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La Virgen de la Almudena es la patrona de nuestra ciudad, no se sabe con certeza desde cuándo. Tampoco se conoce exactamente desde qué momento recibe el nombre de Almudena, el primer documento en el que aparece mencionado es un testamento de 1377 a favor de obras en el templo primitivo, la iglesia de Santa María.

En agosto de 1908 el Papa Pío X la declaró, mediante decreto, Patrona de Madrid y fijó la celebración de la festividad el 9 de noviembre, día en que según la tradición, en el año de 1085, se produjo el hallazgo de la imagen.

El relato sobre su origen se mueve entre la leyenda y la historia, aunque sin duda es muy antiguo, ligado al de la propia Villa de Madrid.

La leyenda cuenta que la imagen fue traída en el siglo I desde Jerusalén por el Apóstol Santiago y su discípulo San Calocero e instalada en una pequeña capilla. Algunas crónicas añaden que fue tallada por San Nicodemus y pintada por San Lucas. Es una historia similar a la de otras imágenes, como la de la Virgen de Atocha también en Madrid; en este caso se cuenta que fue el Apóstol San Pedro quien la trajo a la Villa.

Anónimo. “Intervención y milagros de Santa María de la Almudena” (h. 1640). Catedral de la Almudena (procedente de la iglesia de Santa María).

Según la tradición, ante la inminente llegada de los musulmanes, los cristianos del siglo VIII escondieron la imagen de la Virgen junto a dos cirios encendidos en un cubo de la muralla donde permaneció hasta finales del siglo XI cuando el rey Alfonso VI llegó a Madrid. La leyenda da por supuesto que la villa ya existía, que estaba habitada en el siglo IX y que estaba rodeada por una muralla, llegando algún autor a afirmar que era de origen romano, sobre cuyo reducido casco urbano los moros invasores construyeron su recinto defensivo o almudayna.

Lo cierto es que en la actualidad hay acuerdo entre todos los especialistas en que la primera muralla madrileña fue construida en el siglo IX por los propios árabes y que el primer recinto islámico, en un principio meramente militar, fue fundado por el emir Muhammad I hacia el año 865. No hay prueba ni arqueológica ni documental de que antes existiera ningún otro recinto amurallado. En torno a este primitivo asentamiento islámico a finales del siglo IX, y a lo largo del siglo X, se creó la medina de Mayrit, con el castillo, la mezquita y su caserío, que se convertiría en la pequeña Villa de Madrid. Este recinto a partir de fin del siglo XI-siglo XII, en época cristiana, se llamó almudena o ciudadela. Se acepta la teoría de Jaime Oliver Asín, según la cual el nombre proviene del árabe almudayna, que significa ciudadela, medina, ciudad. Almudena, la ciudadela que fue el primer recinto amurallado mayrití.

Continúa la tradición contando que tras la llegada del rey Alfonso VI una procesión recorrió la muralla en busca de la Virgen; al derrumbarse una de las torres cerca de la Puerta de la Vega la imagen apareció milagrosamente con las dos velas que permanecían encendidas. Esto ocurrió el 9 de noviembre de 1085, según los cronistas y poetas del siglo XVII.

Anónimo. “Procesión de Santa María de la Almudena en 1638” (h. 1640). Catedral de la Almudena (procedente de la iglesia de Santa María).

Los orígenes legendarios de la imagen de la Almudena, igual que el origen de la propia Villa, se vieron alimentados en el siglo XVII, bajo la dinastía de los Austrias, en la búsqueda de un origen cristiano, remoto. Los cronistas se remontaban a un supuesto pasado glorioso, visigodo, romano, incluso griego de forma fantasiosa. El siglo XVII, el siglo del Barroco, estilo artístico y estilo de vida, tuvo mucha influencia en Madrid debido a su condición de sede de la Corte, de la Monarquía Católica. Una de sus características era la exaltación de lo religioso, apreciable en todas las artes, en la escultura, pintura, teatro, literatura, etc. Así, el Siglo de Oro en Madrid fue el escenario de la mayor religiosidad y su representación artística y literaria. Jerónimo de la Quintana, Vera Tassis, y escritores como Lope de Vega o Calderón de la Barca contribuyeron a ensalzar ese pasado fabuloso, tanto de la primitiva iglesia de Santa María como de la imagen de la Virgen.

La primitiva iglesia de Santa María es una de las iglesias que figura en el Fuero de Madrid de 1202, otorgado por Alfonso VIII, considerándose la más antigua. La iglesia estaba situada en la actual calle de la Almudena frente a la calle Mayor.

Después de muchos intentos y avatares, con motivo de las obras de ampliación de las calles Mayor y Bailén, se tomó la decisión del derribo que comenzó el 27 de octubre de 1868 y finalizó el 4 de mayo de 1869.

Foto J.Laurent, archivo Ruiz Vernacci (Fototeca IPCE)

En la iglesia de Santa María se veneraba a la Virgen de la Almudena.

Nada se sabe sobre la que pudo ser la imagen primitiva; la tradición cuenta que desapareció en un incendio en el siglo XV. Dicha imagen habría sido sustituida por la imagen actual, la que hoy se venera y podemos admirar en la Catedral de Madrid en el centro de un retablo de finales del siglo XV, comienzos del XVI, con dieciocho tablas atribuidas a Juan de Borgoña.

