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Volvemos a la calle de Toledo y a contemplar el misterioso muro que se encuentra a la altura del nº 72, en el corazón de la manzana.

La Manzana 102 comienza a numerarse en la calle de Toledo, continúa por la del Humilladero y vuelve por la de la Sierpe.

Lo más sorprendente es que los terrenos sobre los que se asienta tienen una historia muy antigua, que se remonta a los orígenes de la propia villa de Madrid allá por el siglo IX.

sierpe toledo

Calle de Toledo esquina de la Sierpe

En 2006 se realizaron excavaciones arqueológicas en el solar del actual nº 68 de la calle de Toledo que descubrieron un hallazgo excepcional, de una gran importancia para la historia de Madrid quizá no suficientemente resaltada. Revelaron la existencia de una necrópolis musulmana que abarcaría desde el siglo IX hasta el XV.

Se hallaron una serie de fosas cuyo estudio puso de manifiesto que en las proximidades de este lugar un grupo de población practicaba el ritual islámico de enterramiento.

Es muy interesante el hecho de que los análisis de los restos mostraron la existencia de cuatro etapas en la necrópolis con una progresiva islamización de la sociedad que la utilizaba. Desde finales del siglo IX hasta la primera mitad del siglo XV. Lo cual demostraría la presencia de población musulmana en la zona a lo largo de todo este largo periodo, desde el momento en que los árabes se establecieron hacia 865 en época de Muhammad I y fundaron Mayrit, la pequeña ciudad amurallada, o poco después.

Con la llegada de los cristianos a finales del siglo XI y el reinado de Alfonso VI, la comunidad mudéjar continuó utilizando el cementerio. Quizá hasta los comienzos del siglo XVI, en que los mudéjares fueron obligados a marcharse de Castilla o convertirse al cristianismo por decreto de los Reyes Católicos. Fue después del establecimiento de la capitalidad cuando estos terrenos comenzaron a urbanizarse, como ya contamos.

Dichos restos arqueológicos avalan la existencia de los arrabales musulmanes, en las Vistillas y en la zona de Puerta Cerrada, de los que ya hemos hablado ampliamente en este blog.

El cementerio pudo ocupar una gran extensión de terreno, desde Puerta de Moros (cuando aún no debía existir) hacia el sur, sobre las actuales manzanas 101 y 102, entre las calles de Toledo y Humilladero.

Según la Planimetría de Madrid, a mediados del siglo XVIII la manzana 102 constaba de 20 sitios o casas. Comenzaba a numerarse, sitio nº 1, en el actual nº 64 de la calle Toledo, esquina calle de la Sierpe, donde iniciamos nuestro paseo.

Manzana 102 (Planimetría de Madrid)

Manzana 102 (Planimetría de Madrid)

Como decíamos al principio, en el nº 68 (antiguo sitio nº 5) es donde fueron hallados los vestigios de vida medieval. Posteriormente se construyó un nuevo y bonito edificio, acorde con la estética de la calle.

toledo 68

Toledo 68 (en primer término a la derecha)

El actual nº 70 (sitios 6 y 7) pertenecía según la Planimetría al rector y colegio de clérigos irlandeses. Por aquí tenía una entrada el Colegio y la Iglesia de San Patricio, llamada popularmente de los Irlandeses, aunque la entrada principal estaba en la calle del Humilladero, como veremos.

En el nº 72 se encuentra el solar que ya conocemos, donde se encuentra el muro que visitamos hace unas semanas. Es el sitio nº 8 de la Planimetría.

casa nº 8

Toledo 72

El estrecho y alargado solar, colindante con el Hospital de los Irlandeses, a mediados del siglo XVII estaba ocupado por una casa propiedad de Alonso Muñoz, barbero. En el XVIII pasó a manos del convento de los Trinitarios.

toledo 72

Actualmente es un solar con el muro de ladrillo y pedernal al fondo que consideramos muy antiguo y que en la entrada anterior relacionamos con la proximidad de la Cerca.

Dada su situación, en el límite del solar contiguo -en el pasado, propiedad de los clérigos irlandeses-, observando el plano, creemos que podría haber pertenecido al conjunto del Hospital y Colegio de San Patricio, o acaso éste se habría apoyado en él. La historia del solar resulta muy sugestiva y nos invita a imaginar… ¿pudo existir aquí una tapia anterior a la urbanización de la zona?.

pedernal puro

Seguimos nuestro camino y llegamos al lugar donde en el siglo XVI se encontraba la Puerta de Toledo correspondiente a la Cerca de Felipe II, y tomamos la calle del Humilladero que se dirige hacia la plaza de la Cebada.

esquina toledo humilladero

La vía tiene una forma curva muy singular, seguramente heredada de los tiempos en que se formó siguiendo el camino medieval.

humilladero

Frente a la calle de los Irlandeses -antes San Gregorio- se encontraba la entrada principal a la iglesia. Pascual Madoz se refiere al conjunto como Hospital de San Patricio de los Irlandeses y cuenta cómo cuando hacia 1629 los clérigos católicos de Irlanda tuvieron que emigrar por las guerras civil y religiosa, muchos de ellos llegaron a España y fueron acogidos en la Corte.

En un principio se alojaron en la ermita de San Joaquín y Santa Ana, en la entonces plazuela de los Afligidos –aproximadamente donde hoy se halla la plaza de Cristino Martos-, hasta que en 1635 se trasladaron a la calle del Humilladero. En estos primeros momentos su casa era solo un humilde oratorio. Luego se construyó el conjunto del Hospital, Colegio, y la Iglesia, que aún no está representada por Texeira, sí un siglo después por Chalmandrier.

Plano de Chalmandrier (1761)

Plano de Chalmandrier (1761)

Según la descripción de Madoz, a mediados del XIX la iglesia constaba de una pequeña nave, en el retablo mayor en el centro se encontraba la imagen de Nuestra Señora de la Purificación, y en el ático San Patricio. Sus estatuas más notables eran las que representaban a San Joaquín y Santa Ana.

En el Museo Nacional de Escultura de Valladolid hay dos imágenes que llegaron allí en 1941 procedentes del Servicio Militar de Recuperación del Patrimonio Artístico que Jesús Urrea piensa pueden corresponder con las vistas y mencionadas por Tormo en esta iglesia de los Irlandeses en 1915, catalogadas por Ceán Bermúdez como obras del escultor barroco Pablo González Velázquez.

San Joaquín y Santa Ana

San Joaquín y Santa Ana (BSAA, 1977)

El lugar donde se encontraba el templo, destruido durante la guerra civil, corresponde a los actuales nº 19-21 de la calle Humilladero. Las casas modernas, sus portales y sus ventanas han debido adaptarse a la forma de la manzana.

humilladero 19-21

Frente a la esquina de la calle de la Sierpe, en un entrante de la acera que se utiliza solo para aparcar motocicletas, una inscripción recuerda que allí estuvieron las Fuentes del Humilladero; debía tratarse de algunos caños de vecindad.

El edificio del nº 5, con el letrero de una vieja carbonería, es quizá el más antiguo de la manzana, y como indican los letreros de la Visita General -los únicos que se conservan-, corresponde a las casas 18 y 19.

sierpes 5

El nº 3 ocupa el solar de la antigua casa nº 20, la última de la histórica manzana, que también pertenecía a los clérigos irlandeses.

