La Junta de Ampliación de Estudios en 1910 creó la Residencia de Estudiantes, inspirada en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza –que, como hemos comentado en otros artículos, había sido impulsada por Francisco Giner de los Ríos–.

Después se fundó el grupo femenino, la Residencia de Señoritas, que abrió sus puertas en octubre de 1915 bajo la dirección de María de Maeztu.

Sus antecedentes se encuentran en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer fundada por Fernando de Castro, pero se puede considerar que la Residencia de Señoritas fue el primer centro español creado con el objetivo principal de fomentar la educación superior femenina, con el deseo de dar paso a la igualdad y a la emancipación de la mujer.

 

Calle Fortuny

La Residencia de Señoritas fue inaugurada en un pequeño hotel con capacidad para treinta estudiantes en la calle Fortuny nº 14 (luego nº 30) cuando el grupo masculino que lo ocupaba se trasladó a su nueva sede en la Colina de los Chopos.

Calle Fortuny 14 (luego nº 30) (Foto: Residencia de Estudiantes, residencia.csic.es)

Quince años después de su fundación, en 1930, la Residencia de Señoritas estaba instalada en diez hoteles con jardín en la calle Fortuny números 30 y 53. Llegó a ocupar doce edificios con una capacidad para trescientas plazas. Los hotelitos se encontraban entre las calles de Fortuny y Rafael Calvo.

Jardines Pabellones Fortuny-Rafael Calvo (Foto Fundación Ortega y Gasset)

La Residencia de Señoritas no alcanzó tanta fama como la de Estudiantes varones pero sí todo el prestigio y riqueza cultural. En 1931 allí se alojó la investigadora Marie Curie cuando visitó Madrid para impartir dos conferencias, una de ellas en la propia Residencia. Y es solo un ejemplo. Importantes figuras de la cultura la visitaron y de sus aulas salieron profesionales con una gran formación que llegaron a tener una importancia decisiva en la renovación del papel de la mujer, su incorporación al estudio y al trabajo, y para la sociedad en general. Investigadoras, escritoras, pintoras…

Varios grupos de residentes se instalaron en un palacete en el nº 53 de la calle Fortuny.

Fortuny, 53 (1930) (Revista Crónica, BNE)

El palacete, pabellón original que se conserva en el interior de la parcela, data de 1900. También la bonita fuente de hierro coronada por una piña que aparece en la foto antigua.

Fortuny, 53 (2017)

El mirador, habitación conocida en el pasado como La Rotonda, igualmente aún se asoma al bello jardín.

La Rotonda. Nuevo Mundo (1923) (BNE)

Pabellón Fortuny (2017)

El edificio fue reformado por Carlos Arniches en 1932 –que por entonces como veremos construyó un nuevo pabellón en la esquina con la calle Miguel Ángel–.

Pabellón Fortuny 53 (2017)

 

 

Instituto Internacional de Señoritas

La Residencia desde sus comienzos contó con la ayuda del Instituto Internacional de Señoritas de España, institución norteamericana dedicada a la educación femenina que había sido fundada unos años antes y cuya sede se encontraba en la misma manzana, en la calle Miguel Ángel nº 8.

Instituto Internacional de Señoritas (h. 1910) (Foto: Residencia de Estudiantes)

 

Instituto Internacional, calle Miguel Ángel, 8 (2017)

El edificio, de estilo historicista, fue proyectado en 1904-06 por Joaquín Saldaña para la filial española de la institución fundada por Alice Gordon Gulick, el International Institute for Girls in Spain.

Instituto de Señoritas, 12 marzo 1936 (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, Fondo M. Santos Yubero)

En ese proyecto participaron mujeres admirables como María Goyri, investigadora y filóloga –una de las primeras mujeres que estudió Filosofía y Letras­–, casada con Ramón Menendez Pidal; y la escritora Zenobia Camprubí, casada con Juan Ramón Jiménez. Todos ellos, hombres y mujeres, comprometidos con la cultura.

En su interior destacan algunos elementos arquitectónicos y decorativos, sobre todo el vestíbulo, sus columnas de hierro fundido y la escalera.

La Residencia organizó una extraordinaria biblioteca, de catorce mil volúmenes, la mitad cedidos por el Instituto Internacional; ambas bibliotecas se habían fusionado en 1928.

Biblioteca, calle Miguel Ángel 8, h. 1930 (Archivo International Institute in Spain)

La hermosa y rica biblioteca sigue existiendo.

La institución continúa su labor como Instituto Internacional, Centro Cultural norteamericano en Madrid.

Clase del Instituto Internacional al aire libre hacia 1911 (Fototeca del IPCE)

Tanto el edificio como su jardín fueron restaurados en 1990.

 

Pabellón Arniches

Como decíamos, en 1932 La Junta construyó un nuevo pabellón para la Residencia de Señoritas en la esquina del paseo General Martínez Campos con la calle Miguel Ángel, el Pabellón Arniches, así llamado por ser obra del arquitecto Carlos Arniches.

Se trata de uno de los edificios más singulares del racionalismo madrileño.

Pabellón Calle Fortuny 53 y Pabellón Arniches (Fototeca IPCE, Mº Cultura)

El arquitecto diseñó todos los elementos, incluido el mobiliario. Básicamente el nuevo edificio se dedicó a dormitorios; los salones, comedor, el laboratorio, etc. continuaron en el palacete.

Recordemos que por esa misma época Carlos Arniches y Martín Domínguez construyeron el Instituto-Escuela y el Auditórium en la Colina de los Chopos.

El conjunto del Pabellón de Fortuny 53, su jardín y el Pabellón Arniches son hoy la sede de la Fundación Ortega y Gasset inaugurada en 1983.

Una placa en la esquina del paseo General Martínez Campos y la calle Miguel Ángel recuerda a sus antiguas inquilinas, a la Residencia de Señoritas que aquí tuvo su sede desde 1917 a 1936, dirigida por María de Maeztu que trabajó por elevar la formación de la mujer en España.

Merece la pena dar una vuelta a la manzana y evocar su historia.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Exposición Mujeres en vanguardia. La Residencia de Señoritas en su centenario (1915-2015).

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.

Siguiendo una antigua tradición, como otros veranos me voy a permitir salir de Madrid y contaros la historia de un bonito parque situado en el municipio de Cornellá de Llobregat, en las proximidades de Barcelona, el parque de Can Mercader. Recordemos que la historia de Cornellá es muy antigua, con pasado romano, y que en el siglo XVII Pedro Texeira la representó en su Atlas del Rey Planeta.

