Lo que hoy os quiero contar es un poco raro. En Madrid parece fácil mover, cambiar de sitio, incluso eliminar, todo tipo de mobiliario urbano, parterres, fuentes, estatuas… lo que no debe ser tan fácil es mover ni un palmo los quioscos dedicados a la venta de tabaco.

Me lo recordó María Rosa, autora del delicioso blog Viajando tranquilamente por España, al hablar aquí hace unos días de la Fiesta de inauguración de la calle de Serrano, en la que yo también estuve el pasado 25 de septiembre.

Cerca del inicio de dicha calle, en la Plaza de la Independencia, hay uno de estos quioscos, que, durante las obras en las que como sabemos hubo tantos cambios y desapariciones, debió resultar inamovible. Las losetas del nuevo pavimento se fueron colocando a su alrededor, de forma que las puertas de entrada a este elemento urbano han quedado situadas por debajo del actual nivel de la calle.

Se supone que para evitar posibles tropezones o caídas debido al nuevo e inesperado escalón que hay que salvar para acceder a la ventanilla del estanco, se colocaron unas vallas municipales protectoras, de esas que se suelen utilizar en las zonas en obras.

Pero llegaba el día de la Fiesta, todo estaba a punto. En la plaza, lugar desde el que partía la alfombra color de rosa para recorrer todo Serrano, sin ningún tipo de problema se habían eliminado todos los “obstáculos visuales”, se había “limpiado la glorieta”, empleando palabras de los autores de la reforma, los arquitectos Miguel Tejada y Clara Eslava.

Ahora sólo -y ciertamente- desentonaba el quiosco, había que solucionarlo. Una buena capa de pintura y unas elegantes vallas le dieron un nuevo e inmejorable aspecto.

Aunque a los pocos días vuelve a estar pintarrajeado.

Lo sorprendente es que estas “vallas” proceden de la barandilla del Paso Elevado de Juan Bravo y del Museo de Escultura, que como ya contamos es obra del escultor Eusebio Sempere.

¿No os parece raro?

Texto y fotografías por : Mercedes Gómez

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