Como hemos visto en artículos anteriores, en los terrenos que hoy ocupa la ciudad de Madrid han existido grupos de población, más o menos estables, en la edad del bronce, incluso alguna villa romana, aunque eso no significa que existiera un núcleo urbano.

Y como sabemos es muy posible que incluso propios grupos musulmanes pudieron vivir aquí antes de que en la segunda mitad del siglo IX llegara el emir Muhammad I, se estableciera con su ejército y mandara construir la muralla, la llamada muralla árabe, en torno al primer recinto conocido como Mayrit.

Maqueta evolución urbana de Madrid siglos IX al XIX (Museo de San Isidro)

Un momento importantísimo de nuestra historia ocurrió hacia el año 860, cuando el mencionado emir de Córdoba Muhammad I (que estuvo en el poder entre los años 852 y 886) fundó Mayrit, en principio como torre de vigilancia, gracias a su situación estratégica, que se convertiría en el origen de la villa de Madrid.

Hace ya seis años que hablamos aquí del Madrid islámico en el Museo de San Isidro. Desde entonces es grato comprobar que el interés por esta etapa histórica y sus restos arqueológicos ha crecido enormemente. Como ha transcurrido ya mucho tiempo y el museo muestra una renovada y más amplia exposición dedicada al Madrid de los siglos IX al XI ha llegado el momento de visitarlo nuevamente y actualizar la información.

Una hermosa vitrina guarda diversos objetos y cartelas que explican cómo pudo ser la vida cotidiana en aquel Mayrit remoto.

Entre estos emocionantes vestigios de tiempos pasados encontramos referencias a algunas de las actividades que tuvieron lugar en aquel Madrid medieval, en la medina de Mayrit que surgió junto al castillo primitivo.

De las manufacturas existentes en aquella época quizá la más importante fue la alfarería, la fabricación de útiles domésticos, ollas, cazuelas, cuencos… recipientes alabados por su capacidad para mantener los alimentos calientes o conservarlos durante mucho tiempo. Las ollas se colocaban sobre hornos o anafres, o directamente sobre el fuego.

Olla del siglo X (pl. de Oriente) sobre Hornillo o anafre (de sg. IX-XI)

Eran los cacharros que los mayrities utilizaban para guardar, cocinar y tomar sus alimentos, de una cerámica tan buena que se hizo famosa. Existe una descripción anónima de Al-Andalus en el siglo XI que dice:

Hay en Madrid una tierra magnífica con la que se fabrican unas ollas que se emplean durante veinte años sin que se estropeen y que, además, protegen los alimentos contra cualquier alteración en los días de verano”.

Jarra, Cuesta de la Vega (siglo X-XI) y botella o redoma, plaza de Oriente (sg. IX)

La mayor parte de objetos proceden de las excavaciones de la Cuesta de la Vega y la plaza de Oriente, zonas pertenecientes o próximas al primer recinto; aunque también se han producido hallazgos en otros lugares extramuros, en el exterior del primer recinto árabe, en los llamados arrabales, como la plaza de los Carros. Llama la atención, entre los útiles domésticos, un mango de cuchillo hallado en la que fue Casa de Iván de Vargas.

Los candiles, realizados igualmente por los artesanos musulmanes, jugaban un papel importante en la vida cotidiana.

Candiles siglos X-XI

Unas torteras o pesas de hilar halladas en la Cuesta de la Vega dan muestra de otra actividad que se desarrollaba en la medina, expuestas junto a unas monedas, dirham, dinar, tercio de dinar y dobla, utilizadas en la época islámica.

Además de los útiles domésticos, otros objetos revelan detalles sobre la vida de nuestros antepasados. Se sabe que uno de los juegos que los árabes introdujeron en Al Andalus fue el ajedrez; uno de los hallazgos de la Cuesta de la Vega fue un peón de ajedrez.

Otro aspecto importante de la época es el agua.

El agua era abundante, gracias a los arroyos y manantiales subterráneos de los cuales se extraía mediante pozos. En algún momento los árabes debieron aplicar su técnica de construcción de los viajes de agua, como hemos visto hace pocos días al hablar de la plaza de los Carros. En cualquier caso, los numerosos arcaduces hallados, de los que se expone una pieza, demuestran la existencia de norias movidas por animales. Desde fuentes o desde los pozos el agua que se guardaba en tinajas o cántaros llegaba a la población que la consumía en las jarras de la buena cerámica mayrití.

Cantimplora, Plaza Oriente y Cántaro, plaza de los Carros (IX-XI)

Los pobladores de la medina se dedicaban, además de a la alfarería, a la agricultura y la ganadería.

Pequeñas huertas eran explotadas tanto dentro como fuera de los muros. Un cartel titulado Una medina ajetreada explica todo esto. La ganadería se basaba sobre todo en la explotación de ovejas y cabras, vacas, caballos… no solo para obtener alimentos sino productos secundarios como la leche o el cuero.

La agricultura era muy importante en Mayrit. La cebada y el trigo eran los cereales principales, también cultivaban legumbres, etc. Y diferentes clases de árboles. Había encinas, pinos, cerezos, nogales, madroños, manzanos, … una vegetación muy rica. Semillas de vid, melón, zarzamora…

La religión formaba parte de la vida cotidiana por lo que aparecen referencias a Alá en objetos y recipientes. Se han hallado en silos restos de huesos de animales con inscripciones religiosas y se cree que este hecho puede tener un sentido ligado a la magia, con el dios como protector de los alimentos que se guardaban en esos lugares. Se expone en el museo un ejemplo, un omóplato de vaca con inscripción árabe hallado en el solar de la Cava Baja 30, antiguo arrabal.

