La semana pasada supimos por las noticias de Telemadrid que se habían paralizado unas obras en la calle Fuencarral al encontrase unas galerías que podrían tener valor histórico.

El día 8 las autoridades de la Comunidad de Madrid notificaron que estaban estudiando los hallazgos y confirmaron que parte de los restos podrían ser galerías del siglo XVII.

Noticia Telemadrid 8 agosto 2018

Después varios diarios han publicado la noticia con las explicaciones de la Comunidad. Lo más importante de la nota de prensa es que se confirmaba que una parte de los restos serían una construcción original del siglo XVII, a la espera del informe arqueológico solicitado por la Dirección de Patrimonio.

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Podría tratarse de vestigios del Viaje de Agua de la Alcubilla.

El antiquísimo viaje de la Alcubilla, recordemos, se comenzó a construir en 1399. Nacía en la Dehesa de Chamartín en el valle de la Alcubilla, a 18 metros de profundidad, y llegaba a Madrid a través de una serie de pozos.

Por el Camino de Fuencarral, hoy Bravo Murillo, llegaba hasta la actual Glorieta de Cuatro Caminos, donde se dividía en dos ramales, uno por la calle de Santa Engracia hasta la plaza de Santa Bárbara, donde comenzaba la distribución de las aguas. El otro se dirigía a la glorieta de Quevedo, donde a su vez se dividía en dos ramales, uno bajaba por San Bernardo y otro por Fuencarral, en dirección a la ciudad.

Calle de Fuencarral

Por aquí, en el cruce con las calles de San Mateo y San Joaquín, se sabe que discurría el viaje y que en el siglo XVIII se encontraba un arca de distribución del agua.

Lo poco que he podido ver hoy desde la acera en las obras que ocupan la vía es la sección de una bonita galería.

Y en su entrada, debajo, adivinar otra galería o arco, perpendicular, en la dirección de la calle Fuencarral, típico de los viajes de agua.

Entre otras cosas, el vicepresidente y portavoz del gobierno de la Comunidad de Madrid, Pedro Rollán, ha dicho en las declaraciones publicadas que no existe ninguna calle en Madrid en la que no aparezcan elementos históricos en los trabajos que ejecutan el Canal de Isabel II, Metro o compañías de servicios.

Qué drástico. Si es así, nos gustaría tener más noticias. Y comprendemos que no todo se puede convertir en un museo y mostrar al público indefinidamente, pero sería deseable una mayor información, más transparencia, y de vez en cuando, conservar, explicar y mostrar, no solo documentar para uso interno y tapar.

Los Viajes de Agua de Madrid forman parte de un patrimonio histórico único.

Por Mercedes Gómez

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Volvemos a la Casa de Joaquín Sorolla, el palacete donde vivió el pintor con su familia, proyectado por el arquitecto Enrique María Repullés y Vargas en 1910, en el actual nº 37 del Paseo del General Martínez Campos, hoy Museo Sorolla.

Estos días podemos visitar la exposición temporal Sorolla. Un jardín para pintar.

La muestra reúne varios alicientes: la vida del propio Sorolla, su casa hoy convertida en uno de los museos más singulares de Madrid, los jardines que él mismo proyectó junto a su arquitecto, todo ello explicado en algunos paneles, fotografías, esculturas, en sus bellas pinturas y por supuesto en la realidad que disfrutamos paseando por los rincones en los que vivió y pintó.

Sorolla realizó muchos dibujos preparatorios de su deseado jardín. Algunos de estos croquis se exponen ahora. Son sencillos, pueden parecer poco importantes tras el cristal de la vitrina o los marcos, pero hay mucha historia tras esos trazos, y son emocionantes sin duda. Muestran los sueños del propio artista.

La exposición se basa en la idea de que a Sorolla lo que más le gustaba era pintar, sobre todo al aire libre, y por eso soñaba con un jardín propio, un lugar donde pintar al sol.

Planta del jardín y de la casa Sorolla (1911)

El Jardín de Sorolla es hoy día un oasis inesperado entre altos edificios y el propio paseo del General Martínez Campos con sus castaños de indias, que no existían cuando la casa fue construida. Cuando Sorolla creó sus jardines con sumo cuidado no imaginó que en un futuro se encontrarían rodeados y cubiertos de sombra, así que ahora los árboles plantados por él mismo y las plantas existentes tienen un problema, la falta de la abundante luz de la que gozaban entonces. Por eso actualmente en estos jardines no hay tantas plantas de flor, que el artista plantó, pues mantenerlas resulta difícil.

El Jardín de Sorolla consta de tres espacios o jardines distintos, además de un Patio andaluz.

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El Primer Jardín y su bonita fuente están inspirados en jardines de los Reales Alcázares de Sevilla que Sorolla conoció y admiró. Fue plantado a finales de 1911; en esos momentos fue cuando la familia se trasladó allí a vivir.

Jardín de Sorolla (el primer jardín), 1919. (Museo Sorolla).

Jardín de la Casa Sorolla (el primer jardín), h.1919. (Museo Sorolla)

Jardin de Sorolla, 2018.

