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Jardines del Barrio de Salamanca (II)

Retomamos nuestro recorrido por los Jardines del Barrio de Salamanca, que iniciamos hace tiempo en la Plaza de la Independencia, con un paseo en busca de los jardines en patios de manzana o de vivienda, algunos de los cuales están considerados Jardines de Interés Histórico. La búsqueda no es fácil porque en la mayoría de los casos se trata de propiedades privadas y lógicamente no se puede acceder, pero esperamos que la caminata resulte bonita y fructífera.

Recordemos que cuando en 1860 se proyectó el nuevo barrio de Salamanca, dentro del Plan de Ensanche de Madrid realizado por Carlos Mª de Castro, uno de los elementos previstos en la construcción de los edificios de viviendas fue el del Patio de Manzana, con funciones de jardín interior, con fines higiénicos y también estéticos y de disfrute.

Dentro del Plan se contemplaba la demolición de la Cerca que rodeaba Madrid desde que en 1625 el rey Felipe IV mandó levantarla. En 1866, aún faltaban dos años para su derribo, ya se había explanado el perímetro del proyecto de Ensanche, así está representado en el plano de esa fecha. En esos momentos solo se habían construido las primeras manzanas de Serrano, y poco más. Aún existía la plaza de toros junto a la Puerta de Alcalá y los jardines de los Campos Elíseos frente al Retiro.

Plano de Madrid, 1866 (detalle)

Plano de Madrid, 1866 (detalle)

Desde la Puerta de Alcalá la Cerca discurría por la actual calle de Serrano para bajar por lo que luego sería la calle de Jorge Juan hasta la zona que hoy conocemos como plaza de Colón.

Puerta de Alcalá en la plaza de la Independencia (2014)

Puerta de Alcalá en la plaza de la Independencia (2014)

Su derribo en 1868 facilitó por fin la construcción del Ensanche, que incluía el futuro barrio de Salamanca, que comenzó precisamente por esta calle de Serrano, entonces Paseo de Ronda.

Debido a los intereses económicos y problemas diversos que alteraron los planes iniciales, la realidad fue que en la mayor parte de manzanas no llegaron a crearse los patios, y apenas se conservan algunos. Otros fueron ocupados por otro tipo de construcciones, recordemos la antigua Platería Espuñes en la calle de Castelló.

Caminando por Serrano, dejamos atrás la calle de Villanueva donde se encuentra el único palacete obra de Cristóbal Lecumberri que ha sobrevivido a la piqueta de los diez construidos por el Marqués de Salamanca a finales del siglo XIX en la zona cercana a la Puerta de Alcalá, que conserva su espléndido jardín.

Lecumberri fue también el autor del segundo proyecto de las primeras manzanas de viviendas levantadas en el naciente barrio, entre 1864 y 1872, en la calle de Serrano nº 16 a 102, Lagasca 32-42 y Claudio Coello 14-28. Las obras fueron llevadas a cabo por Elías Rogent y el maestro de obras Luis Ruiz Álvarez. Eran las manzanas 208 a la 216.

Barrio de Salamanca 1875 (Imagen: COAM)

Barrio de Salamanca, proyecto 1875 (Imagen: Guía COAM)

Solo las dos primeras, 208 y 209, entre Villanueva y Goya conservan la idea original de gran patio de manzana ajardinado.

Calle Serrano esquina Goya

Calle Serrano esquina Goya

El de la manzana 209, entre Serrano, Goya, Claudio Coello y Jorge Juan, se puede ver tras una puerta de cristal desde una de las cafeterías del centro comercial El Jardín de Serrano, de revelador nombre. Son más de dos mil metros cuadrados de vegetación exuberante y bien cuidada. Castaños, alguna palmera, laurel, el árbol del amor…

goya 6 jardin

… y, por supuesto, no podía faltar la fuentecita de piedra en el centro. Estos patios fueron públicos hasta el año 1885 en que fueron privatizados.

goya 6 fuente

Continuamos caminando por la calle Serrano hacia la de Hermosilla, contemplando magníficos edificios.

hermosilla26

Calle Hermosilla 26

En el nº 26 encontramos un jardín encantador, un pequeño patio hoy ocupado por bonitas tiendas que en el pasado perteneció al patio de la manzana.

hermosilla26 patio

Plátanos de sombra, hiedra y boj adornan el lugar.

hermosilla26 entrada

Seguimos por Hermosilla y al llegar a la calle de Castelló, casi en la esquina, en el nº 43, se encuentra el Palacete de don Luis Redonet López-Dóriga construido en 1910 por Joaquín Saldaña. En el interior de la manzana se encuentra el bello jardín trasero de esta vivienda palaciega. Pude contemplarlo, gracias a su amable propietaria, pero no hacer fotografías. Se trata de un jardín muy bello, situado hoy día entre las medianerías de las viviendas colindantes, con árboles centenarios, parterres curvos rodeados de setos, muros de cerámica y una bonita fuente con la figura de niño realizada en hierro fundido, que ya no funciona. Igual que los patios de las manzanas en la calle Serrano, goza del máximo Nivel 1 de protección.

