Al final del Paseo de Recoletos, a la izquierda, poco antes de llegar a la Plaza de Colón, hay una estatua clásica, sencilla, a tamaño natural, realizada en mármol blanco; se trata de una mujer con el torso desnudo, algo inclinada, únicamente cubierta con los pliegues de una falda atada bajo la cintura y un manto sobre uno de sus hombros. Se llama Andrómaca.

Es una de las figuras femeninas de la mitología griega. Ya hace más de 27 siglos que Homero la convirtió en uno de los personajes de La Ilíada; en el siglo V antes de Cristo fue protagonista de una de las grandes tragedias de Eurípides. En el siglo XVII el dramaturgo francés Racine también la eligió para su drama. Andrómaca es inmortal, pero delicada.

El estado actual de la plaza y del paseo debido a las obras es caótico y diría que peligroso, por eso ayer quise visitar a Andrómaca, tenía miedo de llegar y comprobar su ausencia. Pero no, allí sigue, aunque su pequeña parcela antes rodeada de flores ahora está ocupada por máquinas taladradoras, coches, vallas y los bloques de las inevitables y conocidas losetas que esperan ser colocadas.

andromaca y losetas

La estatua fue realizada por José Vilches en 1853, en Roma, donde este escultor malagueño vivió y estudió. Presentó la obra a la Exposición Nacional de 1856, obtuvo una medalla, y la obra fue instalada en el Real Conservatorio de Música de Madrid. En algún momento fue trasladada aquí.

A pesar de su desnudez, discreta en su pedestal, tal vez pasa desapercibida a muchos paseantes, debido entre otras cosas a la proximidad de importantes y mucho más llamativas obras que atraen a los turistas y curiosos en general, como la Biblioteca Nacional frente a la que se encuentra, o la gran estatua de Cristóbal Colón.

El Descubridor está rodeado de andamios, esperando ser desmontado y restaurado, para su posterior traslado al centro del paseo, donde estuvo desde 1885 hasta que la reforma de la plaza en 1977 llevó el monumento hasta su actual emplazamiento. Fue entonces cuando se instalaron las fuentes recientemente desmanteladas y que no está claro adonde irán a parar.

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Sinceramente yo ya no se si esto es bueno o malo. No acabo de entender esta costumbre madrileña de cambiarlo todo de sitio, o enviarlo a los almacenes municipales, y en muchos casos nunca más saber qué fue de la obra en cuestión, desaparecida para siempre, quizá su piedra aprovechada para otros menesteres.

Colón vuelve a su lugar original, de acuerdo, pero estará más lejos de nosotros, rodeado de coches.

Qué no habrá visto Andrómaca desde su pedestal. Símbolo, protagonista y testigo de amores y guerras, hoy más que nunca parece echarse las manos a la cabeza.

Mercedes

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