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El General Carlos Ibáñez e Ibáñez de Íbero nació en Barcelona en 1825. Ingeniero, geógrafo y primer marqués de Mulhacén, desempeñó numerosas actividades. Fue miembro de la Comisión del Mapa de España, miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, presidente de la Asociación Geodésica Internacional… En 1870 fundó el Instituto Geográfico y Estadístico, antecedente del Instituto Geográfico Nacional.

El militar da nombre al extraordinario plano al que hemos recurrido tantas veces, el Plano de Ibáñez de Íbero. Aunque, como nos explica el historiador Francisco José Marín Perellón, apenas tuvo que ver en su “génesis, formación y materialización”.

Era el director del Instituto Geográfico que había sido fundado con los objetivos de “determinación de la forma y dimensiones de la Tierra, triangulaciones geodésicas de diversos órdenes, nivelaciones de precisión, triangulación topográfica, topografía del mapa y del catastro, y determinación y conservación de los tipos internacionales de pesas y medidas”.

Entre otras cosas, allí, bajo su dirección, se realizó el famoso plano, que tanta información nos aporta para conocer el Madrid de los años 60-70 del siglo XIX.

plano parcelario

La primera sede del Instituto Geográfico estuvo en la calle de Jorge Juan nº 8 donde una lápida instalada por el Ayuntamiento de Madrid en 1921 con motivo del cincuentenario de la creación de la institución recuerda con letras de bronce “Al General Ibáñez de Íbero que en este edificio estableció por primera vez en España el Instituto Geográfico y Estadístico”.

Calle Jorge Juan, 8

Calle Jorge Juan, 8

Obra del arquitecto José Carnicero, fue realizada en piedra caliza y mide 0,90 x 0,45 cm.

lapida cerca

El Instituto, después de haber pasado un tiempo en dependencias del Ministerio de Fomento, se trasladó al edificio que Jerónimo Pedro Mathet proyectó para Instituto Geográfico y Catastral.

El proyecto inicial, dentro del estilo neomudéjar, estaba adornado por elementos historicistas. A lo largo de la obra fue muy modificado.

La Construcción Moderna, 1992.

Proyecto Inst. Geográfico (La Construcción Moderna, 1922)

Construido en ladrillo visto mantuvo las reminiscencias neomudéjares, aunque muy simplificado, alejándose del historicismo que había dominado hasta entonces y acercándose al pre-racionalismo que se consolidaría en los años 30.

Calle General Ibáñez de Ibero, 3.

Calle General Ibáñez de Íbero, 3.

El edificio después de un largo periodo de obras, entre 1923 y 1929, fue inaugurado en 1930, en el nº 3 de la calle desde entonces dedicada al General Ibáñez de Íbero.

Al edificio principal se añadirían otros auxiliares, destinados a las diversas actividades y talleres.

edificios auxiliares

Paseando por el interior del conjunto contemplamos los majestuosos árboles que lo adornan.

arboles2

El Instituto Geográfico cumple una serie de funciones muy importantes y también ofrece al público servicios de gran valor. Es interesantísimo conocer el proceso de levantamiento de los mapas. Visitamos primero el Servicio de Documentación Geográfica. Su Archivo, Biblioteca y Cartoteca están a nuestra disposición.

mapas

También la web del Instituto Geográfico es un lugar inmenso a explorar que nos brinda gran cantidad de información.

Otra de las áreas más interesantes es la dedicada al estudio y vigilancia de los movimientos sísmicos. Durante las veinticuatro horas del día, 365 días al año, los especialistas vigilan y registran los terremotos que se producen en España, muchos más de los que podemos imaginar.

terremotos2

Los talleres cartográficos albergan las salas en las que se llevan a cabo las diferentes fases de impresión, cortado, plegado… de los mapas y folletos editados por el laborioso IGN.

talleres

talleres plegado

En 1975 Antonio Fernández Alba fue el autor de la ampliación del edificio primitivo que hoy ocupa el Centro Nacional de Documentación e Información Geográfica o Casa del Mapa. Utilizando los mismos materiales y esquemas, pero simplificando aún más las líneas, el arquitecto creó un edificio complementario, acorde a los nuevos tiempos pero manteniendo un absoluto respeto al edificio antiguo.

casa del mapa2

Vamos recorriendo los diferentes departamentos, descubriendo un mundo fascinante. La visita es todo un hallazgo, conocemos el servicio de Fotografía aérea, Documentación digital, Cartografía histórica, la Librería…

Libreria

Finalmente, el IGN ha abierto una pequeña Sala de Exposiciones con el fin de dar a conocer su trabajo, archivos, instrumentos, etc., abierta de lunes a viernes, de 12 h. a 14 h.

