Don Buenaventura Rodríguez Tizón, conocido como Ventura Rodríguez, nació el 14 de julio de 1717 en Ciempozuelos, Madrid. Celebramos por tanto el tercer centenario de su nacimiento por cuyo motivo se han organizado dos exposiciones, una en Boadilla del Monte, Ventura Rodríguez en Palacio, hasta el 2 de julio. Y otra en el Centro Cultural Conde Duque, Ventura Rodríguez y Madrid en las colecciones municipales hasta el 23.

Es Ventura Rodríguez sin duda uno de los grandes arquitectos de Madrid, sin embargo no son muchos los recuerdos que le dedica la que fue su ciudad. Nació en Ciempozuelos pero llegó a la villa muy joven, aquí vivió, trabajó, ocupó cargos reales y municipales, y murió.

Una calle lleva su nombre, y una estación de metro. A él fue dedicado uno de los medallones que adornan la fachada del Museo del Prado. Y apenas una placa municipal mal ubicada, como veremos más adelante.

Pero sus huellas en la ciudad son numerosas e importantes. No se refieren únicamente a los edificios que construyó sino también al urbanismo en el que don Ventura jugó un gran papel desde su cargo de Maestro y Fontanero Mayor de las Obras de Madrid. Por eso no es fácil proponer una sola ruta para conocer sus pasos por Madrid pues se encuentran por toda la ciudad. Edificios proyectados no construidos, construidos pero desaparecidos, y los conservados; alineaciones de calles, reformas; y su gran legado, el Paseo del Prado y sus bellas fuentes. Todo ello se puede ver en las dos exposiciones mencionadas.

Como pequeño homenaje hoy propongo centrarnos en la historia más personal de Ventura Rodríguez, en el Madrid de sus inicios y de su final. Caminar por el entorno del Palacio Real y la iglesia de San Marcos hasta su casa de la calle de Leganitos donde murió.

Plano de Espinosa, 1769 (detalle) Iglesia de San Marcos y Casa nº 13 de la manzana 522

El joven Ventura con apenas 18 años comenzó a trabajar como dibujante para Filippo Juvarra que había llegado a Madrid en 1735 para trabajar en el proyecto del futuro Palacio Real Nuevo. Juvarra se convirtió en su primer maestro pero murió inesperadamente al año siguiente con 57 años. Le sucedió su discípulo y colaborador en Turín Juan Bautista Sachetti quien mantuvo a Ventura Rodríguez en su puesto, y le fue concediendo cargos que le convirtieron en uno de los grandes arquitectos de la Corte. Sin duda ambos maestros valoraron el gran talento del madrileño.

Su primer gran encargo particular, cuando tenía poco más de 30 años, fue la construcción de la iglesia de San Marcos en la calle de San Leonardo.

Juvarra, Sachetti y el haber trabajado durante veinticinco años en la construcción del Palacio Real marcaron su vida artística y su futuro.

En 1760 Sachetti fue destituido –y con él Ventura Rodríguez– del servicio a la Corona por orden de Carlos III y sustituido por Francisco Sabatini, aunque siguió ocupando su cargo de Maestro Mayor de Obras de Madrid. Nuestro protagonista continuó trabajando con él en las obras madrileñas, y a su muerte le sucedió en el cargo de Maestro Mayor de Obras de Madrid y de sus Fuentes y Viajes de Agua que ocupó desde 1764, tenía 47 años, hasta el fin de sus días.

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Don Ventura se casó tres veces y las tres enviudó, curiosamente como su padre, aunque en su caso no tuvo hijos; fue su sobrino Manuel Martín Rodríguez quien se convirtió en su principal discípulo y finalizó las obras que quedaron inacabadas tras su muerte.

Tuvo varios domicilios. Con su primera esposa Josefa Flores vivió en la calle de Segovia; ella murió el 20 de agosto de 1749 y fue enterrada en la cripta de la Capilla de la Real Congregación de Arquitectos, en la iglesia de San Sebastián. Después se casó con Antonia Rojo, que murió muy pronto, el 10 de agosto de 1750, por lo que este segundo matrimonio fue muy breve. Vivieron en la calle de Santa María y ella fue enterrada en la iglesia de San Luis.

Finalmente por tercera vez se casó con Micaela Cayón, que murió en enero de 1776 siendo enterrada en la iglesia que había proyectado su marido, San Marcos.

Francis de Blas, Retrato de Ventura Rodríguez realizado a partir del pintado por Francisco de Goya en 1784 y conservado en el Museo de Estocolmo, 2015 (Exposición Palacio de Boadilla)

Vivían en la calle de Leganitos, donde el arquitecto continuó hasta su propia muerte el 26 de agosto de 1785, solo un año después de que Goya le retratara.

Fue enterrado en San Marcos, tal como él deseaba, junto a su tercera esposa.

Aunque sus restos no permanecieron allí. En 1869 fueron trasladados a San Francisco el Grande donde se había proyectado la creación de un gran Panteón Nacional. En vista de que nunca llegó a realizarse, la Congregación de Arquitectos reclamó los cuerpos de Ventura Rodríguez y de Juan de Villanueva.

Allí –donde recordemos había sido enterrada su primera mujer– fueron trasladados ambos arquitectos y allí continúan sus féretros, compartiendo lápida.

Cripta en la Iglesia de San Sebastián, calle de Atocha.

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Creada sobre antiguas huertas en torno al arroyo y las fuentes de la zona, la calle de Leganitos nace en la plaza de Santo Domingo. Cercana al Palacio Real, fue un buen lugar para acoger el último domicilio de don Ventura. Muy próxima también a la iglesia de San Marcos.

El caserío y el urbanismo de la zona fueron modificándose, y a mediados del siglo XX en la plaza de España emergió la Torre de Madrid, pero la histórica calle siempre conservó su trazado en este primer tramo.

Calle de Leganitos, foto: Urech (1960)

Hoy día varios de los edificios son modernos.

En 1991 el Ayuntamiento de Madrid instaló una placa en recuerdo de Ventura Rodríguez, en el actual nº 13 de la calle.

