Los orígenes del Canal de Isabel II se remontan a la construcción del embalse del Pontón de la Oliva.  El día 11 de agosto de 1851 fue colocada la primera piedra de la presa de donde habían de partir las aguas que debían abastecer a Madrid.

Después de años de trabajo y muchas dificultades sufridas, por fin el 24 de junio de 1858 tuvo lugar la inauguración de la llegada del agua del río Lozoya a Madrid, desde el Pontón de la Oliva hasta el hoy llamado Primer Depósito del Campo de Guardias situado en la actual calle de Bravo Murillo. Este Canal primitivo que llevaba el agua hasta el norte de Madrid tenía un recorrido de 70 kilómetros con tramos de acueducto a cielo abierto y tramos subterráneos.

Pontón de la Oliva. Inicio Canal.

Con la traída de las aguas a Madrid fue necesaria la construcción de determinadas infraestructuras hidráulicas así como una red de instalaciones para su conducción y almacenaje. Una vez conseguida la llegada del agua había que repartirla por la ciudad para lo cual se construyó una red de conductos que llegaban a las fuentes y las casas. También se hizo necesario almacenarla. Los primeros depósitos estaban ocultos, enterrados o semi-enterrados.

Los primeros depósitos de agua del Canal forman parte de la Ruta monumental del Canal de Isabel II, formada por valiosas obras de ingeniería y arquitectónicas (acueductos, puentes, sifones… y depósitos).

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El Primer Depósito

El Primer Depósito fue construido en 1854, en las afueras de la ciudad junto a la carretera de Francia, en la zona conocida como Campo de Guardias; es la actual calle de Bravo Murillo, barrio de Vallehermoso, distrito de Chamberí.

El agua llegó el 24 de junio de 1858 en la memorable inauguración del Canal con la presencia de la reina Isabel II y otras autoridades.

Lucio del Valle, Director del Canal, dispuso que se levantasen las compuertas de la Casa-Partidor, “a los pocos instantes se precipitó el agua por la escalera de la entrada, formando una violenta cascada”. Según las reseñas publicadas en los periódicos de la época, se oyó un pavoroso estruendo.

El Museo Universal, 1858. (BNE)

El Depósito era un espacio impresionante, de planta cuadrangular, de 125 metros de largo por 86 de ancho, con 252 pilares de sección rectangular sobre los que se situaron once hileras paralelas de arcos de medio punto y bóvedas baídas de ladrillo. Fue atravesado de norte a sur por un gran muro partidor que lo dividía en cuatro cuadrantes. La cubierta fue ajardinada.

Plano de I. de Ibero (h. 1875)

En el centro de la fachada lateral este, en la calle de Bravo Murillo, se instaló la Fuente del Lozoya, diseñada por el ingeniero Juan de Ribera, con una escultura central, alegoría del río, obra del escultor Sabino Medina.

Foto: Jean Laurent, h. 1858. (BNE)

A los lados, dos esculturas representando la Agricultura y la Industria, de Andrés Rodríguez y José Pagniucci. Se trata de una fuente mural realizada en piedra y ladrillo de estilo neoclásico.

El Museo Universal, 1858 (BNE).

Pocos años después surgieron problemas; en 1867 comenzaron las filtraciones de agua. Se intentó rehabilitar pero el 30 de abril de 1894 se desaguó. Finalmente el Primer Depósito quedó fuera de servicio. Hasta 1990 en que fue rehabilitada una cuarta parte de su superficie para ser utilizada como Archivo General del Canal de Isabel II.

Archivo Central del Canal que ocupa parte de las antiguas instalaciones del Primer Depósito. (P. Candela, noviembre 2005). (En: madrimasd.org)

Con motivo del 150 aniversario del comienzo de las obras del Canal, en 2001 otra cuarta parte de este Primer Depósito albergó la exposición Agua y Ciudad: detrás del grifo.

Folleto exposición 2001

En la actualidad el depósito y la fuente, desgraciadamente sin agua, están rodeados por una valla.

Muro este

Al quedar fuera de servicio se realizaron una serie de obras que desvirtuaron el aspecto original del depósito. Se construyó un garaje, rampas para la entrada de automóviles, un edificio destinado a usos sociales… El cuadrante sureste que aloja el Archivo es el que se ha conservado perfectamente y el suroeste es el que fue utilizado para la exposición.

Muro sur

En 2001 se anunció que la sala, que se había acondicionado de forma provisional para la celebración y la exposición, sería reformada de forma definitiva para futuras muestras.

Desde entonces creo que no se ha vuelto a abrir al público, ojalá algún día se cumpla el antiguo proyecto y podamos visitarlo; además de una gran obra de ingeniería es un espacio arquitectónico fascinante, muy bello. Y ojalá que la fuente monumental vuelva a tener agua y podamos contemplarla sin vallas, es una de las más bonitas de Madrid.

Primer Depósito. Fuente del Lozoya.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

VVAA. Exposición Agua y Ciudad: detrás del grifo. Fundación Canal Isabel II, Madrid, 2001.

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Retomamos la historia del pintor Juan Vicente de Ribera cuya vida y obra conocimos en el artículo Juan Vicente de Ribera, pintor madrileño. Entre otras facetas, el artista destacó por sus pinturas al temple, en la que se mostró heredero de las técnicas ilusionistas introducidas en España por Mitelli y Colonna.

Como vimos, en 1685, al morir su maestro Francisco Rizi, continuó su formación con Antonio Palomino con quien trabajó hasta aproximadamente 1700. Desde al menos un año antes ya había establecido sus primeros contactos con la Compañía de Jesús, a la que estuvo vinculado toda su vida y para la que realizó un buen número de obras. Una de ellas, la que ha dado origen a la revisión de su obra y su recuperación a raíz de su restauración en 1994, fueron las pinturas de la cúpula de la Capilla de las Santas Formas, en la antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en Alcalá de Henares. Anteriormente habían sido atribuidas a Juan Cano de Arévalo. Las obras sacaron a la luz la firma del autor, Juan Vicente de Ribera.

Recordábamos en dicho trabajo el equívoco que arrastrado durante dos siglos provocó el olvido de este pintor, verdadero autor de la obra.

En esos momentos, estábamos en 2013, no pudimos visitar ni el Camarín de Nuestra Señora del Rosario en la iglesia de San Pedro Ad Víncula de Vallecas, ni la Capilla de San Ignacio en la iglesia del Hospital de Antezana en Alcalá de Henares, ambas en obras de restauración. Y ambas actualmente atribuidas a nuestro protagonista.

