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Como sabemos, durante la primera mitad de la década de los años 30 del pasado siglo XX en Madrid se acometieron diversas obras arquitectónicas y urbanísticas de importancia, y también se prestó atención a algunos detalles quizá menores, pero muy valiosos por su utilidad para la vida diaria, como fue la instalación de sencillas Fuentes y caños de vecindad, que ya hemos tenido ocasión de evocar.
Hoy propongo dedicar un recuerdo a los Jardines Históricos, que en esa época, eran los tiempos de la Segunda República, gozaron de un cuidado especial.
Entre el mes de junio de 1931 y octubre de 1935 varios jardines madrileños obtuvieron la catalogación de Monumento Histórico-Artístico o la de Jardín Artístico.
En el primer caso estuvieron los pertenecientes al Monasterio de El Escorial, al Palacio de Aranjuez y los entonces denominados del Palacio Nacional, el Campo del Moro y la Casa de Campo. En el segundo caso, la Alameda de Osuna, la Quinta de El Pardo, y nuestro gran Parque del Retiro.
Actualmente son Bienes de Interés Cultural. También alcanzaron este nivel de protección el Real Jardín Botánico y la Quinta de la Fuente del Berro.
En cuanto al Ayuntamiento de Madrid, existe un Catálogo de Parques Históricos y Jardines de Interés con diferentes niveles de protección. La máxima corresponde a los Parques Históricos:
La Casa de Campo, el Retiro, el Parque del Oeste, la Quinta de la Fuente del Berro, el Parque del Capricho de la Alameda de Osuna, la Quinta de los Molinos, la Quinta de Vista Alegre, los Jardines del Campo del Moro y el Real Jardín Botánico.
Cada uno de estos jardines tiene su historia y sus características, pero tienen algo en común: su belleza, y facultad de hacernos sentir bien. Ahora son espacios protegidos, pero no siempre fue así, alguno de ellos ha pasado épocas de verdadero deterioro, y aún hoy no se cumple del todo, como es el caso de la Quinta de Vista Alegre.
Por favor, cuidemos y disfrutemos de nuestros inigualables Jardines y Parques, un verdadero privilegio concedido a todos los madrileños y visitantes.
Por Mercedes Gómez
Junto con el de Cuatro Caminos, otro de los barrios más castigados durante la guerra fue el de las Ventas del Espíritu Santo, situado junto al Arroyo Abroñigal y al puente que lo cruzaba, allí donde terminaba la calle de Alcalá y comenzaba la carretera de Aragón. Los alrededores del Puente de Ventas en 1936 apenas estaban urbanizados. La Plaza de Toros había sido construida pocos años antes, cerca del arroyo, rodeada por barrancos y chabolas.
Hoy día el moderno Puente de Ventas, que cruza la M-30, construida en los años 70 sobre el cauce del arroyo, es una encrucijada de caminos, en la que se unen los barrios de la Guindalera, Fuente del Berro, Ventas y la Concepción. En cierto modo también debió serlo en aquellos años de guerra, cuando el modesto puente estaba situado en el límite de la ciudad, en la salida de Madrid hacia el noreste, próximo al aeropuerto de Barajas.
En aquel lugar importante por su situación, junto a la plaza de toros se construyó un refugio para uso militar.
No muy lejos, a poco más de seis kilómetros por la Carretera de Aragón, hoy calle de Alcalá, en dirección a La Alameda (donde recordemos sigue existiendo un nido de ametralladoras), en el parque de El Capricho, se excavó un búnker que se conserva, donde fue instalado el centro de mando del Ejército Republicano, a las órdenes del General Miaja.
También pervive, escondido bajo el asfalto, el refugio de las Ventas.
Es difícil acceder a él. Después de bajar unos doce metros, primero por un pozo muy estrecho con una serie de pates y luego por una vieja escalera oxidada, se llega a la galería principal, de grandes dimensiones.
Mide más de doscientos metros de largo, con una sección de cuatro metros de altura por tres de ancho. En origen su longitud debió ser aún mayor pues llegamos a un punto en que el camino se interrumpe y la galería aparece derrumbada.
A ambos lados del pasillo abovedado, a lo largo de todo su recorrido, hay una serie de habitaciones o salas, más de treinta, probablemente usadas como oficinas o cuartel por el ejército de la República.
Son todas iguales, rectangulares y simétricas.
En su interior encontramos algunos objetos que parecen muy antiguos, orinales de porcelana, jarras… restos de vida.
