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Juan Gris, cuyo verdadero nombre era José Victoriano González, nació en Madrid el 23 de marzo de 1887, en el seno de una familia acomodada. El padre era comerciante, y la familia vivía bien en aquel final de siglo madrileño, pero la situación se volvió difícil cuando el negocio quebró. José, que era el decimotercero de catorce hermanos, tenía solo siete años.

El niño, que dibujaba muy bien, no entró en Bellas Artes pero estudió en la Escuela de Artes y Oficios, y muy joven comenzó su dedicación a la ilustración gráfica. En 1906, con diecinueve años, realizó las ilustraciones para el libro Alma América. Poemas indoespañoles, de José Santos Chocano, firmando por primera vez como Juan Gris. Ese mismo año se trasladó a París donde viviría casi toda su vida.

La búsqueda de aires nuevos, una vida mejor, y librarse del servicio militar (probablemente para poder seguir trabajando y teniendo ingresos) le llevaron hasta la entonces capital del Arte. Se dice que llegó con 16 francos en el bolsillo.

Documental “Juan Gris. Cubismo y modernidad”. (Fundación Telefónica)

Le recibió su amigo Daniel Vázquez Díaz, quien le llevó al edificio de los famosos ateliers o talleres del Bateau Lavoir, en Montmartre, donde los artistas de la vanguardia tenían sus estudios, o simplemente visitaban los de sus colegas. Modigliani, Matisse,… allí se reunían todos.  Y allí conoció a Picasso y a Braque, solo unos años mayores que él. Se introdujo en los ambientes que estos pintores frecuentaban y se adhirió al nuevo movimiento artístico que desarrollaban, el Cubismo.

Juan Gris vivió durante diez años en ese edificio de madera, muy frío en invierno, caluroso en verano, con una única fuente para todos los inquilinos y un solo retrete, sin baño…

Bateau Lavoir en: Documental “Juan Gris. Cubismo y modernidad”. (Fundación Telefónica)

Poco después de su llegada a París conoció a la modista Lucie Belin que se trasladó a vivir con él en el pobre taller. En 1908 se casaron y al año siguiente nació su hijo Georges, pero la relación no funcionaba bien y se separaron. El niño fue enviado a Madrid, donde fue criado por su familia.

En 1910 comenzó a dedicarse a la pintura aunque, por razones económicas, continuó trabajando como ilustrador. Muchos periódicos, muchos dibujos… por poco dinero.

Dos años más tarde conoció a Fernande Herpin, Josette, quien un tiempo después se trasladó al Bateau Lavoir y sería su mujer ya para siempre. Decían los que la conocieron que era “inteligente, espiritual, fina… comprendía a Gris”.

En 1920 Juan Gris sufrió una grave pleuresía, comienzo de una sucesión de enfermedades (asma, uremia…) que unidas a la pobreza en la que casi siempre vivió le fueron debilitando.

Debido entre otras cosas a su condición de prófugo nunca pudo volver a España, aunque si debió mantenerse en contacto con su familia, en 1922 envió a su hijo la fotografía que le hizo Man Ray.

Juan Gris (Man Ray,1922)

La pareja vivió en varios lugares de Francia, buscando un clima que mejorara la salud del pintor, pero en 1924 volvieron a París.

Los domingos se reunían todos los amigos, artistas, intelectuales… y en las sobremesas Juan Gris sacaba a bailar a las damas, era un apasionado del baile. Tan serio en su obra, era sin embargo, decían sus colegas, una persona bromista y con ganas de vivir. Pero las crisis se sucedían y llegó un momento en que ya no podía levantarse de la cama.

Su obra es singular pues unió el racionalismo cubista a una cierta pasión y sensualidad, principalmente mediante el uso del color y de las líneas curvas. La contemplación de algunas de sus pinturas nos inspira una emoción muy alejada de lo que puede sugerir la pura geometría.

La ventana abierta, 1921 (Museo Reina Sofía).

