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En el número 10 de la calle de Don Pedro, en pleno barrio de La Latina, se encuentra la flamante sede de la Real Academia de Ingeniería, instalada desde hace unos meses en el antiguo Palacio del Marqués de Villafranca, un lugar cargado de historia y lleno de tesoros, que he tenido la inmensa suerte de poder visitar el pasado mes de julio.

Doy gracias infinitas a las personas que integran esta Real Academia, que desde el primer momento se mostraron dispuestos a abrirme las puertas de su casa, especialmente a don Luis Alberto Petit, Director Gerente, que con gran amabilidad y buen humor me guió a través de las estancias del edificio mientas me contaba su historia y sus secretos. Hoy, si os apetece, os invito a conocerlo con calma, el paseo es largo, pero creo que merece la pena.

El Palacio, que ocupaba gran parte de la manzana, entre las calles de Don Pedro, Redondilla y Mancebos, fue construido en los comienzos del siglo XVII por orden de Don Pedro Álvarez de Toledo, Marqués de Villafranca, tras la adquisición de varias parcelas ubicadas en la calle antiguamente llamada de la Alcantarilla, próxima a la muralla que cercaba Madrid desde el siglo XII. Posteriormente la calle recibiría el nombre del propietario del gran palacio.

Vista de Madrid, Hoefnagel 1563 (detalle)

La muralla, en este tramo procedente de la Cuesta de la Vega hasta la Puerta de Moros, representada en la Vista de Madrid realizada por Hoefnagel que nos permite trasladarnos con la imaginación a la Edad Media madrileña, discurría entre las actuales calles de Don Pedro y la de los Mancebos, que en esos momentos era un simple y escarpado camino únicamente ocupado por algunas casitas que comenzaban a apoyarse en ella.

En la ronda exterior de la muralla estaba la mencionada Alcantarilla, que servía de foso. La zona era tan abrupta que estos tramos de muralla fueron los últimos en desaparecer, en el siglo XVII aún existían; en el plano de Texeira se aprecia perfectamente la construcción defensiva con sus torres entre las casas.

Texeira 1656

Al igual que en otras edificaciones, la muralla sirvió de muro maestro al Palacio del Marqués de Villafranca.

Debido a esto, y aunque parezca un milagro, en el interior aún se puede admirar el largo lienzo de la cerca medieval en el que se apoyó la construcción, un lienzo de unos 30 metros, siendo el más largo de los conservados en Madrid, con una altura media de 4,5 m., como veremos.

Como ya comprobamos durante nuestro paseo en busca de la muralla cristiana, pertenecientes al mismo tramo, también hay restos en el interior de un restaurante en la Plaza de los Carros, y en el exterior de la vivienda de la calle de los Mancebos nº 3.

Calle de los Mancebos nº 3

Desde el interior del jardincillo que hoy día la protege, podemos observar cómo la muralla se dirige hacia el interior del edificio contiguo, el antiguo Palacio de Villafranca, hoy sede de la Real Academia de Ingeniería, cuya entrada posterior está precisamente ahí, en el nº 5 de la calle, tras la cual se encuentra la continuación de la histórica cerca que por fin vamos a poder contemplar.

Calle de los Mancebos nº 5

Pero la entrada principal se encuentra en la calle de Don Pedro número 10, extramuros, cuya puerta traspasaremos dentro de unos minutos. Pero antes me gustaría recordar la historia del edificio y sus inquilinos.

Calle Don Pedro nº 10

La primera reforma del palacio tuvo lugar en 1662, siendo ya su propietario Fadrique Álvarez de Toledo. En esta época se estaban realizando cambios urbanísticos en la zona, proyectándose nuevas calles y tratando de embellecer el entorno a iniciativa del poderoso y rico Duque del Infantado que también tenía aquí su gran Casa Palacio, la que fuera de los Lasso, unida a la iglesia de San Andrés por un pasadizo elevado -también representado por Texeira en su plano-. Fue su sucesor Antonio Álvarez de Toledo, hasta su muerte en 1773.

Su hijo José Álvarez de Toledo heredó la posesión y ese mismo año acometió la segunda gran reforma de la casa. Dos años después José se casó con María Teresa Cayetana, la Duquesa de Alba retratada por Goya. El matrimonio vivió en este palacio hasta su traslado al Palacio de Buenavista en la calle de Alcalá. Durante esta época el palacio vivió momentos de esplendor y lujo.

El gran pintor Francisco de Goya no solo retrató a la famosa Duquesa sino que inmortalizó a varios miembros de la familia, personajes de la nobleza cercana a la familia real y amantes de la cultura y de las artes. En el Museo del Prado se pueden contemplar algunas de las valiosas obras legadas por los descendientes.

Don Alonso Álvarez de Toledo, Conde de Niebla, en abril de 1926 donó tres retratos obra de Francisco de Goya.

El de José Álvarez de Toledo XI Marqués de Villafranca y Duque de Alba, quien entre otras cosas fue Músico, realizado en 1795. Hacia ese mismo año, Goya pintó a la Viuda de Villafranca, viuda de Antonio Álvarez de Toledo en 1773, X Marqués de Villafranca, y madre de José. Y en 1804 Goya pinto a Tomasa Palafox, marquesa de Villafranca –casada con Francisco de Borja Álvarez de Toledo, XII Marqués de Villafranca-. Doña Tomasa, que a su vez era pintora, llegó a ser Académica de Bellas Artes, y fue una mujer muy culta.

