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Hace unos días me hicieron una pregunta curiosa sobre la Puerta de Alcalá, tal vez nuestro monumento más emblemático y uno de los más bellos.

Mi interlocutor quería saber mi opinión sobre algo que había leído: si era cierto que las dos caras de la Puerta de Alcalá eran distintas porque Francisco Sabatini había presentado dos proyectos a Carlos III y que, como al rey le gustaron los dos o que como era muy despistado, olvidó decirle cual era su preferido. O algo así. Por eso el arquitecto, para no incomodar al monarca, decidió construir ambos, uno en cada cara.

Aunque en efecto también me resultaba familiar la historia, una de tantas leyendas y cosas de esas que se dice, se cuenta… y se repiten sin contrastar, mi primera respuesta fue que no, que eso no era cierto. No podía ser así, qué absurdo.

La verdad es que Sabatini no presentó dos proyectos sino que llegó a realizar cuatro, siendo elegido por el rey el último tras un concurso por él mismo convocado, mucho más complejo que lo que esa supuesta anécdota puede hacer creer.

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Carlos III llegó a Madrid para suceder a su hermano Fernando VI procedente de Nápoles donde reinó durante veinticinco años, desde 1734 hasta 1759.

Diez años después, derribada la anterior, ordenó construir una nueva Puerta de Alcalá, una nueva entrada a la ciudad en el camino principal de Madrid, el Camino de Alcalá, relacionado con el Salón del Prado que había ideado José Hermosilla y que fue finalizado por Ventura Rodríguez, para lo cual se convocó un concurso. Todo ello formaba parte de un gran proyecto que debía modernizar Madrid y darle una nueva imagen.

Se sabe que José Hermosilla presentó una propuesta, de la que no se conocen datos, y que Ventura Rodríguez firmó cinco proyectos que sí se conocen y guarda el Museo de Historia de Madrid. Las primeras ideas de Francisco Sabatini datan de 1769.

Fuente: Aitor Goitia

Sabatini había llegado a Madrid en 1759-60 para trabajar al servicio del nuevo rey; entre otras cosas llegó a ser Maestro Mayor de las Obras Reales. Como es sabido fue el autor de numerosas construcciones, incluidas algunas puertas de entrada a la ciudad.

Francisco Sabatini es el autor del diseño no solo de la Puerta de Alcalá sino de otras puertas, entre ellas la de San Vicente, de gran importancia para él pues formaba parte de su propio plan de mejora en torno al Palacio Real.

En resumen, Sabatini proyectó varias puertas, con diferentes propuestas previas, cinco para la Puerta de San Vicente, una para la Puerta de Toledo, cuatro para la Puerta de San Bernardino y cuatro para la Puerta de Alcalá.

La única que queda en pie es la de Alcalá; la Puerta de San Vicente fue reconstruida. De todas ellas se conservan dibujos.

Los dibujos de Sabatini para la Puerta de Alcalá, las tres primeras propuestas, fueron propiedad de la colección particular de Mariano Marín, subastados en 2003 en la Sala Fernando Durán y finalmente adquiridos en 2006 por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La propuesta definitiva se conserva en París, en el llamado Álbum de París.

Fernando Chueca Goitia, Carlos Sambricio y más recientemente Aitor Goitia los han estudiado y mostrado.

Diseños de Sabatini para la Puerta de Alcalá (Fuente: Aitor Goitia)

El tercer diseño reunía características de los dos primeros pero tampoco fue el definitivo. Sabatini unió en un cuarto diseño, a partir del tercero, las virtudes de los anteriores, esforzándose en encontrar un equilibrio en las proporciones entre las partes y el conjunto.

Sabatini buscaba un equilibrio entre lo puramente arquitectónico y lo simbólico. Los especialistas creen que quizá la cercanía de Sabatini al monarca y por tanto su mejor conocimiento de lo que este deseaba pudieron beneficiarle, pero no cabe duda de que la propuesta final del arquitecto fue extraordinaria.

Este proyecto final, con cinco huecos, los tres centrales de medio punto y los dos extremos adintelados, comenzó a hacerse realidad en los comienzos del año 1770.

Puerta de Alcalá. Planta y alzado exterior. Dibujo de Aitor Goitia.

El diseño, como dice Aitor Goitia, que sabiamente conciliaba los extremos encomendados, acabó por seducir a Carlos III, quien resuelve personalmente el disputado concurso entre Hermosilla, Ventura Rodríguez y Sabatini en mayo de 1769.

Por supuesto fue Carlos III quien eligió, el día 18 mayo de 1769, el proyecto que se iba a ejecutar.

Francisco Sabatini, autor del proyecto elegido, y director de la obra, pocos días después convocó el concurso y estableció las condiciones de la obra para su adjudicación. Las bases de licitación estaban también firmadas por él. Sabatini seleccionó a Francisco de la Fuente entre las seis ofertas presentadas. Las obras fueron largas, tuvieron lugar desde principios de 1770 hasta 1778, fecha que figura en la inscripción, en ambos lados.

Como es habitual en las puertas de entrada a una ciudad, las dos caras son distintas en cuanto a su decoración, generalmente más adornada la exterior (*). La imagen de las entradas a Madrid eran la imagen de la Corte y por tanto se consideraba que era de gran importancia lo que se mostraba.

La elección de ornamentación de cada lado del proyecto elegido estuvo condicionado por esa doble mirada, la de la ciudad o la del exterior.

La decoración escultórica de la nueva Puerta de Alcalá fue obra de Roberto Michel –lado oeste, el que mira al centro de la ciudad– y de Francisco Gutiérrez –lado este, que mira hacia el exterior–.

Para la cara interior Roberto Michel creó diversas figuras ensalzando los triunfos del rey. Trofeos militares de gran tamaño, sobre la cornisa, que el propio Michel denomina torsos.

Otros detalles ornamentales son las tres cabezas de león en las claves de los tres arcos centrales, las cornucopias sobre las dos laterales y las guirnaldas de flores y frutas sobre los dinteles.

Francisco Gutiérrez colaboró con Sabatini en varias ocasiones, aquí realizó las esculturas del lado exterior.

En las claves de los arcos, tres mascarones que representan cabezas de sátiros. Junto a las decoraciones en los tableros con motivos frutales representan la fertilidad.

El resto de esculturas, mediante figuras de niños, que se recortan contra el cielo y dan a la Puerta su aspecto tan característico, representan las cuatro virtudes cardinales, Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza, según Mª Luisa Tárraga aplicables a la persona de Carlos III.

La Fortaleza

Corona el conjunto el escudo real sostenido por dos figuras, una Fama y un niño.

Aunque pueda no parecerlo por la distancia, las esculturas son de gran tamaño. Por ejemplo la Fama y el escudo miden casi 4 metros y medio de alto.

La Puerta es de granito mientras que las esculturas son de piedra blanca de Colmenar. Digamos como dato final que la obra escultórica fue costeada por la Tesorería de la Villa de Madrid.

Por : Mercedes Gómez

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(*) NOTA:

En relación a este tema, recordemos que la reconstrucción de la Puerta de San Vicente está situada al revés, la cara exterior original hoy mira hacia el interior de la ciudad. Se justificó el hecho debido a que en la actualidad ha perdido su función, ser la imagen de la ciudad, y la parte más ornamentada se contempla desde el interior, en su momento se pensó que era la mejor vista para la ciudad. Aún así, es cierto que debería haber conservado su situación original, tal como fue pensada.

