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Como contábamos al hablar de la Forja industrial madrileña, durante la época de esplendor de las Fundiciones en el siglo XIX, el hierro se convirtió en protagonista de la ciudad, material característico que daría una nueva imagen a Madrid. Material decorativo por excelencia, utilizado en la construcción de los elementos urbanos, rejas, bancos, farolas, quioscos,… también propició el nacimiento de una Arquitectura del Hierro.

A imitación de otros países europeos, se levantaron grandes construcciones, como el primer Viaducto -inaugurado en 1874- estaciones, mercados –todos desaparecidos excepto el de San Miguel-, invernaderos…, y pabellones para la celebración de exposiciones. En algunos edificios se utilizó para construir únicamente algunos de los elementos, como galerías, cubiertas de patios, bibliotecas, cúpulas, etc. Este es el caso del Palacio de Velázquez.

Obra del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, fue construido en el Parque del Retiro en 1883 para la Exposición Nacional de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica, Cristalería y Aguas Minerales.

La Ilustración Española y Americana, 8 junio 1883

El exterior muestra una gran nave central con bóveda de cañón y cuatro torreones en las esquinas, unidos por galerías. Las fachadas de fábrica de ladrillo en dos colores están decoradas con figuras escultóricas y cerámica. La armadura, la cubierta y los marcos de los huecos son de hierro, cinc y cristal.

Igual que en otras ocasiones, como poco después para la construcción del maravilloso Palacio de Cristal, Vélazquez Bosco trabajó con el ingeniero Alberto de Palacio, quien calculó toda la estructura, y con el constructor del hierro Bernardo Asins, que la montó. La preciosa azulejería de cerámica es obra de Daniel Zuloaga.

Entre todos estos grandes artistas y profesionales crearon uno de los edificios más singulares de Madrid.

Tras la inauguración la prensa alababa el hecho de que todos los materiales empleados provenían de la industria española, el ladrillo de Zaragoza, los adornos realizados en barro cocido de la madrileña casa de Santigosa y Cia., los azulejos de la Real Fábrica de la Moncloa, el mármol de varias de las casas participantes en la Exposición, las columnas de la Fundición Sanford…

A los lados del pórtico de entrada existen dos discretos bajorrelieves, a la izquierda uno dedicado a las Bellas Artes y a la derecha otro dedicado a la Minería. Este último inspiraría la magnífica obra “La Minería” realizada diez años después por Ángel García Díaz para el Ministerio de Fomento en Atocha, obra del mismo arquitecto Velázquez Bosco, que se caracterizó por reutilizar en sus construcciones modelos escultóricos de edificios anteriores, este es un ejemplo.

En el centro una escalera de delicado mármol blanco de quince metros de longitud nos conduce hasta la entrada, a continuación un pórtico con tres arcos de medio punto sobre columnas jónicas.

Sin embargo el interior de planta rectangular es prácticamente un único espacio sin divisiones, sólo las que corresponden a los cuatro torreones.

En la galería central de dieciocho metros de altura, las cubiertas y las columnas de hierro son las únicas protagonistas.

Como el cercano Palacio de Cristal construido para la Exposición de Filipinas, el Palacio de Velázquez -así llamado en honor al arquitecto- acoge las exposiciones temporales del Museo Reina Sofía. Después de cinco años cerrado para su rehabilitación, el pasado 23 de junio reabrió sus puertas. Las obras han consistido en la sustitución de la cubierta y las bóvedas, utilizando juntas de cinc como las originales. Los adornos cerámicos han sido tratados con el fin de protegerlos y evitar el deterioro que produce el paso del tiempo.

Hasta el próximo 11 de octubre podemos visitar una interesante y curiosa exposición de Antoni Miralda, y disfrutar del bello edificio, que felizmente ha perdurado hasta nuestros días.

Texto y fotografías por: Mercedes Gómez


Miralda. De gustibus non disputandum

Palacio de Velázquez
Parque de El Retiro
Horario de abril a septiembre:
Todos los días de 11:00 – 20:00 h
Martes cerrado

Bibliografía:
Exposición de Minería. Pabellón Central. La Ilustración Española y Americana, 8 junio 1883, nº XXI, pp. 346-347.
COAM. Arquitectura de Madrid. Madrid 2003.
El País
, 24 junio 2010

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Como contábamos en el artículo anterior sobre La Forja artesanal, con la llegada del siglo XIX las viejas herrerías del Barrio de la Chispería fueron desapareciendo. A lo largo de la primera mitad del siglo los talleres comenzaron a incorporar maquinaria y se fueron convirtiendo en pequeñas fábricas.

