesia de Santiago en la plaza del mismo nombre, el año 1645 hubo que desmontar un cubo de la muralla, que por su situación, dice el profesor Montero, pudo ser una torre exenta.

Tomamos la calle de los Señores de Luzón, posible antigua ronda exterior de la medinilla, que con el tiempo se convirtió en la calle de los Estelos, una de las más antiguas de Madrid, de las pocas que en la Edad Media tenían nombre, pues ya aparece en documentos del siglo XV.

En el edificio construido en 1975 en la esquina de Luzón con la calle de la Cruzada fueron hallados restos de muralla de gran envergadura, que al parecer se conservan en el sótano.

Lo más emocionante es comprobar cómo la curva que muestra la antiquísima vía medieval sugiere el posible recorrido de la muralla.

Continuamos nuestro paseo bajando por esta calle tan evocadora, hacia la calle Mayor, antigua Santa María, donde pudo existir un portillo, antecedente de la futura Puerta de Guadalajara.

Uno de los hallazgos más importantes tuvo lugar en 1945, cuando en la esquina de la plaza de la Villa con Mayor, junto a la Casa de la Villa, apareció un grueso muro que Elías Tormo defendió como perteneciente a un recinto amurallado. Volvió a salir a la luz durante las obras de la plaza en 1980, pero, desgraciadamente, fue tapado de nuevo con rapidez. Montero Vallejo estaba convencido de que se trataba de muralla, por sus características constructivas y por su grosor.

Es muy interesante pensar que la Plaza de la Villa, antigua plaza de San Salvador, centro de Madrid, lugar de mercado y de reunión del Concejo, pudo nacer extramuros, junto al portillo, igual que después nacería la Plaza del Arrabal, plaza Mayor, en las afueras de la Puerta de Guadalajara.

Pasamos bajo el arco que une la Casa de la Villa con la Casa de Cisneros, hacia la ya casi inexistente calle de Madrid.

Bajo el solar de la desaparecida manzana situada entre las calles de Madrid, del Rollo, Sacramento y Duque de Nájera, por la que probablemente transcurría la muralla intermedia, en los inicios de los años 90 del pasado siglo se construyó un nuevo aparcamiento. Actualmente es una árida plaza conocida como la plaza del Rollo.

Durante las excavaciones arqueológicas correspondientes se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación árabe en la zona: cerámicas (ollas, cazuelas, candiles…), y, lo que es más importante, restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI.

Seguimos nuestro camino por la calle del Rollo, que conserva el antiguo trazado árabe en su segundo tramo, lleno de encanto. Cuenta el profesor Montero Vallejo que no hay duda del origen de su nombre pues él mismo localizó un documento de 1481 en que “se manda al mayordomo Sancho de Cuenca que haga de cal y canto  la picota en la plaza de San Salvador”, hoy Plaza de la Villa. La presencia de un rollo o picota en la plaza de San Salvador -normalmente situados en las afueras-, podría significar que allí se encontraba el límite del recinto amurallado.

El rollo era símbolo de justicia y mercado y se solía colocar en una plaza muy importante o en las afueras, donde comenzaba la jurisdicción interna de los lugares.

En el nº 8, en el moderno bar Korgui, el muro de la planta baja junto al subsuelo de la empinada calle del Rollo, en gran parte es un precioso lienzo de pedernal que sigue la dirección de la supuesta muralla intermedia.

Enfrente, en el nº 7, aparecieron importantes vestigios del siglo XI, nuevas huellas de la vida islámica que existió en la zona.

Llegando al Barranco y al Arroyo de San Pedro, hoy calle de Segovia, la muralla debía dirigirse hacia la plaza de la Cruz Verde para volver a subir por el abrupto terreno de la ladera.

En la calle Segovia nº 16, en uno de los edificios más antiguos de Madrid se esconde otro sorprendente muro.

En el bar El Lagarto, en la pared trasera, cuya ventanita se encuentra casi frente a la entrada al otro bar que acabamos de visitar con restos de posible muralla, perviven otros restos de un rotundo muro de sílex, esta vez cubierto de algún barniz o pintura.