Omóplato de vaca. Siglo XI. Cava Baja 30.

Gracias a los restos arqueológicos sabemos que durante el período islámico en aquellos entonces abruptos terrenos además de vida militar se desarrolló una vida cotidiana, familiar, cultural y comercial; además de útiles domésticos y de otro tipo, han aparecido restos que revelan la existencia de basureros, hornos, huertos, pozos de agua … que muestran que allí hubo actividad agrícola y artesanal.

Todo esto nos ayuda a comprender, a imaginar cómo pudo ser la vida en el Madrid de los siglos IX al XI. Además de la población militar hubo otros dos grupos sociales. Los notables o sabios, el más famoso de ellos fue el astrónomo y matemático Maslama al-mayrití, Maslama el madrileño, aunque no el único; hubo médicos, maestros de la escritura, etc. Y los trabajadores, comerciantes del zoco, artesanos, alfareros, campesinos…

Todas estas piezas en la vitrina, tan interesantes y bonitas, nos hacen pensar que al fin y al cabo son una mínima parte de lo hallado, de lo que podría aparecer si se excavaran zonas de interés arqueológico en un futuro y de cuánto nos queda por aprender.

Por Mercedes Gómez

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Museo de San Isidro. Los orígenes de Madrid.

Plaza de San Andrés, nº 2

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La fuente de la Fama, obra de Pedro de Ribera, fue originalmente conocida como la fuente de Antón Martín debido a que esta plazuela fue su primera ubicación.

Ribera, que por entonces era Arquitecto Mayor de Obras Reales y Maestro Mayor de las Obras de Madrid, recibió el encargo de Felipe V de crear una serie de fuentes para abastecer a Madrid que a la vez sirvieran de adorno de la ciudad. La destinada a Antón Martín fue proyectada en 1716, aunque las obras comenzaron en 1731 cuando Ribera ya había alcanzado el cargo de Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y sus Viajes de Agua.

El maestro cantero fue Pedro de la Piedra y el encargado de las esculturas, Juan Bautista.

Foto: Alfonso Begué. 1864. (Museo de Historia)

Se trata de una obra que explica perfectamente el arte del arquitecto Ribera, uno de los representantes del barroco tardío madrileño, llamado barroco castizo, junto con Ardemans y Churriguera, hoy felizmente valorado, pero no siempre fue así.

Como ya contamos a propósito de la historia del Hospicio de San Fernando hoy sede del Museo de Historia, son de sobra conocidas las críticas tan crueles a las que los cronistas madrileños del siglo XIX (Mesonero Romanos, Madoz, Monlau, Fernández de los Ríos…), defensores del neoclasicismo, sometieron a Pedro de Ribera y a la fuente.

Don Ramón de Mesonero Romanos en su paseos por El Antiguo Madrid, publicado en 1861, al hablar de la Fuente de Antón Martín se refirió a ella como caprichosa y una lastimosa aberración. Pascual Madoz por su parte calificó a los delfines grandotes, los niños que se cobijan en conchas y las hornacinas con floreros de trivialidades y ridiculeces que terminaban con la figura de una fama. No se quedó atrás Fernández de los Ríos, quien afirmó que Ribera parecía dibujar los monumentos apretando un borrón de tinta entre dos papeles. Aunque todos ellos estaban de acuerdo en que debía conservarse para la historia del arte, como ejemplo de mal gusto. Pensemos que eran cosas de la época…

En cualquier caso, aparte su probable mal estado y que debió convertirse en un estorbo para el tránsito en la plazuela, lo cierto es que en 1879 la fuente, tan denostada, fue desmontada y las piezas decorativas trasladadas a un almacén municipal hasta comienzos del siglo siguiente en que fueron recuperadas, cumpliendo los curiosos deseos de los decimonónicos cronistas, que no llegaron a verlo.

El 9 de septiembre de 1907 se presentó al Ayuntamiento una memoria de las obras de cantería precisas para montarla de nuevo. Eran necesarias sesenta y ocho piezas para lo cual se recurrió a la piedra resultante del derribo del cuartel de San Gil que se había iniciado el año anterior. Se hicieron cargo de la restauración y reconstrucción el arquitecto José Loute y el escultor Ángel García Díaz.

En 1911 la fuente fue instalada en el Parque del Oeste.

Foto: Antonio Passaporte. Archivo Loty (IPCE)

Durante la guerra volvió a desmontarse y guardarse. Después, en 1941 fue instalada en los jardines que recibieron el nombre de Jardines del Arquitecto Ribera, en honor de su autor, a espaldas del Museo Municipal, igualmente obra suya como sabemos, donde continúa.

La nueva base, al parecer diseño del arquitecto Luis Bellido, en tres de sus cuatro lados muestra un escudo con los años de creación y reubicación, 1731, 1911 y 1941. En el cuarto se encuentra el escudo de Madrid con el oso y el madroño.

En Marzo de 1995 concluyeron las obras de restauración durante las cuales se consolidó, reparó y limpió. Fue también por esa época cuando tuvo lugar el cerramiento de la histórica fuente, que se hallaba muy deteriorada por los actos de vandalismo que sufría, mediante una verja metálica sobre un poyete.

Cerrado al público durante años, este verano se ha abierto el acceso al jardín, desde el museo, de forma que después de tanto tiempo podemos volver a acercarnos al borde del pilón que es tetralobulado, dando singularidad al conjunto. En la base, cuatro delfines la custodian.

Los elementos decorativos son de piedra de Colmenar; en el segundo cuerpo hay unas hornacinas con jarrones y en cada esquina unos niños que sujetan grandes veneras.

El pilón y el resto de la fuente son de granito.

Todo el conjunto, a una altura de unos diez metros, se corona con la figura de la Fama.

