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Tras un largo período de tiempo cerrado por obras, el Antiguo Cuartel del Conde Duque, que visitamos a comienzos del pasado año 2010, acaba de reabrir sus puertas. El edificio está siendo reformado íntegramente, y algunos de los cambios sufridos en su exterior, sobre todo en las fachadas, y la pérdida de las tejas tradicionales, han ocasionado bastantes críticas.

Ya se puede visitar la rehabilitada zona sur, la única no restaurada en los años 80 del pasado siglo XX, que alojará la mayor parte de zona pública (exposiciones temporales, salón de actos, etc.). De momento, y hasta el 16 de octubre, la exposición Cornelis Zitman en Madrid, en la nueva “Sala 3″. En la zona norte se ubicarán las diferentes instituciones (Hemeroteca, Archivo de la Villa, etc.).

También existe la posibilidad de apuntarse a unas sugerentes visitas guiadas, a la exposición, “El mundo de Zitman”, y a la Historia del Conde Duque.

Esta interesantísima visita comienza en el exterior del antiguo Cuartel frente a la portada realizada por Pedro de Ribera. Durante algo más de una hora, la amable guía irá contándonos la historia del edificio y sus inquilinos, así como detalles de la reforma actual.

Se ha intentado buscar un equilibrio entre el pasado y el presente, y dejar constancia de todas las épocas. Un edificio construido en el siglo XVIII para alojar a los Guardias de Corps, la guardia del rey Felipe V, que sufrió muchos avatares durante el siglo XIX, que pudo ser derribado, y finalmente se salvó en el XX para alojar actividades culturales.

julio 2011

Sobre el zócalo de piedra de la fachada, una inscripción en latín, lema de los Reales Guardias de Corps, y la Cruz de San Jorge de la Orden de Montesa, en homenaje al último regimiento de caballería que lo ocupó, recuerdan el pasado militar del edificio.

Cruz de San Jorge de Montesa

El arquitecto, Carlos de Riaño, ha optado por dejar los muros en ladrillo visto en lugar del revoco original, no queda muy claro el motivo. Nos hablan de “recuperar la arquitectura industrial decimonónica”, pero es que no se trata de un edificio industrial del XIX sino una construcción militar del XVIII. En cualquier caso, y aparte gustos personales, está claro que cada época y cada arquitecto han dejado sus huellas.

Hasta ahora las fachadas estaban cubiertas por falsos sillares pintados al trampantojo, producto de la restauración y rehabilitación llevadas a cabo por Julio Cano Lasso en los años 80 del pasado siglo XX. Al menos de momento, se conserva el dibujo en la fachada sur, en el Callejón de las Negras.

Los ventanales han recuperado su tamaño original, habiéndose eliminado el adorno de piedra colocado en el siglo XIX. La nueva carpintería exterior es de acero inoxidable y, como luego podremos observar, de cálida madera en el interior.

Comienza la visita.

Traspasamos la monumental portada y comprobamos que en el zaguán de entrada se ha sustituido el color rojo por el verde azulado.

En el patio central se ha restaurado la portada de la antigua Capilla, que en los años 80 había levantado Cano Lasso inspirándose en la maqueta del edificio, dejando uno de los dos lados “roto”, simulando desperfectos, como “guiño” al pasado.

Ahora se ha restaurado completa, incluyendo el Observatorio que tuvo en el siglo XVIII, en el que estuvo situada una de las torres de la Línea de Castilla del Telégrafo Óptico. El lugar se convertirá en uno de los más altos de Madrid desde donde se podrá contemplar toda la ciudad, aunque aún no se sabe si será público.

También se ha recuperado el tercer piso perdido tras uno de los incendios, que únicamente se conservaba en la fachada que da a la calle del Conde Duque. El revoco de pintura amarilla lo explican nuevamente como “guiño” histórico del arquitecto, para diferenciar lo antiguo de la reconstrucción reciente.

Las tradicionales tejas árabes han sido sustituidas por frías placas de cinc que ocultan los modernos sistemas de servicios del edificio (luz, gas…), excepto en el lado oeste del patio central, a ambos lados del nuevo Observatorio, donde permanecen las bonitas tejas, debido a la falta de presupuesto según nos explican.