Escribía el propio pintor en 1925: “Hoy, evidentemente, me doy cuenta de que, en su comienzo, el cubismo no era sino un modo nuevo de representación del mundo”. Pero para él, el cubismo no era un mero “procedimiento” sino una estética, incluso “un estado de espíritu”.

Decía Joaquín Torres-García que otros pintores partían de la naturaleza para ir a lo abstracto, mientras que el camino de Juan Gris era a la inversa: partía de lo abstracto de la geometría para ir a la realidad. Bonita y precisa definición.

Un elemento muy utilizado por Gris fue la ventana, a través de ella entraba la luz en sus bodegones, y además proporcionaba un tono más poético o literario a sus cuadros.

La fenêtre aux collines, 1923 (Fundación Telefónica).

Él mismo decía que trabajaba con los elementos del espíritu, con la imaginación.

En Madrid se puede admirar su obra en el Museo Reina Sofía, en la sala 208 del Edificio Sabatini dedicada a “Juan Gris. La reordenación de la mirada moderna. En el Museo Thyssen se pueden contemplar algunas obras del autor, y el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando también posee un cuadro suyo.

Y finalmente, en el recientemente inaugurado magnífico Espacio Telefónica (que merece una visita en sí mismo), en la 4ª planta, se expone la espléndida Colección Cubista, organizada alrededor del gran protagonista: Juan Gris. Entre otros materiales interesantes se proyecta una película de unos 20 minutos de duración en la que de forma completa y emotiva se narra su vida y evolución pictórica, “Juan Gris. Cubismo y modernidad”.

Juan Gris murió el 11 de mayo de 1927. Tenía solo 40 años.

Nunca volvió a su ciudad natal, pero en la calle del Carmen nº 4, a un pasito de la Puerta del Sol, una lápida recuerda que en esa casa, hoy convertida en hotel, nació el pintor. Fue instalada por “el pueblo de Madrid en el aniversario de su muerte, el 11 de mayo de 1986.”

Calle del Carmen nº 4.

Juan Gris fue un gran artista, y sin duda un hombre especial, lamentablemente su muerte tan temprana impide saber cual hubiera sido su futuro. Una de las personas que mejor le conocieron, su marchante y biógrafo Daniel-Henry Kahnweiler, dijo que Gris era el hombre más puro, el amigo más fiel y tierno que había conocido y, sin duda, uno de los artistas más nobles que la Tierra haya dado.

Por Mercedes Gómez

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Fuentes:

Espacio Telefónica
Edificio Telefónica (Entrada por calle Fuencarral nº 3).
De Martes a Domingo de 10:00 a 20:00 h

Museo Reina Sofía
Edificio Sabatini, Sala 208.

Gracias a los pintores y grabadores, como hemos comentado en alguna ocasión, conocemos detalles de muchas calles, plazas, jardines, edificios y de la vida del antiguo Madrid. Félix Castello, Antonio Joli, Aureliano de Beruete, … Avrial, y su maestro Fernando Brambilla… Todos ellos, y algunos otros, a lo largo de los siglos nos han dejado muestras más o menos realistas del pasado madrileño.

José María Avrial y Flores nació en Madrid el 26 de febrero de 1807.

Estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Fue pintor, paisajista, perspectivista, colaboró como dibujante en diversas publicaciones, y realizó escenografías y decoraciones efímeras para celebraciones de índole tanto civil como religiosa.

El Museo de Historia de Madrid, entre otras obras, guarda cuatro preciosos óleos sobre lienzo realizados por el pintor, tres de ellos en 1836. Una Vista de la fuente de Cibeles y el Palacio de Buenavista que nos muestra cómo la diosa estaba emplazada desde su creación a finales del siglo XVIII, a los pies del palacio y miraba hacia Neptuno. Fue a finales del XIX cuando fue trasladada al centro del Paseo del Prado, donde continúa, mirando hacia la calle de Alcalá.

Vista de la fuente de Cibeles y el Palacio de Buenavista

No podía faltar una Vista del Palacio Real y la cornisa madrileña, con la ribera del río Manzanares en primer plano.

