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El Palacio de La Unión y el Fénix fue proyectado en 1906 para albergar la importante compañía de seguros, La Unión y el Fénix Español, en la calle de Alcalá, en el inicio de la entonces futura Gran Vía. Para ello fueron derribadas varias casas, entre ellas la llamada por su forma casa del ataúd, en la esquina con la calle Caballero de Gracia.

Jean Laurent. “La calle de Alcalá” (1860-1866). Archivo Ruiz Vernacci (IPCE)

En 1905 había sido convocado un concurso internacional cuyo ganador fue el proyecto de los arquitectos franceses Jules y Raymond Fevrier, padre e hijo. El 4 de junio de 1907 fue colocada la primera piedra. A lo largo de los tres años siguientes las obras fueron dirigidas por el español Luis Esteve.

Campúa (Nuevo Mundo, 1910) (memoriademadrid)

El 21 de enero de 1911 se celebró una fiesta de inauguración de la sede en los amplios y elegantísimos salones del nuevo edificio según se puede leer en la prensa de la época. El edificio es un gran ejemplo del eclecticismo madrileño que imperaba, con elementos de diversos estilos arquitectónicos.

 

Nuevo Mundo, 26 enero 1911.

Una de sus singularidades es que fue uno de los primeros edificios construidos en hormigón, aunque debido a los criterios estéticos dominantes y el aspecto estilístico al gusto francés que se perseguía fue completamente ocultado, disimulado mediante la rica ornamentación. Son de este material las paredes maestras y la cúpula, pero las fachadas fueron realizadas en piedra y la cúpula en su exterior cubierta de pizarra y pan de oro.

Interior de la cúpula de hormigón.

La cúpula fue rematada con el Ave Fénix y la figura de Gamínedes sobre ella, conjunto obra del escultor francés René Saint Marceaux.

En la base se situó el grupo escultórico de Mariano Benlliure, La familia, la protección contra el fuego y la ayuda al mundo laboral (1911), de mármol. Y debajo, sobre las columnas del segundo cuerpo de la rotonda, otras obras espléndidas de Lambert y Laudousky.

En los años 70 del siglo XX La Unión y el Fénix Español se trasladó al Paseo de la Castellana. El edificio pasó a ser propiedad de la compañía Metrópolis.

En 1977 el extraordinario Ave Fénix fue sustituido por una Victoria alada, obra de Federico Coullaut Valera. El momento quedó inmortalizado gracias a las fotos del diario ABC. Las dos esculturas permanecieron juntas en la acera durante unas horas, cuentan las crónicas.

Foto: Luis Ramírez, ABC, 10 oct 1977

La Victoria alada, de bronce, mucho más pesada que el Fénix, quedó instalada.

Hoy día la escultura original del Fénix se encuentra en el jardín del nuevo edificio, actualmente sede de la Mutua madrileña.

Mutua Madrileña. Pº de la Castellana.

El Edificio Metrópolis, situado en la calle Alcalá 39, esquina Caballero de Gracia 40, se convirtió en emblema de la ciudad. En la actualidad continúa siendo la sede de la compañía de seguros, que desde entonces se ha encargado de su cuidado, y que hemos podido conocer gracias a su participación en el programa municipal “Madrid Otra Mirada”.

El mobiliario pertenece a la nueva compañía, Metrópolis Seguros, pero se conservan los elementos decorativos originales de principios de siglo.

La lujosa y elegante decoración exterior e interior fue obra de Pedro Estany. Además de las fachadas, se adornó el portal, el vestíbulo y todas las estancias, todo ello creado con materiales de gran calidad. Vidrieras de la Casa Maumejean, suelos de cerámicas, maderas nobles, hierro forjado, mármol…

Las formas curvas dominan en la bellísima escalera principal.

Lo mismo ocurre en todas las estancias de la rotonda, en la esquina del solar, bajo la cúpula.

Los salones conservan el espíritu de la época.

También la sala, antigua biblioteca, que se encuentra justo debajo de la cúpula.

Otra escalera secundaria, más sencilla y moderna para la época, de un estilo distinto pero igualmente bella, nos lleva hasta la terraza.

Las vistas desde la terraza son espectaculares. Desde ahí la propia Victoria alada y las otras estatuas observan a sus vecinas, otros personajes mitológicos, como Minerva, justo enfrente en el Círculo de Bellas Artes, y algo más lejos a la mismísima diosa Cibeles.

En la terraza nos topamos con la impresionante cúpula, contemplada tantas veces desde la calle de Alcalá, ahora tan cerca.

En la actualidad está vacía, sin uso, y va a ser restaurada en su interior, igual que lo ha sido el esplendoroso exterior.

A lo largo de su más de un siglo de vida el edificio ha sido restaurado en varias ocasiones, la última recientemente, entre 2015 y 2016.

El Edificio Metrópolis, por su situación y por su belleza, se ha convertido sin duda en un símbolo, imagen emblemática de Madrid.