Y así llegamos de nuevo a la calle de Toledo, tras un breve pero intenso paseo por la historia de Madrid, desde el siglo IX al XXI.

Por Mercedes Gómez

Y…

Gracias a José Luis Díaz, por su alegre empeño investigador, por sus paseos alrededor de la manzana 102, por sus visitas a tiendas, patios y portales conversando con los vecinos, por sus explicaciones, sus buenas fotos… en fin por su gran ayuda.

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Bibliografía:

Manuscrito Libro de las casas y calles de Madrid Corte de España. 1658. Transcripción de Roberto Castilla.
Planimetría General de Madrid.
José Luis Garrot. Mayrit ciudad andalusí.
José Ignacio Murillo. Registro estratigráfico de una necrópolis musulmana en la calle Toledo, 68 (Madrid). Actas de las III jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. 2006. (pág. 89)
Pascual Madoz. Madrid. Audiencia, Provincia, Intendencia, Vicaría, Partido y Villa. Madrid 1848.
Jesús Urrea. Una propuesta para el escultor Pablo González Velázquez. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (1977)

El Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares, nos propone un viaje al pasado. Desde los tiempos más remotos, anteriores a la existencia de seres humanos, los primeros pobladores y el Madrid hispanorromano, nos traslada a la Edad Media para recorrer los tres periodos vividos en nuestra región, la época hispanovisigoda, el mundo andalusí y finalmente la sociedad feudal, hasta llegar a los siglos XVII y XVIII. En lo que se refiere a la ciudad de Madrid, las primeras referencias pertenecen a la segunda época medieval, al Madrid islámico.

La Colección es muy interesante, además ahora hay una exposición temporal muy bonita, dedicada a los Carpetanos, pero se echan algunas cosas de menos, sobre todo los importantes hallazgos de los últimos años, esperábamos más del museo dedicado a la arqueología madrileña, pero esa es otra historia…

Hoy, continuando con los artículos en torno al origen de Madrid, el Madrid árabe, y con nuestro empeño en conocer cómo era la vida de nuestros antepasados, tras la visita al Madrid islámico en el Museo de los Orígenes, visitamos este Museo Arqueológico con el fin de conocer su versión, y a la vez dar un paseo por la Villa medieval, una vez más.

Comienza la explicación con la llegada de los árabes a la península en el siglo VIII, con su nueva cultura, lengua, religión… y su impacto sobre Madrid, que vivió durante casi cuatro siglos bajo su influencia. Los objetos y restos expuestos en las vitrinas nos ayudan a imaginar, y nos guían en nuestro paseo por el Madrid de los siglos X y XI.

Tal como nos recuerda uno de los paneles, existen pocos vestigios arqueológicos del trazado que Madrid tenía cuando se fundó, en el siglo IX, pero suponemos que, tras su recia muralla, ”como la mayoría de las ciudades árabes, tendría un trazado urbano abigarrado y caótico”.

Muralla árabe (Cuesta de la Vega). Siglo IX.

En nuestra región, “solo Madrid y Talamanca aparecen en los textos árabes como medinas, lo que supone el reconocimiento oficial de su importancia administrativa. Ambas contaron con un recinto amurallado urbano y quizás otro más pequeño de carácter militar y administrativo: la alcazaba. En él se alojaba el gobernador de la ciudad (caíd)”.

Plaza de Oriente desde los Altos del Rebeque

La sociedad árabe, en todos sus aspectos, incluida la forma de gobierno, se regía por el islamismo. La palabra escrita tenía una fuerza simbólica, de forma que llegaba a todos los aspectos de la vida, incluidos los objetos domésticos. Hay varios ejemplos, como este Ataifor o plato hallado en la Plaza de Oriente con el epígrafe al-mulk (el poder) correspondiente al siglo XI.

Ataifor siglo XI (plaza de Oriente)

Hace pocas semanas, durante nuestro Paseo en busca de la segunda muralla árabe comentamos cómo gracias a la excavaciones arqueológicas se conoce la existencia de varios arrabales musulmanes, zonas extramuros que se fueron poblando entre los siglos IX al XI en torno a la primera medina.

A través de los objetos expuestos en este Museo podemos recorrerlos.

Como ya sabemos, en las excavaciones de la Plaza de Oriente, se encontraron importantes vestigios de la presencia árabe en estos terrenos cercanos al primer recinto amurallado.

Jarra, anafre y cazuela, siglos X-XI

Nuevamente ayudados de la imaginación, continuamos nuestro paseo hacia el arrabal considerado más antiguo, situado en torno a las Vistillas y las plazas de los Carros y de San Andrés.

En el interior del museo, contemplamos ollitas y cazuelas utilizadas hace siglos por los vecinos de las plazas de la Morería y del Alamillo, en las que conservaban y cocinaban sus alimentos, y aprendemos mucho acerca de sus costumbres. Como ya hemos mencionado en alguna ocasión, existe una descripción anónima de al-Andalus en el siglo XI que dice:

Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano”.

La cocina mayrití era muy sencilla, basada en los cereales y la harina, legumbres, leche a partir de la cual elaboraban el queso, y la carne, que como estaba reservada para las fiestas se guardaba en grandes cacharros de cerámica. Tanto los cereales como las legumbres o la carne, sobre todo de gallina, pero también de oveja o de vaca, y caza, se cocían y luego aderezaban con hierbas aromáticas.

Podemos observar los recipientes que utilizaban para almacenar los alimentos, para presentarlos, y los que guardaban los líquidos.

Cantimplora siglo X-XI (Plaza de Oriente)

Pero no solo los utensilios culinarios nos explican cómo era la vida en el Madrid andalusí, también los que proporcionaban iluminación y calor. Durante las sucesivas excavaciones arqueológicas aparecieron numerosos Anafres u hornillos, y Candiles de cerámica.

En la Plaza de San Andrés, en la Casa de San Isidro (actual Museo de los Orígenes), se hallaron importantes elementos de carácter doméstico, algunos muy significativos. Uno de ellos, la famosa maqueta de una Puerta de recinto fortificado, realizada a mano en terracota. Se cree pudo ser un juguete, o un pebetero, como podrían indicar las quemaduras de las torres. En cualquier caso es un ejemplo de la importancia que tenía la representación de las fortificaciones en la sociedad islámica. Junto a ella, contemplamos una pieza hallada en el mismo solar, una Torre del juego de Ajedrez.

Mirando todos estos objetos y paseando por las calles construidas sobre los viejos arrabales mayritíes, fantaseamos, ¿cómo sería la vida en las viviendas que seguro allí existieron?. Nos preguntamos cómo sería la vida cotidiana de los primeros madrileños, en sus casas organizadas alrededor de un patio y un pozo.

Los hallazgos arqueológicos también nos hablan de la importancia que tuvieron en el mundo árabe los sistemas de captación de agua, viajes, pozos y norias, destinados a usos domésticos, higiénicos (baños públicos) y artesanales. Además, el agua tenía un gran valor debido a la actividad agrícola y ganadera que desarrollaban.

Arcaduz de una noria sg. X-XI (Casa de San Isidro)

Junto a la Puerta de Moros surgió el arrabal de la Cava Baja, que llegaba hasta Puerta Cerrada. Durante las obras en el edificio de la Cava Baja nº 30, donde se conserva un largo lienzo de muralla muy antiguo, al parecer el único de construcción altomedieval, es decir, del siglo XI ó XII, aparecieron también objetos de época islámica.

