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Reseña Histórica
La tradición cuenta que San Isidro hizo brotar milagrosamente una fuente al golpear el suelo mientras araba. Sobre ese lugar en 1528 se levantó una ermita dedicada al santo por mandato de la emperatriz doña Isabel, después de que el príncipe don Felipe hubiera recobrado la salud al beber agua de la fuente. Más tarde, en 1811 don Baltasar de Zúñiga marqués de Valero construyó la ermita actual sobre el ábside del Cementerio Sacramental de San Isidro.
En 1407 siendo Rey Juan II de Castilla, cuarto de la dinastía de los Trastámara, se construyó un Viaje de Agua que llegaba hasta la Fuente del Puente de Toledo después de regar las huertas de San Dámaso, según consta en los documentos.
A finales del siglo XVI en visita realizada a la ermita por los Jueces Apostólicos que instruían la causa de Isidro, el labrador madrileño, se dice lo siguiente:
En la ermita hay una ventana junto al suelo que fue abierta y se vio que de ella salía agua que corre encima de una fuente existente en el suelo y que es la Fuente de la cual testifican los testigos de la información que con sus aguas fueron sanados y sanan de diversas enfermedades.
Construido el Cementerio de San Isidro, el reglamento para la distribución de aguas, publicado en 1872, señala que los jardines de éste se riegan con el agua de dicho manantial que se extrae y eleva con una máquina situada frente a la Ermita del Santo Patrón.
Hoy día el agua de la Fuente procede del manantial, mejorada por la depuradora que instaló el Ayuntamiento de Madrid detrás de la Ermita.
Interior del Cementerio de San Isidro
Dentro del cementerio nos ha sido fácil encontrar varios pozos que posiblemente pertenezcan al viaje de agua. Algunos de estos pozos se están utilizando para recoger las aguas pluviales de la zona, las bocas de hombre son muy estrechas, son pozos de piedra muy antiguos, y la bajada es por medio de mechinales, o huecos en los hastiales del pozo.
Ya que el acceso al Viaje por el cementerio era difícil, hemos buscado por el alcantarillado de los alrededores.
Existe un pozo cercano que recoge un absorbedero, bajando por este pozo caminamos por una gatera unos 30 metros (sección 1,00 m x 0,50 m), dirección interior del Cementerio de San Justo. Recorrida esta distancia nos encontramos con un pozo oculto en muy malas condiciones, agrietado y con peligro de derrumbe. Dentro de este pozo y a tres metros de altura salen dos galerías pertenecientes al Viaje de Agua de San Isidro.
Una trae un pequeño hilo de agua perteneciente a las lluvias, la otra está totalmente seca. Las dos tienen la misma sección mencionada anteriormente (1,00 m x 0,50 m).
Pozo oculto fisurado con acceso a las galerías del Viaje:
Desde el culatón del pozo oculto vemos las Galerías:
Allí, en las galerías del interior del cementerio, vistas desde el pozo oculto, se detecta falta de oxígeno en su recorrido.
Recorrido del Viaje de Agua
Siempre por galería, el viaje discurría por la calle de la Ermita del Santo, antigua calle Urraca, posteriormente Carrera de San Isidro.
Regaba las huertas de San Dámaso y seguía su recorrido por el Paseo de San Illán, antiguo Camino Bajo de San Isidro.
Bordeando la actual avenida del Manzanares pasaba cercano por los lavaderos del Puente de Toledo hasta llegar a la fuente del mismo nombre situada en la actual Plaza del Marqués de Vadillo.
Posiblemente el viaje tuviera un recorrido paralelo por la calle Quince de Mayo (antiguo Camino Alto de San Isidro).
El viaje continuaba por la calle Emperatriz Isabel hasta llegar a la Fuente de Toledo.
Debido a las obras de soterramiento de la M-30, a la altura del Puente de Toledo en septiembre del 2005 se descubrieron los antiguos lavaderos y algunos tramos del viaje de agua que con la mejora de la zona desaparecieron.
