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Hoy os invito a un paseo diferente, entre la realidad y la fantasía.

Un paseo real, por el Madrid de hoy, por la ribera del Manzanares junto al Puente de Segovia desde donde contemplamos el Palacio Real, la Catedral de la Almudena… pero pensando que entre los siglos I y IV, durante la época del Madrid romano, nada de eso existía. Era un paraje seguramente de buenas tierras para el cultivo y propicias para la crianza de ganado. Por eso allí se estableció una pequeña villa, un asentamiento rural.

También es un viaje al pasado, con la ayuda de la imaginación. Pensemos que ni siquiera existía el puente; aunque desde muy antiguo debió existir un vado, ya documentado en la edad media. Allí desembocaban las aguas de un arroyo que bajaba entre dos cerros, cursos que con el tiempo recibirían los nombres de arroyo de las Fuentes de San Pedro –hoy calle de Segovia– y Río Manzanares.

Visitamos la villa romana que allí existió. Recordemos, antes de continuar, el gran hallazgo, cómo era esa villa, que ya contamos aquí. Terminaba el artículo entonces con la fotografía de la maqueta de una villa romana que se encuentra en el Museo de San Isidro y otra del río Manzanares animando a intentar imaginarla habitada por sus pobladores hace casi veinte siglos.

Eso es lo que ha hecho Ramón Oria, un gran fotógrafo que además de buenas fotos realiza montajes mágicos. Si aún no conocéis sus trabajos os animo a visitar su cuenta en Flickr, seguro que os sorprende.

Ramón ha hecho un fotomontaje espectacular. Ha situado la villa romana en los terrenos donde se encontraba en el siglo I, en una imagen actual, con el fin de ayudarnos a realizar ese viaje al pasado. Caminando podemos llegar hasta las antiguas casas antes llenas de vida.

La imagen nos sugiere un “hoy” imaginado en el que aún existiría la construcción romana, unas casas habitadas, rodeadas de un suelo de tierra y algo de hierba, en lugar del árido pavimento actual; tras ellas un gran arbolado y un camino que acaso bajaba junto al arroyo.

Foto: Ramón Oria

No hemos pretendido situarla de forma precisa y científica. El fotomontaje no deja de ser un pequeño juego. Más que una localización exacta, Ramón –me consta que después de muchos intentos y mucho trabajo– ha optado por una bellísima imagen que ayude a comprender dónde estaba el caserío y a la vez contemplar el lugar donde unos siglos después se fundaría Madrid, en el luego llamado cerro de Palacio.

Os animamos a pasear por la zona, recorrer sus hoy caminos de asfalto y césped que guardan los recuerdos de un Madrid muy antiguo, el Madrid romano.

Cuando atraveséis el hermoso puente de Segovia o caminéis por los alrededores pensad que hubo un tiempo en que allí no existía nada de lo que hoy conocemos, solo el río y huertas y árboles, y un pequeño asentamiento rural en el que vivían unos remotos vecinos; que trabajaban, cocinaban, se alimentaban y pasaban sus ratos de ocio. Unas viviendas sencillas pero bien decoradas, con pinturas murales y cerámicas. Una villa romana.

Por: Mercedes Gómez

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Queridos amigos:

En los últimos días seguramente habréis leído noticias o recibido correos referentes al nuevo Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) que entra en vigor mañana día 25 de mayo de 2018 en toda la Unión Europea. En principio parece complicado, pero en último término su objetivo es protegernos a todos de la difusión ilegal de nuestros datos.

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Y, como decía, si no recibo noticias vuestras entenderé que queréis seguir recibiendo mis actualizaciones como hasta ahora.

Muchas gracias a todos por vuestra compañía que espero seguir disfrutando y vuestra confianza.

Mercedes Gómez

Carlos María de Castro nació en 1810 en Estepa, Sevilla. Muy joven se trasladó a Madrid y en 1833 obtuvo el título de Arquitecto de la Real Academia de San Fernando; también consiguió el título de Ingeniero de Caminos. Como tal, como ingeniero y arquitecto, y como urbanista, desarrolló una intensa actividad en nuestra ciudad y otros lugares de España.

Participó en la construcción de la red ferroviaria, puentes, trabajos hidráulicos, etc. En 1843 dirigió las obras del Canal del Manzanares, al año siguiente trabajó en la designación de los puntos para establecer las torres de telegrafía óptica… Y fue el encargado de redactar el proyecto de Ensanche de Madrid, de gran importancia para el futuro de la villa.

