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Con motivo de la celebración del último programa municipal Madrid Otra Mirada, he tenido el placer de visitar la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Comunidad de Madrid, en la calle de Guillermo Rolland –antigua calle de las Rejas– esquina calle de la Bola.

Tanto la escuela como el edificio que la acoge han tenido una historia interesante y azarosa que os invito a conocer.

 

El edificio

Los orígenes del edificio se remontan a finales del siglo XVI o comienzos del XVII, aunque la historia del solar sobre el que se asienta es más antigua.

Recordemos que en el siglo XV existió la llamada Cerca del Arrabal. Su trazado es bastante desconocido por la falta de restos pero se cree que partía de la muralla medieval, en las proximidades del Alcázar y de la Puerta de Valnadú, y subía por la calle de la Encarnación ­–actualmente calle de la Bola–, para dirigirse hacia la Puerta de Santo Domingo.

Calle de la Bola

Es imposible no pensar en la antigua Cerca al contemplar esos zócalos de pedernal de la antigua casona que de ser cierto el trazado habría sido levantada junto a la tapia que rodeaba los arrabales medievales, en su cara extramuros, o tal vez utilizándola.

Sabemos por la Planimetría General que la casa nº 2 de la manzana 409, en esta esquina que nos ocupa, propiedad de la Marquesa de Miraval a mediados del siglo XVIII, estaba formada por tres solares. El primero de ellos había pertenecido al Secretario Juan de Cirica, quien la privilegió en 10 de noviembre de 1612.

Recordemos que las casas privilegiadas eran las que se libraban de la carga material o regalía de aposento a cambio de un canon monetario anual y fijo, mientras durara el privilegio, que podía ser temporal o perpetuo.

Y así consta en la relación de solicitud de licencias de exención de aposento, con el interés añadido de que se recoge la descripción de la casa.

En las Consultas del mes de enero del año 1609 consta que Juan de Ciriza secretario del rey decía que “él tiene de aposento una casa en la calle de las casas del marqués de Poza y que por ser tan corta y vieja y maltratada le ha obligado a comprarla para poder vivir en ella y para ello le es fuerza labrarla, razón por la que solicitaba merced de exención perpetua o en su defecto por seis vidas”.

Los aposentadores informaban que la casa tenía de delantera 48 pies y de fondo 98 (algo más de 14 metros por cerca de 30) y que la tenía de aposento el propio Juan de Ciriza o Cirica.

Años después Pedro Texeira la dibujó en su plano. En el siglo XVII el barrio entre Santo Domingo y el Convento de la Encarnación se había convertido en un reducto de la nobleza y de altos funcionarios, entre ellos se encontraba nuestro personaje, Juan de Cirica, secretario del rey.

Plano de Texeira (1656) (detalle)

Hoy día se conservan los muros de ladrillo y, como decíamos, los evocadores zócalos de sílex o pedernal.

Cita Fernando Valenzuela –en el artículo incluido al final en la bibliografía– a Antonio Bonet Correa, quien afirma:

Es una de las pocas muestras que quedan de principios del XVII. La puerta es probablemente de Francisco de Mora o de Juan Gómez de Mora

El revoque y la cornisa son del XVIII…”

En la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid aparece mencionado como antiguo palacio de la Regalía y del conde de Bornos, de 1770, año en que debieron acometerse esas obras.

Sufrió incendios, abandono, riesgo de demolición en los años 70 del siglo XX… milagrosamente se salvó. En 1980 lo compró el Estado y el arquitecto García de Paredes se encargó del proyecto de restauración y ampliación. Fue añadido un nuevo piso, que solo se aprecia desde el interior.

Fue destinado a ser la sede de la Escuela de Restauración.

Además de los muros exteriores y la estructura del viejo palacio únicamente se conserva la escalera, que fue restaurada por los propios alumnos.

Ellos igualmente se encargaron de hacer una réplica de la fuente que en el pasado había adornado el desaparecido jardín, la figura del dios Neptuno.

En el sótano existen unas fantásticas bóvedas que seguramente también son antiguas.

Como no podía ser menos en esta zona, nos cuentan que existe un pasadizo hoy cerrado, con dirección al Palacio Real.

 

La Escuela

El origen del centro es el antiguo Instituto de Restauración y Conservación de Obras y Objetos de Arte, Arqueología y Etnología, creado en 1961 (actual Instituto del Patrimonio Cultural de España, IPCE). Ocho años después se creó la Escuela. En 1977 ambos centros quedaron separados y la Escuela pasó a depender del Ministerio de Educación. En la actualidad depende de la Comunidad de Madrid.

Al principio la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales no tenía sede propia, durante un tiempo estuvo en el Museo de América, hasta que por fin, como vimos, pudo instalarse en esta antigua casa palaciega, donde felizmente continúa.

Hoy día basa su plan de estudios en una formación multidisciplinar que consta de cuatro cursos. Los dos primeros de formación general, común a todos los alumnos, y los dos últimos de formación específica, en distintas disciplinas: Pintura, Escultura, Documentos gráficos y Bienes arqueológicos. Pendientes de implantación están Mobiliario y Textiles.

Durante nuestra visita tuvimos ocasión de conocer el trabajo que desarrollan en varios talleres, lógicamente solo algunos de la completa lista de asignaturas que integran cada uno de los cursos.

 

PINTURA

Además de la historia y de la teoría del arte, los estudiantes se enfrentan a la práctica de la pintura. Estudian todas las épocas, estilos, técnicas y materiales. Cada alumno analiza la pintura, las mezclas de colores utilizados, etc. Entre las obras que vemos hay dos sargas.

En el taller de restauración contemplamos fascinados el minucioso trabajo que llevan a cabo.

Finalmente entramos en el aula de pintura mural donde vamos a encontrar piezas muy interesantes, una pintura sobre vidrio del Palacio de Fernán Núñez, una obra de la Colegiata de San Isidro, una pintura del Monasterio de Sancti Spiritus de Toro… incluso alguna sorpresa emocionante: parte de los fragmentos de las pinturas medievales procedentes de la ermita de Santa María la Antigua de Carabanchel.

 

ESCULTURA

Seguidamente nos explicaron cómo funciona el taller de restauración de escultura policromada. Casi todo el espacio estaba ocupado por las piezas de un extraordinario retablo de la Catedral de Cuenca. Desmontadas, una a una están siendo restauradas para devolverle su esplendor.

 

DOCUMENTOS GRÁFICOS

Aquí los profesores nos explicaron cómo llevan a cabo la delicada restauración de abanicos, pergaminos, material fotográfico, etc.

Obra del Convento de las Carboneras

 

BIENES ARQUEOLÓGICOS

Finalmente conocemos algunos de los trabajos de restauración de piezas arqueológicas, en estos momentos ocupados con piezas de época islámica. Restos de un asta de ciervo, parte de un arco de piedra, un canecillo tallado procedente de Murcia del siglo XIII…

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Finalmente nos mostraron otras de las herramientas que utilizan para sus trabajos, una impresora 3D en pleno funcionamiento, el laboratorio fotográfico, importantísimo para los trabajos previos a la restauración de las piezas, y un laboratorio tradicional que aunque ya no se utilice está disponible para los alumnos.

Fue una visita maravillosa. Si tenéis ocasión no dejéis de conocer esta Escuela que juega un papel importantísimo en la formación de profesionales y en la conservación y restauración de nuestro arte. Más información, en su web.

Mencionar además, para todos los interesados en estos temas, que sin ánimo de lucro desde 1985 publican la revista Pátina.

Para terminar, solo dar las gracias a los profesores y todas las personas que nos atendieron, por todo lo que nos mostraron, explicaciones y su gran hospitalidad.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

VALENZUELA, Fernando. “Notas históricas sobre el edificio de la calle de la Bola-Guillermo Rolland”, Revista Pátina, nº 2, Madrid 1987.
VVAA. Licencias de exención de aposento en el Madrid de los Austrias (1600-1625). IEM, Madrid 1982.
Planimetría General de Madrid.

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El Palacio de Fernán Núñez está situado en la calle de Santa Isabel nº 44, con vuelta a San Cosme y San Damián nº 1. Como ocurre en otros palacios decimonónicos, su exterior no permite imaginar el lujo y riqueza que alberga en su interior.

La entrada a la zona noble suele tener lugar por la escalera principal.

Pero hoy os invito a acceder por la bella escalera privada de sus antiguos inquilinos para conocer su jardín, gracias a las visitas organizadas por Open House Madrid el pasado sábado 30 de septiembre.

Antes conozcamos su historia.

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Los orígenes del palacio se remontan a finales del siglo XVIII cuando estos terrenos estaban ocupados por modestas casas de vecindad con huertas que pertenecían a diferentes propietarios. Era la manzana 18 que casi en su totalidad era propiedad del cercano Convento de Santa Isabel, aunque desde 1618 las monjas habían ido vendiendo solares. El monasterio ocupaba la gran casa nº 10, así aparece reflejado en la Planimetría General.