Calle Castelló 43

Calle Castelló 43

Finalmente, aunque no forma parte del Catálogo de espacios protegidos, en la calle de Padilla, entre los números 1 y 3 descubrimos un pequeño jardín, una delicia entre dos edificios pertenecientes a una de las últimas manzanas proyectadas por Lecumberri, la 215, entre Serrano, Padilla, Claudio Coello y Juan Bravo.

Calle Padilla 1-3

Calle Padilla 1-3

padilla 1

El acogedor jardincillo hoy sirve de acceso a una galería de arte y a un restaurante.

padilla1 terraza

 

Por : Mercedes Gómez

Fuentes:

COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.

Ayuntamiento de Madrid

 

La fundición de escultura en bronce es una técnica muy antigua y uno de los trabajos artesanales quizá más desconocidos. El bronce, material artístico por excelencia, llamado a perdurar gracias a su resistencia, está presente en infinidad de obras en los museos y calles madrileñas. Su propia historia es apasionante. Es una aleación metálica compuesta de cobre y, en pequeña proporción, estaño, y fue la primera de importancia descubierta por el hombre, tanta que dio nombre a un periodo de nuestra prehistoria, la Edad del Bronce. Nuestros antepasados mezclaron los minerales en hornos de carbón vegetal, en un principio para la realización de armas y otros utensilios, y descubrieron un arte que se convertiría en milenario.

Entre los procedimientos empleados desde los tiempos más remotos se encuentra la fundición a la cera perdida. El camino es largo y laborioso, desde que el artista esculpe el original en barro hasta llegar a la obra definitiva en bronce. El fundidor hace realidad la idea del escultor. Para comprender el valor y complejidad del proceso os recomiendo leer el artículo de Ramón Puig en su blog ensondeluz.

Son varias las empresas que se dedican a esta tarea en Madrid. Arte 6, nacida en 1994, creadora de obras emblemáticas como El Abrazo, de Juan Genovés, ubicada en la plaza de Antón Martín. Capa Escultura, empresa familiar, fundada en 1958 por Eduardo Capa. Por citar una de sus obras recientes, de sus hornos salió la espectacular Puerta de la Ampliación del Prado, de Cristina Iglesias. Ambas fundiciones se encuentran en Arganda del Rey. La más antigua es la Fundición Codina. Ha cumplido 120 años.

La historia de cinco generaciones de esta familia es la historia de nuestro patrimonio escultórico. Su origen se remonta a la actividad de Federico Masriera y Francesc Vidal en la Barcelona modernista del siglo XIX. En 1891 Federico abrió su propia fundición artística, junto a su sobrino, a la que llamarían Masriera y Campins, en la que recuperaron la técnica de la cera perdida. Al cabo de un tiempo Masriera abandonó la empresa y Campins se asoció con Benito de Codina. Poco después se trasladaron a Madrid y fueron el germen de la actual Fundición Codina Hermanos, cuyos hornos desde la calle Cartagena a la de Albarracín hasta llegar al emplazamiento actual en Paracuellos del Jarama han dado forma a las obras de más de 750 escultores utilizando 12.000 toneladas de bronce fundido.

codina hnos

Con motivo de este aniversario se ha presentado en la Fundación Diario Madrid una maravillosa exposición: Fundición Codina, 120 aniversario. El bronce desde 1892.

La visita es una delicia, por varios motivos, da gusto recorrer la calle de Larra, entrar en el edificio que alberga la Fundación, y por supuesto detenerse en cada detalle de la propia muestra.

La calle de Larra va desde la calle de Barceló, frente al Museo Municipal, hasta la de Sagasta. Los edificios son notables, en el nº 2 se encuentra el antiguo Cine Barceló, obra racionalista de 1930 de Luis Gutiérrez Soto; en la acera de los impares, nº 11 a 21, los bonitos edificios de viviendas proyectados en 1928 por Luciano Delage Villegas para don Juan Castro. Y en el 12 la sede de la Fundación, que hoy día comparte con el Instituto Europeo de Diseño.

