En el Parque de la Fuente del Berro hay un hermoso monumento dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer.

Es un conjunto escultórico situado en un estanque, obra de Santiago de Santiago, inaugurado el 8 de octubre de 1974. La figura del poeta, de bronce, sobre un pedestal, está acompañada de otros personajes construidos en piedra arenisca rosa. Una mujer a su izquierda personifica sus Rimas y a la derecha una pareja representa una escena de sus Leyendas.

Parque de la Fuente del Berro

Un bloque de granito muestra la inscripción Madrid a Bécquer.

Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano Valeriano Domínguez Bécquer vivieron muy cerca, en este barrio de la Fuente del Berro, lamentablemente por poco tiempo como veremos.

Gustavo nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, dos años después que su hermano. En 1854, con apenas 18 años, viajó a Madrid en busca de oportunidades para hacerse con un lugar en el mundo literario y cumplir sus sueños. En esos momentos se instaló en una pensión en la calle de Hortaleza a la que sucedieron otras pensiones y varios domicilios. Excepto breves periodos de tiempo Bécquer vivió en nuestra ciudad hasta su muerte.

Trabajó como periodista y escritor, fue director de El Museo Universal, censor de novelas… vivió épocas buenas y otras malas, o muy malas. Tuvo poca fortuna en el amor, siempre enamorado de Julia Espín… fracasó su matrimonio con Casta Esteban, que le fue infiel, tuvo problemas de salud y económicos. En fin, su vida fue azarosa, llena de dificultades.

Tras una corta ausencia, en los inicios de 1870 volvió a Madrid acompañado de su hermano que también se había separado de su mujer, y ambos, el escritor y el pintor, comenzaron a colaborar en La Ilustración de Madrid. La revista nació ese año, dirigida por Eduardo Gasset. Gustavo fue el director literario y Valeriano el dibujante. El primer número fue publicado el 12 de enero.

Conocemos la que en esa época fue casa de los Bécquer en el hoy barrio de la Fuente del Berro gracias a Pedro de Répide que en 1922 escribió en la revista La Esfera un emotivo reportaje sobre los hermanos y su casa, que visitó acompañado de Julia Domínguez, hija de Valeriano, por tanto sobrina de Gustavo.

Era un pequeño hotel en la calle de Valencia –calle de Pedro Heredia desde 1903–, cerca del puente de Ventas, en la antigua colonia construida antes de 1868 –aún existía la Cerca que rodeaba Madrid–, que en aquellos años 20 del siglo pasado cuando Répide escribió su crónica aún se conservaba. La colonia, llamada Quinta del Espíritu Santo, fue promovida por Pascual Madoz a través de la empresa La Peninsular sobre unos terrenos adquiridos junto al arroyo Abroñigal, parajes poco atrayentes en aquellos momentos además de alejados de la ciudad, por lo cual el negocio no prosperó. Aunque los hotelitos con sus jardines debían ser muy bonitos.

Cuenta el cronista madrileño que el barrio llegó a tener un prestigio poético, no solo por su aspecto sino por la calidad de sus habitantes. En otro de los hoteles vivía Blanca, hija de Espronceda y de Teresa Mancha. Y otro poeta, gran amigo, Augusto Ferrán.

Y allí vivieron los Bécquer, uno pintaba, el otro escribía, disfrutaban junto a los niños y cuidaban del huerto y del jardín. Pero la tranquilidad duró poco, en el mes de septiembre de ese mismo año 1870 en esta casa murió Valeriano.

Cuenta Répide, describiéndola, que en el antiguo hotelito de los Bécquer, nº 6 de la calle, había sido instalado el Hospital Evangélico –y así consta en la lista de establecimientos de la beneficencia particular en la memoria municipal de 1929–.

En la actualidad el nº 6 lo ostenta la única construcción de una planta que queda en la calle Pedro Heredia que hoy no tiene nada que ver con lo que debió ser a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Calle Pedro Heredia, 6

Junto a los únicos hotelitos que subsisten, uno de ellos con su pequeño jardín, en los números 12 y 14, que permiten imaginar lo que pudo ser ese barrio.