Y volvemos al principio, observando la calle de Alcalá desde Cibeles, completamente transformada desde aquellos años primeros del siglo XX, tan importantes para la arquitectura y el urbanismo madrileños.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid, 2003.
La Ilustración financiera. 30.1.1911
La Construcción moderna. 30.1.1911
Nuevo mundo. 26.1.1911
ABC, 22.01.1911
La Construcción moderna. 15.8.1910

 

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Recordemos que finalizada la guerra de la Independencia, tras la ocupación francesa y la destrucción de edificios por parte del ejército inglés, los Jardines del Buen Retiro se encontraban en ruinas; Fernando VII promovió su recuperación. El rey mantuvo la apertura al público de casi todo el recinto pero destinó los terrenos situados en la esquina noreste para su uso personal. Encargó a su arquitecto Isidro González Velázquez la creación de sus Jardines Reservados cuyas obras se iniciaron en 1817. Además de la creación de los jardines se construyeron varios caprichos románticos, edificios de tipo recreativo reservados al disfrute de la familia real. La mayoría desaparecidos, se conservan algunos, uno de ellos es la Montaña Artificial que ya visitamos. Muy cerca, a sus pies, se construyó la Casita del Pescador. En las fotos más antiguas tras la casita aún se puede ver el templete que coronaba la Montaña, hoy desaparecido.

Foto Archivo Regional. Comunidad de Madrid.

La Casita del Pescador, situada en el centro de un pequeño estanque, es una construcción modesta, encantadora, cubierta con un chapitel de zinc tradicional de la arquitectura madrileña, rematada con un pomo o bola de metal. A principios del siglo XX estaba rodeada por una valla de madera.

Lacoste, 1903 (foto memoriademadrid)

Después de la guerra la valla fue sustituida por una verja de hierro.

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Construida como capricho, posteriormente ha tenido diversos usos, alternados con épocas de cierre e incluso de abandono. Entre los variopintos destinos que ha tenido la diminuta casita en 1904 el Ayuntamiento acordó cederla, junto a la Montaña Artificial, a la Real Sociedad Colombófila de Madrid para que instalara en ellas su estación central de palomas mensajeras.

O. Wunderlich, 1917-19. Foto IPCE.

A lo largo del tiempo ha sido restaurada en varias ocasiones. A finales de 1928 se anunció su reforma, así como la de la Montaña Artificial y la Casa del Rico y el Pobre, que aún no había sido derribada.

A. Passaporte, 1927-1936. Archivo Loty. IPCE.

En 1959, recién desaparecida esta última, se anunciaron novedades para el Retiro. La Casita fue restaurada, así como todo el entorno arbolado, y se proyectaba la instalación de una biblioteca con libros y revistas de jardinería en su interior.

Lo cierto es que pocos años después, en 1965, la Casita del Pescador debía estar en mal estado. Por esas fechas el arquitecto Carlos de Miguel envió una carta abierta al Concejal Delegado de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Madrid, publicada en la revista Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Madrid, respecto a la necesaria restauración de esta pequeña construcción, que “por su emplazamiento, por el ambiente que la rodea y por su elegante arquitectura, constituye una auténtica pieza de arte”. Proponía una suscripción de particulares que él abría con la aportación de mil pesetas, una buena cantidad para la época. Confiaba en las aportaciones del vecindario madrileño.

Dos meses después la misma revista publicó que la iniciativa no había tenido éxito; si no se completaba devolverían la aportación a las pocas personas que habían respondido. Uno de los participantes había sido Manuel Herrero Palacios, entonces jefe de Parques y Jardines del Ayuntamiento.

Al cabo de un año el Consistorio se hizo cargo del asunto. El propio Herrero Palacios fue el autor del proyecto que pretendía salvar el edificio y convertirlo en Biblioteca infantil. Herrero pidió la realización de una colección de fotografías de las pinturas que adornaban la casita con el fin de que fueran fielmente reproducidas. Restaurada, en mayo de 1968, durante las fiestas de San Isidro con motivo de la Feria de la Flor y de la Planta, fue abierta al público.

No he conseguido saber si alguno de esos proyectos de biblioteca, de jardinería o infantil, llegó a ser realidad. En 1995 su destino fue el de dispensario para curar a los animales del parque que pudieran resultar heridos, inaugurado en mayo nuevamente. Ardillas, patos… atendidos por estudiantes de la Facultad de Veterinaria.

Una vez más, en 2003, muy deteriorada debido al maltrato de okupas y grafiteros, y al abandono, la Casita fue andamiada y sometida a un gran proceso de limpieza y restauración.

En 2005, totalmente recuperada, fue una de las sedes de una iniciativa magnífica, fue Oficina de información del Retiro, de sus actividades, historia, botánica, etc. Había una preciosa pequeña biblioteca a disposición de los visitantes, con libros, documentos, folletos… y la atención de personal especializado. Desgraciadamente pocos años después la cerraron.

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La Casita del Pescador consta de dos habitaciones, ambas de planta rectangular, una muy pequeña en el lado norte, y otra, la principal a la que se accede por la pasarela o puentecillo sobre el estanque. Manuel Herrero Palacios, en los planos que levantó en 1950, las denominó el gabinete y el salón.

Tanto en su interior como exterior la casita fue decorada con pinturas inspiradas en el estilo pompeyano –las que recordemos Herrero Palacios encargó fotografiar para ser reconstruidas fielmente– y hornacinas que en origen debieron alojar esculturas.

Las pinturas restauradas continúan adornando la preciosa casita.