Planimetría General de Madrid. Manzana 18.

Blas Jover, Secretario de Consejos de Fernando VI, compró algunos solares, comenzando por el sitio nº 7 situado en la esquina entre Santa Isabel y la calle de San Cosme, hoy San Cosme y San Damián, y allí construyó su casa.

Dicha casa nº 7 en 1769 fue adquirida por Miguel José María de la Cueva Velasco, XIII duque de Alburquerque y conde de Fernán Núñez, quien contrató al arquitecto Antonio López Aguado para que la reformara y transformara en un palacio.

León Gil de Palacio. Modelo de Madrid (1830). Manzana 18.

En esta época, entre 1796-1849, ya existía un patio-jardín del cual tenemos información gracias a la extraordinaria maqueta, el Modelo de Madrid (1830) de León Gil de Palacio, que se puede admirar en el Museo de Historia de Madrid.

León Gil de Palacio. Modelo de Madrid (1830). Detalle manzana 18.

Posteriormente, a mediados del siglo XIX, Felipe María Osorio y Castelví, duque de Fernán Núñez y conde de Cervellón, adquirió la casa nº 8 y la huerta colindante con el Colegio de Santa Isabel. El palacio primitivo fue reformado y ampliado, y su interior fue distribuido irregularmente en torno a varios patios; se construyó una nueva fachada, la que hoy día contemplamos, y el jardín modificó su aspecto y uso. La obra se atribuye a Martín López Aguado, hijo de Antonio.

Entre 1860 y 1870 junto al jardín se construyó la estufa o serre –así aparece nombrada en las revistas y diarios de la época–, un precioso invernadero que se convertiría en protagonista de la vida social del palacio como atestiguan las numerosas crónicas.

El Madrid de los años 70 del siglo XIX está representado en el plano de Ibáñez de Íbero en el que el palacio y sus patios están bien detallados. El invernadero aparece dibujado junto al jardín.

El Palacio de Fernán Núñez en el plano del Gral. I. Íbero (h. 1875)

Era una galería abovedada de hierro y cristal, con tres puertas en una de sus fachadas que se comunicaban con el jardín.

Una vez más las fotografías de Jean Laurent conservadas en el Archivo Ruiz Vernacci, realizadas por esas mismas fechas, alrededor de 1875, nos muestran cómo era la galería, adornada con todo tipo de árboles y plantas. Palmeras, plátanos… hortensias… En su interior también había una fuente con una figura de mármol.

Laurent “Palacio de Fernán Núñez. La galería”. (1860-1886). Archivo Ruiz Vernacci. Fototeca del Patrimonio Histórico (IPCE).

El invernadero recibía, además de la luz del sol, el calor que le proporcionaba un calorífero, el agua caliente que circulaba bajo el pavimento, bajo unas glorias o rejillas metálicas, que se aprecian perfectamente en las fotografías de Laurent y que se conservan, como veremos.

Recibía el nombre de Galería de Otelo porque entre otras cosas allí había una escultura de mármol que representaba este personaje.

Laurent “Palacio de Fernán Núñez. La galería de Otelo”. (1860-1886). Archivo Ruiz Vernacci. Fototeca del Patrimonio Histórico (IPCE).

Como decíamos, las revistas de la época dejaron constancia de los encuentros sociales y las fiestas que allí tuvieron lugar. En 1884 se celebró en el palacio un baile que la Ilustración Española y Americana describió e ilustró con uno de sus famosos grabados.

El baile en casa de los duques de Fernán Núñez. Aspecto de la “serre” donde se sirvió el “buffet”. La Ilustración Española y Americana 15 marzo 1884 (BNE)

A comienzos del siglo XX se produjo una nueva reforma, obra de Valentín Roca y Carbonell, nuevo arquitecto de la casa ducal.

El Jardín fue rediseñado y se añadió una terraza de mármol con escaleras, que sigue existiendo; nuevas losas cubrieron todos los elementos decorativos. El estanque de la fuente fue realizado con el mismo material.

Pérez Rioja. “Jardín del palacio de Fernán Núñez” (1937), Junta del Tesoro (IPCE).

Después de la guerra tras ser adquirido el edificio por la Compañía de Ferrocarriles, luego Renfe, fue restaurado. Nuevas reformas tuvieron lugar en 1973.

(Foto 2007)

A estas últimas obras se cree que se debe la configuración actual del jardín.

(Foto 2017)

El invernadero desapareció, aunque su estructura se mantuvo. Los muros de cristal fueron sustituidos por muros de fábrica con tres grandes ventanales.

Hoy es un moderno Salón de Actos.

En el suelo, como comentábamos, aún se conservan las glorias, las mismas que aparecen en las fotografías de Laurent.

La fuente que estaba en el interior también desapareció; la figura de mármol que la adornaba –que también vimos en la primera foto de Laurent– fue trasladada al jardín, donde continúa.

Las especies arbóreas que hoy existen, como el hermoso magnolio central, debieron ser plantadas en dicha reforma de los años 70.

La última restauración del jardín tuvo lugar en 2002 a cargo del arquitecto Javier Contreras.

El Palacio, propiedad de Adif y Renfe, desde 1985 es la sede de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Se puede solicitar la visita en grupos. En su web se encuentra toda la información.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

MARTÍN BLANCO, Paulino. “El Jardín central del Palacio de Fernán Núñez”, Anales de Historia del Arte nº 13, 2003.

BUELGA LASTRA, Luz. “Casa-mansión de los Duques de Alburquerque y de los Duques de Fernán-Núñez: Historia y evolución”. Espacio, Tiempo y Forma, Hist. del Arte, t. V, 1992.

 

El Museo ICO ha inaugurado la exposición Arniches y Domínguez. La Arquitectura y la Vida, un paso más en la magnífica labor que lleva a cabo esta institución en la investigación y divulgación de la mejor arquitectura de los siglos XX y XXI.

Tuve la suerte y el placer de asistir a la presentación el pasado día 4 y a la visita guiada que nos regalaron los comisarios, Pablo Rabasco y Martín Domínguez Ruz, hijo de Martín Domínguez. Fue muy interesante, enriquecedora, bonita y emotiva.

En la planta baja del museo se explica la vida de ambos arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez y su valor como retrato de una época y expresión de un momento social y creativo; su relación pues eran amigos además de colegas, posterior separación debido a la guerra y finalmente el exilio.

La bienvenida nos la dan dos butacas, diseño de los propios arquitectos para los albergues de carretera del Patronato Nacional de Turismo en 1931, utilizadas dos años después en el nuevo pabellón de la Residencia de Señoritas, obra que como vimos Arniches construyó para la Junta de Ampliación de Estudios.

Dos butacas vacías, diseñadas por ambos en los años 20, simbolizan el trabajo en equipo, la amistad y también la ausencia”.

Carlos Arniches nació en Madrid en 1895, Martín Domínguez dos años después en San Sebastián, aunque se trasladó muy joven a la capital y vivió en la Residencia de Estudiantes; ambos estudiaron en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid.

Una foto impagable, hecha por Martín Domínguez, con la Cibeles de fondo, quedó para la posteridad como testigo de una excursión que en marzo de 1921 realizó la Residencia al Museo del Prado.

Excursión Museo del Prado, Residencia de Estudiantes, 21 marzo 1921. Presentes: F. García Lorca y Luis Buñuel entre otros. Foto: Martín Domínguez Esteban.

Arniches y Domínguez formaban parte de la llamada generación del 25 que recibió esa denominación por la admiración que el grupo sintió hacia algunas de las obras expuestas en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales ese año en París. Los dos vivieron el ambiente intelectual madrileño de los años 20 y 30 y las tertulias en los cafés. Incluso crearon alguno, o lo reformaron. Una de sus primeras obras fue el Bar del Palace, hotel en el que tuvieron su estudio, en la planta baja.

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El título, La Arquitectura y la Vida, no es nuevo, ya fue utilizado entre 1926 y 1928, era el de una sección del Diario El Sol en la que ambos arquitectos escribían sobre arquitectura para el gran público.

Lo primero que podemos admirar al entrar en la primera Sala es la extraordinaria maqueta de la Colina de los Chopos, lugar que tantas veces hemos recorrido en este blog y en la que trabajaron nuestros protagonistas.

Maqueta de la Colina de los Chopos en 1936 (R. Guldris y D. Pérez, 1981, CSIC)

Arniches y Domínguez, sus nombres aparecen casi siempre unidos al hablar de la historia de la arquitectura española. Trabajaron juntos en muchos proyectos, desde 1924 hasta 1936, cuando la guerra truncó todo.

Sin embargo su historia va mucho más allá, y ese es uno de los grandes descubrimientos que nos brinda esta muestra.

Desgraciadamente nunca sabremos hasta donde habrían llegado de haber podido continuar su vida y su obra juntos, en Madrid y en España. Sí conocemos que a partir de entonces tuvieron que separarse y vivir el exilio. Arniches, el tristemente llamado exilio interior, y Domínguez dos exilios, primero en Cuba –país que en 1960 tras la Revolución tuvo que abandonar después de haber vivido y trabajado durante 23 años allí–, luego en Estados Unidos, donde trabajó como profesor en la Universidad de Cornell hasta su muerte en 1970.