Actualmente del Viaje de la Fuente de San Isidro solo se conservan en buen estado las galerías interiores del cementerio, todo lo demás, por edificaciones, remodelaciones y porque no hay nadie que se preocupe de ello, está desapareciendo poco a poco.
Situación de los lavaderos encontrados en las obras en 2005
En el siguiente plano indicamos la situación de las fotos que a continuación muestran los restos de Lavaderos y galerías del Viaje de Agua hallados durante las obras de soterramiento de la M-30 en 2005.
Aparecen los Lavaderos y un tramo del Viaje Fuente de San Isidro.
Cartel indicativo del viaje:
En la foto nº 5 asoma una galería del Viaje de Agua:
La nº 6 nos muestra cómo durante los trabajos arqueológicos se descubrió el Lavadero:
Estado actual del zona:
Finalmente, este es el aspecto actual de la zona del antiguo Camino Bajo de San Isidro:
Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez
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Cuando hace ya algún tiempo visitamos el antiguo Viaje de Agua de la Fuente Castellana, recordábamos que se comenzó a construir en 1612 y finalizó en 1619.
Según Aznar de Polanco “nacía en un pozo empedrado, tapado con un remate de piedra” que estaba en lo alto de la Casa de Maudes, y de allí partían dos minas cortas, una a la derecha hacia Chamartín, y otra a la izquierda hacia el Camino de Fuencarral. El ramal principal nacía en Chamartín de la Rosa, a 10 metros de profundidad, seguía por el antiguo Camino de Maudes hasta el valle de la Guindalera y los Altos del Hipódromo -donde actualmente se encuentra el Museo de Ciencias Naturales- para dirigirse a la Puerta de Santa Bárbara -hoy glorieta de Alonso Martínez-, lugar en el que estaba situada el arca principal.
A la altura de la actual Glorieta de Bilbao, se unían a él los Viajes de Contreras y de la Alcubilla. Una vez en el interior de la ciudad, las galerías se multiplicaban y la red era muy compleja, se extendía por la calle de Hortaleza, San Mateo, Fernando VI, Fuencarral…
Hace poco más de un mes hablábamos de un nuevo hallazgo arqueológico en la calle de Mejía Lequerica. En un principio se habló de que se trataba de un muro del siglo XVIII o quizá de una estructura hidráulica conectada al Viaje de la Castellana.
Hace unos días El País publicó nuevas noticias.
Historiadores y arqueólogos al parecer continúan sin estar de acuerdo respecto a la naturaleza de los restos. Unos, aunque admiten que se trata de una construcción de tipo hidráulico, creen que pertenece a un cuartel construido en el siglo XVIII. Los otros piensan que podría pertenecer a uno de los Viajes de Agua.
Según la Dirección General de Patrimonio Histórico la pieza va a ser desmontada para ser posteriormente musealizada, “no en el mismo lugar, sino en otro cercano”. Afirman que su intención es exhibir una parte del acueducto al aire libre, cerca del lugar de origen, la calle de Mejía Lequerica, “para no alejarlo de su lugar natural y para el disfrute de la ciudadanía.”
Pero parece que los ciudadanos como mucho vamos a disfrutar de un trocito, una séptima parte, y no en su lugar natural. El resto será destruido.
La espléndida arcada será seccionada con hilo de diamante y, después de ser numeradas las piezas que hayan quedado a salvo, se trasladarán a un almacén municipal donde permanecerán hasta su musealización.
La operación ya ha comenzado, la mayor parte ya ha sido demolida con excavadoras, y los arcos conservados -deberían ser tres, según la Comunidad de Madrid-, han comenzado a ser cortados.
Nosotros pensamos que se trata de los vestigios de un tramo perteneciente al Viaje de Agua de la Fuente Castellana, del siglo XVII.
Bajo las calles del barrio se encontraban las numerosas minas o galerías y las arcas de reparto. Eran los terrenos próximos a la Cerca que rodeaba Madrid en tiempos del rey Felipe IV, desde donde los Viajes comenzaban su camino al interior de la Villa y distribuían el agua a los vecinos.