También las huellas de la actividad militar: en una parte de la galería sobreviven tramos de viejos raíles por los que seguramente se desplazaba una vagoneta con materiales, munición o quizá armamento, distribuyéndolos por el interior del cuartel.
Algunos de los objetos encontrados, como antiguas botellas de cerveza madrileña y más que raídos y sucios colchones, demuestran que hubo un tiempo, hace algunas décadas, en que el refugio tuvo otro tipo de inquilinos.
La dificultad de acceso y el peligroso descenso, así como la proximidad de la plaza de toros que impide nuevas construcciones, probablemente sean las causas de que el refugio siga existiendo después de más de setenta años.
Tanto este refugio de uso militar como el de Cuatro Caminos destinado a la protección de la población civil que visitamos hace unos días, ocultos en el subsuelo madrileño, no son los únicos que se conservan, algunos localizados y tal vez otros desconocidos.
En varias ciudades de España se han hallado refugios de la guerra civil, como el año pasado en Valencia. En algunos casos se han convertido en museos visitables: en Almería, y en Barcelona, donde el Refugio 307 se ha integrado en el Museo de Historia de la ciudad. También en Cartagena, en cuyo Refugio-Museo, tras el recorrido por las galerías que obligan a revivir la terrible época de los bombardeos, dedican un espacio a la antítesis de la guerra: la paz.
En Madrid, nuestros dos refugios, tan distintos, nos inspiran emociones diferentes, pero ambos son testigos de la historia, forman parte de nuestro patrimonio y merecen un lugar en nuestro de momento virtual Museo del Madrid Subterráneo.
Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez
Localización y fotografías : Pedro Jareño
En nuestros paseos por el Madrid subterráneo hemos visitado bellas galerías de antiguos viajes de agua, contemplado muros de pedernal escondidos y recorrido mágicos pasadizos, siempre con emoción y alegría. Nos hemos sentido aventureros y felices, imaginando cómo pudo ser la vida en el pasado más remoto, en nuestro querido y misterioso Matrice, en el Mayrit árabe, en ese Madrid medieval de escarpado suelo surcado por arroyos… nuestra fantasía ha volado hacia tiempos difíciles pero sugerentes.
Sin embargo existe un período de nuestra historia demasiado duro, demasiado reciente, que nos cuesta revivir, la guerra que asoló Madrid durante tres años, desde julio de 1936 hasta abril de 1939.
Desde ese primer y caluroso verano del año 36, cuando la vida de la ciudad se vio sorprendida y amenazada por la guerra y las incertidumbres, las calles de Madrid y los madrileños fueron bombardeados sin piedad, sobre todo los barrios más humildes, los barrios donde vivían los obreros. Sobre todo de noche.
Pocos días después del inicio de la guerra comenzaron los bombardeos, de madrugada. Los vecinos se cobijaban donde podían, en los sótanos de las casas, muchos bajaban a los andenes del metro, algunas noches se llevaban un colchón… terribles momentos, esperando el amanecer.
Pocos meses después la República comprendió que era necesario construir refugios que protegieran a la población más débil de los continuos y crueles bombardeos. Se abrieron galerías subterráneas por toda la ciudad.
Ya sabemos que la historia de Madrid se esconde en el subsuelo, también la de la guerra. Esconde restos de la actividad militar, búnkeres, refugios de campaña…. Y restos de los refugios en los que la población civil intentaba ponerse a salvo de las bombas.
Uno de los refugios que se conservan, hoy atravesado por un colector del alcantarillado, es el de Cuatro Caminos, frente al antiguo Hospital de Jornaleros.
El Hospital -actualmente rehabilitado y ocupado por oficinas de la Comunidad de Madrid-, construido por Antonio Palacios entre 1909 y 1916, establecimiento benéfico para obreros, fue incautado por las Milicias Populares y utilizado como hospital de sangre con el nombre de Sanatorio de Milicias Populares. Se cree que entonces se abrió una puerta en el muro norte, que se asoma a la calle de Raimundo Fernández Villaverde, que permitía el acceso más rápido al refugio cercano.
El refugio antiaéreo construido para los habitantes del barrio de Cuatro Caminos y acaso para el Hospital tiene la belleza de la arquitectura sencilla con sus bóvedas de ladrillo, pero también nos transmite la desdicha allí sentida.
