Entre las diversas exposiciones y actividades que nos propone la Comunidad de Madrid esta primavera hay dos muestras fotográficas de visita obligada:

Gerardo Contreras. La mirada amable, en la Sala de exposiciones El Águila del Archivo Regional de Madrid, y Cualladó esencial. Gabriel Cualladó. Fotógrafo (1925-2003), en la Sala Canal Isabel II. Sus respectivos comisarios, Pablo Linés y Antonio Tabernero nos brindan un fascinante recorrido por la obra, y en cierto modo la vida, de ambos fotógrafos.

Su programación simultánea es una oportunidad maravillosa de contemplar dos miradas fotográficas diferentes que pertenecieron a generaciones distintas –Gerardo era 23 años mayor que Gabriel–, pero que en cierto modo se complementan. Contreras ofrece una mirada amable, optimista, y Cualladó una mirada poética, un tanto triste.

G. Cuallado,”Carrito”, Madrid, 1968. / G. Contreras, “Niños bebiendo en una fuente”, 1946.

La mirada amable de Gerardo Contreras, fotógrafo de la prensa oficial de los años 40, 50 y 60 del siglo pasado. Y la visión personal, el mundo oscuro de Gabriel Cualladó, pero lleno de modernidad. Uno mostraba, el otro sugería.

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Gerardo Contreras nació en La Coruña en 1902. Llegó muy joven con su familia a Madrid, aquí pasó su vida y ejerció su profesión.

Fotógrafo de prensa, sus fotografías hoy día son una fuente documental extraordinaria.

Gerardo Contreras en 1963.

Setenta y siete imágenes de la vida en el Madrid de la posguerra y del franquismo. Contreras nos muestra escenas cotidianas (las calles, los sucesos, las fiestas, los oficios, el ocio…) y a los famosos de la época.

Futbolín, 1951.

También un Madrid en construcción.

Construcción de los Nuevos Ministerios y avenida del Generalísimo (febrero, 1940)

Sus imágenes nos permiten ver el Madrid desaparecido y los cambios que ha experimentado la ciudad. Detrás de cada fotografía hay una historia, todas ellas documentos inestimables.

Gerardo Contreras murió en Madrid en 1971. Sus últimas fotos las realizó unos meses antes, en La Granja, el 18 de julio durante la recepción conmemorativa del alzamiento de Franco, acto que cubrió toda su vida.

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Gabriel Cualladó nació en Massanassa, Valencia, en 1925. Como Contreras y tantos otros artistas, llegó a Madrid joven, con apenas 16 años, para trabajar en la empresa de transportes de su tío Alfonso, igualmente para quedarse.

Autorretrato en camiseta, Madrid, 1958.

Al contrario que las imágenes de Contreras, las fotografías de Cualladó son más literarias que documentales. Trasmiten sentimientos y emociones. Cualquier escena cotidiana se transformaba en algo especial a través de su mirada llena de creatividad e intuición.

El Rastro, Madrid, 1980-81

Como dice Gabino Diego en el documental “El camino” que se proyecta en la Sala Canal Isabel II, Gabriel Cualladó era el poeta de la fotografía.

Organillero. Puerta de Toledo. Madrid, 1960.

Cualladó fue innovador, probando encuadres hasta entonces desconocidos, arriesgando con una estética nueva. Como dice Antonio Tabernero, Cualladó fue un artista de rupturas evidentes.

Siempre investigando, resulta revelador el título de uno de sus últimos trabajos en los años 90 para el Museo Thyssen, Puntos de vista. Gabriel Cualladó no solo buscaba una nueva forma de fotografiar sino una nueva forma de mirar. En 1994 se le concedió el Primer Premio Nacional de Fotografía.

Murió en Madrid en 2003.

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Las dos exposiciones hay que verlas, mirar las fotografías. Solo destacar el valiosísimo trabajo de ambos comisarios, Pablo Linés, en el caso de Gerardo Contreras. La mirada amble, y Antonio Tabernero, en Cualladó esencial, que han buscado, investigado, reunido, analizado y finalmente mostrado la obra de los dos singulares fotógrafos.

Y los magníficos catálogos editados por la Comunidad de Madrid, que además de la reproducción de las obras ofrecen interesantísimos artículos que ayudan a comprender la época, el arte de la Fotografía y a ambos artistas.

Toda la información y actividades:

Gerardo Contreras. La mirada amable.
Sala de exposiciones El Águila del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.
Calle Ramírez de Prado, 3.
Hasta el 15 de mayo.

Cualladó esencial. Gabriel Cualladó. Fotógrafo (1925-2003).
Sala Canal Isabel II.
Calle Santa Engracia, 125.
Hasta el 29 de abril.

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Por: Mercedes Gómez

 

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La calle del Nuncio es una de esas calles madrileñas breves, algo sinuosas, que conservan toda la historia de la villa en su trazado, la misma forma desde hace siglos. Primero, en los siglos X y XI fue un arrabal de la medina islámica, después las casas se fueron construyendo al abrigo de la muralla cristiana, entre la Cava Baja y la calle Segovia.

Nace en Puerta Cerrada, donde se encontraba una de las puertas de la muralla del siglo XII, y llega hasta la iglesia de San Pedro, una de las más antiguas de la villa. Pudo ser por tanto una vía medieval importante, que discurriría próxima a la muralla, adaptándose a sus quiebros, intramuros.

Puerta Cerrada, calle del Nuncio.

Sus edificios y el terreno sobre el que se asientan son un reflejo de la historia de Madrid. Igual que la Cava Baja, la calle del Almendro o la propia Puerta Cerrada, que ya hemos recorrido.

Calle del Nuncio

En el nº 8 de la calle se levanta el edificio que alberga la Federación Española de Municipios y Provincias, antigua casa palacio del siglo XVI rehabilitada en los años 80 del pasado siglo XX.