Desde aquí nos dirigimos a la calle del Rollo, y sus alrededores.

Plaza del Rollo

Recordemos que en esta zona se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación árabe en la zona: cerámicas y, lo que es más importante, restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI.

En primer término, gran contenedor del siglo XI (calle del Rollo 7)

Los objetos de prestigio, de tocador, o para la escritura, igualmente nos dicen mucho acerca de la sociedad islámica. En una de las estanterías de cristal hay un Anillo que debió adornar la mano de un hombre o una mujer en el siglo XI.

En la calle Requena, cerca de la plaza de Ramales también está demostrada la presencia de población.

Plaza de Ramales

Uno de los objetos expuestos es una bonita Limeta o vasija sin asas de las que utilizaban los árabes para guardar sus bebidas.

Calle Requena esq. plaza de Ramales (siglo XI)

Cada día sabemos un poquito más sobre cómo vivían los primeros madrileños, en qué trabajaban, cómo cocinaban, lo que comían, el paisaje que les rodeaba, la rica vegetación y hermosos árboles de distintas especies que crecían junto a los arroyos… aunque lo más emocionante es tener la certeza de que aún nos quedan muchas cosas por descubrir.

Por : Mercedes Gómez

Museo Arqueológico Regional
Plaza de las Bernardas s/n
Alcalá de Henares (Madrid)

Volvemos a los Altos del Rebeque, una vez más, intentando descifrar nuestro pasado. Desde aquí hemos contemplado los terrenos del antiguo Mayrit, los hemos evocado rodeados por su muralla, e imaginado la vida de sus primeros habitantes, los musulmanes que en el siglo IX llegaron formando parte del ejército del emir Muhammad I, y su evolución.

A lo largo del siglo X la población mayrití creció, nuestros antepasados se fueron asentando en los terrenos más próximos y alrededor del primer recinto, de este bello lugar que ahora admiramos, antes tan distinto, se extendió la ciudad. Gracias a la excavaciones arqueológicas se conoce la existencia de varios arrabales musulmanes, zonas extramuros que se fueron poblando entre los siglos IX al XI.

Como hemos comentado en otras ocasiones, son muchas las incógnitas que perviven sobre los dos recintos y sus murallas, el Madrid del siglo IX y el del siglo XII. Pero aún es mayor el misterio que existe sobre la existencia de un posible recinto intermedio, que habría rodeado el arrabal islámico nacido a lo largo del siglo X entre los dos recintos conocidos.

El profesor Manuel Montero Vallejo fue uno de los primeros autores en hablar de la posible existencia de una medina intermedia, un recinto amurallado, entre el primer recinto árabe y el cristiano, la medinilla, como él la llamaba. Tanto en su libro El Madrid Medieval como en otras obras, dio a conocer los diferentes datos aportados por otros investigadores que apoyaban esta teoría, así como sus propias observaciones directas.

En sus escritos expone las dudas, contradicciones… pero de todas sus explicaciones se desprende una evidencia: la existencia de construcciones defensivas en la zona habitada por los árabes a lo largo de los siglos X y XI, al este de Mayrit.

Desde algún punto desconocido, quizá muy próximo al lugar en el que ahora nos encontramos, en el punto más alto de la calle del Factor, partía el hipotético recinto intermedio, la segunda muralla árabe.

Comenzamos nuestro paseo caminando hacia los terrenos donde después sería levantada la iglesia de San Juan, en la actual plaza de Ramales, por la calle Noblejas, en cuyo número 5, durante unas obras de reforma, aparecieron restos de cerámicas islámicas de los siglos IX al XI.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones, este tipo de material ha proporcionado una información muy valiosa acerca de la actividad y de la vida cotidiana de los mayrities. Sus costumbres, escritura, lenguaje, etc. Los útiles hallados en diversos lugares de la zona que hoy vamos a recorrer demuestran que sus habitantes vivían de la agricultura y de la ganadería, usaban norias para el riego de sus cultivos y jardines… y trabajaban en telares, herrerías y alfares.

Durante las obras para la construcción del aparcamiento en la plaza de Ramales, aparecieron los cimientos de una torre de la iglesia de San Juan con todo el aspecto de haber pertenecido a una fortificación islámica. Por otra parte, uno de los escasos documentos que avalan la existencia de la medinilla (dado a conocer por Mercedes Agulló), para acometer la reforma de la iglesia de Santiago en la plaza del mismo nombre, el año 1645 hubo que desmontar un cubo de la muralla, que por su situación, dice el profesor Montero, pudo ser una torre exenta.

Tomamos la calle de los Señores de Luzón, posible antigua ronda exterior de la medinilla, que con el tiempo se convirtió en la calle de los Estelos, una de las más antiguas de Madrid, de las pocas que en la Edad Media tenían nombre, pues ya aparece en documentos del siglo XV.

En el edificio construido en 1975 en la esquina de Luzón con la calle de la Cruzada fueron hallados restos de muralla de gran envergadura, que al parecer se conservan en el sótano.

Lo más emocionante es comprobar cómo la curva que muestra la antiquísima vía medieval sugiere el posible recorrido de la muralla.

Continuamos nuestro paseo bajando por esta calle tan evocadora, hacia la calle Mayor, antigua Santa María, donde pudo existir un portillo, antecedente de la futura Puerta de Guadalajara.

Uno de los hallazgos más importantes tuvo lugar en 1945, cuando en la esquina de la plaza de la Villa con Mayor, junto a la Casa de la Villa, apareció un grueso muro que Elías Tormo defendió como perteneciente a un recinto amurallado. Volvió a salir a la luz durante las obras de la plaza en 1980, pero, desgraciadamente, fue tapado de nuevo con rapidez. Montero Vallejo estaba convencido de que se trataba de muralla, por sus características constructivas y por su grosor.

Es muy interesante pensar que la Plaza de la Villa, antigua plaza de San Salvador, centro de Madrid, lugar de mercado y de reunión del Concejo, pudo nacer extramuros, junto al portillo, igual que después nacería la Plaza del Arrabal, plaza Mayor, en las afueras de la Puerta de Guadalajara.

Pasamos bajo el arco que une la Casa de la Villa con la Casa de Cisneros, hacia la ya casi inexistente calle de Madrid.

Bajo el solar de la desaparecida manzana situada entre las calles de Madrid, del Rollo, Sacramento y Duque de Nájera, por la que probablemente transcurría la muralla intermedia, en los inicios de los años 90 del pasado siglo se construyó un nuevo aparcamiento. Actualmente es una árida plaza conocida como la plaza del Rollo.

Durante las excavaciones arqueológicas correspondientes se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación árabe en la zona: cerámicas (ollas, cazuelas, candiles…), y, lo que es más importante, restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI.

Seguimos nuestro camino por la calle del Rollo, que conserva el antiguo trazado árabe en su segundo tramo, lleno de encanto. Cuenta el profesor Montero Vallejo que no hay duda del origen de su nombre pues él mismo localizó un documento de 1481 en que “se manda al mayordomo Sancho de Cuenca que haga de cal y canto  la picota en la plaza de San Salvador”, hoy Plaza de la Villa. La presencia de un rollo o picota en la plaza de San Salvador -normalmente situados en las afueras-, podría significar que allí se encontraba el límite del recinto amurallado.

