Queridos amigos:

Os deseo que paséis unas felices fiestas.

Este año 2020 ha sido duro, muy duro para muchas familias; creo que nunca, nadie, pudimos imaginar lo que nos depararía. La situación no es buena, por eso demos la bienvenida a un esperanzador 2021. Está claro que aún estará lleno de dificultades, pero, a pesar de los pesares, y las demoledoras cifras que la pandemia nos deja cada día, esperemos que todo mejore, y que todos pongamos de nuestra parte para que así sea, ¡seamos prudentes!

Madrid nos espera, a los madrileños y a los que vivís en otras ciudades y en otros paises (ilusiona mucho saber que llegáis hasta Arte en Madrid lectores desde otros lugares, algunos muy lejanos).

Gracias a todos por vuestra compañía, un año más. Cuidaos mucho.

Abrazos y besos

Mercedes

Como sabemos, el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid han presentado la candidatura, avalada por el Ministerio de Cultura, denominada El Paseo del Prado y el Buen Retiro, paisaje de las Artes y las Ciencias, con el deseo de llegar a formar parte de la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

 

«Madrid tiene en su corazón un paisaje de Artes y Ciencias, un Paisaje de Luz

Esta frase introduce el folleto que presenta dicha candidatura, y que recoge los numerosos y diferentes valores que posee el deslumbrante enclave madrileño.

El folleto incluye un plano con una selección de algunos de los singulares edificios, monumentos, museos, colecciones de arte y elementos naturales que la componen.

(click para ampliar)

La selección es impresionante. Parece mentira que en un relativamente pequeño espacio de una ciudad, Madrid, puedan encontrarse tantas maravillas.

El plano nos propone un hermoso paseo recorriendo cuarenta lugares, desde el Instituto Cervantes hasta el Museo Nacional de Antropología.

Se destacan una serie de aspectos, históricos y actuales, del Paseo del Prado y del Buen Retiro:

Naturaleza, como corazón verde de Madrid; Arte, como inigualable sede de museos y colecciones de arte; columna vertebral de la Ciencia, por voluntad del rey Carlos III; Modelo universal como espacio de ocio en un entorno natural dentro del casco urbano; Espacio cívico, como lugar de encuentro y celebración desde hace siglos; y Luz del conocimiento por su vínculo con las artes y las ciencias desde el siglo XVIII.

El folleto se puede descargar aquí: Paisaje de la Luz. No dejéis de enviarlo a todas aquellas personas a las que creáis que les puede interesar y puedan apoyar la candidatura, que ojalá llegue a buen término.

Gracias a todos.

Mercedes Gómez

 

 

Los días anteriores al 14 de marzo pasado, día que seguro casi todos recordamos, visité varios museos en busca del Madrid islámico para un trabajo que, como tantas cosas, quedó interrumpido.

En realidad no es un tema nuevo en Arte en Madrid, hemos hablado muchas veces del origen de la Villa y el Madrid andalusí, pero no me gustaría que este resumen quedara guardado en el cajón para siempre, así que he decidido recuperarlo aquí. Os invito a repetir el recorrido que hice esos días, os propongo explorar el Mayrit de los siglos IX al XI con la ayuda de nuestros museos.

 

La primera visita fue al Museo Arqueológico Nacional. Aunque en el MAN no hay ninguna referencia a la medina de Mayrit, las salas dedicadas a Al Andalus y su presencia en la Península Ibérica sí nos dan una magnífica información sobre la vida social, cultural, la ciencia y las artes, y las técnicas y tipología de la cerámica andalusí del siglo X, todo ello aplicable a la actividad desarrollada en el primer recinto islámico mayrití y sus arrabales, como veremos.

Museo Arqueológico Nacional

Después, como es obligado para conocer nuestra historia medieval, visité el Museo municipal de San Isidro o Museo de los Orígenes, en la plaza de San Andrés; y el Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares.

Y, esperemos, en un futuro, algún día… podamos visitar el Museo de Colecciones Reales. Durante su construcción se encontraron vestigios del Madrid más antiguo que completarán sin duda la información sobre nuestros orígenes.

Los museos no solo exponen cosas sino que nos explican, nos ayudan a imaginar, y así comprender: cómo vivían los primeros madrileños, dónde, cómo eran sus casas, en qué trabajaban, lo que comían, cómo cocinaban, el paisaje que les rodeaba… en definitiva, cómo eran Mayrit y los mayritíes.

Almacén visitable (Museo de San Isidro)

Los útiles domésticos nos proporcionan mucha información. La cerámica es un indicador cronológico, social y cultural, y su análisis nos ayuda a conocer mejor una época.

Botella o redoma. Cerámica a torno (sg. IX, plaza de Oriente). Museo de San Isidro.

Las ollas, jarros, candiles, etc. eran de una cerámica tan buena que, como sabemos, se hizo famosa. Recordemos que existe una descripción anónima de Al-Andalus en el siglo XI (luego repetida por cronistas posteriores) que dice algo así como:

«Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano».