Enfrente, en el nº 13, el Palacio de la Nunciatura Apostólica, que da nombre a la calle.

Llegando al nº 17 esquina calle del Pretil de Santisteban vemos la antigua Casa de Postas del duque de Santisteban, del siglo XVIII, hoy convertida en un edificio de viviendas.

Al final de la calle, la Iglesia de San Pedro, que conserva su espléndida torre construida en el siglo XIV.

Encontramos huellas pertenecientes a todas las épocas, desde la edad media hasta la actualidad, incluso las casas más modestas de la calle del Nuncio narran la historia de Madrid.

Cada uno de estos edificios merecería un artículo. Pero hoy vamos a detenernos en los orígenes de estos solares, en el Madrid más antiguo. El solar del actual nº 13, sede de la Nunciatura, nos cuenta la historia de estos terrenos ubicados junto a la muralla del siglo XII, un barrio construido sobre un arrabal de época islámica, como vimos.

Con motivo del “Proyecto de ejecución de ampliación del Colegio Sacerdotal y adecuación de dependencias en la calle Nuncio Nº 13”, promovido por el Ministerio de Defensa, en una zona de su patio interior, tuvo lugar una importante excavación arqueológica, entre noviembre de 2008 y febrero de 2009.

Excavación calle del Nuncio 13 (detalle) (Foto: GEA Arqueólogos)

Las diferentes fases de la intervención proporcionaron información de diversas épocas, constatando que la ocupación más antigua corresponde a los siglos X-XII, como ya ocurrió en otros solares próximos. El hecho tiene gran importancia, no solo por los materiales hallados, sobre todo cerámicos, sino también por la información que aportan en cuanto a la población andalusí en esta zona de Madrid, a la vida en el Mayrit islámico.

Se trata, una vez más, de útiles domésticos (preparación, conservación y consumo de alimentos) típicos de la cerámica islámica de los siglos X al XII.

(Foto: GEA Arqueólogos)

En relación al agua, también se encontraron fragmentos de arcaduz, elementos utilizados para extraer el agua con las norias.

El yacimiento fue descrito como “ocupación de tipo familiar o comunal asociada a la expansión del Madrid andalusí durante el siglo XI hacia el arrabal de Puerta Cerrada”. Los hallazgos fueron calificados como pertenecientes a épocas medieval islámica, medieval cristiana, moderna y contemporánea.

Posteriormente en este solar estuvo el Palacio de don Francisco de Vargas, el consejero de los RRCC y de Carlos V. El edificio también es conocido como antiguo Palacio de don Rodrigo Calderón, pues aquí estaban las casas que la marquesa del Valle donó a don Rodrigo, marqués de Siete Iglesias. En el siglo XVII fue ocupado por la Nunciatura.

Casa y calle del Nuncio en el Plano de Texeira, 1656.

El edificio actual, obra de Manuel Moradillo en 1735, fue restaurado y reformado en el siglo XIX.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Comunidad de Madrid. Anuario de Actuaciones Arqueológicas y Paleontológicas. Ficha de la actuación en Nuncio, 13. Madrid, 2009.

PÉREZ VICENTE, Daniel. “Excavaciones arqueológicas en el Madrid islámico”, Testimonios del Madrid medieval. Museo de San isidro, Madrid, 2004.

 

Una de las mejores exposiciones que podemos visitar esta primavera en Madrid es la dedicada a Warhol. El arte mecánico, en CaixaForum, en el Paseo del Prado 36, imprescindible para los amantes de la historia del arte y especialmente para los interesados en el siglo XX.

Se trata de una gran muestra monográfica que recorre la trayectoria del artista, nacido en 1928 en Pittsburgh, desde sus inicios en los años 50 cuando era un joven diseñador gráfico, hasta los años 80, convertido en figura mundial del arte pop. Conocido por su utilización de los iconos en los años 60 él mismo llegó a ser un mito.

Junto a la obra de Warhol se exponen retratos del artista realizados por grandes fotógrafos, que formaron parte de esta vida, como Avedon o Mapplethorpe.

David Gahr. Andy Warhol (1968)

En 1963 Andy Warhol creó The Factory, La Fábrica, su célebre estudio en Nueva York, por el que pasaron todos los artistas, modernos y personajes de la época; sus fiestas excesivas se hicieron famosas y forman parte de la historia de Warhol y de todo su mundo.

Mito mediático y personaje del mundo cultural neoyorquino, “actuó como enlace entre artistas e intelectuales, pero también entre aristócratas, homosexuales, celebridades de Hollywood, drogadictos, modelos, bohemios…”

Elizabeth Taylor (1963)

Warhol, aficionado a las repeticiones, a las series, descubrió nuevas técnicas que le facilitaron la labor y le abrieron caminos. Gracias a la serigrafía, la fotografía, etc. de la forma manual pasó a realizar sus obras de una forma mecánica, mucho más sencilla que con la pintura. Fue el arte mecánico.

Marilyn (1967) Impresión, serigrafía sobre papel.

De esta forma, además de un arte tradicional (pintura o escultura) desarrolló su creatividad en medios diversos (cine, diseño, publicidad…)

No solo experimentó con las técnicas sino también con los materiales.

Tres botellas de Coca-Cola (1962) (tinta serigráfica y lápiz de grafito sobre lino)

En 1968 sufrió un intento de asesinato que le llevó a un cambio en su actividad artística. Trasladó su sede de trabajo a The Office, una lugar más convencional en el que ejerció como artista-empresario. Todos los famosos demandaban su retrato y Warhol se entregó a las numerosas peticiones comerciales que recibía.

Símbolo del dólar (1981) (acrílico y serigrafía sobre lienzo)

Murió en 1987 en Nueva York.