Plano del Anteproyecto de Ensanche de Madrid

El plano fue firmado por Castro el 1 de mayo de 1859.

Su “Memoria descriptiva del Anteproyecto de Ensanche de Madrid”, firmada como Inspector de Distrito del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, fue aprobada por Real Decreto de 19 de julio de 1860.

El arquitecto fue nombrado Director del Ensanche y su proyecto recibió el nombre de Plan Castro.

El anteproyecto implicaba el derribo de la Cerca que rodeaba Madrid desde el siglo XVII, ordenada levantar por el rey Felipe IV en 1625. El derribo no se llevó a cabo hasta 1868. Ese año, tras el exilio de la reina Isabel II, Castro fue cesado del cargo de director del Ensanche.

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Cuatro años antes, en 1864 Carlos María de Castro proyectó su propia residencia, un palacete en la entonces naciente calle de Fernando el Santo, en el barrio de Almagro, distrito de Chamberí.

Plano de Madrid, 1866.

Su propia casa era un buen ejemplo de los palacetes que se fueron construyendo en los barrios acomodados, Chamberí y Salamanca, proyectados por él mismo. En la calle de Fernando el Santo se conservan algunos, el antiguo palacete del marqués de Argüeso –actual sede de la Embajada Argentina–, el palacete de Sánchez de Toca –Embajada de Brasil–, el del marqués de Linares, el palacio de los marqueses de Casa Riera y la casa-palacio de Carlos María de Castro.

En 1878 fue reformada por Tomás Aranguren para su nuevo propietario, el conde de Heredia-Spínola, el militar y político Luis Martos, que entre otras cosas había sido Alcalde de Madrid.

El palacete consta de dos plantas, además de un semi-sótano y un ático. Las dos plantas están unidas por una doble escalera con barandilla de hierro forjado y pasamanos dorado.

Las habitaciones y salones se asoman a la calle Fernando el Santo y al jardín.

Único recuerdo de lo que pudo ser la casa-palacio son las molduras y rosetones de yeso de los techos y las carpinterías de madera de puertas y ventanas.

La fachada posterior que da al jardín tiene dos torreones de inspiración medieval.

El jardín tiene un bonito pavimento de ladrillo con forma de la llamada espina de pez.

Al otro lado de la parcela se conservan dos construcciones auxiliares de ladrillo.

Y en un lado, no podía faltar la fuente.

En la fachada una placa recuerda que Carlos María de Castro, arquitecto y tracista del Ensanche madrileño, lo construyó y allí vivió. El texto puede resultar equívoco, pues el arquitecto no vivió aquí desde 1810 hasta 1893, esas son las fechas de su nacimiento y muerte. En 1878, como vimos, la propiedad había pasado a otras manos.

Su prolífica carrera terminó con su jubilación en 1881, aunque nunca abandonó la actividad completamente, llevando a cabo trabajos técnicos, hasta su muerte en 1893, en Madrid.

El bonito palacete en el siglo XX fue propiedad de Banesto, después pasó a manos de otros propietarios. En la actualidad se alquila para eventos de lujo.

Por: Mercedes Gómez

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Estos días acoge el Mercadillo de Hanbel 2018, marca de muebles y artículos de decoración.

Calle Fernando el Santo, 14.

Abierto todos los días con horario ininterrumpido de 11 a 20 horas, hasta el 4 de Junio.

Francisco de Goya pintó La última Comunión de San José de Calasanz en 1819 para la Iglesia de San Antón del colegio de las Escuelas Pías en la calle Hortaleza de Madrid.

Goya recibió el encargo del rector de la iglesia, que aceptó de muy buen grado se cree que por su condición de antiguo alumno de los escolapios en Zaragoza. En la actualidad el cuadro que se expone en la iglesia es una copia.

La pintura original está en la Capilla de la Orden de las Escuelas Pías de la Provincia Betania, en la calle de Gaztambide nº 65.

El edificio en el que se encuentra fue construido en 1960 por el arquitecto Cecilio Sánchez-Robles, autor de varias obras de arquitectura religiosa en los años 50-60 del pasado siglo XX.

El cuadro pintado por Goya está en el altar de la sencilla capilla que se creó para acoger la obra. Recordemos que en 1989 el Colegio de las Escuelas Pías de San Antón en la calle de Hortaleza había sido vendido y el edificio vivió un periodo de abandono. Tras su limpieza y restauración en 1994, de las que se encargó el Museo del Prado, el lienzo pasó a su nuevo emplazamiento, en la residencia de Gaztambide.

