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Hay calles en que su forma esconde toda su historia, son las calles que nacieron a partir de los accidentes del terreno, antiguos caminos, o arrimadas a las murallas. La Cava Baja -su nombre ya nos cuenta su origen medieval-, antigua cava o foso de la muralla cristiana, es una de ellas.

Cava Baja

Cava Baja

Aunque su historia es más antigua. Como sabemos gracias a la arqueología (hallazgos de silos, restos de un muro de época islámica, materiales domésticos…), los terrenos entre Puerta de Moros y Puerta Cerrada se fueron poblando, conformando el llamado arrabal de la Cava Baja, uno de los arrabales musulmanes que existieron entre los siglos IX al XI, donde luego los cristianos levantaron uno de los tramos de su muralla.

Una vez más el libro La Forma de la Villa nos ofrece información valiosa. Uno de los importantes sondeos realizados en los años 80 del pasado siglo, el del misterioso solar, tantos años cerrado, ubicado en el nº 22, además de constatar la presencia de un lienzo de muralla de cuatro metros y un cubo semicircular, “la estratigrafía del terreno deparó el hallazgo de una serie de estructuras constructivas interpretadas por los directores de la excavación (Luis Caballero y Araceli Turina) como un probable arrabal de época islámica”.

cava baja 22 2

Cava Baja 22, a la izquierda

Las excavaciones en otros inmuebles, números 30 y 32, también ofrecieron información sobre el pasado árabe de la zona.

En los inicios del siglo XVI, construyendo en estos solares arrimados a la antigua tapia, se creó la manzana 150. Originalmente comenzaba a numerarse en Puerta Cerrada, seguía por la Cava Baja de San Francisco, hoy Cava Baja, volvía por la calle del Almendro, y por la calle del Nuncio llegaba nuevamente a Puerta Cerrada.

En los comienzos del siglo XVII Antonio Mancelli dibujó la manzana con el lienzo completo de la muralla y sus torres. Es un dibujo precioso, se observa todo el tramo que aún entonces debía estar a la vista.

Plano de Antonio Mancelli (detalle), 1625.

Plano de Antonio Mancelli (detalle), 1623.

Unos años después Pedro Texeira también la dibujó, detallando extraordinariamente alguno de los lienzos, el resto quizá ya ocultos por los inmuebles que los habían utilizado como muro.

Plano de Pedro Texeira (detalle), 1656.

Plano de Pedro Texeira (detalle), 1656.

Por entonces en la Cava Baja se ubicaban varias dependencias del Pósito, almacén de trigo o granero municipal. El Peso de la Harina, que estaba enfrente, en la Casa nº 4 de la manzana 148, representada en el plano de Texeira con el número 27. El edificio después se convertiría en la primera Posada madrileña, actualmente restaurante La Posada de la Villa, en el número 9 de la calle.

Posada de la Villa (2010), antiguo Peso de la Harina

Posada de la Villa, antiguo Peso de la Harina

El Alholí de la Villa ocupaba un gran solar en la manzana a que nos referimos, la 150; tenía dos puertas, la llamada Puerta Falsa que daba a la calle del Almendro (Casa 40), y la principal a la Cava (Casa 13).

Entre otras dependencias, allí existían también dos mesones. Uno de ellos, junto al Alholí, era el Mesón del Dragón.

Esta Casa del Alholí de la Villa de Madrid, Alhóndiga o primer Pósito municipal, del que ya conocimos su historia, cuyo origen se remonta a la época de los Reyes Católicos, había sido construido en los comienzos del siglo XVI sobre la muralla del siglo XII. Entre 1664 y 1665 se realizaron obras para la instalación de cuatro muelas para la tahona, proyecto del maestro de obras Juan de Lobera. Como sabemos, en 1666 el Pósito se trasladó a las afueras de la villa, junto a la Puerta de Alcalá. En 1745 el antiguo Alholí fue transformado en depósito de pan y de aceite.

El conjunto fue demolido a mediados del siglo XIX cuando el Ayuntamiento procedió a la prolongación de la calle del Almendro hasta la Cava, atravesando la manzana que quedó partida en dos, por la casa nº 13 que -según la Planimetría- en el siglo XVIII pertenecía al Real Pósito de la Villa y antes fue del Alholí. Eran del Pósito estas casas mencionadas, la nº 13 y la colindante nº 40.

Calle del Almendro

Calle del Almendro

Como tuvimos ocasión de comprobar durante nuestro último paseo en busca de la muralla cristiana, la Cava Baja ofrece algunos de los tramos mejor conservados.

Un nuevo paseo nos permite contemplar detenidamente otros vestigios, cuidados y conservados con cariño, en los inmuebles construidos sobre una parte del antiguo Alholí y mesones, en los primeros números pares de la calle, en la luego denominada manzana 150 “duplicado”, cimentados sobre la muralla.

Posada del León de Oro, Cava Baja 12

Posada del León de Oro, Cava Baja 12

En los actuales números 12 y 14 se encuentran la Posada del León de Oro y la Posada del Dragón, que guardan los vestigios de la muralla y de la historia de Madrid. Durante las obras de rehabilitación para convertirlas en hoteles modernos se realizaron las correspondientes sondeos arqueológicos. Se documentaron los lienzos extramuros al recinto fortificado del siglo XII y el foso de la muralla, además de los mencionados hallazgos anteriores a la ocupación cristiana, y se conservaron los tramos sacados a la luz, hoy día a la vista del público.

La Posada del León conserva además del arranque del cubo que ya pudimos contemplar en el edificio contiguo -en el nº 10-, y la mitad de otro cubo, un lienzo de unos 12 metros de largo y un metro de anchura.

posada del leon muralla1

Este bonito hotel ha resguardado bajo cristales los restos defensivos que se pueden admirar en su restaurante, a la entrada del local.

posada del leon muralla2

En el edificio contiguo, en el nº 14, se encuentra la Posada del Dragón.

Posada del Dragón, Cava Baja mº 14.

Posada del Dragón, Cava Baja mº 14.

Las vigas de madera de la antigua corrala que aloja las habitaciones están decoradas con frases que cuentan la historia de Madrid.

posada dragon corrala

Es un lugar encantador que ha conservado varios elementos de la antigua posada del siglo XX, como el viejo pilón de piedra en el patio.

posada dragon pilon

Han recuperado también la contigua tienda de Jabones La Antoñita manteniendo los letreros históricos de su fachada y su bañera de mármol, donde se elaboraba el jabón, que se ha instalado en los lavabos, junto a una reproducción del primer plano de Madrid, el de Mancelli, adornando sus paredes.

antoñita bañera

Y por supuesto el acogedor bar y restaurante en la planta baja también guarda la muralla.

posada del dragon muralla1

El antiguo Mesón del Dragón junto al Alholí de la Villa, luego Posada, hoy es un Hotel que ha sabido salvar su historia.

Por : Mercedes Gómez

Bibliografía:

Planimetría General de Madrid.

Pérez Vicente, Daniel. “Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico”, en Testimonios del Madrid Medieval. Madrid musulmán. Museo de San Isidro, Madrid 2004.

Ortega Vidal, Javier y Marín Perellón, Francisco José : La Forma de la Villa. Comunidad de Madrid. 2004.

Oñate, Pilar y Sanguino Juan. “Intervención arqueológica previa al proyecto de rehabilitación del inmueble ubicado calle Cava Baja nº 12 de Madrid., en IV Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. Museo Arqueológico Regional, Alcalá de Henares 2007.

 

 

Como sabemos, la existencia de los baños públicos en Madrid se remonta a los orígenes de la Villa. Los musulmanes trajeron a Mayrit, como a todas las ciudades de Al Andalus, los baños o hammam.

Igual que sucedió con los viajes de agua, los baños fueron una herencia de la cultura romana. Las termas romanas eran edificios destinados al ocio, lugar de baño pero también de encuentro, lectura, ejercicio… Solían tener tres salas principales: la piscina fría (frigidarium), la tibia o templada (tepidarium) y la caliente (caldarium). De la misma forma, los baños árabes además de lugares para la higiene también lo eran para la relación social, a lo que se añadía la ablución o purificación religiosa. Heredaron esa filosofía del agua y los contrastes de la temperatura como elemento de limpieza del cuerpo y del alma. Inspirados en las termas romanas, normalmente estaban formados por tres salas abovedadas contiguas, el cuarto frío (bayt al-barid), templado (bayt al-bastani) y caliente (bayt as-sajun), además de otras estancias.

Hay constancia de los baños árabes madrileños en algunos documentos antiguos. Como ya vimos, Manuel Montero Vallejo habla en sus libros de los baños que se encontraban junto al Barranco por donde entonces fluía el Arroyo de San Pedro, hoy calle Segovia, y que continuaban existiendo en los siglos XIII y XIV. Estaban situados cerca de la iglesia de San Pedro, al norte del zoco, o azoche viejo, que visitamos hace unos días, situado en la Plaza de la Paja. Muy cerca, el profesor situó una mezquita que debía existir también aún en el siglo XV.

Recordemos que el zoco se solía improvisar en las calles, normalmente cerca de los dos centros de la vida social, la mezquita y los baños. Y que el primer zoco pudo existir en la plaza de San Salvador, hoy de la Villa, cerca de la mezquita principal, la de la Almudena, en la actual calle Mayor. Podemos imaginar que no demasiado lejos existieron unos baños. ¿Acaso algunas de las cuevas abovedadas que se conservan en las proximidades pudieron pertenecer a los baños islámicos del Mayrit más antiguo?.