Vista del Palacio Real desde la Montaña del Príncipe Pío

Finalmente, una curiosa Vista del Campo del Moro, que muestra el aspecto anterior a la reforma proyectada unos años después por Narciso Pascual y Colomer.

Vista del Campo del Moro

Cuatro años después pintó La Plazuela de la Paja, con la Capilla del Obispo y la iglesia de San Andrés al fondo, uno de los rincones más bonitos de Madrid.

Plaza de la Paja

Como escenógrafo, en los años 40 trabajó en Madrid para el Teatro Príncipe y el de la Cruz donde alcanzó una gran notoriedad.

El Museo Nacional del Teatro ha reconocido el valor de la obra de Avrial. En 2008, en el Festival de Almagro, organizó una exposición “La Escenografía Romántica: José María Avrial y Flores (1807-1891)”, mostrando su participación en obras que tuvieron gran éxito en su momento, Don Juan Tenorio, Los Misterios de Madrid, La Corte del Buen Retiro, etc. El Museo guarda más de ciento setenta dibujos realizados para estas y otras obras teatrales.

También nuestro Museo Municipal, hoy Museo de Historia, conserva algunos, como un dibujo a pluma y tinta china, proyecto para el Telón de embocadura del Teatro de la Cruz, levantado sobre el Antiguo Corral de Comedias.

Proyecto para el Telón del Teatro de la Cruz

Avrial lo diseñó, con una Vista del Palacio Real enmarcada con columnas, cortinas y las Musas de la Poesía y la Música, bajo el Escudo de la Villa.

Si cerramos los ojos no resulta difícil evocar el momento en que ese telón teatral se abría y daba paso a las escenas imaginadas por Zorrilla y otros dramaturgos del Romanticismo.

La Poesía y la Música (detalle del Telón)

En 1853, con 46 años, se trasladó a Cádiz como profesor de Perspectiva en la Escuela de Bellas Artes. Veinte años después regresó a Madrid y desempeñó la misma tarea como Profesor decano en la Escuela Central de Artes y Oficios.

Ese mismo año, 1873, fue elegido miembro numerario de la Real Academia de San Fernando.

Otra de sus facetas fue la de dibujante y litógrafo. El Museo de Historia guarda varios ejemplos.

Entre 1860 y 1864 realizó la Iglesia y Convento San Felipe el Real, uno de sus grabados más interesantes, incluido en la Historia de la Villa y Corte de Amador de los Ríos, publicada en 1861.

Entre sus obras más conocidas se encuentra la serie de doce vistas “tomadas de los puntos y edificios más notables” de Madrid, dibujadas y litografiadas por él, las cuales pertenecen al Museo Romántico.

Entre otras, forman parte de estas vistas los dibujos de las tres fachadas del Museo del Prado, entonces Museo de Pintura, en las cuales podemos comprobar el aspecto, tan distinto, del edificio cuando aún no se habían construido las escaleras de la entrada norte, que hoy día salvan el gran desnivel del suelo existente en aquellos momentos.

En 1888 fue retratado por otro pintor madrileño, Eduardo Balaca  (1840-1914). El cuadro se encuentra en el Museo de la institución a la que pertenecía, la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Murió en diciembre del año 1891, en su ciudad, Madrid.

Por Mercedes Gómez

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Fuentes:

www.memoriademadrid.es

Ministerio de Cultura

Ministerio de Cultura. Doce vistas.

Me gusta mucho su pintura, me encanta el Madrid de Montesol.

Es un Madrid alegre, pero tranquilo, de pinceladas impresionistas. Un Madrid realista pero un tanto literario. Calles azules, como sus cielos, y edificios reconocibles que recuerdan paseos vividos. Sol, Cibeles, la Puerta de Alcalá…, un camino tantas veces recorrido, “un Madrid paseado y disfrutado”, como dice el propio artista.

Javier Ballester Montesol no es madrileño, nació en Barcelona en 1952, y su pintura ha reflejado otros temas, sobre todo el taurino, y otras ciudades, siempre con su personal estilo, pero es uno de los autores actuales que mejor representa el aire de Madrid, mi Madrid azul.