En su interior, el techo y los muros muestran delicadas figuras.

Se utilizó el recurso del trampantojo, en sus molduras fingidas y en bonitos dibujos.

Felizmente la Casita del Pescador vuelve a tener uso, la mejor manera de conservarla y valorarla. Como escribió Carlos de Miguel, es una auténtica pieza de arte.

En la actualidad acoge el Centro de información sobre adopción de animales de compañía. La oficina abre los fines de semana, toda la información aquí.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

DURÁN, Consuelo. Jardines del Buen Retiro. Ed. Doce Calles. Madrid 2002.
Diario El País, 15 mayo 1995; 12 enero 2003. Hoja del Lunes 13 mayo 1968. Diario ABC 17 sept. 1966.
COAM. Revista Arquitectura nº 76 y 78 (1965)
CASTÁN, Fernando. “Hoy y el mañana del Retiro” Revista Villa de Madrid. nº 24. Madrid 1959.

El pasado mes de mayo tuvimos ocasión de disfrutar de una visita al Recinto Ferial de la Casa de Campo tal como anunciamos aquí. Fue un recorrido muy interesante.

La primera Feria Nacional del Campo se celebró en 1950; el recinto fue ampliado para la segunda Feria Internacional en 1953 y fue clausurado en 1975. Desconocidos para muchos de nosotros, vimos algunos pabellones de la antigua Feria. Unos en uso, otros cerrados y alguno en lamentable estado de ruina.

Visitamos primero el espectacular Pabellón-Palacio de Cristal. Después dimos un largo paseo por los alrededores, descubriendo edificios muy distintos entre sí, casi todos merecedores de atención. Hoy, por el momento, vamos a detenernos en uno de ellos, el Pabellón de los Hexágonos.

Sus autores fueron José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún que en 1956 ganaron el concurso convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores para la creación del Pabellón español de la Exposición Universal que se celebraría dos años después en Bruselas.

El Pabellón de los Hexágonos obtuvo una Medalla de Oro en la Exposición y alcanzó un gran prestigio entre los profesionales y éxito en las revistas especializadas. Se convirtió en una de las obras arquitectónicas más notables del siglo XX.

Una de las condiciones a la que se enfrentaron sus autores fue que el edificio debería poder ser desmontado. Los arquitectos desarrollaron un sistema de módulos adaptable al terreno en que iba a ser instalado pero con posibilidades de ser trasladado. En 1959 el Pabellón fue reconstruido en la Casa de Campo por sus mismos autores.

Foto Paco Gómez. IV Feria Int. del Campo, Madrid, 1959. Col. Fundación Foto Colectania.

El propio José Antonio Corrales lo explicó:

“Lo bonito de este pabellón es que es tan flexible… Tengo tantas piezas y tengo que utilizarlas, y puedes montarlo de mil maneras”.

De la exposición de Bruselas se recuperaron 130 paraguas hexagonales, de 2,95 metros de lado, con diferentes alturas.

rtve.es Revista No-Do 1965

En 1967 el Pabellón tuvo una nueva remodelación y ampliación para Pabellón del Ministerio de Agricultura a cargo de José Luis Fernández del Amo. Contó este arquitecto al que se le encargó la reforma que quiso ser respetuoso con la obra original y pidió colaboración a sus autores, que desinteresadamente aceptaron.

Revista Arquitectura, 1969. Foto Gómez.

La obra era una armónica sucesión de espacios, planos y niveles de ladrillo y cristal. Como escribió José Luis Fernández del Amo,

“si la arquitectura es, sobre todo, una creación de espacios, este edificio, al que mi modesta aportación solo ha querido ser fiel, es una estupenda obra de arquitectura”.

Revista Arquitectura, 1969. Foto Gómez.

Hace unos años sirvió de Escuela-Taller dentro de un Programa del Instituto Nacional de Empleo, cartel que aún subsiste junto a la verja de entrada a uno de los patios y que contribuye un poco a esa sensación de abandono que transmite el lugar.

Actualmente, aunque parezca mentira, el Pabellón está casi en ruinas.

Desde hace años, se ha permitido su deterioro hasta tal punto que está prohibido acceder al interior debido al mal estado. Comprobamos que parte de alguno de los muros ya se ha desplomado.

Inspira una cierta tristeza ver la situación en que se encuentra.

Dentro de su valor arquitectónico es una construcción sencilla, tal vez podría recuperarse y tener uso en el futuro. No parece fácil, pero la solución hoy día no debería ser dejar simplemente que el paso del tiempo lo acabe destruyendo.

Por: Mercedes Gómez

 

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Bibliografía e información:

DE COCA LEICHER, José. El recinto ferial de la Casa de Campo de Madrid (1950-75). Tesis doctoral. ETSAM, Madrid 2013.

FERNÁNDEZ DEL AMO, José Luis. “Nuevo pabellón del Ministerio de Agricultura en la Feria Internacional del Campo de Madrid”. Arquitectura, nº 121. COAM. Madrid, 1969.

Feria del Campo. RTVE, 1968

Feria del Campo. RTVE, 1965

Hace ya casi nueve años que conocimos aquí la historia de la Lonja o Galería de las Grutas del Jardín de Felipe II. Ahora gracias a un extraordinario recorrido municipal por el Reservado de Felipe II en la Casa de Campo he tenido el placer de volver a visitarlas.