Hoy día podemos revivir la experiencia de aquellos baños árabes en la calle de Atocha nº 14, en Hammam Al Andalus y, como promete su eslogan, bañarnos en la historia. Sus sótanos abovedados fueron rehabilitados en los comienzos del siglo XXI para recrear unos hammam, con toda su magia, donde descansar y aislarnos por un rato de la ajetreada vida diaria.

El edificio, uno de los más antiguos de Madrid, con trescientos años de historia, se ubica en la calle Atocha esquina Concepción Jerónima, en la antigua manzana 159 en la que se encontraba la Iglesia y Convento de Santo Tomás, derribados en 1875, sobre cuyos terrenos se levantó la actual Iglesia de Santa Cruz.

Manzana 159, Casa nº 3.

Manzana 159, Casa nº 3.

Hoy el nº 14 de la calle de Atocha corresponde a la Casa nº 3 que a mediados del siglo XVIII era propiedad del Convento, como casi toda la manzana.

atocha 14

Calle Atocha 14

Los aromas, la música suave, el agua tranquila… todo invita al descanso y a recordar el pasado madrileño nada más entrar en el recinto.

entrada al hammam

En la rehabilitación ejecutada entre 2002-2003 han cuidado hasta el último detalle conservando en la medida de lo posible los materiales originales, sobre todo el ladrillo de los muros y las bóvedas centenarias.

ladrillo y azulejos

Según cuentan en el propio establecimiento, el Hammam se halla sobre la estructura de un antiguo aljibe con bóveda de cañón, del siglo XVIII.

Foto: Hammam Al Andalus

Foto: Hammam Al Andalus

Para conseguir el mejor ambiente, en los elementos de nueva construcción, combinados con los originales, se han utilizado materiales como el mármol, la pizarra, azulejos artesanales y estuco.

piscina fria

Son muchos los detalles evocadores de aquellos años alrededor de 1700 en que en esta esquina las Casas que llaman de la Torrecilla se surtían del viaje de agua de la Fuente Castellana. Como un precioso y antiquísimo pozo hoy convertido en fuente moderna gracias al grifo del que ahora mana agua fresca.

pozo

Además de las piscinas a diferentes temperaturas, como antaño, hay una sala de vapor y otra de reposo en la que se puede disfrutar de una Fuente de té y del Rincón de los Aromas, donde se elije la esencia para el masaje, rosa, lavanda, ámbar rojo… Dedicado a Madrid, se ofrece el aceite aromático de la violeta.

Y como curiosidad, todos los años organizan un torneo de ajedrez en el agua templada, ¿os animáis?.

Hammam

Foto: Hammam Al Andalus

Como ellos mismos explican, lógicamente ahora el Hammam no tiene funciones higiénicas ni religiosas, pero sí aporta beneficios al cuerpo y a la mente, momentos de descanso, de relajación… tan necesarios, en un espacio que nos traslada a otra época, que nos hace recordar el Madrid más antiguo.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:
Montero Vallejo, M. Origen de las calles de Madrid. Ed. Lavapiés. Madrid 1995.
Planimetría General de Madrid.
Aznar de Polanco, J.C. Tratado de los Cuatro elementos. Origen y nacimiento de las aguas y fuentes de Madrid. Madrid 1717. (Ed. facsimil E. y P. Libros antiguos, Madrid 1992).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para Gonzalo Díe, que allá donde esté, desde algún rincón del cielo, seguro que continúa acompañándonos en estos paseos por “nuestro querido Madrid”.

Hoy una vez más volvemos al Madrid más antiguo, el de los siglos X y XI, posteriores al establecimiento de los árabes en la villa y anteriores a la llegada de los cristianos, largo periodo de tiempo durante el cual la población creció y con ella la actividad agrícola, alfarera y comercial. Regresamos a los orígenes de Madrid, hoy en busca de sus zocos, azoches, o lugares de mercado.

Como nos cuentan los especialistas, para que una mera fortaleza fuera considerada ciudad debía tener una muralla, un edificio residencia de la persona que ejerciera el poder, una mezquita y un zoco. Todo ello lo tenía Mayrit, al menos desde la segunda mitad del siglo X.

Comenzamos nuestro paseo en la plaza de San Salvador, hoy de la Villa, caminando hasta la plaza de la Paja, dos de los lugares con más encanto de nuestra ciudad, bordeando lo que fue el probable segundo recinto islámico habitado por pequeños núcleos de población que fueron creciendo poco a poco. Ambas plazas, extramuros de la posible medinilla, se convirtieron en lugar de mercado y con el tiempo centro de los arrabales islámicos.

Imagen Museo Arqueológico Regional

Imagen : Museo Arqueológico Regional

plaza de la villa

Plaza de la Villa

El Museo Arqueológico Regional en Alcalá de Henares, que visitamos hace casi dos años durante nuestro paseo por el Madrid de los siglos X-XI, vuelve a darnos información sobre esta etapa de nuestra historia. Las vitrinas y paneles explicativos sobre el Madrid medieval ofrecen nuevos datos, además se han instalado algunas pantallas con videos referentes a los primeros siglos mayritíes. Se recuerda lo que fue y significó la sociedad andalusí.

Una sucesión de imágenes introduce el tema de la agricultura y el aprovechamiento del agua, entre ellas los restos de “un qanat andalusí muy cerca del pozo de San Isidro”. Como explica el video, el agua de Madrid ahora viene desde la sierra pero entonces brotaba del subsuelo, en referencia a los Viajes de Agua que los musulmanes trajeron desde Oriente. Sus técnicas hidráulicas y agrícolas mejoraron la agricultura y por tanto la vida cotidiana. El único resto conocido de uno de estos viajes es el localizado en la plaza de los Carros durante las obras de reforma que tuvieron lugar en los años 80 del pasado siglo XX.

Museo Arqueológico Regional

Museo Arqueológico Regional

Plaza de los Carros

Plaza de los Carros

Una de las novedades es una vitrina que recrea los productos agrícolas cultivados en Al-Andalus.

También hay un recuerdo para el “torrente” que bajaba por la calle Segovia que regaba las huertas en sus laderas, y las del arrabal que existía al otro lado del arroyo, en el cerro de las Vistillas.

MAR

Museo Arqueológico Regional

Calle Segovia

Calle Segovia

No cabe duda de que el gran logro de los musulmanes instalados en Mayrit fue el desarrollo de la técnica de los viajes de agua que permitió el progreso de la agricultura que a su vez propició la mejora económica y una vida comercial.

Las abundantes huertas que existieron en el interior del recinto cristiano a partir del siglo XII muy probablemente se originaron en época árabe, en lo que quizá desde la segunda mitad del siglo X fueron los arrabales, de los que ya hemos hablado aquí repetidamente cuya existencia conocemos gracias a los hallazgos arqueológicos.

Teniendo en cuenta que era un ciudad pequeña, no un gran centro islámico, se puede suponer, como ocurrió en otros lugares, que existían pequeños zocos y tiendecitas junto a los accesos al recinto y en los recodos de las puertas. Aunque existió también el gran zoco, que se cree pudo situarse en lo que luego sería la plaza de San Salvador, a la salida del recinto amurallado por el camino que partía de la Puerta de la Almudena, hoy calle Mayor.

Como vimos durante nuestro paseo por la calle del Codo, la zona en aquella época entre las hoy calles Mayor y Sacramento estaba habitada. Por entonces la plaza de la Villa no existía; los gruesos muros aparecidos en la esquina con la calle Mayor indican que por allí pudo discurrir la hipotética segunda muralla árabe. Acaso ¿allí pudo estar la puerta de salida del segundo recinto islámico?

Mucho después, en el siglo XV, cuando Madrid ya era una ciudad cristiana, la plaza de San Salvador se convirtió en lugar principal, lugar de reunión del Concejo y de mercado, probable herencia del pasado.

El zoco (suq) era el lugar donde se concentraba la intensa vida del mercado agrícola y artesanal. Como nos cuenta la lámina explicativa en el museo, hay documentos que dan noticia de que en Madrid había un mercado organizado con periodicidad situado extramuros. En las ciudades grandes el mercado tenía un lugar definido, pero en las medinas pequeñas, como Talamanca o Madrid, se solía improvisar en las calles, normalmente cerca de los dos centros de la vida social, la mezquita y los baños.

Su funcionamiento estaba regulado por la hisba (normas municipales), y los zabazoques (Sahib as suq) o almotacenes (al-muthtasib) eran los encargados de que se cumplieran, además cobraban las tasas y vigilaban los fraudes y la higiene.

Sí hay constancia de que existió otro gran zoco ubicado en lo que hoy es la plaza de la Paja, destinado al comercio al por mayor, forraje para los animales, etc.

Otros núcleos de población surgieron en las afueras de las Puertas (de la Sagra, de la Almudena) y se fueron extendiendo, pero el hábitat de las Vistillas, en los terrenos de la colina donde luego se levantarían la Capilla del Obispo, la Casa de San Isidro y la iglesia de San Andrés, estaban bastante alejados de la muralla, al otro lado del arroyo de San Pedro. Era el más antiguo y también más importante a juzgar por la cantidad de hallazgos arqueológicos. Algunos autores creen que pudo nacer al mismo tiempo que el primer recinto amurallado, a finales del siglo IX, o incluso antes; otros apuntan que allí vivieron los mozárabes, cristianos que continuaron en la zona durante la ocupación islámica.