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Bibliografía:

CHUECA GOITIA, Fernando. “Francisco Sabatini y la Puerta de Alcalá”, Villa de Madrid, nº 60, Madrid 1978, pp. 25-31.
TÁRRAGA, Mª Luisa. “Esculturas y escultores de la Puerta de Alcalá”. IV Jornadas de Arte: El arte en tiempos de Carlos III. Madrid 1989.
GOITIA, Aitor. “Diseños de Sabatini para las Puertas de Madrid”, en Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XLVI, Madrid 2006, pp. 195-228.
GOITIA, Aitor. “El concurso de 1769 para la Puerta de Alcalá de Madrid. Las propuestas de Francisco Sabatini y Ventura Rodríguez”. Concursos de Arquitectura. Universidad de Valladolid, 2012.

 

El 15 de julio de 1894 La Ilustración Española y Americana publicó un artículo dedicado al escultor Alfonso Bergaz titulado Don Alfonso Bergaz. Reparación de un injusto agravio. Lo firmaba Pedro de Madrazo. Como se desprende del título el objetivo del autor era rescatar del olvido al que él consideraba un gran artista, fallecido hacía más de ochenta años.

Opinaba Madrazo que su obra tenía tanta calidad como la de otros autores que en aquellos momentos finales del siglo XIX gozaban de gran notoriedad, Felipe de Castro, Francisco Gutiérrez, Juan Pascual de Mena o Roberto Michel, y sin embargo el nombre de Bergaz había sido eclipsado totalmente. Una primera explicación que nos da es el hecho de que el historiador Ceán Bermúdez no le había incluido en su célebre Diccionario Histórico de los más Ilustres Profesores de las Bellas Artes en España.

Alfonso Giraldo Bergaz nació en Murcia el 23 de enero de 1744 (fecha que publicó la Gaceta de Madrid a su muerte, aceptada hoy por la mayoría de autores, aunque Madrazo dijo que fue en 1745).

Su padre, también escultor, natural de Cuenca, estaba trabajando en la fachada de la Catedral de Murcia, por lo que el niño debió nacer allí de una forma accidental. Finalizada la obra la familia se trasladó a Madrid. Con solo 14 años el joven comenzó a aprender el oficio y el arte de la escultura bajo la dirección de Felipe de Castro, entonces escultor de Cámara de Carlos III y director de la Real Academia de Bellas Artes.

El rey Carlos III acababa de llegar a Madrid y se encontraba dedicado entre otras cosas a la creación de la Real Fábrica de Porcelana en el Buen Retiro. Se pidió a la Real Academia la presencia de algunos de los estudiantes más jóvenes para seleccionar a quien pudiera ocuparse de ese nuevo arte bajo la dirección de Juan Tomás Bonicelli y de varios escultores traídos de Nápoles. Mediante concurso, uno de los elegidos para trabajar en la Fábrica de la China fue Alfonso Bergaz. Estuvo allí trabajando diez años, mientras continuaba sus estudios en la Academia. Al cabo de este tiempo cayó enfermo, sugiere Madrazo que pudo deberse a la humedad que se respiraba en el Buen Retiro, dejó la Fábrica y se dedicó únicamente a perfeccionarse junto a su maestro Felipe de Castro.

En aquellos tiempos los alumnos de Bellas Artes se podían presentar a los Premios generales que se convocaban. El joven Alfonso con apenas 18 años obtuvo el primero, en 1763, y otro en 1766. Por esto y por las importantes obras que luego se le encomendaron, a pesar del olvido de Ceán, sabemos que en su época alcanzó gran prestigio.

Bergaz. “Santa Leocadia” (1763). Medalla de oro de segunda clase.

Bergaz. “Santa Leocadia” (1763). Medalla de oro de segunda clase.

En 1774 solicitó y obtuvo el título de Académico de Mérito. Nueve años después fue propuesto para el cargo de teniente director de la Real Academia y el rey se lo concedió, siendo esta la última concesión de Carlos III. En 1795, al filo de los 50 años, fue nombrado Escultor de Cámara de Carlos IV.

Alfonso Bergaz también fue Escultor oficial de la Villa y Corte debido a lo cual participó en la creación de las fuentes instaladas en el Salón del Prado, construidas a partir de los proyectos del arquitecto Ventura Rodríguez cuyos dibujos se encuentran en el Museo de Historia de Madrid.

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La Fuente de la Alcachofa, una de las más bonitas de la ciudad, en un primer momento estuvo ubicada frente a la Puerta de Atocha cerca del lugar donde hoy se encuentra el monumento a Claudio Moyano; se construyó entre 1781 y 1786.

De granito y piedra caliza, está formada por una columna en cuya parte inferior hay una nereida y un tritón de piedra que sostienen el escudo de Madrid. Sobre la columna en una taza hay varios niños y sobre ellos una alcachofa. Los niños y la alcachofa fueron realizados por el escultor Antonio Primo y los motivos mitológicos en la parte inferior por Alfonso Bergaz.

La Fuente de la Alcachofa. Foto: Begué 1864 (memoriademadrid)

La Fuente de la Alcachofa. Foto: Begué 1864 (memoriademadrid)

En 1880 fue trasladada al Retiro y situada en la plaza de Honduras junto al Estanque, donde felizmente continúa.

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En la parte posterior de la columna una inscripción indica en números romanos el año 1782.

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Desde 1986 hay una réplica en bronce cerca de su primitivo emplazamiento, en la glorieta de Atocha.

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Por la misma época se proyectaron las Cuatro Fuentes ubicadas en el Paseo del Prado a la altura de la plaza de Murillo. De las cuatro figuras que las remataban, tritones y nereidas con delfines, dos fueron obra de Roberto Michel y las otras dos de Bergaz.

Foto Antonio Passaporte (1927-1936), Archivo Loty (Mº de Cultura)

Foto Antonio Passaporte (1927-1936), Archivo Loty (Mº de Cultura)

Fueron construidas con piedra caliza de Colmenar, excepto los tritones y las nereidas que se hicieron con piedra de Redueña, muy poco resistente, de forma que el tiempo y el agua los deterioró hasta casi desaparecer; hace pocos años fueron sustituidos por réplicas. Los originales casi desfigurados se encuentran en el Patio del Museo de San Isidro.

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Otro de nuestros valiosos tesoros, aunque menos famosa que sus vecinas de Neptuno y Cibeles, y la única que podemos admirar de cerca, es la Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones, proyectada por el mismo arquitecto en 1777. Fue encargada a Manuel Álvarez que realizó las figuras de las estaciones pero murió antes de terminar la estatua del dios Apolo que la corona. Lo hizo Alfonso Bergaz entre 1799 y abril de 1803.

Realizada en piedra de Redueña, aunque fue restaurada en los años 90 del pasado siglo, está muy erosionada, sobre todo las figuras de las Cuatro Estaciones que necesitan una nueva reparación. La estatua de Apolo está en mejor estado.

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También son de Bergaz los dos mascarones, los surtidores con las imágenes de Circe y Medusa.

Fuente de Apolo. Medusa.

Fuente de Apolo. Medusa.

