La calle de Mejía Lequerica nace en la calle de Hortaleza, junto al antiguo Camino de Santa Bárbara, y llega hasta la de Sagasta, antigua ronda por donde hasta el año 1868 discurría la Cerca que rodeaba Madrid desde tiempos del rey Felipe IV.

En 1941 se le asignó el nombre de un médico y escritor, José Mejía Lequerica, nacido en Quito (Ecuador) en 1777, diputado de las Cortes de Cádiz, y fallecido en esa ciudad en 1813. Anteriormente fue la calle de la Florida, y aún antes, en el siglo XVII, era la calle de la Flores.

Calle de las Flores (Texeira, 1656)

Es una calle corta pero con historia y edificios notables. En el nº 1 se encuentra la famosa Casa de los Lagartos, de comienzos del siglo XX. En los números 2 y 4, los Palacios del Conde de Villagonzalo y del Marqués de Ustáriz, recuerdos de otras épocas. Este último es uno de los pocos ejemplos de palacios del siglo XVIII que perviven en Madrid.

En el nº 8 se encuentra el edificio construido en 1913 por José María Mendoza Ussía para acoger la sede de la Papelera Española. El pasado mes de marzo, cuando estaba preparando el artículo dedicado a la cerámica de Juan Ruiz de Luna en Madrid, fui a esta calle con la intención de ver y fotografiar su fachada, decorada por el gran artista toledano, pero estaba cubierta por lonas de obra, igual que su vecino el Palacio de Ustáriz. Y no eran las únicas obras… la calle era prácticamente intransitable. La construcción de un aparcamiento para el futuro mercado de Barceló -también en marcha-, tras el derribo del antiguo, ocupaba toda la vía.

Un mes después El País publicó la noticia del hallazgo de un muro de sesenta metros de largo por uno y medio de ancho que recorre el último tramo de la calle. Aunque el titular era “Un gran muro del XVIII paraliza las obras en Mejía Lequerica” el reportaje planteaba dudas sobre si pertenecía a un antiguo cuartel o a una estructura hidráulica, quizá al antiguo Viaje de Agua de la Castellana.

Estos días de agosto el paseo por la calle de Mejía Lequerica nos depara algunas novedades. Una parte del Palacio de Ustáriz ha sido derribada, aunque en el antiguo jardín sobreviven sus majestuosos árboles.

La rehabilitación del magnífico edificio de la Papelera Española ha terminado, al menos en su exterior.

Un cartel anuncia las “obras de rehabilitación con acondicionamiento general y reestructuración parcial para uso hotelero”. Sobre una de las ventanas se conserva el viejo letrero Central de fabricantes de papel, y los frisos decorados por Ruiz de Luna ahora lucen esplendorosos.

Continúan las obras de construcción del mercado y del aparcamiento. Respecto al hallazgo arqueológico, por una rendija contemplamos el grueso “muro” tapado, aunque algún arco de ladrillo se muestra indiscreto, y nos recuerda el aspecto de las galerías de los antiguos Viajes de Agua que bajaban desde el norte y se adentraban en la Villa por esta zona de Madrid.

Muy cerca, en las proximidades de las Puertas de entrada al recinto urbano, se encontraban las arcas principales donde se medía el agua, desde donde partían las galerías que la conducían al interior de la ciudad. Recordemos también que, a pocos pasos de aquí, bajo el Museo Municipal fue encontrada una noria, quizá perteneciente al Viaje de la Alcubilla.

La construcción se adapta a la forma de la antigua calle de la Flores, cuando en su último tramo llegaba a encontrarse con la Cerca que cerraba Madrid en el siglo XVII, tal como nos muestra el plano de Pedro Texeira.

Estos descubrimientos sirven para conocer mejor nuestra historia, ojalá se aclare la procedencia del singular hallazgo. Y nos lo cuenten.

por Mercedes Gómez

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