En sus inicios se dedicó al comic y a la cultura “underground”, eran los años 70 y 80. Hasta que en 1989 comenzó su dedicación a la pintura participando en el Supermercado del Arte, al cual sigue acudiendo todas las Navidades, más de veinte años después, a pesar de haberse convertido en un pintor cotizado.

En los años 90, después de un tiempo en Francia, alguna exposición y algún viaje a Madrid, decidió quedarse a vivir aquí con su familia. Y de vez en cuando contarnos cómo era nuestra ciudad, el ambiente de sus calles y de sus cafés.

He visto muchas exposiciones suyas, sus imágenes de Nueva York, Barcelona, por supuesto Madrid… alguna dominada por un color rojo intenso, pero siempre parece que vuelve al blanco, a los grises, y a los verdes y azules, que no se porqué, se me antojan muy madrileños. Los colores de la piedra, de los árboles y el césped de tantos jardines, las nubes y el limpio cielo.

Hasta el próximo 15 de octubre podemos contemplar sus cuadros, la mayoría de gran formato, la exposición Madrid Montesol, en la nueva Sala de Exposiciones de la Comunidad de Madrid en la Plaza de la Independencia nº 6, frente a la Puerta de Alcalá.

Por Mercedes Gómez

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ACTUALIZACIÓN 25 octubre 2011.-

El pasado lunes tuvimos ocasión de volver a contemplar “El Madrid Pintado” de Montesol.

Actualizo el post con una fotografía de la presentación que realizó la Comunidad de Madrid en un pequeño y bonito homenaje al artista, “pintor de Madrid”.

Y con una buena noticia:

la exposición ha sido prorrogada hasta el próximo día 1 de Noviembre.

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El sábado pasado volví al Prado, uno de los museos más importantes del mundo, y un lugar para perderse. Allí están Velázquez, el mejor, y Goya, y tantos grandes maestros, pero también otros artistas menos famosos cuya obra merece ser reconocida, como Aureliano de Beruete, un pintor de Madrid.

Aureliano de Beruete y Moret nació en Madrid en 1845, se doctoró en Derecho y durante un tiempo se dedicó a la política, siendo diputado del Congreso, aunque pronto la abandonó y mostró inquietudes por otro tipo de actividades. Estudió Pintura en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y fue socio fundador de la Institución Libre de Enseñanza. Entre otras cosas, participó en las llamadas excursiones científicas organizadas por esta institución, gracias a las cuales, junto a otros intelectuales, recorrió la Sierra de Guadarrama y los alrededores de Madrid, paisajes que plasmó en su pintura libre y moderna.

Cuentan las crónicas que su situación económica era buena, por lo que se podía permitir pintar lo que le gustaba, sin necesidad de seguir las normas de la época, ya que no se veía obligado a vender sus cuadros para vivir. Pintaba al aire libre, al natural, lejos del estudio o taller. Para él el paisaje tenía sin duda un interés científico, descriptivo, pero su pintura transmite poesía.

Viajó por el mundo, y en París conoció el impresionismo, convirtiéndose en uno de los pocos artistas españoles que desarrollaron este estilo pictórico, quizá su mejor representante.

También se relacionó con otros pintores, como Sorolla, quien llegaría a ser su gran amigo. Aureliano murió en Madrid en 1912, a los 67 años de edad, y su amigo Joaquín Sorolla organizó en su propia casa, hoy Casa Museo Sorolla, una exposición antológica. Hoy ambos artistas ocupan dos salas contiguas en el Museo del Prado.

Entrando por la Puerta de Velázquez, la puerta central en el Paseo del Prado, la primera sala a la derecha junto al vestíbulo central, la Sala 60, acoge veinte cuadros de Aureliano de Beruete, veinte óleos sobre lienzo colocados alrededor del magnífico retrato que le hizo su amigo Joaquín Sorolla, El pintor Aureliano de Beruete, que preside la sala.

Joaquín Sorolla "El pintor A. de Beruete", 1902.