Calle Pedro Heredia

Tras la muerte de su hermano, Gustavo abandonó la casa y se trasladó a otro domicilio, con sus dos hijos y sus dos sobrinos, al entonces naciente barrio de Salamanca, calle de Claudio Coello.

Calle Claudio Coello, 25

Aún en las afueras de Madrid, a la salida de la Puerta de Alcalá, pero más cerca de sus amigos y de la plaza de Matute donde se imprimía La Ilustración de Madrid. Su mujer volvió a vivir con él.

Desgraciadamente solo tres meses después, el 10 de diciembre de 1870, enfermó y pocos días después murió. Aún no había cumplido los 35 años.

Una placa de cerámica en el hoy nº 25 de la calle de Claudio Coello lo recuerda.

En esta casa murió el día 22 de diciembre de 1870 Gustavo Adolfo Bécquer. El poeta del amor y del dolor.

Pedro de Répide contó que ya entonces existía el propósito de levantar un monumento a los hermanos Bécquer en Madrid, y él proponía que fuera en ese barrio de la Colonia La Peninsular, entre los jardines de las casitas, cerca de la que ellos habitaron. Pero no fue hasta 1970, ya no existía la colonia, cuando se presentaron proyectos reales, aunque dedicados únicamente al poeta, olvidando a Valeriano. Al final, como decíamos al principio, fue inaugurado en 1974, en los cercanos jardines de la Fuente del Berro.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

RÉPIDE, Pedro de. “La Casa de los Bécquer”, La Esfera. Madrid, 19 agosto 1922.
QUIRÓS, Francisco. “Colonias suburbanas en Madrid y Sevilla hacia 1860”, Revista Ería, 1995.

cervantesvirtual
monumentamadrid.es

 

 

 

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Hace pocos días se han presentado en el Museo de Historia de Madrid varias obras recientemente restauradas. Una pintura de Ángel Lizcano, titulada Agua, azucarillos y aguardiente, óleo sobre lienzo, de 1897, mobiliario de los siglos XVIII y XIX y dos esculturas en las que vamos a detenernos hoy.

Son dos obras muy distintas, una representa dos figuras de la religión cristiana, la otra una escena de la mitología. La primera es una talla realizada en madera de cedro, la imagen de San Joaquín y la niña María, y la segunda un conjunto de terracota que representa el mito de Diana o Selene y Endimión en su sueño eterno. Las obras tienen en común que ambas fueron realizadas en el siglo XVIII.

En la Sala de cartografía y maquetas, en el sótano, se expone San Joaquín con la Virgen niña en brazos, talla anónima realizada en madera policromada y estofada que pertenece a los fondos fundacionales del museo pues ingresó en 1927. Un panel junto a la escultura explica el complicado proceso de limpieza y restauración a que ha sido sometida.

Nos comentan en el museo que existe una pareja de esta escultura, Santa Ana, que aún está a la espera de restauración.

En la misma sala se pueden ver algunas piezas del mobiliario restaurado. Las obras permanecerán expuestas, de 12 a 14 horas, de martes a domingo. El museo justifica la reducción de horario para su conservación.

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En el Patio de acogida del Museo se encuentra el grupo escultórico de René Michel o Michel Ange Slodtz, Diana y Endimión, realizado en terracota en el año 1738.

El escultor francés Slodtz trabajó en Italia y es autor de grandes obras, entre ellas el San Bruno que se encuentra en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Este conjunto barroco representa el tema de la mitología griega en que Endimión, condenado por Júpiter a dormir eternamente a cambio de la juventud y la belleza eterna, era visitado cada noche por la diosa Diana. Otros personajes y numerosos detalles completan el grupo.

La firma del artista y la fecha 1738 en la base ha llevado a pensar que se trata del modelo del conjunto realizado en mármol en 1740 que se conserva en una colección particular en Ginebra.

La escultura se encontraba en el Palacio de la Quinta de Torre Arias, bastante deteriorada por el paso del tiempo y el abandono. Se procedió a la limpieza de las capas de suciedad que tenía y así se pudo conocer la naturaleza de la obra.

El modelo fue realizado por piezas, algunas de ellas perdidas, en arcilla hueca y cocida. Los elementos desaparecidos no se han reproducido con el fin de respetar la obra y no crear un falso histórico.