Desde la plaza de la Cruz Verde la muralla debía subir por la calle de la Villa, que también muestra un curioso trazado adaptado al terreno y al probable muro.

Se cree que la segunda muralla árabe finalizaba su recorrido en la zona oriental del Palacio de Uceda donde volvía a unirse con la muralla del primer recinto, procedente de la calle del Factor, donde comenzó nuestro paseo.

Si al parecer se conservan las huellas de la primera muralla árabe en su interior, ¿quedará algún rastro de la segunda?. Como dijo nuestro admirado Manuel Montero Vallejo al final de su escrito, ojalá algún día aparezcan “pruebas indiscutibles de este recinto árabe, aún misterioso, pero que cada vez apunta con más fuerza. No son escasos los indicios que permiten afirmar su presencia”.

Por : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Manuel Montero Vallejo. El Madrid Medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.

Daniel Pérez Vicente. Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico. En Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid musulmán. Museo de San Isidro Madrid 2004.

Dentro de pocas semanas se cumplirán dos años, parece mentira… Don Manuel Montero Vallejo, admirado profesor, nos dejó el 30 de julio de 2010.

Desde entonces sus colaboradores en el Centro Territorial de Innovación y Formación de Madrid-Capital, del que fue director, han deseado celebrar una Jornada de Homenaje a su persona, que por diversas razones no se ha podido organizar hasta ahora. Tendrá lugar el próximo día 23 de mayo en el Salón de Actos del CTIF Madrid-Capital. El número de plazas es de 90 y la entrada es libre hasta completar el aforo:

Jornada “Homenaje al profesor Manuel Montero Vallejo: historiador del Madrid medieval”.

Constará de 3 ponencias y de una serie de proyecciones audiovisuales. Con la presencia de D. Antonio Bonet Correa, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

CTIF Madrid-Capital.
C/ Limonero, 28.

De 17.30 a 20.00 h.

Descargar Programa

La Plaza del Conde de Barajas se encuentra en el corazón del Madrid Medieval, al que tanto nos gusta volver de vez en cuando, visitar sus rincones y, siempre con la ayuda de la imaginación, recrear su historia.

Allí, junto a la muralla, entre la Puerta de Guadalajara y la Puerta Cerrada, en los comienzos del siglo XV Ruy Sánchez Zapata construyó su casa-palacio. Don Ruy, que pertenecía a la sexta generación de los Zapata, originarios del Reino de Aragón, fue el primero de una familia que se convertiría en una de las más influyentes de la nobleza madrileña.

Nació alrededor del año 1360 y siendo un doncel creció junto a la hija del rey Pedro IV, Leonor. La infanta se casó en 1375 con el que llegaría a ser el rey Juan I. Al parecer el joven Ruy llegó a Castilla con el cortejo de doña Leonor. En algún momento, en los comienzos del siglo XV, nuestro protagonista se estableció en Madrid, ya para siempre.

Por entonces era Copero Mayor de Enrique III (hijo de los mencionados Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón), uno de los monarcas castellanos que mostró más querencia por la Villa, vivió largas temporadas en ella y realizó obras en el Alcázar con el fin de acondicionarlo como residencia real.

Antes de continuar, merece la pena que volvamos por un momento al Castillo de la Alameda que recordemos fue construido hacia 1400 por Diego Hurtado de Mendoza cuya familia había obtenido los Señoríos de Barajas y la Alameda unos años antes. El poderoso don Diego se casó dos veces y, además, tuvo una amante, su prima Mencía Gonzalez de Ayala, a la que, a su muerte en 1404, legó los señoríos, y el Castillo.

Dos años después Ruy se casó con Mencía, quien desgraciadamente murió pocos años después. Él heredó su fortuna y los señoríos de las antiguas aldeas de Barajas y La Alameda, que ella había entregado como dote. Así fue cómo el Castillo pasó de los Mendoza a los Zapata.

Por esa época, tras la muerte de Enrique III, desempeñó la misma función de Copero Mayor para su hijo Juan II, que reinó desde 1406 hasta 1454.