Es difícil mirar con frialdad los bancos tan pobres, sentarse en ellos y no pensar en las escenas que debieron ocurrir en aquellos años dramáticos. La espera y la lentitud del paso del tiempo, y la angustia. Familias, sobre todo mujeres y niños que lloran y se abrazan a ellas, también hombres temblorosos que no quieren demostrar su miedo.
El Madrid subterráneo a veces esconde tristeza, pero estas galerías, antiguo refugio de guerra en el barrio de Cuatro Caminos, y ese banco que nos inspira desconsuelo, forman parte de nuestro patrimonio histórico y personal.
Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez
Localización y fotografías : Pedro Jareño
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En 1931, con la llegada de Indalecio Prieto al Ministerio de Obras Públicas, bajo la Presidencia de Manuel Azaña, se proyectaron diversas obras arquitectónicas y urbanísticas de importancia con el fin de modernizar Madrid. Una de ellas fue la Ordenación para la Prolongación de La Castellana y la construcción de los edificios hoy conocidos como Nuevos Ministerios en el lugar donde entonces se encontraba el Hipódromo.
En el plan se incluía la mejora de la red ferroviaria y la creación de nuevas líneas. Se intentaba entre todos los implicados -Ministerio, Ayuntamiento, Compañías Ferroviarias…- solucionar el problema que suponía la discontinuidad de las líneas que llegaban o partían de Madrid y hacer posible su enlace, siguiendo el eje sur-norte, desde Atocha hasta Chamartín. Era el Plan de Enlaces Ferroviarios.
El arquitecto Secundino Zuazo, junto con el alemán Hermann Jansen, propuso un trazado viario bajo el cual se construiría el enlace ferroviario subterráneo, además del proyecto del edificio ministerial. Se solicitó el derribo del Hipódromo, y se iniciaron las obras de la nueva estación que formaría parte del nuevo eje ferroviario.
Derribado el Hipódromo, el gran solar resultante fue destinado a la construcción de tres edificios que albergarían los Ministerios de Gobernación, Obras Públicas y Agricultura.
El 14 de abril de 1933 se inauguró el primer tramo de la prolongación y se puso la primera piedra de los nuevos edificios que mediante una gran arquería junto al Paseo de la Castellana se ordenarían en torno a una gran plaza pública.
Ambos elementos, los arcos en superficie y las grandes bóvedas de los túneles, diseñadas por el ingeniero Eduardo Torroja, se fueron construyendo a la par.

Plano general del conjunto y del trazado ferroviario del enlace y la estación (Zuazo, nov.1933) (BNE)
Bajo la gran plaza del edificio ministerial se ubicó la estación central del enlace subterráneo que, aprobado finalmente según las directrices de Zuazo y Jansen, enlazaba la estación a construir en terrenos de Chamartín con la de Mediodía en Atocha.
En septiembre de 1933, con el cese de Azaña como Presidente del Gobierno, terminó la etapa de Indalecio Prieto. En los años siguientes el proyecto sufrió numerosos cambios.
Y llegó la guerra. Zuazo se refugió en París y siguió trabajando en el proyecto con la idea de continuar cuando pudiera volver a España… pero finalizada la guerra, a su vuelta fue marginado y apartado de este proyecto y de casi todos. Había trabajado para la República.
Las obras se retomaron bajo el mando de otros arquitectos, y aunque el proyecto sufrió bastantes modificaciones, más acordes con el nuevo régimen, en los años 40 se terminó el edificio. Las estaciones de Nuevos Ministerios y de Chamartín no serían inauguradas hasta 1967.
Junto a los túneles del tren que discurrían bajo la plaza en el interior del complejo ministerial, justo bajo la arquería, había otro túnel menor con una vía de servicio, que se aprecia dibujado en los planos de Zuazo.

Sección de la estación de los Ministerios. Enlace ferroviario sección transversal. (Zuazo, julio 1934) (BNE)
Por algún motivo la vía fue clausurada, y un tramo quedó allí debajo, encerrado y sin uso. No es fácil encontrar datos sobre la historia de esta construcción, un poco misteriosa, hay que recurrir a los recuerdos de las personas mayores. Al parecer, en alguna época, entre la República y el nuevo Régimen, fue utilizada como búnker.
En 1982 una parte de la Arquería, la situada más al norte, fue acristalada y convertida en Sala de Exposiciones dedicada a temas de Arquitectura y Urbanismo.
Debajo permanecía el tramo del antiguo túnel sin uso hasta que en 2003 fue integrado en la Sala de Exposiciones conservando su espectacular bóveda de hormigón.
