Las riberas del Manzanares y sus isletas, los sotos y sotillos arbolados junto al río, fueron lugar de ocio, fiestas y romerías desde muy antiguo. Pedro Texeira las dibujó en su plano. Eran los tiempos de Felipe IV.

Plano de Texeira, 1656 (detalle)

Aguas abajo, antes de llegar al Puente de Segovia, se hallaban, en la orilla derecha, los Sotos del Corregidor y de Migas Calientes; a la izquierda, la Florida y el Parque de Palacio. El Soto y las Huertas de Migas Calientes estaban junto al Camino del Pardo –en la actualidad allí se encuentran la Planta de Compostaje y el Vivero municipal de Migas Calientes–.

Un poco hacia el sur estaba el Molino Quemado, a la altura de la actual ermita de San Antonio. El Puente Verde –actualmente, el Puente de la Reina– cruzaba el río.

Molino Quemado. Plano de Texeira, 1656.

Las fiestas que allí se celebraban eran frecuentadas por nobles, damas y caballeros, en ocasiones al parecer el mismísimo rey Felipe IV, y por el pueblo; así lo reflejaron los literatos del siglo de Oro, Calderón, Lope y Quevedo, entre otros.

Félix Castello (?) pintó estos escenarios en los Baños en el Manzanares en el paraje de Molino Quemado (1636-1637), extraordinaria pintura que se expone en el Museo de Historia de Madrid. Muestra una romería junto al Manzanares, frente a la Casa de Campo. Todas las figuras y el propio paraje están representados de forma minuciosa, los bañistas desnudos, comensales en la pradera, los carruajes, el Molino que luego dibujaría Texeira en su plano, y el paisaje.

Félix Castello ? “Baños en el Manzanares”, 1636-37 (detalle). Museo de Historia de Madrid.

Con el paso del tiempo las riberas del río continuaron siendo lugar de encuentro, amoríos y festejos. Junto al Soto del Corregidor, hacia el norte, se ubicó la Pradera de la Fuente de la Teja. La fuente aparece citada desde muy antiguo, al menos ya en 1778 es mencionada su existencia.

A lo largo del siglo XIX son numerosas las referencias a la pradera y a la fuente. En 1861 la noticia fue que se estaba haciendo «un gran plantío de árboles en la pradera del río inmediata a la Fuente de la Teja, con lo que tendrá mayor atractivo aquel espacioso paseo, tan frecuentado para comidas campestres en todas las épocas de año».

En los últimos años del XIX y hasta la guerra civil, la Pradera del Corregidor era una de las zonas de la ribera del Manzanares que contaba con más merenderos. Algunas familias preferían el merendero a la pradera, donde compraban el vino para poder tomar allí asiento y comían lo que habían traído de casa.

En el inicio del siglo XX, los jardines de la Fuente de la Teja y la Pradera del Corregidor formaban parte de una cadena de terrenos arbolados y lavaderos enlazados a lo largo del río.

Plano de Facundo Cañada, h. 1900 (detalle)

Antiguo lugar de romerías y verbenas, como hemos visto, la Fuente de la Teja, durante la semana escenario del duro trabajo de las lavanderas, los domingos y festivos se convirtió en habitual lugar de reunión de las clases más modestas, sobre todo niñeras, criadas y soldados.

«Vista desde la Fuente de la Teja», 1902. Archivo Regional Comunidad de Madrid.

Además de lavaderos y merenderos la zona se fue ocupando con viviendas. En el Archivo de Villa hay documentos relativos a fincas rústicas que se refieren a las tierras junto a la fuente de la teja, desde 1826 a 1887. Alguna venta, subasta y arrendamiento.

La zona hacia 1910 está bien representada, y la fuente indicada, en el plano de Luciano Delage.

Praderas de la Fuente de la Teja y del Corregidor, L. Delage, 1910

Hoy día quedan huellas de la humilde pero famosa fuente. Nos encontramos en el barrio de Casa de Campo, distrito de Moncloa-Aravaca.

Sobre la Pradera del Corregidor en las proximidades de la Fuente de la Teja, entre el Manzanares y la Casa de Campo, en la segunda mitad de la década de los años 20 fue edificada la Colonia del Manzanares. Su mercado actual recibe el nombre de Fuente de la Teja; y desde 1984 allí se encuentra una fuente de granito instalada en su recuerdo, frente a la calle del Acantilado, cerca del lugar donde se encontraba la original.

Foto: Ayuntamiento de Madrid

Es una fuente homenaje, en recuerdo de las antiguas fuentes de la Teja y del Sopapo, según explica una placa de mármol en la parte posterior, enmarcada en un paisaje que no tiene nada que ver con el pasado…

¿Cómo era la Fuente de la Teja?

Recordemos que en la Memoria de 1931 de la Casa de Campo se mencionan diecinueve fuentes. Una de estas fuentes de la Casa de Campo era la Fuente de la Teja, situada en los terrenos entonces conocidos como Casa Quemada, uno de los diez cuarteles en que en el siglo XX fue dividida la antigua propiedad real.

Una placa, para entonces casi ilegible según informa la prensa de la época, indicaba que se había arreglado en 1864, habilitando un nuevo caño, pero al parecer el agua se estancaba en el pilón, lo cual podía suponer un peligro para la salud, e impedía llegar al caño (*).

La estampa Un domingo en la Fuente de la Teja, propiedad del Museo de Historia, describe la vida en torno a la fuente, un domingo; un grupo de personas bajo un emparrado de alguno de los merenderos. La escena, en la que no faltan las mozas y los militares que frecuentaban la zona, está llena de detalles que merece la pena observar, tanto del lugar como de los personajes; puede desarrollarse a finales del siglo XIX, inicios del XX (el grabador, Arturo Carretero murió en 1903). Era la época del reinado de Alfonso XIII.

«Un domingo en la Fuente de la Teja»
Grabador: A. Carretero (mediado sg. XIX – 1903)
Dibujante: M. Alcázar (1858-1914). Xilografía, 25,5 cm x 32,5 cm, Museo de Hª de Madrid.

Finalmente, nos queda otro recuerdo: hacia 1890 Joaquín Sorolla pintó una escena similar. Hacía un año que el pintor se había instalado con su familia en Madrid.

El cuadro, que pertenece al Museo Sorolla, Fuente de la Teja es un óleo pequeño que representa la escena costumbrista. Leemos en el Catálogo del museo:

«Bajo un toldo, varios soldados conversan ataviados con calzón rojo y chaqueta azul marino. A ambos lados, emparrado, y en la parte derecha, otro soldado sentado. Al fondo, arquitectura recortada sobre cielo azul».

Joaquín Sorolla. “Fuente de la Teja”. Óleo 20 cm por 16,80 cm. Catálogo Museo Sorolla.

La fuente, construida la pared en recia piedra berroqueña, desapareció durante la guerra.

Por: Mercedes Gómez

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NOTA:

Gracias a David Gutiérrez Pulido, que consiguió que me interesara por la Fuente de la Teja y escribiera este artículo. Me envió, entre otros documentos, la imagen del cuadro de Sorolla, desconocido para mí. David, historiador del arte, es especialista en la obra del pintor. Os recomiendo visitar su web: Sorolla en Jávea

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Bibliografía:

Diario noticioso universal. Nº 36, Madrid, 1778
La Correspondencia de España, 28 dic. 1861
SOTO, Joaquín. “La pradera, la fuente y el río”, Nuevo Mundo, 7 febrero 1930.
Inventario de Secretaría del Archivo de Villa (Tomo 37): Fincas rústicas (1327-1894)

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(*) ACTUALIZACIÓN, 5 nov. 2021:

Queridos amigos:

He eliminado la foto que inicialmente había incluido como “Fuente de la Teja” publicada por el Museo de Historia de Madrid ya que se trataba de un error. Lo siento mucho, este es un ejemplo más de que siempre, siempre hay que comprobar los datos que utilizamos en nuestros trabajos, y no lo hice. Los errores son inevitables a veces, lo importante es corregirlos y aprender. En este caso, gracias a Joaquín Giménez que fue quién se dio cuenta y su comentario nos ha permitido subsanarlo.