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La más emblemática, la Fuente de Cibeles, realizada en mármol de Montesclaros, fue proyectada también en 1777, aunque se terminó antes que la de Apolo. Como sabemos la diosa Cibeles fue realizada por Francisco Gutiérrez y los leones fueron obra de Roberto Michel.

En 1791 fue Juan de Villanueva quien proyectó la instalación de dos grifos, un Oso y un Dragón, emblemas de la Villa, que surtieran de agua potable a los madrileños, uno de ellos, el dragón, de uso público; el oso estaba reservado a los aguadores. Siguiendo el modelo del arquitecto, los ejecutó Bergaz, igualmente en mármol. Los conocemos gracias a los grabados y alguna fotografía de la época.

Fuente de Cibeles (h. 1853) (Foto BNE)

Fuente de Cibeles (h. 1853) (Foto BNE)

Fueron retirados en 1862 cuando se decidió que la fuente dejara de dar agua potable. Tras una azarosa historia, que ya contamos aquí, reposan en el patio del Museo de San Isidro, junto a los pequeños tritones de las Cuatro Fuentes del Prado.

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Bergaz también trabajó para casas de la nobleza y personajes notables. Para el conde de Altamira, Duque de Alba, etc. En la escalera del llamado Palacio de Godoy, que visitamos hace tiempo, recordemos se hallaba un valioso friso en altorelieve. Contamos entonces que cuando el Ministerio de Marina y el Museo Naval (que estuvieron un tiempo en dicho palacio) se trasladaron al Paseo del Prado esquina calle Montalbán fue uno de los elementos trasladados a la nueva sede. Cuando escribí ese artículo desconocía que esta obra que en la actualidad adorna la espectacular escalera del Cuartel de la Armada (que por otra parte aún no había podido contemplar) era de Bergaz.

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Es un Triunfo romano, hermoso relieve inspirado en motivos clásicos.

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Bergaz trabajó también para varias iglesias madrileñas, San Francisco, Santa Cruz, Monasterio de San Martín…. Se conservan algunas de sus obras aunque lamentablemente la mayoría al parecer se han perdido.

Dos de ellas son las estatuas de mármol blanco, San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal, en la espléndida fachada de la iglesia de las Salesas Reales. La hoy parroquia de Santa Bárbara fue construida entre 1750 y 1758, cuando el artista era aún muy pequeño. Sin duda sus esculturas fueron colocadas posteriormente.

Santa Juana de Chantal. Foto: Jesús C.V. (2015)

Santa Juana de Chantal. Foto: Jesús C.V. (2015)

Santa Juana y San Francisco de Sales fueron los fundadores de la orden de la Visitación, la orden del Monasterio de las Salesas, por lo que ocupan un lugar preferente tanto en el exterior como interior de esta iglesia.

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

En los detalles de las formas esculpidas por Bergaz se aprecia una delicadeza y perfección extraordinarias.

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

En la actual Biblioteca de la UNED sobre el arco de medio punto de la rotonda de la que fue antigua iglesia pervive el Escudo de las Escuelas Pías de San Fernando sostenido por dos ángeles, obra de nuestro protagonista, como símbolo y recuerdo de la historia de esta institución en el barrio de Lavapiés.

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Finalmente en la iglesia de San Ginés encontramos una imagen de madera policromada realizada en 1807, el Cristo Crucificado ubicado en una Capilla aneja, flanqueado por cuatro ángeles atribuidos a Pompei Leoni. La escultura es magnífica, producto de la madurez alcanzada por el artista.

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Como hemos visto, el escultor a lo largo de su vida obtuvo casi todos los cargos importantes, llegando ese año a ser nombrado Director General de las Bellas Artes de San Fernando.

Alfonso Giraldo Bergaz murió en Madrid el 19 de noviembre de 1812. Tenía 67 años.

Por : Mercedes Gómez

Con todo mi agradecimiento a Jesús C.V. por su ayuda y la cesión de sus magníficas fotos de la iglesia de las Salesas.

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Bibliografía :

Gaceta de Madrid, nº 39 (1 dic 1812)
MADRAZO, Pedro. “Don Alfonso Bergaz. Reparación de un injusto agravio”. La Ilustración Española y Americana. Madrid, 1894.
MELENDRERAS, José Luis. “Dos escultores murcianos en la Corte: Alfonso Giraldo Bergaz y Ramón Barba Garrido”. Anales de la Universidad de Murcia. Filosofía y Letras. Murcia, 1985.
El País. “Las fuentes de Pontejos y de las Cuatro Estaciones, restauradas” El País, 17 mayo, 1994.
ALBARRÁN, Virginia. “Escultores académicos del siglo XVIII en el Diccionario de Ceán Bermúdez. Nuevas adiciones (I)”. AEA, 2005.
MARTÍNEZ CARBAJO y GARCÍA GUTIÉRREZ. Fuentes de Madrid, La Librería, 2009.

En el siglo XVII el gran espacio de terreno existente junto al Prado de Atocha, actual Paseo del Prado, entre la Carrera de San Jerónimo y la calle de las Huertas, pertenecía al poderoso Duque de Lerma. Allí él construyó su casa principal y fundó dos conventos, el de los Trinitarios descalzos y el de San Antonio de padres Capuchinos. Antonio Mancelli los dibujó junto a sus Huertas y jardines.

Plano de A. Mancelli, 1623.

Plano de A. Mancelli, 1623.

El Convento de Trinitarios descalzos de la Encarnación fue fundado, como decíamos, por don Francisco Gómez de Sandoval, Duque de Lerma, valido de Felipe III, Cardenal de la Santa Iglesia de Roma, el 7 de abril de 1606, así consta en el Plano de Pedro Texeira.

Plano de P. Texeira, 1656 (detalle Iglesia)

Plano de P. Texeira, 1656 (detalle Iglesia Trinitarios)

El Convento de Padres Capuchinos de San Antonio lo fundó tres años después, en 1609.

El de los Trinitarios, que había pasado a estar bajo el patronato del duque de Medinaceli, se mantuvo más o menos tal como había sido creado hasta el siglo XIX pero durante la ocupación francesa a partir de 1808 fue casi destruido. Reedificado en tiempos de Fernando VII, en 1836 fue desamortizado y quedó sin uso hasta que en 1843 volvió a manos del duque de Medinaceli que lo cedió a las monjas del Caballero de Gracia.

Por otra parte a mediados del siglo también los terrenos comenzaron a sufrir transformaciones. Se abrió la prolongación de la calle Lope de Vega –antes llamada de Cantarranas– hasta el Paseo. Poco después en el solar resultante entre dicha calle y la de Huertas se edificó el famoso palacio de Xifré de estilo árabe. Y a principios del siglo XX tuvieron lugar la prolongación de las calles de Cervantes –antigua calle de Francos– y de Jesús –en el siglo XVII calle de los Trinitarios–, actual calle del Duque de Medinaceli. Así la posesión, la gran única  manzana 233, se convirtió en las cuatro manzanas actuales.

Plano L.Delage, 1915

Plano L.Delage, 1915

El Palacio de los duques de Medinaceli fue a su vez derribado para levantar el Hotel Palace. El de Xifré sobrevivió hasta los años 50, sustituido por la antigua Casa Sindical, actual Ministerio de Sanidad.

