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En los inicios del siglo XVII el paseo del Prado Viejo de San Jerónimo era muy diferente al actual Paseo del Prado. Entonces no había calles asfaltadas, ni aceras, ni automóviles. Situado en las afueras de la villa, aún no estaba urbanizado, era un camino de tierra arbolado, surcado por un arroyo, con puentecillos y fuentes. A ambos lados había numerosos solares de pequeño tamaño en su mayor parte ocupados por huertas.

Ya desde el siglo XVI tras la llegada de la Corte a la Villa fue lugar de encuentro y diversión sobre todo para las clases altas madrileñas. Después, en tiempos del rey Felipe IV entre los años 1630-1640 se construyó el Real Sitio del Buen Retiro lo cual provocó que muchos nobles se instalaran en sus proximidades. Uno de los hombres más poderosos que construyó su casa de recreo en las cercanías de la posesión real fue el duque de Lerma, recordemos edificada según proyecto de Juan Gómez de Mora.

Los cortesanos que deseaban vivir cerca del rey fueron convirtiendo las tierras de labor que se encontraban frente al Buen Retiro en los jardines de sus casas.

Según el manuscrito Libro de las casas y calles de Madrid (magníficamente transcrito por el investigador Roberto Castilla, desgraciadamente inédito), hacia 1650 la última edificación de la Carrera de San Jerónimo hasta el Prado era una casa-jardín en esos momentos propiedad del secretario Luis Sánchez García.

Este inmueble, junto con otros cuatro colindantes, formaron el sitio nº 6 de la que sería la manzana nº 173, que hacia 1750 era propiedad de la condesa de Altri, según consta en la Planimetría General. En 1771 su dueño pasó a ser el duque de Villahermosa, quien construyó el edificio actual, remodelado y adaptado por el arquitecto Rafael Moneo para albergar el Museo Thyssen-Bornemisza, inaugurado en 1992.

Entramos en el museo en cuyo vestíbulo hay un cuadro que representa el lugar en que nos encontramos, el ambiente y el aspecto de las calles tal como debían ser en las últimas décadas del siglo XVII, durante el reinado de Carlos II, el último de los Austrias.

museo thyssen

Foto: Museo Thyssen.

Es la Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado con cortejo de carrozas.

Anónimo, atribuido a Jan van Kessel III, pintor nacido en Amberes en 1654 que a finales de la década de los 70 llegó a Madrid y trabajó en la Corte. Óleo sobre lienzo de gran tamaño (164 x 445 cm) pintado hacia 1680, pertenece a la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Se encuentra en depósito en el Museo.

Tampoco se sabe con certeza qué acontecimiento representa pero parece claro que fue pintado con ocasión de la visita de algún alto dignatario a los monarcas, Carlos II y María Luisa de Orleans. Las carrozas se dirigen hacia el Palacio del Buen Retiro y a su alrededor se producen infinidad de escenas en las que los protagonistas son los madrileños de la época.

Todo tipo de personajes, nobles y pobres, hidalgos, curas y monjas, encapuchados, damas con abanicos, mujeres vestidas muy modestamente con su hijo en brazos, niños descalzos, perros jugando, un mozalbete bebiendo de la fuente, varias personas sentados en el borde del pilón o de pie, conversando… Los vecinos se asoman a ver pasar la comitiva…

fuentes

Vista de la C. de San Jerónimo y el Pº del Prado (detalle).

La pintura también nos proporciona una preciosa información acerca del caserío y las calles. A la izquierda se aprecia un trozo del muro o tapia de la casa del Duque de Lerma, y una de las Fuentes del Prado.

El Prado fue el primer lugar en que se empezaron a construir fuentes con un objetivo meramente ornamental, aspecto que cobró importancia con la llegada de la Corte a Madrid. A partir de ese momento, las fuentes siempre tuvieron protagonismo en los proyectos urbanísticos de la zona. La sencillez fue su principal característica. Por una parte, las fuentes-taza, puramente ornamentales, y por otra las pilas con uno o dos pedestales de granito, coronados con las tradicionales bolas graníticas herrerianas, dotados con surtidores que vertían a un pilón. Ambas aparecen representadas en el magnífico cuadro.

