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Hoy he actualizado varias entradas gracias a vuestra ayuda, lo comento aquí y pongo los enlaces por si a alguien le interesa alguno de los temas, ya que no es fácil ver las actualizaciones o comentarios nuevos en artículos antiguos:

En los comienzos del pasado diciembre Esther nos contó que la maqueta de la Gran Vía había desparecido, y nos preguntábamos el motivo. Según publicó el diario ABC el pasado viernes 11, una conductora se estrelló contra el monumento. La maqueta está ahora en un almacén municipal a la espera de su restauración y poder volver a su lugar.

En vísperas de Nochebuena, JuanZevi nos regaló una bonita información sobre la Fuente de los Niños, la fuente de Mariano Benlliure, tan bella que le gustaba a todo el mundo y el artista realizó varias réplicas. Una de ellas, fundida en bronce, se encuentra en Santander, frente a la playa del Sardinero. Sobre ella Juan nos contaba los detalles reflejados en su libro Viaje apasionado por las escuelas de Cantabria. A los pocos días mi querida amiga Mar me envió la foto que acabo de incluir y que ilustra el comentario de Juan.

En el segundo artículo dedicado a los Pasadizos volados he añadido la foto de dos de los varios ejemplos aportados por Fernando Moreno en uno de sus comentarios: el del Palacio de Santa Cruz, Ministerio de Asuntos Exteriores, y la galería que se encuentra en la Quinta de Vista Alegre, que aunque no es exactamente un pasadizo volado merece la pena incluirla por su singularidad y el lugar en que se encuentra.

Quinta de Vista Alegre

Quinta de Vista Alegre

Y hablando de Vista Alegre, fantástico el recuerdo y la crónica de Antonio que ayer intentó visitarla pero como era sábado no pudo entrar y paseando la rodeó completa. Luego nos contaba sus impresiones. Te agradecemos mucho este comentario Antonio, rescatando a la pobre y olvidada Quinta.

Mercedes

En los comienzos del siglo XVII, según el Tesoro de la Lengua Castellana (Sebastián de Covarrubias, 1611) un Pasadizo era “el pontido [puentecillo] que se haze en una calle para pasar de una casa a otra”.

En el siglo XIX la RAE (1817, 5ª ed. Imprenta Real) lo definió como “El paso estrecho que en las casas ó calles sirve para ir de una parte a otra atajando camino”. Esta definición sigue vigente hoy día.

Los cambios en la definición de las palabras en cierto modo pueden explicar la evolución de las formas arquitectónicas y su significado.

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Escribir en el blog es divertido. Buscar o descubrir por azar obras de arte, lugares o edificios, fotografiarlos, leer sobre ello, pensar, escribir su historia y lo que nos sugiere… pero muchas veces una de las mejores cosas que acompaña al trabajo en un artículo es el intercambio con los amigos que participáis en él y a menudo aportáis información interesante. Eso es lo que ha ocurrido en el último post sobre los Pasadizos volados, que hoy actualizamos gracias a vuestra ayuda.

María Rosa, a quien como sabéis gracias a su estupendo blog, le encanta viajar tranquilamente por España, me ha escrito hablando de los pasadizos que recuerda. Uno que había muy bonito en la plaza de Cervantes en Alcalá de Henares, otro en El Escorial que comunica la Universidad María Cristina con el Monasterio. Fuera de Madrid, los restos del Pasadizo convertido en museo dedicado al Duque de Lerma en esta localidad; en este caso se trata de una gran galería elevada sobre una arquería que formó parte de una intrincada red de pasadizos que comunicaban su Palacio con varios conventos. Fueron edificados en los inicios del siglo XVII, igual que el que el poderoso valido de Felipe III construyó en Madrid en su Palacio de la Carrera de San Jerónimo.

Pasadizo del Duque de Lerma (Lerma. Foto: María Rosa Fernández)

Por mi parte no he podido evitar viajar un poco más lejos y recordar la maravillosa ciudad amurallada de la isla griega de Rodas en la que se encuentran dicen las calles medievales mejor conservadas de Europa que en verdad nos trasladan al pasado.

Calle de los Caballeros, Rodas (Grecia).