Actualmente se expone la Cartografía en los comienzos del Instituto Geográfico Nacional.

La exposición nos explica el trabajo desarrollado desde los mapas de Tomás López en el siglo XVIII, la necesidad de mayor precisión y los cambios tecnológicos que propician la creación de la Comisión del Mapa de España, la Ley de Medición del Territorio… hasta 1870 en que se crea el Instituto Geográfico que se encargaría de levantar el Mapa Topográfico de España.

Se muestra la Regla de medir bases geodésicas, diseñada por Ibáñez en 1860, para elaborar el mapa topográfico, a partir de otra creada en 1853 por el propio Ibáñez y Frutos Saavedra que se encuentra en el Real Observatorio de Madrid.

aparato Ibañez

También se expone el Plano Parcelario de Madrid al que nos referíamos al principio, plano de la población de Madrid en 16 hojas, a partir de las hojas kilométricas realizadas por la Junta General de Estadística una década antes, litografiado y publicado en 1875 por el Instituto Geográfico siendo su director Carlos Ibáñez e Ibáñez de Íbero.

Al final de la calle, en la esquina con San Francisco de Sales hallamos otro monumento conmemorativo en recuerdo del General, inaugurado en 1957, obra del escultor señor Navas y del arquitecto señor Fuentes, según publicó la prensa a propósito de la inauguración del monumento.

lapida ibañez ibero

lapida texto

Don Carlos Ibáñez murió en Niza en 1890 en la casa número 19 del boulevard Dubouchage en cuya fachada también existe una placa recordando su figura.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

“La Compañía Urbanizadora Metropolitana, la transformación de Madrid. “, La Construcción Moderna, . nº 11, 15-VI-1922, pp. 161-163; nº 12, 30-VI-1922, pp. 173-175.
ABC 4.4.1957, pp. 19-20.
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
F.J. Marín Perellón. “El plano parcelario de Carlos Ibáñez e Ibáñez de Íbero (1870)”, Ilustración de Madrid, nº 11, primavera 2009.
monumentamadrid.es

 

 

Anoche, un lector, Boro, nos daba la mala noticia: al parecer se prepara el derribo de un nuevo inmueble histórico, la antiquísima casa situada en el nº 20 de la Corredera Baja de San Pablo.

En los comienzos de este blog, hace más de cinco años, contamos parte de su historia, que luego hemos podido ir conociendo mejor. Ya entonces había sido declarado en ruina por sus propietarios, la Empresa Municipal de la Vivienda. Un letrero del Ayuntamiento anunciaba su próxima rehabilitación, que nunca llegó a emprenderse.

corredera 2009

Corredera Baja de San Pablo (2009)

A pesar de la dificultad económica que muchos madrileños están sufriendo estos últimos años, el Ayuntamiento ha continuado exigiéndonos a todos los vecinos, por otra parte con toda la razón, que cuidemos nuestras viviendas, reparemos los desperfectos y solucionemos posibles situaciones de peligro. Sin embargo, en ocasiones el propio Consistorio no cumple estas exigencias con los edificios de su propiedad, sabemos que no es el primer caso.

Esta mañana hemos podido leer la noticia en El País relativa al edificio de la Corredera 20, “el área de Urbanismo ha decretado ahora su derribo por ruina inminente, al constituir incluso un peligro para las personas e inmuebles de la zona… En febrero de 2014, Urbanismo realizó una inspección y descubrió que su estado había empeorado considerablemente respecto a la última visita, en 2008, debido al precario mantenimiento que ha estado sometido por parte de la empresa pública. Así que decretó su estado de ruina física inminente parcial y ordenó la demolición inmediata de las zonas más dañadas, que estaban precisamente entre aquellas de conservación obligatoria”.

¿Esto qué significa, estamos ante un nuevo vaciado de un edificio teóricamente protegido?, ¿un edificio ruinoso que no fue visitado durante seis años?

El inmueble, según información del propio servicio de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid, goza de Protección Integral, dentro de su catalogación con Nivel 1, el máximo, situado en un “entorno de monumento”, como ellos mismos explican. Se refieren a la próxima Iglesia de San Antonio de los Portugueses, luego de los Alemanes, una de las joyas madrileñas construida en el siglo XVII a cuyo abrigo creció el barrio.

¿Protección integral?, ¿en esto consiste, en abandonar un edificio histórico hasta que se produce tal deterioro que debe ser derribado?.

En 2011 fue ocupado por el Colectivo Patio Maravillas con el fin de convertirlo en centro social. Recuerdo, pues me acerqué a verlo, que comenzaron a limpiarlo e intentar hacerlo accesible; un grupo de arquitectos y otros profesionales apoyaron el plan y ofrecieron un proyecto de rehabilitación. Los ocupantes fueron desalojados y el plan rechazado. La entrada fue tapiada.