Antiguo edificio, talleres y almacén de la revista Nuevo Mundo, su construcción inicial se remonta a los comienzos del siglo XX, proyecto de 1906 de Jesús Carrasco-Muñoz Encina. Como leemos en la placa instalada por el Colegio de Arquitectos de Madrid, “el edificio actual es el resultado de una serie de ampliaciones y reformas de un primer inmueble proyectado para el semanario Nuevo Mundo. En diversas épocas también sirvió de sede a los diarios La Voz, El Sol, Arriba y Marca”. Está adornado con detalles modernistas y cerámicas de Daniel Zuloaga. Su planta rectangular se organiza alrededor de un patio cubierto, hoy convertido en sala de exposiciones. Hasta el próximo día 31 de enero este patio, bajo su bella cubierta de vidriera policromada, acoge una selección de obras de la Fundición, un auténtico lujo. Medallas, esculturas y fotografías nos muestran la historia de los talleres, el proceso artístico, y casi una Historia de la Escultura de los últimos cien años.

patio Diario Madrid

Julio López Hernández, escultor del que hemos hablado aquí hace poco y gran impulsor de esta exposición, es el autor de las medallas que se entregan a los escritores galardonados con el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes todos los 23 de abril, así como del retrato de cada autor premiado. Se exponen aquí treinta y dos modelos de escayola utilizados para su fundición en bronce, cuya colección completa se encuentra en la Universidad de Alcalá.

retratos Cervantes

En la recepción de la sede han situado el boceto original en escayola del monumento a Indalecio Prieto, de Pablo Serrano, gran escultor al que tanto hemos admirado en este blog. Ya en el interior del patio, perfectamente iluminado, contemplamos bocetos en bronce de grandes obras, como la de Don Quijote y Sancho del monumento a Cervantes en la plaza de España, realizada por Federico Coullaut Valera, hijo de Lorenzo. Asombra la perfección que puede alcanzar en el detalle un material de tanta dureza.

Se muestran algunas joyas, como el monumento a Antonio Machado de Julio López Hernández, formado por un relieve y una escultura, nunca llevado a término, al menos de momento.

Una de las obras más atractivas es el boceto del Ángel de Madrid nuevamente de Federico Coullaut Valera, obra que corona el emblemático Edificio Metrópolis, fundido en bronce recientemente pues el original en yeso tan delicado estaba en peligro.

angel de madrid

Asombra poder contemplar de cerca el molde en resina de poliéster y escayola de la cabeza del caballo del General Martínez Campos, gran obra de Mariano Benlliure instalada en el Retiro en 1907.

caballo Benlliure

Curiosidades como los “monumentos que nunca llegaron a erigirse”, dedicados a Felipe V y Fernando VI. Documentos fotográficos de gran interés, como la carta manuscrita de Pablo Serrano en relación a su Cabeza de Machado enviada al MOMA de Nueva York. Etc. La exposición es un homenaje al arte de la escultura y la fundición, también una llamada para que no se pierda este oficio.

Además de admirar obras de arte hemos aprendido mucho acerca de esta actividad artesanal. El hermoso trabajo desde que el escultor creó el primer modelo, la intervención de vaciadores, moldeadores y fundidores. El horno de cocción es la mufla, donde las obras permanecen entre tres y ocho días a altísimas temperaturas hasta que por fin, el milagro, se produce el vaciado en bronce. La obra resultante aún debe ser cincelada y finalmente, aplicada la pátina, que dará a la escultura su aspecto definitivo.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo exposición Fundición Codina, 120 aniversario. El bronce desde 1892.
Fundación Diario Madrid, 2012.

Tenemos una buena noticia: la Corrala de la calle de Carlos Arniches ha abierto sus puertas.

Han pasado casi quince años desde que el Ayuntamiento de Madrid se comprometió a rehabilitar el edificio de la calle de Carlos Arniches nº 3 y 5, salvado de la piqueta unos años antes, y cederlo a la Universidad Autónoma con el fin de acoger su Museo de Artes y Tradiciones Populares. Este museo había sido fundado en 1975 y ubicado en la Facultad de Filosofía y Letras, en Cantoblanco. Por su parte, la UAM se comprometía a hacerse cargo del edificio para crear allí un centro cultural universitario que incluiría la sede del Museo de Artes y Tradiciones Populares.

El Ayuntamiento cumplió su parte. Las obras han durado varios años y fueron laboriosas debido a la complejidad y al mal estado del edificio, finalizando en 2008. Pero los años seguían pasando y la apertura del museo nunca llegaba a convertirse en realidad.

Aunque siga sin trasladarse totalmente, de momento, el pasado lunes día 21 se ha inaugurado una exposición temporal, que se prevé de larga duración, aperitivo de lo que los grandes fondos de este museo puede ofrecernos en el futuro.

La antigua corrala, conocida como El Corralón, fue construida en el Cerrillo del Rastro, barrio de Embajadores, hacia 1860, quizá antes. En sus comienzos la planta baja fue casa de postas, y siempre, hasta sus últimos tiempos, estuvo ocupada por comercios. Las plantas superiores eran viviendas.

Ha sido restaurada y rehabilitada según proyecto del arquitecto Jaime Lorenzo, respetando muchos de los elementos y materiales originales de la vieja construcción. El resultado es magnífico.

La entrada al Centro Cultural La Corrala y al Museo de Artes y Tradiciones Populares tiene lugar por un espectacular portalón de madera, antigua entrada de carruajes. Los vecinos accedían a sus modestas viviendas por los portales situados junto a él.

