En la calle de Almagro nº 2 esquina con la plaza de Alonso Martínez, distrito de Chamberí, se levanta una de las casas de alquiler artísticas, como dijo Luis S. de los Terreros, que se construyeron en Madrid en los primeros años del siglo XX. Una de las edificaciones que a lo largo de varias décadas, obra de los mejores arquitectos de la época, desde finales del siglo XIX, crearon un nuevo Madrid, moderno y burgués, en un estilo ecléctico, monumental, que sin duda representan en gran parte la imagen del Madrid actual.

Se trata de un edificio de viviendas proyectado en 1900 por el arquitecto Luis Bellido para su hermano Manuel. Las obras, por encargo del propio autor, fueron dirigidas a lo largo de los tres años siguientes por Ignacio Aldama.

Revista “Arquitectura y Construcción” (BNE)

El edificio fue construido principalmente en ladrillo y hierro.

Como reflejaron las crónicas, la nueva finca contó con todas las comodidades, luz eléctrica, agua, baños, ascensor, calefacción…

Los materiales, ejecutadas las obras por diferentes contratas, fueron de la mayor calidad, la cantería, carpintería, etc. Destaca la cerrajería realizada en los talleres de Casa Asins, de la que se conserva la exquisita puerta de entrada.

En el portal y escaleras también se conservan el mármol y las escayolas.

La decoración interior fue realizada por la compañía Clevillese-Masot.

El ascensor y la calefacción fueron obra de la casa Jacobo Schneider.

El ascensor, que conserva su caja original, es una obra de arte.

La vidriería y fontanería fueron realizadas por Buenaventura Mata.

Inicialmente, además de los sótanos, constaba de cuatro plantas.

Posteriormente el edificio se recreció, con lo cual se perdieron los remates originales, pero conserva su majestuosidad, en plena plaza de Alonso Martínez.

 

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Arquitectura de Madrid. COAM, Madrid, 2003.
CABELLO LAPIEDRA, Luis María: “Casa en la calle de Almagro, nº 2”, Arquitectura y Construcción, nº 138, 1904.
SAINZ DE LOS TERREROS, Luis: “Verja artística. “, La Construcción Moderna, nº 20, 1903.

 

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Como vimos hace unos días hablando de la fuente de Puerta Cerrada, en la segunda mitad del siglo XIX se construyeron algunos caños de vecindad, fuentes destinadas al uso público, de los cuales se conservan muy pocos.

La más antigua, la mencionada de Puerta Cerrada; otra es la fuente de los Delfines de la plaza de San Ildefonso, una obra de arte en hierro fundido, de finales del XIX o comienzos del XX. La actual fuente de Santa Isabel, datada hacia 1900. Más modernas, de los años 30 del siglo XX, se conservan las de la Cuesta de los Ciegos y de Cabestreros. Y casi tan antigua como la de Puerta Cerrada, la fuente de la plaza de las Peñuelas.

Esta plaza era el centro del barrio de las Peñuelas. Situado en las afueras del Portillo de Embajadores, al principio estaba poco poblado. Hoy la plaza, rodeada de edificios modernos, junto al Pasillo Verde Ferroviario, está ocupada por un pequeño parque.

Plaza de Peñuelas, plano 1866, y actualmente, agosto 2019.

 

El 13 de agosto de 1860 el diario La Correspondencia de España publicó que “Por una real orden reciente, ha sido autorizado el ayuntamiento de esta capital, para ejecutar las obras necesarias, a fin de establecer en el barrio de las Peñuelas, afueras del portillo de Embajadores, la fuente de la Dorotea que estuvo situada en el paseo de Recoletos, de donde se quitó al propio tiempo que la puerta de dicho nombre”.

Es posible que la fuente de la Dorotea, muy sencilla, de un caño, fuera trasladada a este barrio, pero no parece que se trate de la fuente que actualmente se encuentra en la plaza de las Peñuelas; tal vez estuvo en otro lugar del barrio, o pronto fue sustituida por esta, con dos caños.

Cuenta José del Corral que la fuente de la Dorotea consistía en un pilón semicircular adosado a un muro de donde salía el caño de agua –este tipo de fuentes fue muy habitual por entonces–.

A mediados de siglo sabemos que siendo alcalde don José de Osorio y Silva, duque de Sexto, se instalaron varias nuevas fuentes que fueron fotografiadas por Alfonso Begué que quedaron reflejadas en el “Álbum fotográfico de varias fuentes vecinales y de ornato existentes en la Villa de Madrid” que se conserva en el Museo de Historia.

