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El Colegio Santamarca celebra su Semana Cultural, entre el 17 y el 21 de febrero próximos, centrada especialmente en la figura y el patrimonio de su fundadora.

El colegio debe su origen a la condesa de Santamarca, viuda del duque de Nájera desde 1910. Dueña de una gran fortuna y sin hijos, decidió la fundación de un colegio-asilo para niños huérfanos y pobres de Madrid. Su historia y la de su sede se puede leer en su web.

El conjunto arquitectónico es obra de Manuel Ortiz de Villajos. Está situado en la calle Marcenado, 50, en el distrito de Chamartín, en terrenos donados por la condesa. Se trata, como otros edificios de la época (1921-1927), de una construcción neomudéjar con elementos neogóticos.

Además de conocer el edificio, esta Semana Cultural nos ofrece la oportunidad de contemplar una selección de pinturas de la Colección de Arte Santamarca, expuestas en la iglesia del conjunto.

Entre otras obras podremos ver una serie de cartones para tapices, Juegos de niños (h. 1785-1786), seis óleos sobre lienzo de Francisco de Goya; Cesto de flores (1660-1670), de Juan de Arellano; retratos de la propia Condesa, uno de José Moreno Carbonero, de 1908, ya adulta, el otro, obra de Bernardo López Piquer, Carlota de Santamarca y Donato, a la edad de dieciséis años, de 1865.

Además, podremos admirar la propia iglesia, y las dos obras que presiden la cabecera, del pintor barroco Luca Giordano.

La exposición podrá visitarse los días 18, 19 y 20. También se impartirá una conferencia y habrá un Concierto. Todas las actividades son gratuitas, pero es necesario inscribirse, aquí:

Exposición de obras seleccionadas de la Colección Santamarca: De Luca Giordano a Goya

Conferencia “La historia y legado de Carlota de Santamarca: el arte al servicio de la enseñanza” ofrecida por D. Wifredo Rincón

Concierto de cuerda y de canto popular

 

Muchas gracias a la Fundación Santamarca por dar a conocer su Colección de arte y abrirnos sus puertas.

Por: Mercedes Gómez

 

 

El Museo ICO ha inaugurado la exposición Sáenz de Oíza. Artes y oficios, que se podrá visitar hasta el próximo 26 de abril.

La muestra ofrece un personal recorrido, no cronológico, por la vida y la obra del arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oíza (Cáseda, Navarra, 1918 – Madrid, 2000), mediante planos, libros, revistas, fotografías y objetos personales; la singularidad es que no se limita a este aspecto sino que se establece un sugerente y maravilloso diálogo con obras de una serie de artistas con los que en algún momento colaboró o tuvo relación: Eduardo Chillida, Jorge Oteiza, Lucio Muñoz, Pablo Palazuelo, Antonio López…

El espacio del museo se ha dividido en cinco salas, cinco oficios, a su vez relacionados con cinco formas de arte.

El oficio de aprender / el arte de enseñar. Aquí conocemos al joven arquitecto, sus orígenes y su aventura americana. Sus diferentes influencias, su admiración a la vez por el mundo clásico y por maestros como Le Corbusier, y su labor como profesor.

Fco. Javier Sáenz de Oíza. Composición Homenaje a Le Corbusier (Col. particular)

El oficio de habitar / el arte de construir. Sáenz de Oíza consideraba que el papel principal del arquitecto era construir “La Casa”. La casa, que no es solo el lugar donde vivir, es un espacio íntimo, protector.

Además de otros proyectos, en los años 50 construyó viviendas sociales en Madrid (Entrevías, Fuencarral, Batán…).

El tercer espacio, El oficio del alma / el arte de evocar, está dedicado a la Basílica de Aránzazu.

En ella trabajaron, además de él mismo junto con el arquitecto Luis Laorga, escultores como Eduardo Chillida y Jorge Oteiza, y pintores como Lucio Muñoz, que creó el espectacular retablo. También Antonio López fue a la Basílica, a ayudar a su amigo Lucio a terminar el gigantesco mural.

Mural de Lucio Muñoz en la Basílica de Aranzazu.

En El oficio de creer / el arte del mecenazgo se exponen algunas de las obras de los años 60-70, entre ellas el emblemático edificio madrileño de Torres Blancas.

Maqueta Torres Blancas (Col. particular)

El propio arquitecto vivió allí; y su amigo Antonio López pintó Madrid desde una de sus terrazas.