Esto es muy importante porque entre otras cosas, además de contarnos cómo era la vida entonces, demuestra que existía una actividad artesanal, creativa. Es cerámica realizada a torno, con decoraciones pintadas y algunas vidriadas; los musulmanes trajeron a nuestras tierras nuevas técnicas cerámicas como el vidriado, los esmaltes y la cuerda seca.

Ataifor. Cerámica a torno, decoración vidriada (sg. X-XI, plaza de Oriente). Museo de San Isidro.

Todos estos objetos, que vemos en nuestros museos, nos permiten conocer la existencia de una vida cotidiana en la medina y saber cómo sería la vida en las viviendas que seguro aquí existieron, organizadas en muchos casos probablemente alrededor de un patio y un pozo. En el Museo de San Isidro hay una maqueta de una casa islámica que nos ayuda a comprender cómo podían ser.

Además de útiles domésticos hay otros objetos muy interesantes que revelan una vida cultural y un progreso científico; piezas de ajedrez, objetos de prestigio personal, como anillos, de tocador, para la enseñanza de la escritura, útiles quirúrgicos…

Instrumentos quirúrgicos, sg. IX-XI, Cuesta de la Vega. Museo de San Isidro.

Estos materiales nos revelan que había dos grandes grupos sociales en la que podemos llamar población civil, al margen de la militar: los notables o sabios, médicos, maestros de la escritura… El astrónomo y matemático Maslama al-Maryrití, el madrileño, no fue el único científico importante nacido en el siglo X en Madrid, aunque sí el más famoso.

Y los trabajadores: comerciantes, artesanos, sobre todo los alfareros, los fabricantes de hilo, los agricultores y ganaderos

Pesas de hilar o torteras (siglos IX-XI, Cuesta de la Vega). Museo de San Isidro.

La arqueología también nos habla de la importancia que tuvieron en el mundo árabe los sistemas de captación de agua, viajes, pozos y norias, los arcaduces (de los cuales se han hallado bastantes ejemplos en Madrid) que demuestran la existencia de norias movidas por animales, que recogían el agua de los pozos, agua que se guardaba en tinajas o cántaros, y la población la consumía en las jarras de la buena cerámica mayrití.

Arcaduz de una noria, sg. X-XI hallado en la Casa de San Isidro, hoy en el MAR.

El agua era muy necesaria, no solo en el plano doméstico, también para la actividad agrícola y ganadera.

Unas vitrina y paneles en el Museo Arqueológico Regional muestran la gran importancia que tenía la agricultura. La cebada y el trigo eran los cereales principales, también cultivaban legumbres. En la plaza de Oriente se encontraron semillas de muchas especies, de vid, melón, zarzamora…

Museo Arqueológico Regional

En el Museo de San Isidro podemos visitar un verdadero, delicioso Jardín arqueobotánico, con especies propias de los huertos del Madrid islámico. Un madroño, un manzano, olivo, etc.

La ganadería se basaba sobre todo en la explotación de ovejas y cabras, vacas, caballos… no solo para obtener alimentos sino productos secundarios como la leche o el cuero. Los mayrities también cazaban.

Además, no hay que olvidar el uso higiénico del agua; existían baños públicos, que solían estar situados cerca de la mezquita. Junto con el mercado o zoco, eran los lugares de encuentro, los tres centros de la vida social.

Una gran parte de materiales que vemos proceden de las excavaciones de la Cuesta de la Vega y la plaza de Oriente, zonas pertenecientes o próximas al primer recinto; aunque también se han producido hallazgos en otros lugares extramuros, en el exterior del primer recinto árabe, en los llamados arrabales.

El arrabal más antiguo era el situado en torno a la colina de las Vistillas. En las plazas de los Carros y de San Andrés se hallaron ollitas y cazuelas y diversos objetos utilizados en las casas y en las cocinas de los vecinos que habitaban este barrio hacia el siglo X.

Olla (plaza de la Morería, sg. X-XI), MAR.

La cocina era muy sencilla, basada en las legumbres y cereales que cultivaban, y la harina, leche a partir de la cual elaboraban el queso, y la carne. Todos estos alimentos se cocían (en una ollita como esta que vemos sobre el hornillo) y luego aderezaban con hierbas aromáticas.

Olla (sg. X) sobre hornillo o anafre (IX-XI, plaza de Oriente). Museo de San Isidro.

En la Casa de San Isidro –durante la construcción del Museo–, se hallaron importantes elementos, algunos muy significativos. Uno de ellos, la famosa maqueta de una puerta de recinto fortificado, realizada a mano en terracota; se cree pudo ser un juguete, o un pebetero. Otro, una pieza de ajedrez.

Modelo de puerta de recinto fortificado (sg. X) y torre de ajedrez (X-XI), Casa de San Isidro. MAR.