Por entonces existían numerosos yacimientos y minas de hierro en varios pueblos de la Comunidad de Madrid, como Colmenar Viejo, Valdemorillo, Galapagar, Manzanares el Real,… lo cual propició el nacimiento de importantes fundiciones que a su vez facilitarían el nacimiento de otras industrias. Aunque algo más tarde que a otras capitales europeas, a mediados del XIX, la Industria llegó a Madrid.

Una de las primeras fue la Fábrica de Hierros de Bonaplata, fundada en 1839. Hacia la mitad del siglo, el Taller de Tomás de Miguel, quien antes que empresario fue un gran artista, el último Maestro Herrero y Cerrajero del Ayuntamiento de Madrid, antes de que desapareciera este cargo. La Fundición de Hierros Sanford, y la última de las cuatro grandes fundiciones, la Fundición Safón.

Así comenzó la época de esplendor de las Fundiciones. Nació una Arquitectura del hierro -de la que quedan algunos ejemplos que quizá podamos visitar en otra ocasión-, se convirtió en el material principal en la construcción de los elementos urbanos, rejas, bancos, farolas, quioscos,… y fue por supuesto el material decorativo por excelencia. El hierro se convirtió en protagonista de la ciudad, en elemento urbano característico que daría una nueva imagen a Madrid.

En esta segunda mitad del XIX surgieron los miradores que, junto a los balcones, se convirtieron en elementos muy significativos de nuestra ciudad. Los primeros eran de madera, pero pronto se utilizó el hierro.

Calle Amnistía

A la labor de los excelentes talleres se sumó la calidad de muchos de los arquitectos de la época, gracias a cuyo trabajo podemos decir que hoy día se conservan algunas balconadas “de autor”, pues ellos diseñaban y supervisaban el desarrollo de las obras, que ejecutaban los mejores rejeros. Los últimos veinte años de la centuria fueron muy productivos en este aspecto, construyéndose unos edificios magníficos, muchos de los cuales aún perviven.

Por ejemplo, las viviendas construidas por Francisco de Cubas, el Marqués de Cubas, en terrenos del antiguo Pósito, hoy calle Villalar números 7 y 9, entre los años 1879 y 1881. Junto con el resto de edificios de esta calle y los de la cercana calle de Recoletos, conforman uno de los conjuntos más bonitos de Madrid, con sus balcones de sofisticada rejería.

Calle de Villalar

En cualquier momento, en cualquier lugar de Madrid, paseando, podemos encontrar auténticas maravillas, como este inesperado edificio en la calle del Barco número 21, de 1882, con sus balcones y miradores de inspiración árabe.

Calle del Barco

El Centro de Madrid, el barrio de los Jerónimos, Lavapiés, Chamberí, Salamanca, etc. nos regalan preciosos balconajes de todo tipo, balaustres con o sin redropie, dibujos en círculo, en rocalla, chapeados muy decorativos, complicados ornamentos, etc.

Calle de Alfonso XI (chapeado)

Además de los balcones y miradores, que alcanzaron una complejidad artística que daría lugar a verdaderas obras de arte, la presencia del hierro en las fachadas madrileñas fue llegando a otros elementos, como las puertas, antes realizadas en madera. Primero, se adueñó de los montantes, y después de la puerta completa. El hierro también sustituyó a la madera en las barandillas de las escaleras, tanto en palacetes como en las corralas de vecindad más modestas. Otros elementos característicos de esta etapa y estilo fueron las columnas de fundición, que aún se conservan en el interior de algunos locales, las marquesinas, etc.

Farmacia en la calle Juan de Mena

En este Madrid de Isabel II se produjo otro cambio importante en la ciudad, que ahora muchos añoramos, se ajardinaron las plazas. Casi todas las plazas madrileñas, fueron adornadas con árboles, arbustos, esculturas, fuentes y bancos, todo ello rodeado por bonitas verjas.

En los jardines, las verjas sustituyeron a las antiguas tapias. Un ejemplo importante es el Retiro, cuyo enverjado actual es quizá el de mayor longitud de la ciudad, cada cierto tiempo pintado a mano, barrote a barrote, pero hay otros (Biblioteca Nacional, Escuelas Aguirre, etc.)

Al final del siglo se abrieron los talleres de Juan González y el de Bernardo Asins, para los cuales a partir de entonces trabajaron los mejores arquitectos y rejeros.