Foto Luis Pérez Mínguez. Antonio López pintando desde Torres Blancas. (Estudio A.López)

En esta época trabajó y llegó a ser gran amigo de artistas como Pablo Palazuelo, el mencionado Jorge Oteiza, etc. La exposición incluye magníficas obras de todos ellos que explican y enriquecen el universo del arquitecto a lo largo de su vida.

Finalmente, El oficio de competir / el arte de representar cuenta algunos de los concursos de ideas o proyectos arquitectónicos en los que participó. En lo que se refiere a Madrid, aquí se incluye la Torre BBVA.

Maqueta de la estructura de la Torre BBVA (Col. particular)

Un placer escuchar a los comisarios de la muestra, tres de sus hijos, Javier, Vicente y Marisa Sáenz Guerra, que transmiten entusiasmo, admiración y amor por la labor de su padre –ellos a su vez son arquitectos–. En la presentación nos cuentan que él nunca dejó de querer aprender y hacer cosas, lo cual han intentado transmitir en esta exposición a todos nosotros, los visitantes, y animarnos no solo a ver cosas sino a imaginar y a crear.


Museo ICO

Calle Zorrilla, 3

Sáenz de Oíza. Artes y oficios
De martes a sábados: 11 a 20 h.
Domingos y festivos: 10 a 14 h.
Hay visitas guiadas gratuitas y actividades educativas. Toda la información en su web

 

Por: Mercedes Gómez

 

Hace unos meses, caminando por la calle de Pablo Aranda, en el barrio del Viso, distrito de Chamartín, en dirección a la de Serrano, llamaba la atención una aparatosa obra. Se adivinaba parte de un edificio de aspecto palaciego, rodeado de un gran jardín y una tapia de ladrillo.

Calle Pablo Aranda, sept. 2019.

Se trataba de Villa San José.

La finca, en la calle Pablo Aranda nº 3, desde 1928 fue propiedad de la Compañía de Jesús, hasta 2016 en que la pusieron en venta. Acogió la llamada Casa de escritores, donde hubo una gran actividad cultural, tuvieron su sede Razón y Fe y otras revistas, y la institución Fomento social, además de ser residencia de miembros de la comunidad jesuita.

Mucho han cambiado las cosas desde que hacia 1920 fue construido el edificio, en las afueras de Madrid, entonces rodeado de campo en el que los niños jugaban al fútbol. Hoy es una de las zonas más caras de la ciudad.

Villa San José, h. 1928 (foto: “Breve historia de la Villa San José”, de Pedro Miguel Lamet)

El palacete tenía dos pisos con veinticuatro habitaciones, despensa, capilla, biblioteca, etc.

Villa San José. El comedor y el hall contiguo donde tenían lugar las “charlas amigables” (foto: “Breve historia de la Villa San José”, de Pedro Miguel Lamet)

Su historia, como la de toda la ciudad, ha sido azarosa. Incautado en 1932, en un primer momento el edificio fue ocupado por una escuela dirigida por Castillejo. Al año siguiente la nueva calle recibió el nombre del arquitecto Pablo Aranda.

Después de la guerra los jesuitas lo recuperaron y volvieron a ocuparlo.

Villa San José, 1939 (foto: “Breve historia de la Villa San José”, de Pedro Miguel Lamet)

Una zona de la finca fue expropiada para el trazado la calle; fue entonces cuando se levantó la tapia de ladrillo que sigue existiendo. A esas alturas Villa San José ya no se encontraba en el extrarradio sino junto a los límites del moderno barrio de Salamanca.

En 1956 se construyó un nuevo pabellón de ladrillo junto al chalet original como ampliación de las instalaciones.

Foto: Ayuntamiento de Madrid

Después de muchos avatares, reformas y proyectos, vendida la finca, la comunidad fue clausurada el 31 de julio de 2016.

Villa San José ocupa más de 3.000 m2, de los cuales casi la mitad –al menos hasta hace poco– pertenecen al jardín, con árboles de varias especies, algunos muy antiguos, entre ellos algunas palmeras, poco habituales en Madrid.

En la actualidad se están construyendo ocho viviendas de gran lujo. Tres en el antiguo Palacete y cinco en un nuevo Pabellón que se está levantando en lugar del antiguo de los años 50.

Villa San José, enero 2020

Por: Mercedes Gómez

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Fuentes:

Pedro Miguel Lamet, Breve historia de “Villa San José” (Casa de escritores). 1928-2016.