Recordemos que se trata de un conjunto arquitectónico único, construido en la segunda mitad del siglo XVI, único vestigio de un jardín del Renacimiento madrileño y uno de los pocos ejemplos en España. Nos cuenta nuestra guía que incluso desde Italia, país donde nació este modelo de jardines, vienen a Madrid estudiosos interesados en ver esta construcción singular.

Como ya vimos, sorprendentemente una parte importante de la Galería ha conseguido ir sobreviviendo a las continuas vicisitudes que ha sufrido a lo largo de sus más de cuatro siglos de vida. Desde Felipe II hasta hoy día, monarcas, gustos artísticos, guerras, invasiones, agresivas obras a su alrededor se han ido sucediendo, una parte de este edificio lo ha soportado todo y ha llegado a nuestros días. Hoy día es una valiosísima joya que esperemos en un futuro forme parte de un recuperado Jardín de Felipe II.

En 2007 comenzaron los estudios y trabajos de restauración y adecuación de la Grutas y de la hornacina llamada de la Fuente de Neptuno del Reservado Chico de Felipe II junto al Palacio de los Vargas a cargo del Ayuntamiento de Madrid.

Un cartel en la valla exterior nos da unas breves nociones históricas y describe las actuaciones de consolidación realizadas. En tercer y último lugar se habla de las actuaciones futuras en una nueva fase de restauración de las fábricas conservadas e investigaciones destinadas a la deseada recuperación integral de los jardines de Felipe II junto al palacete.

Cartel informativo valla exterior de las Grutas, Ayuntamiento de Madrid.

En el cartel, sobre el cuadro La Casa de Campo de Félix Castello se representan esquemáticamente las grutas con los restos existentes y los desaparecidos.

Cartel informativo valla exterior de las Grutas (detalle), Ayuntamiento de Madrid.

El edificio presentaba diversas patologías debido a varios problemas, su uso como almacén en el pasado, las grandes humedades… Se observaron fisuras, grietas, alteración y ocultación de revestimientos históricos, etc.

Se procedió a la limpieza de las cubiertas, control de la humedad, excavación y estudio de restos arqueológicos, recuperación de hornacinas, columnas y pilastras, restauración de estucos y mosaicos y al cerramiento provisional.

En 2009 fue aprobado un nuevo presupuesto para su consolidación estructural y continuación de la restauración.

Su interior ya no está ocupado por trastos como si fuera un vulgar almacén, a sus puertas ya no aparcan maquinarias y coches, y sus bellas bóvedas rebajadas no necesitan ser apuntaladas. Qué alegría poder admirar esta maravilla bien cuidada.

Sus muros de ladrillo, columnas de piedra, hornacinas, etc. han sido restaurados y permiten imaginar la belleza que debieron mostrar en el pasado. Aún está pendiente la restauración del pavimento.

Se conserva la estructura constructiva, no la decoración. Pero los trabajos de restauración han sacado a la luz restos de mosaicos y grutescos escultóricos que debieron adornar muros y techos.

Es emocionante contemplar las bóvedas limpias, sin la costra negra acumulada, los arcos y vestigios de decoraciones perdidas.

También aparecieron –esto ya lo vimos en el antiguo artículo– algunos de los conductos por las que fluía el agua que sorprendía a los visitantes en esta Sala del Mosaico, o Sala de Burlas, recordemos, con sus juegos de agua, mediante los cuales, con disimulo, se mojaba a las personas que por allí paseaban con una falsa y suave lluvia.

Gracias a la excavación arqueológica y la recuperación del nivel original de la galería, más profundo que el nivel del suelo actual, vemos la asombrosa basa de mármol de las columnas de la gruta que vamos a ver a continuación, por primera vez.

Es una gran y grata sorpresa contemplar la gruta en cuyo interior se encontraba la Fuente de Neptuno llamada también Fuente Rústica con su decoración en forma de concha o venera, que albergaba al Dios de las Aguas, acompañado por Venus y Diana.

El palacete de los Vargas –que esperamos por fin acoja un centro de interpretación o museo de la historia de la Casa de Campo–, el jardín de Felipe II y las grutas, situados frente al Palacio Real, al que estarían unidos por los restos del llamado Túnel de Villanueva, forman un conjunto singular que ojalá en un futuro no demasiado lejano podamos disfrutar.

Por: Mercedes Gómez

Volvemos a la calle del Marqués de Villamejor donde hace poco visitamos las viviendas para el conde de Artaza construidas en 1909 por Cesáreo Iradier.

Antes recordemos que el barrio de Salamanca, destinado a la burguesía y clases más acomodadas, fue proyectado en 1860 por Carlos María de Castro dentro del plan de Ensanche de Madrid. Hacia 1866 estaba trazado pero apenas había comenzado su construcción; ya existían las primeras manzanas junto a la Puerta de Alcalá y la calle de Serrano pero poco más.

La breve calle del Marqués de Villamejor se abrió unos años después, desde el paseo de la Castellana hasta la calle de Serrano. El nombre fue asignado por acuerdo municipal en julio de 1901. Sus solares, entonces ya rodeados de algunos palacios y palacetes, se destinaron a la construcción de lujosos edificios de viviendas de alquiler.