Entre 1777 y 1802 hubo nuevas obras en el edificio, se cree que quizá en este momento fue cuando se colocaron las dos portadas neoclásicas que hoy día adornan la fachada de los números 8 y 10 de la calle.

Manzana 126. Plano del General I. de Ibero h. 1875.

En el último cuarto del siglo XIX la propiedad pasó a manos de la familia Pérez-Seoane y Roca de Togores, Condes de Velle y luego Duques de Pinohermoso, de cuya época data gran parte de la decoración actual del palacio, en la que participó Arturo Mélida, arquitecto, escultor y pintor madrileño que trabajó en varios palacetes.

El palacio pasó a ser conocido como Palacio de Pinohermoso. La duquesa fue famosa por las reuniones que organizaba en su casa recibiendo a los literatos y artistas de la época, de la misma forma que lo habían hecho sus antepasados.

Pero los tiempos y la situación económica de la aristocracia fueron cambiando, poco a poco la propiedad se fue parcelando. En 1876 el Conde de Velle vendió la parte que correspondía al jardín y algún edificio accesorio, a la Compañía de las Hijas de la Caridad , que crearon el Colegio Sagrado Corazón. Reedificado en los comienzos del siglo XX en estilo neomudéjar continúa existiendo, en el actual nº 14 de la calle.

En 1946 habitaba el palacio otra Roca de Togores, descendiente de los propietarios anteriores, la Condesa viuda de Riudoms, igualmente amante del arte y de las letras.

Tras su venta, el Palacio se convirtió en el Restaurante La Puerta de Moros, inaugurado el 1 de noviembre de 1962. Los nobles salones fueron convertidos en comedores, según cuentan unos de los más lujosos del Madrid en aquella época, frecuentado por la élite política y social.

Después, a finales de los años 80, fue ocupado por un organismo público, la Agencia Estatal del Aceite de Oliva, hasta 2004 en que se trasladó a otro lugar.

Al año siguiente Patrimonio del Estado, dueño del inmueble, cedió el Palacio a la Real Academia de Ingeniería, a cambio de que ésta se encargara de su rehabilitación y restauración, en las que han empleado más de tres millones de euros -seiscientos millones de pesetas-.

La función más importante de esta Real Academia es “promover los trabajos y estudios que reflejen los avances científicos en el área de las ingenierías, sus aplicaciones tecnológicas y sus técnicas operativas”, la cual desempeñan en un marco incomparable.

Por fin, cruzamos el bonito zaguán por el que antes accedían carruajes y ahora modernos automóviles, dejando a un lado la entrada que lleva a la escalera principal del antiguo palacio, a la que volveremos después.

Antes, salimos al patio, uno de los tres con los que contaba el palacio en el siglo XVIII, ahora convertido en patio de vecindad. La Academia ocupa las plantas baja y primera del edificio, la parte que se conserva del antiguo palacio y que correspondía a los salones principales, que vamos a visitar; el resto se ha convertido en viviendas.

La Galería de hierro y cristal que adorna los lados sur y oeste es de creación posterior, fue construida en el siglo XIX, con todo el encanto de sus columnas de fundición.

En la actualidad su interior ha sido rehabilitado y modernizado, de sus paredes cuelgan los retratos de los dos Presidentes anteriores al actual, y sirve de acceso a las dependencias de la Academia, y antiguos salones, en los que se ha mezclado con sabiduría y cariño la comodidad necesaria para el trabajo diario, y el respeto al pasado y al gran patrimonio artístico que alojaba el Palacio, como vamos a comprobar.

Visitamos primero el modernísimo Salón de Plenos donde los Académicos se reúnen.

Uno de sus muros, la gran joya, es el largo lienzo de la muralla construida por los cristianos en el siglo XII sobre la que se apoyó el Palacio cuando se inició su construcción, y ha continuado haciéndolo a lo largo de los siglos.

La impresionante muralla que podemos contemplar, cara extramuros, fue construida en mampostería de sílex unida con argamasa de cal y arena por los cristianos conquistadores de la Villa de Madrid hace nueve siglos.

Continuamos nuestra visita y cada salón se nos muestra exquisitamente restaurado, las lámparas, chimeneas de caoba, los artesonados y techos pintados que habían sido cubiertos en la etapa anterior hoy recuperados, etc.

Algunos muebles, los suelos de madera y las paredes de seda han sido recreados imitando perfectamente los que adornaban el palacio en el siglo XIX. … Todo es precioso.

El llamado Salón de Baile, ahora utilizado para recepción de autoridades, es espectacular.

En el despacho del actual Secretario General de la Academia que fue igualmente Despacho en la época en que el Palacio estuvo ocupado por los condes de Pinohermoso, además de la chimenea y muebles de nogal firmados por Arturo Mélida, destaca el techo decorado con platos de cerámica que no se sabe muy bien cómo, sobrevivieron sin sufrir desperfectos durante la guerra.

Después de admirar las antiguas salas recuperadas en todo su esplendor, volvemos sobre nuestros pasos y llegamos a la que fuera escalera principal del palacio, adornada con espejos y un bello tapiz, y por un momento parece que va a volver a bajar por allí alguna de las ilustres damas que lo habitaron, como antaño.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Real Academia de Ingeniería
África Martínez. Palacios madrileños del siglo XVIII. Ed. La Librería. Madrid 2003.
Manuel Montero Vallejo. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
El Palacio de Pinohermoso. Revista Por esos mundos. 1 junio 1909.
Museo del Prado

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JARDINES DEL PASEO DEL PRADO-RECOLETOS (I)

Retomamos nuestro recorrido a través de los vestigios de antiguos jardines madrileños con la visita al Jardín del Palacio del Marqués de Linares, actualmente sede de la Casa de América, en el Paseo de Recoletos nº 2, un jardín realmente bonito y de interés histórico.