En uno de los lados del patio sur, se ha mantenido el color rosado del muro bajo las antiguas tejas de barro, alguna chimenea, y las buhardillas, todo ello como testigo de la anterior reforma.

El interior del pabellón sur, hasta ahora abandonado, ha sido magníficamente restaurado y rehabilitado. Los arcos de medio punto construidos en ladrillo sobre columnas de piedra de las antiguas caballerizas, bajo las vigas de hierro roblonadas crean espacios amplios y acogedores, siempre divididos en tres partes.

Desde las ventanas del lado oeste de la tercera planta de esta zona sur se puede contemplar el Palacio de Liria y su Jardín, cuyos propietarios, la Casa de Alba, lo fueron también en el pasado de estos terrenos donde luego se construyó el Cuartel.

Visitamos también el lado este, la zona de la tercera planta que se asoma a la calle del Conde Duque, que no podrá visitarse en el futuro pues acogerá oficinas, entre ellas las dedicadas a la web municipal memoriademadrid. En esta zona, construida tras uno de los incendios sufridos, las columnas son de hierro, manteniendo siempre los tres espacios de la construcción original.

En el sótano, un nuevo muro de hormigón se enfrenta al recio y viejo muro de piedra del cuartel tras el cual se encuentran las antiguas estancias que entre otras cosas servían de almacén, gracias a la baja temperatura que alcanzan. Lo nuevo y lo antiguo, quizá estos muros representan el espíritu del nuevo Centro Cultural.

El espectacular sótano, perfectamente conservado y restaurado, será dedicado a exposiciones temporales.


Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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Centro Cultural Conde Duque
Calle Conde Duque , 9
Tel.: 915 885 165
Visitas guiadas
10 de junio de 2011 al 24 de julio de 2011
Viernes y sábados 18 h. Domingos 12 h.



La semana pasada fue inaugurada una exposición en el edificio que hasta hace poco albergó el Museo del Ejército, en la calle de Méndez Núñez. Bajo el título de DOMUSae –inspirado en la expresión domus musae, que significa “la casa de las musas”, o “donde habitan las musas”-.

Me enteré por un reportaje del diario ABC, que la calificaba de “autobombo” del Ministerio de Cultura. A pesar de todo, personalmente me resultó muy interesante el tema y el lugar, y ayer fui a visitarla.

La realidad es que muestra algunos edificios construidos o rehabilitados a lo largo de los últimos treinta años, como precisa la propia noticia, para albergar espacios culturales, Museos, Archivos o Bibliotecas,  y también hay que decir que la autora del texto aún no debía conocer la exposición pues se inauguraba esa tarde.

Sí que es cierto que desde que se cerró el edificio y tras alguna propuesta, no se ha llegado a tener claro su futuro. Recordemos que el proyecto de traslado del Museo del Ejército a Toledo nació hace más de catorce años, el camino hasta aquí ha sido largo y difícil.

A la espera de decidir su destino y comenzar su necesaria restauración, el Ministerio actual ha decidido dedicarlo a exposiciones temporales. Esta me parece recomendable en sí misma, pero lo que me resultó más sugerente es el lugar en que se desarrolla, y el montaje realizado.

Antes que Museo del Ejército este singular edificio fue Salón de Reinos, una de las más suntuosas estancias del antiguo Palacio del Buen Retiro, Real Sitio construido en la década de los años treinta del siglo XVII para el rey Felipe IV.

El Palacio del Buen Retiro en 1636-1637, atribuido al pintor Jusepe Leonardo. El Salón de Reinos, situado entre la Plaza Cuadrada y la Plaza Grande.

El Salon de Reinos era un largo espacio rectangular situado entre las dos grandes plazas del Palacio, decorado para gloria y disfrute de la Monarquía. Sus paredes fueron cubiertas por doce escenas de batallas, de grandes victorias, representadas por los mejores pintores, entre ellos Diego Velázquez, con su cuadro Las Lanzas o La Rendición de Breda. Además, junto a las puertas se colocaron los retratos de Felipe III y Margarita de Austria, Felipe IV e Isabel de Borbón, todos ellos realizados por Velázquez. Y finalmente, sobre las ventanas, varios cuadros representando a Hércules, obra de Zurbarán.