La noticia del País revela también que, además de la ya varias veces aquí mencionada noria hallada en el sótano del Museo Municipal, muy cerca han sido localizadas otras dos, una en la calle de San Mateo con Mejía Lequerica, y otra bajo la calle de Barceló.
El subsuelo madrileño aún esconde muchas sorpresas, como estos posibles restos del Viaje de la Castellana.
Ojalá la solución encontrada por los responsables de nuestro Patrimonio hubiera sido más generosa con sus arcos de ladrillo centenarios y tan perfectos. Y ojalá los hubiéramos podido contemplar de cerca, completos, y no solo una pequeña parte, como nosotros hoy a través de una valla de obra, antes de que desaparezcan del todo para volver, no sabemos cuándo, cómo, ni donde, ni siquiera sabemos si volverán.
Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez
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La calle de Mejía Lequerica nace en la calle de Hortaleza, junto al antiguo Camino de Santa Bárbara, y llega hasta la de Sagasta, antigua ronda por donde hasta el año 1868 discurría la Cerca que rodeaba Madrid desde tiempos del rey Felipe IV.
En 1941 se le asignó el nombre de un médico y escritor, José Mejía Lequerica, nacido en Quito (Ecuador) en 1777, diputado de las Cortes de Cádiz, y fallecido en esa ciudad en 1813. Anteriormente fue la calle de la Florida, y aún antes, en el siglo XVII, era la calle de la Flores.
Es una calle corta pero con historia y edificios notables. En el nº 1 se encuentra la famosa Casa de los Lagartos, de comienzos del siglo XX. En los números 2 y 4, los Palacios del Conde de Villagonzalo y del Marqués de Ustáriz, recuerdos de otras épocas. Este último es uno de los pocos ejemplos de palacios del siglo XVIII que perviven en Madrid.
En el nº 8 se encuentra el edificio construido en 1913 por José María Mendoza Ussía para acoger la sede de la Papelera Española. El pasado mes de marzo, cuando estaba preparando el artículo dedicado a la cerámica de Juan Ruiz de Luna en Madrid, fui a esta calle con la intención de ver y fotografiar su fachada, decorada por el gran artista toledano, pero estaba cubierta por lonas de obra, igual que su vecino el Palacio de Ustáriz. Y no eran las únicas obras… la calle era prácticamente intransitable. La construcción de un aparcamiento para el futuro mercado de Barceló -también en marcha-, tras el derribo del antiguo, ocupaba toda la vía.
Un mes después El País publicó la noticia del hallazgo de un muro de sesenta metros de largo por uno y medio de ancho que recorre el último tramo de la calle. Aunque el titular era “Un gran muro del XVIII paraliza las obras en Mejía Lequerica” el reportaje planteaba dudas sobre si pertenecía a un antiguo cuartel o a una estructura hidráulica, quizá al antiguo Viaje de Agua de la Castellana.
Estos días de agosto el paseo por la calle de Mejía Lequerica nos depara algunas novedades. Una parte del Palacio de Ustáriz ha sido derribada, aunque en el antiguo jardín sobreviven sus majestuosos árboles.
La rehabilitación del magnífico edificio de la Papelera Española ha terminado, al menos en su exterior.
Un cartel anuncia las “obras de rehabilitación con acondicionamiento general y reestructuración parcial para uso hotelero”. Sobre una de las ventanas se conserva el viejo letrero Central de fabricantes de papel, y los frisos decorados por Ruiz de Luna ahora lucen esplendorosos.
Continúan las obras de construcción del mercado y del aparcamiento. Respecto al hallazgo arqueológico, por una rendija contemplamos el grueso “muro” tapado, aunque algún arco de ladrillo se muestra indiscreto, y nos recuerda el aspecto de las galerías de los antiguos Viajes de Agua que bajaban desde el norte y se adentraban en la Villa por esta zona de Madrid.