Es una escultura de bulto redondo, tallada en madera de pino –oscurecida por el tiempo–, dorada, estofada y policromada.

La obra se ha considerado perteneciente al Renacimiento que llegó a Castilla hacia 1500-1525, con su centro en Toledo, donde trabajaron maestros tanto españoles como extranjeros. Varios autores ocupados en el Retablo mayor de la Catedral de Toledo, de estilística gótica, Petit Juan, Sebastián de Almonacid, Diego Copín de Holanda, han sido considerados probables autores de la imagen de la Almudena. Hoy se atribuye la obra a Diego Copín de Holanda, también conocido como Copín de Toledo pues en esta ciudad trabajó desde 1498 hasta 1517-18, época a la que corresponde la escultura de la Almudena.

Una talla que durante casi tres siglos se mostró vestida pero que hoy se muestra en todo su esplendor.

Por: Mercedes Gómez

NOTA:

Esta entrada es el resumen de una parte de mi trabajo «La Virgen de la Almudena. Historia, leyendas y representaciones de la imagen venerada en la Catedral de Madrid» publicado en El Mundo de las Catedrales, Colección del Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas, nº 62, San Lorenzo del Escorial, 2019.

 

En el Parque del Retiro no solo se encuentran fuentes monumentales sino también otras más sencillas, pero igualmente importantes. Antiguas fuentes para beber, como la Fuente de la Salud que ya conocemos, fuentecillas que esconden su historia y muestran una cierta belleza.

Otra es la que podríamos llamar Fuente de Madrid, adornada con el escudo de la Villa, el Oso y el Madroño.

La fuente es muy sencilla, el único elemento ornamental es el precioso escudo de piedra caliza rodeado de seis estrellas (faltaría la séptima) y roleos o volutas a ambos lados. Se ha perdido la parte superior, incluida la corona.

Este escudo de Madrid, que mide 1,20 m de alto x 1,10 de ancho, se considera una obra que podría haber sido realizada hacia el año 1750.

Está colocado sobre un pilar que mide 40 cm. de alto por 30 de ancho, con un solo caño. En el suelo un sencillo vaso de granito.

De propiedad municipal, tal como nos cuenta el propio Ayuntamiento es su web monumentamadrid, fue restaurado en 1994 dentro del Plan de Actuación del Retiro bajo la dirección del arquitecto Heliodoro Martín Artola.

Se cree que esta pieza, procedente de un almacén, pudo estar en la fachada de algún edificio municipal desaparecido, siendo colocada en la fuente como adorno, o tal vez haber pertenecido a algún otro elemento escultórico. En cualquier caso su antigüedad, considerada de mediados del siglo XVIII como vimos, le otorga un valor histórico y artístico.

La fuente está situada junto al Paseo de Bolivia del Parque del Retiro, cerca de un pequeño estanque, a espaldas del monumento a los Hermanos Álvarez Quintero.

Por: Mercedes Gómez

La historia de la Parroquia de San Andrés de Madrid es muy antigua, su origen se remonta a la Edad Media. En el siglo XVI se adosó la Capilla del Obispo y en el XVII la Capilla de San Isidro.

Un primer proyecto de la Capilla dedicada al Santo tras su canonización en 1622 fue encargado a Juan Gómez de Mora, que no se realizó. El Archivo municipal conserva el Pliego de condiciones para construir la Capilla de San Isidro en la Iglesia de San Andrés de 1629, rubricado en 1630. En 1642 se convocó un concurso que ganó Pedro de la Torre. Este proyecto inicial fue modificado por José de Villarreal que llevó a cabo las obras de 1657 a 1669, las cuales fueron largas y estuvieron llenas de dificultades.

Por fin, el 15 de mayo de dicho año 1669 fue colocado el cuerpo de San Isidro en su nueva sepultura. Estuvo también en la Capilla del Obispo, pero volvió a San Andrés hasta que fue trasladado a la iglesia del Colegio Imperial, hoy Colegiata de San Isidro en la calle Toledo, donde continúa.

Iglesia de San Andrés. Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953) (IPCE)

La Capilla tenía cuatro puertas, dos a cada lado, una más sencilla y otra monumental; y la iglesia tenía su propia portada haciendo esquina con la fachada este de la capilla. Sobre ella se encontraba la estatua de San Andrés, titular de la parroquia.

A.Passaporte, “Portadas de la iglesia de San Andrés” (1927-1936). Archivo Loty (IPCE)

La estatua, de la que hablaremos más adelante, la conocemos gracias a las fotografías antiguas, como la que vemos más arriba. Y ha inspirado hermosos dibujos, como este de Vicente Benítez.

Vicente Benítez Blanco, “San Andrés”, (carboncillo, 2019).

En cuanto a la Capilla, sobre la puerta oeste, en la Costanilla de San Andrés, se situó la imagen de la Virgen y el Niño, y sobre la puerta este, la imagen de San Isidro.

Las tres esculturas tradicionalmente se han atribuido al escultor Manuel Pereira (1588-1683).

Como escribió Enrique Serrano Fatigati, Pereira había nacido en Portugal, pero de tal modo llenó de santos de piedra las portadas de las iglesias y de imágenes de madera los altares de Madrid, que bien puede considerársele como un escultor de esta región artística.