Como se puede leer en el letrero del marco, es un depósito del Colegio de Padres Escolapios de San Antón.

Es un gran cuadro de altar, óleo sobre lienzo, firmado, de 250 x 180 cm. La firma de Goya se aprecia perfectamente en el extremo inferior izquierdo, “Franco Goya, año 1819”.

Goya (1746-1828) cuando realizó esta obra –hacía cerca de dos siglos que había muerto José de Calasanz (1557-1648)– estaba ya en su última época, la misma en la que comenzó a realizar las Pinturas negras en su Quinta cercana al Manzanares. Tenía 73 años.

La pintura es tenebrista, un juego de luces y sombras. La escena tiene lugar en una iglesia oscura, iluminada únicamente por potentes rayos de luz que llegan hasta el rostro de San José de Calasanz, que arrodillado, con las manos juntas, recibe la comunión. El sacerdote acerca la Sagrada Forma al santo. Solo el blanco y el dorado de la casulla del padre y el cojín rojo sobre el que se apoya el santo se apartan de los grises y negros dominantes.

“Llama la atención la disposición espacial y luminosa que revela la lección aprendida de Las Meninas de Velázquez con la que Goya buscó deliberadamente crear la ilusión óptica de que el espacio real de la iglesia se prolongaba en el espacio imaginado del lienzo”. (Museo del Prado).

La pintura expresa la gran religiosidad de José de Calasanz, que muestra un aspecto agonizante. Para esta imagen Goya utilizó la mascarilla mortuoria del santo.

Forman parte de la escena además del santo y el padre que le ofrece la comunión otros sacerdotes y varios niños del colegio.

Los padres escolapios guardan un esquema dibujado y escrito a mano, firmado por J.L. Monge, con los personajes pintados por Goya y la indicación de a quién representan algunos de ellos.

Los personajes principales son, con el nº 1, el Padre Vicente Berro, contemporáneo del santo, aunque más joven, y con el nº 2, San José de Calasanz.

Entre ambos (la figura nº 3) se ha identificado a un canónigo amigo de Goya.

A la izquierda, junto al marco (nº 4), J.L. Monge identifica al propio pintor, Francisco de Goya, que habría utilizado el recurso del autorretrato, tal como por cierto ya hizo Velázquez en sus Meninas.

Junto a él el otro rostro (nº 5) corresponde a Camilo Goya, su hermano, que era párroco en Chinchón, Madrid.

Al otro lado, los niños, alumnos del colegio. Los dos a la derecha, en primer plano, se indica que son Mariano, nieto de Goya, hijo de Javier, a su vez hijo de Goya; y junto a él se ha identificado al escritor Víctor Hugo que estudió en el colegio de San Antón de la calle Hortaleza de Madrid.

Acompañan el conjunto varias Figuras Negras, preludio de las pinturas que poco después crearía Goya.

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Hace unos días se ha conocido la noticia, dentro de unos meses la extraordinaria pintura de Francisco de Goya se podrá contemplar en el Museo del Prado.

Con motivo de la celebración del bicentenario del museo que fue inaugurado en 1819, el mismo año en que fue pintado el cuadro, los padres escolapios lo prestarán para su exposición temporal, durante un año, prorrogable a dos.

El cuadro volverá al Museo del Prado el próximo mes de octubre o noviembre por tercera vez. Antes de su restauración en 1994 como hemos comentado, La última comunión de San José de Calasanz se expuso en 1983 en la muestra Goya en las Colecciones madrileñas.

TVE emitió un programa dedicado a esta pintura y su estancia en la gran Pinacoteca el 9 de mayo de 1983 en la serie Mirar un cuadro.

Ahora, por un año, tal vez dos, volverá a ser cuidado por el Museo del Prado y allí podremos admirarlo.

Por : Mercedes Gómez

El próximo miércoles 16 de mayo a las 17,30 h. tendremos la oportunidad de participar en una visita guiada gratuita al recinto ferial de la Casa de Campo de Madrid.

El paseo se enmarca dentro del Programa esPATRIMONIOdescúbrelo, organizado por Dolores Muñoz, del que hemos hablado aquí en repetidas ocasiones pues gracias a él hemos disfrutado de magníficas visitas, por ejemplo al Hipódromo de Madrid, por citar una de las más recientes. Este año el ciclo está dedicado al Movimiento Moderno y los grandes Maestros del siglo XX.