Quiero dar las gracias al Museo, mejor dicho a las personas que allí trabajan, siempre dispuestas a ayudar. El Museo de Historia de Madrid, con la amabilidad que le caracteriza, me envía una nota en la que pide disculpas por el error e indica su origen:

La fotografía formó parte de una donación realizada en 1984 por un particular, consistente en 28 negativos antiguos, todos ellos de Madrid salvo uno, que fue consignado escuetamente como “La Fuente de la Teja”, de modo que nadie se cuestionó que se refería a la fuente de la Teja de Madrid, y así ha permanecido “hasta la aparición de tu publicación”. Y añade: “Tras comprobar que, efectivamente, se trata de la fuente de Santa María del patio de los Naranjos de Córdoba, procedemos a corregir los datos en el catálogo del Museo, no sin manifestarte el agradecimiento del Museo por tu fundada advertencia y tu colaboración”.

Gracias a todos

Mercedes

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Con motivo del programa municipal Madrid Otra Mirada, dentro del Año Sabatini, hoy hemos tenido ocasión de disfrutar de una visita guiada especial, El Museo Naval en el Palacio de Godoy, recordemos edificio construido por el gran arquitecto, como vimos cuando visitamos los palacios de Godoy aquí.

El Museo Naval ha inaugurado una pequeña exposición sobre su colección cuando el museo se encontraba en el mencionado Palacio de Godoy, que entonces era la sede del Ministerio de Marina.

Inaugurado en 1843, la primera sede del Museo Naval fue el Palacio de los Consejos o de Uceda, en la calle Mayor. Solo un año después, en busca de más espacio, se trasladó a la Casa del Platero, desaparecida, situada aproximadamente donde hoy se encuentra la Catedral de la Almudena. En 1853 se instaló en el Palacio de Godoy o Palacio de los Ministerios.

Un plano de Madrid nos muestra los tres emplazamientos hasta llegar al actual, el Cuartel General de la Armada, donde se encuentra el museo desde 1932.

Plano de Madrid, 1846

Se conoce en parte cómo estaba organizada la colección en aquellos momentos y la museografía, la que imperaba en la época, gracias a la documentación que se conserva, algún reportaje de prensa y sobre todo las valiosas fotografías de Jean Laurent.

Aquí se exponen cuatro de ellas, además de otros documentos y objetos.

Jean Laurent y Cia, c. 1880. Vista de la sala de descubridores y muertos en combates y naufragios.

No hay que perderse al final de la muestra el reportaje publicado en 1928 en la revista La Esfera, Una visita al Museo Naval, poco antes del nuevo y definitivo traslado al Paseo del Prado.

Y después, por supuesto, hay que recorrer el museo, lleno de historia y de joyas artísticas, y buscar elementos expuestos en la colección que estuvo en el Palacio de Godoy, como esta enorme canoa que aparece en las fotos de Laurent y de Cortés, que hoy se encuentra en uno de los patios del espectacular edificio que alberga el Museo Naval, en el Paseo del Prado nº 3, desde 1932.

La pequeña pero muy interesante exposición se puede visitar hasta el día 31 de octubre.

Por: Mercedes Gómez

Recordemos que finalizada la guerra de la Independencia, tras la ocupación francesa y la destrucción de edificios por parte del ejército inglés, los Jardines del Buen Retiro se encontraban en ruinas; Fernando VII promovió su recuperación. El rey mantuvo la apertura al público de casi todo el recinto pero destinó los terrenos situados en la esquina noreste para su uso personal. Encargó a su arquitecto Isidro González Velázquez la creación de sus Jardines Reservados cuyas obras se iniciaron en 1817.

Además de la creación de los jardines se construyeron varios caprichos románticos, edificios de tipo recreativo reservados al disfrute de la familia real. La mayoría desaparecidos, se conservan algunos, como la Montaña Artificial , y muy cerca, a sus pies, la Casita del Pescador.

Otro capricho fue la Casa del Contrabandista, la Noria titulada del Contrabandista, tal como aparece mencionada en el dibujo del arquitecto, González Velázquez.

Noria titulada del Contrabandista. AGP (En: Consuelo Durán, “Jardines del Buen Retiro”)

La construcción consta de una estancia principal, la Sala, circular en su interior, octogonal en su exterior de ladrillo y mampostería, cubierta con una cúpula con linterna central y pequeñas buhardillas, y a continuación una parte alargada, rectangular, formada por tres gabinetes.

En el dibujo conservado en el Archivo General del Palacio Real aparece el edificio de la noria hidráulica junto al del Embarcadero del Estanque Grande, que también había construido González Velázquez.

AGP, Planos, nº 4.449 (En “Isidro Velázquez, arquitecto…”)

Arriba, a la derecha, el arquitecto representó la planta de la Noria del Contrabandista, la cual dibujó en su interior.

Planta de la noria (AGP detalle)

El título del dibujo indicaba que cubría una noria, más antigua que el edificio, como veremos.

Al parecer el nombre proviene de que su interior estaba decorado con referencias a la Fábrica de Porcelana y con una serie de muñecos autómatas entre los que se encontraba la figura de un contrabandista.

La Casa del Contrabandista, después de ser uno de los caprichos en los que los reyes pasaban sus ratos de ocio, ha tenido usos diversos; en 1890 se convirtió en establecimiento de venta de aguas oxigenadas; en el siglo XX, hacia 1923, fue Viena Park; y después, hacia 1945, se convirtió en la famosa Florida Park.

Debido a todo esto, la construcción original está muy transformada, rodeada de nuevas edificaciones que forman el conjunto hostelero de la nueva Florida Retiro.

Como decíamos, el nombre indicado en el plano por el arquitecto hacía suponer que albergaba una noria, como así se demostró.

En 2015, durante las obras de reforma/reconstrucción de Florida Park, aparecieron los restos de una noria perteneciente a un complejo hidráulico del siglo XVII, época de creación del Buen Retiro.

Restos de la noria descubierta (Rafael Fraguas, El País)

La noria, de tracción animal, seguramente formaba parte de la red hidráulica del Buen Retiro.

Los vestigios de la noria del Contrabandista, en el interior de la estancia circular del capricho, fueron restaurados y se cubrieron con un cristal.

La Sala (floridapark.es)

Desgraciadamente, según me contaron en el local, el cristal se rompió y el suelo de La Sala fue cubierto con moqueta.

La Sala, Florida Retiro. 2018.

Aunque tapados, ahí continúan los restos de la noria que en el siglo XVII surtía de agua a algunas zonas o instalación del Buen Retiro, acaso el Estanque.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

DURÁN, Consuelo. Jardines del Buen Retiro. Ed. Doce Calles. Madrid 2002.
ORTEGA VIDAL, J. – MARÍN PERELLÓN, F.J. “Al este del Prado” en Isidro Velázquez (1765-1840). Arquitecto del Madrid fernandino. Ayuntamiento de Madrid, 2009.
FRAGUAS, Rafael. “Descubierta una noria del siglo XVII bajo el Florida Park”, El País, 25 julio 2015.

Ver: Un viaje de agua, cinco pozos de noria y un acueducto en Barceló

En la calle Mayor nº 16 de Madrid se encuentra el antiguo edificio de la Compañía Colonial, de gran valor histórico y artístico.

La fábrica de chocolates La Colonial, fundada en 1854 por Jaime Méric, tuvo su primera sede en la plaza de la Lealtad, junto al paseo del Prado, donde hoy se levanta el Hotel Ritz; al año siguiente la empresa abrió una tienda en la calle de la Montera. En 1866 la fábrica se trasladó al pueblo de Pinto.