Warhol. El arte mecánico se podrá visitar hasta el 6 de mayo 2018.

Alrededor de la exposición CaixaForum Madrid ha organizado una serie de interesantes actividades (conferencias, proyecciones, visitas comentadas, visitas en familia…). Toda la información en la web de CaixaForum.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

LEBRERO, José y otros autores. El dulce abismo del arte mecánico. CaixaForum, febrero 2018.

 

La antigua Fábrica de Tabacos vuelve a ser noticia. Hace pocos días se ha publicado que podría acoger una parte de la gran Colección Fontanals-Cisneros de arte latinoamericano contemporáneo.

Actualmente el edificio, en la calle de Embajadores 51-53, está ocupado por el Ministerio de Cultura, el espacio Tabacalera. Promoción del Arte, alrededor del Patio norte, que programa interesantes exposiciones. Y desde 2011, tras la cesión del Estado, por el Centro Social Autogestionado, CSA La Tabacalera, que desarrolla actividades diversas, en la zona sur.

Pero la mayor parte del inmenso edificio está vacío. La antigua Tabacalera es enorme, cerca de treinta mil metros cuadrados de pasillos, salas y abandonadas oficinas casi vacíos que ofrecen grandes posibilidades. Y que guardan la esencia de la arquitectura fabril y muchos recuerdos de su anterior función.

Visitamos por primera vez allá por 2009, en los comienzos de este blog, una pequeña parte, gracias a su apertura con motivo de una exposición, la mencionada zona habilitada por el Ministerio de Cultura.

Patio norte

Entonces contamos un poco su historia:

El edificio, situado entre las calles de Embajadores, Miguel Servet y Provisiones, con fachada a la Glorieta de Embajadores, es el único superviviente de la arquitectura industrial neoclásica del Madrid de Carlos III. Fue construido por Manuel de la Ballina entre los años 1781 y 1792, junto al Casino de la Reina en la salida de la ciudad, frente al Portillo de Embajadores; ampliado por primera vez a finales del siglo XIX, y nuevamente en los comienzos del XX. Su planta rectangular se distribuye en torno a tres patios, el jardín central, que felizmente permanece descubierto y ajardinado, y otros dos laterales, cubiertos.

Plano Coello y Madoz (h. 1849)

En un principio se construyó para albergar la Real Fábrica de Aguardientes, Rosolís y Naypes. Fue en tiempos de José Bonaparte cuando se convirtió en fábrica de cigarros y polvo de tabaco. Desde 1945 fue sede de la Tabacalera Española, hasta su cierre en 2000, en que pasó a pertenecer al Estado.

Los proyectos y conflictos para decidir el uso de este gran edificio se han sucedido desde que se cerrara la fábrica. El Ministerio de Justicia lo quiso para ocupar sus salas con juzgados, el Museo del Prado para ampliar sus dependencias, fue considerado sede perfecta de los Museos de Artes Decorativas y Reproducciones Artísticas, los vecinos reclamaron un uso social… Por fin se decidió emprender su rehabilitación para acoger el futuro Centro Nacional de las Artes Visuales, proyecto que también tuvo dificultades para la adjudicación del concurso. Tras una impugnación volvió a adjudicarse al mismo equipo de arquitectos, Nieto Sobejano. Con la crisis también se abandonó.

En una segunda visita pudimos conocer el precioso Jardín en el patio central. En el nuevo proyecto se habla de que en él se podría instalar una cafetería.

Jardín central

La idea es que una parte, la segunda planta, sea ocupada por la mencionada Colección Ella Fontanals-Cisneros y otra parte por el Museo Reina Sofía, manteniéndose los usos actuales.

En una nueva visita, la última de momento, hace tres años pudimos conocer el edificio mucho mejor. Subimos a la segunda planta, producto de una de las ampliaciones, que constaba de buhardillas en que las cigarreras liaban el tabaco. En 1929 fue convertida en un espacio diáfano, luminoso, que no nos permitieron fotografiar. Sigue vacía y tras necesarias obras de rehabilitación será, si se llega a cumplir el proyecto, la sede de la Colección Fontanals-Cisneros.

En los sótanos abovedados se amontonan objetos, restos de para nosotros extrañas maquinarias…

… testigos del pasado, inesperadas huellas de la vida de las mujeres que allí trabajaron y de sus hijos.

Sótanos que en estos nuevos tiempos han sido pintados con grafitis que se mezclan con los restos de un pasado cargado de Historia y de historias, la memoria de las cigarreras.

En el patio sur varios murales en las paredes las rememoran.

Patio sur

Como decíamos al principio, la mecenas Ella Fontanals-Cisneros donará parte de su importante colección, unas 700 obras, para exponerlas en esta antigua fábrica, creando un centro dedicado al arte latinoamericano que deberá convivir con los demás espacios, conservando el espíritu industrial de este edificio singular.

Por : Mercedes Gómez

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Noticias:

Diario El País 26 feb. 2009; 20 feb , 16 y 17 marzo 2018.

El antiguo Hipódromo de Madrid estaba situado en el Paseo de la Castellana frente al Palacio de las Artes y la Industria, actual sede del Museo de Ciencias Naturales y la Escuela de Ingenieros, lugar que por ello recibiría el nombre de Altos del Hipódromo. Fue derribado en 1933 dentro del Plan de Ordenación de la zona y la construcción de los edificios hoy conocidos como Nuevos Ministerios. Junto al arquitecto Secundino Zuazo en ese gran proyecto trabajó el ingeniero Eduardo Torroja.

“Concurso hípico en el antiguo Hipódromo de la Castellana”, Archivo Ruiz Vernacci (IPCE).

El mismo Torroja junto a los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez construiría el nuevo Hipódromo fuera de la ciudad, en la Zarzuela, cerca de El Pardo. En 1934 su proyecto resultó ganador entre las nueve propuestas presentadas al concurso convocado. La obra quedó interrumpida por la guerra y no finalizó hasta 1941.

