El artículo de hoy está dedicado a mi buena amiga Mar,
amante de los libros y de las librerías con encanto.

La calle de San Onofre es muy antigua, cuentan los cronistas que allí en tiempos medievales existió una ermita dedicada a este santo, cuando la zona, al norte de la villa, aún estaba formada por tierras boscosas surcadas por arroyos alejadas de la población. Según Pedro de Répide, la ermita ya estaba en ruinas en época de Carlos I, en la primera mitad del siglo XVI, tras haber sido casi destruida durante una batalla entre los soldados de Pedro I el Cruel y los de Enrique de Trastamara, allá por el siglo XIV.

Tres siglos después, la callejuela aparece representada en el plano de Texeira.

Plano de Texeira, 1656.

Es una calle cortita, pero con mucha vida. Nace en la calle de Fuencarral, alberga bares, una sala de arte, peluquería, una escuela de maquillaje… ofreciendo una mezcla de tradición y modernidad. Sus miradores y balcones de finales del XIX, como los del edificio de viviendas en el número 3, construido en 1890, se asoman al siglo XXI. En sus bajos se encuentra el Horno de San Onofre, que toma su nombre de la calle.

Los comercios tradicionales, como la vieja Colchonería en venta, van desapareciendo y dejan paso a otro tipo de establecimientos. Desgraciadamente, los nuevos tiempos traen también cosas feas, como los aparatos de aire acondicionado colgados en las fachadas, los sucios grafitis… y las farolas “modernas” que desentonan con todo.

Al abrigo del Horno, justo enfrente, en el nº 6, una nueva tienda llamada Tinta Roja, vende libros y vinos. Su escaparate es tan sugerente que invita a entrar.

Solo hace mes y medio que ocupan el lugar de una tienda delicatessen, la Gastrotteca, cuyo letrero se conserva, antes Colmao de San Onofre -también perteneciente a la cadena Horno de San Onofre-, quizá heredero de otro aún más antiguo, ¿el colmado del barrio?, quién sabe, seguramente algún vecino recuerde qué hubo aquí hace años.

La nueva tienda está decorada con muy buen gusto y sus estanterías de madera guardan todo tipo de prometedores libros y botellas de vino. Un buen detalle: en una de ellas han colocado la reproducción del cuadro de Pieter Brueghel el Viejo, El vino de la fiesta de San Martín, una bellísima y delicada pintura del gran maestro flamenco del siglo XVI, recientemente adquirido, restaurado y estos días expuesto en el Museo del Prado.

La joya del local es una antigua caja registradora, que aún funciona, aunque ahora su papel sea meramente decorativo y sirva de refugio a algunos libros bonitos y evocadores.

Además de vender libros y vinos, en el sótano presentan nuevas publicaciones, ofrecen exposiciones y dan clases de canto.

Al lado, en el nº 4, vivió el compositor Isaac Albéniz con su familia desde 1873 a 1882, desde los 13 a los 22 años, época de sus estudios en el Real Conservatorio de Música, como indica la placa del Ayuntamiento en la fachada.

La callecita termina en la calle de Valverde, frente a la Iglesia y Convento de Juan de Alarcón, las Alarconas -que hemos visto al principio perfectamente dibujados por Texeira en su plano-, uno de los tesoros del barroco madrileño.

Mucha historia y mucho arte en poco espacio, además de ricos panes, pasteles y vinos. La calle de San Onofre merece una visita.

por Mercedes Gómez

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ACTUALIZACIÓN 31 enero 2012

Gracias a los comentarios de Ramón, del blog en son de luz, y de María Rosa, que han organizado una deliciosa tertulia, hemos conocido a San Onofre y su historia, y hemos sabido que era el santo favorito de El Artillero, marido de La Latina.

Esta es la foto de la Puerta del antiguo Hospital de la Latina, actualmente en la Ciudad Universitaria, que me ha enviado María Rosa, en la que podemos ver al santo:

¡Gracias María Rosa, y todos!

Mercedes

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