Pero volvamos al Convento, a los años finales del siglo XIX. La comunidad de padres capuchinos del vecino San Antonio del Prado, que recordemos también había sido fundado por el duque de Lerma y estaba igualmente bajo patronato del duque de Medinaceli, pasó a ocupar el edificio de los Trinitarios. Así fue como desde 1895 los Capuchinos custodiaron la imagen del Nazareno que se hallaba en la modesta Capilla de Jesús único vestigio al parecer de la antigua iglesia de los Trinitarios.

1932 medinaceli

Desaparecida iglesia de Jesús de Medinaceli. Archivo Ruiz Vernacci, fototeca Mº Cultura.

En 1917 Jesús Carrasco Muñoz-Encina proyectó el nuevo Convento de los Padres Capuchinos, situado junto a la iglesia en la actual plaza de Jesús nº 2 y con fachada a la calle de Lope de Vega 45. Se construyó entre 1917 y 1920 en parte del terreno del antiguo convento. El mismo arquitecto lo amplió en 1954.

convento capuchinos

En 1921 proyectó la actual Basílica de Jesús de Medinaceli. La antigua iglesia fue derribada.

Foto La Esfera, 1926.

Foto La Esfera, 1926.

Conocemos por la prensa de la época cómo era ese primer proyecto que no llegó a realizarse suponemos que entre otras razones por motivos económicos.

(Hemeroteca Mº Cultura 2006)

(Hemeroteca Mº Cultura 2006)

Las obras comenzaron pero en 1927 se acometió un segundo proyecto que no se terminó hasta 1929. Como leemos en una placa instalada en la fachada, la iglesia en su estructura actual fue inaugurada en 1930.

De estilo neo-barroco la fachada consta de dos cuerpos superpuestos coronados por un frontón y una cruz. El cuerpo inferior está dividido en tres partes, en el centro está la entrada principal.

2016 medinaceli fachada

En el cuerpo superior bajo un arco de medio punto y entre pilastras una bonita vidriera de la Casa Maumejean representa la Apoteosis del Cristo de Medinaceli.

medinaceli vidriera

El interior de planta de cruz latina tiene tres naves. Al fondo de la gran nave central en el altar mayor se encuentra el camarín que normalmente cobija al Cristo, excepto en momentos como la Semana Santa en que desciende para salir en procesión.

medinaceli tres naves

En la nave del Evangelio hay varias capillas. La mayor, en el crucero, dedicada a la Inmaculada Concepción, imagen de principios del siglo XIX procedente del Convento de San Antonio del Prado. A su derecha, tras una espléndida reja de forja del siglo XVII, se encuentra la capilla-panteón creada en 1953 para la familia del ducado de Medinaceli, obra del arquitecto Luis Gutiérrez Soto.

cerradura panteon

En ella se encuentran dos sepulcros de mármol con los restos del duque de Medinaceli Luis Jesús Fernández de Córdoba fallecido en el mes de julio de 1956 y su segunda esposa. En el centro la pintura de un Cristo Crucificado de fines del siglo XVIII. El techo está decorado con pinturas de Enrique Segura.

medinaceli panteon

Otras capillas de interés son la de la Divina Pastora y la de Nuestra Señora de la Divina Providencia con una escultura de la Virgen de la Leche obra de Mariano Bellver. Ambas proceden también de San Antonio del Prado. Y la última dedicada a San Antonio de Padua muestra una escultura de Mariano Benlliure, de 1945.

Sin duda la obra más valiosa y más antigua es la de Nuestro Padre Jesús Nazareno o Jesús del Rescate, más conocido hoy día como Jesús de Medinaceli.

La escultura es una talla sevillana de la primera mitad del siglo XVII. No hay certeza sobre quién fue su autor, tal vez Francisco de Ocampo o, más probablemente se cree por las características artísticas, Luis de la Peña. Es una imagen modelada de cuerpo entero, no de vestir, con los brazos articulados.

jesus medinaceli

Se cree que la escultura fue creada para los Padres Capuchinos de Sevilla que la llevaron a una ciudad en el norte de África para ser venerada por los ciento cincuenta soldados allí destinados. Hacia 1681 se encontraba en Mámora, conocida en España como San Miguel de Ultramar, pequeña colonia que por entonces se perdió. Los soldados y las imágenes, entre ellas el Nazareno, cayeron en manos de los musulmanes. Eran los últimos tiempos del reinado de Carlos II.

Después el Cristo fue recuperado, aunque sobre el precio no hay acuerdo y entramos en el terreno de la leyenda lo cierto es que volvió a España y luego llegó a Madrid, y que su historia a lo largo de sus casi cuatro siglos de vida ha sido muy azarosa.

Primero llegó al Convento de los Trinitarios descalzos de Sevilla, de ahí en 1682 al Convento de la misma Orden en Madrid. Su Capilla fue inaugurada en 1689. Por entonces se realizaron numerosas copias.

jesus cuerpo entero

A causa de la guerra de la Independencia sufrió varios traslados, a los Basilios en la calle Desengaño, San Martín… tras la desamortización en 1836 fue llevado a la parroquia de San Sebastián. En 1845 el duque solicitó su vuelta al convento de Trinitarios lo cual consiguió al año siguiente.

En el inicio de la guerra civil los religiosos temieron por la imagen y la escondieron. En 1937 un batallón republicano estableció su cuartel en este convento, y una mañana buscando madera para calentarse en el sótano encontraron la caja con el Cristo y, después de una restauración de urgencia pues le había afectado la humedad, la valiosa escultura fue trasladada al Museo del Prado. La imagen fue una más de las obras salvadas por las tropas republicanas que las entregaron a la Junta de Incautación del Tesoro Artístico Nacional. Jesús de Medinaceli viajó con los cuadros y otros elementos del Patrimonio a Valencia, posteriormente a Francia y en 1939 se expuso en Ginebra en la Sociedad de Naciones junto con algunas pinturas del Prado. En mayo de 1939 regresó a Madrid.

Además de su gran valor histórico y artístico, fue y sigue siendo sin duda una de las imágenes religiosas más veneradas en Madrid.

Del convento de los Trinitarios del siglo XVII y su iglesia, así como de la casa del duque de Lerma, no quedan apenas vestigios. Como vimos, fue todo sustituido por las nuevas construcciones y otros edificios que a su vez fueron derribados para levantar los actuales.

Parte de la antigua manzana 233 desde el Paseo del Prado

Parte de la antigua manzana 233 desde el Paseo del Prado

En el pavimento del Paseo del Prado, frente a la calle de las Huertas, unas losas de distinto color al de la acera marcan la situación y la planta del torreón que allí se levantaba, en la cerca que rodeaba el convento.