Efectivamente esta fue la calle en la que vivió y murió el arquitecto pero la placa no está situada en el lugar donde estuvo la casa en la que vivió.

Como nos desvelan los autores Francisco José Marín y Javier Ortega (*) su partida de defunción conservada en la parroquia de San Martín, de la que dependía San Marcos, indicaba que don Ventura vivió en la calle de Leganitos nº 13.

Sí, pero esto no se puede tomar al pie de la letra. Como ya vimos hace tiempo en un artículo sobre los rótulos de las calles de Madrid, en el siglo XVIII la numeración de las casas era muy diferente a la actual.

Recurriendo una vez más a la Planimetría General de Madrid, vemos que la calle de Leganitos a la izquierda, acera de los impares, corresponde a la antigua manzana 551; y la de la derecha, los pares, a la manzana 522. Cada una de ellas contaba con un nº 13. Ventura Rodríguez vivió en la segunda, en una casa que era propiedad del Monasterio de los Padres Mostenses. Así nos lo muestra un plano Huellas de Ventura Rodríguez en la ciudad de Madrid en la exposición en Conde Duque.

La casa que fue el nº 13 de la manzana 522 en el siglo XVIII cuando vivió en ella Ventura Rodríguez corresponde en la actualidad al nº 20 de la calle y parte del 18. La planimetría de la manzana, la distribución de los solares ha cambiado bastante en la actualidad respecto a la del siglo XVIII y por supuesto la numeración.

A la derecha, calle de Leganitos, 18 y 20

No sería muy costoso cambiar la placa de sitio, trasladarla al lugar donde realmente se encontraba la vivienda de nuestro arquitecto.

Y poder recordar así el camino por donde discurrieron los últimos pasos de don Ventura Rodríguez que tantas brillantes huellas ha dejado en nuestra ciudad, Madrid.

Por : Mercedes Gómez

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(*) MARÍN, J.F. y ORTEGA, J. Huellas de Ventura Rodríguez en la ciudad de Madrid (1735-1785), en:

Catálogo Ventura Rodríguez y Madrid en las colecciones municipales. Madrid, 2017.

 

canon

Del lat. canon, y este del gr. κανών kanṓn.

1. Regla o precepto.
2. Catálogo o lista.
3. Modelo de características perfectas.
4. En arte, regla de las proporciones de la figura humana, conforme al tipo ideal aceptado por los escultores egipcios y griegos.

Con motivo de su nueva exposición en la entrada a la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid un panel con las diferentes acepciones de la palabra canon recibe a los visitantes. Un canon es una regla o precepto, un modelo de características perfectas, etc.

Pero es el único panel colocado en esta exposición. Una vez traspasado, las esculturas lucen imponentes –algunas también un poco inquietantes– en el espacio libre del edificio, el gran patio abovedado, sin divisiones artificiales.

Nada es gratuito en la nueva exposición que presenta Mateo Maté en Madrid. Ni el título, Canon, ni la disposición, ni el escenario. El artista madrileño ha creado esta muestra específicamente para este lugar, la hoy sala de arte Sala Alcalá 31, ubicada en un edificio que fue creado para ser la sede de un Banco, el Banco Mercantil e Industrial. Digamos solo como apunte a modo de paréntesis que el primer proyecto fue realizado por el arquitecto Antonio Palacios en 1933 pero no fue construido hasta los años 40.

Durante una visita guiada he tenido el privilegio de poder escuchar al propio artista explicar el proceso de su trabajo. El patio de operaciones del antiguo Banco tiene una planta en cierto modo eclesial, concebida como centro de poder, tal como nos recuerda Mateo Maté, y como tal él mismo la ha utilizado.

Son varias las propuestas, una de ellas, muy sugerente y siempre interesante, la relación arte-vida. Únicamente unas cintas separan las estatuas y marcan el camino laberíntico, que parece una metáfora de lo azaroso de la existencia humana. Siempre hay una norma que nos dice qué debemos hacer o por donde debemos ir.

Maté utiliza las reproducciones y moldes de esculturas clásicas que se conservan en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde que Velázquez las adquirió. Las ha retocado o modificado, en algún caso de forma mínima, otros de forma drástica, siempre respetuosa, con lo que cada obra toma un nuevo sentido.

El artista propone una visión distinta y en cierto modo una reflexión sobre lo que significa el canon de belleza. Nos cuenta cómo el arte ha sido siempre el que transmitía y marcaba el modelo, sin embargo hoy día la publicidad es la encargada de esa tarea, recordarnos que debemos ser jóvenes y bellos; la vejez, los defectos y la muerte no están bien vistos.

Pero Mateo Maté se aparta del canon, de la norma, nos marca otro camino… Adonis es obeso, la Venus de Medici es hermafrodita, una mezcla entre el Doríforo y la Venus de Milo, la propia Venus de Milo ha envejecido, el niño del Spinario se ha convertido en niña…

Niña de la espina (2016), elaborada a partir de la copia del Spinario (obra romana en bronce siglo I a.C., Museos Capitolinos, Roma)

 

También son bellos, ¿por qué no pueden serlo?, nos propone el artista.

Venus de Milo (vieja) (2016), elaborada a partir de una copia de la escultura griega “Venus de Milo” de mármol del siglo II a.C. (Museo del Louvre)

Son quince obras creadas a partir de moldes originales, reproducciones en escayola, bajo la supervisión del Taller de la Academia. Cada una de ellas lleva la inscripción, Real Academia de Bellas Artes, Taller de vaciados, Madrid.

Junto a estas piezas se exponen cinco esculturas procedentes del Museo Nacional de Escultura de Valladolid que dialogan con las obras de Maté.

Al final del laberinto, en la cabecera, el Cristo crucificado, sin brazos y sin el paño de pureza, copia de la obra en mármol de Benvenuto Cellini realizada en 1562 que se conserva en el Monasterio del Escorial.

Cristo crucificado (Taller de vaciados del Museo de Reproducciones Artísticas, 1921). Hoy en el Museo Escultura, Valladolid.