Muy cerca, en las proximidades de las Puertas de entrada al recinto urbano, se encontraban las arcas principales donde se medía el agua, desde donde partían las galerías que la conducían al interior de la ciudad. Recordemos también que, a pocos pasos de aquí, bajo el Museo Municipal fue encontrada una noria, quizá perteneciente al Viaje de la Alcubilla.
La construcción se adapta a la forma de la antigua calle de la Flores, cuando en su último tramo llegaba a encontrarse con la Cerca que cerraba Madrid en el siglo XVII, tal como nos muestra el plano de Pedro Texeira.
Estos descubrimientos sirven para conocer mejor nuestra historia, ojalá se aclare la procedencia del singular hallazgo. Y nos lo cuenten.
por Mercedes Gómez
Hoy tenemos que contaros una buena noticia. La Coordinadora Salvemos la Dehesa de la Villa ha solicitado a la Comunidad de Madrid la declaración de los Viajes de Agua de Madrid como Bien de Interés Cultural (B.I.C.), con el fin de que estos elementos tan singulares tengan “un grado de protección acorde con su importancia en la historia de la Villa”.
Como hemos comentado en más de una ocasión, los Viajes de Agua forman parte de nuestro Patrimonio Histórico por lo que sus restos merecen ser conservados y conocidos, y la Coordinadora está trabajando para que esto se cumpla.
Tras una breve justificación del porqué de la petición, la carta presentada a la Dirección General de Patrimonio Histórico por esta asociación de entidades sociales y vecinales, incluye una bonita explicación sobre qué son los Viajes de Agua y lo que significaron en la vida madrileña y el devenir de su historia.
Además de describir la técnica de los Viajes, el escrito hace hincapié en los importantísimos aspectos social y humano.
Finalmente, se expone una más que interesante propuesta que incluye, además de su Catalogación como Bien de Interés Cultural, la creación de una Oficina de los Viajes de Agua, cuyas funciones serían su protección, documentación, información a los madrileños, etc. y un Centro de Interpretación o museo que ofreciera la posibilidad de visitar alguno de los tramos.
Podéis leer el texto completo en su blog, Los Cordeles de la Dehesa.
La presentación de la solicitud es solo el primer paso de un largo camino que esperamos se complete con éxito.
Gracias a Luis Díez San Emeterio y a la Coordinadora por su excelente trabajo en el estudio y defensa de los Viajes de Agua y su importante significado dentro de la historia de Madrid.
Por supuesto, su iniciativa cuenta con todo nuestro apoyo.
Por : Pedro Jareño y Mercedes Gómez
El Viaje de Agua de la Fuente del Berro no llegaba a las Puertas de la población, como otros viajes que hemos visitado hasta ahora, sino que surtía una zona de huertas situadas al este de la Villa, extramuros, que habían nacido a la vera del arroyo Abroñigal. Sin embargo sus aguas llegarían a ser las más famosas.
No se sabe con certeza si se trataba de un viaje independiente o de un ramal del Bajo Abroñigal, en cualquier caso se trata de un Viaje de Agua muy antiguo. Existen documentos que cuentan que en el año 1470 se buscaban artífices para trabajar en las zonas de captación de la Fuente del Berro. Según algunas fuentes podría haberse comenzado a construir en la primera mitad del siglo XVI durante el reinado de Carlos I.
Aunque estos terrenos quedaban fuera de los límites del Plano de Texeira, de 1656, se sabe que ya en el siglo XVII hubo allí una hermosa Quinta llamada de Miraflores, comprada por la Corona en 1631, en tiempos del rey Felipe IV, a quien, según cuentan los cronistas, era el agua que más le gustaba y mandaba trasladarla al Palacio del Buen Retiro. Pero no fue el único miembro de la realeza que la prefería, en 1686 la reina María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II, mandaba acarrear el agua a Palacio con una mula de silla.
El agua de la Fuente del Berro también era del gusto del pueblo de Madrid, y la Corona permitió su uso público, manteniendo la fuente fuera de las tapias de la posesión. Como además debía suministrar agua a la propia finca, el masivo consumo provocó algunos conflictos y pleitos.