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El Segundo Jardín, construido el último, está inspirado en los jardines que el artista vio en Granada, en la Alhambra. Plantado entre 1915 y 1916. El pintor realizó muchos dibujos para este proyecto.

Joaquín Sorolla en su jardín, 1917. (Museo Sorolla).

Jardín de la Casa Sorolla, 1918.

Jardín de Sorolla, 2018

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Entre el segundo y el tercero se situaron algunas esculturas, entre ellas un Fauno y un Sátiro con odre (1911), reproducciones en bronce de las obras del Museo Arqueológico de Nápoles (sg. II a. de C.), que Sorolla pintó en cuadros hoy aquí expuestos junto a las obras.

Anónimo (1932). (Museo Sorolla).

Actualmente las que se encuentran en el jardín son reproducciones a su vez.

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Y el Tercer Jardín, creado a la par que el primero en 1911, está dotado de una pérgola de origen italiano, y una alberca sevillana con dos figuras alegóricas, obra de Francisco Marco Díaz Pintado. Se llama la Fuente de las Confidencias. Fue plantado hacia 1912 o 1913 y rehecho hacia 1917, una vez concluido el segundo jardín.

La fuente de las confidencias en el tercer jardín, 1933. (Museo Sorolla)

Balsa del tercer jardín, 1618.

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Joaquín Sorolla imaginó su Jardín, lo dibujó, plantó las flores y los árboles, fue jardinero además de pintor…

Kurt Hielscher. Joaquín Sorolla en la escalera de acceso a los estudios (1919)

Lo cuidó hasta en los más pequeños detalles.

Es un placer recorrer la exposición, y después detenerse un rato en el jardín que Joaquín Sorolla soñó, creó, vivió y pintó.

 

Por : Mercedes Gómez

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Museo Sorolla. Catálogo.

Museo Sorolla.
Sorolla. Un jardín para pintar.
Pº Gral. Martínez Campos, 37
Hasta 20 enero 2019

En la calle Segovia nº 8, frente al Palacio de Anglona y la iglesia de San Pedro, una placa municipal, instalada en 2016, indica que en este lugar estaban las Casas de los Vargas, residencia de los embajadores de Alemania entre 1561 y 1616.

Estas casas solo fueron unas de las varias que la poderosa familia llegó a poseer a lo largo de los siglos en Madrid, sobre todo en los alrededores de la plaza de la Paja.

La genealogía de los Vargas desde la llegada del primer Vargas, tras la ocupación de la villa islámica por población castellana a partir de 1080-1085, hasta el siglo XVII es compleja. El linaje llegó a tener varias ramas.

El primer Iván o Juan de Vargas se cree que se estableció en un solar que el nuevo rey cristiano Alfonso VI le concedió –como fue habitual conceder a los castellanos que llegaron con su ejército– en la calle de San Justo. Fue la conocida como Casa de Iván de Vargas, en cuyos terrenos hoy se levanta la Biblioteca del mismo nombre.

Iván de Vargas tuvo tres hijos. El tercero de ellos, también Iván, fue quien según la tradición luego sería patrón de San Isidro. Esta no fue la rama principal pero sí el origen de los Señores de la Casa de Iván de Vargas de Madrid.

La rama principal –descendientes del hijo mayor, Fernán– vivió siempre en la parroquia de San Pedro. En ella, a lo largo de la Edad Media, se sucedieron los Diegos y Franciscos. Uno de sus descendientes fue Diego de Vargas Vivero.

Recordemos que cuando en 1561 Felipe II trasladó la Corte a Madrid surgió la necesidad de alojar a los numerosos nobles y cortesanos que llegaron a la Villa. Aplicando la Regalía de Aposento la casa de Diego de Vargas fue la elegida para servir de residencia a los embajadores alemanes.

Allí se alojaron, desde 1561 hasta 1600, cuando la Corte se trasladó a Valladolid. Y desde 1606, tras la vuelta a Madrid, hasta 1616.

En 1616, el día 8 de septiembre, se resolvió en la Cámara de su Majestad la petición presentada por Diego de Vargas Vivero, Caballero del Hábito de Calatrava, de gozar de libertad de huéspedes de aposento de corte. Expuso don Diego que su casa situada en la Parroquia de San Pedro debía ser reedificada y reparada por lo que solicitaba dicha libertad de aposento.

Los aposentadores informaron a favor del solicitante y la Cámara dijo que se le podía conceder dicha libertad por cuarenta años de acuerdo a la traza de obras presentada. El Rey lo concedió.

A mediados del siglo Texeira dibujó la construcción tal como debía ser entonces.

Los actuales números 8 y 10 de la calle de Segovia se construyeron en gran parte sobre el solar nº 1 de la manzana 179, el que fuera propiedad de Diego de Vargas, al que se refiere la placa, y luego del Conde de Miranda. Así figura en la Planimetría de Madrid realizada en el siglo XVIII.