 

Mateo Maté. Canon. Hasta el 23 de julio en Alcalá 31.

 

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo exposición Canon. Mateo Maté. Comunidad de Madrid, 2017.

 

 

 

Continuando con el ciclo Es Patrimonio Descúbrelo hace unos días hemos viajado al valle del Jarama para conocer el Pontón de la Oliva –para mí un antiguo deseo por fin cumplido– y la pequeña Central Hidroeléctrica de Torrelaguna. Arquitectura industrial, patrimonio hidráulico, historia, bellos paisajes…

La cita era en el Ayuntamiento de Torremocha de Jarama donde a modo de introducción la arquitecta Victoria Monserrat –como siempre, toda la jornada organizada por Dolores Muñoz– nos ofreció una interesante conferencia sobre Los orígenes del Canal de Isabel II. Un relato sin duda apasionante sobre cómo allá por el siglo XIX los Viajes de Agua fueron dejando paso al Canal, cómo el agua pudo por fin llegar a Madrid procedente del río Lozoya. Pero de todo esto hablaremos dentro de unos días… hoy me gustaría contar nuestra breve estancia en el delicioso pueblo Torremocha de Jarama.

Eran las 9,30 de la mañana, esperábamos que comenzara la charla y la llegada de todos los asistentes, la tranquilidad era absoluta, solo se oían nuestras conversaciones y el ruido del agua de la fuente en la plaza Mayor frente al Ayuntamiento. Mientras, pudimos dar un pequeño paseo.

Es un pueblo pequeño, muy limpio y cuidado que en su centro urbano aún conserva edificaciones del caserío tradicional. De los 268 habitantes a mediados del siglo XIX su población ha pasado a alrededor de 900 en la actualidad.

Una de esas construcciones muestra un cartel que explica cómo eran las casas en la Torremocha de la posguerra en el XX, el sistema socio-económico que dominaba, la alimentación y el modo de vida de los vecinos.

El ganado ovino era fundamental, todas las casas tenían olivar, cocedero donde se elaboraba el vino, etc.

Muy cerca de la plaza Mayor se encuentra la iglesia de San Pedro Apóstol.

La cabecera formaba parte de la ermita primitiva construida a finales del siglo XII comienzos del XIII en estilo románico, ampliada a mediados del siglo XV.

En los inicios del siglo XVI fue convertida en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol y por iniciativa del Cardenal Cisneros nuevamente ampliada con una nave y un atrio porticado de estilo renacentista.

El atrio tiene cuatro arcos por cada lado apoyados en columnas sobre una basamento de piedra. Entre dos de dichos arcos se observa el escudo del Cardenal.

Escudo del Cardenal Cisneros entre dos arcos del atrio de la iglesia.

La portada del XVI está coronada por un frontón con una hornacina en el centro que guarda la estatua del patrón San Pedro.

El cerramiento del atrio es muy posterior, obra de 1865.

Tras la restauración finalizada en 1992 se han recuperado las pinturas de la primitiva ermita que habían sido descubiertas en 1986, en los muros y bóveda del presbiterio y ábside originales.

Vista general ábside y presbiterio (Foto: ML, en “Pintura mural Comunidad de Madrid”)

Se trata de uno de los ejemplos de pinturas murales restauradas por la Comunidad de Madrid a lo largo de los últimos años. Recordemos las de la Capilla del Espíritu Santo en la calle Serrano, las de la Basílica de Colmenar Viejo, Santo Domingo de Silos en Pinto y las de Santa María la Antigua en Carabanchel de las que esperamos noticias.

Las pinturas están realizadas con una técnica mixta al mezzo fresco, fresco con retoque en seco. Técnica muy delicada ante las filtraciones por lo que a lo largo del tiempo se fueron deteriorando y se conservan solo parcialmente.

Ábside, San Pedro y San Pablo (Foto: ML, en “Pintura mural Comunidad de Madrid”)

Una inscripción en tardías letras góticas hispánicas indica que los frescos fueron creados en la primera mitad del siglo XV, dentro del estilo gótico internacional castellano.

“El conjunto pictórico mural de Torremocha constituye una de las escasas muestras murales conservadas del estilo internacional en Castilla y es un caso excepcional en la Comunidad de Madrid”.

Detalles pictóricos (Fotos: ML, en “Pintura mural Comunidad de Madrid”)

Sin duda hay que volver a Torremocha para conocerlo un poco mejor y contemplar estas valiosas pinturas.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Pintura mural de la Comunidad de Madrid. Comunidad de Madrid, 2015.

Arquitectura y desarrollo urbano en la Comunidad de Madrid. Zona Norte. Tomo III. COAM, Fundación Cajamadrid y Comunidad de Madrid, 1991.

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Nota actualización 5 junio 17:

Por su fuera de vuestro interés: el próximo jueves día 8 de junio tendrá lugar la última visita del Programa Es Patrimonio Descúbrelo que hemos disfrutado a lo largo del curso 2016-17. La cita será en el Museo del Agua en El Berrueco para luego trasladarse a las presas de El Villar y El Atazar. Todos los detalles y correo para la inscripción, en el cartel a continuación:

Clic en la imagen para ampliar

 

Hace unos días tuvimos ocasión de disfrutar de una nueva jornada del espléndido ciclo Es Patrimonio Descúbrelo dirigido por Dolores Muñoz.

Tras las visitas dedicadas a la arquitectura industrial –hemos hablado de algunas de ellas–, esta primavera se ha iniciado la segunda parte dedicada a las grandes infraestructuras hidráulicas.

En esta primera cita hemos visitado y conocido la historia del Primer Depósito Elevado del Canal de Isabel II guiados por los arquitectos restauradores Javier Alau y Antonio Lopera. Un lujo.

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A mediados del siglo XIX con la traída de las aguas a Madrid fue necesaria la construcción de determinadas infraestructuras hidráulicas así como una red de instalaciones para su almacenaje y conducción. Y una vez conseguida la llegada del agua había que repartirla por la ciudad.

Los primeros depósitos estaban ocultos. El Primer Depósito fue construido entre las calles de Bravo Murillo y Santa Engracia; se llenó en 1858 en la inauguración del Canal con la presencia de la reina Isabel II.