Arniches había muerto mucho antes, en 1958, en su Madrid natal.

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En la primera planta, en la siempre sorprendente Sala de las Columnas, un atractivo montaje muestra una selección de sus obras, las primeras en común y las que luego realizaron por separado.

Los primeros encargos que recibieron consistieron en la creación de ambientes en los que dieron mucha importancia al mobiliario, iluminación, etc., fueron sus Primeras obras, la definición de un camino (1924-1933). La Granja El Henar, Bar Hotel Palace, Tienda Regent, etc.

Sin duda eran dos grandes artistas, de talento individual, pero lo más importante en aquellos momentos fue el camino que abrieron, el trabajo en equipo que originó obras irrepetibles, hitos arquitectónicos, el camino a la modernidad.

En segundo lugar se expone Arquitectura y Turismo. Los albergues de carretera, considerados la arquitectura del primer desarrollo turístico español (1928-1935).

Otro apartado importantísimo es la aquí llamada Arquitectura para una nueva educación.

Recordemos que en la zona norte de la Colina de los Chopos entre 1931 y 1933 Carlos Arniches y Martín Domínguez construyeron el Instituto-Escuela –hoy Ramiro de Maeztu– y el mítico Auditórium del cual únicamente se conserva el claustro. Como sabemos en su lugar Miguel Fisac construyó la Capilla del Espíritu Santo para el CSIC.

Maqueta de la Colina de los Chopos en 1936 (R. Guldris y D. Pérez, 1981, CSIC) (detalle)

Ya habían edificado el Instituto-Escuela en 1931 cuando en 1933, aunque no se conozca este hecho lo suficiente, colaboraron con Secundino Zuazo en la construcción de los Nuevos Ministerios. Domínguez trabajaba por la mañana en el estudio de Zuazo y Arniches en la Junta de Ampliación de Estudios. Por las tardes, ambos trabajaban en su despacho en el Hotel Palace y ambos colaboraron con Zuazo en esta gran obra, y otras, por ejemplo el Café Zahara y el Bar Miami.

Bar Miami. S.Zuazo, C.Arniches y M.Domínguez. Madrid, 1930

Como remate a su trabajo conjunto, encontramos la obra cumbre, culminación de sus ideas, y última en colaboración, el Hipódromo de la Zarzuela, ambos arquitectos nuevamente con el ingeniero Eduardo Torroja.

Hipódromo de la Zarzuela. Arniches, Domínguez y Torroja. CSIC Informes de la Construcción, vol. 14, 137, 1962.

Después llegó la guerra, la depuración y los exilios.

El exilio interior de Carlos Arniches. Tras cinco duros años en que no pudo ejercer, en el Madrid de los años 40 obtuvo algún trabajo como arquitecto independiente, por ejemplo el Café de la Elipa, la reforma del Café Gijón y la construcción de la Farmacia en la calle de Goya, desaparecida.

Después consiguió trabajos para el Instituto Nacional de Colonización. Se exponen aquí sus interesantes Poblados de colonización realizados en los años 50 en Córdoba y Badajoz.

En el caso de Domínguez la prohibición de ejercer fue declarada a perpetuidad por lo que se vio obligado a abandonar España.

Así, finalmente conocemos la gran obra de Martín Domínguez en el exilio. Primero en Cuba, los edificios y viviendas sociales (1945-1959). Además allí el arquitecto continuó el trabajo que había desarrollado con Arniches en el Diario El Sol, escribiendo artículos divulgativos en el cubano Diario de la Marina.

Y luego en Estados Unidos. Como nos cuenta su hijo, el comisario y también arquitecto Martín Domínguez Ruz, uno de los objetivos de la muestra es rescatar la historia. A veces, el tiempo y el desconocimiento van sembrando dudas. Cuando uno se va los vientos del olvido y las narrativas interesadas borran las huellas del pasado.

Seguro que esta exposición y el magnífico Catálogo ayudarán a evitarlo y dar a conocer la verdad sobre el gran trabajo de estos dos arquitectos cuyo primer objetivo era el servicio a la sociedad, la arquitectura como escenario de la vida.

Cerremos el artículo volviendo a su última obra conjunta, el Hipódromo. Al término de la guerra a Arniches no se le permitió finalizar lo que había proyectado con Domínguez y Torroja. Y las tribunas de esta singular construcción fueron atribuidas al ingeniero en exclusiva cuando en realidad fueron obra de los tres.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía

VVAA. Catálogo Arniches y Domínguez. RABASCO, Pablo y DOMÍNGUEZ RUZ, Martín (eds.). Museo ICO y Ed. Akal, Madrid 2017.

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Museo ICO
Calle Zorrilla, 3
Arniches y Domínguez. La arquitectura y la vida.

Del 4 de octubre al 21 de enero de 2018
Horario: de martes a sábado, de 11 a 20 h.; domingo y festivos, de 10 a 14 h.
Entrada gratuita.

 

 

El emir de Córdoba Muhammad I fundó Mayrit, una pequeña ciudad amurallada origen de Madrid, hacia el año 865. Probablemente por entonces ya vivían en la zona algunos grupos de población musulmana pero fue en la segunda mitad del siglo IX cuando los árabes se establecieron de forma organizada en nuestras tierras, primero con un objetivo meramente militar.

La recia muralla del primer recinto mayrití, además de algunos portillos, tenía tres puertas, la de la Sagra al norte, la de la Vega al oeste y la de la Almudena al este.

Primer recinto madrileño. Maqueta Museo de San Isidro (detalle).

La Puerta de la Vega es la mejor conocida, gracias a los documentos y sobre todo gracias a las excavaciones arqueológicas. Se cree que estaba formada por una entrada recta, típica del modelo de época emiral y califal, como apuntó el profesor Manuel Montero Vallejo.

Puerta de la Vega (recreación Museo de San Isidro)

Desde esta Puerta de la Vega una vía principal atravesaba la medina de Mayrit hasta la puerta oriental, la puerta o Arco de la Almudena conocida también como de la Mezquita por su proximidad al templo, situado en el lugar donde luego se levantaría la iglesia cristiana que conservó el nombre antiguo, Santa María de la Almudena.

El Arco de la Almudena debía ser muy sencillo –según modelos de la arquitectura islámica de los siglos IX al XI, como decíamos–, la construcción justa para cumplir su función, permitir la entrada y la salida de la fortaleza por el camino que llevaba a Guadalajara.

En este caso sí hay constancia documental pero no arqueológica; a falta de una excavación, no hay que descartar que existan restos bajo la calle Mayor, entre el Palacio de Uceda y el comienzo de la calle del Factor.

Del Arco de la Almudena partían dos caminos que con el tiempo se convertirían en las dos vías más importantes del Madrid medieval, futuras calle del Arco de la Almudena y de la Puerta de Guadalajara, actuales calles Sacramento y Mayor.

Los especialistas coinciden en que el Arco de la Almudena debía ser similar a la Puerta de la Vega, con salida recta, según Montero Vallejo muy parecida a la de la Bisagra vieja o la de Valmardón en Toledo.

Puerta de Bisagra antigua, Toledo (siglo X) (Foto: Wunderlich, 1915-30, del IPCE)

Lo confirma su única representación conocida, la del croquis de Villarreal del año 1549 que ya vimos cuando visitamos el Palacio de Abrantes en la manzana 440.

Croquis de Villarreal, 1549 (detalle) (Real Chancillería de Valladolid. Ministerio de Cultura)

La Puerta, que pasó a denominarse de Santa María, sobrevivió varios siglos pues era fortísima de pedernal, tal como escribió López de Hoyos y recogió Jerónimo de la Quintana en 1629 en su “A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid…”

Aunque en los comienzos del siglo XVI ya estaba muy deteriorada. Tenemos constancia de ello porque a lo largo del mes de junio de 1515 el Concejo madrileño reunido habló en varias ocasiones de su derribo y así lo reflejó en sus actas o Libros de Acuerdos. El 1 de junio se acordó que se acabe de derribar lo del arco de la Almudena...

Quince días después las actas recogen el acuerdo de que se saque… la piedra de lo que se cayó del arco de la Almudena e lo haga llegar a la puente de Valnadú. Estamos ante un ejemplo más de las eternas reparaciones y reutilizaciones de piedra de las murallas que se llevaron a cabo en el Madrid medieval.

Casi un mes después, el sábado 14 de julio, ante una situación que parecía suponer un verdadero peligro para los vecinos, el Concejo acordó que:

… porque la torre y arco de la Almudena se empezó a caer y se cayó, de suyo, un pedazo de ella, y lo que queda está en mucho peligro y en perjuicio de los que por allí pasan, que se quejan porque no la derriban, y de los vecinos que tienen junto a ella casas, y por ver en ello y tener el dicho arco, como está, no viene provecho a la villa, antes daño, que mandaran e mandaron derribar el dicho arco y la torre que está peligrosa.