En 1870 José Murga, Marqués de Linares, adquirió algunos terrenos del antiguo Pósito, -que recordemos ocupaba toda la manzana desde la plaza de la Independencia hasta Cibeles, y que había sido derribado el año anterior-, con el fin de construir su residencia.

Aparte leyendas y supuestos fantasmas, asunto del que ya se ha hablado y escrito mucho, la realidad es que se trata de uno de los palacios más bellos y lujosos del Madrid del siglo XIX, que aún podemos admirar pues conserva en su interior gran parte de las obras de arte que el marqués mandó crear para su disfrute y el de su esposa.

Cuando hacia el año 1878 comenzó la construcción del palacete, la plaza de la Cibeles era muy distinta a la actual, ni siquiera tenía nombre aún, aunque la fuente de la diosa llevaba allí instalada casi un siglo.

El único edificio, junto con sus jardines, que ya existía por entonces, era el Palacio de Buenavista, en la esquina contraria. Los terrenos donde hoy se alza el antiguo Palacio de Comunicaciones aún estaban ocupados por los Jardines del Buen Retiro, y en la esquina donde luego se levantaría el Banco de España se encontraba el Palacio del Marqués de Alcañices. Era el Salón del Prado, lugar de encuentro y de paseo.

Pero en el último cuarto del siglo XIX la plaza de la Cibeles se convirtió en el centro financiero de la ciudad.

Entre 1884 y 1891 se construyó el Banco de España. Muy cerca, poco después, se terminó de levantar el edificio de la Bolsa, y en los terrenos antaño ocupados por el Real Pósito y el Convento de los Agustinos Recoletos, se abrieron calles nuevas y se construyeron varios palacetes alrededor del que Narciso Pascual y Colomer había construido para el Marqués de Salamanca, que fue el primer financiero de la época en prever el valor que adquirirían estos terrenos, continuación del Paseo del Prado.

La zona fue conocida como “barrio de los banqueros”.

La Plaza de Madrid

Además del citado Palacio del Marqués de Salamanca, hoy sede de un importante banco en el nº 10 del Paseo de Recoletos, se conservan algunos otros, como el de Arenzana –hoy Embajada de Francia, en la calle de Salustiano Olózaga-, el de Zabálburu – en Marqués del Duero- y el Palacio de Linares.

Junio 2010

A partir de un proyecto de Carlos Colubí, la obra fue realizada por otros dos arquitectos. Manuel Aníbal Álvarez-Amorós, entre 1878-79, construyó el jardín y todos sus elementos, ubicados tras el palacio. Y Adolf Ombrecht (1879-1884) se encargó de toda la decoración interior.

Unos años después, en 1892, el pleno municipal acordó darle a la plaza el nombre de Plaza de Madrid, que conservaría hasta 1900 en que pasó a denominarse Plaza de Castelar. Es la Plaza de Cibeles desde el año 1941.

Debió ser sin duda un hermoso jardín, de forma irregular, con un bonito estanque, que ya no existe.

Se construyeron dos pabellones, uno de estilo clásico y otro más pequeño de estilo romántico. El primero era el pabellón de Caballerizas, hoy transformado en Sala de Exposiciones.

Y el segundo, un “capricho” o casita rústica, que fue conocido como la Casa de Muñecas, construido para tapar la medianería contigua, y que era utilizado como almacén para guardar las herramientas de labor.

También se construyó una escalera de acceso al jardín con una preciosa fuente de piedra, a espaldas del palacio, modificando el proyecto original de Colubí, más sencillo.

Del histórico jardín tan solo perviven la verja, los pabellones y la escalera con su fuente.

En 1992, cuando el Palacio fue transformado en sede de la Casa de América, fue casi totalmente vaciado para la construcción de un auditorio subterráneo, por lo que la vegetación actual es reciente. El arquitecto de la reforma fue Carlos Puente.

El Palacio hoy acoge las oficinas y otras estancias de la Casa de América en Madrid, que ofrece la posibilidad de visitarlo los fines de semana, además de exposiciones, conferencias, restaurante, etc.

En el Jardín durante los meses de primavera y verano se instala una agradable terraza que nos permite disfrutar de este espacio singular.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Ramón Guerra de la Vega. Palacios de Madrid. Tomo II. Madrid 2001.


Don Juan de Anglada construyó su Palacio en el Paseo de la Castellana en la década de los años 70 del siglo XIX, el cual dicen se convirtió en uno de los más bellos y lujosos edificios del nuevo Ensanche de Madrid. En el plano realizado hacia 1875 la zona aún aparece sin urbanizar.

Plano Gral. Ibáñez de Ibero (h.1875)

Plano Gral. Ibáñez de Ibero (h.1875)

Anglada encargó su casa al arquitecto Emilio Rodríguez Ayuso. La vivienda fue construida en el centro del gran solar que ocupaba toda la manzana entre el paseo de la Castellana y las calles de Marqués de Villamagna, Serrano y José Ortega y Gasset, rodeada de árboles y jardines.