Primer Depósito enterrado. Fuente del Lozoya, fachada calle de Bravo Murillo.

La ciudad crecía con rapidez, sobre todo por el norte, y los edificios eran cada vez más altos, por lo que el agua no llegaba a todas las casas fácilmente por gravedad; surgió la necesidad de crear centrales de bombeo y depósitos elevados.

Entre 1907 y 1911 se levantó un cuarto depósito, el Primer Depósito Elevado, entre la calle de Santa Engracia y el Depósito Mayor. El objetivo fue solucionar los problemas de abastecimiento de la zona norte del Ensanche y alimentar las conducciones de Cuatro Caminos, Chamberí y Salamanca.

El proyecto fue obra del ingeniero Diego Martín Montalvo, realizado por los ingenieros Luis Moya Idígoras y Ramón de Aguinaga. Una gran estructura de ladrillo sobre una base de granito sostenía una gran cuba de acero a 36 metros de altura con 1.500 metros cúbicos de capacidad rematada por una cubierta de zinc.

La Construcción Moderna, 15 mayo 1914.

Este Depósito Elevado nº 1 dejó de funcionar en 1952, sustituido por otro más al norte, en la plaza de Castilla. Al quedar fuera de uso todo se desmanteló para venderlo por lo que muchos elementos se perdieron. Quedó convertido en un almacén o trastero. Estuvo treinta años cerrado.

Al acometer su rehabilitación se habló de crear un Museo del Agua –que ojalá algún día tengamos en Madrid– y otros posibles usos; al final se convirtió en una singular Sala de Exposiciones. Fue restaurado por los mencionados Javier Alau y Antonio Lopera en 1986.

Nos cuentan los arquitectos que en aquellos momentos no se encontró ninguna patología grave en el edificio, solo algunas grietas, nada importante en cuanto a su consolidación. La primera tarea fue limpiarlo y reparar las 22.000 piezas de ladrillo que lo componen. Algunas hubo que reponerlas y se escogieron diferentes para diferenciarlas de las originales.

La rehabilitación conllevó el cegado de las aberturas ya que para una sala de exposiciones se necesitan muros donde colocar los paneles, pero este hecho es reversible si en un futuro así se decidiera.

Además de ser importante por su uso, sala de arte, el Depósito merece ser contemplado en sí mismo por su belleza. Y no solo por su valor arquitectónico sino también por la composición del espacio. Es un lugar único, un tanto mágico.

Existe una maqueta, que estuvo en el desaparecido Museo de la Ciudad, que muestra todos los elementos que la integraban. Según nos contaron durante la visita, podremos verla en una exposición que se va a inaugurar próximamente en el Centro Cultural Conde Duque sobre maquetas.

El agua, procedente de la sierra mediante tuberías, era almacenada en el depósito subterráneo, desde el cual era bombeado por nuevas tuberías que subían hasta la cuba donde era almacenada. Desde la cuba el agua bajaba y era dirigida hasta las casas.

La cuba, la cubierta, las tuberías de impulsión y desagüe… bajo el depósito se conservan algunos de estos elementos, piezas originales de la antigua central elevadora que en un principio iban a formar parte de la zona visitable, pero que lamentablemente no se acondicionó. Permanecen, ocultas, bajo el depósito y el pavimento que lo rodea.

Ojalá algún día se integren y podamos acceder a ellas. La escalera de bajada ahí sigue, prometedora.

Otra escalera sí permite el acceso a la espectacular cuba.

El cerramiento de la cuba que se puede contemplar desde unos cómodos bancos en los que nos recostamos para observarlo bien es de estructura radial en rueda de bicicleta.

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El Primer Depósito Elevado hoy es la Sala Canal de Isabel II de la Comunidad de Madrid dedicada a la Fotografía, que programa siempre exposiciones de gran calidad. Recordemos la dedicada a Javier Campano hace pocos meses.

Estos días, hasta el 23 de julio, acoge la recomendable muestra Un cierto panorama. reciente fotografía de autor en España.

La exposición es magnífica, ofrece una visión general de las principales líneas de trabajo de la creación fotográfica actual. Nada más y nada menos. Se puede descargar el folleto aquí.

Sin duda son muchos los alicientes para visitar este antiguo depósito de agua, hoy sala de arte, en la calle de Santa Engracia nº 125. Patrimonio histórico y artístico de Madrid.

Por : Mercedes Gómez

En la 4ª planta de Centro Centro en el Palacio de Cibeles podemos visitar la exposición Ciudad en Proceso, que forma parte del Ciclo Concentrador de arquitectura, ciudad y pensamiento, una serie dedicada a la arquitectura madrileña, la desaparecida, la existente y la futura.

Hace unos meses conocimos la Ciudad Emocional, la Ciudad Visible y la Ciudad Decisiva, que se recogen en la web concentrador.org, un ciclo expositivo sobre cómo ver, entender y pensar la ciudad y su arquitectura a través de diferentes formatos que la representan. Fotografías, mapas, planos y documentos.

Ahora, hasta el mes de septiembre, la Ciudad en Proceso presenta una reflexión sobre las prácticas de desarrollo actuales de espacios para la cultura que están teniendo lugar en este momento en Madrid. Una selección de proyectos tanto públicos como privados de un nuevo uso cultural de algunos edificios.

El CA2M de la Comunidad de Madrid; la Colección Solo en la plaza de la Independencia; el Espacio Mahou en el Palacio del Infantado; Grigri Pixel, espacio vecinal en Arganzuela…

Y el Museo del Palacio del Capricho, proyecto de obras de rehabilitación y museográfico en el antiguo palacio de la duquesa de Osuna en los Jardines de El Capricho para la ciudad de Madrid.

El futuro museo se creará en torno en la figura de la duquesa, una mujer avanzada para la época y preocupada por las artes y las ciencias, como ya contamos aquí en agosto de 2015 haciéndonos eco de la buena noticia, el proyecto del Ayuntamiento de convertir el Palacio de la duquesa de Osuna del Parque del Capricho en un museo.