Muestra una capa de engobe rosada que no se sabe si es original o añadida posteriormente, según leemos en el panel explicativo expuesto junto a la obra.

Las obras se podrán contemplar en su emplazamiento actual durante unas semanas, posiblemente al menos hasta después de las Navidades.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Museo de Historia
Calle Fuencarral, 78

TELLERÍA, Alberto. Una escultura ignorada de Michel-Ange Slodtz en Madrid. Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, 2015.

El Palacio de La Unión y el Fénix fue proyectado en 1906 para albergar la importante compañía de seguros, La Unión y el Fénix Español, en la calle de Alcalá, en el inicio de la entonces futura Gran Vía. Para ello fueron derribadas varias casas, entre ellas la llamada por su forma casa del ataúd, en la esquina con la calle Caballero de Gracia.

Jean Laurent. “La calle de Alcalá” (1860-1866). Archivo Ruiz Vernacci (IPCE)

En 1905 había sido convocado un concurso internacional cuyo ganador fue el proyecto de los arquitectos franceses Jules y Raymond Fevrier, padre e hijo. El 4 de junio de 1907 fue colocada la primera piedra. A lo largo de los tres años siguientes las obras fueron dirigidas por el español Luis Esteve.

Campúa (Nuevo Mundo, 1910) (memoriademadrid)

El 21 de enero de 1911 se celebró una fiesta de inauguración de la sede en los amplios y elegantísimos salones del nuevo edificio según se puede leer en la prensa de la época. El edificio es un gran ejemplo del eclecticismo madrileño que imperaba, con elementos de diversos estilos arquitectónicos.

 

Nuevo Mundo, 26 enero 1911.

Una de sus singularidades es que fue uno de los primeros edificios construidos en hormigón, aunque debido a los criterios estéticos dominantes y el aspecto estilístico al gusto francés que se perseguía fue completamente ocultado, disimulado mediante la rica ornamentación. Son de este material las paredes maestras y la cúpula, pero las fachadas fueron realizadas en piedra y la cúpula en su exterior cubierta de pizarra y pan de oro.

Interior de la cúpula de hormigón.

La cúpula fue rematada con el Ave Fénix y la figura de Gamínedes sobre ella, conjunto obra del escultor francés René Saint Marceaux.

En la base se situó el grupo escultórico de Mariano Benlliure, La familia, la protección contra el fuego y la ayuda al mundo laboral (1911), de mármol. Y debajo, sobre las columnas del segundo cuerpo de la rotonda, otras obras espléndidas de Lambert y Laudousky.

En los años 70 del siglo XX La Unión y el Fénix Español se trasladó al Paseo de la Castellana. El edificio pasó a ser propiedad de la compañía Metrópolis.

En 1977 el extraordinario Ave Fénix fue sustituido por una Victoria alada, obra de Federico Coullaut Valera. El momento quedó inmortalizado gracias a las fotos del diario ABC. Las dos esculturas permanecieron juntas en la acera durante unas horas, cuentan las crónicas.

Foto: Luis Ramírez, ABC, 10 oct 1977

La Victoria alada, de bronce, mucho más pesada que el Fénix, quedó instalada.

Hoy día la escultura original del Fénix se encuentra en el jardín del nuevo edificio, actualmente sede de la Mutua madrileña.

Mutua Madrileña. Pº de la Castellana.

El Edificio Metrópolis, situado en la calle Alcalá 39, esquina Caballero de Gracia 40, se convirtió en emblema de la ciudad. En la actualidad continúa siendo la sede de la compañía de seguros, que desde entonces se ha encargado de su cuidado, y que hemos podido conocer gracias a su participación en el programa municipal “Madrid Otra Mirada”.

El mobiliario pertenece a la nueva compañía, Metrópolis Seguros, pero se conservan los elementos decorativos originales de principios de siglo.

La lujosa y elegante decoración exterior e interior fue obra de Pedro Estany. Además de las fachadas, se adornó el portal, el vestíbulo y todas las estancias, todo ello creado con materiales de gran calidad. Vidrieras de la Casa Maumejean, suelos de cerámicas, maderas nobles, hierro forjado, mármol…

Las formas curvas dominan en la bellísima escalera principal.