El rollo era símbolo de justicia y mercado y se solía colocar en una plaza muy importante o en las afueras, donde comenzaba la jurisdicción interna de los lugares.

En el nº 8, en el moderno bar Korgui, el muro de la planta baja junto al subsuelo de la empinada calle del Rollo, en gran parte es un precioso lienzo de pedernal que sigue la dirección de la supuesta muralla intermedia.

Enfrente, en el nº 7, aparecieron importantes vestigios del siglo XI, nuevas huellas de la vida islámica que existió en la zona.

Llegando al Barranco y al Arroyo de San Pedro, hoy calle de Segovia, la muralla debía dirigirse hacia la plaza de la Cruz Verde para volver a subir por el abrupto terreno de la ladera.

En la calle Segovia nº 16, en uno de los edificios más antiguos de Madrid se esconde otro sorprendente muro.

En el bar El Lagarto, en la pared trasera, cuya ventanita se encuentra casi frente a la entrada al otro bar que acabamos de visitar con restos de posible muralla, perviven otros restos de un rotundo muro de sílex, esta vez cubierto de algún barniz o pintura.

Desde la plaza de la Cruz Verde la muralla debía subir por la calle de la Villa, que también muestra un curioso trazado adaptado al terreno y al probable muro.

Se cree que la segunda muralla árabe finalizaba su recorrido en la zona oriental del Palacio de Uceda donde volvía a unirse con la muralla del primer recinto, procedente de la calle del Factor, donde comenzó nuestro paseo.

Si al parecer se conservan las huellas de la primera muralla árabe en su interior, ¿quedará algún rastro de la segunda?. Como dijo nuestro admirado Manuel Montero Vallejo al final de su escrito, ojalá algún día aparezcan “pruebas indiscutibles de este recinto árabe, aún misterioso, pero que cada vez apunta con más fuerza. No son escasos los indicios que permiten afirmar su presencia”.

Por : Mercedes Gómez

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Fuentes:

Manuel Montero Vallejo. El Madrid Medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.

Daniel Pérez Vicente. Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico. En Testimonios del Madrid Medieval. El Madrid musulmán. Museo de San Isidro Madrid 2004.

Se acerca el 15 de mayo, día de San Isidro, patrón de Madrid, que como siempre nos propone festejos diversos, la visita a la Ermita, la merienda en La Pradera, el baile en las Vistillas… y, cumpliendo con mi tradición particular, la visita a la Casa-Museo del Santo, hoy llamado Museo de los Orígenes.

Como tal vez recordéis, a primeros de año el museo reabrió parte de la Colección Permanente, cerrada por obras de remodelación durante un largo tiempo. La visita por entonces nos deparó la sorpresa de encontrar Los sepulcros de Beatriz Galindo “La Latina” y Francisco Ramírez “El Artillero. Seguramente habrá finalizado su restauración, hay que ir sin falta a admirarlos de cerca. Además, la visita ofrece otros nuevos alicientes.

El Almacén, lleno de valiosos elementos que explican la evolución de la Comunidad madrileña desde la Prehistoria, vuelve a ser visitable. Da gusto recorrerlo y entretenerse con tantos detalles… Aunque por otra parte echamos de menos algunos de los poquitos restos arqueológicos de la ciudad aparecidos los últimos años, en la plaza de Ramales, obras de soterramiento de la M-30, etc. Sería deseable que las escasísimas huellas del pasado de Madrid se pudieran contemplar reunidas en su propio museo, nuestro museo, este Museo de los Orígenes.

Aquí se exponen hallazgos paleontológicos que muestran la fauna prehistórica que habitaba las terrazas de los ríos, y tesoros arqueológicos que nos cuentan nuestra evolución. Millones de años de la vida en el valle del Manzanares y en las riberas del Jarama resumidos en unas cuantas vitrinas y carteles explicativos.

Los mastodontes y tortugas gigantes del Terciario madrileño, restos de los poblados del Neolítico de cabañas construidas con ramas y barro, la cerámica de la Edad del Bronce…

… hasta la época romana, la medieval… huellas de toda la historia madrileña y la vida que transcurría junto a los cursos de agua.

Siempre que contemplo estos objetos no puedo dejar de pensar que son muy importantes porque hace cientos de años, en algún lugar, fueron utilizados por personas que vivían en sencillas casas o cabañas, para comer, beber, o conservar sus alimentos. Son el recuerdo de la vida cotidiana de nuestros antepasados.

También se ha recuperado el  Jardín Arqueobotánico, una selección de árboles y plantas en el corazón del Madrid medieval, entre la Iglesia de San Andrés y la Capilla del Obispo, una idea preciosa y un lugar encantador.

Hiedra, salvia, el majuelo, cuyo jarabe elaborado a partir de sus frutos en la Edad Media era considerado un buen remedio contra el envejecimiento, el olivo y el madroño por supuesto, la presencia de ambos ya está documentada en el Mayrit musulmán, el romero… y otros árboles y arbustos cuya hojas, frutos o madera eran utilizados para diversos usos, medicinales, ornamentales y como combustible. Más datos que nos permiten viajar al pasado con la imaginación.

Y finalmente, no puede faltar, la visita al bello Patio renacentista donde beberemos un vasito de agua de la fuente, como todos los años, aunque no sea agua del Pozo sino agua normal “del grifo”, del Canal de Isabel II, y creamos poco en los milagros.

Feliz San Isidro a todos.

por Mercedes Gómez

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Museo de los Orígenes. Casa de San Isidro.
Plaza de San Andrés, 2.

El emir Muhammad I fundó Mayrit, una pequeña ciudad amurallada, hacia el año 865, en un lugar privilegiado, rodeado de defensas naturales, el Arroyo de Leganitos, el Arroyo de las Fuentes de San Pedro y el Río luego llamado Manzanares. Probablemente por entonces ya vivían en la zona algunos grupos de población musulmana pero fue en la segunda mitad del siglo IX cuando los árabes se establecieron de forma organizada, primero con un objetivo meramente militar. Con el tiempo los mayritíes desarrollaron una rica vida cultural y científica, como demuestran, además de las fuentes escritas, los objetos de su vida cotidiana encontrados en las excavaciones de la Plaza de Oriente y de la Cuesta de la Vega que podemos contemplar en el Museo de los Orígenes.

De aquel primer recinto rodeado por una recia muralla perviven escasos restos y muchas incógnitas, pero también algunas certezas. A pesar de la polémica, de la que ya hemos hablado aquí varias veces, creada por la arqueóloga directora de las excavaciones llevadas a cabo durante las obras de construcción del Museo de Colecciones Reales E. Andreu -que afirma que Madrid no nació en época árabe sino más tarde, en el siglo XII, bajo el dominio de los reyes cristianos-, hay documentos antiguos que se refieren a la medina de Mayrit. Hay discusiones que parecen estériles. El empeño en afirmar que no existen fuentes escritas de época musulmana resulta incomprensible. Recordemos, tal como nos cuenta José Luis Garrot, que el Mayrit musulmán aparece en los escritos desde tiempos muy antiguos, siendo la primera fuente que lo menciona La description de l’Espagne, escrita en el siglo X por Ahmad al Razi.