A continuación, en la sala 60 a, dedicada al gran Joaquín Sorolla, se encuentran los retratos que este pintor realizó de la familia de su amigo, su esposa María Teresa Moret y Remisa, señora de Beruete. Y de su hijo Aureliano de Beruete y Moret hijo, cuando éste contaba 26 años de edad.

De las obras de Aureliano de Beruete que posee el Prado, algunas fueron donadas por su hijo en 1913, tras la muerte de su padre. Aureliano hijo fue historiador y director del Museo del Prado entre 1918 y 1922, año en que él mismo murió, con tan solo cuarenta y seis años de edad. El resto de obras fueron donadas por su viuda, Mª Teresa Moret, ese mismo año tras la muerte del hijo de ambos.

Paisajes castellanos, vistas de Toledo, Cuenca, y sobre todo de Madrid. Pinturas realizadas entre 1905 y 1912, sus últimos años, cuando su pintura mostró con más fuerza las características impresionistas.

A. de Beruete. "El Manzanares", 1908. (58 x 81 cm.)

El Barrio de Bellas Vistas (1906), un paisaje de las afueras de Madrid. El Manzanares, obra maravillosa, pintada en 1908, una de las muchas en que el Río de Madrid sería el protagonista de la pintura del artista. Vista de Madrid desde la Pradera de San Isidro (1909). Otoño en Madrid (1910), etc.

A. de Beruete, "Otoño en Madrid", 1910. (66 x 95 cm.)

En cierto modo Aureliano de Beruete fue un continuador de la pintura española de los siglos XVII y XVIII, quizá siempre intentando aprender de su maestro Velázquez, sobre quien escribió una monografía, y de Goya, pintores que representaron el paisaje y el perfil madrileño como fondo de sus cuadros, imágenes que Beruete convirtió en protagonistas.

por Mercedes Gómez

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ACTUALIZACIÓN 11.2.12:

Las pinturas de Aureliano de Beruete ya no están en esta Sala 60.

Desde el año pasado, esta sala situada junto al vestíbulo principal del edificio Villanueva, está dedicada a pequeñas exposiciones temporales o a la presentación de Colecciones.

Al lado, en la sala 60 a, dedicada a Joaquín Sorolla, se han colocado nueve obras de Beruete.

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Fuente e imágenes: Museo del Prado

Hay una pintura que me gusta mucho, se titula “Vista de la calle de Alcalá”, obra del pintor italiano Antonio Joli, quien la realizó en torno al año 1750.

Me gustó mucho la primera vez que la vi hace unos años, no sabía que existía hasta que la tuve de pronto ante mis ojos, en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la propia calle de Alcalá.

Fue una sorpresa. Ver, a la izquierda, la antigua Iglesia de San Hermenegildo, hoy de San José; enfrente, a la derecha, el desaparecido Convento de las Baronesas. Al fondo la Puerta de Alcalá, pero no la que conocemos hoy, construida para la llegada de Carlos III, sino la que había antes, situada un poco más abajo, aproximadamente a la altura de la calle de Alfonso XI. Los palacios, la vieja plaza de toros… un inesperado y mágico paseo por el Madrid del siglo XVIII.

Después supe que existen al menos dos Vistas de la calle de Alcalá pintadas por Antonio Joli, otra es propiedad de la Casa de Alba, y pudo verse en una exposición dedicada a Fernando VI y Bárbara de Braganza, un reinado bajo los signos de la paz, a finales de 2002 en la propia Academia de Bellas Artes. Las diferencias son mínimas, pero existen.

Vista de la calle de Alcalá

A. JOLI. Vista de la calle de Alcalá. Casa de Alba. 81 x 139. Catálogo exposición "Fernando VI y Bárbara de Braganza, un reinado bajo los signos de la paz"

La obra se puede contemplar en la primera planta del maravilloso museo. Fue adquirida en 1997 con cargo a la Herencia Guitarte y ayuda del Ministerio de Educación y Cultura, según explica el cartel junto a ella. Guitarte fue un coleccionista que donó obras a la Academia.

