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El pasado día 29 de febrero fue inaugurada la nueva y luminosa sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, construida en la calle de Hortaleza sobre unos terrenos con mucha historia. En el siglo XVII en este lugar, entre las calles de San Juan –hoy de la Farmacia–  y Santa Brígida, existió un hospital para enfermos contagiosos, el Hospital de San Antonio Abad o San Antón, patrono de la Orden que lo regentaba, los Antoninos. Ya entonces había una fuente en la esquina con Santa Brígida, la Fuente de las Recogidas, como muestra Texeira en su plano, un sencillo pilón que abastecía las casas cercanas.

Plano de Texeira (1656)

El pilón en 1772 se convirtió en una bonita fuente vecinal obra de Ventura Rodríguez, la Fuente de los Galápagos.

Fuente de los Galápagos (Foto: Begué. Museo de Historia)

Unos años antes, hacia 1740 Pedro de Ribera había construido la Iglesia de San Antón, que se conserva.

El final del siglo XVIII y primeras décadas del XIX fueron importantes en la transformación de la zona. Poco después de finalizar la construcción de la vecina Real Academia de Farmacia en la calle de San Juan, los Padres Escolapios solicitaron trasladarse al hospital, que había quedado libre. Entre los años 1794 y 1832 se incorporaron nuevos solares de cercanas edificaciones y todo el conjunto fue reformado por el arquitecto Francisco Rivas, convirtiéndose en Convento y Colegio de San Antón. La fachada de la iglesia fue transformada al estilo neoclásico, es la que podemos contemplar actualmente, perdiéndose la fachada de Ribera. Felizmente en su interior se conservó la iglesia barroca. También se mantuvo la fuente adosada al muro del colegio.

En los comienzos del siglo XX la fuente de las históricas Escuelas Pías fue reformada y los galápagos fueron sustituidos por dos delfines entrelazados.

Calle de Hortaleza, esquina Santa Brígida (Foto: Guía Arquitectura de Madrid, COAM)

En abril de 1989 la prensa publicó que los padres escolapios habían vendido su colegio por mil millones de pesetas. A partir de ese momento el edificio vivió unos años de abandono y deterioro hasta que el día 14 de noviembre de 1995 sufrió una grave incendio. Cuatro años después fue adquirido por el Ayuntamiento.

Gracias a unos videos subidos a youtube por un antiguo alumno, inestimables documentos, podemos conocer y recordar cómo era el Antiguo Colegio de San Antón.

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En el verano de 2005, después de diversos avatares y la convocatoria de un concurso internacional, fueron seleccionadas seis propuestas, entre ochenta y nueve, para rehabilitar el antiguo colegio y convertirlo en la sede del Colegio de Arquitectos de Madrid. El Ayuntamiento cedía el local a cambio de que los arquitectos se hicieran cargo de las obras y construyeran una serie de servicios públicos. Así, además de la sede del Colegio de Arquitectos y su Centro de Documentación, las antiguas Escuelas Pías albergarían un centro de mayores, una escuela, una biblioteca, piscina pública… También se habló de que acogería el Museo Nacional de Arquitectura.

Resultó elegido el proyecto “Sobre un jardín”, del estudio madrileño de Gonzalo Moure. Las obras comenzaron en 2008.

Por fin hace pocos días la nueva sede del COAM ha sido inaugurada.

Calle de Hortaleza, 63.

El nuevo edificio, de cristal, granito, madera,… sobre el histórico solar, está organizado alrededor del jardín prometido, abierto al público.

Sin duda es un bonito jardín, adornado con sencillez: césped, granito y dos magnolios. Junto a la nueva construcción se puede ver la espalda de la iglesia del siglo XVIII.

Sobre todo parece creado para iluminar el interior, cuyas estancias se asoman a este espacio verde, que se cuela en ellas a través de los grandes ventanales y crea un ambiente realmente agradable.

Reservadas las plantas superiores al Colegio Oficial, en las plantas inferiores se encuentran la Fundación y las Salas de Exposiciones.

Actualmente hay varias, una de ellas es Domusae. Espacios para la cultura, que recordaréis pudimos visitar el año pasado en el antiguo Salón de Reinos, y que ahora retoma la Fundación Arquitectura COAM.

Por otra parte, una serie de paneles explican el proyecto arquitectónico de la propia Sede del COAM, obra de Gonzalo Moure.

Una exposición de maquetas de la Solar Decathlon Europe 2012, una competición para universidades de todo el mundo que tiene el objetivo de diseñar y construir una vivienda autosuficiente energéticamente, alimentada por el sol. La competición culminará con el montaje y exposición de las 22 viviendas diseñadas y construidas por las universidades participantes en la llamada Villa Solar. La Villa solar estará situada en el entorno natural de la Casa de Campo y se abrirá al público en septiembre de 2012.

Otra, muy curiosa, es la titulada Royalties. Mobiliario de Maestros de los siglos XX y XXI, con muebles de Marcel Breuer, Walter Gropius, Ludwig MiesVanDer Rohe…

Los tiempos han cambiado, al contrario que la Iglesia que en el siglo XIX perdió su fachada, del Colegio es lo unico que hoy se ha conservado, lo demás ha desaparecido.

La nueva Casa de los Arquitectos, como no podía ser menos, es un bello espacio arquitectónico, abierto al barrio y a los madrileños en general, con una fachada histórica.