El Camarín de Nuestra Señora del Rosario en Vallecas por fin tuvimos el placer de conocerlo. Hoy os invito a visitar la Capilla de San Ignacio de Loyola en Alcalá de Henares.

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La Capilla de San Ignacio está situada a los pies de la iglesia del Hospital de nuestra Señora de la Misericordia, conocido como Hospital de Antezana. El origen de la casa se remonta al siglo XV, reformada y transformada en hospital en el XVI.

Hospital de Antezana (Hauser y Menet, h. 1910)

La primera Capilla de San Ignacio de Loyola se construyó en 1616 en recuerdo del santo que había llegado a Alcalá casi un siglo antes. En el Hospital estuvo alojado y trabajó como enfermero.

En 1667 fue ampliada y posteriormente decorada con pinturas murales, como decíamos atribuidas a Ribera, de las cuales quedan algunos restos.

Retablo de San Ignacio. Foto: Archivo Moreno (1893-1953) (IPCE)

El espacio que ocupa hoy la Capilla barroca corresponde a los dos pisos existentes en la época en que aquí vivió San Ignacio. El piso bajo, que ya sería alguna dependencia de la iglesia, y el piso superior que probablemente era el aposento que ocupó el santo. Eliminada la separación entre ambos pisos, quedó el lugar tal como hoy lo contemplamos.

La planta es rectangular, con una antecapilla cubierta con una bóveda de arista.

Y la capillita propiamente dicha cubierta con una cúpula sobre pechinas con linterna. Ambas estancias están separadas por un arco.

Las pechinas sobre las que se apoya la cúpula muestran la imagen de cuatro santos de la Compañía de Jesús: San Francisco de Borja, San Francisco Javier, San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka.

Curiosamente, la Capilla se construyó en el siglo XVII en el interior de una edificación anterior, del siglo XVI. Debido a ello la cúpula queda oculta a la vista –sobresale la linterna–. Actualmente, tras las obras de rehabilitación del Hospital, durante las visitas guiadas que ofrecen, desde el patio se puede observar el exterior de la construcción de ladrillo que conforma la cúpula, en el interior de una de las habitaciones del piso superior.

La casa original del siglo XV fue transformada en el XVI para alojar el hospital de caridad, como comentamos.

El estudio de los materiales ha mostrado que los utilizados en la capilla corresponden al siglo XVII.

En el interior de la capilla, en el retablo dorado hay un cuadro de San Ignacio de Loyola pintado en 1669 por Diego González de la Vega, discípulo de Francisco Rizi –igual que lo fue Ribera por cierto–. Debajo hay dos tablitas que representan a la Virgen y Cristo con la cruz, que podrían ser del mismo autor.

Los muros laterales muestran restos de las pinturas murales realizadas al temple por Juan Vicente de Ribera que un día los decoraron.

En el lado izquierdo hubo una cartela, que recogió Cabello Lapiedra en 1922, que decía: ” I H S / ESTA CAPILLA FUE EL APOSENTICO / EN QUE VIVIÓ PARA / ASISTIR A LOS ENFER / MOS S. IGNACIO / DE LOIOLA.”

Cabello Lapiedra. Revista de Arte. 1922.

Igual que las pinturas de la cúpula, prácticamente todas las de la parte inferior de los muros se han perdido.

En la derecha, donde hay una ventanita que da al patio, se conserva algo más de los murales de Ribera. Jarrones, flores, guirnaldas y falsos mármoles se combinan con restos de arquitecturas fingidas.

Realmente es una pena que no se conserven y poder contemplar la recoleta capilla en todo su esplendor, pero en cualquier caso merece la pena acercarse a visitarla y por supuesto conocer la iglesia y sus obras de arte.

Por: Mercedes Gómez

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Hospital de Antezana. Visitas guiadas.
Calle Mayor, 46
Alcalá de Henares.

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Bibliografía:

VVAA. “El hospital de Antezana (Alcalá de Henares, Madrid): estudio arqueométrico y análisis arquitectónico de ladrillos y morteros”. En: X Congreso Ibérico de Arqueometría: 2013, Museo de Bellas Artes de Castellón.
ROMÁN, C. y FERNÁNDEZ, J. Datos históricos y evolución arquitectónica de la Fundación Antezana. Alcalá de Henares, 1996.
GALINDO, Natividad. “El pintor madrileño Juan Vicente de Ribera”. Boletín del Museo del Prado. Vol XV, nº 33, Madrid 1994.
CABELLO LAPIEDRA, L.M. “San Ignacio en Alcalá”. Arte Español, Madrid 1922.

La Basílica Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced se encuentra en la calle General Moscardó 23, barrio de Cuatro Caminos, distrito de Tetuán, en la zona próxima al conjunto AZCA. Fue proyectada en 1949 en lo que entonces eran las afueras al norte de Madrid, en la prolongación del Paseo de la Castellana.

Recordemos que en los años 40, después de la guerra, se proyectó la creación o reforma de varios templos en Madrid. El de San Agustín, Espíritu Santo, Nuestra Señora de la Paz, Nuestra Señora de Covadonga… Y la Basílica Hispanoamericana dedicada a Nuestra Señora de la Merced.

Para esta última se convocó un Concurso de ideas cuyo motivo era la realización de un templo de la hispanidad compuesto por la iglesia y la residencia de los frailes de la merced, los mercedarios. Convocado el concurso, la Revista Nacional de Arquitectura publicó los trabajos presentados, siete en total.

Los proyectos de Miguel Fisac –de quien ya hemos visitado algunas de sus obras, entre ellas la iglesia de Santa Ana–, Luis de Villanueva, Manuel Muñoz Monasterio, Manuel Martínez Chumillas, Casto Fernández Shaw y Rodolfo García Pablos. El jurado encargado de calificarlo concedió por unanimidad el Primer Premio al trabajo presentado por los arquitectos Luis Laorga y Francisco Javier Sáenz de Oiza.

Sáenz de Oiza y Laorga casi nada más terminar sus estudios de arquitectura comenzaron a trabajar y juntos ganaron algunos concursos, uno de ellos este de la Merced. Serían los comienzos de una larga y fructífera carrera.

Los autores proponían una solución basilical clásica, adecuada al espacio alargado del solar, con un gran arco en la fachada principal, aunque alejada del puro historicismo. En el proyecto estaba previsto que la fachada estaría adornada con estatuas, como si fuera un retablo, que representarían escenas de la vida de la virgen realizadas en bronce.