Como sabemos, en estos terrenos se hallaron numerosos recuerdos de la vida doméstica a lo largo de los siglos X y XI.

Taza, sg. XI (Capilla del Obispo, en la plaza de la Paja)

Taza sg. XI (Capilla del Obispo, en la plaza de la Paja)

Plaza de la Paja

Plaza de la Paja

Lo cierto es que la historia de la Plaza de la Paja y sus alrededores es muy rica y remota. Recordemos que la colina de San Andrés ya estuvo habitada hace alrededor de quince siglos antes de Cristo, en la Edad del Bronce. En sus proximidades se localizaron restos del primer poblado madrileño, no es de extrañar que aquí hayan continuado viviendo nuestros antepasados a lo largo del tiempo, y los árabes establecieran su mercado por donde entraban y salían los animales cargados, en el extremo sur de lo que en aquellos siglos X y XI era la pequeña ciudad de Mayrit.

por Mercedes Gómez

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Fuentes:

Museo Arqueológico Regional
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.
Mazzoli-Guintard, Christine. Madrid, pequeña ciudad de Al-Andalus (siglos IX al XXI). Ed. Almudayna. Madrid 2011.

Ya hemos visitado la iglesia de San Nicolás en varias ocasiones. La hemos conocido durante nuestro paseo por las Iglesias del Fuero, hemos intentado descifrar la misteriosa inscripción en su ábside, hemos contemplado su pasadizo, admirado algunas de las obras de arte que guarda en su interior… la iglesia parroquial de San Nicolás de los Servitas es uno de los tesoros madrileños. Ocupa la manzana 426, rodeada por la plazuela de las Monjas de Constantinopla –hoy del Biombo–, calle de San Nicolás y plazuela de este nombre.

placas

No por repetido es menos emocionante recordarlo, aparte los restos de las murallas medievales, su torre es la construcción más antigua que existe en Madrid, una auténtica joya considerada Monumento Nacional desde la llegada de la República en 1931, y calificada de Bien de Interés Cultural en 1978. Pero no siempre fue así, su historia está llena de dificultades, incluso estuvo a punto de ser derribada.

Actualmente en general se acepta como fecha de su edificación el siglo XII, realizada por los alarifes mudéjares madrileños; aunque durante mucho tiempo algunos autores opinaron que su origen es anterior, que fue un alminar árabe. En cualquier caso parece probable que en el mismo emplazamiento antes se levantó una mezquita.

En estos terrenos ubicados fuera del primer recinto musulmán, pero en el interior de la medinilla, posible segundo recinto islámico, entre la calle del Factor y la calle de Señores de Luzón, se desarrolló un intrincado tejido urbano de callejones que por su forma en el siglo XVIII recibieron el nombre del Biombo. Las callejuelas desaparecieron en el siglo XIX al derribar el Convento de Constantinopla; en su lugar se abrieron las calles de Juan de Herrera y de Calderón de la Barca, pero la zona conserva recuerdos de lo que fue un arrabal islámico en los siglos X-XI como han demostrado los hallazgos arqueológicos, de los que ya hemos hablado aquí repetidamente. Recordemos que en las cercanías de la plaza de Ramales (Calle San Nicolás y Calle Noblejas) se encontraron restos islámicos, materiales que fueron fechados entre el siglo IX al XI.

Aunque no hay documentos ni restos que demuestren una u otra teoría, lo único cierto es que San Nicolás es una de las diez parroquias mencionadas en el Fuero de Madrid de 1202, las iglesias cristianas más antiguas, las que dividían el Madrid del siglo XII en diez barrios o colaciones. Se trate de una edificación del siglo XII o anterior, en cualquier caso seguro que queda alguna huella de los siglos en que allí habitaron los musulmanes, aunque sea bajo tierra, como comentaremos.

La plaza de San Nicolás estaba en un lugar estratégico, entre la calle de Santa María, actual calle Mayor, y el Alcázar pero su mención en los Libros de Acuerdos del Concejo medieval es escasa; el 3 de noviembre de 1503 se acordó que la calle desde San Nicolás hasta la casa de Gonçalo de Monçon fuera empedrada porque es la principal calle que va a palacio.

Hoy día, desde la calle Mayor hay que recorrer despacio la calle de San Nicolás, observar su forma curva y empinada que seguro se adapta a antiguos caminos, hasta llegar a la altura de la iglesia, contemplar sus muros, detenernos y mirar hacia la plaza de Oriente, para intentar comprender cómo debía ser el paisaje hace siglos.

La fábrica de la torre es de ladrillo, excepto la base que está formada por un zócalo de sillares de piedra. Su planta es cuadrada, con 3,70 metros de lado. Desde dicho zócalo hasta el campanario mide más de 15 metros de altura. El campanario y el chapitel que la coronan fueron añadidos en los comienzos del siglo XVII, ¿quizá reforma o sustitución de otro anterior del siglo XVI?: en el plano de Antonio Mancelli el templo está representado con el nº 67; en el campanario están representadas dos ventanas.

Plano de Mancelli (1623)

Plano de Mancelli (1623)

Unos años después Pedro Texeira lo dibujó con bastante detalle, con una ventana, y debajo dos filas de arcos.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656)

En los comienzos del siglo XIX se pensó en su demolición, pero en 1825 se hizo cargo de la iglesia la Orden Tercera de los Servitas que desde entonces la ha cuidado. Se construyeron las dependencias parroquiales que rodearon y casi taparon la torre. Por una parte el convento ocultaba la joya mudéjar, por otra tal vez este hecho sirvió para protegerla.

Ramón de Mesonero Romanos se refirió a ella como la antiquísima y mezquina parroquia de San Nicolás;  edificio mezquino, escribió Pascual Madoz… este adjetivo era muy del gusto de los autores del XIX. Por suerte, el tiempo pasó y la torre sobrevivió discreta. A lo largo de su historia llena de azares y problemas, ha tenido varias reformas. En una de ellas, hacia 1912 tras sufrir un incendio, los muros fueron revocados. Desde la calle apenas se contemplaba solo el campanario con su chapitel de pizarra al estilo de la época de los Austrias.

En 1927 el historiador y profesor Elías Tormo, durante su famoso curso sobre las Iglesias de Madrid y posteriores visitas a todas ellas, pudo conocer el interior de la torre. Imaginamos que con mucha emoción, –también el fotógrafo de la revista La Esfera, Miguel Cortés, que realizó un reportaje– subió por sus escaleras, contempló de cerca sus viejos ladrillos, y accedió a las buhardillas y desvanes que entonces la rodeaban.

torre 1927 copia

Tormo descubrió sus elementos mudéjares tapados hasta entonces. La prensa publicó sus conclusiones como “interesantísimo hallazgo arqueológico”:

“Al examinar el enlace del cuerpo primitivo con el de las campanas, vio que éste era completamente postizo y que debajo aparecía el pretil y rellano general de las torres de mezquita, o sea la azotea donde el muecín o almuédano anunciaba la oración a los musulmanes, en cuenta que entre ellos no se usaban las campanas”.

arcos revocados

Bajo los tejados aparecieron los arcos que habían quedado escondidos en el interior de los desvanes pegados a la torre.

Arcos lobulados ocultos bajo uno de los tejados.

Arcos lobulados ocultos bajo uno de los tejados.

Elías Tormo estaba convencido de que era un alminar construido antes de 1085. La consideraba obra del siglo XI. El gran defensor del patrimonio histórico y artístico madrileño pidió que se quitara el revoco así como las construcciones que tapaban la torre.

Ese mismo año el arqueólogo e historiador Manuel Gómez Moreno publicó un artículo en el que, basándose en el estilo y orientación del templo, consideraba que la torre no fue nunca mezquita sino que estuvo dedicada al culto cristiano desde un primer momento.

El estado de la iglesia llegó a ser ruinoso, no siendo restaurada y consolidada hasta 1948-1953 por Francisco Íñiguez Almech; por fin se eliminó el revoco de la torre y quedó una parte visible al ser derribada la zona superior de las dependencias residencia de los padres servitas que la tapaban, extendiéndola sobre el pasadizo del Biombo que quedó cubierto.

san nicolas

Igual que Manuel Gómez Moreno, Basilio Pavón Maldonado la sitúa en los últimos años del siglo XII, obra de mudéjar toledano con elementos de influencia andaluza, características reconocidas por la mayoría de especialistas.

torre

A partir de los 8 metros por encima del nivel del suelo, la torre se adorna con tres líneas de arquerías ciegas, iguales en los cuatro lados. En los dos primeros niveles, aunque el primero sigue sin ser visible desde la calle, tres arcos lobulados en cada frente; en el cuerpo más alto, cuatro arcos de herradura por lado.

columnillas

La última restauración del templo fue dirigida por Jaime Lorenzo desde el comienzo de la década de los años 80 hasta 2000.