Y la Fuente de los Delfines, en cuyo friso aún se puede leer la inscripción con la fecha: MDCCLXXII, año 1772, aunque el agua ahora no sea potable porque ya no es necesaria para los vecinos, allí continúa, adornando la calle y el muro del Antiguo Colegio de San Antón.

Por Mercedes Gómez

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Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid
Hortaleza, 63

Exposiciones Fundación COAM

El Antiguo Hospicio de San Fernando, situado en la calle de Fuencarral nº 78, fue construido durante el reinado de Felipe V entre los años 1721 y 1726 por el arquitecto Pedro de Ribera. La institución, que llegó a ocupar 15.000 metros cuadrados, entre las calles de Fuencarral, Beneficencia, Florida -actual Mejía Lequerica- y Barceló, ha vivido una historia muy azarosa, con varias reformas, ampliaciones, y derribos.

Son de sobra conocidas las críticas tan crueles a las que los cronistas madrileños del siglo XIX (Mesonero Romanos, Madoz…), defensores del neoclasicismo, sometieron a Pedro de Ribera. Esta actitud tan negativa, unida al hecho de que en los comienzos del siglo XX el edificio se encontraba muy deteriorado, ocasionó que se decidiera proceder a su demolición.

Un ejemplo: el escritor Augusto Martínez Olmedilla, en agosto de 1918, en la revista Blanco y Negro escribió un artículo titulado “El Hospicio: sentenciado”, en el cual se refería a los arquitectos del Barroco Castizo como “Churriguera y sus secuaces”, y calificaba su estilo como empalagoso, pretencioso, recargado, cursi… En fin, la Portada del Cuartel del Conde Duque, como sabemos también diseñada por Ribera, para este autor era una obra “deleznable”.

Por suerte a esas alturas del nuevo siglo no todo el mundo pensaba ya igual. Algunos organismos, entre ellos la Sociedad Central de Arquitectos, lucharon por conseguir su protección y solicitaron fuera calificado como Monumento Nacional. A veces, ayer como hoy, los esfuerzos se ven recompensados, y el 29 de noviembre de 1919 la Gaceta de Madrid, precursora del Boletín Oficial del Estado, publicó la declaración de Monumento Histórico-Artístico de la fachada, la primera crujía y la Capilla.

El Hospicio en 1920

Se habló de la posibilidad de que la Portada podía ser conservada y trasladada a otro lugar.

Patio Antiguo Hospicio (1920)

Poco después algunos periodistas y profesionales comenzaron a pedir el “indulto” para el edificio y abogar por no separar la puerta de su fachada, pues, según ellos, la gran Portada perdería su sentido. A pesar de todo, en los primeros meses del año 1923 comenzó el derribo del viejo Hospicio. La Portada de Pedro de Ribera iba a ser desmontada y reconstruida “cuando hubiera ocasión y sitio oportunos”.

Solar del Antiguo Hospicio en 1924 (Revista Mundo Gráfico)

La Gaceta, la misma que había anunciado su protección como Monumento, publicó la autorización de venta de los terrenos.

Algunos medios denunciaron la posible desaparición de una “joya artística” y mostraron su temor a que la venta del gran solar que ocupaba el edificio, ya derribado en gran parte, provocara la pérdida de su condición de servicio público, solicitaban que fuera adquirido por el Ayuntamiento y se convirtiera en un parque, muy necesario para el barrio en aquellos tiempos.

La Capilla también iba a ser destruida.

Finalmente el Ayuntamiento adquirió el inmueble, salvándose la fachada completa que da a la calle de Fuencarral, y la Capilla.

En 1926 tuvo lugar un acontecimiento que resultaría decisivo para el futuro del edificio, la celebración de la exposición El Antiguo Madrid, precedente del Museo Municipal. Luis Bellido comenzó su restauración para museo.

1926 (Hauser y Menet)

También se creó el parque que deseaban los vecinos, el Jardín del Hospicio, o Jardines de Pablo Iglesias. En algún libro figura que recibieron este nombre únicamente durante la guerra civil, pero en mayo del año 1927, en plena dictadura de Primo de Rivera, Ramón Gómez de la Serna dedicó un artículo a estos jardines, en la revista Nuevo Mundo, un verdadero canto a los niños y a las “modestas plazas de barrio” en el que aparece el nombre de Jardines de Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista, que vivió en el Hospicio desde los 9 hasta los 12 años.

Jardines de Pablo Iglesias (Revista Nuevo Mundo 1927)

En 1929 fue inaugurado el Museo Municipal, con Manuel Machado como primer director.

Durante la guerra civil el Museo permaneció cerrado. Tras su reapertura hubo una serie de cambios. Desde entonces el parque recibe el nombre de Jardines del Arquitecto Ribera y en ellos fue instalada la Fuente de la Fama, obra del propio Ribera.

Pero debido a su mal estado en 1955 fue cerrado de nuevo. El Museo Municipal no reabrió sus puertas hasta veinticuatro años después.

Mientras, en 1967 en los jardines se había instalado el monumento a don Ramón de Mesonero Romanos –que tanto había criticado a Ribera por cierto-, obra de Miguel Blay, procedente del paseo de Recoletos. Dos años después se construyó un aparcamiento subterráneo y el parque fue remodelado.