Hoy he vuelto a acercarme a la Corredera. La puerta y las ventanas continúan tapiadas. El cartel de próxima rehabilitación hace mucho que desapareció.

corredera 2014

Corredera Baja de San Pablo (2014)

Ojalá los miembros del Ayuntamiento de Madrid, Patrimonio Histórico y autoridad competente que corresponda consideren la situación, tengan en cuenta la historia del edificio y cumplan las normas municipales y de conservación de nuestro Patrimonio y protejan y rehabiliten el inmueble, que guarda elementos desde sus orígenes en el siglo XVII hasta los comienzos del siglo XX, cuando Antonio Machado recién casado con la joven Leonor volvió a Madrid, a casa de su madre, que aquí vivía entonces.

Ojalá, rogamos, no derriben un nuevo edificio, son muy poquitos los de esta época que van quedando en la Villa, testigos de nuestra historia, alma de la ciudad, como tantas veces hemos comentado.

Por favor, antes de que sea irreparable, protejan este edificio, su fachada y su interior, su escalera, su patio… protejan Madrid.

Por : Mercedes Gómez

La calle Murcia nace en el Paseo de Santa María de la Cabeza, cruza el Paseo de las Delicias y muere en la calle de Méndez Álvaro, frente a la Estación de Atocha. Es una calle breve, situada en el vértice norte del barrio que surgió en el triángulo creado en el siglo XVIII sobre las Delicias, surcado por los paseos que iban desde la Puerta de Atocha hasta el Río.

Hacia 1900 aún eran escasas las construcciones, casi nulas en el segundo tramo. El barrio había comenzado a crecer hacía pocos años, alrededor de las estaciones de Delicias y Mediodía (actual Atocha).

Plano de F. Cañada (h. 1900)

Plano de Facundo Cañada (h. 1900)

De aquellas primeras edificaciones no queda recuerdo.

Calle Murcia

Calle Murcia

Hoy es una de tantas calles arboladas y acogedoras de Madrid, secundaria y discreta, que quizá solo conocen bien los vecinos del barrio (oficialmente, barrio de Palos de Moguer), pero que como todas las calles aunque no sean famosas tiene su historia. El edificio más antiguo que se conserva precisamente en ese primer tramo, entonces aún un solar, es el nº 3, de 1909.

Calle Murcia, 3

Calle Murcia, 3

Hace diez años fue noticia por su estado ruinoso y falto de higiene. Actualmente la fachada centenaria se encuentra cubierta por una lona y las únicas ventanas que quedan a la vista están tapiadas, como en 2004. Enfrente un edificio de solo dos plantas, debe ser también de esa época.

Calle Murcia, 4

Calle Murcia, 6

En el nº 10 se encontraba el edificio de Transportes Fluiters, construido por Augusto Sanz Marcos entre 1927-1928 para guardamuebles, naves y oficinas de don Pedro Fluiters. Fue demolido en 1984, pero se conservó la fachada como ejemplo de construcción industrial.

Calle Murcia, 10

Calle Murcia, 10

Resulta un tanto extraña pues ha quedado aislada del moderno edificio de viviendas levantado tras ella, pero conserva algunos detalles del art-déco que la adornaba y es un testigo de los tiempos pasados en que la industria crecía en la zona.

Calle Murcia, 10 (detalle)

Calle Murcia, 10 (detalle)

En esta misma acera de los números pares, esquina al Paseo de las Delicias 26 (antiguo 28) el 12 de septiembre de 1959, tal como publicó la prensa de la época, se inauguró el Hotel Carlton, con “aire acondicionado, radio, cuartos de baño y teléfono en todas las habitaciones”, novedades propias de un local de primera categoría.

Hotel Carlton

Hotel Carlton

La fachada cóncava de la esquina fue decorada por el ceramista Santiago Padrós con un mosaico dedicado a las Ciudades españolas monumentales.

En la esquina contraria, donde ahora se encuentran las oficinas de una entidad bancaria, estaban las Bodegas Villa, cervecería muy frecuentada por los vecinos del barrio en los años 50-60.

Al otro lado del paseo, en el nº 14, esquina Paseo de las Delicias 19, un edificio de viviendas con sus rejas onduladas construido hacia 1930.

Calle Murcia, 14

Calle Murcia, 14

En la planta baja, en la esquina, había una tienda, entonces se llamaban de ultramarinos, la tienda de Peñalver, que algunos vecinos seguro recuerdan. Ahora hay una tienda de chinos.