Junto con el Casón –antiguo Salón de Baile-, aunque este muy modificado en su exterior, constituyen los únicos restos del Palacio del Buen Retiro.

Se considera sus autores a Juan Bautista Crescenzi y Alonso Carbonell, Maestro Mayor del Real Sitio. Su aspecto exterior es típico del Madrid de los Austrias, con sus dos torres con chapiteles.

En 1884 fue reformado para Museo de Artillería.

La exposición comienza en la planta baja, con fotografías de los edificios antes de su rehabilitación, en un espacio a su vez necesitado de restauración.

Madrid está representado por la Antigua Fábrica de Tabacos, y el propio Salón de Reinos.

Subimos a la primera planta, donde en un primer espacio se exponen las maquetas y documentación existentes sobre los proyectos realizados.

Aquí hallamos las maquetas de la Ampliación del Museo del Prado y la Ampliación del Reina Sofía.

A continuación la estancia principal se ha convertido en una espectacular gran biblioteca blanca, que acoge bajo la bóveda del antiguo Salón de Reinos el material expresamente creado para la exposición, maquetas, libros, videos…

En el otro extremo de la planta, más documentación, planos, fotografías y maquetas.  Y finalmente, en la última sala, la historia visual del propio edificio, el Salón de Reinos, desde el siglo XVII hasta hoy.

Falta el último capítulo, saber cuál será por fin su destino en este siglo XXI.

por Mercedes Gómez

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DOMUSae. Espacios para la cultura
Salón de Reinos
Calle de Méndez Núñez
Madrid
Del 16 de diciembre al 16 de marzo de 2011, de 10:00 a 20:00


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Subiendo por la Corredera Baja de San Pablo hacia la plaza de San Ildefonso, a la derecha, en el número 20, hay una casa que no pasa desapercibida al paseante curioso. Su arquitectura parece muy antigua, con su puerta de madera rodeada por la sencilla portada de piedra coronada por un escudo y las rejas de las ventanas casi conventuales.

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Y ciertamente lo es, es antiquísima, uno de los pocos edificios de viviendas del siglo XVII que perviven en Madrid. Parece un milagro. En la fachada un cartel anuncia su próxima rehabilitación, declarado en ruina por la Empresa Municipal de la Vivienda. Se trata de uno de esos edificios en alquiler de renta antigua por el que los inquilinos pagan una cantidad irrisoria para los tiempos que corren. Según parece, andan en pleitos con el Ayuntamiento, y la obra en espera.

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El solar corresponde a la manzana nº 363, Casa nº 14, según la antigua Visita de Aposento realizada en el siglo XVIII, que sirvió para levantar la Planimetría de Madrid, ambicioso plan que registró todas las casas de Madrid en tiempos de Carlos III.

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Cuando Felipe II convirtió a Madrid en sede de la Corte se originó un enorme problema: la villa no tenía capacidad suficiente para albergar a todos los cortesanos que acompañaban al rey, de forma que se creó la Regalía de Aposento. Todas las casas madrileñas debían alojar a un “invitado”, cediendo la mitad de su propiedad. Ya sabemos que quien hizo la ley hizo la trampa, y esto originó que muchos intentaran engañar construyendo su casa de forma que pareciera que tenía un único piso cuando en realidad tenía dos, fueron las llamadas “casas a la malicia”.

Otra opción era conseguir la exención de la Regalía de Aposento lo cual en muchos casos implicaba una carga económica anual. Esto fue lo que ocurrió con la casa del actual número 20 que el día 23 de febrero de 1613, su propietario, Juan Simón del Valle, la privilegió en 750 maravedíes. Ya en aquellos tiempos la casa número 23, a espaldas de la nº 14, pertenecía al mismo dueño. Hoy corresponde al nº 39 de la calle del Barco, y está incluida en el proyecto de rehabilitación.

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Calle del Barco nº 39

No sería de extrañar que ya en aquellos tiempos existiera una taberna o mesón en la casa, ahora se ha visto obligada a cerrar sus puertas la famosa Taberna Pepita, abierta hace más de treinta años, con un público fiel que incluso creó un blog en defensa del local. La última entrada, en agosto de 2007 afirma “España de luto por el cierre de la Pepita”. Un blog hecho con cariño y también con mucho humor.