Monumento a Mesonero Romanos (Foto: 2005)

En los años 90 comenzó una nueva etapa de obras, que aún continúa. Se rehabilitó la Capilla y se restauró la fachada. En el parque tuvo lugar el cerramiento de la histórica Fuente de La Fama, mediante una verja sobre un poyete.

El 29 de diciembre de 2001 se anunció en la prensa que el museo permanecería cerrado un año. En 2004 se dijo que la tercera fase de las obras del Museo Municipal acabarían en 2006. Luego la reapertura estaba prevista para 2007… Estamos en 2011 y las obras, remodelaciones y reestructuraciones parecen no tener fin.

Por otra parte, en los comienzos del año pasado se derribó el Mercado de Barceló, construido en los años 50 del siglo XX, instalándose uno provisional sobre lo que fue el Jardín.

Mercado provisional sobre los jardines (agosto 2011)

Según nos cuentan en el propio museo, está prevista la instalación de otra verja alrededor de la fachada principal.

Museo de Historia (Foto: julio 2011)

En cuanto a la noria hallada en 2004 nadie tiene noticias.

De momento,  el Museo Municipal, cuyos maravillosos fondos no podemos contemplar desde hace casi diez años, ha cambiado de nombre y ahora es el Museo de Historia.

Recientemente han abierto una pequeña sala de exposiciones temporales, con la interesante muestra “El aragonés Antonio Martínez y su fábrica de platería en Madrid (1778-1867)” que nos permite ver (excepto durante el mes de agosto), aunque sea en una mínima parte, cuál será el aspecto del futuro museo.

No hay fecha para la reapertura del Museo ni está muy clara la recuperación del Jardín.

De Hospicio a Museo Municipal… una azarosa e infinita historia.

Por Mercedes Gómez

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ACTUALIZACIÓN 11 diciembre 2011

Las obras exteriores del Museo de Historia han terminado, y, tal como me contaron en el propio museo este verano, ha sido instalada una reja alrededor del edificio.

El antiguo jardincillo de la calle de Fuencarral y los setos de Barceló han sido sustituidos por el suelo de granito. Este es su aspecto, y el modelo de banco elegido:

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Bibliografía:

Blanco y Negro, 11.8.1918; Mundo Grafico 7.3.1923; Mundo Gráfico 5.3.1924; Nuevo Mundo 2.5.1927. (BNE)

www.memoriademadrid.es

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Otros artículos:

Pedro de Ribera, un arquitecto Castizo.
Ermita de la Virgen del Puerto.
Cuartel del Conde Duque.
Cuartel del Conde Duque (II)
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Tras un largo período de tiempo cerrado por obras, el Antiguo Cuartel del Conde Duque, que visitamos a comienzos del pasado año 2010, acaba de reabrir sus puertas. El edificio está siendo reformado íntegramente, y algunos de los cambios sufridos en su exterior, sobre todo en las fachadas, y la pérdida de las tejas tradicionales, han ocasionado bastantes críticas.

Ya se puede visitar la rehabilitada zona sur, la única no restaurada en los años 80 del pasado siglo XX, que alojará la mayor parte de zona pública (exposiciones temporales, salón de actos, etc.). De momento, y hasta el 16 de octubre, la exposición Cornelis Zitman en Madrid, en la nueva “Sala 3″. En la zona norte se ubicarán las diferentes instituciones (Hemeroteca, Archivo de la Villa, etc.).

También existe la posibilidad de apuntarse a unas sugerentes visitas guiadas, a la exposición, “El mundo de Zitman”, y a la Historia del Conde Duque.

Esta interesantísima visita comienza en el exterior del antiguo Cuartel frente a la portada realizada por Pedro de Ribera. Durante algo más de una hora, la amable guía irá contándonos la historia del edificio y sus inquilinos, así como detalles de la reforma actual.

Se ha intentado buscar un equilibrio entre el pasado y el presente, y dejar constancia de todas las épocas. Un edificio construido en el siglo XVIII para alojar a los Guardias de Corps, la guardia del rey Felipe V, que sufrió muchos avatares durante el siglo XIX, que pudo ser derribado, y finalmente se salvó en el XX para alojar actividades culturales.

julio 2011

Sobre el zócalo de piedra de la fachada, una inscripción en latín, lema de los Reales Guardias de Corps, y la Cruz de San Jorge de la Orden de Montesa, en homenaje al último regimiento de caballería que lo ocupó, recuerdan el pasado militar del edificio.

Cruz de San Jorge de Montesa

El arquitecto, Carlos de Riaño, ha optado por dejar los muros en ladrillo visto en lugar del revoco original, no queda muy claro el motivo. Nos hablan de “recuperar la arquitectura industrial decimonónica”, pero es que no se trata de un edificio industrial del XIX sino una construcción militar del XVIII. En cualquier caso, y aparte gustos personales, está claro que cada época y cada arquitecto han dejado sus huellas.

Hasta ahora las fachadas estaban cubiertas por falsos sillares pintados al trampantojo, producto de la restauración y rehabilitación llevadas a cabo por Julio Cano Lasso en los años 80 del pasado siglo XX. Al menos de momento, se conserva el dibujo en la fachada sur, en el Callejón de las Negras.

Los ventanales han recuperado su tamaño original, habiéndose eliminado el adorno de piedra colocado en el siglo XIX. La nueva carpintería exterior es de acero inoxidable y, como luego podremos observar, de cálida madera en el interior.

Comienza la visita.