El asunto parece que se demoraba, aunque por fin el 20 de julio mandaron que para derrocar la Puerta de la Almudena se asignaran ocho peones para que la derriben nuevamente.

Pero la puerta debió ser reparada o reformada pues siguió existiendo hasta al menos 1569 en que finalmente fue demolida.

Como ya contamos, en el interior del Palacio de Abrantes admiramos un muro de piedra caliza y pedernal de unos cinco metros que discurre paralelo a la calle Mayor, perpendicular a la del Factor.

Debe corresponder al comienzo del lienzo y el cubo de la muralla árabe que Villarreal dibujó en el siglo XVI.

Una placa en la fachada de la calle Mayor 84, manzana 435, recuerda que junto a este lugar se situó hasta 1569 la Puerta o Arco de Santa María perteneciente a la muralla de la Almudena, fortaleza del Madrid musulmán.

Los restos de la Puerta, si es que existen, no deben estar muy lejos.

Por : Mercedes Gómez

 

La Junta de Ampliación de Estudios en 1910 creó la Residencia de Estudiantes, inspirada en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza –que, como hemos comentado en otros artículos, había sido impulsada por Francisco Giner de los Ríos–.

Después se fundó el grupo femenino, la Residencia de Señoritas, que abrió sus puertas en octubre de 1915 bajo la dirección de María de Maeztu.

Sus antecedentes se encuentran en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer fundada por Fernando de Castro, pero se puede considerar que la Residencia de Señoritas fue el primer centro español creado con el objetivo principal de fomentar la educación superior femenina, con el deseo de dar paso a la igualdad y a la emancipación de la mujer.

 

Calle Fortuny

La Residencia de Señoritas fue inaugurada en un pequeño hotel con capacidad para treinta estudiantes en la calle Fortuny nº 14 (luego nº 30) cuando el grupo masculino que lo ocupaba se trasladó a su nueva sede en la Colina de los Chopos.

Calle Fortuny 14 (luego nº 30) (Foto: Residencia de Estudiantes, residencia.csic.es)

Quince años después de su fundación, en 1930, la Residencia de Señoritas estaba instalada en diez hoteles con jardín en la calle Fortuny números 30 y 53. Llegó a ocupar doce edificios con una capacidad para trescientas plazas. Los hotelitos se encontraban entre las calles de Fortuny y Rafael Calvo.

Jardines Pabellones Fortuny-Rafael Calvo (Foto Fundación Ortega y Gasset)

La Residencia de Señoritas no alcanzó tanta fama como la de Estudiantes varones pero sí todo el prestigio y riqueza cultural. En 1931 allí se alojó la investigadora Marie Curie cuando visitó Madrid para impartir dos conferencias, una de ellas en la propia Residencia. Y es solo un ejemplo. Importantes figuras de la cultura la visitaron y de sus aulas salieron profesionales con una gran formación que llegaron a tener una importancia decisiva en la renovación del papel de la mujer, su incorporación al estudio y al trabajo, y para la sociedad en general. Investigadoras, escritoras, pintoras…

Varios grupos de residentes se instalaron en un palacete en el nº 53 de la calle Fortuny.

Fortuny, 53 (1930) (Revista Crónica, BNE)

El palacete, pabellón original que se conserva en el interior de la parcela, data de 1900. También la bonita fuente de hierro coronada por una piña que aparece en la foto antigua.

Fortuny, 53 (2017)

El mirador, habitación conocida en el pasado como La Rotonda, igualmente aún se asoma al bello jardín.

La Rotonda. Nuevo Mundo (1923) (BNE)

Pabellón Fortuny (2017)

El edificio fue reformado por Carlos Arniches en 1932 –que por entonces como veremos construyó un nuevo pabellón en la esquina con la calle Miguel Ángel–.

Pabellón Fortuny 53 (2017)

 

 

Instituto Internacional de Señoritas

La Residencia desde sus comienzos contó con la ayuda del Instituto Internacional de Señoritas de España, institución norteamericana dedicada a la educación femenina que había sido fundada unos años antes y cuya sede se encontraba en la misma manzana, en la calle Miguel Ángel nº 8.

Instituto Internacional de Señoritas (h. 1910) (Foto: Residencia de Estudiantes)

 

Instituto Internacional, calle Miguel Ángel, 8 (2017)

El edificio, de estilo historicista, fue proyectado en 1904-06 por Joaquín Saldaña para la filial española de la institución fundada por Alice Gordon Gulick, el International Institute for Girls in Spain.

Instituto de Señoritas, 12 marzo 1936 (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, Fondo M. Santos Yubero)

En ese proyecto participaron mujeres admirables como María Goyri, investigadora y filóloga –una de las primeras mujeres que estudió Filosofía y Letras­–, casada con Ramón Menendez Pidal; y la escritora Zenobia Camprubí, casada con Juan Ramón Jiménez. Todos ellos, hombres y mujeres, comprometidos con la cultura.

En su interior destacan algunos elementos arquitectónicos y decorativos, sobre todo el vestíbulo, sus columnas de hierro fundido y la escalera.

La Residencia organizó una extraordinaria biblioteca, de catorce mil volúmenes, la mitad cedidos por el Instituto Internacional; ambas bibliotecas se habían fusionado en 1928.

Biblioteca, calle Miguel Ángel 8, h. 1930 (Archivo International Institute in Spain)

La hermosa y rica biblioteca sigue existiendo.

La institución continúa su labor como Instituto Internacional, Centro Cultural norteamericano en Madrid.

Clase del Instituto Internacional al aire libre hacia 1911 (Fototeca del IPCE)

Tanto el edificio como su jardín fueron restaurados en 1990.

 

Pabellón Arniches

Como decíamos, en 1932 La Junta construyó un nuevo pabellón para la Residencia de Señoritas en la esquina del paseo General Martínez Campos con la calle Miguel Ángel, el Pabellón Arniches, así llamado por ser obra del arquitecto Carlos Arniches.

Se trata de uno de los edificios más singulares del racionalismo madrileño.

Pabellón Calle Fortuny 53 y Pabellón Arniches (Fototeca IPCE, Mº Cultura)

El arquitecto diseñó todos los elementos, incluido el mobiliario. Básicamente el nuevo edificio se dedicó a dormitorios; los salones, comedor, el laboratorio, etc. continuaron en el palacete.

Recordemos que por esa misma época Carlos Arniches y Martín Domínguez construyeron el Instituto-Escuela y el Auditórium en la Colina de los Chopos.

El conjunto del Pabellón de Fortuny 53, su jardín y el Pabellón Arniches son hoy la sede de la Fundación Ortega y Gasset inaugurada en 1983.

Una placa en la esquina del paseo General Martínez Campos y la calle Miguel Ángel recuerda a sus antiguas inquilinas, a la Residencia de Señoritas que aquí tuvo su sede desde 1917 a 1936, dirigida por María de Maeztu que trabajó por elevar la formación de la mujer en España.

Merece la pena dar una vuelta a la manzana y evocar su historia.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Exposición Mujeres en vanguardia. La Residencia de Señoritas en su centenario (1915-2015).

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.

El Real Sitio del Buen Retiro fue construido entre los años 1630-40 durante el reinado de Felipe IV como sabemos. En su calidad de sitio real era por tanto propiedad de la Corona y aunque anteriormente se había permitido la entrada al público ocasionalmente o a determinadas zonas, no fue hasta el siglo XIX cuando el Retiro pasó a ser propiedad municipal y el Real Sitio se convirtió en el Parque de Madrid. Tras la apertura al público proliferaron una serie de nuevas construcciones de diversa índole. A los caprichos creados en la época de Fernando VII en el llamado Reservado se sumaron otros edificios, recreativos, hoteleros, artísticos… incluso científicos.

En este último caso se encontraba el hoy llamado Castillo del Retiro.

En algunas publicaciones y blogs se puede leer que este fue uno de los caprichos de Fernando VII obra de su arquitecto Isidro González Velázquez, pero no parece que así fuera. El Castillo fue construido con fines nada caprichosos como veremos, algunos años después de que ambos, tanto el rey –en 1833– como el arquitecto –en 1840– murieran. Su función fue albergar el telégrafo óptico, formando parte de la red de telegrafía que se estaba creando en España.

Las torres telegráficas, además de importantes elementos de comunicación a distancia eran fortines con una función defensiva debido a los problemas que por entonces sufría nuestro país. Aunque, a pesar del aspecto de gran fortaleza que adoptó, precisamente la del Retiro era la menos expuesta a cualquier ataque por su situación en el interior del parque.

Normalmente fueron situadas en cerros para facilitar la comunicación; el castillo fue situado en la parte más alta del parque.

El Castillo del Retiro está situado en el paseo de Coches, frente a la Rosaleda; hoy día un cartel en la fachada cuenta brevemente su historia. En él podemos leer que se construyó en la década de 1840, momento en que las líneas del telégrafo óptico se levantaron a lo largo del país, incluida la Comunidad de Madrid.