Una abertura en el muro hacia la mitad del tramo permite comprobar el grosor original, de más de un metro.
Al final de la larga Sala, tras unas puertas acristaladas, el antiguo túnel desaparece, para dejar paso a la nueva Estación de Cercanías de Nuevos Ministerios.
Esta Estación, según la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid, es la estación subterránea abovedada más grande del mundo, con sus dos cañones gemelos de 320 m de longitud por 20 m de luz.
En el año 2001 estos cañones ideados por Torroja fueron seccionados para la instalación de la nueva Estación de Nuevos Ministerios, pero en su inicio, junto a los restos del antiguo túnel de servicio, se conservan dos magníficos arcos de la construcción original.
Por Mercedes Gómez
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Actualmente en la Sala La Arquería, Paseo de la Castellana 67, hay una exposición muy interesante:
Arquitectura española (1975-2010) + 35 años construyendo democracia.
Un recorrido por la arquitectura realizada en España desde 1975 hasta 2010. La muestra recoge más de 200 proyectos, de los que se exponen sesenta maquetas.
Hasta el próximo 7 de mayo.
NOTA: muchas gracias a la persona que atiende en la recepción de la Sala de Exposiciones, interesada como yo en la historia de este túnel, que me contó cosas muy interesantes y me ayudó a desentrañar el “misterio”.
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Bibliografía:
Catálogo exposición “Zuazo, arquitecto del Madrid de la Segunda República“. BNE, Madrid 2006.
El artículo de hoy está dedicado a Doña Umé, amable lectora de este blog. Ella es la dueña de la idea, y quien nos contó los detalles que han permitido escribirlo. Si recordáis, el día que hablamos de la Chimenea de la Fábrica de Vidrios, y de alguna otra, todas ellas recuerdos de antiguas fábricas madrileñas, nos dio la pista: en los comienzos de la antigua carretera de Vicálvaro, actual avenida de Canillejas a Vicálvaro, existe una muy bonita, ubicada en unos terrenos con historia.
Una vez establecida la capitalidad en Madrid en 1561, la nobleza se fue instalando en la villa, y pronto comenzaron a construir sus quintas de recreo en las afueras. Una de las zonas elegidas fue la que se encontraba en el antiguo Camino de Alcalá, en los alrededores del pueblo de Canillejas –anexionado a Madrid en 1949-, sobre unos terrenos escarpados y surcados por arroyos.
En los comienzos del siglo XX, el antiguo Camino, hoy calle de Alcalá, tras cruzar el Arroyo Abroñigal, recibía el nombre de Carretera de Aragón. Por entonces, en el margen izquierdo de la vía, aún existían numerosas villas y quintas, como la de los Ángeles, la de Lourdes, la de Salazar… y la gran quinta hoy llamada de Torre Arias, como se aprecia en el plano de Facundo Cañada, con el nombre de Quinta de Canillejas.
En el margen derecho, frente a esta posesión, nacía la mencionada Carretera de Vicálvaro que atravesaba unas tierras aún sin edificar, en su mayoría huertas y tierras de labor.
La actualmente llamada Quinta de Torre Arias, cuyo origen se remonta al siglo XVI, creada por los condes de Aguilar, sorprendentemente pervive en toda su extensión y mantiene el uso residencial.
A lo largo de más de cuatro siglos ha tenido diversos propietarios, hasta llegar a la actual dueña, la marquesa de Torre Arias, que al parecer continúa habitándola.
La marquesa fue, quizá sigue siendo, la dueña de otros terrenos en los alrededores, entre ellos los que se encuentran frente a la Quinta, al otro lado de la calle de Alcalá. Se trata de aquellas tierras de labor, que en el siglo XX se transformaron en zona industrial.
Sobre uno de los solares, actual nº 6 de la Avenida de Canillejas a Vicálvaro, existió una fábrica de ladrillos con su clásica chimenea en ladrillo cocido, que hacia el año 1970, o quizá algo después, según me cuenta un vecino del barrio, se convirtió en una fábrica de quesos, la Central Quesera (era famoso el queso Carvel).
Fue derribada en los años 80, incluido el muro que la rodeaba, salvándose únicamente la chimenea, de foma poligonal.
El lugar, un descampado entre viviendas y modernas oficinas, se convirtió en algo parecido a un basurero. El pasado año la concejala del distrito de San Blas informó de que la Junta Municipal había acometido “por ejecución subsidiaria” la limpieza y cerramiento de la parcela, una vieja demanda de los vecinos. El coste, que ascendió a 57.000 euros, afirmó sería reclamado a la propiedad. Ignoro si esta propietaria es la marquesa de Torre Arias, o el solar pertenece a alguna empresa.