Traspasamos la monumental portada y comprobamos que en el zaguán de entrada se ha sustituido el color rojo por el verde azulado.

En el patio central se ha restaurado la portada de la antigua Capilla, que en los años 80 había levantado Cano Lasso inspirándose en la maqueta del edificio, dejando uno de los dos lados “roto”, simulando desperfectos, como “guiño” al pasado.

Ahora se ha restaurado completa, incluyendo el Observatorio que tuvo en el siglo XVIII, en el que estuvo situada una de las torres de la Línea de Castilla del Telégrafo Óptico. El lugar se convertirá en uno de los más altos de Madrid desde donde se podrá contemplar toda la ciudad, aunque aún no se sabe si será público.

También se ha recuperado el tercer piso perdido tras uno de los incendios, que únicamente se conservaba en la fachada que da a la calle del Conde Duque. El revoco de pintura amarilla lo explican nuevamente como “guiño” histórico del arquitecto, para diferenciar lo antiguo de la reconstrucción reciente.

Las tradicionales tejas árabes han sido sustituidas por frías placas de cinc que ocultan los modernos sistemas de servicios del edificio (luz, gas…), excepto en el lado oeste del patio central, a ambos lados del nuevo Observatorio, donde permanecen las bonitas tejas, debido a la falta de presupuesto según nos explican.

En uno de los lados del patio sur, se ha mantenido el color rosado del muro bajo las antiguas tejas de barro, alguna chimenea, y las buhardillas, todo ello como testigo de la anterior reforma.

El interior del pabellón sur, hasta ahora abandonado, ha sido magníficamente restaurado y rehabilitado. Los arcos de medio punto construidos en ladrillo sobre columnas de piedra de las antiguas caballerizas, bajo las vigas de hierro roblonadas crean espacios amplios y acogedores, siempre divididos en tres partes.

Desde las ventanas del lado oeste de la tercera planta de esta zona sur se puede contemplar el Palacio de Liria y su Jardín, cuyos propietarios, la Casa de Alba, lo fueron también en el pasado de estos terrenos donde luego se construyó el Cuartel.

Visitamos también el lado este, la zona de la tercera planta que se asoma a la calle del Conde Duque, que no podrá visitarse en el futuro pues acogerá oficinas, entre ellas las dedicadas a la web municipal memoriademadrid. En esta zona, construida tras uno de los incendios sufridos, las columnas son de hierro, manteniendo siempre los tres espacios de la construcción original.

En el sótano, un nuevo muro de hormigón se enfrenta al recio y viejo muro de piedra del cuartel tras el cual se encuentran las antiguas estancias que entre otras cosas servían de almacén, gracias a la baja temperatura que alcanzan. Lo nuevo y lo antiguo, quizá estos muros representan el espíritu del nuevo Centro Cultural.

El espectacular sótano, perfectamente conservado y restaurado, será dedicado a exposiciones temporales.


Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Centro Cultural Conde Duque
Calle Conde Duque , 9
Tel.: 915 885 165
Visitas guiadas
10 de junio de 2011 al 24 de julio de 2011
Viernes y sábados 18 h. Domingos 12 h.



Pedro de Ribera fue un arquitecto y un hombre singular. Un arquitecto madrileño que contribuyó en gran medida a construir la imagen de un nuevo Madrid, y sin duda uno de los más brillantes e imaginativos. Quedan como recuerdo sus construcciones, y sobre todo sus inconfundibles portadas, pero además Ribera participó en las mejoras urbanísticas de Madrid del siglo XVIII con obras de gran envergadura. Ya conocemos alguna de sus primeras obras, la ermita de la Virgen del Puerto, y el Cuartel del Conde Duque, más adelante quizá visitemos otras, hoy de momento os invito a conocer un poquito su vida y recorrer las calles del barrio donde siempre vivió, Lavapiés.

Nació en Madrid, el día 4 de agosto de 1681, en la calle del Oso, donde vivían sus padres, Juan de Ribera y Josefa Pérez.

Plano de Texeira, 1656. Calle del Oso.

Su padre era aragonés y se había trasladado a la capital con la intención de desempeñar su profesión de carpintero ensamblador. Así, el niño Pedro creció en un ambiente humilde pero relacionado con el mundo de la arquitectura, por lo que aprendió pronto el oficio y estuvo en contacto desde pequeño con maestros de obras y arquitectos, gracias a lo cual empezó a formarse en esta disciplina de forma natural.

A lo largo de su vida Ribera se casó tres veces y tuvo nueve hijos.

En 1702 -entonces vivía en la cercana calle de San Cayetano-, con 21 años se casó con Juana Verdugo, realizando lo que podríamos llamar un buen matrimonio, sin tener aún una profesión definida. En esta situación, se enroló en el ejército de Felipe V como jornalero en las Obras Reales. Su trabajo fue de carpintero encargado de levantar las tiendas de madera en el frente en la frontera con Portugal. Y así obtuvo el cargo de Maestro de Tiendas de Madera de Campaña de la Real Caballeriza.

Aunque nació unos años después y se le considera discípulo y continuador de Teodoro Ardemans (Madrid, 1661-1726) y José Benito de Churriguera (Madrid, 1665-1725), los tres forman el grupo de arquitectos representantes del llamado Barroco Castizo. Este término fue empleado durante mucho tiempo de forma peyorativa, refiriéndose a la arquitectura barroca desarrollada por los arquitectos madrileños cuando ya se estaba introduciendo el clasicismo importado del extranjero, sobre todo Italia y Francia.