En el siglo XVIII Carlos III ordenó construir una casilla alrededor de la fuente, que pasó a llamarse Fuente del Rey. Fuera quedaron los caños públicos. El agua de la Fuente del Berro continuaba llevándose al Palacio del Buen Retiro, luego al Palacio Real Nuevo, y más tarde a Aranjuez, el Pardo, La Granja y El Escorial.
Ya en el siglo XIX, durante el reinado de Isabel II se realizaron obras para la conducción del agua al Prado y se instaló una bomba junto al Arroyo Abroñigal con el fin de aumentar el caudal del viaje que enlazaba la Fuente del Berro con otras fuentes, de forma que los aguadores la vendían en la calle de Alcalá, cerca de la Venta del Espíritu Santo, lugar donde hoy se encuentra la Plaza de Toros, o en los puestos instalados en el Prado y en Recoletos. Lo curioso es que se trataba de agua de gran dureza debido a su alto contenido en minerales, muy distinta a las aguas finas que hoy día preferimos los madrileños.
El Viaje de Agua de la Fuente del Berro tenía dos ramales, y de ambos quedan restos.
Uno era el Ramal Norte, que nacía cerca de la Plaza de Toros de las Ventas (calle de Pedro Heredia):
Las galerías de este Ramal están revestidas de ladrillo:
En algunos tramos el agua iba canalizada por un tubo, y en otros no.
Algunos tramos parecen reformados, otros se encuentran sin reformar, pero en bastante buen estado:
Un rápido del Viaje, reformado:
Y el otro, el Ramal Sur, nacía cerca de la calle de Ibiza, pasaba por la zona del Palacio de los Deportes y de ahí se dirigía al Paseo del Marqués de Zafra, donde se unía con el otro ramal. Debido a la diferencia del terreno, este ramal no estaba revestido, por lo que su forma responde a lo que se conoce como “lomo de caballo”:
Ambos ramales llegaban juntos por el final de la calle Peñascales hasta el Parque de la Fuente del Berro. La fuente continúa fuera del Parque, frente a la tapia de entrada, conservando su carácter de fuente pública que tuvo desde el principio, a pesar de pertenecer a la Corona. El pozo de bajada se halla detrás de la fuente.
En la tapa todavía se puede leer “Viaje Antiguo de Agua”.
El Viaje de Agua de la Fuente del Berro ha perdurado hasta 1977, en que hubo de ser clausurado debido a la contaminación de sus famosas aguas, siendo desviadas al Estanque de los Patos, en el interior de los jardines.
En 1983, tras reparar y limpiar la Fuente, esta fue abastecida por el Canal de Isabel II. Actualmente sigue en funcionamiento.
Texto: Mercedes Gómez
Basado en la información facilitada por : Pedro Jareño
Fotografías : Pedro Jareño
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Artículos anteriores:
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (I).- La Alcubilla.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (II).- La Castellana.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (III).- Abroñigal Alto.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (VI).- Amaniel.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (VII).- Buen Retiro.
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Bibliografía :
I. de Bustamante, B. López-Camacho, M. Bascones.The Fuente del Berro (Madrid). Universidad Alcalá de Henares. (en inglés)
VVAA. Los viajes del agua. Revista Obras Públicas. Madrid 1999
Angela Souto. La Fuente del Berro. Ed. Doce Calles. Madrid 2001.
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Los Viajes de Agua del Buen Retiro, el Alto y Bajo Retiro, fueron construidos en 1631, en tiempos de Felipe IV, además de para el abastecimiento, para el riego del Real Sitio que se comenzaba a edificar en las afueras de la Villa.
Nacían en el término de Chamartín. El Viaje del Alto Retiro atravesaba la Guindalera, el camino de Hortaleza y la calle de Alcalá, donde se encontraba la primera arca de distribución, de donde partían las aguas que surtían las Fuentes del Retiro. Tenía una longitud de 15 kilómetros.
El Viaje del Bajo Retiro atravesaba los caminos de Chamartín y Hortaleza. El arca de medida estaba situada en el inicio de la actual calle de López de Hoyos cerca del Paseo de la Castellana, siguiendo después por lo que es hoy la calle de Serrano hasta el arca de distribución, a la entrada del Retiro. Tenía una longitud de 4 kilómetros.