Traspasado el zaguán llegamos al singularísimo patio alrededor del cual se organizaba la corrala. Sus vigas de madera han sido felizmente conservadas, reponiéndose solo las que estaban en mal estado. Su forma es la de un rectángulo irregular, adaptado al solar pentagonal.

La fuente-abrevadero, que originalmente estaba situada en un lateral, ha sido reconstruida como recuerdo de lo que fue en el pasado, de forma que ahora su fondo acristalado sirve para iluminar el sótano abovedado.

Por fin entramos en “la vivienda más característica de Madrid, casa de vecinos con patio comunal y en forma de corredor”, como aquí mismo explican.

Nos admiran algunas de las puertas, ventanas y muros conservados.

Esta primera exposición está dedicada al Ciclo festivo del año. Los motivos de celebración personales, que marcan nuestra vida, y las fiestas públicas, todas están representadas con objetos y trajes de muchos rincones de España.

La mayoría son muy delicados y necesitan ser preservados por lo que la exposición al parecer irá cambiando las piezas expuestas.

Madrid está representado por unos espléndidos gigantes y cabezudos. Quevedo, el diablo Cojuelo, Maribárbola, don Carnal, sor Patrocinio, doña Cuaresma, la Calderona…

Fiestas de Navidad, Semana Santa, de primavera y verano… una selección muy bonita, en un museo nuevo y moderno, bien acondicionado, que a la vez conserva muestras de lo que fue la vida en el pasado en esta corrala madrileña, y en la sociedad en general. Objetos de la vida cotidiana, o relacionados con ella, fabricación del pan, el vino…

Una visita encantadora.

Por Mercedes Gómez

Hace unos días nuestro amigo Manuel Romo, en su estupendo blog Madriz hacia arriba, nos habló de uno de los conjuntos arquitectónicos más notables de Madrid, las antiguas Salesas Reales. Nos contó su historia, evolución, detalles de su reconstrucción… y nos mostró su iglesia, único elemento que se salvó del incendio en los inicios del siglo XX.

El Antiguo Monasterio de la Visitación de las Salesas Reales es actualmente la sede del Tribunal Supremo. Hoy, como complemento al artículo de Manuel, os invito a visitar su interior, que guarda algunos tesoros.

El Palacio de Justicia del Tribunal Supremo, con fachada principal a la Plaza de la Villa de París, es uno de los edificios más espectaculares que he tenido ocasión de visitar en Madrid. Su interior barroco afrancesado deslumbra al visitante. Suelos de mármol de distintas tonalidades, columnas jónicas coronadas por capiteles dorados, vidrieras delicadas que permiten el paso de la luz en los salones, pinturas al fresco en sus techos…

Tras la fachada principal, el gran vestíbulo con las figuras de Justiniano y Alfonso X, realizadas por Lorenzo Coullaut Valera, y la monumental Escalera de Honor que nos llevará directamente al Salón de Plenos, en la segunda planta. Pero antes vamos a visitar la Primera Planta.

La entrada tiene lugar por la calle del Marqués de la Ensenada, por donde accedemos al antiguo Vestíbulo de la Audiencia Provincial, decorado con vidrieras de inspiración modernista -que se repetirán por todo el edificio- y frescos de Álvaro Alcalá Galiano.

En la Galería Central de la antigua Galería de Pasos Perdidos de la Audiencia se encuentra la fuente original de mármol que en el pasado decoró el bello Patio.

La actual es una reproducción.

En la segunda planta, en el majestuoso Salón de Plenos, existe un escudo realizado por Mariano Benlliure. Aquí se realiza la presentación solemne del año judicial, presidida por S.M. el Rey. La estancia está adornada con mármoles, tapicerías lujosas, vidrieras y una pintura al fresco obra de Marcelino Santa María.

Aquí hallamos la Galería de Pasos Perdidos del Tribunal Supremo, con sus características columnas jónicas, y nuevamente con pinturas  de Alcalá Galiano que representan las virtudes de la Justicia.

Las obras son propiedad de Patrimonio Nacional, entre las cuales se encuentran algunas pinturas de gran valor, como una espléndida Inmaculada de Claudio Coello, en la Sala de Vistas de la Sala I de lo Civil.

Y el Cristo, obra de Alonso Cano, en la Sala de Vistas de la Sala II de lo Penal.

Después pasamos a la Sala de Banderas, con todas las banderas de España y de la Unión Europea bajo una vidriera cenital, acceso a la Presidencia del Tribunal Supremo.

Visitamos el Salón de Plenillos, y el Antedespacho del Presidente, conocido como La Rotonda, por su planta circular, es una de las estancias más bonitas, con su cúpula pintada al fresco por José Garnelo. Alegorías del Derecho en todas sus formas (Canónico, Romano, Civil, Penal…) entre medallones con símbolos de la Justicia.