El rey francés, el primer borbón llegado a España con el inicio del siglo XVIII, relegó a  los artistas locales y apoyó la renovación que anulara la herencia tradicional. Es cierto que Felipe V sentó las bases para la modernización de Madrid, pero también que cerró las puertas a una serie de artistas locales que sin duda podían ofrecer mucho a la arquitectura y a la historia del arte madrileños.

En 1711, contando treinta años, se casó por segunda vez, con Juana Ursula Voiturier. Como en el matrimonio anterior, él poco pudo aportar a la buena dote de ella. Según consta en los documentos, ambas mujeres debían tener buen gusto, y aportaron además de joyas, cucharas de plata, y ropa de vestir para la casa muy elegante, encajes, colchas blancas… así como exquisitos muebles de madera y utensilios de cocina.

En esta ocasión, vivieron en la calle de Mesón de Paredes, frente a la Fuente de Cabestreros.

Tenía ya 34 años cuando Ribera por fin consiguió el titulo de Alarife de la Villa que le permitió además de tener un sueldo fijo desarrollar la profesión de arquitecto. Así que a partir de los 35 años creó sus obras más importantes y su prestigio fue creciendo, gracias sobre todo al apoyo del alcalde. En 1715 don Francisco de Salcedo y Aguirre, Marqués de Vadillo, fue nombrado corregidor de Madrid por Felipe V, y enseguida supo valorar el arte de Ribera, con quien además parece ser entabló una relación amistosa, y le encomendó obras arquitectónicas o urbanísticas que resultarían importantísimas para la ciudad. Su colaboración se mantuvo hasta la muerte del Marqués -en 1729-, quien fue enterrado en la ermita de la Virgen del Puerto, en el sepulcro obra de su amigo.

En los dos años siguientes participó en dos obras muy importantes, que felizmente aún podemos disfrutar: el Cuartel de los Guardias de Corps o Cuartel del Conde Duque, y el Puente de Toledo. Fue por entonces cuando consiguió el cargo de Teniente del Maestro Mayor.

Estos años fueron de gran importancia en la trayectoria de Ribera. Hacia 1722 se encargó de continuar las obras que estaban a cargo de José Benito de Churriguera en la Iglesia de San Cayetano, en la calle de Embajadores. La Iglesia de Nuestra Señora del Favor, parroquia de San Millán desde 1869, hoy más conocida como San Cayetano, fue sin duda uno de los edificios barrocos más monumentales de Madrid.

A pesar de lo que se pensó durante mucho tiempo, la construcción de San Cayetano comenzó en el siglo XVII, no en el XVIII, y terminó en 1761, época en las que las huellas de Ribera debían ser mucho más notorias que en la actualidad. La iglesia sufrió un grave incendio en el siglo XIX y durante la guerra civil fue prácticamente destruida y luego reconstruida. Por unos dibujos encontrados en 1928 se sabe que el proyecto de Ribera nunca llegó a realizarse tal como el arquitecto lo había diseñado, sino que tanto la cúpula como la ornamentación de la fachada e interior fueron muy simplificadas.

Ribera y sus padres pertenecían a la Congregación de Nuestra Señora de la  Pureza  y el Santo Cristo de la Divina Providencia, grupo que jugó un papel importante en la construcción del nuevo templo. El arquitecto participó además de en la construcción, económicamente, tanto de forma directa, como con la aportación que tuvo que hacer al profesar dos de sus hijos.

Y es que la iglesia y el barrio en que está enclavada significó mucho en la vida de Ribera y de su familia. Allí cerca nació, en la calle del Oso, y allí vivió. Tras varias casas en las que vivió de alquiler, siempre en el barrrio, Pedro de Ribera llegó a ser el dueño de varios edificios en Madrid, pero su casa principal la construyó en la calle Embajadores nº 26, frente al templo.

Calle de Embajadores 26

Una placa junto a la puerta adintelada dice que el edificio fue propiedad y residencia del Arquitecto y Maestro Mayor del Ayuntamiento Pedro de Ribera.

En San Cayetano tomaron el hábito religioso tres de sus hijos, fueron enterrados sus padres, su hermana Matea, sus dos últimas esposas y él mismo.

Primero alarife municipal, luego Teniente, y por fin Maestro Mayor de las Obras de Madrid. En poco espacio de tiempo murieron, primero Churriguera y luego Ardemans, cuyo cargo heredó Ribera.

El máximo cargo municipal Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y sus Viajes de Agua  lo alcanzó en 1726, con 45 años y viudo nuevamente. Ocho años después, a la edad de 53 años, esta vez sí ya en una buena posición, se volvió a casar con Francisca Vallejo.

Entre 1722 y 1726, en todo su apogeo creativo, se produjo la reedificación del Antiguo Hospicio de San Fernando, uno de los edificios más representativos de su estilo y emblemático de Madrid, en la calle Fuencarral nº 76; la Iglesia de San José, los Palacios de los duques de Santoña, Marqués de Perales, Miraflores…

Los cronistas del siglo XIX fueron implacables con Ribera. Fernández de los Ríos, por ejemplo hablando de Fuente de la Fama afirma que Ribera, discípulo de la escuela churrigueresca, “parecía dibujar los monumentos apretando un borrón de tinta entre dos papeles…”

Pedro de Ribera fue un arquitecto autodidacta, que consiguió crear un lenguaje propio, distinto, quizá lo máximo a que puede aspirar un artista. Inimitable y genial, consiguió con el tiempo ser reconocido y su arquitectura formar parte de la imagen de Madrid.