Antonio Palomino, que había nacido en 1655 conoció a los artistas barrocos madrileños, ciudad a la que llegó en 1678, con apenas 23 años. Pereira entonces ya era un hombre muy mayor, pero –y aunque en sus últimos años trabajó poco debido a su problemas de visión y su edad– sin duda Palomino pudo conocerlo. En su Parnaso español pintoresco laureado, publicado en Madrid en 1724, en el capítulo sobre Manuel Pereyra, insigne escultor, enumerando las muchas estatuas que tiene en esta Corte, Palomino menciona el San Isidro de piedra que está sobre la puerta de su Capilla, y el San Andrés que está en la parroquia de dicho santo. Y una imagen de Nuestra Señora, en la otra puerta de dicha Capilla.

A partir de aquí fueron muchos los autores que recogieron la información. Ponz en 1776 menciona la estatua de San Andrés, obra de Manuel Pereyra, que estaba sobre la puerta de la Parroquia. En 1800 Ceán Bermúdez recoge ambas, la del santo apóstol encima de la puerta de la iglesia; y otra de la Virgen sobre una de las puertas de la capilla de San Isidro.

En la actualidad, según Rubén Sánchez Guzmán, en su investigación sobre Manuel Pereira citada aquí al final en la bibliografía, la autoría de Pereira no ofrecería ninguna duda en las dos esculturas realizadas para la Capilla, la de la Virgen y la de San Isidro. El autor cita un documento por el cual el 8 de mayo de 1666 don Antonio de Contreras otorgó libranza de 2.000 reales a favor del escultor a cuenta de las siete estatuas del retablo y otras dos de piedra que estaba haciendo para la capilla, a “quenta de lo que montaren nueve estatuas las siete de madera y las dos de piedra que ha de hacer para la dha capilla”.

En 1936 –excepto la Capilla del Obispo, felizmente– el conjunto quedó prácticamente destruido por un incendio, solo se salvó la estructura exterior. Una foto de Vicente Moreno muestra el estado de la portada de la capilla de San Isidro y de la iglesia de San Andrés después del incendio sufrido por ambos edificios el día 19 de julio de 1936.

Portada de la capilla de San Isidro (a la izq.) y de la iglesia de San Andrés (dcha.). Foto V.Moreno 7 agosto 1937 (IPCE)

Después de la guerra, la Capilla fue reconstruida, la iglesia derribada y el conjunto transformado completamente. En el solar de la iglesia se construyó la casa parroquial.

Al desaparecer la antigua iglesia de San Andrés desapareció la portada en cuya hornacina se encontraba la estatua de San Andrés. La escultura fue colocada en una de las portadas principales de la Capilla, donde antes estuvo San Isidro.

Las cuatro puertas se conservan. Situadas a ambos lados, las dos más pequeñas, adinteladas, dan acceso a la antecapilla. Están rematadas por unas sirenas que sujetan unos cesto y unos jarrones con frutas.

La que da al jardín es la entrada que se utiliza actualmente para entrar en la iglesia, y necesita ser restaurada, como lo ha sido la situada en la Costanilla.

Costanilla de San Andrés, 2019.

Las dos portadas monumentales son las otras dos, la de la Costanilla de San Andrés y la que corresponde a terrenos del antiguo cementerio, hoy zona ajardinada a la que se accede por una verja, desde donde se accede al templo.

Son dos puertas formadas por un vano de forma pentagonal, en cuyo lado superior hay un relieve escultórico, flanqueado por dos columnas a cada lado que sustentan una cornisa volada. Sobre la cornisa una hornacina aloja sendas estatuas.

Los dos relieves representan escenas de los Milagros de San Isidro. El Milagro de la Fuente en la portada oeste y el Milagro del Pozo en la portada este.

“Milagro de la Fuente”. Portada Costanilla de San Andrés.

En cuanto a las estatuas, se conserva en su lugar, en la Costanilla de San Andrés, la Virgen y el Niño, una de las obras realizadas por Pereira hacia 1666, según el documento mencionado.

Manuel Pereira. La Virgen y el Niño (h. 1666)

En la puerta este, en el Jardín, la escultura de San Andrés. Esta última es la que se encontraba en la puerta de la iglesia, como vimos. Sustituyó a la figura de San Isidro, desaparecida, también datada hacia 1666.

La imagen de San Andrés con el tiempo sufrió un gran deterioro, perdió la cabeza, la mano izquierda y el brazo derecho. Durante un tiempo estuvo en el Jardín. Fue restaurada en 2004 y, reintegradas las partes que le faltaban, volvió a la hornacina de la Capilla, donde hoy se encuentra.

M. Pereira. San Andrés.

 

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía

SÁNCHEZ GUZMÁN, Rubén. El escultor Manuel Pereira (1588-1683). Cuadernos de arte e iconografía, nº 33, Madrid, 2008.
GARCÍA GUTIÉRREZ, P.F – MARTÍNEZ CARBAJO, A.F. Iglesias de Madrid. La Librería, Madrid, 2006.
COAM. Arquitectura de Madrid. 2003.

Estos días podemos visitar en Madrid una exposición muy interesante, La zarza ardiendo. Entre el asombro y la emoción (1955-1975), en O_Lumen.