Ambos objetos pertenecen al MAR; en el Museo de San Isidro, en cuyos terrenos fue hallada, se expone una réplica de la puerta.

El arrabal más próximo al primer recinto ocupaba la actual plaza de Santiago, calles de Espejo, Escalinata… En las proximidades de la plaza de Ramales se hallaron restos islámicos de los siglos IX-XI.

Cazuela (calle Noblejas, siglo X-XI). MAR.

Entre los siglos X-XII la población musulmana también habitó zonas de la calle Mayor y del Sacramento, terrenos surcados por callejuelas que hoy conforman uno de los rincones madrileños que mejor conservan el trazado medieval. Las callejas, los solares, las construcciones… se debieron ir adaptando a la forma de los entonces seguramente tortuosos caminos de tierra, como vimos en algunas entradas anteriores; la Plazuela de San Javier, la calle del Conde, la calle del Rollo…

En primer término, gran contenedor (siglo XI, calle del Rollo, 7). MAR.

Bajo la llamada plaza del Rollo (árida plaza sobre el aparcamiento de la calle Sacramento) y alrededores se hallaron numerosos silos con restos que indican que pudo haber una gran ocupación en la zona:

Se hallaron cerámicas y restos de construcciones, piedras y tejas, de los siglos X y XI que, no se si se han expuesto alguna vez, pero creo que es un dato muy importante.

La población continuaba creciendo y surgió el arrabal de la Cava Baja, en las actuales calles del Almendro, Nuncio, hasta Puerta Cerrada. Durante la excavación en la calle del Nuncio 13 diferentes fases de la intervención proporcionaron información de diversas épocas, se constató que la ocupación más antigua correspondió a los siglos X-XII, es decir, la época medieval islámica, como en otros solares próximos.

Todas estas piezas que podemos ver en nuestros museos, tan interesantes y bonitas, que pertenecieron a nuestros antepasados hace más de diez siglos nos hacen pensar que hay mucha vida y mucha historia tras su apariencia modesta, y que al fin y al cabo son una pequeña parte de la historia que guardan y una mínima parte de lo hallado:

Objetos para preparación de alimentos (sg. X y XI, Calle Mancebos 3, plaza de la Morería, Cava Baja 30 y plaza de Oriente). MAR.

Para terminar mencionaremos el futuro Museo de Colecciones Reales, que comentaba al principio.

Museo CCRR (Foto: 2011)

El museo se ha construido en los terrenos en los que nació Mayrit, por lo que no es de extrañar que hayan aparecido valiosos restos arqueológicos de varias épocas, incluido un largo lienzo de la primera muralla. Ojalá pronto podamos disfrutar del museo y de los hallazgos.

Museo CCRR (Foto: 2011)

Visitemos nuestros museos, sin duda una de las mejores maneras de conocer nuestra historia.

Por: Mercedes Gómez

 

Durante siglos no hubo dudas sobre cuál era el color de la bandera de la Villa de Madrid, el carmesí, según el cronista Enrique de Aguinaga, «ya que por ser realenga no usaba en sus ceremonias otro pendón que el de Castilla, de damasco, rojo carmesí».

Hasta el siglo XIX… cuando uno de los escritores decimonónicos, Ángel Fernández de los Ríos, propagó la idea de que la bandera madrileña era el pendón morado de los comuneros castellanos –que nunca ostentaron–, error que persistió hasta mediados del siglo XX.

El 29 de febrero de 1956 el Ayuntamiento aprobó varios acuerdos sobre el protocolo y ceremonial municipal referidos entre otras cosas al escudo y la bandera.

El primero establecía: «Que en cuanto al color de la bandera del Ayuntamiento de Madrid, se adopte el que es tradicional de la Villa; esto es, el carmesí», ratificado ese mismo año por la Real Academia de la Historia.

El segundo: «Que como complemento del anterior acuerdo, sea modificado el adoptado por el Ayuntamiento Pleno en 5 de julio de 1940, por el que se restablecía el pendón de la Villa con el color morado, en el sentido de sustituir dicho color por el carmesí, que es el tradicional».

Más difícil es definir el color rojo carmesí. Sobre el tono, croma y claridad, elementos técnicos que especifican los colores, habla Aguinaga en su artículo de 2011 citado al final en la bibliografía.

El 23 de febrero de 1989 fue publicado en el Boletín Oficial del Ayuntamiento de Madrid el Reglamento de Protocolo y Ceremonial.

En su Título I que trata Sobre la Villa de Madrid, sus tratamientos, títulos, atributos y sus usos, el Artículo III describe el Escudo de Madrid:

«El Escudo de Madrid consta de los siguientes componentes heráldicos: en campo de plata, un madroño de sinople, terrazo de lo mismo, frutado de gules, y acotado de oso empinante de sable y bordura de azur, cargada de siete estrellas de plata de seis puntas; al timbre, corona real antigua

A continuación, el Artículo IV, indica que «La Bandera de la Villa de Madrid se compone del escudo …, centrado sobre color carmesí».