Lo mismo ocurre en todas las estancias de la rotonda, en la esquina del solar, bajo la cúpula.

Los salones conservan el espíritu de la época.

También la sala, antigua biblioteca, que se encuentra justo debajo de la cúpula.

Otra escalera secundaria, más sencilla y moderna para la época, de un estilo distinto pero igualmente bella, nos lleva hasta la terraza.

Las vistas desde la terraza son espectaculares. Desde ahí la propia Victoria alada y las otras estatuas observan a sus vecinas, otros personajes mitológicos, como Minerva, justo enfrente en el Círculo de Bellas Artes, y algo más lejos a la mismísima diosa Cibeles.

En la terraza nos topamos con la impresionante cúpula, contemplada tantas veces desde la calle de Alcalá, ahora tan cerca.

En la actualidad está vacía, sin uso, y va a ser restaurada en su interior, igual que lo ha sido el esplendoroso exterior.

A lo largo de su más de un siglo de vida el edificio ha sido restaurado en varias ocasiones, la última recientemente, entre 2015 y 2016.

El Edificio Metrópolis, por su situación y por su belleza, se ha convertido sin duda en un símbolo, imagen emblemática de Madrid.

Y volvemos al principio, observando la calle de Alcalá desde Cibeles, completamente transformada desde aquellos años primeros del siglo XX, tan importantes para la arquitectura y el urbanismo madrileños.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid, 2003.
La Ilustración financiera. 30.1.1911
La Construcción moderna. 30.1.1911
Nuevo mundo. 26.1.1911
ABC, 22.01.1911
La Construcción moderna. 15.8.1910

 

Volvemos al Jardín Reservado de Felipe II en la Casa de Campo. Después de nuestra visita a las Grutas el pasado mes de junio, hace unos días hemos tenido ocasión de conocer el Vivero municipal.

El Vivero de la Casa de Campo desde el siglo XIX está ubicado en terrenos del antiguo Reservado. Es uno de los tres viveros municipales, junto al Vivero de Estufas del Retiro y el de Migas Calientes. En la actualidad es un lugar importante por la función que cumple –producción de árboles y arbustos destinados a las calles y parques madrileños–, por su belleza y por su valor histórico pues guarda las huellas del antiguo trazado.

El pintor Félix Castello lo representó en un extraordinario cuadro que podemos contemplar en el Museo de Historia de Madrid. En él vemos el palacete que fuera de los Vargas y el jardín renacentista creado por Felipe II.

Félix Castello. “La Casa de Campo” (1615-1651), óleo sobre lienzo, Museo Arqueológico Nacional (depósito en Museo de Historia)

Frente al palacete desde los inicios del siglo XVII, alineadas frente a la fachada principal, se situaban la estatua ecuestre de Felipe III, obra de Juan de Bolonia y Pietro Tacca, trasladada en tiempos de Isabel II a la plaza Mayor y la Fuente del Águila, que estuvo aquí hasta 1890.

F. Castello. “La Casa de Campo” (detalle)

A la derecha de la lonja de las Grutas se encontraba la Fuente de Neptuno o Fuente Rústica, que también se aprecia en la pintura de Castello.

F. Castello. “La Casa de Campo” (detalle)

De ella actualmente se conserva la hornacina, como vimos.

La Fuente del Águila era la más importante del jardín, pero no era la única, había varias fuentes más sencillas adornando los parterres, que también representó Castello.

Castello. “La Casa de Campo” (detalle)

Hoy día, ausentes la estatua ecuestre y la fuente, en el paseo frente a la fachada principal del palacio se encuentra el camino de entrada al vivero.

Lugar donde estuvo situada la estatua de Felipe III frente al palacete.

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Espero que hablemos del vivero más adelante, hoy vamos a detenernos en una singular fuente que se encuentra en el recinto, la Fuente de la Concha.

Es una fuente muy humilde, pero adornada por un antiguo elemento escultórico, probable vestigio de aquella época en la que estos terrenos estaban ocupados por los jardines renacentistas de Felipe II. Se trata de una concha de piedra identificada con la imagen del Nacimiento de Venus, representado por Botticelli.