En la Carrera de San Jerónimo adivinamos el Convento del Espíritu Santo, sin terminar pues aún no aparecen las torres de la iglesia cuyas obras finalizaron alrededor de 1684, únicamente se ve una cruz coronando el tejado.

Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado (detalle).

Vista de la C. de San Jerónimo y el Pº del Prado (detalle).

A la derecha, el Paseo del Prado, con su frondoso arbolado. Al fondo, la Huerta de Juan Fernández, lugar de recreo inmortalizado por Tirso de Molina.

Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado (detalle).

Vista de la C. de San Jerónimo y el Pº del Prado (detalle).

Frente a la esquina donde hoy se encuentra el Museo Thyssen, aunque no se ve, en lo que hoy es la Plaza de la Lealtad estaba la Torrecilla de Música, sencilla casita donde se colocaban unos músicos que alegraban el paseo, y que también servía como alojería, o quiosco de bebidas.

Infinidad de detalles y pequeñas historias que poco a poco vamos contemplando con admiración en esta maravillosa Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado gracias a la cual, una vez más, paseamos por el Madrid del siglo XVII.

Por Mercedes Gómez

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Museo Thyssen-Bornemisza
Vestíbulo Palacio de Villahermosa,
Paseo del Prado 8.

JARDINES DEL PASEO DEL PRADO – RECOLETOS (V)

Retomamos los paseos por los jardines del Paseo de la Castellana, del Prado y Recoletos, un verdadero privilegio del que disfrutamos los madrileños y visitantes. Hoy os propongo una visita a los acogedores Jardines del Museo del Prado, otro de mis lugares preferidos de Madrid.

El edificio que hoy alberga el Museo del Prado, Antiguo Real Gabinete, Academia y Museo de Historia Natural, fue construido entre los años 1785 y 1808 según proyecto del gran arquitecto Juan de Villanueva. Las fotos de Jean Laurent nos muestran el lugar antes de la creación de los jardines cuyo origen se remonta al año 1860.

Foto J.Laurent (antes 1863). Museo de Historia (memoriademadrid.es)

Unos años después, en 1871, entre la fachada sur y la Puerta de entrada al Real Jardín Botánico, obra del mismo arquitecto, fue creada la Plaza de Murillo. Una vez más, gracias a las pinturas y grabados, sabemos que antes allí hubo una fuente, probablemente diseñada por el propio Juan de Villanueva. Estaba formada por un sencillo cuerpo central del que partían dos pilones semicirculares sobre los que se vertía el agua.

F.D.Marqués. "La Puerta del Jardín Botánico desde el Museo del Prado". 1870. (Museo de Historia) (memoriademadrid.es)

En el plano del General Ibáñez de Ibero se aprecia perfectamente el trazado de los nuevos jardines y la plaza.

Gral. Ibáñez Ibero (h. 1875)

En el siglo XX fueron reordenados por el paisajista Javier de Winthuysen.

Al parecer había surgido una polémica acerca de los árboles que impedían contemplar el Edificio de Villanueva desde el Paseo del Prado. Winthuysen conservó los antiguos y majestuosos cedros, que hoy día perviven, y dejó libre la puerta central, con la escultura dedicada a Velázquez mirando al paseo, obra de Aniceto Marinas, que había sido colocada en 1899.

Los terrenos quedaron ocupados por varios jardincitos, con parterres, macizos de flores, arbustos y árboles de distintas especies.

El jardín frente al Botánico mantiene su forma elíptica, con cuatro parterres organizados alrededor de la estatua del pintor Murillo, que fue instalada el mismo año de creación de la plaza. Se trata de una réplica de la escultura original que se encuentra en Sevilla, obra de Sabino de Medina (1861), realizada y ofrecida a Madrid por el propio autor.

Una espléndida Picea smithiana de más de veinte metros de altura y varios magnolios adornan este espacio hoy tan frecuentado como en el pasado.

Los Jardines del Museo del Prado están catalogados de Interés Histórico-Artístico, además forman parte del Paseo, antiguo Salón del Prado,  declarado Bien de Interés Cultural en su conjunto.

por Mercedes Gómez

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Paseo de la Castellana I.- Jardín del Museo de Ciencias Naturales.
Paseo de la Castellana II.- El Barrio de Indo.
Paseo de la Castellana III.- El Jardín del Hotel Villa Magna.