La mayoría de investigadores están de acuerdo en que el Madrid islámico estaba formado por dos recintos, el primero, de unas cuatro hectáreas, con la forma de un cuadrilátero irregular, acogía la medina o recinto urbano.

Plano de “Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles. (La línea más oscura representa los restos visibles, la gris los constatados, y la más clara los restos hipotéticos)

El segundo recinto, hipotético, era otro espacio fortificado donde se encontraba la residencia del Gobernador. Probablemente se hallaba en el lugar donde hoy se levanta el Palacio Real aunque algunos autores dicen que pudo estar donde hoy se encuentra la Catedral de la Almudena.

Respecto a lo anterior, antes de comenzar nuestro recorrido recordemos que al norte de este primer recinto, en la actual Plaza de Oriente se conservan escasas pero importantes huellas de la presencia árabe:

Parte de un muro del albacar del siglo X,

Albacar siglo X (en “Nacimiento y evolución del Madrid medieval” de A.Malalana)

una atalaya del siglo XI…

Atalaya siglo XI en el aparcamiento bajo la plaza de Oriente.

… y, muy cerca del Palacio Real, un mágico pasadizo con muros de pedernal, que pensamos podría pertenecer a la antigua fortificación musulmana.

Pasadizo junto al Palacio Real (localización: Pedro Jareño)

Recordando todos estos tesoros, desde los Altos del Rebeque, punto más alto de la muralla y de nuestra cita, contemplamos la espectacular vista de Mayrit.

Este primer recinto, antigua al-mudayna o almudena, tenía tres puertas, la de la Sagra, la de la Almudena y la de la Vega.

De la Puerta de la Sagra, que estaba situada entre la actual plaza de la Almudena y los Altos del Rebeque, aún no hay pruebas materiales de su existencia, que quizá permanecen escondidas bajo la calle de Bailén y esperamos que algún día salgan a la luz.

Tomamos la calle del Factor, caminando extramuros, pensando que allí, bajo el césped del jardín probablemente se esconde la muralla, tratando de evocar una vez más el paisaje de aquel tiempo, boscoso, abrupto y surcado por cursos de agua.

Como ya comentamos durante nuestro paseo por esta calle del Factor, en 2005, en el solar del nº 3 se realizaron las correspondientes prospecciones arqueológicas. Se localizaron restos de construcciones pertenecientes al siglo XVII levantadas junto a la muralla.

Calle del Factor nº 3 (2005).

Sobre todo ello se construyó un nuevo edificio de viviendas.

A continuación, en el nº 1 de la calle, esquina Mayor 86, donde se encuentra el Palacio de Abrantes, actual sede del Instituto Italiano de Cultura, en uno de los muros de la Biblioteca lucen los restos de sílex de la vieja muralla, que ya tuvimos ocasión de ver en el post anterior.

El muro discurre paralelo a la calle Mayor, perpendicular a la del Factor. El hecho de que en los planos de la Comunidad de Madrid que representan la muralla, en este lugar aparece dibujado uno de los cubos como elemento constatado, nos lleva a preguntarnos si los alrededor de cinco metros que actualmente podemos contemplar corresponden a dicho cubo, más la anchura de la muralla.

Continuando nuestro paseo llegamos a la calle Mayor donde se hallaba el Arco de la Almudena, luego llamado de Santa María.

Hace pocos años, durante un tiempo se mantuvo un cierto debate sobre el lugar de la calle del Factor por dónde transcurría la muralla, la acera de los pares, o como finalmente se constató, la de los impares. Las dudas estaban provocadas por la existencia de muros y cuevas de pedernal en los edificios de los primeros números pares, que podrían pertenecer a la propia muralla o acaso fueran construcciones posteriores realizadas con la piedra de la antigua cerca reutilizada.

En el número 8, en el sótano, existe un pasadizo perpendicular a la calle y por tanto a la muralla, con bóveda de ladrillo y muros de piedra que ¿podría tratarse de una salida de la cercana fortaleza?.

Factor nº 8 (2005)

Cruzamos la calle Mayor, bajo la cual acaso permanezcan escondidos vestigios de la Puerta de la Almudena…

La muralla continuaba hacia el lugar donde desde el siglo XVII se levanta el Palacio de Uceda, hoy sede de Capitanía General, en cuyo interior también deben existir huellas del primer recinto. Desde allí se dirigía hacia el oeste.

Rodeando el Palacio de Uceda nos acercamos al Viaducto cuyo arco situado más al norte traspasamos.

Así, llegamos al aparcamiento del edificio cuya fachada principal da a la calle de Bailén nº 12, construido en 1959 sobre la muralla, tras destruir varios metros del largo lienzo descubierto pocos años antes. Resulta asombroso comprobar que allí debajo, tras la reja de la propiedad privada, pervive parte del monumento más antiguo de Madrid, incluyendo una de las torres.

Un muro de ladrillo separa el aparcamiento exterior de las viviendas del parque dedicado al fundador de Madrid, Muhammad I, al que nos dirigimos bajando por la Cuesta de Ramón, contemplando la belleza de la calle Segovia, por donde antiguamente discurría el Arroyo de las Fuentes de San Pedro.

El parque ha sido recientemente remodelado, adornado con una fuente de estilo andalusí, plantas y árboles. La lápida que recordaba al emir fundador de Madrid ha desaparecido.

Aquí, junto a la Cuesta de la Vega, frente a la Catedral de la Almudena, se halla el lienzo más largo conservado, descubierto y defendido en 1953 por Jaime Oliver Asín y Leopoldo Torres Balbás, que lograron salvar una gran parte del hallazgo. El día 2 de diciembre de ese año el diario ABC publicó la noticia de la carta enviada por ambos al periódico.

ABC 2 dic 1953

En la década de los 70, tras la demolición del Palacio de Castro Serna, perteneciente a la duquesa de Benavente, la muralla fue restaurada y se creó el parque. Los restos de las viviendas aparecidas (de los siglos XVII a XIX) se conservaron. En la reciente remodelación del parque han sido tapadas.

Son aproximadamente 120 metros de muro de pedernal, muros de fuego, en su parte inferior y piedra caliza blanca en la parte superior, jalonados por varias torres macizas cuadradas, características de la arquitectura militar islámica. Su anchura aproximada es de 2,60 m.

En la confluencia de la calle Mayor con la Cuesta de la Vega se abría la Puerta de la Vega, la más importante. Se conserva parte de la torre derecha -vista desde el exterior-. Probablemente bajo la calle Mayor se encuentren los restos de la torre de la izquierda y de la Puerta, quizá algún día los encontremos…

Una segunda torre está casi totalmente desaparecida. El lienzo conserva en gran parte otras tres torres. Desde allí la muralla se dirigía hacia el norte, bordeando la Cornisa de Madrid.

Desaparecido su rastro bajo la Catedral, durante las obras de construcción del futuro Museo de Colecciones Reales aparecieron importantes restos arqueológicos, entre ellos la muralla correspondiente al extremo noroeste que ahora se encuentra oculta en las salas del Museo cuyas obras tuvimos oportunidad de visitar el pasado mes de octubre en la Semana de la Arquitectura.