El Pensamiento español (1869)

La fábrica de Pinto llegó a ser muy importante; allí, desde 1888, la Plaza de Jaime Meric recuerda al fundador. De la antigua empresa se conservan pocos elementos, uno de ellos la chimenea.

Pero Méric estableció la sede de las oficinas y el almacén en la calle Mayor nº 18, actual nº 16, en Madrid.

Nuevo Mundo (1903)
(Foto: sweetpress)

En 1906 los arquitectos Miguel Mathet y Coloma y su hijo Pedro Mathet y Rodríguez  proyectaron la reforma del edificio.

La obra se desarrolló entre los años 1907-1909 y sus autores convirtieron la fachada en uno de los pocos ejemplos de modernismo en Madrid, con ricos detalles escultóricos, cerámicos y de hierro forjado. La adornaron con figuras alegóricas, entre las que destaca el dios Mercurio, protector del comercio, en la entrada principal.

En la portada aparece la fecha de 1909, pero en 1908 ya debía de estar terminada la obra pues el Ayuntamiento le concedió el Primer Premio en el concurso municipal al mejor edificio construido ese año.

Varios paneles de azulejos decoran el último piso con las flores del Te, del Cacao y del Café, imágenes relativas al comercio realizadas en el taller de Daniel Zuloaga, encargadas en 1908 por el arquitecto Mathet y Coloma para La Colonial.

Sabemos por las crónicas de la época que el 15 de noviembre de 1909 tuvo lugar la inauguración del nuevo, lujoso palacio. Ese día, el propietario, Edmundo Meric, hijo del fundador, a cargo de la empresa desde 1887, ofreció un espléndido banquete a sus numerosos amigos, entre los que se contaban distinguidas personalidades en la banca, la industria y el comercio.

La construcción originalmente de viviendas destinó las plantas inferiores a la Compañía Colonial, letrero que entonces adornaba la fachada. Después de que la fábrica de chocolates abandonara la calle Mayor, durante un tiempo fue conocido como edificio Conrado Martín, así lo indicaba el nuevo letrero –por la sucursal de la cadena de perfumerías que lo ocupó hasta hace unos años–.

Mayor, 16 (Foto: Real Liga Naval Española)

Hoy día, tanto en su exterior como en su interior, el edificio felizmente conserva el estilo exquisito con el que fue diseñado.  En el portal se mantienen las magníficas vidrieras, con motivos florales y cintas típicas del art nouveau imperante en aquellos momentos.

Las vidrieras están firmadas por La Vidriería Artística de Madrid. Se trata de una de las firmas de los muchos talleres con diversos nombres que tuvieron los Maumejean en Madrid y otras ciudades antes de 1923 cuando pasaron a ser S.A. Maumejean Hermanos, su firma definitiva.

Sobre vidrio incoloro, la decoración se realizó usando una amplia gama de colores, verdes, rosas, amarillos, morados… La técnica utilizada, propia del modernismo y poco habitual en las vidrieras madrileñas, es el cloisonné, antigua forma de esmalte vidriado.

La decoración modernista se encuentra también en las vidrieras y barandillas de la escalera.

También se conserva el ascensor, uno de los más antiguos de Madrid, obra del ingeniero Jacobo Schneider.

Los locales comerciales en la actualidad están ocupados por una oficina bancaria –en la que se conservan las columnas de hierro forjado– y la mayor parte del edificio continúa albergando viviendas; excepto la primera planta, que es la sede de la Real Liga Naval Española.

La Real Liga Naval Española es una asociación centenaria de carácter privado que aglutina las aspiraciones y anhelos de las cuatro marinas: Armada, Mercante, Pesca y Deportiva.

Su historia comenzó con una reunión previa en el Ateneo de Madrid, convocada el 6 junio de 1900 por Adolfo Navarrete; fue fundada el 16 de diciembre de ese mismo año como Liga Marítima Española, en los salones del Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio, siendo su primer Presidente Antonio Maura y su primer Secretario Adolfo Navarrete. Sus fines son la promoción y defensa de los intereses marítimos de España en todos sus aspectos.

Hoy día, el elegante salón, que se asoma a la calle Mayor, guarda el espíritu original del singular edificio, con sus columnas de hierro forjado. Sin embargo, el pasillo, camino a las otras estancias (biblioteca, sala de conferencias, despachos, etc.), parece que ha adoptado plenamente su papel como escenario naval y nos recuerda el corredor de un barco que da acceso a los camarotes y distintas dependencias.

En el antiguo palacio de La Colonial, en la sede de la Real Liga Naval, se respira el pasado, su propia historia y la del edificio que la acoge; también se vive un presente pleno de actividades relacionadas con el mundo de la mar, deportivas, culturales, archivo y biblioteca… y el prometedor futuro de la entidad, que forma parte activa del sector marítimo español. Como dice su propio lema: «si amas el mar, esta es tu asociación». Si os apetece conocerla, os animo a visitar su web, aquí.

Por: Mercedes Gómez

 

NOTA:

Este artículo fue escrito para la revista de la Real Liga Naval Española, Proa a la mar, en cuyo nº 180 fue publicado, gracias a la amable invitación de esta centenaria asociación.

Esta entrada es una versión brevemente ampliada; merece la pena conocer uno de los edificios más bellos de Madrid, en el que la Real Liga Naval tiene su sede. Espero que os haya gustado, gracias a todos.

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Bibliografía:

Blanco y Negro, 20 nov. 1909
Nuevo Mundo, 25 nov. 1909.
NAVASCUÉS, Pedro. “Los premios de arquitectura del ayuntamiento de Madrid (1901-1918)”, Villa de Madrid, nº 52, Madrid 1976.
NAVASCUÉS PALACIO, Pedro. «Opciones modernistas en la arquitectura madrileña», Pro-Arte, 1976.
NIETO, Víctor; AZNAR, Sagrario; SOTO, Victoria. Vidrieras de Madrid. Del Modernismo al Art Déco. Comunidad de Madrid, 1996.
Arquitectura de Madrid. Vol. 2, Fundación COAM, Madrid, 2003.
CASTRILLO, Elena. «La luz oculta de Madrid. Estudio de las vidrieras en edificios civiles madrileños (1874-1950)». TFG, ETSAM 2020.

 

Manuel Herrero Palacios nació en 1911. Estudió en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Comenzó a trabajar para el Ayuntamiento de la Villa después de la guerra y se convirtió en un importante arquitecto municipal cuyas huellas aún subsisten en gran parte de la ciudad. Durante muchos años fue Jefe del departamento de Parques y Jardines y Estética urbana, cargo desde el cual trabajó en destacadas obras y reformas.

Él mismo escribió en 1958 en la revista Villa de Madrid que «… las zonas verdes y arboladas tienen una importantísima misión para la vida y el confort de la Ciudad…»

Además, desde su puesto en el Ayuntamiento, bajo una visión en cierto modo un tanto barroca de la ciudad, siempre prestó mucha atención al agua, su importancia en jardines, paseos y plazas, su necesidad para el bienestar de los ciudadanos; don Manuel diseñó láminas de agua, estanques y fuentes, algunas de las cuales felizmente se conservan.

En 1944 Herrero Palacios comenzó la gran reforma del Salón del Prado, el hoy llamado eje Prado-Recoletos, que se llevó a cabo durante los siguientes veinticinco años.

A lo largo de ese trayecto, desde Atocha hasta Colón, incluso en su prolongación, la Castellana, encontramos sus creaciones.

Frente al hoy Ministerio de Sanidad, –el Museo del Prado al otro lado del paseo–, se conserva un estanque de granito con tres surtidores verticales realizado hacia 1952.

Paseo del Prado

Dentro de esta amplia reforma a finales de los años 50, en el Paseo del Prado, en una pequeña plazoleta frente a la calle de Montalbán, instaló la Fuente de los Patos, cuyas esculturas como ya contamos son muy antiguas.