A. JOLI. Vista de la calle de Alcalá. Academia de Bellas Artes. (Foto hecha sin flash)

A. JOLI. Vista de la calle de Alcalá. Academia de Bellas Artes. 78 x 131. (Foto hecha sin flash)

El de Bellas Artes es uno de los mejores museos madrileños, con obras de los artistas más importantes de la historia del Arte (Zurbarán, Goya, Alonso Cano, Rubens, etc.), posee una colección de escultura moderna impresionante, y está ubicado en un edificio, antiguo palacio de Juan de Goyeneche, que solo él mismo ya merece una visita.

Sin embargo quizá sea uno de los menos conocidos, no suele haber colas ni aglomeraciones. Si os gusta el arte y nunca lo habéis visitado, os lo recomiendo, no os lo perdáis.

Mercedes

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Calle de Alcalá, 13
De martes a sábado no festivo, de 9:00 a 17:00 horas.
Domingos y festivos, de 9:00 a 14:30 horas.
Lunes cerrado.

Se lo comenté ayer a Lucie en su bonito e interesante blog, a veces la realidad imita a la ficción, por muy exagerada que ésta nos parezca.

Por la mañana había estado visitando la exposición dedicada a Maurice de Vlaminck, el pintor fauve -fiera-, en el Caixa Forum. Los fauvistas utilizan los colores puros, en teoría alejados de la realidad, de forma tan intensa y sin concesiones, que sus cuadros pueden resultar un tanto agresivos para algún espectador. Sus trazos son tan enérgicos que ciertamente trasmiten esa rabia que les otorgó el calificativo de fauvistas.

En cualquier caso, forma parte de la historia del arte, y de la historia de la pintura del siglo XX, cuyo comienzo fue de gran influencia en todo lo que vendría después. La exposición es muy importante y digna de ser contemplada.

Me llamaron la atención muchas de las obras expuestas, como una titulada “Paisaje del valle del Sena o Paisaje de Otoño”, pintada en 1905, que muestra el campo teñido de naranja y rojo puro. El otoño de Vlaminck es rojo puro, en lugar de ofrecer “tonos” marrones, rojizos o anaranjados, como la realidad.

Después crucé el Paseo del Prado y me dirigí al Botánico, uno de mis rincones preferidos, donde además del maravilloso jardín actualmente se puede visitar una exposición dedicada al gran científico español José Celestino Mutis, “Mutis al Natural”, que destila amor al personaje y a la actividad que desarrollaba.

A la salida, en uno de los paseos del Botánico, igual que poco antes el cuadro de Vlaminck, me llamó la atención un árbol de grandes hojas verdes, pero con algunas, muy pocas en esta naciente primavera, completamente rojas.

hojaroja2

¿Qué aspecto tendrá este árbol en otoño? tengo que ir a verlo sin falta.

Se trata de la Fotinia, que, según cuenta el cartel explicativo “pertenece a la familia de las rosáceas, como las rosas, los cerezos o las manzanas. Sus hojas son fuertes y correosas, muy lustrosas por el haz (parte superior) y de color verde oscuro. Las más viejas se tornan rojas, siendo una de las características más llamativas de esta especie. A partir de marzo, y a lo largo de toda la primavera, se desarrollan las flores, de color blanco y agrupadas en ramilletes…

Su nombre en latín, Photinia, procede del griego Phoetinós, que significa claro, luminoso..”

Como la pintura de Vlaminck.

por Mercedes Gómez

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CaixaForum Madrid
Maurice de Vlaminck, un instinto fauve. Pinturas de 1900 a 1915
Paseo del Prado, 36
Hasta el 7 de junio 2009. De lunes a domingo, de 10.00 a 20.00 h.
Entrada gratuita

Real Jardín Botánico
Mutis al Natural. Ciencia y Arte en el Nuevo Reino de Granada
Plaza de Murillo 2
Hasta el 24 Mayo 2009. Abril: 10:00h-19.30h, Mayo: 10:00h-20:30h.
Gratuito, previo pago de la entrada al Jardín (2 euros)

Hay en Madrid innumerables instituciones con una historia riquísima a sus espaldas, como por ejemplo la Fundación Carlos de Amberes, con más de cuatro siglos de edad.