Cuando Ruy quedó viudo contaba más de 50 años, sin descendencia, por lo que al poco tiempo se concertó una nueva boda con la joven Constanza de Aponte con la que tuvo tres hijos. Otra muestra de su vecindad y poder en la Villa es que en 1421 fue procurador en Cortes por Madrid.

Sin duda Don Ruy eligió un buen lugar para establecerse, cerca de la Puerta más importante, la de Guadalajara, principal salida de Madrid, junto a la plaza de San Salvador, hoy plaza de la Villa, lugar de mercado y de reunión del Concejo.

Como decíamos al principio, allí, al abrigo de la muralla, en 1430 construyó Ruy Sánchez Zapata su palacio.

Ese mismo año Ruy y su segunda esposa Constanza fundaron una capilla junto a la cercana iglesia de San Miguel de los Octoes, muy lujosa y con un rico artesonado según los cronistas, la de Nuestra Señora de la Estrella.

Parece ser que Ruy Sánchez Zapata llamado “el Viejo” fue un hombre longevo para la época, vivió al menos 75 años. Su hijo primogénito, Ruy Sánchez Zapata “El Mozo”, heredó su cargo de Copero de Juan II y los Señoríos.

En 1572 Felipe II otorgó el título de Conde de Barajas a su descendiente Francisco Zapata y Cisneros. Los Zapata, condes de Barajas, llegaron a ser dueños de gran parte de las casas de la zona, con el tiempo darían nombre a la plaza, que ya aparece así representada en el plano de Texeira.

Plano de Texeira (1656)

De aquellos tiempos medievales no queda nada, apenas la forma de las calles y la muralla, y el recuerdo de la vida de don Ruy y sus ricos descendientes, pero hoy día la plaza es una de las más bonitas, y su arquitectura nos ofrece un bello paseo por la historia de Madrid.

En el nº 1, sobre el antiguo Palacio de los Zapata, se encuentra el que fuera Palacio de la Secretaría de la Santa Cruzada. Construido en 1888 por Gabriel Abreu según proyecto de Francisco de Cubas y González-Montes, marqués de Cubas.

En el nº 2, un edificio de viviendas, uno de los más antiguos de Madrid, pues su origen se remonta a los años 60 del siglo XVII, conservando las características sencillas típicas de la arquitectura del Siglo de Oro.

En el nº 3, construido en los comienzos del siglo XX, la filósofa María Zambrano vivió desde 1931 hasta 1936, así lo recuerda una placa.

Los nº 4 y 6 son obra de Valentín Roca Carbonell, del año 1910.

En los años 80 del siglo XX la plaza del Conde de Barajas se convirtió en la plaza de los pintores.

Desde entonces todos los domingos por la mañana un colectivo de artistas exponen sus obras y alegran la antiquísima plazuela. Es un placer recorrer los tenderetes y contemplar las pinturas, dibujos y acuarelas que nos ofrecen, disfrutar de la plaza, sus bares y su ambiente, y recordar su origen hace tantos siglos. Seguramente aún de vez en cuando se pasea por allí el espíritu de don Ruy y, quién sabe, doña Constanza.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Manuel Montero Vallejo. Ruy Sánchez Zapata, la Parroquia de San Miguel y la Capilla de Nuestra Señora de la Estrella. Anales Inst. Estudios Madrileños nº 37, 1997.

El Castillo de Madrid. Guía del Castillo de la Alameda y su entorno. Ayuntamiento de Madrid 2010.

Guía de Arquitectura de Madrid. COAM 2003.

 

La historia del barrio de la Alameda de Osuna, en el distrito de Barajas, es milenaria. En un pequeño cerro situado entre las calles de Antonio Sancha y Joaquín Ibarra perviven las huellas de tiempos muy lejanos, cuando la Alameda aún no era un barrio de Madrid, ni siquiera se había convertido todavía en la aldea medieval en cuyas afueras se construiría un castillo a finales del siglo XIV… el Castillo que hoy vamos a visitar… tiempos en los que aquí existió un humilde poblado de cabañas construidas con ramas y barro sobre zócalos de piedra rodeadas de un foso y una cerca de madera, junto a un arroyo, hace más de tres mil quinientos años.

La visita al Castillo de la Alameda supone un verdadero viaje en el tiempo, desde la prehistoria hasta la actualidad.