Los artículos V al VII fijan una serie de normas acerca del uso de la bandera, que deberá ondear en el exterior de todos los edificios municipales, «desde el alba a la caída de la tarde, junto con la Bandera de España y la de la Comunidad de Madrid, situándose a la izquierda de la Bandera Nacional.»

Desde el siglo XVII la sede del Concejo madrileño fue la Casa de la Villa .

Como sabemos, a finales de 2007 el Ayuntamiento madrileño se trasladó al Palacio de Comunicaciones, hoy Palacio de Cibeles, construido por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi en los comienzos del siglo XX.

En la fachada principal del monumental edificio, que también acoge el centro cultural municipal CentroCentro, ondea únicamente la bandera de España; es en la entrada lateral de la calle de Alcalá donde se encuentran las banderas de la Comunidad de Madrid y la municipal, junto a la nacional.

Ayuntamiento de Madrid. Calle de Alcalá.

Ondea, tal como señala el Protocolo, en oficinas municipales, colegios, algún centro cultural, etc.

Colegio Público Ntra. Sra. de la Paloma. Calle Tabernillas, 2

Pero la verdad es que no es fácil ver la bandera de Madrid en las calles de nuestra ciudad, ni siquiera en la calle Montalbán nº 1, dirección oficial de la Alcaldía según la web del Ayuntamiento.

En cuando al interior de los edificios, «La Bandera de la Villa de Madrid estará en lugar destacado, en el Salón de Plenos, los despachos oficiales del Excelentísimo señor Alcalde Presidente, de los Tenientes de Alcalde y Grupos Políticos con representación municipal, acompañando a la Bandera Nacional.»

En los actos públicos municipales, «la Bandera de Madrid estará presente, en lugar destacado, junto a la Bandera Nacional.»

Ayuntamiento de Madrid. Entrega de los Premios Emprendedoras 2020.

Aparte las sesiones consistoriales, en pocas ocasiones podemos ver eventos televisados o vía online en los que aparezca la bandera de Madrid en primer término; sucede, por ejemplo, en entregas de premios, como vemos en la foto anterior; cuando un equipo deportivo madrileño consigue algún título en competición oficial… y poco más.

Finalmente, según el Artículo VIII, «Los reposteros municipales figurarán en la balconadas de la Primera Casa Consistorial, en todas la fiestas nacionales, el 2 de mayo, el día de Nuestra Señora María la Real de la Almudena (9 de noviembre), San Isidro (15 de mayo), con ocasión de visitas de Jefes de Estado, y en aquellos actos que por su relevancia aconsejen un mayor ornato de la plaza de la Villa u otros edificios municipales.»

La foto siguiente es de la Casa de Cisneros, en la plaza de la Villa, en 2008.

Plaza de la Villa (2008)

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

AGUINAGA, Enrique, «La bandera de Madrid», Villa de Madrid, nº 69, Madrid 1980, pp. 3-8.
AGUINAGA, Enrique, «Color y bandera de Madrid»
, Anales del Instituto de Estudios Madrileños, tomo LI, Madrid 2011, pp. 19-30.
FERNÁNDEZ-XESTA, Ernesto. «¿Y por qué no la villa de Madrid?», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, tomo LI, Madrid 2011, pp. 31-38.

 

 

 

El primer recinto del Mayrit islámico tenía tres puertas. Desde la Puerta de la Vega, la más importante, en el suroeste, una vía principal atravesaba la medina hasta la puerta oriental, la puerta o Arco de la Almudena conocida también como Puerta de la Mezquita por su proximidad al templo. Sobre esta mezquita se levantó la iglesia cristiana que conservó el nombre antiguo, Santa María de la Almudena.

La primitiva iglesia de Santa María, una de las que figura en el Fuero de Madrid de 1202, otorgado por Alfonso VIII, se considera la más antigua de la Villa. Uno de los documentos en los que aparece, el más antiguo a su vez, una joya conservada en el Museo de la Catedral de la Almudena, es un privilegio del rey de Castilla, Enrique IV, confirmado por la reina Juana I, firmado el 2 de mayo de 1508.

Privilegio de Enrique IV (Museo de la Almudena)

El sencillo templo, que se fue ampliando mediante capillas en siglos posteriores, estaba situado en la actual calle de la Almudena frente a la calle Mayor.

Iglesia de Santa María (plano de Texeira, 1656)

Como ya vimos en la entrada dedicada al origen de la Virgen de la Almudena, después de muchos intentos y avatares, con motivo de las obras de ampliación de las calles Mayor y Bailén, se tomó la decisión del derribo que comenzó el 27 de octubre de 1868 y finalizó el 4 de mayo de 1869.

