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La Ermita, la Fuente de San Isidro y sus alrededores, y por supuesto la Colegiata en la calle de Toledo, son sin duda los lugares donde la presencia del Patrón de Madrid es más importante, pero no los únicos.

La escultura quizá más antigua del Santo está situada junto a la de su esposa Santa María de la Cabeza en el Puente de Toledo. Ambas son obra de Juan Alonso Villabrille quien las proyectó en 1722 por encargo del arquitecto Pedro de Ribera para adornar el puente. Las figuras son de piedra caliza, miden 1,60 m. y están instaladas en dos bellos templetes barrocos. La figura de San Isidro representa la tradicional escena del milagro del pozo cuando el santo salvó a su hijo Illán de morir ahogado.

san isidro puente toledo

Las estatuas, al aire libre desde hace casi tres siglos, han sufrido el efecto del paso del tiempo y la erosión. Han sido objeto de varias restauraciones, en 1998 se realizaron moldes así como algunas reproducciones.

En el Museo de los Orígenes, Casa de San Isidro, hay una de ellas. Como vimos, en un principio estuvo situada en el Patio porticado renacentista, bajo el ala oeste.

Museo san-isidro

Tras las reformas en las que el ala oeste en su segundo piso fue cerrada, y el patio cubierto, las estatuas de los santos fueron situadas en el ala norte del segundo piso, más alejadas de la vista de los visitantes.

Museo Origenes

Había otra réplica en el Museo de la Ciudad, hasta el pasado verano en que éste fue cerrado.

Museo de la Ciudad

Fuera del recinto urbano, en la Venta del Batán en la Casa de Campo, inaugurada en 1950, hay una copia al parecer bastante aproximada, algo más pequeña que la original del Puente de Toledo.

Existe otra bonita figura del Santo, obra de Santiago Costa i Vaqué. Se trata de uno de los cuatro grupos escultóricos que adornaban la Fuente dedicada a Juan de Villanueva, proyectada en 1943 por el arquitecto Víctor D’Ors, e instalada en la glorieta de San Vicente en 1952.

Cuando en 1994 se construyó la réplica de la Puerta de San Vicente, la monumental fuente fue trasladada al Paseo de Camoens, en el Parque del Oeste, donde continúa, aunque sin las esculturas, que se encontraban en muy mal estado. La que representaba a San Isidro fue restaurada y emplazada en el Jardín de la Dalieda, inaugurado en 2007 sobre los terrenos del antiguo Convento de San Francisco, junto a la Real Basílica, desde donde podemos contemplar unas espléndidas vistas de Madrid.

san isidro dalieda

Realizado en piedra caliza el conjunto está formado por un ángel alado con forma femenina, y la figura sedente de San Isidro dormido. Representa otra de las famosas escenas atribuidas a la vida del Patrón, según la cual mientras él dormía los ángeles araban la tierra en su lugar.

En el patio del edificio construido en 1956 para Ministerio de la Vivienda en el Paseo de la Castellana 112, se instaló otra imagen de San Isidro. Realizada en granito, es obra del escultor Antonio Cano Correa.

san isidro ministerio

Recientemente el Ayuntamiento ha presentado el Plan Monumenta Madrid 2013, Plan de Monumentos, Arte Público y Colaboración ciudadana, que incluye entre otras actuaciones el históricamente tradicional baile de estatuas al que tan acostumbrados estamos los madrileños, también proyectos positivos, como es la restauración y recuperación de obras en mal estado o por diversos motivos escondidas en los almacenes municipales.

En el marco de este Plan ha sido colocada una de las reproducciones de la escultura de San Isidro en el propio Ayuntamiento, en la entrada a la Galería de Cristales del Palacio de Cibeles de la calle de Alcalá.

san isidro cibeles

Es probable que se trate del ejemplar que se encontraba en el Museo de la Ciudad.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Monumentamadrid

Se acerca el 15 de mayo, día de San Isidro, patrón de Madrid, que como siempre nos propone festejos diversos, la visita a la Ermita, la merienda en La Pradera, el baile en las Vistillas… y, cumpliendo con mi tradición particular, la visita a la Casa-Museo del Santo, hoy llamado Museo de los Orígenes.

Como tal vez recordéis, a primeros de año el museo reabrió parte de la Colección Permanente, cerrada por obras de remodelación durante un largo tiempo. La visita por entonces nos deparó la sorpresa de encontrar Los sepulcros de Beatriz Galindo “La Latina” y Francisco Ramírez “El Artillero. Seguramente habrá finalizado su restauración, hay que ir sin falta a admirarlos de cerca. Además, la visita ofrece otros nuevos alicientes.