El Confidencial

Hace casi nueve años que publiqué el artículo contando la historia del antiguo Dispensario de la calle Goya.

El edificio racionalista, construido entre los años 1926 y 1928 por el arquitecto Amós Salvador Carreras, era el Antiguo Dispensario Antituberculoso. Pero su historia y la del solar resultó ser mucho más antigua, se remontaba al menos a los años finales del siglo XIX, como vimos. Tenía doble entrada, por la calle de Goya 52, y por la del General Pardiñas, por donde se accedía al jardín y a los antiguos pabellones con elementos de estilo neomudéjar, que continúan existiendo tras un muro y una verja, en el actual nº 14 de dicha calle.

Contaba entonces que el edificio figuraba en la lista de inmuebles propiedad de la Comunidad de Madrid que iban a ser rehabilitados, en este caso para centro de salud.

Han pasado los años y el conjunto continúa sin ser restaurado ni rehabilitado. Hace tiempo, no recuerdo cuánto, una lona de obra fue colocada en la fachada de la calle Goya.

Recientemente he recibido un correo de un lector del blog hablándome del Dispensario. Se trata de una persona que vivió en el barrio hace unos años y que guarda un buen recuerdo y cariño por el conjunto, lo visita a menudo y se interesa por sus avatares. De vez en cuando habla con los vecinos de la zona que siguen el día a día y conocen la situación.

Me cuenta que al parecer existe el proyecto de construir un nuevo edificio de viviendas en la calle del General Pardiñas 14, ocupando una parte del jardín, a partir del lugar donde está la tapia entre las medianerías de los edificios colindantes. El espacio sería cedido por la Comunidad de Madrid; a cambio la Consejería de Sanidad utilizaría dos plantas de la nueva construcción, según parece para un Centro de Atención Primaria.

No podemos asegurar que todo esto sea cierto. En cualquier caso hay que recordar que según el Plan General de Ordenación Urbana del Ayuntamiento de Madrid la parcela y sus edificios continúan ostentando la calificación de equipamiento básico, con uso específico de equipamiento de salud, no residencial.

Pero si el proyecto fuera cierto, teniendo en cuenta que además de equipamiento básico se trata de patrimonio público, con valor histórico y artístico, nos preguntamos:

¿Qué pasa con las edificaciones que llevan años esperando cuidados? ¿El antiguo dispensario racionalista de los años 20 será por fin restaurado…? ¿No son suficientes para instalar un centro de salud bien acondicionado como desde hace unos años estaba previsto?

Si se llevara a cabo ese supuesto proyecto, el antiguo y bonito pabellón neomudéjar ¿quedaría oculto en el patio resultante tras el nuevo edificio?

Sería deseable que las construcciones del antiguo Dispensario y su Jardín fueran recuperados y el pabellón neomudéjar, que forma parte de la historia de Madrid y la del distrito de Salamanca, quedara a la vista de todos.

Esperamos poder recabar noticias más claras. Cualquier información será bienvenida. Gracias.

Por: Mercedes Gómez

 

Uno de los varios edificios que Miguel Fisac construyó en la Colina de los Chopos para el CSIC fue el Centro de Física Miguel Antonio Catalán.

Recordemos que Fisac había construido la Capilla del Espíritu Santo sobre el Auditorio de la Residencia de Estudiantes. El auditorio estaba formado por un salón de actos, sala de conferencias, biblioteca, salas de lectura y aulas especiales, ordenado el conjunto en torno a un patio-claustro con una fuente en el centro, claustro que el arquitecto conservó, pues junto a su sencillez le pareció precioso, realizado con gran sabiduría por el arquitecto Arniches, como él mismo escribió.

El claustro, salvado, permaneció junto a la capilla y hoy pertenece al Centro de Física formado por tres institutos, uno de ellos el Instituto de Óptica “Daza de Valdés”, proyectado en 1948.

Los muros exteriores del edificio son de ladrillo y los forjados de hormigón armado.

El único elemento en la austera fachada de ladrillo que permite imaginar lo que encontraremos en el interior es la entrada cóncava de granito; veremos las formas curvas experimentadas por Fisac en muros, techos y mobiliario, que luego utilizaría en otros edificios, como el extraordinario Centro de Estudios Hidrográficos.

