Continuando con mi tradición veraniega de publicar un artículo contando la historia de algún lugar visitado en tierras catalanas, este año os invito a conocer el Monasterio de Pedralbes y especialmente su Capilla de San Miguel, decorada con extraordinarias pinturas murales del siglo XIV.

El Monasterio de Pedralbes fue fundado en 1327 por la reina Elisenda de Montcada, cuarta esposa del rey Jaime II de Aragón (1267-1327). Dedicado a Santa María, fue ocupado por monjas clarisas. Una pequeña comunidad de once monjas continúa viviendo en nuevas dependencias junto al antiguo monasterio, hoy convertido en un magnífico museo.

El lugar elegido para su construcción fue Sarriá, una localidad que fue independiente hasta 1921, año en que fue anexionada al municipio de Barcelona. Pedro Texeira la representó en su Atlas del Rey Planeta, que ya vimos cuando visitamos otra población próxima, Cornellá.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

En Sarriá, que hoy pertenece al distrito barcelonés de Sarriá-San Gervasio, se encontraba la zona de Pedralbes.

Pedralbes proviene del latín, petras albas (piedras blancas), nombre documentado desde finales del siglo X.

Pedro Texeira. Atlas del rey Planeta.

A lo largo de los años el monasterio primitivo se fue ampliando con nuevas estancias. Hoy día el conjunto es un bello ejemplo del arte gótico. Originalmente estaba rodeado por una muralla de la que solo se conservan dos puertas y sus respectivas torres de vigilancia.

La iglesia es uno de los elementos más antiguos, los monarcas colocaron la primera piedra el 26 de marzo de 1326.

Es de una sola nave, con capillas a los lados, cubierta con bóvedas de crucería.

Original del siglo XIV es también el claustro gótico que consta de dos galerías con veintiséis columnas de piedra a cada lado y de un tercer piso levantado posteriormente a modo de buhardilla.

El techo es de madera y los capiteles, que sostienen bellos arcos ojivales, están decorados con los escudos de la casa real y de la familia Montcada.

En el patio se ha recreado un Jardín medieval en el que se cultivan plantas medicinales, convertido así en un jardín entre científico y espiritual.

Alrededor del claustro se organizan las dependencias del monasterio. La sala capitular, la cocina, el dormitorio, la abadía, el refectorio, las procuras…

Las procuras, así llamadas porque estaban a cargo de la procuradora del monasterio, responsable del abastecimiento, era el lugar donde se almacenaban los alimentos, utensilios y herramientas del huerto.

Desde sus comienzos se dispuso de una enfermería que pronto necesitó reformas; los espacios que hoy se pueden ver son del siglo XVI, construidos en 1568 gracias a la donación de 600 ducados de oro del rey Felipe II.

Las pequeñas celdas de día, algunas de las cuales hoy se pueden contemplar, adornadas como capillas, son del siglo XVI al XX, aunque la mayoría de las que se conservan son modernas.

Las estancias, con su mobiliario y objetos, nos explican cómo era la vida conventual. La cocina, situada junto al refectorio o comedor, utilizada desde el siglo XIV hasta 1983, es testigo del paso del tiempo y de las diferentes épocas.

El dormitorio es otro de los espacios más antiguos, del siglo XIV, junto con la iglesia y la planta baja del claustro, como vimos. El techo data del año 1533. Fue remodelado en 1990 siendo convertido en una espectacular sala de exposiciones.

Uno de los tesoros del monasterio sin duda es la capilla de San Miguel, decorada con pinturas murales realizadas en 1345 por el pintor Ferrer Bassa.

Fueron encargadas por la segunda abadesa del monasterio, sobrina de la reina Elisenda, Francesca ça Portella.

Con el tiempo la capilla tuvo diversos usos, fue archivo, fue utilizada como guardarropa –quedando ocultos los murales–, se abrieron ventanas… A finales del siglo XIX las pinturas fueron descubiertas y valoradas, interés que felizmente ha ido en aumento. En el siglo XX fueron restauradas por primera vez. Y en la actualidad han sido objeto de un largo y minucioso proceso de restauración.

La capillita, después de más de diez años cerrada al público, ha sido reabierta hace pocas semanas. La exposición Murales divinos los muestra espléndidos, intentando recordar lo que debió ser una estancia resplandeciente, envolvente, destinada a la meditación.

Bajo un techo-cielo estrellado, los murales de la diminuta estancia estaban destinados a deslumbrar con sus tonos dorados y plateados realizados con láminas finas de estaño, plata y oro, lamentablemente perdidos.

Los primitivos muros blancos, gracias a las pinturas de Ferrer Bassa, se transformaron en un intenso fondo azul para las escenas, azul de azurita, que con el tiempo y la aplicación de fijadores se fue oscureciendo. Gracias a la restauración ha recobrado parte de su esplendor.

Las pinturas, de carácter italianizante, innovadoras en su momento, fueron ejecutadas con una técnica mixta: al fresco y al seco. Se han conservado mejor los frescos que las realizadas al temple o al óleo, más afectadas por desprendimientos.

Los especialistas han considerado que tienen influencia de varios maestros, Giotto entre ellos. Los espacios representados son tridimensionales, con tratamiento de la perspectiva, y las figuras muy expresivas.

Varios paneles explican la iconografía que se inspira en las devociones marianas y representa la Pasión de Cristo, los gozos de la Virgen y varias figuras de santos. La narración discurre de izquierda a derecha en franjas.

Se han eliminado repintes y retoques antiguos que ocultaban el original.

La restauración también ha permitido descubrir los mármoles fingidos, puro trampantojo, del nivel inferior, antes tapados.

Por : Mercedes Gómez

———

Más información:

Monasterio de Pedralbes

Murales divinos. Capilla de San Miguel Monasterio de Pedralbes. Ajuntament de Barcelona, 2018.

Anuncios