El Almacén, lleno de valiosos elementos que explican la evolución de la Comunidad madrileña desde la Prehistoria, vuelve a ser visitable. Da gusto recorrerlo y entretenerse con tantos detalles… Aunque por otra parte echamos de menos algunos de los poquitos restos arqueológicos de la ciudad aparecidos los últimos años, en la plaza de Ramales, obras de soterramiento de la M-30, etc. Sería deseable que las escasísimas huellas del pasado de Madrid se pudieran contemplar reunidas en su propio museo, nuestro museo, este Museo de los Orígenes.

Aquí se exponen hallazgos paleontológicos que muestran la fauna prehistórica que habitaba las terrazas de los ríos, y tesoros arqueológicos que nos cuentan nuestra evolución. Millones de años de la vida en el valle del Manzanares y en las riberas del Jarama resumidos en unas cuantas vitrinas y carteles explicativos.

Los mastodontes y tortugas gigantes del Terciario madrileño, restos de los poblados del Neolítico de cabañas construidas con ramas y barro, la cerámica de la Edad del Bronce…

… hasta la época romana, la medieval… huellas de toda la historia madrileña y la vida que transcurría junto a los cursos de agua.

Siempre que contemplo estos objetos no puedo dejar de pensar que son muy importantes porque hace cientos de años, en algún lugar, fueron utilizados por personas que vivían en sencillas casas o cabañas, para comer, beber, o conservar sus alimentos. Son el recuerdo de la vida cotidiana de nuestros antepasados.

También se ha recuperado el  Jardín Arqueobotánico, una selección de árboles y plantas en el corazón del Madrid medieval, entre la Iglesia de San Andrés y la Capilla del Obispo, una idea preciosa y un lugar encantador.

Hiedra, salvia, el majuelo, cuyo jarabe elaborado a partir de sus frutos en la Edad Media era considerado un buen remedio contra el envejecimiento, el olivo y el madroño por supuesto, la presencia de ambos ya está documentada en el Mayrit musulmán, el romero… y otros árboles y arbustos cuya hojas, frutos o madera eran utilizados para diversos usos, medicinales, ornamentales y como combustible. Más datos que nos permiten viajar al pasado con la imaginación.

Y finalmente, no puede faltar, la visita al bello Patio renacentista donde beberemos un vasito de agua de la fuente, como todos los años, aunque no sea agua del Pozo sino agua normal “del grifo”, del Canal de Isabel II, y creamos poco en los milagros.

Feliz San Isidro a todos.

por Mercedes Gómez

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Museo de los Orígenes. Casa de San Isidro.
Plaza de San Andrés, 2.

La historia del barrio de la Alameda de Osuna, en el distrito de Barajas, es milenaria. En un pequeño cerro situado entre las calles de Antonio Sancha y Joaquín Ibarra perviven las huellas de tiempos muy lejanos, cuando la Alameda aún no era un barrio de Madrid, ni siquiera se había convertido todavía en la aldea medieval en cuyas afueras se construiría un castillo a finales del siglo XIV… el Castillo que hoy vamos a visitar… tiempos en los que aquí existió un humilde poblado de cabañas construidas con ramas y barro sobre zócalos de piedra rodeadas de un foso y una cerca de madera, junto a un arroyo, hace más de tres mil quinientos años.

La visita al Castillo de la Alameda supone un verdadero viaje en el tiempo, desde la prehistoria hasta la actualidad.

La tierra era de buena calidad y abundaban los manantiales de aguas delicadas y cristalinas, quizá por ese motivo hace tanto tiempo, en el Calcolítico o Edad del Cobre, en la ladera norte del Arroyo de Rejas, afluente del río Jarama, se estableció un poblado que vivió de la agricultura y la ganadería.

La Alameda junto al Arroyo de Rejas (mapa hidrográfico de 1906)

Los fértiles terrenos volvieron a ser habitados durante la Edad del Bronce y del Hierro, y permanecieron ocupados durante la época romana, en el siglo I, como han demostrado los hallazgos arqueológicos.