Proyecto 1950 (Tesis Enrique Arenas Laorga)

Se anunció que el 12 de diciembre de 1949 a la una de la tarde sería colocada la primera piedra en presencia de todas las autoridades de la que sería una de las grandes iglesias de la Cristiandad debido a sus enormes dimensiones. En enero de 1951 terminaron las obras de cimentación.

(Foto de: twitter.com/Ls_Madriles)

La ejecución fue larga y problemática. Se paralizó durante largos periodos, los arquitectos no cobraban, se cambiaron algunas de sus propuestas; y las obras no terminarían hasta 1965. Al final Oiza y Laorga, que además de trabajar juntos eran amigos, acabaron también por tener problemas entre ellos, se separaron y renunciaron a su autoría.

Construida en piedra y bloques de hormigón no cabe duda de que se trata de un edificio imponente. Tiene 66 metros de largo, 35 de ancho y 42,5 de alto.

Bajo la nave de la iglesia se halla la cripta y a espaldas del templo, tras el ábside, se edificaron la casa parroquial y el convento.

La fachada principal está formada por el mencionado gran arco central, aunque a ambos lados del arco las dos torres proyectadas quedaron reducidas a dos calles lisas; y las esculturas que compondrían el retablo no llegaron a realizarse.

La entrada consta de tres puertas de hierro realizadas en 1970 por Joaquín Rubio Camín y Roberto Laorga; otras puertas del mismo material existen en los laterales. El hierro junto a la piedra y el hormigón son los materiales dominantes.

En el impresionante interior, con 25 metros de altura, la planta es de cruz latina. En los muros laterales hay dos grandes vidrieras lisas.

Otro de los muchos cambios obligados por motivos económicos y de todo tipo fue la cubierta. Los arcos de hormigón previstos fueron sustituidos por una estructura metálica que queda a la vista desde el interior y que se convirtió en una de las singularidades de la iglesia.

A ambos lados de la nave se encuentran las capillas, dedicadas a algunos de los paises hispanoamericanos.

El retablo de la Capilla mayor fue realizado en 1968 por Joaquín Rubio Camín. La figura principal es un Cristo crucificado acompañado de una serie de planchas de hierro y cadenas que dan a la obra un carácter abstracto.

El mismo escultor realizó también el fondo tras la imagen de la virgen, junto a Roberto Laorga que participó en muchos aspectos de la decoración interior, aunque estos también fueron modificados respecto al proyecto original.

La imagen de La Merced tallada en madera policromada fue realizada en 1970.

Es una copia de la virgen del siglo XIV que se encuentra en la iglesia de La Merced en Barcelona, patrona de esa ciudad.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

ARENAS LAORGA, Enrique. Luis Laorga, arquitecto. Tesis doctoral, ETSAM 2015.
GARCÍA GUTIÉRREZ, P.F – MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. Iglesias de Madrid. La Librería, Madrid, 2006.
Diario ABC, 12 enero 1951

La calle de Peñascales, en el actual barrio de la Fuente del Berro, distrito de Salamanca, es un ejemplo de calle nacida siguiendo los accidentes del terreno, en este caso un antiguo camino, el Camino de la Fuente del Berro.

A finales del siglo XIX el camino bajaba desde la plaza de toros –actualmente en su lugar se encuentra el Palacio de los Deportes–, cruzaba la ronda o foso del Ensanche –hoy calle del Doctor Esquerdo– y llegaba hasta la Quinta de la Fuente del Berro.

Plano de F. Cañada (h. 1900)

Junto al Camino, antes de llegar a la Quinta, se encontraba la Fábrica de Relojes de J. G. Girod que había sido fundada en 1860.

Nuevo Mundo, 1910 (Ayuntamiento de Madrid)

La Casa Girod era una de las industrias más importantes de Madrid. Sin embargo la barriada en la que se hallaba la fábrica no disfrutaba de buenas condiciones pues aún se encontraba sin urbanizar como se aprecia en la fotografía.

La empresa de Jorge Guillermo Girod construía relojes elegantísimos de alta precisión que ya se anunciaban en la prensa de comienzos de siglo, relojes de pared para viviendas o despachos, en los que trabajaban además de técnicos relojeros los mejores artistas ebanistas, y relojes de torre.

Uno de los relojes más famosos de la prestigiosa fábrica Girod que se conservan es el de la Casa Encendida, que fue la segunda sucursal de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid. El reloj de la torre fue sustituido por uno moderno pero la maquinaria original restaurada se guarda en una vitrina y se puede admirar en uno de los descansillos de la escalera que lleva a la azotea.

La sede central estaba en la calle Postas y tenían sucursal en Barcelona y en Suiza, desde donde se importaban relojes.

Nuevo Mundo, 1910 (Ayuntamiento de Madrid)

Allí donde estaba la fábrica, al norte del Camino, tal como vemos en los planos de la época, se creó el barrio del Porvenir del Artesano.

El Porvenir del Artesano era una Sociedad cooperativa que a finales de 1879 había adquirido terrenos cerca de la Fuente del Berro para la construcción de casas para obreros. Se construirían aproximadamente cincuenta viviendas para los miembros de la asociación que pagaban una pequeña cuota semanal. La asociación ya tenía por entonces una primera sección en la Moncloa; esta era la segunda, fundada en 1873, posteriormente se fundaría alguna otra. Cada sección estaba formada por cincuenta socios.

Aunque con muchas dificultades la cooperativa salió adelante y la primera casa se comenzó a construir en septiembre de 1881.

Plano Núñez Granés, 1910 (idehistoricamadrid.org)

La fábrica en 1910 tenía unos doscientos empleados muchos de los cuales eran vecinos del barrio.

Nuevo Mundo, 1910 (Ayuntamiento de Madrid)

En 1912 la fábrica Girod sufrió un grave incendio que la dejó prácticamente destruida. Para los trabajadores fue un drama pues perdían el empleo.

Foto: Alfonso (El Liberal, 1912) (BNE)

Pero fue reconstruida y aún tendría una larga vida en este barrio.

El antiguo Camino de la Fuente del Berro recibe el nombre oficial de calle de los Peñascales desde el 28 de diciembre de 1944. Para entonces la Casa Girod había abierto otra sucursal, una tienda con artículos de regalo, en el inicio de la calle Goya, en pleno barrio de Salamanca.

