Como contábamos en el artículo anterior sobre La Forja artesanal, con la llegada del siglo XIX las viejas herrerías del Barrio de la Chispería fueron desapareciendo. A lo largo de la primera mitad del siglo los talleres comenzaron a incorporar maquinaria y se fueron convirtiendo en pequeñas fábricas.

Por entonces existían numerosos yacimientos y minas de hierro en varios pueblos de la Comunidad de Madrid, como Colmenar Viejo, Valdemorillo, Galapagar, Manzanares el Real,… lo cual propició el nacimiento de importantes fundiciones que a su vez facilitarían el nacimiento de otras industrias. Aunque algo más tarde que a otras capitales europeas, a mediados del XIX, la Industria llegó a Madrid.

Una de las primeras fue la Fábrica de Hierros de Bonaplata, fundada en 1839. Hacia la mitad del siglo, el Taller de Tomás de Miguel, quien antes que empresario fue un gran artista, el último Maestro Herrero y Cerrajero del Ayuntamiento de Madrid, antes de que desapareciera este cargo. La Fundición de Hierros Sanford, y la última de las cuatro grandes fundiciones, la Fundición Safón.

Así comenzó la época de esplendor de las Fundiciones. Nació una Arquitectura del hierro -de la que quedan algunos ejemplos que quizá podamos visitar en otra ocasión-, se convirtió en el material principal en la construcción de los elementos urbanos, rejas, bancos, farolas, quioscos,… y fue por supuesto el material decorativo por excelencia. El hierro se convirtió en protagonista de la ciudad, en elemento urbano característico que daría una nueva imagen a Madrid.

En esta segunda mitad del XIX surgieron los miradores que, junto a los balcones, se convirtieron en elementos muy significativos de nuestra ciudad. Los primeros eran de madera, pero pronto se utilizó el hierro.

Calle Amnistía

A la labor de los excelentes talleres se sumó la calidad de muchos de los arquitectos de la época, gracias a cuyo trabajo podemos decir que hoy día se conservan algunas balconadas “de autor”, pues ellos diseñaban y supervisaban el desarrollo de las obras, que ejecutaban los mejores rejeros. Los últimos veinte años de la centuria fueron muy productivos en este aspecto, construyéndose unos edificios magníficos, muchos de los cuales aún perviven.

Por ejemplo, las viviendas construidas por Francisco de Cubas, el Marqués de Cubas, en terrenos del antiguo Pósito, hoy calle Villalar números 7 y 9, entre los años 1879 y 1881. Junto con el resto de edificios de esta calle y los de la cercana calle de Recoletos, conforman uno de los conjuntos más bonitos de Madrid, con sus balcones de sofisticada rejería.

Calle de Villalar

En cualquier momento, en cualquier lugar de Madrid, paseando, podemos encontrar auténticas maravillas, como este inesperado edificio en la calle del Barco número 21, de 1882, con sus balcones y miradores de inspiración árabe.

Calle del Barco

El Centro de Madrid, el barrio de los Jerónimos, Lavapiés, Chamberí, Salamanca, etc. nos regalan preciosos balconajes de todo tipo, balaustres con o sin redropie, dibujos en círculo, en rocalla, chapeados muy decorativos, complicados ornamentos, etc.

Calle de Alfonso XI (chapeado)

Además de los balcones y miradores, que alcanzaron una complejidad artística que daría lugar a verdaderas obras de arte, la presencia del hierro en las fachadas madrileñas fue llegando a otros elementos, como las puertas, antes realizadas en madera. Primero, se adueñó de los montantes, y después de la puerta completa. El hierro también sustituyó a la madera en las barandillas de las escaleras, tanto en palacetes como en las corralas de vecindad más modestas. Otros elementos característicos de esta etapa y estilo fueron las columnas de fundición, que aún se conservan en el interior de algunos locales, las marquesinas, etc.

Farmacia en la calle Juan de Mena

En este Madrid de Isabel II se produjo otro cambio importante en la ciudad, que ahora muchos añoramos, se ajardinaron las plazas. Casi todas las plazas madrileñas, fueron adornadas con árboles, arbustos, esculturas, fuentes y bancos, todo ello rodeado por bonitas verjas.