Gracias a su tesón y talento hoy día gozamos de algunas de las mejores obras del barroco del siglo XVIII, heredero del mejor barroco madrileño del siglo XVII. Pedro de Ribera, incansable en su trabajo hasta el final, murió el 19 de octubre de 1742, en Madrid. Tenía 61 años.

Fue enterrado en San Cayetano, su iglesia, junto a la calle en la que nació y la casa en la que vivió, y desde entonces allí descansa.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo Exposición  El arte en la corte de Felipe V. Madrid 2003.

Verdú Ruiz, Matilde. La obra municipal de Pedro de Ribera. Ayuntamiento de Madrid. Madrid, 1988

Verdú Ruiz, Matilde. Intervención de Pedro de Ribera en la Iglesia y Convento de San Cayetano en Madrid. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Segundo semestre de 1993. Número 77.

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ACTUALIZACIÓN 9 ENERO 2014

En algunos lugares aparece como fecha del nacimiento de Teodoro Ardemans el año 1664. Es la que dio Ceán Bermudez en su Diccionario Histórico, pero gracias a las investigaciones de Ciriaco Pérez Bustamante publicadas en su trabajo “Claudio Coello. Noticias biográficas desconocidas”. Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. 1918, 3er. trimestre se sabe que Teodoro nació en Madrid el 30 de junio de 1661.

Corregido queda pues el año de 1661 es la fecha aceptada por la mayoría de especialistas.

La primera Puerta de San Vicente fue construida en 1726 por Pedro de Ribera en sustitución de la anterior del siglo XVII, la llamada Puerta del Parque. Solo cuarenta y cuatro años después, debido a las obras de remodelación de la zona, la puerta barroca de Ribera fue derribada.  Al poco tiempo Carlos III encargó a su arquitecto Francisco Sabatini la construcción de una nueva, cuyas obras terminaron en 1775.

Esta puerta no fue más afortunada que las anteriores y fue desmontada en 1892, según se dijo entonces, para no entorpecer el tráfico… de los carros.

La puerta actual es una réplica. Ya en 1978 el Ayuntamiento de Madrid tenía el proyecto de reconstrucción, aunque no localizaba los restos, ni conseguía el dinero necesario. Por fin fue inaugurada el 25 de abril de 1995.

Durante las obras para la construcción del Intercambiador de Transportes de Príncipe Pío, que tuvieron lugar entre los años 2005 y 2007, en la zona próxima a la Puerta fueron hallados importantísimos restos paleontológicos y arqueológicos. No se si debido a que la inauguración de la exposición tuvo lugar en agosto, en plenas vacaciones, o que los hallazgos han sido poco divulgados, la realidad es que el domingo pasado la visita a la antigua Estación del Norte supuso un descubrimiento emocionante.

Un sencillo panel colocado en uno de los muros del vestíbulo de la estación muestra los restos, mediante fotografías, dibujos, planos…, y breves explicaciones. La pequeña exposición permanente se llama Patrimonio Recuperado. La mayoría de los viajeros pasan sin prestar atención, sin embargo merece la pena detenerse un momento.

Se encontró un gran yacimiento paleontológico, con más de tres mil restos fósiles de la Fauna que habitaba en estos terrenos del Madrid más remoto, entonces similares a la sabana actual, en la época del Mioceno Medio. Hace alrededor de 15 millones de años, el oeste de Madrid era un territorio cálido y de clima seco, poblado por rinocerontes, tortugas gigantes, mastodontes… y una Flora alimentada por el agua que surcaba la tierra.

Reconstrucción del paisaje, por el ilustrador Mauricio Antón.

También se localizaron restos de construcciones mucho más recientes, aunque de gran interés histórico. Uno de los hallazgos arqueológicos fue la cimentación de la antigua Fuente de los Mascarones, cuya planta circular mide 16 metros de diámetro, construida en “pedernal, argamasa de cal y arena regulada cada 60 centímetros por tres hiladas de ladrillo macizo”.

La Fuente de los Mascarones fue diseñada por Francisco Sabatini a la par que la Puerta en 1775 y decorada con esculturas de Francisco Gutiérrez. Constaba de un cuerpo central y en cada uno de sus cuatro frentes tenía un mascarón simbolizando un río, vertiendo el agua en una concha y desde ella, en un pilón; en la parte superior se encontraba un niño montado sobre un delfín que arrojaba agua por su boca; toda la fuente era de granito, a excepción de los adornos, trabajados en piedra caliza, según la descripción de Pascual Madoz.

Existen otras imágenes, sin embargo quizá la fuente es conocida sobre todo gracias a la pintura de Fernando Brambilla, pintor de cámara del rey Fernando VII, realizada en 1833 y litografiada por Pic de Leopold. Pertenece a la serie Vistas de los Sitios Reales y Madrid y fue realizada a petición del rey en el Real Establecimiento Litográfico.

(Fuente: memoriademadrid.es)

La Fuente de los Mascarones fue derribada en 1871 cuando se construyó el Asilo de Lavanderas o Casa del Príncipe, lugar en que las mujeres más pobres dejaban a su hijos mientras lavaban las ropas en el Río Manzanares.