Calle Murcia, 14 (1ª foto : COAM)

Calle Murcia, 14 (1ª foto : COAM)

Seguimos en la acera de los pares. En el nº 16, hay una casa sencilla y cuidada, con preciosos balcones de forja.

Calle Murcia, 16

Calle Murcia, 16

Enfrente estaba el Mercado Atocha, cuyo acceso principal estaba en el Pasaje Tortosa, un callejón sin salida que parte de la calle Tortosa; sin embargo entonces había una entrada por la calle Murcia. Tras una pérdida de clientela, desaparición de puestos y un grave deterioro, cerró definitivamente en 2006, siendo convertido en Escuela Municipal de Música.

Son muy bonitas las casas que se conservan anteriores a los años 70 del pasado siglo XX, en que muchas fueron derribadas.

Calle Murcia, 18

Calle Murcia, 18

A continuación, en el lugar del edificio moderno que hoy ocupa el solar del nº 20, había una Fábrica de Hielo, una de las que existían en Madrid (otra, recordemos, estaba en la calle de San Andrés). No sabemos en qué año exactamente sería derribada, pero en 1973 la prensa anunciaba los nuevos pisos y animaban a comprobar la calidad de su construcción.

En el nº 22 se hallan las viviendas para don Andrés Palomeque, proyecto de José María Rodríguez Gómez de 1930. En los impares, las viviendas del nº 17 muestra una sencilla y elegante decoración clásica, con dos pequeños torreones.

Calle Murcia, 17

Calle Murcia, 17

Y llegamos al final de la calle. Además de un mercado y la fábrica de hielo, otro servicio fundamental para el vecindario se instaló en la calle Murcia. En el nº 21 sigue en pie el Colegio Público Menéndez y Pelayo, una de las escuelas creadas por Antonio Flórez Urdapilleta, Jefe de la Oficina Técnica para Construcciones Escolares del Ministerio de Instrucción Pública, como ya comentamos aquí.

Esta escuela, frente al racionalismo dominante en construcciones posteriores, dentro de su sencillez y búsqueda de la funcionalidad, aún muestra ciertos elementos historicistas, sobre todo en las portadas.

El Grupo Escolar inicialmente llamado de Méndez Álvaro fue uno de los seis cuyo proyecto fue aprobado y publicado en la Gaceta de Madrid en 1923, gracias a la colaboración entre el Ayuntamiento y el Estado. En un principio los planos fueron obra del arquitecto municipal Pablo Aranda Sánchez, aunque fueron modificados por Flórez. El colegio fue construido entre los años 1923-1928. El edificio con su entrada principal en Méndez Álvaro 16, se asoma a la calle Rafael de Riego 1 y Murcia 21.

Calle Méndez Álvaro

Calle Méndez Álvaro, 16

Construido en ladrillo y con aleros de madera, sus fachadas son muy armónicas.

colegio torres

Fue reformado y ampliado por el propio Flórez y Bernardo Giner de los Ríos en 1932.

colegio caseta

Una segunda ampliación a cargo del arquitecto Joaquín Roldán tuvo lugar en 1970. Fue en 1932 cuando se construyó la caseta para servicios médicos y para el guarda en la esquina de Méndez Álvaro con la calle Murcia, donde finaliza nuestra calle y nuestro paseo por hoy.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Guía-Callejero de Madrid 1970.
ABC, 31 octubre 1973
ABC 2 marzo 2004, pág 41
ABC 6 junio 2006, pág, 40
COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003
F.J. Rodríguez. Plan de construcciones escolares de 1922 para Madrid. El caso del Grupo Menéndez Pelayo”. III Foro Ibérico de Museísmo Pedagógico – V Jornadas Científicas. Murcia 2012.

Y sobre todo, los recuerdos de Fernando, antiguo vecino de la calle, a quien dedico el artículo y envío muchos besos.

 

 

Mercedes Agulló es una importante historiadora e investigadora madrileña. A lo largo de su fructífera carrera, entre otras tareas, durante varios años desempeñó la dirección de nuestros museos municipales; y de revistas imprescindibles para todos los interesados en la Historia de Madrid como Villa de Madrid, Gaceta del Museo Municipal y los Estudios de Prehistoria y Arqueología Madrileñas.

Miembro numerario del Instituto de Estudios Madrileños, es autora de numerosas publicaciones, de obligada consulta para nosotros. Ahora muchas de ellas, y alguna más en el futuro próximo, gracias a su generosidad, podemos leerlas y consultarlas libremente en el Archivo de Colecciones Digitales de la Universidad de Massachusetts, en Boston.