La estancia original perteneció al palacio de doña Bárbara de Braganza, y gracias a la generosa luz que entraba por sus ventanales era utilizado por las novicias como sala de bordado. Los sillones actuales fueron encargados por la reina Isabel II.

Por la Escalera de Honor bajamos hasta el gran vestíbulo principal, bajo otra vidriera y pinturas al fresco, donde volvemos a nuestro punto de partida. Tras una foto de familia, la visita ha terminado.

Todos los años, en otoño, el Tribunal Supremo abre sus puertas al público durante una semana. Merece la pena estar atentos.

Por Mercedes Gómez

 

Uno de los primeros artículos que escribí para este blog, hace ya bastante tiempo, fue el dedicado a la Sacristía de los Caballeros y el Patio de Moradillo, pertenecientes al conjunto de las Comendadoras de Santiago, que había tenido la suerte de conocer unos meses antes durante la Semana de la Arquitectura 2008. Actualmente hay una novedad interesante, existen visitas guiadas a la Sacristía, todos los primeros lunes de mes a cargo de los propios profesionales que han procedido a su exquisita restauración, por lo que me gustaría volver a este lugar, recomendarlo a quien no lo conozca, y recordar su historia.

El Convento de las Comendadoras y la Parroquia de Santiago el Mayor, situados en la plaza del mismo nombre, constituyen uno de los monumentos más importantes de Madrid, declarado Bien de Interés Cultural en 1970.

Ocupa toda la manzana, rodeada por las calles del Acuerdo, Montserrat, Amaniel, plazuela de las Comendadoras y calle de Quiñones. Su imagen y el ambiente que transmite por un momento te transporta al siglo XVII.

Fue fundado en 1584, aunque la escritura para las obras no se firmó hasta 1667, las cuales fueron encargadas a los arquitectos José del Olmo y su hermano Manuel. En 1650 el rey Felipe IV se hizo cargo del patronato de las Comendadoras y mandó traer monjas de Valladolid, pero murió antes de iniciarse la construcción del monasterio; fue su viuda Mariana de Austria la que por fin dió inicio a las obras. Eran grandes las dificultades económicas que sufría Madrid en esa época, se tardaron casi 30 años, no finalizando la construcción hasta 1697.

En un Madrid poco dado a conservar sus edificios más antiguos, hay que resaltar que es el único monasterio madrileño que se conserva íntegramente, sin que ninguna de sus dependencias haya sido demolida, aunque fue reformado por Sabatini en el siglo XVIII por orden de Carlos III.

En el ángulo noreste del convento se encuentra la Sacristía de los Caballeros, una joya auténtica, construida por Francisco Moradillo entre los años 1746 y 1753, durante el reinado de Fernando VI. Una joya inesperada, oculta, pues no se ve desde la calle, es imposible, carece de fachadas y está construída en el interior del conjunto.

Bellísima, de estilo barroco, era el lugar donde se preparaban para el nombramiento de Caballeros de la Orden de Santiago, ceremonia que luego tendría lugar en la Iglesia. Hace unos años, durante la exposición dedicada a la Colección Madrazo adquirida por la Comunidad de Madrid en 2006, instalada en algunas de las rehabilitadas salas y deambulatorios del convento, se podía vislumbrar, tras el cristal de la puerta cerrada, y con las luces apagadas.

Una magnífica restauración ha permitido recuperar el antiguo esplendor, perdido por el paso del tiempo y las varias reformas sufridas. Ahora ha recobrado su aspecto primero, sus colores originales, pavimento, toda su espectacularidad.

La entrada tiene lugar por la calle del Acuerdo, nada mas traspasarla, a la derecha se encuentra la puerta de acceso a la Sacristía que aparece deslumbrante ante nuestros ojos:

Detalles escultóricos y pictóricos adornan sus muros, hornacinas y la cúpula.

Al fondo, la figura del Apóstol Santiago, flanqueada por dos puertas, la de su izquierda nos lleva a una pequeña estancia con una lujosa pila de mármol en la que se lavaban estos nobles antes de de la ceremonia y de la misa.

El techo, con la cruz de Santiago, y la cúpula decorada con falsas ventanas al trampantojo, recurso pictórico muy utilizado en el Madrid barroco, como sabemos.

La otra puerta nos dirige a un patio delicioso.

El Convento de las Comendadoras de Santiago esconde, además del gran patio central, otros seis patios más pequeños, como se puede apreciar en el detallado plano de Ibáñez de Ibero realizado hacia 1875:

Uno de estos patios se encuentra junto a la Sacristía de los Caballeros -arriba a la derecha del plano-, y también se encontraba en muy mal estado. Es el hoy conocido como Patio de Moradillo.

Al igual que en la Sacristía, los trabajos de restauración han permitido recuperar las pinturas murales primitivas. El deteriorado estado en que se encontraba el pequeño patio se podía apreciar en los paneles explicativos de las distintas fases acometidas por los restauradores que nos mostraron durante aquella primera visita.