El Hipódromo de la Zarzuela, con su famosa marquesina volada, es una obra extraordinaria, una de las más importantes del siglo XX, por su arquitectura innovadora y su belleza.

Hace pocos días tuvimos ocasión de visitarlo gracias nuevamente a uno de los magníficos programas esPATRIMONIODescúbrelo organizados por Dolores Muñoz, en este caso dedicado a Eduardo Torroja, dentro del Ciclo Movimiento Moderno y los grandes Maestros del siglo XX.

La visita, en su primera parte, fue guiada por el arquitecto restaurador Jerónimo Junquera. Tras una breve introducción histórica nos explicó los pasos y características de la restauración que tras años de abandono y dificultades devolvieron la vida al Hipódromo de Madrid reabierto en 2005. El objetivo fue recuperar los valores, materiales y sistemas constructivos originales.

Nuestro punto de encuentro fue el vestíbulo de la tribuna sur.

En el edificio que acoge el vestíbulo se encuentran las taquillas, sala de apuestas y acceso a las tribunas.

Dominan las formas curvas, bellas y armónicas.

Sobre él se apoyan las gradas de las tribunas.

Y su cubierta de 12,80 metros de vuelo formada por bóvedas laminares de hormigón armado con solo 5 cm. de espesor en el extremo.

Las instalaciones del Hipódromo en cierto modo recuerdan a la arquitectura regionalista que los arquitectos practicaron en un primer momento, como Los albergues de carretera, considerados la arquitectura del primer desarrollo turístico español (1928-1935) que vimos en la exposición del Museo ICO, Arniches y Domínguez. La Arquitectura y la vida.

Las vigas recuerdan las tradicionales de madera, pero son de hormigón.

Por el contrario, el edificio de las tribunas fue totalmente innovador. Tras las gradas hay una galería superior, también en voladizo, que equilibra la construcción y mediante tirantes de acero sujeta la cubierta.

Sin duda se trata de una singular obra de arquitectura e ingeniería que tras los trabajos de limpieza y restauración (que nos cuenta Junquera no han terminado) luce espléndida.

 

Museo Eduardo Torroja

Después visitamos el Museo Eduardo Torroja, inaugurado en 2016 con el fin de rendir homenaje al gran ingeniero, ubicado en una sala bajo la tribuna norte, acondicionado y adecuado para museo también por el estudio Junquera Arquitectos.

Fotografías, documentos y maquetas explican la gran obra de Torroja.

Frontón Recoletos, Torroja y el arquitecto S.Zuazo (1935)

El museo se puede visitar los domingos durante las jornadas de Carreras de Caballos; la temporada se acaba de inaugurar. Toda la información en la web de la Fundación Eduardo Torroja y del Hipódromo.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo Museo Eduardo Torroja. Fundación Torroja, Madrid, 2016.
“Rehabilitación de las cubiertas del Hipódromo de la Zarzuela en Madrid”
Guía de Arquitectura. COAM.
“Hipódromo de la Zarzuela”. Informes de la Construcción nº 137, 1962.

 

Inaugurado el Segundo Depósito, a finales del siglo XIX la población en Madrid seguía creciendo y la necesidad de agua aumentaba; se decidió la construcción de un Tercer Depósito, aún mayor que los dos anteriores. Se eligió el terreno en el Campo de Guardias, al noroeste del Primer Depósito, entre lo que hoy son las Avenidas de Islas Filipinas y Pablo Iglesias, el Paseo San Francisco de Sales y la calle de Santander.

Plano de L. Delage (1915), detalle de los tres depósitos.

En 1901 fue convocado un concurso internacional para la realización de la cubierta al que se presentaron catorce propuestas. Dos años después la empresa de José Eugenio Ribera obtuvo la adjudicación de las obras, con un proyecto novedoso que proponía el uso del hormigón armado.

Primer y segundo compartimento del tercer depósito de aguas de Madrid, en construcción. Fritz von Emperger. Revista de Obras Públicas, 1907 (cedex.es)

El depósito tendría 357 x 204 metros, dividido en cuatro compartimentos, con capacidad para cerca de 500.000 metros cúbicos de agua.

Tercer depósito del Canal de Isabel II en Madrid. Fritz von Emperger. Revista de Obras Públicas, 1907. Vista del 2º muro divisorio y de la cubierta de 4º compartimento. (cedex.es)

Avanzadas las obras ocurrió una gran desgracia. El 7 abril de 1905 poco después de las 7 de la mañana se derrumbó una parte de la cubierta. Había comenzado ya la jornada de trabajo por lo que murieron 30 personas y 60 resultaron heridas. El impacto social fue lógicamente tremendo.

La Revista Nuevo Mundo le dedicó la portada al suceso y publicó un reportaje de catorce páginas. El relato trasmite el horror que se vivió.

Nuevo Mundo, 13 abril 1905 (BNE)

Las labores de desescombro para liberar a los afectados fueron muy difíciles, entre otras razones debido a los hierros del hormigón que dificultaban la tarea. En los trabajos de salvamento intervinieron bomberos, militares, trabajadores de la zona, incluso alumnos de la cercana Escuela de Minas.

La Ilustración Española y Americana, 15 abril 1905 (BNE)

Aún hoy no se sabe con absoluta certeza el motivo del derrumbamiento. Se habló del calor extremo, la mala calidad de los materiales, la falta de experiencia en la utilización del hormigón… El ingeniero José Eugenio Ribera fue procesado, y finalmente absuelto.

Francisco Parrella acabó el trabajo entre los años 1907 y 1915 utilizando el sistema tradicional de pilares de ladrillos unidos por arcos. Hoy día es el segundo depósito más antiguo de Madrid.