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por Mercedes Gómez

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Fuentes:
“Arquitectura de Madrid”. COAM. Madrid 2003.
Planimetría de Madrid.
Diario ADN, 3 diciembre 2007.

Iniciamos hoy la publicación de un trabajo excelente sobre el Claustro de los Jerónimos y su restauración en las Obras de Ampliación del Museo del Prado. Su autora es Celia Vinuesa, arquitecto.

Para mi es una inmensa suerte, un lujo, el contar con su colaboración en este blog.

Celia fue la coordinadora de las obras de ampliación del Prado por parte de la Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos de Educación y Cultura del Ministerio de Educación y Cultura, entre los años 2000 y junio de 2004.

Con mimo, pieza a pieza, el Claustro de los Jerónimos fue desmontado, documentado, restaurado y montado de nuevo. Asistiremos a todo el proceso gracias a Celia, testigo de excepción, a través de sus textos y sus fotografías.

En la primera parte de su artículo nos cuenta la historia del Claustro, tan antigua, y nos muestra el estado en que se encontraba antes de la restauración. En la segunda parte asistiremos a su Preconsolidación y Desmontaje. Y en la tercera a su Restauración y Montaje.

Espero que os guste, y cuando Celia nos descubra los hallazgos conseguidos gracias a este desmontaje necesario, os parezcan tan emocionantes como a mí.

Mercedes

Introducción histórica y estado antes de la restauración.-

Las obras del Monasterio de San Jerónimo el Real comenzaron en 1503, probablemente siguiendo las trazas y dirección de Enrique Egás. Su estilo era gótico tardío de tipo isabelino y se componía, además de la Iglesia, de un claustro en torno al cual se situaban las dependencias monacales. La construcción respondió a la petición hecha a los Reyes Católicos por parte de los monjes del convento situado en el camino de El Pardo que Enrique IV había fundado en 1464, ya que consideraban que el lugar primitivo era insalubre y pantanoso. El nuevo emplazamiento estaba en la zona extramuros de la villa, en un pequeño alto sobre el Arroyo de la Fuente Castellana.

Entre 1550 y 1560 se levantó un nuevo claustro de estilo plateresco, llamado posteriormente “claustro viejo”, al oeste del que ya existía. Fiel a la costumbre de la monarquía española de alojarse en los conventos, pero consciente de la incomodidad de hacerlo en las mismas celdas que los monjes, Felipe II ordena a Juan Bautista de Toledo construir un Cuarto Real adosado al lado norte del ábside de la iglesia. En la década de 1630, con motivo de la jura del príncipe Baltasar Carlos y por mediación del Conde Duque de Olivares, Felipe IV transforma el Cuarto Real. Lo que en un principio era una Ampliación de los aposentos reales existentes en el Monasterio, se convirtió en la residencia de recreo y descanso de los Austrias en las afueras de la villa.

El Monasterio de  los Jerónimos en el plano de Mancelli-Witt, hacia 1635

El Monasterio de los Jerónimos en el plano de Mancelli-Witt, hacia 1635

El Monasterio de los Jerónimos y el Palacio del Buen Retiro en el plano de Teixeira, 1656.

El Monasterio de los Jerónimos y el Palacio del Buen Retiro en el plano de Teixeira, 1656.

El Claustro principal conocido popularmente como Claustro de los Jerónimos hoy reconstruido dentro de la Ampliación del Museo del Prado fue levantado en el lugar donde se encontraba el primer claustro gótico isabelino del Monasterio. La fecha probable de construcción, en opinión de la mayoría de los autores, es 1672, y el autor Fray Lorenzo de San Nicolás. Está realizado en granito madrileño y decorado con los escudos reales y con los emblemas de los Jerónimos.

En 1808 el Monasterio se convirtió en Cuartel General de Murat y posteriormente en el transcurso del ataque a Madrid por las fuerzas angloespañolas resultó considerablemente dañado. Tras la desamortización del reinado de Isabel II la iglesia del Monasterio fue Parque de Artillería y el convento cuartel. En 1837 el Claustro se convirtió en hospital o cuartel de inválidos y en 1855 se utilizó como hospital de coléricos coincidiendo con la gran epidemia.