Otro precioso estanque es el de Recoletos, de 1969, con la cascada en otro tiempo llamada de la Mariblanca pues allí fue colocada la emblemática estatua, hasta 1984, como también vimos. Aunque sin la bella Mariblanca, la hermosa cascada, a lo largo de siete láminas de agua escalonadas, continúa adornando el paseo.

Paseo de Recoletos

En 1949 diseñó un estanque de granito para los Jardines de Sabatini, fiel a su estilo habitual. La escultura central fue instalada años después, al parecer es obra de Roberto Baeza.

Jardines de Sabatini, 2007.

En 1950 fue autor de otro de los grandes proyectos urbanísticos madrileños, la primera reforma de la Puerta del Sol. Se instalaron dos fuentes que en la actualidad se encuentran en Vallecas.

Ese mismo año fue instalada en la calle de la Princesa la Fuente mural homenaje al doctor Jaime Ferrán, situada al pie de un conjunto con doble escalinata que salva el desnivel entre esta calle y la plaza de Cristino Martos. Herrero Palacios trabajó junto al también arquitecto municipal Luis Pérez-Mínguez. La decoración escultórica fue obra de Federico Coullaut-Valera Mendigutia, hijo de Federico Coullaut-Valera. En 1975 fue restaurada por el propio Herrero Palacios.

En 1958 amplió y reformó el estanque donde se encuentra el monumento a Isabel la Católica cuando este fue trasladado al emplazamiento actual por motivos del creciente tráfico del paseo de la Castellana.

Monumento a Isabel la Católica.

En marzo de 1962 fue inaugurada en los Jardines de Cecilio Rodríguez en El Retiro la Fuente de las Gaviotas, donada por la Embajada de Noruega. Una fuente circular con un surtidor junto a un estanque en el que siete gaviotas unidas por las alas adornan el conjunto. El escultor de las figuras fue Jaime Fernández Pimentel; las rocas que rodean las gaviotas fueron traídas desde la Pedriza por orden del arquitecto. Las aves fueron fundidas en hierro por lo que sufrieron gran deterioro; el propio escultor en 1999 realizó las réplicas en acero inoxidable que vemos actualmente.

Fuente de la Gaviota, Jardines de Cecilio Rodríguez.

Ese mismo año el arquitecto diseñó la Fuente de la plaza de Mariano de Cavia en la que repitió el diseño de aves volando, en movimiento gracias a un mecanismo que lo permite. Siempre se ha considerado que era la Fuente de las Gaviotas, aunque en algún lugar figura que son tres patos… En cualquier caso, el escultor fue Gerardo Martín Gallego. Hace unos meses las esculturas no estaban en su lugar, acaso trasladadas para su restauración; hoy día lucen espléndidas.

Plaza de Mariano de Cavia

Cerca del monumento a Isabel la Católica, hacia 1965 fue construida por el ingeniero Carlos Buigas (autor de las conocidas fuentes de Montjuich en Barcelona), con la colaboración del arquitecto Herrero Palacios, la Fuente de la plaza de San Juan de la Cruz. Su gran pilón circular está adornado por doce peces, varios juegos de agua, y un surtidor central de catorce metros.

Plaza de San Juan de la Cruz

En 1969 diseñó la Fuente de las Conchas o del Nacimiento del Agua, que estuvo en la Plaza de España hasta que comenzaron las obras actuales. Las ninfas de bronce fueron realizadas en 1970 por el escultor Antonio Campillo.

Plaza de España (antes de 2019)

Las piezas del pilón de esta fuente pudimos verlas numeradas en el Almacén municipal del Taller de Cantería de la Casa de Campo, con la esperanza de que vuelvan a adornar y refrescar la nueva plaza de España, finalizadas las obras.

Taller de cantería, 2019.

Ese mismo año de 1969 proyectó la Fuente de los delfines en la plaza de la República Argentina. En este caso las esculturas de bronce son obra del artista Cristino Mallo.

Plaza de la República Argentina

A partir de 1970 nuestro protagonista trabajó en la reconstrucción y restauración del Templo de Debod junto al arqueólogo Martín Almagro Basch. Diseñó el estanque.

Una de las fuentes de Manuel Herrero Palacios desaparecidas, de la que hemos hablado aquí hace poco, es la Fuente de la Red de San Luis. En esos comienzos de los años 70 del pasado siglo XX el arquitecto volvió a utilizar en su diseño unas aves en movimiento, en este caso se conoció como la Fuente de los cisnes.

Entre 1976 y 1977, tras el derribo de la Casa de la Moneda y la convocatoria de un concurso, finalmente el arquitecto municipal fue el encargado de organizar la plaza de Colón; él diseñó los Jardines del Descubrimiento, incluyendo el estanque que rodea las esculturas de Joaquín Vaquero Turcios.

Igualmente creó la gran fuente-cascada que rodeaba la entrada al Centro Cultural de la Villa así como las conocidas como Fuentes Océanas, situadas en el centro del paseo, evocando las tres carabelas del viaje al Nuevo Mundo. Tanto la cascada como las fuentes fueron eliminadas en 2009, al dar comienzo la última reforma de la plaza de Colón.

Fuentes Océanas, 2005.

Aunque se habló de la recuperación y posible ubicación de las dos fuentes en la plaza de Legazpi, nunca llegó a realizarse ese proyecto. Sus restos también pudimos verlos en el almacén del Taller de cantería en la Casa de Campo.

Taller de cantería, 2019.

Manuel Herrero Palacios murió en 1992. Los jardines de la antigua Casa de Fieras del Retiro llevan su nombre desde 1981, son los Jardines del Arquitecto Herrero Palacios, en agradecimiento a los servicios prestados al Ayuntamiento para la mejora y embellecimiento de la Villa, como recuerda una lápida instalada en la entrada.

Una de las puertas del Parque del Retiro, en la avenida de Menéndez Pelayo, también lleva su nombre.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

HERRERO PALACIOS, Manuel. «Madrid, sus jardines y sus parques», Revista Villa de Madrid, 1958.

Ayuntamiento de Madrid

En la entrada anterior, Fuentes y templetes de la Red de San Luis, conocimos la historia de la plazuela de San Luis, desde el siglo XVII hasta la actualidad.

Plazuela de San Luis (Plano de A. Mancelli, 1623)

Nos quedamos en el momento de la inauguración oficial de la nueva estación de metro de Gran Vía, con el famoso templete. Al día siguiente se abrió a los viajeros. Ahora, además de poder volver a coger el metro en la estación después de casi tres años cerrada, podemos visitar una pequeña zona musealizada con hallazgos arqueológicos aparecidos durante las obras, así como algunos paneles informativos.

En el vestíbulo se ha restaurado el bonito mural cerámico, obra de Miguel Durán Loriga  realizado en los años 70 del pasado siglo, y se ha recuperado el escudo de Madrid de cerámica vidriada, realizado en azulejos con reflejo metálico por el ceramista Ramos Rejano. En las vitrinas se exponen cerámicas de la decoración original de la estación.

Pero, sobre todo, es interesante que, además de los restos de la propia estación de metro construida en el siglo XX y explicaciones sobre su construcción, la Gran Vía, Antonio Palacios, etc., se exponen objetos que son testigos importantes de la antigüedad de la zona. La mayor parte son del siglo XIX, pero, según las cartelas, también de siglos anteriores. Objetos que nos llevan a preguntarnos cómo era la zona en sus orígenes. Propongo un viaje hacia atrás, al tiempo anterior al que nos mostraban Mancelli y Texeira en sus planos del siglo XVII.

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Recordemos que la Puerta del Sol en el siglo XV estaba situada en el lugar que entonces era el límite de Madrid por el este; era una de las puertas  de la Cerca del Arrabal que rodeaba la Villa en aquellos momentos.

Ya vimos que durante unas obras, casualmente, en la Puerta del Sol se hallaron valiosas piezas cerámicas datadas en los siglos XIV-XV.