En los jardines, las verjas sustituyeron a las antiguas tapias. Un ejemplo importante es el Retiro, cuyo enverjado actual es quizá el de mayor longitud de la ciudad, cada cierto tiempo pintado a mano, barrote a barrote, pero hay otros (Biblioteca Nacional, Escuelas Aguirre, etc.)

Al final del siglo se abrieron los talleres de Juan González y el de Bernardo Asins, para los cuales a partir de entonces trabajaron los mejores arquitectos y rejeros.

De esta última fundición nacieron algunas de las obras más importantes que perduran hoy día, como la verja del Palacio de Buenavista, hoy Cuartel General del Ejército, que fue realizada durante la primera ampliación del Palacio, entre los años 1869-75.

Y las del Banco de España, realizadas entre 1884 y 1894, en las cuales aún se puede leer la firma de “B. Asins Constructor”.

Banco de España, entrada calle de Alcalá

(detalle)

Banco de España (Firma de Bernardo Asins)

En los primeros años del siglo XX, los arquitectos continuaron construyendo preciosos balcones y miradores.

Calle de Antonio Maura (Daniel Zavala, 1901)

Antonio Palacios fue el máximo exponente en cuanto a arquitecto que integró las artes decorativas en sus edificios, la cerámica de Zuloaga, la escultura de Angel García Díaz, y la cerrajería de Gabriel Asins, hijo de Bernardo, que unos años después, recogiendo la herencia de su padre, creó obras como la espléndida puerta y las rejas del edificio de las Cariátides para Palacios, donde también dejó su firma.

Sello de Gabriel Asins en "Las Cariátides"

En estos inicios del siglo en Europa surgió el Modernismo, que quizá no tuvo una gran repercusión en Madrid como corriente estilística, pero sí se construyeron muchos edificios bajo su influencia, los más conocidos son el Palacio de Longoria, en la calle de Fernando VI, y el edificio Villaamil en la plaza de Matute, aunque no los únicos. Además, hay bastantes elementos de influencia modernista repartidos por la ciudad. Un ejemplo, las puertas y la verja de la antigua Casa de Socorro en la calle de las Navas de Tolosa, donde por cierto también trabajó García Díaz, como vimos.

Antigua Casa de Socorro (Martínez Zapata, 1913)

Finalmente, a mediados de los años 20 apareció el Art Déco, que igualmente dejó sus huellas en Madrid. Aunque pronto nuestra arquitectura se decantó por los elementos tradicionales españoles, en los cuales el hierro desempeñó un papel importante.

Calle Goya, esq. Gral. Pardiñas (Luis Ferrero 1920-23)

En la segunda mitad de este siglo XX, el hierro fue cayendo en desuso, y en las fachadas se comenzó a utilizar otro tipo de materiales, como los paneles de vidrio o el aluminio. Proliferaron las viviendas “con terraza”, que todo el mundo deseaba, pero que una gran mayoría luego cerraba para ganar espacio a la vivienda, no solo en los barrios modestos.

Calle O'Donnell

En este siglo XXI ya no se construyen apenas balcones, aunque al menos tampoco se construyen “terrazas”. Pero no con el fin de embellecer la villa, como inocentemente yo había pensado. En ello al parecer influyen las nuevas leyes. El Plan General de Ordenación Urbana de 1997 considera que la superficie de un balcón o de una terraza no es suelo construido, y por tanto no se puede cobrar al precio astronómico que ha alcanzado el metro cuadrado en Madrid. Así, los constructores optan por los nuevos miradores, incluidos en el cálculo de superficie total del piso.

Calle de Ayala

El final de la calle Ayala, quizá es representativa de lo que está ocurriendo en algunas zonas de la ciudad, aún conserva bonitos balcones y farolas de hierro, pero está viendo como algunos de sus edificios son derribados y sustituidos por modernas viviendas con sus nuevos miradores del siglo XXI.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

Bibliografía:

Sobre la Rejería madrileña y española en general, lo ha escrito todo el autor Fernando de Olaguer-Feliú.


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