“Plan Topographique de la Ville de Madrid et ses environs / avec la position de l'armée française pendant le bombardement le 3 decembre 1808". Servicio Geográfico del Ejército (Madrid 1808).

“Plan Topographique de la Ville de Madrid et ses environs / avec la position de l'armée française pendant le bombardement le 3 decembre 1808". Servicio Geográfico del Ejército (Madrid 1808). El Monasterio y el Palacio en la parte inferior.

En torno a 1865 con la construcción de la Calle Ruiz de Alarcón entre los Jerónimos y el Museo del Prado, dentro de las obras del nuevo Ensanche de Madrid, se perdió el claustro plateresco y comienzan a perderse las galerías en torno al Claustro. Nos queda, como testimonio de la coexistencia de los dos claustros, la maqueta de León Gil de Palacio de 1830 que se encuentra en el Museo Municipal.

Plano de construcción del Ensanche. Ya se ha perdido el claustro plateresco. En azul los restos del Palacio del Buen Retiro.

Plano de construcción del Ensanche. Ya se ha perdido el claustro plateresco. En azul los restos del Palacio del Buen Retiro.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal.

Maqueta de León Gil de Palacio de 1830, Museo Municipal

En febrero de 1879 se hizo el deslinde entre el Buen Retiro y el Monasterio y en el mismo mes de 1880 ya se habían realizado las obras más urgentes de restauración general del templo a cargo del arquitecto Enrique María Repullés y Vargas, quién en la memoria de su intervención destacaba el estado de ruina en que se encontraba el Claustro.

En 1925, por Real Orden del 15 de Julio, el Claustro fue declarado Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional. En marzo de 1931, el arquitecto Emilio Moya informó al entonces Director General de Bellas Artes del estado de ruina inminente en que se encontraba el Claustro, recomendando que se prohibiera el acceso al mismo hasta que se aprobaran las obras de apeo. Hay carencia de documentación y de intervenciones hasta el año 1947, probablemente debido a la Guerra Civil, año en que se realizó la edificación en torno al Claustro cegando los arcos de la arcada inferior.

En los años 1963 y 1964 el arquitecto José María González Valcárcel realizó la reconstrucción de las arquerías del lado Sur del Claustro tras el desplome acaecido en la década anterior. Su proyecto comprendía, según la memoria del mismo, “… las obras de consolidación y recalzo de cimientos detalladas en los documentos del proyecto, la sustitución de las basas y capiteles totalmente descompuestos y abiertos y la cornisa desaparecida o totalmente destruida, que es preciso sustituir. También se incluye la restauración de dos escudos y dos claves con emblemas jerónimos que están en mal estado de conservación y en peligro de caerse. Para estas obras es preciso montar los andamios necesarios, procurando conservar al máximo las piedras antiguas, aún cuando la mala calidad de la piedra y el abandono en que ha estado a raíz de la exclaustración del Monasterio, obliga a sustituirlas parcialmente….” Valcárcel utilizó una cantera diferente de la original, según pudo comprobarse años después en los ensayos previos a la restauración del Claustro.

La proximidad del Claustro y del Museo del Prado y la necesidad de este último de constantes ampliaciones y aumento de superficie desde el momento en que se decidió cambiar el uso del edificio que se había comenzado a construir en 1785 para Gabinete de Historia Natural y Academia de las Ciencias al de Galería de las Nobles Artes en 1818, ha provocado que muchos de los numerosos proyectos para ampliaciones que no llegaron a construirse actuaran en el entorno del Claustro. Ya en 1851, siendo director del Museo José de Madrazo, se solicitó el espacio del antiguo convento de San Jerónimo para establecer allí a los celadores, talleres de restauración de pintura y escultura, y para poder también desarrollar algún espacio para exponer obras de los depósitos. En 1972 Fernando Chueca Goitia y Rafael Manzano Martos plantearon en torno al claustro del monasterio de los Jerónimos un edificio conectado con el Museo por medio de un puente-galería.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Fernando Chueca Goitia y Rafael Manzano Martos, 1972. El Claustro a la derecha de la imagen.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Fernando Chueca Goitia y Rafael Manzano Martos, 1972. El Claustro a la izquierda de la imagen.