Sin duda es un monumento muy bello que ha sufrido una vida azarosa, desmontajes y reformas, pero conserva la esencia del proyecto de Pedro de Ribera, una de las pocas fuentes del siglo XVIII que siguen existiendo en Madrid. El Jardín del Museo de Historia es un remanso de paz, merece la pena visitarlo, igual que por supuesto el propio museo.

Por : Mercedes Gómez

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Museo de Historia de Madrid
Calle de Fuencarral, 78
Horario: de martes a domingos de 10 a 20 horas
Acceso gratuito

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Bibliografía:

MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. – GARCÍA GUTIERREZ, P.F. “Fuentes de Madrid”. La Librería, Madrid 2009.
RINCÓN, José. Historia de los monumentos de la Villa de Madrid. Madrid, 1909. Ed. Facsimil, Asoc. Libreros de Lance, 2011.
memoriademadrid.es

Como ya adelantamos a propósito de la presentación de JustMad 7, feria de arte emergente de Madrid, antes de su celebración en la Casa Palacio Carlos María de Castro el próximo mes de febrero 2018 habrá otras prometedoras actividades.

Los próximos días viernes 24 y sábado 25 de noviembre tendrá lugar Parkour, un recorrido por varias galerías organizado por la propia feria JustMAD y los Artistas Visuales Asociados de Madrid (AVAM).

Se trata de conocer previamente las ocho galerías madrileñas que participarán en la feria: Blanca Berlín, Estampa, 6+1, Proyecto H, Herrero de Tejada, Modus Operandi, Cámara Oscura y Silvestre.

Ocho galerías que junto a ocho estudios de artistas ofrecerán cuatro rutas muy sugerentes pues entre otros alicientes contarán con ocho artistas como mediadores.

Nadie mejor que los propios artistas pueden explicar los procesos creativos, el sentido de sus obras y los retos a los que se enfrentan. Una oportunidad única para nosotros, el público, y para ellos, los artistas. Parkour pretende conectar a los públicos con los artistas de una manera activa e intensa.

Es una actividad gratuita. Para participar hay que enviar un correo a info@artfairs.es o entrar en la web de la feria donde se puede encontrar toda la información y un formulario de inscripción.

Por : Mercedes Gómez             

 

Las salas de exposiciones en el Parque del Retiro son una maravilla, tienen doble aliciente, por supuesto el arte que muestran, en edificios singulares (el Palacio de Cristal, de Velázquez …) y el propio parque del Retiro. Solo llegar hasta ellas, paseando, es una delicia. Os animo a visitarlas todas, siempre.

Entre ellas hay una cita anual ineludible, el Salón de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en la Casa de Vacas, frente al Estanque.

Este año se celebra el 84 Salón de Otoño.

Sesenta y tres obras magníficas, entre las seleccionadas y las premiadas, ofrecen un gran panorama del arte que están realizando actualmente los artistas españoles dentro de los diferentes estilos y técnicas, abstractas, figurativas… La exposición es preciosa, hay muchas obras destacables.

Pero me voy a permitir detenerme en una, La florista de Cuzco, una extraordinaria acuarela sobre papel (130 x 90) que ha recibido el Premio de la Agrupación Española de Acuarelistas. El detalle, colorido y la ternura de la historia que esconde son admirables y… conocemos a su autor, Alfonso Calle.

Pudimos admirar su obra hace más de dos años en la Exposición de Acuarelas Madrid-Chile, artículo del blog que os invito a leer si no tuvisteis ocasión entonces, y así conocer mejor su trabajo.

Además el cuadro esconde una bonita historia. Alfonso por motivos personales viajó a la ciudad de Cuzco y allí una mañana, en el mercado, vio a la joven vendedora rodeada de flores y le pidió permiso para pintarla. Ella, aunque un poco incrédula ante el interés que despertaba, dijo que sí.

El resultado, que ojalá ella pueda ver, está expuesto en la Casa de Vacas.

Hasta el próximo 26 de noviembre.

Por : Mercedes Gómez

 

Origen de los viajes de agua madrileños

Como hemos visto en artículos anteriores, el emir Mohamed I fundó Mayrit hacia el año 865 en un lugar privilegiado, rodeado de agua y de defensas naturales, el arroyo de Leganitos (actual Cuesta de San Vicente), el arroyo de las Fuentes de San Pedro (calle de Segovia) y el río hoy llamado Manzanares.

El cerro de las Vistillas desde el cerro de Palacio separados por la calle Segovia, antiguo arroyo de San Pedro.

Probablemente por entonces ya vivían en la zona algunos grupos de población musulmana pero fue en la segunda mitad del siglo IX cuando los árabes se establecieron de forma organizada, primero con un objetivo meramente militar, y construyeron la primera muralla. Con el tiempo los mayritíes desarrollaron una rica vida cultural y científica, como demuestran, además de las fuentes escritas, los objetos de su vida cotidiana encontrados en diversas excavaciones.

Así, en este primer Madrid, el primitivo Mayrit de los siglos IX al XI, abundaba el agua. Además de los mencionados, otros arroyos surcaban sus terrenos. Y las aguas subterráneas eran captadas mediante pozos y norias.

Arcaduz de una noria sg. X-XI (Casa de San Isidro, plaza de San Andrés junto a la plaza de los Carros) (Museo Arqueológico Regional)

En lo que se refiere a los viajes de agua parece que hay acuerdo entre los historiadores e investigadores en cuanto al hecho de que fueron los musulmanes los que los trajeron a la Península Ibérica. Aunque hablando de Madrid, admitido el origen islámico de la técnica de los viajes, no tenemos pruebas documentales ni arqueológicas –al menos de forma unánime– definitivas.