Plano Parcelario (1940)

Plano Parcelario (1940)

Cuentan las crónicas que, tanto para el exterior como para el interior, se utilizaron los mejores materiales, el granito, la piedra de Novelda, el ladrillo y el hierro. Además del propio palacio, en las esquinas del solar se construyeron diversos pabellones o edificios auxiliares (cocheras, cuadras, casetas para los guardas, gimnasio, etc.).

Dº El Globo

Diario El Globo, 21 jul. 1880 (Biblioteca Nacional)

El Palacio de Anglada fue levantado alrededor de un gran patio cerrado, al estilo árabe que entonces estaba de moda. Su calidad era tan alta y las escayolas imitando las formas de la Alhambra de Granada tan perfectas, que impresionaba a los visitantes. En torno a él se distribuían las distintas dependencias, dormitorios, comedor, despachos, gabinetes, tocadores… Además, los mejores pintores y escultores participaron en la decoración interior. En la buhardilla se hallaban las habitaciones destinadas a la numerosa servidumbre que solían tener este tipo de personajes y que realmente necesitaba el cuidado de un palacio de tales dimensiones, y tan costoso.

Pero, antes de que terminara el siglo, Anglada se arruinó, y el Banco Hipotecario se hizo cargo del edificio.

En junio de 1895 se abrió al público para una exposición de arte que alcanzó gran notoriedad en la prensa de la época debido a las maravillas que mostraba. Posteriormente, el edificio permaneció cerrado hasta que en los comienzos del siglo XX pasó a ser propiedad del Marqués del Genal y sus sobrinos los marqueses de Larios.

La Ilustración 1895

La Ilustración Española y Americana, 8 jun. 1895 (BNE)

Como era habitual entre los aristócratas de la época, el marqués del Genal era un gran coleccionista de arte, y adquirió numerosas obras muy valiosas que adornaron los salones del palacio. Pinturas –un Goya incluido-, suntuosos tapices, una sillería Luis XIV, etc. El patio árabe se convirtió casi en un museo.

Para entonces los árboles que rodeaban el palacio se habían convertido en un bosque frondoso, quedando el palacio encerrado entre verdes praderas y árboles gigantes.

El Palacio en un principio conocido como de Anglada, luego Palacio de Larios, fue derribado en la década de los 60 del siglo XX. Cuentan los periódicos de la época que era tal la riqueza de los materiales y elementos de la construcción que algunas personas acudieron a adquirir los azulejos, columnas de mármol, espejos, etc. para llevarlos a sus residencias. Incluso el Ayuntamiento rescató algún elemento. Como recuerdo de aquella gran mansión, hoy día podemos admirar la portada de hierro de su jardín instalada en una de las entradas al Retiro, la Puerta de O’Donnell esquina Menéndez Pelayo, abierta en 1968.

Puerta O'Donnell-M.Pelayo en El Retiro

Puerta O'Donnell-Menéndez Pelayo en El Retiro

Sobre el palaciego solar se construyó un hotel de lujo. El Hotel Villa Magna fue inaugurado en 1972. Su arquitectura ciertamente no tiene nada que ver con el precioso edificio que le precedió, sin embargo se trata de uno de los hoteles más lujosos de Madrid. Tras él, los árboles que, según la prensa de la época, impedían ver la calle de Serrano fueron sustituidos por un centro comercial.

Año 2009 (www.

Año 2009 (www.bing.com)

Son escasos los restos del antiguo jardín, pero en el Catálogo de Parques Históricos y Jardines de Interés del Ayuntamiento de Madrid, el Jardín del Hotel Villa Magna, en el Paseo de la Castellana nº 22, obtiene un alto nivel de protección, debido a su Interés Histórico, como jardín que ha perdido su trazado total o parcialmente, pero conserva elementos que ofrecen un testimonio histórico.

Del jardín original quedan un cedro y los plátanos que probablemente formaban parte del paseo frente al palacio; del bosque que llegó a formarse, como testigos de la historia perviven los árboles frente a la fachada del Hotel, que por un momento te trasladan a tiempos pasados.

Diario ABC

Octubre 1965 (Diario ABC)

Octubre 2009

Octubre 2009

por Mercedes Gómez

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Entradas anteriores:

Jardines del Paseo de la Castellana II : El Barrio de Indo.
Jardines del Paseo de la Castellana I : el Jardín del Museo de Ciencias Naturales

Bibliografía:

Prensa citada, y
Teresa Sánchez-Fayos y Silvia Villacañas. “Los Jardines del Madrid Moderno” Ayuntamiento de Madrid. Madrid 2001.

Algunos de los antiguos Palacetes de la Castellana fueron convertidos en sedes de distintos organismos o empresas, sin embargo otros desaparecieron, cediendo su lugar a modernos edificios de oficinas que han transformado completamente el paisaje de esta zona de Madrid.

A pesar de ello, algunos de estos solares tienen un cierto interés histórico ya que conservan algunas huellas de su pasado.

Plano Ibáñez de Ibero (hacia 1875)

Plano Ibáñez de Ibero (hacia 1875)

En terrenos situados alrededor del Paseo del Cisne, actual Paseo de Eduardo Dato, se encontraba la Huerta de España cuyos orígenes son muy antiguos. Después de pertenecer a distintos propietarios a lo largo de los siglos, en el XIX estas tierras fueron compradas por el banquero vasco Miguel Sáinz de Indo, en las que construiría uno de los barrios más exquisitos, ocupado por la aristocracia, conocido como el Barrio de Indo, y levantaría su propio palacio, el Palacio de Indo, ambos se aprecian perfectamente en el plano de Ibáñez de Ibero.

