De vez en cuando me gusta volver a visitar las salas dedicadas a la escultura clásica en el Museo del Prado, y moverme despacio entre las figuras llenas de significados y simbolismos que nos trasladan al mundo Antiguo. Sobre todo de noche, con la luz artificial (Ariadna dormida reflejándose en los cristales que dan al patio, aún más esplendorosa), parece que cobran vida.

En la planta baja, junto a la sala 73 dedicada a la escultura clásica griega se encuentran la sala 74 y la sala 72, ambas con obras realizadas en talleres romanos.

La sala 72 está dedicada a la escultura mitológica romana en la que se exhiben reproducciones de obras griegas, generalmente perdidas. No solo son en cierto modo recuperaciones de las grandes obras del arte griego y sus dioses (Zeus, Heracles, Dioniso y Afrodita) sino que además son testigos del arte y del gusto clásico romano. En ella, entre otras figuras, encontramos las de cuatro deidades adoradas en Roma:

El gran Júpiter, la máxima divinidad y protector del Imperio romano; Hércules, héroe y hombre modélico; Baco, dios del vino, del bienestar y la diversión; y Venus, diosa del amor y de las mujeres.

En una de las esquinas vemos una gran figura de mármol, mide 1,84 m. Es conocida como la Venus de Madrid.

Venus de Madrid

Venus de Madrid. Museo del Prado.

Según el letrero junto a la estatua, se trata de una  variación de una Afrodita procedente de la acrópolis griega de Corinto fechada entre los años 320-300 a. C. En el original la diosa tenía el torso desnudo, aquí, como en otras réplicas, está vestida con un chitón o túnica fina.

Fue realizada hacia el año 150, hace casi mil novecientos años. A lo largo de todo este tiempo ha debido vivir muchas aventuras, algunas buenas, seguro, otras no tanto. Ya en el siglo XVIII llegó al Palacio Real de La Granja en Segovia, luego Carlos IV la llevó a Aranjuez. Por fin, procedente de la colección real, llegó al Prado.

En algún momento perdió los brazos y la cabeza, ¡ay!, pero hoy continúa en pie, discreta, resguardada en un rinconcito en el extremo sur de la planta baja del Museo, esta monumental y bella Venus de Madrid.

Por Mercedes Gómez

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