Una de ellas, como la de Puerta Cerrada, fue la fuente de las Peñuelas, construida hacia 1860.

Fuente de Peñuelas. Foto: Begué, 1864 (foto: memoriademadrid)

En algún momento del siglo XX fue retirada y guardada en un almacén municipal. Hasta que en los años 80, durante la alcaldía de Enrique Tierno Galván, fue restaurada y reinstalada en su lugar. La pieza que la remataba casi se perdió, solo queda una parte de lo que debieron ser flores o formas vegetales.

Plaza de las Peñuelas, años 80 (foto: monumentamadrid)

El vaso o pilón circular, hoy día prácticamente oculto por los setos y la verja que la rodean, es de granito.

Agosto 2019

El pilar central, de planta cuadrada, es de piedra caliza. De dos de sus lados parten los caños de los que cae el agua.

Está formado por tres cuerpos distintos y con decoración tallada. En uno de los lados, bajo el remate, hay una inscripción con la fecha.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. La Librería, Madrid 2009.
DEL CORRAL, José. Sucedió en Madrid. La Librería, 2007.
La Correspondecia de España,13 agosto 1860 (Hemeroteca BNE).
monumentamadrid

 

 

 

Como contamos hace unos días, se están realizando obras de restauración y acondicionamiento del Viaje de agua de la Fuente del Berro para que una parte pueda ser visitable.

Algunos medios ya han publicado la noticia, tal como avanzamos. El propio Ayuntamiento ayer publicó la nota de prensa en su web.

Es interesante conocer que la obra tiene un coste de 320.778,85 euros, impuestos incluidos, a cargo de las Inversiones Financieramente Sostenibles, relativas a Medio Ambiente, de las cuales encontramos información también aquí.

La rehabilitación consistirá en la limpieza y reconstrucción de varios tramos del viaje de agua.

El primer tramo que se restaurará, obras que ya están en marcha, es el pozo y la cámara de acceso.

El acceso actual se realiza a través de un pozo, que vemos en la foto anterior, con su antigua tapa, similar a los de la red de alcantarillado, junto al cual se excava una cámara de entrada y se instalará una escalera de pasos alternados de unos 49 grados de pendiente.

Nos informa también la nota de que la obra finalizará a mediados de octubre.

Además se creará una página web específica para dar a conocer la historia de los viajes, un tríptico promocional y se instalarán paneles explicativos en el exterior.

Sea todo ello muy bienvenido.

Por Mercedes Gómez

Hoy el acceso al parque de la Fuente del Berro al final de la calle de los Peñascales estaba en obras. Y la puerta de entrada, junto a la fuente, estaba cerrada.

Detrás de un camión algunas personas estaban trabajando en torno a un gran agujero cuadrado excavado en el lugar donde se encuentra el acceso al viaje de agua Fuente del Berro, a espaldas de la fuente.

Fuente del Berro, 2013

Allí se conservaba la tapa de entrada al pozo del viaje, imagino que estará a buen recaudo, con la inscripción Viaje antiguo de agua Ayuntamiento de Madrid.

Las obras consisten, según me dicen, en su acondicionamiento para hacerlo visitable.

La persona que vigilaba y no permitía acercarse mucho me ha dicho que en breve se publicará una “nota de prensa”, y que pronto se podrá visitar.

Nosotros hace unos años ya contamos la historia del Viaje de Agua Fuente del Berro y tuvimos la suerte de saber cómo es su interior aquí.

Viaje de la Fuente del Berro, 2010 (Foto: Pedro Jareño)

Ahora parece que podremos entrar, recorrer una parte y conocerlo mejor. A veces, incluso en agosto, llegan buenas noticias.

Los viajes de agua son parte importantísima de la historia de Madrid, construcciones hidráulicas singulares características de nuestra ciudad. Es una alegría ver que estos últimos años el Ayuntamiento madrileño les ha dado un cierto valor. Antes que la Fuente del Berro se recuperó un tramo del Viaje de Amaniel, el primero visitable.

Esperemos que continúe esta política… y el próximo sea el posible viaje de la plaza de los Carros.