En realidad no se sabe cuándo se construyó el primer viaje, en qué momento llegó a ser necesario. Se cree que la primera galería subterránea pudo ser la que discurría bajo la actual calle de Segovia, camino por el que bajaba el antiguo arroyo de las Fuentes de San Pedro desde Puerta Cerrada hacia el río. Esa galería existía en la Edad Media y ha sido identificada, primero por Jaime Oliver Asín, luego por otros autores, entre ellos Manuel Montero Vallejo, como la que se cita en el Fuero de 1202, en su Rúbrica LXXXII, pero no hay certeza sobre la fecha de su construcción.

“Quien lavara tripas desde la alcantarilla de San Pedro hacia arriba pague una ochava de maravedí a los fiadores.”

Algunas galerías que se conservan bajo la calle de Segovia son construcciones muy antiguas, alguna de ellas sin servicio en la actualidad. Aún su investigación podría deparar muchas sorpresas.

 

Plaza de los Carros

En 1983 durante las obras de remodelación de la plaza de los Carros se realizaron una serie de excavaciones arqueológicas en las que uno de los hallazgos más notables fue lo que se consideró un viaje de agua de época islámica.

Manuel Retuerce, uno de los prestigiosos arqueólogos participantes, explicó que solo se pudo estudiar un tramo de unos diez metros, que describió con todo detalle: el viaje es de sección rectangular, con andén lateral, piedras en su fondo sin cubierta aparente, o sea, a cielo abierto, y pequeñas presillas de piedra de trecho en trecho. La excavación permitió saber que la topografía original del terreno era la de un barranco con pendiente hacia el sur. Fue utilizado para verter escombros y, siempre según Retuerce, en la misma época islámica se abrió el viaje. En los escombros se halló material cerámico musulmán.

(Foto funci.org)

Retuerce y los demás arqueólogos directores de la excavación, Carmen Priego y Luis Caballero, opinan que se trata de un viaje de agua de época omeya, único en Madrid y en la Península. La datación se basó sobre todo en la cerámica hallada en su interior, decorada con la técnica “verde y manganeso”.

Actualmente no todos los autores están de acuerdo. Fernando Valdés aduce que la cerámica podría pertenecer a un amplio espacio de tiempo, desde la segunda mitad del siglo X hasta el siglo XII, lo cual, según él, no asegura que corresponda a la época musulmana.

Plaza de los Carros

Los restos se conservan bajo la plaza y son accesibles a través de una trampilla. El hallazgo arqueológico no volvió a ser rellenado por lo que se podría visitar, como dijo Manuel Retuerce, si las autoridades municipales así se lo propusieran.

 

Visita a las estructuras subterráneas de la Plaza de los Carros por la Fundación de Cultura Islámica

Hace pocos días, casualmente, durante una visita guiada por la Fundación de Cultura Islámica en el Parque del Emir Mohamed I junto a la muralla árabe, conocí la buena noticia.

Antes de continuar debo decir que tenía mucho interés en esa visita, desde que la pasada primavera visitamos la exposición El Jardín andalusí. Almunias, vergeles y patios en el Huerto del Retiro. La Fundación en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid está trabajando en la creación de un jardín de inspiración andalusí, con la plantación de muchas de las especies botánicas cultivadas en la España musulmana del siglo VIII al XVI. Cada árbol y cada planta se explican gracias a los letreros que se han instalado junto a ellos. Es un proyecto muy bonito, merece la pena conocerlo.

Como decía, durante el paseo supimos que el pasado 25 de octubre algunos miembros del Centro de Estudios de Madrid Islámico (CEMI), de la Fundación, acompañados precisamente por el arqueólogo Manuel Retuerce, realizaron una inspección ocular de las estructuras patrimoniales andalusíes ocultas bajo la madrileña plaza de los Carros: un qanat, o canalización de agua, y una cueva excavada en la roca.

(Foto funci.org)

La visita fue posible, nos cuentan, gracias a la Dirección General del Agua y Zonas Verdes del Ayuntamiento, que ha autorizado y acompañado al CEMI en esta pequeña aventura.

(Foto funci.org)

Junto a algunas fotos la web de la Fundación nos muestra un video:

La buena noticia, además de haber sacado a la luz este tema tan importante en nuestra historia y nuestro patrimonio, olvidado durante años, es que la intención del CEMI es proponer un proyecto de recuperación y valorización de estos restos arqueológicos para disfrute de madrileños y visitantes.

Ojalá este proyecto se convierta en una realidad. Es una oportunidad única. De valorar y recuperar unos restos importantes, y también de explicarlos.

Aparte teorías, opiniones –no siempre aclarando en qué se basan–, dataciones más o menos exactas, etc. hay algunos hechos indiscutibles. La zona en la que se encuentra, la colina de las Vistillas o de San Andrés, fue el arrabal más antiguo del Madrid islámico. Nadie puede poner en duda que estos terrenos fueron habitados desde tiempos muy remotos, incluida la época de la fundación de Mayrit.

La conclusión del CEMI, de acuerdo con Manuel Retuerce, es que originalmente parece que se trata de una estructura hidráulica que discurría a cielo abierto y que pudo tener relación con el mencionado arroyo de las Fuentes de San Pedro, que nacía en la plaza de Puerta Cerrada. Su datación la sitúan entre los siglos IX y XI.

En la web de la Fundación de Cultura Islámica podéis ver todo el magnífico trabajo que realizan, proyectos, visitas guiadas, etc.

 

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

CABALLERO ZOREDA, Luis. “Madrid medieval y moderno. Excavaciones en la plaza de los Carros”. Revista de Arqueología, año V, nº 34, pp. 54-65.