Foto J.Laurent, archivo Ruiz Vernacci (Fototeca IPCE)

Esta remodelación urbanística hacía tiempo que se estaba intentando llevar a cabo por, entre otros, Ramón de Mesonero Romanos, quien –famoso por su defensa del patrimonio madrileño– lo había solicitado años antes desde su cargo de concejal del Ayuntamiento y su Proyecto de mejoras generales. Aunque admitía que era la más antigua de Madrid, la consideraba «pequeña y de ningún valor artístico»; había que «sacrificarla» para llevar a cabo su «grandioso proyecto».

Santa María fue una víctima más de las numerosas demoliciones de iglesias que se realizaron –por varios motivos– a lo largo del siglo XIX.

Ciento treinta años después, en 1998 nuevas obras de reforma de la calle Mayor y su correspondiente excavación arqueológica sacaron a la luz vestigios de varias épocas, de los siglos XII, XVII y XVIII. Hoy día se conservan bajo un cristal, entre ellos los restos de la cabecera del templo medieval.

Algunos elementos arquitectónicos de la primitiva iglesia del siglo XII, hallados durante esta excavación de la calle de la Almudena, se conservan en el Museo Arqueológico Regional en Alcalá de Henares. Medio capitel con motivos vegetales, un canecillo y un capitel esquinero.

Museo Arqueológico Regional

Según Jerónimo de la Quintana, uno de los cronistas del siglo XVII, el templo incluso antes que mezquita árabe fue iglesia cristiana. Es muy posible que existiera algún poblado visigodo antes de la llegada de los árabes, aunque la realidad es que sobre esto no hay pruebas arqueológicas ni documentales. Los autores del siglo de Oro –deseosos de encontrar orígenes remotos de la Villa– hablaron de una lápida encontrada en la iglesia que por la inscripción podría corresponder a una sepultura de la época de dominio visigodo aunque la investigadora Áurea de la Morena cree que seguramente lo que ocurrió es que, por su afán de antigüedad, hubo un error de transcripción en las fechas. La lápida no se conservó; pero es uno de los argumentos utilizados para hablar de la posible existencia de una ermita visigoda en este lugar.

En la iglesia de Santa María se veneraba a la Virgen de la Almudena. Nada se sabe sobre la que pudo ser la imagen primitiva; la tradición cuenta que desapareció en un incendio en el siglo XV. Sí se conoce y felizmente se conserva otra imagen que estuvo en la iglesia medieval, en este caso pintada, la de Nuestra Señora de la Flor de Lis, así llamada por la flor que tiene en su mano derecha.

Es considerada la primera imagen mariana venerada en la iglesia y probable precedente de la Virgen de la Almudena.

La pintura se encontró detrás del retablo en 1623, durante unas obras para colocar la imagen de la Almudena en el altar mayor. La reina doña Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, estando embarazada –nacería la princesa doña Margarita– quiso en los últimos días antes del parto ofrecer una novena a Nuestra Señora de la Almudena. Explica Quintana que la imagen se encontraba en una capilla muy pequeña por lo que se determinó trasladarla al altar mayor. Para su traslado fue necesario quitar algunos tableros de dicho altar y en ese momento se descubrió la imagen de la Virgen María con el Niño en sus brazos pintada sobre la pared, entre dos columnas.

Después Quintana describe la imagen, hoy conocida como de La Flor de Lis, y añade que es de tiempo del rey Alfonso VI, como indica la diadema. En realidad se trata de una pintura mural datada en el siglo XIII.  

En 1638 se arrancó el bloque de yeso de 10 cm. de espesor sobre el que estaba la pintura y se trasladó a otro lugar de la iglesia. En 1868, tras el derribo, pasó a la iglesia del Convento del Santísimo Sacramento, junto a la talla de la Virgen de la Almudena, y desde allí definitivamente a la Cripta de la Catedral, situada en uno de los brazos del crucero, donde hoy se encuentra.

Recientemente ha sido restaurada y estudiada. Su aspecto es muy distinto al que tenía antes de la intervención debido a que han sido eliminados numerosos repintes de diferentes épocas.

Procedente de la primitiva parroquia, en la Cripta se halla también un Cristo crucificado, el Santísimo Cristo del Buen Camino, una talla datada en 1540; muy dañada durante la guerra ha sido restaurada, las partes perdidas fueron repuestas con estuco y la policromía fue realizada de nuevo.

En la iglesia de Santa María había otras pinturas, dos de ellas anónimas, probablemente de autor distinto, pintadas hacia 1640, de interés más histórico que artístico, que describen los milagros de la virgen y la procesión celebrada en 1638. Se trata de la Intervención y milagros de Santa María de la Almudena y la Procesión de Santa María de la Almudena en 1638 (ambos, óleo sobre lienzo, 184 x 248 cm.). Actualmente se encuentran en el lado izquierdo del crucero de la Catedral, sobre las puertas de entrada y salida en la calle Bailén, frente al retablo de la Almudena. Estas pinturas representan a la perfección el espíritu y significado de la virgen de la Almudena en el siglo XVII.