El antiguo Barrio de Indo estaba formado por varios “hoteles” o palacetes construidos entre 1870 y 1877 por Agustín Ortiz de Villajos –el arquitecto, entre otras muchas obras, de la segunda Iglesia del Buen Suceso- a la izquierda del Paseo.

Los edificios de este exclusivo barrio fueron de los más lujosos de Madrid, en los que habitaron aristócratas o clases pudientes, junto a su numeroso servicio, a veces mucho más que la propia familia (porteros, criados, jardineros, institutrices, doncellas, cocineros, cocheros y jornaleros; uno de los hoteles contaba incluso con un capellán, que “atendía los servicios religiosos de la familia”).

¿Qué queda de todo esto?. La realidad es que muy poco.

Detalle. Barrio de Indo hacia 1875

Detalle Palacetes del Barrio de Indo hacia 1875

Derribados los palacetes de la barriada, en su lugar se construyó un enorme edificio de oficinas. Sus 17.000 metros cuadrados ahora acogen en régimen de alquiler a diversas empresas.

Quedan muy pocos vestigios del antiguo jardín, entonces delimitado por una cerca, actualmente abierto; del arbolado original sobreviven tres magnolios –al parecer hasta hace un tiempo eran cuatro-, algunas sóforas de grueso tronco y arbustos.

Paseo de la Castellana 35, antiguo Barrio de Indo.

Magnolios en el Paseo de la Castellana 35.

A la derecha del Paseo del Cisne, en 1866 Indo construyó su Palacio, rodeado de un maravilloso jardín paisajista.

Detalle. Palacio de Indo hacia 1875

Detalle Palacio de Indo hacia 1875

Palacio de Indo

Palacio de Indo

El interior del lujoso palacio estaba decorado por las numerosas obras de arte que habían acumulado Indo y sus descendientes; en los comienzos del siglo XX tanto el palacete como su contenido salieron a subasta pública, momento en que el duque de Montellano compró el edificio, aunque no tardaría mucho en derribarlo para construir uno nuevo.

Palacio de Montellano

Palacio de Montellano (Revista Madrid Científico 1903, BNE)

El Palacete de Montellano, obra de los arquitectos Juan Bautista Lázaro y Joaquín Saldaña, a su vez fue derribado en 1966 para construir el edificio de La Unión y el Fénix, actualmente Mutua Madrileña, situado en el nº 33 del Paseo.

arboles7

Paseo de la Castellana, 33

Este edificio fue construido por el prolífico arquitecto madrileño Luis Gutiérrez Soto, entre los años 1966 y 1971 al trasladarse la Compañía de Seguros desde el emblemático edificio Metrópolis en la Gran Vía hasta aquí.

El jardín, aún rodeado por el zócalo de granito del antiguo palacio, guarda parte de su arbolado, hoy día mucho más frondoso. Dos cedros, dos plátanos y una sófora perviven en su interior.

Cerramiento del antiguo Palacio

Zócalo del antiguo Palacio

El Jardín

El Jardín 2009

fuente

Una curiosidad es que la escultura original del Fénix, procedente de las antiguas oficinas en el edificio Metrópolis, ahora descansa aquí, junto a un estanque, a los pies del edificio.

El Fénix

El Fénix

En este caso agrada comprobar que el bonito jardín, a pesar de los pesares, sí que conserva un cierto aire que recuerda su pasado romántico.

por Mercedes Gómez

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Anteriores artículos:

Jardines del Paseo de la Castellana I : el Jardín del Museo de Ciencias Naturales.

Fundación Rafael del Pino : Palacete de don Eduardo Adcoch

Bibliografía:

Rubén Pallol Trigueros.El distrito de Chamberí 1860-1880. El nacimiento de una nueva ciudad.UCM, Madrid 2004.
Teresa Sánchez-Fayos y Silvia Villacañas. “Los Jardines del Madrid Moderno” Ayuntamiento de Madrid. Madrid 2001.
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.

“Vista Alegre fué su lujo; compró la quinta a una reina, la pagó con millones; la embelleció con joyas artísticas; dejó a todos sus amigos que disfrutasen de ella, y ha muerto allí repentinamente antes de que las riquezas desapareciesen. El viento de la desgracia, que venía hace tiempo arrancando girones de su fortuna, le ha hecho sucumbir por fin…”

(Escenas Contemporáneas, Año I Tomo I. Madrid 1882)
(Hemeroteca BNE)

La antigua Cerca que marca los límites de la Quinta de Vista Alegre, de la cual se conservan algunos tramos, constituye uno de los elementos arquitectónicos más relevantes; son los correspondientes a la calle Clara de Campoamor y a la calle del Blasón, originales de los años 40 del siglo XIX.

tapia calle del blason

Por la calle del Blasón nos dirigimos a una de las puertas de entrada a la Quinta la cual nos conduce al Palacio Nuevo o Palacio del Marqués de Salamanca.

La reina regente María Cristina, cuarta esposa de Fernando VII y madre de Isabel II, después de su boda con el guardia de Corps Fernando Muñoz, Duque de Riansares, fue quien lo mandó construir con el fin de convertirlo en su residencia y refugio. Pero los avatares de la historia quisieron que el palacio pasara a manos del Marqués de Salamanca, quien lo terminó, adornó y disfrutó hasta su muerte.