A principios del año 2004 el jardinero Luciano Labajos la descubrió, escondida entre arbustos desde hacía al menos cincuenta años. Se conocía su existencia porque figuraba en la relación de fuentes descritas después de que la Casa de Campo pasara a manos municipales, en 1931. La memoria municipal de 1933 la incluía, mencionando su situación en los terrenos que fueran del Reservado de Felipe II. Pero durante la guerra debió sufrir desperfectos, posiblemente trasladada desde otro lugar, abandonada poco a poco fue cubriéndose de zarzas.

Se trata de una modesta construcción de ladrillo, con el frente de piedra, que acaso surtía el agua de un manantial. Actualmente el caño está seco.

En la parte superior se adorna con la mencionada concha de piedra.

Luis de Vicente, estudioso de la Casa de Campo, junto a Labajos consideraron que la concha exquisitamente labrada era un elemento del siglo XVI o XVII que debió pertenecer a algún conjunto escultórico de una de las fuentes del Reservado chico, aquel que representó Félix Castello.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

LABAJOS, Luciano y RAMÓN-LACA, Luis. Jardinería tradicional en Madrid. Ed. La Librería 2007.

El País, 18 enero 2004.

Queridos amigos:

El ciclo de conferencias organizado por el Instituto de Estudios Madrileños que os anunciaba hace pocos días “La creación del Gran Madrid. Anexión de municipios limítrofes” ha cambiado su sede de celebración.

Las charlas serán impartidas en la Capilla del Museo de Historia de Madrid, en la calle de Fuencarral 78. Por favor, tomad nota.

El programa no sufre ningún cambio. Podéis descargarlo aquí.

La próxima cita es el martes 9 de octubre:

“El proceso de anexión de los pueblos limítrofes”, a cargo de Mª Teresa Fernández Talaya.

Museo de Historia
calle Fuencarral, 78

19,00 h.

Como siempre, la entrada es libre hasta completar aforo.

Muchas gracias

Mercedes

Además del ciclo dedicado a Madrid y la Ciencia que anunciaba hace unos días, el Instituto de Estudios Madrileños, en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid y el Centro Sefarad-Israel, ha organizado otro ciclo de conferencias para este próximo trimestre. En esta ocasión el curso tendrá lugar en la sede de esta última institución, el Palacio de Cañete.

El tema es novedoso y muy interesante, “La creación del Gran Madrid. Anexión de municipios limítrofes”.

Se abordarán todos los temas relacionados con el importante y complejo proceso de anexión de los pueblos limítrofes a Madrid en la posguerra. Su historia general y detallada, Vallecas, los Carabancheles, Villaverde, Barajas, etc.

La primera charla será impartida mañana martes día 2 de octubre, La periferia de Madrid hasta la posguerra, a cargo de Carmen Cayetano, a las 19 h. en:

Centro Sefarad-Israel
Palacio de Cañete
calle Mayor, 69.

Otra buena noticia es que las conferencias serán publicadas.

Podéis descargar el folleto con toda la información y el programa aquí.

Mercedes Gómez

Queridos amigos:

Hoy os invito a leer un artículo especial. Es para mí un placer, un lujo, presentaros a su autor, José Miguel Muñoz de la Nava Chacón, historiador del arte e investigador de la historia de Madrid. Gracias a su trabajo, entre otras cosas, conocemos muchos detalles sobre la vida y la obra de Antonio Mancelli, creador del primer plano conocido de Madrid.

Pero hay otra faceta suya, la de gran aficionado e investigador de una de las artes, para mí la más desconocida, la Música. En esta ocasión José Miguel nos cuenta la historia de un pianista madrileño, Miguel Ramos. Espero que os guste y lo disfrutéis.

Le damos las gracias y la bienvenida.

Mercedes

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Hace tiempo que quería dar a conocer algunos datos sobre un magnífico músico que alcanzó el triunfo desde su más corta edad y hoy permanece injustamente olvidado.

Nació en Madrid hacia 1910. Estudió piano con Julia Parodi y José Tragó y en 1915 ya consiguió un primer premio del Conservatorio de Madrid.