La inscripción del primer cuadro cuenta cómo el rey Alfonso VI devolvió a Madrid la prodigiosa imagen de la Almudena que fue hallada, milagrosamente, en un cubo de sus murallas y colocada en la iglesia. Además narra los méritos del rey, que murió en Toledo en el año de 1109.

Anónimo. “Intervención y milagros de Santa María de la Almudena” (h. 1640). Catedral de la Almudena.

La del segundo cuadro describe la historia de cómo en el año 1636 estuvo lloviendo día y noche durante tres meses y el Ayuntamiento de esta nobilísima villa acordó se sacara la Milagrosísima y Antiquísima imagen de Nuestra Señora de la Almudena patrona de esta villa

Anónimo. “Procesión de Santa María de la Almudena en 1638” (h. 1640). Catedral de la Almudena.

El Museo de la Catedral de la Almudena también conserva otras piezas únicas, igualmente procedentes de la iglesia de Santa María.

Muy importante es una lámina de bronce realizada en 1616 que se encontraba en el pórtico del templo. Se trata de una placa con versos inscritos bajo cuatro arcos de medio punto separados por columnas con capiteles corintios que cuentan la historia y milagros de la virgen. En su parte inferior muestra la representación de la imagen vestida de la Almudena más antigua que se conoce y la inscripción: «Origen de la antigua y milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Almudena hecha componer a instancia de Diego de Peñaranda, platero natural de Burgos, particularmente devoto de la Virgen Santísima. Año 1616».

Lámina de bronce (89 x 53 cm), Diego de Peñaranda, 1616. Museo de la Almudena.

El museo guarda también una valiosa lápida de granito con la inscripción que recuerda que en 1616 doña Isabel Alvarez, vecina de Madrid, dona 800 ducados… Estuvo en el pórtico de la iglesia desde 1616 hasta su derribo.

Lápida 1616. Museo de la Almudena.

En el Museo del Prado, desde 1941, se encuentra la pintura el Milagro de San Isidro de Alonso Cano, realizada para el altar mayor entre 1646-48.

Alonso Cano, “Milagro de San Isidro”. Museo del Prado.

Gracias a la foto de Jean Laurent, y a la maqueta realizada en madera por José Monasterio hacia 1950, actualmente expuesta en el Museo de San Isidro, conocemos cómo era la iglesia antes de su derribo.

Santa Mª de la Almudena, maqueta J. Monasterio. Museo de San Isidro.

La parroquia de Santa María tenía un ajimez o ventana volada en la cabecera donde se encontraba el camarín de la Virgen de la Almudena, construido con el fin de darle luz. La maqueta de Monasterio lo reproduce perfectamente.

Ajimez tras el camarín de la Virgen. Santa Mª de la Almudena, maqueta J. Monasterio. Museo de San Isidro.

Finalmente, volviendo al lugar en el que comenzamos, mencionemos otra bonita maqueta de bronce, instalada junto a las ruinas de la propia iglesia, en la calle Mayor.

Calle Mayor

¡Feliz Día de la Almudena a todos!

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

QUINTANA, Jerónimo de. A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid: historia de su antigüedad, nobleza y grandeza. Madrid, 1629.
MONASTERIO, José. «La antigua iglesia de Santa María la Real de la Almudena», en Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Año LV, 1951, 2º trimestre, pág. 121-130.
MORENA, Áurea de la. La antigua iglesia parroquial de Santa María de la Almudena. Madrid, 1980.
TARRERO, María Cristina. La iglesia de Santa María de la Almudena y la Real Esclavitud. Cabildo Catedral de Madrid, 2015.
GÓMEZ, Mercedes, «La Virgen de la Almudena. Historia, leyendas y representaciones de la imagen venerada en la Catedral de Madrid» , El Mundo de las Catedrales, Colección del Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas, nº 62, San Lorenzo del Escorial, 2019.

 

 

Como vimos, Gregorio Iturbe fue el promotor de varias colonias madrileñas construidas en terrenos de su propiedad; no solo de las que llevan su nombre, construidas en los años 20 del pasado siglo por el arquitecto Enrique Pfitz, sino algunas otras que espero visitemos más adelante, edificadas en los años 30, durante la República. Sin duda fue un constructor privado de gran importancia para el urbanismo del segundo ensanche de Madrid, anterior a 1936.

Hoy os invito a conocer el edificio que fue sede de las oficinas de las varias compañías que presidía.

El inmueble de las Oficinas Iturbe fue construido entre 1933-34, cerca de la Colonia Iturbe 4. Hoy día corresponde a los números 160-164 de la calle de Serrano.

El arquitecto encargado fue Rafael Bergamín que adoptó el lenguaje de la arquitectura racionalista.

El proyecto fue paralelo al de la nueva colonia que emprendió el empresario, frente a la Colonia Iturbe 4, la Colonia El Viso, en la que también trabajó Bergamín.

De hecho, el edificio además de ser ocupado por oficinas sirvió como centro auxiliar para la obra de la nueva colonia que se estaba construyendo en las proximidades, obras que transcurrieron entre 1934 y 1936.