A partir del siglo IX, durante el asentamiento árabe la población se concentró en las zonas fortificadas, y las zonas rurales entre Mayrit y el río Jarama se fueron quedando vacías, hasta que siglos después, tras la conquista cristiana, fueron naciendo los pueblos que conocemos, Canillas, Hortaleza, Barajas, Rejas… y en el siglo XIII, La Alameda, junto a los numerosos álamos que crecían en las riberas del arroyo.

Llegaron los tiempos en que los reyes, de la dinastía Trastamara, concedían tierras a los nobles, los señoríos, a cambio de obtener su apoyo. Así las familias más acaudaladas eran también las dueñas de las aldeas y tenían representación en el Concejo o ayuntamiento madrileño.

Los vecinos, o pecheros, representantes de una familia, eran los únicos que pagaban tributos. Quedaban exentos nobles, clérigos, militares y pobres de solemnidad.

Uno de ellos fue el Señorío de El Alameda, así aparece nombrada la villa en los Libros de Acuerdos del Concejo en el siglo XV, que había sido otorgado a la poderosísima familia de los Mendoza. Se cree que fue Diego Hurtado de Mendoza quien alrededor del año 1400 mandó edificar el Castillo, en las afueras de la aldea.

El Castillo estaba rodeado por un impresionante foso protector.

Los fuertes muros de sílex, las torres y las almenas escondían el interior propio de un palacio, con estancias distribuidas en dos plantas que daban a un patio interior. Salones decorados con zócalos de cerámica, cocina, dependencias para los guardias… incluso una capilla.

El suelo del patio era de ladrillo y había dos pozos que aseguraban el suministro de agua en caso de necesidad.

Arranque de la fachada del patio

En una esquina se levantaba la Torre del Homenaje, símbolo del Señorío, y lugar donde residía el Señor feudal.

Mediado el siglo XVI sus nuevos propietarios, los Zapata, transformaron el castillo defensivo en un palacio renacentista, acorde con los gustos de la época y los nuevos tiempos.

Sobre los restos de la viguería del forjado de lo que fue la planta superior original, en los muros antes cerrados al mundo exterior, se abrieron ventanales.

El foso se convirtió en un bello jardín con sus fuentes y estanques, paseos rodeados de árboles, y parterres. Como buen jardín del Renacimiento, tenía también un huerto, y su “fuente de burlas” con juegos de agua que sorprendían a los visitantes. Con el fin de facilitar el acceso al jardín se construyó un pasadizo que lo comunicaba con el interior del palacio, que también fue reformado.

Las dos plantas del castillo se transformaron en tres, y la entrada medieval de madera fue sustituida por un suntuoso pórtico de granito.

Restos del pórtico renacentista expuestos junto a la entrada.

Los Zapata, fieles servidores de la Corona, cedieron su castillo en varios ocasiones, allí se alojó la reina Margarita de Austria en 1599 tras su boda con Felipe III, antes de su entrada en Madrid. También fue utilizado como cárcel de Corte, siendo allí encerrados notables personajes.

El poderío de los Zapata disminuyó durante el siglo XVII, en 1697 el castillo sufrió un terrible incendio, y ya no volvió a ser ocupado. Su piedra fue utilizada para otras construcciones cercanas, como el Capricho, de los Duques de Osuna, y el Panteón de los Fernán Núñez, herederos de los Zapata, y del palacio solo quedaron las ruinas.

Panteón de los Fernán Núñez junto al Castillo

En el siglo XVIII, abandonado el Castillo, la zona se convirtió en finca agraria, de la cual se conserva parte de la Casa del Guarda, quizá construida sobre la antigua Casa del Mayordomo, residencia del gobernador de la finca del Señor, ubicada junto al puente de entrada al castillo en la época en que pasó a manos de los Zapata.

En el siglo XIX la recia fortaleza, de gruesos muros de pedernal, luego lujoso palacio, estaba reducida a unas pocas ruinas en lamentable estado.

Durante la guerra civil fue utilizado y también quedan restos, como los huecos abiertos en los muros para disparar desde el interior, y el “nido de ametralladoras” :

Poco a poco Madrid fue creciendo, en 1950 fueron anexionados varios pueblos de esta zona noreste, y la Alameda, antigua aldea medieval construida sobre restos prehistóricos, se convirtió en un barrio residencial para clases acomodadas.

Como en tantas ocasiones, desde que se habló de la restauración del castillo hasta que por fin se llevó a cabo, pasó mucho más tiempo del anunciado, pero esta es una historia con final feliz. Ha sido sin duda una obra compleja, que además de la restauración del castillo incluyó las excavaciones arqueológicas que comenzaron en 1986.