El origen del antiguo Hospital de San Andrés de los Flamencos se remonta al año 1594, cuando Carlos de Amberes, natural de dicha ciudad, cedió sus casas en la hoy llamada calle de San Marcos con el fin de que a su muerte acogieran a los pobres y peregrinos que llegaran a Madrid procedentes de las entonces Diecisiete Provincias de los Países Bajos. Y así fue como a su muerte, en 1604, uno de los inmuebles fue transformado en Hospital.

Solo cinco años después el rey Felipe III aceptó el Patronato de la institución, cargo que, ratificado por su hijo Felipe IV, han heredado los monarcas españoles hasta nuestros días, convirtiéndose así en la Real Diputación de San Andrés de los Flamencos.

En 1621 se encargó a Juan Gómez de Mora, Maestro Mayor de Obras Reales e importantísimo arquitecto en la historia de Madrid, la construcción de nuevo hospital e iglesia. Poco después, en 1638, en su altar mayor se colgó una pintura del gran maestro Rubens “El martirio de San Andrés”, encargada por uno de los benefactores.

En el Plano de Pedro Texeira (1656) se aprecia una pequeña iglesia y nada más, pero debió tener su importancia pues fue construido por el arquitecto más notable de la época. En esa época la calle recibía el nombre de calle de San Hermenegildo.

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También conocido como Hospitalillo de San Marcos, existió hasta 1848 en que se derrumbó.

Apoyos políticos y de la Corona facilitaron la construcción de un nuevo edificio en el Ensanche, en la calle de Claudio Coello, lugar en el que continúa la Fundación Carlos de Amberes, Real Diputación de San Andrés de los Flamencos, antiguo Hospital e Iglesia de San Andrés de los Flamencos, actualmente dedicada a fines culturales.

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El actual edificio fue construido por los hermanos Agustín y Manuel Ortiz de Villajos en 1877 y rehabilitado entre los años 1991-1998. Declarado Bien de Interés Cultural, tanto la iglesia como los pabellones a ambos lados, en otro tiempo dedicados a hospital y hospedería, acogen ahora una de las salas de exposiciones y actos culturales más vivos de Madrid.

La iglesia, de cruz latina, con una sola nave abovedada, que ahora sirve como sala de exposiciones, conserva la tribuna o coro alto, y el espacio del antiguo altar mayor, donde se encuentra la maravillosa obra de arte, el cuadro de Rubens, acompañando siempre a las más diversas obras de arte expuestas en este espacio singular. Aunque parezca mentira, el marco del cuadro que se conserva es el original creado por los ebanistas del rey Felipe IV.

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No está permitido fotografiar el cuadro, esta es una postal que venden en la Fundación:

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Otras dos obras pictóricas, tras la recepción, a la derecha, adornan las paredes de este curioso lugar:

También procedente de la primitiva iglesia, un Retrato de don Carlos de Amberes, con una inscripción en su franja inferior que resume toda la historia de la fundación. Anónimo español del siglo XVII, se desconocen autor, fecha o cualquier otro dato que los investigadores de momento no han sabido aclarar. Si vais a verlo, observad el fondo del cuadro, tras el retrato, que muestra una población de pequeñas construcciones y recinto amurallado, propio del XVII, pero en principio no identificable.

Y un magnífico Retrato del 2º Marqués de Casa Riera, obra de Raimundo Madrazo y Garreta (1841-1920), de gran formato, donado por la Reina Fabiola de Bélgica.

Las obras de arte, pintura, fotografía, etc. se van sucediendo en esta Sala de Exposiciones, pero estos tres cuadros siempre están ahí, para nuestro disfrute, no dejéis de verlos, si es que no lo habéis hecho ya, sobre todo esa joya que es El Martirio de San Andrés, del gran pintor barroco, el flamenco Pedro Pablo Rubens.

Fundación Carlos de Amberes
Calle de Claudio Coello, 99

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por Mercedes Gómez

artedemadrid@gmail.com
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