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En los inicios del siglo XVII el paseo del Prado Viejo de San Jerónimo era muy diferente al actual Paseo del Prado. Entonces no había calles asfaltadas, ni aceras, ni automóviles. Situado en las afueras de la villa, aún no estaba urbanizado, era un camino de tierra arbolado, surcado por un arroyo, con puentecillos y fuentes. A ambos lados había numerosos solares de pequeño tamaño en su mayor parte ocupados por huertas.
Ya desde el siglo XVI tras la llegada de la Corte a la Villa fue lugar de encuentro y diversión sobre todo para las clases altas madrileñas. Después, en tiempos del rey Felipe IV entre los años 1630-1640 se construyó el Real Sitio del Buen Retiro lo cual provocó que muchos nobles se instalaran en sus proximidades. Uno de los hombres más poderosos que construyó su casa de recreo en las cercanías de la posesión real fue el duque de Lerma, recordemos edificada según proyecto de Juan Gómez de Mora.
Los cortesanos que deseaban vivir cerca del rey fueron convirtiendo las tierras de labor que se encontraban frente al Buen Retiro en los jardines de sus casas.
Según el manuscrito Libro de las casas y calles de Madrid (magníficamente transcrito por el investigador Roberto Castilla, desgraciadamente inédito), hacia 1650 la última edificación de la Carrera de San Jerónimo hasta el Prado era una casa-jardín en esos momentos propiedad del secretario Luis Sánchez García.
Este inmueble, junto con otros cuatro colindantes, formaron el sitio nº 6 de la que sería la manzana nº 173, que hacia 1750 era propiedad de la condesa de Altri, según consta en la Planimetría General. En 1771 su dueño pasó a ser el duque de Villahermosa, quien construyó el edificio actual, remodelado y adaptado por el arquitecto Rafael Moneo para albergar el Museo Thyssen-Bornemisza, inaugurado en 1992.
Entramos en el museo en cuyo vestíbulo hay un cuadro que representa el lugar en que nos encontramos, el ambiente y el aspecto de las calles tal como debían ser en las últimas décadas del siglo XVII, durante el reinado de Carlos II, el último de los Austrias.
Es la Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado con cortejo de carrozas.
Anónimo, atribuido a Jan van Kessel III, pintor nacido en Amberes en 1654 que a finales de la década de los 70 llegó a Madrid y trabajó en la Corte. Óleo sobre lienzo de gran tamaño (164 x 445 cm) pintado hacia 1680, pertenece a la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Se encuentra en depósito en el Museo.
Tampoco se sabe con certeza qué acontecimiento representa pero parece claro que fue pintado con ocasión de la visita de algún alto dignatario a los monarcas, Carlos II y María Luisa de Orleans. Las carrozas se dirigen hacia el Palacio del Buen Retiro y a su alrededor se producen infinidad de escenas en las que los protagonistas son los madrileños de la época.
Todo tipo de personajes, nobles y pobres, hidalgos, curas y monjas, encapuchados, damas con abanicos, mujeres vestidas muy modestamente con su hijo en brazos, niños descalzos, perros jugando, un mozalbete bebiendo de la fuente, varias personas sentados en el borde del pilón o de pie, conversando… Los vecinos se asoman a ver pasar la comitiva…
La pintura también nos proporciona una preciosa información acerca del caserío y las calles. A la izquierda se aprecia un trozo del muro o tapia de la casa del Duque de Lerma, y una de las Fuentes del Prado.
El Prado fue el primer lugar en que se empezaron a construir fuentes con un objetivo meramente ornamental, aspecto que cobró importancia con la llegada de la Corte a Madrid. A partir de ese momento, las fuentes siempre tuvieron protagonismo en los proyectos urbanísticos de la zona. La sencillez fue su principal característica. Por una parte, las fuentes-taza, puramente ornamentales, y por otra las pilas con uno o dos pedestales de granito, coronados con las tradicionales bolas graníticas herrerianas, dotados con surtidores que vertían a un pilón. Ambas aparecen representadas en el magnífico cuadro.
En la Carrera de San Jerónimo adivinamos el Convento del Espíritu Santo, sin terminar pues aún no aparecen las torres de la iglesia cuyas obras finalizaron alrededor de 1684, únicamente se ve una cruz coronando el tejado.