Por las semillas localizadas se supo que en los alrededores había árboles de muchas especies, olivos, nogales, cipreses… y gran variedad de plantas y flores. Bajo el castillo aparecieron restos del poblado prehistórico, sus “despensas” y cerámicas… la vida de los primeros pobladores de la Alameda bajo las ruinas del castillo que esperaban ser restauradas.

En los primeros años del siglo XXI, la fortificación de origen medieval, única en Madrid, se había convertido en un lugar ocupado por el botellón, los grafitis, y la basura.

Pasados varios años, por fin los restos conservados fueron restaurados y otros elementos importantes -los muros del foso, la planta exterior y planta de la torre del homenaje-, fueron restituidos parcialmente, en mayo de 2010 se abrieron las puertas al público de este museo que forma parte del Eje Histórico-Cultural de la Alameda de Osuna y depende del Museo de los Orígenes.

Ya no hay huertos ni álamos, hoy día el antiguo castillo fortificado está rodeado de chalets adosados, los tiempos han cambiado -en general, felizmente-, y da gusto contemplar este museo vivo, acercarse a los restos del Castillo de la Alameda y recordar su historia.

Por: Mercedes Gómez

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Castillo de la Alameda
Entre las calles de Antonio Sancha, Joaquín Ibarra y Manuel Aguilar.
Abierto los fines de semana y festivos.

Entre los escasos ejemplos de arte renacentista que se conservan en Madrid se encuentran los sepulcros de Beatriz Galindo La Latina y su marido Francisco Ramírez El Artillero.

Son dos joyas labradas en alabastro en el siglo XVI, procedentes del antiguo Convento y Hospital de la Latina situado en la calle de Toledo, hasta su derribo en los comienzos del siglo XX. El actual “Convento de La Latina”, en el número 52 de la calle, fue construido posteriormente.

Hospital de la Latina, fin siglo XIX-principios del XX.

Beatriz Galindo, La Latina, fue una mujer singular para su tiempo, muy culta, que dominaba el latín, la gramática y otras disciplinas, y escribió poesía y otros textos, entre otras actividades. Sus dotes y formación la convirtieron en maestra y consejera de la reina Isabel la Católica. En 1495, cuando contaba unos veinte años de edad, se casó con Francisco Ramírez El Artillero, secretario del rey Fernando, y capitán de Artillería.

Solo siete años después don Francisco murió en la batalla de Lanjarón durante la toma de Granada.

Continuando los proyectos iniciados junto a su marido, en los comienzos del siglo XVI la joven viuda fundó los conventos de la Concepción Jerónima -en la calle del mismo nombre-  y el de la Concepción Francisca y el Hospital, en la calle de Toledo.

Los cenotafios o monumentos funerarios, fueron realizados hacia 1531, según los expertos, en un estilo cercano al de Francisco Giralte, el gran escultor, autor entre otras obras del retablo y sepulcros de la Capilla del Obispo. Las figuras yacentes están representadas en actitud orante, sobre los arcones de gran riqueza ornamental, con detalles escultóricos diversos, figuras femeninas, niños, escudos… y una inscripción en cada uno de ellos.

Curiosamente, fueron labrados otros dos sepulcros, idénticos, que fueron instalados en la iglesia del Convento de la Concepción Jerónima. Parece ser que los cuatro sepulcros han estado siempre vacíos.

El cuerpo de don Francisco, que había muerto en Granada, nunca fue hallado.

Doña Beatriz murió en 1535, a la edad de sesenta años, siendo enterrada, según sus propios deseos, en el coro de la iglesia del Convento. Cuando este fue derribado, sus restos fueron trasladados al nuevo, en la calle de Velázquez esquina José Ortega y Gasset, a su vez desaparecido. Desde 2004 se encuentran en la cripta del actual monasterio construido en El Goloso, en la carretera de Colmenar. Allí se hallan también los dos sepulcros procedentes del primitivo cenobio.

¿Qué ocurrió con los dos sepulcros que habían sido colocados en el Hospital?

Cuando en 1903 fue demolido, el Ayuntamiento recuperó y trasladó a un almacén algunos de los elementos más valiosos que se hallaban en su interior, la bella escalera, y los dos sepulcros.

Debidamente restaurados fueron instalados en la Casa de Álvaro Luján, en la Plaza de la Villa, cuando acogía a la Hemeroteca Municipal. Como sabemos, por nuestra visita al edificio, que ahora es la sede de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, allí continúa la maravillosa balaustrada de la escalera gótica, obra del alarife maestro Hazan.