El arquitecto Martín López Aguado comenzó su construcción en 1834, pero el destierro de la reina en 1840 ocasionó su paralización. A su vuelta encargó la reanudación de las obras al entonces Arquitecto Mayor de Palacio, Narciso Pascual y Colomer, quien lo terminaría para el Marqués de Salamanca que lo había comprado en 1858.

Para entonces Colomer ya había construido para don José su gran palacio en el paseo de Recoletos, inaugurado ese mismo año. El Marqués era un hombre poderoso que se podía permitir el lujo de contratar al arquitecto de moda y arquitecto de la mismísima Isabel II.

A López Aguado corresponden la disposición del edificio, de planta rectangular simétrica, organizado alrededor de tres patios, y la fachada. En ésta, destacan las seis columnas de granito que proceden de la galería diseñada por Isidro González Velázquez -Arquitecto Mayor de Palacio en la época de Fernando VII- que rodeaba la Plaza de Oriente, obra monumental que nunca llegó a terminarse debido a los problemas económicos y que finalmente fue derribada.

fachada

Su espléndido exterior nos muestra que fue uno de los grandes palacios del siglo XIX, testigo de una época y una forma de vida, pero lo que no todo el mundo sabe es que en su interior se conservan una serie de maravillosas estancias de aquellos años de esplendor: el Vestíbulo, la Capilla, y el Salón Árabe, todo ello obra de Pascual y Colomer.

Tras las columnas de la entrada, se halla el magnífico vestíbulo central, cubierto con una cúpula de media esfera.

Vestíbulo

Uno de los cristales tallados de la puerta de acceso a las dependencias antaño palaciegas aún conserva la “S” de Salamanca.

S de Salamanca

La Capilla consta de una nave de doble altura, pilastras corintias y ábside semicircular.

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En la Sacristía se conservan perfectamente ordenadas vestiduras de los antiguos capellanes.

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Uno de los lujosos salones que fueron disfrutados por el Marqués y sus invitados en famosas fiestas fue el Salón Árabe, decorado a la moda de la época, actualmente apuntalado y necesitado de una gran restauración que esperemos sea acometida algún día.

(Imagen de la Fundación COAM, "Arquitectura de Madrid. Periferia")

(Imagen de la Fundación COAM, "Arquitectura de Madrid. Periferia")

arcos y vigas

Salón Arabe (julio 2009)

techo vista

Vista del techo (julio 2009)

suelo

Detalle suelo (julio 2009)

Fallecido don José de Salamanca en 1883, la antigua Posesión Real fue vendida al Estado por sus hijos y a partir de 1887 los distintos edificios se fueron convirtiendo en sedes de diversas instituciones benéficas. El Palacio Nuevo fue convertido en Asilo de Inválidos del Trabajo.

La primera reforma para transformarlo en asilo tuvo lugar en 1888. Como indica una lápida en el impresionante vestíbulo, “Para conmemorar la sensible pérdida del Rey Don Alfonso XII muerto en la flor de la juventud, se ha fundado este Asilo de Inválidos del Trabajo, cumpliendo así el piadoso deseo de S.M. la reina regente Dª Mª Cristina. Año 1889.

Ese mismo año José Grases Riera remodeló la terraza y la marquesina. Las ventanas que actualmente dan a la terraza originalmente eran puertas que conducían directamente a los Salones. Quizá las parejas que bailaban en el salón durante las celebraciones organizadas por el anfitrión, cruzando esas antiguas puertas salían un rato al jardín entre pieza y pieza.

ventanas

En el siglo XX el edificio pasó a albergar el Instituto Nacional de Rehabilitación Especial de Inválidos, INRI, de cuya época se conservan un quirófano, instrumental quirúrgico, elementos de farmacia y mobiliario, así como una importante colección de grabados y fotografías. En los años 30 sufrió otra reforma a cargo de Eugenio Sánchez Lozano y en los años 40 después de la guerra hubo de ser reconstruido por Francisco Navarro.

A pesar de tantas vicisitudes, reformas y cambios de uso, el Palacio del Marqués de Salamanca guarda alguna de sus huellas, patrimonio cultural e histórico de primer orden y merecedor de cuidados.

Actualmente es el Centro de Educación Especial María Soriano, colegio que va a ser trasladado a otro lugar de Madrid, no se sabe en qué fecha.

De momento también se desconoce el uso que tendrá el Palacio a partir de entonces.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:
COAM. “Arquitectura de Madrid. Periferia“. COAM Madrid 2007.

Daniel Galán García.”Treinta hectáreas de historia contemporánea en la finca de Vista Alegre” Revista Innovación y Formación, nº 1 Primavera 2007. Pág.28-30.

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NOTA: También se conserva una parte de la antigua biblioteca, pero en esta ocasión no pudimos visitarla. Esperemos que en otro momento podamos hacerlo y conocer las obras de arte que esconde.

La Quinta de Vista Alegre, situada en el barrio de Puerta Bonita del Distrito de Carabanchel, con entrada principal en la calle General Ricardos nº 177-179, constituye un Bien del Patrimonio Cultural madrileño de indudable valor histórico y artístico.

entrada

Catalogada como “Jardín Histórico” en el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997, consideramos que la Quinta de Vista Alegre debería ser catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) de la Comunidad de Madrid en la categoría de Conjunto Histórico.

La Quinta tiene una superficie de 450.000 m², algo menos que la mitad del Retiro, siendo en su mayor parte propiedad de la Comunidad de Madrid. Es el cuarto en tamaño de los Jardines Históricos, por detrás de la Casa de Campo, el Parque del Retiro y el Parque del Oeste…

Así comienza la carta enviada a la Comunidad de Madrid, firmada por 320 personas, solicitando la declaración de la Quinta de Vista Alegre como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico.