Texeira 1656 (detalle torreón)

Texeira 1656 (detalle torreón)

 

Paseo del Prado 2016

Paseo del Prado 2016

Estas losas y una placa colocada en 2003 son el único recuerdo de los restos arqueológicos hallados durante unas obras de las que no he logrado conseguir información.

placa torreon

Pero sobre todo se conserva la imponente presencia de la imagen de Jesús tallada en Sevilla en las primeras décadas del siglo XVII y llegada a este convento posiblemente, según los padres Capuchinos, el 21 de agosto de 1682.

jesus medio cuerpo copia

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

La Esfera 18.3.1922 y 27.3.1926 ; Hoja del Lunes 16.7.1956
García Gutiérrez, P.F. y Martínez Carbajo, A.F. Iglesias de Madrid. Ed. La Librería, Madrid 2006.
Azorín, Francisco. El Madrid romero y devoto. Ed. La Librería, Madrid 2006.
Folleto HH.MM. Capuchinos

Otra de las sugerentes exposiciones recientemente inauguradas en Madrid, recomendable a todo amante y estudioso del arte, es Miró y el objeto, en CaixaForum, que nos ofrece, además de una selección de obras extraordinarias, una nueva visión del arte del genio.

caixa forum miro

Joan Miró, uno de los grandes artistas del siglo XX, ha ejercido sin duda una gran influencia en el desarrollo del arte contemporáneo. La exposición, con un montaje brillante, se centra en uno de los aspectos más desconocidos de la obra y la personalidad de Miró, su relación con los objetos y el papel que estos jugaron en la evolución de su obra.

Desde el principio, cuando tenía poco más de veinte años, pintó naturalezas muertas, bodegones en los que a menudo los protagonistas eran objetos domésticos, tal vez un preludio de su intención de acercarse a la pintura en tanto que objeto que habita el mundo real, no como ilusión.

“El tiesto y el limón”. Óleo sobre tela (1916)

“El tiesto y el limón”. Óleo sobre tela (1916)

En una carta escrita en 1922 Miró afirmó que buscaba los objetos humildes, y que para darles emoción a estas cosas había que amarlas enormemente.

La exposición nos invita a adentrarnos en este mundo de objetos. Objetos de todo tipo que él encontraba y guardaba, que fue coleccionando a lo largo de toda su vida, muchos de ellos utilizados o convertidos en esculturas.

objetos miro

Hacia 1927 proclamó su deseo de asesinar la pintura y poco después dicen que afirmó que la pintura estaba en decadencia desde la edad de las cavernas.

Por esa época Miró comenzó a elaborar collages en los que utilizaba materiales ajenos al arte convencional, no pictóricos, en formatos no habituales. Como el alquitrán sobre el óleo, caseína, arena… comenzó a pintar sobre conglomerado, sobre madera…

“Pintura”. Óleo, alquitrán, caseína y arena sobre masonita. (1936)

“Pintura”. Óleo, alquitrán, caseína y arena sobre masonita. (1936)

El uso de esta técnica le abrió un mundo de enormes posibilidades en su intento de llegar a esa pintura-objeto que él pretendía lograr. Del collage llegó a la escultura.

Decoraba las pinturas con signos caligráficos que recordaban los dibujos infantiles y las pinturas rupestres que había conocido en 1957 en Altamira. Joan Miró en realidad creó un lenguaje propio y único.

pintura objeto

A finales de los años 40, principios de los 50 comenzó a utilizar materiales como el hierro, bronce, y sobre todo la cerámica, a veces mezclando todos ellos.

pintura objeto ceramica

El artista llegó a la cerámica por ese deseo de destruir el lienzo con marcas o signos. Poco a poco fue abandonando prácticamente la pintura para dedicarse a la escultura. Él mismo escribió que su pretensión era que el objeto en sí mismo dejara de existir y se transformara en una escultura. Hacia 1960 se inclinó cada vez más por el bronce.

Y así, en contra de las ideas convencionales o tradicionales, llegó a su antipintura o segundo asesinato de la pintura. En los comienzos de los años 70 rajó, cortó, incluso quemó la superficie de los cuadros, invitando a mirar y convencer de que la pintura era algo real, no una ilusión.

“Pintura”. Óleo sobre tela (1973)

“Pintura”. Óleo sobre tela (1973)

A la vez se dedicó a la creación de los cuadros-objeto.

“Cuadro-objeto” (1972)

“Cuadro-objeto” (1972)

Como él mismo había dicho en sus comienzos, para comunicar había que amar los objetos que se representaba. Y él lo demostró. Consiguió trasmitir una nueva forma de expresar y también percibir el arte.

sala antipintura

CaixaForum nos propone además una serie de actividades en torno a la muestra muy interesantes, como las visitas comentadas los fines de semana. Toda la información, horarios y precios, en su web.

Por : Mercedes Gómez

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Miró y el objeto
CaixaForum
Paseo del Prado 36
Hasta el 22 de mayo

Como ya vimos, Roberto Michel fue un escultor de gran importancia para Madrid. Participó en la decoración de iglesias, edificios civiles, del Palacio Real y en algunos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

Hoy visitamos el Museo de la Casa de la Moneda que expone algunas bonitas obras de este artista. Este museo, además de contarnos la historia del dinero, numismática y filatelia, posee una importante colección artística que incluye algunos de los valiosos modelos creados por Roberto Michel previos a la realización de sus esculturas.

Según leemos en su propia web, el motivo es que, siendo escultor de Cámara, Michel tuvo una gran vinculación con la Casa de la Moneda.

En una de las Salas correspondientes al siglo XVIII un cuadro de autor Anónimo nos muestra la imagen de un Roberto Michel maduro, muy diferente a la imagen del joven escultor, otra pintura anónima conservada en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que vimos en la anterior entrada.

“Roberto Michel”. Anónimo. Museo de la Casa de la Moneda.

“Roberto Michel”. Anónimo. Museo de la Casa de la Moneda.

En la misma Sala vemos el modelo para los Leones de la fuente de La Cibeles de cera y lacre realizado en 1780.

Modelo

La fuente fue instalada dos años después en el Salón del Prado con los dos leones que tiran del carro de la diosa esculpidos en mármol.

Frente a ellos contemplamos dos deliciosos modelos para los Tritones de las fuentes del Paseo del Prado hechos al año siguiente (1781). Y un Niño con caracola, de escayola.

tritones modelos

Las Cuatro fuentes del Prado se terminaron igualmente en 1782, con la participación de Roberto Michel en la creación de los remates escultóricos; dos de sus modelos de terracota son los que ahora admiramos.

modelo triton

Como sabemos, las esculturas de los Tritones, muy desgastadas por el tiempo y el agua, fueron sustituidas por réplicas. Los originales se encuentran en el Patio del Museo de San Isidro.

Otros modelos de terracota que conserva el Museo son La Piedad y la Virgen del Carmen; esta última escultura recordemos que adorna la fachada de la iglesia de San José.

virgen del carmen modelo

El modelo de estatua ecuestre para Fernando VI, de cera. Y el de la estatua ecuestre para Felipe V; esta escultura está, como ya vimos, en el Museo de Bellas Artes de San Fernando.

modelo felipe V

En otra sala se encuentra el modelo de escayola de la figura de Carlos III, creado según indica la cartela para el vestíbulo del Palacio Real.

carlos iii modelo

Aunque la escultura Carlos III como general romano que efectivamente se encuentra en el gran zaguán de entrada frente a la escalera principal del Palacio Real se considera obra de Pedro Michel, su hermano, con quien trabajó estrechamente como también sabemos.

carlos iii palacio real

Y ya que estamos en tan bello lugar resulta inevitable subir la espectacular escalera para visitar el Palacio. En el gran rellano que la divide en dos tramos laterales dos nuevos leones vigilan.

escalera palacio real

Uno de ellos es obra de nuestro protagonista, Roberto Michel.

leon palacio real2

En otro artículo más adelante conoceremos otros detalles sobre la participación del gran escultor en la decoración del Palacio Real de Madrid.