Paseo del Prado-Recoletos I.- El Jardín del Palacio de Linares.
Paseo del Prado-Recoletos II.- Paseo de Recoletos.
Paseo del Prado-Recoletos III.- Jardín del Palacio de Buenavista.
Paseo del Prado-Recoletos IV.- El Jardín del Palacio del Marqués de Salamanca.

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Bibliografía:

Teresa Sánchez-Fayos y Silvia Villacañas. “Los Jardines del Madrid Moderno”.
Ayuntamiento de Madrid. Madrid 2001.

La Fuente de los Patos se encuentra en una pequeña plazoleta en el comienzo del Paseo del Prado, frente a la calle de Montalbán. A pesar de encontrarse en un lugar muy transitado, junto a la Cibeles, no deja de ser un rincón un tanto escondido, en el que resulta muy agradable sentarse un rato a descansar.

La plazoleta, de forma elíptica, está delimitada por cuatro pedestales rematados por jarrones, unidos en sus lados norte y sur por dos grandes bancos curvos.

El pilón, de cuatro lóbulos, es de granito. En el centro se encuentra un bonito grupo escultórico de mármol situado sobre un pedestal de piedra en forma de cruz.

Está formado por cuatro patos unidos por las alas, con un caño en cada uno de sus picos. En el centro hay una cesta con ocho caracolas y en la parte superior otra figura que podría ser una alcachofa, de las que también mana el agua. En el eje norte-sur, en línea con las esculturas, hay otros dos surtidores verticales.

La fuente fue instalada a finales de los años 50 del siglo XX, cuando el arquitecto municipal Manuel Herrero Palacios reorganizó este espacio durante la reforma llevada a cabo en el Paseo del Prado y sus jardines. Por la misma época se colocaron los cuatro jarrones sobre los antiguos pedestales.

Los datos sobre la procedencia de la escultura son confusos. El propio Herrero Palacios contó que los Patos antes de ser trasladados al Paseo del Prado estuvieron en la Casa de Campo, dato que aparece hoy día en la web del Ayuntamiento. Pero según Luis Miguel Aparisi Laporta, gran especialista y estudioso de los parques de Madrid, ningún documento relaciona esta fuente con la Casa de Campo, y sí con el Retiro. Este conjunto escultórico, afirma, estuvo situado en un estanque en la plaza de Guatemala del Parque del Retiro, donde actualmente se encuentra el monumento al General Martínez Campos, obra de Mariano Benlliure. Dicho estanque recibía el nombre de Estanque de los Cisnes, ¿sería acaso el Estanque de los Patos?.

En lo único que parece estar todo el mundo de acuerdo es en que esta obra escultórica es muy antigua, podría ser de mediados del siglo XVIII.

En el proyecto del Plan Especial Recoletos-Prado esta fuente aparece como elemento protegido destinado a ser restaurado, igual que los antiguos pedestales de piedra que la acompañan y los clásicos bancos de piedra que jalonan el Paseo.

Pero es que la marea de monocorde y frío granito que invade el suelo de Madrid, tan del gusto del actual Consistorio -y de la mayoría de Arquitectos que ganan los concursos municipales últimamente por cierto-, que se llevó por delante zonas ajardinadas y antiguos bancos de piedra de la Plaza de la Independencia y Atocha, las fuentes de la Red de San Luis y Callao, asoló la plaza de Las Cortes…. está muy cerquita, ha llegado a las puertas del nuevo Ayuntamiento en Cibeles, y baja amenazante por la calle de Montalbán. ¿Estarán asustados los Patos?.

por Mercedes Gómez

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Fuentes:

Ayuntamiento de Madrid.

Plan Especial Recoletos-Prado

M. Herrero Palacios. Madrid, sus jardines y parques. Revista Villa de Madrid, nº 5. Madrid 1959.

Conferencia “De la Puerta de Atocha a la de Recoletos” por L.M. Aparisi Laporta el día 7 de mayo de 2008 en la Casa de Guadalajara.