Piezas cerámicas Puerta del Sol (Catálogo Museo Municipal, 1979)

Como sabemos, en 1561 Felipe II trajo la Corte a Madrid. Poco después, en 1566, ante el aumento de población y crecimiento de la Villa, el rey mandó construir una nueva tapia, la llamada Cerca de Felipe II. De esta Cerca de Felipe II solo conocemos un posible resto, en la calle de Bailén, nunca aclarado del todo a qué época pertenece.

Jarro de cerámica esmaltada en azul y blanco. Talavera. Serie de los jarros de Santiago. Siglo XVI.

En la nueva Cerca, la Puerta del Sol conservó el nombre pero fue situada un poco más adelante, en la calle de Alcalá. Según Miguel Molina Campuzano, otra de las puertas pudo estar ubicada en la Red de San Luis. De allí, como siempre fue habitual en murallas y cercas, partían caminos, en este caso los Caminos a Hortaleza y Fuencarral. Y, como igualmente solía ocurrir, en la plazuela formada junto a la puerta, se instaló un red de mercado de alimentos que siguió existiendo durante mucho tiempo.

Murallas y Cercas de Madrid (siglos. IX al XVII) según Miguel Molina Campuzano

La ronda exterior de la cerca que desde San Luis conducía hasta la Puerta de Santo Domingo originó la calle de Jacometrezzo –hoy día en gran parte desaparecida tras la construcción de la Gran Vía–.

El Postigo de San Martín y la Puerta de Santo Domingo de la anterior Cerca del Arrabal se cree que coinciden en el trazado de la nueva Cerca de Felipe II.

Puerta o portillo de San Luis, en la Cerca de Felipe II (1566) según Miguel Molina Campuzano.

Es muy interesante observar que algunos hallazgos, monedas, objetos de la vida cotidiana… corresponden a mediados y finales del siglo XVI, incluso anteriores.

Albarelo en azul, Talavera (sg. XVI)

En una de las vitrinas de la estación de Gran Vía se exponen monedas, entre ellas una blanca del siglo XV, época de los RRCC, y maravedíes de los siglos XVI y XVII, época de Felipe II, Felipe III y Felipe IV.

Plato de cerámica esmaltada azul y blanco. Talavera. Serie de las Golondrinas. Siglo XVII.

El siglo XVIII también se encuentra bajo la Red de San Luis actual. Han aparecido estructuras subterráneas, y diversos objetos, entre ellos botellas de todo tipo, bajo lo que fue Casa de Astrearena, construida en el siglo XVIII, en cuyo sótano pudo existir una taberna.

Antes de la construcción de la Gran Vía en el siglo XX, la zona estaba ocupada por calles estrechas en las que había comercios, casas de hospedaje, librerías, tabernas, una farmacia…

En la calle de la Montera, José Ortega compró una farmacia que se convirtió en una de las mejores y más modernas de Madrid. En la rebotica se reunían por las tardes médicos, farmacéuticos y otros científicos, tertulia que fue origen de la Tertulia Literario-médico-quirúrgica-pharmacéutica (1733), que se convertiría en precedente de la Real Academia de Medicina.

Jarra. Cerámica en vidriado interior. Siglo XVIII.

Del siglo XIX, además de jarros, platos, cántaros, etc. se han encontrado dedales de bronce, fichas de dominó, un tintero, un anillo, botones… ejemplos de actividades cotidianas, la costura, la escritura, el ocio…

Como siempre, estos hallazgos arqueológicos, recuerdos y testigos de la vida de nuestros antepasados en el Madrid más antiguo, me parecen muy emocionantes.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Miguel Molina Campuzano. Planos de Madrid de los siglos XVII y XVIII. Cajamadrid, Madrid 2002 (Facsimil ed. 1960).

La plazuela de San Luis es muy antigua,  en el siglo XVII ya debía de ser importante pues aparece indicada en el plano de Antonio Mancelli, el primer plano conocido de Madrid.

Plano de Mancelli, 1623

Unos años después es mencionada en el Plano de Pedro Texeira, vía que subía desde la Puerta del Sol hasta la calle de Fuencarral.

Plano de Texeira, 1656

La plaza se considera que desde muy pronto estuvo ocupada por un mercado. A mediados del XIX la Red de San Luis era así llamada «por hallarse en ella los cajones para la venta de comestibles y la red del pan».

La denominación fue suprimida por acuerdo municipal en el año 1835. De todas formas, aunque el nombre ya no es oficial, muchos madrileños hoy día continuamos refiriéndonos a la plazoleta que existe entre el final de la calle de la Montera frente a las calles de Fuencarral y Hortaleza como Red de San Luis.

En 1717, durante el reinado de Felipe V, allí se instaló una fuente, obra de Pedro de Ribera. El primer plano en que se representa es el de Chalmandrier.

Plano de Chalmandrier (1761)

No se sabe mucho sobre ella, aunque sí constan los repetidos comentarios de los cronistas del XIX al hablar de la obra del gran arquitecto barroco madrileño calificándola como churrigueresca y mezquina.

En 1832, reinando Fernando VII, se instaló la nueva Fuente de los Galápagos o de Isabel II, con motivo del primer aniversario de la princesa, futura Isabel II.

Fuente de los Galápagos en la Red de San Luis (h. 1870) (Foto: memoriademadrid)

La nueva fuente fue diseñada por Francisco Javier Mariátegui, entonces arquitecto mayor de Madrid, con esculturas en bronce y piedra de Colmenar de José Tomás. Recordemos que la Gran Vía aún no existía.

Plano General I. de Ibero (1875)

En 1878 la hermosa fuente fue trasladada al Parque del Retiro, donde felizmente continúa.

Llegamos al siglo XX. En 1919 se inauguró la primera línea del Metro de Madrid, una de cuyas estaciones era la de Red de San Luis, actual Gran Vía, con su famoso templete de granito con marquesina de hierro y cristal, obra del arquitecto Antonio Palacios.

En 1970 fue desmontado y trasladado a Porriño, pueblo donde había nacido Antonio Palacios, cedido por el Ayuntamiento de Madrid. Allí, en un parque del pueblo gallego, continúan los restos que se conservan del templete.

Poco después se construyó una nueva Fuente de la Red de San Luis, obra del arquitecto municipal Manuel Herrero Palacios.

Fue inaugurada por el mismo alcalde que había desmontado el templete, Carlos Arias Navarro, momento que quedó para la posteridad en un gran reportaje realizado por el fotógrafo Martín Santos Yubero.

M. Santos Yubero, “La Fuente de la Red de San Luis e inauguración”. Archivo Regional Comunidad de Madrid.

Esta fuente estaba adornada por unas figuras, unas aves de metal en movimiento, obra del escultor Gerardo Martín Gallego, por lo que  también era conocida como Fuente de los Cisnes.

Fuente de la Red de San Luis, probablemente h. 1972 (memoriademadrid)

En una enésima reforma de la calle, las esculturas desaparecieron.

Fuente de la Red de San Luis, 2005.

En octubre de 1999, durante la alcaldía de José María Álvarez del Manzano, se anunció que, en breve, el templete iba a ser reconstruido. El proyecto municipal consistía en convertirlo en caseta de información de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) y en taquilla para espectáculos. La idea en ese momento fue construir un pabellón más ligero que el original pero con una marquesina similar. Nunca se llevó a cabo.

El siguiente alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, recuperó la idea. En septiembre de 2008 anunció la construcción de una réplica del templete. El tramo de la calle Fuencarral más próximo a la Gran Vía iba a peatonalizarse. Además, debido a ello, se notificó que la fuente sería desmontada. Fuencarral se peatonalizó y la fuente desapareció. Pero el templete no se construyó.

Calle Montera (2012)

En su lugar se colocó un olivo.