En Madrid, sin apenas rastros de la arquitectura medieval y desaparecidos todos los pasadizos del siglo XVII y XVIII, excepto el hueco que recuerda el paso que unía el Palacio de los Lasso de Castilla con la iglesia de San Andrés, mostrábamos solo dos, ambos del siglo XX. El de la Casa de Cisneros con la Casa de la Villa de 1909, y el del Congreso en la Carrera de San Jerónimo.

Pero no son los únicos pasadizos que existen actualmente en nuestra ciudad. David y Antonio, estimados amigos, a quienes conocéis por su habitual y siempre interesante participación, y por sus magníficos blogs, nos han aportado ejemplos nuevos. Curiosamente ambos tiene una cosa en común, David, con su Historia del Arte y Antonio en su Pessoas en Madrid buscan las huellas de Madrid en otras capitales o países europeos, Londres en el primer caso, y Lisboa, Portugal, en el segundo.

David nos ha recordado que existe otro pasadizo volado junto a la iglesia de San Nicolás, la más antigua de Madrid. Y Antonio nos ha trasladado al pasadizo de San Ginés. Los de San Nicolás y San Ginés no son exactamente corredores voladizos sino edificaciones sobre un arco, sobre un pasadizo encubierto. Pero ambos evocan sin duda las antiguas construcciones medievales.

El pasadizo de San Nicolás o Travesía del Biombo une las calles de Juan de Herrera y del Biombo.

Se trata de una construcción aneja a la iglesia construida probablemente en el siglo XIX, cuando hacia 1825 la orden de los italianos Padres Servitas se hicieron cargo del templo y aquí se instalaron.

Lo más llamativo es que este pasadizo de ecos medievales fue construido en uno de los rincones de Madrid que mejor conservan el antiguo trazado árabe mayrití de forma que se convierte en un recuerdo de tiempos pasados a los que viajamos con facilidad pasando bajo el arco junto al ábside del templo cuya torre del siglo XII es, exceptuando la muralla, la construcción más antigua de la Villa.

Algo parecido ocurre con el Pasadizo de San Ginés, otro de los rincones con más encanto del viejo Madrid. El edificio y el arco adosados a la iglesia quizá fueron construidos ¿también en el siglo XIX?. En cualquier caso, en la Planimetría General realizada en el siglo XVIII la casa junto al templo ya aparece representada unida formando parte de la misma manzana, y el callejón cerrado a la altura del arco.

Finalmente, Antonio nos descubre en pleno barrio de Salamanca un pasadizo volado muy sencillo de los años treinta del siglo XX, que recupera su función inicial que comentábamos el otro día, la meramente utilitaria.

Une la calle de Espartinas con el Pasaje de General Mola, así llamados hoy día después de un baile de nombres a lo largo de los años. En el nº 8 de la primera se encuentra la entrada al pasadizo y a la tienda de materiales de construcción cuyo escaparate exhibe tejas y ladrillos.

En fin, muchas gracias a María Rosa, a Antonio y a David, que me ha enviado las definiciones y una información interesantísima sobre los pasadizos encubiertos, y a todos los que con vuestros comentarios enriquecéis y animáis este blog, y nos acompañáis en nuestros paseos por Madrid. Es un placer.

Mercedes

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ACTUALIZACIÓN 13 enero 2013:

Actualizamos el artículo con dos fotos que ilustran algunas de las sugerencias que nos hizo Fernando Moreno en sus comentarios, el pasadizo volado del Palacio de Santa Cruz, hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, visto desde la calle Concepción Jerónima.

Palacio de Santa Criz

Palacio de Santa Cruz

Y la galería que se encuentra en la Quinta de Vista Alegre.

Quinta de Vista Alegre

Quinta de Vista Alegre

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Los pasadizos volados son elementos arquitectónicos que unen dos edificios fronteros por su parte más alta, con el fin de facilitar la comunicación entre ambos. Su origen se remonta a las ciudades andalusíes de calles laberínticas, curvos trazados, arcos, recovecos y adarves o callejones sin salida. En la ciudad islámica, los pasadizos unían las diferentes partes de una vivienda o casas de un mismo propietario con un fin utilitario.