Basamento de la Fuente de los Mascarones

Restos del basamento de la fuente

Durante la remodelación del Intercambiador también se encontraron restos del Asilo, que había sido destruido durante la Guerra Civil.

Estructuras pertenecientes al Asilo de Lavanderas

Actualmente alrededor de la Puerta de San Vicente circulan los automóviles.

por Mercedes Gómez

La Ermita de la Virgen del Puerto es uno de los edificios más bonitos de Madrid, otro de mis lugares preferidos, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura castiza.

Todo comenzó en 1716, cuando por encargo del Municipio, Ribera proyectó y dirigió la creación del Paseo Nuevo –actual Paseo de la Virgen del Puerto-, todo un hito urbanístico en la evolución de Madrid, que fue realizado con fines funcionales (pavimentación, subsuelo, etc) pero también estéticos y paisajistas (jardines, fuentes). El objetivo era unir La Tela -terrenos actualmente ocupados por el parque de Atenas- con el Camino del Pardo y urbanizar la gran explanada existente entre el parque del Alcázar y el Río Manzanares.

El Marqués de Vadillo, Antonio de Salcedo y Aguirre, Alcalde de Madrid, con cargo a su propio bolsillo, le encomendó incluir en el proyecto la construcción de una ermita dedicada a la Virgen del Puerto, imagen de la que era muy devoto. La ermita fue una de las primeras obras realizadas por Pedro de Ribera, comenzada ese año, quizá la primera gran obra. Y el Alcalde debió quedar muy satisfecho pues Ribera se convirtió en su arquitecto favorito y llegó a nombrarle Maestro Mayor de Obras de Madrid y de sus Fuentes y Viajes de Agua.

El edificio presenta una imaginativa y deliciosa mezcla de elementos de la arquitectura del Madrid de los Austrias, como su sencilla portada y las dos torres con sus clásicos chapiteles de pizarra, y la arquitectura barroca del siglo XVIII, sobre todo en su interior.

El 8 de septiembre de 1718 se inauguró la iglesia y dos días después se celebró una romería llevando a la Virgen en procesión desde el Colegio Imperial en la calle de Toledo hasta el nuevo templo en la que participaron las autoridades tanto religiosas como municipales.

Desde entonces ha sufrido muchos avatares, destrozos y reformas. Declarada Monumento Bien de Interés Cultural en 1945, fue posteriormente reconstruida y restaurada siguiendo las pautas de Ribera. Y allí sigue, entre el Parque de Palacio o Campo del Moro, y el Río, como si fuera una casita de cuento madrileño.

Solo la he podido visitar una vez. Parecía cerrada, pero me acerqué a la puerta, la empujé levemente, y se abrió.

No había nadie ni en el jardín, ni en el interior. Tras la puerta, el zaguán rectangular, sin luz. En el muro a la izquierda, dos lápidas, una de ellas recuerda la construcción de la ermita a cargo del arquitecto Ribera en 1718.

Y a la derecha el escudo del Marqués de Vadillo.

La espléndida reja del siglo XVIII estaba cerrada, pero permitía ver parte del templo.

El diminuto recinto es precioso. De frente, la Virgen del Puerto en el retablo mayor, dándole el pecho al Niño. Se trata de una réplica de la original del siglo XVII; el retablo también es moderno, imitación del antiguo retablo barroco.

La planta es octogonal, centralizada, prolongada en cuatro de sus lados por medias elipses, la que acoge el retablo mayor frente a la de la entrada, y dos a ambos lados, con sendas capillas.

Este fin de semana se celebran en Madrid las Fiestas de la Arganzuela, las Fiestas de la Melonera, cuyo origen se remonta a la romería que nació para celebrar la festividad de la Virgen del Puerto tras la construcción de la ermita.

La Romería de la Virgen del Puerto se convirtió en Verbena, más conocida como de “La Melonera” por la cantidad de puestos de melones y de sandías que se instalaban alrededor de la ermita.

Las mocitas madrileñas que en la primera verbena de la temporada, la de San Antonio de la Florida, le habían pedido un novio al Santo, luego, en los comienzos de septiembre, le pedían a la Virgen del Puerto que su novio fuera un buen marido. Y para que todo se cumpliera, la tradición obligaba a comprar un rico melón o una buena sandía y compartirlo con él.

Rescatada en los años 80 del pasado siglo XX, la verbena se ha convertido en una fiesta popular, la última del verano madrileño, tras las famosas San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma. Conciertos, bailes, competiciones deportivas, juegos y actividades para los niños y para mayores, en la Arganzuela, herencia del fervor de un antiguo alcalde por la Virgen del Puerto, más conocida como La Melonera, el Marqués de Vadillo, y del arte de un gran arquitecto, Pedro de Ribera.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

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Más información y bibliografía en monumentamadrid.

El edificio que acoge el Centro Cultural Conde Duque es uno de los más grandes de la capital, y también uno de los más antiguos. Aunque a veces se ha interpretado que debía su nombre al Conde Duque de Olivares, famoso valido de Felipe IV, en realidad se debe al conde de Lemos y III duque de Berwick y Liria, que vivió en el siglo XVIII, época de su construcción, y que se casó con una hija del duque de Alba, familia que era la propietaria de estos terrenos. De hecho, así se llamaba la plaza que existía junto al cuartel.

