En los comienzos del año se publicaba la noticia, una empleada del Aeropuerto de Barajas y un excorresponsal británico, Yolanda Sánchez y William Chislett, junto con Isabel Fernández, recogían firmas para solicitar que se dedicara una calle o plaza al autor de La forja de un rebelde, una vía pública dedicada al escritor Arturo Barea. Por entonces ya habían conseguido alrededor de quinientas que enviaron al Ayuntamiento con mucha ilusión.

La belleza de su obra sobre la ciudad y su gente y la desgarrada sinceridad de su relato sobre la Guerra Civil en Madrid justifican recordar y recuperar el espíritu humanista y reconciliador de Barea”, expresaba la petición a la que se sumaron otros destacados miembros del mundo cultural español.

Pocos meses después, la historia ha tenido un final feliz.

Por unanimidad el pasado día 30 de noviembre el Pleno de la Junta Municipal de Centro aprobó elevar a la Junta de Gobierno la asignación del nombre Plaza de Arturo Barea al espacio conocido popularmente, no de forma oficial, como Plaza de la Corrala, situada frente a las antiguas Escuelas Pías en las que el escritor fue alumno hasta los 13 años.

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Arturo Barea nació en Badajoz en 1897 pero pasó gran parte de su vida en Madrid.

A causa de la guerra civil en 1938 se fue a Inglaterra donde entre 1940 y 1945 escribió las tres novelas autobiográficas (aunque él dijo que narraban más lo colectivo que lo individual). La forja, La llama y La ruta componen la trilogía La forja de un rebelde. Originalmente fue publicada en inglés, traducida por su esposa Ilsa.

Allí trabajó para la BBC en español. Desgraciadamente no se conservan los programas pero se puede escuchar su voz en una entrevista en el espacio Ondas del ayer de Radio 5.

Murió en Londres en 1957. Su obra no fue publicada en España hasta 1978.

Con motivo de esta feliz decisión, la denominación de la Plaza de Arturo Barea, y como homenaje a su figura y su vinculación con este barrio, el distrito de Centro ha organizado unos paseos literarios por Lavapiés, barrio en el que pasó su infancia y al que volvió siempre, hasta que se fue de España, muy identificado con su pasado y su historia.

Guiados por el colectivo La Liminal he tenido el placer de participar ayer en el primer paseo, relato caminado por la memoria de Madrid, por la memoria de Arturo Barea. El paseo-relato es bonito y emotivo, como los recuerdos de Barea y la propia novela. El punto de encuentro fue la plaza de Cascorro, en el corazón del barrio.

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Desde allí nos dirigimos a la plaza de Tirso de Molina, entonces del Progreso, muy cerca de la que fue calle de las Urosas (actual Luis Vélez de Guevara) donde se encontraba la buhardilla de la corrala en la que el escritor vivió con su madre y hermanos. La calle de Mesón de Paredes, la antigua plaza de Cabestreros, calle del Amparo, Sombrerete…

En fin, recorrimos algunos de los lugares de la novela y de la vida del autor, aunque son muchos más. El Madrid de Arturo Barea, tan bien reflejado en su libro, llega hasta el río Manzanares y sus lavaderos, a la Cuesta de Moyano, a la Gran Vía… Un plano elaborado dentro de este precioso proyecto municipal nos los muestra y explica cada punto proponiéndonos otros paseos y otros recuerdos. Nos indica los sitios que podemos recorrer, desde esta calle de las Urosas hasta la que va a ser la Plaza de Arturo Barea.

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Después nos dirigimos al Centro Cultural Casino de la Reina donde se nos invitó a recordar, reflexionar sobre los lugares visitados, los temas sugeridos, lo que deseamos transmitir…

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Para ello elaboramos una placa, a partir del tema elegido entre todas las ideas expuestas. La infancia, la lucha de las madres y la instituciones de beneficencia, las tabernas como lugar de encuentro, los sentidos (olores, sonidos… de Lavapiés), etc.

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En mi grupo elegimos las Escuelas Pías, donde Barea estudió y adonde volvió en 1936 y a las que vio arder. Las ruinas de la iglesia, restauradas, son testigo de aquellos sucesos.

Recordamos la frase de uno de los primeros capítulos, cuando el protagonista era un niño, Madrid huele a sol por las mañanas. Y su vuelta al comienzo de la guerra: El barrio entero olía a quemado y caía una lluvia finísima de cenizas.

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Salimos nuevamente a la calle y colocamos las placas creadas entre todos en los muros de Lavapiés.

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Son placas efímeras, pero que seguro verán muchos paseantes, que invitan a conocer mejor a la persona, al escritor y su obra. Y también la historia reciente de Madrid.

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La placa más importante, y definitiva, será colocada frente a las ruinas de las Escuelas, junto a la Corrala, será la placa que señalizará la Plaza de Arturo Barea.

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Todos los interesados y admiradores de la obra del escritor disfrutaréis mucho en esta actividad, no dejéis de apuntaros. Y si no habéis leído La forja de un rebelde, os la recomiendo, es una obra magnífica, te atrapa desde el principio. Y disfrutad del paseo igualmente, podéis leerla después, seguro que os apetecerá iniciar su lectura nada más terminar el recorrido.

Toda la información en: La Liminal. Arturo Barea. Relatos caminados por la memoria de Lavapiés.

Por : Mercedes Gómez

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En estos artículos se puede conocer mejor la historia de la recuperación de la figura de Barea:

CHISLETT, William. “Recuperando a Arturo Barea”. El País, 19 nov. 2012.

FRAGUAS, Rafael. “Una calle en Lavapiés para Arturo Barea”. El País, 15 enero 2016.

 

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