A la derecha, el Paseo del Prado, con su frondoso arbolado. Al fondo, la Huerta de Juan Fernández, lugar de recreo inmortalizado por Tirso de Molina.
Frente a la esquina donde hoy se encuentra el Museo Thyssen, aunque no se ve, en lo que hoy es la Plaza de la Lealtad estaba la Torrecilla de Música, sencilla casita donde se colocaban unos músicos que alegraban el paseo, y que también servía como alojería, o quiosco de bebidas.
Infinidad de detalles y pequeñas historias que poco a poco vamos contemplando con admiración en esta maravillosa Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado gracias a la cual, una vez más, paseamos por el Madrid del siglo XVII.
Por Mercedes Gómez
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Museo Thyssen-Bornemisza
Vestíbulo Palacio de Villahermosa,
Paseo del Prado 8.
En Madrid no quedan muchos ejemplos de arquitectura civil del siglo XVII, pero en algunos barrios sí perviven las huellas de lo que fue la vida en aquellos tiempos y el espíritu de sus moradores. Es el caso del barrio de las Letras y del barrio de la Corredera y aledaños. En algunos de sus rincones parece que se ha detenido el tiempo. En el barrio de las Letras se puede respirar el aire que sus antiguos habitantes compartieron. Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Luis de Góngora, Quevedo…
Francisco de Quevedo nació en Madrid en septiembre de 1580. Aunque nunca tuvo una vida estable ni domicilio fijo, en Madrid llegó a ser propietario de dos casas, lo cual no era fácil en aquellos tiempos. Ninguna de las dos se conserva.
La primera estaba situada en la calle del Niño, hoy llamada calle de Quevedo, que compró en 1620 en el barrio de los corrales de comedias, poblado por comediantes, escritores, pintores, escultores… un barrio lúdico y animado, con numerosas tabernas, fondas, casas de juego y mancebías que nuestro literato protagonista frecuentaba. Es obligado recordar que en esa casa vivió de alquiler Luis de Góngora varios años. Parece ser que Quevedo nunca la habitó, sin embargo una espléndida lápida le recuerda (no así a Góngora), en la esquina a la calle de Lope de Vega, antes Cantarranas.
La segunda casa estaba en la calle de la Madera que en aquel tiempo estaba dividida en dos tramos, la Madera Baja, que iba desde la calle de la Luna hasta la del Pez. Y la de la Madera Alta, que subía desde Pez hasta Espíritu Santo. En el siglo XX se convirtió en una única vía, aunque se conservan los bonitos letreros antiguos.
Su hermana Margarita, cinco años menor, se casó con Juan de Alderete, caballerizo del rey, y eligieron para vivir un barrio más tranquilo, el barrio de la Corredera, en el que habitaban otros servidores reales, así como tratantes y mercaderes. La casa propiedad de Margarita estaba en la calle de la Madera Alta y allí acudía Quevedo de vez en cuando. Ella murió en 1633.
En diversas fuentes se considera que esta “casa de Quevedo” estuvo situada en el lugar que hoy día corresponde a los números 24-26, una de las construcciones más antiguas del barrio, proyectada en 1792 por Juan Manuel Martín Vidal. Entre 1797 y 1803 allí vivió el músico Luigi Boccherini, tal como indica una placa en la fachada.
Según se ha publicado estos días el edificio es propiedad del Ayuntamiento y está dedicado a vivienda social, sin embargo al parecer está en venta junto a otros de similares características.
Aunque de finales del siglo XVIII estas casas nos recuerdan la arquitectura del siglo XVII, incluso en su interior, pues conserva el patio, bien cuidado, con los restos de una fuente de piedra y algunos arbolitos.
Era la casa nº 22 de la Manzana 459 que empezaba a numerarse por la calle del Escorial, bajaba por la del Molino de Viento, calle del Pez y subía por la de la madera Alta hasta la del Escorial nuevamente.
Según la Planimetría de Madrid se componía de dos sitios o inmuebles colindantes que ni en el siglo XVIII ni anteriormente habían pertenecido a Quevedo ni a ningún miembro de su familia.
Sin embargo, la casa contigua, la casa nº 23 (actual nº 28), una casa más pequeña y modesta, sobre un solar estrecho y alargado que actualmente también conserva sus antiguas dimensiones, nos revela la Planimetría, sí fue de Margarita de Quevedo.
Por tanto la “casa de Quevedo” estuvo en el lugar que hoy ocupa el número 28 de la calle de la Madera.