Plano de Chalmandrier, 1761.

2010 (Bing Maps)

Se trata de un singular ejemplo de arquitectura militar construido por orden de Felipe V para alojar su guardia personal.

El primer rey Borbón encargó construir el Cuartel de los Reales Guardias de Corps al entonces Corregidor del Ayuntamiento de Madrid, el Marqués de Vadillo, quien a su vez en 1717 encargó el proyecto a Pedro de Ribera, maestro de obras y alarife de la Villa. El rey ordenó que contribuyesen los lugares distanciados hasta diez leguas fuera de los contornos de la villa. Y que la contribución ciudadana se realizase sin distinción de clases, según la hacienda, bienes o rentas de cada cual.

Así, los madrileños tuvieron que costear la construcción del cuartel.

El edificio debería ser grandioso pues estaba destinado a albergar seiscientos guardias y cuatrocientos caballos. Siguiendo el modelo de la arquitectura militar francesa, significó una innovación en su momento. Concebido como gran fortaleza, su distribución geométrica alrededor de tres patios abiertos, así como la gran portada labrada en piedra, obra de Ribera, convierten al edificio en un monumento del último barroco madrileño.

La primera fase, en la que también intervino José Benito de Churriguera, se desarrolló entre 1717 y 1720, fecha que quedó grabada en un lateral de la monumental puerta de entrada.

La segunda fase transcurrió entre 1721 y 1736 y la capilla, situada en el patio central, no fue construida hasta 1754. Las obras duraron cerca de cuarenta años debido a los graves problemas económicos que sufría el Concejo madrileño.

Tras la desaparición del Cuerpo de Guardias de Corps, desde mediados del siglo XIX el edificio tuvo otros usos militares. En 1869 sufrió un grave incendio, que afectó a todas las cubiertas y a la parte superior de la Capilla.

Palomeque, 1930. (Museo de Historia)

Desde entonces su estado fue empeorando, y en los años 50 del siglo XX estuvo a punto de ser derribado. Pero, después de mucho tiempo de abandono, en 1969 fue adquirido por el Ayuntamiento de Madrid, con la condición de que se destinara a fines culturales.

Fachada exterior (hacia 1960).

Planta Baja (hacia 1960)

En 1976 obtuvo la calificación de Monumento Nacional que la Academia de Bellas Artes había solicitado tres años antes, y a partir de este momento el Ayuntamiento comenzó a estudiar el futuro del edificio.

Se encargó a Julio Cano Lasso el proyecto de restauración y rehabilitación para instalar un gran centro cultural municipal que incluyera Biblioteca, Hemeroteca, Archivo de la Villa, y sede de eventos culturales. Dicho proyecto fue elaborado por este arquitecto en 1981.

Nuevamente las obras de acondicionamiento como centro cultural se demoraron varios años. En 1983 se abrieron al público las Salas temporales, y en 1992 la antigua Capilla fue rehabilitada y convertida en Auditorio.

Antigua Capilla, junio 2009

Desde el año 2001 allí se encuentra el Museo municipal de Arte Contemporáneo.

Ahora, gracias al Fondo Estatal para el Empleo del Plan E para 2010, las obras de rehabilitación continúan. Actualmente se encuentran en obras la fachada y el patio Sur.

Portada Pedro de Ribera. Febrero 2010.

Los muros cubiertos por falsos sillares pintados, poco fieles a la construcción primitiva, están siendo eliminados, dejando al descubierto los verdaderos ladrillos originales del viejo cuartel.

Interior. Patio central, febrero 2010.

Febrero 2010

También se ha construido una nueva planta en el ala que separa este patio de la plaza central.

Mayo 2005

Febrero 2010

Uno de los elementos que perviven de la construcción original, es una bonita puerta de piedra en el patio central.

Puerta en el patio central (hacia 1960)

Puerta en el patio central (febrero 2010)

Siempre me han gustado estos patios hoy solitarios y silenciosos, resulta difícil imaginar como sería la vida en el pasado, cuando los Guardias Reales habitaban el edificio y sus caballos ocupaban las enormes caballerizas bajo las arquerías de ladrillo de la primera planta o bebían en las fuentes instaladas en el centro de los dos patios menores.

Ahora el arte y la cultura llenan estos espacios. Hasta el 28 de marzo se puede visitar la exposición dedicada al grupo catalán Dau al Set, movimiento vanguardista en la España de los años 50. Es una muestra pequeña pero muy interesante con obras de Joan Ponç, Tharrats, Cuixart y Tapies, y la versión digital de todos los ejemplares de la mítica revista del grupo. Recomendable para todos los interesados en la historia del arte del siglo XX y las vanguardias.

También se puede visitar aún el Museo Municipal de Arte Contemporáneo, pero las obras se acercan a sus salas, que en un futuro próximo cerrarán “por lo menos durante un año”, según empleados del museo.

Es curioso, pero a partir de ese momento ya estarán cerrados los tres museos municipales. El Museo de Historia, desde hace varios años, y el de los Orígenes. Y pronto el de Arte Contemporáneo.

por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Matilde Verdú. “La obra municipal de Pedro de Ribera”. Ayuntamiento de Madrid 1988.
José Luis Ibarrondo. “El Cuartel de Reales Guardias de Corps“. Revista Villa de Madrid. nº 22-23. Madrid 1961.

artedemadrid@gmail.com
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