Como siempre, la visita será guiada por un especialista en la materia, en este caso el arquitecto José de Coca Leicher, autor de la tesis doctoral El recinto ferial de la Casa de Campo de Madrid (1950-75).

Accederemos al interior del Pabellón Palacio de Cristal donde podremos escuchar y aprender sobre todo lo relativo al edificio, al recinto ferial y sus características arquitectónicas.

También disfrutaremos de un recorrido por los alrededores contemplando el exterior de algunos pabellones hoy sin uso, con el fin de conocer su historia. Los Pabellones creados para la Feria Internacional del Campo en varias ediciones, del INI, de los Hexágonos, etc. En la construcción de este Recinto Ferial participaron algunos de los arquitectos más notables del tercer cuarto del siglo XX.

(Pulsar para ampliar)

Las plazas son limitadas, es necesaria la inscripción previa enviando un correo a: espatrimonio@marcologico.es

Espero que sea de vuestro interés.

Mercedes Gómez

 

Hace tiempo visitamos la Casa Palacio del conde de Guaqui, que actualmente forma parte de las dependencias del Museo Thyssen. Recordemos que su autor fue el arquitecto Cesáreo Iradier que en 1917 la construyó inspirándose en el estilo antiguo del renacimiento español, utilizando elementos que se convertirían en característicos de la arquitectura de comienzos del siglo XX, historicistas y regionalistas. Como hemos visto en otras ocasiones, en aquellos tiempos destacaba el uso que hicieron los arquitectos de las artes decorativas, como la escultura, la vidriera, el hierro forjado y la cerámica, en la construcción de casas palacio para la aristocracia y edificaciones para instituciones.

Antes que el palacio para el conde de Guaqui, en 1909 Iradier ya había construido un edificio de Viviendas para el conde de Artaza, en la calle Marqués de Villamejor nº 6.

Calle Marqués de Villamejor, 6

Se observan algunos detalles decorativos modernistas en los balcones y las rejerías.

También en el sencillo interior del portal.

Como curiosidad diremos que en esta casa vivió otro arquitecto singular, Fernando García Mercadal, como recuerda la placa municipal instalada en 1991 en la fachada.

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Para el mismo conde de Artaza, Iradier proyectó en 1915 el edificio que se considera fue su obra maestra.

El edificio originalmente de Viviendas, comercios y oficinas para el conde de Artaza está situado en la Gran Vía nº 11, con fachadas a la calle del Clavel y Caballero de Gracia. Las obras finalizaron en 1917.

Foto: “La Construcción moderna”, 1917 (Biblioteca Nacional)

Actualmente alberga el Hotel de las Letras.

Hotel de las Letras, 2018.

Tras varias reformas a lo largo del tiempo, ha perdido algunos de los bellos elementos primitivos, como la crestería y pináculos que adornaban la parte superior de la fachada que se aprecian en la foto antigua.

La última reforma tuvo lugar en 2002, a cargo de Marta Torres y Virginia Figueras que proyectaron su rehabilitación para hotel, el Hotel de las Letras, que fue inaugurado en 2005.

Felizmente se conservan muchos elementos decorativos originales.

La cerrajería fue obra de García Nieto y de Bernardo Asins.

La puerta de hierro de la entrada es una obra de arte. Aún conserva el sello del taller de Gabriel Asins.

Cesáreo Iradier utilizó los materiales e instalaciones de mayor calidad, a cargo de la mejores empresas en aquellos momentos. No solo la cerrajería de Asins sino los mármoles de Nicoli y Franci, vidrieras de Maumejean, ascensores de Boetticher y Navarro…

Tanto en la fachada como en el interior se utilizó cerámica de Talavera.

Los diseños atribuidos a Francisco Arroyo, que era el director artístico, fueron realizados en la fábrica de Juan Ruiz de Luna.

Los bellos azulejos decoran el portal y la escalera de acceso.

El Hotel de las Letras es un hermoso edificio, uno de los que jalonan la Gran Vía madrileña, de los primeros levantados en la segunda década del pasado siglo XX, en el primer tramo de la entonces llamada Avenida del Conde de Peñalver, todos ellos muy lujosos, acordes con el gran proyecto, una maravilla que hoy podemos admirar.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

GALLEGO, Eduardo. “Casa de alquiler en la Gran Vía”. La Construcción moderna. Madrid, 30 marzo 1917. (BNE)
ROCHA ARANDA, Óscar da: El Modernismo en la arquitectura madrileña. Génesis y desarrollo de una opción ecléctica. Madrid, 2009.
monumentamadrid.es

 

 

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