En 1530 se promulgó una ley que prohibía construir nuevos balcones, saledizos… y pasadizos, para evitar la falta de higiene o de luz que pudieran causar, y la fácil propagación de incendios entre dos viviendas en las estrechas calles medievales. Sin embargo, en el Madrid del siglo XVII se construyeron un gran número de ellos.

El Madrid de los Austrias, famoso por sus al parecer innumerables pasadizos subterráneos, que unían el Alcázar con palacios y conventos, fue también el Madrid de los pasadizos elevados, que llegaron a ser una de las construcciones más características del barroco madrileño, aunque con un nuevo significado. El pasadizo, conservando su función intimista y de secreto, se convirtió en un mirador privilegiado, al servicio del espíritu del Barroco, sus celebraciones religiosas y sus fiestas. Además de cumplir una función práctica, permitía observar y moverse libremente sin ser objeto de miradas indiscretas.

Virginia Tovar les dio el nombre de arquitecturas encubiertas por su función de ocultar, encubrir.

Los reyes implantaron su uso construyendo varios pasos elevados, permanentes o efímeros, desde el Alcázar Real hacia otras dependencias, como el Juego de la Pelota, junto a los Caños del Peral.

Juego de la Pelota (Texeira, 1656)

Esto motivó el deseo de la nobleza de imitar a los monarcas y disfrutar de sus propios pasos privados.

Así el Pasadizo se convirtió en elemento de diferenciación social, que permitía a los nobles no mezclarse con las clases bajas, no pisar las calles sucias… Los motivos para solicitar su construcción eran variados: la poca salud que no permitía asistir a misa, el deseo de unir casas entre miembros de una misma familia… La realidad fue que además de perseguir una comodidad, se convirtió en un elemento de clase y adquirió un significado religioso, pues en muchos casos suponía un acceso directo a la iglesia. En contrapartida, ésta recibía una cantidad de dinero por conceder ese privilegio. Era un buen negocio para todos.

Los alarifes de la villa visitaban el lugar para el que se solicitaba el corredor, analizaban, hacían un informe, y el Concejo decidía. El pasadizo debía no molestar a los vecinos, tener una altura suficiente que permitiera el paso de carruajes y las muy frecuentes procesiones, permitir el paso de la luz… debía ser proyectado por un alarife de la villa, incluso a veces por el Maestro Mayor, como veremos.

En teoría eran muchas las dificultades para conseguir la licencia de construcción, pero el Ayuntamiento siempre accedía, los solicitantes eran cortesanos o personajes muy influyentes.

Uno de los pasos más antiguos es el de la plaza de las Descalzas Reales, que como casi todos los que se construyeron en calles importantes, era una estructura en arco. Fue construido hacia 1582, entre la Casa de los Capellanes, junto a la iglesia del Convento, y la casa de María de Pisa, donde luego se levantaría el Monte de Piedad.

Plazuela de las Descalzas Reales (Texeira, 1656)

Conocemos este pasadizo situado frente a la iglesia de San Martín gracias a un grabado de Minguet, según dibujo de Diego de Villanueva, realizado en el siglo XVIII.

Vista del Convento de las Descalzas Reales. Minguet, 1758. Museo de Historia (memoriademadrid.es)

En los comienzos del siglo, de vuelta la Corte a Madrid, el poderoso Francisco Gómez de Sandoval Duque de Lerma levantó su casa de recreo en el Prado de San Jerónimo, según trazas de Juan Gómez de Mora. Junto a ella, en terrenos de su propiedad, construyó dos conventos, el de Santa Catalina de Sena de Dominicas, en la misma manzana en la que se hallaba su casa, y el de San Antonio de Capuchinos, al otro lado de la calle del Prado.

Carrera de San Jerónimo (Texeira, 1656)

En 1615 sobre la calle del Prado, se construyó, según trazas del propio Gómez de Mora, un corredor igualmente en forma de arco desde la tribuna que el Duque tenía en el Convento de los Capuchinos, hasta la que poseía en el Convento de Santa Catalina de Sena, así consiguió que su palacio se comunicara con ambos monasterios.