En el Palacio del Buen Retiro existían norias que eran utilizadas para elevar el agua, surtir a las numerosas fuentes y poder ser utilizadas en el riego de los jardines. En los años 90 del pasado siglo XX, durante unas excavaciones arqueológicas, fueron hallados restos de Porcelanas de la Antigua Fábrica creada en tiempos de Carlos III, y vestigios de un sistema hidráulico. Las construcciones más antiguas halladas fueron una noria y su estanque que ya estaban en uso a mediados del siglo XVII y que servían para el riego de los huertos cercanos.
Del Viaje del Bajo Retiro se conservan restos de una galería cuyo pozo de bajada, sin pates, se encuentra a la altura del número 74 de la Calle de Claudio Coello.
Aún pervive la antigua verja de hierro de la entrada.
Como muchos de los tramos de las antiguas galerías de conducción, este fue reutilizado para instalar canalizaciones de servicios.
La galería tiene aproximadamente 1,60 metros de altura, parece menor que otras visitadas, y debido a la existencia de los anclajes para la instalación de las canalizaciones y cableados, el camino resulta algo difícil para Pedro y sus compañeros.
La galería está revestida de ladrillo, como todos los tramos de otros viajes que hemos visitado hasta el momento. A lo largo del recorrido llegamos a una zona en la que se observan arcos en ambos muros.
Un compañero de Pedro observa el muro bajo los arcos y nos cuenta que se trata de tosco.
Los antiguos constructores de las minas de captación de agua hablaban de dos tipos de terreno, los arenosos o “de miga” y los “toscos”, más arcillosos y casi impermeables.
Llegamos a un punto donde la galería se encuentra condenada y de donde sale otra galería más moderna con un pozo de acceso.
Texto : Mercedes Gómez
Según información facilitada por : Pedro Jareño
Fotografías : Pedro Jareño
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Artículos anteriores:
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (I).- La Alcubilla.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (II).- La Castellana.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (III).- Abroñigal Alto.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (VI).- Amaniel.
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Más bibliografía:
J. Llorca Aquesolo y J.L. Monte Sáez. El antiguo sistema de abastecimiento de agua de Madrid y su influencia en la vía pública, construcciones en servicio y nueva construcción. Revista de Obras Públicas. 1984
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Como ya comentamos durante nuestra visita a los Viajes de la Alcubilla, Castellana, Alto Abroñigal y Bajo Abroñigal, a comienzos del siglo XVII, establecida definitivamente la capitalidad en Madrid, la población creció, y también la necesidad de agua, iniciándose la construcción de los Viajes mencionados, propiedad de la Villa. La Corona, con el fin de asegurar el abastecimiento al Alcázar, entre los años 1614 y 1619 construyó el Viaje de Amaniel, siendo por tanto de su propiedad, por lo que sería conocido también como Viaje de Palacio.
Como los demás Viajes, el de Amaniel nacía en el Norte de Madrid, dividiéndose en dos ramales. Uno atravesaba la Dehesa de la Villa, donde hoy día aún podemos contemplar varios “capirotes” que cubren los antiguos pozos de aireación.
Y el otro discurría por la llamada Huerta del Obispo, zona próxima al paseo de Juan XXIII, actualmente Colonia de Villamil. Ambos ramales se unían al final de la Dehesa de la Villa, en la Quinta de los Pinos.
En 2005, durante unas obras en la zona del paseo de Juan XXIII para la creación de un parque, se hallaron restos del antiguo Viaje de Amaniel.
En el interior de la galería se observó una gran acumulación de raíces.
Interior de la galería en 2006:
El pozo de aireación, está cerrado en cascarones (o cucharón). Este es su aspecto desde el interior:
Se pudo comprobar que la entrada del agua al Viaje estaba canalizada:
Los vecinos y asociaciones del barrio pidieron que los restos hallados fueran conservados y expuestos al público de forma que sirvieran para explicar lo que significaron los Viajes de Agua en la Historia de Madrid.