Es la Biblioteca Digital de Mercedes Agulló, donde podemos acceder a muchos de sus trabajos y documentos personales. Como afirman en la propia web, “la obra de esta historiadora se adentra en las vidas de impresores, pintores, arquitectos, escritores, dramaturgos, libreros, comerciantes, religiosos, bibliófilos, inquisidores, nobles de los siglos XVI y XVII…”

digital library

Además, Mercedes continúa ofreciendo documentos preciosos rescatados laboriosamente de los Archivos en su blog Galeón de Noviembre.

Mucho, mucho trabajo se adivina anterior a la publicación de sus entradas. Datos, personajes, lugares, profesiones… gracias a sus investigaciones conocemos a los Maestros del arte de enseñar a leer, escribir, y contar, a Comerciantes, tenderos y tratantes en el Madrid de los siglos XVI, XVII y XVIII, documentos relativos a Juan Gómez de Mora

Solo nos queda darle las gracias a Mercedes Agulló por su trabajo.

Y aprender y disfrutar de su valiosa biblioteca.

Por: Mercedes Gómez

 

 

 

Estos días de suave verano en Madrid además de pasear se pueden visitar algunas exposiciones magníficas. Como la espectacular El Greco y la Pintura Moderna, en el Museo del Prado, y la sorprendente Variaciones sobre el Jardín Japonés en La Casa Encendida.

Son muy diferentes desde luego, no son comparables, pero las dos son bellas e interesantes y llama la atención un elemento común. En ambas se cuenta la influencia, de un artista o de una filosofía, de una forma de contemplar el mundo, sobre los demás artistas, sobre el Arte del siglo XX. Dicho de otra forma, las dos tratan, o se sirven de, el tema del influjo bajo el cual han trabajado algunos de los creadores más importantes desde finales del siglo XIX hasta ahora.

En el primer caso, la que ejerció el Greco sobre la Pintura moderna, sobre las vanguardias. En el segundo, la del pintor, historiador y paisajista Mirei Shigemori y la cultura japonesa sobre algunos artistas de diferentes estilos y épocas.

El Greco y la Pintura Moderna, inaugurada hace unos días en el Museo del Prado, es sencillamente deslumbrante. Es una exposición extraordinaria por varios motivos. Por supuesto por las veintiséis obras del pintor, algunas se pueden ver habitualmente en el Prado, pero otras han llegado de museos de diferentes países, incluso de lugares próximos; es una ocasión única para contemplar de cerca la Expulsión de los Mercaderes del Templo, cedida para la ocasión por la Iglesia de San Ginés.

Por las obras de otros pintores, todas de gran calidad, algunas de ellas merecen la visita por si solas. Desde finales del siglo XIX, Manet, Cézanne, Fortuny, Picasso… hasta pintores del siglo XX como Modigliani, Diego Rivera, Chagall, Pollock…

El Greco, El caballero de la mano en el pecho (1580) y A.Modigliani, Paul Alexandre tras una vidriera (1913) (Fotos: museodelprado.es)

Pero sobre todo por la relación entre todas ellas, expuestas en un montaje cuidado y luminoso que pone de manifiesto la enorme influencia que el Greco ejerció sobre los grandes artistas del siglo XX y sobre la pintura moderna.

El Greco, La Oración en el Huerto (h.1600) y A.Korteweg, Composición: La Oración en el Huerto (1913) (Fotos: museodelprado.es)

El Greco, La Oración en el Huerto (h.1600) y A.Korteweg, Composición: La Oración en el Huerto (1913) (Fotos: museodelprado.es)

La linterna de las salas dedicadas a las exposiciones temporales, normalmente cerrada, se ha abierto, dejando pasar la luz. Una maravilla.

El Greco, La Resurrección de Cristo (h.1600) y J.Pollock, Sin título (h. 1937-39). (Fotos: museodelprado.es)

El Greco, La Resurrección de Cristo (h.1600) y J.Pollock, Sin título (h. 1937-39). (Fotos: museodelprado.es)

No demasiado lejos, en La Casa Encendida se exponen las Variaciones sobre el jardín japonés, una verdadera sorpresa.

El punto de partida, el centro de la exposición, es la figura y la obra de Mirei Shigemori (1896-1975). Se muestran fotografías de su obra cumbre, los jardines zen del templo de Tôfuku-ji, en Kyoto, creados en 1939. Shigemori fue entre otras cosas un gran estudioso del jardín japonés.

fotos shigemori

Bajo una vitrina se exponen también ejemplares de la enciclopedia que creó, con el fin de perpetuar la memoria de los jardines desaparecidos.