La tierra era de buena calidad y abundaban los manantiales de aguas delicadas y cristalinas, quizá por ese motivo hace tanto tiempo, en el Calcolítico o Edad del Cobre, en la ladera norte del Arroyo de Rejas, afluente del río Jarama, se estableció un poblado que vivió de la agricultura y la ganadería.

La Alameda junto al Arroyo de Rejas (mapa hidrográfico de 1906)

Los fértiles terrenos volvieron a ser habitados durante la Edad del Bronce y del Hierro, y permanecieron ocupados durante la época romana, en el siglo I, como han demostrado los hallazgos arqueológicos.

A partir del siglo IX, durante el asentamiento árabe la población se concentró en las zonas fortificadas, y las zonas rurales entre Mayrit y el río Jarama se fueron quedando vacías, hasta que siglos después, tras la conquista cristiana, fueron naciendo los pueblos que conocemos, Canillas, Hortaleza, Barajas, Rejas… y en el siglo XIII, La Alameda, junto a los numerosos álamos que crecían en las riberas del arroyo.

Llegaron los tiempos en que los reyes, de la dinastía Trastamara, concedían tierras a los nobles, los señoríos, a cambio de obtener su apoyo. Así las familias más acaudaladas eran también las dueñas de las aldeas y tenían representación en el Concejo o ayuntamiento madrileño.

Los vecinos, o pecheros, representantes de una familia, eran los únicos que pagaban tributos. Quedaban exentos nobles, clérigos, militares y pobres de solemnidad.

Uno de ellos fue el Señorío de El Alameda, así aparece nombrada la villa en los Libros de Acuerdos del Concejo en el siglo XV, que había sido otorgado a la poderosísima familia de los Mendoza. Se cree que fue Diego Hurtado de Mendoza quien alrededor del año 1400 mandó edificar el Castillo, en las afueras de la aldea.

El Castillo estaba rodeado por un impresionante foso protector.

Los fuertes muros de sílex, las torres y las almenas escondían el interior propio de un palacio, con estancias distribuidas en dos plantas que daban a un patio interior. Salones decorados con zócalos de cerámica, cocina, dependencias para los guardias… incluso una capilla.

El suelo del patio era de ladrillo y había dos pozos que aseguraban el suministro de agua en caso de necesidad.

Arranque de la fachada del patio

En una esquina se levantaba la Torre del Homenaje, símbolo del Señorío, y lugar donde residía el Señor feudal.

Mediado el siglo XVI sus nuevos propietarios, los Zapata, transformaron el castillo defensivo en un palacio renacentista, acorde con los gustos de la época y los nuevos tiempos.

Sobre los restos de la viguería del forjado de lo que fue la planta superior original, en los muros antes cerrados al mundo exterior, se abrieron ventanales.

El foso se convirtió en un bello jardín con sus fuentes y estanques, paseos rodeados de árboles, y parterres. Como buen jardín del Renacimiento, tenía también un huerto, y su “fuente de burlas” con juegos de agua que sorprendían a los visitantes. Con el fin de facilitar el acceso al jardín se construyó un pasadizo que lo comunicaba con el interior del palacio, que también fue reformado.

Las dos plantas del castillo se transformaron en tres, y la entrada medieval de madera fue sustituida por un suntuoso pórtico de granito.

Restos del pórtico renacentista expuestos junto a la entrada.

Los Zapata, fieles servidores de la Corona, cedieron su castillo en varios ocasiones, allí se alojó la reina Margarita de Austria en 1599 tras su boda con Felipe III, antes de su entrada en Madrid. También fue utilizado como cárcel de Corte, siendo allí encerrados notables personajes.

El poderío de los Zapata disminuyó durante el siglo XVII, en 1697 el castillo sufrió un terrible incendio, y ya no volvió a ser ocupado. Su piedra fue utilizada para otras construcciones cercanas, como el Capricho, de los Duques de Osuna, y el Panteón de los Fernán Núñez, herederos de los Zapata, y del palacio solo quedaron las ruinas.