El interior guarda los espacios que proyectó Fisac y las huellas de la decoración primitiva, sobre todo el uso de la cálida madera y algunos muebles, en el vestíbulo y otras estancias.

La joya es el antiguo bar, que conserva su diseño y el mobiliario creado por el arquitecto, con la chimenea conocida como “la nariz”.

El techo curvo revestido de varillas trenzadas de avellano y las lámparas.

La forma de los muebles igualmente se adapta a las paredes curvas. Las tapicerías no son las originales pero se renovaron imitándolas.

Otro espacio singular, diseñado también por Fisac, es el que alojaba la biblioteca, ahora casi vacío, donde nos cuentan está previsto instalar un museo.

Destaca el singular techo.

Y algunos de los muebles que aún se encuentran aquí.

Acabamos donde comenzamos, en el claustro que Fisac salvó, que hace tiempo vimos tras un cristal desde la iglesia del Espíritu Santo. Y hoy podemos contemplarlo desde su interior. Como dijo el arquitecto, es precioso.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

FISAC, Miguel.“Instituto de Óptica Daza de Valdés”. Arquitectura, nº 102. Madrid,1950.
“Instituto de Óptica Daza de Valdés, de Miguel Fisac”, Arquitectura, nº 241, Madrid, 1983.
Arquitectura de Madrid. COAM, 2003.

Hace ya más de dos años que contamos la historia de Puerta Cerrada, una de las puertas más importantes de la muralla medieval y el torreón hallado tras el derribo del edificio en el nº 4 de la plaza, y en el interior del edificio colindante en la Cava Baja nº 4. Era un ejemplo más de cómo a partir del siglo XV Madrid creció alrededor de la muralla adosando los edificios a ella. Podemos recordarlo aquí.

Ahora tengo el placer de poder actualizar la información y mostraros el bello, antiquísimo torreón y parte del lienzo de la muralla que se dirige hacia Puerta de Moros.

Tal como imaginábamos, la torre es espectacular. Como decía entonces, no existe nada semejante en todo Madrid, un torreón casi completo de la muralla medieval. Es un monumento, declarado bien de interés cultural, que merece ser conocido y contemplado.

La torre, de forma semicircular, como todas las más de cien que formaban parte de la muralla cristiana madrileña –al contrario que las construcciones militares islámicas que solían ser cuadradas–, fue construida en mampostería de sílex y piedra caliza. Se puede contemplar en todo su esplendor en el interior del local de la Cava Baja nº 4 que ocupa la planta baja y el primer piso del inmueble.

Se conserva una de las ventanitas o saetera, y en su interior, me cuentan, la escalera de subida hasta ella. Es emocionante imaginar cómo sería su aspecto y recordar su función en el Madrid medieval, hace más de nueve siglos. La calle, actual Cava Baja, era la cava o foso de la muralla que no olvidemos formaba parte de la fortificación defensiva del Madrid cristiano desde finales del siglo XI.

Hace más de ocho años, en 2011, a raíz de unas obras apareció el gran hallazgo. El primer piso del edificio entonces estaba destinado a vivienda. La torre estaba oculta tras los muros al fondo de ambos pisos, el bajo, a pie de calle, y el primero. Como ya vimos, se eliminó el testero que tapaba los restos y se realizaron los obligados trabajos arqueológicos, siendo documentados el lienzo y la torre pertenecientes a la muralla de los siglos XI-XII.

Con el fin de conservar y cuidar el hallazgo y garantizar su contemplación completa se produjo el cambio de uso del primer piso, de vivienda a local comercial. Si recuperara su uso como vivienda se volvería a adosar a la muralla; nuevamente la torre, o parte de ella, quedaría oculta y eso hay que evitarlo para poder dejar el monumento a la vista en toda su imponente altura, tal como ahora se puede admirar.

Ese mismo año la propiedad solicitó licencia de apertura para dar uso al local en el sector de la restauración. La Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid emitió un informe indicando las obras que debían realizarse.

Como es preceptivo, en 2013 la comunidad de propietarios inició las obras de reparación y refuerzo estructural de la torre y lienzo de muralla. También se iniciaron obras para la rehabilitación del local.

El grave e incomprensible problema para los propietarios, que han invertido en la obra mucho tiempo, dinero y por supuesto ilusión, es que desde el mencionado año 2011 los trámites, solicitud de permisos, etc. parecen no tener fin, son muchas las trabas, y no se consigue el permiso para reanudar las obras y poder abrir el local.