En el diario “La Voz” del 7 de julio de 1926 leemos: “En el Conservatorio de Música y Declamación ha sido adjudicado por unanimidad el primer premio de piano al aventajado alumno Miguel Ramos Echapare, de diez y seis años de edad. Los ejercicios fueron brillantísimos y acogidos con grandes aplausos”. Un año después obtuvo el primer premio de música de cámara, también en el Conservatorio madrileño. En 1928, refiriéndose a unos conciertos organizados por la Sociedad Internacional de Cámara, la prensa destacó sobre todo a Miguel Ramos, por sus “condiciones extraordinarias puestas de manifiesto en sus interpretaciones de Falla, Chopin y Debussy”, y en esa época es frecuente encontrar en la prensa elogiosas referencias a sus interpretaciones.

Pero pronto comenzó a interesarse por el jazz y la música ligera, ámbito en el que comenzó también a destacar inmediatamente. Él mismo publicó algún artículo defendiendo estos estilos frente a los prejuicios existentes entonces contra ellos; para él solo existía la buena música, y decía no ver diferencia entre el jazz y la música clásica.

A comienzos de los años 30 actuó a menudo con diversos grupos como la “Orquesta Humorist-Jazz” y la “Orquesta los Axejos”; también comenzó a destacar como compositor. Con su orquesta “Los Axejos” acompañó en 1930 a Josephine Baker en su gira por España, y con esta popular cantante visitó varios países europeos. Esta carrera de éxitos se vio interrumpida por el inicio de la guerra en 1936. Sus contactos europeos le facilitaron iniciar un largo exilio en Francia, donde debería además, como tantos españoles, soportar las dificultades de la IIª Guerra Mundial.

Miguel Ramos (años 40)

Pero muy pronto se convirtió en un puntal de las emisiones radiofónicas, las grabaciones discográficas, las sesiones de jazz y música popular; “Michel Ramos” (Ramitos) aparece consignado como intérprete, arreglista y autor en centenares de actuaciones y grabaciones, y son muchos los músicos de la época activos en Francia, muy populares a su vez, que le mencionan con cariño y admiración.

Compuso bandas sonoras y grabó numerosos discos con el nombre de Michel Ramos, “Le Mag’net Quartet”, “Les Careno Cuban Boys” y, exigencias de las casas discográficas, como “Virginie Morgan” y “Patricia Lamour”.

En ese momento estaban de moda las intérpretes de órgano eléctrico y la foto de alguna modelo vendía más que la suya propia; tardaría en descubrirse que la popularísima Virginie Morgan era Michel Ramos, y aún más que no era francés, sino español.

A mediados de los años 60 regresó a Madrid; al hacerse cargo de Hispavox, Rafael Trabucchelli contó con él como uno de sus dos principales arreglistas; el otro era Waldo de los Ríos.

Realizó numerosos arreglos para artistas de esa gran escudería “pop” (e incluso enseñó a otros músicos a realizar ese tipo de arreglos) y grabó una larga serie de LPs interpretando el órgano Hammond y al frente de su orquesta.

También fue frecuentemente director de orquesta en festivales de música ligera y trabajó como pianista y organista en innumerables grabaciones y en programas de televisión como “Galas del Sábado”, en los que aparece discretamente como un músico más de la orquesta, ante el piano o el órgano, normalmente bajo la dirección de Rafael Ibarbia.

Miguel Ramos – Vol I (1966)

También dio recitales de órgano (de tubos y eléctrico) en diversas ciudades españolas y en iglesias madrileñas; él interpretó, al órgano del Teatro Real, el himno de Eurovisión cuando se celebró el Festival en Madrid, en 1969.

Miguel Ramos en 1968

En 1967 aspiró, sin éxito, a la plaza de pianista de la Orquesta Nacional de España.

Miguel Ramos en 1973

Una de sus últimas actividades que he podido localizar tuvo lugar en 1978; se encargó de poner música a la obra “El príncipe azul”, cuento infantil representado en el Centro Cultural de la Villa. Debió de morir ese mismo año o muy poco después; el gran percusionista Enrique Llácer, “Regolí”, me dijo que había fallecido de un infarto no mucho después de que se suicidase Waldo de los Ríos (1977); pero no he localizado ninguna mención a su fallecimiento. Todos cuantos le conocieron y trabajaron con él coincidían en señalar sus grandes dotes como músico y como persona, su característico humor y su enorme sencillez.