En septiembre de 1996 el concurso internacional para la ampliación del Museo del Prado es declarado desierto. En 1998, en la convocatoria de un concurso restringido a los diez últimos finalistas del primer concurso, es elegido el anteproyecto de Rafael Moneo Vallés para la ampliación del Museo del Prado. El proyecto contemplaba la construcción de tres niveles de sótano bajo la cota del Claustro para destinarlas a salas de exposiciones temporales y almacenes, con lo que se hizo imprescindible el desmontaje del mismo.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Rafael Moneo Vallés.

Proyecto de ampliación del Museo del Prado de Rafael Moneo Vallés. El Claustro a la derecha de la imagen.

Las obras de ampliación del Museo comenzaron en 2001 pero desde el año 2000 se vinieron realizando en el Claustro actuaciones y estudios previos al desmontaje. La situación de partida era la de unas arquerías exentas, carentes de bóvedas, arcos o cualquier elemento estructural que en el pasado dieron estabilidad al conjunto, que mostraban una visible y alarmante curvatura hacia el patio según pudo apreciarse con claridad desde los andamios que se montaron para las obras de Preconsolidación y Desmontaje, las dos primeras del proceso de recuperación del Claustro, a las que seguirían la Restauración y el Montaje, finalizando este último en 2004.

Estado del Claustro antes de la restauración:

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Texto, selección de imágenes y fotografías por : Celia Vinuesa, arquitecto.

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Bibliografía.-

Pedro Moleón Gavilanes. Proyectos y obras para el Museo del Prado. Fuentes documentales para su historia. Madrid, Museo del Prado, 1996.

Jonathan Brown – John H. Elliot. Un palacio para el Rey. El Buen Retiro y la Corte de Felipe IV. Madrid. Taurus. 2003.

Elías Tormo y Monzó. Las iglesias del antiguo Madrid. Madrid. 1927. Reedición del Instituto de España. 1979. Pág. 200-206.

Antonio Ponz. Viage (sic) de España. Madrid. Viuda de Ibarra. 1793. Vol. V. Pág. 12-21.

Fray José de Sigüenza, OSH. Historia de la Orden de San Jerónimo. Madrid. Nueva Biblioteca de Autores Españoles. 1907. Vol. I. Pág. 373-376.

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Y los próximos títulos serán:

La restauración del Claustro de Los Jerónimos en las obras de ampliación del Museo del Prado (II).- Preconsolidación y Desmontaje.

La restauración del Claustro de los Jerónimos en las obras de ampliación del Museo del Prado (III).- Restauración y Montaje.

La Casa-Museo de Lope de Vega, en la calle de Cervantes número 11, en pleno Barrio de las Letras, es, en mi opinión, uno de los lugares más bonitos de Madrid, y quizá uno de los museos más desconocidos.

Dentro de pocos días hará un año en que se anunció su rehabilitación.

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El Museo fue cedido por la Real Academia de la Historia, propietaria de la casa desde que en 1935 se hiciera cargo de su restauración, a la Comunidad de Madrid, con el fin de que ésta se haga cargo de su gestión, la potencie como museo y centro cultural para la ciudad, y le de todo el valor que se merece como Casa que fue de uno de los grandes escritores de todos los tiempos.

Hoy tenemos una buena noticia: se anuncia la inauguración del renovado Museo.

Además de la aplicación de medidas de conservación a todo el edificio y acondicionamiento, básicamente las obras han consistido en la rehabilitación de la planta baja con el fin de que pueda acoger diversas actividades de índole cultural (conferencias, talleres literarios, recitales de poesía, etc.) sobre todo encaminadas a dar a conocer el Siglo de Oro español, cuyo principal escenario no olvidemos fue la Villa de Madrid. Vecinos de Lope fueron Cervantes y Quevedo, entre otros.

La Casa conserva todo el encanto que le otorga el ser un fiel reflejo de lo que podía ser una casa común del siglo XVII en Madrid y que reconstruye con bastante fidelidad la casa en la que vivió el autor desde que la compró en 1610 hasta su muerte en 1635.

