El año pasado, recordando a Julio López Hernández, evocamos el grupo de jóvenes, Escuela del Realismo madrileño, que en la década de los años 50 del pasado siglo XX compartieron el arte y la vida, grandes artistas que además fueron amigos, algunos de ellos incluso se enamoraron y se casaron. Antonio López, que se casó con la pintora madrileña María Moreno; el hermano de Julio, Francisco López Hernández, con Isabel Quintanilla; y otra memorable pareja, la que formaron Amalia Avia y Lucio Muñoz.

Lucio Muñoz nació en Madrid el 27 de diciembre de 1929. Una placa del Círculo de Bellas Artes A la memoria del pintor Lucio Muñoz situada en la plaza del Carmen recuerda que allí vivió el artista.

Plaza del Carmen

Plaza del Carmen

La placa está en un lugar un tanto extraño, en la medianería del edificio que da a la plaza esquina a la calle de las Tres Cruces, junto a un feo manojo de cables y tubos. Merecería algo mejor.

Plaza del Carmen (2012)

Plaza del Carmen (2012)

Lucio, que como la mayoría del grupo estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, comenzó pintando al óleo en estilo realista. Una de sus primeras obras figurativas fue el retrato de su mujer, el Retrato de Amalia (1958). Junto a la pintura ambos posaron en la terraza de la casa del barrio de Argüelles en la que él tenía su estudio.

en la terraza

Acaso la misma que pintaría Antonio López entre 1962, cuando aún la debía habitar el pintor amigo, y 1990, ya ocupada la casa por otras personas que al parecer le permitieron subir y continuar la pintura inacabada.

A. López, “Terraza de Lucio” (1962-1990)

Antonio López, “Terraza de Lucio” (1962-1990).

En 1956 gracias a una beca del gobierno francés, Lucio Muñoz fue a París, viaje que cambió su vida y su arte para siempre. Allí conoció a Amalia, según contó ella misma en una bonita entrevista. Y allí, tras conocer en directo la obra de Klee, Dubuffet, Tapies… y otros creadores, realizó otro “viaje”, el que le llevaría del realismo a la abstracción.

El joven Lucio descubrió la madera con la que creó sus obras más singulares y que le identifican. Manejaba con maestría las herramientas de carpintero con las que labraba y modelaba las superficies. Su gran amigo Antonio López dijo: “La figuración era algo común y decisivo para él hasta que encontró su voz y su material, la madera. Así llegó a la abstracción con una naturalidad asombrosa”.

Calificado de informalista, su obra se encuentra en importantes museos como el Reina Sofía, y en Colecciones tanto públicas (Aena, Ayuntamiento, Congreso de los Diputados…) como privadas, y no solo en Madrid. Entre otros premios, en 1983 obtuvo el Nacional de las Artes Plásticas.

Durante los dos últimos años de su vida realizó el gran mural que ocupa una de las paredes del hemiciclo de la Asamblea de Madrid en Vallecas, de 12 m. x 11,5, un gran rompecabezas de 44 piezas de cedro, roble y fresno, labradas y pintadas con pasión hasta pocos días antes de su muerte a los 68 años en Madrid, el 24 de mayo de 1998. A la obra, que el autor no pudo ver instalada, se le dió el nombre de La ciudad inacabada.

Amalia Avia nació el 23 de abril de 1930 en Santa Cruz de la Zarza, provincia de Toledo, pero ha sido una de las grandes pintoras de Madrid, ciudad a la que amaba y en la que vivió casi toda su vida. Son inconfundibles sus imágenes de las calles, comercios, puertas… En la misma entrevista antes mencionada dijo que “pintaba cosas tan viejas y poco monumentales que todo lo iban tirando. Donde pongo la brocha, pongo la pica”. Con cierta ironía y mucho acierto definía su pintura, testigo de ese Madrid que ha ido desapareciendo.

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“Benito García, fontanero”. 1988.

En 2004 publicó sus memorias con el significativo título De puertas adentro. Murió en Madrid el 30 de marzo de 2011.

Amalia y Lucio se habían casado en 1960. Tuvieron cuatro hijos, Lucio, Nicolás, Diego y Rodrigo, que mantienen vivo el recuerdo y el arte de sus padres.

El Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, en el Centro Cultural Conde Duque, que lamentablemente continúa cerrado, posee obras de ambos artistas. El Museo Reina Sofía tiene once pinturas de Lucio Muñoz, realizadas entre 1960 y 1993. Actualmente solo se expone una, Abimelech, de su época más temprana, en la Sala 417 dedicada a La pintura española en el desarrollismo.

L. Muñoz. Abimelech (1961)

L. Muñoz. Abimelech (1961)

En cuanto a Amalia Avia, estos días, hasta el próximo 10 de noviembre en el Museo de Bellas Artes de San Fernando, tenemos la oportunidad de visitar una pequeña y deliciosa exposición El Madrid de Amalia Avia, de Falla y Bretón.

La muestra se ha organizado con motivo de la representación de Los amores de la Inés de Manuel de Falla, y La verbena de la Paloma de Tomás Bretón, en el Teatro de la Zarzuela. La escenografía está inspirada en su pintura.

En la sala 30 de la 2ª planta se expone una fotografía del decorado realizado y siete cuadros con algunos de sus temas más característicos.

“La Bobia”, 1963.

“La Bobia”, 1963.

La pintura de Amalia Avia trasmite emoción, el sentimiento de lo vivido, incluso cuando no hay personas representadas se siente su presencia.

“Tienda de máquinas”, 1987.

“Tienda de máquinas”, 1987.

Lo cuenta su hijo Rodrigo Muñoz Avia en el cartel explicativo en la sala del museo, “no había nacido en Madrid pero se sentía madrileña… amaba la ciudad en la que vivía… y no se cansaba nunca de defender, con argumentos, y con su propia pintura, la singular belleza que encerraban sus calles y sus edificios”.

Tanto en la pintura de Amalia Avia como en la de Lucio Muñoz hay mucha belleza. Cada uno siguió su camino, ella el del realismo, él el de la abstracción; los dos, cada uno en su estilo, nos legaron una visión poética de la ciudad.

por Mercedes Gómez

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