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En el Parque de la Fuente del Berro hay un hermoso monumento dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer.

Es un conjunto escultórico situado en un estanque, obra de Santiago de Santiago, inaugurado el 8 de octubre de 1974. La figura del poeta, de bronce, sobre un pedestal, está acompañada de otros personajes construidos en piedra arenisca rosa. Una mujer a su izquierda personifica sus Rimas y a la derecha una pareja representa una escena de sus Leyendas.

Parque de la Fuente del Berro

Un bloque de granito muestra la inscripción Madrid a Bécquer.

Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano Valeriano Domínguez Bécquer vivieron muy cerca, en este barrio de la Fuente del Berro, lamentablemente por poco tiempo como veremos.

Gustavo nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, dos años después que su hermano. En 1854, con apenas 18 años, viajó a Madrid en busca de oportunidades para hacerse con un lugar en el mundo literario y cumplir sus sueños. En esos momentos se instaló en una pensión en la calle de Hortaleza a la que sucedieron otras pensiones y varios domicilios. Excepto breves periodos de tiempo Bécquer vivió en nuestra ciudad hasta su muerte.

Trabajó como periodista y escritor, fue director de El Museo Universal, censor de novelas… vivió épocas buenas y otras malas, o muy malas. Tuvo poca fortuna en el amor, siempre enamorado de Julia Espín… fracasó su matrimonio con Casta Esteban, que le fue infiel, tuvo problemas de salud y económicos. En fin, su vida fue azarosa, llena de dificultades.

Tras una corta ausencia, en los inicios de 1870 volvió a Madrid acompañado de su hermano que también se había separado de su mujer, y ambos, el escritor y el pintor, comenzaron a colaborar en La Ilustración de Madrid. La revista nació ese año, dirigida por Eduardo Gasset. Gustavo fue el director literario y Valeriano el dibujante. El primer número fue publicado el 12 de enero.

Conocemos la que en esa época fue casa de los Bécquer en el hoy barrio de la Fuente del Berro gracias a Pedro de Répide que en 1922 escribió en la revista La Esfera un emotivo reportaje sobre los hermanos y su casa, que visitó acompañado de Julia Domínguez, hija de Valeriano, por tanto sobrina de Gustavo.

Era un pequeño hotel en la calle de Valencia –calle de Pedro Heredia desde 1903–, cerca del puente de Ventas, en la antigua colonia construida antes de 1868 –aún existía la Cerca que rodeaba Madrid–, que en aquellos años 20 del siglo pasado cuando Répide escribió su crónica aún se conservaba. La colonia, llamada Quinta del Espíritu Santo, fue promovida por Pascual Madoz a través de la empresa La Peninsular sobre unos terrenos adquiridos junto al arroyo Abroñigal, parajes poco atrayentes en aquellos momentos además de alejados de la ciudad, por lo cual el negocio no prosperó. Aunque los hotelitos con sus jardines debían ser muy bonitos.

Cuenta el cronista madrileño que el barrio llegó a tener un prestigio poético, no solo por su aspecto sino por la calidad de sus habitantes. En otro de los hoteles vivía Blanca, hija de Espronceda y de Teresa Mancha. Y otro poeta, gran amigo, Augusto Ferrán.

Y allí vivieron los Bécquer, uno pintaba, el otro escribía, disfrutaban junto a los niños y cuidaban del huerto y del jardín. Pero la tranquilidad duró poco, en el mes de septiembre de ese mismo año 1870 en esta casa murió Valeriano.

Cuenta Répide, describiéndola, que en el antiguo hotelito de los Bécquer, nº 6 de la calle, había sido instalado el Hospital Evangélico –y así consta en la lista de establecimientos de la beneficencia particular en la memoria municipal de 1929–.

En la actualidad el nº 6 lo ostenta la única construcción de una planta que queda en la calle Pedro Heredia que hoy no tiene nada que ver con lo que debió ser a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Calle Pedro Heredia, 6

Junto a los únicos hotelitos que subsisten, uno de ellos con su pequeño jardín, en los números 12 y 14, que permiten imaginar lo que pudo ser ese barrio.

Calle Pedro Heredia

Tras la muerte de su hermano, Gustavo abandonó la casa y se trasladó a otro domicilio, con sus dos hijos y sus dos sobrinos, al entonces naciente barrio de Salamanca, calle de Claudio Coello.

Calle Claudio Coello, 25

Aún en las afueras de Madrid, a la salida de la Puerta de Alcalá, pero más cerca de sus amigos y de la plaza de Matute donde se imprimía La Ilustración de Madrid. Su mujer volvió a vivir con él.

Desgraciadamente solo tres meses después, el 10 de diciembre de 1870, enfermó y pocos días después murió. Aún no había cumplido los 35 años.

Una placa de cerámica en el hoy nº 25 de la calle de Claudio Coello lo recuerda.

En esta casa murió el día 22 de diciembre de 1870 Gustavo Adolfo Bécquer. El poeta del amor y del dolor.

Pedro de Répide contó que ya entonces existía el propósito de levantar un monumento a los hermanos Bécquer en Madrid, y él proponía que fuera en ese barrio de la Colonia La Peninsular, entre los jardines de las casitas, cerca de la que ellos habitaron. Pero no fue hasta 1970, ya no existía la colonia, cuando se presentaron proyectos reales, aunque dedicados únicamente al poeta, olvidando a Valeriano. Al final, como decíamos al principio, fue inaugurado en 1974, en los cercanos jardines de la Fuente del Berro.

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

RÉPIDE, Pedro de. “La Casa de los Bécquer”, La Esfera. Madrid, 19 agosto 1922.
QUIRÓS, Francisco. “Colonias suburbanas en Madrid y Sevilla hacia 1860”, Revista Ería, 1995.

cervantesvirtual
monumentamadrid.es

 

 

 

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Hace pocos días se han presentado en el Museo de Historia de Madrid varias obras recientemente restauradas. Una pintura de Ángel Lizcano, titulada Agua, azucarillos y aguardiente, óleo sobre lienzo, de 1897, mobiliario de los siglos XVIII y XIX y dos esculturas en las que vamos a detenernos hoy.

Son dos obras muy distintas, una representa dos figuras de la religión cristiana, la otra una escena de la mitología. La primera es una talla realizada en madera de cedro, la imagen de San Joaquín y la niña María, y la segunda un conjunto de terracota que representa el mito de Diana o Selene y Endimión en su sueño eterno. Las obras tienen en común que ambas fueron realizadas en el siglo XVIII.

En la Sala de cartografía y maquetas, en el sótano, se expone San Joaquín con la Virgen niña en brazos, talla anónima realizada en madera policromada y estofada que pertenece a los fondos fundacionales del museo pues ingresó en 1927. Un panel junto a la escultura explica el complicado proceso de limpieza y restauración a que ha sido sometida.

Nos comentan en el museo que existe una pareja de esta escultura, Santa Ana, que aún está a la espera de restauración.

En la misma sala se pueden ver algunas piezas del mobiliario restaurado. Las obras permanecerán expuestas, de 12 a 14 horas, de martes a domingo. El museo justifica la reducción de horario para su conservación.