El ambiente recreado es perfecto. Libros de la época -gracias a la Biblioteca Nacional-, pinturas magníficas como las que pudieron adornar las estancias cuando el autor las habitaba -cedidas por el Museo del Prado y el cercano Convento de las Trinitarias-, o mobiliario procedente del Museo de Artes Decorativas, permiten al visitante realizar un verdadero viaje a otra época e imaginarse al dramaturgo en su huerto o subiendo por las escaleras de madera hacia los aposentos de la casa.

En la planta baja, tras atravesar el zaguán, se accede al pequeño jardín, con su palomar, sus árboles frutales y el pozo, que es el original, no así el brocal que fue reconstruído. Aunque parezca mentira, pues nos encontramos en el centro de Madrid, el único sonido que percibimos es el canto de los pájaros.

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Visitamos el Oratorio, donde el propio Lope, sacerdote desde 1614, oficiaría la misa. Una figura de San Isidro, del siglo XVII, preside el altar. Las alcobas; la habitación destinada a los huéspedes, en la que el Capitán Contreras tantas veces se alojó, que allí, sobre un sofá junto a la cama, descansa una espada en su recuerdo. El comedor, la cocina…

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El estudio de Lope, y junto a él, el estrado, la habitación más curiosa para nosotros, lugar de reunión donde las damas solían recibir a las visitas, mientras quizá los hombres mantenían su tertulia en el estudio. Los estrados consistían en una tarima de madera o corcho sobre la que se colocaban alfombras y grandes almohadones, los cuales hacían las veces de sillas para las señoras que allí podían dedicarse a charlar. En estas estancias también había sillas, donde se sentaban los personajes importantes, o banquetas, lugar común donde se sentaban los hombres, al contrario que las mujeres que se sentaban sobre sus piernas cruzadas. Como vemos, las diferencias entre los hombres y las mujeres eran entonces abismales, afectando incluso a la forma de sentarse.

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Lope de Vega dejó una gran obra y vivió una vida azarosa. Nació en Madrid, y aquí murió; tuvo varias mujeres, hijos, y también amantes aún después de ser ordenado sacerdote -con aparente especial predilección por las actrices de su teatro-. Como buen personaje del siglo XVII, conoció la cárcel y el destierro, al parecer también la guerra como voluntario de la Armada Invencible, los conflictos con sus colegas,… y la gloria como dramaturgo.

A partir de hoy será más fácil visitar la que fuera Casa del gran maestro del Siglo de Oro, pues estará abierta incluso los domingos, y tal vez animarnos a conocer un poco mejor a don Félix Lope de Vega y Carpio, Fénix de los Ingenios.

Casa-Museo Lope de Vega. Cervantes, 11. Martes a domingo, de 10.00 a 15.00. Entrada gratuita. Lunes cerrado

Fuentes:
González Martel, J.Manuel. “Casa Museo de Lope de Vega. Guía y Catálogo“. Madrid 1993.
DocuMadrid. “El Madrid de Velázquez”. Madrid 1999

Texto y fotografías por:  Mercedes Gómez

El edificio de las antiguas Serrerías Belgas, situado entre las calles Cenicero y Alameda, a un paso del Paseo del Prado, es uno de los pocos ejemplos de arquitectura industrial que perviven en Madrid, una vieja fábrica maderera destinada ahora a albergar cultura contemporánea.

El año 1840 se fundó la Sociedad Belga de Fincas Españolas, asentándose en un espléndido solar al final de la calle de Atocha que tiempo atrás ocupó un convento. La elección resultó acertada pues poco después se inauguró la Estación de Atocha o del Mediodía, hecho que favoreció sin duda la prosperidad de esta empresa.

En 1863 se ampliaron las construcciones iniciales, que sufrieron numerosas reformas y cambios durante los primeros años del siglo XX, hasta llegar al edificio actual.

Esta Sociedad fue el antecedente de la actual propietaria del “Pinar de los Belgas” en Rascafría: la Sociedad Anónima Belga de los Pinares del Paular, que en su web conserva recuerdos de aquellos tiempos lejanos en que la industria maderera se encontraba en la madrileña calle de Atocha.

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Después de la guerra se fueron ampliando las instalaciones con la compra de nuevos terrenos. La idea fue rentabilizar la propiedad con la construcción de algunos comercios y viviendas, al final lo que se construyó fue un hotel, el Hotel Mercator, finalizado en 1954.