Los terrenos en los que se ubica el parque, situados en un alto a pocos kilómetros de la capital catalana, fueron habitados desde muy antiguo. Desde la Edad Media existió un masía conocida como Oriol del Empedrado.

Igual que otras zonas rurales del Bajo Llobregat fueron adquiridos por una familia de la nobleza catalana para construir su finca de recreo.

La familia Sadurní en 1748 compró la masía junto con las 48 hectáreas de campos que la rodeaban. María Sadurní se casó con Felipe Mercader, pasando la posesión a manos de esta última familia. Como veremos uno de sus descendientes se trasladó allí a vivir y construyó los bellos jardines.

Joaquín Mercader y Belloch (1824-1904), hijo de Ramón Mercader y María Mercedes Belloch, conde de Belloch, fue arqueólogo y propietario del Museo zoológico conde de Belloch fundado por su padre. La colección arqueológica la guardaba en su casa del elegante Paseo de Gracia en Barcelona.

Hacia 1865 construyó el palacio que hoy se conserva. El autor del proyecto fue el arquitecto José Domínguez y Valls. La fachada es simétrica, con un balcón central y el escudo familiar. Los adornos son sencillos, cornisas sobre las ventanas, un dentellón en el cuerpo superior y almenas.

El edificio está situado al final del Paseo de los Plátanos al que se accede desde la Carretera de Hospitalet. A su alrededor se organiza todo el parque, los caminos, las terrazas del jardín… Además de los plátanos destacan las palmeras y una gran variedad de árboles singulares.

La construcción de estilo ecléctico tiene planta cuadrada, organizada alrededor de un patio central cubierto, con cuatro torres octogonales en cada esquina que evocan las fortalezas medievales.

Del primitivo jardín romántico se conservan algunos elementos como el lago con su bonito mirador.

Arnau Mercader (1852-1932), hijo y heredero de Joaquín, fue un hombre, igual que su padre, muy culto, aficionado a la meteorología, astronomía y temas culturales en general. Hacia 1900 reformó el palacio y allí trasladó la residencia familiar.

Además mandó construir en la parte más alta de la posesión la hoy llamada Torre de la Miranda con el fin de que sirviera de mirador de las aves migratorias y como observatorio astronómico.

La torre es de planta hexagonal, tiene 3 metros de lado y 27 de altura. Es de estilo ecléctico, con elementos neomudéjares que le dan un aspecto medieval, igual que el palacio.

Hoy la torre queda fuera del parque, situada junto a los altos edificios del barrio de San Ildefonso, pero desde el palacio aún se puede ver su cúpula tras los árboles.

Antes de la construcción de esos edificios, los últimos a finales de los años 70 del pasado siglo XX, la torre se divisaba desde casi todos los puntos de la ciudad. Hace años, aún en medio del campo, parecía estar muy lejos para los habitantes de Cornellá, era destino de excursiones infantiles y estaba rodeada de leyendas y cuentos protagonizados por princesas.

Una curiosidad: por entonces sus terrenos sin urbanizar fueron escenario de la película Libertad provisional (Roberto Bodegas, 1976). Aunque la foto que vemos a continuación aparece en el catálogo Así es Madrid en el cine, no se trata de Madrid, la torre es inconfundible, es la Torre de la Miranda. La película, con guión del escritor Juan Marsé, de hecho describe ambientes de la periferia barcelonesa.

Desde 1975 Can Mercader es propiedad del Ayuntamiento. En 1995, tras varios procesos de restauración, el Palacio se convirtió en museo municipal, el Museu Palau Mercader de Cornellà de Llobregat.

Muestra cómo era la vida en estas fincas catalanas en el siglo XIX, a través del mobiliario, decoración, útiles… También se exponen objetos que pertenecieron a Joaquín Mercader que entre otras cosas, como decía más arriba, fue arqueólogo.

Colección de arqueología

El museo ocupa la planta noble, con estancias en diferentes estilos todos ellos muy lujosos. Se expone pintura, cerámica, etc.

Como en todo palacio de la época no podía faltar el Salón árabe.

El parque, que en la actualidad ocupa algo más de 10 hectáreas, se convirtió en un lugar cuidado y con mucha vida.

Y la torre que hoy ya parece estar muy cerca del centro, rodeada de edificios y automóviles, es sin duda uno de los emblemas de Cornellá.

A sus pies un mirador nos permite disfrutar de vistas espectaculares de la ciudad de Barcelona y del mar, como hace más de un siglo seguro pudo admirar don Arnau Mercader.

Por : Mercedes Gómez

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Ayuntamiento de Cornellá

Historia de nuestro cine

Catálogo exposición Así es Madrid… en el cine, Museo de Arte Contemporáneo, Madrid 2008.

 

Como ya contamos, el pasado día 1 de junio viajamos al valle del Jarama para conocer el Pontón de la Oliva y la pequeña central hidroeléctrica de Torrelaguna. La primera parada de la jornada fue en Torremocha de Jarama donde conocimos la historia de los orígenes del Canal de Isabel II que se remontan a la construcción del embalse del Pontón de la Oliva situado en el término municipal de Patones.

El Pontón de la Oliva antes de hacer la presa (El Museo Universal, 1858)

Como contaba el periódico La Ilustración en agosto de 1851 el día 11 había sido colocada la primera piedra de la presa de donde habían de partir las aguas del Canal de Isabel II que debían abastecer a Madrid.

Pontón de la Oliva (La Ilustración, 1851)

En 1848 el proyecto de la traída de aguas a Madrid fue encargado a los ingenieros Juan Rafo y Juan Ribera. El primer director fue José García Otero, ingeniero militar y arquitecto, nombrado en julio de 1851. En 1855 fue sustituido por Lucio del Valle que finalizó las obras. Juan de Ribera sucedió a Valle en la dirección del Canal justo tras su inauguración. También participaron Eugenio Barrón y Constantino Ardanaz.

En la obra trabajaron un gran número de obreros, entre ellos más de mil quinientos presos, la mayoría carlistas. Para su alojamiento fue construida en la ladera del Cerro de la Oliva la Caserna del Presidio.

Caserna del Presidio (Foto: Clifford) (BNE)

De este edificio no queda nada, en su lugar hoy se encuentra una caseta en ruinas.