Desde el siglo XVI, los Paseos del Prado Viejo de San Jerónimo, de Recoletos y de Atocha han sido importantes en la vida de Madrid y de los madrileños. Lugar de reunión, convertido por Carlos III en el Salón del Prado, en la actualidad reciben el nombre de Paseo de Recoletos y del Prado, este último llamado también “Paseo del Arte”, quizá algo único en el mundo, desde hace años sometidos a una remodelación conocida como Plan Especial Recoletos Prado.

Después de un primer intento en que el concurso convocado por el Ayuntamiento quedó desierto, en junio de 2001 se presentaron ocho proyectos realizados por los arquitectos más reconocidos internacionalmente. En ellos hubo propuestas de todo tipo, excavar un túnel para el tráfico, talar árboles, plantar árboles, recuperar el tranvía…

En los comienzos de 2002 fue seleccionado por unanimidad el proyecto diseñado por el arquitecto portugués Alvaro Siza.

Desde entonces ya se han llevado a cabo algunas de las ideas aprobadas, como la creación de la Oficina de Turismo en la plaza de Colón y la peatonalización de la Cuesta de Moyano.

Este año 2009, a cuenta del Fondo de Inversión Local, conocido como Plan E o Plan Zapatero, se han acometido las reformas de la plaza de Colón, el paseo de Recoletos y la glorieta de Atocha.

El traslado de la estatua de Cristóbal Colón al centro de la plaza es quizá el cambio más llamativo del nuevo Eje Prado-Recoletos, pero no el único.

Ya se pueden ver algunos de los nuevos elementos de mobiliario urbano, diseñados por el propio Siza, o su estudio. Las marquesinas de autobús son transparentes, y los clásicos bancos de piedra han sido sustituídos por otros de forma cuadrada, haciendo juego con las nuevas losetas del pavimento.

La Glorieta de Atocha en obras. Mayo 2009. Un antiguo banco a punto de desaparecer.

Agosto 2009. El nuevo pavimento casi instalado.

El mobiliario urbano es, o debe ser, un elemento importantísimo de la ciudad, que cumple dos funciones: estética y práctica, y desde ambos criterios debe ser juzgado. En cuanto al primer aspecto, en mi opinión, Madrid está lleno de elementos que afean sus calles (marquesinas, chirimbolos, contenedores de basura…). No cabe duda de que en este caso los diseñadores han buscado una línea moderna, y parece buena idea que las marquesinas sean discretas. Pero…

Diciembre 2009

En algunos casos se trata de elementos que además de útiles son ornamentales, al menos antes lo eran, como los bancos que sirven de asiento y ocasional reposo al paseante.

Los viejos bancos de piedra poco a poco van desapareciendo, y pronto solo va a ser posible verlos en algunos jardines históricos.

Queda pendiente el tramo más importante, el histórico Paseo del Prado, calificado en su conjunto como Bien de Interés Cultural, en cuyo desarrollo existen algunas discrepancias entre el Ayuntamiento y la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.

Dice el Ayuntamiento en su Plan Especial que “las intervenciones a realizar se van a parecer más bien a un minucioso trabajo de restauración de una enorme obra de arte”.

A ver si es verdad.

¿Van a desaparecer también los bancos de piedra del Paseo del Prado?

Paseo del Prado 2009

Deseemos un feliz año al Paseo del Prado y a Madrid,

y a todos. ¡Feliz 2010!

Mercedes

En sus orígenes Madrid estaba surcada por numerosos arroyos. Resulta difícil imaginarlo, pero por muchas de las calles hoy cubiertas de asfalto y coches, en el pasado corrían riachuelos.

Uno de ellos recorría el Prado Viejo. Lo que ahora son los bonitos paseos del Prado y de Recoletos, con sus fuentes y sus museos, durante siglos fue un escarpado barranco por el que corría el agua de un arroyo al que a su vez iban a parar las aguas que bajaban por sus laderas.

El ayuntamiento medieval, el Concejo, se enfrentaba a dos problemas importantes, controlar las aguas, que cuando llovía se desbordaban y arremetían contra todo lo que encontraban a su paso, y evitar que se convirtiera en un impedimento para cruzar de un lado a otro, sobre todo desde que en tiempos de Felipe IV, entre los años 1630-1640, fue construido el Palacio del Buen Retiro, en lo que entonces eran las afueras de Madrid.