El jardín japonés es un espacio cerrado, no un lugar para pasear sino para reflexionar, un lugar de recogimiento y tranquilidad. No tiene nada que ver que los jardines llenos de vegetación, son jardines secos, sin agua, diseñados para ser una obra de arte. Lugares que hablan del vacío, pero no como algo negativo. Se ha dicho de las obras de Shigemori que eran versiones ajardinadas del arte conceptual.

Y así lo recogen las creaciones de artistas dispares y de disciplinas y épocas distintas, todos ellos influenciados por la cultura japonesa.

Alrededor de la obra de Shigemori, la exposición propone un paseo como si de un jardín zen se tratara. Un paseo libre, sin orden establecido que nos invita a convertirnos en parte activa del jardín.

En cierto modo la muestra comienza con el antiguo grabado Panorama del lago Shinobazu desde el templo Kiyomizu (1894), propiedad del Museo del Prado. Y termina con el grafiti, obra reciente de arte manga, de Iwana. Pero la verdad es que esta última es la primera que vemos al bajar al sótano de la Casa Encendida, y el paisaje japonés se encuentra situado en una de las salas, al fondo, quizá tardamos en llegar a contemplarlo.

grabado Prado

Panorama del lago Shinobazu desde el templo Kiyomizu (1894)

El grabado se encuentra junto a Lucio Fontana, con su concepto espacial de 1960, y frente a uno de los Double rift de Richard Serra (2013). Cortes, aberturas, que muestran ese vacío del que hablábamos, o que parecen puertas. ¿Qué nos sugieren? la presencia de otro mundo, el mundo interior, al otro lado del espacio exterior, del que formamos parte.

fontana y serra

La música, el jardín de sonidos de John Cage da paso a otra sala en la que junto a la maqueta del Santuario de Ise se ubican otra serie de obras. Tapies, una de las barras de acero inoxidable de Walter di Maria… Interesante leer las cartelas instaladas, y, si tenemos tiempo y curiosidad, sobre todo preguntar a la persona encargada de la sala, sus explicaciones son muy interesantes. Desde aquí le vuelvo a dar las gracias por guiarme.

Tapies

En el suelo se encuentra el Cruzeiro do Sul (1969-1970) de Cildo Meireles, diminuta pieza de madera de pino y roble, materiales sagrados para los indios, todo un símbolo de su situación respecto al mundo.

meireles1

Pensada para ser colocada en una sala mucho mayor, ella sola, aquí solo una luz desde el techo anuncia su presencia.

Cildo Meireles, Cruzeiro do Sul (1969-1970).

Cildo Meireles, Cruzeiro do Sul (1969-1970).

Los videos de Yoko Ono y Angels Ribé, el papel japonés, Sin título, de James Lee Byars; el azul sin título de Yves Klein sobre el que se refleja la obra de Lucio Fontana…

Iwana, Promethea (2014)

Iwana, Promethea (2014)

En septiembre todos ellos viajarán desde el sótano de la Casa Encendida a la Alhambra de Granada, qué interesante sería poder asistir a ese nuevo diálogo entre el jardín japonés y el andalusí.

Por : Mercedes Gómez

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Museo del Prado
El Greco y la Pintura Moderna
Hasta el 5 octubre 2014

La Casa Encendida
Variaciones sobre el Jardín japonés
Hasta el 7 de septiembre 2014

 

 

 

 

En el siglo XV la Villa continuaba creciendo, como había ocurrido desde el siglo IX, hacia el este, aumentando la superficie habitada hasta llegar a desbordar los límites de la muralla. A lo largo de la segunda mitad del siglo se incrementó la población, de cinco mil a unos doce mil habitantes en los comienzos del XVI. Madrid era una ciudad pequeña, pero no hay que menospreciarla, tenia su importancia entre las ciudades castellanas medievales. Era uno de los diecisiete lugares con voto en Cortes, las cuales se habían celebrado ya aquí en alguna ocasión.

calle mayor

Camino de Guadalajara, hoy calle Mayor. Al fondo, la Puerta del Sol.

Una nueva cerca llamada del Arrabal encerró las tierras que a partir del siglo XII se fueron poblando en las afueras del recinto cristiano.

Algunos autores sitúan su construcción a mediados del siglo, en tiempos de Enrique IV; Urgorri en su trabajo dedicado al Ensanche de Madrid en tiempos de Juan II y Enrique IV, aunque dejaba fuera al arrabal de Santo Domingo, dibujó la Cerca del Arrabal considerando que ya existía en 1440, en tiempos de Juan II. En la misma línea, el profesor Montero Vallejo opinó que se trazó en 1438, reinando Juan II, y que se construyó con fines fundamentalmente administrativos e higiénicos, debido a una gran epidemia de peste, una de las muchas desgracias que asolaron Madrid a lo largo del siglo XV como vimos durante nuestra visita a los restos de la muralla en la calle de Santiago.

muro siglo xv

Muro siglo XV en la calle de Santiago nº 2

Hasta entonces solo hubo arrabales independientes, separados de la Villa con cercas propias, al menos alguno de ellos, como veremos. La nueva cerca los englobó todos, aunque la Villa por antonomasia continuó siendo el recinto rodeado por la muralla cristiana del siglo XII, allí se encontraban todos los centros de importancia.