En la actualidad la calle Peñascales nace en la calle del Doctor Esquerdo. El gran desnivel del terreno sigue existiendo, hoy salvado por unas escaleras. Tras llegar a la Iglesia Parroquial de la Sagrada Familia, levantada en 1946, la rodea y continúa, adaptándose a las curvas del camino como antaño, hasta llegar a la Quinta, donde finaliza.

En el solar donde se encontraba la fábrica se levantó un gran edificio de viviendas.

Aún hoy algunos vecinos del barrio recuerdan la fábrica y a personas que en ella trabajaron, incluso los más jóvenes saben que ahí donde viven antes existió una fábrica de relojes. Según me cuentan algunos inquilinos del edificio actual, comenzó a ser derribada a finales de los años 60, comienzos de los 70 del pasado siglo XX.

Aunque al menos en 1972 seguía existiendo pues leemos en un anuncio de prensa que ese año la empresa buscaba un “cronometrador” y se indicaba que las solicitudes debían ser enviadas a J.G. Girod, S.A., calle Porvenir número 13.

Derribada la fábrica, durante un tiempo la manzana solo fue una gran descampado. En la década de los años 70 tuvo lugar la construcción del edificio actual que ocupa toda la manzana, entre las calles de Porvenir, Peñascales, Lanuza y Fundadores. En 1979-1980 ya vivían en él algunos de los primeros ocupantes.

Del Porvenir del Artesano únicamente subsiste como recuerdo la pequeña calle, la calle del Porvenir.

El nombre fue asignado por acuerdo municipal en 1887 aunque anteriormente ya se utilizaba de forma extra-oficial pues desde que nació esta calle fue el centro del antiguo barrio del Artesano y de la vida alrededor de la fábrica de relojes.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

La Unión, 6 nov 1879; El Globo 27 oct. 1879; La Iberia, 29 oct. 1879; Nuevo Mundo 21 abr. 1910; El Liberal, 16 agosto 1912.

 

Queridos amigos:

Un año más, siguiendo la tradición, os invito a celebrar nuestro cumpleaños. ¡Cumplimos nueve años!

Nuevamente hemos visitado iglesias, jardines, museos, exposiciones, edificios singulares, hemos contemplado monumentos, pinturas, conocido la obra de nuestros arquitectos, hemos ido al teatro, subido a algún cerro, paseado por el Madrid romano, el Madrid medieval… felizmente Madrid es inmenso y siempre existen obras de arte o lugares por descubrir.

Como siempre, solo puedo daros las gracias por vuestra compañía, a todos los posibles lectores, por supuesto a los que aunque sea de forma ocasional os ha podido interesar algún tema o habéis formado parte de la tertulia en algún momento. Y sobre todo gracias a todos los que a lo largo del año habéis participado con vuestros comentarios, infinitas gracias,

Alejandro, Alfonso Calle, Almudena, Álvaro González, Amparo Berlinches, Ana María, Ana, Andrés, Ángel Pérez, Anne Barcat, Antonio Iraizoz, Armando, candelaigualador, capa212, carlos rodríguez zapata, Carmen porras pasamontes, Carmen Requejo Sánchez, Carolina, Daniel gil, David Luigi, davidguty77, El Sereno de Madrid, Elena, Emilio Guerra, Enrique Pernia Maraver, Enrique, ensondeluz, Fernando Escolano Orte, Fernando, fonso10t, Francisco de la Cal, Francisco López, Gustavo Martínez, Isabel Uriarte, j_jimenezpi, Javier Jiménez Pilar, Jembres, Jesús C.V., JM Cab, José Luis Díaz, jose, Juan Carlos García, julian, Lázaro, Leonardo Hernández, M.E. del Real, madridconm, Maillo Romero, Marcos, Margarita, María José Bayón, María Luisa de Andrés, María Paz Ramos, Mariarosa, Maribel Piqueras, Marta, Miguel Ángel, Miguel, moreno2016, murallareciclada, NC, Nicoletta De Matthaeis, nictemeronews, Nuevas miradas de Madrid, Pablo Jauralde Pou, Pablo Montejo, paloma, Pedro, Pepa, pepiño, Rafael Martín Moyano, Ramón Oria, Roberto Manzano del Pino, Rosa, Salvador Quero, Santiago Esteban Hernán, Sor Lola Pérez Mesuro, Telesforo, ungatopormadrid, Vega Briones, Victoria Veguin Casas, Victoria, Yolanda Pérez Martínez.

Saludos y besos

Mercedes

 

 

 

La Casa de la Panadería está situada en el lado norte de la Plaza Mayor, antigua Plaza del Arrabal. Hace tiempo, con motivo de nuestra visita al Salón Real, contamos brevemente su historia. Hoy hablaremos de las pinturas que a lo largo del tiempo han adornado su fachada.

Juan de la Corte. Fiesta en la Plaza Mayor, h. 1630 (Museo de Historia)

El día 2 de agosto de 1672 hubo un gran incendio, el segundo de los tres que sufriría la plaza –el primero había tenido lugar en 1631–, en el que de la Casa de la Panadería únicamente se salvaron el sótano y la primera planta. El 7 de septiembre el Ayuntamiento aprobó la construcción de una nueva. La obra fue terminada diecisiete meses después, conservando la antigua traza de tres cuerpos con balcones y las dos torrecillas en los extremos. En el centro del primer cuerpo se situó el balcón del Salón Real.

Durante mucho tiempo algunos autores han considerado que Claudio Coello fue el autor de los frescos que la adornaron. Pero no fue así, hoy se cree que la decoración exterior es posterior al siglo XVII, como veremos.

Se sabe que en el siglo XVIII se adornó la plaza, pintándola desde los tejados hasta las basas de las columnas de azul y blanco; se colocaron azulejos entre ventana y ventana y los balcones se pintaron de negro. La fachada de la Panadería se adornó especialmente, con la pintura al fresco de medallas y festones de flores, y sus balcones pintados de verde y oro y el balcón del Rey dorado.

La imagen conocida más antigua de las pinturas podría ser el cuadro de Lorenzo de Quirós Ornato de la Plaza Mayor, con motivo de la entrada en Madrid de Carlos III, realizado hacia 1760.

Lorenzo de Quirós. Proclamación de Carlos III en la plaza Mayor, h. 1760. (Depositado por el Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el Museo de Historia)

Como decíamos, los frescos fueron atribuidos a Claudio Coello, también a José Jiménez Donoso y a Francisco Pacheco. Sin embargo estudios más recientes indican que son posteriores, obra de la segunda mitad del siglo XVIII de Luis González Velázquez (1715-1763).