Plano de Espinosa (1769)

Calle de Segovia, 8-10. (2018)

Es curioso el resto de muro de piedra conservado en la esquina, junto al cual se ha ubicado la placa.

Acaso el único vestigio que recuerda que los edificios actuales, nº 8 y 10 de la calle, forman parte de un mismo pasado, que allí se levantaban las casas de Diego de Vargas que en el siglo XVI y comienzos del XVII alojaron al embajador de Alemania.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Planimetría General de Madrid. Ed. Tabapress. Madrid, 1988.

Biblioteca digital memoriademadrid

Continuando con mi tradición veraniega de publicar un artículo contando la historia de algún lugar visitado en tierras catalanas, este año os invito a conocer el Monasterio de Pedralbes y especialmente su Capilla de San Miguel, decorada con extraordinarias pinturas murales del siglo XIV.

El Monasterio de Pedralbes fue fundado en 1327 por la reina Elisenda de Montcada, cuarta esposa del rey Jaime II de Aragón (1267-1327). Dedicado a Santa María, fue ocupado por monjas clarisas. Una pequeña comunidad de once monjas continúa viviendo en nuevas dependencias junto al antiguo monasterio, hoy convertido en un magnífico museo.

El lugar elegido para su construcción fue Sarriá, una localidad que fue independiente hasta 1921, año en que fue anexionada al municipio de Barcelona. Pedro Texeira la representó en su Atlas del Rey Planeta, que ya vimos cuando visitamos otra población próxima, Cornellá.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

En Sarriá, que hoy pertenece al distrito barcelonés de Sarriá-San Gervasio, se encontraba la zona de Pedralbes.

Pedralbes proviene del latín, petras albas (piedras blancas), nombre documentado desde finales del siglo X.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

A lo largo de los años el monasterio primitivo se fue ampliando con nuevas estancias. Hoy día el conjunto es un bello ejemplo del arte gótico. Originalmente estaba rodeado por una muralla de la que solo se conservan dos puertas y sus respectivas torres de vigilancia.

La iglesia es uno de los elementos más antiguos, los monarcas colocaron la primera piedra el 26 de marzo de 1326.

Es de una sola nave, con capillas a los lados, cubierta con bóvedas de crucería.

Original del siglo XIV es también el claustro gótico que consta de dos galerías con veintiséis columnas de piedra a cada lado y de un tercer piso levantado posteriormente a modo de buhardilla.

El techo es de madera y los capiteles, que sostienen bellos arcos ojivales, están decorados con los escudos de la casa real y de la familia Montcada.

En el patio se ha recreado un Jardín medieval en el que se cultivan plantas medicinales, convertido así en un jardín entre científico y espiritual.

Alrededor del claustro se organizan las dependencias del monasterio. La sala capitular, la cocina, el dormitorio, la abadía, el refectorio, las procuras…

Las procuras, así llamadas porque estaban a cargo de la procuradora del monasterio, responsable del abastecimiento, era el lugar donde se almacenaban los alimentos, utensilios y herramientas del huerto.

Desde sus comienzos se dispuso de una enfermería que pronto necesitó reformas; los espacios que hoy se pueden ver son del siglo XVI, construidos en 1568 gracias a la donación de 600 ducados de oro del rey Felipe II.

Las pequeñas celdas de día, algunas de las cuales hoy se pueden contemplar, adornadas como capillas, son del siglo XVI al XX, aunque la mayoría de las que se conservan son modernas.

Las estancias, con su mobiliario y objetos, nos explican cómo era la vida conventual. La cocina, situada junto al refectorio o comedor, utilizada desde el siglo XIV hasta 1983, es testigo del paso del tiempo y de las diferentes épocas.

El dormitorio es otro de los espacios más antiguos, del siglo XIV, junto con la iglesia y la planta baja del claustro, como vimos. El techo data del año 1533. Fue remodelado en 1990 siendo convertido en una espectacular sala de exposiciones.

Uno de los tesoros del monasterio sin duda es la capilla de San Miguel, decorada con pinturas murales realizadas en 1345 por el pintor Ferrer Bassa.

Fueron encargadas por la segunda abadesa del monasterio, sobrina de la reina Elisenda, Francesca ça Portella.

Con el tiempo la capilla tuvo diversos usos, fue archivo, fue utilizada como guardarropa –quedando ocultos los murales–, se abrieron ventanas… A finales del siglo XIX las pinturas fueron descubiertas y valoradas, interés que felizmente ha ido en aumento. En el siglo XX fueron restauradas por primera vez. Y en la actualidad han sido objeto de un largo y minucioso proceso de restauración.

La capillita, después de más de diez años cerrada al público, ha sido reabierta hace pocas semanas. La exposición Murales divinos los muestra espléndidos, intentando recordar lo que debió ser una estancia resplandeciente, envolvente, destinada a la meditación.

Bajo un techo-cielo estrellado, los murales de la diminuta estancia estaban destinados a deslumbrar con sus tonos dorados y plateados realizados con láminas finas de estaño, plata y oro, lamentablemente perdidos.