Paralelamente entre 1907 y 1911 se levantó un cuarto depósito, el Primer Depósito Elevado, entre la calle de Santa Engracia y el Depósito Mayor, en la actualidad convertido en singular Sala de Exposiciones Canal de Isabel II. La ciudad crecía con rapidez, sobre todo por el norte, y los edificios eran cada vez más altos, por lo que el agua no llegaba a todas las casas fácilmente por gravedad; surgió la necesidad de crear centrales de bombeo y depósitos elevados.

Muchos años después, en 2002 se decidió la construcción de un parque sobre el Tercer Depósito, que fue rehabilitado. Se impermeabilizó el vaso, se reforzaron las pilastras y arquerías, se reconstruyeron los arcos dañados y se cambió la cubierta.

Con estas obras se iban a aumentar considerablemente las zonas verdes del distrito de Chamberí. Pero tres años después la Comunidad de Madrid presentó un nuevo proyecto que incluía la construcción de un campo de golf.

Tercer Depósito en obras, año 2006.

En 2006, un cartel junto a la obra indicaba el reparto de los terrenos. Más de 44.000 metros cuadrados se destinaban al campo de golf.

Foto: año 2006

El parque público prometido en gran parte se iba a convertir en campos de tiro y hoyos de golf, instalaciones por cuyo uso habría que pagar.

Tal como estaba previsto, se construyó el parque, un jardín con plantas y árboles, un camino peatonal y otro para correr, además de las otras instalaciones deportivas.

Los problemas surgieron enseguida. El Ayuntamiento ordenó la paralización de las obras, la Comunidad recibió un informe negativo de la Comisión Institucional para la Protección del Patrimonio Histórico-Artístico y Natural, y comenzaron las protestas y acciones de los vecinos con el objetivo de recuperar el terreno público.

Pero la Comunidad se las arregló para seguir adelante. En 2007 declaró la obra de “interés general”. Y el Ayuntamiento lo aceptó. En marzo de ese año se inauguró el recinto.

Tres años después, en febrero de 2010, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid anuló ese acuerdo que había permitido continuar con las obras. En 2013 el Tribunal Supremo lo declaró ilegal. Finalmente en 2016 una nueva sentencia del TSJM declaró nulo el proyecto de la instalación.

Todo esto ha desembocado en la próxima desaparición del campo de golf y recuperación del terreno para parque público.

En los inicios de este año 2018 se ha presentado el nuevo proyecto del Parque del Tercer Depósito y ha comenzado el desmontaje del campo de golf, que se prevé finalice en mayo.

Después empezarán las obras del nuevo parque, una gran zona verde a disposición de todos. El Parque construido sobre el Tercer Depósito.

La Comunidad de Madrid cuenta en la actualidad con 33 grandes depósitos reguladores, los dos más antiguos son el Depósito Mayor (1879) y este Tercer Depósito (1915) con cuya historia finalizamos nuestro recorrido por los primeros depósitos de agua del Canal de Isabel II.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

DÍAZ-PAVÓN, Eduardo. El hundimiento del Tercer Depósito del Canal de Isabel II en 1905. Fundación Juanelo Turriano, Madrid, 2016.
LUCAS, Conchita y MATA, Juan. “El Tercer Depósito del Canal de Isabel II”, III Congreso de ACHE de puentes y estructuras. 2005.
VVAA. Exposición Agua y Ciudad: detrás del grifo. Fundación Canal Isabel II, Madrid, 2001.

Continuamos nuestro paseo alrededor de los primeros depósitos de agua del Canal de Isabel II. Como vimos, en 1858 fue inaugurado el Primer Depósito. Solo tres años después, debido a la creciente necesidad de agua en Madrid, se proyectó la construcción del segundo.

El Segundo Depósito o Depósito Mayor se comenzó a construir en 1865 enfrente del primero, entre las calles de Bravo Murillo y Santa Engracia, con capacidad para más de 180.000 metros cúbicos de agua.

Plano de I. Ibero (h. 1875)

Esta obra tampoco fue fácil, no finalizó hasta catorce años después. Mucho más grande que el primero, con el fin de asegurar el abastecimiento, mide 208 x 138 metros. Su traza es parecida, consta de 1.040 pilares de ladrillo con basa de piedra con arcos de medio punto cubiertos por bóvedas de cañón.

El diseño fue obra del mismo ingeniero del primer depósito, Juan de Ribera. En 1867 intervino José Morer, que realizó una serie de reformas.

Interior del Depósito Mayor, tomada de: Exposición Iberoamericana de Sevilla, 1929-1930. Severino Bello Poëyusan. (En madridmasd.org)

Igual que el primero, el exterior fue cubierto por zona de verde pradera.

En la fachada a Bravo Murillo, frente a la Fuente del Lozoya –donde nos habíamos quedado–, en 1882 se construyó una doble escalera, en lugar de la fuente que había proyectado Ribera inicialmente. Su autor fue Diego Martín Montalvo.

(Foto COAM)

Actualmente el acceso está cerrado y tapiado.

Calle Bravo Murillo, 42

Recordemos que el Primer Depósito quedó fuera de servicio, así este Depósito Mayor en la actualidad es el más antiguo de Madrid.

En 1963 en la calle que lleva su nombre, en la esquina con José Abascal, fue instalado el monumento dedicado a Juan Bravo Murillo, procedente de la glorieta de Bilbao.

Calle de Bravo Murillo esquina José Abascal

La estatua y el pedestal habían sido realizados en 1902 por el escultor Miguel Ángel Trilles en homenaje a este ministro de Obras Públicas que impulsó la creación del Canal de Isabel II, que resultaría tan importante y decisivo para la vida y desarrollo de la ciudad de Madrid.