La sala, situada en la calle de Claudio Coello nº 141, ocupa desde marzo 2018 la que fue iglesia de Santo Domingo el Real, obra del dominico Francisco Coello de Portugal, que fue inaugurada en 1968. El espacio ha sido rehabilitado para su uso artístico y cultural, un espacio para las artes y la palabra, manteniendo solo algunos de los elementos de la antigua iglesia.

La exposición actual ofrece un magnífico recorrido por el arte sacro realizado en España entre 1955-1975, la arquitectura religiosa de la época y en cierto modo también por la escultura en general.

Venancio Blanco, Nazareno (1963)

Varios artistas –algunos de ellos formaron parte de la vanguardia española– están presentes.

Uno de ellos es Pablo Serrano, con su “Cristo”, un boceto en bronce (1963-64), entre otras piezas.

Una de las obras expuestas, en el centro de la sala, es el espectacular “Gólgota” de Lucio Muñoz. Obra característica de su autor, de 1964 (técnica mixta sobre tabla), procedente del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

También podemos contemplar el “Crucificado” (1961) de Josep Mª Subirachs, de bronce, procedente del Convento de Padres Dominicos de Torrelodones. Esculturas de Venancio Blanco, José Luis Coomontes… Algunas pinturas, “Santo Domingo de Guzmán” (1971) de Joaquín Vaquero Turcios y un “San Pedro” (1958) de Francisco Farreras. Etc.

Son varias las obras del escultor José Luis Sánchez, que como vimos trabajó en varias iglesias madrileñas junto a arquitectos como Rodolfo García-Pablos, Miguel Fisac…

Todos estos artistas coincidieron en distintas ocasiones. Su obra tiene mucha importancia tanto en el marco artístico general de aquellos años como en el significado de los cambios que tuvieron lugar en el arte religioso.

J.L. Sánchez. “San Francisco de Asís” (1958)

Finalmente, la muestra ofrece un apartado dedicado a la arquitectura, mediante revistas, libros, alguna maqueta y fotografías.

Se han seleccionado siete iglesias españolas de los años 50 y 60, todas ellas singulares, obras de los arquitectos Francisco Javier Sáenz de Oíza, Luis Laorga, Rafael de la Hoz, José María García de Paredes, los mencionados Miguel Fisac, Francisco Coello, Rodolfo García-Pablos, etc. De la obra de algunos de ellos hemos hablado en este blog, como la Iglesia de Santa Ana y la Capilla del Espíritu Santo, de Fisac; o la Basílica de la Merced, de Oíza y Laorga.

Luis Cubillo de Arteaga. Iglesia de Nuestra Señora del Tránsito, 1961-63.

Fueron los arquitectos que contaron con los mejores pintores, escultores, artesanos… para conseguir sus objetivos renovadores, en este caso para el arte sacro, pero no únicamente.

Completan la muestra una serie de proyecciones sobre las obras de alguno de los escultores y un video con entrevistas breves a cuatro de ellos. Y la música acompaña durante toda la visita.

Es una exposición espléndida, y es gratuita. Toda la información se puede consultar en su web:

O_Lumen
Calle Claudio Coello, 141
La zarza ardiendo. Hasta el 9 de junio.

Miércoles a Sábados
De 11 a 14 h. y de 17 a 21 h.
Domingos
De 11 a 14 h.

Por: Mercedes Gómez

Hace unos meses publiqué en Twitter un breve hilo dedicado a La Mariblanca, uno de nuestros símbolos más queridos durante mucho tiempo, como después ha llegado a serlo la Cibeles.

Hace pocos días, gracias a la Jornada de Puertas Abiertas que disfrutamos en la Casa de la Villa, pudimos contemplar la escultura original y así completar la historia que hoy os invito a recordar aquí.

La estatua de la bella diosa llegó a Madrid en 1625, junto a otras esculturas que Ludovico Turqui trajo de Italia. Poco después, la venus bautizada por los madrileños como Mariblanca, fue colocada coronando la fuente –diseño de Rutilio Gaci– frente a la iglesia y hospital del Buen Suceso en la Puerta del Sol.

(2ª foto: grabado Puerta del Sol, memoriademadrid)

En el siglo XVIII La Mariblanca adornó una nueva fuente, obra de Pedro de Ribera.

Dibujo J. Lewis (1833)

En el siglo XIX sufrió un nuevo cambio, fue instalada en otra fuente, esta vez muy sencilla, en la plaza de las Descalzas, que fotografió Alfonso Begué.

Alfonso Begué, 1864 (memoriademadrid)

A finales de siglo la estatua de La Mariblanca pasó de las Descalzas a un almacén municipal, luego al parque del Retiro. En 1921 se encontraba en una sala del Museo de la Casa de la Panadería.

Los traslados continuaron. En 1969 fue instalada en el paseo de Recoletos, donde lamentablemente en 1984 fue destrozada por unos vándalos.

Pº Recoletos (Foto: Revista Villa de Madrid)

Fue restaurada y trasladada a la Casa de la Villa. Era una joya, obra del siglo XVII, que necesitaba protección.

Una réplica de piedra fue instalada en la Puerta del Sol, primero en el lugar donde estuvo la fuente primitiva, entre Alcalá y la Carrera de San Jerónimo. Durante la última reforma de la plaza en 2009 fue cambiada de lugar; desde entonces se encuentra junto al inicio de la calle del Arenal.