La acera de los impares de la calle Marqués de Villamejor, números 1 al 7, tiene el sello de Antonio Palacios.

El edificio más antiguo, levantado hacia 1880, es el actual nº 7, con vuelta a Serrano. Eran las viviendas para don Luis Harguindey, reformadas y ampliadas por Palacios en 1903; fue una de las primeras obras del gran arquitecto. Actualmente está otra vez en obras y por lo que se puede observar del edificio de principios del siglo XX únicamente debe quedar la fachada.

Calle Marqués de Villamejor 7, c/v Serrano.

En 1906 Antonio Palacios y Joaquín Otamendi construyeron otro edificio de viviendas, en esta ocasión para don Tomás Rodríguez. Es el actual nº 3.

Calle Marqués de Villamejor, 3

Tengamos en cuenta que para entonces Palacios y Otamendi ya habían proyectado el Palacio de Comunicaciones en Cibeles.

El portal es majestuoso.

Muestra una decoración de inspiración modernista.

En él se observa el maravilloso uso de las artes decorativas que Palacios y Otamendi harían en toda su obra. El hierro, la escultura, la vidriera, en este caso obra de la casa La Vidriera Artística.

Los detalles inspirados en el arte clasicista conviven con el modernismo del momento.

Los mármoles de la escalera, el pavimento de dibujo geométrico, las lámparas… cada elemento que podamos observar es bello y de calidad.

En el solar que existía entre este edificio y el anterior, el que hace esquina con Serrano, en 1925 se construyó el “Garaje Villamejor”, del arquitecto Mariano Aznárez Torán, hoy sede de una Escuela de Finanzas. Según la Guía de Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Madrid la relación que se observa con la obra de Palacios, autor de los edificios de esta acera como hemos visto, “permiten suponer su intervención en alguna traza previa que desarrollaría como proyecto Aznárez Torán”.

Calle Marqués de Villamejor, 5

Finalmente, en 1914 Antonio Palacios proyectó el edificio en el solar en la esquina con el paseo de la Castellana, actual nº 1, las viviendas para doña Luisa Rodríguez.

Calle Marqués de Villamejor 1, c/v Castellana, 28.

Palacios diseñó este edificio en la esquina de ambas vías rematado por un espectacular torreón, y un patio circular en el interior. En 2003 fue rehabilitado para ser ocupado por oficinas; no solo se modificó su interior sino que, con la construcción de una especie de castillete sobre el patio, se modificó también su aspecto exterior.

Por Mercedes Gómez

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Bibliografía:

COAM. Guía de Arquitectura. Madrid, 2003.

VVAA. Antonio Palacios. Constructor de Madrid. Catálogo Exposición Círculo de Bellas Artes, nov.2001-ene.2002.

 

Carlos María de Castro nació en 1810 en Estepa, Sevilla. Muy joven se trasladó a Madrid y en 1833 obtuvo el título de Arquitecto de la Real Academia de San Fernando; también consiguió el título de Ingeniero de Caminos. Como tal, como ingeniero y arquitecto, y como urbanista, desarrolló una intensa actividad en nuestra ciudad y otros lugares de España.

Participó en la construcción de la red ferroviaria, puentes, trabajos hidráulicos, etc. En 1843 dirigió las obras del Canal del Manzanares, al año siguiente trabajó en la designación de los puntos para establecer las torres de telegrafía óptica… Y fue el encargado de redactar el proyecto de Ensanche de Madrid, de gran importancia para el futuro de la villa.

Plano del Anteproyecto de Ensanche de Madrid

El plano fue firmado por Castro el 1 de mayo de 1859.

Su “Memoria descriptiva del Anteproyecto de Ensanche de Madrid”, firmada como Inspector de Distrito del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, fue aprobada por Real Decreto de 19 de julio de 1860.

El arquitecto fue nombrado Director del Ensanche y su proyecto recibió el nombre de Plan Castro.

El anteproyecto implicaba el derribo de la Cerca que rodeaba Madrid desde el siglo XVII, ordenada levantar por el rey Felipe IV en 1625. El derribo no se llevó a cabo hasta 1868. Ese año, tras el exilio de la reina Isabel II, Castro fue cesado del cargo de director del Ensanche.

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Cuatro años antes, en 1864 Carlos María de Castro proyectó su propia residencia, un palacete en la entonces naciente calle de Fernando el Santo, en el barrio de Almagro, distrito de Chamberí.

Plano de Madrid, 1866.

Su propia casa era un buen ejemplo de los palacetes que se fueron construyendo en los barrios acomodados, Chamberí y Salamanca, proyectados por él mismo. En la calle de Fernando el Santo se conservan algunos, el antiguo palacete del marqués de Argüeso –actual sede de la Embajada Argentina–, el palacete de Sánchez de Toca –Embajada de Brasil–, el del marqués de Linares, el palacio de los marqueses de Casa Riera y la casa-palacio de Carlos María de Castro.

En 1878 fue reformada por Tomás Aranguren para su nuevo propietario, el conde de Heredia-Spínola, el militar y político Luis Martos, que entre otras cosas había sido Alcalde de Madrid.