Probablemente el error tenga su origen en los cambios que ha sufrido la numeración de la calle a lo largo del siglo XX.
Escribió Mesonero Romanos antes de 1861 que “En la calle Alta de la Madera, al número 26 nuevo, existió hasta hace poco, que fue reedificada de planta, una casa que fue propiedad de D. Francisco Quevedo y Villegas, y luego de su descendiente D. José Bustamante y Quevedo… Esta casa ha sido derribada y construida de nuevo.”
En tiempos de Mesonero, y otros cronistas del siglo XIX, la casa de los Quevedo era la nº 26 de la calle, y este dato ha debido ser trasmitido hasta hoy día por diversos autores. Pero desde mediados del siglo XX la antigua casa que fue propiedad de Margarita, luego quizá de Francisco, y finalmente en el siglo XVIII de sus herederos, como nos indica la Planimetría, es la nº 28.
La casa actual fue levantada en el siglo XIX, como también nos cuenta Mesonero, conserva sus bonitas puertas de madera y la escalera de piedra de la entrada.
Continuamos camino por la empinada calle, que guarda muchos detalles evocadores de su pasado. Antiguos oficios, encuadernadores, broncistas… y bellas puertas adinteladas.
Quevedo murió en septiembre de 1645 cuando iba a cumplir 65 años, tras una vida muy agitada y azarosa, pero su recuerdo pervive en estos barrios madrileños por los que transitaba, igual que otros personajes del Siglo de Oro, incluso el mismísimo rey Felipe IV.
Por : Mercedes Gómez
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Fuentes:
Planimetría General de Madrid.
Fundación Francisco de Quevedo
COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. 2002.
Ramón de Mesonero Romanos. El antiguo Madrid : paseos históricos-anecdóticos por las calles y casas de esta villa. Tomo segundo. 1861.
Antonio Mancelli nació en Italia a finales del siglo XVI, no se sabe exactamente dónde ni en qué año. Quizá entre 1575 y 1580, probablemente en Fanano, pueblo del que eran sus padres. O quizá nació en Roma, o allí estudió o trabajó, antes de su llegada a Madrid, pues en algunos documentos aparece nombrado como Antonio Mancelli Romano. Aún existen muchas incógnitas sobre este artista, uno de los muchos que vivieron en el Madrid del siglo XVII. Aunque cada vez menos, gracias primero a los documentos descubiertos por el archivero Antonio Matilla Tascón que abrieron el camino, y más recientemente a las investigaciones de José Miguel Muñoz de la Nava que le han permitido dar a conocer muchos detalles sobre la vida y la obra de Mancelli, creador del primer plano de Madrid.
Antonio Mancelli se trasladó a España, y tras una estancia en Valencia, donde en 1608 realizó el plano de esta ciudad, entre los años 1612 y 1614 se instaló en Madrid, muy cerca del Alcázar Real, como muchos artistas que en aquellos tiempos llegaron a la capital del reino. Era el Madrid de Felipe III, su arquitecto Juan Gómez de Mora, pintores como Vicente Carducho con quien tuvo mucha relación, Eugenio Cajés pintor del rey en 1612, los últimos años de Cervantes, los comienzos del reinado de Felipe IV… era el Madrid del Siglo de Oro.
Era también el Madrid de Juan Bautista Lavanha o Joao Baptista Lavanha, famoso cartógrafo y profesor en la Academia de Matemáticas, a cuyo alrededor se moverían muchos personajes, como el propio Mancelli o por supuesto Pedro Texeira.
Antonio Mancelli se casó con Bernardina de Riaza y Mendoza tal vez poco después de llegar a la Villa. Antonio y Bernardina vivieron en la calle de la Puebla, hoy calle de Fomento.
Quedan pocas huellas de lo que pudo ser en el siglo XVII la entonces llamada calle de la Puebla, cuando allí vivía Mancelli, pero en esta recoleta calle, a un paso del Palacio Real y del Palacio del Senado, antiguo Colegio de doña María de Aragón, aún se respira un cierto ambiente evocador de tiempos pasados.
Tal como nos indica la Planimetría de Madrid, su casa ocupaba el sitio 25 de la manzana 554, que comienza en la calle de Torija, sigue por la del Reloj, calle del Limón (actual Travesía del Reloj) y termina en la de la Puebla (hoy calle de Fomento).