Por fin, dichos restos fueron integrados en el nuevo parque, a la altura del Paseo de Juan XXIII nº 46. Estas fotos, de hace pocos meses, muestran el estado del lugar, ensuciado por las firmas de los llamados grafiteros.
Una de las entradas conserva una puerta de hierro:
Ajena a todo, y sorprendentemente, el agua sigue fluyendo.
Nos gustaría que este parque que guarda los restos de uno de los Antiguos Viajes de Agua madrileños, apenas único testigo de una de las mayores singularidades de nuestra historia, fuera cuidado y dado a conocer como se merece.
A partir de aquí, el Viaje de Amaniel bajaba por la actual calle de Guzmán el Bueno. A la altura de Fernando el Católico se desviaba hasta llegar a la Glorieta de San Bernardo donde se encontraba la Puerta de Fuencarral y el arca principal del Viaje.
Por dicha Puerta entraba en la Villa y, por la calle de San Bernardo, iba hasta las de Quiñones, San Dimas, Norte, Noviciado y Amaniel. Atravesaba la plaza de los Mostenses, la actual Gran Vía, para llegar a la calle de la Bola, San Quintín, Bailén y la Plaza de Oriente, hasta Palacio. Su extensión era de 6 kilómetros.
Texto: Mercedes Gómez
Basado en la información facilitada por : Pedro Jareño
Fotografías : Pedro Jareño
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Bibliografía:
Mª Teresa Solesio de la Presa. “Los Viajes de Agua madrileños”. En: “Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña.” Ed. Polifemo. Madrid 1992.
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Artículos anteriores:
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (I).- La Alcubilla.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (II).- La Castellana.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (III).- Abroñigal Alto.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (IV).- Abroñigal Bajo.
Visita a los Antiguos Viajes de Agua (V).- Ramal Alto Abroñigal.
Antes de hablar de temas nuevos o de visitar otros Viajes de Agua, hoy queremos invitaros a conocer otro pozo correspondiente a un ramal del Alto Abroñigal que atravesaba el actual Barrio de Salamanca. De sus galerías quedan algunos restos, y también algunos “misterios por resolver”.
El único pozo al que de momento se ha podido acceder se encuentra en la calle de José Ortega y Gasset a la altura de los números 48-50.
Cuenta Pedro que de todos los Viajes que ha visitado, este ramal quizá sea el de mayor cota, 28 metros de profundidad aproximadamente.
Bajando por el pozo, hacia la mitad del camino, él y sus compañeros, notaron una cierta falta de oxígeno, pero una vez en el interior de la galería el nivel de oxígeno se recuperó debido a que el agua sigue llegando hasta aquí. Maravillas de la vida, dice.
Al final de la bajada, encontraron un contrapozo de acceso a la galería de unos 3 metros de profundidad.
Corona de acceso a la galería mediante contrapozo:
No se percibe muy bien, pero el pozo es de cierre a cascarón:
En la galería de conducción se observa la antigüedad de los muros y bóveda.
La galería tiene filtraciones de agua, que permiten respirar a tanta profundidad.
En el breve tramo recorrido no se ha observado que esta galería haya sido utilizada para la instalación de ningún tipo de servicio. Pero ahí siguen sus viejos muros revestidos de ladrillo, para en cierto modo permitirnos un viaje al pasado.
Muy cerca, existen otros dos pozos de bajada, que de momento no han podido ser visitados, por lo que se desconoce si existen restos del antiguo viaje de aguas. Quizá en un futuro podamos descubrirlo.
Texto : Mercedes Gómez
Según información facilitada por : Pedro Jareño
Fotografías : Pedro Jareño

















































































































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