RETUERCE VELASCO, Manuel. “Testimonios materiales del Madrid andalusí” en Testimonio del Madrid. Medieval. El Madrid Musulmán. Museo de San Isidro, Madrid 2004, pág. 103.

VALDÉS, Fernando. “El Madrid islámico. Notas para una discusión arqueológica”, en Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña. Ed. Polifemo, Madrid 1992, pp. 158-159.

 

Con motivo de la celebración del último programa municipal Madrid Otra Mirada, he tenido el placer de visitar la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Comunidad de Madrid, en la calle de Guillermo Rolland –antigua calle de las Rejas– esquina calle de la Bola.

Tanto la escuela como el edificio que la acoge han tenido una historia interesante y azarosa que os invito a conocer.

 

El edificio

Los orígenes del edificio se remontan a finales del siglo XVI o comienzos del XVII, aunque la historia del solar sobre el que se asienta es más antigua.

Recordemos que en el siglo XV existió la llamada Cerca del Arrabal. Su trazado es bastante desconocido por la falta de restos pero se cree que partía de la muralla medieval, en las proximidades del Alcázar y de la Puerta de Valnadú, y subía por la calle de la Encarnación ­–actualmente calle de la Bola–, para dirigirse hacia la Puerta de Santo Domingo.

Calle de la Bola

Es imposible no pensar en la antigua Cerca al contemplar esos zócalos de pedernal de la antigua casona que de ser cierto el trazado habría sido levantada junto a la tapia que rodeaba los arrabales medievales, en su cara extramuros, o tal vez utilizándola.

Sabemos por la Planimetría General que la casa nº 2 de la manzana 409, en esta esquina que nos ocupa, propiedad de la Marquesa de Miraval a mediados del siglo XVIII, estaba formada por tres solares. El primero de ellos había pertenecido al Secretario Juan de Cirica, quien la privilegió en 10 de noviembre de 1612.

Recordemos que las casas privilegiadas eran las que se libraban de la carga material o regalía de aposento a cambio de un canon monetario anual y fijo, mientras durara el privilegio, que podía ser temporal o perpetuo.

Y así consta en la relación de solicitud de licencias de exención de aposento, con el interés añadido de que se recoge la descripción de la casa.

En las Consultas del mes de enero del año 1609 consta que Juan de Ciriza secretario del rey decía que “él tiene de aposento una casa en la calle de las casas del marqués de Poza y que por ser tan corta y vieja y maltratada le ha obligado a comprarla para poder vivir en ella y para ello le es fuerza labrarla, razón por la que solicitaba merced de exención perpetua o en su defecto por seis vidas”.

Los aposentadores informaban que la casa tenía de delantera 48 pies y de fondo 98 (algo más de 14 metros por cerca de 30) y que la tenía de aposento el propio Juan de Ciriza o Cirica.

Años después Pedro Texeira la dibujó en su plano. En el siglo XVII el barrio entre Santo Domingo y el Convento de la Encarnación se había convertido en un reducto de la nobleza y de altos funcionarios, entre ellos se encontraba nuestro personaje, Juan de Cirica, secretario del rey.

Plano de Texeira (1656) (detalle)

Hoy día se conservan los muros de ladrillo y, como decíamos, los evocadores zócalos de sílex o pedernal.

Cita Fernando Valenzuela –en el artículo incluido al final en la bibliografía– a Antonio Bonet Correa, quien afirma:

Es una de las pocas muestras que quedan de principios del XVII. La puerta es probablemente de Francisco de Mora o de Juan Gómez de Mora

El revoque y la cornisa son del XVIII…”

En la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid aparece mencionado como antiguo palacio de la Regalía y del conde de Bornos, de 1770, año en que debieron acometerse esas obras.

Sufrió incendios, abandono, riesgo de demolición en los años 70 del siglo XX… milagrosamente se salvó. En 1980 lo compró el Estado y el arquitecto García de Paredes se encargó del proyecto de restauración y ampliación. Fue añadido un nuevo piso, que solo se aprecia desde el interior.

Fue destinado a ser la sede de la Escuela de Restauración.

Además de los muros exteriores y la estructura del viejo palacio únicamente se conserva la escalera, que fue restaurada por los propios alumnos.

Ellos igualmente se encargaron de hacer una réplica de la fuente que en el pasado había adornado el desaparecido jardín, la figura del dios Neptuno.

En el sótano existen unas fantásticas bóvedas que seguramente también son antiguas.

Como no podía ser menos en esta zona, nos cuentan que existe un pasadizo hoy cerrado, con dirección al Palacio Real.

 

La Escuela

El origen del centro es el antiguo Instituto de Restauración y Conservación de Obras y Objetos de Arte, Arqueología y Etnología, creado en 1961 (actual Instituto del Patrimonio Cultural de España, IPCE). Ocho años después se creó la Escuela. En 1977 ambos centros quedaron separados y la Escuela pasó a depender del Ministerio de Educación. En la actualidad depende de la Comunidad de Madrid.

Al principio la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales no tenía sede propia, durante un tiempo estuvo en el Museo de América, hasta que por fin, como vimos, pudo instalarse en esta antigua casa palaciega, donde felizmente continúa.

Hoy día basa su plan de estudios en una formación multidisciplinar que consta de cuatro cursos. Los dos primeros de formación general, común a todos los alumnos, y los dos últimos de formación específica, en distintas disciplinas: Pintura, Escultura, Documentos gráficos y Bienes arqueológicos. Pendientes de implantación están Mobiliario y Textiles.

Durante nuestra visita tuvimos ocasión de conocer el trabajo que desarrollan en varios talleres, lógicamente solo algunos de la completa lista de asignaturas que integran cada uno de los cursos.