De esta última fundición nacieron algunas de las obras más importantes que perduran hoy día, como la verja del Palacio de Buenavista, hoy Cuartel General del Ejército, que fue realizada durante la primera ampliación del Palacio, entre los años 1869-75.

Y las del Banco de España, realizadas entre 1884 y 1894, en las cuales aún se puede leer la firma de “B. Asins Constructor”.

Banco de España, entrada calle de Alcalá

(detalle)

Banco de España (Firma de Bernardo Asins)

En los primeros años del siglo XX, los arquitectos continuaron construyendo preciosos balcones y miradores.

Calle de Antonio Maura (Daniel Zavala, 1901)

Antonio Palacios fue el máximo exponente en cuanto a arquitecto que integró las artes decorativas en sus edificios, la cerámica de Zuloaga, la escultura de Angel García Díaz, y la cerrajería de Gabriel Asins, hijo de Bernardo, que unos años después, recogiendo la herencia de su padre, creó obras como la espléndida puerta y las rejas del edificio de las Cariátides para Palacios, donde también dejó su firma.

Sello de Gabriel Asins en "Las Cariátides"

En estos inicios del siglo en Europa surgió el Modernismo, que quizá no tuvo una gran repercusión en Madrid como corriente estilística, pero sí se construyeron muchos edificios bajo su influencia, los más conocidos son el Palacio de Longoria, en la calle de Fernando VI, y el edificio Villaamil en la plaza de Matute, aunque no los únicos. Además, hay bastantes elementos de influencia modernista repartidos por la ciudad. Un ejemplo, las puertas y la verja de la antigua Casa de Socorro en la calle de las Navas de Tolosa, donde por cierto también trabajó García Díaz, como vimos.

Antigua Casa de Socorro (Martínez Zapata, 1913)

Finalmente, a mediados de los años 20 apareció el Art Déco, que igualmente dejó sus huellas en Madrid. Aunque pronto nuestra arquitectura se decantó por los elementos tradicionales españoles, en los cuales el hierro desempeñó un papel importante.

Calle Goya, esq. Gral. Pardiñas (Luis Ferrero 1920-23)

En la segunda mitad de este siglo XX, el hierro fue cayendo en desuso, y en las fachadas se comenzó a utilizar otro tipo de materiales, como los paneles de vidrio o el aluminio. Proliferaron las viviendas “con terraza”, que todo el mundo deseaba, pero que una gran mayoría luego cerraba para ganar espacio a la vivienda, no solo en los barrios modestos.

Calle O'Donnell

En este siglo XXI ya no se construyen apenas balcones, aunque al menos tampoco se construyen “terrazas”. Pero no con el fin de embellecer la villa, como inocentemente yo había pensado. En ello al parecer influyen las nuevas leyes. El Plan General de Ordenación Urbana de 1997 considera que la superficie de un balcón o de una terraza no es suelo construido, y por tanto no se puede cobrar al precio astronómico que ha alcanzado el metro cuadrado en Madrid. Así, los constructores optan por los nuevos miradores, incluidos en el cálculo de superficie total del piso.

Calle de Ayala

El final de la calle Ayala, quizá es representativa de lo que está ocurriendo en algunas zonas de la ciudad, aún conserva bonitos balcones y farolas de hierro, pero está viendo como algunos de sus edificios son derribados y sustituidos por modernas viviendas con sus nuevos miradores del siglo XXI.

Texto y fotografías : Mercedes Gómez

Bibliografía:

Sobre la Rejería madrileña y española en general, lo ha escrito todo el autor Fernando de Olaguer-Feliú.


Desde hace mucho tiempo, el hierro ha desempeñado un papel muy importante en la arquitectura y el urbanismo madrileños, tanto desde el punto de vista constructivo como decorativo. Su uso y las formas que ha adoptado a lo largo de los siglos nos enseñan mucho acerca de la historia de dicha arquitectura y de Madrid.

En el siglo XV la mejor rejería era la toledana, pero con el traslado de la Corte a Madrid en el siglo XVI, la forja madrileña cobró mucha importancia. La mayoría de los talleres se concentraron alrededor de la calle del Barquillo por lo que el barrio fue conocido como el barrio de los chisperos, debido a las chispas que se producían al golpear el hierro con el cincel y salían a la calle desde los talleres. El Barrio de la Chispería originó una escuela de la Forja madrileña que llegó a ser famosa en toda España. Modestas herrerías, hijas de la floreciente metalistería española del siglo XVI, que con el tiempo jugaron un importantísimo papel en la construcción de la arquitectura barroca madrileña de los siglos XVII y XVIII.