Antes

Después

En la decoración primitiva del patio se utilizaron los mismos colores que en el interior, como podemos observar en las fotografías. E igualmente se recurrió al trampantajo, veamos el delicado pañuelito imaginario tendido en una de las falsas ventanas.

La antigua fuente de piedra también ha sido recuperada.

La Iglesia de las Comendadoras permanece cerrada. Sí ha terminado, según se ha publicado recientemente, la restauración del lienzo del gran pintor barroco Lucas Jordán, el Santiago Apóstol en la Batalla de Clavijo, del siglo XVII, que se encuentra a salvo en una de las estancias próximas a la parroquia y volverá a su lugar, el Altar Mayor, una vez terminen las obras de consolidación estructural y restauración de la Iglesia, del Zaguán y las Torres del Convento.

Según estas noticias, podría ser la próxima primavera.

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

 

Hasta el próximo mes de septiembre, los domingos y festivos, desde las 11 de la mañana hasta las 9 de la noche, se podrá recorrer el Patio del antiguo Palacio de Comunicaciones, nueva sede del Ayuntamiento, del que ya hablamos aquí hace ahora algo más de un año. Sus dos puertas monumentales en la calle de Alcalá y en la calle de Montalbán, cerradas durante toda la semana, cuando cesa la actividad municipal se abren al público.

Igual que hace pocos días manifesté mi desagrado por el resultado del cerramiento del Patio de la Casa de San Isidro, hoy tengo que contaros que en este caso me ha gustado mucho. Más que un patio, antes era una calle, un pasaje, ahora es una calle cubierta por infinidad de cristales, una Galería de Cristales, tal como ahora la llaman. Esta mañana había poca gente caminando por ella, y el paseo resultaba muy agradable.

Unas letras blancas sobre el cristal en la entrada recuerdan que estos terrenos desde el siglo XVII pertenecieron al Palacio Real del Buen Retiro, luego en el siglo XIX albergaron un Jardín de Recreo –los llamados Jardines del Buen Retiro-, y finalmente, tras la construcción del Palacio de Comunicaciones por los arquitectos Antonio Palacios y Joaquín Otamendi entre los años 1904 y 1919, fue pasaje y patio de descargas.

Afirman a continuación que, tras haber sufrido diversas alteraciones, este espacio, restaurado y rehabilitado, constituye un elemento estancial de la nueva sede del Ayuntamiento de Madrid. Se trata de una ”gran bóveda acristalada, de geometría irregular, que cobija los más de 2.300 metros cuadrados de este nuevo lugar de representación, de celebración y encuentro para los ciudadanos, bajo el cielo de Madrid”.

Como es “estancial”, a lo largo del pasaje han instalado don filas de bancos, unos bancos muy raros, sin respaldos, y con los asientos de cristal. Pero no hay duda, son para sentarse, según me ha contado uno de los amables guardias municipales, los llaman “bancos chinos”, pero ni él ni yo sabemos porqué. Al parecer, por la noche se iluminan.

por Mercedes Gómez

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ACTUALIZACIÓN 11.9.11

Algo más de un año después, las bonitas verjas de hierro forjado de entrada al Patio del Palacio de Cibeles por la calle de Alcalá y de Montalbán, que echábamos de menos, han vuelto a su lugar.

Hoy, como casi todos los años desde que lo inauguraron, he visitado el Museo de San Isidro.

Desde aquel 15 de Mayo de 2000 me parece que el Museo no ha cambiado demasiado, aunque ahora cumple diez años, metido en obras y con un nuevo nombre, Museo de los Orígenes.

Lo que sí ha cambiado es el Patio.

El año pasado os contaba la historia del edificio y sobre todo del magnífico Patio renacentista, que aquel Día de San Isidro en que lo visité por vez primera se convirtió en uno de Mis lugares preferidos de Madrid. Y desde entonces no he querido faltar a la cita y beber mi vasito de agua. A veces alguien me decía, “¡pero si es agua del Canal!”.

“¡Ya se que es agua del Canal, hombre!”. Y no es que crea mucho en los milagros, ni siquiera soy muy tradicional, pero me gusta beberme ese vasito de agua por San Isidro, el Día de Madrid.

El Patio era precioso.

claustro2

Año 2006

Hace varios años, uno de esos años en que el calor apretaba ya en Mayo, pusieron unos toldos amarillos para proteger del sol a los visitantes.

El año pasado la novedad fue que habían acristalado uno de los lados del piso superior, el lado oeste, con el objetivo de ganar espacio, dijeron.

patio cerrado

15 de mayo de 2009

Este año la noticia es que han cubierto el maravilloso Patio renacentista.

San Isidro y Santa María de la Cabeza han abandonado su lugar junto al Oso y el Dragón, cerca de los visitantes, y han subido al primer piso del lado Norte.