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En el Patio de acogida del Museo se encuentra el grupo escultórico de René Michel o Michel Ange Slodtz, Diana y Endimión, realizado en terracota en el año 1738.

El escultor francés Slodtz trabajó en Italia y es autor de grandes obras, entre ellas el San Bruno que se encuentra en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Este conjunto barroco representa el tema de la mitología griega en que Endimión, condenado por Júpiter a dormir eternamente a cambio de la juventud y la belleza eterna, era visitado cada noche por la diosa Diana. Otros personajes y numerosos detalles completan el grupo.

La firma del artista y la fecha 1738 en la base ha llevado a pensar que se trata del modelo del conjunto realizado en mármol en 1740 que se conserva en una colección particular en Ginebra.

La escultura se encontraba en el Palacio de la Quinta de Torre Arias, bastante deteriorada por el paso del tiempo y el abandono. Se procedió a la limpieza de las capas de suciedad que tenía y así se pudo conocer la naturaleza de la obra.

El modelo fue realizado por piezas, algunas de ellas perdidas, en arcilla hueca y cocida. Los elementos desaparecidos no se han reproducido con el fin de respetar la obra y no crear un falso histórico.

Muestra una capa de engobe rosada que no se sabe si es original o añadida posteriormente, según leemos en el panel explicativo expuesto junto a la obra.

Las obras se podrán contemplar en su emplazamiento actual durante unas semanas, posiblemente al menos hasta después de las Navidades.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Museo de Historia
Calle Fuencarral, 78

TELLERÍA, Alberto. Una escultura ignorada de Michel-Ange Slodtz en Madrid. Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, 2015.

El gran escultor Victorio Macho nació en Palencia el 23 de diciembre de 1887. Muy joven, con 16 años, gracias a una beca se trasladó a Madrid, a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

Autorretrato, 1915. Museo Victorio Macho.

Vivió en nuestra ciudad hasta que llegó la guerra y el exilio. En los años 50 volvió a España para instalarse en Toledo, donde se encuentra su museo, el Museo Victorio Macho.

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Victorio Macho consiguió prestigio y fama tras la creación en 1919 de su primer monumento a Benito Pérez Galdós, una de las tres obras de este artista que se encuentran en el Parque del Retiro de Madrid.

En el Museo Victorio Macho se expone un boceto de esta escultura en terracota de 48 x 24 x 55 cm. creado en 1917.

Pérez Galdós, 1917. Museo Victorio Macho.

El monumento fue realizado por suscripción popular, para costear el gasto de los materiales pues la obra fue un regalo del artista. Entonces se hablaba de él en la prensa como de un joven escultor de la renovación que trabajaba en su estudio de las Vistillas, alejado de salones y círculos.

La escultura es de piedra caliza, situada sobre un pedestal de granito. El monumento fue inaugurado el 20 de enero de 1919 en el Parque del Retiro, como recuerdan las conocidas fotos publicadas en la época, con la presencia del escritor que en ese momento ya estaba ciego y muy debilitado –murió al año siguiente–.

Mundo Gráfico, 22 enero 1919 (BNE)

Monumento a Galdós. El Retiro. Junio 2018.

Por entonces, como vimos, Victorio vivía en una casa-estudio en Las Vistillas –donde luego viviría Ignacio Zuloaga–. Después se trasladó al Paseo de Rosales, donde residió entre 1920 y 1937.

En 1926 realizó el monumento a Santiago Ramón y Cajal. Fue el ganador del concurso convocado por la Academia de Medicina. El monumento en el Retiro se inauguró ese mismo año.

Monumento a Cajal, El Retiro.

En el centro del conjunto se sitúa la figura de Cajal. A ambos lados, dos fuentes murales, la Fuente de la Vida y la Fuente de la Muerte. Las figuras son de piedra caliza y los muros de granito.

Ramón y Cajal (detalle) Fons Vitae, Fuente de la Vida.

En el jardín de su casa toledana se encuentra el boceto de la cabeza de una de las figuras del relieve de la Fons Vitae.

Relieve de la Fons Vitae de la Fuente de Ramón y Cajal, 1926, piedra caliza. Jardín del Museo Victorio Macho.

Con la llegada de la guerra comenzó su exilio voluntario, de Madrid a Valencia, Barcelona, Francia… hasta establecerse en Lima.

Victorio Macho regresó a España en 1952 aunque no a Madrid sino a Toledo, donde al año siguiente su amigo el arquitecto Secundino Zuazo construyó su casa-taller en la llamada Roca Tarpeya sobre el río Tajo.

Foto: J.M. Pando (1961) (Fototeca IPCE)

Casa Victorio Macho, junio 2018.

Por entonces ya padecía la enfermedad que lo llevaría a la muerte, la silicosis, a causa del polvo del mármol que se desprendía cuando él lo modelaba con su cincel que respiró durante años y destrozó sus pulmones.

En 1962 Macho realizó el monumento a Jacinto Benavente. En el Museo también se conserva un boceto en yeso patinado de 127 x 51,5 x 51 cm.

Monumento a Benavente. Museo Victorio Macho.

El monumento, homenaje al dramaturgo, pero también al Teatro, se encuentra en el centro del Jardín del Parterre en el Retiro. La figura es de bronce y el pedestal de granito.

Monumento a Jacinto Benavente, El Retiro.

Victorio Macho murió en Roca Tarpeya el día 13 de julio de 1966.

El artista legó al Estado español su casa y una gran parte de su obra. Se creó la Fundación y el Museo Victorio Macho.

No-do 1968

Tras una etapa de abandono y dificultades el museo fue reinaugurado en 1999. Hoy día el edificio y su jardín que se asoman al río Tajo y ofrecen unas vistas espectaculares, las mismas que contemplara el escultor, acogen la sede de la Real Fundación de Toledo que lo gestiona.

El Museo Victorio Macho, que incluye la cripta y el jardín, expone una buena selección de obras del artista, además de las tres del Retiro que hoy hemos recordado. Su autorretrato en bronce, los bustos de Unamuno, el Doctor Marañón, Ramón Menéndez Pidal… las figuras de su madre y de su hermano, la Pasionaria, un boceto de la escultura dedicada a Alonso Berruguete, etc. Y, además de sus esculturas, dibujos extraordinarios, muestra de su arte.

Por: Mercedes Gómez

 

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Bibliografía:

monumentamadrid.es
Fernández-Santos, Elsa. “La casa del escultor Victorio Macho renace como museo de la Real Fundación de Toledo”. El País., 27 oct. 1999
Antolín, E. “La viuda de Victorio Macio demanda atención estatal para la casa-museo del escultor en Toledo”. El País, 24 sept. 1981.
Victorio Macho. Revista Imágenes rtve.es 1968.
Mundo Gráfico 22 enero 1919 (BNE)
La Nación 11 enero 1918 (BNE)

 

El belén barroco quiteño de Las Carboneras

 

Queridos amigos:

Un año más, os deseo una Feliz Navidad y que paséis unas muy felices fiestas.