Para terminar, señalaré que tras su regreso a Madrid vivió en pleno barrio de Chamberí, en la calle de Ponce de León, junto a Santa Engracia.

 

Por : José Miguel Muñoz de la Nava Chacón
Historiador del Arte

Es para mí un placer anunciar un nuevo ciclo de conferencias organizado por el Instituto de Estudios Madrileños que tendrá lugar a lo largo del próximo otoño: “Madrid y la Ciencia. Un paseo a través de la historia (I): siglos XVI-XVIII”.

Será la primera parte de una interesantísima serie dedicada a la Ciencia en Madrid durante los siglos XVI al XVIII; el próximo curso será dedicado a los siglos XIX y XX.

Como siempre, algunos de los mejores especialistas abordarán el estudio de todos los aspectos relacionados con este tema. Los jardines como espacio para la Ciencia, el Colegio Imperial, la Real Academia de Matemáticas, el Real Jardín Botánico del Prado, el Real Gabinete de Historia Natural, las instituciones científicas en el Madrid de la Ilustración, etc.

Las charlas serán impartidas en la sala de conferencias de nuestro querido Museo de San Isidro, en la plaza de San Andrés nº 2, a las 19.00 h.

La primera tendrá lugar el próximo jueves día 27 de septiembre, Una descripción humanista inédita de Alcalá de Henares en el siglo XVI, a cargo de José María Sanz Hermida.

Espero que sea de vuestro interés. Podéis descargar el programa completo aquí: Madrid y la ciencia.

Mercedes Gómez

A finales de 2017, comienzos 2018, el Ayuntamiento de Madrid, ante el desprendimiento de algunas piedras del muro o pretil que separa las calles del Rebeque y del Factor de la calle Bailén, procedió a la colocación de una serie de lonas protectoras y, como hemos sabido recientemente gracias al diario El País, proyectar su consolidación y restauración. Además, la gran noticia es que se va a proceder a su estudio y a la prospección arqueológica.

El muro se encuentra en el denominado Jardín de Larra, terreno propiedad del Ayuntamiento, con una superficie de unos 6.000 metros cuadrados. Tiene un nivel 3 de Protección en el Catálogo de Parques y Jardines de Interés y nivel 1 en el de Elementos Urbanos Singulares por su valor Histórico Artístico. Parte del gran arbolado es considerada vegetación singular.

El Jardín ocupa los llamados Altos de Rebeque y la espalda de los edificios impares de la calle del Factor, por donde –como ya hemos contado repetidamente en este blog–, subía la muralla árabe del siglo IX.

Hemos recorrido infinidad de veces la calle del Factor, y tantas otras nos hemos preguntado sobre el lugar por donde continuaba tras llegar a los Altos. Es sin duda uno de los misterios más importantes de nuestra historia. Se considera que en este punto podría girar hacia el oeste. También es posible que continuara hacia el norte. Y no muy lejos debía estar la unión con la muralla cristiana del siglo XII, incluso con una hipotética segunda muralla árabe.

“Las murallas de Madrid”. Ed. Doce Calles. Primer recinto (la línea más oscura representa los restos visibles de muralla, la gris los constatados, y la más clara los restos hipotéticos)

El muro mide unos 60 metros, 50 en el primer tramo paralelo a la calle Rebeque y, tras un giro, alrededor de 10 metros en un segundo tramo, paralelo a la calle del Factor.

El pretil sin duda evoca el camino que seguía la muralla del primer recinto islámico hasta aún no se sabe exactamente dónde.

Ya contamos la historia de las murallas de Madrid y los Altos de Rebeque. No vamos a repetirla, pero recordemos que hace un siglo aún quedaban restos de la muralla en este lugar. En 1913 se derribaron unos paredones y unos desmontes dentro de obras de mejora de la calle Bailén y ajardinamiento de los alrededores de Palacio. En el diario ABC el cronista Antonio Velasco Zazo lamentaba el derribo de un resto de antigüedad, de ese trozo que perteneció a la muralla primitiva, por la parte que se llamó calle del Viento.