Escalera en la Casa de Álvaro de Luján.

Hacia 1992 los sepulcros fueron trasladados al Museo Municipal, en la calle de Fuencarral, y allí, a la entrada de la Capilla, han estado hasta que hace unos años comenzaron las obras de remodelación del Museo, que como sabemos, continúan.

Hace dos meses la prensa publicó que los sepulcros iban a ser restaurados, ¿volverían al ahora llamado Museo de Historia?. ¿Dónde se encuentran en estos momentos?.

El fin de semana pasado tuve una bonita e inesperada sorpresa.

Hace pocos días el Museo de San Isidro o de los Orígenes, en la plaza de San Andrés, ha reabierto una parte de su Colección Permanente, cerrada hace unos años con el fin de llevar a cabo una remodelación y mejora de las instalaciones.

El paseo a través de las nuevas salas es una delicia, es sábado, hay pocos visitantes, despacito vamos descubriendo las novedades, y nos alegra poder volver a recorrer el querido museo. Teniendo en cuenta que está dedicado a nuestra historia, desde sus orígenes, nos sugiere bastantes temas sobre los que podríamos hablar, así que volveremos otro día.

Hoy solo quiero mostraros mi sorpresa final. Casi ya en la salida, al fondo, dos personas trabajan frente a algún monumento o restos aún medio tapados por unos plásticos…

… ¡parecen los sepulcros de la Latina y del Artillero! Los que hace tiempo estaban en el Museo Municipal…

Pregunto, con una cierta ilusión, y amablemente me responden que sí, que efectivamente lo son.

A partir de ahora esta va a ser la casa de los bellos cenotafios de alabastro con las esculturas yacentes de Beatriz Galindo, La Latina, y de su esposo Francisco Ramírez de Madrid, El Artillero. Pronto podremos contemplarlos en todo su esplendor.

Por Mercedes Gómez

 

Tras varios artículos dedicados al origen de Madrid y a nuestro pasado musulmán, hoy os invito a visitar el Museo de los Orígenes, antiguo Museo de San Isidro, con el fin de conocer qué nos cuenta sobre este tema el museo dedicado a la historia más remota de nuestra ciudad.

Aunque la exposición permanente está cerrada desde hace tiempo por “obras de adaptación y mejora del museo”, una pequeña muestra titulada Orígenes de Madrid, nos ofrece una selección de piezas desde la Prehistoria hasta la época moderna, sin duda de gran interés.

En lo que se refiere al Madrid islámico, junto a una gran fotografía de la muralla árabe en la Cuesta de la Vega, un texto titulado “La medina Mayrit” dice:

“El primitivo asentamiento islámico ocupó un espacio de reducidas dimensiones en torno al actual barrio de Palacio. Sus murallas, con torres cuadradas, y construidas con sillares de pedernal defendían un abigarrado caserío en el que destacarían el castillo y la mezquita. Este recinto se denominaría en época cristiana Almudena o ciudadela.

Las excavaciones arqueológicas han permitido recuperar importantes vestigios pertenecientes a la muralla primitiva, así como restos materiales de sus pobladores. Mayoritariamente son utensilios cerámicos empleados en usos domésticos: la cocina, el servicio de mesa o la iluminación.”

Las piezas expuestas pertenecientes al Madrid islámico, datadas entre los siglos IX al XI, proceden de las excavaciones realizadas en la Cuesta de la Vega y en la Plaza de Oriente.

Una primera vitrina guarda cuatro piezas de cerámica. Un Jarro procedente de las excavaciones de la Cuesta de la Vega. Los otros tres objetos muestran decoración pintada. Un Candil, también hallado junto a la muralla, y una Olla y una Cantimplora encontradas durante las obras para la construcción del aparcamiento bajo la Plaza de Oriente.

Otra vitrina guarda, además de nuevos útiles domésticos (una botella, un tazón, dos ataifores o fuentes…) algunos objetos muy interesantes que revelan una vida cultural, más allá de la actividad militar, como un Peón de ajedrez y unas Paletas quirúrgicas, ambas de la Cuesta de la Vega.

ocho piezas

Todas las piezas son de cerámica realizada a torno. En esta segunda vitrina, junto a las decoraciones pintadas hay algunas vidriadas.