En el siglo XVII las balconadas madrileñas eran muy sencillas, de barrotes abalaustrados y torneados, sin ningún tipo de decoración. Era el Madrid de los Austrias.

Perviven ejemplos espléndidos en algunos de los edificios más emblemáticos de Madrid: la Casa de la Villa, la antigua Cárcel de Corte, hoy dependencias del Ministerio de Asuntos Exteriores, en la Plaza de la Provincia, y la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor.

También nuestras iglesias y conventos ofrecen muestras de la antigua rejería madrileña. La iglesia de San Pedro el Viejo conserva en su entrada primitiva, actualmente clausurada, una sencilla reja del siglo XVII entre dos columnas toscanas. Aunque la entrada actual al templo, de creación posterior y mucho más vistosa, tiene mayor valor artístico, creo que la vieja portada tiene el valor y el encanto que le da la Historia.

Este tipo de reja también se observa en las casas de vecindad más modestas, como la de la Corredera Baja de San Pablo cuyos orígenes se remontan al siglo XVII.

Los talleres del barrio del Barquillo eran talleres artesanales donde los chisperos realizaban todo tipo de trabajos, no únicamente balconadas, sino los clavos de las puertas y sus aldabones o llamadores, las cerraduras, rejas, barandillas, etc.

En el siglo XVIII el barrio del Barquillo continuó siendo el centro más importante de la forja, y sus artesanos, que eran verdaderos artistas, creaban obras cada vez más elaboradas.

La llegada de los Borbones produjo cambios en la rejería madrileña. Los balcones comenzaron a utilizar más elementos ornamentales, tomados tanto del estilo italiano como del francés. El ejemplo más notable son las balconadas del propio Palacio Real, gran obra creada en la Chispería.

En las viviendas también se notó el cambio. Tras los austeros balcones del XVII, la parte inferior de los barrotes o balaustres comenzó a adornarse con formas diversas, que conformaban el llamado redropie. Poco a poco, los redropies de los balcones fueron mucho más detallados en su decoración, con formas clásicas, circulares, volutas,…En parte esto fue motivado por las ordenanzas municipales, que pretendían evitar que cayeran tiestos u otros objetos a la calle, hecho que debía ocurrir con frecuencia.

Las rejas de los balcones madrileños pueden indicarnos en qué época fue construido el edificio. Por ejemplo, cuando en 2007 se acometió la rehabilitación del edificio donde se ubica la Librería Fuentetaja en la calle de San Bernardo, se desconocía la fecha de su construcción. Sus balcones, con los severos barrotes y redropie, nos dicen que probablemente fue construido en el siglo XVIII.

De los años 60 data la Casa-Palacio de don Domingo Trespalacios, en la plaza de Ramales, con sus preciosos balcones curvos de delicado dibujo en el redropie.

Otro ejemplo digno de mención son las casas conocidas como el Portal de Cofreros, viviendas situadas en el inicio de la calle de Toledo, reconstruidas por Juan de Villanueva a finales de siglo, tras el incendio de la Plaza Mayor en 1790, bajo los soportales que nacen en la plaza y que conservan toda su hermosa rejería.

Y llegamos al siglo XIX, los talleres de forja fueron desapareciendo y nacieron las fábricas. Será la época de esplendor de las Fundiciones, en las que, aunque ya no de forma artesanal, se realizaron maravillosas obras de arte muchas de las cuales aún podemos admirar.

Continuará…

Texto y fotografías : Mercedes Gómez


Una de las exposiciones que se pueden visitar actualmente en el Centro Cultural Conde Duque, quizá una de las menos comentadas, es “Lo exquisito. Artes suntuarias del siglo XVIII del Museo de Historia“.

Fue inaugurada antes del verano, el día 1 de junio, y podremos verla hasta el próximo mes de enero 2010, pero tengo la sensación de que está pasando un poco desapercibida, a pesar de que, haciendo honor a su título, es una delicia.

Se trata de una muestra muy pequeña, una única sala. Sus vitrinas encierran pequeños tesoros, 170 piezas procedentes del antiguo Museo Municipal, hoy Museo de Historia, cerrado por obras desde hace años. Creaciones de las Reales Fábricas de Porcelana, Tapices, Relojes, Tabaco, Platería Martínez, ubicadas en Madrid, y la de Cristales de La Granja en Segovia.