El palacete consta de dos plantas, además de un semi-sótano y un ático. Las dos plantas están unidas por una doble escalera con barandilla de hierro forjado y pasamanos dorado.

Las habitaciones y salones se asoman a la calle Fernando el Santo y al jardín.

Único recuerdo de lo que pudo ser la casa-palacio son las molduras y rosetones de yeso de los techos y las carpinterías de madera de puertas y ventanas.

La fachada posterior que da al jardín tiene dos torreones de inspiración medieval.

El jardín tiene un bonito pavimento de ladrillo con forma de la llamada espina de pez.

Al otro lado de la parcela se conservan dos construcciones auxiliares de ladrillo.

Y en un lado, no podía faltar la fuente.

En la fachada una placa recuerda que Carlos María de Castro, arquitecto y tracista del Ensanche madrileño, lo construyó y allí vivió. El texto puede resultar equívoco, pues el arquitecto no vivió aquí desde 1810 hasta 1893, esas son las fechas de su nacimiento y muerte. En 1878, como vimos, la propiedad había pasado a otras manos.

Su prolífica carrera terminó con su jubilación en 1881, aunque nunca abandonó la actividad completamente, llevando a cabo trabajos técnicos, hasta su muerte en 1893, en Madrid.

El bonito palacete en el siglo XX fue propiedad de Banesto, después pasó a manos de otros propietarios. En la actualidad se alquila para eventos de lujo.

Por: Mercedes Gómez

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Estos días acoge el Mercadillo de Hanbel 2018, marca de muebles y artículos de decoración.

Calle Fernando el Santo, 14.

Abierto todos los días con horario ininterrumpido de 11 a 20 horas, hasta el 4 de Junio.

El próximo miércoles 16 de mayo a las 17,30 h. tendremos la oportunidad de participar en una visita guiada gratuita al recinto ferial de la Casa de Campo de Madrid.

El paseo se enmarca dentro del Programa esPATRIMONIOdescúbrelo, organizado por Dolores Muñoz, del que hemos hablado aquí en repetidas ocasiones pues gracias a él hemos disfrutado de magníficas visitas, por ejemplo al Hipódromo de Madrid, por citar una de las más recientes. Este año el ciclo está dedicado al Movimiento Moderno y los grandes Maestros del siglo XX.

Como siempre, la visita será guiada por un especialista en la materia, en este caso el arquitecto José de Coca Leicher, autor de la tesis doctoral El recinto ferial de la Casa de Campo de Madrid (1950-75).

Accederemos al interior del Pabellón Palacio de Cristal donde podremos escuchar y aprender sobre todo lo relativo al edificio, al recinto ferial y sus características arquitectónicas.

También disfrutaremos de un recorrido por los alrededores contemplando el exterior de algunos pabellones hoy sin uso, con el fin de conocer su historia. Los Pabellones creados para la Feria Internacional del Campo en varias ediciones, del INI, de los Hexágonos, etc. En la construcción de este Recinto Ferial participaron algunos de los arquitectos más notables del tercer cuarto del siglo XX.

(Pulsar para ampliar)

Las plazas son limitadas, es necesaria la inscripción previa enviando un correo a: espatrimonio@marcologico.es

Espero que sea de vuestro interés.

Mercedes Gómez

 

Hace tiempo visitamos la Casa Palacio del conde de Guaqui, que actualmente forma parte de las dependencias del Museo Thyssen. Recordemos que su autor fue el arquitecto Cesáreo Iradier que en 1917 la construyó inspirándose en el estilo antiguo del renacimiento español, utilizando elementos que se convertirían en característicos de la arquitectura de comienzos del siglo XX, historicistas y regionalistas. Como hemos visto en otras ocasiones, en aquellos tiempos destacaba el uso que hicieron los arquitectos de las artes decorativas, como la escultura, la vidriera, el hierro forjado y la cerámica, en la construcción de casas palacio para la aristocracia y edificaciones para instituciones.

Antes que el palacio para el conde de Guaqui, en 1909 Iradier ya había construido un edificio de Viviendas para el conde de Artaza, en la calle Marqués de Villamejor nº 6.

Calle Marqués de Villamejor, 6

Se observan algunos detalles decorativos modernistas en los balcones y las rejerías.

También en el sencillo interior del portal.

Como curiosidad diremos que en esta casa vivió otro arquitecto singular, Fernando García Mercadal, como recuerda la placa municipal instalada en 1991 en la fachada.

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Para el mismo conde de Artaza, Iradier proyectó en 1915 el edificio que se considera fue su obra maestra.

El edificio originalmente de Viviendas, comercios y oficinas para el conde de Artaza está situado en la Gran Vía nº 11, con fachadas a la calle del Clavel y Caballero de Gracia. Las obras finalizaron en 1917.

Foto: “La Construcción moderna”, 1917 (Biblioteca Nacional)

Actualmente alberga el Hotel de las Letras.

Hotel de las Letras, 2018.

Tras varias reformas a lo largo del tiempo, ha perdido algunos de los bellos elementos primitivos, como la crestería y pináculos que adornaban la parte superior de la fachada que se aprecian en la foto antigua.