La gran parcela entre las calles de Bravo Murillo, José Abascal y Santa Engracia fue ocupada por las oficinas del Canal y por un gran Jardín, además del Primer Depósito Elevado.

En 1932 el arquitecto Carlos Arniches fue el autor de un nuevo edificio de oficinas ubicado junto al depósito.

Calle José Abascal

Hoy día la entrada a las Oficinas Centrales del Canal de Isabel II tiene lugar por la calle de Santa Engracia.

Calle de Santa Engracia, 125

Además de a las oficinas se accede a los jardines que rodean la pradera sobre el Depósito Mayor. El Jardín de la Rocalla, de los Castaños, del Estanque y el del Depósito Elevado. Cuando la visita a la Sala de Exposiciones tenía lugar por esta entrada principal, no hace demasiado tiempo, se podía contemplar una parte del hermoso jardín. Hace un tiempo se abrió una entrada directa por lo que hoy día apenas se puede ver.

Jardines del Canal (Foto 2011)

La magnífica Sala Canal Isabel II ocupa el Cuarto Depósito, construido entre 1907 y 1911 junto al Depósito Mayor. Fue el Primer Depósito Elevado.

Pero antes de recordarlo tenemos que hablar del Tercer Depósito.

Continuará….

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

VVAA. Exposición Agua y Ciudad: detrás del grifo. Fundación Canal Isabel II, Madrid, 2001.
COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
Canal de Isabel II. Guía de los Jardines de las Oficinas Centrales.

 

Los orígenes del Canal de Isabel II se remontan a la construcción del embalse del Pontón de la Oliva.  El día 11 de agosto de 1851 fue colocada la primera piedra de la presa de donde habían de partir las aguas que debían abastecer a Madrid.

Después de años de trabajo y muchas dificultades sufridas, por fin el 24 de junio de 1858 tuvo lugar la inauguración de la llegada del agua del río Lozoya a Madrid, desde el Pontón de la Oliva hasta el hoy llamado Primer Depósito del Campo de Guardias situado en la actual calle de Bravo Murillo. Este Canal primitivo que llevaba el agua hasta el norte de Madrid tenía un recorrido de 70 kilómetros con tramos de acueducto a cielo abierto y tramos subterráneos.

Pontón de la Oliva. Inicio Canal.

Con la traída de las aguas a Madrid fue necesaria la construcción de determinadas infraestructuras hidráulicas así como una red de instalaciones para su conducción y almacenaje. Una vez conseguida la llegada del agua había que repartirla por la ciudad para lo cual se construyó una red de conductos que llegaban a las fuentes y las casas. También se hizo necesario almacenarla. Los primeros depósitos estaban ocultos, enterrados o semi-enterrados.

Los primeros depósitos de agua del Canal forman parte de la Ruta monumental del Canal de Isabel II, formada por valiosas obras de ingeniería y arquitectónicas (acueductos, puentes, sifones… y depósitos).

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El Primer Depósito

El Primer Depósito fue construido en 1854, en las afueras de la ciudad junto a la carretera de Francia, en la zona conocida como Campo de Guardias; es la actual calle de Bravo Murillo, barrio de Vallehermoso, distrito de Chamberí.

El agua llegó el 24 de junio de 1858 en la memorable inauguración del Canal con la presencia de la reina Isabel II y otras autoridades.

Lucio del Valle, Director del Canal, dispuso que se levantasen las compuertas de la Casa-Partidor, “a los pocos instantes se precipitó el agua por la escalera de la entrada, formando una violenta cascada”. Según las reseñas publicadas en los periódicos de la época, se oyó un pavoroso estruendo.

El Museo Universal, 1858. (BNE)

El Depósito era un espacio impresionante, de planta cuadrangular, de 125 metros de largo por 86 de ancho, con 252 pilares de sección rectangular sobre los que se situaron once hileras paralelas de arcos de medio punto y bóvedas baídas de ladrillo. Fue atravesado de norte a sur por un gran muro partidor que lo dividía en cuatro cuadrantes. La cubierta fue ajardinada.

Plano de I. de Ibero (h. 1875)

En el centro de la fachada lateral este, en la calle de Bravo Murillo, se instaló la Fuente del Lozoya, diseñada por el ingeniero Juan de Ribera, con una escultura central, alegoría del río, obra del escultor Sabino Medina.

Foto: Jean Laurent, h. 1858. (BNE)

A los lados, dos esculturas representando la Agricultura y la Industria, de Andrés Rodríguez y José Pagniucci. Se trata de una fuente mural realizada en piedra y ladrillo de estilo neoclásico.

El Museo Universal, 1858 (BNE).

Pocos años después surgieron problemas; en 1867 comenzaron las filtraciones de agua. Se intentó rehabilitar pero el 30 de abril de 1894 se desaguó. Finalmente el Primer Depósito quedó fuera de servicio. Hasta 1990 en que fue rehabilitada una cuarta parte de su superficie para ser utilizada como Archivo General del Canal de Isabel II.

Archivo Central del Canal que ocupa parte de las antiguas instalaciones del Primer Depósito. (P. Candela, noviembre 2005). (En: madrimasd.org)

Con motivo del 150 aniversario del comienzo de las obras del Canal, en 2001 otra cuarta parte de este Primer Depósito albergó la exposición Agua y Ciudad: detrás del grifo.

Folleto exposición 2001

En la actualidad el depósito y la fuente, desgraciadamente sin agua, están rodeados por una valla.

Muro este

Al quedar fuera de servicio se realizaron una serie de obras que desvirtuaron el aspecto original del depósito. Se construyó un garaje, rampas para la entrada de automóviles, un edificio destinado a usos sociales… El cuadrante sureste que aloja el Archivo es el que se ha conservado perfectamente y el suroeste es el que fue utilizado para la exposición.