Son muchos los artículos dedicados a este tema en Arte en Madrid, si os interesa este es el enlace: Viajes de agua

Por: Mercedes Gómez

Ayer 26 de julio recordábamos a Antonio Machado, que nació en Sevilla ese día de 1875, pero vivió durante largo tiempo en Madrid, aquí creció, estudió, escribió, asistió a tertulias, vivió su amor secreto… Hablamos de su historia hace tiempo aquí.

Hoy he visitado una exposición en la Casa de Vacas en El Retiro en torno a ese amor, y otras muchas cosas interesantes que desconocía, “En torno a Guiomar”. Pincel y pluma en la Edad de Plata española.

La comisaria es Alicia Viladomat Martínez Valderrama, nieta de Pilar de Valderrama, Guiomar, el amor secreto de Machado.

La muestra es un homenaje de su descendiente a toda la familia y sus múltiples lazos con la cultura y personajes de la época (poesía, teatro, pintura…)

Pilar y su marido Rafael Martínez Romarate tuvieron tres hijos, Alicia, Mª Luz y Rafael. Alicia se casó con el cineasta y pintor Domingo Viladomat, padres de Alicia Viladomat. En ese árbol genealógico aparece también el artista Victorio Macho, casado con Mª Soledad Martínez Romarate, hermana de Rafael.

Rafael Martínez Romarate, recién casado con Pilar de Valderrama, 1912.

La primera parte de la exposición es la dedicada a Pilar de Valderrama (Madrid, 1889 -1979).

Guiomar y Antonio Machado (1928-1936)

El primer encuentro con Machado fue en 1928, en Segovia. En uno de los paneles leemos algunas cartas que él le envió a ella, que a mí me producen tristeza, pero sin duda son muy bellas.

De ella, un poema publicado en el diario ABC en 1970, Como si no me doliera.

La segunda parte muestra las pinturas de Domingo Viladomat (1913-1994).

Y en la tercera y última descubrimos la participación de Pilar y su marido Rafael en el mundo teatral, la creación del primer teatro de cámara, el Teatro Fantasio, en su propia casa del Paseo de Rosales, de 1929 a 1930.

Vemos también algunos de los proyectos para la escenografía de algunas obras representadas, de Viladomat.

Viladomat, Decorado para “Juan sin versos”, de Pemán.

Victorio Macho realizó los retratos de Rafael Martínez Romarate y de Pilar Valderrama. A ella la pintó con peineta y mantilla.

V. Macho. Retrato de Pilar Valderrama. 1919.

En la Casa de Vacas del Retiro. De 10 h a 21,30 h. Hasta el próximo miércoles 31 de julio.

Por: Mercedes Gómez

Desde su origen en la Villa de Madrid hubo pozos y fuentes que proporcionaban agua a los habitantes. Estas comenzarían siendo simples pilones, para ir tomando importancia como elementos de adorno, sobre todo a partir del siglo XVI.

Dentro del plan para solucionar las necesidades de agua en Madrid tras el aumento de población que provocó la llegada de la Corte en 1561, en los comienzos del siglo siguiente se construyeron viajes de agua y se instalaron numerosas fuentes públicas. La mayor parte eran muy sencillas, pero también se crearon algunas fuentes ornamentales con el fin de decorar el paseo del Prado primero, y las plazas más notables de la ciudad después. Una de ellas fue la Fuente de Diana en Puerta Cerrada que existió desde comienzos del siglo XVII hasta mediados del XIX.

En esos tiempos, en el siglo XIX, las fuentes estaban asignadas a los aguadores, que tenían licencia para recoger y vender el agua. También se construyeron algunas destinadas únicamente a los vecinos; fueron los llamados caños de vecindad.

Se conservan muy pocos; de todos ellos, el más antiguo es el de Puerta Cerrada, que data de 1850, instalado en el mismo lugar donde estuvo la mencionada fuente de Diana.

Ese año el arquitecto fontanero de la Villa era Martín López Aguado que realizó varios traslados y reformas de las fuentes madrileñas con el fin de mejorar la mala situación, ruinosa y poco higiénica de algunas de ellas. El objetivo, leemos en la revista La Ilustración, era “retirar de los puntos más frecuentados el obstáculo material que oponían a la circulación, y el repugnante espectáculo de los aguadores, con su innumerable escuadrón de cubetas, sus voces, riñas y cantinelas”. No todo debía ser tan idílico como a veces puede parecer según las crónicas castizas en ese Madrid de mediados del siglo XIX.