 

PINTURA

Además de la historia y de la teoría del arte, los estudiantes se enfrentan a la práctica de la pintura. Estudian todas las épocas, estilos, técnicas y materiales. Cada alumno analiza la pintura, las mezclas de colores utilizados, etc. Entre las obras que vemos hay dos sargas.

En el taller de restauración contemplamos fascinados el minucioso trabajo que llevan a cabo.

Finalmente entramos en el aula de pintura mural donde vamos a encontrar piezas muy interesantes, una pintura sobre vidrio del Palacio de Fernán Núñez, una obra de la Colegiata de San Isidro, una pintura del Monasterio de Sancti Spiritus de Toro… incluso alguna sorpresa emocionante: parte de los fragmentos de las pinturas medievales procedentes de la ermita de Santa María la Antigua de Carabanchel.

 

ESCULTURA

Seguidamente nos explicaron cómo funciona el taller de restauración de escultura policromada. Casi todo el espacio estaba ocupado por las piezas de un extraordinario retablo de la Catedral de Cuenca. Desmontadas, una a una están siendo restauradas para devolverle su esplendor.

 

DOCUMENTOS GRÁFICOS

Aquí los profesores nos explicaron cómo llevan a cabo la delicada restauración de abanicos, pergaminos, material fotográfico, etc.

Obra del Convento de las Carboneras

 

BIENES ARQUEOLÓGICOS

Finalmente conocemos algunos de los trabajos de restauración de piezas arqueológicas, en estos momentos ocupados con piezas de época islámica. Restos de un asta de ciervo, parte de un arco de piedra, un canecillo tallado procedente de Murcia del siglo XIII…

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Finalmente nos mostraron otras de las herramientas que utilizan para sus trabajos, una impresora 3D en pleno funcionamiento, el laboratorio fotográfico, importantísimo para los trabajos previos a la restauración de las piezas, y un laboratorio tradicional que aunque ya no se utilice está disponible para los alumnos.

Fue una visita maravillosa. Si tenéis ocasión no dejéis de conocer esta Escuela que juega un papel importantísimo en la formación de profesionales y en la conservación y restauración de nuestro arte. Más información, en su web.

Mencionar además, para todos los interesados en estos temas, que sin ánimo de lucro desde 1985 publican la revista Pátina.

Para terminar, solo dar las gracias a los profesores y todas las personas que nos atendieron, por todo lo que nos mostraron, explicaciones y su gran hospitalidad.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

VALENZUELA, Fernando. “Notas históricas sobre el edificio de la calle de la Bola-Guillermo Rolland”, Revista Pátina, nº 2, Madrid 1987.
VVAA. Licencias de exención de aposento en el Madrid de los Austrias (1600-1625). IEM, Madrid 1982.
Planimetría General de Madrid.

Se ha presentado JustMad 9, la novena Feria de Arte Emergente de Madrid, que se celebrará en la próxima semana del arte, los días 20 a 25 de febrero de 2018.

La presentación tuvo lugar en uno de los salones del exquisito Palacio de Santoña donde la nueva dirección artística, los comisarios Semíramis González y Daniel Silvo, junto a Enrique Polanco, presidente de Art Fairs, explicaron el nuevo proyecto.

La elección del lugar no ha sido gratuita, forma parte de la intención de contrastar las creaciones más recientes con el ambiente y arte del siglo XIX, como veremos.

Palacio de Santoña

La propuesta tendrá como eje el Encuentro entre Europa y Latinoamérica, con el propósito de acoger galerías que muestren la forma de pensar y el trabajo creativo que se está realizando en la actualidad a ambos lados del Atlántico.

Ellen Kooi. Haarlem-Wies. Galería Cámara Oscura. (Foto: JustMAD)

Entre las novedades se encuentra la elección, igual que ha ocurrido en la presentación, de una sede singular, la casa-palacio de Carlos María de Castro.

Casa-palacio Carlos María de Castro

Castro, ingeniero, arquitecto y autor del trazado del Ensanche de Madrid, escogió para construir su propia residencia un solar en la calle Fernando el Santo nº 14, hoy barrio de Almagro, distrito de Chamberí.

Las habitaciones y salones del rehabilitado palacete, proyectado en 1864 por él mismo, acogerán a alrededor de cincuenta galerías.

(Foto: JustMAD)

En la planta baja habrá una sala de conferencias. Y en el jardín donde se encuentran las antiguas caballerizas también se instalará algún proyecto expositivo.

(Foto: JustMAD)

La nueva dirección de JustMAD quiere destacar la ocupación de un palacio del siglo XIX por parte de obras producidas en el siglo XXI.

Pedro Vaz. Untitled. Kubik Gallery. (Foto: JustMAD)

Conceden mucha importancia al espacio palaciego de arquitectura clásica ocupado por el arte más actual y la experimentación plástica más innovadora.

Desde ahora hasta febrero habrá más noticias, de momento tomemos nota, las obras más recientes de los jóvenes artistas ocuparán este hermoso palacio del siglo XIX en la próxima Feria del arte emergente JustMad 9.

Toda la información en su web, JustMad.

Por : Mercedes Gómez

 

La oferta cultural madrileña es enorme, tenemos a nuestra disposición actividades de todo tipo. Hoy me gustaría recomendaros algo diferente a lo que es habitual en este blog, una obra de teatro, pero no de teatro convencional. El teatro gestual del grupo Tricicle.

La compañía nació en Barcelona, en 1979, año en que ingresó en el Instituto del Teatro. Pronto comenzaron a actuar en salas de su ciudad, festivales, etc. No mucho tiempo después actuaron por primera vez en Madrid, siempre y en todas partes con éxito.