Muro sur

En 2001 se anunció que la sala, que se había acondicionado de forma provisional para la celebración y la exposición, sería reformada de forma definitiva para futuras muestras.

Desde entonces creo que no se ha vuelto a abrir al público, ojalá algún día se cumpla el antiguo proyecto y podamos visitarlo; además de una gran obra de ingeniería es un espacio arquitectónico fascinante, muy bello. Y ojalá que la fuente monumental vuelva a tener agua y podamos contemplarla sin vallas, es una de las más bonitas de Madrid.

Primer Depósito. Fuente del Lozoya.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

VVAA. Exposición Agua y Ciudad: detrás del grifo. Fundación Canal Isabel II, Madrid, 2001.

Retomamos la historia del pintor Juan Vicente de Ribera cuya vida y obra conocimos en el artículo Juan Vicente de Ribera, pintor madrileño. Entre otras facetas, el artista destacó por sus pinturas al temple, en la que se mostró heredero de las técnicas ilusionistas introducidas en España por Mitelli y Colonna.

Como vimos, en 1685, al morir su maestro Francisco Rizi, continuó su formación con Antonio Palomino con quien trabajó hasta aproximadamente 1700. Desde al menos un año antes ya había establecido sus primeros contactos con la Compañía de Jesús, a la que estuvo vinculado toda su vida y para la que realizó un buen número de obras. Una de ellas, la que ha dado origen a la revisión de su obra y su recuperación a raíz de su restauración en 1994, fueron las pinturas de la cúpula de la Capilla de las Santas Formas, en la antigua Iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en Alcalá de Henares. Anteriormente habían sido atribuidas a Juan Cano de Arévalo. Las obras sacaron a la luz la firma del autor, Juan Vicente de Ribera.

Recordábamos en dicho trabajo el equívoco que arrastrado durante dos siglos provocó el olvido de este pintor, verdadero autor de la obra.

En esos momentos, estábamos en 2013, no pudimos visitar ni el Camarín de Nuestra Señora del Rosario en la iglesia de San Pedro Ad Víncula de Vallecas, ni la Capilla de San Ignacio en la iglesia del Hospital de Antezana en Alcalá de Henares, ambas en obras de restauración. Y ambas actualmente atribuidas a nuestro protagonista.

El Camarín de Nuestra Señora del Rosario en Vallecas por fin tuvimos el placer de conocerlo. Hoy os invito a visitar la Capilla de San Ignacio de Loyola en Alcalá de Henares.

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La Capilla de San Ignacio está situada a los pies de la iglesia del Hospital de nuestra Señora de la Misericordia, conocido como Hospital de Antezana. El origen de la casa se remonta al siglo XV, reformada y transformada en hospital en el XVI.

Hospital de Antezana (Hauser y Menet, h. 1910)

La primera Capilla de San Ignacio de Loyola se construyó en 1616 en recuerdo del santo que había llegado a Alcalá casi un siglo antes. En el Hospital estuvo alojado y trabajó como enfermero.

En 1667 fue ampliada y posteriormente decorada con pinturas murales, como decíamos atribuidas a Ribera, de las cuales quedan algunos restos.

Retablo de San Ignacio. Foto: Archivo Moreno (1893-1953) (IPCE)

El espacio que ocupa hoy la Capilla barroca corresponde a los dos pisos existentes en la época en que aquí vivió San Ignacio. El piso bajo, que ya sería alguna dependencia de la iglesia, y el piso superior que probablemente era el aposento que ocupó el santo. Eliminada la separación entre ambos pisos, quedó el lugar tal como hoy lo contemplamos.

La planta es rectangular, con una antecapilla cubierta con una bóveda de arista.

Y la capillita propiamente dicha cubierta con una cúpula sobre pechinas con linterna. Ambas estancias están separadas por un arco.

Las pechinas sobre las que se apoya la cúpula muestran la imagen de cuatro santos de la Compañía de Jesús: San Francisco de Borja, San Francisco Javier, San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka.

Curiosamente, la Capilla se construyó en el siglo XVII en el interior de una edificación anterior, del siglo XVI. Debido a ello la cúpula queda oculta a la vista –sobresale la linterna–. Actualmente, tras las obras de rehabilitación del Hospital, durante las visitas guiadas que ofrecen, desde el patio se puede observar el exterior de la construcción de ladrillo que conforma la cúpula, en el interior de una de las habitaciones del piso superior.

La casa original del siglo XV fue transformada en el XVI para alojar el hospital de caridad, como comentamos.

El estudio de los materiales ha mostrado que los utilizados en la capilla corresponden al siglo XVII.

En el interior de la capilla, en el retablo dorado hay un cuadro de San Ignacio de Loyola pintado en 1669 por Diego González de la Vega, discípulo de Francisco Rizi –igual que lo fue Ribera por cierto–. Debajo hay dos tablitas que representan a la Virgen y Cristo con la cruz, que podrían ser del mismo autor.

Los muros laterales muestran restos de las pinturas murales realizadas al temple por Juan Vicente de Ribera que un día los decoraron.

En el lado izquierdo hubo una cartela, que recogió Cabello Lapiedra en 1922, que decía: ” I H S / ESTA CAPILLA FUE EL APOSENTICO / EN QUE VIVIÓ PARA / ASISTIR A LOS ENFER / MOS S. IGNACIO / DE LOIOLA.”

Cabello Lapiedra. Revista de Arte. 1922.

Igual que las pinturas de la cúpula, prácticamente todas las de la parte inferior de los muros se han perdido.

En la derecha, donde hay una ventanita que da al patio, se conserva algo más de los murales de Ribera. Jarrones, flores, guirnaldas y falsos mármoles se combinan con restos de arquitecturas fingidas.

Realmente es una pena que no se conserven y poder contemplar la recoleta capilla en todo su esplendor, pero en cualquier caso merece la pena acercarse a visitarla y por supuesto conocer la iglesia y sus obras de arte.