La última reforma tuvo lugar en 2002, a cargo de Marta Torres y Virginia Figueras que proyectaron su rehabilitación para hotel, el Hotel de las Letras, que fue inaugurado en 2005.

Felizmente se conservan muchos elementos decorativos originales.

La cerrajería fue obra de García Nieto y de Bernardo Asins.

La puerta de hierro de la entrada es una obra de arte. Aún conserva el sello del taller de Gabriel Asins.

Cesáreo Iradier utilizó los materiales e instalaciones de mayor calidad, a cargo de la mejores empresas en aquellos momentos. No solo la cerrajería de Asins sino los mármoles de Nicoli y Franci, vidrieras de Maumejean, ascensores de Boetticher y Navarro…

Tanto en la fachada como en el interior se utilizó cerámica de Talavera.

Los diseños atribuidos a Francisco Arroyo, que era el director artístico, fueron realizados en la fábrica de Juan Ruiz de Luna.

Los bellos azulejos decoran el portal y la escalera de acceso.

El Hotel de las Letras es un hermoso edificio, uno de los que jalonan la Gran Vía madrileña, de los primeros levantados en la segunda década del pasado siglo XX, en el primer tramo de la entonces llamada Avenida del Conde de Peñalver, todos ellos muy lujosos, acordes con el gran proyecto, una maravilla que hoy podemos admirar.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

GALLEGO, Eduardo. “Casa de alquiler en la Gran Vía”. La Construcción moderna. Madrid, 30 marzo 1917. (BNE)
ROCHA ARANDA, Óscar da: El Modernismo en la arquitectura madrileña. Génesis y desarrollo de una opción ecléctica. Madrid, 2009.
monumentamadrid.es

 

 

Como sabemos, el largo tramo de muro conservado en la Cuesta de la Vega pertenece a la muralla que rodeaba el llamado primer recinto madrileño, la ciudad islámica, la medina de Mayrit. En total son aproximadamente 120 metros, desde la Cuesta de la Vega hasta el Viaducto, que seguramente continúan bajo el pequeño jardín en la calle Bailén junto al edificio de Capitanía General, antiguo Palacio de Uceda.

Cuesta de la Vega. Parque emir Muhammad I.

Esta primera muralla fue construida por los musulmanes en el siglo IX, hay acuerdo en que fue levantada por orden del emir Muhammad I.

Además de los documentos históricos así lo acredita la técnica constructiva empleada, con sillares de sílex o pedernal en la parte inferior y piedra caliza blanca en la superior, colocados a soga y tizón, el llamado aparejo cordobés, por ser utilizado en época emiral y califal, entre los siglos VIII y X. Y con sus torres macizas de planta cuadrada, características de la arquitectura militar islámica, con técnica similar a la de otras murallas levantadas en esa etapa histórica.

Son los vestigios más importantes de esta construcción defensiva que rodeó el primer Madrid –a falta de algún día poder contemplar, en el futuro Museo de Colecciones Reales, los lienzos hallados bajo la Catedral y la plaza de la Almudena–. A pesar de las numerosas reformas, destrozos y el propio paso del tiempo, lo que queda del recio muro sigue siendo un monumento imponente y sugestivo.

En arquitectura, construcción a soga es cuando el lado mas largo del ladrillo o sillar de piedra va colocado en la misma dirección del largo del paramento del muro. A tizón es cuando la mayor dimensión de las piedras o ladrillos se sitúan en sentido perpendicular al plano del paramento –por eso pueden parecer piezas cuadradas aunque en realidad son rectangulares, como las otras–.

Cuando ambos sistemas se mezclan se habla de a soga y tizón. Es la técnica utilizada en el caso de nuestra primera muralla.

Cuesta de la Vega (detalle)

Y es la técnica empleada en la majestuosa Mezquita de Córdoba, cuyo exterior con almenas y contrafuertes nos recuerda a una muralla.

Mezquita de Córdoba

En algunos de los muros más antiguos de la mezquita, de época emiral, se observa la mencionada fábrica de canon cordobés, la construcción a soga y tizón.

Por : Mercedes Gómez

El pasado jueves 19 de abril tuve el placer de disfrutar de un recorrido por algunos de los bellos lugares que ofrece la ciudad de Guadalajara. La Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Guadalajara, bajo el acertado lema Guadalajara, mucho por descubrir, nos invitó a conocer la ciudad en compañía de algunas entidades y asociaciones culturales, guías turísticos y otros amigos blogueros de Madrid.

Lo primero debo dar las gracias por la invitación, fue una mañana preciosa en la que creo todos disfrutamos con el paseo, las buenas explicaciones de nuestro guía, y la amabilidad de nuestros anfitriones. Muchísimas gracias.

Tras nuestra llegada a la ciudad comenzó el itinerario frente al espectacular Panteón de la duquesa de Sevillano y condesa de la Vega del Pozo.

Construido por Ricardo Velázquez Bosco formando parte de un conjunto de edificios que la condesa destinó a establecimientos benéficos. Sus grandes dimensiones, a primera vista, impactan, y las obras de arte que guarda en su interior son magníficas, destacando la obra escultórica de Ángel García Díaz, que recordemos trabajó en repetidas ocasiones con este arquitecto.

Guadalajara, además de monumental, es una ciudad con grandes zonas verdes por la que da gusto pasear.