El edificio que se está construyendo junto al Palacio Real, en plena Cornisa madrileña, para albergar el Museo de Colecciones Reales es uno de los más polémicos de los últimos tiempos. Desgraciadamente se ha perdido la gran oportunidad de crear el verdadero Museo de Historia de Madrid, el mejor, pues en estos terrenos se encuentra el origen de nuestra ciudad, y su evolución. Un museo que nos hubiera permitido transitar por la historia de la Villa y Corte, el primer Mayrit cercado por la muralla árabe, las calles medievales, costumbres sociales, alimentación, ritos, su desarrollo a lo largo de los siglos… en las diferentes épocas, desde antes de la llegada de los musulmanes hasta nuestros días. Hubiera sido maravilloso. Un sueño que parece nunca llegará a cumplirse.

En cualquier caso, la visita, guiada por Emilio Tuñón, uno de los arquitectos autores del edificio, es muy emocionante e interesante.

Los tramos de muralla hallados miden en total unos 70 metros. Su construcción es similar al lienzo de la Cuesta de la Vega, de sílex y caliza, igualmente trabados con argamasa de cal, con un espesor de 3,20 metros. También han aparecido varios cubos de planta cuadrangular.

Los restos arqueológicos serán musealizados en dos salas ubicadas en la planta que será dedicada a los Tapices.

Entrada a la sala donde se hallan restos de la muralla.

Durante nuestra visita al futuro Museo solo podemos adivinar los hallazgos y fantasear sobre la vieja fortaleza, ya que se encuentran cubiertos por plásticos y andamios. El lienzo de muralla en su parte más alta conservada mide unos 8 metros.

A pesar de todo, podemos apreciar bastante bien los restos de una de las torres.

Junto a los vestigios de la muralla árabe se observan restos de construcciones posteriores.

Desde la cúpula de la Catedral, antes de que todos ellos fueran cubiertos por el cemento, se podían distinguir perfectamente.

Obras Plaza de la Almudena (2007)

Ahora resulta difícil imaginar el resultado de lo que podremos ver cuando el museo sea abierto al público, pero lamentablemente una vez más sospechamos que sólo vamos a poder disfrutar de una parte de los importantísimos hallazgos.

Nuestro paseo termina en la plaza entre el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, frente a los Altos del Rebeque, donde comenzó, con la alegría de haber rememorado una parte muy importante de nuestra historia, nuestros orígenes.

por Mercedes Gómez, con la ayuda de Churri y Pedro Jareño.

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Bibliografía:

E. Andreu. El Madrid Medieval. Cæsaraugusta, 78. 2007, pp.: 687-698
J.L. Garrot. Recuerdos de Mayrit, En el tránsito de la Edad Media a la Moderna, Madrid 2008, pp. 83-103.
F.J. Marín Perellón y J. Ortega. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006.
Christine Mazzoli-Guintard. Madrid, pequeña ciudad de Al-Andalus (siglos IX al XXI). Ed. Almudayna. Madrid 2011.
VVAA. Las murallas de Madrid. Ed. Doce Calles. Comunidad de Madrid 2003.
VVAA. Plaza de Oriente. Arqueología y evolución urbana. Ayuntamiento de Madrid 1998.

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Otros artículos:

Origen de Madrid. Obras Museo de Colecciones Reales.
Origen de Madrid. Mayrit, fundación musulmana.
Origen islámico de la pequeña Villa de Madrid.

El pasado domingo 15 de abril un pequeño grupo de amigos disfrutamos de un paseo muy bonito. Estábamos citados, con mucha ilusión, en los Altos del Rebeque, desde donde se puede contemplar el lugar donde se hallaba el antiguo Mayrit, la pequeña ciudad fortificada que fundaron los árabes, origen de Madrid. Nuestro propósito era ir en busca de la muralla islámica.

Dentro de poco espero poder contaros cómo fue nuestro recorrido con detalle, hoy de momento os dejo un breve avance, también a modo de saludo ya que los últimos días he tenido muy poquito tiempo para escribir aquí, o poder meter baza en vuestros blogs, y os echo de menos.

La mayor parte de la muralla ha desaparecido, o permanece oculta en el subsuelo, son escasos los vestigios constatados. El lienzo de la Cuesta de la Vega es el más conocido pero no el único. Durante las obras de construcción del Museo de Colecciones Reales ha salido a la luz un nuevo e importante tramo. Finalmente, algún edificio esconde los restos de la antiquísima muralla…

Durante nuestro paseo disfrutamos reconstruyendo el camino que seguían los muros construidos en el siglo IX, y entre todos fuimos recordando y descubriendo las huellas de nuestro pasado. Churri, intrépido reportero, es el autor de la foto de uno de los restos más desconocidos, los que se encuentran en el Palacio de Abrantes, actual Instituto de Cultura Italiana, en la calle Mayor, esquina calle del Factor nº 1.

Continuará…

por Mercedes Gómez

Hoy tengo el placer de recomendaros un nuevo y prometedor blog.

José Luis Garrot, amigo de esta casa, a quien tuvimos la suerte de conocer hace unos meses durante las XV Jornadas de Historia Medieval de la Asociación Cultural Almudayna, y escucharle hablar sobre la Fundación musulmana de Madrid y sus evidencias materiales, se ha decidido a participar en este especial mundo de internet, y compartir sus trabajos con todos nosotros.

Como sabéis, es un gran especialista en Historia Medieval, y colabora en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid.

Su blog se titula España y su Historia, y como él mismo explica, incluirá artículos de todas las épocas, con especial énfasis en Al-Andalus y la Guerra Civil.

El primer artículo no podría ser más sugerente, para todos los interesados en la historia del origen de Madrid y de la historia en general. Trata un tema apasionante para muchos de nosotros, y de gran actualidad.

Nos cuenta José Luis de forma rigurosa pero muy amena, todo lo que es posible saber sobre Mayrit, el Madrid islámico, gracias a los escritos árabes, cómo veían las fuentes árabes a Mayrit, qué contaron los cronistas, geógrafos, biógrafos… que escribieron sobre Mayrit desde el siglo X al XV.

El texto corresponde a su ponencia expuesta en 2010, durante las XIV Jornadas de Historia Medieval, Mayrit: un paisaje urbano andalusí. El libro que recoge dichas Jornadas y que incluye este artículo acaba de ser publicado.

Podéis leerlo completo en su recién estrenado blog, aquí: Cómo veían las fuentes árabes a Mayrit.

No os lo perdáis, no tiene desperdicio. La fundación de Mayrit por el emir Muhammad I, su función militar, pero también su carácter de madina, ciudad notable desde el comienzo y la importancia que pudo llegar a tener, su ambiente cultural, personajes, y algunas curiosidades de la vida mayrití… la existencia de un comercio de cerámica casera de cierta relevancia, su importante red de alcantarillado, no habitual en ciudades pequeñas, etc.

Valioso y bonito relato, con interesantes conclusiones. Espero que lo disfrutéis.

Gracias, José Luis, enhorabuena y ¡bienvenido a la blogosfera!.

Mercedes

….

Tras varios artículos dedicados al origen de Madrid y a nuestro pasado musulmán, hoy os invito a visitar el Museo de los Orígenes, antiguo Museo de San Isidro, con el fin de conocer qué nos cuenta sobre este tema el museo dedicado a la historia más remota de nuestra ciudad.

Aunque la exposición permanente está cerrada desde hace tiempo por “obras de adaptación y mejora del museo”, una pequeña muestra titulada Orígenes de Madrid, nos ofrece una selección de piezas desde la Prehistoria hasta la época moderna, sin duda de gran interés.