Fue Pascual Madoz quien describió en su Diccionario Geográfico publicado en 1848 en qué consistía y cómo funcionaba el Telégrafo. Enumeraba también las torres que había en Madrid; la estación central se había colocado en origen en la torre del antiguo cuartel de Conde Duque, aunque por entonces se acababa de construir otra en la Casa de Correos en la Puerta del Sol. No nombra la del Retiro.

Lo cierto es que parece ser que la construcción de la Torre del Buen Retiro fue aprobada en 1850 para ser creada como cabecera de la línea Valencia-Barcelona. Todo indica que ese año se estaba construyendo, como se puede leer en la prensa de la época.

La torre telegráfica que se está construyendo en el Retiro, además de servir para las líneas de Andalucía y Valencia, puede considerarse como un objeto de adorno. Toda ella será de una arquitectura elegante, y en el primer cuerpo, que es acastillado con tambores en los cuatro extremos, habrá un lujoso gabinete para SS.MM.” (El Católico, 1850)

Por ser cabecera de línea era mayor que otras torres. Su planta era cuadrada con un torreón cilíndrico en cada esquina. Fue representada en La Ilustración en 1851.

El telégrafo óptico del Retiro no aparece en el plano de Coello y Madoz de 1849, sí en el plano de José Pilar de 1866.

1866 (Plano de José Pilar)

El uso de la telegrafía óptica duró muy poco, fue pronto sustituida por la eléctrica, pero se conservan algunas torres en España, entre ellas esta en la ciudad de Madrid, en el parque del Retiro, conocida como el Castillo o castillete.

Entonces el edificio fue destinado a escuela de la nueva telegrafía eléctrica. En 1888 fue cedido por el Ayuntamiento de Madrid para albergar el Instituto Meteorológico.

A. Arcimis. Instituto Meteorológico 1902-04. (IPCE, Mº Cultura)

Conocemos muy bien el edificio en esta época gracias al Archivo fotográfico Arcimis propiedad de la Fundación Duques de Soria de Ciencia y Cultura Hispánica, depositado en el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE). Este archivo tiene una gran valor pues además de su interés científico (historia de la meteorología, aeronáutica, etc) es un gran documento histórico que describe algunas ciudades, entre ellas Madrid, y cuenta la historia del Retiro, del Castillo y del propio Arcimis y su ambiente profesional y familiar.

Arcimis trabajando (h. 1900) (IPCE, Mº Cultura)

El archivo consta de 835 placas de vidrio conservadas en 49 cajas y un visor estereoscópico que pertenecieron a Augusto Arcimis (1844-1910), astrónomo y meteorólogo, importante miembro de la Institución Libre de Enseñanza, que fue el primer director del Instituto Central Meteorológico, actual Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que tuvo su primera sede aquí en el Castillo del Retiro tras su cesión municipal.

Arcimis. Decoración interior Inst. Meteorológico (h. 1900) (IPCE, Mº Cultura)

Posteriormente se añadieron otras edificaciones.

(Pulsar para ampliar)

Un nuevo edificio (“A”) fue construido en 1913 al norte del castillete. El organismo había pasado a llamarse Observatorio Central Meteorológico. El conjunto fue su sede hasta 1963 en que se trasladó a la Ciudad Universitaria.

Edificio “A”. Centro meteorológico AEMET.

Dos más pequeños, uno en 1954 (edificio “C”) y otro en los años 60 (edificio “B”) fueron añadidos al complejo.

El Castillo del Retiro (foto 1910-50). Archivo Ruiz Vernacci (IPCE, Mº Cultura)

Hoy día el Castillo ha perdido todos sus elementos decorativos, las almenas, ventanas ojivales…

Julio 2017

El conjunto, los cuatro pabellones rodeados de un jardín, continúa adscrito a la Aemet. Otro cartel en la fachada muestra el “Proyecto de ejecución del Complejo integrado de Meteorología y Climatología para la Comunidad de Madrid”. Según el texto el proyecto inicial es de 2002. El torreón fue destinado a albergar un Museo de Meteorología y sala de conferencias.

Estamos ante una de tantas historias madrileñas que parecen no terminar nunca. Comenzadas las obras, en 2011 la empresa encargada quebró. En 2014 fueron finalizadas las reformas de uno de los edificios. Ahora continúa esperando la restauración y rehabilitación del Castillo, la antigua torre del telégrafo óptico que esperamos algún día recupere sus elementos originales.

A finales de dicho año 2014 el Ministerio de Medio Ambiente convocó un concurso para la contratación de un “Servicio para la redacción de proyecto de remodelación del edificio “D” (Castillo) de la Delegación Territorial de AEMET en el Parque del Retiro de Madrid”, así consta en el BOE.

Han pasado casi tres años… Parece que hay obras… ¿se va a retomar el proyecto? Los carteles no indican fechas ni plazos.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Diario El Mundo 29 marzo 2017
BOE 17 nov. 2014 nº 278.
SCHNELL, Pablo. “Torres fortificadas del telégrafo óptico en la Comunidad de Madrid”, en Revista Castillos de España, Madrid 2005.
ARIZA, Carmen. Los Jardines de Madrid en el siglo XIX, Ed. Avapiés, Madrid, 1988.
“Los Telégrafos en España”. La Ilustración, 3 mayo 1851.
Diario El Católico, 7 agosto 1850.

 

 

Don Buenaventura Rodríguez Tizón, conocido como Ventura Rodríguez, nació el 14 de julio de 1717 en Ciempozuelos, Madrid. Celebramos por tanto el tercer centenario de su nacimiento por cuyo motivo se han organizado dos exposiciones, una en Boadilla del Monte, Ventura Rodríguez en Palacio, hasta el 2 de julio. Y otra en el Centro Cultural Conde Duque, Ventura Rodríguez y Madrid en las colecciones municipales hasta el 23.

Es Ventura Rodríguez sin duda uno de los grandes arquitectos de Madrid, sin embargo no son muchos los recuerdos que le dedica la que fue su ciudad. Nació en Ciempozuelos pero llegó a la villa muy joven, aquí vivió, trabajó, ocupó cargos reales y municipales, y murió.

Una calle lleva su nombre, y una estación de metro. A él fue dedicado uno de los medallones que adornan la fachada del Museo del Prado. Y apenas una placa municipal mal ubicada, como veremos más adelante.

Pero sus huellas en la ciudad son numerosas e importantes. No se refieren únicamente a los edificios que construyó sino también al urbanismo en el que don Ventura jugó un gran papel desde su cargo de Maestro y Fontanero Mayor de las Obras de Madrid. Por eso no es fácil proponer una sola ruta para conocer sus pasos por Madrid pues se encuentran por toda la ciudad. Edificios proyectados no construidos, construidos pero desaparecidos, y los conservados; alineaciones de calles, reformas; y su gran legado, el Paseo del Prado y sus bellas fuentes. Todo ello se puede ver en las dos exposiciones mencionadas.

Como pequeño homenaje hoy propongo centrarnos en la historia más personal de Ventura Rodríguez, en el Madrid de sus inicios y de su final. Caminar por el entorno del Palacio Real y la iglesia de San Marcos hasta su casa de la calle de Leganitos donde murió.

Plano de Espinosa, 1769 (detalle) Iglesia de San Marcos y Casa nº 13 de la manzana 522

El joven Ventura con apenas 18 años comenzó a trabajar como dibujante para Filippo Juvarra que había llegado a Madrid en 1735 para trabajar en el proyecto del futuro Palacio Real Nuevo. Juvarra se convirtió en su primer maestro pero murió inesperadamente al año siguiente con 57 años. Le sucedió su discípulo y colaborador en Turín Juan Bautista Sachetti quien mantuvo a Ventura Rodríguez en su puesto, y le fue concediendo cargos que le convirtieron en uno de los grandes arquitectos de la Corte. Sin duda ambos maestros valoraron el gran talento del madrileño.

Su primer gran encargo particular, cuando tenía poco más de 30 años, fue la construcción de la iglesia de San Marcos en la calle de San Leonardo.

Juvarra, Sachetti y el haber trabajado durante veinticinco años en la construcción del Palacio Real marcaron su vida artística y su futuro.

En 1760 Sachetti fue destituido –y con él Ventura Rodríguez– del servicio a la Corona por orden de Carlos III y sustituido por Francisco Sabatini, aunque siguió ocupando su cargo de Maestro Mayor de Obras de Madrid. Nuestro protagonista continuó trabajando con él en las obras madrileñas, y a su muerte le sucedió en el cargo de Maestro Mayor de Obras de Madrid y de sus Fuentes y Viajes de Agua que ocupó desde 1764, tenía 47 años, hasta el fin de sus días.

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Don Ventura se casó tres veces y las tres enviudó, curiosamente como su padre, aunque en su caso no tuvo hijos; fue su sobrino Manuel Martín Rodríguez quien se convirtió en su principal discípulo y finalizó las obras que quedaron inacabadas tras su muerte.