En esta ocasión hablando de uno de los belenes más bonitos de Madrid, el belén barroco quiteño del Monasterio del Corpus Christi, más conocido como Las Carboneras. El monasterio es sin duda una de las joyas de la arquitectura y del arte barroco madrileños que ya ha cumplido sus cuatrocientos años de vida habitado por las monjas jerónimas. Su fundadora fue Beatriz Ramírez de Mendoza, bisnieta de Beatriz Galindo La Latina y de Francisco Ramírez el Artillero.

No se conoce exactamente la historia del belén ni cómo llegó al convento, pero sí se sabe que aquí se encuentra desde su fundación en 1605; se trata por tanto del belén más antiguo de Madrid.

Es de origen ecuatoriano y fue realizado a finales del siglo XVI o comienzos del XVII en su capital, Quito, en madera policromada al estilo barroco.

Se representan los misterios del Nacimiento y la Epifanía. Además hay dos personajes que eran habituales en los belenes en época de los Austrias aunque luego desaparecieron. Se trata de El Caballero de la Estrella, que guía a los magos y El Heraldo que con su trompeta anuncia la llegada del Gran Rey de reyes.

Visitadla esta Navidad, la iglesia de Las Carboneras acoge obras de arte deslumbrantes, siempre merece la pena, además estos días con el aliciente del delicado belén quiteño.

Y un año más, ¡muchas gracias! por vuestra compañía. Con el deseo de que el próximo año sigamos compartiendo historias madrileñas.

Muchos saludos y besos

Mercedes

canon

Del lat. canon, y este del gr. κανών kanṓn.

1. Regla o precepto.
2. Catálogo o lista.
3. Modelo de características perfectas.
4. En arte, regla de las proporciones de la figura humana, conforme al tipo ideal aceptado por los escultores egipcios y griegos.

Con motivo de su nueva exposición en la entrada a la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid un panel con las diferentes acepciones de la palabra canon recibe a los visitantes. Un canon es una regla o precepto, un modelo de características perfectas, etc.

Pero es el único panel colocado en esta exposición. Una vez traspasado, las esculturas lucen imponentes –algunas también un poco inquietantes– en el espacio libre del edificio, el gran patio abovedado, sin divisiones artificiales.

Nada es gratuito en la nueva exposición que presenta Mateo Maté en Madrid. Ni el título, Canon, ni la disposición, ni el escenario. El artista madrileño ha creado esta muestra específicamente para este lugar, la hoy sala de arte Sala Alcalá 31, ubicada en un edificio que fue creado para ser la sede de un Banco, el Banco Mercantil e Industrial. Digamos solo como apunte a modo de paréntesis que el primer proyecto fue realizado por el arquitecto Antonio Palacios en 1933 pero no fue construido hasta los años 40.

Durante una visita guiada he tenido el privilegio de poder escuchar al propio artista explicar el proceso de su trabajo. El patio de operaciones del antiguo Banco tiene una planta en cierto modo eclesial, concebida como centro de poder, tal como nos recuerda Mateo Maté, y como tal él mismo la ha utilizado.

Son varias las propuestas, una de ellas, muy sugerente y siempre interesante, la relación arte-vida. Únicamente unas cintas separan las estatuas y marcan el camino laberíntico, que parece una metáfora de lo azaroso de la existencia humana. Siempre hay una norma que nos dice qué debemos hacer o por donde debemos ir.

Maté utiliza las reproducciones y moldes de esculturas clásicas que se conservan en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde que Velázquez las adquirió. Las ha retocado o modificado, en algún caso de forma mínima, otros de forma drástica, siempre respetuosa, con lo que cada obra toma un nuevo sentido.

El artista propone una visión distinta y en cierto modo una reflexión sobre lo que significa el canon de belleza. Nos cuenta cómo el arte ha sido siempre el que transmitía y marcaba el modelo, sin embargo hoy día la publicidad es la encargada de esa tarea, recordarnos que debemos ser jóvenes y bellos; la vejez, los defectos y la muerte no están bien vistos.

Pero Mateo Maté se aparta del canon, de la norma, nos marca otro camino… Adonis es obeso, la Venus de Medici es hermafrodita, una mezcla entre el Doríforo y la Venus de Milo, la propia Venus de Milo ha envejecido, el niño del Spinario se ha convertido en niña…

Niña de la espina (2016), elaborada a partir de la copia del Spinario (obra romana en bronce siglo I a.C., Museos Capitolinos, Roma)

 

También son bellos, ¿por qué no pueden serlo?, nos propone el artista.

Venus de Milo (vieja) (2016), elaborada a partir de una copia de la escultura griega “Venus de Milo” de mármol del siglo II a.C. (Museo del Louvre)

Son quince obras creadas a partir de moldes originales, reproducciones en escayola, bajo la supervisión del Taller de la Academia. Cada una de ellas lleva la inscripción, Real Academia de Bellas Artes, Taller de vaciados, Madrid.

Junto a estas piezas se exponen cinco esculturas procedentes del Museo Nacional de Escultura de Valladolid que dialogan con las obras de Maté.

Al final del laberinto, en la cabecera, el Cristo crucificado, sin brazos y sin el paño de pureza, copia de la obra en mármol de Benvenuto Cellini realizada en 1562 que se conserva en el Monasterio del Escorial.

Cristo crucificado (Taller de vaciados del Museo de Reproducciones Artísticas, 1921). Hoy en el Museo Escultura, Valladolid.

 

Mateo Maté. Canon. Hasta el 23 de julio en Alcalá 31.

 

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo exposición Canon. Mateo Maté. Comunidad de Madrid, 2017.

 

 

 

Hace unos días me hicieron una pregunta curiosa sobre la Puerta de Alcalá, tal vez nuestro monumento más emblemático y uno de los más bellos.

Mi interlocutor quería saber mi opinión sobre algo que había leído: si era cierto que las dos caras de la Puerta de Alcalá eran distintas porque Francisco Sabatini había presentado dos proyectos a Carlos III y que, como al rey le gustaron los dos o que como era muy despistado, olvidó decirle cual era su preferido. O algo así. Por eso el arquitecto, para no incomodar al monarca, decidió construir ambos, uno en cada cara.

Aunque en efecto también me resultaba familiar la historia, una de tantas leyendas y cosas de esas que se dice, se cuenta… y se repiten sin contrastar, mi primera respuesta fue que no, que eso no era cierto. No podía ser así, qué absurdo.

La verdad es que Sabatini no presentó dos proyectos sino que llegó a realizar cuatro, siendo elegido por el rey el último tras un concurso por él mismo convocado, mucho más complejo que lo que esa supuesta anécdota puede hacer creer.

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Carlos III llegó a Madrid para suceder a su hermano Fernando VI procedente de Nápoles donde reinó durante veinticinco años, desde 1734 hasta 1759.

Diez años después, derribada la anterior, ordenó construir una nueva Puerta de Alcalá, una nueva entrada a la ciudad en el camino principal de Madrid, el Camino de Alcalá, relacionado con el Salón del Prado que había ideado José Hermosilla y que fue finalizado por Ventura Rodríguez, para lo cual se convocó un concurso. Todo ello formaba parte de un gran proyecto que debía modernizar Madrid y darle una nueva imagen.