Junto a la caseta sí se conservan los restos románico-mudéjares de la Ermita de Nuestra Señora de la Oliva, del siglo XII-XIII. La modesta iglesia de ladrillo pertenecía a la antigua Dehesa de la Oliva. En algún momento pasó a pertenecer a la Iglesia Magistral de Alcalá de Henares. Salió a subasta en 1843 y ya perteneciendo a algún particular en aquellos tiempos sirvió de capilla a los presos. En la actualidad continúa siendo de propiedad privada. Sólo se mantiene en pie el ábside y el primer tramo de la nave con sus bóvedas de ladrillo que deberían ser restauradas.

A los pies del cerro se encuentra el curso del río Lozoya. El paisaje es espectacular, de una gran belleza.

Puente de la Oliva

La presa fue construida en sillería caliza sobre el río. Además las obras incluyeron algunos acueductos, sifones, minas, así como edificios auxiliares, almacenes, cuadras… y la mencionada caserna del presidio.

La dureza del trabajo, falta de higiene, el clima, los problemas de control sobre los presos, inundaciones, una epidemia de cólera… dificultaron enormemente las obras. Estas finalizaron en 1858 y todo el proceso quedó reflejado en el impagable reportaje fotográfico que el Canal había encargado realizar al inglés Charles Clifford. Una colección de imágenes recogidas en el álbum “Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II” que guarda la Biblioteca Nacional de España.

La presa tiene una altura de 32 metros sobre cimientos.

30 m. de ancho en la base y 6,7 en la coronación.

También se edificó una torre para la toma del Canal.

La torre muestra el antiguo mecanismo de dicha toma del agua.

En la pared izquierda se conservan una argollas a las que dicen se encadenaba a los presos.

Después de años de trabajo y muchas dificultades sufridas por fin el 24 de junio de 1858 tuvo lugar la inauguración de la llegada del agua del Lozoya a Madrid, desde el Pontón de la Oliva hasta el hoy llamado Primer Depósito del Campo de Guardias situado en la actual calle de Bravo Murillo. Este Canal Primitivo que llevaba el agua hasta el norte de Madrid tenía un recorrido de 70 kilómetros con tramos de acueducto a cielo abierto y tramos subterráneos.

Lo cierto es que la presa estuvo poco tiempo en funcionamiento; lamentablemente en el terreno de roca caliza compacta sobre el que se hallaba había una zona kárstica por donde se filtraba el agua lo cual provocó muchos problemas y nuevas obras; hacia 1869 el Canal de Isabel II construyó una nueva presa, la de El Villar, que hoy es la más antigua en funcionamiento.

En 1904 la presa del Pontón de la Oliva dejó de funcionar definitivamente. Aunque sin duda guarda un importante valor histórico y artístico tanto desde el punto de vista de la ingeniería como de la arquitectura.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Arquitectura y desarrollo urbano. Comunidad de Madrid Zona Norte (tomo IV). Comunidad de Madrid, 1999.

El Canal. Patrimonio Histórico. Canal Isabel II. BVCM.

“Canal de Isabel II. Presa del Pontón de la Oliva”, Revista de Obras Públicas, 1854. Tomo I, pág. 151.

 

 

El Real Sitio del Buen Retiro fue construido entre los años 1630-40 durante el reinado de Felipe IV como sabemos. En su calidad de sitio real era por tanto propiedad de la Corona y aunque anteriormente se había permitido la entrada al público ocasionalmente o a determinadas zonas, no fue hasta el siglo XIX cuando el Retiro pasó a ser propiedad municipal y el Real Sitio se convirtió en el Parque de Madrid. Tras la apertura al público proliferaron una serie de nuevas construcciones de diversa índole. A los caprichos creados en la época de Fernando VII en el llamado Reservado se sumaron otros edificios, recreativos, hoteleros, artísticos… incluso científicos.

En este último caso se encontraba el hoy llamado Castillo del Retiro.

En algunas publicaciones y blogs se puede leer que este fue uno de los caprichos de Fernando VII obra de su arquitecto Isidro González Velázquez, pero no parece que así fuera. El Castillo fue construido con fines nada caprichosos como veremos, algunos años después de que ambos, tanto el rey –en 1833– como el arquitecto –en 1840– murieran. Su función fue albergar el telégrafo óptico, formando parte de la red de telegrafía que se estaba creando en España.

Las torres telegráficas, además de importantes elementos de comunicación a distancia eran fortines con una función defensiva debido a los problemas que por entonces sufría nuestro país. Aunque, a pesar del aspecto de gran fortaleza que adoptó, precisamente la del Retiro era la menos expuesta a cualquier ataque por su situación en el interior del parque.

Normalmente fueron situadas en cerros para facilitar la comunicación; el castillo fue situado en la parte más alta del parque.

El Castillo del Retiro está situado en el paseo de Coches, frente a la Rosaleda; hoy día un cartel en la fachada cuenta brevemente su historia. En él podemos leer que se construyó en la década de 1840, momento en que las líneas del telégrafo óptico se levantaron a lo largo del país, incluida la Comunidad de Madrid.

Fue Pascual Madoz quien describió en su Diccionario Geográfico publicado en 1848 en qué consistía y cómo funcionaba el Telégrafo. Enumeraba también las torres que había en Madrid; la estación central se había colocado en origen en la torre del antiguo cuartel de Conde Duque, aunque por entonces se acababa de construir otra en la Casa de Correos en la Puerta del Sol. No nombra la del Retiro.

Lo cierto es que parece ser que la construcción de la Torre del Buen Retiro fue aprobada en 1850 para ser creada como cabecera de la línea Valencia-Barcelona. Todo indica que ese año se estaba construyendo, como se puede leer en la prensa de la época.

La torre telegráfica que se está construyendo en el Retiro, además de servir para las líneas de Andalucía y Valencia, puede considerarse como un objeto de adorno. Toda ella será de una arquitectura elegante, y en el primer cuerpo, que es acastillado con tambores en los cuatro extremos, habrá un lujoso gabinete para SS.MM.” (El Católico, 1850)

Por ser cabecera de línea era mayor que otras torres. Su planta era cuadrada con un torreón cilíndrico en cada esquina. Fue representada en La Ilustración en 1851.

El telégrafo óptico del Retiro no aparece en el plano de Coello y Madoz de 1849, sí en el plano de José Pilar de 1866.