Panteón de los Fernán Núñez junto al Castillo

En el siglo XVIII, abandonado el Castillo, la zona se convirtió en finca agraria, de la cual se conserva parte de la Casa del Guarda, quizá construida sobre la antigua Casa del Mayordomo, residencia del gobernador de la finca del Señor, ubicada junto al puente de entrada al castillo en la época en que pasó a manos de los Zapata.

En el siglo XIX la recia fortaleza, de gruesos muros de pedernal, luego lujoso palacio, estaba reducida a unas pocas ruinas en lamentable estado.

Durante la guerra civil fue utilizado y también quedan restos, como los huecos abiertos en los muros para disparar desde el interior, y el “nido de ametralladoras” :

Poco a poco Madrid fue creciendo, en 1950 fueron anexionados varios pueblos de esta zona noreste, y la Alameda, antigua aldea medieval construida sobre restos prehistóricos, se convirtió en un barrio residencial para clases acomodadas.

Como en tantas ocasiones, desde que se habló de la restauración del castillo hasta que por fin se llevó a cabo, pasó mucho más tiempo del anunciado, pero esta es una historia con final feliz. Ha sido sin duda una obra compleja, que además de la restauración del castillo incluyó las excavaciones arqueológicas que comenzaron en 1986.

Por las semillas localizadas se supo que en los alrededores había árboles de muchas especies, olivos, nogales, cipreses… y gran variedad de plantas y flores. Bajo el castillo aparecieron restos del poblado prehistórico, sus “despensas” y cerámicas… la vida de los primeros pobladores de la Alameda bajo las ruinas del castillo que esperaban ser restauradas.

En los primeros años del siglo XXI, la fortificación de origen medieval, única en Madrid, se había convertido en un lugar ocupado por el botellón, los grafitis, y la basura.

Pasados varios años, por fin los restos conservados fueron restaurados y otros elementos importantes -los muros del foso, la planta exterior y planta de la torre del homenaje-, fueron restituidos parcialmente, en mayo de 2010 se abrieron las puertas al público de este museo que forma parte del Eje Histórico-Cultural de la Alameda de Osuna y depende del Museo de los Orígenes.

Ya no hay huertos ni álamos, hoy día el antiguo castillo fortificado está rodeado de chalets adosados, los tiempos han cambiado -en general, felizmente-, y da gusto contemplar este museo vivo, acercarse a los restos del Castillo de la Alameda y recordar su historia.

Por: Mercedes Gómez

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Castillo de la Alameda
Entre las calles de Antonio Sancha, Joaquín Ibarra y Manuel Aguilar.
Abierto los fines de semana y festivos.

Allá donde en el siglo IX los musulmanes fundaron Mayrit, en lo alto de una colina frente al río, entre los arroyos de las Fuentes de San Pedro y de Leganitos, hoy día se encuentran la Catedral de la Almudena, el Palacio Real y la Plaza de Oriente. Debajo, a muchos metros de profundidad, se esconde la historia del origen de Madrid.

Hoy Pedro y yo os invitamos a un nuevo y para nosotros emocionante viaje al pasado, al tiempo y al lugar en que los árabes construyeron su castillo y su muralla. Los mayritíes se fueron instalando en los alrededores, y allí vivieron hasta la conquista cristiana en el siglo XI.

A pesar de que lamentablemente la mayor parte de los hallazgos fueron destruidos, las obras realizadas en los años 90 para la construcción de un aparcamiento subterráneo en la Plaza de Oriente, y actualmente las del Museo de Colecciones Reales, han ido poco a poco desvelando secretos y dando a conocer cómo era Madrid en aquellos tiempos lejanos y su evolución como ciudad.

Se conoce bastante bien el recorrido de las murallas madrileñas -de las que se conservan valiosos restos-, tanto de la musulmana del siglo IX como la cristiana del siglo XII, sin embargo existen aún muchas incógnitas, sobre todo en la zona donde hoy día se levanta el Palacio Real y en una gran parte de la Plaza de Oriente, nunca excavada.

Bajo el Palacio Real pudo existir un reducto fortificado, posible residencia del Gobernador de Mayrit, sobre el cual los cristianos acaso levantaron su primer Alcázar, precedente del Alcázar de los Austrias incendiado en 1734.