Por : Mercedes Gómez

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Museo Casa de la Moneda
Calle Doctor Esquerdo, 36

Palacio Real
Plaza de Oriente

El vestíbulo de entrada al Museo de Historia de Madrid está adornado por dos esculturas antiguas. Son dos joyas históricas y artísticas, propiedad del Museo Arqueológico Nacional, conservadas en depósito en nuestro querido museo municipal.

Son las figuras de la Abundancia y de Endimión. Según consta en las cartelas, ambas coronaban dos fuentes monumentales en el siglo XVII madrileño.

entrada estatuas2

Dentro del plan para solucionar las necesidades de agua en Madrid tras el aumento de población que provocó la llegada de la Corte en 1561, en los comienzos del siglo siguiente se construyeron viajes de agua (Abroñigal, Castellana…) y se instalaron numerosas fuentes públicas. La mayor parte eran muy sencillas, modestos caños de vecindad, pero también se crearon algunas fuentes monumentales con el fin de decorar las plazas más notables de la Villa.

Una de las primeras fue la de la plaza de la Cebada, encargada en 1617 al arquitecto Juan Gómez de Mora. Otras, entre ellas la cercana Fuente del Humilladero de San Francisco, al año siguiente fueron diseñadas por el escultor Rutilio Gaci. Ambas aparecen dibujadas por Pedro Texeira en su plano realizado unos años después, en 1656.

Con la leyenda nº 46, la Fuente de la plaza de la Cebada que se encontraba en un lateral de la gran plaza dedicada a mercado. Suministraba agua procedente del Viaje del Alto Abroñigal.

texeira cebada

Fue realizada por el alarife Pedro de Pedrosa y el maestro de cantería Martín de Gortairi. Se coronó con una figura mitológica.

Según indica el letrero del museo, la estatua de mármol de la Abundancia sosteniendo un niño, realizada hacia 1650, formó parte del remate escultórico.

la abundancia

La Abundancia (h. 1650)

En el interior del museo podemos ver dos pinturas del siglo XVIII que representan la importante plaza.

La Procesión de la Virgen de Gracia en la Plaza de la Cebada (1741) de Manuel de Chozas.

Procesión de la Virgen de Gracia en la Plaza de la Cebada (1741) M. de Chozas

Procesión de la Virgen de Gracia en la Plaza de la Cebada (1741) M. de Chozas

En la esquina a nuestra izquierda aparece la fuente. En el conjunto escultórico hay otro niño a los pies de la figura principal.

fuente procesion cebada

Procesión de la Virgen de Gracia en la Plaza de la Cebada (1741) M. de Chozas (detalle)

Y la Feria de Madrid en la plaza de la Cebada (1770-1780), de Manuel de la Cruz, perteneciente al Museo del Prado.

Feria de Madrid en la plaza de la Cebada (1770-1780), M. de la Cruz

Feria de Madrid en la plaza de la Cebada (1770-1780), M. de la Cruz

En esta pintura ya no aparece el niño en la base.

abundancia feria cebada

Feria de Madrid en la plaza de la Cebada (1770-1780), M. de la Cruz (detalle)

La fuente sufrió varias obras y reformas en los siglos XVII y XVIII; muy deteriorada, fue demolida en 1840. No he conseguido información sobre los posibles cambios en el remate escultórico y si la estatua fue sustituida por otra en algún momento.

Con el nº 50 Texeira dibujó la Fuente del Humilladero de San Francisco, de Puerta de Moros o de Endimión; en este caso se surtía del Viaje del Bajo Abroñigal.

texeira endimion

Se cree que fue obra de Rutilio Gaci y el mismo Martín Gortairi; se construyó entre 1620 y 1638. La obra de cantería fue encargada al maestro Miguel de Collado.

Fue rematada por la figura de Endimión, igualmente de mármol, obra reformada y limpiada por el escultor Manuel Pereira, trabajo tasado en 1640.

A mediados del siglo XIX la escultura fue trasladada a la fuente de la plaza de Lavapiés.

Foto Revista Villa de Madrid

Foto Revista Villa de Madrid nº 53

Fuente que también desapareció, pero la escultura felizmente se conserva.

Endimión (h. 1620)

Endimión (h. 1620)

Endimión y la Abundancia nos reciben cuando llegamos al Museo de Historia de Madrid, en la calle de Fuencarral nº 78. Merece la pena detenerse unos minutos, contemplarlas y recordar su larga historia y los misterios que las envuelven.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

MOLINA CAMPUZANO, Miguel. Fuentes artísticas madrileñas del siglo XVII. Ayuntamiento de Madrid – IEM 1970.
DÍAZ y DÍAZ, Mª del Sol. “Fuentes públicas monumentales del Madrid del siglo XVII” Revista Villa de Madrid nº 53. Madrid, 1976.

Mujeres de Roma, seductoras, maternales, excesivas, es sin duda una de las exposiciones imprescindibles de la temporada. Piezas procedentes de las Colecciones del Museo del Louvre, expuestas hasta el próximo 14 de febrero de 2016 en CaixaForum Madrid, conforman una bella e interesante muestra. Una mirada al mundo femenino en la antigua Roma.

Una mirada al mundo femenino desde todos los puntos de vista, la vida doméstica o mítica, personajes históricos o imaginados. Emperatrices, madres, sacerdotisas o prostitutas, todas ellas formaban parte del mundo de la mujer romana representado en esculturas, pinturas, joyas, etc.

La mujer en la civilización romana era considerada un ser inferior, dependía del padre, luego del esposo, si se casaba. Pero a pesar de la limitación en su papel legal en la sociedad, las mujeres en la vida cotidiana adquirieron un gran protagonismo en ciertas esferas y fueron representadas en multitud de obras, muchas veces de contenido mitológico, pero no únicamente.

Comienza la exposición con los Retratos de mujeres. Curiosamente, el peinado es el principal criterio de datación pues muestra las modas que imperaron en cada época.

1retrato peinados

También admiramos retratos en miniatura y retratos pintados sobre madera aparecidos sobre todo en necrópolis.

2retrato pintado

Junto a imágenes de la mujer ideal, esposa y madre, la representación de las fuerzas naturales (las estaciones, los vientos…) adquieren formas femeninas.

Pintura al fresco. Fragmento de pintura mural: el Verano. Pompeya (Italia) 62-79 d.C.

Pintura al fresco. Fragmento de pintura mural: el Verano. Pompeya (Italia) 62-79 d.C.

La seducción del espíritu, representada por las Musas, y la seducción física, representada por las Diosas.

Las tres Gracias. Sg. I-II d.C. Colección Borghese.

Las tres Gracias. Sg. I-II d.C. Colección Borghese.

 

Mosaico escena erótica. Útica (Túnez) Sg. III d.C (?)

Mosaico escena erótica. Útica (Túnez) Sg. III d.C (?)

Los rostros de la sensual Venus frente a las divinidades castas y feroces de Juno, Minerva y Diana. El mundo dionisiaco, mujeres y monstruos, como el inquietante Hermafrodito… todas las representaciones están presentes en la extraordinaria exposición.

En la última sala la escultura de Polimnia, Musa de los mitos, resume la hermosa historia de la mujer romana.