1866 (Plano de José Pilar)

El uso de la telegrafía óptica duró muy poco, fue pronto sustituida por la eléctrica, pero se conservan algunas torres en España, entre ellas esta en la ciudad de Madrid, en el parque del Retiro, conocida como el Castillo o castillete.

Entonces el edificio fue destinado a escuela de la nueva telegrafía eléctrica. En 1888 fue cedido por el Ayuntamiento de Madrid para albergar el Instituto Meteorológico.

A. Arcimis. Instituto Meteorológico 1902-04. (IPCE, Mº Cultura)

Conocemos muy bien el edificio en esta época gracias al Archivo fotográfico Arcimis propiedad de la Fundación Duques de Soria de Ciencia y Cultura Hispánica, depositado en el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE). Este archivo tiene una gran valor pues además de su interés científico (historia de la meteorología, aeronáutica, etc) es un gran documento histórico que describe algunas ciudades, entre ellas Madrid, y cuenta la historia del Retiro, del Castillo y del propio Arcimis y su ambiente profesional y familiar.

Arcimis trabajando (h. 1900) (IPCE, Mº Cultura)

El archivo consta de 835 placas de vidrio conservadas en 49 cajas y un visor estereoscópico que pertenecieron a Augusto Arcimis (1844-1910), astrónomo y meteorólogo, importante miembro de la Institución Libre de Enseñanza, que fue el primer director del Instituto Central Meteorológico, actual Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que tuvo su primera sede aquí en el Castillo del Retiro tras su cesión municipal.

Arcimis. Decoración interior Inst. Meteorológico (h. 1900) (IPCE, Mº Cultura)

Posteriormente se añadieron otras edificaciones.

(Pulsar para ampliar)

Un nuevo edificio (“A”) fue construido en 1913 al norte del castillete. El organismo había pasado a llamarse Observatorio Central Meteorológico. El conjunto fue su sede hasta 1963 en que se trasladó a la Ciudad Universitaria.

Edificio “A”. Centro meteorológico AEMET.

Dos más pequeños, uno en 1954 (edificio “C”) y otro en los años 60 (edificio “B”) fueron añadidos al complejo.

El Castillo del Retiro (foto 1910-50). Archivo Ruiz Vernacci (IPCE, Mº Cultura)

Hoy día el Castillo ha perdido todos sus elementos decorativos, las almenas, ventanas ojivales…

Julio 2017

El conjunto, los cuatro pabellones rodeados de un jardín, continúa adscrito a la Aemet. Otro cartel en la fachada muestra el “Proyecto de ejecución del Complejo integrado de Meteorología y Climatología para la Comunidad de Madrid”. Según el texto el proyecto inicial es de 2002. El torreón fue destinado a albergar un Museo de Meteorología y sala de conferencias.

Estamos ante una de tantas historias madrileñas que parecen no terminar nunca. Comenzadas las obras, en 2011 la empresa encargada quebró. En 2014 fueron finalizadas las reformas de uno de los edificios. Ahora continúa esperando la restauración y rehabilitación del Castillo, la antigua torre del telégrafo óptico que esperamos algún día recupere sus elementos originales.

A finales de dicho año 2014 el Ministerio de Medio Ambiente convocó un concurso para la contratación de un “Servicio para la redacción de proyecto de remodelación del edificio “D” (Castillo) de la Delegación Territorial de AEMET en el Parque del Retiro de Madrid”, así consta en el BOE.

Han pasado casi tres años… Parece que hay obras… ¿se va a retomar el proyecto? Los carteles no indican fechas ni plazos.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Diario El Mundo 29 marzo 2017
BOE 17 nov. 2014 nº 278.
SCHNELL, Pablo. “Torres fortificadas del telégrafo óptico en la Comunidad de Madrid”, en Revista Castillos de España, Madrid 2005.
ARIZA, Carmen. Los Jardines de Madrid en el siglo XIX, Ed. Avapiés, Madrid, 1988.
“Los Telégrafos en España”. La Ilustración, 3 mayo 1851.
Diario El Católico, 7 agosto 1850.

 

 

Don Buenaventura Rodríguez Tizón, conocido como Ventura Rodríguez, nació el 14 de julio de 1717 en Ciempozuelos, Madrid. Celebramos por tanto el tercer centenario de su nacimiento por cuyo motivo se han organizado dos exposiciones, una en Boadilla del Monte, Ventura Rodríguez en Palacio, hasta el 2 de julio. Y otra en el Centro Cultural Conde Duque, Ventura Rodríguez y Madrid en las colecciones municipales hasta el 23.

Es Ventura Rodríguez sin duda uno de los grandes arquitectos de Madrid, sin embargo no son muchos los recuerdos que le dedica la que fue su ciudad. Nació en Ciempozuelos pero llegó a la villa muy joven, aquí vivió, trabajó, ocupó cargos reales y municipales, y murió.

Una calle lleva su nombre, y una estación de metro. A él fue dedicado uno de los medallones que adornan la fachada del Museo del Prado. Y apenas una placa municipal mal ubicada, como veremos más adelante.

Pero sus huellas en la ciudad son numerosas e importantes. No se refieren únicamente a los edificios que construyó sino también al urbanismo en el que don Ventura jugó un gran papel desde su cargo de Maestro y Fontanero Mayor de las Obras de Madrid. Por eso no es fácil proponer una sola ruta para conocer sus pasos por Madrid pues se encuentran por toda la ciudad. Edificios proyectados no construidos, construidos pero desaparecidos, y los conservados; alineaciones de calles, reformas; y su gran legado, el Paseo del Prado y sus bellas fuentes. Todo ello se puede ver en las dos exposiciones mencionadas.

Como pequeño homenaje hoy propongo centrarnos en la historia más personal de Ventura Rodríguez, en el Madrid de sus inicios y de su final. Caminar por el entorno del Palacio Real y la iglesia de San Marcos hasta su casa de la calle de Leganitos donde murió.

Plano de Espinosa, 1769 (detalle) Iglesia de San Marcos y Casa nº 13 de la manzana 522

El joven Ventura con apenas 18 años comenzó a trabajar como dibujante para Filippo Juvarra que había llegado a Madrid en 1735 para trabajar en el proyecto del futuro Palacio Real Nuevo. Juvarra se convirtió en su primer maestro pero murió inesperadamente al año siguiente con 57 años. Le sucedió su discípulo y colaborador en Turín Juan Bautista Sachetti quien mantuvo a Ventura Rodríguez en su puesto, y le fue concediendo cargos que le convirtieron en uno de los grandes arquitectos de la Corte. Sin duda ambos maestros valoraron el gran talento del madrileño.

