Tras la visita al Palacio de Nuevo Baztán, dentro del programa Abierto por Obras, hace unos días hemos tenido ocasión de entrar en el Castillo de los Mendoza en Buitrago.

La villa amurallada y el castillo se conservan gracias a las numerosas obras de restauración que ha tenido, calificados como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico desde 1993. En esta nueva fase acometida por la Comunidad de Madrid, con la colaboración de la Administración General del Estado y del Ayuntamiento de Buitrago, se ha procedido a la consolidación de distintos elementos.

Buitrago está situado en un pequeño promontorio rodeado por el río Lozoya, emplazamiento que seguro resultó decisivo para el nacimiento de su población y que conforma un paraje bello y singular.

rio Lozoya

El pueblo, y la muralla que lo rodea, están construidos sobre la roca granítica característica de la zona, la piedra gneis o neis, material esencial en la arquitectura de Buitrago y su fortificación. Se trata de una de las rocas geológicamente más antiguas de la Comunidad de Madrid, casi 500 millones de años. Su composición es similar a la del granito pero alterna dos tipos de minerales, de color claro y otro más oscuro que le dan su aspecto singular.

piedra neis

Estas rocas serranas sobre las que está construido el pueblo dan forma a las orillas del río y se adivina su presencia en el cauce sobre el que reposan las aguas del Lozoya, el agua de Madrid.

rio y rocas

Se habla de su origen romano y de la presencia árabe pero no hay certeza sobre quienes fueron sus primeros pobladores debido a la falta de pruebas arqueológicas.

De todas formas, aunque no hay constancia arqueológica de una población árabe, la muralla original debió ser construida por los musulmanes. Durante su rehabilitación en los años 90 del pasado siglo XX en la base de dos torres se encontraron materiales de época islámica, anteriores a 1085; el tapial hispano-árabe se conserva en el núcleo rodeado por la construcción posterior de mampostería. También apoya esta teoría el hecho de que el pueblo se encuentra situado en lo que fueran terrenos de la Marca Media andalusí en los siglos IX al XI, en la línea de las atalayas defensivas y de vigilancia.

Posteriormente, tras la conquista cristiana, se construyó gran parte de la fortificación que continúa en pie. La muralla fue construida entre los siglos XI y XIV.

La población fue adquiriendo relevancia y a partir del siglo XV se levantaron sus cuatro iglesias, de las que solo se conserva una, la parroquia de Santa María, y el Hospital de San Salvador, fundado por el marqués de Santillana, don Íñigo López de Mendoza, frente al Castillo. Del hospital se conserva una hermosa portada, antiguo acceso a la iglesia, y su Retablo de los Gozos de Santa María, encargado por el marqués al pintor flamenco Jorge Inglés que se puede admirar en el Museo del Prado.

Buitrago adquirió el título de Villa, y como Comunidad de Villa y Tierra de Buitrago fue cabeza jurisdiccional y administrativa de más de treinta concejos.

Junto al río, al este, adaptándose a su forma se conserva el muro levantado en el siglo XII con su adarve almenado, no demasiado alto ni grueso, no debía ser necesario más, el escarpado terreno era una gran defensa natural.

adarve

Al sur se hallan los elementos defensivos más rotundos, una gruesa y elevada muralla con doce torres. En el centro, la Puerta del Reloj, que era el único acceso entonces, presenta doble arco de medio punto en su pórtico intramuros. Al añadirse la torre pentagonal, de construcción más tardía (siglo XII-IV), la Puerta se convirtió en acodada.

puerta codo

A su derecha, contemplándolas intramuros, las más antiguas, las cinco primeras, del siglo XI; dos de ellas, a las que nos referíamos más arriba, revelaron materiales constructivos islámicos.

muralla sur

A la izquierda, las más modernas, de finales siglo XI-principios del XII; solo se conservan dos, el resto están muy reformadas y alguna reconstruida.

La guía nos explica, como ocurrió en la visita a Nuevo Baztán, que siempre se debe dejar clara la diferencia entre los elementos originales y los reconstruidos. En el caso de la torre ubicada en el extremo sureste, junto al arco de entrada a la calle de la Coracha, una franja de metal marca la línea entre ambos.

torre reconstruida

En esta esquina sureste se conserva uno de los elementos más interesantes de la fortaleza, la coracha, una prolongación de la muralla creada para la obtención de agua y también como protección del puente que existía a esa altura, al parecer de origen romano, actualmente bajo el agua embalsada.

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La Coracha

Desde la calle de la Coracha volvemos a entrar en el recinto amurallado y llegamos al Castillo levantado por los Mendoza para convertirlo en su residencia en los siglos XIV-XV en estilo mudéjar, se supone que sobre una antigua fortaleza árabe.

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Su planta cuadrada, de 45 metros de lado, está rodeada de torres, de las que subsisten siete de forma rectangular, excepto una pentagonal.

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Exterior del Castillo de los Mendoza

Después de admirar su exterior traspasamos el bello arco ojival de entrada y nos hallamos bajo una bóveda impresionante, desde donde accedemos a la antigua Plaza de Armas.

boveda entrada castillo

A su alrededor, convertida en patio del castillo-palacio, los Mendoza construyeron sus estancias. En un primer nivel situaron las habitaciones de servicio, cocinas… y en el segundo los salones y zonas nobles. Desaparecieron cuando en el siglo XX fue transformada en plaza de toros. Mediante pruebas de termoluminiscencia, nos explica la guía, se intenta datar los diferentes elementos del castillo construidos a lo largo de varios siglos. Se han hallado restos, por ejemplo chimeneas que se aprecian muy bien insertadas en el muro, de las desaparecidas estancias del siglo XV.

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Interior del Castillo de los Mendoza

La desaparición de las gradas de la plaza de toros, a raíz de las actuales obras, ha sacado a la luz material del antiguo alcázar utilizado para su construcción.

plaza toros

Se proyectó abrir una puerta de emergencia en el extremo sureste, pero durante las obras apareció un pozo de nieve que está en vías de restauración dada su importancia, con el propósito de mostrarlo al público en un futuro. Este tipo de pozos se excavaban y se cubrían de piedra para almacenar la nieve que, prensada, se convertía en hielo con el fin de conservar los alimentos. Este pozo fue excavado en la propia roca en el siglo XVII.

pozo de nieve

Pozo de nieve

Los trabajos continúan y hasta finales de septiembre podemos conocer el castillo, “abierto por obras”. La visita guiada, como sucedió en Nuevo Baztán, es muy interesante, las explicaciones de las guías son claras y amenas, nos sitúan históricamente y describen los procesos de restauración. Merece la pena.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía :

Mª Paloma López y Mª Jesús Rubio. “Las murallas de Buitrago de Lozoya”. Mayrit. Estudios de arqueología medieval madrileña. Ed. Polifemo, Madrid, 1992.

Documadrid. Tierras de Buitrago. Biblioteca madrileña de bolsillo, Comunidad de Madrid, 1999.

 

 

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