En este edificio, como decíamos, el arquitecto utilizó el racionalismo que ya había aplicado en la Colonia Parque-Residencia (1931-32), y que luego aplicó en las mencionadas viviendas del Viso. Una arquitectura sencilla, funcional, con superficies y volúmenes limpios, sin elementos decorativos superfluos en el exterior y todas las comodidades y gran calidad en el interior.

En la actualidad el edificio de las Oficinas Iturbe está muy modificado pues fue transformado en viviendas y los pisos bajos en locales comerciales, pero mantiene parte de la estructura exterior y algunos de sus elementos singulares que deberían ser protegidos.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura de Madrid. Madrid, 2003.

Madrid y sus arquitectos. 150 años de la Escuela de Arquitectura. Madrid, 1996.

Además de la Colonia Iturbe 1 , la Colonia Iturbe 2 y la Colonia Iturbe 3, el arquitecto Enrique Pfitz finalmente proyectó la Colonia Iturbe 4, para la «Propiedad Cooperativa» dirigida por Gregorio Iturbe, que recordemos impulsó la construcción de suburbios-jardín al amparo de la Ley de Casas Baratas.

Siguiendo el camino hacia el norte iniciado con las promociones anteriores, entre 1928 y 1930 la Cooperativa construyó otro conjunto de cien viviendas, en terrenos situados a continuación de lo que entonces era el final de la calle de Serrano; como las otras colonias, la Iturbe 4 se situó al otro lado del Paseo de Ronda, límite del Ensanche de Madrid.

Calle Serrano en la actualidad, barrio de El Viso.

Los hoteles se edificaron con las mismas sencillas características que las promociones anteriores del distrito de Salamanca, las de Fuente del Berro y La Guindalera.

La Colonia Iturbe 4 se encuentra entre las calles de Arga, Genil, Leizarán y Sil, junto a la Colonia de El Viso que espero visitemos en otra ocasión, en el barrio del mismo nombre, distrito de Chamartín.

Por: Mercedes Gómez

El Buen Retiro fue creado en el siglo XVII, entre los años 1630-40, durante el reinado de Felipe IV.

Uno de los pocos elementos originales que subsisten es el Estanque Grande; se inició su construcción en 1632, dirigidas las obras por Cristóbal de Aguilera. Era el mayor depósito de agua del Real Sitio, necesaria para el riego de las numerosas plantas y árboles que adornaban los jardines, aunque pronto fue también un lugar de recreo, y escenario de espectáculos acuáticos y teatrales.

Nuestro cartógrafo Pedro Texeira lo dibujó de forma muy detallada y artística en su famoso plano, con uno de los seis pequeños edificios que lo rodeaban (nº 96), que servían para alojar a los reyes y cortesanos que iban allí a pescar, reflejado en el agua.

Además había cuatro norias, próximas a cada una de las esquinas (representadas con el nº 97).

Después de Texeira fueron muchos los artistas que representaron el bello estanque.

Grabado editado por Jacques CHÉREAU (editor, 1688-1776) (memoriademadrid)

 

Desaparecidas las pequeñas construcciones barrocas, a lo largo del tiempo en el Estanque Grande ha habido tres embarcaderos; el último, como veremos, es el que se conserva en la actualidad.

En los comienzos del siglo XIX, durante el reinado de Fernando VII, el estanque fue reformado. El arquitecto Isidro González Velázquez construyó en el lado este un embarcadero de piedra, ladrillo y madera, y cubierta de cinc y plomo, en tres cuerpos con decoración chinesca.

I. González Velázquez, 1817. (BNE)

En su interior diversas estancias acogían a la familia real para que pudieran descansar cuando acudían a los festejos que se celebraban en el Estanque.

Del edificio de González Velázquez, además de los propios dibujos del arquitecto, que guarda la Biblioteca Nacional, hay algunas buenas e interesantes representaciones. Una de ellas, una sarga anónima que se expone en el Museo de Historia de Madrid. Es un trampantojo, con su marco simulado, que además del embarcadero muestra, al sur, la antigua fábrica de porcelana del Buen Retiro.

Estanque del Retiro, 1816 (Museo de Historia)

Es el embarcadero que también pintó José Ribelles hacia 1820, desde la orilla contraria, obra propiedad del Museo del Prado.

José Ribelles, h. 1820 (Museo del Prado)

El primitivo embarcadero no solo inspiró a los pintores, también fue fotografiado por Charles Clifford.

Charles Clifford, h. 1852-1862 (BNE)

La antigua edificación de González Velázquez con el paso del tiempo se fue deteriorando; conocemos su estado en los comienzos del siglo XX gracias a la fotografía de Augusto Arcimís. Fue derribada para la construcción del gran monumento a Alfonso XII.

A. Arcimis, 1900 (IPCE, Mº de Cultura)

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Tras el derribo, en 1917 se realizó el Embarcadero nuevo, ahora en el lado norte, proyectado a modo de pérgola rematada con chapiteles.