Red de San Luis, 2010

El proyecto actual, no municipal en esta ocasión, sino que ha formado parte de las obras de reforma de la estación de metro de Gran Vía, que comenzaron en agosto de 2018, acaba de cumplirse; se ha hecho realidad la antigua promesa de realizar una réplica del antiguo templete de Antonio Palacios.

Calle de la Montera, antigua Red de San Luis. Al fondo, las calles de Fuencarral y Hortaleza (2021)

Hoy 15 de julio de 2021 las autoridades han inaugurado la nueva estación.

El templete es de granito, como el original. La marquesina, de vidrio y acero.

Por: Mercedes Gómez

Este año 2021 Madrid celebra el Año Sabatini con motivo del nacimiento del ingeniero y arquitecto hace trescientos años. A Sabatini, como dijo Valentín de Sambricio, «en gran parte débese la transformación y embellecimiento de la villa y corte».

Año Sabatini. Arquitectura y poder en el Madrid ilustrado.

Se conoce muy bien su obra, descrita y analizada por grandes especialistas, la bibliografía es amplia, sin embargo tal vez no es tan conocida su vida ni detalles sobre su persona.

 

I

Francisco Sabatini nació en Palermo, Sicilia (Italia), en 1721.

 

Francisco Sabatini nació en 1721, pero en algunas fuentes importantes aún figura que Sabatini nació en 1722.

¿De dónde parte esta confusión?

Eugenio de Llaguno (1724-1799), contemporáneo de Sabatini, escribió las Noticias de los arquitectos y arquitectura de España desde su Restauración, aunque no fueron publicadas hasta 1829, treinta años después de su muerte, por su amigo Juan Agustín Ceán Bermúdez, a quien había legado su manuscrito y que las publicó «ilustradas y acrecentadas con notas, adiciones y documentos».

En su capítulo dedicado al año 1760 leemos que Sabatini «había nacido en Palermo el año de 1722 y estudiado en aquella ciudad las humanidades, la filosofía y las matemáticas, que le inspiraron afición a las bellas artes. Prefirió la arquitectura, que fue á estudiar á Roma, y hubo de hacer tales progresos en ella, que trasladado a Nápoles fue nombrado segundo director de la gran obra del palacio de Caserta…»

El párrafo fue repetido en otras fuentes, hasta hoy.

Sixto Mario Soto en 1903 aportó que, aunque «todos los escritos de aquel tiempo y posteriores dicen que nació en el año 1722», en su partida de bautismo figura que nació en Palermo el día 10 de marzo de 1721; y que fue «bautizado el día 19 del mismo mes en la iglesia de San Nicolás y se le pusieron los nombres de Carlos, Casimiro, Vicente y Francisco, aunque firmó toda su larga vida con el último…»

Valentín de Sambricio, cincuenta años después,  en 1953 cita también la partida bautismal en la que consta que «en el día 10 de mayo de 1721… y en la iglesia parroquial de San Nicolás de Albergaria, de la ciudad de Palermo, fue bautizado… un niño que nació el día 5 del presente, hijo de D. Erasmo Sabatini y Doña Teresa Sabatini Giuliani…  al que se le puso por nombre Carlos Casimiro Vicente Francisco…»

Aunque Soto y Sambricio citan la misma fuente, –el expediente abierto para el ingreso del arquitecto en la Orden de Santiago, que llegaría a celebrarse en la iglesia de las Comendadoras de Madrid–, las fechas de ambos no coinciden. Qué complicación, no es de extrañar que en ninguna parte figure la fecha de nacimiento de Sabatini (día y mes), y en algunas publicaciones y webs el año aún figure de forma incorrecta. Esperemos que este Año Sabatini sirva para que definitivamente se corrijan los errores.

Sambricio, en su trabajo publicado en 1953, cita todos los libros y archivos consultados, con mucho detalle, así que parece que debemos inclinarnos a considerar sus datos los correctos y aventurarnos a afirmar que:

Francisco Sabatini nació en Palermo el 5 de mayo de 1721.

 

II

Breves apuntes sobre su vida

Sabatini, como vimos, había trabajado con su maestro el arquitecto Luigi Vanvitelli en la construcción del Palacio Real de Caserta, encargado por el rey Carlos VII de Nápoles, futuro Carlos III.

Fue uno de los muchos colaboradores italianos que llegaron a España en 1760 para trabajar al servicio del nuevo rey, Carlos III, quien le encumbró en su carrera militar y como arquitecto, frente a los arquitectos españoles, como Ventura Rodríguez.

Cuatro años después, marzo de 1764, Francisco Sabatini pidió en matrimonio a la hija pequeña del maestro Vanvitelli, Cecilia Vanvitelli; el rey le concedió el permiso para casarse por poderes. La ceremonia tuvo lugar en noviembre, en la iglesia de San Marcos.

Cecilia, a la que Sabatini al parecer no había visto desde que era una niña de 10 años cuando aún trabajaba con su padre en Nápoles, en el momento de la boda tenía 15; Francisco Sabatini tenía casi 43. El matrimonio con la hija del maestro, unido a la protección real, facilitó su ascenso social y profesional.

El primer domicilio del artista en Madrid fue en la calle de las Rejas (actual Guillermo Roland), hacia 1790­ pasó a residir en una gran casa alquilada, en la calle Alta de Leganitos, esquina a la plazuela de los Afligidos (actual Cristino Martos), ricamente amueblada y con oratorio privado. No faltaba su colección de pinturas y grabados. De sus paredes colgaban los retratos de Sabatini y de Cecilia Vanviteli pintados al pastel por Mengs. Había cuadros de Tiépolo, Maella, Bayeu, Goya…

Sabatini era un hombre culto y así lo atestigua su biblioteca. «Sabatini vivía como un señor y como hombre de su época era un Ilustrado. Se movía entre la alta sociedad y por sus amigos y conocimientos debía de relacionarse con los círculos más cultos de Madrid».

Se conoce bien cómo era la casa, sus estancias y mobiliario, gracias al inventario de su testamento, y al interesante artículo de Ruiz Hernando, citado al final.

Cecilia y Francisco tuvieron cuatro hijos, dos niños y dos niñas, aunque solo sobrevivieron las dos hijas. Pero parece que el matrimonio no fue precisamente feliz, más bien fue un matrimonio de conveniencia, las ausencias de Cecilia del domicilio familiar durante largos periodos de tiempo así lo indican: desde 1768 a 1770 y desde 1777 a 1788 ella vivió en Nápoles.

Anónimo. “F. Sabatini” (1790)

Sabatini casó a sus dos hijas con aristócratas que le facilitaron la relación con la nobleza madrileña y por tanto el ascenso social una vez más.

Apunta Sambricio que en el Archivo de la iglesia de San Martín, donde fue sepultado, se conserva la partida de defunción, «acaecida en su domicilio de la Plazuela de los Afligidos» el día 19 de diciembre de 1797 a la edad de 76 años.

Cecilia aún no había cumplido los 50. Y no estaba de acuerdo con el testamento que había dejado establecido su esposo…

Tras la muerte de Sabatini, que había logrado una notable fortuna –invertida en la banca veneciana y en otros países–, la viuda emprendió un largo pleito con sus hijas a causa de la herencia. Sabatini había introducido una mejora a su favor pero a ella no le pareció suficiente ni estaba en absoluto de acuerdo con los mayorazgos que había dispuesto para las hijas.

Tras un juicio en el que el abogado de la viuda intentó no dejar a Francisco Sabatini en muy buen lugar, el 20 de agosto de 1800 la sentencia dictada fue favorable a Cecilia Vanvitelli.

 

III

Sabatini en Madrid

Sabatini entre otras cosas –su carrera como ingeniero militar fue muy importante pues alcanzó todos los cargos imaginables– llegó a ser Maestro Mayor de las Obras Reales. Como es sabido, fue el autor de numerosas construcciones, incluidas algunas puertas de entrada a la ciudad. Como ingeniero y como arquitecto real proyectó obras nuevas y participó sobre todo en ampliaciones y reformas de edificios ya existentes.