La primera vez que que tuve ocasión de ver una de sus obras eran un soplo de aire fresco en la cartelera madrileña, tan divertidos como buenos actores. Conseguían la mayor expresividad sin emplear la palabra, solo el gesto, movimiento del cuerpo, ruidos y poco más.

Como tituló Eduardo Haro Tecglen en su crítica en el diario El País a una de las primeras representaciones del espectáculo Exit, estrenado en 1984 en el desaparecido Teatro Martín, son Gracia muda.

Hoy, tanto tiempo después, siguen siendo unos maestros en este género, apenas han cambiado.

La obra que acaban de estrenar en Madrid, Hits, –que dicen será la última…–, es una recopilación de sus espectáculos desde aquellos comienzos, con algunas escenas memorables, desternillantes, como la del control en el aeropuerto.

Hasta el 28 de enero del próximo 2018, en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía, tenemos la oportunidad de reír y disfrutar.

¡Adelante! que la función va a empezar.

Hoy, como ayer, Tricicle son aire fresco. Diversión pura, con calidad y mucha creatividad.

Por: Mercedes Gómez

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Grupo Smedia

Teatro Luz Philips Gran Vía
Gran Vía, 66
Madrid

 

Hasta el próximo 5 de noviembre podemos visitar en la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid la exposición Manchas en el silencio, de Cristina Lucas.

Es una obra compleja, crítica, que conmueve, en el más amplio sentido de la palabra.

Se trata de una video-investigación-instalación. Tres canales simultáneos, tres pantallas ofrecen un video con una duración de casi cinco horas, El rayo que no cesa –en homenaje a Miguel Hernández–, con datos, mapas, fechas y fotografías de los bombardeos sufridos por la población civil en el mundo a lo largo de la historia.

A raíz de una invitación a participar en la conmemoración del bombardeo de Guernica, la artista se planteó: ¿desde cuando se bombardea a la población civil? La respuesta que encontró fue demoledora: prácticamente desde que es posible volar.

Otro video, Piper Prometeo, muestra un avión que transporta la fórmula física que hizo posible la aviación en los comienzos del siglo XX. El primer caso conocido de víctimas bajo un bombardeo tuvo lugar en 1912.

Piper Prometeo (2013) video 4’ (Foto Comunidad de Madrid)

Se trata de un largo relato histórico que recoge todos los bombardeos documentados sobre población civil, desde 1912 hasta la actualidad.

Aunque tristemente estamos ante una obra inacabada, lo más espeluznante es que esto no termina, continuamente se producen nuevos ataques en algún lugar del mundo.

El trabajo de la artista es un proceso de investigación histórica y de reflexión, Cristina Lucas utiliza el arte para comunicar los hechos y obligarnos a nosotros mismos a pensar. Impresiona la relación de lugares que en algún momento han sido bombardeados indiscriminadamente. Y la lista sigue creciendo.

A partir de la videoinstalación se expone la obra Tufting, una serie de lienzos bordados a máquina que representan los mapas de todo el mundo en los que manchas negras muestran esos puntos, los pueblos, las ciudades bombardeadas a lo largo de la historia.

Tufting (2017). España y Rif, 1939.

Algunas zonas llegan a estar cubiertas totalmente por manchas negras.

Tufting (2017). Balcanes, 2001.

En la planta superior de la Sala, en este edificio de Antonio Palacios, antiguo banco con una planta en cierto modo eclesial, que una vez más colabora en la transmisión del mensaje de la obra de arte, Cristina Lucas ha dispuesto la instalación Clockwise, 360 relojes que representan los 360 grados imaginarios que dividen la esfera terrestre.

Clockwise (2016)

La investigación comenzó en 2012, a los 75 años del bombardeo sobre Guernica, con la intención de centrar el interés en los otros Guernica, los numerosos ataques sufridos por civiles, personas indefensas.

Este año se ha conmemorado el 80 aniversario del horror vivido en esa localidad, pero lo más grave es que no es el único y que la tragedia continúa.

El título puede hacer referencia a las manchas que se amontonan en los mapas, los puntos sobre los que en algún momento se ha bombardeado a la población civil en todo el mundo. Aunque en la sala el silencio no es absoluto, sin descanso se oye el ruido de los aviones volando sobre nosotros, amenazando.

Por: Mercedes Gómez

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Sala Alcalá 31
Manchas en el silencio, de Cristina Lucas
C/ Alcalá, 31
Horario:
De martes a sábados: 11.00 a 20.30 h
Domingos y festivos: 11.00 a 14.00 h
Entrada gratuita

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Bibliografía:

Catálogo Wavelength, Longitud de onda. Cristina Lucas. Ed Turner. Comunidad de Madrid. 2017.

El Palacio de Fernán Núñez está situado en la calle de Santa Isabel nº 44, con vuelta a San Cosme y San Damián nº 1. Como ocurre en otros palacios decimonónicos, su exterior no permite imaginar el lujo y riqueza que alberga en su interior.

La entrada a la zona noble suele tener lugar por la escalera principal.

Pero hoy os invito a acceder por la bella escalera privada de sus antiguos inquilinos para conocer su jardín, gracias a las visitas organizadas por Open House Madrid el pasado sábado 30 de septiembre.

Antes conozcamos su historia.

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Los orígenes del palacio se remontan a finales del siglo XVIII cuando estos terrenos estaban ocupados por modestas casas de vecindad con huertas que pertenecían a diferentes propietarios. Era la manzana 18 que casi en su totalidad era propiedad del cercano Convento de Santa Isabel, aunque desde 1618 las monjas habían ido vendiendo solares. El monasterio ocupaba la gran casa nº 10, así aparece reflejado en la Planimetría General.