Esta fue la sede de la fábrica hasta los años 70 del siglo XX, la actividad se fue reduciendo poco a poco hasta quedar las naves casi abandonadas y, en el año 2000, se vendió el hotel.

En su lugar se construyó el moderno Hotel Paseo del Arte, que fue inaugurado en 2002 en el actualmente nº 123 de la calle de Atocha.

Las naves de las antiguas serrerías fueron adquiridas por el Ayuntamiento y poco después nació el proyecto de rehabilitación para convertirlas en una de las sedes de la INTERMEDIAE, centro de arte dedicado a la Creación contemporánea y a las últimas técnicas de expresión artística. La otra sede, ya en funcionamiento, es el antiguo Matadero de Legazpi.

Tras el grave incendio de una Subestación Eléctrica de Unión Fenosa en el mes de julio de 2004, que estaba situada entre las serrerías y la antigua Central Eléctrica de Mediodía -hoy convertida en el Caixa-Forum- , lo único que quedó fue un gran solar.

Poco después del incendio, la medianería que se asomaba a dicho solar fue cubierta con un enorme mural de lona que invitaba a leer el capítulo XXXIX del Quijote como antesala protectora de las naves de las antiguas serrerías.

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A continuación, caminando por la calle Alameda, se leía perfectamente el rótulo que informaba que ahí estuvieron los viejos ALMACENES Y TALLERES MECÁNICOS. Una verja y un pequeño patio-jardincillo donde desde siempre hubo un árbol, separaban las naves del hotel. Al fondo, la calle Atocha.

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Por la calle Atocha, llegamos a la de Cenicero donde se encuentra la fachada que anuncia MADERAS DEL PAÍS Y EXÓTICAS. La antigua entrada a la fábrica por la Calle Cenicero nº 8 anuncia TALLERES Y PINARES PROPIOS.

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Unión Fenosa cedió el solar al Ayuntamiento, para zona verde. La subestación fue trasladada y reconstruida bajo la Cuesta de Moyano; el solar se convirtió en la nueva Plaza de las Letras, inaugurada en abril de 2007; y la medianería ahora luce unos paneles ondulados de metal, quizá acordes con el pasado industrial de la zona.

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Bajo la plaza se instaló el Medialab-Prado, un programa del Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid relacionado sobre todo con la nueva cultura digital, como adelanto a la futura Intermediae.

El mismo año 2007 se falló el concurso de ideas para la “adecuación de la antigua serrería belga” y convertirlo en el centro Intermediae-Prado, resultando ganador el proyecto “Street Fighter”, de los arquitectos María Langarita Sánchez y Víctor Navarro Ríos, quienes afirman querer buscar un equilibrio entre lo que el edificio ha sido y lo que será. El viejo edificio conservará su estructura y “la memoria del pasado se mantendrá como un punto y seguido…

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El carácter que el uso de la serrería dio al edificio, su maquinaria específica, todo será recubierto con una pátina de resinas que congelará en el tiempo lo que la serrería fue hasta esa fecha para poder reescribir encima lo que el edificio puede llegar a ser”.

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Hoy, allí sigue cercana la Estación de Atocha, desde donde ahora parte el AVE a diferentes lugares, en lugar de los viejos trenes, algunos cargados de madera; el Paseo del Prado se ha convertido en el Paseo del Arte, con el maravilloso Museo del Prado, el Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Thyssen, el Caixa Forum. Y allí permanece el edificio de la antigua serrería que pronto albergará el nuevo centro Intermediae-Prado. Los rótulos ahora están tapados por lonas que anuncian el futuro centro cultural, pero cuando finalicen las obras seguro volverán a mostrarse, recordando el uso industrial que las naves un día tuvieron.

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Como testigo de todos los cambios acaecidos durante estos más de ciento sesenta años, el árbol continúa en su lugar, en el patio-jardincillo, observándolo todo.

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Fuentes:

COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
http://www.esmadrid.com/intermediaeprado/pdf/plano_street_fighter.pdf

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Texto y fotografías: Mercedes Gómez

artedemadrid@gmail.com
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