Otra copia, realizada en resina, podemos verla en el Museo de Historia de Madrid, seguramente procedente del desaparecido Museo de la Ciudad.

Y finalmente, hay una tercera Mariblanca en el jardín de un restaurante en el antiguo Recinto Ferial de la Casa de Campo. Esta no he podido verla de momento. Según la web del Ayuntamiento de Madrid es una reproducción realizada en 1956 para el Pabellón de la Masía Catalana en la II Feria del Campo. Hoy día es el restaurante La Masía de José Luis. Es de piedra caliza.

(Foto: monumentamadrid)

La verdadera Mariblanca, la estatua original, es de mármol.

Desde 1985, en que fue restaurada como vimos, majestuosa, preside el vestíbulo de honor de la Casa de la Villa.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

GÓMEZ, Fernando. “La Mariblanca”, en Fiestas de San Isidro 2018. Asociación Casa de Madrid en Barcelona, mayo 2018.

memoriademadrid
monumentamadrid

En el Parque de la Fuente del Berro hay un hermoso monumento dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer.

Es un conjunto escultórico situado en un estanque, obra de Santiago de Santiago, inaugurado el 8 de octubre de 1974. La figura del poeta, de bronce, sobre un pedestal, está acompañada de otros personajes construidos en piedra arenisca rosa. Una mujer a su izquierda personifica sus Rimas y a la derecha una pareja representa una escena de sus Leyendas.

Parque de la Fuente del Berro

Un bloque de granito muestra la inscripción Madrid a Bécquer.

Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano Valeriano Domínguez Bécquer vivieron muy cerca, en este barrio de la Fuente del Berro, lamentablemente por poco tiempo como veremos.

Gustavo nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, dos años después que su hermano. En 1854, con apenas 18 años, viajó a Madrid en busca de oportunidades para hacerse con un lugar en el mundo literario y cumplir sus sueños. En esos momentos se instaló en una pensión en la calle de Hortaleza a la que sucedieron otras pensiones y varios domicilios. Excepto breves periodos de tiempo Bécquer vivió en nuestra ciudad hasta su muerte.

Trabajó como periodista y escritor, fue director de El Museo Universal, censor de novelas… vivió épocas buenas y otras malas, o muy malas. Tuvo poca fortuna en el amor, siempre enamorado de Julia Espín… fracasó su matrimonio con Casta Esteban, que le fue infiel, tuvo problemas de salud y económicos. En fin, su vida fue azarosa, llena de dificultades.

Tras una corta ausencia, en los inicios de 1870 volvió a Madrid acompañado de su hermano que también se había separado de su mujer, y ambos, el escritor y el pintor, comenzaron a colaborar en La Ilustración de Madrid. La revista nació ese año, dirigida por Eduardo Gasset. Gustavo fue el director literario y Valeriano el dibujante. El primer número fue publicado el 12 de enero.

Conocemos la que en esa época fue casa de los Bécquer en el hoy barrio de la Fuente del Berro gracias a Pedro de Répide que en 1922 escribió en la revista La Esfera un emotivo reportaje sobre los hermanos y su casa, que visitó acompañado de Julia Domínguez, hija de Valeriano, por tanto sobrina de Gustavo.

Era un pequeño hotel en la calle de Valencia –calle de Pedro Heredia desde 1903–, cerca del puente de Ventas, en la antigua colonia construida antes de 1868 –aún existía la Cerca que rodeaba Madrid–, que en aquellos años 20 del siglo pasado cuando Répide escribió su crónica aún se conservaba. La colonia, llamada Quinta del Espíritu Santo, fue promovida por Pascual Madoz a través de la empresa La Peninsular sobre unos terrenos adquiridos junto al arroyo Abroñigal, parajes poco atrayentes en aquellos momentos además de alejados de la ciudad, por lo cual el negocio no prosperó. Aunque los hotelitos con sus jardines debían ser muy bonitos.

Cuenta el cronista madrileño que el barrio llegó a tener un prestigio poético, no solo por su aspecto sino por la calidad de sus habitantes. En otro de los hoteles vivía Blanca, hija de Espronceda y de Teresa Mancha. Y otro poeta, gran amigo, Augusto Ferrán.

Y allí vivieron los Bécquer, uno pintaba, el otro escribía, disfrutaban junto a los niños y cuidaban del huerto y del jardín. Pero la tranquilidad duró poco, en el mes de septiembre de ese mismo año 1870 en esta casa murió Valeriano.

Cuenta Répide, describiéndola, que en el antiguo hotelito de los Bécquer, nº 6 de la calle, había sido instalado el Hospital Evangélico –y así consta en la lista de establecimientos de la beneficencia particular en la memoria municipal de 1929–.

En la actualidad el nº 6 lo ostenta la única construcción de una planta que queda en la calle Pedro Heredia que hoy no tiene nada que ver con lo que debió ser a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Calle Pedro Heredia, 6

Junto a los únicos hotelitos que subsisten, uno de ellos con su pequeño jardín, en los números 12 y 14, que permiten imaginar lo que pudo ser ese barrio.

Calle Pedro Heredia

Tras la muerte de su hermano, Gustavo abandonó la casa y se trasladó a otro domicilio, con sus dos hijos y sus dos sobrinos, al entonces naciente barrio de Salamanca, calle de Claudio Coello.