Los primitivos muros blancos, gracias a las pinturas de Ferrer Bassa, se transformaron en un intenso fondo azul para las escenas, azul de azurita, que con el tiempo y la aplicación de fijadores se fue oscureciendo. Gracias a la restauración ha recobrado parte de su esplendor.

Las pinturas, de carácter italianizante, innovadoras en su momento, fueron ejecutadas con una técnica mixta: al fresco y al seco. Se han conservado mejor los frescos que las realizadas al temple o al óleo, más afectadas por desprendimientos.

Los especialistas han considerado que tienen influencia de varios maestros, Giotto entre ellos. Los espacios representados son tridimensionales, con tratamiento de la perspectiva, y las figuras muy expresivas.

Varios paneles explican la iconografía que se inspira en las devociones marianas y representa la Pasión de Cristo, los gozos de la Virgen y varias figuras de santos. La narración discurre de izquierda a derecha en franjas.

Se han eliminado repintes y retoques antiguos que ocultaban el original.

La restauración también ha permitido descubrir los mármoles fingidos, puro trampantojo, del nivel inferior, antes tapados.

Por : Mercedes Gómez

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Más información:

Monasterio de Pedralbes

Murales divinos. Capilla de San Miguel Monasterio de Pedralbes. Ajuntament de Barcelona, 2018.

El pasado mes de mayo tuvimos ocasión de disfrutar de una visita al Recinto Ferial de la Casa de Campo tal como anunciamos aquí. Fue un recorrido muy interesante.

La primera Feria Nacional del Campo se celebró en 1950; el recinto fue ampliado para la segunda Feria Internacional en 1953 y fue clausurado en 1975. Desconocidos para muchos de nosotros, vimos algunos pabellones de la antigua Feria. Unos en uso, otros cerrados y alguno en lamentable estado de ruina.

Visitamos primero el espectacular Pabellón-Palacio de Cristal. Después dimos un largo paseo por los alrededores, descubriendo edificios muy distintos entre sí, casi todos merecedores de atención. Hoy, por el momento, vamos a detenernos en uno de ellos, el Pabellón de los Hexágonos.

Sus autores fueron José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún que en 1956 ganaron el concurso convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores para la creación del Pabellón español de la Exposición Universal que se celebraría dos años después en Bruselas.

El Pabellón de los Hexágonos obtuvo una Medalla de Oro en la Exposición y alcanzó un gran prestigio entre los profesionales y éxito en las revistas especializadas. Se convirtió en una de las obras arquitectónicas más notables del siglo XX.

Una de las condiciones a la que se enfrentaron sus autores fue que el edificio debería poder ser desmontado. Los arquitectos desarrollaron un sistema de módulos adaptable al terreno en que iba a ser instalado pero con posibilidades de ser trasladado. En 1959 el Pabellón fue reconstruido en la Casa de Campo por sus mismos autores.

Foto Paco Gómez. IV Feria Int. del Campo, Madrid, 1959. Col. Fundación Foto Colectania.

El propio José Antonio Corrales lo explicó:

“Lo bonito de este pabellón es que es tan flexible… Tengo tantas piezas y tengo que utilizarlas, y puedes montarlo de mil maneras”.

De la exposición de Bruselas se recuperaron 130 paraguas hexagonales, de 2,95 metros de lado, con diferentes alturas.

rtve.es Revista No-Do 1965

En 1967 el Pabellón tuvo una nueva remodelación y ampliación para Pabellón del Ministerio de Agricultura a cargo de José Luis Fernández del Amo. Contó este arquitecto al que se le encargó la reforma que quiso ser respetuoso con la obra original y pidió colaboración a sus autores, que desinteresadamente aceptaron.

Revista Arquitectura, 1969. Foto Gómez.

La obra era una armónica sucesión de espacios, planos y niveles de ladrillo y cristal. Como escribió José Luis Fernández del Amo,

“si la arquitectura es, sobre todo, una creación de espacios, este edificio, al que mi modesta aportación solo ha querido ser fiel, es una estupenda obra de arquitectura”.

Revista Arquitectura, 1969. Foto Gómez.

Hace unos años sirvió de Escuela-Taller dentro de un Programa del Instituto Nacional de Empleo, cartel que aún subsiste junto a la verja de entrada a uno de los patios y que contribuye un poco a esa sensación de abandono que transmite el lugar.

Actualmente, aunque parezca mentira, el Pabellón está casi en ruinas.

Desde hace años, se ha permitido su deterioro hasta tal punto que está prohibido acceder al interior debido al mal estado. Comprobamos que parte de alguno de los muros ya se ha desplomado.

Inspira una cierta tristeza ver la situación en que se encuentra.

Dentro de su valor arquitectónico es una construcción sencilla, tal vez podría recuperarse y tener uso en el futuro. No parece fácil, pero la solución hoy día no debería ser dejar simplemente que el paso del tiempo lo acabe destruyendo.

Por: Mercedes Gómez

 

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Bibliografía e información:

DE COCA LEICHER, José. El recinto ferial de la Casa de Campo de Madrid (1950-75). Tesis doctoral. ETSAM, Madrid 2013.