Lorenzo de Quirós. Proclamación de Carlos III en la plaza Mayor, h. 1760. (Depositado por el Museo Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el Museo de Historia) (Detalle)

Lo cierto es que ya Ceán Bermúdez así lo citó en su Diccionario histórico publicado en 1800 como autor de los “adornos y niños de claro oscuro en la fachada” de la Panadería.

También Antonio Ponz en su Viaje de España (que comenzó a publicarse en 1772) escribió al referirse a la fachada de la Panadería que “entre las ventanas hay pinturas de claro, y oscuro, en que se representan Niños, y otras figuras, que executó D. Luis Velázquez”.

El Semanario Pintoresco Español, que recogió estos datos, publicó en 1844 que “en los ángulos se levantan dos torres cuadradas , y entre las ventanas hay pinturas de claro oscuro, obra de Luis Velázquez, terminando el todo con una elegante cubierta de pizarra que da buen remate al conjunto”.

Semanario Pintoresco Español, 1844.

De estas pinturas el Museo de Historia de Madrid posee un documento impagable.

Procedente de la Biblioteca Histórica, desde 1998 el museo municipal guarda un álbum que contiene una albúmina y catorce acuarelas sobre cartulina (29×18 cm.) que reproducen algunos de estos frescos pintados sobre la fachada de la Casa de la Panadería que existieron hasta al menos 1880, creadas con el fin de que quedara constancia de ellos antes de proceder a realizar la nueva decoración.

Las acuarelas fueron realizadas en 1880 por el pintor Manuel Fernández Sanahuja siguiendo las indicaciones del informe emitido por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando a petición del Ayuntamiento de Madrid.

Una de las inscripciones del álbum dice que las catorce acuarelas que contiene este libro son copia exacta de algunos de los frescos que existen en la fachada … Dichos frescos desaparecerán dando lugar a otros, que según dictamen de la Real Academia de San Fernando serán pintados por el que sea referido en el concurso que al efecto se abrirá.

Las inscripciones, firmadas por Fernández Sanahuja, indican las figuras que copió. Eran grisallas, a las que se añadió los colores azul y dorado sobre fondo rojizo que representaban figuras al trampantojo, con efecto escultórico. Ángeles que portaban jarrones o elementos vegetales y seis medallones con las figuras de seis musas.

Las seis primeras, del piso principal, eran las que estaban mejor conservadas.

(Primer piso) (memoriademadrid.es)

El séptimo era uno de los cuatro de los costados, solo se copió uno ya que los demás eran iguales.

(Costado primer piso)

Lo mismo ocurrió en el segundo piso, cuyas pinturas estaban en bastante mal estado.

Musa (2º piso)

(Costado segundo piso)

De los del tercer piso quedaban tan escasos restos que no se pudieron copiar.

El 17 de noviembre de 1879 se había acordado no restaurar las pinturas que estaban muy deterioradas y convocar un concurso para seleccionar el pintor que realizaría las nuevas.

Al concurso se presentaron entre otros Ramón Mélida y Salvador Martínez Cubells. También Arturo Mélida presentó un proyecto al concurso para la decoración de la fachada de la Casa de la Panadería con el lema “Arquitectura y Pintura”, con cariátides clásicas y jarrones, conservado en el Museo de Historia; Mélida incluyó el busto de Juan de Villanueva, autor de la reconstrucción de la plaza tras el incendio de 1790, el tercero que sufriría.

A. Mélida. Proyecto para el concurso de la Casa Panadería, 1881 (no seleccionado) (Museo de Historia)

El concurso lo ganó el pintor Salvador Martínez Cubells, aunque Arturo Mélida consiguió un accésit con su proyecto y en 1901 llegó a participar de alguna manera en la restauración de la fachada –además de en el interior del Salón Real, como ya vimos–, considerándose este su último trabajo. Murió al año siguiente.

Por algún motivo –los retrasos parecen algo habitual en Madrid desde antiguo– los nuevos frescos en sustitución de los de Luis González Velázquez los pintó Enrique Guijo en 1914 –en enero de ese año había muerto Martínez Cubells–.

Recordemos que Enrique Guijo durante su estancia en Madrid colaboró con el Ayuntamiento junto al arquitecto municipal Luis Bellido en varios trabajos. Uno de ellos fue la realización de los nuevos frescos en la fachada de la Panadería –además participó en la restauración de los azulejos y pinturas del interior del Salón Real–.

Plaza Mayor: Casa de la Panadería (1893-1954). Archivo Moreno (IPCE)

En los años 80 del siglo XX, ante el mal estado de los frescos, nuevamente debido a la climatología, el sol y los sucesivos repintes se decidió renovar las pinturas de Guijo. En 1988, a la vez que se realizaba una nueva restauración de la Casa de la Panadería, el Ayuntamiento de Madrid convocó un nuevo concurso.

En el concurso restringido participaron los artistas Sigfrido Martín Begué, Guillermo Pérez Villalta y Carlos Franco, que fue el ganador.

Casa de la Panadería (2017)

Los motivos elegidos, que son los que podemos contemplar en la actualidad, tenían relación con la mitología y la historia madrileñas. Vemos a Cibeles, Cupido, Baco, sátiros, venus, leones, gatos, tritones, jarrones, … las figuras miden unos tres metros y medio y recuerdan las antiguas pinturas barrocas. A los colores de la carne de las figuras se suman nuevamente los azules y los dorados.

En lugar de la pintura al fresco, tan delicada, el pintor Carlos Franco utilizó pintura al silicato, más resistente.

En 2015-2016 tuvo lugar en el Palacio Real un gran ciclo de entrevistas organizado por Patrimonio Nacional, “En torno al arte contemporáneo. Conversaciones con artistas en Palacio”. Una de ellas fue la realizada por Estrella de Diego a Carlos Franco. Naturalmente hablaron de las pinturas de la Plaza Mayor.

Contó Carlos Franco cómo acometió este encargo público tan importante, con la colaboración de ocho pintores, pero siempre siendo él responsable de cada detalle y del resultado final que debía ser unitario; cómo se enfrentó a la técnica de la pintura mural recurriendo al Libro del arte de Cennino Cennini, las dificultades con los colores al trasladarlos del papel al muro…

Piensa el artista que, entre los grandes pintores que concursaron, él fue elegido por ser su propuesta la más barroca. Cuenta que en aquellos momentos se debatía si debía considerarse a la Panadería una obra de Juan de Villanueva que recordemos reconstruyó y reformó la plaza a finales del siglo XVIII, o si era una obra del Barroco madrileño. Felizmente predominó esta última idea, de acuerdo con el origen de la plaza y el edificio. El proyecto de Carlos Franco, totalmente barroco –como lo habían sido las figuras de Guijo–, fue el ganador.