Hauser y Menet, 1919 (memoriademadrid)

Desgraciadamente el bonito embarcadero, construido en hierro, cinc y sobre todo madera, tuvo una vida muy corta, en 1920 fue destruido por el fuego.

El incendió se inició en la madrugada del día 4 de enero; la prensa publicó que fue Cecilio Rodríguez, Jardinero mayor del Ayuntamiento, quien lo descubrió en una ronda nocturna. Los bomberos acudieron rápidamente desde el entonces cercano parque de la calle de O’Donnell, pero casi todo quedó destruido. Además de la parte conocida como El astillero ardieron barcas, lanchas, remos y salvavidas.

Foto: Salazar. Mundo Gráfico, 1920 (BNE)

Tras el desastre fue necesaria la construcción de otro que lo sustituyera.

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En 1926 el arquitecto municipal Luis Bellido edificó el, otra vez, nuevo embarcadero, inaugurado en agosto de ese año.

La Libertad (1926) (BNE)

La Libertad (1926) (BNE)

Es el embarcadero clasicista, construido en cemento y piedra, que se conserva y disfrutamos en la actualidad.

Embarcadero del Retiro, agosto 2020.

Por: Mercedes Gómez

Ha llegado a mis manos un nuevo libro sobre Madrid. Antes de recomendarlo debo advertir que soy madrileña, gata, pero un poco cordobesa por parte de abuela 😉 , por eso leerlo me ha hecho especial ilusión.

Córdoba es una maravilla, sin duda. Y tiene mucho que ver con Madrid, más de lo que podemos imaginar. Podemos comprobarlo en la Guía Cordobesa en Madrid, la obra de Rafael Gómez Aguilar y Paco Gómez Heredia, que nos invitan a conocer los rincones cordobeses de la capital.

La Guía sugiere paseos preciosos por Madrid, nos descubre historias y personajes; escultores, arquitectos, toreros, calles, monumentos dedicados a cordobeses ilustres…

El primero es nada más y nada menos que el fundador de Madrid, el emir de Córdoba, Muhammad I, que en el siglo IX ordenó levantar la primera muralla de la que se conserva un importante lienzo en la Cuesta de la Vega junto al parque que lleva su nombre. La única vez que hasta ahora había hablado de Córdoba en el blog fue, no podía ser de otra forma, sobre la primera muralla madrileña, el aparejo cordobés a soga y tizón y la gran Mezquita.

Los autores, Cordobeses por el mundo, nos hablan de la poesía de Góngora, la Escuela de Cerámica de Francisco Alcántara, la vida y la obra de los pintores cordobeses en el Museo del Prado y otros museos… y de tantos artistas que un día llegaron a Madrid, y de una forma u otra aquí continúan.

Escudo de Córdoba en la plaza de toros de las Ventas

Si os interesa y apetece, el libro se puede adquirir aquí.

Espero que os guste.

Mercedes Gómez

Me alegra anunciar que el Instituto de Estudios Madrileños va a retomar sus ciclos de conferencias habituales, aunque debido a la situación que vivimos por la pandemia, en lugar de ser presenciales este otoño serán impartidas por vía telemática.

El IEM ha creado su Canal en youtube, desde el que se podrán seguir todas las charlas, al que os animo a suscribiros aquí.

Apuntemos en la agenda:

La primera cita será con Madrid y la ciencia (III), tercera edición con la que llegamos a la primera mitad del siglo XX (1900-1950). Los miércoles a las 19,00 h. Se puede descargar el programa aquí .

El ciclo dará comienzo el próximo miércoles 7 de octubre con La Institución Libre de Enseñanza. Una apuesta española por una ciencia libre y universal, a cargo de Eduardo Huertas Vázquez.

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Recordemos que con motivo de la presentación de la candidatura del Paseo del Prado y Buen Retiro a la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, dentro del apartado del «Paisaje Cultural de las Artes y las Ciencias», el Instituto programó un ciclo de conferencias con el título El Paseo del Prado y el Buen Retiro.

El pasado mes de marzo solo pudimos asistir a la primera. Ahora podremos seguir las tres restantes por el nuevo canal a lo largo de este mes de octubre. Los martes, a las 19,00 h. La primera, el próximo día 13, Las ermitas del Buen Retiro. Arquitectura y decoración, por Juan Cruz Yabar.

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Y en tercer lugar, los jueves, siempre a las 19,00 h.Cultura y naturaleza en Madrid. Estrategias para el siglo XXI.

Comienza el ciclo con la Directora General de Planificación Estratégica del Ayuntamiento de Madrid, Silvia Villacañas, con Madrid, un gran bosque metropolitano, el día 15.

Espero que sea de vuestro interés y todos disfrutemos.

Todos los detalles, y más información, en la nueva web del Instituto de Estudios Madrileños.

Por Mercedes Gómez

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