Tuvo varios domicilios. Con su primera esposa Josefa Flores vivió en la calle de Segovia; ella murió el 20 de agosto de 1749 y fue enterrada en la cripta de la Capilla de la Real Congregación de Arquitectos, en la iglesia de San Sebastián. Después se casó con Antonia Rojo, que murió muy pronto, el 10 de agosto de 1750, por lo que este segundo matrimonio fue muy breve. Vivieron en la calle de Santa María y ella fue enterrada en la iglesia de San Luis.

Finalmente por tercera vez se casó con Micaela Cayón, que murió en enero de 1776 siendo enterrada en la iglesia que había proyectado su marido, San Marcos.

Francis de Blas, Retrato de Ventura Rodríguez realizado a partir del pintado por Francisco de Goya en 1784 y conservado en el Museo de Estocolmo, 2015 (Exposición Palacio de Boadilla)

Vivían en la calle de Leganitos, donde el arquitecto continuó hasta su propia muerte el 26 de agosto de 1785, solo un año después de que Goya le retratara.

Fue enterrado en San Marcos, tal como él deseaba, junto a su tercera esposa.

Aunque sus restos no permanecieron allí. En 1869 fueron trasladados a San Francisco el Grande donde se había proyectado la creación de un gran Panteón Nacional. En vista de que nunca llegó a realizarse, la Congregación de Arquitectos reclamó los cuerpos de Ventura Rodríguez y de Juan de Villanueva.

Allí –donde recordemos había sido enterrada su primera mujer– fueron trasladados ambos arquitectos y allí continúan sus féretros, compartiendo lápida.

Cripta en la Iglesia de San Sebastián, calle de Atocha.

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Creada sobre antiguas huertas en torno al arroyo y las fuentes de la zona, la calle de Leganitos nace en la plaza de Santo Domingo. Cercana al Palacio Real, fue un buen lugar para acoger el último domicilio de don Ventura. Muy próxima también a la iglesia de San Marcos.

El caserío y el urbanismo de la zona fueron modificándose, y a mediados del siglo XX en la plaza de España emergió la Torre de Madrid, pero la histórica calle siempre conservó su trazado en este primer tramo.

Calle de Leganitos, foto: Urech (1960)

Hoy día varios de los edificios son modernos.

En 1991 el Ayuntamiento de Madrid instaló una placa en recuerdo de Ventura Rodríguez, en el actual nº 13 de la calle.

Efectivamente esta fue la calle en la que vivió y murió el arquitecto pero la placa no está situada en el lugar donde estuvo la casa en la que vivió.

Como nos desvelan los autores Francisco José Marín y Javier Ortega (*) su partida de defunción conservada en la parroquia de San Martín, de la que dependía San Marcos, indicaba que don Ventura vivió en la calle de Leganitos nº 13.

Sí, pero esto no se puede tomar al pie de la letra. Como ya vimos hace tiempo en un artículo sobre los rótulos de las calles de Madrid, en el siglo XVIII la numeración de las casas era muy diferente a la actual.

Recurriendo una vez más a la Planimetría General de Madrid, vemos que la calle de Leganitos a la izquierda, acera de los impares, corresponde a la antigua manzana 551; y la de la derecha, los pares, a la manzana 522. Cada una de ellas contaba con un nº 13. Ventura Rodríguez vivió en la segunda, en una casa que era propiedad del Monasterio de los Padres Mostenses. Así nos lo muestra un plano Huellas de Ventura Rodríguez en la ciudad de Madrid en la exposición en Conde Duque.

La casa que fue el nº 13 de la manzana 522 en el siglo XVIII cuando vivió en ella Ventura Rodríguez corresponde en la actualidad al nº 20 de la calle y parte del 18. La planimetría de la manzana, la distribución de los solares ha cambiado bastante en la actualidad respecto a la del siglo XVIII y por supuesto la numeración.

A la derecha, calle de Leganitos, 18 y 20

No sería muy costoso cambiar la placa de sitio, trasladarla al lugar donde realmente se encontraba la vivienda de nuestro arquitecto.

Y poder recordar así el camino por donde discurrieron los últimos pasos de don Ventura Rodríguez que tantas brillantes huellas ha dejado en nuestra ciudad, Madrid.

Por : Mercedes Gómez

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(*) MARÍN, J.F. y ORTEGA, J. Huellas de Ventura Rodríguez en la ciudad de Madrid (1735-1785), en:

Catálogo Ventura Rodríguez y Madrid en las colecciones municipales. Madrid, 2017.

 

Hace unos días tuvimos ocasión de disfrutar de una nueva jornada del espléndido ciclo Es Patrimonio Descúbrelo dirigido por Dolores Muñoz.

Tras las visitas dedicadas a la arquitectura industrial –hemos hablado de algunas de ellas–, esta primavera se ha iniciado la segunda parte dedicada a las grandes infraestructuras hidráulicas.

En esta primera cita hemos visitado y conocido la historia del Primer Depósito Elevado del Canal de Isabel II guiados por los arquitectos restauradores Javier Alau y Antonio Lopera. Un lujo.

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A mediados del siglo XIX con la traída de las aguas a Madrid fue necesaria la construcción de determinadas infraestructuras hidráulicas así como una red de instalaciones para su almacenaje y conducción. Y una vez conseguida la llegada del agua había que repartirla por la ciudad.

Los primeros depósitos estaban ocultos. El Primer Depósito fue construido entre las calles de Bravo Murillo y Santa Engracia; se llenó en 1858 en la inauguración del Canal con la presencia de la reina Isabel II.

Primer Depósito enterrado. Fuente del Lozoya, fachada calle de Bravo Murillo.

La ciudad crecía con rapidez, sobre todo por el norte, y los edificios eran cada vez más altos, por lo que el agua no llegaba a todas las casas fácilmente por gravedad; surgió la necesidad de crear centrales de bombeo y depósitos elevados.

Entre 1907 y 1911 se levantó un cuarto depósito, el Primer Depósito Elevado, entre la calle de Santa Engracia y el Depósito Mayor. El objetivo fue solucionar los problemas de abastecimiento de la zona norte del Ensanche y alimentar las conducciones de Cuatro Caminos, Chamberí y Salamanca.

El proyecto fue obra del ingeniero Diego Martín Montalvo, realizado por los ingenieros Luis Moya Idígoras y Ramón de Aguinaga. Una gran estructura de ladrillo sobre una base de granito sostenía una gran cuba de acero a 36 metros de altura con 1.500 metros cúbicos de capacidad rematada por una cubierta de zinc.

La Construcción Moderna, 15 mayo 1914.

Este Depósito Elevado nº 1 dejó de funcionar en 1952, sustituido por otro más al norte, en la plaza de Castilla. Al quedar fuera de uso todo se desmanteló para venderlo por lo que muchos elementos se perdieron. Quedó convertido en un almacén o trastero. Estuvo treinta años cerrado.

Al acometer su rehabilitación se habló de crear un Museo del Agua –que ojalá algún día tengamos en Madrid– y otros posibles usos; al final se convirtió en una singular Sala de Exposiciones. Fue restaurado por los mencionados Javier Alau y Antonio Lopera en 1986.

Nos cuentan los arquitectos que en aquellos momentos no se encontró ninguna patología grave en el edificio, solo algunas grietas, nada importante en cuanto a su consolidación. La primera tarea fue limpiarlo y reparar las 22.000 piezas de ladrillo que lo componen. Algunas hubo que reponerlas y se escogieron diferentes para diferenciarlas de las originales.

La rehabilitación conllevó el cegado de las aberturas ya que para una sala de exposiciones se necesitan muros donde colocar los paneles, pero este hecho es reversible si en un futuro así se decidiera.

Además de ser importante por su uso, sala de arte, el Depósito merece ser contemplado en sí mismo por su belleza. Y no solo por su valor arquitectónico sino también por la composición del espacio. Es un lugar único, un tanto mágico.

Existe una maqueta, que estuvo en el desaparecido Museo de la Ciudad, que muestra todos los elementos que la integraban. Según nos contaron durante la visita, podremos verla en una exposición que se va a inaugurar próximamente en el Centro Cultural Conde Duque sobre maquetas.

El agua, procedente de la sierra mediante tuberías, era almacenada en el depósito subterráneo, desde el cual era bombeado por nuevas tuberías que subían hasta la cuba donde era almacenada. Desde la cuba el agua bajaba y era dirigida hasta las casas.

La cuba, la cubierta, las tuberías de impulsión y desagüe… bajo el depósito se conservan algunos de estos elementos, piezas originales de la antigua central elevadora que en un principio iban a formar parte de la zona visitable, pero que lamentablemente no se acondicionó. Permanecen, ocultas, bajo el depósito y el pavimento que lo rodea.

Ojalá algún día se integren y podamos acceder a ellas. La escalera de bajada ahí sigue, prometedora.

Otra escalera sí permite el acceso a la espectacular cuba.