La obra duró entre seis y siete meses de trabajo efectivo, pero se alargó en el tiempo tres años debido a los muchos problemas que surgieron y al cambio de alcalde, que se produjo hasta en tres ocasiones. Con dos años de retraso, las pinturas se dieron por finalizadas en 1992.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Dibujos en el Museo de Historia de Madrid: Arquitectura madrileña de los siglos XIX y XX. Museo de Historia de Madrid, 2010.
SÁNCHEZ-CABEZUDO, Ángel. “Enrique Guijo, artista esencial en el historicismo cerámico de Talavera”. En Renacimientos: la cerámica española en tiempos de Ruiz de Luna. Universidad Castilla-La Mancha. Cuenca 2010.
GUERRA, Esperanza. “La Casa de Panadería”, Revista de la biblioteca, archivo y museo. Ayuntamiento de Madrid, oct. 1931.
Conde de POLENTINOS. “La Plaza Mayor y la Real Casa Panadería”. Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Madrid, 1er. trimestre, 1913.
“La Casa Real de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid”, Semanario Pintoresco Español, 22 dic., 1844
Ayuntamiento de Madrid
Los frescos de la Plaza Mayor, memoriademadrid, 25 enero 2012.

Daniel Canogar es sin duda un artista internacional, por formación, trayectoria y obra, pero nació en Madrid y a su ciudad vuelve de vez en cuando. Recuerdo sus innovadoras exposiciones en 2011, Travesías en el Depósito del Canal de Isabel II y Vórtices en la Fundación Canal. La buena noticia es que hasta el próximo 28 de enero podemos visitar una de las exposiciones más sugerentes y singulares que se pueden ver estos días en Madrid, sus Fluctuaciones en la Sala Alcalá 31. Una muestra nada convencional que habla de los cambios tecnológicos y cómo afectan a la sociedad, a todos nosotros, bajo una mirada –además de tecnológica– un tanto poética.

Su obra es el resultado de un largo proceso de reflexión y trabajo. Él mismo nos cuenta que se ha sumergido en chatarrerías y mercadillos en busca de ejemplos de tecnologías obsoletas que definieron nuestra existencia en un pasado no muy lejano, ya que los objetos de los que nos despojamos son un preciso retrato de lo que hemos sido.

Aparte los diferentes niveles o puntos de vista desde los que como espectadores podamos acercarnos a las obras e instalaciones expuestas, y del proceso que el artista ha desarrollado hasta llegar a lo que podemos hoy contemplar, hay que decir que el resultado es, además de cargado de contenido, muy bello.

No es casualidad que la primera obra del recorrido está creada con cables de líneas telefónicas, hoy prácticamente en desuso. Es significativo que los cables fueron recogidos por él mismo en un contenedor. Lo que hasta hace poco era un elemento tecnológico de comunicación para todos nosotros hoy es un material de deshecho convertido en una obra escultórica viva.

Pneuma 5 (2009)

Daniel Canogar nos invita a asistir a un proceso, a una inevitable realidad: la vertiginosa evolución de la tecnología y los cambios que origina en la sociedad y en nosotros mismos.

La exposición está organizada en torno a la instalación Sikka Ingentium, en perfecta sintonía con el edificio de Antonio Palacios que acoge la espectacular Sala Alcalá 31.

Sikka Ingentium (2017)

Son dos mil cuatrocientas películas en formato DVD, reunidas a lo largo de dos años por el artista, en rastrillos, tiendas de segunda mano o videoclubs, antes tan visitados por todos nosotros, ahora cerrados o a punto de cerrar. Fragmentos de estas películas se proyectan sobre los DVD y las bandas sonoras se mezclan creando una nueva composición.

Los videos más vistos de YouTube descargados por un ordenador que se funden en una única composición abstracta; pantallas LED, tan presentes en nuestra vida cotidiana, convertidas en material flexible que exhibe su interior y por animación generativa reaccionan y proporcionan datos en tiempo real. Como Xylem (2016) animación creada con datos financieros de 383 fondos índice del mundo con una gama de colores de las más importantes monedas…

Magma (2017)

Contemplando Small data nos sentimos identificados, estamos ante nuestra memoria particular y colectiva. Conseguidos en chatarrerías y centros de reciclaje, los objetos expuestos, cintas VHS, teléfonos, calculadoras, viejos discos duros… han formado parte de nuestra vida hasta hace no demasiado tiempo. Sin embargo parecen tan antiguos que inspiran un sentimiento extraño, una cierta ternura, al verlos resucitar mediante videoproyecciones. El propio Canogar nos cuenta que se trata de arqueología tecnológica.

Small data (2014)

Y terminamos contemplando manos, las del propio artista. La mano, tan importante en la creación artística a lo largo de la historia, hoy ha perdido protagonismo. Lo manual ha cedido su espacio a lo electrónico. Daniel Canogar nos propone que reflexionemos sobre esto y decidamos qué queremos, también le interesa saber, se pregunta qué nos sugerirá su obra y seguro intenta buscar su propia huella en la Era electrónica.

Plexus (2016)

Daniel Canogar. Fluctuaciones.
Sala Alcalá 31, hasta el 28 de enero.
De martes a sábados: 11.00 a 20.30 h
Domingos y festivos: 11.00 a 14.00 h (cerrado 6 de enero)

Por: Mercedes Gómez

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Más información:

Catálogo Daniel Canogar. Fluctuaciones. Comunidad de Madrid, 2017.

Web Daniel Canogar

 

El belén barroco quiteño de Las Carboneras

 

Queridos amigos:

Un año más, os deseo una Feliz Navidad y que paséis unas muy felices fiestas.

En esta ocasión hablando de uno de los belenes más bonitos de Madrid, el belén barroco quiteño del Monasterio del Corpus Christi, más conocido como Las Carboneras. El monasterio es sin duda una de las joyas de la arquitectura y del arte barroco madrileños que ya ha cumplido sus cuatrocientos años de vida habitado por las monjas jerónimas. Su fundadora fue Beatriz Ramírez de Mendoza, bisnieta de Beatriz Galindo La Latina y de Francisco Ramírez el Artillero.