El material constructivo principal del muro es la piedra caliza, con algunos sugerentes bloques de sílex o pedernal. En algunas zonas se aprecia relleno de ladrillos.

En dirección sur el muro se va convirtiendo en un paredón y la barandilla de granito que separan el jardín de la calle del Factor.

Lo importante ahora es que por fin el Ayuntamiento va a estudiar con criterio arqueológico la zona. Hace muchos años que estudiosos e interesados en las murallas madrileñas hemos deseado y pedido la excavación, es lógico pensar que bajo el jardín existen probables restos de muralla islámica.

¿En qué momento fue construido el pretil?, ¿quizá en la época en que fue derribado el lienzo de muralla que subsistía a principios del siglo XX?, ¿serían reutilizados sus restos?…

¿Qué nos deparará el estudio de los cimientos del muro?

Tal como informa el mencionado artículo de El País, en referencia al informe arqueológico que posee el Ayuntamiento, se espera encontrar datos decisivos sobre el supuesto giro de la muralla islámica hacia el oeste y la posible unión con la muralla cristiana.

Este mes de septiembre el Ayuntamiento iniciará los trabajos de restauración con el fin de devolverle la importancia que posee y está previsto que finalicen en diciembre. Esperemos noticias.

Como nos recuerda el reportaje, esta actuación forma parte de un proyecto global de recuperación, valoración y explicación de las murallas de Madrid. Bienvenido sea.

Por: Mercedes Gómez

Hace pocos días hablábamos de los vestigios de un viaje de agua hallados en la calle Fuencarral, unas galerías que, según la propia Comunidad de Madrid en un principio, podrían corresponder a una construcción del siglo XVII. A propósito de esta noticia, escribí que podría tratarse de vestigios del Viaje de Agua de la Alcubilla. Y es que, como comentaba, se sabe que uno de sus ramales bajaba por allí. En este barrio se han encontrado varios restos importantes (galerías, norias…) en diferentes obras en la zona.

A través del diario ABC y de TVE, el pasado día 30 de agosto la Dirección de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid confirmó que se trata de un importante y hermoso tramo de un viaje de agua y pudimos ver imágenes del interior de la galería.

Aunque ya conocemos la historia básicamente, creo que el gran hallazgo merece una breve actualización del post.

Leemos en el ABC que “los técnicos de la Dirección General de Patrimonio han concluido que se trata de un viaje de agua del siglo XVII, procedente de los de Fuente Castellana y La Alcubilla”.

Recordemos que el Viaje de la Alcubilla y el Viaje de Contreras, a su llegada a Madrid, se unían al de la Fuente Castellana que se comenzó a construir en 1612 y finalizó en 1619, aunque las reparaciones y obras de mejoras fueron numerosas a lo largo de todo el siglo XVII, como en todos los viajes. Ya en el interior de la villa el Viaje de la Castellana se extendía en un complicado entramado de galerías.

Según las mencionadas noticias, este tramo, de unos 180 metros, fue construido en 1632.

Como vimos, también se sabe que en ese punto, a la altura de las calles de San Mateo y San Joaquín, hubo un arca de repartición del agua, el “arca que está debaxo de tierra en calle alta de Fuencarral, frente de la de San Mateo”, como describió Aznar de Polanco.

Felizmente, también se han encontrado restos de esta construcción.

Restos del arca de distribución o de repartición que se encuentra en el viaje de agua de Fuencarral (Foto: Guillermo Navarro. ABC)

El arqueólogo, Manuel Silvestre, explica que el hallazgo, muy bien conservado, tiene una gran valor arqueológico.

Galería del viaje de agua (Foto: Guillermo Navarro. ABC)

Las fotos de Guillermo Navarro son una maravilla que nos permiten conocer un nuevo tramo de una galería de conducción que trasladaba el agua desde el norte de Madrid a las casas próximas a este lugar, desde el siglo XVII hasta mediado el siglo XIX. Y conocer un poco mejor cómo eran los viajes de agua, patrimonio singular madrileño.

Por : Mercedes Gómez

 

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