En lo que se refiere a la torre en 1983 se abrió un pequeño patio que al menos permite ver –un poco, pues hay muchas plantas– su base de sillares de piedra sobre los que se eleva la bella torre. El acceso al patio está en el interior del templo.

patio

Desde allí podemos admirar uno de sus lados con los tres niveles de arquerías.

torre desde patio

La  zona de la ventanita fue rehecha debido a su mal estado.

tres arquerias copia

Fue entonces cuando se colocaron las columnillas con su capitel al estilo corintio, de piedra artificial, que hoy adornan los arcos.

columnillas 3

Pavón describió algunos elementos del interior de la escalera de la torre a lo almohade, similares a los de algunos alminares de Córdoba o Granada, como los techitos, aunque en este caso de madera en lugar de piedra, cuando en Toledo se suele solucionar con falsas bovedillas de ladrillo escalonadas.

Desgraciadamente hoy día el interior no es fácil conseguir verlo, lo que sí hemos podido admirar es el sótano del edificio donde se encuentra el despacho parroquial, bajo terrenos que en la Edad Media pertenecían a la plazuela de San Nicolás y al pasadizo del Biombo, junto a la torre.

sotano

En este sótano se hallan los cimientos de la torre, los sólidos muros de piedra y ladrillo que durante la última reforma y rehabilitación fueron raspados de forma que lamentablemente al parecer se ha perdido su aspecto primitivo.

cimientos

Aún así, el lado norte, resguardado junto a la escalera de espaldas al despacho, muestra un maravilloso muro de ladrillo y pedernal que nos traslada al Madrid más antiguo.

muro cimientos

Escribió el profesor Montero Vallejo que durante las obras hubo hallazgos arqueológicos que hubieran merecido un estudio pero, una vez más en Madrid, fueron tapados rápidamente. En la cripta, bajo el Altar Mayor, aparecieron gruesos muros y unos arquitos de medio punto y lobulados que podrían haber pertenecido a algún tipo de fortificación quizá exenta al primer recinto. No parece descabellado pensar que la torre de la iglesia cristiana posterior a 1085 fuera levantada sobre una torre árabe, bien religiosa o defensiva.

Por : Mercedes Gómez

NOTA: Con todo mi agradecimiento al párroco de la Iglesia de San Nicolás de los Servitas, el Padre Jaime, por su gran ayuda.

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Bibliografía:

J.D.B: Reseña de GOMEZ MORENO, Manuel.- La torre de San Nicolás, en Madrid. Archivo Español de Arte y Arqueología, 1927. Nº 16, Revista de la Biblioteca Archivo y Museo. Madrid, octubre 1927.
Rodero, Lorenzo. “Un monumento árabe en Madrid”. La Esfera, 23 abril 1927, pp. 3-6.
“El templo más antiguo de Madrid, restaurado”. Hoja del Lunes, 17 nov. 1952, pp. 1-2.
Montero Vallejo, Manuel. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid Musulmán. Museo de San Isidro, Madrid 2004.
Pavón Maldonado, Basilio. Tratado de Arquitectura Hispanomusulmana. Mezquitas. Vol. IV. CSIC, Madrid 2009.

Una vez más, volvemos al Madrid más remoto y emocionante, el que nació cerca del agua, en las laderas de los cerros a ambos lados del antiguo Arroyo de las Fuentes de San Pedro, el arroyo-matriz, Matrice, según la teoría de Oliver Asín, como ya hemos comentado en alguna ocasión, que pudo ser el origen del nombre de Madrid. El arroyo que con el tiempo se convirtió en la calle de Segovia.

Recorremos hoy los escarpados terrenos entre la calle del Sacramento y el gran Barranco, surcado por callejuelas y antaño, seguramente, callejones sin salida, conformando uno de los rincones madrileños que mejor conservan el trazado medieval.

Desde la Plaza de San Salvador –hoy de la Villa– dejando atrás el primer tramo de la calle del Cordón caminamos hacia la plaza del mismo nombre y bajamos las escaleras que hoy suavizan el descenso y muestran el enorme desnivel, sin duda más acusado en el pasado. Al parecer por aquí pasaban los presos de la Cárcel de Villa que existió al menos desde finales del siglo XV en la cercana plaza, para recibir su castigo. En el siglo XVIII era conocida como calle de los Azotados.

Calle del Cordón

Calle del Cordón

Las callejas, los solares, los edificios… se fueron adaptando a la forma de los tortuosos caminos de tierra, hoy convertidos en recoletos rincones.

Abandonamos la calle del Cordón que continúa estrecha hacia la de Segovia y tomamos la calle del Conde para dirigirnos a nuestro destino: la plaza de San Javier.

Calle del Crordón esquina calle del Conde 1

Calle del Crordón esquina calle del Conde 1

Más que una plaza es un descanso en el camino de la a su vez diminuta calle del Conde, un entrante de la manzana 181 frente a la 179, señalado en la Planimetría en el siglo XVIII ya como Plazuela de San Javier.

Recibe este nombre, cuenta Pedro de Répide, debido a que allí existía una casa propiedad de la Compañía de Jesús que en su fachada tenía una imagen de San Francisco Javier, el jesuita apóstol de las Indias. Pero la plaza es muy antigua pues, aunque sin denominación, aparece en el plano de Texeira.

Diapositiva1

Plano de Texeira, 1656 (Detalle)

Es tan pequeña que solo tiene dos números.

Plaza de San Javier

Plaza de San Javier

El nº 1, no señalado, es la fachada trasera del edificio construido en el lugar donde estuvo el palacio de Revillagigedo, ocupado por dependencias municipales, que tiene su entrada principal por la calle del Sacramento. Una lápida del Ayuntamiento recuerda que allí vivió durante diez años el escritor Eugenio D’Ors.

Los otros dos lados son el nº 2, uno de los edificios de viviendas más antiguos de la villa, con bellos dinteles de piedra y ecos del siglo XVII en sus fachadas.

plaza 2

El inmueble tiene entrada también por la calle del Rollo nº 7 en cuyo umbral figura la inscripción 1724, aunque el origen y algunos elementos son más antiguos. Fue una casa palacio construida entre 1610 y 1625, convertida en casa de corredor un siglo después, cuando se acometió su primera gran reforma, dicho año de 1724.

plaza nº 2

Corresponde a la Casa nº 2 de la Manzana 181 que, efectivamente como cuentan los cronistas, pertenecía al Colegio Imperial de la Compañía de Jesús.

La última gran reforma se llevó a cabo entre los años 1991-1995, una de las varias realizadas en esa época en el casco histórico por la Empresa Municipal de la Vivienda de Madrid, a cargo del arquitecto Juan López Jaén.

Según la Guía del Colegio de Arquitectos, el edificio estaba muy deteriorado debido entre otras cosas a la existencia de galerías subterráneas que fueron utilizadas en la Guerra Civil y a las humedades. El espacio interior fue modificado, hoy ocupado por veinticuatro viviendas y tres locales distribuidos en torno a un patio central con corredor. Se respetaron la estructura y los materiales.

Aún más antigua es la historia del solar. Durante las excavaciones arqueológicas correspondientes, nos cuenta Daniel Pérez Vicente, aparecieron restos islámicos en un silo reutilizado como basurero antiguo. El relleno que colmataba el silo se caracterizaba por la presencia de materiales cerámicos y óseos. Se ha conseguido fechar este conjunto por su tipología y se podría encuadrar entre los siglos XI y XII.

Antes de 1990 el profesor Montero Vallejo contaba que había tenido ocasión de ver un murallón que le parecía excesivo para tratarse de una mera cimentación, y se preguntaba si tendría relación con el recinto intermedio, la medinilla, rodeada de una hipotética segunda muralla árabe de la que ya hemos hablado aquí.

La plaza se abre frente al nº 3 de la calle del Conde.

Calle del Conde nº 3

Calle del Conde nº 3

Allí existió un famoso mesón, el Mesón de San Javier, visitado por Luis Candelas, dicen.

El origen de esta casa se remonta al siglo XVI siendo modificada la fachada en los siglos XVII y XVIII. Se cree que aquí vivió el Aposentador de Felipe II, y no sería de extrañar pues este barrio próximo al Alcázar Real desde muy pronto acogió personajes muy cercanos al monarca.

En 1949 el mesón fue reformado por el arquitecto Enrique Luchetti y convertido en restaurante. Algunas pinturas murales recreaban su historia y sus leyendas. Nuevamente según el Profesor Montero Vallejo, que estudió la zona y nos dejó sus hallazgos para siempre, la primera posada fue instalada donde antes estuvo el zaguán.

Otra anécdota mencionada por todos los autores al referirse a esta plazuela es que en ella se desarrollaba parte de la famosa zarzuela Luisa Fernanda.

En los siglos X y XI en aquel Mayrit extramuros los accesos al Barranco no debían ser muchos ni fáciles. La calle del Conde quizá fue abierta en algún momento siguiendo el abrupto terreno, en un intento de llegar al Arroyo de San Pedro.

meson hoy

Desde la plazuela de San Javier hoy continúa su camino ayudada por nuevos tramos de escaleras tras cruzar la enigmática calle del Rollo para llegar a la de Segovia.

escaleras calle segovia

En estas callejuelas no busquemos valiosos monumentos ni grandes edificios, pero en sus sencillas construcciones y misteriosos muros guardados en algunas de ellas hallaremos las huellas del Madrid más antiguo.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

M. Montero Vallejo. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.

Daniel Pérez Vicente. Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico. En Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid musulmán. Museo de San Isidro Madrid 2004.

G. Fernández-Shaw. El “mesón de San Javier”. Cortijos y Rascacielos. 1949, nº 53.

Volvemos a la calle de Toledo y a contemplar el misterioso muro que se encuentra a la altura del nº 72, en el corazón de la manzana.