Lo que ellos desean, y quieren transmitirnos a todos, es poder llevar a término el proyecto, abrir su restaurante. Y que el tesoro histórico y arquitectónico, insistimos, único en Madrid, quede a la vista de todos los que deseen, deseemos, disfrutarlo.

Ojalá lo consigan, y las administraciones faciliten encontrar una solución. Será una gran noticia ver ese estupendo local rehabilitado por fin, con ese precioso monumento, el torreón de la Cava Baja, una de las construcciones más antiguas de la villa de Madrid, probablemente la segunda más antigua, tras la muralla islámica.

Mercedes Gómez

En la calle de Almagro nº 2 esquina con la plaza de Alonso Martínez, distrito de Chamberí, se levanta una de las casas de alquiler artísticas, como dijo Luis S. de los Terreros, que se construyeron en Madrid en los primeros años del siglo XX. Una de las edificaciones que a lo largo de varias décadas, obra de los mejores arquitectos de la época, desde finales del siglo XIX, crearon un nuevo Madrid, moderno y burgués, en un estilo ecléctico, monumental, que sin duda representan en gran parte la imagen del Madrid actual.

Se trata de un edificio de viviendas proyectado en 1900 por el arquitecto Luis Bellido para su hermano Manuel. Las obras, por encargo del propio autor, fueron dirigidas a lo largo de los tres años siguientes por Ignacio Aldama.

Revista “Arquitectura y Construcción” (BNE)

El edificio fue construido principalmente en ladrillo y hierro.

Como reflejaron las crónicas, la nueva finca contó con todas las comodidades, luz eléctrica, agua, baños, ascensor, calefacción…

Los materiales, ejecutadas las obras por diferentes contratas, fueron de la mayor calidad, la cantería, carpintería, etc. Destaca la cerrajería realizada en los talleres de Casa Asins, de la que se conserva la exquisita puerta de entrada.

En el portal y escaleras también se conservan el mármol y las escayolas.

La decoración interior fue realizada por la compañía Clevillese-Masot.

El ascensor y la calefacción fueron obra de la casa Jacobo Schneider.

El ascensor, que conserva su caja original, es una obra de arte.

La vidriería y fontanería fueron realizadas por Buenaventura Mata.

Inicialmente, además de los sótanos, constaba de cuatro plantas.

Posteriormente el edificio se recreció, con lo cual se perdieron los remates originales, pero conserva su majestuosidad, en plena plaza de Alonso Martínez.

 

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Arquitectura de Madrid. COAM, Madrid, 2003.
CABELLO LAPIEDRA, Luis María: “Casa en la calle de Almagro, nº 2”, Arquitectura y Construcción, nº 138, 1904.
SAINZ DE LOS TERREROS, Luis: “Verja artística. “, La Construcción Moderna, nº 20, 1903.

 

Hace ya casi cinco años que visitamos los Palacios de Godoy. Recordemos que Manuel Godoy, el poderoso valido del rey Carlos IV desde 1792, además de la colección de arte que llegó a reunir, otras casas y posesiones, en Madrid al menos fue dueño de tres palacios. El más famoso, conocido como “palacio de Godoy”, es el situado en la plaza de la Marina Española, actual sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

En ese edificio estuvieron durante un tiempo el Ministerio de Marina y el Museo Naval. Cuando estas instituciones se trasladaron al Paseo del Prado, con vuelta a la calle Montalbán, algunos elementos del antiguo palacio fueron instalados en la nueva sede. En la segunda planta del espectacular actual Cuartel General de la Armada, el despacho de Godoy y salas contiguas fueron reconstruidas con exactitud por los arquitectos del nuevo edificio en el Paseo del Prado, José Espelius y luego Francisco Javier Luque; en 1928 todo fue trasladado, incluidas las pinturas y decoraciones de los techos y paredes, y el mobiliario, además de otros tesoros, como el friso de mármol, el “Triunfo romano” de Alfonso Bergaz.

Exterior del despacho de Manuel Godoy en la calle Montalbán

El Despacho de Godoy se conserva casi íntegro.

Durante mucho tiempo este despacho ha sido un lugar desconocido para la mayoría de nosotros pues no se mostraba al público. Según nos cuentan solo hace alrededor de un año se ha abierto a las visitas (Semana de la Arquitectura, etc.) y hace pocos días he tenido ocasión de conocerlo.