Merece la pena dar una vuelta a la manzana. En el sitio nº 1 en la década de 1780 allí se instaló la sede del Consejo Supremo y Tribunal de la Inquisición, hasta su extinción en 1820 como nos indica una placa del Ayuntamiento en el nº 14 de la calle de Torija, donde luego estuvo el Convento de las Reparadoras, actualmente vacío tras su venta en 2008 para ampliación del Senado. Junto al gran edificio y su iglesia se mantienen otras construcciones más modestas, alguna de ellas testigo de otros tiempos.
Buscamos la placa del sitio nº 25 en la calle de Fomento pero no la encontramos. Es una pena porque estas placas correspondientes a la Visita General llevada a cabo en 1750 a partir de la cual se publicó la Planimetría, nos proporciona una información muy valiosa acerca de la vida en el Madrid de los siglos XVII y XVIII.
La vivienda de Mancelli estaba muy cerca de los sitios 22 y 23 que aunque entre feos cables y tuberías en este caso las placas sí se han conservado.
Corresponden al actual nº 31 de la calle.
La casa de Mancelli debía estar situada aproximadamente en el lugar del actual número 25.
Era una casa sencilla, normal para la época, de una planta, poco más de 6,5 metros de fachada.
Antonio Mancelli era pintor, dibujante, iluminador o coloreador, y cartógrafo. Como Pedro Texeira, conocía las técnicas de la corografía, de la fortificación y las matemáticas.
Además de dedicarse a su oficio, fue comerciante. Tenía una tienda en las covachuelas de San Felipe, junto al famoso mentidero en la Puerta del Sol. Allí vendía mapas, libros, láminas y globos terráqueos. En 1623 (año de impresión del plano) compró otro puesto en el Alcázar junto a la “escalera que subía a los corredores”, cerca de otro mentidero, el de las Losas del Alcázar. Parece que supo situarse bien en la Villa y Corte.
Antonio Mancelli realizó su Plano de la Villa, el primer plano de Madrid, aproximadamente entre los años 1614 y 1622. Fueron ocho años de trabajo, recorriendo y midiendo las calles de Madrid, probablemente ayudado por sus oficiales pues tuvo al menos dos según demuestra el texto de su testamento.
Además del plano La Villa de Madrid Corte de los Reyes Católicos de España realizó una Vista de la Plaza Mayor. Presentó ambas obras al Concejo, siendo aprobada su impresión en septiembre de 1622 la cual tuvo lugar al año siguiente.
De la Vista de la Plaza Mayor y de su faceta de pintor, también muy interesante, quizá podamos hablar en otra ocasión. El Plano, dibujado en perspectiva caballera, dividido en dos planchas, es una bella obra de arte y además, a pesar de que algunos autores en el pasado lo han considerado poco fiable, nos proporciona mucha información sobre esta época tan importante en la historia de la villa, el Madrid de los años 1614 a 1622.
Durante mucho tiempo el plano fue atribuido al impresor holandés Frederick de Witt. Y así continúa figurando en muchos lugares, en algún caso de forma incomprensible. La realidad es que Witt, igualmente cartógrafo e impresor, nació en 1630, varios años después de la realización del plano, por lo cual nunca pudo dibujarlo. Durante mucho tiempo se dio como fecha de impresión original la de 1635, hecho igualmente imposible pues en todo caso en esos momentos de Witt tenía solo cinco años de edad.
Aunque no se conoce ninguna de las originales de 1623 Mancelli recibió trescientos cincuenta ducados por imprimir trescientas láminas, ciento cincuenta planos y ciento cincuenta estampas de la Plaza Mayor. Después realizó más impresiones pues recibió más encargos, nuevos planos, iluminación de los ya impresos, incluso su enmarcación, tanto para el Ayuntamiento como para la Corona.
Existe un ejemplar en la Biblioteca Nacional de España que pudimos contemplar en la exposición La Biblioteca Nacional, trescientos años haciendo historia, sin datos, fecha, autor ni grabador, el cual, según la propia BNE podría ser la edición más antigua del plano.
La Biblioteca guarda otro ejemplar posterior, grabado en Amberes, en el que sí figura el nombre del editor: F. de Witt.