Se sabe que José Hermosilla presentó una propuesta, de la que no se conocen datos, y que Ventura Rodríguez firmó cinco proyectos que sí se conocen y guarda el Museo de Historia de Madrid. Las primeras ideas de Francisco Sabatini datan de 1769.

Fuente: Aitor Goitia

Sabatini había llegado a Madrid en 1759-60 para trabajar al servicio del nuevo rey; entre otras cosas llegó a ser Maestro Mayor de las Obras Reales. Como es sabido fue el autor de numerosas construcciones, incluidas algunas puertas de entrada a la ciudad.

Francisco Sabatini es el autor del diseño no solo de la Puerta de Alcalá sino de otras puertas, entre ellas la de San Vicente, de gran importancia para él pues formaba parte de su propio plan de mejora en torno al Palacio Real.

En resumen, Sabatini proyectó varias puertas, con diferentes propuestas previas, cinco para la Puerta de San Vicente, una para la Puerta de Toledo, cuatro para la Puerta de San Bernardino y cuatro para la Puerta de Alcalá.

La única que queda en pie es la de Alcalá; la Puerta de San Vicente fue reconstruida. De todas ellas se conservan dibujos.

Los dibujos de Sabatini para la Puerta de Alcalá, las tres primeras propuestas, fueron propiedad de la colección particular de Mariano Marín, subastados en 2003 en la Sala Fernando Durán y finalmente adquiridos en 2006 por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La propuesta definitiva se conserva en París, en el llamado Álbum de París.

Fernando Chueca Goitia, Carlos Sambricio y más recientemente Aitor Goitia los han estudiado y mostrado.

Diseños de Sabatini para la Puerta de Alcalá (Fuente: Aitor Goitia)

El tercer diseño reunía características de los dos primeros pero tampoco fue el definitivo. Sabatini unió en un cuarto diseño, a partir del tercero, las virtudes de los anteriores, esforzándose en encontrar un equilibrio en las proporciones entre las partes y el conjunto.

Sabatini buscaba un equilibrio entre lo puramente arquitectónico y lo simbólico. Los especialistas creen que quizá la cercanía de Sabatini al monarca y por tanto su mejor conocimiento de lo que este deseaba pudieron beneficiarle, pero no cabe duda de que la propuesta final del arquitecto fue extraordinaria.

Este proyecto final, con cinco huecos, los tres centrales de medio punto y los dos extremos adintelados, comenzó a hacerse realidad en los comienzos del año 1770.

Puerta de Alcalá. Planta y alzado exterior. Dibujo de Aitor Goitia.

El diseño, como dice Aitor Goitia, que sabiamente conciliaba los extremos encomendados, acabó por seducir a Carlos III, quien resuelve personalmente el disputado concurso entre Hermosilla, Ventura Rodríguez y Sabatini en mayo de 1769.

Por supuesto fue Carlos III quien eligió, el día 18 mayo de 1769, el proyecto que se iba a ejecutar.

Francisco Sabatini, autor del proyecto elegido, y director de la obra, pocos días después convocó el concurso y estableció las condiciones de la obra para su adjudicación. Las bases de licitación estaban también firmadas por él. Sabatini seleccionó a Francisco de la Fuente entre las seis ofertas presentadas. Las obras fueron largas, tuvieron lugar desde principios de 1770 hasta 1778, fecha que figura en la inscripción, en ambos lados.

Como es habitual en las puertas de entrada a una ciudad, las dos caras son distintas en cuanto a su decoración, generalmente más adornada la exterior (*). La imagen de las entradas a Madrid eran la imagen de la Corte y por tanto se consideraba que era de gran importancia lo que se mostraba.

La elección de ornamentación de cada lado del proyecto elegido estuvo condicionado por esa doble mirada, la de la ciudad o la del exterior.

La decoración escultórica de la nueva Puerta de Alcalá fue obra de Roberto Michel –lado oeste, el que mira al centro de la ciudad– y de Francisco Gutiérrez –lado este, que mira hacia el exterior–.

Para la cara interior Roberto Michel creó diversas figuras ensalzando los triunfos del rey. Trofeos militares de gran tamaño, sobre la cornisa, que el propio Michel denomina torsos.

Otros detalles ornamentales son las tres cabezas de león en las claves de los tres arcos centrales, las cornucopias sobre las dos laterales y las guirnaldas de flores y frutas sobre los dinteles.

Francisco Gutiérrez colaboró con Sabatini en varias ocasiones, aquí realizó las esculturas del lado exterior.

En las claves de los arcos, tres mascarones que representan cabezas de sátiros. Junto a las decoraciones en los tableros con motivos frutales representan la fertilidad.

El resto de esculturas, mediante figuras de niños, que se recortan contra el cielo y dan a la Puerta su aspecto tan característico, representan las cuatro virtudes cardinales, Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza, según Mª Luisa Tárraga aplicables a la persona de Carlos III.

La Fortaleza

Corona el conjunto el escudo real sostenido por dos figuras, una Fama y un niño.

Aunque pueda no parecerlo por la distancia, las esculturas son de gran tamaño. Por ejemplo la Fama y el escudo miden casi 4 metros y medio de alto.

La Puerta es de granito mientras que las esculturas son de piedra blanca de Colmenar. Digamos como dato final que la obra escultórica fue costeada por la Tesorería de la Villa de Madrid.

Por : Mercedes Gómez

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(*) NOTA:

En relación a este tema, recordemos que la reconstrucción de la Puerta de San Vicente está situada al revés, la cara exterior original hoy mira hacia el interior de la ciudad. Se justificó el hecho debido a que en la actualidad ha perdido su función, ser la imagen de la ciudad, y la parte más ornamentada se contempla desde el interior, en su momento se pensó que era la mejor vista para la ciudad. Aún así, es cierto que debería haber conservado su situación original, tal como fue pensada.

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Bibliografía:

CHUECA GOITIA, Fernando. “Francisco Sabatini y la Puerta de Alcalá”, Villa de Madrid, nº 60, Madrid 1978, pp. 25-31.
TÁRRAGA, Mª Luisa. “Esculturas y escultores de la Puerta de Alcalá”. IV Jornadas de Arte: El arte en tiempos de Carlos III. Madrid 1989.
GOITIA, Aitor. “Diseños de Sabatini para las Puertas de Madrid”, en Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XLVI, Madrid 2006, pp. 195-228.
GOITIA, Aitor. “El concurso de 1769 para la Puerta de Alcalá de Madrid. Las propuestas de Francisco Sabatini y Ventura Rodríguez”. Concursos de Arquitectura. Universidad de Valladolid, 2012.

 

El 15 de julio de 1894 La Ilustración Española y Americana publicó un artículo dedicado al escultor Alfonso Bergaz titulado Don Alfonso Bergaz. Reparación de un injusto agravio. Lo firmaba Pedro de Madrazo. Como se desprende del título el objetivo del autor era rescatar del olvido al que él consideraba un gran artista, fallecido hacía más de ochenta años.