Calle Claudio Coello, 25

Aún en las afueras de Madrid, a la salida de la Puerta de Alcalá, pero más cerca de sus amigos y de la plaza de Matute donde se imprimía La Ilustración de Madrid. Su mujer volvió a vivir con él.

Desgraciadamente solo tres meses después, el 10 de diciembre de 1870, enfermó y pocos días después murió. Aún no había cumplido los 35 años.

Una placa de cerámica en el hoy nº 25 de la calle de Claudio Coello lo recuerda.

En esta casa murió el día 22 de diciembre de 1870 Gustavo Adolfo Bécquer. El poeta del amor y del dolor.

Pedro de Répide contó que ya entonces existía el propósito de levantar un monumento a los hermanos Bécquer en Madrid, y él proponía que fuera en ese barrio de la Colonia La Peninsular, entre los jardines de las casitas, cerca de la que ellos habitaron. Pero no fue hasta 1970, ya no existía la colonia, cuando se presentaron proyectos reales, aunque dedicados únicamente al poeta, olvidando a Valeriano. Al final, como decíamos al principio, fue inaugurado en 1974, en los cercanos jardines de la Fuente del Berro.

Añado (*) a modo de homenaje el Retrato de Gustavo Adolfo Becquer, basado en la pintura al óleo que realizó su hermano Valeriano en 1862 y que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Es una acuarela obra de Vicente Benítez Blanco.

Vicente Benítez Blanco, “Retrato de G.A. Becquer” (2019)

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

RÉPIDE, Pedro de. “La Casa de los Bécquer”, La Esfera. Madrid, 19 agosto 1922.
QUIRÓS, Francisco. “Colonias suburbanas en Madrid y Sevilla hacia 1860”, Revista Ería, 1995.

cervantesvirtual
monumentamadrid.es

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(*) Actualización 2 febrero 2019

 

 

Hace pocos días se han presentado en el Museo de Historia de Madrid varias obras recientemente restauradas. Una pintura de Ángel Lizcano, titulada Agua, azucarillos y aguardiente, óleo sobre lienzo, de 1897, mobiliario de los siglos XVIII y XIX y dos esculturas en las que vamos a detenernos hoy.

Son dos obras muy distintas, una representa dos figuras de la religión cristiana, la otra una escena de la mitología. La primera es una talla realizada en madera de cedro, la imagen de San Joaquín y la niña María, y la segunda un conjunto de terracota que representa el mito de Diana o Selene y Endimión en su sueño eterno. Las obras tienen en común que ambas fueron realizadas en el siglo XVIII.

En la Sala de cartografía y maquetas, en el sótano, se expone San Joaquín con la Virgen niña en brazos, talla anónima realizada en madera policromada y estofada que pertenece a los fondos fundacionales del museo pues ingresó en 1927. Un panel junto a la escultura explica el complicado proceso de limpieza y restauración a que ha sido sometida.

Nos comentan en el museo que existe una pareja de esta escultura, Santa Ana, que aún está a la espera de restauración.

En la misma sala se pueden ver algunas piezas del mobiliario restaurado. Las obras permanecerán expuestas, de 12 a 14 horas, de martes a domingo. El museo justifica la reducción de horario para su conservación.

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En el Patio de acogida del Museo se encuentra el grupo escultórico de René Michel o Michel Ange Slodtz, Diana y Endimión, realizado en terracota en el año 1738.

El escultor francés Slodtz trabajó en Italia y es autor de grandes obras, entre ellas el San Bruno que se encuentra en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Este conjunto barroco representa el tema de la mitología griega en que Endimión, condenado por Júpiter a dormir eternamente a cambio de la juventud y la belleza eterna, era visitado cada noche por la diosa Diana. Otros personajes y numerosos detalles completan el grupo.

La firma del artista y la fecha 1738 en la base ha llevado a pensar que se trata del modelo del conjunto realizado en mármol en 1740 que se conserva en una colección particular en Ginebra.

La escultura se encontraba en el Palacio de la Quinta de Torre Arias, bastante deteriorada por el paso del tiempo y el abandono. Se procedió a la limpieza de las capas de suciedad que tenía y así se pudo conocer la naturaleza de la obra.

El modelo fue realizado por piezas, algunas de ellas perdidas, en arcilla hueca y cocida. Los elementos desaparecidos no se han reproducido con el fin de respetar la obra y no crear un falso histórico.

Muestra una capa de engobe rosada que no se sabe si es original o añadida posteriormente, según leemos en el panel explicativo expuesto junto a la obra.

Las obras se podrán contemplar en su emplazamiento actual durante unas semanas, posiblemente al menos hasta después de las Navidades.

Por: Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Museo de Historia
Calle Fuencarral, 78

TELLERÍA, Alberto. Una escultura ignorada de Michel-Ange Slodtz en Madrid. Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, 2015.

El gran escultor Victorio Macho nació en Palencia el 23 de diciembre de 1887. Muy joven, con 16 años, gracias a una beca se trasladó a Madrid, a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

Autorretrato, 1915. Museo Victorio Macho.

Vivió en nuestra ciudad hasta que llegó la guerra y el exilio. En los años 50 volvió a España para instalarse en Toledo, donde se encuentra su museo, el Museo Victorio Macho.