En Madrid hay otro ejemplar guardado en la Biblioteca Regional también con la firma de De Witt, quizá impreso hacia 1657. La Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid cuenta : Tradicionalmente se ha pensado que fue dibujado y grabado en los Paises Bajos por Frederic de Wit, miembro de una familia de impresores holandeses. Investigaciones posteriores ponen en duda esa autoría, asegurando que fue dibujado por Juan Gómez de Mora, coloreado por Antonio Mancelli y finalmente grabado por Wit.
La primera frase hace honor a la verdad, como ya hemos comentado. Pero hoy día parece que ya nadie duda, o debería dudar, que el plano fue dibujado por Antonio Mancelli.
En la web del Museo de Historia aparecen registrados dos ejemplares, uno iluminado y otro sin iluminar. Atribuyen la autoría a F. De Witt y fecha 1635.
Bernardina murió antes de 1632 y Antonio continuó viviendo en la casa familiar hasta su fallecimiento, probablemente después de 1643. No habían tenido hijos.
Muchos años después las planchas originales de su mapa se vendieron y en algún momento fueron adquiridas por Frederick de Witt quien realizó nuevas y numerosas impresiones del primer plano de Madrid, del Plano de Antonio Mancelli.
Por : Mercedes Gómez
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Fuentes:
J.M. Muñoz de la Nava Chacón. “Antonio Mancelli: corógrafo, iluminador, pintor y mercader de libros en el Madrid de Cervantes (I)”. Revista Torre de los Lujanes, Nº 57 (2005).
J.M. Muñoz de la Nava Chacón. “Antonio Mancelli: corógrafo, iluminador, pintor y mercader de libros en el Madrid de Cervantes (II)”. Revista Torre de los Lujanes,, Nº 58 (2006).
C. Líter y F. Sanchís. La Villa de Madrid Corte de los Reyes Católicos de España. BNE.
F. Benito. Un plano axonométrico de Valencia diseñado por Mancelli en 1608. Universidad de Valencia.
Planimetría de Madrid.
J. del Corral. Las composiciones de aposento y las casas a la malicia. IEM. 1982.
Algunas de las esculturas que Velázquez trajo de Italia a mediados del siglo XVII para su rey Felipe IV se perdieron en el incendio del Alcázar en la Nochebuena del año 1734, otras se conservan en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando -como las espléndidas Flora y Hércules-, en el Palacio Real y en el Museo del Prado.
En el Prado, en el extremo sur de la planta 0, a continuación de la Sala 75, existe una estancia circular de grandes ventanales que se asoman a un patio con una fuente donde se encuentran varias esculturas clásicas. Es la Sala 74. Alrededor de una esplendorosa Ariadna dormida hay ocho estatuas procedentes de talleres romanos, copias de originales griegos.
Una de ellas es la figura de Dioniso, enamorado de Ariadna. De autor anónimo, fue esculpida en mármol hacia el año 150. Se trata de una de las esculturas adquiridas por Velázquez en su segundo viaje a Italia. El joven protagonista de numerosas aventuras en su vida en la tierra, aparece como un dios desnudo representado con su don, el vino, que según las palabras de Eurípides calma el pesar de los apurados mortales y los ofrece el sueño y el olvido de los males cotidianos.
En la primera planta, en la Sala 15a dedicada a la pintura mitológica de Velázquez hay otras dos piezas, vaciados en bronce. Una de ellas, El niño de la espina, aunque encargada por el pintor en Roma, hoy existen dudas sobre su procedencia, y se cree que este vaciado pudo ser realizado en Madrid a partir del original.
La otra es La Venus de la concha, sugerente y delicada figura femenina.
Esta obra, y el Hermafrodito, son dos de las más hermosas, y valiosas ya en tiempos de Felipe IV a juzgar por el precio con el que aparecen en los inventarios.
El pintor las instaló entre la Sala de los Espejos y la Galería del Cierzo del Real Alcázar. Ambas son copias de originales romanos -actualmente en El Louvre- contemplados por Velázquez en los jardines de la casa de los Borghese en Roma. Admirado, encargó su vaciado en yeso al escultor Matteo Bonucelli y posteriormente, hacia 1652, su fundición en bronce.
Las estatuas tienen algunas variaciones respecto a los originales fruto de la creatividad del artista, por ello aparecen firmadas por M.B.
El Hermafrodito es una joya de la colección. A partir del original griego del siglo II a. de C. se creó la copia romana en mármol en el siglo II d. de C. de la cual Bonuccelli realizó el vaciado encargado por Velázquez.