Antes de emprender el paseo consultamos los Libros de Acuerdos, publicados por el Ayuntamiento de Madrid, con las actas escritas desde 1464 –veintiséis años después del levantamiento de la tapia– a 1515 en busca de referencias a las murallas y cercas. Son pocas. La muralla había dejado de tener importancia defensiva y sobre todo se alude a ella para acordar alguna reparación. El 27 de septiembre de 1464, ya reinaba Enrique IV, el Concejo aprobó una derrama para reparo de los muros de esta Villa de veinte mil maravedís. Deberían pagar los caballeros y escuderos y dueñas y doncellas, y privilegiados, y judíos y moros y pecheros.

Las referencias a la cerca son básicamente a la muralla que rodeaba la Villa, a la que se habían adosado las casas en algunos tramos. Se reparaba especialmente la parte intramuros, a cargo del Concejo o de los dueños de las casas. Se alude varias veces a que los regidores vigilaban la cerca por dentro. Y donde uviere casa se requiera a los dueños de las casas que lo reparen.

Las Actas nombran sobre todo las puertas de la antigua muralla, la de Valnadú, de Guadalajara, Cerrada, de Moros y de la Vega.

La Puerta de Valnadú, en la actual plaza de Isabel II y próxima al Alcázar, a finales de siglo seguía siendo importante. Entre 1493 y 1498 son varios los acuerdos respecto a su reparación y limpieza. En las afueras creció el arrabal de San Ginés.

Plaza de Isabel II, antigua plazuela de los Caños del Peral en las afueras de la Puerta de Valnadú.

Plaza de Isabel II, antigua plazuela de los Caños del Peral en las afueras de la Puerta de Valnadú.

También se mencionan las puertas de la nueva Cerca que vamos a recorrer: la puerta de Santo Domingo, del Sol, Tocha (Atocha) y Toledo. A veces se nombra a los vecinos del arrabal de Madrid.

Si el camino exacto que seguían la Muralla árabe y la Muralla cristiana esconden algunos misterios, el trazado de la Cerca que encerró los arrabales medievales en el siglo XV es aún más desconocido. No hay restos. En cualquier caso la Cerca del Arrabal debía partir de la muralla, en las proximidades del Alcázar y de la Puerta de Valnadú. Así que comenzamos nuestro paseo una vez más junto al Palacio Real.

Resulta difícil suponer cómo fueron estos parajes hace casi seis siglos; donde ahora encontramos sólidos edificios, asfalto y automóviles, antes solo había campo, huertas, un humilde caserío y algunas calles empedradas en el mejor de los casos. El camino que hoy recorremos lleno de tiendas, terrazas, paseantes y turistas, eran caminos de tierra por los que junto a los madrileños de entonces los animales andaban sueltos, cerca de los arroyos, lagunas y muladares… No hay fotos ni pinturas, ni siquiera planos. Solo los documentos antiguos nos pueden dar una imagen de lo que era la Villa por entonces. La única forma de al menos acercarnos un poco a comprender lo que pudo ser, es paseando y recorriendo sus contornos, imaginando.

Parece ser que la nueva tapia subía por los terrenos donde hoy se ubica la calle de la Bola

Al fondo, la calle de la Bola.

Al fondo, la calle de la Bola.

… para dirigirse hacia la Puerta de Santo Domingo, rodeando este antiguo arrabal.

Calle de la Bola

Calle de la Bola

El arrabal de Santo Domingo, que fue eminentemente rural, surgió en el siglo XIII, en torno al Monasterio. La Puerta de Santo Domingo estuvo a la altura de la actual plaza.

Plaza de Santo Domingo

Plaza de Santo Domingo

Desde la Puerta de Santo Domingo la Cerca debía discurrir por la calle Preciados en dirección a las Eras de San Martín.

Calle Preciados

Calle Preciados

Lo que hoy es la calle del Carmen debía ser la ronda exterior. En la zona había alfares y tejares junto a las tierras de cultivo que comenzaban a poblarse. Además de en la agricultura Madrid había desarrollado una gran actividad y fama en la artesanía.