15 de Mayo de 2010

El motivo alegado para justificar el cerramiento es la protección de la vieja piedra, quizá la necesite, no lo se, pero ¡qué pena!, el Patio ya no es el mismo.

Y ¿por qué al menos no quitarán esos toldos?

Feliz San Isidro.

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

El antiguo Museo de San Isidro, hoy llamado Museo de los Orígenes, se encuentra en una de las plazas más recoletas y sugerentes de Madrid, la plaza de San Andrés, alrededor de cuya iglesia a lo largo de la Edad Media las casas señoriales se fueron instalando. Una de estas casas fue el Palacio de los Condes de Paredes, aunque su denominación ha ido cambiando en función de los dueños que se han ido sucediendo.

A pesar de que no existe certeza documental, tradicionalmente se cree que en el siglo XII, en este lugar estuvo enclavada la casa de los Vargas en la que vivió y murió San Isidro, por lo cual el edificio también es conocido como Casa de San Isidro. El palacio fue construido en la primera mitad del siglo XVI por los Señores de Luján, antes de que el rey Felipe II trajera la Corte a Madrid en el año 1561; posteriormente pasaría a manos de los Condes de Paredes.

El Palacio de los Señores de Luján o de los Condes de Paredes fue derribado en 1974, y durante años el solar permaneció abandonado y rodeado de vallas. Era propiedad del Ayuntamiento desde 1986 que tres años después propuso la construcción de un Museo dedicado a San Isidro. El actual edificio es un magnífico ejemplo de cómo lo viejo y lo nuevo pueden no solo convivir sino beneficiarse mutuamente. Un edificio histórico, que incorpora al pasado elementos arquitectónicos modernos adaptándose al entorno del barrio.

Gracias a su reconstrucción, hoy día podemos admirar el que quizá fue uno de los palacios renacentistas más notables de la época. Del edificio original únicamente se conservan el pozo, conocido como Pozo del Milagro, la Capilla dedicada al Santo, que permaneció protegida por una caja de ladrillo cuando el edificio fue demolido. Y el Patio.

El patio plateresco es sin duda alguna la joya más valiosa que alberga el palacio. Remanso de paz, arte y tradición, se trata de un espacio rectangular porticado y adintelado, que únicamente conserva sus alas norte y oeste. Su configuración nos recuerda al Patio de la Reina del Antiguo Alcázar de los Austrias, construido bajo los mismos criterios de patio porticado de tipo palaciego, habitual en esa primera mitad del siglo XVI.

claustro2

Año 2006

Durante la excavación arqueológica previa a la reconstrucción, en el propio solar aguardaron pacientes sus elementos arquitectónicos, los dinteles y las columnas trabajadas en granito, con capiteles vegetales, el escudo de los Lujanes, o las zapatas con rosetas tallados en la piedra, así como las vigas de madera del techo decoradas igualmente con las mismas rosetas. Hasta que todo recuperó lugar.

capitel

Por fin en su interior, en cierto modo emprendemos un viaje al pasado, aún pervive la huella de los Lujanes en la imagen de la muralla tallada en el escudo de los capiteles, en recuerdo del título de don Pedro de Luján que en el siglo XV además de Camarero del rey Juan II fue Guarda de la Puerta Cerrada y de los lienzos de la muralla hasta la Puerta de Moros.

Recientemente el segundo piso ha sido cerrado, con el fin de ampliar las dependencias del museo.

patio cerrado

15 de mayo de 2009

El mágico patio renacentista, con sus elementos conservados desde el siglo XVI, es tan acogedor, que allí reposan varias esculturas cargadas de historia.

Como el Oso y el Dragón, antaño en la Cibeles, obras de Alfonso Bergaz, de las que en otro tiempo manara el agua potable cuando la fuente de la Diosa no era únicamente un motivo ornamental sino que también proporcionaba agua para beber a los madrileños. Se retiraron de la fuente en 1862, comenzando así su peregrinaje por diversos lugares, para al fin encontrar refugio bajo una de las zonas porticadas. Antes de llegar aquí, el Dragón, aunque al aire libre, durante un buen periodo de tiempo estuvo resguardado en el jardín de la Casa de Cisneros.

El Dragón

El Dragón de la Cibeles, hasta 1862.

El Oso vivió un ambiente más bullicioso; después de otros avatares, estuvo en la antigua Casa de Fieras del parque de El Retiro, a la vista de todos los visitantes y recibiendo amablemente a todo aquel que se le acercaba, incluso al parecer los niños jugaban sobre sus lomos.

El oso que estuvo en la Cibeles hasta

El Oso

También los pequeños Tritones de Las Cuatro Fuentes del Paseo del Prado, diseñadas por Ventura Rodríguez en el siglo XVIII, muy desgastados por el tiempo y el agua, reposan junto a ellos. Una réplica adorna ahora las fuentes frente al Botánico y el Museo del Prado.