La Manzana 102 comienza a numerarse en la calle de Toledo, continúa por la del Humilladero y vuelve por la de la Sierpe.

Lo más sorprendente es que los terrenos sobre los que se asienta tienen una historia muy antigua, que se remonta a los orígenes de la propia villa de Madrid allá por el siglo IX.

sierpe toledo

Calle de Toledo esquina de la Sierpe

En 2006 se realizaron excavaciones arqueológicas en el solar del actual nº 68 de la calle de Toledo que descubrieron un hallazgo excepcional, de una gran importancia para la historia de Madrid quizá no suficientemente resaltada. Revelaron la existencia de una necrópolis musulmana que abarcaría desde el siglo IX hasta el XV.

Se hallaron una serie de fosas cuyo estudio puso de manifiesto que en las proximidades de este lugar un grupo de población practicaba el ritual islámico de enterramiento.

Es muy interesante el hecho de que los análisis de los restos mostraron la existencia de cuatro etapas en la necrópolis con una progresiva islamización de la sociedad que la utilizaba. Desde finales del siglo IX hasta la primera mitad del siglo XV. Lo cual demostraría la presencia de población musulmana en la zona a lo largo de todo este largo periodo, desde el momento en que los árabes se establecieron hacia 865 en época de Muhammad I y fundaron Mayrit, la pequeña ciudad amurallada, o poco después.

Con la llegada de los cristianos a finales del siglo XI y el reinado de Alfonso VI, la comunidad mudéjar continuó utilizando el cementerio. Quizá hasta los comienzos del siglo XVI, en que los mudéjares fueron obligados a marcharse de Castilla o convertirse al cristianismo por decreto de los Reyes Católicos. Fue después del establecimiento de la capitalidad cuando estos terrenos comenzaron a urbanizarse, como ya contamos.

Dichos restos arqueológicos avalan la existencia de los arrabales musulmanes, en las Vistillas y en la zona de Puerta Cerrada, de los que ya hemos hablado ampliamente en este blog.

El cementerio pudo ocupar una gran extensión de terreno, desde Puerta de Moros (cuando aún no debía existir) hacia el sur, sobre las actuales manzanas 101 y 102, entre las calles de Toledo y Humilladero.

Según la Planimetría de Madrid, a mediados del siglo XVIII la manzana 102 constaba de 20 sitios o casas. Comenzaba a numerarse, sitio nº 1, en el actual nº 64 de la calle Toledo, esquina calle de la Sierpe, donde iniciamos nuestro paseo.

Manzana 102 (Planimetría de Madrid)

Manzana 102 (Planimetría de Madrid)

Como decíamos al principio, en el nº 68 (antiguo sitio nº 5) es donde fueron hallados los vestigios de vida medieval. Posteriormente se construyó un nuevo y bonito edificio, acorde con la estética de la calle.

toledo 68

Toledo 68 (en primer término a la derecha)

El actual nº 70 (sitios 6 y 7) pertenecía según la Planimetría al rector y colegio de clérigos irlandeses. Por aquí tenía una entrada el Colegio y la Iglesia de San Patricio, llamada popularmente de los Irlandeses, aunque la entrada principal estaba en la calle del Humilladero, como veremos.

En el nº 72 se encuentra el solar que ya conocemos, donde se encuentra el muro que visitamos hace unas semanas. Es el sitio nº 8 de la Planimetría.

casa nº 8

Toledo 72

El estrecho y alargado solar, colindante con el Hospital de los Irlandeses, a mediados del siglo XVII estaba ocupado por una casa propiedad de Alonso Muñoz, barbero. En el XVIII pasó a manos del convento de los Trinitarios.

toledo 72

Actualmente es un solar con el muro de ladrillo y pedernal al fondo que consideramos muy antiguo y que en la entrada anterior relacionamos con la proximidad de la Cerca.

Dada su situación, en el límite del solar contiguo -en el pasado, propiedad de los clérigos irlandeses-, observando el plano, creemos que podría haber pertenecido al conjunto del Hospital y Colegio de San Patricio, o acaso éste se habría apoyado en él. La historia del solar resulta muy sugestiva y nos invita a imaginar… ¿pudo existir aquí una tapia anterior a la urbanización de la zona?.

pedernal puro

Seguimos nuestro camino y llegamos al lugar donde en el siglo XVI se encontraba la Puerta de Toledo correspondiente a la Cerca de Felipe II, y tomamos la calle del Humilladero que se dirige hacia la plaza de la Cebada.

esquina toledo humilladero

La vía tiene una forma curva muy singular, seguramente heredada de los tiempos en que se formó siguiendo el camino medieval.

humilladero

Frente a la calle de los Irlandeses -antes San Gregorio- se encontraba la entrada principal a la iglesia. Pascual Madoz se refiere al conjunto como Hospital de San Patricio de los Irlandeses y cuenta cómo cuando hacia 1629 los clérigos católicos de Irlanda tuvieron que emigrar por las guerras civil y religiosa, muchos de ellos llegaron a España y fueron acogidos en la Corte.

En un principio se alojaron en la ermita de San Joaquín y Santa Ana, en la entonces plazuela de los Afligidos –aproximadamente donde hoy se halla la plaza de Cristino Martos-, hasta que en 1635 se trasladaron a la calle del Humilladero. En estos primeros momentos su casa era solo un humilde oratorio. Luego se construyó el conjunto del Hospital, Colegio, y la Iglesia, que aún no está representada por Texeira, sí un siglo después por Chalmandrier.

Plano de Chalmandrier (1761)

Plano de Chalmandrier (1761)

Según la descripción de Madoz, a mediados del XIX la iglesia constaba de una pequeña nave, en el retablo mayor en el centro se encontraba la imagen de Nuestra Señora de la Purificación, y en el ático San Patricio. Sus estatuas más notables eran las que representaban a San Joaquín y Santa Ana.

En el Museo Nacional de Escultura de Valladolid hay dos imágenes que llegaron allí en 1941 procedentes del Servicio Militar de Recuperación del Patrimonio Artístico que Jesús Urrea piensa pueden corresponder con las vistas y mencionadas por Tormo en esta iglesia de los Irlandeses en 1915, catalogadas por Ceán Bermúdez como obras del escultor barroco Pablo González Velázquez.

San Joaquín y Santa Ana

San Joaquín y Santa Ana (BSAA, 1977)

El lugar donde se encontraba el templo, destruido durante la guerra civil, corresponde a los actuales nº 19-21 de la calle Humilladero. Las casas modernas, sus portales y sus ventanas han debido adaptarse a la forma de la manzana.

humilladero 19-21

Frente a la esquina de la calle de la Sierpe, en un entrante de la acera que se utiliza solo para aparcar motocicletas, una inscripción recuerda que allí estuvieron las Fuentes del Humilladero; debía tratarse de algunos caños de vecindad.

El edificio del nº 5, con el letrero de una vieja carbonería, es quizá el más antiguo de la manzana, y como indican los letreros de la Visita General -los únicos que se conservan-, corresponde a las casas 18 y 19.

sierpes 5

El nº 3 ocupa el solar de la antigua casa nº 20, la última de la histórica manzana, que también pertenecía a los clérigos irlandeses.

Y así llegamos de nuevo a la calle de Toledo, tras un breve pero intenso paseo por la historia de Madrid, desde el siglo IX al XXI.

Por Mercedes Gómez

Y…

Gracias a José Luis Díaz, por su alegre empeño investigador, por sus paseos alrededor de la manzana 102, por sus visitas a tiendas, patios y portales conversando con los vecinos, por sus explicaciones, sus buenas fotos… en fin por su gran ayuda.

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Bibliografía:

Manuscrito Libro de las casas y calles de Madrid Corte de España. 1658. Transcripción de Roberto Castilla.
Planimetría General de Madrid.
José Luis Garrot. Mayrit ciudad andalusí.
José Ignacio Murillo. Registro estratigráfico de una necrópolis musulmana en la calle Toledo, 68 (Madrid). Actas de las III jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. 2006. (pág. 89)
Pascual Madoz. Madrid. Audiencia, Provincia, Intendencia, Vicaría, Partido y Villa. Madrid 1848.
Jesús Urrea. Una propuesta para el escultor Pablo González Velázquez. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (1977)

El Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares, nos propone un viaje al pasado. Desde los tiempos más remotos, anteriores a la existencia de seres humanos, los primeros pobladores y el Madrid hispanorromano, nos traslada a la Edad Media para recorrer los tres periodos vividos en nuestra región, la época hispanovisigoda, el mundo andalusí y finalmente la sociedad feudal, hasta llegar a los siglos XVII y XVIII. En lo que se refiere a la ciudad de Madrid, las primeras referencias pertenecen a la segunda época medieval, al Madrid islámico.

La Colección es muy interesante, además ahora hay una exposición temporal muy bonita, dedicada a los Carpetanos, pero se echan algunas cosas de menos, sobre todo los importantes hallazgos de los últimos años, esperábamos más del museo dedicado a la arqueología madrileña, pero esa es otra historia…

Hoy, continuando con los artículos en torno al origen de Madrid, el Madrid árabe, y con nuestro empeño en conocer cómo era la vida de nuestros antepasados, tras la visita al Madrid islámico en el Museo de los Orígenes, visitamos este Museo Arqueológico con el fin de conocer su versión, y a la vez dar un paseo por la Villa medieval, una vez más.