El cerramiento de la cuba que se puede contemplar desde unos cómodos bancos en los que nos recostamos para observarlo bien es de estructura radial en rueda de bicicleta.

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El Primer Depósito Elevado hoy es la Sala Canal de Isabel II de la Comunidad de Madrid dedicada a la Fotografía, que programa siempre exposiciones de gran calidad. Recordemos la dedicada a Javier Campano hace pocos meses.

Estos días, hasta el 23 de julio, acoge la recomendable muestra Un cierto panorama. reciente fotografía de autor en España.

La exposición es magnífica, ofrece una visión general de las principales líneas de trabajo de la creación fotográfica actual. Nada más y nada menos. Se puede descargar el folleto aquí.

Sin duda son muchos los alicientes para visitar este antiguo depósito de agua, hoy sala de arte, en la calle de Santa Engracia nº 125. Patrimonio histórico y artístico de Madrid.

Por : Mercedes Gómez

Recordemos que la muralla que rodeaba el segundo recinto cristiano construida en el siglo XII tenía cuatro puertas: La Puerta de Valnadú –en la actual Plaza de Isabel II–, la Puerta de Guadalajara –en la calle Mayor, a la altura del Mercado de San Miguel–, Puerta Cerrada y la Puerta de Moros.

La Puerta Cerrada fue la segunda en importancia en el Madrid medieval, después de la de Guadalajara. Los encargados de la muralla y de guardar sus llaves solían ser personajes notables, miembros de las familias más poderosas que habían llegado a la Villa; en la primera mitad del siglo XV el Guarda de la Puerta Cerrada y de los lienzos de la muralla hasta la Puerta de Moros era Pedro de Luján, camarero de Juan II.

Pero tanto las construcciones que pronto comenzaron a proliferar junto a la puerta como la creación de la cercana plaza del Arrabal anularon su importancia como lugar de mercado y los caminos que de ella partían, uno de ellos origen del Camino de Atocha.

Ya hablamos aquí, a propósito de los restos de muralla en la plaza de los Carros, de cómo la cerca medieval madrileña fue utilizada en la construcción de viviendas e incluso habitada. Aquí tenemos otro ejemplo:

El 7 de febrero de 1498 las actas municipales recogen que los presentes “…dieron lugar al dicho pregonero para que en lo hueco de la bóveda de una torre a la Puerta Cerrada pueda hacer una casa”. Se trataría probablemente de una de las torres más próximas a la puerta que aparecen representadas en el plano de Espinosa. Una de las torres semicirculares que jalonaban el recorrido de la muralla cristiana.

Plano de Espinosa (1769)

La muralla, que desde la Puerta de Guadalajara se dirigía hacia la de Moros, discurría entre la manzana 150 y la 169 que igual que muchas otras, como hemos contado aquí repetidamente, nacieron alrededor de la tapia, y ambas conservan restos como si de una espina dorsal se tratara.

La Puerta Cerrada se encontraba situada en la actual plaza del mismo nombre, entre las calles del Nuncio, Gómez de Mora, Cava Baja y Cuchilleros.

Juan López de Hoyos que vivió entre 1511 y 1583, y por tanto pudo ver la puerta, dijo que antes se llamó Puerta de la Culebra por tener esculpida en la piedra la mencionada figura hasta el mes de junio de 1569 en que fue derribada para ensanchar el paso.

Lo cuenta Jerónimo de la Quintana, Clérigo, Presbítero, Notario del Santo Oficio de la Inquisición y Rector del Hospital de La Latina, en su libro A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid (1629), quien añade que este Dragón estaba esculpido en la Puerta Cerrada para que no se perdiera la memoria del que él consideraba un pasado glorioso y muy antiguo de Madrid.

También cuenta Quintana (que nació siete años después de que la Puerta fuera derribada) que se llamaba Cerrada porque era muy estrecha y con varias revueltas por lo que de noche se escondían allí los ladrones y robaban a los que entraban y salían por ella. Por eso la cerraron, siempre según el cronista, hasta que se pobló el arrabal y se abrió de nuevo para que se pudiera comunicar con la Villa.

Otros autores cuentan algo parecido, que recibió ese nombre porque era tan peligrosa que al fin se optó por su cierre, aunque esto no parece que sea del todo cierto. Como siempre, además de la arqueología los documentos son los que aclaran muchas dudas. Hubo épocas en las que estuvo cerrada efectivamente pero también otros periodos de tiempo permaneció abierta.

Sabemos por los Libros de Acuerdos, las Actas del Concejo, que al menos en la década de 1480 ya recibía este nombre de Puerta Cerrada, y bastante tiempo después estaba abierta. Como nos cuenta Manuel Montero Vallejo estos cierres temporales se debieron a una serie de motivos distintos.

Para empezar, todas las puertas de la Villa, no solo esta, en ocasiones permanecían cerradas por razones militares. Y la zona era tan abrupta que ocasionaba muchos problemas. Las aguas de lluvia y la que bajaba de la cava se estancaban y deterioraban la puerta. En las afueras de la puerta hacia el sur, entre la muralla y la calle de Toledo, había una laguna o muladar, la laguna de Puerta Cerrada, adonde iban a parar aguas y basuras. Recordemos que una laguna en la edad media era un descampado utilizado como estercolero.

Zona en la que estaba la “laguna” de Puerta Cerrada, hoy calle de la Cava Baja.

En las actas municipales a finales del siglo XV la Puerta Cerrada aparece mencionada varias veces aludiendo a la necesidad de reparaciones, tanto de la propia puerta como de su entorno. El 3 de septiembre de 1492 uno de los acuerdos municipales fue finalizar el empedrado de dos calles desde Puerta Cerrada.

El Concejo proyectó una construcción con el fin de remediarlo pero no debió tener mucho éxito. En los comienzos del año 1494, imaginamos que ante el imparable deterioro de la puerta, se decidió que el alarife de la Villa maestre Abrahán de San Salvador construyera un edificio para que el agua del arrabal y de la cava no entraran en la villa por la Puerta Cerrada.

Pocos meses después, el 14 de agosto de 1494, se acordó que el mayordomo debía hacer una pared de dos tapias en alto desde la esquina de la Puerta Cerrada hasta la chorrera –o desagüe– que había hecho el alarife maestre Abrahán para que no entrara el agua de lluvia en la Villa y evitar el muladar.

A finales de 1515 aún persistía el problema. El 18 de noviembre el Concejo acordó que el mayordomo hiciera abrir un albañal o conducto para que el agua sucia fuera a la laguna de la cava y no entrara en la villa.

La Puerta Cerrada fue finalmente demolida en 1569.

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Aparte realidades y fantasías de los cronistas, lo cierto es que la única imagen que nosotros conocemos de la Puerta Cerrada es su cara intramuros dibujada por Wyngaerde y por Hoefnagel en sus Vistas de Madrid.

Debido a las mencionadas descripciones del XVI-XVII se especuló con el hecho de que se trataba de una puerta con planta de doble eje acodado, pero documentos relativos a una reforma ejecutada en 1534 demuestran que su acceso era de un solo eje entre dos torres semicirculares.

La puerta ya no existe pero la plaza de Puerta Cerrada guarda aún hoy día muchas huellas del Madrid medieval. En los edificios que a ella se asoman se encuentran algunos de los restos más importantes de muralla cristiana que se conservan. Como sabemos, en el nº 6 de la plaza se esconde un lienzo completo en altura, a través de los pisos de las viviendas, visible en el sótano del bar La Escondía que ya hemos mostrado en artículos anteriores.

En dicho lienzo se apoyan los edificios del mencionado nº 6, el 5 y el colindante nº 4, una construcción muy antigua, tal vez del siglo XVIII, que en 2008 en parte se encontraba apuntalada.

Puerta Cerrada 4, 5 y 6 (2008)

A pesar de su antigüedad y de tratarse de un edificio teóricamente protegido, en 2011 fue demolido.

Solar de Puerta Cerrada, 4 (2017)

Al fondo del solar se ve el muro de otro de los edificios apoyados en la muralla, el correspondiente a la Cava Baja nº 4.

Vista general del torreón y lienzo de la muralla en Puerta Cerrada 4.

La buena noticia fue que quedaron a la vista nuevos restos de la cerca en su cara extramuros y de un torreón semicircular. Se trataba de la torre dibujada por Espinosa en su plano al sur de la Puerta.

Tras el derribo se estudiaron los hallazgos de los dos solares, el de Puerta Cerrada nº 4 y el de Cava Baja 4. En este último, el lienzo en su cara extramuros hasta el nivel de la primera planta y el impresionante torreón, que se conserva casi en su totalidad.

La torre y parte del lienzo de muralla estaban prácticamente cubiertos por un testero que fue eliminado y se procedió a su consolidación además de analizar la técnica constructiva.

Vista del alzado del torreón y lienzo de muralla en Cava Baja 4 (Comunidad de Madrid)

Los restos que quedaron a la vista en el solar de Puerta Cerrada 4 también se estudiaron y consolidaron.