Desde el Panteón nos dirigimos a otro complejo arquitectónico, el interesante antiguo monasterio o Fuerte de San Francisco. Fundado como convento, desde 1808 fue utilizado como fuerte militar; además del antiguo convento el fuerte está formado por antiguos edificios militares, fábricas –incluso contaban con una forja– y la colonia de viviendas.

En el año 2000 el Ministerio de Defensa lo cedió al Ayuntamiento de Guadalajara. Desde entonces el complejo está siendo restaurado.

La historia del convento es muy antigua. Durante la restauración de la iglesia en 2011 se realizaron excavaciones arqueológicas y aparecieron los restos de un ábside de cal y canto perteneciente a la iglesia primitiva. El templo gótico sufrió un grave incendio a finales del siglo XIV sobre el que se construyó la actual Iglesia de San Francisco, de traza gótica, atribuida a Juan Guas –autor también del Palacio del Infantado–.

En esta iglesia se encuentra la Cripta de los duques del Infantado, mandada construir por el X duque a finales del siglo XVII, inspirada nada más y nada menos que en el Panteón de los Reyes del Monasterio del Escorial. El descenso por la escalera de mármoles de colores impresiona.

La cripta fue saqueada, profanada y destrozada por el ejército francés durante la guerra de la Independencia. Los huesos quedaron mezclados y esparcidos por el suelo.

Hasta su apertura al público en 2011 tras la restauración, estuvo en ruinas, ahora luce en todo su esplendor.

Los restos de toda la familia Mendoza fueron trasladados a Pastrana. Aquí se han conservado los féretros tal como quedaron, varios de ellos rotos a manos de los franceses, como testigos de la historia.

Abandonamos el Fuerte y caminando hacia nuestra próxima visita nos detuvimos unos momentos a contemplar la Iglesia de Santa María, hoy Concatedral, el Convento de las Carmelitas de San José y la Puerta de Bejanque, uno de los escasos restos de las murallas que rodearon Guadalajara en la edad media.

Puerta de Bejanque. Guadalajara.

Poco después llegamos a las puertas de una de las joyas de la ciudad, la Capilla de Luis de Lucena, construida en ladrillo, único vestigio de la primitiva iglesia de San Miguel, derribada en el siglo XIX.

Capilla Luis de Lucena

La Capilla, del siglo XVI, conserva en su interior los hermosos frescos de la bóveda, atribuidos al pintor florentino Rómulo Cincinato –de quien luego admiraremos sus pinturas en el Palacio del Infantado–. La capilla en la actualidad alberga un pequeño y valioso museo.

Desde aquí nos dirigimos al Palacio de la Cotilla, hoy Taller Escuela de arte, donde además de un descanso acompañado de buen café y dulces alcarreños, nos aguardaban el Salón Chino y un inesperado museo dedicado al dramaturgo Antonio Buero Vallejo.

Nos contó nuestro guía que la Cotilla no se refiere a ninguna señora curiosa sino que se trata de una deformación que el tiempo dio a la palabra Costanilla.

El edificio fue construido en el siglo XVII, alrededor de un patio.

Palacio de la Cotilla

A finales del XIX fue propiedad de los marqueses de Villamejor de cuya época –recordemos el gusto de los aristócratas de entonces por los salones de inspiración oriental– se conserva el Salón Chino, una estancia deliciosa creada para disfrutar de representaciones teatrales y conciertos.

Salón Chino Palacio de la Cotilla

Está decorada con papel de arroz pintado representando escenas y leyendas de la vida feudal en la China imperial, durante la Dinastía Qing. El detallado dibujo a tinta y su delicada coloración ofrecen un resultado exquisito.

Salón Chino Palacio de la Cotilla (detalle)

Las Salas dedicadas a Buero Vallejo son una grata sorpresa. En ellas se exponen objetos (caja de pinturas, pinceles…), algún autorretrato y cuadros firmados por él, pues recordemos que además de dedicarse al teatro fue pintor y apasionado del dibujo. También se ha instalado, con gran fidelidad a cómo estaba distribuido en su casa, el que fue su despacho en Madrid.

Tras una breve parada en el conjunto formado por el Palacio renacentista de Antonio de Mendoza y la Iglesia plateresca de la Piedad, actual instituto de enseñanza, llegamos a nuestra última parada, el imponente Palacio del Infantado, del que ya contamos su historia aquí.

Todo esto son solo unos apuntes de la gran cantidad de lugares que hemos podido conocer en esta agradable jornada. Hay mucho más que contar, y monumentos y calles que recorrer, volveremos pronto a la hospitalaria Guadalajara. Historia, arte, jardines, gastronomía…

En la web del Ayuntamiento podéis encontrar información, horarios, visitas guiadas, etc.

También en la app turística descargable en el teléfono móvil, donde entre otras sugerencias todas muy apetecibles encontramos el apartado Descubrir experiencias, una guía con las mejores rutas: ruta de Murallas y fortificaciones, Leyendas, ruta del Cine, de Arquitectura, del Romanticismo, ruta del Mudéjar…

Os animo a todos a visitar Guadalajara, donde sin duda hay mucho por descubrir.

Por: Mercedes Gómez

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