Para solucionarlo, se construyeron paredones y puentecillos. Los primeros puentes se cree que se instalaron en el siglo XVI, quizá con la llegada de Felipe II, su Corte y la capitalidad. Eran construcciones muy simples, cuyo único objetivo era de orden práctico, poder salvar el arroyo. Y eran de madera, por lo que, entre la humedad que iba calando día tras día, y los desbordamientos, duraban muy poco, de forma que a lo largo del siglo XVII se fueron mejorando, las reparaciones eran continuas, y con el tiempo se fueron sustituyendo por otros de piedra. Uno de los más transitados estaba frente a la Calle de Alcalá.

Calle de Alcalá (Mancelli, hacia 1623)

Calle de Alcalá y Paseo del Prado (Mancelli, hacia 1623)

La Junta de Fuentes ordenó reconstruir este puente de paso cercano a la primitiva Puerta de Alcalá, al fin y al cabo por allí pasaba a menudo Su Majestad en dirección al Buen Retiro. Las aguas volvieron a destruirlo y el Maestro Mayor de Obras consideró urgente sustituirlo por uno de cantería. Les daba miedo que en una de esas se hundiera mientras pasaba el Rey.

A mediados de siglo por fin las modestas tablas de madera fueron sustituidas por un puentecillo de piedra.

De todas formas, la necesidad de reparaciones continuaba, y así seguían las cosas en los comienzos del siglo XVIII. El Maestro de Cantería reparaba las grietas, y el Maestro Empedrador renovaba la calzada. Y al poco tiempo, vuelta a empezar.

Asi que el Maestro de Obras proyectó un puente más sólido, en piedra berroqueña, con arco de medio punto, rematado en sus extremos con cuatro pedestales, y al parecer dotado de bancos para descanso de los paseantes.

Nunca había visto una imagen del puentecillo… ¿cómo sería?…

Hace varias semanas os hablaba de una pintura de Antonio Joli que me gustaba mucho, se trataba de una Vista de la Calle de Alcalá, realizada en torno al año 1750, con la Puerta de Alcalá al fondo.

Hace unos días, casualmente, descubrí otra Calle de Alcalá realizada por el mismo autor en la misma época, pero esta vez desde el extremo contrario, el pintor situado junto a la Puerta de Alcalá, al fondo la Puerta del Sol.

Desde allí, ¡Joli pintó el cauce del arroyo y el puentecillo que permitía cruzar y entrar en la Villa por el camino de Alcalá!. Qué bonito y qué mágico.

Calle de Alcalá

La Calle de Alcalá, de Antonio Joli (hacia 1750). Colección particular. (Del Catálogo de la exposición "Palabras Pintadas". Sala de las Alhajas Madrid 2004).

Detalle

(Detalle del cuadro)

En la segunda mitad del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III, el Paseo fue reformado, adornado y convertido en el Salón del Prado; y el arroyo encauzado. Fue por entonces cuando llegó la diosa Cibeles, por supuesto para quedarse.

El arroyo no se tapó hasta el siglo XIX, en tiempos de Fernando VII.

Pero sus aguas allí siguen, bajo la plaza, bajo la Cibeles, y se cuenta que en caso de emergencia ante un casi imposible intento de robo a las cámaras subterráneas del Banco de España, inundarían todo, desbordándose, como hace siglos.

26 septiembre 2009

septiembre 2009

Por Mercedes Gómez

La Plaza de la Lealtad se encuentra situada sobre los terrenos del antiguo Prado Alto, a orillas del Paseo por donde en el siglo XVI discurría un arroyo. Era entonces una zona de huertas, junto al Monasterio de los Jerónimos, que en los siglos posteriores se convertiría en un lugar de ocio y diversión.

Plano de Mancelli (1623)

Plano de Mancelli (1623)

Pronto surgieron edificaciones de tipo lúdico, como la Torrecilla de Música, que ya se aprecia en el primer plano de Madrid, el plano de Mancelli. Construida en 1613, era una casita muy sencilla donde se colocaban unos músicos que alegraban el paseo, y que también servía como alojería, o quiosco de bebidas, a los que desde siempre parece que hemos sido, y seguimos siendo, muy aficionados los madrileños.