Antes de llegar a la estancia se accede al Antedespacho, conocido como Salón del Rapto de Gamínedes por la pintura del techo. Aunque esta es la única al parecer que no es la tela original sino un copia.

Sí lo son los cuadros y los muebles, la mesa y los sofás de terciopelo con brazos de madera.

Esta sala da paso al despacho propiamente dicho. La pintura del techo, de finales del XVIII, es obra de José del Castillo. La lámpara también dieciochesca está siendo restaurada. Por ello la bella alfombra, de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, está tapada.

El medallón central del techo está decorado con unos amorcillos rodeados de las 12 figuras del Zodiaco.

Los muebles, la mesa, objetos de escritorio… son los originales de Manuel Godoy.

La decoración es compleja y muy suntuosa, obra –como fue la de todo el palacio de la plaza de la Marina Española– del francés Jean-Démosthène Dugourc, arquitecto y decorador del rey Carlos IV.

Esfinges, grifos, cuadrigas, corceles, victorias aladas… en madera de caoba, bronce y escayola dorada.

Contemplando esta estancia recordé que no es este el único despacho de Godoy que he visitado en Madrid.

En el Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes me mostraron una habitación de la primera planta conocida desde siempre como el despacho de Godoy.

Antiguo “despacho de Godoy”.

De esta salita del actual centro escolar procede un antiguo, pequeño mueble hoy situado en el despacho de la Dirección.

Recordemos que una de las caras quizá menos conocidas del poderoso valido es su contribución al mundo cultural y científico. Entre otras instituciones en 1793 creó la primera Escuela de Veterinaria que se situó en el Paseo de Recoletos, en unas casas junto a la Puerta de Recoletos. Godoy había muerto en 1851, treinta años antes de que se inaugurara la nueva sede de la Escuela de Veterinaria pero ¿tal vez la existencia de este despacho está relacionada con el pasado del edificio como Escuela de Veterinaria?

Pero hay más. En la Sala del Real Patronato de la Biblioteca Nacional que hace poco también tuve el placer de visitar con motivo de la 3ª edición de los Gabinetes Abiertos se encuentran otros muebles que pertenecieron a Godoy.

Se trata de una espléndida librería de caoba que ocupa las paredes de esta gran sala, que acogió su rica biblioteca de entre tres y cinco mil volúmenes, todos encuadernados en piel.

Tras su exilio en 1808 la biblioteca pasó al Museo de Artillería, hasta su traslado a la Biblioteca Nacional en 1842. Los libros se encuentran en distintos lugares de la BNE; los muebles y las huellas de Manuel Godoy permanecen en esta hermosa estancia.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

FRAGUAS, Rafael. “Godoy pervive en el paseo del Prado”, diario El País, 3 mayo 2011.

Biblioteca Nacional

COAM. Guía de Arquitectura de Madrid.

Estos días podemos visitar en Madrid una exposición muy interesante, La zarza ardiendo. Entre el asombro y la emoción (1955-1975), en O_Lumen.

La sala, situada en la calle de Claudio Coello nº 141, ocupa desde marzo 2018 la que fue iglesia de Santo Domingo el Real, obra del dominico Francisco Coello de Portugal, que fue inaugurada en 1968. El espacio ha sido rehabilitado para su uso artístico y cultural, un espacio para las artes y la palabra, manteniendo solo algunos de los elementos de la antigua iglesia.

La exposición actual ofrece un magnífico recorrido por el arte sacro realizado en España entre 1955-1975, la arquitectura religiosa de la época y en cierto modo también por la escultura en general.

Venancio Blanco, Nazareno (1963)

Varios artistas –algunos de ellos formaron parte de la vanguardia española– están presentes.

Uno de ellos es Pablo Serrano, con su “Cristo”, un boceto en bronce (1963-64), entre otras piezas.

Una de las obras expuestas, en el centro de la sala, es el espectacular “Gólgota” de Lucio Muñoz. Obra característica de su autor, de 1964 (técnica mixta sobre tabla), procedente del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

También podemos contemplar el “Crucificado” (1961) de Josep Mª Subirachs, de bronce, procedente del Convento de Padres Dominicos de Torrelodones. Esculturas de Venancio Blanco, José Luis Coomontes… Algunas pinturas, “Santo Domingo de Guzmán” (1971) de Joaquín Vaquero Turcios y un “San Pedro” (1958) de Francisco Farreras. Etc.