FERNÁNDEZ DEL AMO, José Luis. “Nuevo pabellón del Ministerio de Agricultura en la Feria Internacional del Campo de Madrid”. Arquitectura, nº 121. COAM. Madrid, 1969.

Feria del Campo. RTVE, 1968

Feria del Campo. RTVE, 1965

El gran escultor Victorio Macho nació en Palencia el 23 de diciembre de 1887. Muy joven, con 16 años, gracias a una beca se trasladó a Madrid, a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

Autorretrato, 1915. Museo Victorio Macho.

Vivió en nuestra ciudad hasta que llegó la guerra y el exilio. En los años 50 volvió a España para instalarse en Toledo, donde se encuentra su museo, el Museo Victorio Macho.

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Victorio Macho consiguió prestigio y fama tras la creación en 1919 de su primer monumento a Benito Pérez Galdós, una de las tres obras de este artista que se encuentran en el Parque del Retiro de Madrid.

En el Museo Victorio Macho se expone un boceto de esta escultura en terracota de 48 x 24 x 55 cm. creado en 1917.

Pérez Galdós, 1917. Museo Victorio Macho.

El monumento fue realizado por suscripción popular, para costear el gasto de los materiales pues la obra fue un regalo del artista. Entonces se hablaba de él en la prensa como de un joven escultor de la renovación que trabajaba en su estudio de las Vistillas, alejado de salones y círculos.

La escultura es de piedra caliza, situada sobre un pedestal de granito. El monumento fue inaugurado el 20 de enero de 1919 en el Parque del Retiro, como recuerdan las conocidas fotos publicadas en la época, con la presencia del escritor que en ese momento ya estaba ciego y muy debilitado –murió al año siguiente–.

Mundo Gráfico, 22 enero 1919 (BNE)

Monumento a Galdós. El Retiro. Junio 2018.

Por entonces, como vimos, Victorio vivía en una casa-estudio en Las Vistillas –donde luego viviría Ignacio Zuloaga–. Después se trasladó al Paseo de Rosales, donde residió entre 1920 y 1937.

En 1926 realizó el monumento a Santiago Ramón y Cajal. Fue el ganador del concurso convocado por la Academia de Medicina. El monumento en el Retiro se inauguró ese mismo año.

Monumento a Cajal, El Retiro.

En el centro del conjunto se sitúa la figura de Cajal. A ambos lados, dos fuentes murales, la Fuente de la Vida y la Fuente de la Muerte. Las figuras son de piedra caliza y los muros de granito.

Ramón y Cajal (detalle) Fons Vitae, Fuente de la Vida.

En el jardín de su casa toledana se encuentra el boceto de la cabeza de una de las figuras del relieve de la Fons Vitae.

Relieve de la Fons Vitae de la Fuente de Ramón y Cajal, 1926, piedra caliza. Jardín del Museo Victorio Macho.

Con la llegada de la guerra comenzó su exilio voluntario, de Madrid a Valencia, Barcelona, Francia… hasta establecerse en Lima.

Victorio Macho regresó a España en 1952 aunque no a Madrid sino a Toledo, donde al año siguiente su amigo el arquitecto Secundino Zuazo construyó su casa-taller en la llamada Roca Tarpeya sobre el río Tajo.

Foto: J.M. Pando (1961) (Fototeca IPCE)

Casa Victorio Macho, junio 2018.

Por entonces ya padecía la enfermedad que lo llevaría a la muerte, la silicosis, a causa del polvo del mármol que se desprendía cuando él lo modelaba con su cincel que respiró durante años y destrozó sus pulmones.

En 1962 Macho realizó el monumento a Jacinto Benavente. En el Museo también se conserva un boceto en yeso patinado de 127 x 51,5 x 51 cm.

Monumento a Benavente. Museo Victorio Macho.

El monumento, homenaje al dramaturgo, pero también al Teatro, se encuentra en el centro del Jardín del Parterre en el Retiro. La figura es de bronce y el pedestal de granito.

Monumento a Jacinto Benavente, El Retiro.

Victorio Macho murió en Roca Tarpeya el día 13 de julio de 1966.

El artista legó al Estado español su casa y una gran parte de su obra. Se creó la Fundación y el Museo Victorio Macho.

No-do 1968

Tras una etapa de abandono y dificultades el museo fue reinaugurado en 1999. Hoy día el edificio y su jardín que se asoman al río Tajo y ofrecen unas vistas espectaculares, las mismas que contemplara el escultor, acogen la sede de la Real Fundación de Toledo que lo gestiona.

El Museo Victorio Macho, que incluye la cripta y el jardín, expone una buena selección de obras del artista, además de las tres del Retiro que hoy hemos recordado. Su autorretrato en bronce, los bustos de Unamuno, el Doctor Marañón, Ramón Menéndez Pidal… las figuras de su madre y de su hermano, la Pasionaria, un boceto de la escultura dedicada a Alonso Berruguete, etc. Y, además de sus esculturas, dibujos extraordinarios, muestra de su arte.