La antigua fuente de Puerta Cerrada fue demolida (la escultura de Diana que la coronaba fue trasladada a la nueva fuente de la calle de Segovia, donde continúa). En su lugar, entre las calles de Segovia y del Sacramento, se creó el sencillo caño de vecindad.

La fuente vecinal fue rematada con un farol, lo cual en ese momento era una novedad. También lo era el sistema de grifos, que permitían la interrupción del flujo del agua.

La nueva fuente de Puerta Cerrada consistía “… en un basamento de piedra berroqueña y de poca altura, con dos piloncillos de buen perfil: encima hay un pedestal de buen dibujo y proporciones, con su zócalo y corona de formas sencillas, que sostiene una elegante columna de hierro fundido, coronada por una hermosa farola para alumbrar aquel espacio…” .

La Ilustración, 1850 (Prensa Histórica Mº Cultura)

Unos años después fue fotografiada por Alfonso Begué, imagen que forma parte del “Álbum fotográfico de varias fuentes vecinales y de ornato existentes en la Villa de Madrid” que se conserva en el Museo de Historia.

Begué, 1864 (memoriademadrid)

A lo largo de los años la fuentecilla ha sufrido muchas modificaciones, lo cual es comprensible, dada su antigüedad, función y características.

En algún momento, posterior a 1864 como indica la foto de Begué, la modesta farola original fue cambiada por otra de cuatro brazos, con cinco luminarias, una en cada brazo y otra en el centro. Así aparecía en 1930.

La Esfera, 1930 (Prensa Histórica Mº Cultura)

Entre otros cambios, los pilones primitivos fueron sustituidos por otros semicirculares.

Nuevamente en muy mal estado, en 1995 el Ayuntamiento se encargó de su limpieza y algunas piezas fueron sustituidas.

Puerta Cerrada, 2004

Los pilones y el cuerpo central son de granito, y el pedestal de piedra caliza y granito.

Está adornada por rosetas de hierro forjado y placas de caliza blanca. De hierro es también la tapa de acceso al interior de la fuente.

No se exactamente desde cuando, pero hace muchos meses que la farola desapareció. ¿Dónde se encuentra?, ¿es recuperable? No he conseguido datos “oficiales” sobre su suerte.

Puerta Cerrada, julio 2019

Es seguro que la luz de la farola que era necesaria en 1850 ya no lo es, las calles madrileñas están muy bien iluminadas. Y probablemente el hierro forjado estaría deteriorado.

Pero se trata (¿o trataba?) de una de las pocas farolas de estilo fernandino auténticas que se conservan, aunque no de la época del reinado de Fernando VII. La farola de cinco brazos es posterior a 1864 al menos, como vimos, a no ser que fuera instalada procedente de otro lugar…

En cualquier caso, su valor histórico y artístico es indudable.

Lo cierto es que figura en el último Inventario municipal de Bienes muebles de carácter histórico o artístico de 2018 como “Fuente de Puerta Cerrada , fuente con remate de farol de cinco brazos”, catalogada como fuente ornamental con el número de archivo 90101.

Mientras, sigue cumpliendo su función, la de un caño de vecindad, el más antiguo de la villa.

Por: Mercedes Gómez

 

ACTUALIZACIÓN: 27 AGOSTO 2019

Decíamos que no se sabía exactamente desde cuando ni el motivo por el que había desaparecido la farola decimonónica que había adornado la fuente de Puerta Cerrada.

Hace unas semanas, ante la pregunta en Twitter de Eduardo de Madrid @demadrideduardo preguntando ¿alguien sabe qué fue de la farola de la fuente de Puerta Cerrada?, nos respondió Mar Espinar, concejal portavoz de Cultura del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, con la promesa de indagar sobre el tema.

Hoy nos ha enviado el informe que explica todo lo ocurrido. El mal estado de la farola, anclaje y falta de estabilidad, junto a una antigua y peligrosa instalación eléctrica, llevaron al desmontaje.

 

Muchas gracias a Mar Espinar por ayudarnos a conocer el penúltimo capítulo de esta histórica fuente.

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Bibliografía:

MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. La Librería, Madrid 2009.

monumentamadrid

Hace unos días tuve la suerte de visitar la pequeña, deliciosa exposición Dibujos de Alenza: escenas, costumbres y peligros de Madrid en el Museo Lázaro Galdiano. Un pequeño grupo de miembros del Instituto de Estudios Madrileños, del que tengo el placer de ser colaboradora, fuimos invitados y guiados por su comisario, Juan Antonio Yeves, Jefe de la Biblioteca Lázaro Galdiano. Un regalo.