Comienza la explicación con la llegada de los árabes a la península en el siglo VIII, con su nueva cultura, lengua, religión… y su impacto sobre Madrid, que vivió durante casi cuatro siglos bajo su influencia. Los objetos y restos expuestos en las vitrinas nos ayudan a imaginar, y nos guían en nuestro paseo por el Madrid de los siglos X y XI.

Tal como nos recuerda uno de los paneles, existen pocos vestigios arqueológicos del trazado que Madrid tenía cuando se fundó, en el siglo IX, pero suponemos que, tras su recia muralla, ”como la mayoría de las ciudades árabes, tendría un trazado urbano abigarrado y caótico”.

Muralla árabe (Cuesta de la Vega). Siglo IX.

En nuestra región, “solo Madrid y Talamanca aparecen en los textos árabes como medinas, lo que supone el reconocimiento oficial de su importancia administrativa. Ambas contaron con un recinto amurallado urbano y quizás otro más pequeño de carácter militar y administrativo: la alcazaba. En él se alojaba el gobernador de la ciudad (caíd)”.

Plaza de Oriente desde los Altos del Rebeque

La sociedad árabe, en todos sus aspectos, incluida la forma de gobierno, se regía por el islamismo. La palabra escrita tenía una fuerza simbólica, de forma que llegaba a todos los aspectos de la vida, incluidos los objetos domésticos. Hay varios ejemplos, como este Ataifor o plato hallado en la Plaza de Oriente con el epígrafe al-mulk (el poder) correspondiente al siglo XI.

Ataifor siglo XI (plaza de Oriente)

Hace pocas semanas, durante nuestro Paseo en busca de la segunda muralla árabe comentamos cómo gracias a la excavaciones arqueológicas se conoce la existencia de varios arrabales musulmanes, zonas extramuros que se fueron poblando entre los siglos IX al XI en torno a la primera medina.

A través de los objetos expuestos en este Museo podemos recorrerlos.

Como ya sabemos, en las excavaciones de la Plaza de Oriente, se encontraron importantes vestigios de la presencia árabe en estos terrenos cercanos al primer recinto amurallado.

Jarra, anafre y cazuela, siglos X-XI

Nuevamente ayudados de la imaginación, continuamos nuestro paseo hacia el arrabal considerado más antiguo, situado en torno a las Vistillas y las plazas de los Carros y de San Andrés.

En el interior del museo, contemplamos ollitas y cazuelas utilizadas hace siglos por los vecinos de las plazas de la Morería y del Alamillo, en las que conservaban y cocinaban sus alimentos, y aprendemos mucho acerca de sus costumbres. Como ya hemos mencionado en alguna ocasión, existe una descripción anónima de al-Andalus en el siglo XI que dice:

Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano”.

La cocina mayrití era muy sencilla, basada en los cereales y la harina, legumbres, leche a partir de la cual elaboraban el queso, y la carne, que como estaba reservada para las fiestas se guardaba en grandes cacharros de cerámica. Tanto los cereales como las legumbres o la carne, sobre todo de gallina, pero también de oveja o de vaca, y caza, se cocían y luego aderezaban con hierbas aromáticas.

Podemos observar los recipientes que utilizaban para almacenar los alimentos, para presentarlos, y los que guardaban los líquidos.

Cantimplora siglo X-XI (Plaza de Oriente)

Pero no solo los utensilios culinarios nos explican cómo era la vida en el Madrid andalusí, también los que proporcionaban iluminación y calor. Durante las sucesivas excavaciones arqueológicas aparecieron numerosos Anafres u hornillos, y Candiles de cerámica.

En la Plaza de San Andrés, en la Casa de San Isidro (actual Museo de los Orígenes), se hallaron importantes elementos de carácter doméstico, algunos muy significativos. Uno de ellos, la famosa maqueta de una Puerta de recinto fortificado, realizada a mano en terracota. Se cree pudo ser un juguete, o un pebetero, como podrían indicar las quemaduras de las torres. En cualquier caso es un ejemplo de la importancia que tenía la representación de las fortificaciones en la sociedad islámica. Junto a ella, contemplamos una pieza hallada en el mismo solar, una Torre del juego de Ajedrez.

Mirando todos estos objetos y paseando por las calles construidas sobre los viejos arrabales mayritíes, fantaseamos, ¿cómo sería la vida en las viviendas que seguro allí existieron?. Nos preguntamos cómo sería la vida cotidiana de los primeros madrileños, en sus casas organizadas alrededor de un patio y un pozo.

Los hallazgos arqueológicos también nos hablan de la importancia que tuvieron en el mundo árabe los sistemas de captación de agua, viajes, pozos y norias, destinados a usos domésticos, higiénicos (baños públicos) y artesanales. Además, el agua tenía un gran valor debido a la actividad agrícola y ganadera que desarrollaban.

Arcaduz de una noria sg. X-XI (Casa de San Isidro)

Junto a la Puerta de Moros surgió el arrabal de la Cava Baja, que llegaba hasta Puerta Cerrada. Durante las obras en el edificio de la Cava Baja nº 30, donde se conserva un largo lienzo de muralla muy antiguo, al parecer el único de construcción altomedieval, es decir, del siglo XI ó XII, aparecieron también objetos de época islámica.

Desde aquí nos dirigimos a la calle del Rollo, y sus alrededores.

Plaza del Rollo

Recordemos que en esta zona se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación árabe en la zona: cerámicas y, lo que es más importante, restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI.

En primer término, gran contenedor del siglo XI (calle del Rollo 7)

Los objetos de prestigio, de tocador, o para la escritura, igualmente nos dicen mucho acerca de la sociedad islámica. En una de las estanterías de cristal hay un Anillo que debió adornar la mano de un hombre o una mujer en el siglo XI.

En la calle Requena, cerca de la plaza de Ramales también está demostrada la presencia de población.

Plaza de Ramales

Uno de los objetos expuestos es una bonita Limeta o vasija sin asas de las que utilizaban los árabes para guardar sus bebidas.

Calle Requena esq. plaza de Ramales (siglo XI)

Cada día sabemos un poquito más sobre cómo vivían los primeros madrileños, en qué trabajaban, cómo cocinaban, lo que comían, el paisaje que les rodeaba, la rica vegetación y hermosos árboles de distintas especies que crecían junto a los arroyos… aunque lo más emocionante es tener la certeza de que aún nos quedan muchas cosas por descubrir.

Por : Mercedes Gómez

Museo Arqueológico Regional
Plaza de las Bernardas s/n
Alcalá de Henares (Madrid)

Volvemos a los Altos del Rebeque, una vez más, intentando descifrar nuestro pasado. Desde aquí hemos contemplado los terrenos del antiguo Mayrit, los hemos evocado rodeados por su muralla, e imaginado la vida de sus primeros habitantes, los musulmanes que en el siglo IX llegaron formando parte del ejército del emir Muhammad I, y su evolución.

A lo largo del siglo X la población mayrití creció, nuestros antepasados se fueron asentando en los terrenos más próximos y alrededor del primer recinto, de este bello lugar que ahora admiramos, antes tan distinto, se extendió la ciudad. Gracias a la excavaciones arqueológicas se conoce la existencia de varios arrabales musulmanes, zonas extramuros que se fueron poblando entre los siglos IX al XI.

Como hemos comentado en otras ocasiones, son muchas las incógnitas que perviven sobre los dos recintos y sus murallas, el Madrid del siglo IX y el del siglo XII. Pero aún es mayor el misterio que existe sobre la existencia de un posible recinto intermedio, que habría rodeado el arrabal islámico nacido a lo largo del siglo X entre los dos recintos conocidos.

El profesor Manuel Montero Vallejo fue uno de los primeros autores en hablar de la posible existencia de una medina intermedia, un recinto amurallado, entre el primer recinto árabe y el cristiano, la medinilla, como él la llamaba. Tanto en su libro El Madrid Medieval como en otras obras, dio a conocer los diferentes datos aportados por otros investigadores que apoyaban esta teoría, así como sus propias observaciones directas.

En sus escritos expone las dudas, contradicciones… pero de todas sus explicaciones se desprende una evidencia: la existencia de construcciones defensivas en la zona habitada por los árabes a lo largo de los siglos X y XI, al este de Mayrit.

Desde algún punto desconocido, quizá muy próximo al lugar en el que ahora nos encontramos, en el punto más alto de la calle del Factor, partía el hipotético recinto intermedio, la segunda muralla árabe.

Comenzamos nuestro paseo caminando hacia los terrenos donde después sería levantada la iglesia de San Juan, en la actual plaza de Ramales, por la calle Noblejas, en cuyo número 5, durante unas obras de reforma, aparecieron restos de cerámicas islámicas de los siglos IX al XI.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones, este tipo de material ha proporcionado una información muy valiosa acerca de la actividad y de la vida cotidiana de los mayrities. Sus costumbres, escritura, lenguaje, etc. Los útiles hallados en diversos lugares de la zona que hoy vamos a recorrer demuestran que sus habitantes vivían de la agricultura y de la ganadería, usaban norias para el riego de sus cultivos y jardines… y trabajaban en telares, herrerías y alfares.