Otro enigma es el camino que siguió la muralla cristiana desde la plazuela de los Caños del Peral -plaza de Isabel II-, donde discurría paralela al Arroyo del Arenal, hasta unirse al Alcázar.

Por entonces el paisaje era muy distinto al actual. Como todo el entorno, el terreno era un escarpado bosque surcado por barrancos y cursos de agua. El arroyo más importante era el del Arenal, pero no el único, la actual Plaza de Oriente de norte a sur estaba dividida por el Arroyo de la Parra. Encinas, pinos, cerezos, nogales, madroños… una vegetación muy rica, con un clima más frío y húmedo que el actual. Semillas de vid, melón, zarzamora…

La zona situada más al norte correspondía al barranco y al Arroyo del Arenal, que provenía de la plazuela de los Caños del Peral y, rodeando el cerro del alcázar, se dirigía a desembocar en el Arroyo de Leganitos –bajo la actual Cuesta de San Vicente-.

En la plaza, frente al Teatro Real, fueron hallados los restos de una Atalaya islámica del siglo XI, que se conservan y pueden visitarse en la primera planta del aparcamiento. Se trata de una torre de vigilancia que probablemente, al igual que otros elementos de fortificaciones musulmanas, fueron luego utilizados por los cristianos. Resulta difícil pensar que esa torre fue el único elemento defensivo construido en la zona. La atalaya está situada junto al barranco, y los arqueólogos no descartan que existiera alguna otra. El cimiento de la torre nos muestra el nivel del suelo medieval.

Muy cerca del Palacio también fueron localizados los restos de un sólido muro -no conservado- de la segunda mitad del siglo X que podía pertenecer a un Albacar, o recinto anejo a la fortificación de la ciudad, probable ampliación del primer recinto árabe hacia el norte, que entre otras funciones pudo tener la de servir de refugio a la población en caso de ataque.

Gracias a los hallazgos arqueológicos sabemos que durante el período islámico en aquellos abruptos terrenos además de vida militar hubo actividad agrícola, cultural y artesanal. Una atalaya, restos de una fortificación …. Y huertos, pozos de agua, basureros, hornos… Se hallaron candiles, cuencos, cazuelas y otros utensilios domésticos.

Pero el antiguo cauce del Arroyo del Arenal, bajo la plaza y los terrenos al norte del Palacio, aún esconde muchos misterios y tesoros.

En el camino que seguían el barranco y el arroyo, en su misma dirección, a casi treinta metros de profundidad, en las proximidades del Palacio Real, existe un maravilloso pasadizo que nos traslada a tiempos pasados y hace volar nuestra imaginación.

Resguardado entre dos colectores, mide unos veinte metros de largo por uno veinte de ancho. Llama la atención su altura, aproximadamente cinco metros hasta la clave del techo, mucho para un mero pasadizo. Quizá es otra fantasía, pero se nos ocurre que en caso de necesidad podría haberse recorrido a caballo.

Los muros están construidos en su mayor parte con duro y brillante pedernal, apenas algunos trozos de piedra caliza.

Otro detalle singular es la existencia de varias hileras de adobe, antiquísimo material de construcción.

La bóveda del techo también es de adobe.

Por su interior hoy día sin uso, solo fluye un pequeño hilo de agua, probablemente debido a las filtraciones del terreno. El suelo de piedra está muy desgastado por la erosión del agua y el tiempo.

Su proximidad a Palacio y su situación junto al antiguo cauce del Arenal, al oeste de la atalaya islámica, nos hace pensar que el pasadizo pudo formar parte de una antigua muralla o fortificación, conservado a lo largo de los siglos, uno de los muchos caminos subterráneos que al parecer llegaban hasta el Alcázar y más tarde al Palacio Real.

Al final del tramo se halla una reja antigua, que para nosotros simboliza el gran y desconocido mundo que se esconde en el subsuelo y que nos transporta al Madrid más remoto.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización : Pedro Jareño

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Bibliografía:

VVAA. Plaza de Oriente. Arqueología y evolución urbana. Ayuntamiento de Madrid 1998.

artedemadrid@gmail.com
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