Recién llegado, diseñó los monumentos funerarios del rey Fernando VI y de Bárbara de Braganza en la iglesia de las Salesas Reales, por encargo de Carlos III, hermanastro y sucesor de Fernando.

Uno de sus primeros proyectos, de gran importancia para la ciudad, iniciado en 1761, fue la Instrucción para el nuevo Empedrado, y Limpieza de las Calles de Madrid.

Ese mismo año trazó la antigua Real Casa de la Aduana, edificada en 1769. Hoy son oficinas de Ministerio de Hacienda.

Calle Alcalá 5-7

Como sabemos, en 1769, el día 18 de mayo, Carlos III eligió el diseño que finalmente se iba a ejecutar de la Puerta de Alcalá cuyo autor fue Sabatini, hoy convertida en uno de los emblemas de Madrid.

Fue autor del segundo proyecto (1769) del antiguo Hospital San Carlos (actual Museo Reina Sofía y Conservatorio).

Suya fue la traza primitiva y la Puerta Real del Jardín Botánico (1774).

La zona actualmente está en obras para la recuperación del segundo tramo de la bancada original que forma parte del diseño de Sabatini.

 

En 1775 finalizaron las obras de la nueva Puerta de San Vicente –existió una anterior, de Pedro de Ribera–. La actual es una reconstrucción, como vimos aquí. Parte de sus restos sobreviven sorprendentemente en el Taller de Cantería, almacén municipal, en la Casa de Campo.

Taller de Cantería, Casa de Campo, 2019.

 

En 1776 proyectó el Palacio de los Secretarios de Estado, hoy conocido como Palacio de Godoy.

Sabatini intervino en la ampliación y reformas de diversos edificios: San Francisco el Grande (1761-1784); el Palacio del Pardo (1772); Palacio de los Vargas y sus Jardines en la Casa de Campo (1773); participó en la segunda reforma del Palacio de Uceda o de los Consejos (1778-1783), etc.

Destacable fue su trabajo en la ampliación y primera reforma (1778) del Palacio Real de Madrid.

Fachada del Palacio Real, reformada por Sabatini.

 

El Año Sabatini. Arquitectura y poder en el Madrid ilustrado ha sido organizado por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento de Madrid. Esperaremos al otoño para asistir a un ciclo de conferencias y una exposición sobre Sabatini y la ciudad de Madrid que tendrá lugar en el Centro Cultural de la Villa. La web sabatini.2021 ofrece toda la información.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

LLAGUNO, Eugenio. Noticias de los arquitectos y arquitectura de España desde su Restauración, por Juan Agustín Ceán Bermúdez, tomo 4, Madrid, 1829.

SOTO, Sixto Mario. Sabatini. Estudio biográfico. Valladolid, 1903.

SAMBRICIO, Valentín de. “La patria de Sabatini”, Archivo Español de Arte, vol. 26 (104), 1953.

AA. VV. Francisco Sabatini 1721-1797. La arquitectura como metáfora de poder. Catálogo exposición. Comunidad de Madrid; Fundación Caja Madrid, Madrid, 1993.

RUIZ HERNANDO, José Antonio. “La testamentaría de Francisco Sabatini”, en Francisco Sabatini 1721-1797. La arquitectura como metáfora de poder. Madrid, 1993.

Hasta el próximo 25 de julio la Calcografía Nacional, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, expone Cristina Iglesias, una trayectoria. Premio Nacional de Arte Gráfico 2019.

La obra gráfica de Cristina Iglesias es tan singular y creativa como su obra escultórica, con la que sin duda está relacionada. La misma experimentación con los materiales, el cobre, el aluminio, la seda… y el mismo resultado, mágico. Sus grabados también invitan a entrar en la obra, con el mismo sentido arquitectónico que sus esculturas.

Sin título (Corredor suspendido), 2008. Aguatinta, punta seca e impresión digital.

No es la primera vez que tenemos ocasión de contemplar sus grabados y serigrafías, en 2015 fue un placer conocer sus Impresiones, en el Museo Casa de la Moneda. Como recordábamos entonces, aquí, ella misma ha dicho que no da mensajes, crea lugares. No se puede explicar mejor.

Serigrafías sobre cobre.

En 2019 el jurado le concedió por unanimidad el Premio Nacional de Arte Gráfico «por su continua y singular tarea de investigación e implicación con los procesos y avances de expresión gráfica, desarrollados en paralelo a su obra escultórica durante su extensa trayectoria artística».

Serigrafías sobre cobre.

La exposición dedicada a Cristina Iglesias en la Calcografía Nacional, además de serigrafías, incluye monotipos en los que el ácido actúa sobre el metal de cobre mordiendo la imagen. Hay que verlos de cerca.

Sin título. Ácido sobre serigrafía en cobre. 2021.

He dedicado varias entradas al arte de Cristina Iglesias , su escultura en Madrid y exposiciones, desde los comienzos del blog, hoy solo queda recomendaros la visita a su muestra actual:

En la Calcografía Nacional
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Alcalá, 13. Madrid

Cristina Iglesias, una trayectoria,

Hasta el 25 de julio de 2021.
Martes a viernes: 10 a 14 y 17 a 20 h
Sábado, domingo y festivos: 10 a 14 h
La entrada es gratuita.

Por: Mercedes Gómez

Como sabemos, hasta mediado el siglo XIX en que se inauguró el Canal de Isabel II, el abastecimiento de agua en Madrid estaba a cargo de los Viajes de Agua, viajes subterráneos, grandes obras de ingeniería cuyos vestigios hoy día son un elemento histórico singular.

La zona de captación estaba a unos diez kilómetros al norte de la ciudad; desde los pozos, a través de galerías, el agua se dirigía a las puertas situadas al norte de la Villa. En el siglo XVII, –construidos debido a la necesidad de agua que provocó el crecimiento de población tras la llegada de la Corte a Madrid–, los cuatro viajes principales de aguas finas o potables eran: Alcubilla, Abroñigal Alto, Abroñigal Bajo y Castellana.

Plano de Texeira, 1656 (detalle Puerta de Santa Bárbara)

Una vez alcanzada la Cerca, el agua se vertía en un arca principal, donde se medía, y de ahí partían las galerías de conducción que, una vez en el interior, se convertían en una red intrincada de galerías y arcas de repartición. El agua era elevada mediante norias hasta las fuentes públicas o particulares.

En los comienzos del siglo XXI, en el entorno de la calle Barceló –entre las calles de Fuencarral, Barceló, Mejía Lequerica, Beneficencia y San Mateo–, aparecieron varios restos arqueológicos procedentes de antiguas estructuras hidráulicas, entre ellos varios pozos de noria y un acueducto.

Calle de Mejía Lequerica y el nuevo Mercado Barceló. A la izquierda, lugar donde se halló una noria, entre Beneficencia y San Mateo. A la derecha, tapia del Palacio de Ustáriz (2013)

Hemos hablado de algunos de estos hallazgos en este blog y solicitado información repetidamente, así que es obligado contar las conclusiones publicadas en diversas actas de reuniones arqueológicas, citadas al final. Me parece muy interesante, espero que lo sea para todos.

Noria del Museo de Historia (2002-2007)

En 2004 durante las obras de rehabilitación del Museo Municipal, hoy Museo de Historia, se halló un «complejo hidráulico del siglo XVII de gran entidad y envergadura», según se publicó en aquellos momentos. La entonces directora del museo, la arqueóloga e historiadora Carmen Priego explicó que se trataba de un «conjunto formado por el estanque de una noria de las denominadas de sangre, es decir, de tracción animal, empleada para el riego de huertos y el abastecimiento de una comunidad… Las paredes del gran vaso descubierto, en ladrillo toledano del usado en las construcciones madrileñas en el siglo XVII, constan de peldaños perfectamente trazados, pates, que descienden hasta 15 metros de profundidad, aproximadamente».