Plano de Texeira (1656)

Plano de Texeira (1656)

Cerca de la Torrecilla se encontraba la Fuente del Caño Dorado, fuente modesta que abastecía de agua fresquita a los paseantes.

Torrecilla de Música (nº 65) y Fuente del Caño Dorado (nº 67) en el Plano de Texeira.

Torrecilla de Música (nº 32) y Fuente del Caño Dorado (nº 67) en el Plano de Texeira

La Torrecilla sobrevivió hasta mediados del siglo XVIII, cuando en tiempos de Carlos III se acometió la gran reforma del Prado. En el plano de Espinosa la zona se representa ya ajardinada.

Plano de Espinosa (1769)

Plano de Espinosa (1769)

Después de la Guerra de la Independencia el lugar fue conocido como Campo de la Lealtad, debido a que allí fueron fusilados numerosos madrileños sublevados contra los franceses, decidiéndose la creación de un monumento a estos héroes.

El Obelisco del Dos de Mayo, proyectado por Isidro González Velázquez en 1822, no fue inaugurado hasta 1840.

Plano Ibáñez de Ibero (1875)

Plano Ibáñez de Ibero (1875)

El Obelisco estaba rodeado de un jardín, que continúa existiendo, rodeado de preciosos árboles, entre los que se encuentra un Madroño centenario, uno de los árboles más singulares de Madrid.

jardin obelisco

obelisco

En la segunda mitad del siglo XIX surgieron cafés, circos, teatros, etc. en los alrededores.

Donde antes hubiera un teatro, El Dorado, entre los años 1886-1893 Enrique María Repullés y Vargas construyó el magnífico edificio de la Bolsa de Comercio de Madrid, que esta mañana, asomados a un balcón prestado, contemplamos a nuestra derecha.

Bolsa

A la izquierda, el Hotel Ritz, construido en el siglo XX sobre el terreno de un antiguo Jardín de Recreo, el Tívoli.

Hotel

Hotel Ritz, y al fondo el Hotel Palace.

Sin duda todo ha cambiado. Por el lugar donde antes hubo un curso de agua ahora circulan demasiados automóviles, la Torrecilla ha sido sustituida por modernos bares o restaurantes; la fuente del Caño Dorado, por la espectacular fuente de Neptuno.

Ahora los edificios de lujosas viviendas y oficinas separan la Plaza de los escasos restos del Palacio del Buen Retiro.

Pero felizmente, tras sus patios y tejados, como testigo de tiempos pasados, allí continúa la Iglesia del antiguo Monasterio de los Jerónimos.

Jeronimos tras tejados

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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ACTUALIZACIÓN 1 de marzo 2013:

La Torrecilla de música se terminó de construir y se comenzó a utilizar en 1613 y no en 1620, como siempre se ha dicho, según ha demostrado J.M. Muñoz de la Nava Chacón y recuerda en su trabajo “Antonio Mancelli: corógrafo, iluminador, pintor y mercader de libros en el Madrid de Cervantes (I)”. Revista Torre de los Lujanes, Nº 57 (2005).


El edificio de las antiguas Serrerías Belgas, situado entre las calles Cenicero y Alameda, a un paso del Paseo del Prado, es uno de los pocos ejemplos de arquitectura industrial que perviven en Madrid, una vieja fábrica maderera destinada ahora a albergar cultura contemporánea.

El año 1840 se fundó la Sociedad Belga de Fincas Españolas, asentándose en un espléndido solar al final de la calle de Atocha que tiempo atrás ocupó un convento. La elección resultó acertada pues poco después se inauguró la Estación de Atocha o del Mediodía, hecho que favoreció sin duda la prosperidad de esta empresa.

En 1863 se ampliaron las construcciones iniciales, que sufrieron numerosas reformas y cambios durante los primeros años del siglo XX, hasta llegar al edificio actual.

Esta Sociedad fue el antecedente de la actual propietaria del “Pinar de los Belgas” en Rascafría: la Sociedad Anónima Belga de los Pinares del Paular, que en su web conserva recuerdos de aquellos tiempos lejanos en que la industria maderera se encontraba en la madrileña calle de Atocha.

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Después de la guerra se fueron ampliando las instalaciones con la compra de nuevos terrenos. La idea fue rentabilizar la propiedad con la construcción de algunos comercios y viviendas, al final lo que se construyó fue un hotel, el Hotel Mercator, finalizado en 1954.