Es tan bella que ha sido ubicada en un lugar privilegiado del museo, la Sala central nº 12 dedicada al más grande pintor, Diego Velázquez, cerca de Las Meninas, como en el siglo XVII cuando ambas obras se encontraban en el Alcázar solo para disfrute del rey. Colocada en el centro de la estancia, podemos rodearla y observar de cerca su gran belleza, algo turbadora, ver las líneas perfectas del hijo de Hermes y Afrodita, y conocer su leyenda.
La historia de Sálmacis y Hermafrodito, de la mitología griega, que cuenta Ovidio en su Metamorfosis. Ella, ninfa de un lago de Caria, al contemplar al joven, quedó cautivada por su gran belleza.
….a menudo coge flores. Y entonces también por azar las cogía
cuando al muchacho vio, y visto deseó tenerlo…
Aprovechando el baño de su amado lo abrazó con pasión quedando sus cuerpos unidos y convertidos en uno. Un solo cuerpo de formas femeninas y sexo masculino.
La escultura es algo inquietante, como la historia en la que se inspira. Según los expertos del Museo del Prado su gran calidad técnica la convierte en una obra maestra que supera al original.
Se dice que Velázquez se inspiró en ella para pintar su sensual Venus del espejo.
Por Mercedes Gómez
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Fuentes:
Catálogo exposición El Real Alcázar de Madrid. Ed. Nerea, Madrid 1994.
Revista Rinconete del Centro Virtual Cervantes. Las estatuas de Velázquez.
Siempre pensé que si algún día por fin podía contemplar la Fuente de los Caños del Peral me emocionaría. Pero me temo que toda mi emoción -para este tema- se gastó el día que, hace ya casi año y medio, se publicaron las fotos de los restos que habían salido a la luz.
Ya se sabía que de la fuente solo se iba a exponer una pequeña parte, no había que sorprenderse, aún así hoy no he podido evitar sentir una decepción. He escrito y hablado tanto sobre ella… que os lo tengo que contar.
Hoy han inaugurado el Museo de Los Caños del Peral en la estación de metro de Ópera, y este mediodía he ido a verlo, no he podido esperar. Algunos curiosos, cámaras de televisión y por fin, los hallazgos arqueológicos de los siglos XVI y XVII restaurados.
Aún estaban colocando letreros de señalización de la estación, indicando “Museo Caños del Peral”. Hubiera preferido leer “Hallazgos arqueológicos de los Caños del Peral”, o algo parecido. Creo que se ha desaprovechado una gran ocasión para tener un verdadero museo de una parte de la Historia de Madrid, con los restos de la Fuente, el Acueducto y la Alcantarilla del Arenal, como creo hubieran hecho en cualquier otra ciudad. Siempre es mejor un poco que nada, así que la inauguración me parece una buena noticia, pero me pregunto cuándo en Madrid vamos a considerar los hallazgos arqueológicos un tesoro digno de ser mostrado al mundo.
Se expone un precioso tramo de la Alcantarilla o canalización del Arroyo del Arenal.
Pero de los tres impresionantes arcos encontrados del Acueducto de Amaniel, solo hay uno. El resto, tajado. Una lástima.
Y de los treinta y cuatro metros de la fuente, de los cuales una tercera parte estaba a la vista según las noticias publicadas en 2009, se muestra únicamente uno de los caños.
¿Por qué? ¿es una cuestión de espacio, no había suficiente para mostrar los hallazgos completos? ¿tan caro era restaurar los restos en lugar de partirlos?,… ¿o es una cuestión de mentalidad?.
En fin, todo tiene su lado bueno, ya todos sabemos cómo era la Fuente de los Caños del Peral, un misterio durante tanto tiempo, y puede ser más fácil imaginarla.
El espacio del museo es bonito, con unas gradas para sentarse y ver los videos explicativos, en gran pantalla último modelo, eso sí, táctil.
Y los restos expuestos son espectaculares sin duda, pero lamentablemente, e incomprensiblemente para mí, solo nos enseñan un trocito de la histórica fuente.
Mercedes Gómez
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Fuente de los Caños del Peral. Obras plaza de Opera.
Fuente de los Caños del Peral, por fin.
La Fuente de los Caños del Peral, más cerca.
























































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