El objetivo de la exposición es dar a conocer la figura y la obra del artista.

 

Leonardo Alenza

Leonardo Alenza nació en Madrid el 6 de noviembre de 1807. Su madre María Nieto murió cuando el niño aún era pequeño y en 1817 el padre Valentín se volvió a casar con la joven Micaela Bertrandi. Ambos, de situación modesta, le facilitaron los estudios, y él a cambio, vivió siempre con ellos y les ayudó.

En la muestra del Lázaro Galdiano, junto a las vitrinas que guardan las obras, vemos el retrato de El pintor Leonardo Alenza. La magnífica pintura, atribuida al propio artista, está datada hacia 1824. Pertenece a la colección de José Lázaro, aunque habitualmente no está expuesto, al menos hasta ahora.

L. Alenza (¿?) “El pintor Leonardo Alenza” (óleo sobre lienzo, h. 1824)

El retrato representa al pintor cuando tenía unos 17 años. Viste una levita, al estilo romántico, y bajo el brazo lleva una gran carpeta de dibujo; por entonces estudiaba en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde llegó a ser académico de mérito, lamentablemente por poco tiempo.

Una placa municipal en la plaza de San Ildefonso nº 4 indica que allí tuvo su estudio. Fue su domicilio, en el que murió, de tuberculosis, el 30 de junio de 1845, con solo 37 años.

 

Leonardo Alenza en el Museo Lázaro Galdiano

La colección de dibujos de Alenza, adquirida por José Lázaro, consta de más de trescientas piezas de las que se muestran treinta. Formaban parte de la serie que conservaba Micaela Bertrandi, tras la muerte de Leonardo y de su padre, quien ya había vendido muchas obras. Las que quedaban las entregó Micaela a Clemente Villa, cura de la parroquia de San Ildefonso, que también las fue vendiendo. La obra se dispersó. Además de la colección de José Lázaro, adquirida antes de 1913, se conservan obras en otros museos, como el Museo del Romanticismo, el Museo del Prado y la Academia de San Fernando. La Biblioteca Nacional también posee una gran colección de dibujos y grabados.

Alenza fue uno de los seguidores de Goya, quizá, tal como nos cuenta Juan Antonio Yeves, el menos copista, el más creativo de todos, con sus dibujos de gran calidad.

En la primera vitrina contemplamos varios álbumes con sus dibujos, como aquellos, podemos imaginar, que el joven Leonardo guardaría en su carpeta. Dibujos inspirados en los temas de Goya, con extrañas figuras y pesadillas.

L. Alenza. “La pesadilla del avaro”. (Tinta china con pluma y aguada de tinta china y sepia con pincel sobre papel, h. 1838)

Leonardo Alenza trabajó para varias publicaciones ilustradas, como El Semanario Pintoresco Español, de Mesonero Romanos, y Los españoles pintados por sí mismos. En otra vitrina se exponen también algunas estampas conocidas como los caprichos de Alenza, aunque en realidad eran escenas costumbristas.

Finalmente, contemplamos sus dibujos y acuarelas que reflejaron el Madrid que él pudo conocer. Los escenarios que vería cuando iba de caza, como al parecer él mismo decía, a los barrios bajos o a las cercanías del río, pero seguro también los tipos castizos que diariamente se encontraba en la propia plaza de San Ildefonso donde vivía, la Corredera y alrededores. Personajes de las clases más humildes, oficios varios, malhechores, escenas, costumbres y los peligros de Madrid.

Con pocos trazos era capaz de representar las majas, celestinas, charlatanes, aguadores, taberneros… y contar una historia. Con ironía, incluso con humor.

 

El tirador del dos

Son muchos los temas sugerentes que ofrece la muestra, pero vamos a detenernos en un personaje singular que nos ha descubierto el comisario.

Hoy nos puede resultar desconocido, pero en la época en que vivió Alenza, en la primera mitad del siglo XIX era un término utilizado. De hecho, aparece en el Compendio del diccionario nacional de la lengua española, editado en Madrid en 1852:

Tirador del dos: ratero que roba bolsillos y pañuelos.

El tirador del dos era el último en ese mundo de ladrones y timadores, un raterillo, heredero de los bajamaneros –ladrón ratero, según la RAE– de la novela picaresca del siglo de oro.