La Quinta de Vista Alegre, antiguo Sitio Real, es el único Jardín Histórico no declarado Bien de Interés Cultural. La Casa de Campo, el Retiro, la Quinta de la Fuente del Berro, El Capricho o el Jardín Botánico, hace tiempo fueron declarados Bien de Interés Cultural. Sin embargo, sorprendentemente, Vista Alegre no goza de tal catalogación.

Por otra parte, se trata de un lugar casi desconocido por la mayoría de nosotros, que merece la pena descubrir. Os invitamos a leer la carta, en cuya elaboración han trabajado varias personas, y en la que además de incluir la solicitud, se describe brevemente la Quinta y se resume su rica historia:

A finales del siglo XVIII comenzaron a surgir gradualmente en Carabanchel residencias estivales en forma de posesiones, casas-jardín o palacetes, erigidas por nobles o burgueses que seguían la tradición ya famosa del buen aire y del excelente agua de la zona, con la ventaja adicional de estar en un lugar con vistas privilegiadas sobre la Corte y comunicada con ella a través del camino de Alcorcón (actual calle General Ricardos).

Ya nada queda de las villas de Ceriola, del Marqués de Mortara, de la Finca de “Buenos Aires”, de la de “Las Delicias Cubanas”, de la de González Bravo, de la de D. Jaime Girona,… y así hasta cerca de la treintena de fincas y casas jardín donde los burgueses madrileños mataban sus ocios veraniegos. Otros casos flagrantes son los de la “Quinta del Sordo”, que perteneció a Goya, y la vergonzosa desaparición de la Finca de los Montijo.

La Quinta de Vista Alegre es la única que mantiene intactos sus límites. Al haber sido posesión de la Reina María Cristina de Borbón se conserva mucha documentación en el Archivo General de Palacio que nos permite comprender y valorar como eran las Quintas decimonónicas de Carabanchel y ésta en particular. La tesis doctoral “El jardín paisajista y las Quintas de recreo de los Carabancheles: La Posesión de Vista Alegre”, de Eva J. Rodríguez Romero (2000), nos describe en detalle como eran sus maravillosos jardines y nos aporta las reseñas y bibliografía existentes sobre la Quinta. Complementario de este trabajo es la publicación de Miguel Lasso de la Vega (2007) sobre las Quintas de recreo de los alrededores de Madrid, publicación en dos volúmenes en la que se dedica uno de ellos a Los Carabancheles, y por tanto y a Vista Alegre.

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Palacio Viejo

Jardín frente al Palacio Viejo

Jardín frente al Palacio Viejo

La Reina María Cristina compró en 1832 la finca propiedad del coronel Pablo Cabrero, (entre el Camino de Madrid y el Camino de la Venta de Pradolongo) dónde existía un establecimiento público de recreo. Ente 1832 y 1836 compró las parcelas colindantes hasta un total de 52 parcelas. María Cristina construyó, sobre el primitivo establecimiento público, un palacio, conocido después como Palacio Viejo, de María Cristina o de Invierno. Prueba del afecto de la Soberana por Vista Alegre es que durante su exilio en París a partir de 1840 se hizo llamar Marquesa de Vista Alegre. En 1846 donó la Quinta a sus hijas la Reina Isabel II y la Infanta Luisa Fernanda.

Baño de Isabel II conservado en el Palacio Viejo

Baño de Isabel II conservado en el Palacio Viejo

El Marqués de Salamanca la compró en 1858 a los Duques de Montpensier, y tras su muerte la finca fue vendida por sus herederos al Estado en 1883 con la condición de que se destinara a instituciones de beneficencia. El Marqués de Salamanca revitalizó la finca rehabilitando los edificios existentes y encargando a Narciso Pascual y Colomer la rehabilitación del Palacio Nuevo, también llamado del Marqués de Salamanca o de verano, que se había empezado a construir en tiempos de María Cristina.

Palacio Nuevo

Palacio Nuevo

Los jardines próximos a los palacios eran “de recreo”, mientras que según se descendía hacia el sur y el este adquirían un carácter productivo, con frutales, viñedos, olivos, cereales… No dejaban sin embargo de tener la unidad que le confería la cerca, y todo el jardín, considerado en su conjunto como paisajista, estaba surcado de caminos y canales de agua. Abundaban las construcciones tanto utilitarias (vaquería, cuadras, casas de empleados) como los caprichos o “folies” (el castillo viejo, la codornicera, la faisanera, etc…). Cinco norias extraían el agua del subsuelo para riego y consumo. Había estufas e invernaderos de distinto tipo y gran cantidad de animales domésticos y exóticos. Pero sin duda el elemento más representativo del jardín era la ría navegable, que en un extremo tenía la fortaleza, la isla o baluarte en forma de estrella, el embarcadero y el dique y en el otro la montaña artificial. Un tramo de la ría ha sido recientemente reconstruido en el recinto del Palacio Viejo. Narciso Pascual y Colomer dejó un bellísimo testimonio del jardín y sus construcciones en los planos que levantó en 1845 para uno de los inventarios, que se conservan en el Archivo General de Palacio.