El de Lerma debió ser uno de los pasadizos más monumentales de la época. Frente a él, al otro lado de la Carrera de San Jerónimo, la marquesa del Valle construyó el que comunicaba su Palacio con el Convento del Espíritu Santo de la orden de los Clérigos Menores sobre la actual calle de Fernanflor. En los terrenos del Convento en el siglo XIX se construyó el Congreso de los Diputados y se abrió la calle de Floridablanca.

En los alrededores de la actual plaza de Ramales, entonces plazuela de San Juan, existieron varios pasadizos. En 1625 don Diego de la Cerda marqués de la Laguna pidió construir uno desde su casa al coro de la iglesia de Santiago afirmando que lo construiría tan alto y en arco como el de la calle del Prado. Su autor fue Gómez de Mora una vez más.

Iglesias de Santiago y San Juan (Texeira, 1656)

Otro pasadizo volado comunicaba la casa de los Guzmanes (en el lugar donde hoy se encuentra la casa que fue palacio del marqués de Trespalacios en la plaza de Ramales nº 3), con la tribuna en la iglesia de San Juan. Otro corredor unía las casas del Conde de Lemos frente a la plazuela de Santiago. Fueron varios los pasadizos reflejados por Pedro Texeira.

En diciembre de 1616 doña Inés de Toledo, marquesa de Cerralbo, construyó otro desde su casa a la iglesia de San Norberto, de los religiosos Premostatenses. En 1632 vivía allí el duque de Alburquerque y unió con otro pasadizo la de su suegra, la duquesa de Rioseco, con el fin de que su mujer se pudiera comunicar fácilmente con su madre. El cartógrafo representa este pasadizo, frente a la iglesia y su tapia, sobre la entonces calle de la Cuadra, próxima a la fuente de Leganitos, desaparecida por la construcción de la Gran Vía. En la hoy Cava de San Miguel Texeira dibujó el Cobertizo de San Miguel, y un pasadizo que unía la vivienda del marqués de Estepa en la Cava con otra que tenía en la plaza Mayor.

En la esquina de la Costanilla de San Andrés con la calle de los Mancebos se encontraba el Palacio de los Lasso de Castilla, levantado en el siglo XV y derribado en el XIX.

Palacio de los Lasso y la iglesia de San Andrés (Texeira, 1656)

Un pasadizo unía la torre del palacio, en el que se alojaron los Reyes Católicos, con la iglesia de San Andrés cuyo muro ha conservado desde entonces la huella de la antigua construcción.

San Andrés, sept. 2012

Recientemente se ha colocado una lápida de cerámica recordando la existencia del antiguo paso.

Curiosamente uno de los escasos pasadizos existentes hoy día pertenece al Ayuntamiento, en el pasado tan reacio a ellos. Lo diseñó Luis Bellido en 1909 para unir la Casa de Cisneros que había sido adquirida para alojar dependencias municipales, a la Casa de la Villa. El corredor fue construido sobre la calle de Madrid.

Calle de Madrid, julio 2012

El otro se encuentra sobre la hoy cerrada calle de Floridablanca, muy cerca del lugar donde hace cuatro siglos se encontraba el pasadizo que comunicaba el Convento del Espíritu Santo con el palacio de la marquesa del Valle.

Convento del Espíritu Santo (Texeira, 1656)

Este pasadizo moderno fue edificado a finales de los años 70 del siglo XX para unir el Congreso de los Diputados con su ampliación.

Congreso de los Diputados, sept. 2012

Además, los edificios del Congreso se comunican a través de un pasadizo subterráneo. Como en el siglo XVII.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

V. Tovar Martín. El pasadizo, forma arquitectónica encubierta en el Madrid de los siglos XVII y XVIII, Villa de Madrid nº 87. Madrid, 1986.

C. de Mora Lorenzo. El pasadizo en el Madrid de los Austrias (siglo XVII). Madrid, Revista de arte, geografía e historia nº 6. Madrid 2004.

J.M. Muñoz de la Nava Chacón. El COAATM: sus sedes y su historia. (en Un edificio en crecimiento. COAATM Madrid 2008).

artedemadrid@gmail.com
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