Como comentaba Rodríguez Marín en su edición de Rinconete y Cortadillo, de Miguel de Cervantes, era un “ladrón ratero, aprendicillo, vamos al decir, que comienza a deletrear en la cartilla ladronesca”, citando un ejemplo del Guzmán de Alfarache:

“… quien se preciare de ladrón procure serlo con honra, no bajamanero.” O sea, no un simple raterillo, tirador del dos.

Con gran habilidad, solo con dos dedos, los aprendices del robo buscaban en los bolsillos de sus víctimas, como hace este ladronzuelo mientras la mujer, su cómplice, distrae al incauto.

“Mientras le miman le roban” (Foto: @BiblioLazaro)

Volvemos a encontrar a nuestro protagonista en otra acuarela, a la derecha hay un personaje que no parece prestar mucha atención al grupo, entretenido, dedicado a lo suyo.

Alenza. “El zapatero leyendo El Eco del Comercio” (acuarela sobre papel, h. 1839)

Como en todo, había un escalafón. Así lo refleja una noticia de 1866 en La Época:

“Se ha descubierto… una compañía de ladrones perfectamente organizada y dirigida por un hábil capitán, entre los cuales se hallan de todas las especialidades en el género de latrocinio, desde el simple mechero y tirador del dos, hasta paradores y escaladores de casas”.

El tirador del dos, el que Alenza dibujaba, era el ratero más pobre, en ese Madrid castizo y humilde.

Él mismo murió en la penuria, como tantos artistas, después de su penosa enfermedad, tan joven –como otro gran romántico, Gustavo Adolfo Bécquer, unos años después–.

Solo gracias a la generosidad de sus amigos escritores y artistas se celebró un sencillo funeral en la iglesia parroquial de San Ildefonso, frente a su casa, y pudo ser enterrado.

Por: Mercedes Gómez

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La exposición se puede visitar en el:

Museo Lázaro Galdiano
Calle Serrano, 122
Dibujos de Alenza: escenas, costumbres y peligros de Madrid

Hasta el 11 de agosto.
De martes a sábado: de 10 a 16:30 horas. Domingo hasta las 15 h.

Bibliografía:

MARTÍN-MATEO, Albina. “Algunos dibujos costumbristas de Alenza del Museo Lázaro Galdiano”, Revista Villa de Madrid, Madrid, 1976, nº 50-51, pp. 21-25.
OSSORIO y BERNARD, Manuel. Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX. Madrid, 1868.
“Biografía de don Leonardo Alenza”, El Renacimiento, 18 abril 1847.
Real Academia de la Historia
ceres

 

Hace unos días, mientras preparaba una de las últimas entradas de este blog, buscando las huellas de Manuel Godoy en Madrid, fui al Museo de la Real Academia de Bellas Artes para completar el artículo. Pero es tan importante la presencia de Godoy en ese lugar que merecía un capítulo aparte. Godoy, nombrado por el rey Carlos IV, fue protector de la Real Academia.

Es conocido que el ministro consiguió reunir una gran colección de arte, entre cuyas pinturas más famosas se encontraban la Venus del espejo de Velázquez y las dos Majas de Goya. En 1808 cuando tuvo que huir de España, su colección fue confiscada. Actualmente se reparte entre la Galería Nacional de Londres –allí se encuentra la Venus del espejo–, el Museo del Prado y la Academia. La Real Academia recibió parte de la colección en 1815, entre otras obras las Majas de Goya, hasta 1901 en que fueron trasladadas al Museo del Prado.

Entre todas esas valiosas obras que habían pertenecido a Manuel Godoy se encuentran varios retratos del propio Príncipe de la Paz.

Manuel Godoy, joven Guardia de Corps fue retratado en 1788, cuando tenía 21 años, por Francisco Folch de Cardona. Se cree que pudo ser un encargo del propio Godoy o de los reyes.

Fco. Folch de Cardona, “Manuel Godoy, joven guardia de Corps”, h. 1787.

Pocos años después, en 1794, el encargo fue para el escultor Juan Adán, que realizó un busto en mármol ensalzando el poder de Godoy al representarlo como si fuera un emperador romano.

Juan Adán, “Retrato de Manuel Godoy”, 1794.

Frente a este busto se encuentra una curiosa Alegoría de la Paz de Basilea, que Juan Clemente Brinardelli pintó en 1795, exaltando la figura de Godoy, tras la firma de la paz entre España y Francia ese año.