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Victorio Macho consiguió prestigio y fama tras la creación en 1919 de su primer monumento a Benito Pérez Galdós, una de las tres obras de este artista que se encuentran en el Parque del Retiro de Madrid.

En el Museo Victorio Macho se expone un boceto de esta escultura en terracota de 48 x 24 x 55 cm. creado en 1917.

Pérez Galdós, 1917. Museo Victorio Macho.

El monumento fue realizado por suscripción popular, para costear el gasto de los materiales pues la obra fue un regalo del artista. Entonces se hablaba de él en la prensa como de un joven escultor de la renovación que trabajaba en su estudio de las Vistillas, alejado de salones y círculos.

La escultura es de piedra caliza, situada sobre un pedestal de granito. El monumento fue inaugurado el 20 de enero de 1919 en el Parque del Retiro, como recuerdan las conocidas fotos publicadas en la época, con la presencia del escritor que en ese momento ya estaba ciego y muy debilitado –murió al año siguiente–.

Mundo Gráfico, 22 enero 1919 (BNE)

Monumento a Galdós. El Retiro. Junio 2018.

Por entonces, como vimos, Victorio vivía en una casa-estudio en Las Vistillas –donde luego viviría Ignacio Zuloaga–. Después se trasladó al Paseo de Rosales, donde residió entre 1920 y 1937.

En 1926 realizó el monumento a Santiago Ramón y Cajal. Fue el ganador del concurso convocado por la Academia de Medicina. El monumento en el Retiro se inauguró ese mismo año.

Monumento a Cajal, El Retiro.

En el centro del conjunto se sitúa la figura de Cajal. A ambos lados, dos fuentes murales, la Fuente de la Vida y la Fuente de la Muerte. Las figuras son de piedra caliza y los muros de granito.

Ramón y Cajal (detalle) Fons Vitae, Fuente de la Vida.

En el jardín de su casa toledana se encuentra el boceto de la cabeza de una de las figuras del relieve de la Fons Vitae.

Relieve de la Fons Vitae de la Fuente de Ramón y Cajal, 1926, piedra caliza. Jardín del Museo Victorio Macho.

Con la llegada de la guerra comenzó su exilio voluntario, de Madrid a Valencia, Barcelona, Francia… hasta establecerse en Lima.

Victorio Macho regresó a España en 1952 aunque no a Madrid sino a Toledo, donde al año siguiente su amigo el arquitecto Secundino Zuazo construyó su casa-taller en la llamada Roca Tarpeya sobre el río Tajo.

Foto: J.M. Pando (1961) (Fototeca IPCE)

Casa Victorio Macho, junio 2018.

Por entonces ya padecía la enfermedad que lo llevaría a la muerte, la silicosis, a causa del polvo del mármol que se desprendía cuando él lo modelaba con su cincel que respiró durante años y destrozó sus pulmones.

En 1962 Macho realizó el monumento a Jacinto Benavente. En el Museo también se conserva un boceto en yeso patinado de 127 x 51,5 x 51 cm.

Monumento a Benavente. Museo Victorio Macho.

El monumento, homenaje al dramaturgo, pero también al Teatro, se encuentra en el centro del Jardín del Parterre en el Retiro. La figura es de bronce y el pedestal de granito.

Monumento a Jacinto Benavente, El Retiro.

Victorio Macho murió en Roca Tarpeya el día 13 de julio de 1966.

El artista legó al Estado español su casa y una gran parte de su obra. Se creó la Fundación y el Museo Victorio Macho.

No-do 1968

Tras una etapa de abandono y dificultades el museo fue reinaugurado en 1999. Hoy día el edificio y su jardín que se asoman al río Tajo y ofrecen unas vistas espectaculares, las mismas que contemplara el escultor, acogen la sede de la Real Fundación de Toledo que lo gestiona.

El Museo Victorio Macho, que incluye la cripta y el jardín, expone una buena selección de obras del artista, además de las tres del Retiro que hoy hemos recordado. Su autorretrato en bronce, los bustos de Unamuno, el Doctor Marañón, Ramón Menéndez Pidal… las figuras de su madre y de su hermano, la Pasionaria, un boceto de la escultura dedicada a Alonso Berruguete, etc. Y, además de sus esculturas, dibujos extraordinarios, muestra de su arte.

Por: Mercedes Gómez

 

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Bibliografía:

monumentamadrid.es
Fernández-Santos, Elsa. “La casa del escultor Victorio Macho renace como museo de la Real Fundación de Toledo”. El País., 27 oct. 1999
Antolín, E. “La viuda de Victorio Macio demanda atención estatal para la casa-museo del escultor en Toledo”. El País, 24 sept. 1981.
Victorio Macho. Revista Imágenes rtve.es 1968.
Mundo Gráfico 22 enero 1919 (BNE)
La Nación 11 enero 1918 (BNE)

 

El belén barroco quiteño de Las Carboneras

 

Queridos amigos:

Un año más, os deseo una Feliz Navidad y que paséis unas muy felices fiestas.

En esta ocasión hablando de uno de los belenes más bonitos de Madrid, el belén barroco quiteño del Monasterio del Corpus Christi, más conocido como Las Carboneras. El monasterio es sin duda una de las joyas de la arquitectura y del arte barroco madrileños que ya ha cumplido sus cuatrocientos años de vida habitado por las monjas jerónimas. Su fundadora fue Beatriz Ramírez de Mendoza, bisnieta de Beatriz Galindo La Latina y de Francisco Ramírez el Artillero.