Uno de los tritones

Uno de los tritones de las Fuentes del Prado

Sin embargo las imágenes de San Isidro y de Santa María de la Cabeza son reproducciones de las esculturas originales, a las que si nos acercamos a ver al Puente de Toledo, comprobaremos que también están bastante deterioradas. Quien sabe si en un futuro se acercarán a descansar en la que es su Casa.

San Isidro

San Isidro

Santa María de la Cebeza

Santa María de la Cabeza

Por supuesto no podía faltar la fuentecilla en el centro, aunque se trate de una fuente moderna, realizada para el Museo por los canteros municipales.

Fuente

La tradición a veces tiene mucha más fuerza que la realidad, y muchos vecinos echaban de menos la visita al pozo para beber el agua del santo, que se había interrumpido durante años. Ahora, un tanto inocentemente, todos los quince de mayo, día del patrón, como hoy, nos acercamos a la pequeña pila instalada en el patio, hacemos cola y nos miramos unos a otros sonrientes, y bebemos un vasito de agua, aunque sabemos que es un rito, una tradición y nada más, quizá alguien piense que el agua es milagrosa, y eso le ayude, y a la mayoría nos traslada a ese mundo imaginado que fue real, la historia de siglos pasados, nuestra historia.

Pila

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez


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Fuentes:

Olga VALLESPIN. “Excavaciones arqueológicas en la Casa de San Isidro“, en “Testimonios del Madrid Medieval”, Museo de San Isidro, Madrid 2002.

y el propio Museo.

Museo de los Orígenes. Casa de San Isidro.
Plaza de San Andrés 2


Nota: Este artículo es una revisión y actualización del publicado en la Revista “Amigos del Foro” nº 3, Invierno 2007.

La arquitectura madrileña ofrece ejemplos de preciosos patios, aunque con el paso del tiempo algunos de ellos fueron cubiertos, con el fin de darles un uso distinto al que tenían cuando fueron creados.

Uno de los más antiguos es el de la Casa de la Villa, comenzada a construir según proyecto del arquitecto Juan Gómez de Mora en 1629, que ha sido sede del Concejo madrileño desde entonces. Tras muchos avatares, reformas, diferentes arquitectos involucrados, reinados, repúblicas, dictaduras, democracias, alcaldes… la Casa de la Villa ha sido la sede del Ayuntamiento durante siglos… hasta que el actual alcalde ha conseguido trasladarlo.

El Patio de la Casa de la Villa, al cual se accedía directamente desde la calle, fue cerrado, convertido en dos pisos mediante un suelo intermedio, y cubierto a finales del siglo XIX. Transformado en Sala de reuniones, los balcones se convirtieron en puertas.

Al ser destruida una parte de la cubierta durante la guerra civil se instaló el nuevo techo formado por magníficas vidrieras de la Casa Maumejean, que es el que actualmente se puede admirar. Es conocido hoy día como el Patio de Cristales.

ant

Antiguo patio del Concejo, hoy Patio de Cristales (en: E.Varela “Casa de la Villa de Madrid”, Ayuntamiento de Madrid 1951)

La sede del Ayuntamiento madrileño, desde finales de 2007, aunque aún falta por trasladar algunas dependencias, es el antiguo Palacio de Comunicaciones, construido por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi en los comienzos del siglo XX.

Una vez se haya producido el traslado completo del Ayuntamiento al ahora llamado Palacio de Cibeles está previsto convertir la Casa de la Villa en Museo y devolverle parte de su trazado original, muy modificado durante las sucesivas reformas. Una de las ideas es devolver al Patio su forma primitiva, suprimiendo el forjado que elevó el suelo sobre su altura inicial, a nivel de calle. Aunque el techo vidriado se mantendrá, por su valor histórico y artístico.

Recuerdo varios casos de antiguos patios que han sido cubiertos que quizá podamos ver en otro momento, pero el último y más llamativo ejemplo corresponde precisamente al que me estoy refiriendo, el antiguo Palacio de Correos, uno de los edificios más bellos y espectaculares de Madrid, y quizá situado en el lugar soñado por muchos, el cruce de la calle de Alcalá y los Paseos de Recoletos y del Prado, junto a la diosa Cibeles. Centro de atención desde el punto de vista arquitectónico, histórico, turístico… ha sido el elegido por el actual alcalde para situar la nueva sede del Ayuntamiento de Madrid.

Dentro del proyecto de remodelación de la nueva sede consistorial, acaba de rematarse la cubierta del antiguo patio. Más que un patio, una calle interior, a la que se accede a través de dos puertas monumentales, desde las calles de Alcalá y Montalbán, acaba de ser cubierto mediante una gigantesca bóveda con estructura de malla formada por aproximadamente cinco mil triángulos de vidrio.

Patio de Cibeles, abril 2009

Palacio de Cibeles, abril 2009

por Mercedes Gómez

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