Además de por motivos económicos, las reales fábricas fueron establecidas en Madrid y sus proximidades debido al deseo de la monarquía borbónica, el Rey y su Corte, de decorar sus palacios a su gusto, con el mayor lujo posible.

Junto a las porcelanas creadas en la antigua fábrica, en la exposición se puede admirar una pintura “El Estanque Grande del Retiro” (Anónimo, 1810), donde se aprecia la Fábrica de Porcelana de Buen Retiro, que se encontraba en la zona próxima a la actual plaza del Ángel Caído.

cuadro Retiro

(Folleto Exposición “Lo exquisito..”, Madrid 2009)

Me llaman la atención los vasos, copas, jarras de cristal delicadamente labrados. En una preciosa copa aparece representada la verja de la Real Fábrica de Cristales de la Granja de San Ildefonso.

(Folleto exposición).

(Folleto Exposición)

La Real Fábrica de Tapices tuvo una gran importancia, que ha llegado a nuestros días.

tapiz

Lorenzo de Quirós, “Ornatos con motivo de la entrada en Madrid de Carlos III”, h.1760. (Depósito de la Real Academia de San Fernando)

Así como la Fábrica de Relojes tuvo una vida breve, entre otras cosas por problemas económicos, mucho más éxito tuvo la producción de la Real Fábrica de Platería Martínez, no solo entre la realeza sino toda la nobleza, clero, funcionarios… como modo de ostentación y también de inversión. En la exposición se pueden contemplar vajillas y otros objetos, como una elaborada escribanía, antes de uso cotidiano, hoy día son auténticas obras de arte.

También se muestran ejemplos de otras fábricas o industrias, como la de Abanicos, que en aquella época eran indicadores de la distinción o clase social de la mujer, y que luego se convirtieron en medio de expresión, amorosa, e incluso política. Antes de pasar a ser productos de impresión industrial, el marfil o el nácar sustentaban miniaturas pintadas a mano sobre piel o seda.

Barajas españolas de la Real Fábrica de Aguardientes y Naipes. Objetos de la Real Fábrica de Tabacos, como una tabaquera de esmalte, una cajita de rapé (tabaco molido) de porcelana del Buen Retiro, una pitillera de plata…

Piezas nacidas para disfrute de la Casa Real o clases pudientes, reflejan también un período de nuestra historia, la Ilustración, los deseos e intentos de progreso puestos de manifiesto durante el siglo XVIII de diversas maneras, creando las Reales Fábricas, las Reales Academias, y otro tipo de instituciones.

Una exquisitez que nos cuenta muchas cosas.

por Mercedes Gómez

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Lo exquisito. Artes suntuarias del siglo XVIII del Museo de Historia.
Centro Cultural del Conde Duque – Sala Pedro de Ribera
Conde Duque , 9
Hasta enero de 2010

Pocos días después de la publicación del artículo sobre “Alfonso Romero, pintor ceramista” recibí un gratísimo correo. Me escribía Mª Jesús García Romero, nieta del artista.

Me transmitía su alegría al haber encontrado mi escrito sobre su abuelo en internet y me ofrecía su ayuda y la de su familia para ampliar datos sobre su vida y su obra. Por supuesto su ofrecimiento fue para mí una agradable sorpresa y una ilusión. Dentro de unos días haré una nueva entrada sobre el gran ceramista, pero hoy quería que conocierais a su nieta.

Mª Jesús también es artista. Me contaba que desgraciadamente no conoció a su abuelo, pero que “el destino había querido que sus andares comenzando por la escultura hayan seguido por el rumbo de la cerámica artística”. Tal vez el destino… y la herencia que sin duda su abuelo le legó a pesar de no llegar a conocerse.

Nació en Madrid, en la calle del Rollo, allá donde el maestro tuvo su taller. En Madrid cursó sus estudios de escultura, y aquí aún vive parte de su familia. Aunque desde el año 1997 ella vive en El Casar, Guadalajara, donde en 2003 abrió su propio taller.