Opinaba Madrazo que su obra tenía tanta calidad como la de otros autores que en aquellos momentos finales del siglo XIX gozaban de gran notoriedad, Felipe de Castro, Francisco Gutiérrez, Juan Pascual de Mena o Roberto Michel, y sin embargo el nombre de Bergaz había sido eclipsado totalmente. Una primera explicación que nos da es el hecho de que el historiador Ceán Bermúdez no le había incluido en su célebre Diccionario Histórico de los más Ilustres Profesores de las Bellas Artes en España.

Alfonso Giraldo Bergaz nació en Murcia el 23 de enero de 1744 (fecha que publicó la Gaceta de Madrid a su muerte, aceptada hoy por la mayoría de autores, aunque Madrazo dijo que fue en 1745).

Su padre, también escultor, natural de Cuenca, estaba trabajando en la fachada de la Catedral de Murcia, por lo que el niño debió nacer allí de una forma accidental. Finalizada la obra la familia se trasladó a Madrid. Con solo 14 años el joven comenzó a aprender el oficio y el arte de la escultura bajo la dirección de Felipe de Castro, entonces escultor de Cámara de Carlos III y director de la Real Academia de Bellas Artes.

El rey Carlos III acababa de llegar a Madrid y se encontraba dedicado entre otras cosas a la creación de la Real Fábrica de Porcelana en el Buen Retiro. Se pidió a la Real Academia la presencia de algunos de los estudiantes más jóvenes para seleccionar a quien pudiera ocuparse de ese nuevo arte bajo la dirección de Juan Tomás Bonicelli y de varios escultores traídos de Nápoles. Mediante concurso, uno de los elegidos para trabajar en la Fábrica de la China fue Alfonso Bergaz. Estuvo allí trabajando diez años, mientras continuaba sus estudios en la Academia. Al cabo de este tiempo cayó enfermo, sugiere Madrazo que pudo deberse a la humedad que se respiraba en el Buen Retiro, dejó la Fábrica y se dedicó únicamente a perfeccionarse junto a su maestro Felipe de Castro.

En aquellos tiempos los alumnos de Bellas Artes se podían presentar a los Premios generales que se convocaban. El joven Alfonso con apenas 18 años obtuvo el primero, en 1763, y otro en 1766. Por esto y por las importantes obras que luego se le encomendaron, a pesar del olvido de Ceán, sabemos que en su época alcanzó gran prestigio.

Bergaz. “Santa Leocadia” (1763). Medalla de oro de segunda clase.

Bergaz. “Santa Leocadia” (1763). Medalla de oro de segunda clase.

En 1774 solicitó y obtuvo el título de Académico de Mérito. Nueve años después fue propuesto para el cargo de teniente director de la Real Academia y el rey se lo concedió, siendo esta la última concesión de Carlos III. En 1795, al filo de los 50 años, fue nombrado Escultor de Cámara de Carlos IV.

Alfonso Bergaz también fue Escultor oficial de la Villa y Corte debido a lo cual participó en la creación de las fuentes instaladas en el Salón del Prado, construidas a partir de los proyectos del arquitecto Ventura Rodríguez cuyos dibujos se encuentran en el Museo de Historia de Madrid.

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La Fuente de la Alcachofa, una de las más bonitas de la ciudad, en un primer momento estuvo ubicada frente a la Puerta de Atocha cerca del lugar donde hoy se encuentra el monumento a Claudio Moyano; se construyó entre 1781 y 1786.

De granito y piedra caliza, está formada por una columna en cuya parte inferior hay una nereida y un tritón de piedra que sostienen el escudo de Madrid. Sobre la columna en una taza hay varios niños y sobre ellos una alcachofa. Los niños y la alcachofa fueron realizados por el escultor Antonio Primo y los motivos mitológicos en la parte inferior por Alfonso Bergaz.

La Fuente de la Alcachofa. Foto: Begué 1864 (memoriademadrid)

La Fuente de la Alcachofa. Foto: Begué 1864 (memoriademadrid)

En 1880 fue trasladada al Retiro y situada en la plaza de Honduras junto al Estanque, donde felizmente continúa.

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En la parte posterior de la columna una inscripción indica en números romanos el año 1782.

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Desde 1986 hay una réplica en bronce cerca de su primitivo emplazamiento, en la glorieta de Atocha.

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Por la misma época se proyectaron las Cuatro Fuentes ubicadas en el Paseo del Prado a la altura de la plaza de Murillo. De las cuatro figuras que las remataban, tritones y nereidas con delfines, dos fueron obra de Roberto Michel y las otras dos de Bergaz.

Foto Antonio Passaporte (1927-1936), Archivo Loty (Mº de Cultura)

Foto Antonio Passaporte (1927-1936), Archivo Loty (Mº de Cultura)

Fueron construidas con piedra caliza de Colmenar, excepto los tritones y las nereidas que se hicieron con piedra de Redueña, muy poco resistente, de forma que el tiempo y el agua los deterioró hasta casi desaparecer; hace pocos años fueron sustituidos por réplicas. Los originales casi desfigurados se encuentran en el Patio del Museo de San Isidro.

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Otro de nuestros valiosos tesoros, aunque menos famosa que sus vecinas de Neptuno y Cibeles, y la única que podemos admirar de cerca, es la Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones, proyectada por el mismo arquitecto en 1777. Fue encargada a Manuel Álvarez que realizó las figuras de las estaciones pero murió antes de terminar la estatua del dios Apolo que la corona. Lo hizo Alfonso Bergaz entre 1799 y abril de 1803.

Realizada en piedra de Redueña, aunque fue restaurada en los años 90 del pasado siglo, está muy erosionada, sobre todo las figuras de las Cuatro Estaciones que necesitan una nueva reparación. La estatua de Apolo está en mejor estado.

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También son de Bergaz los dos mascarones, los surtidores con las imágenes de Circe y Medusa.

Fuente de Apolo. Medusa.

Fuente de Apolo. Medusa.

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La más emblemática, la Fuente de Cibeles, realizada en mármol de Montesclaros, fue proyectada también en 1777, aunque se terminó antes que la de Apolo. Como sabemos la diosa Cibeles fue realizada por Francisco Gutiérrez y los leones fueron obra de Roberto Michel.

En 1791 fue Juan de Villanueva quien proyectó la instalación de dos grifos, un Oso y un Dragón, emblemas de la Villa, que surtieran de agua potable a los madrileños, uno de ellos, el dragón, de uso público; el oso estaba reservado a los aguadores. Siguiendo el modelo del arquitecto, los ejecutó Bergaz, igualmente en mármol. Los conocemos gracias a los grabados y alguna fotografía de la época.

Fuente de Cibeles (h. 1853) (Foto BNE)

Fuente de Cibeles (h. 1853) (Foto BNE)

Fueron retirados en 1862 cuando se decidió que la fuente dejara de dar agua potable. Tras una azarosa historia, que ya contamos aquí, reposan en el patio del Museo de San Isidro, junto a los pequeños tritones de las Cuatro Fuentes del Prado.