En lo que se refiere al Madrid islámico, junto a una gran fotografía de la muralla árabe en la Cuesta de la Vega, un texto titulado “La medina Mayrit” dice:

“El primitivo asentamiento islámico ocupó un espacio de reducidas dimensiones en torno al actual barrio de Palacio. Sus murallas, con torres cuadradas, y construidas con sillares de pedernal defendían un abigarrado caserío en el que destacarían el castillo y la mezquita. Este recinto se denominaría en época cristiana Almudena o ciudadela.

Las excavaciones arqueológicas han permitido recuperar importantes vestigios pertenecientes a la muralla primitiva, así como restos materiales de sus pobladores. Mayoritariamente son utensilios cerámicos empleados en usos domésticos: la cocina, el servicio de mesa o la iluminación.”

Las piezas expuestas pertenecientes al Madrid islámico, datadas entre los siglos IX al XI, proceden de las excavaciones realizadas en la Cuesta de la Vega y en la Plaza de Oriente.

Una primera vitrina guarda cuatro piezas de cerámica. Un Jarro procedente de las excavaciones de la Cuesta de la Vega. Los otros tres objetos muestran decoración pintada. Un Candil, también hallado junto a la muralla, y una Olla y una Cantimplora encontradas durante las obras para la construcción del aparcamiento bajo la Plaza de Oriente.

Otra vitrina guarda, además de nuevos útiles domésticos (una botella, un tazón, dos ataifores o fuentes…) algunos objetos muy interesantes que revelan una vida cultural, más allá de la actividad militar, como un Peón de ajedrez y unas Paletas quirúrgicas, ambas de la Cuesta de la Vega.

ocho piezas

Todas las piezas son de cerámica realizada a torno. En esta segunda vitrina, junto a las decoraciones pintadas hay algunas vidriadas.

Un panel dedicado al desarrollo cultural y científico en el Madrid islámico nos cuenta que los musulmanes “introdujeron nuevas técnicas cerámicas como el vidriado, los esmaltes y la cuerda seca”, que proporcionan a sus piezas un acabado altamente decorativo.

fuentes y cantaro

Hacen referencia al “alto grado de progreso cultural y científico alcanzado en este momento” que demuestra el hallazgo de diversos objetos a los que nos referíamos más arriba, como los útiles quirúrgicos o las figuras de ajedrez.

También hay una referencia a los objetos decorados con inscripciones en escritura cúfica, o antigua caligrafía árabe,  que en gran mayoría son alusiones a Alá, pero a veces los alfabetos escritos sobre huesos, del que aquí se expone un ejemplo, podrían revelar una función mágica de protección del grano almacenado para alimento de la población.

En la penumbra de la sala, la contemplación de estos objetos la mayoría domésticos, que formaron parte de la vida cotidiana de los antiguos madrileños, los mayrities, hace tanto tiempo, entre diez y doce siglos, por un momento me resulta conmovedora. Los cacharros que utilizaban para guardar y tomar sus alimentos, de una cerámica tan buena que se hizo famosa, las inscripciones del alfabeto que tal vez utilizaron en la enseñanza, saber que jugaban al ajedrez, los instrumentos de sus médicos… tantas cosas sencillas que nos ayudan a imaginar cómo sería su vida en aquellos tiempos tan lejanos, y a la vez tan sugerentes, aquellos años en que nacía Madrid.

por Mercedes Gómez

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Museo de los Orígenes
Plaza de San Andrés, 2


Allá donde en el siglo IX los musulmanes fundaron Mayrit, en lo alto de una colina frente al río, entre los arroyos de las Fuentes de San Pedro y de Leganitos, hoy día se encuentran la Catedral de la Almudena, el Palacio Real y la Plaza de Oriente. Debajo, a muchos metros de profundidad, se esconde la historia del origen de Madrid.

Hoy Pedro y yo os invitamos a un nuevo y para nosotros emocionante viaje al pasado, al tiempo y al lugar en que los árabes construyeron su castillo y su muralla. Los mayritíes se fueron instalando en los alrededores, y allí vivieron hasta la conquista cristiana en el siglo XI.

A pesar de que lamentablemente la mayor parte de los hallazgos fueron destruidos, las obras realizadas en los años 90 para la construcción de un aparcamiento subterráneo en la Plaza de Oriente, y actualmente las del Museo de Colecciones Reales, han ido poco a poco desvelando secretos y dando a conocer cómo era Madrid en aquellos tiempos lejanos y su evolución como ciudad.

Se conoce bastante bien el recorrido de las murallas madrileñas -de las que se conservan valiosos restos-, tanto de la musulmana del siglo IX como la cristiana del siglo XII, sin embargo existen aún muchas incógnitas, sobre todo en la zona donde hoy día se levanta el Palacio Real y en una gran parte de la Plaza de Oriente, nunca excavada.

Bajo el Palacio Real pudo existir un reducto fortificado, posible residencia del Gobernador de Mayrit, sobre el cual los cristianos acaso levantaron su primer Alcázar, precedente del Alcázar de los Austrias incendiado en 1734.

Otro enigma es el camino que siguió la muralla cristiana desde la plazuela de los Caños del Peral -plaza de Isabel II-, donde discurría paralela al Arroyo del Arenal, hasta unirse al Alcázar.

Por entonces el paisaje era muy distinto al actual. Como todo el entorno, el terreno era un escarpado bosque surcado por barrancos y cursos de agua. El arroyo más importante era el del Arenal, pero no el único, la actual Plaza de Oriente de norte a sur estaba dividida por el Arroyo de la Parra. Encinas, pinos, cerezos, nogales, madroños… una vegetación muy rica, con un clima más frío y húmedo que el actual. Semillas de vid, melón, zarzamora…

La zona situada más al norte correspondía al barranco y al Arroyo del Arenal, que provenía de la plazuela de los Caños del Peral y, rodeando el cerro del alcázar, se dirigía a desembocar en el Arroyo de Leganitos –bajo la actual Cuesta de San Vicente-.

En la plaza, frente al Teatro Real, fueron hallados los restos de una Atalaya islámica del siglo XI, que se conservan y pueden visitarse en la primera planta del aparcamiento. Se trata de una torre de vigilancia que probablemente, al igual que otros elementos de fortificaciones musulmanas, fueron luego utilizados por los cristianos. Resulta difícil pensar que esa torre fue el único elemento defensivo construido en la zona. La atalaya está situada junto al barranco, y los arqueólogos no descartan que existiera alguna otra. El cimiento de la torre nos muestra el nivel del suelo medieval.

Muy cerca del Palacio también fueron localizados los restos de un sólido muro -no conservado- de la segunda mitad del siglo X que podía pertenecer a un Albacar, o recinto anejo a la fortificación de la ciudad, probable ampliación del primer recinto árabe hacia el norte, que entre otras funciones pudo tener la de servir de refugio a la población en caso de ataque.

Gracias a los hallazgos arqueológicos sabemos que durante el período islámico en aquellos abruptos terrenos además de vida militar hubo actividad agrícola, cultural y artesanal. Una atalaya, restos de una fortificación …. Y huertos, pozos de agua, basureros, hornos… Se hallaron candiles, cuencos, cazuelas y otros utensilios domésticos.

Pero el antiguo cauce del Arroyo del Arenal, bajo la plaza y los terrenos al norte del Palacio, aún esconde muchos misterios y tesoros.