Godoy como general o Manuel Godoy, príncipe de la Paz fue pintado en 1801 por Francisco de Goya por encargo una vez más del propio Godoy que por entonces ya era todopoderoso.

El Príncipe de la Paz fue representado con su uniforme de capitán general, la cruz de Santiago, la orden de Cristo de Portugal y la banda de Carlos III.

Francisco de Goya, “Manuel Godoy, príncipe de la Paz”, 1801.

Es uno de los cuadros que ingresó en la Academia en 1816, procedente de la colección incautada en 1808, junto con todas las obras que se incorporaron a la institución por orden del rey, tal como se recoge en acta académica: «… mandando S. M. se entreguen a la Academia todas las pinturas existentes en el Palacio de Buenavista, y fueron de don Manuel Godoy…».

Se conserva otro Manuel Godoy, Príncipe de la Paz obra de Antonio Carnicero.

Antonio Carnicero, “Godoy, príncipe de la Paz”, h. 1801-1803.

Agustín Esteve y Marqués en 1807 pintó Godoy como restaurador de la instrucción pública. Procedente de la Colección de Godoy, ingresó en la Academia en 1816. El cuadro ha sido restaurado en 2013. Es una de las copias que hizo Esteve del original de Goya, perdido. La pintura se encontraba en muy mal estado.

La otra, que no es exactamente igual, se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

En la obra, Godoy sostiene en su mano izquierda el tratado de Educación pública del pedagogo suizo Heinrich Pestalozzi.

Hacia 1816, estando ya en el exilio en Roma con los reyes, José Madrazo también lo retrató, de forma idealizada pues parece más joven a pesar de los casi 50 años que tenía por entonces.

José Madrazo, “Retrato de Manuel Godoy”, h.1816.

En el museo también se expone un gran Árbol genealógico de Manuel Godoy, de Cayetano Rodríguez (1804), encargado seguramente por él mismo, en el que no todos los datos son ciertos al parecer.

Cayetano Rodríguez, “Árbol genealógico de Godoy”, 1804. (óleo sobre lienzo, 327 x 233 cm.)

Cayetano Rodríguez, “Árbol genealógico de Godoy”, 1804 (detalle).

Es muy interesante el recorrido por la vida y obra de Godoy en la Real Academia, puede ser una excusa para acercarse a este museo. Pero son muchos los alicientes que ofrece la visita, obras de primer orden en un edificio singular.

El Museo de la Real Academia es sin duda uno de los mejores museos de Madrid, tengo la impresión que poco valorado en general. Su contenido es extraordinario, la web cada día más rica y útil, y su personal muy amable además de conocedor de la colección; me ayudaron mucho en este recorrido.

Hay que visitar el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Los miércoles la entrada es gratuita.

 

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

ROSE-DE VIEJO, Isadora. Manuel Godoy: Patrón de las artes y coleccionista. Tesis doctoral, Madrid 2015.

Guía del Museo

La primera vez que la vi, no se porqué, me sugirió la escena de una película, con música de fondo. Esa pasarela, aparentemente liviana, milagrosamente suspendida en el aire sobre la ruidosa autopista, desde el jardín me pareció un tanto poética.

La verdad es que el motivo de su existencia es mucho más prosaico, solucionar la incomunicación que la construcción de la M30 produjo entre el barrio de la Elipa y el centro de Madrid en los años 70 del pasado siglo XX. Desde O´Donnell hasta la calle de Alcalá, a la altura del Puente de Ventas –ese tramo se llamó Avenida de la Paz–, ya no había forma de cruzar a pie el antiguo arroyo del Abroñigal, entonces cubierto por la agresiva M30. Había que crear algún paso que permitiera salvar el gran obstáculo.

En 1976 se construyó la Pasarela de la Paz.

Se trata de una pasarela atirantada, según proyecto del ingeniero Javier Manterola, Premio Nacional de Ingeniería Civil, entre otras muchas cosas. Manterola tenía entonces cuarenta años, estaba por tanto en una de las primeras etapas de su larga e importante carrera, que felizmente continúa.

Dos grandes pilares de hormigón armado tiran de los gruesos cables que soportan todo el peso de la pasarela colgante que mide más de ochenta metros.

La pasarela une ambos barrios, la Elipa y la Fuente del Berro. Una obra de ingeniería, funcional, también bella. Y peliculera. Merece la pena el paseo.