Planimetría General de Madrid. Manzana 18.

Blas Jover, Secretario de Consejos de Fernando VI, compró algunos solares, comenzando por el sitio nº 7 situado en la esquina entre Santa Isabel y la calle de San Cosme, hoy San Cosme y San Damián, y allí construyó su casa.

Dicha casa nº 7 en 1769 fue adquirida por Miguel José María de la Cueva Velasco, XIII duque de Alburquerque y conde de Fernán Núñez, quien contrató al arquitecto Antonio López Aguado para que la reformara y transformara en un palacio.

León Gil de Palacio. Modelo de Madrid (1830). Manzana 18.

En esta época, entre 1796-1849, ya existía un patio-jardín del cual tenemos información gracias a la extraordinaria maqueta, el Modelo de Madrid (1830) de León Gil de Palacio, que se puede admirar en el Museo de Historia de Madrid.

León Gil de Palacio. Modelo de Madrid (1830). Detalle manzana 18.

Posteriormente, a mediados del siglo XIX, Felipe María Osorio y Castelví, duque de Fernán Núñez y conde de Cervellón, adquirió la casa nº 8 y la huerta colindante con el Colegio de Santa Isabel. El palacio primitivo fue reformado y ampliado, y su interior fue distribuido irregularmente en torno a varios patios; se construyó una nueva fachada, la que hoy día contemplamos, y el jardín modificó su aspecto y uso. La obra se atribuye a Martín López Aguado, hijo de Antonio.

Entre 1860 y 1870 junto al jardín se construyó la estufa o serre –así aparece nombrada en las revistas y diarios de la época–, un precioso invernadero que se convertiría en protagonista de la vida social del palacio como atestiguan las numerosas crónicas.

El Madrid de los años 70 del siglo XIX está representado en el plano de Ibáñez de Íbero en el que el palacio y sus patios están bien detallados. El invernadero aparece dibujado junto al jardín.

El Palacio de Fernán Núñez en el plano del Gral. I. Íbero (h. 1875)

Era una galería abovedada de hierro y cristal, con tres puertas en una de sus fachadas que se comunicaban con el jardín.

Una vez más las fotografías de Jean Laurent conservadas en el Archivo Ruiz Vernacci, realizadas por esas mismas fechas, alrededor de 1875, nos muestran cómo era la galería, adornada con todo tipo de árboles y plantas. Palmeras, plátanos… hortensias… En su interior también había una fuente con una figura de mármol.

Laurent “Palacio de Fernán Núñez. La galería”. (1860-1886). Archivo Ruiz Vernacci. Fototeca del Patrimonio Histórico (IPCE).

El invernadero recibía, además de la luz del sol, el calor que le proporcionaba un calorífero, el agua caliente que circulaba bajo el pavimento, bajo unas glorias o rejillas metálicas, que se aprecian perfectamente en las fotografías de Laurent y que se conservan, como veremos.

Recibía el nombre de Galería de Otelo porque entre otras cosas allí había una escultura de mármol que representaba este personaje.

Laurent “Palacio de Fernán Núñez. La galería de Otelo”. (1860-1886). Archivo Ruiz Vernacci. Fototeca del Patrimonio Histórico (IPCE).

Como decíamos, las revistas de la época dejaron constancia de los encuentros sociales y las fiestas que allí tuvieron lugar. En 1884 se celebró en el palacio un baile que la Ilustración Española y Americana describió e ilustró con uno de sus famosos grabados.

El baile en casa de los duques de Fernán Núñez. Aspecto de la “serre” donde se sirvió el “buffet”. La Ilustración Española y Americana 15 marzo 1884 (BNE)

A comienzos del siglo XX se produjo una nueva reforma, obra de Valentín Roca y Carbonell, nuevo arquitecto de la casa ducal.

El Jardín fue rediseñado y se añadió una terraza de mármol con escaleras, que sigue existiendo; nuevas losas cubrieron todos los elementos decorativos. El estanque de la fuente fue realizado con el mismo material.

Pérez Rioja. “Jardín del palacio de Fernán Núñez” (1937), Junta del Tesoro (IPCE).

Después de la guerra tras ser adquirido el edificio por la Compañía de Ferrocarriles, luego Renfe, fue restaurado. Nuevas reformas tuvieron lugar en 1973.

(Foto 2007)

A estas últimas obras se cree que se debe la configuración actual del jardín.

(Foto 2017)

El invernadero desapareció, aunque su estructura se mantuvo. Los muros de cristal fueron sustituidos por muros de fábrica con tres grandes ventanales.

Hoy es un moderno Salón de Actos.

En el suelo, como comentábamos, aún se conservan las glorias, las mismas que aparecen en las fotografías de Laurent.

La fuente que estaba en el interior también desapareció; la figura de mármol que la adornaba –que también vimos en la primera foto de Laurent– fue trasladada al jardín, donde continúa.

Las especies arbóreas que hoy existen, como el hermoso magnolio central, debieron ser plantadas en dicha reforma de los años 70.

La última restauración del jardín tuvo lugar en 2002 a cargo del arquitecto Javier Contreras.

El Palacio, propiedad de Adif y Renfe, desde 1985 es la sede de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Se puede solicitar la visita en grupos. En su web se encuentra toda la información.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

MARTÍN BLANCO, Paulino. “El Jardín central del Palacio de Fernán Núñez”, Anales de Historia del Arte nº 13, 2003.

BUELGA LASTRA, Luz. “Casa-mansión de los Duques de Alburquerque y de los Duques de Fernán-Núñez: Historia y evolución”. Espacio, Tiempo y Forma, Hist. del Arte, t. V, 1992.

 

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