Su primer gran encargo particular, cuando tenía poco más de 30 años, fue la construcción de la iglesia de San Marcos en la calle de San Leonardo.

Juvarra, Sachetti y el haber trabajado durante veinticinco años en la construcción del Palacio Real marcaron su vida artística y su futuro.

En 1760 Sachetti fue destituido –y con él Ventura Rodríguez– del servicio a la Corona por orden de Carlos III y sustituido por Francisco Sabatini, aunque siguió ocupando su cargo de Maestro Mayor de Obras de Madrid. Nuestro protagonista continuó trabajando con él en las obras madrileñas, y a su muerte le sucedió en el cargo de Maestro Mayor de Obras de Madrid y de sus Fuentes y Viajes de Agua que ocupó desde 1764, tenía 47 años, hasta el fin de sus días.

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Don Ventura se casó tres veces y las tres enviudó, curiosamente como su padre, aunque en su caso no tuvo hijos; fue su sobrino Manuel Martín Rodríguez quien se convirtió en su principal discípulo y finalizó las obras que quedaron inacabadas tras su muerte.

Tuvo varios domicilios. Con su primera esposa Josefa Flores vivió en la calle de Segovia; ella murió el 20 de agosto de 1749 y fue enterrada en la cripta de la Capilla de la Real Congregación de Arquitectos, en la iglesia de San Sebastián. Después se casó con Antonia Rojo, que murió muy pronto, el 10 de agosto de 1750, por lo que este segundo matrimonio fue muy breve. Vivieron en la calle de Santa María y ella fue enterrada en la iglesia de San Luis.

Finalmente por tercera vez se casó con Micaela Cayón, que murió en enero de 1776 siendo enterrada en la iglesia que había proyectado su marido, San Marcos.

Francis de Blas, Retrato de Ventura Rodríguez realizado a partir del pintado por Francisco de Goya en 1784 y conservado en el Museo de Estocolmo, 2015 (Exposición Palacio de Boadilla)

Vivían en la calle de Leganitos, donde el arquitecto continuó hasta su propia muerte el 26 de agosto de 1785, solo un año después de que Goya le retratara.

Fue enterrado en San Marcos, tal como él deseaba, junto a su tercera esposa.

Aunque sus restos no permanecieron allí. En 1869 fueron trasladados a San Francisco el Grande donde se había proyectado la creación de un gran Panteón Nacional. En vista de que nunca llegó a realizarse, la Congregación de Arquitectos reclamó los cuerpos de Ventura Rodríguez y de Juan de Villanueva.

Allí –donde recordemos había sido enterrada su primera mujer– fueron trasladados ambos arquitectos y allí continúan sus féretros, compartiendo lápida.

Cripta en la Iglesia de San Sebastián, calle de Atocha.

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Creada sobre antiguas huertas en torno al arroyo y las fuentes de la zona, la calle de Leganitos nace en la plaza de Santo Domingo. Cercana al Palacio Real, fue un buen lugar para acoger el último domicilio de don Ventura. Muy próxima también a la iglesia de San Marcos.

El caserío y el urbanismo de la zona fueron modificándose, y a mediados del siglo XX en la plaza de España emergió la Torre de Madrid, pero la histórica calle siempre conservó su trazado en este primer tramo.

Calle de Leganitos, foto: Urech (1960)

Hoy día varios de los edificios son modernos.

En 1991 el Ayuntamiento de Madrid instaló una placa en recuerdo de Ventura Rodríguez, en el actual nº 13 de la calle.

Efectivamente esta fue la calle en la que vivió y murió el arquitecto pero la placa no está situada en el lugar donde estuvo la casa en la que vivió.

Como nos desvelan los autores Francisco José Marín y Javier Ortega (*) su partida de defunción conservada en la parroquia de San Martín, de la que dependía San Marcos, indicaba que don Ventura vivió en la calle de Leganitos nº 13.

Sí, pero esto no se puede tomar al pie de la letra. Como ya vimos hace tiempo en un artículo sobre los rótulos de las calles de Madrid, en el siglo XVIII la numeración de las casas era muy diferente a la actual.

Recurriendo una vez más a la Planimetría General de Madrid, vemos que la calle de Leganitos a la izquierda, acera de los impares, corresponde a la antigua manzana 551; y la de la derecha, los pares, a la manzana 522. Cada una de ellas contaba con un nº 13. Ventura Rodríguez vivió en la segunda, en una casa que era propiedad del Monasterio de los Padres Mostenses. Así nos lo muestra un plano Huellas de Ventura Rodríguez en la ciudad de Madrid en la exposición en Conde Duque.

La casa que fue el nº 13 de la manzana 522 en el siglo XVIII cuando vivió en ella Ventura Rodríguez corresponde en la actualidad al nº 20 de la calle y parte del 18. La planimetría de la manzana, la distribución de los solares ha cambiado bastante en la actualidad respecto a la del siglo XVIII y por supuesto la numeración.

A la derecha, calle de Leganitos, 18 y 20

No sería muy costoso cambiar la placa de sitio, trasladarla al lugar donde realmente se encontraba la vivienda de nuestro arquitecto.

Y poder recordar así el camino por donde discurrieron los últimos pasos de don Ventura Rodríguez que tantas brillantes huellas ha dejado en nuestra ciudad, Madrid.

Por : Mercedes Gómez

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(*) MARÍN, J.F. y ORTEGA, J. Huellas de Ventura Rodríguez en la ciudad de Madrid (1735-1785), en:

Catálogo Ventura Rodríguez y Madrid en las colecciones municipales. Madrid, 2017.

 

canon

Del lat. canon, y este del gr. κανών kanṓn.

1. Regla o precepto.
2. Catálogo o lista.
3. Modelo de características perfectas.
4. En arte, regla de las proporciones de la figura humana, conforme al tipo ideal aceptado por los escultores egipcios y griegos.

Con motivo de su nueva exposición en la entrada a la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid un panel con las diferentes acepciones de la palabra canon recibe a los visitantes. Un canon es una regla o precepto, un modelo de características perfectas, etc.