La Ría

La Ría

Comenzó la instalación de instituciones benéficas en 1887 cuando se creó por Real Decreto el Asilo de Inválidos que se inauguró dos años después en el Antiguo Palacio del Marqués de Salamanca. La finca comenzó progresivamente a dividirse hasta llegar a la situación actual: trece recintos de los cuales dos no pertenecen a la Comunidad de Madrid, presididos por los siguientes edificios e instituciones que se construyeron en el siguiente orden cronológico:

- El Palacio Viejo, cuyo edificio principal fue restaurado a finales de los años 90 y hoy es sede del Centro Regional de Información y Formación del Profesorado. Tiene protección Nivel I-Integral según el Plan General, y los jardines que le rodean nivel protección I.

- El Palacio Nuevo, que tiene protección Nivel I-singular y sus jardines, con nivel protección I. Es la sede del Centro de Educación Especial María Soriano. En el PAU de Carabanchel se está terminando de construir un edifico al que se trasladarán sus dependencias, sin que conozca el destino futuro de este Palacio patrimonio de la historia de Madrid.

- La Residencia de Estudiantes San Fernando, dependiente del Patronato de Huérfanos del Ejército del Tierra situado en el ángulo noreste de la finca, y el Centro de Formación de la Dirección General de Policía, que tiene protección estructural y entrada desde la plaza de Carabanchel. Son los dos recintos que no pertenecen a la Comunidad de Madrid.

- El Instituto de Enseñanza Secundaria Puerta Bonita, situado en el ángulo SO de la Quinta, que se comenzó a construir en 1.929 como Reformatorio del Sagrado Corazón. Se trata de un magnífico edificio con protección estructural.

- Los edificios del oeste y sur de la Quinta, construidos por la Dirección General de Regiones devastadas entre 1.944 y 1.948: el edificio de “Los Lujanes”, cedido a Caja Madrid para su gestión como Centro Integrado de Enseñanza Musical; la Residencia de mayores “Gran Residencia”; la Residencia de menores “Las Acacias”; el Centro de Formación Ocupacional “Fray Bernardino Álvarez” y la Residencia de mayores “Carabanchel”. Presentan una uniformidad de estilo, tenían bellos patios ajardinados y hoy en día son edificios con protección estructural y ejemplos representativos de la arquitectura de una determinada etapa histórica. También en la primera mitad el siglo XX intervino en la Quinta el paisajista y pintor sevillano Xavier Winthuyssen con el diseño y la ejecución de bellos jardines andalucistas cuyas trazas se conservan sólo parcialmente. En las fotografías y vistas aéreas de la época se observa que hasta los años sesenta coexisten en armonía las construcciones de los siglos XIX y XX, y los trazados y caminos del jardín paisajista del siglo XIX aún perduran.

- El Centro de Formación Profesional “Carabanchel Bajo”, situado en el centro de la Quinta, la Residencia de mayores “Vista Alegre” y los centros de reinserción del menor “El Madroño” y “Renasco”. Construidos sin plan prefijado a partir de los años setenta no ha aportado a la Quinta más que arquitectura de nulo interés, fragmentación, incoherencia en las circulaciones y destrucción de los trazados originales del jardín. Los jardines han quedado desde entonces fragmentados y sin coherencia interna. No existe modo de gestión y mantenimiento unitario, y hay zonas que se encuentran en estado de conservación lamentable.

Fuente en mal estado

Fuente en mal estado

En cualquier caso lo importante de Vista Alegre es su valor de conjunto integrado tanto por edificios representativos de la historia de Madrid y de España de los siglos XIX y XX como por jardines de los que es posible recuperar su trazado, su valor histórico con independencia de su estado de conservación, siendo posible y necesaria para su protección la declaración de Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico a la luz de la Ley 10/1998, de 9 de julio, de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.

Fuente de los caballos

Fuente de los Caballos

A partir de los últimos decenios del siglo XX se han comenzado a gestar “planes” tanto por iniciativa de la Comunidad como del Ayuntamiento de Madrid.

En mayor o menor medida, contemplaban la Quinta como “residuo” de espacio libre dentro de la ciudad susceptible de seguir siendo ocupado con nuevos edificios o equipamientos y su “inserción” en la ciudad mediante la demolición de la cerca. Cabe preguntarse por qué este trato a la Quinta de Vista Alegre, cuando planes similares serían impensables para cualquier otro jardín histórico (La Casa de Campo, el Retiro, la Quinta de la Fuente del Berro, El Capricho o el Jardín Botánico, hace tiempo fueron declarados Bien de Interés Cultural). Como ejemplo mencionar el proyecto de la Consejería de Medio Ambiente de 1995 para proyectar un “parque” ajeno a los datos históricos con amplias zonas de aparcamiento en el centro de la Quinta. Afortunadamente para los madrileños ninguno de esos proyectos y planes comenzó a ejecutarse: la Quinta no merece cualquier destino irreflexivo.

Por todo lo anteriormente descrito, de acuerdo con la Ley del Patrimonio Histórico Español (Ley 16/1985 del 25 de junio de 1985), hemos presentado la solicitud de declaración de Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico.

Ha sido muy gratificante constatar la buena acogida de la iniciativa, tanto por parte de algunos amigos expertos y conocedores de la Quinta desde hace tiempo como por aquellos que por primera vez nos han oído hablar de este reducto histórico en el corazón de Madrid.

Dada la difusión que ha tenido la idea aún nos siguen llegando firmas y estamos encantados de que así sea. Encontraremos la mejor forma de entregarlas oficialmente como anexo a la primera carta o como petición independiente.

Muchísimas gracias a todos.

Mercedes Gómez y amigos


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