Nos contaba Doña Umé algo muy bonito, que la parte superior de la chimenea parece un encaje de ladrillos, y así es.
Otra curiosidad es que, durante la Guerra Civil, el comandante en jefe de las tropas defensoras de Madrid, el general José Miaja, vivió en una casita situada junto al solar de la fábrica.
Y no debería extrañarnos, teniendo en cuenta que el militar tenía su despacho en el cercano parque de El Capricho, en la que fuera finca de los duques de Osuna, donde a 15 metros de profundidad se encontraba el centro de mando del Ejército Republicano. Hace unos años fueron descubiertos mil quinientos metros cuadrados de túneles abovedados con zócalos de cerámica en sus muros y sólidas puertas de madera dotadas de seguros cerrojos, construidos cerca de uno de los Viajes de Agua que atraviesan el histórico Jardín. Bajo el despacho, instalado en el palacio de Osuna, otro laberíntico túnel le llevaría hacia algún lugar.
La zona ha cambiado mucho, desaparecieron los arroyos y las tierras de labor, pero allí sigue la gran Quinta de Torre Arias, y junto a su tapia hoy día existe un magnífico jardín público. Las antiguas fábricas se transformaron en modernas industrias y oficinas… pero allí continúa la bonita chimenea.
por Mercedes Gómez
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Fuentes:
Gacetas Locales, 25 marzo 2010.
Asociación de Vecinos de Canillejas
El País
A los pies de la Cuesta de los Ciegos, en la calle de Segovia, se encuentra la Fuente de la Cuesta de los Ciegos, que fue construida, igual que la gran escalera de granito que sube hasta las Vistillas, en los comienzos de la 2ª República, cuando la zona fue reformada, aunque la obra no pudo ser terminada hasta después de la guerra. Se trata de uno de los caños de vecindad instalados en los años 30 en Madrid, de los que se conservan muy pocos ejemplos.
El pilón es redondo, con un cuerpo central construido en granito sobre una base de piedra blanca de Colmenar. El Escudo de Madrid, situado en los lados norte y sur, también es de piedra.
Es el Escudo de la Villa de Madrid utilizado durante la República, con la corona mural en lugar de la corona real. Representa al Oso y el Madroño en un cuartel, y en otro al Dragón. Debajo, aparece la fecha, 1932, y arriba la inscripción Ayuntamiento de Madrid. La fuente actualmente no conserva los grifos, su carácter es puramente ornamental.
No muy lejos de aquí, en el barrio de Lavapiés, en una plazoleta a la altura de la calle de Cabestreros, en la calle del Mesón de Paredes, se encuentra la Fuente de Cabestreros. En tiempos era conocida como la “fuente de los machos”, debido a que, decía la leyenda, sus aguas potenciaban la virilidad de los hombres que las bebían.
En este lugar ha existido una fuente al menos desde el siglo XVII, representada en el plano de Texeira. En el siglo XIX fue sustituida por una muy sencilla, de faroles. La fuente actual se colocó en 1934 frente a los muros del que había sido Convento de Santa Catalina de Sena, edificio de mediados del XVIII. En los años 50 del XX fue sede de un colegio. Adquirido por el Ayuntamiento en 1967, su estado era al parecer ruinoso, finalmente fue derribado, conservándose únicamente el muro que daba a Mesón de Paredes, que fue demolido en 2006.
También es de granito y sus adornos de piedra blanca de Colmenar. Está formada por dos pilones rectangulares al norte y al sur de un eje central, y rematada por una piña.
Terminamos nuestro paseo fuera de la ciudad, en la gran Casa de Campo, donde se encuentran varias fuentes instaladas después de que el Real Sitio fuera abierto al público el 1 de Mayo de 1931. La mayoría se encuentran cerca del Lago. La del Plátano Gordo, la de la Piña, la de los Neveros, la del Triángulo… todas ellas construidas entre 1932 y 1934.
Son fuentes de construcción muy sencilla, encantadoras, que perseguían únicamente cumplir su función, dar de beber a los vecinos y paseantes, y algunas de ellas siguen haciéndolo.
Texto y fotografías por : Mercedes Gómez












































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