Por: Mercedes Gómez

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Hospital de Antezana. Visitas guiadas.
Calle Mayor, 46
Alcalá de Henares.

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Bibliografía:

VVAA. “El hospital de Antezana (Alcalá de Henares, Madrid): estudio arqueométrico y análisis arquitectónico de ladrillos y morteros”. En: X Congreso Ibérico de Arqueometría: 2013, Museo de Bellas Artes de Castellón.
ROMÁN, C. y FERNÁNDEZ, J. Datos históricos y evolución arquitectónica de la Fundación Antezana. Alcalá de Henares, 1996.
GALINDO, Natividad. “El pintor madrileño Juan Vicente de Ribera”. Boletín del Museo del Prado. Vol XV, nº 33, Madrid 1994.
CABELLO LAPIEDRA, L.M. “San Ignacio en Alcalá”. Arte Español, Madrid 1922.

La Basílica Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced se encuentra en la calle General Moscardó 23, barrio de Cuatro Caminos, distrito de Tetuán, en la zona próxima al conjunto AZCA. Fue proyectada en 1949 en lo que entonces eran las afueras al norte de Madrid, en la prolongación del Paseo de la Castellana.

Recordemos que en los años 40, después de la guerra, se proyectó la creación o reforma de varios templos en Madrid. El de San Agustín, Espíritu Santo, Nuestra Señora de la Paz, Nuestra Señora de Covadonga… Y la Basílica Hispanoamericana dedicada a Nuestra Señora de la Merced.

Para esta última se convocó un Concurso de ideas cuyo motivo era la realización de un templo de la hispanidad compuesto por la iglesia y la residencia de los frailes de la merced, los mercedarios. Convocado el concurso, la Revista Nacional de Arquitectura publicó los trabajos presentados, siete en total.

Los proyectos de Miguel Fisac –de quien ya hemos visitado algunas de sus obras, entre ellas la iglesia de Santa Ana–, Luis de Villanueva, Manuel Muñoz Monasterio, Manuel Martínez Chumillas, Casto Fernández Shaw y Rodolfo García Pablos. El jurado encargado de calificarlo concedió por unanimidad el Primer Premio al trabajo presentado por los arquitectos Luis Laorga y Francisco Javier Sáenz de Oiza.

Sáenz de Oiza y Laorga casi nada más terminar sus estudios de arquitectura comenzaron a trabajar y juntos ganaron algunos concursos, uno de ellos este de la Merced. Serían los comienzos de una larga y fructífera carrera.

Los autores proponían una solución basilical clásica, adecuada al espacio alargado del solar, con un gran arco en la fachada principal, aunque alejada del puro historicismo. En el proyecto estaba previsto que la fachada estaría adornada con estatuas, como si fuera un retablo, que representarían escenas de la vida de la virgen realizadas en bronce.

Proyecto 1950 (Tesis Enrique Arenas Laorga)

Se anunció que el 12 de diciembre de 1949 a la una de la tarde sería colocada la primera piedra en presencia de todas las autoridades de la que sería una de las grandes iglesias de la Cristiandad debido a sus enormes dimensiones. En enero de 1951 terminaron las obras de cimentación.

(Foto de: twitter.com/Ls_Madriles)

La ejecución fue larga y problemática. Se paralizó durante largos periodos, los arquitectos no cobraban, se cambiaron algunas de sus propuestas; y las obras no terminarían hasta 1965. Al final Oiza y Laorga, que además de trabajar juntos eran amigos, acabaron también por tener problemas entre ellos, se separaron y renunciaron a su autoría.

Construida en piedra y bloques de hormigón no cabe duda de que se trata de un edificio imponente. Tiene 66 metros de largo, 35 de ancho y 42,5 de alto.

Bajo la nave de la iglesia se halla la cripta y a espaldas del templo, tras el ábside, se edificaron la casa parroquial y el convento.

La fachada principal está formada por el mencionado gran arco central, aunque a ambos lados del arco las dos torres proyectadas quedaron reducidas a dos calles lisas; y las esculturas que compondrían el retablo no llegaron a realizarse.

La entrada consta de tres puertas de hierro realizadas en 1970 por Joaquín Rubio Camín y Roberto Laorga; otras puertas del mismo material existen en los laterales. El hierro junto a la piedra y el hormigón son los materiales dominantes.

En el impresionante interior, con 25 metros de altura, la planta es de cruz latina. En los muros laterales hay dos grandes vidrieras lisas.

Otro de los muchos cambios obligados por motivos económicos y de todo tipo fue la cubierta. Los arcos de hormigón previstos fueron sustituidos por una estructura metálica que queda a la vista desde el interior y que se convirtió en una de las singularidades de la iglesia.

A ambos lados de la nave se encuentran las capillas, dedicadas a algunos de los paises hispanoamericanos.

El retablo de la Capilla mayor fue realizado en 1968 por Joaquín Rubio Camín. La figura principal es un Cristo crucificado acompañado de una serie de planchas de hierro y cadenas que dan a la obra un carácter abstracto.

El mismo escultor realizó también el fondo tras la imagen de la virgen, junto a Roberto Laorga que participó en muchos aspectos de la decoración interior, aunque estos también fueron modificados respecto al proyecto original.

La imagen de La Merced tallada en madera policromada fue realizada en 1970.

Es una copia de la virgen del siglo XIV que se encuentra en la iglesia de La Merced en Barcelona, patrona de esa ciudad.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

ARENAS LAORGA, Enrique. Luis Laorga, arquitecto. Tesis doctoral, ETSAM 2015.
GARCÍA GUTIÉRREZ, P.F – MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. Iglesias de Madrid. La Librería, Madrid, 2006.
Diario ABC, 12 enero 1951

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