Realiza obras utilizando la misma técnica que empleaba su abuelo, la técnica de Decoración con Grasas, que consiste en la aplicación de pigmentos colorantes con grasa sobre piezas esmaltadas y horneadas; se llama grasa-miel por su aspecto. Tal como me ha explicado Mª Jesús, se trata de una técnica artesana, delicada, primero hay que realizar el dibujo con lápiz, mezclar los pigmentos y la grasa con precisión, trazar las figuras o formas con el pincel, a veces con un plumín, difuminar con una esponja, limpiar con una espátula pequeñita lo sobrante… Finalizado el dibujo se pasa al proceso de cocción. Creo que hace falta poner mucho cariño además de talento para realizar este tipo de obras.

casas negras guadalajara

"Casas negras de Guadalajara", de M.J. García Romero (foto de la autora)

Esta es la forma tradicional de trabajar la cerámica, la que le gusta a ella, como le gustaba a Alfonso Romero. Hoy día existen técnicas industriales, empresas que se dedican a realizar dibujos en una especie de calcomanías y el “artista” lo único que tiene que hacer es pegarlos y meter los azulejos en el horno. Pero eso puede hacerlo casi cualquiera, una obra de arte, no.

Las esculturas de Mª Jesús pueden ser de arcilla, bronce, mármol o alabastro. Artista artesana, además de sus cerámicas decorativas, realiza otro tipo de objetos, incluso complementos personales (bolsos o collares), mezclando los materiales con creatividad, como la lana con las arcillas.

Cazo y cacerola

"Cazo y cacerola", de M.J. García Romero (foto de la autora).

Podéis conocer mejor su obra visitando su propia web M J Cerámica, merece la pena.

por Mercedes Gómez

El Metro de Madrid cumple 90 espléndidos años el próximo sábado. Su inauguración por el rey Alfonso XIII el día 17 de octubre de 1919 merece una celebración, y así lo está haciendo la madroñosfera, contando su historia, anécdotas, etc. Quiero poner mi granito de arena recordando que en las estaciones de metro también hay Arte.

Ya tuvimos ocasión de ver algunos ejemplos al hablar del Arte Urbano; desde el adorno más antiguo, el escudo cerámico, de reflejo metálico, que hoy día se encuentra en la estación de Tirso de Molina, que también cumple años, pues fue instalado en Cuatro Caminos ese mismo 1919, hasta alguno de los más modernos, como el luminoso mural de Planetario-Arganzuela. Pero hay muchos más. Según la propia empresa del Metro, hay más de cien murales instalados en la red.

escudo 1919

Escudo (1919) en Tirso de Molina

En Nuevos Ministerios, sus dos accesos, el antiguo y el nuevo, muestran en cierto modo la evolución de la expresión artística en el metro, las primeras cerámicas y las actuales técnicas fotográficas.

Nuevos Ministerios

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Merece la pena recordar también los anuncios publicitarios que en aquellos primeros años del suburbano igualmente se realizaban en cerámica, de ellos quedan maravillosas muestras en el Museo del Metro instalado en la antigua estación “fantasma” de Chamberí.

Museo del Metro

O este curioso anuncio de un taller de reparación de radios, encontrado en 2001 en la estación de Bilbao durante unas obras de remodelación (*). Se trata de una hornacina de azulejos de Triana, obra de la Casa Manuel Marcos Rejano, diseñada por el arquitecto Antonio Palacios para decorar la línea 1, que también data de 1919. Un bonito recuerdo casi arqueológico que debería ser restaurado y espero que conservado, las fotos están hechas hace unos meses. Palacios, tan importante para Madrid, también lo fue para el Metro y su estética, ideando los interiores de los andenes y pasillos, y las entradas, como los templetes que hoy día tanto añoramos.

bilbao1

bilbao2

Menos habitual es la escultura, aunque hay algún caso, como en Sol donde se recuerda a los fundadores del metro, los ingenieros Echarte, Mendoza y Otamendi, en una obra colgada del techo, instalada en 1969, cuando se cumplieron los 50 años del Metro de Madrid.

Sol 1969

Muy distinta es la curiosa estructura amarilla de un avión colocada en la moderna estación de Colombia.

Colombia avion

Una estación completamente dedicada al arte es la de Goya, en la que se exponen reproducciones en aguafuertes de los grabados del famoso pintor, de las series Tauromaquia y los Desastres de la guerra.

Retiro, además de los vistosos murales de azulejos pintados por Mingote, posee su propia Sala de Exposiciones.

Y no olvidemos tantas otras estaciones en las que de vez en cuando sus pasillos y vestíbulos se han convertido en ocasionales escenarios de teatro, danza o conciertos musicales. Ni por supuesto a los ciudadanos anónimos que a veces nos ofrecen música de gran calidad en el momento más inesperado.

El Metro de Madrid, además de ser uno de los mejores del mundo, y en crecimiento constante, esconde mucha historia y mucho arte. Felicidades.

Texto y fotografías: Mercedes Gómez

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* El País 12 enero 2001.

 

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