No se conoce exactamente la historia del belén ni cómo llegó al convento, pero sí se sabe que aquí se encuentra desde su fundación en 1605; se trata por tanto del belén más antiguo de Madrid.

Es de origen ecuatoriano y fue realizado a finales del siglo XVI o comienzos del XVII en su capital, Quito, en madera policromada al estilo barroco.

Se representan los misterios del Nacimiento y la Epifanía. Además hay dos personajes que eran habituales en los belenes en época de los Austrias aunque luego desaparecieron. Se trata de El Caballero de la Estrella, que guía a los magos y El Heraldo que con su trompeta anuncia la llegada del Gran Rey de reyes.

Visitadla esta Navidad, la iglesia de Las Carboneras acoge obras de arte deslumbrantes, siempre merece la pena, además estos días con el aliciente del delicado belén quiteño.

Y un año más, ¡muchas gracias! por vuestra compañía. Con el deseo de que el próximo año sigamos compartiendo historias madrileñas.

Muchos saludos y besos

Mercedes

Como hemos visto en artículos anteriores, en los terrenos que hoy ocupa la ciudad de Madrid han existido grupos de población, más o menos estables, en la edad del bronce, incluso alguna villa romana, aunque eso no significa que existiera un núcleo urbano.

Y como sabemos es muy posible que incluso propios grupos musulmanes pudieron vivir aquí antes de que en la segunda mitad del siglo IX llegara el emir Muhammad I, se estableciera con su ejército y mandara construir la muralla, la llamada muralla árabe, en torno al primer recinto conocido como Mayrit.

Maqueta evolución urbana de Madrid siglos IX al XIX (Museo de San Isidro)

Un momento importantísimo de nuestra historia ocurrió hacia el año 860, cuando el mencionado emir de Córdoba Muhammad I (que estuvo en el poder entre los años 852 y 886) fundó Mayrit, en principio como torre de vigilancia, gracias a su situación estratégica, que se convertiría en el origen de la villa de Madrid.

Hace ya seis años que hablamos aquí del Madrid islámico en el Museo de San Isidro. Desde entonces es grato comprobar que el interés por esta etapa histórica y sus restos arqueológicos ha crecido enormemente. Como ha transcurrido ya mucho tiempo y el museo muestra una renovada y más amplia exposición dedicada al Madrid de los siglos IX al XI ha llegado el momento de visitarlo nuevamente y actualizar la información.

Una hermosa vitrina guarda diversos objetos y cartelas que explican cómo pudo ser la vida cotidiana en aquel Mayrit remoto.

Entre estos emocionantes vestigios de tiempos pasados encontramos referencias a algunas de las actividades que tuvieron lugar en aquel Madrid medieval, en la medina de Mayrit que surgió junto al castillo primitivo.

De las manufacturas existentes en aquella época quizá la más importante fue la alfarería, la fabricación de útiles domésticos, ollas, cazuelas, cuencos… recipientes alabados por su capacidad para mantener los alimentos calientes o conservarlos durante mucho tiempo. Las ollas se colocaban sobre hornos o anafres, o directamente sobre el fuego.

Olla del siglo X (pl. de Oriente) sobre Hornillo o anafre (de sg. IX-XI)

Eran los cacharros que los mayrities utilizaban para guardar, cocinar y tomar sus alimentos, de una cerámica tan buena que se hizo famosa. Existe una descripción anónima de Al-Andalus en el siglo XI que dice:

Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano”.

Jarra, Cuesta de la Vega (siglo X-XI) y botella o redoma, plaza de Oriente (sg. IX)

La mayor parte de objetos proceden de las excavaciones de la Cuesta de la Vega y la plaza de Oriente, zonas pertenecientes o próximas al primer recinto; aunque también se han producido hallazgos en otros lugares extramuros, en el exterior del primer recinto árabe, en los llamados arrabales, como la plaza de los Carros. Llama la atención, entre los útiles domésticos, un mango de cuchillo hallado en la que fue Casa de Iván de Vargas.

Los candiles, realizados igualmente por los artesanos musulmanes, jugaban un papel importante en la vida cotidiana.

Candiles siglos X-XI

Unas torteras o pesas de hilar halladas en la Cuesta de la Vega dan muestra de otra actividad que se desarrollaba en la medina, expuestas junto a unas monedas, dirham, dinar, tercio de dinar y dobla, utilizadas en la época islámica.

Además de los útiles domésticos, otros objetos revelan detalles sobre la vida de nuestros antepasados. Se sabe que uno de los juegos que los árabes introdujeron en Al Andalus fue el ajedrez; uno de los hallazgos de la Cuesta de la Vega fue un peón de ajedrez.

Otro aspecto importante de la época es el agua.

El agua era abundante, gracias a los arroyos y manantiales subterráneos de los cuales se extraía mediante pozos. En algún momento los árabes debieron aplicar su técnica de construcción de los viajes de agua, como hemos visto hace pocos días al hablar de la plaza de los Carros. En cualquier caso, los numerosos arcaduces hallados, de los que se expone una pieza, demuestran la existencia de norias movidas por animales. Desde fuentes o desde los pozos el agua que se guardaba en tinajas o cántaros llegaba a la población que la consumía en las jarras de la buena cerámica mayrití.

Cantimplora, Plaza Oriente y Cántaro, plaza de los Carros (IX-XI)

Los pobladores de la medina se dedicaban, además de a la alfarería, a la agricultura y la ganadería.

Pequeñas huertas eran explotadas tanto dentro como fuera de los muros. Un cartel titulado Una medina ajetreada explica todo esto. La ganadería se basaba sobre todo en la explotación de ovejas y cabras, vacas, caballos… no solo para obtener alimentos sino productos secundarios como la leche o el cuero.

La agricultura era muy importante en Mayrit. La cebada y el trigo eran los cereales principales, también cultivaban legumbres, etc. Y diferentes clases de árboles. Había encinas, pinos, cerezos, nogales, madroños, manzanos, … una vegetación muy rica. Semillas de vid, melón, zarzamora…

La religión formaba parte de la vida cotidiana por lo que aparecen referencias a Alá en objetos y recipientes. Se han hallado en silos restos de huesos de animales con inscripciones religiosas y se cree que este hecho puede tener un sentido ligado a la magia, con el dios como protector de los alimentos que se guardaban en esos lugares. Se expone en el museo un ejemplo, un omóplato de vaca con inscripción árabe hallado en el solar de la Cava Baja 30, antiguo arrabal.

Omóplato de vaca. Siglo XI. Cava Baja 30.