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Bergaz también trabajó para casas de la nobleza y personajes notables. Para el conde de Altamira, Duque de Alba, etc. En la escalera del llamado Palacio de Godoy, que visitamos hace tiempo, recordemos se hallaba un valioso friso en altorelieve. Contamos entonces que cuando el Ministerio de Marina y el Museo Naval (que estuvieron un tiempo en dicho palacio) se trasladaron al Paseo del Prado esquina calle Montalbán fue uno de los elementos trasladados a la nueva sede. Cuando escribí ese artículo desconocía que esta obra que en la actualidad adorna la espectacular escalera del Cuartel de la Armada (que por otra parte aún no había podido contemplar) era de Bergaz.

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Es un Triunfo romano, hermoso relieve inspirado en motivos clásicos.

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Bergaz trabajó también para varias iglesias madrileñas, San Francisco, Santa Cruz, Monasterio de San Martín…. Se conservan algunas de sus obras aunque lamentablemente la mayoría al parecer se han perdido.

Dos de ellas son las estatuas de mármol blanco, San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal, en la espléndida fachada de la iglesia de las Salesas Reales. La hoy parroquia de Santa Bárbara fue construida entre 1750 y 1758, cuando el artista era aún muy pequeño. Sin duda sus esculturas fueron colocadas posteriormente.

Santa Juana de Chantal. Foto: Jesús C.V. (2015)

Santa Juana de Chantal. Foto: Jesús C.V. (2015)

Santa Juana y San Francisco de Sales fueron los fundadores de la orden de la Visitación, la orden del Monasterio de las Salesas, por lo que ocupan un lugar preferente tanto en el exterior como interior de esta iglesia.

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

En los detalles de las formas esculpidas por Bergaz se aprecia una delicadeza y perfección extraordinarias.

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

San Fco. de Sales (detalle). Foto: Jesús C.V. (2016)

En la actual Biblioteca de la UNED sobre el arco de medio punto de la rotonda de la que fue antigua iglesia pervive el Escudo de las Escuelas Pías de San Fernando sostenido por dos ángeles, obra de nuestro protagonista, como símbolo y recuerdo de la historia de esta institución en el barrio de Lavapiés.

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Finalmente en la iglesia de San Ginés encontramos una imagen de madera policromada realizada en 1807, el Cristo Crucificado ubicado en una Capilla aneja, flanqueado por cuatro ángeles atribuidos a Pompei Leoni. La escultura es magnífica, producto de la madurez alcanzada por el artista.

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Como hemos visto, el escultor a lo largo de su vida obtuvo casi todos los cargos importantes, llegando ese año a ser nombrado Director General de las Bellas Artes de San Fernando.

Alfonso Giraldo Bergaz murió en Madrid el 19 de noviembre de 1812. Tenía 67 años.

Por : Mercedes Gómez

Con todo mi agradecimiento a Jesús C.V. por su ayuda y la cesión de sus magníficas fotos de la iglesia de las Salesas.

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Bibliografía :

Gaceta de Madrid, nº 39 (1 dic 1812)
MADRAZO, Pedro. “Don Alfonso Bergaz. Reparación de un injusto agravio”. La Ilustración Española y Americana. Madrid, 1894.
MELENDRERAS, José Luis. “Dos escultores murcianos en la Corte: Alfonso Giraldo Bergaz y Ramón Barba Garrido”. Anales de la Universidad de Murcia. Filosofía y Letras. Murcia, 1985.
El País. “Las fuentes de Pontejos y de las Cuatro Estaciones, restauradas” El País, 17 mayo, 1994.
ALBARRÁN, Virginia. “Escultores académicos del siglo XVIII en el Diccionario de Ceán Bermúdez. Nuevas adiciones (I)”. AEA, 2005.
MARTÍNEZ CARBAJO y GARCÍA GUTIÉRREZ. Fuentes de Madrid, La Librería, 2009.

En el siglo XVII el gran espacio de terreno existente junto al Prado de Atocha, actual Paseo del Prado, entre la Carrera de San Jerónimo y la calle de las Huertas, pertenecía al poderoso Duque de Lerma. Allí él construyó su casa principal y fundó dos conventos, el de los Trinitarios descalzos y el de San Antonio de padres Capuchinos. Antonio Mancelli los dibujó junto a sus Huertas y jardines.

Plano de A. Mancelli, 1623.

Plano de A. Mancelli, 1623.

El Convento de Trinitarios descalzos de la Encarnación fue fundado, como decíamos, por don Francisco Gómez de Sandoval, Duque de Lerma, valido de Felipe III, Cardenal de la Santa Iglesia de Roma, el 7 de abril de 1606, así consta en el Plano de Pedro Texeira.

Plano de P. Texeira, 1656 (detalle Iglesia)

Plano de P. Texeira, 1656 (detalle Iglesia Trinitarios)

El Convento de Padres Capuchinos de San Antonio lo fundó tres años después, en 1609.

El de los Trinitarios, que había pasado a estar bajo el patronato del duque de Medinaceli, se mantuvo más o menos tal como había sido creado hasta el siglo XIX pero durante la ocupación francesa a partir de 1808 fue casi destruido. Reedificado en tiempos de Fernando VII, en 1836 fue desamortizado y quedó sin uso hasta que en 1843 volvió a manos del duque de Medinaceli que lo cedió a las monjas del Caballero de Gracia.

Por otra parte a mediados del siglo también los terrenos comenzaron a sufrir transformaciones. Se abrió la prolongación de la calle Lope de Vega –antes llamada de Cantarranas– hasta el Paseo. Poco después en el solar resultante entre dicha calle y la de Huertas se edificó el famoso palacio de Xifré de estilo árabe. Y a principios del siglo XX tuvieron lugar la prolongación de las calles de Cervantes –antigua calle de Francos– y de Jesús –en el siglo XVII calle de los Trinitarios–, actual calle del Duque de Medinaceli. Así la posesión, la gran única  manzana 233, se convirtió en las cuatro manzanas actuales.

Plano L.Delage, 1915

Plano L.Delage, 1915

El Palacio de los duques de Medinaceli fue a su vez derribado para levantar el Hotel Palace. El de Xifré sobrevivió hasta los años 50, sustituido por la antigua Casa Sindical, actual Ministerio de Sanidad.

Pero volvamos al Convento, a los años finales del siglo XIX. La comunidad de padres capuchinos del vecino San Antonio del Prado, que recordemos también había sido fundado por el duque de Lerma y estaba igualmente bajo patronato del duque de Medinaceli, pasó a ocupar el edificio de los Trinitarios. Así fue como desde 1895 los Capuchinos custodiaron la imagen del Nazareno que se hallaba en la modesta Capilla de Jesús único vestigio al parecer de la antigua iglesia de los Trinitarios.

1932 medinaceli

Desaparecida iglesia de Jesús de Medinaceli. Archivo Ruiz Vernacci, fototeca Mº Cultura.