También fue por entonces cuando comenzaron a tener lugar las llamadas Ferias de Madrid. Aunque anteriormente ya había actividad comercial en torno a las Puertas de la Vega y de Guadalajara y en plazas como la de la Paja, fue el rey Juan II quien concedió a la Villa el privilegio de poder celebrar dos ferias anuales libres de alcabalas o tributos, lo cual fue también importante para la Villa.

Caminando por la hoy, como antaño, zona comercial, vamos hacia el arrabal de San Martín, que fue el primer arrabal cristiano. San Martín surgió muy pronto, en el mismo siglo XII, alrededor del desaparecido Monasterio. A mediados del XIII se abrió la Puerta de San Martín o puerta del Arraval, al final de la calle que aún lleva su nombre, Postigo de San Martín. En un primer momento debía estar a la altura de la calle de las Navas de Tolosa, posteriormente se ubicó más al norte, casi en lo que hoy es la plaza de Callao.

Plaza de Callao

Postigo de San Martín

Las llamadas Eras de San Martín que debían llegar a la actual Gran Vía fueron ocupadas por edificaciones a mediados del siglo. No muy lejos, donde hoy se encuentra la plaza de España, procedente del norte de la Villa bajaba el Arroyo de Leganitos; la zona era propicia para huertas y alfares que facilitaron la actividad comercial.

preciados sol

Por tanto, San Martín fue territorio urbano –la otra vía pública importante del arrabal correspondía a la actual calle de la Flora– y de cultivo. Hacia 1321 pudo existir una cerca común para San Martín y Santo Domingo, separados por la actual Costanilla de los Ángeles.

San Ginés, que aparece como collación en el XIV fue el arrabal más urbano, próximo a la Puerta y Camino de Guadalajara, extendiéndose hasta el terreno abierto donde se ubicaría la Puerta del Sol.

El 13 enero de 1501, el Concejo acordó que se empedrara la calle del arrabal que va a la puerta del Sol.

Una alusión importante a las puertas y a cual era el límite de Madrid a finales del siglo XV la tenemos en los datos que nos aporta la sesión dedicada el 2 de marzo de 1496 a la limpieza y salud de la Villa en la que los presentes tomaron varios acuerdos. Que no hubiese puercos en ella, ni en los arrabales, ni en las casas… que no se echara basura en las calles, ni agua sucia, ni gallinas muertas. La basura solo se podía llevar a los muladares o basureros señalados por la dicha Villa:

A la puerta de Alvega o de la Vega, a mano izquierda en el barranco, y a la puerta de Moros, donde fue puesto un palo, y a la puerta de Tocha (Atocha) y a la de Santo Domingo y del Sol, donde fuera señalado, so pena que quien en otra parte lo echare pague cien maravedís.

Puerta del Sol

Puerta del Sol

Desde Sol, por la calle de Carretas la Cerca se dirigía a la plaza de Jacinto Benavente donde la Puerta de Atocha o de Santa Cruz daba entrada al arrabal de Santa Cruz.

Concepción Jerónima esquina calle Atocha

Concepción Jerónima esquina calle Atocha

Por las calles de Concepción Jerónima y Conde de Romanones, plaza de Tirso de Molina y calle del Duque de Alba llegamos a San Millán, último arrabal en conformarse. Frente a la Ribera de Curtidores, entre las calles de Duque de Alba y San Millán existió un Portillo.

Por la calle de las Maldonadas llegamos a la calle Toledo, frente a la plaza de la Cebada donde entonces debió existir la primera Puerta de Toledo.

Calle Toledo

Calle Toledo

En 11 de febrero de 1502 se menciona la Puerta de Toledo. Con motivo de la visita de los príncipes, nuestros señores, Juana y Felipe que desde Madrid se dirigían a Toledo por la calle grande de la plaza a la puerta de Toledo, se ordenó a todos los vecinos blanquear sus pertenencias, so pena de 600 maravedís a cada uno.

Finalmente, la Cerca llegaba hasta algún lugar cercano a la Puerta de Moros para cerrar los arrabales imparables, que continuaban creciendo. Por eso su vida duraría poco más de un siglo; poco después del asentamiento de la Corte en Madrid, hacia 1566 el rey mandó levantar un nuevo muro, la Cerca de Felipe II.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1515, cinco vol.). Ayuntamiento de Madrid, 1932-1987.
Urgorri Casado, Fernando. “El ensanche de Madrid en tiempos de Enrique IV y Juan II” en Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, nº 67. Ayuntamiento de Madrid, 1954.
Montero Vallejo, Manuel. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid medieval. Ed. La Librería. Madrid 2003.
Montero Vallejo, Manuel. El Madrid de Isabel I. Ed. La Librería. Madrid 2004.

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