Un museo dedicado a la figura de este personaje singular, una mujer culta, ilustrada, amante de la música, del teatro y mecenas del arte, doña María Josefa de Pimentel (1752-1834), condesa-duquesa de Benavente, casada con don Pedro Alcántara Téllez-Girón IX duque de Osuna.

El Ayuntamiento de Madrid en mayo de 2016 convocó un concurso de ideas para la realización de dicho proyecto. En agosto se publicó que el ganador había sido el proyecto Entre-luces. Los arquitectos Patricia Fernández y José Ramón Gámez proponían un espacio de doble altura alrededor del cual se articularían el resto de las salas.

En esta pequeña exposición en Centro Centro un panel muestra el proyecto de ejecución y explica que el objetivo es intentar establecer un diálogo abierto con la Ilustración, un intercambio entre la cultura ilustrada y la cultura actual.

Se muestran los paneles del concurso. Los recorridos propuestos en el futuro museo no son secuenciales sino que toman muchas direcciones a través de una Caja de intercambios.

En esta caja de intercambios mediante proyecciones se verán las pinturas de Francisco de Goya que en su día adornaban el palacio.

En la planta baja, a su alrededor, se reconstruirá el Comedor de los mosaicos, que quedarán protegidos por unas losetas de vidrio. Otras estancias estarán dedicadas al teatro y a la música del siglo XVIII.

En la planta 1 se reconstruirán los gabinetes del duque y de la duquesa y se explicará cómo era la vida doméstica entonces en el palacio. Una biblioteca, con fondos de la Biblioteca Nacional, expondrá en papel y digitalizados libros pertenecientes a la duquesa.

Finalmente en la 2ª planta tres estancias explicarán la historia de los duques de Osuna, el significado de la mujer ilustrada y la invasión napoleónica.

En el panel se pueden ver también dos planos muy bonitos en los que se representa el Eje Alcalá – Alameda, el Madrid de 1875 comparado con el Madrid actual. Un eje que iba desde la Casa de los duques de Osuna en las Vistillas por la calle de Alcalá hasta el parque del Capricho en la Alameda de Osuna.

Esperamos que pronto tendremos el placer de disfrutar de un nuevo espacio cultural en Madrid, muy especial, el Museo del Palacio del Capricho.

Mercedes Gómez

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Centro Centro
Plaza de Cibeles, 1
4ª planta
Ciudad en Proceso

Más información:
Ayuntamiento de Madrid
COAM. Memoria y proyecto museográfico Palacio del Capricho. Entre-luces.

A lo largo del mes de mayo hasta comienzos de junio tendrá lugar un nuevo y sugerente Ciclo de Conferencias sobre las Quintas de Recreo madrileñas, organizado igual que el año pasado por la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno en colaboración con el Instituto de Estudios Madrileños.

Se inaugura el próximo martes 9 de mayo con la charla Cinco siglos de historia de la Casa de Campo, a cargo de Luis Miguel Aparisi. A las 19,30 de la tarde en la Sala de Conferencias de la Fundación, en el Paseo del General Martínez Campos nº 25.

En las semanas siguientes conoceremos la Quinta de la Fuente del Berro, las Desventuras de la Quinta de Goya y sus Pinturas Negras, la Quinta de los Molinos y las Casas-Jardín del paseo del Prado en el siglo XVII.

Como el año anterior las conferencias serán complementadas con visitas guiadas.

Las plazas son limitadas, para ambas actividades es necesaria inscripción.

Todos los detalles se pueden encontrar en la web de la Fundación: aquí.

Mercedes Gómez

Recordemos que la muralla que rodeaba el segundo recinto cristiano construida en el siglo XII tenía cuatro puertas: La Puerta de Valnadú –en la actual Plaza de Isabel II–, la Puerta de Guadalajara –en la calle Mayor, a la altura del Mercado de San Miguel–, Puerta Cerrada y la Puerta de Moros.

La Puerta Cerrada fue la segunda en importancia en el Madrid medieval, después de la de Guadalajara. Los encargados de la muralla y de guardar sus llaves solían ser personajes notables, miembros de las familias más poderosas que habían llegado a la Villa; en la primera mitad del siglo XV el Guarda de la Puerta Cerrada y de los lienzos de la muralla hasta la Puerta de Moros era Pedro de Luján, camarero de Juan II.

Pero tanto las construcciones que pronto comenzaron a proliferar junto a la puerta como la creación de la cercana plaza del Arrabal anularon su importancia como lugar de mercado y los caminos que de ella partían, uno de ellos origen del Camino de Atocha.

Ya hablamos aquí, a propósito de los restos de muralla en la plaza de los Carros, de cómo la cerca medieval madrileña fue utilizada en la construcción de viviendas e incluso habitada. Aquí tenemos otro ejemplo:

El 7 de febrero de 1498 las actas municipales recogen que los presentes “…dieron lugar al dicho pregonero para que en lo hueco de la bóveda de una torre a la Puerta Cerrada pueda hacer una casa”. Se trataría probablemente de una de las torres más próximas a la puerta que aparecen representadas en el plano de Espinosa. Una de las torres semicirculares que jalonaban el recorrido de la muralla cristiana.

Plano de Espinosa (1769)

La muralla, que desde la Puerta de Guadalajara se dirigía hacia la de Moros, discurría entre la manzana 150 y la 169 que igual que muchas otras, como hemos contado aquí repetidamente, nacieron alrededor de la tapia, y ambas conservan restos como si de una espina dorsal se tratara.

La Puerta Cerrada se encontraba situada en la actual plaza del mismo nombre, entre las calles del Nuncio, Gómez de Mora, Cava Baja y Cuchilleros.

Juan López de Hoyos que vivió entre 1511 y 1583, y por tanto pudo ver la puerta, dijo que antes se llamó Puerta de la Culebra por tener esculpida en la piedra la mencionada figura hasta el mes de junio de 1569 en que fue derribada para ensanchar el paso.