Por: Mercedes Gómez

 

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Bibliografía:

monumentamadrid.es
Fernández-Santos, Elsa. “La casa del escultor Victorio Macho renace como museo de la Real Fundación de Toledo”. El País., 27 oct. 1999
Antolín, E. “La viuda de Victorio Macio demanda atención estatal para la casa-museo del escultor en Toledo”. El País, 24 sept. 1981.
Victorio Macho. Revista Imágenes rtve.es 1968.
Mundo Gráfico 22 enero 1919 (BNE)
La Nación 11 enero 1918 (BNE)

 

Hace ya casi nueve años que conocimos aquí la historia de la Lonja o Galería de las Grutas del Jardín de Felipe II. Ahora gracias a un extraordinario recorrido municipal por el Reservado de Felipe II en la Casa de Campo he tenido el placer de volver a visitarlas.

Recordemos que se trata de un conjunto arquitectónico único, construido en la segunda mitad del siglo XVI, único vestigio de un jardín del Renacimiento madrileño y uno de los pocos ejemplos en España. Nos cuenta nuestra guía que incluso desde Italia, país donde nació este modelo de jardines, vienen a Madrid estudiosos interesados en ver esta construcción singular.

Como ya vimos, sorprendentemente una parte importante de la Galería ha conseguido ir sobreviviendo a las continuas vicisitudes que ha sufrido a lo largo de sus más de cuatro siglos de vida. Desde Felipe II hasta hoy día, monarcas, gustos artísticos, guerras, invasiones, agresivas obras a su alrededor se han ido sucediendo, una parte de este edificio lo ha soportado todo y ha llegado a nuestros días. Hoy día es una valiosísima joya que esperemos en un futuro forme parte de un recuperado Jardín de Felipe II.

En 2007 comenzaron los estudios y trabajos de restauración y adecuación de la Grutas y de la hornacina llamada de la Fuente de Neptuno del Reservado Chico de Felipe II junto al Palacio de los Vargas a cargo del Ayuntamiento de Madrid.

Un cartel en la valla exterior nos da unas breves nociones históricas y describe las actuaciones de consolidación realizadas. En tercer y último lugar se habla de las actuaciones futuras en una nueva fase de restauración de las fábricas conservadas e investigaciones destinadas a la deseada recuperación integral de los jardines de Felipe II junto al palacete.

Cartel informativo valla exterior de las Grutas, Ayuntamiento de Madrid.

En el cartel, sobre el cuadro La Casa de Campo de Félix Castello se representan esquemáticamente las grutas con los restos existentes y los desaparecidos.

Cartel informativo valla exterior de las Grutas (detalle), Ayuntamiento de Madrid.

El edificio presentaba diversas patologías debido a varios problemas, su uso como almacén en el pasado, las grandes humedades… Se observaron fisuras, grietas, alteración y ocultación de revestimientos históricos, etc.

Se procedió a la limpieza de las cubiertas, control de la humedad, excavación y estudio de restos arqueológicos, recuperación de hornacinas, columnas y pilastras, restauración de estucos y mosaicos y al cerramiento provisional.

En 2009 fue aprobado un nuevo presupuesto para su consolidación estructural y continuación de la restauración.

Su interior ya no está ocupado por trastos como si fuera un vulgar almacén, a sus puertas ya no aparcan maquinarias y coches, y sus bellas bóvedas rebajadas no necesitan ser apuntaladas. Qué alegría poder admirar esta maravilla bien cuidada.

Sus muros de ladrillo, columnas de piedra, hornacinas, etc. han sido restaurados y permiten imaginar la belleza que debieron mostrar en el pasado. Aún está pendiente la restauración del pavimento.

Se conserva la estructura constructiva, no la decoración. Pero los trabajos de restauración han sacado a la luz restos de mosaicos y grutescos escultóricos que debieron adornar muros y techos.

Es emocionante contemplar las bóvedas limpias, sin la costra negra acumulada, los arcos y vestigios de decoraciones perdidas.

También aparecieron –esto ya lo vimos en el antiguo artículo– algunos de los conductos por las que fluía el agua que sorprendía a los visitantes en esta Sala del Mosaico, o Sala de Burlas, recordemos, con sus juegos de agua, mediante los cuales, con disimulo, se mojaba a las personas que por allí paseaban con una falsa y suave lluvia.

Gracias a la excavación arqueológica y la recuperación del nivel original de la galería, más profundo que el nivel del suelo actual, vemos la asombrosa basa de mármol de las columnas de la gruta que vamos a ver a continuación, por primera vez.

Es una gran y grata sorpresa contemplar la gruta en cuyo interior se encontraba la Fuente de Neptuno llamada también Fuente Rústica con su decoración en forma de concha o venera, que albergaba al Dios de las Aguas, acompañado por Venus y Diana.

El palacete de los Vargas –que esperamos por fin acoja un centro de interpretación o museo de la historia de la Casa de Campo–, el jardín de Felipe II y las grutas, situados frente al Palacio Real, al que estarían unidos por los restos del llamado Túnel de Villanueva, forman un conjunto singular que ojalá en un futuro no demasiado lejano podamos disfrutar.