Un panel dedicado al desarrollo cultural y científico en el Madrid islámico nos cuenta que los musulmanes “introdujeron nuevas técnicas cerámicas como el vidriado, los esmaltes y la cuerda seca”, que proporcionan a sus piezas un acabado altamente decorativo.

fuentes y cantaro

Hacen referencia al “alto grado de progreso cultural y científico alcanzado en este momento” que demuestra el hallazgo de diversos objetos a los que nos referíamos más arriba, como los útiles quirúrgicos o las figuras de ajedrez.

También hay una referencia a los objetos decorados con inscripciones en escritura cúfica, o antigua caligrafía árabe,  que en gran mayoría son alusiones a Alá, pero a veces los alfabetos escritos sobre huesos, del que aquí se expone un ejemplo, podrían revelar una función mágica de protección del grano almacenado para alimento de la población.

En la penumbra de la sala, la contemplación de estos objetos la mayoría domésticos, que formaron parte de la vida cotidiana de los antiguos madrileños, los mayrities, hace tanto tiempo, entre diez y doce siglos, por un momento me resulta conmovedora. Los cacharros que utilizaban para guardar y tomar sus alimentos, de una cerámica tan buena que se hizo famosa, las inscripciones del alfabeto que tal vez utilizaron en la enseñanza, saber que jugaban al ajedrez, los instrumentos de sus médicos… tantas cosas sencillas que nos ayudan a imaginar cómo sería su vida en aquellos tiempos tan lejanos, y a la vez tan sugerentes, aquellos años en que nacía Madrid.

por Mercedes Gómez

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Museo de los Orígenes
Plaza de San Andrés, 2


El pasado domingo día 15 de agosto, Fiesta de la Virgen de la Paloma, un paseo por el Barrio de la Latina era obligado. Mientras esperaba que llegara la hora de mi cita decidí entrar un ratito en el Museo de San Isidro, hoy llamado de los Orígenes. Estaba completamente vacío, es una pena que este museo municipal, que contiene una parte tan importante de nuestra historia, sea bastante desconocido y no tan visitado como merecería.

Mientras continúan las obras de rehabilitación, en la primera planta han instalado una pequeña exposición temporal, los “Orígenes de Madrid”, en la que se muestra la evolución de la historia de Madrid desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna. Allí podemos contemplar algunos de los hallazgos arqueológicos más importantes de los últimos años que normalmente forman parte de la Exposición permanente.

Una de las vitrinas, en la segunda sala, protegidos por la luz tenue, muestra unos restos de cerámica, tres Vasos y un Cuenco, creados a mano hace entre 1.500 y 1.200 años a.C., lo que corresponde a la Edad del Bronce, aparecidos en 1984 en un silo excavado en el solar de la calle Angosta de los Mancebos nº 3.

Se considera que la fundación de Madrid tuvo lugar en el siglo IX por los árabes, pero estos hallazgos permiten situar los orígenes más remotos de nuestra ciudad en un primer núcleo de población, en las Vistillas, allá por los siglos XIII-XV antes de Cristo.

Me parece emocionante saber que el poblado más antiguo localizado en el casco histórico de Madrid estaba en las Vistillas.

Colina de las Vistillas. Madrid, Edad del Bronce ( en “El Patrimonio arqueológico y paleontológico en las obras de ampliación del Metro. 2003-2007″)

Como cuenta el panel explicativo, hace 3.500 años los poblados se situaban en lugares altos, con el fin de poder vigilar los cultivos y el ganado, como ocurrió en el Cerro de las Vistillas, donde nuestros antepasados construyeron un grupo de cabañas con ramas revestidas de barro.

Se hallaron cerámicas, un molino y restos de huesos de animales. Se cree que debió pertenecer a un pequeño núcleo habitado en las laderas del cerro, que vivía de la ganadería menor (ovejas, cabras y cerdos) y del pequeño cultivo, en un entorno de bosque y monte bajo, parecido a los actuales Monte del Pardo o a la Casa de Campo.

También en el interior de las cabañas, o en los alrededores, excavaban hoyos donde guardaban los cereales, base de su alimentación junto a la caza y la ganadería.

Estos recipientes, discretamente guardados tras un cristal, de pronto me parece que tienen mucha importancia, revelan la existencia de vida en un Madrid muy remoto, en el que unos hombres y mujeres prehistóricos construían sus cabañas con los elementos que tenían a mano, ramas y barro, y fabricaban objetos de cerámica utilizando la arcilla para guardar sus alimentos y cocinarlos.