Lo cuenta Jerónimo de la Quintana, Clérigo, Presbítero, Notario del Santo Oficio de la Inquisición y Rector del Hospital de La Latina, en su libro A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid (1629), quien añade que este Dragón estaba esculpido en la Puerta Cerrada para que no se perdiera la memoria del que él consideraba un pasado glorioso y muy antiguo de Madrid.

También cuenta Quintana (que nació siete años después de que la Puerta fuera derribada) que se llamaba Cerrada porque era muy estrecha y con varias revueltas por lo que de noche se escondían allí los ladrones y robaban a los que entraban y salían por ella. Por eso la cerraron, siempre según el cronista, hasta que se pobló el arrabal y se abrió de nuevo para que se pudiera comunicar con la Villa.

Otros autores cuentan algo parecido, que recibió ese nombre porque era tan peligrosa que al fin se optó por su cierre, aunque esto no parece que sea del todo cierto. Como siempre, además de la arqueología los documentos son los que aclaran muchas dudas. Hubo épocas en las que estuvo cerrada efectivamente pero también otros periodos de tiempo permaneció abierta.

Sabemos por los Libros de Acuerdos, las Actas del Concejo, que al menos en la década de 1480 ya recibía este nombre de Puerta Cerrada, y bastante tiempo después estaba abierta. Como nos cuenta Manuel Montero Vallejo estos cierres temporales se debieron a una serie de motivos distintos.

Para empezar, todas las puertas de la Villa, no solo esta, en ocasiones permanecían cerradas por razones militares. Y la zona era tan abrupta que ocasionaba muchos problemas. Las aguas de lluvia y la que bajaba de la cava se estancaban y deterioraban la puerta. En las afueras de la puerta hacia el sur, entre la muralla y la calle de Toledo, había una laguna o muladar, la laguna de Puerta Cerrada, adonde iban a parar aguas y basuras. Recordemos que una laguna en la edad media era un descampado utilizado como estercolero.

Zona en la que estaba la “laguna” de Puerta Cerrada, hoy calle de la Cava Baja.

En las actas municipales a finales del siglo XV la Puerta Cerrada aparece mencionada varias veces aludiendo a la necesidad de reparaciones, tanto de la propia puerta como de su entorno. El 3 de septiembre de 1492 uno de los acuerdos municipales fue finalizar el empedrado de dos calles desde Puerta Cerrada.

El Concejo proyectó una construcción con el fin de remediarlo pero no debió tener mucho éxito. En los comienzos del año 1494, imaginamos que ante el imparable deterioro de la puerta, se decidió que el alarife de la Villa maestre Abrahán de San Salvador construyera un edificio para que el agua del arrabal y de la cava no entraran en la villa por la Puerta Cerrada.

Pocos meses después, el 14 de agosto de 1494, se acordó que el mayordomo debía hacer una pared de dos tapias en alto desde la esquina de la Puerta Cerrada hasta la chorrera –o desagüe– que había hecho el alarife maestre Abrahán para que no entrara el agua de lluvia en la Villa y evitar el muladar.

A finales de 1515 aún persistía el problema. El 18 de noviembre el Concejo acordó que el mayordomo hiciera abrir un albañal o conducto para que el agua sucia fuera a la laguna de la cava y no entrara en la villa.

La Puerta Cerrada fue finalmente demolida en 1569.

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Aparte realidades y fantasías de los cronistas, lo cierto es que la única imagen que nosotros conocemos de la Puerta Cerrada es su cara intramuros dibujada por Wyngaerde y por Hoefnagel en sus Vistas de Madrid.

Debido a las mencionadas descripciones del XVI-XVII se especuló con el hecho de que se trataba de una puerta con planta de doble eje acodado, pero documentos relativos a una reforma ejecutada en 1534 demuestran que su acceso era de un solo eje entre dos torres semicirculares.

La puerta ya no existe pero la plaza de Puerta Cerrada guarda aún hoy día muchas huellas del Madrid medieval. En los edificios que a ella se asoman se encuentran algunos de los restos más importantes de muralla cristiana que se conservan. Como sabemos, en el nº 6 de la plaza se esconde un lienzo completo en altura, a través de los pisos de las viviendas, visible en el sótano del bar La Escondía que ya hemos mostrado en artículos anteriores.

En dicho lienzo se apoyan los edificios del mencionado nº 6, el 5 y el colindante nº 4, una construcción muy antigua, tal vez del siglo XVIII, que en 2008 en parte se encontraba apuntalada.

Puerta Cerrada 4, 5 y 6 (2008)

A pesar de su antigüedad y de tratarse de un edificio teóricamente protegido, en 2011 fue demolido.

Solar de Puerta Cerrada, 4 (2017)

Al fondo del solar se ve el muro de otro de los edificios apoyados en la muralla, el correspondiente a la Cava Baja nº 4.

Vista general del torreón y lienzo de la muralla en Puerta Cerrada 4.

La buena noticia fue que quedaron a la vista nuevos restos de la cerca en su cara extramuros y de un torreón semicircular. Se trataba de la torre dibujada por Espinosa en su plano al sur de la Puerta.

Tras el derribo se estudiaron los hallazgos de los dos solares, el de Puerta Cerrada nº 4 y el de Cava Baja 4. En este último, el lienzo en su cara extramuros hasta el nivel de la primera planta y el impresionante torreón, que se conserva casi en su totalidad.

La torre y parte del lienzo de muralla estaban prácticamente cubiertos por un testero que fue eliminado y se procedió a su consolidación además de analizar la técnica constructiva.

Vista del alzado del torreón y lienzo de muralla en Cava Baja 4 (Comunidad de Madrid)

Los restos que quedaron a la vista en el solar de Puerta Cerrada 4 también se estudiaron y consolidaron.

No existe nada semejante en todo Madrid, un torreón casi completo de la muralla medieval.