Pero es el único panel colocado en esta exposición. Una vez traspasado, las esculturas lucen imponentes –algunas también un poco inquietantes– en el espacio libre del edificio, el gran patio abovedado, sin divisiones artificiales.

Nada es gratuito en la nueva exposición que presenta Mateo Maté en Madrid. Ni el título, Canon, ni la disposición, ni el escenario. El artista madrileño ha creado esta muestra específicamente para este lugar, la hoy sala de arte Sala Alcalá 31, ubicada en un edificio que fue creado para ser la sede de un Banco, el Banco Mercantil e Industrial. Digamos solo como apunte a modo de paréntesis que el primer proyecto fue realizado por el arquitecto Antonio Palacios en 1933 pero no fue construido hasta los años 40.

Durante una visita guiada he tenido el privilegio de poder escuchar al propio artista explicar el proceso de su trabajo. El patio de operaciones del antiguo Banco tiene una planta en cierto modo eclesial, concebida como centro de poder, tal como nos recuerda Mateo Maté, y como tal él mismo la ha utilizado.

Son varias las propuestas, una de ellas, muy sugerente y siempre interesante, la relación arte-vida. Únicamente unas cintas separan las estatuas y marcan el camino laberíntico, que parece una metáfora de lo azaroso de la existencia humana. Siempre hay una norma que nos dice qué debemos hacer o por donde debemos ir.

Maté utiliza las reproducciones y moldes de esculturas clásicas que se conservan en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde que Velázquez las adquirió. Las ha retocado o modificado, en algún caso de forma mínima, otros de forma drástica, siempre respetuosa, con lo que cada obra toma un nuevo sentido.

El artista propone una visión distinta y en cierto modo una reflexión sobre lo que significa el canon de belleza. Nos cuenta cómo el arte ha sido siempre el que transmitía y marcaba el modelo, sin embargo hoy día la publicidad es la encargada de esa tarea, recordarnos que debemos ser jóvenes y bellos; la vejez, los defectos y la muerte no están bien vistos.

Pero Mateo Maté se aparta del canon, de la norma, nos marca otro camino… Adonis es obeso, la Venus de Medici es hermafrodita, una mezcla entre el Doríforo y la Venus de Milo, la propia Venus de Milo ha envejecido, el niño del Spinario se ha convertido en niña…

Niña de la espina (2016), elaborada a partir de la copia del Spinario (obra romana en bronce siglo I a.C., Museos Capitolinos, Roma)

 

También son bellos, ¿por qué no pueden serlo?, nos propone el artista.

Venus de Milo (vieja) (2016), elaborada a partir de una copia de la escultura griega “Venus de Milo” de mármol del siglo II a.C. (Museo del Louvre)

Son quince obras creadas a partir de moldes originales, reproducciones en escayola, bajo la supervisión del Taller de la Academia. Cada una de ellas lleva la inscripción, Real Academia de Bellas Artes, Taller de vaciados, Madrid.

Junto a estas piezas se exponen cinco esculturas procedentes del Museo Nacional de Escultura de Valladolid que dialogan con las obras de Maté.

Al final del laberinto, en la cabecera, el Cristo crucificado, sin brazos y sin el paño de pureza, copia de la obra en mármol de Benvenuto Cellini realizada en 1562 que se conserva en el Monasterio del Escorial.

Cristo crucificado (Taller de vaciados del Museo de Reproducciones Artísticas, 1921). Hoy en el Museo Escultura, Valladolid.

 

Mateo Maté. Canon. Hasta el 23 de julio en Alcalá 31.

 

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo exposición Canon. Mateo Maté. Comunidad de Madrid, 2017.

 

 

 

Continuando con el ciclo Es Patrimonio Descúbrelo hace unos días hemos viajado al valle del Jarama para conocer el Pontón de la Oliva –para mí un antiguo deseo por fin cumplido– y la pequeña Central Hidroeléctrica de Torrelaguna. Arquitectura industrial, patrimonio hidráulico, historia, bellos paisajes…

La cita era en el Ayuntamiento de Torremocha de Jarama donde a modo de introducción la arquitecta Victoria Monserrat –como siempre, toda la jornada organizada por Dolores Muñoz– nos ofreció una interesante conferencia sobre Los orígenes del Canal de Isabel II. Un relato sin duda apasionante sobre cómo allá por el siglo XIX los Viajes de Agua fueron dejando paso al Canal, cómo el agua pudo por fin llegar a Madrid procedente del río Lozoya. Pero de todo esto hablaremos dentro de unos días… hoy me gustaría contar nuestra breve estancia en el delicioso pueblo Torremocha de Jarama.

Eran las 9,30 de la mañana, esperábamos que comenzara la charla y la llegada de todos los asistentes, la tranquilidad era absoluta, solo se oían nuestras conversaciones y el ruido del agua de la fuente en la plaza Mayor frente al Ayuntamiento. Mientras, pudimos dar un pequeño paseo.

Es un pueblo pequeño, muy limpio y cuidado que en su centro urbano aún conserva edificaciones del caserío tradicional. De los 268 habitantes a mediados del siglo XIX su población ha pasado a alrededor de 900 en la actualidad.

Una de esas construcciones muestra un cartel que explica cómo eran las casas en la Torremocha de la posguerra en el XX, el sistema socio-económico que dominaba, la alimentación y el modo de vida de los vecinos.

El ganado ovino era fundamental, todas las casas tenían olivar, cocedero donde se elaboraba el vino, etc.

Muy cerca de la plaza Mayor se encuentra la iglesia de San Pedro Apóstol.

La cabecera formaba parte de la ermita primitiva construida a finales del siglo XII comienzos del XIII en estilo románico, ampliada a mediados del siglo XV.

En los inicios del siglo XVI fue convertida en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol y por iniciativa del Cardenal Cisneros nuevamente ampliada con una nave y un atrio porticado de estilo renacentista.

El atrio tiene cuatro arcos por cada lado apoyados en columnas sobre una basamento de piedra. Entre dos de dichos arcos se observa el escudo del Cardenal.

Escudo del Cardenal Cisneros entre dos arcos del atrio de la iglesia.

La portada del XVI está coronada por un frontón con una hornacina en el centro que guarda la estatua del patrón San Pedro.

El cerramiento del atrio es muy posterior, obra de 1865.

Tras la restauración finalizada en 1992 se han recuperado las pinturas de la primitiva ermita que habían sido descubiertas en 1986, en los muros y bóveda del presbiterio y ábside originales.