No se conoce exactamente la historia del belén ni cómo llegó al convento, pero sí se sabe que aquí se encuentra desde su fundación en 1605; se trata por tanto del belén más antiguo de Madrid.

Es de origen ecuatoriano y fue realizado a finales del siglo XVI o comienzos del XVII en su capital, Quito, en madera policromada al estilo barroco.

Se representan los misterios del Nacimiento y la Epifanía. Además hay dos personajes que eran habituales en los belenes en época de los Austrias aunque luego desaparecieron. Se trata de El Caballero de la Estrella, que guía a los magos y El Heraldo que con su trompeta anuncia la llegada del Gran Rey de reyes.

Visitadla esta Navidad, la iglesia de Las Carboneras acoge obras de arte deslumbrantes, siempre merece la pena, además estos días con el aliciente del delicado belén quiteño.

Y un año más, ¡muchas gracias! por vuestra compañía. Con el deseo de que el próximo año sigamos compartiendo historias madrileñas.

Muchos saludos y besos

Mercedes

canon

Del lat. canon, y este del gr. κανών kanṓn.

1. Regla o precepto.
2. Catálogo o lista.
3. Modelo de características perfectas.
4. En arte, regla de las proporciones de la figura humana, conforme al tipo ideal aceptado por los escultores egipcios y griegos.

Con motivo de su nueva exposición en la entrada a la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid un panel con las diferentes acepciones de la palabra canon recibe a los visitantes. Un canon es una regla o precepto, un modelo de características perfectas, etc.

Pero es el único panel colocado en esta exposición. Una vez traspasado, las esculturas lucen imponentes –algunas también un poco inquietantes– en el espacio libre del edificio, el gran patio abovedado, sin divisiones artificiales.

Nada es gratuito en la nueva exposición que presenta Mateo Maté en Madrid. Ni el título, Canon, ni la disposición, ni el escenario. El artista madrileño ha creado esta muestra específicamente para este lugar, la hoy sala de arte Sala Alcalá 31, ubicada en un edificio que fue creado para ser la sede de un Banco, el Banco Mercantil e Industrial. Digamos solo como apunte a modo de paréntesis que el primer proyecto fue realizado por el arquitecto Antonio Palacios en 1933 pero no fue construido hasta los años 40.

Durante una visita guiada he tenido el privilegio de poder escuchar al propio artista explicar el proceso de su trabajo. El patio de operaciones del antiguo Banco tiene una planta en cierto modo eclesial, concebida como centro de poder, tal como nos recuerda Mateo Maté, y como tal él mismo la ha utilizado.

Son varias las propuestas, una de ellas, muy sugerente y siempre interesante, la relación arte-vida. Únicamente unas cintas separan las estatuas y marcan el camino laberíntico, que parece una metáfora de lo azaroso de la existencia humana. Siempre hay una norma que nos dice qué debemos hacer o por donde debemos ir.

Maté utiliza las reproducciones y moldes de esculturas clásicas que se conservan en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde que Velázquez las adquirió. Las ha retocado o modificado, en algún caso de forma mínima, otros de forma drástica, siempre respetuosa, con lo que cada obra toma un nuevo sentido.

El artista propone una visión distinta y en cierto modo una reflexión sobre lo que significa el canon de belleza. Nos cuenta cómo el arte ha sido siempre el que transmitía y marcaba el modelo, sin embargo hoy día la publicidad es la encargada de esa tarea, recordarnos que debemos ser jóvenes y bellos; la vejez, los defectos y la muerte no están bien vistos.

Pero Mateo Maté se aparta del canon, de la norma, nos marca otro camino… Adonis es obeso, la Venus de Medici es hermafrodita, una mezcla entre el Doríforo y la Venus de Milo, la propia Venus de Milo ha envejecido, el niño del Spinario se ha convertido en niña…

Niña de la espina (2016), elaborada a partir de la copia del Spinario (obra romana en bronce siglo I a.C., Museos Capitolinos, Roma)

 

También son bellos, ¿por qué no pueden serlo?, nos propone el artista.

Venus de Milo (vieja) (2016), elaborada a partir de una copia de la escultura griega “Venus de Milo” de mármol del siglo II a.C. (Museo del Louvre)

Son quince obras creadas a partir de moldes originales, reproducciones en escayola, bajo la supervisión del Taller de la Academia. Cada una de ellas lleva la inscripción, Real Academia de Bellas Artes, Taller de vaciados, Madrid.

Junto a estas piezas se exponen cinco esculturas procedentes del Museo Nacional de Escultura de Valladolid que dialogan con las obras de Maté.

Al final del laberinto, en la cabecera, el Cristo crucificado, sin brazos y sin el paño de pureza, copia de la obra en mármol de Benvenuto Cellini realizada en 1562 que se conserva en el Monasterio del Escorial.

Cristo crucificado (Taller de vaciados del Museo de Reproducciones Artísticas, 1921). Hoy en el Museo Escultura, Valladolid.

 

Mateo Maté. Canon. Hasta el 23 de julio en Alcalá 31.

 

Por : Mercedes Gómez

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Bibliografía:

Catálogo exposición Canon. Mateo Maté. Comunidad de Madrid, 2017.

 

 

 

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