Por: Mercedes Gómez

Una de las exposiciones más interesantes recientemente inauguradas en Madrid es Todo Madrid es teatro. Los escenarios de la Villa y Corte en el Siglo de Oro, en el mejor escenario posible, la Casa-Museo de Lope de Vega, uno de los genios de nuestro teatro.

Como leemos en el folleto, “el teatro español del Siglo de Oro, tanto cuantitativa como cualitativamente, es la aportación más importante que nuestra cultura ha legado a la universal”.

La muestra nos ofrece un recorrido por los lugares en que las obras de nuestros grandes dramaturgos fueron representadas. Los ambientes palaciegos (el Alcázar y el Buen Retiro), el corral de comedias y las calles y plazas. Dibujos, documentos, videos y maquetas nos transportan a la extraordinaria época.

Uno de los escenarios principales fue el del Salón de Comedias o Salón Dorado en el Real Alcázar cuya recreación virtual nos permite conocer dónde estaba ubicado y cómo pudo ser. El otro escenario en el que se representaron las obras de los grandes autores del barroco fue el Coliseo del Buen Retiro.

Maqueta (Juanjo Reinoso. 2018) de la escena de “El Infierno” acto II de la “Fábula de Andrómeda y Perseo”, Calderón de la Barca.

El teatro también se representaba en las calles y plazas de la Villa.

Juan Gómez de Mora. “Tablado que se montaba en la Plaza Mayor de Madrid para la representación de los autos sacramentales”. 1644. (Archivo de Villa)

Grandes protagonistas de este recorrido teatral son los Corrales de Comedias. Además de la maqueta del Corral del Príncipe, que habitualmente podemos ver en el museo, se exponen varios dibujos y planos y una pantalla nos cuenta la historia de los corrales y su gran significado social y económico. Llegó a ser tan importante su actividad que las autoridades se vieron obligadas a reglamentar todo lo que con ellos tenía que ver, no solo horarios o ese tipo de cosas, sino todo lo referente al comportamiento del público, precios y permisos para la venta de bebidas y frutas, etc.

Gracias a los planos de Pedro de Ribera, Maestro Mayor de Alarifes de Madrid en 1735, conservados en el Archivo de Villa y aquí expuestos, conocemos cómo eran los Corrales del Príncipe y de la Cruz.

Maqueta del Corral del Príncipe, Casa Museo Lope de Vega (Antiqua Escena SL, 2014)

No podía faltar el plano de nuestro cartógrafo Pedro Texeira que representa el Madrid del siglo XVII, la villa que habitaron y recorrieron los protagonistas: autores, escenógrafos, pintores y doradores, vendedores de aloja –una bebida muy popular en la época, de agua, miel y especias–, creadores del vestuario, actores… y por supuesto el público.

La exposición con la ayuda del plano nos propone una ruta por los espacios teatrales en los siglos de oro, la calle, la Corte, palacios y residencias particulares, hospitales, corrales de comedias, espacios de la farándula y espacios religiosos.

De la Plaza Mayor al Convento de las Trinitarias, pasando por el Mentidero de representantes, Madrid es teatro.

Por : Mercedes Gómez

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Exposición Todo Madrid es teatro.
Casa-Museo de Lope de Vega
Calle Cervantes, 11
Hasta 30 sept. 2018

Volvemos a la calle del Marqués de Villamejor donde hace poco visitamos las viviendas para el conde de Artaza construidas en 1909 por Cesáreo Iradier.

Antes recordemos que el barrio de Salamanca, destinado a la burguesía y clases más acomodadas, fue proyectado en 1860 por Carlos María de Castro dentro del plan de Ensanche de Madrid. Hacia 1866 estaba trazado pero apenas había comenzado su construcción; ya existían las primeras manzanas junto a la Puerta de Alcalá y la calle de Serrano pero poco más.

La breve calle del Marqués de Villamejor se abrió unos años después, desde el paseo de la Castellana hasta la calle de Serrano. El nombre fue asignado por acuerdo municipal en julio de 1901. Sus solares, entonces ya rodeados de algunos palacios y palacetes, se destinaron a la construcción de lujosos edificios de viviendas de alquiler.

La acera de los impares de la calle Marqués de Villamejor, números 1 al 7, tiene el sello de Antonio Palacios.

El edificio más antiguo, levantado hacia 1880, es el actual nº 7, con vuelta a Serrano. Eran las viviendas para don Luis Harguindey, reformadas y ampliadas por Palacios en 1903; fue una de las primeras obras del gran arquitecto. Actualmente está otra vez en obras y por lo que se puede observar del edificio de principios del siglo XX únicamente debe quedar la fachada.

Calle Marqués de Villamejor 7, c/v Serrano.

En 1906 Antonio Palacios y Joaquín Otamendi construyeron otro edificio de viviendas, en esta ocasión para don Tomás Rodríguez. Es el actual nº 3.