Vista general ábside y presbiterio (Foto: ML, en “Pintura mural Comunidad de Madrid”)

Se trata de uno de los ejemplos de pinturas murales restauradas por la Comunidad de Madrid a lo largo de los últimos años. Recordemos las de la Capilla del Espíritu Santo en la calle Serrano, las de la Basílica de Colmenar Viejo, Santo Domingo de Silos en Pinto y las de Santa María la Antigua en Carabanchel de las que esperamos noticias.

Las pinturas están realizadas con una técnica mixta al mezzo fresco, fresco con retoque en seco. Técnica muy delicada ante las filtraciones por lo que a lo largo del tiempo se fueron deteriorando y se conservan solo parcialmente.

Ábside, San Pedro y San Pablo (Foto: ML, en “Pintura mural Comunidad de Madrid”)

Una inscripción en tardías letras góticas hispánicas indica que los frescos fueron creados en la primera mitad del siglo XV, dentro del estilo gótico internacional castellano.

“El conjunto pictórico mural de Torremocha constituye una de las escasas muestras murales conservadas del estilo internacional en Castilla y es un caso excepcional en la Comunidad de Madrid”.

Detalles pictóricos (Fotos: ML, en “Pintura mural Comunidad de Madrid”)

Sin duda hay que volver a Torremocha para conocerlo un poco mejor y contemplar estas valiosas pinturas.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Pintura mural de la Comunidad de Madrid. Comunidad de Madrid, 2015.

Arquitectura y desarrollo urbano en la Comunidad de Madrid. Zona Norte. Tomo III. COAM, Fundación Cajamadrid y Comunidad de Madrid, 1991.

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Nota actualización 5 junio 17:

Por su fuera de vuestro interés: el próximo jueves día 8 de junio tendrá lugar la última visita del Programa Es Patrimonio Descúbrelo que hemos disfrutado a lo largo del curso 2016-17. La cita será en el Museo del Agua en El Berrueco para luego trasladarse a las presas de El Villar y El Atazar. Todos los detalles y correo para la inscripción, en el cartel a continuación:

Clic en la imagen para ampliar

 

Hace unos días tuvimos ocasión de disfrutar de una nueva jornada del espléndido ciclo Es Patrimonio Descúbrelo dirigido por Dolores Muñoz.

Tras las visitas dedicadas a la arquitectura industrial –hemos hablado de algunas de ellas–, esta primavera se ha iniciado la segunda parte dedicada a las grandes infraestructuras hidráulicas.

En esta primera cita hemos visitado y conocido la historia del Primer Depósito Elevado del Canal de Isabel II guiados por los arquitectos restauradores Javier Alau y Antonio Lopera. Un lujo.

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A mediados del siglo XIX con la traída de las aguas a Madrid fue necesaria la construcción de determinadas infraestructuras hidráulicas así como una red de instalaciones para su almacenaje y conducción. Y una vez conseguida la llegada del agua había que repartirla por la ciudad.

Los primeros depósitos estaban ocultos. El Primer Depósito fue construido entre las calles de Bravo Murillo y Santa Engracia; se llenó en 1858 en la inauguración del Canal con la presencia de la reina Isabel II.

Primer Depósito enterrado. Fuente del Lozoya, fachada calle de Bravo Murillo.

La ciudad crecía con rapidez, sobre todo por el norte, y los edificios eran cada vez más altos, por lo que el agua no llegaba a todas las casas fácilmente por gravedad; surgió la necesidad de crear centrales de bombeo y depósitos elevados.

Entre 1907 y 1911 se levantó un cuarto depósito, el Primer Depósito Elevado, entre la calle de Santa Engracia y el Depósito Mayor. El objetivo fue solucionar los problemas de abastecimiento de la zona norte del Ensanche y alimentar las conducciones de Cuatro Caminos, Chamberí y Salamanca.

El proyecto fue obra del ingeniero Diego Martín Montalvo, realizado por los ingenieros Luis Moya Idígoras y Ramón de Aguinaga. Una gran estructura de ladrillo sobre una base de granito sostenía una gran cuba de acero a 36 metros de altura con 1.500 metros cúbicos de capacidad rematada por una cubierta de zinc.

La Construcción Moderna, 15 mayo 1914.

Este Depósito Elevado nº 1 dejó de funcionar en 1952, sustituido por otro más al norte, en la plaza de Castilla. Al quedar fuera de uso todo se desmanteló para venderlo por lo que muchos elementos se perdieron. Quedó convertido en un almacén o trastero. Estuvo treinta años cerrado.

Al acometer su rehabilitación se habló de crear un Museo del Agua –que ojalá algún día tengamos en Madrid– y otros posibles usos; al final se convirtió en una singular Sala de Exposiciones. Fue restaurado por los mencionados Javier Alau y Antonio Lopera en 1986.

Nos cuentan los arquitectos que en aquellos momentos no se encontró ninguna patología grave en el edificio, solo algunas grietas, nada importante en cuanto a su consolidación. La primera tarea fue limpiarlo y reparar las 22.000 piezas de ladrillo que lo componen. Algunas hubo que reponerlas y se escogieron diferentes para diferenciarlas de las originales.

La rehabilitación conllevó el cegado de las aberturas ya que para una sala de exposiciones se necesitan muros donde colocar los paneles, pero este hecho es reversible si en un futuro así se decidiera.

Además de ser importante por su uso, sala de arte, el Depósito merece ser contemplado en sí mismo por su belleza. Y no solo por su valor arquitectónico sino también por la composición del espacio. Es un lugar único, un tanto mágico.

Existe una maqueta, que estuvo en el desaparecido Museo de la Ciudad, que muestra todos los elementos que la integraban. Según nos contaron durante la visita, podremos verla en una exposición que se va a inaugurar próximamente en el Centro Cultural Conde Duque sobre maquetas.

El agua, procedente de la sierra mediante tuberías, era almacenada en el depósito subterráneo, desde el cual era bombeado por nuevas tuberías que subían hasta la cuba donde era almacenada. Desde la cuba el agua bajaba y era dirigida hasta las casas.

La cuba, la cubierta, las tuberías de impulsión y desagüe… bajo el depósito se conservan algunos de estos elementos, piezas originales de la antigua central elevadora que en un principio iban a formar parte de la zona visitable, pero que lamentablemente no se acondicionó. Permanecen, ocultas, bajo el depósito y el pavimento que lo rodea.