Gracias a los restos arqueológicos sabemos que durante el período islámico en aquellos entonces abruptos terrenos además de vida militar se desarrolló una vida cotidiana, familiar, cultural y comercial; además de útiles domésticos y de otro tipo, han aparecido restos que revelan la existencia de basureros, hornos, huertos, pozos de agua … que muestran que allí hubo actividad agrícola y artesanal.

Todo esto nos ayuda a comprender, a imaginar cómo pudo ser la vida en el Madrid de los siglos IX al XI. Además de la población militar hubo otros dos grupos sociales. Los notables o sabios, el más famoso de ellos fue el astrónomo y matemático Maslama al-mayrití, Maslama el madrileño, aunque no el único; hubo médicos, maestros de la escritura, etc. Y los trabajadores, comerciantes del zoco, artesanos, alfareros, campesinos…

Todas estas piezas en la vitrina, tan interesantes y bonitas, nos hacen pensar que al fin y al cabo son una mínima parte de lo hallado, de lo que podría aparecer si se excavaran zonas de interés arqueológico en un futuro y de cuánto nos queda por aprender.

Por Mercedes Gómez

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Museo de San Isidro. Los orígenes de Madrid.

Plaza de San Andrés, nº 2

La fuente de la Fama, obra de Pedro de Ribera, fue originalmente conocida como la fuente de Antón Martín debido a que esta plazuela fue su primera ubicación.

Ribera, que por entonces era Arquitecto Mayor de Obras Reales y Maestro Mayor de las Obras de Madrid, recibió el encargo de Felipe V de crear una serie de fuentes para abastecer a Madrid que a la vez sirvieran de adorno de la ciudad. La destinada a Antón Martín fue proyectada en 1716, aunque las obras comenzaron en 1731 cuando Ribera ya había alcanzado el cargo de Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y sus Viajes de Agua.

El maestro cantero fue Pedro de la Piedra y el encargado de las esculturas, Juan Bautista.

Foto: Alfonso Begué. 1864. (Museo de Historia)

Se trata de una obra que explica perfectamente el arte del arquitecto Ribera, uno de los representantes del barroco tardío madrileño, llamado barroco castizo, junto con Ardemans y Churriguera, hoy felizmente valorado, pero no siempre fue así.

Como ya contamos a propósito de la historia del Hospicio de San Fernando hoy sede del Museo de Historia, son de sobra conocidas las críticas tan crueles a las que los cronistas madrileños del siglo XIX (Mesonero Romanos, Madoz, Monlau, Fernández de los Ríos…), defensores del neoclasicismo, sometieron a Pedro de Ribera y a la fuente.

Don Ramón de Mesonero Romanos en su paseos por El Antiguo Madrid, publicado en 1861, al hablar de la Fuente de Antón Martín se refirió a ella como caprichosa y una lastimosa aberración. Pascual Madoz por su parte calificó a los delfines grandotes, los niños que se cobijan en conchas y las hornacinas con floreros de trivialidades y ridiculeces que terminaban con la figura de una fama. No se quedó atrás Fernández de los Ríos, quien afirmó que Ribera parecía dibujar los monumentos apretando un borrón de tinta entre dos papeles. Aunque todos ellos estaban de acuerdo en que debía conservarse para la historia del arte, como ejemplo de mal gusto. Pensemos que eran cosas de la época…

En cualquier caso, aparte su probable mal estado y que debió convertirse en un estorbo para el tránsito en la plazuela, lo cierto es que en 1879 la fuente, tan denostada, fue desmontada y las piezas decorativas trasladadas a un almacén municipal hasta comienzos del siglo siguiente en que fueron recuperadas, cumpliendo los curiosos deseos de los decimonónicos cronistas, que no llegaron a verlo.

El 9 de septiembre de 1907 se presentó al Ayuntamiento una memoria de las obras de cantería precisas para montarla de nuevo. Eran necesarias sesenta y ocho piezas para lo cual se recurrió a la piedra resultante del derribo del cuartel de San Gil que se había iniciado el año anterior. Se hicieron cargo de la restauración y reconstrucción el arquitecto José Loute y el escultor Ángel García Díaz.

En 1911 la fuente fue instalada en el Parque del Oeste.

Foto: Antonio Passaporte. Archivo Loty (IPCE)

Durante la guerra volvió a desmontarse y guardarse. Después, en 1941 fue instalada en los jardines que recibieron el nombre de Jardines del Arquitecto Ribera, en honor de su autor, a espaldas del Museo Municipal, igualmente obra suya como sabemos, donde continúa.

La nueva base, al parecer diseño del arquitecto Luis Bellido, en tres de sus cuatro lados muestra un escudo con los años de creación y reubicación, 1731, 1911 y 1941. En el cuarto se encuentra el escudo de Madrid con el oso y el madroño.

En Marzo de 1995 concluyeron las obras de restauración durante las cuales se consolidó, reparó y limpió. Fue también por esa época cuando tuvo lugar el cerramiento de la histórica fuente, que se hallaba muy deteriorada por los actos de vandalismo que sufría, mediante una verja metálica sobre un poyete.

Cerrado al público durante años, este verano se ha abierto el acceso al jardín, desde el museo, de forma que después de tanto tiempo podemos volver a acercarnos al borde del pilón que es tetralobulado, dando singularidad al conjunto. En la base, cuatro delfines la custodian.

Los elementos decorativos son de piedra de Colmenar; en el segundo cuerpo hay unas hornacinas con jarrones y en cada esquina unos niños que sujetan grandes veneras.

El pilón y el resto de la fuente son de granito.

Todo el conjunto, a una altura de unos diez metros, se corona con la figura de la Fama.

Sin duda es un monumento muy bello que ha sufrido una vida azarosa, desmontajes y reformas, pero conserva la esencia del proyecto de Pedro de Ribera, una de las pocas fuentes del siglo XVIII que siguen existiendo en Madrid. El Jardín del Museo de Historia es un remanso de paz, merece la pena visitarlo, igual que por supuesto el propio museo.

Por : Mercedes Gómez

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Museo de Historia de Madrid
Calle de Fuencarral, 78
Horario: de martes a domingos de 10 a 20 horas
Acceso gratuito

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Bibliografía:

MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. La Librería, Madrid 2009.
RINCÓN, José. Historia de los monumentos de la Villa de Madrid. Madrid, 1909. Ed. Facsimil, Asoc. Libreros de Lance, 2011.
memoriademadrid.es

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