Calle Marqués de Villamejor, 3

Tengamos en cuenta que para entonces Palacios y Otamendi ya habían proyectado el Palacio de Comunicaciones en Cibeles.

El portal es majestuoso.

Muestra una decoración de inspiración modernista.

En él se observa el maravilloso uso de las artes decorativas que Palacios y Otamendi harían en toda su obra. El hierro, la escultura, la vidriera, en este caso obra de la casa La Vidriera Artística.

Los detalles inspirados en el arte clasicista conviven con el modernismo del momento.

Los mármoles de la escalera, el pavimento de dibujo geométrico, las lámparas… cada elemento que podamos observar es bello y de calidad.

En el solar que existía entre este edificio y el anterior, el que hace esquina con Serrano, en 1925 se construyó el “Garaje Villamejor”, del arquitecto Mariano Aznárez Torán, hoy sede de una Escuela de Finanzas. Según la Guía de Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Madrid la relación que se observa con la obra de Palacios, autor de los edificios de esta acera como hemos visto, “permiten suponer su intervención en alguna traza previa que desarrollaría como proyecto Aznárez Torán”.

Calle Marqués de Villamejor, 5

Finalmente, en 1914 Antonio Palacios proyectó el edificio en el solar en la esquina con el paseo de la Castellana, actual nº 1, las viviendas para doña Luisa Rodríguez.

Calle Marqués de Villamejor 1, c/v Castellana, 28.

Palacios diseñó este edificio en la esquina de ambas vías rematado por un espectacular torreón, y un patio circular en el interior. En 2003 fue rehabilitado para ser ocupado por oficinas; no solo se modificó su interior sino que, con la construcción de una especie de castillete sobre el patio, se modificó también su aspecto exterior.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid, 2003.

VVAA. Antonio Palacios. Constructor de Madrid. Catálogo Exposición Círculo de Bellas Artes, nov.2001-ene.2002.

 

Hoy os invito a un paseo diferente, entre la realidad y la fantasía.

Un paseo real, por el Madrid de hoy, por la ribera del Manzanares junto al Puente de Segovia desde donde contemplamos el Palacio Real, la Catedral de la Almudena… pero pensando que entre los siglos I y IV, durante la época del Madrid romano, nada de eso existía. Era un paraje seguramente de buenas tierras para el cultivo y propicias para la crianza de ganado. Por eso allí se estableció una pequeña villa, un asentamiento rural.

También es un viaje al pasado, con la ayuda de la imaginación. Pensemos que ni siquiera existía el puente; aunque desde muy antiguo debió existir un vado, ya documentado en la edad media. Allí desembocaban las aguas de un arroyo que bajaba entre dos cerros, cursos que con el tiempo recibirían los nombres de arroyo de las Fuentes de San Pedro –hoy calle de Segovia– y Río Manzanares.

Visitamos la villa romana que allí existió. Recordemos, antes de continuar, el gran hallazgo, cómo era esa villa, que ya contamos aquí. Terminaba el artículo entonces con la fotografía de la maqueta de una villa romana que se encuentra en el Museo de San Isidro y otra del río Manzanares animando a intentar imaginarla habitada por sus pobladores hace casi veinte siglos.

Eso es lo que ha hecho Ramón Oria, un gran fotógrafo que además de buenas fotos realiza montajes mágicos. Si aún no conocéis sus trabajos os animo a visitar su cuenta en Flickr, seguro que os sorprende.

Ramón ha hecho un fotomontaje espectacular. Ha situado la villa romana en los terrenos donde se encontraba en el siglo I, en una imagen actual, con el fin de ayudarnos a realizar ese viaje al pasado. Caminando podemos llegar hasta las antiguas casas antes llenas de vida.

La imagen nos sugiere un “hoy” imaginado en el que aún existiría la construcción romana, unas casas habitadas, rodeadas de un suelo de tierra y algo de hierba, en lugar del árido pavimento actual; tras ellas un gran arbolado y un camino que acaso bajaba junto al arroyo.

Foto: Ramón Oria

No hemos pretendido situarla de forma precisa y científica. El fotomontaje no deja de ser un pequeño juego. Más que una localización exacta, Ramón –me consta que después de muchos intentos y mucho trabajo– ha optado por una bellísima imagen que ayude a comprender dónde estaba el caserío y a la vez contemplar el lugar donde unos siglos después se fundaría Madrid, en el luego llamado cerro de Palacio.

Os animamos a pasear por la zona, recorrer sus hoy caminos de asfalto y césped que guardan los recuerdos de un Madrid muy antiguo, el Madrid romano.

Cuando atraveséis el hermoso puente de Segovia o caminéis por los alrededores pensad que hubo un tiempo en que allí no existía nada de lo que hoy conocemos, solo el río y huertas y árboles, y un pequeño asentamiento rural en el que vivían unos remotos vecinos; que trabajaban, cocinaban, se alimentaban y pasaban sus ratos de ocio. Unas viviendas sencillas pero bien decoradas, con pinturas murales y cerámicas. Una villa romana.

Por: Mercedes Gómez

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