Por: Mercedes Gómez

Hace ya casi cinco años que visitamos los Palacios de Godoy. Recordemos que Manuel Godoy, el poderoso valido del rey Carlos IV desde 1792, además de la colección de arte que llegó a reunir, otras casas y posesiones, en Madrid al menos fue dueño de tres palacios. El más famoso, conocido como “palacio de Godoy”, es el situado en la plaza de la Marina Española, actual sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

En ese edificio estuvieron durante un tiempo el Ministerio de Marina y el Museo Naval. Cuando estas instituciones se trasladaron al Paseo del Prado, con vuelta a la calle Montalbán, algunos elementos del antiguo palacio fueron instalados en la nueva sede. En la segunda planta del espectacular actual Cuartel General de la Armada, el despacho de Godoy y salas contiguas fueron reconstruidas con exactitud por los arquitectos del nuevo edificio en el Paseo del Prado, José Espelius y luego Francisco Javier Luque; en 1928 todo fue trasladado, incluidas las pinturas y decoraciones de los techos y paredes, y el mobiliario, además de otros tesoros, como el friso de mármol, el “Triunfo romano” de Alfonso Bergaz.

Exterior del despacho de Manuel Godoy en la calle Montalbán

El Despacho de Godoy se conserva casi íntegro.

Durante mucho tiempo este despacho ha sido un lugar desconocido para la mayoría de nosotros pues no se mostraba al público. Según nos cuentan solo hace alrededor de un año se ha abierto a las visitas (Semana de la Arquitectura, etc.) y hace pocos días he tenido ocasión de conocerlo.

Antes de llegar a la estancia se accede al Antedespacho, conocido como Salón del Rapto de Gamínedes por la pintura del techo. Aunque esta es la única al parecer que no es la tela original sino un copia.

Sí lo son los cuadros y los muebles, la mesa y los sofás de terciopelo con brazos de madera.

Esta sala da paso al despacho propiamente dicho. La pintura del techo, de finales del XVIII, es obra de José del Castillo. La lámpara también dieciochesca está siendo restaurada. Por ello la bella alfombra, de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, está tapada.

El medallón central del techo está decorado con unos amorcillos rodeados de las 12 figuras del Zodiaco.

Los muebles, la mesa, objetos de escritorio… son los originales de Manuel Godoy.

La decoración es compleja y muy suntuosa, obra –como fue la de todo el palacio de la plaza de la Marina Española– del francés Jean-Démosthène Dugourc, arquitecto y decorador del rey Carlos IV.

Esfinges, grifos, cuadrigas, corceles, victorias aladas… en madera de caoba, bronce y escayola dorada.

Contemplando esta estancia recordé que no es este el único despacho de Godoy que he visitado en Madrid.

En el Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes me mostraron una habitación de la primera planta conocida desde siempre como el despacho de Godoy.

Antiguo “despacho de Godoy”.

De esta salita del actual centro escolar procede un antiguo, pequeño mueble hoy situado en el despacho de la Dirección.

Recordemos que una de las caras quizá menos conocidas del poderoso valido es su contribución al mundo cultural y científico. Entre otras instituciones en 1793 creó la primera Escuela de Veterinaria que se situó en el Paseo de Recoletos, en unas casas junto a la Puerta de Recoletos. Godoy había muerto en 1851, treinta años antes de que se inaugurara la nueva sede de la Escuela de Veterinaria pero ¿tal vez la existencia de este despacho está relacionada con el pasado del edificio como Escuela de Veterinaria?

Pero hay más. En la Sala del Real Patronato de la Biblioteca Nacional que hace poco también tuve el placer de visitar con motivo de la 3ª edición de los Gabinetes Abiertos se encuentran otros muebles que pertenecieron a Godoy.

Se trata de una espléndida librería de caoba que ocupa las paredes de esta gran sala, que acogió su rica biblioteca de entre tres y cinco mil volúmenes, todos encuadernados en piel.

Tras su exilio en 1808 la biblioteca pasó al Museo de Artillería, hasta su traslado a la Biblioteca Nacional en 1842. Los libros se encuentran en distintos lugares de la BNE; los muebles y las huellas de Manuel Godoy permanecen en esta hermosa estancia.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

FRAGUAS, Rafael. “Godoy pervive en el paseo del Prado”, diario El País, 3 mayo 2011.

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