El pasado mes de Mayo pude conocer una parte de la Antigua Fábrica de Tabacos gracias a la apertura de una exposición en su planta baja, y, como dije en el post que escribí en ese momento, pasear por su interior resulta algo inquietante debido a sus grandes dimensiones y a su abandono, pero enormemente sugerente por su historia y por su arquitectura.

También me refería a las dificultades que se han ido sucediendo para darle un nuevo uso. Por entonces la adjudicación para la creación del nuevo Centro Nacional de Artes Visuales al estudio de los arquitectos Nieto y Sobejano había sido impugnada por el Consejo Superior de Arquitectos, debido a lo que ellos consideraban errores de procedimiento, y se había convocado un nuevo concurso.

Terminaba mi escrito diciendo que a lo mejor tardaban en volver a abrir el viejo edificio otros cuantos años más, y que probablemente cuando lo hicieran ya tendría otro aspecto. Pero no ha sido así.

El pasado viernes, gracias a los vecinos del barrio, se volvieron a abrir sus sólidas puertas. Pude acudir gracias a la invitación de los amigos de la Plataforma Salvemos el Frontón Beti-Jai de Madrid, grupo que lucha por la conservación, rehabilitación y restauración de esta construcción única en Madrid.

El edificio de la antigua Tabacalera es enorme, cerca de treinta mil metros cuadrados de pasillos, salas y antiguas oficinas casi vacías que guardan muchos recuerdos y escasos muebles alrededor de sus tres patios, uno central, descubierto, y otros dos laterales, cubiertos.

Hace algún tiempo vi una fotografía del patio central, con su antigua fuente de piedra, y desde entonces deseé saber si seguiría existiendo.

Me encantó comprobar que allí sigue la fuente, rodeada por tres pérgolas desnudas que en otro tiempo debieron estar cubiertas de plantas y flores. Allí sigue, esperando.

¿Qué destino le espera a este precioso patio, se conservará el jardín?.

En junio se resolvió el nuevo concurso, por cierto a favor del mismo estudio de arquitectos elegido en la primera ocasión.

Esperemos acontecimientos.

En cualquier caso, la antigua fábrica habitada en el siglo XIX por las famosas y valientes Cigarreras, oficinas de Tabacalera desde 1945 hasta el año 2000, ahora en manos del Ministerio de Cultura, parece a salvo.

Esperemos que también lo esté pronto el Frontón Beti-Jai, un edificio del que cualquier ciudad amante de su historia y de sus bienes estaría orgullosa y que, incomprensiblemente, en Madrid, parece que corre peligro.

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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