Después, por la calle de los Mancebos nos dirigimos hacia las Vistillas, intentando imaginar cómo sería la vida en sus laderas en tiempos tan lejanos.

Calle de los Mancebos, llegando a la calle de Bailén

Texto y fotografías por Mercedes Gómez

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Museo de los Orígenes. Casa de San isidro

Plaza de San Andrés, 2.
De martes a viernes de 9,30 a 20 horas.
Sábados, domingos y festivos de 10 a 14 horas.
Agosto: de 9,30 a 14,30 horas.

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Otros artículos:

El Patio renacentista de la Casa de San Isidro.

El Patio renacentista de la Casa de San Isidro, un año más.

Hoy, como casi todos los años desde que lo inauguraron, he visitado el Museo de San Isidro.

Desde aquel 15 de Mayo de 2000 me parece que el Museo no ha cambiado demasiado, aunque ahora cumple diez años, metido en obras y con un nuevo nombre, Museo de los Orígenes.

Lo que sí ha cambiado es el Patio.

El año pasado os contaba la historia del edificio y sobre todo del magnífico Patio renacentista, que aquel Día de San Isidro en que lo visité por vez primera se convirtió en uno de Mis lugares preferidos de Madrid. Y desde entonces no he querido faltar a la cita y beber mi vasito de agua. A veces alguien me decía, “¡pero si es agua del Canal!”.

“¡Ya se que es agua del Canal, hombre!”. Y no es que crea mucho en los milagros, ni siquiera soy muy tradicional, pero me gusta beberme ese vasito de agua por San Isidro, el Día de Madrid.

El Patio era precioso.

claustro2

Año 2006

Hace varios años, uno de esos años en que el calor apretaba ya en Mayo, pusieron unos toldos amarillos para proteger del sol a los visitantes.

El año pasado la novedad fue que habían acristalado uno de los lados del piso superior, el lado oeste, con el objetivo de ganar espacio, dijeron.

patio cerrado

15 de mayo de 2009

Este año la noticia es que han cubierto el maravilloso Patio renacentista.

San Isidro y Santa María de la Cabeza han abandonado su lugar junto al Oso y el Dragón, cerca de los visitantes, y han subido al primer piso del lado Norte.

15 de Mayo de 2010

El motivo alegado para justificar el cerramiento es la protección de la vieja piedra, quizá la necesite, no lo se, pero ¡qué pena!, el Patio ya no es el mismo.

Y ¿por qué al menos no quitarán esos toldos?

Feliz San Isidro.

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

El antiguo Museo de San Isidro, hoy llamado Museo de los Orígenes, se encuentra en una de las plazas más recoletas y sugerentes de Madrid, la plaza de San Andrés, alrededor de cuya iglesia a lo largo de la Edad Media las casas señoriales se fueron instalando. Una de estas casas fue el Palacio de los Condes de Paredes, aunque su denominación ha ido cambiando en función de los dueños que se han ido sucediendo.

A pesar de que no existe certeza documental, tradicionalmente se cree que en el siglo XII, en este lugar estuvo enclavada la casa de los Vargas en la que vivió y murió San Isidro, por lo cual el edificio también es conocido como Casa de San Isidro. El palacio fue construido en la primera mitad del siglo XVI por los Señores de Luján, antes de que el rey Felipe II trajera la Corte a Madrid en el año 1561; posteriormente pasaría a manos de los Condes de Paredes.

El Palacio de los Señores de Luján o de los Condes de Paredes fue derribado en 1974, y durante años el solar permaneció abandonado y rodeado de vallas. Era propiedad del Ayuntamiento desde 1986 que tres años después propuso la construcción de un Museo dedicado a San Isidro. El actual edificio es un magnífico ejemplo de cómo lo viejo y lo nuevo pueden no solo convivir sino beneficiarse mutuamente. Un edificio histórico, que incorpora al pasado elementos arquitectónicos modernos adaptándose al entorno del barrio.

Gracias a su reconstrucción, hoy día podemos admirar el que quizá fue uno de los palacios renacentistas más notables de la época. Del edificio original únicamente se conservan el pozo, conocido como Pozo del Milagro, la Capilla dedicada al Santo, que permaneció protegida por una caja de ladrillo cuando el edificio fue demolido. Y el Patio.