Son varias las obras del escultor José Luis Sánchez, que como vimos trabajó en varias iglesias madrileñas junto a arquitectos como Rodolfo García-Pablos, Miguel Fisac…

Todos estos artistas coincidieron en distintas ocasiones. Su obra tiene mucha importancia tanto en el marco artístico general de aquellos años como en el significado de los cambios que tuvieron lugar en el arte religioso.

J.L. Sánchez. “San Francisco de Asís” (1958)

Finalmente, la muestra ofrece un apartado dedicado a la arquitectura, mediante revistas, libros, alguna maqueta y fotografías.

Se han seleccionado siete iglesias españolas de los años 50 y 60, todas ellas singulares, obras de los arquitectos Francisco Javier Sáenz de Oíza, Luis Laorga, Rafael de la Hoz, José María García de Paredes, los mencionados Miguel Fisac, Francisco Coello, Rodolfo García-Pablos, etc. De la obra de algunos de ellos hemos hablado en este blog, como la Iglesia de Santa Ana y la Capilla del Espíritu Santo, de Fisac; o la Basílica de la Merced, de Oíza y Laorga.

Luis Cubillo de Arteaga. Iglesia de Nuestra Señora del Tránsito, 1961-63.

Fueron los arquitectos que contaron con los mejores pintores, escultores, artesanos… para conseguir sus objetivos renovadores, en este caso para el arte sacro, pero no únicamente.

Completan la muestra una serie de proyecciones sobre las obras de alguno de los escultores y un video con entrevistas breves a cuatro de ellos. Y la música acompaña durante toda la visita.

Es una exposición espléndida, y es gratuita. Toda la información se puede consultar en su web:

O_Lumen
Calle Claudio Coello, 141
La zarza ardiendo. Hasta el 9 de junio.

Miércoles a Sábados
De 11 a 14 h. y de 17 a 21 h.
Domingos
De 11 a 14 h.

Por: Mercedes Gómez

Recordemos que entre 1574 y 1579 el Concejo había adquirido unas casas en la plaza de San Salvador. En ellas se reunieron hasta el año 1619; por entonces tuvieron que buscar un nuevo lugar debido a su estado ruinoso. Estas viejas casas consistoriales fueron derribadas y el solar, propiedad del Ayuntamiento de Madrid, fue el elegido para construir la Casa de la Villa. El Concejo se trasladó, de alquiler, a las casas que habían sido de don Juan de Acuña en la calle Mayor.

Por fin, en 1629, reinando Felipe IV, una Licencia Real concedió la autorización para construir la Casa Ayuntamiento de Madrid. El Concejo encargó el proyecto al arquitecto Juan Gómez de Mora, Maestro Mayor de Obras Reales y Maestro Mayor de Obras de la Villa. El primer proyecto no se conserva pero sí un dibujo posterior, el alzado del edificio que en esencia se cree mantiene la idea inicial del arquitecto. La construcción no comenzó hasta 1644.

Casa de la Villa de Madrid, alzado de la fachada a la calle Mayor, 1644 (Catálogo Juan Gómez de Mora, nº 122) (Museo de Historia)

En la edificación de la Casa de la Villa, que tardó muchos años en terminarse debido sobre todo a problemas económicos, participaron varios arquitectos. A partir del proyecto de Gómez de Mora, intervinieron José de Villarreal, Bartolomé Hurtado, José y Manuel del Olmo, Cristóbal de Aguilera y Teodoro Ardemans.

Una pintura expuesta en el Museo de Historia, realizada entre 1676-1700, muestra la Casa Consistorial en construcción.

“Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa”, óleo sobre lienzo, anónimo (1676-1700).

La escena representada tiene lugar en la plaza de la Villa. Además de ofrecer mucha información sobre el ambiente de la plaza en la que en esos momentos se encuentran todo tipo de personajes, “obreros, clérigos, aguadores, mujeres, niños, caballeros, mendigos, vendedores y animales” también permite observar la construcción de la sede del Concejo madrileño que se estaba llevando a cabo.

“Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa”, óleo sobre lienzo, anónimo (1676-1700) (detalle)

Teodoro Ardemans fue el encargado de acabar las obras, lo cual ocurrió por fin en 1695, después de más de cincuenta años. Este arquitecto diseñó las dos portadas barrocas, ideó la capilla, configuró el patio, la escalera de honor y remató las torres.