Comprendo que se encuentra en el interior de un edificio de viviendas, pero, una vez derribada la casa colindante de la plaza, ¿habría alguna posibilidad de acondicionar esos valiosos, únicos restos de la fortificación del Madrid del siglo XII para que los pudiéramos contemplar? ¡Ojalá! Esta torre además de espectacular sí que es un tesoro escondido.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

OÑATE, Pilar; CABALLERO, Carlos; BUCETA, Gonzalo; SANGUINO, Juan. “Intervenciones en el segundo recinto de la Villa de Madrid: Puerta Cerrada 4 y Cava Baja 4”, en Actas de las décimas Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. Madrid, 2013, pp. 443-450.
VVAA. Las murallas de Madrid. Arqueología medieval urbana. Ed Doce Calles, Comunidad de Madrid. Madrid, 2003.
MONTERO VALLEJO, Manuel. Obra completa.
QUINTANA, Jerónimo. A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid. Madrid 1629.
Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1515, cinco vol.). Ayuntamiento de Madrid, 1932-1987.

Hasta el próximo 20 de julio podremos visitar en la Casa de América en Madrid una exposición singular. Una Colección de fotografías que guarda el Museo Sorolla realizadas por Carleton Watkins en los años 60 del siglo XIX en el valle Yosemite en los Estados Unidos, Watkins, el paisaje de Estados Unidos en la colección fotográfica de Sorolla.

La exposición tiene muchos alicientes que descubrimos gracias a su comisario, Mario Fernández, en una enriquecedora visita guiada a la que he tenido la suerte y el placer de asistir. Es la primera vez que estas fotografías se exponen al público; esconden una historia maravillosa, la de sus protagonistas y la amistad entre ellos; y finalmente, además de mostrar una gran belleza son un documento extraordinario.

Yosemite. Watkins (1863-1866) (Foto Casa de América)

La historia comienza en 1828 cuando en Nueva York nació Carleton Watkins. El joven apenas con 20 años se unió a un grupo de emprendedores entre los que se encontraba Collis P. Huntington, unos siete años mayor.

Collis P. Huntington llegó a ser unos de los hombres más ricos y poderosos de Estados Unidos. De origen modesto llegó a reunir una gran fortuna. Fue uno de los cuatro magnates, The Big Four, que iniciaron la expansión de los ferrocarriles americanos.

A mediados de siglo Watkins ya era un experto fotógrafo con negocio propio. Pero en 1861 salió de las cuatro paredes del estudio para recorrer el Valle de Yosemite en California y crear las más bellas y artísticas panorámicas de este lugar. A lo largo de varios años volvió muchas veces y realizó cerca de seiscientas tomas.

Yosemite. Watkins (1863-1866) (Foto Casa de América)

Debemos recordar la dificultad que suponía la realización de fotografías en aquellos comienzos (largos tiempos de exposición, pesada carga de los equipos, etc.) para comprender lo que debió suponer la creación de estas imágenes tan hermosas y un tanto mágicas.

La enorme cámara o Mamouth con grandes placas de vidrio que utilizó Watkins por una parte le permitió la realización de estas obras de arte en una época en la que las ampliaciones fotográficas no eran comunes, por otra parte debió complicar mucho todo el proceso. El equipo pesaba casi una tonelada que debían transportar entre montañas y subir por terrenos abruptos.

Las grandes fotografías, con tanto detalle, casi pictóricas, le dieron gran fama como artista y en 1862 expuso su obra en la galería de arte Goupil de Nueva York.

Las dificultades comenzaron cuando el fotógrafo sufrió pérdida de visión y llegaron los problemas económicos. Su amigo Collis le ayudó siempre, sin embargo el artista cuando murió en 1916 carecía de recursos. El fotógrafo debió regalar los álbumes a su protector y amigo Huntington.

Joaquín Sorolla viajó por primera vez a Nueva York en enero de 1909. Al mes siguiente iba a exponer sus pinturas en la Hispanic Society of America, así que por primera vez se encontró personalmente con su fundador, Archer M. Huntington, hijo de Collis.

Por su parte también llegaron a ser grandes amigos, y el fruto de esa amistad podemos comprobarlo estos días –además de en esta muestra de Casa América que refleja los intereses artísticos de ambos­– en el Museo del Prado, en la exposición Tesoros de la Hispanic Society of America. Uno de esos tesoros es la colección de retratos que el pintor realizó de otros artistas, escritores, etc. para Huntington, ahora expuestos en el Prado.

Sorolla y Huntington hijo igualmente compartieron el amor por las fotografías, que intercambiaron durante muchos años, colecciones que hoy se conservan en la Hispanic Society y en el Museo Sorolla.

Ese mismo año 1909, en diciembre, Huntington envió a Sorolla 77 fotografías, entre ellas 32 de Carleton Watkins.

Sorolla le respondió, admirado por esas imágenes del paisaje americano, ¡hay que pintar América! Sin duda Sorolla, que desde sus inicios como artista conoció las técnicas fotográficas, a las que siempre fue aficionado, quedó admirado al contemplarlas.

La ciudad desde el número uno de la Calle Rincon Hill. San Francisco. Watkins, Carleton E. 1863-1866 (Foto Casa de América)

Se considera que las que guarda el Museo Sorolla pertenecen a las primeras tomas por lo que podrían fecharse entre 1863-66.

Gracias a la relación de Sorolla con Huntington podemos hoy contemplar estas imágenes de uno de los maestros de la historia de la fotografía americana, Carleton Watkins.

Es una colección única, desconocida incluso para los expertos en este fotógrafo pues no figura en su Catálogo razonado, que desde mañana 28 de abril podemos admirar en la galería Torres García de la Casa de América.

Por Mercedes Gómez

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Watkins, el paisaje de Estados Unidos en la colección fotográfica de Sorolla.
Casa de América
Paseo de Recoletos, 2
Del 28 de abril al 20 de julio del 2017.
De lunes a viernes de 11.00 a 19.30. Sábados de 11.00 a 15.00.
Domingos y festivos cerrado.

Cuando leemos sobre el Madrid medieval hay una palabra que encontramos de vez en cuando que se refiere generalmente a algunas de nuestras plazas, a menudo a la Plaza Mayor. Es la palabra laguna.

En el caso mencionado incluso algún autor le da nombre, dicen que en el lugar donde hoy se sitúa la plaza Mayor estaba la laguna de Luján, tal vez debido a que allí cerca vivió una de las ramas de la familia de los Lujanes.