En 1917 Jesús Carrasco Muñoz-Encina proyectó el nuevo Convento de los Padres Capuchinos, situado junto a la iglesia en la actual plaza de Jesús nº 2 y con fachada a la calle de Lope de Vega 45. Se construyó entre 1917 y 1920 en parte del terreno del antiguo convento. El mismo arquitecto lo amplió en 1954.

convento capuchinos

En 1921 proyectó la actual Basílica de Jesús de Medinaceli. La antigua iglesia fue derribada.

Foto La Esfera, 1926.

Foto La Esfera, 1926.

Conocemos por la prensa de la época cómo era ese primer proyecto que no llegó a realizarse suponemos que entre otras razones por motivos económicos.

(Hemeroteca Mº Cultura 2006)

(Hemeroteca Mº Cultura 2006)

Las obras comenzaron pero en 1927 se acometió un segundo proyecto que no se terminó hasta 1929. Como leemos en una placa instalada en la fachada, la iglesia en su estructura actual fue inaugurada en 1930.

De estilo neo-barroco la fachada consta de dos cuerpos superpuestos coronados por un frontón y una cruz. El cuerpo inferior está dividido en tres partes, en el centro está la entrada principal.

2016 medinaceli fachada

En el cuerpo superior bajo un arco de medio punto y entre pilastras una bonita vidriera de la Casa Maumejean representa la Apoteosis del Cristo de Medinaceli.

medinaceli vidriera

El interior de planta de cruz latina tiene tres naves. Al fondo de la gran nave central en el altar mayor se encuentra el camarín que normalmente cobija al Cristo, excepto en momentos como la Semana Santa en que desciende para salir en procesión.

medinaceli tres naves

En la nave del Evangelio hay varias capillas. La mayor, en el crucero, dedicada a la Inmaculada Concepción, imagen de principios del siglo XIX procedente del Convento de San Antonio del Prado. A su derecha, tras una espléndida reja de forja del siglo XVII, se encuentra la capilla-panteón creada en 1953 para la familia del ducado de Medinaceli, obra del arquitecto Luis Gutiérrez Soto.

cerradura panteon

En ella se encuentran dos sepulcros de mármol con los restos del duque de Medinaceli Luis Jesús Fernández de Córdoba fallecido en el mes de julio de 1956 y su segunda esposa. En el centro la pintura de un Cristo Crucificado de fines del siglo XVIII. El techo está decorado con pinturas de Enrique Segura.

medinaceli panteon

Otras capillas de interés son la de la Divina Pastora y la de Nuestra Señora de la Divina Providencia con una escultura de la Virgen de la Leche obra de Mariano Bellver. Ambas proceden también de San Antonio del Prado. Y la última dedicada a San Antonio de Padua muestra una escultura de Mariano Benlliure, de 1945.

Sin duda la obra más valiosa y más antigua es la de Nuestro Padre Jesús Nazareno o Jesús del Rescate, más conocido hoy día como Jesús de Medinaceli.

La escultura es una talla sevillana de la primera mitad del siglo XVII. No hay certeza sobre quién fue su autor, tal vez Francisco de Ocampo o, más probablemente se cree por las características artísticas, Luis de la Peña. Es una imagen modelada de cuerpo entero, no de vestir, con los brazos articulados.

jesus medinaceli

Se cree que la escultura fue creada para los Padres Capuchinos de Sevilla que la llevaron a una ciudad en el norte de África para ser venerada por los ciento cincuenta soldados allí destinados. Hacia 1681 se encontraba en Mámora, conocida en España como San Miguel de Ultramar, pequeña colonia que por entonces se perdió. Los soldados y las imágenes, entre ellas el Nazareno, cayeron en manos de los musulmanes. Eran los últimos tiempos del reinado de Carlos II.

Después el Cristo fue recuperado, aunque sobre el precio no hay acuerdo y entramos en el terreno de la leyenda lo cierto es que volvió a España y luego llegó a Madrid, y que su historia a lo largo de sus casi cuatro siglos de vida ha sido muy azarosa.

Primero llegó al Convento de los Trinitarios descalzos de Sevilla, de ahí en 1682 al Convento de la misma Orden en Madrid. Su Capilla fue inaugurada en 1689. Por entonces se realizaron numerosas copias.

jesus cuerpo entero

A causa de la guerra de la Independencia sufrió varios traslados, a los Basilios en la calle Desengaño, San Martín… tras la desamortización en 1836 fue llevado a la parroquia de San Sebastián. En 1845 el duque solicitó su vuelta al convento de Trinitarios lo cual consiguió al año siguiente.

En el inicio de la guerra civil los religiosos temieron por la imagen y la escondieron. En 1937 un batallón republicano estableció su cuartel en este convento, y una mañana buscando madera para calentarse en el sótano encontraron la caja con el Cristo y, después de una restauración de urgencia pues le había afectado la humedad, la valiosa escultura fue trasladada al Museo del Prado. La imagen fue una más de las obras salvadas por las tropas republicanas que las entregaron a la Junta de Incautación del Tesoro Artístico Nacional. Jesús de Medinaceli viajó con los cuadros y otros elementos del Patrimonio a Valencia, posteriormente a Francia y en 1939 se expuso en Ginebra en la Sociedad de Naciones junto con algunas pinturas del Prado. En mayo de 1939 regresó a Madrid.

Además de su gran valor histórico y artístico, fue y sigue siendo sin duda una de las imágenes religiosas más veneradas en Madrid.

Del convento de los Trinitarios del siglo XVII y su iglesia, así como de la casa del duque de Lerma, no quedan apenas vestigios. Como vimos, fue todo sustituido por las nuevas construcciones y otros edificios que a su vez fueron derribados para levantar los actuales.

Parte de la antigua manzana 233 desde el Paseo del Prado

Parte de la antigua manzana 233 desde el Paseo del Prado

En el pavimento del Paseo del Prado, frente a la calle de las Huertas, unas losas de distinto color al de la acera marcan la situación y la planta del torreón que allí se levantaba, en la cerca que rodeaba el convento.

Texeira 1656 (detalle torreón)

Texeira 1656 (detalle torreón)

 

Paseo del Prado 2016

Paseo del Prado 2016

Estas losas y una placa colocada en 2003 son el único recuerdo de los restos arqueológicos hallados durante unas obras de las que no he logrado conseguir información.

placa torreon

Pero sobre todo se conserva la imponente presencia de la imagen de Jesús tallada en Sevilla en las primeras décadas del siglo XVII y llegada a este convento posiblemente, según los padres Capuchinos, el 21 de agosto de 1682.

jesus medio cuerpo copia

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

La Esfera 18.3.1922 y 27.3.1926 ; Hoja del Lunes 16.7.1956
García Gutiérrez, P.F. y Martínez Carbajo, A.F. Iglesias de Madrid. Ed. La Librería, Madrid 2006.
Azorín, Francisco. El Madrid romero y devoto. Ed. La Librería, Madrid 2006.
Folleto HH.MM. Capuchinos

Otra de las sugerentes exposiciones recientemente inauguradas en Madrid, recomendable a todo amante y estudioso del arte, es Miró y el objeto, en CaixaForum, que nos ofrece, además de una selección de obras extraordinarias, una nueva visión del arte del genio.

caixa forum miro

Joan Miró, uno de los grandes artistas del siglo XX, ha ejercido sin duda una gran influencia en el desarrollo del arte contemporáneo. La exposición, con un montaje brillante, se centra en uno de los aspectos más desconocidos de la obra y la personalidad de Miró, su relación con los objetos y el papel que estos jugaron en la evolución de su obra.