Durante las obras para la construcción del aparcamiento en la plaza de Ramales, aparecieron los cimientos de una torre de la iglesia de San Juan con todo el aspecto de haber pertenecido a una fortificación islámica. Por otra parte, uno de los escasos documentos que avalan la existencia de la medinilla (dado a conocer por Mercedes Agulló), para acometer la reforma de la iglesia de Santiago en la plaza del mismo nombre, el año 1645 hubo que desmontar un cubo de la muralla, que por su situación, dice el profesor Montero, pudo ser una torre exenta.

Tomamos la calle de los Señores de Luzón, posible antigua ronda exterior de la medinilla, que con el tiempo se convirtió en la calle de los Estelos, una de las más antiguas de Madrid, de las pocas que en la Edad Media tenían nombre, pues ya aparece en documentos del siglo XV.

En el edificio construido en 1975 en la esquina de Luzón con la calle de la Cruzada fueron hallados restos de muralla de gran envergadura, que al parecer se conservan en el sótano.

Lo más emocionante es comprobar cómo la curva que muestra la antiquísima vía medieval sugiere el posible recorrido de la muralla.

Continuamos nuestro paseo bajando por esta calle tan evocadora, hacia la calle Mayor, antigua Santa María, donde pudo existir un portillo, antecedente de la futura Puerta de Guadalajara.

Uno de los hallazgos más importantes tuvo lugar en 1945, cuando en la esquina de la plaza de la Villa con Mayor, junto a la Casa de la Villa, apareció un grueso muro que Elías Tormo defendió como perteneciente a un recinto amurallado. Volvió a salir a la luz durante las obras de la plaza en 1980, pero, desgraciadamente, fue tapado de nuevo con rapidez. Montero Vallejo estaba convencido de que se trataba de muralla, por sus características constructivas y por su grosor.

Es muy interesante pensar que la Plaza de la Villa, antigua plaza de San Salvador, centro de Madrid, lugar de mercado y de reunión del Concejo, pudo nacer extramuros, junto al portillo, igual que después nacería la Plaza del Arrabal, plaza Mayor, en las afueras de la Puerta de Guadalajara.

Pasamos bajo el arco que une la Casa de la Villa con la Casa de Cisneros, hacia la ya casi inexistente calle de Madrid.

Bajo el solar de la desaparecida manzana situada entre las calles de Madrid, del Rollo, Sacramento y Duque de Nájera, por la que probablemente transcurría la muralla intermedia, en los inicios de los años 90 del pasado siglo se construyó un nuevo aparcamiento. Actualmente es una árida plaza conocida como la plaza del Rollo.

Durante las excavaciones arqueológicas correspondientes se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación árabe en la zona: cerámicas (ollas, cazuelas, candiles…), y, lo que es más importante, restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI.

Seguimos nuestro camino por la calle del Rollo, que conserva el antiguo trazado árabe en su segundo tramo, lleno de encanto. Cuenta el profesor Montero Vallejo que no hay duda del origen de su nombre pues él mismo localizó un documento de 1481 en que “se manda al mayordomo Sancho de Cuenca que haga de cal y canto  la picota en la plaza de San Salvador”, hoy Plaza de la Villa. La presencia de un rollo o picota en la plaza de San Salvador -normalmente situados en las afueras-, podría significar que allí se encontraba el límite del recinto amurallado.

El rollo era símbolo de justicia y mercado y se solía colocar en una plaza muy importante o en las afueras, donde comenzaba la jurisdicción interna de los lugares.

En el nº 8, en el moderno bar Korgui, el muro de la planta baja junto al subsuelo de la empinada calle del Rollo, en gran parte es un precioso lienzo de pedernal que sigue la dirección de la supuesta muralla intermedia.

Enfrente, en el nº 7, aparecieron importantes vestigios del siglo XI, nuevas huellas de la vida islámica que existió en la zona.

Llegando al Barranco y al Arroyo de San Pedro, hoy calle de Segovia, la muralla debía dirigirse hacia la plaza de la Cruz Verde para volver a subir por el abrupto terreno de la ladera.

En la calle Segovia nº 16, en uno de los edificios más antiguos de Madrid se esconde otro sorprendente muro.

En el bar El Lagarto, en la pared trasera, cuya ventanita se encuentra casi frente a la entrada al otro bar que acabamos de visitar con restos de posible muralla, perviven otros restos de un rotundo muro de sílex, esta vez cubierto de algún barniz o pintura.

Desde la plaza de la Cruz Verde la muralla debía subir por la calle de la Villa, que también muestra un curioso trazado adaptado al terreno y al probable muro.

Se cree que la segunda muralla árabe finalizaba su recorrido en la zona oriental del Palacio de Uceda donde volvía a unirse con la muralla del primer recinto, procedente de la calle del Factor, donde comenzó nuestro paseo.

Si al parecer se conservan las huellas de la primera muralla árabe en su interior, ¿quedará algún rastro de la segunda?. Como dijo nuestro admirado Manuel Montero Vallejo al final de su escrito, ojalá algún día aparezcan “pruebas indiscutibles de este recinto árabe, aún misterioso, pero que cada vez apunta con más fuerza. No son escasos los indicios que permiten afirmar su presencia”.

Por : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Manuel Montero Vallejo. El Madrid Medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.

Daniel Pérez Vicente. Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico. En Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid musulmán. Museo de San Isidro Madrid 2004.

El emir Muhammad I fundó Mayrit, una pequeña ciudad amurallada, hacia el año 865, en un lugar privilegiado, rodeado de defensas naturales, el Arroyo de Leganitos, el Arroyo de las Fuentes de San Pedro y el Río luego llamado Manzanares. Probablemente por entonces ya vivían en la zona algunos grupos de población musulmana pero fue en la segunda mitad del siglo IX cuando los árabes se establecieron de forma organizada, primero con un objetivo meramente militar. Con el tiempo los mayritíes desarrollaron una rica vida cultural y científica, como demuestran, además de las fuentes escritas, los objetos de su vida cotidiana encontrados en las excavaciones de la Plaza de Oriente y de la Cuesta de la Vega que podemos contemplar en el Museo de los Orígenes.

De aquel primer recinto rodeado por una recia muralla perviven escasos restos y muchas incógnitas, pero también algunas certezas. A pesar de la polémica, de la que ya hemos hablado aquí varias veces, creada por la arqueóloga directora de las excavaciones llevadas a cabo durante las obras de construcción del Museo de Colecciones Reales E. Andreu -que afirma que Madrid no nació en época árabe sino más tarde, en el siglo XII, bajo el dominio de los reyes cristianos-, hay documentos antiguos que se refieren a la medina de Mayrit. Hay discusiones que parecen estériles. El empeño en afirmar que no existen fuentes escritas de época musulmana resulta incomprensible. Recordemos, tal como nos cuenta José Luis Garrot, que el Mayrit musulmán aparece en los escritos desde tiempos muy antiguos, siendo la primera fuente que lo menciona La description de l’Espagne, escrita en el siglo X por Ahmad al Razi.

La mayoría de investigadores están de acuerdo en que el Madrid islámico estaba formado por dos recintos, el primero, de unas cuatro hectáreas, con la forma de un cuadrilátero irregular, acogía la medina o recinto urbano.

Plano de “Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles. (La línea más oscura representa los restos visibles, la gris los constatados, y la más clara los restos hipotéticos)

El segundo recinto, hipotético, era otro espacio fortificado donde se encontraba la residencia del Gobernador. Probablemente se hallaba en el lugar donde hoy se levanta el Palacio Real aunque algunos autores dicen que pudo estar donde hoy se encuentra la Catedral de la Almudena.

Respecto a lo anterior, antes de comenzar nuestro recorrido recordemos que al norte de este primer recinto, en la actual Plaza de Oriente se conservan escasas pero importantes huellas de la presencia árabe:

Parte de un muro del albacar del siglo X,

Albacar siglo X (en “Nacimiento y evolución del Madrid medieval” de A.Malalana)

una atalaya del siglo XI…

Atalaya siglo XI en el aparcamiento bajo la plaza de Oriente.

… y, muy cerca del Palacio Real, un mágico pasadizo con muros de pedernal, que pensamos podría pertenecer a la antigua fortificación musulmana.

Pasadizo junto al Palacio Real (localización: Pedro Jareño)

Recordando todos estos tesoros, desde los Altos del Rebeque, punto más alto de la muralla y de nuestra cita, contemplamos la espectacular vista de Mayrit.

Este primer recinto, antigua al-mudayna o almudena, tenía tres puertas, la de la Sagra, la de la Almudena y la de la Vega.

De la Puerta de la Sagra, que estaba situada entre la actual plaza de la Almudena y los Altos del Rebeque, aún no hay pruebas materiales de su existencia, que quizá permanecen escondidas bajo la calle de Bailén y esperamos que algún día salgan a la luz.

Tomamos la calle del Factor, caminando extramuros, pensando que allí, bajo el césped del jardín probablemente se esconde la muralla, tratando de evocar una vez más el paisaje de aquel tiempo, boscoso, abrupto y surcado por cursos de agua.

Como ya comentamos durante nuestro paseo por esta calle del Factor, en 2005, en el solar del nº 3 se realizaron las correspondientes prospecciones arqueológicas. Se localizaron restos de construcciones pertenecientes al siglo XVII levantadas junto a la muralla.

Calle del Factor nº 3 (2005).

Sobre todo ello se construyó un nuevo edificio de viviendas.