Sg. I ó II d.C. Mármol griego (parte inferior) y mármol de Carrara (parte superior). Col. Borghese.

Sg. I ó II d.C. Mármol griego (parte inferior) y mármol de Carrara (parte superior). Col. Borghese.

Copia de un original griego, la parte inferior representa el mundo antiguo, la superior fue realizada en el siglo XVIII por el escultor italiano Agostino Penna al gusto neoclásico. Es en cierto modo un resumen de la fascinante historia de la Mujer en Roma.

Por : Mercedes Gómez

 

Seguimos en San Lorenzo del Escorial. Hoy, en silencio, y con una cierta emoción, nos dirigimos hacia la Sacristía del Monasterio, situada junto a la Basílica, por los majestuosos pasillos del Claustro Mayor.

escorial claustro

Primero accedemos a la antesacristía, un gran vestíbulo cubierto por una magnífica bóveda de grutescos pompeyanos o figuras caprichosas, obra de Nicola Granello, que recordemos también trabajó en la Sala de Batallas. En el centro se representa un ángel con una vasija y una toalla, referencias al agua purificadora con la que los sacerdotes se lavan las manos antes de entrar en la Sacristía.

boveda antesacristia

Con ese fin, en uno de los muros hay una bella fuente o lavatorio realizado en mármol, jaspe y bronce.

lavatorio antesacristia

Lavatorio antesacristía

 

Lavatorio antesacristía (detalle grifo)

Lavatorio antesacristía (detalle)

Y por fin entramos en la Sacristía. Treinta asombrosos metros de largo por nueve de ancho y once de altura sobre un suelo de mármol blanco y gris se presentan ante nuestros ojos.

sacristia escorial

En el lado izquierdo nueve ventanas que se asoman a los jardines del Monasterio iluminan la estancia.

ventana sacristia

La bóveda está igualmente decorada con grutescos, pintados al fresco por el mismo artista, Granello, y su hermanastro Fabricio Castello.

boveda sacristia

Son muchos los elementos valiosos que vamos descubriendo admirados. Las pinturas de Tiziano, Ribera, Lucas Jordán… Un espejo de cristal de roca regalo de la reina Mariana de Austria, madre de Carlos II… Muebles de fina madera con grandes cajoneras que guardan las casullas y otras prendas utilizadas en las celebraciones litúrgicas sin necesidad de doblarlas…

tiziano y espejo sacristia

Y la gran joya, situada al fondo, el suntuoso retablo barroco realizado entre 1685 y 1690, el retablo de la Sagrada Forma.

sagrada forma

El diseño y ejecución artística fue obra de José del Olmo, Maestro Mayor de Obras Reales. La riqueza de los materiales empleados impresiona. Bronce, madera y adornos de concha en las dos puertas a los lados que dan acceso al Camarín. Sobre ellas dos nichos y dos medallones de mármol blanco enmarcados en jaspe, representando historias relacionadas con la profanación de las Formas consagradas en la iglesia de Gorkum, Holanda, y la Forma considerada milagrosa, entregada a Felipe II.

sagrada forma1

En el centro, La Sagrada Forma, la extraordinaria pintura de Claudio Coello, cuya vida y obra ya conocimos aquí.

El cuadro, de tres por cinco metros, encargado por Carlos II, reproduce la escena, a modo de espejo, que tuvo lugar en la propia Sacristía, cuando en 1684 se trasladó la Sagrada Forma desde el altar de reliquias en la basílica hasta aquí.

Coello terminó la pintura en 1690, tres años antes de su muerte, y casi poco antes del fin del Barroco madrileño.

cuadro coello

Numerosos personajes asisten a la ceremonia. El P. Francisco de los Santos que se dispone para la bendición. Frente a él, a la derecha, arrodillado, el monarca Carlos II; detrás, los nobles. A la izquierda en el extremo inferior varios personajes aparecen como espectadores, entre ellos el propio Coello. Al fondo los niños cantores y los religiosos Jerónimos… En la parte superior tres figuras alegóricas, en relación a las figuras representadas debajo: el amor divino, la religión y la monarquía. La pintura está llena de símbolos.

La Forma quedó instalada en el camarín detrás del cuadro, oculta.

desde el camarin

La reliquia se guarda en un templete neogótico diseñado por el pintor Vicente López en el siglo XIX situado bajo dos ángeles y el Cristo crucificado de bronce dorado obra del escultor Pietro Tacca.

camarin

El Cristo es una de las joyas escultóricas del Monasterio, donde ya se encontraba al menos desde 1648. Realizado en el taller florentino de Tacca su primer destino fue el Panteón.

Desde aquí, en el interior del camarín, únicamente vemos la parte posterior del crucifijo de madera al que se encuentra unido el Cristo cuya figura solo adivinamos pues mira hacia la Sacristía.

cristo pietro tacca

Solo una vez al año, el último domingo de septiembre, el cuadro de Claudio Coello es bajado mediante poleas, de forma que no se dobla, y todo queda a la vista.

Así el próximo día 27 habrá ocasión de visitar la Sacristía y contemplar el Cristo de Pietro Tacca y el templete con la Sagrada Forma en su Custodia, de 10 a 13 h.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Portela Sandoval, Francisco José. “Varia sculptorica escurialensia”. Actas del simposium La escultura en el Monasterio del Escorial, 1994, pp. 215-254.

“Sacristía y Panteones”, Tesoros artísticos en el Monasterio del Escorial nº 11. Real Monasterio del Escorial 2013.

Fernández Peña, María Rosa. Blog Viajando tranquilamente por España, Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

monasteriodelescorial.com

 

El pasado viernes 20 de febrero fue inaugurada la exposición El triunfo de la imagen. Tesoros del arte sacro restaurados por la Comunidad de Madrid, que se podrá visitar en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta el 12 de abril. La entrada es gratuita.

Son sesenta obras, sobre todo pinturas y esculturas, también orfebrería y textiles, de una inmensa calidad que, restauradas en los últimos años por la Comunidad, ahora resplandecen ante nuestros ojos. Una gran parte de ellas se exponen por primera vez, procedentes de iglesias, conventos, colegios, del Palacio arzobispal… lo más probable es que algunas de ellas no vuelvan a mostrarse, al menos durante mucho tiempo. Así que aprovechemos la ocasión y disfrutemos.

Son tantas las obras singulares, los autores representados y los lugares de los que proceden, que nos sugieren infinidad de temas, pero hoy la intención es solo dar unos breves apuntes para animar a visitar esta exposición irrepetible. Más adelante quizá volveremos para centrarnos en algunas de las obras expuestas.

El montaje en la Real Academia de Bellas Artes ofrece un recorrido por la historia del arte religioso en Madrid, que no deja de ser un recorrido por la historia del arte en general y la propia historia de la Villa, desde la Edad Media al Renacimiento del siglo XVI y la apoteosis de la Capital del Barroco.

Ejemplos del arte medieval, con imágenes en madera policromada de los siglos XIII-XIV, como la Virgen del Castillo o la Virgen del Remedio, de Montejo de la Sierra; pintura del siglo XVI, como el impactante Juicio final, anónimo, copia de Jean Cousin, una de las tres obras que veremos del Monasterio de Mercedarias de D. Juan de Alarcón. Piezas de los grandes pintores y escultores del siglo de oro… La Liberación de San Pedro de Angelo Nardi, de la iglesia de San Pedro ad Víncula de Vallecas. Carducho, Van Dyck, Alonso Cano…

Antoon van Dyck. Virgen con niño y ángeles (h.1626-1632). Monasterio de Mercedarias de D. Juan de Alarcón. Madrid.