Las dos entradas se deben a que en origen el edificio fue diseñado para albergar la Casa y la Cárcel de Villa. La de la izquierda era la que daba acceso a la Cárcel; la de la derecha al Ayuntamiento.

El Salón Real se creó en 1656, con el balcón que se asoma a la calle Mayor, para que la reina pudiera contemplar la procesión del Corpus en la casa nueva que se estaba edificando, en el lugar donde había estado la cárcel vieja, como vimos en el artículo anterior.

Hoy día, desde el zaguán se accede a la Escalera de Honor donde se encuentra la escultura de la famosa Mariblanca, escalera que lleva al Salón Real y a otras estancias nobles, como veremos.

Con el tiempo el Salón, desde el que las reinas contemplaban la procesión del Corpus, se convirtió en Sala de recepciones o antesala de la Alcaldía; hoy es conocido como Salón Goya por el cuadro que lo adorna; es una copia del cuadro Alegoría de la Villa de Madrid cuyo original se encuentra en el Museo de Historia.

En este salón se encuentran otras pinturas notables, como la Crucifixión de Francisco Ricci (1662) y Los enterramientos del 3 de mayo de 1808 de Vicente Palmaroli (1871). El techo fue pintado por Pedro Martín Ledesma y Juan de Villegas.

Más cambios y reformas en el siglo XVIII dieron al edificio su aspecto actual.

La columnata que da a la calle Mayor, en el balcón abierto en origen, es obra de Juan de Villanueva (1787).

Otra pintura propiedad del Museo de Historia, El coche real pasando ante el Ayuntamiento, obra de Manuel Fernández Sanahuja, representa el paso de la carroza real por la calle Mayor ante la Casa de la Villa el 29 de noviembre de 1879, día de las segundas nupcias del rey Alfonso XII con María Cristina de Habsburgo-Lorena. Sanahuja pintó la fachada del Ayuntamiento que da a la calle Mayor.

Recordemos que también es el autor de las bellas acuarelas que reproducen algunos de los frescos pintados sobre la fachada de la Casa de la Panadería, que existieron hasta al menos 1880.

M.F, Sanahuja, “El coche real pasando ante el Ayuntamiento”, óleo sobre lienzo (1879) (memoriademadrid.es)

El edificio de Gómez de Mora estaba organizado alrededor de un patio, el Patio de la Casa de la Villa, al cual se accedía directamente desde la calle por ambas portadas.

Maqueta de León Gil de Palacio (1830), Museo de Historia.

En 1896 fue cerrado, convertido en dos pisos mediante un suelo intermedio, y cubierto. Transformado en Sala de reuniones, los balcones se convirtieron en puertas. Al ser destruida una parte de la cubierta durante la guerra civil posteriormente se instaló el nuevo techo formado por magníficas vidrieras de la Casa Maumejean, que es el que actualmente se puede admirar.

Hoy día es conocido como el Patio de Cristales.

Nuevas reformas de menor importancia y restauraciones tuvieron lugar en los siglos XIX – XX.

En la buhardilla de la torre esquina con la calle Mayor, llamada la Torre del Reloj, fue instalado el reloj procedente de la derribada iglesia de San Salvador.

Casa de la Villa, 1930. (Foto memoriademadrid.es)

En la actualidad, el reloj –que no he conseguido saber si es el mismo–, está ubicado en el último cuerpo de la torre.

Casa de la Villa, 2019

Bajo esta torre, Ardemans diseñó el Oratorio, decorado con las extraordinarias pinturas de Antonio Palomino.

Durante un tiempo fue despacho del Alcalde. Hoy está felizmente libre de muebles y luce en todo su esplendor.

En la Sala de la Custodia se encuentra una de las joyas municipales, obra que realizó el platero Francisco Álvarez en 1576. En esta misma estancia hay un valioso Cristo de marfil, del siglo XVII.

Finalmente, el Salón de Plenos –las pinturas del techo también fueron obra de Palomino, al temple en este caso fue el escenario de las reuniones concejiles durante siglos.

Desde finales de 2007 la sede del Ayuntamiento madrileño es el antiguo Palacio de Comunicaciones, el Palacio de Cibeles, construido por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi en los comienzos del siglo XX.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

NAVASCUÉS, Pedro y HURTADO, Pedro. La Casa de Ayuntamiento de Madrid. Madrid, 1985.

VARELA, Eulogio. Casa de la Villa de Madrid. Ayuntamiento de Madrid, 1951.

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