El Museo Nacional del Romanticismo es quizá uno de los menos conocidos de Madrid. Antes llamado Museo Romántico, tras cerca de diez años cerrado por obras de reforma y restauración, ahora luce esplendoroso. La espera ha merecido la pena.

El pasado lunes tuve el placer de asistir a una visita guiada, invitada por el Museo, junto a otros autores de blogs dedicados al arte y a la vida cultural madrileña. Nos recibió su directora Asunción Cardona, y Carmen Cabrejas y Mª Jesús Cabreras, del departamento de Difusión, nos guiaron. Mil gracias a las anfitrionas.

Matritensis, autor del blog Es Madrid no Madriz, ha escrito una buena crónica de la visita, que os recomiendo, en la que podréis ver magníficas fotos del interior. Por mi parte, propongo otra visión, os invito a conocer un poquito la historia de la calle, del edificio y su jardín, y por supuesto animo a todos a visitar el Museo, interesante y encantador.

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El Museo del Romanticismo se encuentra en la calle de San Mateo, que ya en el siglo XVII recibía este nombre. Iba desde el camino de Fuencarral hasta la Puerta de Santa Bárbara, atravesando la calle de las Flores, actual Mejía Lequerica. En ella se encontraba una de las arcas cambijas que distribuían el agua del Viaje de la Fuente Castellana. Las casas de Juan de Echauz, situadas en los terrenos en los que después se construiría nuestro edificio protagonista, recibían medio cuartillo de agua.

Plano de Texeira (1656)

La calle, situada en lo que entonces eran las afueras de la Villa, próxima a la Cerca, albergó a la nobleza desde muy pronto. Se conservan algunos palacios construidos entre el siglo XVIII y XIX, el del conde de Villagonzalo y el del marqués de Ustáriz, en la zona próxima a la plaza de Santa Bárbara, el palacio del duque de Veragua, en el nº 7, y el Palacio del marqués de Matallana, sede del Museo que hoy visitamos, en el número 13.

En el último cuarto del siglo XVIII fue cuando el solar pasó a manos del marqués de Matallana, quien en 1776 encargó la construcción de su palacio al arquitecto Manuel Rodríguez, sobrino del gran Ventura Rodríguez. Don Manuel levantó un edificio de estilo clasicista, de líneas limpias y sencillas, y escasos adornos.

La entrada principal tiene lugar por la calle de San Mateo, aunque existe otra entrada en el nº 14 de la calle de la Beneficencia, antes San Benito. Mediado el siglo XIX la construcción fue adquirida por los condes de la Puebla del Maestre.

El museo ha estado ubicado en este edificio desde que en 1921 fue creado por Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II marqués de la Vega-Inclán, quien donó al Estado una serie de obras de arte y objetos de su colección privada. Don Benigno fue uno de los personajes más importantes de la vida española en los años finales del siglo XIX y comienzos del XX, coleccionista de arte e impulsor de la cultura, junto con otros como José Lázaro Galdiano, Manuel Laredo y el marqués de Cerralbo.

En 1927 el edificio fue adquirido por el Estado.

En el zaguán de entrada, nos da la bienvenida el busto del Marqués, realizado en 1931 por el escultor Mariano Benlliure.

El edificio, en forma de “L”, está organizado alrededor de dos patios, más el jardín, como se aprecia en el plano del General Ibáñez de Ibero.

Plano del Gral. I. de Ibero (h. 1875).

Uno de los patios se puede contemplar desde el zaguán, tras una puerta protegida por una bonita verja y arco de medio punto, con una sencilla fuente, cubierta por un emparrado sobre un suelo de grava que forma figuras geométricas tan perfectas que parecen una alfombra.

También se conserva el precioso Jardín Romántico, sorprendente remanso de paz en pleno centro de Madrid, en el que únicamente escuchamos el ruido del agua de una fuentecilla que lo adorna, junto a plantas, flores y árboles de diversas especies, entre los que destaca un gran magnolio centenario.

Los sencillos balcones de algunas estancias de la casa, ahora museo, se asoman a este jardín que por un ratito nos traslada a tiempos románticos.

En la esquina contraria, algo escondido, a los pies del magnolio, hay un brocal de piedra acaso del antiguo pozo que surtía al palacio del agua necesaria.

Es una alegría comprobar cómo el jardín conserva el antiguo trazado y el pilón de la fuente que ya existía cuando el museo fue aquí instalado, como se aprecia en la foto de los años 20 del siglo pasado:

Foto : Hauser y Menet (1920-25). Museo de Historia.

3 diciembre 2011

La bonita figura del niño que sostiene una flor de la que mana el agua debió instalarse posteriormente.

El museo, planteado como una evocación y explicación del siglo XIX, propone distintos recorridos, aunque paralelos entre sí: el arte de la época, la historia, la vida cotidiana y los usos sociales… Es un museo pequeño pero que nos ofrece una riqueza extraordinaria, la pintura de grandes maestros, muebles y objetos que recrean la vida de la burguesía decimonónica, y mucha historia, además de interesantes actividades que podéis consultar en su web, y una estupenda Librería romántica.

Por Mercedes Gómez 

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