En el camino que seguían el barranco y el arroyo, en su misma dirección, a casi treinta metros de profundidad, en las proximidades del Palacio Real, existe un maravilloso pasadizo que nos traslada a tiempos pasados y hace volar nuestra imaginación.

Resguardado entre dos colectores, mide unos veinte metros de largo por uno veinte de ancho. Llama la atención su altura, aproximadamente cinco metros hasta la clave del techo, mucho para un mero pasadizo. Quizá es otra fantasía, pero se nos ocurre que en caso de necesidad podría haberse recorrido a caballo.

Los muros están construidos en su mayor parte con duro y brillante pedernal, apenas algunos trozos de piedra caliza.

Otro detalle singular es la existencia de varias hileras de adobe, antiquísimo material de construcción.

La bóveda del techo también es de adobe.

Por su interior hoy día sin uso, solo fluye un pequeño hilo de agua, probablemente debido a las filtraciones del terreno. El suelo de piedra está muy desgastado por la erosión del agua y el tiempo.

Su proximidad a Palacio y su situación junto al antiguo cauce del Arenal, al oeste de la atalaya islámica, nos hace pensar que el pasadizo pudo formar parte de una antigua muralla o fortificación, conservado a lo largo de los siglos, uno de los muchos caminos subterráneos que al parecer llegaban hasta el Alcázar y más tarde al Palacio Real.

Al final del tramo se halla una reja antigua, que para nosotros simboliza el gran y desconocido mundo que se esconde en el subsuelo y que nos transporta al Madrid más remoto.

Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez

Localización : Pedro Jareño

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Bibliografía:

VVAA. Plaza de Oriente. Arqueología y evolución urbana. Ayuntamiento de Madrid 1998.

Como sabéis, ayer tuvieron lugar en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, las XV Jornadas de Historia Medieval de la Asociación Cultural Almudayna, bajo el título de Cultura material en las Tierras de Madrid en la Edad Media. Merece la pena conocer su trabajo, serio, riguroso y apasionante.

Abrió las Jornadas su directora, Cristina Segura, catedrática de Historia Medieval, y conocida gran especialista, que comenzó recordando la reciente presentación del libro de Christine Mazzoli-Guintard titulado Madrid, pequeña ciudad de Al-Andalus (siglos IX al XXI), editado por Almudayna, ya que la edición de libros de temática medieval es otra de las magníficas actividades que realiza esta asociación.

Dijo Cristina Segura que este libro es lo más sólido publicado hasta ahora sobre el origen islámico de Madrid. Otro libro de reciente publicación trata sobre el Agua en el origen de Madrid, de Eduardo Jiménez, por cierto otro de los temas favoritos en este blog.

Antes de dar paso al primer ponente, añadió algo muy bonito, les dijo que no sabía si eran conscientes de que están construyendo la Historia del Madrid Medieval.

Después de un año de investigación entre legajos en los Archivos, y mucho trabajo, allí nos hablaron de todo lo relacionado con la “cultura material” en la Edad Media madrileña, objetos, elementos, construcciones… La importancia de las fuentes y las construcciones hidraúlicas y la vida a su alrededor, el primer reloj mecánico instalado en la iglesia de San Salvador, los festejos y el ocio, datos en torno a los precios y salarios, los primeros archivos y su importancia tanto material como simbólica, los caminos, los horarios de trabajo, … a lo largo del día irían explicando detalles que nos permiten conocer cómo era la vida en Madrid entonces.

Tras la primera intervención, precisamente de Christine Mazzoli, ya en el debate surgieron comentarios relativos a Mayrit, el Madrid islámico, como la existencia de un Cadí -Juez- y de un Gobernador -cargo equiparable a los futuros Corregidores o Alcaldes- encargado de cobrar los impuestos, figuras necesarias en una sociedad civil, ¿qué sentido tendrían en un asentamiento estrictamente militar?.

A continuación José Luis Garrot amplió el contenido de su ponencia que ya conocíamos, Mayrit, fundación musulmana. Evidencias materiales.

Comenzó comentando las contradictorias manifestaciones de la arqueóloga Esther Andréu, quien en 2007 pensaba que las casas halladas durante las excavaciones que ella dirige en la Plaza de la Armería eran árabes, como explicaba ella misma en su artículo El Madrid Medieval, para después opinar que databan del siglo XII, y afirmar que por tanto Madrid no nació hasta entonces. Sin embargo la arqueóloga luego en la revista La Ilustración de Madrid habló de que Madrid pudo ser un villorio visigodo debido al hallazgo de un esqueleto al parecer del siglo VIII.

Luego José L. Garrot nos recordó que en dichas excavaciones realizadas durante la construcción del Museo de Colecciones Reales, como contaba la misma arqueóloga en el famoso reportaje de El País, que se han encontrado cerámicas con inscripción y decoración árabe así como huellas judías.

Después nos mostró ejemplos de restos hallados en diferentes trabajos arqueológicos, como los materiales obtenidos previos a la reconstrucción de la Casa de San Isidro, actual Museo de los Orígenes, las excavaciones en la Cuesta de la Vega, etc. donde se hallaron cerámicas de cocina más propias de una vida civil que meramente militar.

Muralla árabe en la Cuesta de la Vega, nuestro monumento más antiguo.

Hasta ahora, la arqueología ha puesto de manifiesto la existencia de población durante los siglos IX al XI en varios barrios de Madrid (las Vistillas, zona calle Sacramento y Mayor,  la Cava Baja-Almendro, proximidades a la calle de Santiago, Espejo, etc.). También nos habló del Viaje de Agua hallado en la Plaza de los Carros, la Necrópolis de la calle de Toledo… Un vez más hizo referencia a los personajes madrileños que en esa época tuvieron actividad cultural o científica. En definitiva, testimonios de la existencia de población civil árabe.

Otro aspecto muy interesante comentado fue que los mudéjares, o musulmanes que siguieron viviendo en Madrid tras la conquista cristiana, continuaron aquí hasta el siglo XV. Parece claro que si se hubiera tratado únicamente de militares todos habrían abandonado la fortaleza.

En fin, el autor, Doctor en Estudios Árabes e Islámicos, hizo un recorrido por todas las pruebas materiales y documentales que considera avalan el origen islámico de Madrid, en el siglo IX.

Durante el debate alguien preguntó acerca del esqueleto hallado bajo una de las casas, perteneciente a un hombre visigodo (siglo VIII), “¿por qué sabemos que es visigodo?”, introduciendo otro tema importantísimo.

Según E.Andréu, se sabe por las pruebas realizadas mediante carbono 14.

José Luis Garrot nos aclaró que el carbono 14 es fiable para hallazgos mucho más antiguos, cuanto más cercana es la fecha, menos fiable es la prueba. En su opinión, en este caso no se puede afirmar algo así de forma tan categórica. El esqueleto podría ser del siglo VIII, del IX… mediante el carbono 14 no se puede saber con exactitud.

Muchas gracias a todos los que intervinieron, que tras las conclusiones y posibles temas expuestos nuevamente por Cristina Segura, ya decidieron el tema sobre el que van a investigar el próximo curso, para las XVI Jornadas.

Gracias a todos por construir la Historia del Madrid Medieval.

por Mercedes Gómez

artedemadrid@gmail.com
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