A una profundidad de unos ocho metros surgía un ramal excavado en la tierra, que Carmen Priego opinó que casi seguro “este conducto perteneció al gran viaje de agua de Alcubilla, que cruzaba diagonalmente el edificio del Museo Municipal en dirección a la calle de Fuencarral“. La idea era integrar los hallazgos en el Museo.

Pero pasaron muchos años hasta que por fin se reabrió el museo y supimos que el estanque de la noria se había conservado y quedado a la vista. El resto del hallazgo debió de ser tapado.

A pesar de que aún no forma parte del recorrido visitable del museo, al menos una parte del hallazgo allí se encuentra felizmente; fue una suerte que la estructura se encontrara en terrenos del antiguo Hospicio, parece que eso la salvó.

Se documentó un pozo de forma ovalada, en fábrica de ladrillo, y una galería identificada como perteneciente al viaje de agua de Alcubilla o el de la Fuente Castellana.

Noria Museo de Historia de Madrid. Calle Fuencarral.

El estudio arqueológico en este caso fue completado con el análisis mediante termoluminiscencia de piezas halladas en la excavación. Aparecieron, entre otras cosas, numerosos cangilones o arcaduces que demuestran la existencia de las norias movidas por animales, que recogían el agua de los pozos.

La conclusión del análisis fue que esta noria había sido construida hacia 1644-45.

Deseamos que estos restos conservados y musealizados pronto por fin se abran al público y se explique el hallazgo y su gran importancia en la Historia de Madrid.

La noria de Barceló (2005-07)

Tras el derribo del antiguo Mercado de Barceló, durante la construcción del nuevo mercado y aparcamiento, en el entorno de la plaza de Barceló se produjeron otros hallazgos importantes, entre ellos un nuevo pozo de una noria de sangre. Apareció también una galería, probablemente del ramal del viaje de agua que abastecía a la noria, en terrenos de lo que entonces pertenecía al antiguo Hospicio, hoy plaza de Barceló.

Planta de la noria de la calle de Barceló al comienzo de la excavación (Foto: Actas RAM 2016)

Noria de Mejía Lequerica (2010)

Con motivo de las obras –se iba a construir el nuevo mercado, una biblioteca y otras instalaciones–, a partir de 2008 se realizaron una serie de controles arqueológicos en la que se denominó Área de Protección Específica Barceló.

El pozo de noria, hallado en enero de 2010 en la calle Mejía Lequerica, entre las calles de Beneficiencia y San Mateo, al excavar la salida del aparcamiento, era similar al mencionado de la calle Barceló y al del Museo de Historia, de ladrillo y mortero de cal y arena.

Pozo de noria de la calle Mejía Lequerica (Foto: Actas RAM 2016)

El pozo fue documentado y desmontado.

Acueducto (2011)

Durante la misma excavación de la rampa del aparcamiento, en marzo de 2011, en la calle Mejía Lequerica, apareció una espectacular nueva estructura de ladrillo y mortero de cal y arena, que en su momento pudimos ver, en uno de sus dos tramos descubiertos, que probablemente continúa hacia la calle Sagasta.

Calle Mejía Lequerica, agosto 2011

El País publicó la noticia del hallazgo de un muro de sesenta metros de largo por uno y medio de ancho que recorre el último tramo de la calle. Aunque el titular era «Un gran muro del XVIII paraliza las obras en Mejía Lequerica» el reportaje planteaba dudas sobre si pertenecía a un antiguo cuartel o a una estructura hidráulica, quizá al antiguo Viaje de Agua de la Castellana.

Nosotros en esos momentos pensamos que podía tratarse de una estructura perteneciente al Viaje de Agua de la Castellana. En septiembre del mismo año se apreciaban perfectamente los arcos de la construcción que finalmente fue catalogada como acueducto y datado entre los siglos XVI y XVIII.

Calle Mejía Lequerica, sept. 2011

Una foto de las actas publicadas, con la imagen de una persona trabajando, nos permite hacernos una idea de la magnitud del acueducto:

Acueducto. Labores de engasado. (Foto: Actas Jornadas Arq. 2012)

Según leemos en las actas, los restos fueron consolidados, desmontados los arcos y los pilares mediante cortes con hilo de diamante y, una parte, trasladada y almacenada. La construcción de la rampa del aparcamiento continuó.

Calle Mejía Lequerica, sept. 2013

Según se publicó, la Dirección General de Patrimonio Histórico notificó que la pieza iba a ser desmontada para ser posteriormente musealizada, no en el mismo lugar, sino en otro cercano. Afirmaron que su intención era exhibir una parte del acueducto al aire libre, cerca del lugar de origen, la calle de Mejía Lequerica, «para no alejarlo de su lugar natural y para el disfrute de la ciudadanía». Eso mismo se puede leer en las actas. Aunque nunca se ha vuelto a hablar del tema, las piezas salvadas deben de continuar en el almacén municipal, la Casilla de la Casa de Campo, adonde fueron trasladadas a la espera de determinar su ubicación con el fin de dar a conocer y explicar el antiguo sistema de abastecimiento de agua a la ciudad de Madrid.

Noria, calle de San Mateo 3 (2015)

En la calle de San Mateo nº 3, en 2015, se halló un nuevo pozo de noria, en mal estado de conservación. Destaca que en el relleno del pozo se hallaron cerámicas, entre ellas azulejos datados a partir del siglo XVI, época en la que se construyeron algunos de los primeros edificios que conformaron la zona.

Noria del Palacio de Ustáriz (2015)

Otra noria fue localizada durante las obras de rehabilitación del Palacio de Ustáriz, al retirar uno de los árboles del jardín.

Viaje de Agua en la calle Fuencarral (2018)

Más recientemente, en el verano de 2018, nuevamente durante unas obras se encontraron unas galerías que enseguida se identificaron como probables restos del siglo XVII.

Por su ubicación en esos momentos vimos que podría tratarse de vestigios del Viaje de la Alcubilla. En Fuencarral, en el cruce con las calles de San Mateo y San Joaquín, se sabe que discurría uno de los ramales del viaje.

Calle Fuencarral, agosto, 2018

En ese punto hubo un arca de repartición del agua, el “arca que está debaxo de tierra en calle alta de Fuencarral, frente de la de San Mateo”, como describió Aznar de Polanco, y recordamos entonces.

Calle Fuencarral, sept. 2018.

Sin duda fue un hallazgo muy importante. Es bonito saber que la descripción en el artículo de las actas RAM así se titula: «La arca treinta esta debaxo de tierra en la calle alta de Foncarral, frente de la de San Matheo», trabajo que incluye fotografías de las galerías y esquemas muy interesantes.

Por: Mercedes Gómez

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Ver Actas Reuniones Arqueología:

RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Antonio. «Resultados del seguimiento arqueológico intensivo de los movimientos de tierra de las obras del Área de Protección Específica 01.03 “Barceló” (Madrid)», Actas de las Octavas Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid, 2011, pp. 431-440.

RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Antonio. «Consolidación, conservación preventiva, desmontaje, traslado y almacenamiento de parte del acueducto hallado durante el seguimiento arqueológico de los movimientos de tierra de las obras del nuevo Centro Polivalente Barceló», Actas de las Novenas Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid, 2012, pp. 417-421.

CABALLERO, Carlos; GÓMEZ HERNANZ, Juan; HERRERA Teresa; MENDUIÑA, Roberto C.; PETRI, Aldo; RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Antonio; VEGA, Jorge J. y VILLANOVA, Luis. «Estructuras hidráulicas en el entrono de la plaza de Barceló (Madrid)», Actas Reunión de Arqueología Madrileña, 2016, pp. 212-220.

SILVESTRE, Manuel; FERRER, Genaro y NUÑO, Antonio. «La arca treinta esta debaxo de tierra en la calle alta de Foncarral, frente de la de San Matheo», Actas Reunión de Arqueología Madrileña, 2019, pp. 179-189.

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