A continuación, en el nº 1 de la calle, esquina Mayor 86, donde se encuentra el Palacio de Abrantes, actual sede del Instituto Italiano de Cultura, en uno de los muros de la Biblioteca lucen los restos de sílex de la vieja muralla, que ya tuvimos ocasión de ver en el post anterior.

El muro discurre paralelo a la calle Mayor, perpendicular a la del Factor. El hecho de que en los planos de la Comunidad de Madrid que representan la muralla, en este lugar aparece dibujado uno de los cubos como elemento constatado, nos lleva a preguntarnos si los alrededor de cinco metros que actualmente podemos contemplar corresponden a dicho cubo, más la anchura de la muralla.

Continuando nuestro paseo llegamos a la calle Mayor donde se hallaba el Arco de la Almudena, luego llamado de Santa María.

Hace pocos años, durante un tiempo se mantuvo un cierto debate sobre el lugar de la calle del Factor por dónde transcurría la muralla, la acera de los pares, o como finalmente se constató, la de los impares. Las dudas estaban provocadas por la existencia de muros y cuevas de pedernal en los edificios de los primeros números pares, que podrían pertenecer a la propia muralla o acaso fueran construcciones posteriores realizadas con la piedra de la antigua cerca reutilizada.

En el número 8, en el sótano, existe un pasadizo perpendicular a la calle y por tanto a la muralla, con bóveda de ladrillo y muros de piedra que ¿podría tratarse de una salida de la cercana fortaleza?.

Factor nº 8 (2005)

Cruzamos la calle Mayor, bajo la cual acaso permanezcan escondidos vestigios de la Puerta de la Almudena…

La muralla continuaba hacia el lugar donde desde el siglo XVII se levanta el Palacio de Uceda, hoy sede de Capitanía General, en cuyo interior también deben existir huellas del primer recinto. Desde allí se dirigía hacia el oeste.

Rodeando el Palacio de Uceda nos acercamos al Viaducto cuyo arco situado más al norte traspasamos.

Así, llegamos al aparcamiento del edificio cuya fachada principal da a la calle de Bailén nº 12, construido en 1959 sobre la muralla, tras destruir varios metros del largo lienzo descubierto pocos años antes. Resulta asombroso comprobar que allí debajo, tras la reja de la propiedad privada, pervive parte del monumento más antiguo de Madrid, incluyendo una de las torres.

Un muro de ladrillo separa el aparcamiento exterior de las viviendas del parque dedicado al fundador de Madrid, Muhammad I, al que nos dirigimos bajando por la Cuesta de Ramón, contemplando la belleza de la calle Segovia, por donde antiguamente discurría el Arroyo de las Fuentes de San Pedro.

El parque ha sido recientemente remodelado, adornado con una fuente de estilo andalusí, plantas y árboles. La lápida que recordaba al emir fundador de Madrid ha desaparecido.

Aquí, junto a la Cuesta de la Vega, frente a la Catedral de la Almudena, se halla el lienzo más largo conservado, descubierto y defendido en 1953 por Jaime Oliver Asín y Leopoldo Torres Balbás, que lograron salvar una gran parte del hallazgo. El día 2 de diciembre de ese año el diario ABC publicó la noticia de la carta enviada por ambos al periódico.

ABC 2 dic 1953

En la década de los 70, tras la demolición del Palacio de Castro Serna, perteneciente a la duquesa de Benavente, la muralla fue restaurada y se creó el parque. Los restos de las viviendas aparecidas (de los siglos XVII a XIX) se conservaron. En la reciente remodelación del parque han sido tapadas.

Son aproximadamente 120 metros de muro de pedernal, muros de fuego, en su parte inferior y piedra caliza blanca en la parte superior, jalonados por varias torres macizas cuadradas, características de la arquitectura militar islámica. Su anchura aproximada es de 2,60 m.

En la confluencia de la calle Mayor con la Cuesta de la Vega se abría la Puerta de la Vega, la más importante. Se conserva parte de la torre derecha -vista desde el exterior-. Probablemente bajo la calle Mayor se encuentren los restos de la torre de la izquierda y de la Puerta, quizá algún día los encontremos…

Una segunda torre está casi totalmente desaparecida. El lienzo conserva en gran parte otras tres torres. Desde allí la muralla se dirigía hacia el norte, bordeando la Cornisa de Madrid.

Desaparecido su rastro bajo la Catedral, durante las obras de construcción del futuro Museo de Colecciones Reales aparecieron importantes restos arqueológicos, entre ellos la muralla correspondiente al extremo noroeste que ahora se encuentra oculta en las salas del Museo cuyas obras tuvimos oportunidad de visitar el pasado mes de octubre en la Semana de la Arquitectura.

El edificio que se está construyendo junto al Palacio Real, en plena Cornisa madrileña, para albergar el Museo de Colecciones Reales es uno de los más polémicos de los últimos tiempos. Desgraciadamente se ha perdido la gran oportunidad de crear el verdadero Museo de Historia de Madrid, el mejor, pues en estos terrenos se encuentra el origen de nuestra ciudad, y su evolución. Un museo que nos hubiera permitido transitar por la historia de la Villa y Corte, el primer Mayrit cercado por la muralla árabe, las calles medievales, costumbres sociales, alimentación, ritos, su desarrollo a lo largo de los siglos… en las diferentes épocas, desde antes de la llegada de los musulmanes hasta nuestros días. Hubiera sido maravilloso. Un sueño que parece nunca llegará a cumplirse.

En cualquier caso, la visita, guiada por Emilio Tuñón, uno de los arquitectos autores del edificio, es muy emocionante e interesante.

Los tramos de muralla hallados miden en total unos 70 metros. Su construcción es similar al lienzo de la Cuesta de la Vega, de sílex y caliza, igualmente trabados con argamasa de cal, con un espesor de 3,20 metros. También han aparecido varios cubos de planta cuadrangular.

Los restos arqueológicos serán musealizados en dos salas ubicadas en la planta que será dedicada a los Tapices.

Entrada a la sala donde se hallan restos de la muralla.

Durante nuestra visita al futuro Museo solo podemos adivinar los hallazgos y fantasear sobre la vieja fortaleza, ya que se encuentran cubiertos por plásticos y andamios. El lienzo de muralla en su parte más alta conservada mide unos 8 metros.

A pesar de todo, podemos apreciar bastante bien los restos de una de las torres.

Junto a los vestigios de la muralla árabe se observan restos de construcciones posteriores.

Desde la cúpula de la Catedral, antes de que todos ellos fueran cubiertos por el cemento, se podían distinguir perfectamente.

Obras Plaza de la Almudena (2007)

Ahora resulta difícil imaginar el resultado de lo que podremos ver cuando el museo sea abierto al público, pero lamentablemente una vez más sospechamos que sólo vamos a poder disfrutar de una parte de los importantísimos hallazgos.

Nuestro paseo termina en la plaza entre el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, frente a los Altos del Rebeque, donde comenzó, con la alegría de haber rememorado una parte muy importante de nuestra historia, nuestros orígenes.

por Mercedes Gómez, con la ayuda de Churri y Pedro Jareño.

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Bibliografía:

E. Andreu. El Madrid Medieval. Cæsaraugusta, 78. 2007, pp.: 687-698
J.L. Garrot. Recuerdos de Mayrit, En el tránsito de la Edad Media a la Moderna, Madrid 2008, pp. 83-103.
F.J. Marín Perellón y J. Ortega. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006.
Christine Mazzoli-Guintard. Madrid, pequeña ciudad de Al-Andalus (siglos IX al XXI). Ed. Almudayna. Madrid 2011.
VVAA. Las murallas de Madrid. Ed. Doce Calles. Comunidad de Madrid 2003.
VVAA. Plaza de Oriente. Arqueología y evolución urbana. Ayuntamiento de Madrid 1998.

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Otros artículos:

Origen de Madrid. Obras Museo de Colecciones Reales.
Origen de Madrid. Mayrit, fundación musulmana.
Origen islámico de la pequeña Villa de Madrid.

El pasado domingo 15 de abril un pequeño grupo de amigos disfrutamos de un paseo muy bonito. Estábamos citados, con mucha ilusión, en los Altos del Rebeque, desde donde se puede contemplar el lugar donde se hallaba el antiguo Mayrit, la pequeña ciudad fortificada que fundaron los árabes, origen de Madrid. Nuestro propósito era ir en busca de la muralla islámica.

Dentro de poco espero poder contaros cómo fue nuestro recorrido con detalle, hoy de momento os dejo un breve avance, también a modo de saludo ya que los últimos días he tenido muy poquito tiempo para escribir aquí, o poder meter baza en vuestros blogs, y os echo de menos.

La mayor parte de la muralla ha desaparecido, o permanece oculta en el subsuelo, son escasos los vestigios constatados. El lienzo de la Cuesta de la Vega es el más conocido pero no el único. Durante las obras de construcción del Museo de Colecciones Reales ha salido a la luz un nuevo e importante tramo. Finalmente, algún edificio esconde los restos de la antiquísima muralla…

Durante nuestro paseo disfrutamos reconstruyendo el camino que seguían los muros construidos en el siglo IX, y entre todos fuimos recordando y descubriendo las huellas de nuestro pasado. Churri, intrépido reportero, es el autor de la foto de uno de los restos más desconocidos, los que se encuentran en el Palacio de Abrantes, actual Instituto de Cultura Italiana, en la calle Mayor, esquina calle del Factor nº 1.

Continuará…

por Mercedes Gómez

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