Antoon van Dyck. Virgen con niño y ángeles (h.1626-1632). Monasterio de Mercedarias de D. Juan de Alarcón. Madrid.

Se exponen dos cuadros anónimos, óleo sobre lienzo, dos escenas madrileñas de gran interés, más por su contenido narrativo que por su valor artístico, procedentes de la antigua Iglesia de Santa María. La procesión de Santa María de la Almudena en 1638 y la Intervención y milagros de Santa María de la Almudena, ejemplos de pintura al servicio de la Iglesia católica, que más que mostrar un lugar real lo representan de forma que ilustre el contenido religioso deseado.

Anónimo. La Procesión de Santa María de la Almudena en 1638 (h. 1640). Catedral de Santa María la Real de la Almudena.

Anónimo. La Procesión de Santa María de la Almudena en 1638 (h. 1640). Catedral de Santa María la Real de la Almudena. Madrid.

El segundo cuadro muestra la imagen de la Virgen de la Almudena tras la Puerta de la Vega de la muralla ante el asedio de los musulmanes.

Anónimo. Intervención y milagros de Santa María de la Almudena (h. 1640). Catedral de Santa María la Real de la Almudena. Madrid.

Anónimo. Intervención y milagros de Santa María de la Almudena (h. 1640). Catedral de Santa María la Real de la Almudena. Madrid.

Del Convento de San Plácido destaca un delicioso San Juan Bautista Niño, anónimo andaluz o madrileño de madera policromada de la segunda mitad del XVII.

Anónimo. San Juan Bautista Niño (segunda mitad siglo XVII). Madera policromada. Monasterio de Benedictinas de San Plácido. Madrid.

Anónimo. San Juan Bautista Niño (segunda mitad siglo XVII). Madera policromada. Monasterio de Benedictinas de San Plácido. Madrid.

Asistimos al final de siglo, con Claudio Coello, Pedro de Mena, Carreño de Miranda, Luca Giordano…

Luca Giordano. Anunciación (1685-1690). Óleo sobre cobre. Tercer Monasterio de la Visitación (Salesas). Madrid.

Luca Giordano. Anunciación (1685-1690). Óleo sobre cobre. Tercer Monasterio de la Visitación (Salesas). Madrid.

El extraordinario Martirio de San Ginés (1681), de Francisco Ricci, de la Parroquia de San Ginés. Un inédito Nacimiento o Adoración de los pastores, conjunto escultórico de Luisa Roldán, La Roldana, realizado en su etapa madrileña, de terracota policromada, ejemplo de su maestría en la expresividad de los rostros, procedente del Real Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús. Son varias las obras de este convento, otra es una maravillosa Inmaculada de Pedro de Mena.

Luisa Roldán. Adoración de los pastores (1689-1706). Real Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús. Madrid.

Luisa Roldán. Adoración de los pastores (1689-1706). Real Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa de Jesús. Madrid.

Y llegamos al final del recorrido, el siglo XVIII, con varias obras magníficas, entre ellas una inquietante Santa María Magdalena de Luis Salvador Carmona.

Luis Salvador Carmona. Santa María Magdalena (h. 1745-1752). Madera policromada. Iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Torrelaguna.

Luis Salvador Carmona. Santa María Magdalena (h. 1745-1752). Madera policromada. Iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Torrelaguna.

Son solo algunos ejemplos, hay que ir, si es posible, a contemplar de cerca las bellísimas obras de arte y dejarse llevar.

Además, una serie de videos muestran también los proyectos de restauración de algunos bienes inmuebles: la Capilla del Obispo, el convento de las Comendadoras de Santiago en Madrid, el monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias en Pelayos de la Presa y la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora en Meco.

Un ciclo de conferencias a cargo de los arquitectos y restauradores que han participado en algunas de las actuaciones completan la oferta de la Comunidad de Madrid en colaboración con la Real Academia de Bellas Artes. La primera, Restauración del monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, en Pelayos de la Presa, mañana martes 24 de febrero, a las 19,00 h.

Por : Mercedes Gómez

Se acerca la Navidad y, como casi todos los años, paseamos estos días por un Madrid alegre y luminoso al que aún no ha llegado el frío en busca, entre otras cosas, de los belenes instalados en iglesias, museos, tiendas… por toda la ciudad, muchos de ellos verdaderas obras de arte.

Apetece volver a ver algunos de los más antiguos y apreciados, repitiendo el recorrido que hace unos años hicimos por los belenes en Madrid: el antiguo belén barroco de la Iglesia del Convento de las Carboneras, el refinado nacimiento de marfil de la iglesia de San Andrés, etc.

O los que visitamos el año pasado. El que a partir del día 20 se podrá ver en uno de los lugares más singulares de Madrid, el Olivar de Castillejo, formado por figuritas de los años 20 del pasado siglo; el belén napolitano del siglo XVIII en el Museo de Historia… Y por supuesto el del Humilladero de la calle Fuencarral, Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, que nuevamente abre sus puertas para mostrar el belén solidario de la Asociación Mensajeros de la Paz. El año pasado contemplamos un belén artesano traído desde Filipinas; este año viene de África, con la misma intención, recoger alimentos no perecederos para ayudar a las familias necesitadas.

Son muchas las opciones que nos ofrece la Navidad en Madrid.

Este año he visitado por primera vez el Belén del Museo de San Isidro, instalado en el Patio renacentista. Es exquisito. Las figuritas, valiosas y delicadas, están guardadas en varias urnas situadas alrededor de la fuente.

belen patio san isidro

Obra del escultor Domènec Talarn (1812-1902), especialista en imaginería religiosa, pertenece a los fondos de la Asociación de Belenistas de Madrid.

nacimiento y rey

El artista, dentro del historicismo romántico del siglo XIX, representaba los personajes vestidos no al modo campesino local de la época sino intentando reproducir una escena de Belén, como él imaginaba irían vestidos los personajes entonces.

A las figuras del Nacimiento incorporó las de los Reyes Magos de Oriente y su séquito, dando un toque exótico a las representaciones. Multitud de detalles perfectos las adornan. Los animales, ropajes, regalos.

reyes san isidro

Aunque le guiaba más un orientalismo estereotipado que una realidad. Como leemos en el panel informativo colocado en el bello Patio, “el belenismo arqueológico de Talarn era practicado con tanta buena fe como inexactitud”.

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Domènec Talarn tuvo varios alumnos destacados a los que ayudó e impulsó, entre ellos Mariano Fortuny (1838-1874).

El gran pintor, que creció en una familia de artesanos, desde muy pronto mostró sus habilidades y gusto por la pintura. Tras quedar huérfano siendo muy pequeño su abuelo le llevó a Barcelona, al taller de Talarn, en el cual entró como aprendiz con tan solo doce años de edad.

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Suya es la minuciosa policromía de estas figuras que añade calidad a la magnífica obra modelada por el escultor.

Por : Mercedes Gómez

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Museo de San Isidro
Plaza de San Andrés, 2

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