El patio plateresco es sin duda alguna la joya más valiosa que alberga el palacio. Remanso de paz, arte y tradición, se trata de un espacio rectangular porticado y adintelado, que únicamente conserva sus alas norte y oeste. Su configuración nos recuerda al Patio de la Reina del Antiguo Alcázar de los Austrias, construido bajo los mismos criterios de patio porticado de tipo palaciego, habitual en esa primera mitad del siglo XVI.

claustro2

Año 2006

Durante la excavación arqueológica previa a la reconstrucción, en el propio solar aguardaron pacientes sus elementos arquitectónicos, los dinteles y las columnas trabajadas en granito, con capiteles vegetales, el escudo de los Lujanes, o las zapatas con rosetas tallados en la piedra, así como las vigas de madera del techo decoradas igualmente con las mismas rosetas. Hasta que todo recuperó lugar.

capitel

Por fin en su interior, en cierto modo emprendemos un viaje al pasado, aún pervive la huella de los Lujanes en la imagen de la muralla tallada en el escudo de los capiteles, en recuerdo del título de don Pedro de Luján que en el siglo XV además de Camarero del rey Juan II fue Guarda de la Puerta Cerrada y de los lienzos de la muralla hasta la Puerta de Moros.

Recientemente el segundo piso ha sido cerrado, con el fin de ampliar las dependencias del museo.

patio cerrado

15 de mayo de 2009

El mágico patio renacentista, con sus elementos conservados desde el siglo XVI, es tan acogedor, que allí reposan varias esculturas cargadas de historia.

Como el Oso y el Dragón, antaño en la Cibeles, obras de Alfonso Bergaz, de las que en otro tiempo manara el agua potable cuando la fuente de la Diosa no era únicamente un motivo ornamental sino que también proporcionaba agua para beber a los madrileños. Se retiraron de la fuente en 1862, comenzando así su peregrinaje por diversos lugares, para al fin encontrar refugio bajo una de las zonas porticadas. Antes de llegar aquí, el Dragón, aunque al aire libre, durante un buen periodo de tiempo estuvo resguardado en el jardín de la Casa de Cisneros.

El Dragón

El Dragón de la Cibeles, hasta 1862.

El Oso vivió un ambiente más bullicioso; después de otros avatares, estuvo en la antigua Casa de Fieras del parque de El Retiro, a la vista de todos los visitantes y recibiendo amablemente a todo aquel que se le acercaba, incluso al parecer los niños jugaban sobre sus lomos.

El oso que estuvo en la Cibeles hasta

El Oso

También los pequeños Tritones de Las Cuatro Fuentes del Paseo del Prado, diseñadas por Ventura Rodríguez en el siglo XVIII, muy desgastados por el tiempo y el agua, reposan junto a ellos. Una réplica adorna ahora las fuentes frente al Botánico y el Museo del Prado.

Uno de los tritones

Uno de los tritones de las Fuentes del Prado

Sin embargo las imágenes de San Isidro y de Santa María de la Cabeza son reproducciones de las esculturas originales, a las que si nos acercamos a ver al Puente de Toledo, comprobaremos que también están bastante deterioradas. Quien sabe si en un futuro se acercarán a descansar en la que es su Casa.

San Isidro

San Isidro

Santa María de la Cebeza

Santa María de la Cabeza

Por supuesto no podía faltar la fuentecilla en el centro, aunque se trate de una fuente moderna, realizada para el Museo por los canteros municipales.

Fuente

La tradición a veces tiene mucha más fuerza que la realidad, y muchos vecinos echaban de menos la visita al pozo para beber el agua del santo, que se había interrumpido durante años. Ahora, un tanto inocentemente, todos los quince de mayo, día del patrón, como hoy, nos acercamos a la pequeña pila instalada en el patio, hacemos cola y nos miramos unos a otros sonrientes, y bebemos un vasito de agua, aunque sabemos que es un rito, una tradición y nada más, quizá alguien piense que el agua es milagrosa, y eso le ayude, y a la mayoría nos traslada a ese mundo imaginado que fue real, la historia de siglos pasados, nuestra historia.

Pila

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez


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Fuentes:

Olga VALLESPIN. “Excavaciones arqueológicas en la Casa de San Isidro“, en “Testimonios del Madrid Medieval”, Museo de San Isidro, Madrid 2002.

y el propio Museo.

Museo de los Orígenes. Casa de San Isidro.
Plaza de San Andrés 2


Nota: Este artículo es una revisión y actualización del publicado en la Revista “Amigos del Foro” nº 3, Invierno 2007.

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