Ojalá algún día se integren y podamos acceder a ellas. La escalera de bajada ahí sigue, prometedora.

Otra escalera sí permite el acceso a la espectacular cuba.

El cerramiento de la cuba que se puede contemplar desde unos cómodos bancos en los que nos recostamos para observarlo bien es de estructura radial en rueda de bicicleta.

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El Primer Depósito Elevado hoy es la Sala Canal de Isabel II de la Comunidad de Madrid dedicada a la Fotografía, que programa siempre exposiciones de gran calidad. Recordemos la dedicada a Javier Campano hace pocos meses.

Estos días, hasta el 23 de julio, acoge la recomendable muestra Un cierto panorama. reciente fotografía de autor en España.

La exposición es magnífica, ofrece una visión general de las principales líneas de trabajo de la creación fotográfica actual. Nada más y nada menos. Se puede descargar el folleto aquí.

Sin duda son muchos los alicientes para visitar este antiguo depósito de agua, hoy sala de arte, en la calle de Santa Engracia nº 125. Patrimonio histórico y artístico de Madrid.

Por : Mercedes Gómez

En la 4ª planta de Centro Centro en el Palacio de Cibeles podemos visitar la exposición Ciudad en Proceso, que forma parte del Ciclo Concentrador de arquitectura, ciudad y pensamiento, una serie dedicada a la arquitectura madrileña, la desaparecida, la existente y la futura.

Hace unos meses conocimos la Ciudad Emocional, la Ciudad Visible y la Ciudad Decisiva, que se recogen en la web concentrador.org, un ciclo expositivo sobre cómo ver, entender y pensar la ciudad y su arquitectura a través de diferentes formatos que la representan. Fotografías, mapas, planos y documentos.

Ahora, hasta el mes de septiembre, la Ciudad en Proceso presenta una reflexión sobre las prácticas de desarrollo actuales de espacios para la cultura que están teniendo lugar en este momento en Madrid. Una selección de proyectos tanto públicos como privados de un nuevo uso cultural de algunos edificios.

El CA2M de la Comunidad de Madrid; la Colección Solo en la plaza de la Independencia; el Espacio Mahou en el Palacio del Infantado; Grigri Pixel, espacio vecinal en Arganzuela…

Y el Museo del Palacio del Capricho, proyecto de obras de rehabilitación y museográfico en el antiguo palacio de la duquesa de Osuna en los Jardines de El Capricho para la ciudad de Madrid.

El futuro museo se creará en torno en la figura de la duquesa, una mujer avanzada para la época y preocupada por las artes y las ciencias, como ya contamos aquí en agosto de 2015 haciéndonos eco de la buena noticia, el proyecto del Ayuntamiento de convertir el Palacio de la duquesa de Osuna del Parque del Capricho en un museo.

Un museo dedicado a la figura de este personaje singular, una mujer culta, ilustrada, amante de la música, del teatro y mecenas del arte, doña María Josefa de Pimentel (1752-1834), condesa-duquesa de Benavente, casada con don Pedro Alcántara Téllez-Girón IX duque de Osuna.

El Ayuntamiento de Madrid en mayo de 2016 convocó un concurso de ideas para la realización de dicho proyecto. En agosto se publicó que el ganador había sido el proyecto Entre-luces. Los arquitectos Patricia Fernández y José Ramón Gámez proponían un espacio de doble altura alrededor del cual se articularían el resto de las salas.

En esta pequeña exposición en Centro Centro un panel muestra el proyecto de ejecución y explica que el objetivo es intentar establecer un diálogo abierto con la Ilustración, un intercambio entre la cultura ilustrada y la cultura actual.

Se muestran los paneles del concurso. Los recorridos propuestos en el futuro museo no son secuenciales sino que toman muchas direcciones a través de una Caja de intercambios.

En esta caja de intercambios mediante proyecciones se verán las pinturas de Francisco de Goya que en su día adornaban el palacio.

En la planta baja, a su alrededor, se reconstruirá el Comedor de los mosaicos, que quedarán protegidos por unas losetas de vidrio. Otras estancias estarán dedicadas al teatro y a la música del siglo XVIII.

En la planta 1 se reconstruirán los gabinetes del duque y de la duquesa y se explicará cómo era la vida doméstica entonces en el palacio. Una biblioteca, con fondos de la Biblioteca Nacional, expondrá en papel y digitalizados libros pertenecientes a la duquesa.

Finalmente en la 2ª planta tres estancias explicarán la historia de los duques de Osuna, el significado de la mujer ilustrada y la invasión napoleónica.

En el panel se pueden ver también dos planos muy bonitos en los que se representa el Eje Alcalá – Alameda, el Madrid de 1875 comparado con el Madrid actual. Un eje que iba desde la Casa de los duques de Osuna en las Vistillas por la calle de Alcalá hasta el parque del Capricho en la Alameda de Osuna.

Esperamos que pronto tendremos el placer de disfrutar de un nuevo espacio cultural en Madrid, muy especial, el Museo del Palacio del Capricho.

Mercedes Gómez

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Centro Centro
Plaza de Cibeles, 1
4ª planta
Ciudad en Proceso

Más información:
Ayuntamiento de Madrid
COAM. Memoria y proyecto museográfico Palacio del Capricho. Entre-luces.

A lo largo del mes de mayo hasta comienzos de junio tendrá lugar un nuevo y sugerente Ciclo de Conferencias sobre las Quintas de Recreo madrileñas, organizado igual que el año pasado por la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno en colaboración con el Instituto de Estudios Madrileños.

Se inaugura el próximo martes 9 de mayo con la charla Cinco siglos de historia de la Casa de Campo, a cargo de Luis Miguel Aparisi. A las 19,30 de la tarde en la Sala de Conferencias de la Fundación, en el Paseo del General Martínez Campos nº 25.

En las semanas siguientes conoceremos la Quinta de la Fuente del Berro, las Desventuras de la Quinta de Goya y sus Pinturas Negras, la Quinta de los Molinos y las Casas-Jardín del paseo del Prado en el siglo XVII.

Como el año anterior las conferencias serán complementadas con visitas guiadas.

Las plazas son limitadas, para ambas actividades es necesaria inscripción.

Todos los detalles se pueden encontrar en la web de la Fundación: aquí.

Mercedes Gómez

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