Esta fue la sede de la fábrica hasta los años 70 del siglo XX, la actividad se fue reduciendo poco a poco hasta quedar las naves casi abandonadas y, en el año 2000, se vendió el hotel.

En su lugar se construyó el moderno Hotel Paseo del Arte, que fue inaugurado en 2002 en el actualmente nº 123 de la calle de Atocha.

Las naves de las antiguas serrerías fueron adquiridas por el Ayuntamiento y poco después nació el proyecto de rehabilitación para convertirlas en una de las sedes de la INTERMEDIAE, centro de arte dedicado a la Creación contemporánea y a las últimas técnicas de expresión artística. La otra sede, ya en funcionamiento, es el antiguo Matadero de Legazpi.

Tras el grave incendio de una Subestación Eléctrica de Unión Fenosa en el mes de julio de 2004, que estaba situada entre las serrerías y la antigua Central Eléctrica de Mediodía -hoy convertida en el Caixa-Forum- , lo único que quedó fue un gran solar.

Poco después del incendio, la medianería que se asomaba a dicho solar fue cubierta con un enorme mural de lona que invitaba a leer el capítulo XXXIX del Quijote como antesala protectora de las naves de las antiguas serrerías.

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A continuación, caminando por la calle Alameda, se leía perfectamente el rótulo que informaba que ahí estuvieron los viejos ALMACENES Y TALLERES MECÁNICOS. Una verja y un pequeño patio-jardincillo donde desde siempre hubo un árbol, separaban las naves del hotel. Al fondo, la calle Atocha.

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Por la calle Atocha, llegamos a la de Cenicero donde se encuentra la fachada que anuncia MADERAS DEL PAÍS Y EXÓTICAS. La antigua entrada a la fábrica por la Calle Cenicero nº 8 anuncia TALLERES Y PINARES PROPIOS.

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Unión Fenosa cedió el solar al Ayuntamiento, para zona verde. La subestación fue trasladada y reconstruida bajo la Cuesta de Moyano; el solar se convirtió en la nueva Plaza de las Letras, inaugurada en abril de 2007; y la medianería ahora luce unos paneles ondulados de metal, quizá acordes con el pasado industrial de la zona.

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medianeria

Bajo la plaza se instaló el Medialab-Prado, un programa del Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid relacionado sobre todo con la nueva cultura digital, como adelanto a la futura Intermediae.

El mismo año 2007 se falló el concurso de ideas para la “adecuación de la antigua serrería belga” y convertirlo en el centro Intermediae-Prado, resultando ganador el proyecto “Street Fighter”, de los arquitectos María Langarita Sánchez y Víctor Navarro Ríos, quienes afirman querer buscar un equilibrio entre lo que el edificio ha sido y lo que será. El viejo edificio conservará su estructura y “la memoria del pasado se mantendrá como un punto y seguido…

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El carácter que el uso de la serrería dio al edificio, su maquinaria específica, todo será recubierto con una pátina de resinas que congelará en el tiempo lo que la serrería fue hasta esa fecha para poder reescribir encima lo que el edificio puede llegar a ser”.

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Hoy, allí sigue cercana la Estación de Atocha, desde donde ahora parte el AVE a diferentes lugares, en lugar de los viejos trenes, algunos cargados de madera; el Paseo del Prado se ha convertido en el Paseo del Arte, con el maravilloso Museo del Prado, el Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Thyssen, el Caixa Forum. Y allí permanece el edificio de la antigua serrería que pronto albergará el nuevo centro Intermediae-Prado. Los rótulos ahora están tapados por lonas que anuncian el futuro centro cultural, pero cuando finalicen las obras seguro volverán a mostrarse, recordando el uso industrial que las naves un día tuvieron.

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Como testigo de todos los cambios acaecidos durante estos más de ciento sesenta años, el árbol continúa en su lugar, en el patio-jardincillo, observándolo todo.

hotel-arbol2

Fuentes:

COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
http://www.esmadrid.com/intermediaeprado/pdf/plano_street_fighter.pdf

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Texto y fotografías: Mercedes Gómez

artedemadrid@gmail.com
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