El azar y la lluvia han querido que hoy Jueves Santo visitara una exposición imprevista, la dedicada a Gervasio Sánchez. Organizada por el Ministerio de Cultura con motivo de la concesión del Premio Nacional de Fotografía 2009 al gran y comprometido reportero, muestra su obra desde sus comienzos en los años 80 hasta hoy. La exposición es magnífica, de visión obligada, pero muy dura.

El lugar elegido es perfecto para transmitir toda la emoción, la antigua Fábrica de Tabacos en la calle de Embajadores. Traspasada la entrada el gran patio vacío de la vieja fábrica nos avisa de lo que vamos a encontrar, el sonido constante de las balas lo inunda todo.

A continuación el silencio en las naves de paredes desconchadas que acogen las terribles fotografías de la vida afectada por la guerra y la violencia.

Contemplamos los primeros trabajos del entonces debutante fotoperiodista en 1984, realizadas en diversos países de América Latina, que recorrió hasta 1992. La dramática situación en los Balcanes desde 1991 a 1999, que una vez más injustamente a quien más afectó fue a la población civil. La penosa vida en algunas zonas de África durante años…

A pesar de la dureza de las imágenes es bonito comprobar cómo el fotógrafo además de mostrar las escenas dolorosas, denunciar la guerra, siempre busca las personas, las escenas de paz… hay mucha ternura y cariño en las fotografías de Gervasio Sánchez.

Niñas tras cristal coche. Bosnia. Guerra de los Balcanes. Mar.1994

Cuesta trabajo mirar directamente las imágenes de las Vidas minadas, el efecto desolador, el destrozo causado por las minas antipersona en varios países del mundo, aunque esconden más angustia los Desaparecidos, en una serie en la que el fotógrafo continúa trabajando, según él mismo cuenta.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y aquí se demuestra, pero a veces las palabras llegan al alma.

Leer lo que ha escrito Gervasio Sánchez junto a sus fotografías produce escalofríos. Dice Gervasio que “la elaboración de Desaparecidos ha sido menos satisfactoria que Vidas Minadas. Los mutilados por minas antipersona sobrevivieron a las explosiones y sus evoluciones han sido un ejemplo de pundonor. Es bello ver y sentir cómo la angustia da paso a la esperanza o cómo los gritos de dolor en los hospitales se sustituyen por escenas cotidianas de gran belleza y dignidad.

En cambio, buscar a tus seres queridos durante años o décadas convierte la vida cotidiana en una pesadilla permanente. La obsesión por encontrar al hijo, al marido o al padre entorpece las relaciones con otros seres queridos y facilita el camino hacia la desesperación y la angustia”.

Resulta difícil asumir las imágenes, lo que hay detrás de cada una, pero también impresiona leer lo que cuenta el fotógrafo, el sufrimiento que ha contemplado durante años y que le ha perseguido en sueños. Merece todos los premios que ha recibido, y que le acompañemos en su denuncia.

Por Mercedes Gómez

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Antología Gervasio Sánchez
Tabacalera
Calle Embajadores, 51.
Hasta el 10 de junio.

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