Preparando un artículo que publicaré en breve me he vuelto a topar con ella. Como sencilla nota preliminar al próximo post hoy me gustaría comentar dicha palabra pues su significado puede provocar confusión. No parece que laguna significara lo mismo en el siglo XV que en el XXI.

En los documentos de época medieval, por ejemplo en los Libros de Acuerdos municipales, nada hace pensar que tuviera el significado que le damos hoy día, no debían ser depósitos de agua, o lagos pequeños, con más o menos profundidad. Nada de eso.

Eran simplemente descampados situados normalmente cerca de las puertas de la muralla o cerca donde los vecinos echaban las basuras.

Como ya vimos durante nuestro paseo por la Cerca del Arrabal del siglo XV, una alusión importante a las puertas y a cuál era el límite de Madrid a finales del siglo XV la tenemos en los datos que nos aporta la sesión de reunión municipal dedicada el 2 de marzo de 1496 a la limpieza y salud de la Villa en la que los presentes tomaron varios acuerdos. Que no hubiese puercos en ella, ni en los arrabales, ni en las casas… que no se echara basura en las calles, ni agua sucia, ni gallinas muertas. La basura solo se podía llevar a los muladares o basureros señalados por la dicha Villa.

El Concejo elegía para ello lagunas o descampados que se convertían en muladares o estercoleros. Muladar y laguna eran prácticamente lo mismo.

También es verdad que el agua de lluvia y en algún caso las aguas procedentes de la cava de la muralla iban a parar allí y se estancaban, con lo cual el lugar se debía convertir en un paraje poco transitable, seguramente poco idílico.

La Plaza Mayor y Valnadú no eran las únicas lagunas, en algunos documentos aparecen mencionadas como laguna la Puerta Cerrada, la plaza de Santa Cruz…

Solían ser lugares despoblados extramuros, como en el siglo XV los terrenos de la futura plaza del Arrabal, nacida en las afueras del Madrid medieval, que en el siglo XVI se convertiría en la plaza más importante en sustitución de la plaza de San Salvador o de la Villa. Y posterioremente, hasta nuestros días, en la bella Plaza Mayor.

Por : Mercedes Gómez

 

 

El parque Juan Carlos I fue inaugurado el 7 de mayo de 1992 con motivo de la celebración de la Capitalidad Europea de la Cultura de Madrid. Se van a cumplir 25 años.

Es sin duda un parque singular, por su origen y sus características. Fue creado en una zona degradada, en el noreste de Madrid, próxima al Aeropuerto. Allí existía un antiguo olivar, el Olivar de la Hinojosa, igualmente deteriorado por la falta de cuidados, uno de los escasos recuerdos de otra época, cuando la zona era eminentemente rural y Barajas, Canillas, Hortaleza, etc. eran municipios aún no anexionados a Madrid.

En los mapas del siglo XIX y primera mitad del XX aparecen representadas la Hinojosa y la Casa del Olivar, entre los términos de Canillas y Barajas, posesión entonces rodeada de tierras de labor.

1932 (IGN)

En la actualidad pertenece al barrio de Corralejos, distrito de Barajas.

El nuevo parque, cuya construcción había comenzado en 1989, supuso la recuperación de la zona, incluido el olivar centenario. Para conocer toda su historia, El Olivar de la Hinojosa, su origen histórico y recuperación, no dejéis de visitar el blog de la Asociación cultural, “Barajas distrito BIC”, aquí.

Foto : barajasbic.blogspot.com

Sus autores, los arquitectos José Luis Esteban y Emilio Esteras, crearon una trama de moderno diseño en la que se integró el olivar. Uno de los elementos principales es la forma del círculo a partir del cual se organizan los demás.

Foto: Dossier Barajas BIC

Visitándolo, podríamos añadir que la línea también desempeña un gran papel. Es un parque muy arquitectónico en su concepción y organización del espacio. Las formas geométricas de las pirámides o falsas colinas construidas con la tierra removida para la construcción de las láminas de agua son igualmente protagonistas.

La pintura también influyó en su diseño. Sus autores se inspiraron en el arte abstracto, en la superposición de planos utilizada por Picasso, Braque y otros artistas.

Pero no olvidemos que es un espacio verde, con indudables valores paisajísticos.

El parque nos ofrece preciosas sendas botánicas en las diferentes estaciones del año.

Senda botánica de primavera, paseo de cerezos japoneses “sakura” (Foto: Barajas BIC)

Como no podía ser menos, el agua juega un papel importante. Paseos, praderas, colinas, estanques…

… la ría, con su puente espectacular.

Pasarela sobre la ría (Foto Barajas BIC)

Otra de sus singularidades son las diecinueve esculturas que adornan el recorrido.

Escultura de Yolanda D’Ausburg

El parque Juan Carlos I tiene una gran extensión, 220 hectáreas, por lo que son muchos los elementos a disfrutar e ir conociendo poco a poco. Merecen atención especial la Estufa fría y el Jardín de las Tres Culturas.

Estufa Fría (Foto: Barajas BIC)

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Con motivo de su 25 aniversario se va a celebrar un interesante Ciclo de conferencias organizado por la asociación cultural “Barajas BIC” con el apoyo de la Junta Municipal de distrito en el Centro Cultural Gloria Fuertes (avda. de Logroño, 179). Todos los jueves, desde el 20 de abril hasta el 18 de mayo.

La primera conferencia tendrá lugar el próximo jueves día 20 de abril a las 19.00 h. :

Parque Juan Carlos I: Proyecto y obra. Un parque para el siglo XXI, por José Luis Esteban, uno de los arquitectos creadores del parque, en la que nos detallará cómo fue el proceso de creación y los elementos arquitectónicos y paisajísticos que conforman el parque.

En el cartel y en su web, todos los detalles:

(Clic para ampliar)

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

ESTEBAN, J.L., ESTERAS, E. y SILBER, M. Parque de Juan Carlos I y Jardín de las tres culturas. Madrid, 2001.

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