Desde el principio, cuando tenía poco más de veinte años, pintó naturalezas muertas, bodegones en los que a menudo los protagonistas eran objetos domésticos, tal vez un preludio de su intención de acercarse a la pintura en tanto que objeto que habita el mundo real, no como ilusión.

“El tiesto y el limón”. Óleo sobre tela (1916)

“El tiesto y el limón”. Óleo sobre tela (1916)

En una carta escrita en 1922 Miró afirmó que buscaba los objetos humildes, y que para darles emoción a estas cosas había que amarlas enormemente.

La exposición nos invita a adentrarnos en este mundo de objetos. Objetos de todo tipo que él encontraba y guardaba, que fue coleccionando a lo largo de toda su vida, muchos de ellos utilizados o convertidos en esculturas.

objetos miro

Hacia 1927 proclamó su deseo de asesinar la pintura y poco después dicen que afirmó que la pintura estaba en decadencia desde la edad de las cavernas.

Por esa época Miró comenzó a elaborar collages en los que utilizaba materiales ajenos al arte convencional, no pictóricos, en formatos no habituales. Como el alquitrán sobre el óleo, caseína, arena… comenzó a pintar sobre conglomerado, sobre madera…

“Pintura”. Óleo, alquitrán, caseína y arena sobre masonita. (1936)

“Pintura”. Óleo, alquitrán, caseína y arena sobre masonita. (1936)

El uso de esta técnica le abrió un mundo de enormes posibilidades en su intento de llegar a esa pintura-objeto que él pretendía lograr. Del collage llegó a la escultura.

Decoraba las pinturas con signos caligráficos que recordaban los dibujos infantiles y las pinturas rupestres que había conocido en 1957 en Altamira. Joan Miró en realidad creó un lenguaje propio y único.

pintura objeto

A finales de los años 40, principios de los 50 comenzó a utilizar materiales como el hierro, bronce, y sobre todo la cerámica, a veces mezclando todos ellos.

pintura objeto ceramica

El artista llegó a la cerámica por ese deseo de destruir el lienzo con marcas o signos. Poco a poco fue abandonando prácticamente la pintura para dedicarse a la escultura. Él mismo escribió que su pretensión era que el objeto en sí mismo dejara de existir y se transformara en una escultura. Hacia 1960 se inclinó cada vez más por el bronce.

Y así, en contra de las ideas convencionales o tradicionales, llegó a su antipintura o segundo asesinato de la pintura. En los comienzos de los años 70 rajó, cortó, incluso quemó la superficie de los cuadros, invitando a mirar y convencer de que la pintura era algo real, no una ilusión.

“Pintura”. Óleo sobre tela (1973)

“Pintura”. Óleo sobre tela (1973)

A la vez se dedicó a la creación de los cuadros-objeto.

“Cuadro-objeto” (1972)

“Cuadro-objeto” (1972)

Como él mismo había dicho en sus comienzos, para comunicar había que amar los objetos que se representaba. Y él lo demostró. Consiguió trasmitir una nueva forma de expresar y también percibir el arte.

sala antipintura

CaixaForum nos propone además una serie de actividades en torno a la muestra muy interesantes, como las visitas comentadas los fines de semana. Toda la información, horarios y precios, en su web.

Por : Mercedes Gómez

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Miró y el objeto
CaixaForum
Paseo del Prado 36
Hasta el 22 de mayo

Como ya vimos, Roberto Michel fue un escultor de gran importancia para Madrid. Participó en la decoración de iglesias, edificios civiles, del Palacio Real y en algunos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

Hoy visitamos el Museo de la Casa de la Moneda que expone algunas bonitas obras de este artista. Este museo, además de contarnos la historia del dinero, numismática y filatelia, posee una importante colección artística que incluye algunos de los valiosos modelos creados por Roberto Michel previos a la realización de sus esculturas.

Según leemos en su propia web, el motivo es que, siendo escultor de Cámara, Michel tuvo una gran vinculación con la Casa de la Moneda.

En una de las Salas correspondientes al siglo XVIII un cuadro de autor Anónimo nos muestra la imagen de un Roberto Michel maduro, muy diferente a la imagen del joven escultor, otra pintura anónima conservada en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que vimos en la anterior entrada.

“Roberto Michel”. Anónimo. Museo de la Casa de la Moneda.

“Roberto Michel”. Anónimo. Museo de la Casa de la Moneda.

En la misma Sala vemos el modelo para los Leones de la fuente de La Cibeles de cera y lacre realizado en 1780.

Modelo

La fuente fue instalada dos años después en el Salón del Prado con los dos leones que tiran del carro de la diosa esculpidos en mármol.

Frente a ellos contemplamos dos deliciosos modelos para los Tritones de las fuentes del Paseo del Prado hechos al año siguiente (1781). Y un Niño con caracola, de escayola.

tritones modelos

Las Cuatro fuentes del Prado se terminaron igualmente en 1782, con la participación de Roberto Michel en la creación de los remates escultóricos; dos de sus modelos de terracota son los que ahora admiramos.

modelo triton

Como sabemos, las esculturas de los Tritones, muy desgastadas por el tiempo y el agua, fueron sustituidas por réplicas. Los originales se encuentran en el Patio del Museo de San Isidro.

Otros modelos de terracota que conserva el Museo son La Piedad y la Virgen del Carmen; esta última escultura recordemos que adorna la fachada de la iglesia de San José.

virgen del carmen modelo

El modelo de estatua ecuestre para Fernando VI, de cera. Y el de la estatua ecuestre para Felipe V; esta escultura está, como ya vimos, en el Museo de Bellas Artes de San Fernando.

modelo felipe V

En otra sala se encuentra el modelo de escayola de la figura de Carlos III, creado según indica la cartela para el vestíbulo del Palacio Real.

carlos iii modelo

Aunque la escultura Carlos III como general romano que efectivamente se encuentra en el gran zaguán de entrada frente a la escalera principal del Palacio Real se considera obra de Pedro Michel, su hermano, con quien trabajó estrechamente como también sabemos.

carlos iii palacio real

Y ya que estamos en tan bello lugar resulta inevitable subir la espectacular escalera para visitar el Palacio. En el gran rellano que la divide en dos tramos laterales dos nuevos leones vigilan.

escalera palacio real

Uno de ellos es obra de nuestro protagonista, Roberto Michel.

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En otro artículo más adelante conoceremos otros detalles sobre la participación del gran escultor en la decoración del Palacio Real de Madrid.

Por : Mercedes Gómez

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Museo Casa de la Moneda
Calle Doctor Esquerdo, 36

Palacio Real
Plaza de Oriente

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