No existe nada semejante en todo Madrid, un torreón casi completo de la muralla medieval.

Comprendo que se encuentra en el interior de un edificio de viviendas, pero, una vez derribada la casa colindante de la plaza, ¿habría alguna posibilidad de acondicionar esos valiosos, únicos restos de la fortificación del Madrid del siglo XII para que los pudiéramos contemplar? ¡Ojalá! Esta torre además de espectacular sí que es un tesoro escondido.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

OÑATE, Pilar; CABALLERO, Carlos; BUCETA, Gonzalo; SANGUINO, Juan. “Intervenciones en el segundo recinto de la Villa de Madrid: Puerta Cerrada 4 y Cava Baja 4”, en Actas de las décimas Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid. Madrid, 2013, pp. 443-450.
VVAA. Las murallas de Madrid. Arqueología medieval urbana. Ed Doce Calles, Comunidad de Madrid. Madrid, 2003.
MONTERO VALLEJO, Manuel. Obra completa.
QUINTANA, Jerónimo. A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid. Madrid 1629.
Libros de Acuerdos del Concejo madrileño (1464-1515, cinco vol.). Ayuntamiento de Madrid, 1932-1987.

Una de las grandes familias de finales del siglo XV, quizá la más poderosa de Castilla, fue la de los Mendoza. Don Íñigo López de Mendoza primer marqués de Santillana creó una verdadera dinastía nobiliaria con varias ramas familiares que llegaron a ser muy influyentes. Sin ir más lejos Pedro González de Mendoza, su quinto hijo, fue el Gran Cardenal, el Cardenal Mendoza.

Nos hemos encontrado sus huellas en Buitrago, Colmenar Viejo, Alameda de Osuna, Zamora y por supuesto en Madrid, ciudad a la que se trasladaron en el siglo XVII tras la llegada de la Corte. En la Villa llegaron a ser dueños de numerosos terrenos e inmuebles sobre todo en el barrio hoy popularmente llamado de la Latina (aunque en realidad se trata del barrio de Palacio, distrito Centro). Su primera residencia, el Palacio de los Lasso en la plaza de la Paja, fue de su propiedad desde comienzos del siglo.

Pero antes de llegar a Madrid su Palacio principal estuvo en Guadalajara, ciudad de realengo y con voto en Cortes, igual que lo tenía la Villa.

En 1482 don Íñigo López de Mendoza II duque del Infantado mandó derribar las casas que allí habían ocupado sus antepasados y levantar un nuevo y ostentoso palacio. Construido al final de la época gótica, con detalles mudéjares y algunas muestras del primer Renacimiento, ofrece una maravillosa mezcla de estilos. Su autor fue el arquitecto Juan Guas. La fachada oeste o galería del estanque fue obra de Lorenzo de Trillo.

En el siglo XVI (1570-1580) el quinto duque del Infantado don Íñigo Hurtado de Mendoza lo reformó al estilo renacentista. En el siglo XVII, con el traslado a Madrid, el gran palacio quedó relegado a residencia ocasional.

Foto: Clifford. 1856 (BNE)

En 1878 fue cedido al Ministerio de Guerra para la instalación del Colegio de Huérfanos de la Guerra.

Ricardo Velázquez Bosco participó en los comienzos del siglo XX en su ampliación con la construcción de la fachada del ala este, inspirada en la reforma del siglo XVI, que fue transformada en la rehabilitación que tendría lugar en los años 60.

Los jardines frente a la fachada principal también fueron creados durante esta reforma dirigida por Velázquez Bosco.

A.Passaporte. (Achivo Loty. Foto 1927-1936) (Fototeca Patrimonio Histórico).

El 7 de diciembre de 1936 el Palacio fue bombardeado por el ejército sublevado, y gravemente dañado. Al día siguiente el diario ABC publicó la noticia, El bárbaro bombardeo de Guadalajara, que describe los efectos de las bombas sobre la ciudad. Del palacio quedaron en pie las fachadas y las galerías del Patio de los Leones y del jardín, el resto se convirtió en ruinas.

Archivo Vaamonde (1936) (Fototeca Patrimonio Histórico)

No fue restaurado hasta muchos años después, entre 1960 y 1972.

Durante tantos años de abandono se deterioró y fue expoliado; aún hoy día leemos que se siguen encontrando piezas del antiguo palacio en subastas públicas.

Vista de la entrada al Patio del Palacio, 2017

Todo el Palacio se organiza alrededor del bello Patio de los Leones, así llamado por las cuarenta y ocho figuras de leones, todas ellos diferentes, dominando la decoración de estilo gótico flamígero. El escultor fue Egas Cueman.

Junto a Guas y su colaborador Cueman en la construcción del Palacio inicialmente trabajaron artistas de gran calidad en todas las artes decorativas, ceramistas de Talavera…

… rejeros como Cristóbal de la Plaza, que por cierto era vecino de Madrid, etc.

El Palacio del Infantado desde 1973 alberga el Museo de Guadalajara que había sido fundado en 1838. Consta de una exposición permanente llamada Tránsitos que recorre la historia de la provincia de Guadalajara desde el Paleolítico hasta el siglo XX. También es un recorrido por la historia del arte.

Carreño de Miranda. “Inmaculada Concepción” (h. 1662). Escuela madrileña.

Además, la exposición permanente sobre el Palacio del Infantado. Los Mendoza y el poder en Castilla nos ofrece un paseo por las estancias del palacio en las que podemos conocer la historia de esta familia tan importante en Castilla y admirar los restos conservados. La chimenea, alguna azulejería… y sobre todo las pinturas al fresco de Rómulo Cincinato.

Cincinato nació en Florencia h. 1540 y murió en 1597 en Madrid. Formó parte del grupo de pintores que trabajaron para Felipe II en El Escorial, los palacios reales de El Pardo, Valsaín y el Alcázar de Madrid.

Las Salas del Duque son las únicas que conservan gran parte del antiguo esplendor con sus techos decorados con pinturas al fresco por este artista italiano en los años 1570. Formaron parte de las mencionadas reformas del quinto duque del Infantado. De las estancias decoradas por el pintor dos desaparecieron en el incendio de 1936 pero se conservan tres y dos saletas, una maravilla.

En la Sala de Atalanta Cincinato representó la historia de Hipómenes y Atalanta, muy familiar para nosotros, los madrileños. Hipómenes y Atalanta representados mediante dos leones en la fuente de Cibeles; un mito cuyo origen está en las Metamorfosis de Ovidio, quien así comienza a describirlo:

Quizás hayas oído de una mujer que en el certamen de la carrera superó a los veloces hombres…

R. Cincinato. “Revelación de la Historia de Atalanta”

Cuenta la mitología que Atalanta, bella y ágil mujer, había decidido no casarse y mantenerse siempre virgen. Para alejar a sus pretendientes les retaba a una carrera; si ellos ganaban la desposarían, pero si resultaban derrotados serían decapitados. Hipómenes quedó prendado de ella y decidió asumir el riesgo.

R. Cincinato. “Hipómenes reta a Atalanta a participar en la carrera”

La belleza y astucia de Hipómenes enamoraron a Atalanta que junto a su prometido se dirigió al templo de Cibeles a desposarse…

En el centro del fresco Cincinato representó la Revelación de la Historia de Atalanta. A su alrededor el pintor representó las diversas escenas.

R. Cincinato. “Atalanta e Hipómenes se dirigen al templo de Cibeles”

Leemos en uno de los paneles que los Mendoza estaban convencidos de que la cultura es una arma tanto o más eficaz que la propia espada

Las Saletas de los Dioses y de los Héroes, con Marte y Minerva, dioses protectores de las armas y las letras, son deliciosas.

R. Cincinato. Saleta de los Héroes.

Entre las pinturas llama la atención este trampantojo en el que el verdadero mármol se confunde con el fingido.

R. Cincinato. Saleta de los Héroes

Las pequeñas saletas se comunican con la espectacular Sala de las Batallas.

Al final del recorrido encontramos la Sala de Cronos, que en el siglo XVI fue Antecámara del resto de estancias.

Finaliza la visita en el salón de actos donde actualmente se proyecta una breve pero impactante película que muestra el bombardeo y sus ruinas.

Las imágenes impresionan. Salir y poder contemplar el Patio nuevamente es un alivio y un lujo.

No es lo único que ofrece Guadalajara (el parque de la Concordia, hermosas iglesias, el Panteón de la Condesa de Vega del Pozo, etc.).

Por todo ello y por visitar el Palacio del Infantado merece la pena tomar el tren de Cercanías de Madrid –Línea C2– y acercarse a esta ciudad.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

ABC 8 dic. 1936 pág. 5
LAYNA, Francisco. El Palacio del Infantado en Guadalajara. Aache ed. Guadalajara, ed. 1997.
eldiario.es 11 febrero 2017. “80 años del bombardeo de la seña de “identidad patrimonial” de Guadalajara”
Museo de Guadalajara. Folleto.

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